“Flamenco y cine”, nuevo libro de Carlos Aguilar y Anita Haas

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Publicado por Cátedra dentro de su colección “Signo e imagen”, desde el pasado jueves 17 de octubre se encuentra a la venta “Flamenco y Cine”, el nuevo libro de Carlos Aguilar y Anita Haas. Como su propio título indica, el volumen indaga en la relación entre el cine y el flamenco; un idilio que comienza desde las primeras películas del período mudo y que ha ido creciendo a partir del sonoro bajo múltiples perspectivas, desde las apariciones más o menos puntuales de artistas (cantaores, bailaores, tocaores, etc.) al relieve dramático de la propia música, tanto en películas de ficción como en documentales.

Como es habitual en sus autores, “Flamenco y Cine” verifica el ingente trabajo de no pocos años previo a la fase de escritura, compuesto de visionados, audiciones, lecturas, consultas, entrevistas, viajes, búsquedas diversas, paciente confrontación de datos… Un exhaustivo trabajo de documentación que es conjuntada por la intensa pasión de Carlos y Anita por el flamenco, por el cine, y por el flamenco en el cine. Una pasión ha creado y determinado el libro, cuya naturaleza aúna la obra de consulta con el ensayo, al abrigo de esta música de peculiar belleza y especial dignidad. Se incorporan además cientos de ilustraciones, por lo común inéditas y de gran diversidad (fotos y carteles de películas, retratos de músicos y cineastas, actuaciones y portadas, etc.).

Cabe recordar que “Flamenco y Cine” aparece cinco años después de que Carlos Aguilar publicara una obra de similares características, “Cine y Jazz”. Lo más sencillo a tenor de este dato sería pensar que este nuevo libro es consecuencia de aquél. Algo que no anda muy lejos de la realidad, según nos explica el propio Carlos. “La idea surgió de Anita, “flamencólica” como yo, sobre la base de, efectivamente, hacer un libro como “Cine y Jazz”, pero cambiando el Jazz por el Flamenco. Entonces, yo le dije que lo escribiéramos entre los dos, dado que la idea fue suya y ella es escritora también. Cátedra aceptó la idea con gran entusiasmo, y así se hizo el libro, que tiene unas cincuenta páginas más que “Cine y Jazz””. En cuanto a la escritura conjunta de la obra, Carlos comenta que “el libro está investigado y estructurado entre los dos, y todas las decisiones se han tomado juntos: inclusiones, exclusiones, conceptos, material gráfico…Pero la redacción última del libro es mía, dado que se publica en español y el español del dúo de autores soy yo”.

Tras su salida, “Flamenco y Cine” se presentará oficialmente el próximo miércoles 23 a las 19.00 en el Café Cantante de Casa Patas de Madrid (sito en la calle Cañizares nº 10), en un acto presentado por Francisco Quintanar, director de los programas de TVE “Historia de nuestro cine” y “Cine de barrio”. Además, se proyectarán algunas escenas significativas comentadas en el libro y habrá música en vivo a cargo de Rafita de Madrid (cante) y Josemi Carmona (guitarra).

Published in: on octubre 19, 2019 at 7:42 am  Dejar un comentario  

El irreal Madrid

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Título original: El irreal Madrid

Año: 1969 (España)

Director: Valerio Lazarov

Productor: José Manuel Albuerne

Guionista: Valerio Lazarov

Fotografía: Jorge Herrero

Música: Augusto Algueró

Intérpretes: Lola Gaos (Jefa de Gritos), Claudia Gravy (Hincha), Cris Huerta (Hincha), Emilio Laguna (Hincha), Elisa Montés (Jefa del salero), Ángel Álvarez (Jefe del mal clima), Modesto Blanch (Director del laboratorio), Luis Barbero (Jefe de ideas geniales), Irán Eory, Ángel Picazo, Antonio Ozores, Fabián Conde (Ellos mismos), Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…

Sinopsis: El club de fútbol “El irreal Madrid” abre su propio laboratorio de investigación con el fin de formar a sus hinchas en el noble arte de alentar efusivamente a su equipo.

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A finales de los años sesenta el régimen franquista estaba decidido a cambiar la cara de Televisión Española ante la mirada de esos países europeos más modernos y cosmopolitas. Se trataba de ir un paso más allá en materia cultural respecto de lo que ya supusiera para nuestro país el milagro del desarrollismo, pero en esta ocasión con la vista puesta en los premios que otorgaban los prestigiosos festivales europeos dedicados a reconocer los méritos del medio catódico. Un aperturismo que dentro del citado ente público fue promovido por Adolfo Suárez, Director General en ese momento. De esa coyuntura surge primeramente Historia de la frivolidad (1967), un programa especial escrito y dirigido por Narciso Ibáñez Serrador con la colaboración de Jaime de Armiñán en el libreto. Pero resultó que las ansias de libertad no eran tales pues la idea primigenia partía de otro título, Historia de la censura, denominación que no hizo mucha gracia a Francisco Gil Muñoz, el censor de turno. El Festival de Televisión de Montecarlo, que era el certamen para el cual se diseñó expresamente la obra y no para los espectadores patrios, exigía estrenarlo en antena previamente a la inscripción en el concurso, lo que generó más nerviosismo aún entre los implicados; se emitió para todos los televidentes hispanos mediante un vergonzoso pase en horario intempestivo, con un previo y concienzudo trabajo de tijera que eliminara los momentos más atrevidos. Con todo, la maniobra dio los frutos esperados: Historia de la frivolidad se alzó con la Ninfa de Oro en Montecarlo, la Rosa de Oro en Montreux, la Targa d´Argento en Milán y el premio de la Asociación Católica Internacional, nada más y nada menos.

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Había que seguir por esa senda intelectual y de prestigio, rizar el rizo y no reparar en gastos. Mano a mano con Adolfo Suárez se encontraba maquinando la maniobra Juan José Rosón, Secretario General de TVE por entonces y futuro Ministro del Interior, concretamente desde 1980 a 1982. Rosón conoció, precisamente, en el Festival de Montecarlo a un joven director de televisión rumano que estaba causando furor entre los profesionales europeos del gremio, Valerio Lazarov, y ni corto ni perezoso contrató al talentoso realizador. Toda esta excelencia atribuida a Lazarov la podríamos desmontar fácilmente si destacamos que el rumano también fue, ya en los años noventa, el responsable de la línea a seguir en la creación de Telecinco; calificado de “Tele-Teta”, a decir de sus detractores en referencia a fenómenos tan populares como el de las turgentes “Mama Chicho”. Pero lo cierto es que en aquella época Valerio Lazarov era casi un visionario del medio, tremendamente arriesgado y vanguardista, tal y como se puede comprobar en El irreal Madrid (1969), otro programa especial de ficción en la misma línea que el anterior de Chicho y encargo que resolvió con audaz desparpajo e inventiva pop para la primera cadena de nuestra televisión.

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No es de extrañar la adhesión de El irreal Madrid a la corriente del musical moderno tan en boga en la España del momento; aún resuena en los oídos de los melómanos el ritmo que imprimió Lazarov a sendos programas musicales como Especial Pop (1969) y 360 grados en torno a… (1972). Estaba casado con Elsa Baeza, pizpireta presentadora del primer programa mencionado, también cantante y versátil actriz que tuvo su incursión como protagonista del cine pop en la desconocida Casi jugando (Luis S. Enciso, 1969). Lo que resulta más extraño es la temática futbolera como pretexto para llevar a cabo semejante artefacto de experimentación audiovisual, concretamente a costa de una gloria nacional como el Real Madrid y en un temerario tono caricaturesco que bien podría haber acarreado un linchamiento masivo a sus responsables. Lazarov recordaba al respecto: “Fue un programa que creó polémica mucho antes de su emisión. (…) Llegaron informaciones a la prensa de que era una sátira en contra del Real Madrid. (…) Se recibieron más de dos mil cartas de protesta y con amenazas antes de que se realizara. Decidieron que justo antes de emitirlo saliera una presentadora elogiando las virtudes del equipo y, debido a eso, y a los premios que cosechó, afortunadamente me pude salvar[1].

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Aun así, se desprende de su visionado una perspicaz crítica hacia el mundo del fútbol y sus desaforados hinchas, adecuadamente encubierta tras un vertiginoso ritmo narrativo que no da pie a asimilar con sosiego todos los detalles que van desfilando ante nuestros ojos. El concurso de un variado elenco de estrellas de la canción del periodo -Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…- contribuye también a hacer más llevadera la experiencia para el despistado espectador medio, posiblemente estupefacto ante una historia sin diálogos y con un reparto donde un buen puñado de actores populares -Lola Gaos, Claudia Gravy, Emilio Laguna, Elisa Montés, Irán Eory, Antonio Ozores…- recurren a la mímica y a la pantomima en sus interpretaciones, casi a la manera del slapstick. Ya desde los títulos de crédito adquiere autonomía el rito futbolero: mediante una voz en off -que será la que nos guíe a través de toda la filmación- el locuaz comentarista (Jürgen Scheller) va presentando a todo el equipo (técnico y artístico) que interviene en la película del mismo modo que si fuera la alineación titular de un partido de fútbol; de esa manera, Valerio Lazarov, director y guionista, Augusto Algueró, compositor de la banda sonora, o Jorge Herrero, director de fotografía, desfilan ante la cámara balón en mano. Otro tanto sucede con los actores que hemos citado anteriormente, que entran a escena del mismo modo. La coletilla inmediatamente posterior, “con la participación extraordinaria de Elizabeth Taylor, Jerry Lewis, Brigitte Bardot, Claudia Cardinale, Louis de Funès, Alberto Sordi, etcétera, etcétera, etcétera”, sirve de advertencia premonitoria de que lo que vamos a ver a continuación no se rige por la ortodoxia.

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El mundialmente famoso club de fútbol El irreal Madrid abre un laboratorio para formar a sus futuros hinchas. Se trata de una escuela donde “no basta con ser aficionado, hay que reunir un sinfín de condiciones para acceder a ser estudiante de hincha”. En tan elitista centro, un equipo de profesionales se encargará de la adecuada selección de forofos; entre ellos destacan las funciones de la “jefa de gritos”, “la jefa del salero deportivo”, “el jefe de ideas geniales” y “el jefe del mal clima”. La formación se basa en instruir a los seguidores para tener una efusiva reacción ante un gol o para entonar armoniosamente los eufóricos cánticos desde la grada.

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El maestro Augusto Algueró, en un inmejorable momento creativo, encuentra en El irreal Madrid el vehículo perfecto para su inmenso talento; no es tarea sencilla musicar las imágenes que propone Lazarov, con un virtuoso estilo de filmación donde abundan los vertiginosos barridos de panorámica, zooms de todas las formas posibles -no en vano se ganó el apelativo de “Mister Zoom” en los ambientes televisivos-, y en general, la innovación a borbotones. Algueró se ve obligado, ante tanto eclecticismo fílmico, a pasar de un estilo musical a otro en cuestión de unos pocos segundos, desafío superado con creces, como era de esperar, por parte de uno de los más imaginativos compositores de nuestro cine y de nuestra televisión. Incluso Antonio Ozores tiene una impagable demostración de poderío vocal donde el colchón sonoro creado por Algueró le confiere a su actuación musical unos matices no muy alejados de cualquier artista ye-yé coetáneo. Claudia Gravy protagoniza otro momento similar al de Ozores, en una performance que no le era ajena a la actriz de origen belga ya que tan solo unos meses antes había cantado junto a Bruno Lomas en ese fallido experimento perteneciente también al spanish pop cinema que era Chico, chica, ¡boom! (1969), firmado por un Juan Bosch que había conocido mejores momentos profesionales.

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Las diferentes intervenciones musicales de los artistas invitados se suceden por medio de una surreal idea de puesta en escena: los jugadores de El irreal Madrid ya no cobran en divisas por sus triunfos sino en “estrellas”, es decir, con un show personalizado que cada popular cantante ofrece dentro de un cubículo de cristal para regocijo de los deportistas de élite, quienes mediante auriculares pueden escuchar la particular actuación. Ese reducido recinto no se ajusta a las exigencias de los dos conjuntos que aparecen en este telefilm: Los Pop Tops por un lado -que despliegan su elegante soul en un videoclip presentado por el comentarista como “algo con un poco de calor negro para el equipo blanco”-, y Los Bravos por otro –en una psicodélica secuencia que no desentonaría en sus colaboraciones con Francisco Macián si no fuese por el austero blanco y negro de la propuesta-.

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Se dan cita en El irreal Madrid el costumbrismo futbolístico más acérrimo con los Nuevos Cines europeos de vanguardia, un imposible matrimonio que quizá los espectadores de la época no vieron con buenos ojos en un primer momento[2] debido a su proyección festivalera de carácter foráneo; buena muestra de ello es que se volvería a repetir el éxito crítico de Historia de la frivolidad y el programa de Lazarov obtuvo también la Ninfa de Oro en el Festival de Televisión de Montecarlo. Aunque no cabe duda de su afiliación pop, no nos encontramos ante un trabajo con gran profusión de decorados de regusto kitsch, son más bien los omnipresentes fondos blancos lo que predomina; incluso puede verse como un guiño cromático al club de fútbol objeto de la función. Más claramente parece aflorar su voluntad canalla y transgresora dentro de los parámetros de la sociedad española del momento; así lo atestiguan las siguientes estrofas de uno de los cánticos de grada que se pueden escuchar en un momento del film: “Unos prefieren las mujeres, otros prefieren el whisky, las drogas o bailar. Pero la gente que valemos amamos el balón”. Toda una declaración de principios.

Francisco Arco

[1] Declaraciones del director extraídas de su presentación del programa en la emisión especial conmemorativa del canal TVE 50 Años (2005-2007).

[2] La respuesta de los televidentes españoles no fue muy entusiasta con la primera emisión de El irreal Madrid debido al estilo tan novedoso que  ostentaba para los cánones de la televisión de la época. Sin embargo, en un segundo pase, emitido tras haber ganado el programa el premio en Montecarlo, la aceptación popular fue mucho mayor.

“Fimucinema” presenta la selección de trabajos a concurso para su próxima edición

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La organización del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife-FIMUCITÉ que coordina de Manuel Díaz Noda, ha presentado la selección de “Fimucinema”, la sección oficial a concurso del certamen y que estará compuesta por veinticinco cortometrajes, seis documentales y seis largometrajes de ficción seleccionados entre las propuestas inscritas en el marco de su séptima convocatoria, presentados principalmente desde España y Estados Unidos, junto con Francia, Italia, Alemania y Canadá. Este año, el jurado responsable de evaluar estos trabajos estará compuesto por los músicos Osvaldo Montes (en calidad de presidente) y Harry Manfredini, los cineastas canarios Vasni Ramos y Mercedes Afonso y el creador de la web especializada en música de cine SoundTrackFest, Gorka Oteiza. El palmarés se desvelará el domingo 29 de septiembre en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, durante el concierto “Campeones de la gran pantalla”.

Los seis seleccionados para el Premio Alex North a Mejor Partitura Original para largometraje de ficción son: Jim Button and Luke the Engine Driver, superproducción alemana basada en una popular novela de Michael Ende con música de Ralf Wengenmayr, quien cuenta con trabajos previos como Los imprevistos del amor o las dos entregas de Vicky el vikingo; In Full Bloom, cinta de producción japonesa ambientada en la Segunda Guerra Mundial entorno al mundo del boxeo, con música de Andrew Kawczynski (The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro); The Bird Catcher, cinta noruega, también ambientada en la Segunda Guerra Mundial, con una partitura de Jim Copperthwaite (con documentales en su haber como When Playboys Ruled the World o Steve McQueen: The Man & Le Mans; La Palma, producción alemana rodada íntegramente en la isla canaria, con música de David Reichelt; Lo que siento por ti, película de República Dominicana sobre familias con niños con discapacidad, cuya banda sonora corre por cuenta de Sergio Jiménez Lacima, ganador del Premio Alex North el año pasado con La isla rota); y Celeste, película australiana protagonizada por Radha Mitchell (El fuego de la venganza, Silent Hill) y con música del compositor Antony Partos (Animal Kingdom, Tanna).

La categoría de documental oscila entre temáticas vinculadas con la naturaleza y el arte. American Mirror. Intimations of Immortality es un acercamiento a la obra del Tigran Tsitoghdzyan, que también reflexiona sobre los patrones de belleza en la era de las redes sociales, en el que juega un papel determinante la música de Mark Petrie (cuyas composiciones hemos podido escuchar en multitud de tráilers como los de Blade Runner 2049 o Vengadores: Endgame). Pinazo. Notas y pensamiento analiza la obra del genial pintor valenciano y cuenta con una partitura de Josué Vergara, quien recibió el Premio a Mejor Canción Original en Fimucinema 2017 por “Sonríe”. Finding Bobbi. A Search for Self traslada el foco del arte a la interpretación, con enfoque LGTBIQ+, a través de la figura de la actriz trans Bobbi-Jean Charlton. La música corre a cargo de John McMillan, quien ejerció de asistente de Brian Tyler en títulos como Los mercenarios 2 o Iron Man 3. The Superpowers of the Bear estudia como los osos pueden ser fundamentales para el futuro de la humanidad. El apartado musical corre a cargo de Olivier Militon, ya seleccionado en Fimucinema en 2016 por su música para el cortometraje The Father. Por su parte, 700 Sharks se sumerge en las aguas de Polinesia en busca de la mayor conjunción de tiburones del planeta a través de la banda sonora de Julien Jouen, un músico con una gran afinidad por la naturaleza. Cierra la categoría de documentales, The Perfect Gangster, cinta en torno a los bajos fondo de la mafia de Nueva York, con partitura de Ryan Stevenson.

En la categoría de cortometrajes que optan también al premio Fimucinema a la Mejor Partitura Original, compositores como Manel Gil-Inglada (seleccionado por Trivial y The Dark), Luis Hernáiz (Premio Fimucinema en el apartado de documental el año pasado por Invierno en Europa y seleccionado este año por Miedos), Ginés Carrión (La tercera parte), Iván Capillas (Confía en mí), Antonio Asiáin (Miserere), el ya mencionado Josué Vergara (con doble presencia en esta categoría por Lobisome y Tiempo de blues) o Jonay Armas (El zoo de papel) son algunos de los seleccionados que ya cuentan con recorrido en estos premios. El francés Mathieu Alvado (presente con Rebirth y Safety) y la alemana Anne-Kathrin Dern (Broken) son reincidentes extranjeros en estos galardones. Alberto Torres (Bicho, Vico Bergman), Joseba Beristain (La noche), Raúl Galván (Las aventuras de Sancho), Kasem Fahmi (Demasiado lejos para escucharlo todo), Pablo Trujillo (Una noche cualquiera), Jonas Lechenmayr (Tariq), Daniel Trujillo (Nana), y Pau Loewe (La guarida), por parte de la producción nacional, y Alexandre Bouvier (L’Age d’Or), Christy Carew (Virtually), Jonathan Galland (The Ribbon) y Yi Liu (HerT), por parte de la extranjera, se unen este año a la familia de seleccionados de Fimucinema.

La programación completa con todos los horarios de las proyecciones está disponible en la web de FIMUCITÉ https://fimucite.com/13/

Published in: on septiembre 8, 2019 at 7:47 am  Dejar un comentario  

Un, dos, tres… al escondite inglés

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Título original: Un, dos, tres… al escondite inglés

Año: 1970 (España)

Directores: Iván Zulueta, José Luis Borau

Productor: José Luis Borau

Guionistas: Iván Zulueta, Jaime Chávarri

Fotografía: Luis Cuadrado

Música: Antonio Pérez Olea, Carmen Santonja, Gloria Van Aerssen

Intérpretes: Patty Shepard (Patty), Judy Stephen (Judy), Mercedes Juste (Justa), Tina Sáinz (Tina), José María Íñigo (Rosco/él mismo), Antonio Drove (Antonio), Ramón Pons (Gasset), Carlos Garrido (Carlos), María Isbert (Isberta), Los Pop Tops, Los Ángeles, Los Beta, Los Buenos, Fórmula V, Henry y Los Seven, Los Íberos, Ismael, Los Mitos, Shelley y Nueva Generación, The End…

Sinopsis: Un grupo de jóvenes que se reúnen en una tienda de discos y son amantes del pop británico intentan boicotear el famoso festival internacional Mundo Canal. Su objetivo es que ningún grupo moderno español del momento participe como concursante…

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Si bien es cierto que el cine pop español -nos referimos a aquellos filmes que versen durante gran parte de su metraje sobre la también denominada música moderna- no tiene un alto cupo de títulos destacables, no es menos verdad que ese mismo panorama sirvió para allanar el camino a otras propuestas que, ya fuera por lucir una factura técnica notable, o simplemente por evitar la habitual vergüenza ajena que producen tantos otros de sus exponentes, han quedado perfectamente visibilizados para un público no familiarizado a priori con este tipo de psicotronías cinéfilas. Este último podría ser el caso de Un, dos, tres… al escondite inglés (Iván Zulueta, 1970). Si a todo ello le unimos la popularidad por encima de la media de su director -aunque solo sea por ese Arrebato (1979) fílmico incontestable-, ya tenemos la clave del por qué esta curiosa película musical suele aparecer como una de las gemas del cine pop español. Al menos en esos estudios donde solo se presta atención a lo superficial en detrimento del conjunto.

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Posiblemente estemos ante la película que más grupos y canciones del momento consigue aglutinar; no solo en cantidad, también en calidad, pues la selección musical es impecable y la mezcla del sonido exquisita (tomando como vara de medir los estándares tecnológicos de 1970 en España, año de su estreno). Tampoco le puede negar nadie el mérito de contar con una extensa sucesión de videoclips musicales muy imaginativos y mejor rodados. No seré yo quien saque a colación la escasa sensibilidad pop del multidisciplinar artista Iván Zulueta; algo impensable a tenor de lo demostrado en su amplia experiencia como cartelista de cine –sin ir más lejos, Zulueta fue el encargado de construir los warholianos decorados que aparecen en Un, dos, tres… al escondite inglés– o su aportación como director y guionista en un programa televisivo de/para jovencitos españoles de finales de los sesenta como Último grito (1968-1970). Ahora bien, de ahí a clasificarla como la única cinta destacable de este tipo de cine creo que es errar en gran parte la valoración de sus cualidades. Si de guiones incoherentes, delirios cercanos a la risa involuntaria o pastiches que no llegan a cuajar del todo es de lo que estamos hablando, esta película del malogrado director donostiarra lleva muchas papeletas para poder incluirla dentro del saco.

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La premisa argumental parte de una feliz idea: en un popular programa de televisión se presenta la canción “Mentira, mentira” que ha de representar a España en el festival de Mundo Canal. La carrera por elegir al artista que la interprete no ha hecho más que comenzar. Pisa terreno firme Zulueta para este comienzo; un plató televisivo no muy distinto al de Último grito, un festival de la canción tan caro a este periodo como podría ser el de Eurovisión, o el de San Remo, o el de Benidorm… eso sí, con un nombre bastante más divertido. Al conocer la noticia, un grupo de jóvenes que frecuentan una tienda de discos en bancarrota (Patty Shepard, Judy Stephen, Mercedes Juste, Tina Sáinz, José María Íñigo, Antonio Drove, Ramón Pons) se marcan como objetivo boicotear la elección del artista, llegando al extremo de atentar contra los posibles candidatos mediante la explosión de unos extraños globos envenenados. Este radical grupo de frikis musicales, amantes a ultranza de la British Invasion, a ratos parecen tener más que ver con la juventud maoísta que retrató Jean-Luc Godard en La Chinoise (1967) que con la naíf y ye-yé muchachada española de estos años, aunque, en el fondo, el argumento no está exento de un tono marcadamente tebeístico en la frontera de la comedia más absurda y gratuita.

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Este tipo de historieta admite sin embargo gran cantidad de perlas musicales, set pieces musicadas donde el director de Arrebato despliega un gusto por la planificación arriesgada y la experimentación virtuosa sin parangón en la industria audiovisual del periodo. Se podría decir que Zulueta realizó alguno de los mejores videoclips que nunca llegaron a tener esas bandas. No solo eso, el atento visionado y escucha activa de dichos fragmentos pone al descubierto que la escena del easy-listening hispano iba mucho más allá de Los Bravos, Fórmula V o Los Íberos -por citar solo tres de los más populares que aparecen en Un, dos, tres… al escondite inglés-; de la misma manera podemos (re)descubrir a otros menos populares como Los Beta, Los Buenos, Henry y Los Seven, Los Mitos, Shelley y Nueva Generación… todos ellos de una calidad sonora fuera de toda duda, amén de unas influencias que se mezclan con desparpajo entre el pop, el soul, el folk o la psicodelia. En el caso de Los Bravos y Los Íberos, eran grupos que ya habían quedado retratados con dignidad en la pantalla; previamente los de Mike Kennedy, en sus aventuras con Aguirre/Macián/Forqué; y en ese mismo año 1970, los malagueños liderados por Enrique Lozano, que tuvieron una más que positiva experiencia en el cine con esa perla que les regaló el director Ramón Masats: Topical Spanish, posiblemente la joya de la corona del cine pop patrio.

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José María Íñigo -interpretando un doble papel; uno de los frikis de la tienda musical y, por otro lado, a él mismo- y Judy Stephen, presentadores ambos de Último grito, junto a la dirección de Iván Zulueta, hacen que todo quede en casa, pues el espíritu de la película no dista mucho del mítico programa de TVE, uno de los más esforzados en conectar con los modernos musicales de la época. Jaime Chávarri, futuro creador de reconocibles títulos musicales del cine español, firma junto al director donostiarra el guion de Un, dos, tres… al escondite inglés, en lo que supone su primer trabajo de argumentista tras salir de la Escuela Oficial de Cinematografía donde había coincidido con Zulueta y, a buen seguro, con José Luis Borau, otro de los artífices principales de esta película[1]. Patty Shepard, en un papel de modelo que parece estar hecho especialmente a su medida, encabeza un reparto casi amateur (Drove, Íñigo) donde brilla con luz propia la gracia natural de Tina Sáinz y su personaje de chica pueblerina que se sale del tiesto y quiere montar un cabaret por su cuenta. La escasa música incidental corre a cargo de Antonio Pérez Olea y hay incluso otro momento en el que los actores llegan a interpretar un número de teatro musical a lo Broadway. Algunas canciones y música de fondo del legendario dúo Vainica Doble, formado por Gloria van Aerssen y Carmen Santonja, cierran una completa banda sonora.

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Funciona la película de Zulueta bastante mejor como film de sketches que como un completo puzle y aunque está más que justificado su renombre dentro del género, pues no hay duda del regio talante como experimentador que vuelca en ella su director, no escasean los momentos de escaso interés: véanse al respecto las interminables secuencias con saturación de colores blancos que nadie dudaría en tildar de antiestéticas, sobre todo si a algún sesudo crítico le diera por analizar otro film musical español muy pop en espíritu como es El vendedor de ilusiones de José María Zabalza; extraña pieza firmada por el más kamikaze de nuestros directores, producida en 1967 pero estrenada en 1971 y que ya contenía numerosas escenas usando ese mismo recurso técnico desaliñado.

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Aparte de, por supuesto, la banda sonora, destacaría positivamente de Un, dos, tres… al escondite inglés sus cualidades como transgresora parodia de los mediáticos y encorsetados festivales de la canción. Buena muestra de ello es el último de los “atentados” perpetrados por los protagonistas durante el transcurso del festival Mundo Canal: una falsa concursante para representar a nuestro país, que no llega a cantar ni una nota, destroza parte del decorado y da paso al grupo Los Pop Tops para que “ellos interpreten lo que les dé la gana”. Todo lo que hemos visto no deja de ser el eterno dilema de la comercialidad frente a la ética personal, presente en el mundo musical desde tiempos remotos.

                                                                                                               Francisco Arco

[1] José Luis Borau, aparte de un pequeño papel en la película, aparece acreditado junto a Iván Zulueta como director de la misma. Al parecer, se trataba simplemente de una maniobra legal que hubo que orquestar ya que Zulueta no estaba sindicado como director. Borau ejerció mayormente labores de producción en Un, dos, tres… al escondite inglés y el contacto con Zulueta y Jaime Chávarri (guionista) posiblemente vendría de su etapa como profesor en la EOC, donde ambos eran alumnos.

“Drácula” de Coppola resucitará en FIMUCITÉ con su banda sonora interpretada en directo

Drácula in Concert

El sábado 28 de septiembre el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife-FIMUCITÉ ofrecerá al público el espectáculo “Bram Stoker’s Dracula In Concert” en el marco de la Gala de Clausura de su decimotercera edición. Tras su estreno mundial en el Festival de Música de Cine (FMF) de Cracovia el pasado mes de mayo, esta cita será el pistoletazo de salida de una gira internacional que llevará el formato musical live-to-picture por escenarios de todo el mundo.

Bajo la batuta de Diego Navarro, director artístico del Festival, la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) y el Tenerife Film Choir interpretarán la aclamada partitura escrita por el compositor polaco Wojciech Kilar para el filme de Francis Ford Coppola de 1992, de manera sincronizada con las imágenes de esta icónica película. Asimismo, la cantante canaria Cristina Ramos, reconocida internacionalmente tras triunfar en China en el programa “Got Talent World” y otros concursos de talentos televisivos, pondrá el broche a este concierto con la interpretación durante los títulos de crédito finales de la popular canción de Annie Lennox “Love Song for a Vampire”.

“Bram Stoker’s Dracula In Concert” es un formato original realizado en coordinación con Sony Pictures y en coproducción con el FMF de Cracovia, siendo la primera vez que los dos festivales de música de cine se unen para la creación conjunta de un espectáculo de tal magnitud. Recientemente, los festivales productores del espectáculo, FIMUCITÉ y FMF, asociados con Robert Townson Productions, han cerrado un acuerdo con la agencia alemana Europäische Filmphilharmonie GmbH para la distribución mundial del espectáculo. Se trata de una gran apuesta de FIMUCITÉ tras el éxito que cosechó en la pasada edición el concierto live-to-picture dedicado a la película de Steven Spielberg Encuentros en la tercera fase, con música de John Williams.

Por otra parte, en el marco de la presentación del concierto, que tendrá lugar en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, el Festival otorgará a título póstumo a Wojciech Kilar, autor de la música original del film, el Premio de honor FIMUCITÉ Antón García Abril. Kilar fallecía en diciembre de 2013 con 81 años, siendo también el autor de las bandas sonoras de otros Films tan emblemáticos como El pianista y La novena puerta, ambos de Roman Polanski.

Las entradas para la Gala de Clausura oficial de FIMUCITÉ 13, que dará comienzo a las 19:00 horas del sábado 28 septiembre, ya se encuentran a la venta en la taquilla del Auditorio de Tenerife y online.

Published in: on agosto 3, 2019 at 7:39 am  Dejar un comentario  

FIMUCITÉ 13 repasará el mito del vampiro en un ciclo de cine

El Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife – FIMUCITÉ dedicará dentro del catálogo de actividades paralelas de su decimotercera edición un ciclo de cine al mito del vampiro en colaboración con Filmoteca Canaria. Las proyecciones se desarrollarán en los meses de septiembre y octubre en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria y en La Granja Espacio de Creación, en Santa Cruz de Tenerife, bajo el lema “El reflejo del vampiro”. Todas las sesiones tendrán lugar a las 19.00 horas y serán en versión original con subtítulos en español.

El martes, 17 de septiembre, el Teatro Guiniguada abrirá las sesiones con Drácula (1931), de George Melford, basada en la novela de Bram Stoker. Una versión hispana alternativa al clásico protagonizado por Bela Lugosi, filmada simultáneamente a la de habla inglesa utilizando los mismos estudios por la noche, cuando el equipo de Tod Browning terminaba su jornada de rodaje. La película, en blanco y negro, podrá verse el día 19 en La Granja, espacio que después de diez años cerrado abría de nuevo sus puertas hace unos meses tras obras de reforma y acondicionamiento.

El martes 24 de septiembre retomará el ciclo en Las Palmas Nosferatu, el vampiro de la noche (1979), de Werner Herzog, nueva adaptación de producción alemana de la famosa novela que toma como punto de referencia el clásico del expresionismo germano dirigido por F.W. Murnau en 1922. Dos días más tarde se proyectará la película en Tenerife.

El 1 de octubre continuarán las proyecciones en el Teatro Guiniguada con The Addiction (1995), película de culto filmada en blanco y negro por Abel Ferrara con Lily Taylor y Christopher Walken como protagonistas. El filme, que podrá verse en Tenerife el jueves 3 de octubre, está considerado una alegoría acerca de la adicción a las drogas.

El siguiente pase, los días 8 (Teatro Guiniguada) y 10 de octubre (La Granja), estarán dedicados a Entrevista con el vampiro (1994), protagonizada por Tom Cruise, Brad Pitt, Kirsten Dunst y Antonio Banderas bajo la dirección de Neil Jordan a partir de un guion de Anne Rice basado en su novela homónima. El compositor Elliot Goldenthal fue nominado al Oscar y al Globo de Oro por la banda sonora de esta icónica película.

El martes 15 de octubre en el Guiniguada, y el jueves 17 en Tenerife, FIMUCITÉ y la Filmoteca Canaria acercarán al público el filme de atmósfera oscura y glamourosa El ansia (1983) de Tony Scott, basado en la novela del mismo título de Whitley Strieber. Con un elenco encabezado por David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, destaca su banda sonora con música original de Michel Rubini y Denny Jaeger, y canciones compuestas por la Bauhaus e Iggy Pop y piezas clásicas.

La película escogida para cerrar el ciclo, los días 22 y 24 de octubre en Gran Canaria y Tenerife respectivamente, es Drácula (1979), de John Badham, basada en la obra teatral de Hamilton Deane y John L. Balderston con Frank Langella en el papel del conde Drácula y Laurence Olivier en el del profesor Van Helsing. De un romanticismo exacerbado, la película marca diferencias con otras versiones anteriores y posteriores, y cuenta con el excepcional acompañamiento musical de la partitura de John Williams, en la que sin duda es una de sus mejores composiciones.

FIMUCITE-CICLO VAMPIROS

Al hilo de este ciclo, cabe recordar que también en el marco del festival se celebrará el sábado 28 de septiembre a las 19 horas en el Auditorio de Tenerife un concierto live-to-picture en el que se proyectará la película Drácula de Bram Stoker mientras la Orquesta Sinfónica de Tenerife y el Tenerife Film Choir bajo la dirección de Diego Navarro interpretarán en directo y en perfecta sincronía con el filme la banda sonora compuesta por el autor polaco Wojciech Kilar, todo un referente musical del cine de vampiros. Se trata de un espectáculo original realizado en coproducción con el Festival de Música de Cine (FMF) de Cracovia en coordinación con Sony Pictures.

Más información: fimucite.com/13/

Published in: on julio 21, 2019 at 7:59 am  Dejar un comentario  

Los chicos con las chicas

Los chicos con las chicas

Título original: Los chicos con las chicas

Año: 1967 (España)

Director: Javier Aguirre

Productor: Manuel Pérez

Guionistas: Javier Aguirre, Juan Cobos, Eduardo Ducay, Leonardo Martín, Carlos Muñiz, Francisco Prósper, Miguel Rubio

Fotografía: Rafael de Casenave

Música: Adolfo Waitzman, Los Bravos

Intérpretes: Manolo Fernández, Miguel Vicens, Mike Kennedy, Pablo Sanllehi, Tony Martínez (Los Bravos), Enriqueta Carballeira (Elisa), Manolo Gómez Bur(Don Hilario), Guadalupe Muñoz Sampedro (Doña Felicia), María Luisa Ponte (Srta. Sarmiento), Lola Gaos (Doña Arsenia), Manolo Gómez Bur (Don Hilario), Luis Sánchez Polack “Tip”(Lorenzo, el conserje), Laly Soldevila (Srta. Enriqueta), José Luis Coll (Pierre, el manager), Rafaela Aparicio (Petra, la cocinera), Irán Eory (Marta)…

Sinopsis: Los cinco componentes del grupo musical Los Bravos deciden pasar unos días en el campo para descansar de su frenético ritmo de trabajo y del constante acoso de sus fans. Cerca de donde acampan hay un estricto colegio de señoritas donde los hombres tienen terminantemente prohibida la entrada. Después de uno de los paseos matutinos de las alumnas por el campo, Mike Kennedy, el cantante del grupo, queda prendado por los encantos de una de las colegialas. A partir de ese momento todos los esfuerzos de Mike se concentrarán en poder entrar al colegio, cueste lo que cueste.

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Algo cambió en el panorama del cine español de los 60 justo en el instante que Conchita Velasco puso patas arriba la pista de baile al ritmo de “La chica ye-yé” en Historias de la televisión (José Luis Sáenz de Heredia, 1965)[1]. Importada directamente desde Francia, la nueva ola ye-yé causó furor entre la juventud española del momento, hastiada de eternos iconos folclóricos y de niños prodigio cantores. Para una adecuada traslación del fenómeno directamente al celuloide resultó determinante la unión creativa de los talentos de The Beatles y Richard Lester, que iluminaron el nuevo camino a seguir. En España, no tardaron en aparecer exponentes de dicha corriente, como demuestra la temprana respuesta que ofrecieron filmes como la interesante Megatón Ye-Ye (Jesús Yagüe, 1965) -con la presentación de Micky y Los Tonys, uno de los primeros conjuntos del beat español- y, más adelante, Codo con codo (Víctor Auz, 1967), una especie de secuela algo más floja que la primera, también con Micky -sin Los Tonys esta vez- formando un imposible trío con Massiel y Bruno Lomas. Con todo, ese incipiente modelo cinematográfico patrio no nos aseguraba todavía el poder pregonar a los cuatro vientos aquello de “Spain is different”.

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Frustrados varios intentos de llevar a la pantalla las correrías de otro conjunto del momento como eran Los Brincos, el inesperado éxito del sencillo “Black is Black” de Los Bravos, tanto a nivel nacional como internacional, propició que los todopoderosos Estudios Moro[2] apostaran por los de Mike Kennedy para mostrar en el cine español ese nuevo modelo juvenil. No salió del todo mal el experimento si atendemos a lo recaudado en taquilla y, sobre todo, al decente resultado conseguido por Javier Aguirre en Los chicos con las chicas (1967), máxime si se compara con esa otra corriente de cine juvenil y musical que en los años previos circulaba por las carteleras hispanas; véanse, por ejemplo, las películas protagonizadas por Rocío Durcal, Pili y Mili, Karina o Raphael, todas ellas menos transgresoras que las incursiones de Los Bravos. “La edad de piedra ya pasó…”, afirmaban ellos en la letra de “Los chicos con las chicas”, canción que da título a esta película que, asimismo, y tras los títulos de crédito, comienza con otra frase muy adecuada de Napoleón Bonaparte: “La música es el menos molesto de los ruidos”.

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Uno de los aciertos de la propuesta es ir más allá de la estrategia mimética basada en Qué noche la de aquel día (A Hard Day’s Night, Richard Lester, 1964). Si bien la historia comienza de manera muy similar a aquella, con una troupe de enloquecidas fans femeninas persiguiendo a la banda después de una actuación -y que terminan acosando a Pierre, el tiránico manager de Los Bravos, interpretado por un excelente José Luis Coll en un papel menos delirante de lo habitual en él-, los derroteros por los cuales transita el relato a partir de este punto tienen más puntos en común con la línea clásica de la comedia coral española, de enredo y ligera, aunque no tanto en lo que se refiere a su típica faceta costumbrista, como veremos a continuación.

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También toma prestada de la cinta de Lester esa idea acerca de la necesidad imperiosa que toda banda de éxito masivo tiene de evadirse y escapar de sus responsabilidades aunque solo sea por unos días; es precisamente esa motivación la que empuja a Los Bravos a desconectar completamente por una temporada e instalarse en un improvisado camping en plena naturaleza. Para reforzar ese planteamiento de película coral, Aguirre y su amplio equipo de guionistas sitúan cerca del campamento un colegio interno “para niñas descarriadas”, tal y como afirman sus profesoras; una caterva de remilgadas solteronas que responden a los singulares nombres de Señorita Sarmiento (María Luisa Ponte) o Doña Arsenia (Lola Gaos), rebautizada como “Doña Arsénica” por Don Hilario (Manolo Gómez Bur), el único miembro de la junta directiva del colegio que no ve con buenos ojos ese régimen tan rígido que impera en la institución educativa. Hasta el conserje del recinto escolar -interpretado, aquí sí, por un delirante Luis Sánchez Polack “Tip”- vela celosamente por la castidad de las internas a modo de perro guardián, literalmente, pues es capaz de imitar el ladrido de varios tipos de canes cuando advierte la presencia de algún hombre cerca de la puerta e incluso descansa en una caseta perruna que hay en la entrada del edificio (¡!).

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Como suele ocurrir en este tipo de historias, Mike Kennedy, el líder de Los Bravos, se enamora de Elisa (Enriqueta Carballeira), una joven que capta su atención durante una de las excursiones por el campo que organiza la Señorita Enriqueta (Laly Soldevila), la dinámica y atlética profesora de Educación Física. Con la complicidad de Don Hilario, Mike Kennedy consigue entrar en el colegio con la excusa de ocupar la plaza vacante de profesor de música, pero antes tendrá que demostrar sus aptitudes ante las desconfiadas mujeres que llevan el mando de la junta directiva. Para ello, Mike improvisa una historia sobre su desdichada infancia por culpa de un padre libertino que convence al momento a las misándricas arpías. Es aquí donde Javier Aguirre despliega uno de los recursos más interesantes de la película y nos muestra toda esa falsa historia que se inventa Mike por medio de un flashback rodado a la manera de un elegante cortometraje del cine silente: virados a color, imagen acelerada y música de pianola a cargo de Adolfo Waitzman.

No es el único experimento que se permite Aguirre, pues a lo largo del metraje encontramos congelados de imagen, un montaje donde abundan los veloces planos-contraplanos e imágenes experimentales de corte psicodélico que a buen seguro tienen más que ver con su experiencia dentro del Anticine[3] que él mismo creó y del cual defendía su alegre convivencia con el cine comercial que le daba de comer[4]. La secuencia que fusiona animación e imagen real para el tema “Sympathy” firmada por Francisco Macián, uno de los más talentosos creadores a sueldo de los Estudios Moro, completan el capítulo de modernas transgresiones que la película ofrece en oposición a esa apariencia inicial de divertimento a mayor gloria del conjunto musical del momento.

Como no podía ser de otra manera, los cincos componentes del grupo terminan por colarse en el colegio para señoritas boicoteando una celebración anual en honor al “Gran Filántropo”, el fundador de la institución que antes de morir dejó escrita una autobiografía compuesta por 700 capítulos… y la cosa se desmadra hasta tal punto que el fin de fiesta acaba con todas las internas, Don Hilario y la profesora de Educación Física bailando desenfrenadamente al ritmo de “Las chicos con las chicas”, una canción que, por otra parte, supuso uno de los pocos éxitos rotundos en español de la banda. Y es que la dicción del alemán Mike Kennedy nunca resultó del todo satisfactoria en castellano, funcionando mucho mejor a todos los niveles los temas en inglés del grupo, tanto dentro como fuera de la pantalla.

Contando prácticamente con el mismo equipo de producción, guionistas y actores, pero con José María Forqué reemplazando a Javier Aguire a los mandos, Los Bravos tendrían tiempo para vivir una segunda y última experiencia en el cine con ¡Dame un poco de amooor…! (1968), en la que, de nuevo, se optaría por seguir las enseñanzas de The Beatles con Richard Lester; concretamente la segunda y última de sus colaboraciones, ¡Socorro! (Help, 1965), que, al igual que el film de Forqué, se basa en una disparatada trama de aventuras orientales y exóticas. De ese modo, Los Bravos se permitieron emular al mítico cuarteto de Liverpool con estas dos películas, y por si fuera poco, en ¡Dame un poco de amooor…! también tienen bastante más peso que en Los chicos con las chicas las animaciones de Francisco Macián, un poco a la manera de El submarino amarillo (Yellow Submarine, George Dunning, 1968), lo que completaría el guiño a las tres incursiones de The Beatles en el cine.

Francisco Arco

[1] Aunque de menos repercusión popular, en la película de Sáenz de Heredia se puede escuchar antes que “La chica ye-yé”, el twist “John, John”, también interpretado por Concha Velasco en esta nueva y más moderna faceta de su carrera. Para ser exactos, le correspondería a “John, John” el mérito de ser una de las primeras canciones ye-yé en aparecer en una película española, pero pasó a un segundo plano gracias al fulgurante éxito de la composición del inolvidable tándem compuesto por Augusto Algueró y Antonio Guijarro.

[2] Los estudios fundados por los hermanos Santiago y José Luis Moro se convirtieron en todo un emporio de la comunicación, principalmente de la publicidad en televisión, donde destacaban sus anuncios realizados con dibujos animados. Además contaban con Jo Linten como tercer socio, periodista de origen belga que controlaba la publicidad comercial de las salas de cine con su distribuidora Movierecord.

[3] http://www.javieraguirre-anticine.com/biografia.html

[4] Aguirre volvería al cine pop con Una vez al año ser hippy no hace daño (1969), una pieza divertida pero harto costumbrista. Aún así, Aguirre se permite la licencia de incluir una escena musical donde satiriza “el cine comercial y hueco”, incluyendo instantáneas de los títulos de crédito donde aparece su propio nombre y el del productor y guionista de esa cinta, José Luis Dibildos. No sólo eso, sino que en uno de los temas que interpreta el paródico grupo “Los Hippy-lollas”, formado por Concha Velasco, Tony Leblanc, Alfredo Landa y Manolo Gómez Bur, satiriza de forma abierta a la canción que da título al film que nos ocupa. Así, si el estribillo de esta reza “Los chicos con las chicas deben vivir”, el de la “versión” de Los Hippy-lollas muta a un “Los negros a las suecas perseguirán”.

Randy Edelman y Antón García Abril se suman al cartel de FIMUCITÉ 13, en el que se interpretará y estrenará la banda sonora de “La noche del terror ciego”

Los compositores Randy Edelman y Antón García Abril se unen al cartel de invitados de la decimotercera edición del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (FIMUCITÉ), que se celebrará del 20 al 29 de septiembre con el patrocinio del Cabildo Insular de Tenerife, el Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Edelman tomará la batuta durante “Campeones de la gran pantalla”, el concierto que cerrará el programa de este año el domingo día 29. En él dirigirá piezas de Dragón, la vida de Bruce Lee y de Ángeles. En este mismo recital sonará también la sintonía que compuso Antón García Abril para los espacios de información deportiva de Radiotelevisión Española en la década de 1980. Asimismo, García Abril participará el viernes día 27 de septiembre en el concierto “Mis terrores favoritos”, en el que se interpretará y estrenará la banda sonora de La noche del terror ciego de Amando de Ossorio. Las entradas para estos conciertos, que tendrán lugar en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, ya se encuentran a la venta en taquilla y online.

Tanto Randy Edelman como García Abril participarán, además, en la FIMUCITÉ Film Scoring Academy, la Academia Fimucité para Compositores Audiovisuales, actividad de carácter gratuito enmarcada en el programa educativo del Festival, dirigida a estudiantes y profesionales interesados en formación especializada de manos de grandes profesionales del sector.

El concierto “Campeones de la gran pantalla” será interpretado por la Joven Orquesta Sinfónica de FIMUCITÉ, conformada por alumnos del Conservatorio Profesional de Música de Santa Cruz de Tenerife y del Conservatorio Superior de Música de Canarias. Esta propuesta contará además con la participación del compositor Vince DiCola, cuya memorable música para Rocky IV también formará parte del programa, así como de varios músicos pertenecientes a la formación homóloga del Festival de Música de Cine de Cracovia (FMF) en el marco del acuerdo de intercambio de estudiantes entre sendos festivales.

Por otro lado, “Mis terrores favoritos” abarcará un amplio recorrido por la música cinematográfica de los títulos más destacados del cine de terror y contará con la presencia ya anunciada de los compositores Harry Manfredini, autor de la banda sonora de Viernes 13, y Christopher Young, creador de la de Hellraiser, así como del director Christian Schumann, quien se pondrá al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife y el Tenerife Film Choir en este concierto.

Randy Edelman (1947) creció en la localidad de Teaneck, New Jersey, donde estudió piano y comenzó a ofrecer recitales desde muy joven. Tras pasar por el Conservatorio de Música de Cincinnati, se trasladó a Nueva York donde tocó con diversas orquestas de Broadway. Ha producido varios álbumes en solitario de canciones, algunas de las cuales también fueron grabadas por The Carpenters, Olivia Newton-John y Barry Manilow, entre otros. Posteriormente se trasladó a Los Ángeles, donde comenzó a trabajar en la composición para cine y televisión.

A mediados de los años 80, Edelman escribió el tema principal de la popular serie de televisión MacGyver, así como la música de diversos episodios. Además, ha colaborado en numerosas ocasiones con Ivan Reitman componiendo la música de varias de sus películas, como Los gemelos golpean dos veces, Los cazafantasmas II, Poli de guardería o Beethoven. Fue nominado junto a Trevor Jones al Globo de Oro por la banda sonora de El último mohicano y en 1993 fue galardonado con el prestigioso premio Richard Kirk de BMI y TV Awards, por su contribución a la música de cine y televisión.

Antón García Abril nació en Teruel, en mayo de 1933. Fue maestro de varias generaciones de compositores a través de su Cátedra de Composición en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, entre el año 1974 y 2003. Su excelso repertorio como compositor abarca ópera, ballets, cantatas, obras orquestales, música de cámara, conciertos, canciones, obras para piano, guitarra, etc. Además ha escrito gran cantidad de música para teatro, cine y televisión, y recibió hace cinco años la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas.

El veterano compositor es autor de famosas partituras de la pequeña pantalla como los de El hombre y la tierra, Anillos de oro, Fortunata y Jacinta o Brigada central, y de la música de títulos clave en la cinematografía nacional, entre los que figuran Los santos inocentes o La colmena. En el año 2014, FIMUCITÉ otorgó un premio honorífico a García Abril, uno de los nombres más emblemáticos de la música para el ámbito audiovisual de nuestro país. Desde entonces este galardón recibe el nombre del compositor y ha distinguido a figuras tan destacadas como Howard Shore, Elliot Goldenthal, Trevor Jones, Marco Beltrami, Elmer Bernstein, Henry Mancini, James Newton Howard, Laura Karpman, Concha Velasco, Bruce Broughton, Shirley Walker, Lalo Schiffrin y Bernard Herrmann, entre otros.

Published in: on junio 30, 2019 at 8:08 am  Dejar un comentario  

Se anuncia el rodaje de “Demasiados enemigos”, biopic sobre Eskorbuto con producción de Álex de la Iglesia

Eskorbuto

“Eran un buen grupo, en su estilo el mejor”. Con estas dos estrofas comienza la letra de “La mejor banda del mundo”, canción que cierra “Demasiados enemigos”, disco publicado a finales de 1991 y el último grabado por la formación original de Eskorbuto. Unos meses más tarde, y con menos de medio año de diferencia, Iosu Expósito y Jualma Suárez, los dos carismáticos líderes de la banda, fallecían a causa de su adicción a las drogas. Sin embargo, transcurridos más de veinticinco años desde entonces el recuerdo del grupo punk vizcaíno dista mucho de haberse difuminado. Todo lo contrario. Su actitud, honestidad (y eso que no eran nada honestos, como ellos mismos proclamaban) y su mirada nihilista y desencantada ha desafiado al tiempo y el espacio, traspasando fronteras y convirtiendo al grupo y, en especial, a sus dos desaparecidos integrantes, en auténticos mitos.

Generación Anti-TodoBuena muestra del interés que sigue despertando Eskorbuto en todo el mundo es la aparición en los últimos años de novelas gráficas y libros destinados a glosar las andanzas del grupo. Tampoco el cine ha sido ajeno a este fenómeno. El año pasado se estrenaba con una distribución muy limitada Generación Anti-Todo (2018), una película que entremezcla el documental con la ficción para establecer un diálogo entre las generaciones crecidas en los 80 y las que lo han hecho en el 2000, con Eskorbuto como nexo de unión. Sin embargo, la película definitiva sobre Eskorbuto estaba pendiente de hacer. Un vació que parece que va a cubrirse con la anunciada realización de, precisamente, Demasiados enemigos, un biopic del grupo cuyo rodaje se ha anunciado para el próximo año bajo producción de Basque Films y Pokeepsie Films, la productora de Álex de la Iglesia y Carolina Bang.

La existencia del proyecto se hacía pública el viernes de la pasada semana gracias a la publicación de un artículo de Oskar Belategui en la versión digital de “El Correo”, en el que, entre otros datos, se adelantaba que el director de la futura película va a ser el debutante realizador bilbaíno Aitor Gutiérrez, quien también ha escrito el guion junto a Pedro Rivero, ganador de los Goya destinados al mejor corto de animación y mejor largometraje de animación por Birdboy (2011) y Psiconautas, los niños perdidos (2015), respectivamente, a partir de un argumento de Joseba Gorordo y Asier Guerricaechevarría. Para dar forma al libreto, los responsables del film han contado con el testimonio de diferentes personas cercanas al grupo, entre ellos distintos músicos coetáneos y, claro está, también Pako Galán, el único superviviente de la formación original de Eskorbuto.

Por otra parte, Oskar Belategui también desvelaba en su texto que los productores ya se han hecho con los derechos tanto de las canciones del grupo como de otras bandas de la época de cara a incluirlas en el film. En cuanto al reparto, se encuentra en estos momentos por determinar, aunque según parece la intención es que los encargados de dar vida a los miembros de Eskorbuto sean actores desconocidos, para lo cual próximamente se realizará un casting en el País Vasco. No obstante, según parece, los responsables del proyecto han llegado a tantear a Benicio del Toro, quien se declaró fan del grupo durante la promoción de Un día perfecto, la película que protagonizara el actor de origen portorriqueño el pasado 2015 a las órdenes de Fernando León de Aranoa.

Published in: on junio 8, 2019 at 9:30 am  Dejar un comentario  

Rocketman

Rocketman

Título original: Rocketman

Año: 2019 (Gran Bretaña)

Director: Dexter Fletcher

Productores: Adam Bohling, David Furnish, David Reid, Matthew Vaughn

Guionista: Lee Hall

Fotografía: George Richmond

Música: Matthew Margeson y canciones de Elton John

Intérpretes: Taron Egerton (Elton John/Reggie Dwight), Jamie Bell (Bernie Taupin), Richard Madden (John Reid), Bryce Dallas Howard (Sheila), Gemma Jones (Ivy), Steven Mackintosh (Stanley), Tom Bennett (Fred), Matthew Illesley (Reggie de niño), Kit Connor (Reggie de adolescente), Charlie Rowe (Ray Williams), Peter O’Hanlon (Bobby), Ross Farrelly (Cyril), Evan Walsh (Elton Dean), Tate Donovan (Doug Weston), Sharmina Harrower (Heather), Ophelia Lovibond, Celinde Schoenmaker, Stephen Graham, Sharon D. Clarke, Aston McAuley, Jason Pennycooke, Alexia Khadime, Carl Spencer, Jimmy Vee, Leon Delroy Williams, David Doyle, Leigh Francis, Dickon Tolson, Diana Alexandra Pocol…

Sinopsis: Elton John irrumpe en una terapia de grupo. Tras confesarse adicto al alcohol, las drogas, el sexo y las compras, comienza a rememorar de forma cronológica diferentes capítulos de su vida, desde su infancia hasta su conversión en estrella musical.

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El biopic musical es un género tan antiguo como el propio cine sonoro. Aunque a lo largo de la historia han sido varios los periodos de esplendor que ha conocido el género, es innegable que de un tiempo a esta parte estamos atravesando un nuevo auge en la producción de este tipo de productos. A decir de los entendidos, fue Straight Outta Compton (Straight Outta Compton, 2015) la precursora de esta última eclosión que ha alcanzado su cénit, al menos de momento, con la controvertida Bohemian Rhapsody (Bohemian Rhapsody, 2018). El extraordinario rendimiento comercial cosechado por la biografía de Queen, unido a las cuatro estatuillas obtenidas por la película en la última ceremonia de los Oscars, entre las que destaca la destinada al mejor actor protagonista por la interpretación de Rami Malek, hace prever que esta situación no hará más que prolongarse y aumentar durante los próximos años. De momento, ya hemos asistido a la aparición del primer título que puede ser visto como una consecuencia del éxito alcanzado por Bohemian Rhapsody con el estreno de Rocketman (Rocketman, 2019), centrado en la figura del pianista y cantante conocido popularmente con el nombre de Elton John.

Por más que su gestación sea previa al estreno de Bohemian Rhapsody, son tantos los elementos en común existentes entre ambas cintas que es muy difícil no hablar de Rocketman sin mencionar a la película sobre la banda de rock inglesa. De entrada, además de compartir idéntica orientación genérica y tratar a sendos iconos de la música británica de proyección internacional, las dos toman su título de uno de los temas más emblemáticos de sus respectivos protagonistas y tienen una estructura argumental más o menos parecida. No obstante, el aspecto más determinante en esta asociación se encuentra en que el director de Rocketman sea el también actor Dexter Fletcher, quien a su vez fuera el encargado de finalizar de forma no acreditada Bohemian Rhapsody tras que el firmante Bryan Singer fuera despedido de forma fulminantemente por los gerifaltes de la Fox al ser denunciado por acoso sexual. Una circunstancia que provoca que las comparaciones entre los dos films se antojen irremediables. Sin embargo, a la hora de la verdad, pese a todas estas similitudes, una y otra no pueden estar más alejadas en la forma y en el fondo. Sin ir más lejos, si uno de los aspectos que más se han criticado a Bohemian Rhapsody es el modo en el que pasa de puntillas por los aspectos más escabrosos de la biografía de Freddie Mercury, esto es, su homosexualidad y su adicción a las drogas, Rocketman hace de esta cuestión una de sus principales razones de ser. Y eso a pesar de la participación activa que ha tenido en el proyecto el propio Elton John, como atestigua el hecho de que en los genéricos sea acreditado como productor ejecutivo, o tal vez, precisamente, debido a ello.

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Lejos de la hagiografía que cabría esperar a tenor de estos antecedentes, Rocketman pone el foco de su atención dramática en el lado más oscuro de la trayectoria vital de Elton John. Tanto es así que da la sensación que la película está planteada por el propio autor de “Your Song” como una forma de exorcizar sus propios fantasmas personales. No parece casual a este respecto que todo el entramado narrativo se articule en torno a la participación de su protagonista en una terapia de grupo en la que, significativamente, irrumpe vestido con un body naranja tocado con cuernos y alas, en clara referencia al ángel caído, y que, tras tomar asiento, se confiese adicto al alcohol, las drogas, el sexo y las compras. Sobre esta situación única, el personaje va rememorando en forma de flashback y en primera persona varios de los capítulos más importantes de su vida hasta la fecha, desde su infancia hasta su ascensión a estrella del pop, prestando especial atención a las circunstancias personales que le llevaron a la situación límite en la que ahora se encuentra sumido anímicamente. Dentro de los muchos simbolismos que encierra la puesta en escena de Fletcher, resulta clarificador con respecto al significado de esta secuencia el que el personaje de Elton John vaya despojándose progresivamente de partes del traje de demonio que porta a medida que va narrando sus vivencias, en una analogía del desnudo emocional que está llevando a cabo.

De este modo, la película “no esconde los errores, las caídas, las carencias”[1] sentimentales de Elton John, en palabras de su director, sino que “es totalmente abierta” de su uso y abuso “respecto del sexo y las drogas” en sus años de esplendor y que le llevaron a apartar de su lado a algunos de sus seres más cercanos, tanto en lo personal como en lo profesional. Una honestidad que es de agradecer, por más que al mismo tiempo se justifique tal proceder como consecuencia del dolor y los traumas infringidos al protagonista por terceras personas, presentándole así como una víctima. Más concretamente, la culpa recae en unos padres que nunca le dieron el cariño que necesitaba ni le atención que requería, y a un amante reconvertido en manager que aprovechó la dependencia sentimental que ejercía sobre el músico para exprimirle económicamente y destrozarle emocionalmente, aspectos estos que son mostrados de la forma más simplona y estereotipada que uno pueda imaginarse. Justo en el lado contrario se sitúa el arco argumental dedicado a la relación de amistad entre Elton y su habitual letrista, Bernie Taupin, personaje que es encarnado con su acostumbrada solidez por Jamie Bell y que acaba por convertirse en una especie de voz de la conciencia de su amigo, en lo que se erige en uno de los segmentos más valiosos y enternecedores de la película.

El que desde su punto de partida la historia sea narrada a través del testimonio de su protagonista pone de relieve el grado de subjetividad que anida en la historia que sucede en pantalla. En modo alguno Rocketman se plantea presentar una reconstrucción fidedigna y verídica de la vida de Elton John, sino lo que muestra es la vida de Elton John vista por él mismo. Ello explica por qué para el papel protagonista se eligiera a un actor tan alejado físicamente del personaje real al que da vida como Taron Egerton, después de que para el papel se hubieran barajado nombres como los de Tom Hardy, James McAvoy, Tom Cruise o Daniel Radcliffe, y que el propio Elton John llegara a proponer la contratación del también cantante Justin Timberlake para tal cometido. Una elección que provoca ciertos apuntes un tanto incongruentes. Durante diferentes momentos de la cinta se hacen alusiones a lo “feo y gordito” que es el protagonista, lo que contrasta con la apariencia de su intérprete, en especial en aquellas escenas en las que se quita la camisa y deja ver al desnudo su torso perfectamente moldeado. Y, sin embargo, no se puede negar que Taron Egerton sea Elton John. El actor se enfunda la piel del músico para transformarse en su sosias, a través de una extraordinaria interpretación en la que reproduce con extrema fidelidad sus gestos, movimientos y hasta interpreta con su propia voz sus composiciones, creando la sensación en todo momento de que, efectivamente, nos encontramos ante el mismísimo Elton John en persona.

Esta imagen idealizada que se da de su protagonista se encuentra también en sintonía con la inesperada adscripción al fantástico que adquiere Rocketman. Ya lo dice la frase promocional que acompaña al cartel publicitario español del film: “Para contar su historia hay que vivir su fantasía”. Desde su propia premisa que, como se ha insinuado, no deja de ser una alegoría, la película es trufada de recurrentes fugas al fantástico, potenciadas en los muchos números musicales coreografiados que se suceden a lo largo de la historia. Y es que, al contrario de lo que suele ser usual en los biopics musicales, donde la esperada inclusión de canciones de sus protagonistas destinadas a contentar a la audiencia se limita a escenas que reproducen conciertos y/o actuaciones sin que gocen de mayor espesor dramático dentro de la ficción propuesta, en Rocketman los temas de Elton John que se reproducen forman parte integrante e indisoluble de la trama mediante los que se hacen avanzar la acción, en la línea de un género de una raigambre tan fantástica por definición como el musical, utilizando en no pocas ocasiones el contenido de las letras de las canciones en conjunción con la puesta en escena para subrayar el momento emocional que atraviesa su rol principal. Fruto de esta práctica son dos de las mejores secuencias del conjunto. Por un lado, la interpretación del cantante de su popular “Cocodrile Rock” en su primera actuación en los Estados Unidos en la sala Troubadour de Los Ángeles, con esa idea totalmente fantastique de mostrar al ralentí al público levitando coincidiendo con uno de los famosos saltos al piano del músico, visualizando así el efecto que su música ejerce en la audiencia y, de algún modo, el comienzo de su éxito. La otra se encuentra durante la secuencia en la que un drogado y desencantado Elton John intenta suicidarse lanzándose a la piscina de su mansión y en su inmersión encuentra en el fondo del estanque al niño que una vez fue interpretando en un diminuto piano el tema que da nombre a la película, en un instante que aúna belleza, simbolismo y emotividad a partes iguales.

Es una lástima, así las cosas, que el alto nivel en el que se desenvuelve Rocketman durante todo su metraje se vea penalizado en el último minuto, literalmente, con la inserción de sucesivos carteles en los que sobre imágenes del Elton John real se nos informa de lo buen padre, esposo y filántropo que es, no vaya a ser que a algún fan se le caiga el mito, en un recurso más propio de un telefilm del tres al cuarto, dicho sea de paso… y que es compartido con la citada Bohemian Rhapsody. Por si no fuera bastante, este pegote es seguido por otra idea de lo más manida, mediante el uso como fondo al inicio de los títulos de crédito de varias comparativas visuales con fotografías del Elton John de la película y el real para demostrar la fidelidad que se ha puesto en la reconstrucción efectuada, al menos a nivel de vestuarios. Ocurrencias que, ahora bien, en cualquiera de los casos no invalidan los muchos aciertos que atesora tan excelente película.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Declaraciones extraídas del artículo de Diego Battle “Cannes 2019: Elton John y Egerton lloraron abrazados, tras la proyección de Rocketman”, publicada en la versión digital del diario argentino La Nación el 17 de mayo de 2019 (https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/cannes-2019-rocketman-pelicula-elton-john-piso-nid2248845).

Published in: on junio 3, 2019 at 6:02 am  Dejar un comentario