Entrevista a Micky y Jesús Yagüe sobre “Megatón Ye-Ye”

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El pasado viernes 29 de noviembre “Sala:B”, el espacio de Filmoteca Española comisariado por Álex Mendíbil dentro de la programación del cine Doré, acogió la proyección de un programa doble titulado “Cuando el cine hizo pop”, dedicado a recordar el cine musical moderno realizado en nuestro país en la segunda mitad de los sesenta. En sintonía con esta premisa, los títulos escogidos fueron Megatón Ye-Ye (1965), y Un español en la corte del rey Arturo (Fernando García de la Vega, 1964)[1], mediometraje perteneciente a un especial del famoso programa televisivo de la época Escala en hi-fi (1961-1967), que, como su nombre indica, versiona el famoso clásico literario de Mark Twain.

Como viene siendo habitual, además de recuperar y dar la oportunidad de visionar en pantalla grande estos dos olvidados títulos en copias en 35mm., la sesión contó con la presencia como maestros de ceremonias de Miguel Ángel Carreño “Micky” y Jesús Yagüe, actor y director, respectivamente, de Megatón Ye-Ye, la que podría considerarse la primera película española puramente pop, tanto por su novedosa orientación musical -el furioso garage beat de Micky y Los Tonys, tan distinto a todo lo escuchado anteriormente en nuestras pantallas durante la primera mitad de los sesenta[2]– como por su desenfadado espíritu yeyé, en clara sintonía con el cine de Richard Lester y The Beatles.

Como complemento a la reseña de la película que publicáramos coincidiendo con la celebración de esta sesión, y fieles a nuestro interés por estudiar esa parcela del cine español a la que hemos denominado “Spanish Pop Cinema” y de la que venimos comentando alguno de sus títulos más destacados puntualmente, no dejamos pasar la oportunidad de hablar con Micky y Jesús Yagüe, quienes, muy amablemente, atendieron a nuestra petición tras la presentación del film en “Sala:B”, para rememorar los entresijos de aquel rodaje y, en definitiva, sus recuerdos en torno a Megatón Ye-Ye a más de cincuenta años vista.

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Megatón Ye-Ye es una película pionera dentro del cine musical español por ser la primera en mostrar esa nueva ola juvenil de la época en la gran pantalla. ¿Cómo llegáis a involucraros en el proyecto?

Micky: Nada más bajar del escenario, después de una actuación de Micky y Los Tonys por la zona del estadio Vicente Calderón, Francisco Lara Polop, productor y artífice de la película, nos propone participar en Megatón Ye-Ye. No sabíamos muy bien si iba en serio, pero para nosotros era una gran oportunidad que no podíamos dejar escapar. Decidimos tirar para adelante y colaborar lo máximo posible en todo el proceso.

Jesús Yagüe: Yo había coincidido con Paco Lara en el rodaje de La niña de luto (1964) de Manuel Summers, película en la que él era productor y yo ayudante de dirección. Unos meses después, Summers fue quien me avisó de que Paco Lara estaba buscando a un director para hacer una nueva película que resultó ser Megatón Ye-Ye. Me puse en contacto con él, le enseñé uno de los cortometrajes documentales que había hecho anteriormente y, sin terminar de verlo al completo, me dijo que el puesto era mío.

Llama la atención que en los títulos de crédito de la película después del nombre del director, que normalmente es el último en aparecer, figure el de Francisco Lara Polop como productor ejecutivo. ¿Era una forma de dejar claro por parte de este que, de algún modo, la película era suya?

Jesús Yagüe: Sí, es extraño, y es la única vez que me ha pasado algo parecido. Solo por eso podía haber demandado a Paco Lara, ya que por temas burocráticos siempre debe figurar el nombre del director el último en los créditos. En mi siguiente filme musical, Los Flamencos (1966), el productor intentó hacerme la misma jugada y finalmente le obligaron a cambiarlo.

Antes que en Micky y Los Tonys, ¿sabéis si se pensó en otro conjunto musical para protagonizar la película?

Micky: Yo creo que Paco Lara fue a tiro fijo. Seguramente le habló bien de nosotros Manuel Summers, con quien ya habíamos hecho alguna banda sonora. Ellos eran muy amigos por entonces y de esa conexión supongo que pudo surgir la oferta.

El guion está firmado por Joaquín Parejo Díaz, el propio Lara Polop y tú, Jesús. ¿Os repartisteis de algún modo su escritura?

Jesús Yagüe: Paco Lara aportó básicamente la idea del argumento, el típico “chico conoce a chica” entre Juan Erasmo Mochi y María José Goyanes. Además, ya tenía el reparto al completo escogido, aunque muchos de esos personajes ni siquiera estuvieran todavía reflejados en el guion. Me tuve que encargar de pulir esos detalles, sobre todo por medio de ideas que se nos ocurrían espontáneamente. Ahí es donde Micky jugó un papel importante por lo imaginativo y extrovertido que es. Joaquín Parejo Díaz me ayudó a terminar el escueto libreto que había entregado Paco Lara; era buen amigo mío y ya habíamos trabajado juntos en algún documental.

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Micky, Jesús Yagüe y Álex Mendíbil durante la presentación de la proyección de “Megatón Ye-Ye” en “Sala:B” de Filmoteca Española

Jesús, y en tu caso, ¿te identificabas con esta nueva ola musical yeyé?

Jesús Yagüe: En principio yo no tenía nada que ver con este mundillo del pop y lo yeyé, pero como siempre hace un director de cara a preparar una película, empecé por ir a las actuaciones de Micky y Los Tonys y a los clubes que ellos frecuentaban. Fue un proceso similar al que llevé a cabo poco tiempo después para Los Flamencos; estuve cuatro meses acudiendo a los tablaos para empaparme de la esencia que quería plasmar en la pantalla.

Micky y Los Tonys participasteis posteriormente en La edad Ye-Ye (1965), cortometraje realizado por Joaquín Parejo Díaz, uno de los tres guionistas de Megatón Ye-Ye. Dado que hoy en día es muy difícil acceder a su visionado, ¿qué nos podéis contar de aquella experiencia? ¿Estaba relacionado el cortometraje de algún modo con vuestra película?

Jesús Yagüe: Sí, básicamente lo que hizo Joaquín fue un refrito de Megatón Ye-Ye: utilizó fotografías y escenas concretas de la película junto a declaraciones de algunos conjuntos de la época. Hace como unos diez años, Micky y yo estuvimos en un festival de Gijón[3] dedicado a este tipo de música, y proyectaron de forma conjunta Megatón Ye-Ye y La edad Ye-Ye.

Megatón Ye-Ye se estrenó justamente un año después de ¡Qué noche la de aquel día! (A Hard Day’s Night, 1964), la película de Richard Lester con The Beatles que revolucionó el concepto del cine musical moderno. ¿Era vuestra principal influencia?

Jesús Yagüe: Cuando vi la película de Lester me pareció de lo más rompedora, sobre todo respecto a lo que se hacía en el cine musical español del momento. Creía que Megatón Ye-Ye podía ir por un camino similar, a pesar de que nuestra historia tenía bastante menos gracia y que no funcionaba tan bien como aquella…

Aun así, en Megatón Ye-Ye, además de su novedosa orientación juvenil, se advierten ideas narrativas y de montaje poco ortodoxas para la época. ¿Era fruto de tu formación anterior como documentalista?

Jesús Yagüe: Por supuesto. Un director siempre va adquiriendo experiencia de todos los proyectos en los que se implica, aunque algunos dejen más poso que otros. Además, siempre retenemos algún tipo de influencia externa, de algún director o de otras películas que hemos visto.

Siguiendo con las posibles influencias de la película, algunos críticos han comentado que las secuencias que ilustran el inicio de la historia de amor entre los personajes de Juan Erasmo Mochi y María José Goyanes tienen un tono similar al de algunas películas de la Nouvelle Vague

Jesús Yagüe: Se suele comentar eso, pero lo cierto es que yo no conocía nada de la Nouvelle Vague. Es curioso, porque cuando emitieron Megatón Ye-Ye en el programa Historia de nuestro cine de TVE, el crítico que presentaba la película[4] decía que se notaba la influencia de Lola (Lola, Jacques Demy, 1961), film que yo no había visto aún por entonces.

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¿Cómo surge la idea de usar intertítulos con dibujos a modo de transición entre escenas?

Jesús Yagüe: Principalmente porque la película no llegaba a una duración estándar. Me asusté un poco, y entonces le pedí a Manuel Summers que hiciera esos dibujos para que la historia tuviera más continuidad. También era como una manera de quitarle trascendencia al argumento, que me parecía muy inocente. En el proceso de montaje me empecé a dar cuenta de que alguien estaba cambiando cosas a su gusto. Según me dijo el montador de la película, Paco Lara estaba metiendo mano en la moviola por las tardes, después de que yo fuera por las mañanas…

Me vi obligado a hacer nuevos cortes que derivaron en que la acción fuese muy rápida en algunos tramos. Había como dos películas distintas dentro de una: las escenas de Micky y Los Tonys, donde sucedían todo tipo de cosas, y las de Mochi, que no tenían nada que ver, con un ritmo más pausado; de ahí que optara por dos ritmos narrativos distintos según el caso. Megatón Ye-Ye comienza como una historia donde Mochi parece ser el protagonista, aunque más adelante es Micky quien lleva “la voz cantante”, posiblemente por méritos propios…

Micky: Hombre, tampoco es eso. Creo que tiene más que ver con el carácter distinto de cada uno. A Mochi le tocó el papel de crooner, de guaperas, y yo era el típico “enreda” que siempre atrae al púbico porque queda más resultón. También pudo influir el hecho de que la voz de Mochi está doblada por otro actor debido a que tenía un marcado acento balear, y en mi caso soy yo mismo quien me doblo, lo que siempre queda más natural.

Recuerdo una crítica de la película en el periódico ABC, firmada por Antonio Fernández-Cid, en la que decía algo así como: “Megatón Ye-Ye nos descubre a un personaje llamado Micky que, aunque parece tener madera de actor, necesita encontrar a un director que lo talle.”

Jesús Yagüe: Respecto a lo del doblaje, recuerdo que el productor me dijo que había que doblar a Micky y yo me opuse aludiendo que no era necesario. Tampoco lo era en el caso de María José Goyanes o en el de Gloria Cámara…

Teniendo en cuenta que casi todo el reparto estaba formado por actores con poca o ninguna experiencia en el cine, el trabajo de todos ellos resulta bastante convincente…

Jesús Yagüe: Hubo de todo. En Los Tonys, estaba el caso del bajista, Juan María Fuster; aquel pobre hombre no tenía nada que ver con el cine (risas), tenía poco talento como actor, me costaba un montón hacer los planos con él. Con Mochi por ejemplo, bien, resultaba correcto…

Micky: Para mí fue una primera experiencia maravillosa. Con el paso de los años he notado que algunas de mis interpretaciones en la película tienen poca credibilidad pero, por otro lado, hay algunas escenas como aquella dentro de un plató de cine, donde canto “Tú serás muy feliz”, en las que me sorprendo del resultado. Mucho más teniendo en cuenta que era un plano secuencia y no había opción de hacer cortes de montaje.

¿Hay algo del aspecto interpretativo que no estuviera en el guion? Nos referimos a si hubo libertad para improvisar en alguna escena, como, por ejemplo, aquella donde tocáis el “Zorongo Gitano” dentro de un autobús, y que nos parece sin duda una de las más conseguidas…

Micky: Pues creo recordar que sí, que fue casi improvisada… Había un playback previo de mi voz, del momento en que me arranco cantando flamenco, pero lo único que nos dijeron era que al siguiente día iba a sonar ese playback y el “Zorongo Gitano” en la escena del autobús subiendo a Navacerrada.

Otra escena que fue totalmente improvisada es aquella en la que me hago pasar por invidente con la intención de que una chica me ayude a cruzar la calle. Recuerdo que la actriz era Verónica Luján, una mujer guapísima.

Hay un momento a lo slapstick en la película donde Los Tonys se pelean con los empleados de una productora entre los que se vislumbra fugazmente a actores tan populares como Emilio Laguna y Luis Sánchez Polack. ¿Esta breve colaboración obedecía a motivos presupuestarios?

Jesús Yagüe: A esos dos actores los elegí yo. Aunque era mi primera película, yo ya tenía contacto con este tipo de intérpretes conocidos, y pensé que juntar a gente como “Tip”, Emilio Laguna o Roberto Llamas, que eran actores con una gran capacidad para el histrionismo, podía ser una auténtica bomba. Por otra parte, quería hacer algo parecido a aquella famosa escena del camarote de los hermanos Marx, y ese fue el referente. Posiblemente nos quedó un poco corta, debería de haberla alargado un poco más para explotarla mejor.

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Micky travestido de su abuela en una escena de “Megatón Ye-Ye”

En los títulos de crédito reza que todas las canciones incluidas en Megatón Ye-Ye están creadas ex profeso para la película por Micky y los Tonys. ¿Cómo fue este proceso? ¿Se compusieron las canciones antes del rodaje?

Micky: Lo que hacíamos era reunirnos en la casa de Juan María Fuster, bajista de Los Tonys, con Paco Lara Polop y Joaquín Parejo Díaz. Unos días antes de rodar cada escena nos pasaban el guion y a partir de ahí pensábamos en qué tipo de música le iría bien en cada momento. Por ejemplo, para los títulos de crédito por la Gran Vía madrileña pensamos que lo más adecuado era un rock and roll; una especie de swing para la presentación del personaje de Álvaro de Luna… Muchas de estas piezas se grababan justo antes de la filmación de las escenas con sonido directo, sin pensar en la publicación del disco, como finalmente ocurrió.

Jesús Yagüe: Yo no recuerdo asistir a las reuniones que comenta Micky pero, antes de rodar esas escenas que se hacían a modo de playbacks, escuchaba las grabaciones previas de la música y, si se daba el caso, me fijaba en lo que las letras decían para que todo ello estuviera representado en la película. Es exactamente lo mismo que hice para Los Flamencos, y era el proceso habitual para realizar cualquier película musical.

Micky y Los Tonys ya contabais con un single, “Ma Vie/Las Lagarteranas”, fechado en 1964 y que incluía un tema en francés. Aun así, llama la atención que en Megatón Ye-Ye interpretéis en dicho idioma la balada “Un bel amour”. Del mismo modo, Juan Erasmo Mochi canta otra canción en francés en la película. ¿Era una manera de reconocer a nuestros vecinos galos como los impulsores de la moda yeyé?

Micky: No, eso fue idea de Gloria Cámara. Ella hablaba muy bien ese idioma y creo recordar que también tenía un novio francés. De hecho, la canción “Un bel amour” se la dediqué un poco indirectamente a ella…

En su momento Megatón Ye-Ye no tuvo una gran repercusión en taquilla. Según datos del Ministerio de Cultura fue vista por medio millón de espectadores, lo que en aquella época no era demasiado. ¿Recordáis cuál fue la reacción del público en el estreno?

Jesús Yagüe: El día del estreno en el cine Paz de Madrid había mucha gente del gremio y recuerdo cómo Carlos Saura, al que yo solo conocía de vista por entonces, se acercó a mí y me felicitó por la película diciendo que le había gustado mucho. Pero, aparte de eso, las reacciones ante la película fueron más bien de indiferencia generalizada.

Todo lo contrario que en el más reciente festival de Gijón que antes te comentaba, donde la película fue un éxito. El patio de butacas estaba a rebosar, incluso había algunos críticos de cine entre el público, y al final la gente hasta aplaudió la proyección.

Micky: Yo creo que es ahora cuando está empezando a gustar más. Sí que puedo comentar que en su momento hicimos una gira por toda España para promocionar la película. En ella, Micky y Los Tonys actuábamos después de la proyección y tuvimos gran aceptación, sobre todo por parte de las fans femeninas. En el cine Paz de Madrid sufrimos un auténtico fenómeno de “aplastamiento de fans”; la gente se volvía loca con nosotros…

¿Y cómo fue recibida Megatón Ye-Ye en el Festival de San Sebastián, donde fue elegida para representar a España?

Jesús Yagüe: De hecho, se estrenó antes en San Sebastián que en Madrid. Pero fue un fracaso; pasó por el festival sin pena ni gloria. Imponía un poco que nuestra cinta se codeara con filmes internacionales muy sesudos y de mayor ambición. Me chocaba también que, pudiendo escoger películas españolas más interesantes que la nuestra, dirigidas por algunos colegas de profesión, hubieran elegido a Megatón Ye-Ye. Así se lo hice saber a José María García Escudero[5] en San Sebastián. Me dijo que esas películas de las que le hablaba eran menos políticamente correctas que la mía, y que estuviera tranquilo que iba a gustar mucho, que era perfecta para el festival…

Micky: A mí lo que más me impactó fue poder ver a Kim Novak en persona (risas). También recuerdo una película italiana sobre una mujer que quería mantener relaciones sexuales en situaciones de riesgo, algo muy polémico para la época. Aparte, hubo otra anécdota en la que el verdadero riesgo fue para nosotros. Aprovechando que habíamos ido al festival, Los Tonys aprovechamos para tocar en un garito de San Sebastián y así poder ganar algún dinero extra. Pero, no sé ni cómo, al momento de empezar ya había un grupo de gente que nos insultaba. Creo que todo aquello venía porque la película no había gustado en el festival; a Paco Lara Polop tuvimos que templarle los nervios porque la cosa empezó a ponerse seria…

Mirando en retrospectiva, ¿qué supuso el hecho de haber participado en Megatón Ye-Ye para vuestras respectivas carreras?

Jesús Yagüe: Pues lo cierto es que una vez terminada la película pasaron varios meses sin que recibiera ninguna nueva oferta. Ya me quedaba poco dinero del que me habían pagado por hacerla cuando al año siguiente me surgió la oportunidad de dirigir Tres perros locos, locos (1966), una película infantil; una especie de Marcelino, pan y vino (1955) pero con perros, en la cual también participé en el guion.

No me ofrecieron nunca más hacer otra película de corte pop, y en el caso de Los Flamencos, no creas que mi elección fue a raíz de haber hecho Megatón Ye-Ye; por aquella época el reparto de trabajo en nuestro cine era muy casposo: cualquier película que fuese la tercera dirigida por un realizador recibía una subvención. Me eligieron a mí por ese motivo, pero Los Flamencos la podía haber hecho cualquier otro director en mi misma situación. No obstante, esta última experiencia musical en el cine fue muy satisfactoria para mí: me entendí muy bien con el otro guionista, Pedro Gil, y es una película que me dio más satisfacciones que Megatón Ye-Ye o la segunda que hice, que las sentía más como meros encargos.

Micky: Para Micky y Los Tonys fue una experiencia muy positiva, no solo en su momento, también años después y en la actualidad: Alaska/Olvido Gara la reivindicó hace algunos años y consiguió llenar un cine de Madrid en una reposición; en aquel festival de Gijón que comentaba Jesús antes, tuve sentado a mi lado a Jorge de Ilegales durante la proyección, un tipo muy simpático, pero muy exigente, que no hizo más que alabar el sonido de las guitarras durante la proyección. Y ahora mismo estoy tocando con una banda muy poderosa llamada Los Colosos del Ritmo y el cuarenta por ciento del repertorio es material de Megatón Ye-Ye…

Pese a lo que dices, Jesús, la experiencia de Megatón Ye-Ye, ¿te pudo servir de algún modo para afrontar futuros programas musicales de TVE como El hotel de las mil y una estrellas (1978-1979) o Mundo pop (1974)?

Jesús Yagüe: En Mundo pop yo ejercí solamente de realizador, no tuve ningún control sobre los contenidos musicales. En El hotel de las mil y una estrellas intenté hacer un tipo de comedia al estilo del cine musical norteamericano de los años cuarenta, cosa que descubrí que era muy complicada. No quedé muy contento con el resultado[6]. Conté con la presencia en ese programa de muchos artistas pop de la época: Massiel, Junior, Rocío Durcal… hasta estuvo Micky cantando su “Sexy Caroline” (risas)… Y hubo alguna curiosidad a destacar, como la primera aparición en televisión de Bibi Andersen/Bibiana Fernández, de la que recuerdo que no había manera para que se coordinara con el playback

También hice un cortometraje musical de unos diez minutos con Los Canarios en la azotea de Prado del Rey de TVE, al estilo de aquello que hicieron The Beatles en su último concierto.

Francisco Arco & José Luis Salvador Estébenez

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[1] Programa disponible para su visionado en RTVE a la carta: http://www.rtve.es/alacarta/videos/escala-en-hi-fi/espanol-corte-del-rey-arturo/3408821/

[2] Para encontrar un precedente pop similar, y anterior en el cine español, habría que retrotraerse a la película Los felices sesenta (1963) de Jaime Camino; film moderno para su tiempo, aunque no de corte musical, donde durante una escena que se desarrolla en una discoteca se pueden escuchar varias piezas interpretadas por Los Mustang, otro conjunto pionero del pop español.

[3] Es muy posible que se refiera al EuroYeyé de Gijón, festival ya existente en las fechas a las que hace referencia Jesús Yagüe y evento que todavía se celebra cada año. Más información: https://euroyeye.es/

[4] Se refiere al crítico Luis E. Parés, habitual colaborador en las presentaciones del citado programa. En el siguiente enlace se puede ver la presentación completa de dicha emisión televisiva: http://www.rtve.es/alacarta/videos/historia-de-nuestro-cine/historia-nuestro-cine-megaton-ye-ye-presentacion/3641524/

[5] José María García Escudero era por entonces el director general de Cinematografía y Teatro.

[6] El programa, una especie de mezcla entre comedia de enredo y actuaciones musicales, estaba protagonizado por Luis Aguilé, y en su día fue un total fracaso, en parte debido al habitual desprecio del público español por el musical clásico americano. También le hizo daño que se programara los viernes por la noche, justo después de un ciclo en el segundo canal de Busby Berkeley, por lo que la comparación era inevitable.

Published in: on diciembre 16, 2019 at 7:32 am  Dejar un comentario  
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Megatón Ye-Ye

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Título original: Megatón Ye-Ye

Año: 1965 (España)

Director: Jesús Yagüe

Productores: Mario Guerrero, Francisco Lara Polop

Guionistas: Francisco Lara Polop, Joaquín Parejo Díaz, Jesús Yagüe

Fotografía: Armando R. González Posada

Música: Micky y Los Tonys, Juan Erasmo Mochi, Joe Fuste

Intérpretes: Miguel Ángel Carreño (Micky), Juan Erasmo Mochi (Juan), María José Goyanes (Elena), Gloria Cámara (Isabel), Álvaro de Luna (Fausto), Antonio del Corral, Enrique Moddell, Juan María Fuster, Fernando Argenta (Los Tonys), José Luis Uribarri (él mismo), Goyo Lebrero (chófer de Los Tonys), Enrique Navarro (padre de Isabel), Luis Sánchez Polack “Tip” (hombre con tijeras), Emilio Laguna (empleado de la productora)…

Sinopsis: Juan es un joven cantante aficionado a la música moderna que trabaja en un restaurante donde le obligan a interpretar canciones pasadas de moda. Su amigo Fausto le propone ser miembro de Los Tonys, un conjunto ye-yé que conseguirá el éxito a raíz de la incorporación de Juan.

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Antes de Megatón Ye-Ye (Jesús Yagüe, 1965), como ya hemos indicado en anteriores entregas de este dossier, lo más pop que se había visto/oído en el cine español de los sesenta eran las performances de Conchita Velasco en la estupenda Historias de la televisión (1965) de José Luis Sáenz de Heredia, estrenada tan solo unos meses antes que la cinta de Yagüe. Pero al igual que ocurría con las películas del Dúo Dinámico, que hasta esa fecha pasaba por ser el conjunto de corte más moderno que pululaba por nuestro cine, la fuerza y el desparpajo de la popular chica ye-yé no parecía entrar del todo en sintonía con, pongamos por caso, aquella juventud afín a la british invasion que asistió al primer concierto de The Beatles en España el 2 de julio de 1965 en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Del mismo modo, el éxito de público obtenido en aquellas míticas matinales del Circo Price (1962-1964), sirvió para que bandas pioneras del por entonces conocido como twist hispano -Mike Ríos, Los Relámpagos, Los Pekenikes, Los Sonor, Micky y Los Tonys…- introdujeran en nuestra piel de toro nuevos y estimulantes sonidos que no tardarían en cuajar en diversos ámbitos de la cultura popular española. El programa de TVE Escala en hi-fi (1961-1967)[1] se puede considerar como el primero en llevar a los hogares españoles algo similar a lo que esta nueva ola proponía, mediante una especie de protovideoclips musicales interpretados por jóvenes artistas que adaptaban en playback, y traducidos al castellano, los éxitos foráneos de la música moderna del momento.

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Según comenta Miguel Ángel Carreño, más conocido como Micky, en el coloquio ofrecido por el programa Historia de nuestro cine de la 2 de TVE con motivo de la emisión de Megatón Ye-Ye en junio de 2016[2], fue Francisco Lara Polop, quien le ofreció participar en la película inmediatamente después de haber asistido a una actuación en Madrid de Micky y Los Tonys. Polop, guionista y productor del filme que nos ocupa, había coincidido con el director de la misma, Jesús Yagüe, en La niña de luto (Manuel Summers, 1964), película donde el primero ejercía asimismo de productor, y de ayudante de dirección el segundo. Yagüe provenía del mundo del documental, donde había obtenido diversos galardones como el Premio Nacional de Cinematografía y el Premio Federación de Deportes por su cortometraje Los seis días (1964); su dominio de los aspectos técnicos le convertían en el mejor candidato para orquestar la puesta de largo de este primer experimento netamente spanish pop en nuestras pantallas. Otro artífice e impulsor de la propuesta posiblemente fuera Joaquín Parejo Díaz[3], coguionista de Megatón Ye-Ye junto a Polop y Yagüe, y nombre importante de la prensa musical española, además de director de dos decisivos (pero de difícil visionado) cortometrajes para el objeto de este dossier: La edad ye-yé (1965)[4] y La máquina que hace pop (1967).

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El elenco actoral se completaría con parte de la plantilla del citado programa Escala en hi-fi: su presentador, Juan Erasmo Mochi, y las actrices/cantantes María José Goyanes y Gloria Cámara. En el caso de Mochi, aunque el personaje que interpreta es un trasunto de sí mismo en cuanto a estilo vocal se refiere (canción melódica), su papel se encuentra alejado de las desenfadas presentaciones que ofrecía como maestro de ceremonias de dicho programa televisivo; el hecho de compartir idilio amoroso en la trama con Elena (María José Goyanes), acerca la película por momentos a un terreno intimista que intenta reflejar las relaciones de pareja entre los jóvenes a la manera que imperaba en los Nuevos Cines de la época, representados sobre todo por Michelangelo Antonioni y la Nouvelle Vague, pero también por el Nuevo Cine Español que empezaba a florecer. De la misma manera, María José Goyanes está bastante más comedida en su papel que en la posterior Los chicos del Preu (Pedro Lazaga, 1967), film que comparte espíritu pop con Megatón Ye-Ye, además de erigirse ambas en acertados retratos generacionales de la España del momento, más allá de sus valores estrictamente cinematográficos. El contrapunto transgresor e irreverente en relación a la pareja protagonista viene personificado en Micky, el histriónico “hombre de goma” cuyo personaje va siempre “dando la nota”, nunca mejor dicho, y se convierte en uno de los más destacados de la película -demostrando una sorprendente capacidad interpretativa-, con la inestimable ayuda del anfetamínico beat de Los Tonys, aunque los roles y diálogos de sus compañeros de banda sean meramente anecdóticos.

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El inicio de la película, durante los títulos de crédito, no puede ser más revelador en cuanto a la captación del momento musical/cultural de la época: en el escaparate de una tienda de discos conviven alegremente los vinilos de artistas como Marisol, Yves Montand, Johnny Hallyday y Antonio Molina; más adelante veremos la cartelera de un cine con dos estrenos que no pueden ser más antitéticos: Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, David Lean, 1962) y Este perro mundo (Mondo Cane, Paolo Cavara, Gualtiero Jacopetti, Franco Prosperi, 1962). Tampoco es ajeno el filme al influjo musical francés en los gustos del público español, habitual consumidor de artistas francófonos; no hay que olvidar asimismo que todo el revuelo en torno a la moda ye-yé era directamente importado del país galo. En esa misma dirección parece apuntar el guion cuando nos presenta a Juan (Mochi) como un cantante a sueldo de un restaurante del que quiere huir a toda costa; declara haber vivido varios años en Paris y quizás por ello le han contratado en el local, donde interpreta con notable desgana anticuadas piezas que recuerdan a los clásicos de la chanson francesa. Hasta veremos a Micky cantando en francés en una de las secuencias finales…

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Triunfar en el mundo de la música, premisa recurrente en otras películas pop del periodo –A 45 revoluciones por minuto (Pedro Lazaga, 1969)-, es la motivación de Juan. Para ello se pone en manos de un culturista que responde al nombre de Fausto (¿alusión a la leyenda germana?), interpretado por Álvaro de Luna -en un papel de “forzudo” muy acorde a sus inicios en el cine como doble o especialista de acción-, y que hace las veces de manager de un grupo llamado Los Tonys. Juan se unirá al conjunto y a partir de ese momento todo irá viento en popa al resultar ganadores en un concurso de lanzamiento -donde compiten con otra banda llamada The Shakers[5]-.

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Es en el planteamiento inicial del argumento, apostando por un estilo musical (el garage rock) desconocido en España por entonces, y en las divertidas situaciones que se crean cuando la banda sale de gira –cf. cuando su coche se avería y deben continuar el viaje en un autobús repleto de turistas británicos, momento en el que Micky empieza a entonar el “Zorongo gitano” lorquiano para acabar en un fin de fiesta, arrebatos de bailaora incluidos por parte de Gloria Cámara, con Los Tonys interpretando su peculiar versión instrumental de la canción; una loable mixtura de aires flamencos y guitarras eléctricas surf a lo The Ventures o Dick Dale- donde residen los innegables punto de interés de Megatón Ye-Ye, llegando a usar Yagüe algunos recursos técnicos tan rompedores como el de la pantalla partida que emplea en alguno de los protovideoclips musicales; o leves apuntes metacinematográficos como el momento en el que Los Tonys conocen a su nuevo chófer y le exclaman: “nos suena tu cara de alguna película”; en efecto, se refieren a Goyo Lebrero, inolvidable secundario del cine español cuya peculiar fisonomía le hizo omnipresente en todo tipo de géneros a lo largo de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta; o el detalle de que Isabel (Gloria Cámara) conduzca un coche con el logotipo de Eva Films -productora de la película- debido a que su padre (Enrique Navarro) es el gerifalte de una compañía que se dedica a las coproducciones europeas. Hay otra escena donde el padre le recrimina a su hija que lea una revista donde se habla del cine social, aludiendo que “eso era en los tiempos del neorrealismo” y que se trata de una “lectura perniciosa”.

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Frente a estos interesantes apuntes que con el paso de los años han convertido a la película en obra de culto, sobre todo dentro del cine pop español, nos encontramos, por otro lado, ante una cinta de parco metraje[6] que no llega a concretar una historia coherente, perdiéndose en las intrigas del cuarteto amoroso que representan Mochi, Micky, María José Goyanes y Gloria Cámara; desaprovechando el concurso de actores cómicos de la valía de Luis Sánchez Polack “Tip” o Emilio Laguna en una escena sin diálogos, a lo slapstick, donde Los Tonys se pelean con el equipo de la película en la van a intervenir, sin que tenga mucho sentido el asunto, más allá de que los técnicos parecen ser reacios a la “nueva ola”, según deducimos por sus comentarios entre golpe y golpe. No es de extrañar que, a modo explicativo, se opte por el uso de intertítulos acompañados de dibujos, como transición entre escenas, pero, sin embargo, este recurso no hace más que acentuar los ingredientes extremadamente inocentes que contiene el guion. Con todo, y debido a los aspectos positivos ya destacados, la película tuvo el mérito de ser seleccionada para representar a España en el Festival de San Sebastián de ese año, y es bastante mejor que la más comercial Codo con codo (Víctor Auz, 1967), película que se publicitó como supuesta secuela de ésta con frases como “retoma las cosas donde las dejaba Megatón Ye-Ye, mas sin tener nada en común con la presente aparte de ser también un film musical pop de artistas en busca del éxito, y contar con la participación de Micky como único representante del equipo técnico y artístico de la anterior.

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La siguiente incursión de Jesús Yagüe en el cine musical sería de otro estilo muy diferente: Los flamencos (1968), y para encontrar conexiones pop en su obra posterior habría que recurrir al dato de la autoría de la música firmada por Juan Pardo para su ignota cinta fantástica Los escondites (1969). Inmediatamente después emprendió una longeva carrera como realizador de televisión y estuvo tras las cámaras en el programa musical Mundo pop (1974), presentado por el también director de cine, productor musical, experto en desplumar casinos, y, en definitiva, talento multidisciplinar sevillano Gonzalo García Pelayo.

                                                                         Francisco Arco

[1] Programa dirigido por Fernando García de la Vega, exitoso realizador de TVE y codirector, junto a Ramón Torrado, de una posterior película pop como es En un mundo nuevo (1972), protagonizada por Karina. En Escala en hi-fi hicieron sus primeras actuaciones televisivas cantantes como Juan Pardo y la citada Karina, y actores como Concha Cuetos y Judy Stephen. En ambos casos sus carreras tendrían éxito posteriormente. También existe una versión cinematográfica del programa (de idéntica denominación) dirigida por Isidoro Martínez Ferry en 1963.

[2] http://www.rtve.es/alacarta/videos/historia-de-nuestro-cine/historia-nuestro-cine-coloquio-cine-musical/3645178/

[3] También fue ayudante de dirección en Los chicos con las chicas (1967) de Javier Aguirre. Más información de Joaquín Parejo Díaz en https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/noviembre_12/29112012_01.htm

[4] Rodado justo después de Megatón Ye-Ye y contando de nuevo con la presencia de Micky y Los Tonys. Mike Rivers y The Shakers son otros de los protagonistas del cortometraje, narrado por el actor Julián Mateos por medio de voz en off.

[5] Grupo pionero del garage rock español liderado por los hermanos Ricardo y José Luis Sáenz de Heredia, hijos del conocido director de cine del mismo nombre. Fueron teloneros del segundo concierto de The Beatles en España, el 3 de julio de 1965 en la plaza de toros Monumental de Barcelona. Además de en Megatón Ye-Ye, aparecieron en la película con niña cantora (Ana Belén) Zampo y yo (Luis Lucia, 1965) y en la comedia con Paco Martínez Soria La ciudad no es para mí (Pedro Lazaga, 1966).

[6] 77 minutos en la copia a la que hemos tenido acceso.

“Cuando el cine hizo pop” este viernes en la “Sala:B” de Filmoteca Española

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La cita mensual de este noviembre de “Sala:B”, el espacio dedicado por Filmoteca Española en la programación del Cine Doré para la recuperación de sus archivos del cine español más olvidado, estará dedicado al cine y la música ye-ye de nuestro país. Así, el programa doble preparada para este próximo viernes 29 por Álex Mendíbil, comisario de “Sala:B”, estará compuesta por la proyección en copias de 35 mm. de la película de Jesús Yagüe Megatón Ye-ye (1965) y Un español en la corte del rey Arturo (1964), mediometraje dirigido por Fernando García de la Vega. Como es habitual, la sesión dará comienzo a las 20 horas y contará con la presencia de Micky y Jesús Yagüe, protagonista y director, respectivamente, de Megatón Ye-ye. Además, no faltará la proyección de trailers y “otras melenudas sorpresas”, según se ha anunciado.

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Sobre los dos títulos escogidos para la sesión de este mes, Mendíbil expone que “Megatón ye-ye fue el primer largometraje español que recogía el testigo de las películas de Richard Lester con Los Beatles, conectándolo con la escena musical ye-ye de aquí, representada por Micky y Los Tonys y Juan Erasmo “Mochi. A este respecto, considera que no es casualidad que el autor del guion de la película fuera “Joaquín Parejo-Díaz, gran valedor del pop en España que venía de dirigir el corto La edad ye-ye (1965) con solo 20 años, donde se explicaba en qué consistía ser ye-ye”. Claro que parte importante de los estimables resultados obtenidos por el film es el tándem formado por su productor, Paco Lara Polop, y su director, Jesús Yagüe. “Juntos consiguieron una película muy juvenil, fresca y surrealista, que coqueteaba con el Neorrealismo italiano y hasta con la Nouvelle vague, sin las pretensiones del Nuevo Cine Español que seguía en boga entonces”, resume el responsable de “Sala:B” sobre los atributos de Megatón ye-ye.

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En cuanto a el otro título en cuestión, el hasta ahora ignoto mediometraje Un español en la corte del rey Arturo, Mendíbil arroja luz al informar que surge como un especial del popular programa de Televisión Española “Escala en Hi-Fi”, que “llevaba desde 1961 animando la parrilla con música en play-back por primera vez en nuestra tele. Actores jóvenes interpretaban diferentes escenas sobre la música, anticipándose a lo que hoy conocemos como videoclip. El propio Mochi y nombres como María José Goyanes, Concha Cuetos, Emiliano Redondo o Juan Pardo empezaron aquí”. Tanto es así, que el director del programa, Fernando García de la Vega, lo fue también del mediometraje, ofreciendo “una obra completamente musical, sin diálogos, y plena de colores pop, ritmo de tebeo y una asombrosa mezcla de estilos que van del pop, al rock, el surf, la psicodelia, al pasodoble o el flamenco, remezclada con canciones populares de Los Sirex, Adamo, Karina, Sara Montiel, Los Wawancó, y hasta de Mary Poppins”, refiere Mendíbil sobre su contenido. Una peculiar mezcla, sin duda, que hace de Un español en la corte del rey Arturo un singular artefacto que gracias a “Sala:B” podrá ser (re)descubierto por el público el próximo viernes.

Published in: on noviembre 25, 2019 at 6:52 am  Dejar un comentario  

“Flamenco y cine”, nuevo libro de Carlos Aguilar y Anita Haas

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Publicado por Cátedra dentro de su colección “Signo e imagen”, desde el pasado jueves 17 de octubre se encuentra a la venta “Flamenco y Cine”, el nuevo libro de Carlos Aguilar y Anita Haas. Como su propio título indica, el volumen indaga en la relación entre el cine y el flamenco; un idilio que comienza desde las primeras películas del período mudo y que ha ido creciendo a partir del sonoro bajo múltiples perspectivas, desde las apariciones más o menos puntuales de artistas (cantaores, bailaores, tocaores, etc.) al relieve dramático de la propia música, tanto en películas de ficción como en documentales.

Como es habitual en sus autores, “Flamenco y Cine” verifica el ingente trabajo de no pocos años previo a la fase de escritura, compuesto de visionados, audiciones, lecturas, consultas, entrevistas, viajes, búsquedas diversas, paciente confrontación de datos… Un exhaustivo trabajo de documentación que es conjuntada por la intensa pasión de Carlos y Anita por el flamenco, por el cine, y por el flamenco en el cine. Una pasión ha creado y determinado el libro, cuya naturaleza aúna la obra de consulta con el ensayo, al abrigo de esta música de peculiar belleza y especial dignidad. Se incorporan además cientos de ilustraciones, por lo común inéditas y de gran diversidad (fotos y carteles de películas, retratos de músicos y cineastas, actuaciones y portadas, etc.).

Cabe recordar que “Flamenco y Cine” aparece cinco años después de que Carlos Aguilar publicara una obra de similares características, “Cine y Jazz”. Lo más sencillo a tenor de este dato sería pensar que este nuevo libro es consecuencia de aquél. Algo que no anda muy lejos de la realidad, según nos explica el propio Carlos. “La idea surgió de Anita, “flamencólica” como yo, sobre la base de, efectivamente, hacer un libro como “Cine y Jazz”, pero cambiando el Jazz por el Flamenco. Entonces, yo le dije que lo escribiéramos entre los dos, dado que la idea fue suya y ella es escritora también. Cátedra aceptó la idea con gran entusiasmo, y así se hizo el libro, que tiene unas cincuenta páginas más que “Cine y Jazz””. En cuanto a la escritura conjunta de la obra, Carlos comenta que “el libro está investigado y estructurado entre los dos, y todas las decisiones se han tomado juntos: inclusiones, exclusiones, conceptos, material gráfico…Pero la redacción última del libro es mía, dado que se publica en español y el español del dúo de autores soy yo”.

Tras su salida, “Flamenco y Cine” se presentará oficialmente el próximo miércoles 23 a las 19.00 en el Café Cantante de Casa Patas de Madrid (sito en la calle Cañizares nº 10), en un acto presentado por Francisco Quintanar, director de los programas de TVE “Historia de nuestro cine” y “Cine de barrio”. Además, se proyectarán algunas escenas significativas comentadas en el libro y habrá música en vivo a cargo de Rafita de Madrid (cante) y Josemi Carmona (guitarra).

Published in: on octubre 19, 2019 at 7:42 am  Dejar un comentario  

El irreal Madrid

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Título original: El irreal Madrid

Año: 1969 (España)

Director: Valerio Lazarov

Productor: José Manuel Albuerne

Guionista: Valerio Lazarov

Fotografía: Jorge Herrero

Música: Augusto Algueró

Intérpretes: Lola Gaos (Jefa de Gritos), Claudia Gravy (Hincha), Cris Huerta (Hincha), Emilio Laguna (Hincha), Elisa Montés (Jefa del salero), Ángel Álvarez (Jefe del mal clima), Modesto Blanch (Director del laboratorio), Luis Barbero (Jefe de ideas geniales), Irán Eory, Ángel Picazo, Antonio Ozores, Fabián Conde (Ellos mismos), Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…

Sinopsis: El club de fútbol “El irreal Madrid” abre su propio laboratorio de investigación con el fin de formar a sus hinchas en el noble arte de alentar efusivamente a su equipo.

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A finales de los años sesenta el régimen franquista estaba decidido a cambiar la cara de Televisión Española ante la mirada de esos países europeos más modernos y cosmopolitas. Se trataba de ir un paso más allá en materia cultural respecto de lo que ya supusiera para nuestro país el milagro del desarrollismo, pero en esta ocasión con la vista puesta en los premios que otorgaban los prestigiosos festivales europeos dedicados a reconocer los méritos del medio catódico. Un aperturismo que dentro del citado ente público fue promovido por Adolfo Suárez, Director General en ese momento. De esa coyuntura surge primeramente Historia de la frivolidad (1967), un programa especial escrito y dirigido por Narciso Ibáñez Serrador con la colaboración de Jaime de Armiñán en el libreto. Pero resultó que las ansias de libertad no eran tales pues la idea primigenia partía de otro título, Historia de la censura, denominación que no hizo mucha gracia a Francisco Gil Muñoz, el censor de turno. El Festival de Televisión de Montecarlo, que era el certamen para el cual se diseñó expresamente la obra y no para los espectadores patrios, exigía estrenarlo en antena previamente a la inscripción en el concurso, lo que generó más nerviosismo aún entre los implicados; se emitió para todos los televidentes hispanos mediante un vergonzoso pase en horario intempestivo, con un previo y concienzudo trabajo de tijera que eliminara los momentos más atrevidos. Con todo, la maniobra dio los frutos esperados: Historia de la frivolidad se alzó con la Ninfa de Oro en Montecarlo, la Rosa de Oro en Montreux, la Targa d´Argento en Milán y el premio de la Asociación Católica Internacional, nada más y nada menos.

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Había que seguir por esa senda intelectual y de prestigio, rizar el rizo y no reparar en gastos. Mano a mano con Adolfo Suárez se encontraba maquinando la maniobra Juan José Rosón, Secretario General de TVE por entonces y futuro Ministro del Interior, concretamente desde 1980 a 1982. Rosón conoció, precisamente, en el Festival de Montecarlo a un joven director de televisión rumano que estaba causando furor entre los profesionales europeos del gremio, Valerio Lazarov, y ni corto ni perezoso contrató al talentoso realizador. Toda esta excelencia atribuida a Lazarov la podríamos desmontar fácilmente si destacamos que el rumano también fue, ya en los años noventa, el responsable de la línea a seguir en la creación de Telecinco; calificado de “Tele-Teta”, a decir de sus detractores en referencia a fenómenos tan populares como el de las turgentes “Mama Chicho”. Pero lo cierto es que en aquella época Valerio Lazarov era casi un visionario del medio, tremendamente arriesgado y vanguardista, tal y como se puede comprobar en El irreal Madrid (1969), otro programa especial de ficción en la misma línea que el anterior de Chicho y encargo que resolvió con audaz desparpajo e inventiva pop para la primera cadena de nuestra televisión.

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No es de extrañar la adhesión de El irreal Madrid a la corriente del musical moderno tan en boga en la España del momento; aún resuena en los oídos de los melómanos el ritmo que imprimió Lazarov a sendos programas musicales como Especial Pop (1969) y 360 grados en torno a… (1972). Estaba casado con Elsa Baeza, pizpireta presentadora del primer programa mencionado, también cantante y versátil actriz que tuvo su incursión como protagonista del cine pop en la desconocida Casi jugando (Luis S. Enciso, 1969). Lo que resulta más extraño es la temática futbolera como pretexto para llevar a cabo semejante artefacto de experimentación audiovisual, concretamente a costa de una gloria nacional como el Real Madrid y en un temerario tono caricaturesco que bien podría haber acarreado un linchamiento masivo a sus responsables. Lazarov recordaba al respecto: “Fue un programa que creó polémica mucho antes de su emisión. (…) Llegaron informaciones a la prensa de que era una sátira en contra del Real Madrid. (…) Se recibieron más de dos mil cartas de protesta y con amenazas antes de que se realizara. Decidieron que justo antes de emitirlo saliera una presentadora elogiando las virtudes del equipo y, debido a eso, y a los premios que cosechó, afortunadamente me pude salvar[1].

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Aun así, se desprende de su visionado una perspicaz crítica hacia el mundo del fútbol y sus desaforados hinchas, adecuadamente encubierta tras un vertiginoso ritmo narrativo que no da pie a asimilar con sosiego todos los detalles que van desfilando ante nuestros ojos. El concurso de un variado elenco de estrellas de la canción del periodo -Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…- contribuye también a hacer más llevadera la experiencia para el despistado espectador medio, posiblemente estupefacto ante una historia sin diálogos y con un reparto donde un buen puñado de actores populares -Lola Gaos, Claudia Gravy, Emilio Laguna, Elisa Montés, Irán Eory, Antonio Ozores…- recurren a la mímica y a la pantomima en sus interpretaciones, casi a la manera del slapstick. Ya desde los títulos de crédito adquiere autonomía el rito futbolero: mediante una voz en off -que será la que nos guíe a través de toda la filmación- el locuaz comentarista (Jürgen Scheller) va presentando a todo el equipo (técnico y artístico) que interviene en la película del mismo modo que si fuera la alineación titular de un partido de fútbol; de esa manera, Valerio Lazarov, director y guionista, Augusto Algueró, compositor de la banda sonora, o Jorge Herrero, director de fotografía, desfilan ante la cámara balón en mano. Otro tanto sucede con los actores que hemos citado anteriormente, que entran a escena del mismo modo. La coletilla inmediatamente posterior, “con la participación extraordinaria de Elizabeth Taylor, Jerry Lewis, Brigitte Bardot, Claudia Cardinale, Louis de Funès, Alberto Sordi, etcétera, etcétera, etcétera”, sirve de advertencia premonitoria de que lo que vamos a ver a continuación no se rige por la ortodoxia.

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El mundialmente famoso club de fútbol El irreal Madrid abre un laboratorio para formar a sus futuros hinchas. Se trata de una escuela donde “no basta con ser aficionado, hay que reunir un sinfín de condiciones para acceder a ser estudiante de hincha”. En tan elitista centro, un equipo de profesionales se encargará de la adecuada selección de forofos; entre ellos destacan las funciones de la “jefa de gritos”, “la jefa del salero deportivo”, “el jefe de ideas geniales” y “el jefe del mal clima”. La formación se basa en instruir a los seguidores para tener una efusiva reacción ante un gol o para entonar armoniosamente los eufóricos cánticos desde la grada.

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El maestro Augusto Algueró, en un inmejorable momento creativo, encuentra en El irreal Madrid el vehículo perfecto para su inmenso talento; no es tarea sencilla musicar las imágenes que propone Lazarov, con un virtuoso estilo de filmación donde abundan los vertiginosos barridos de panorámica, zooms de todas las formas posibles -no en vano se ganó el apelativo de “Mister Zoom” en los ambientes televisivos-, y en general, la innovación a borbotones. Algueró se ve obligado, ante tanto eclecticismo fílmico, a pasar de un estilo musical a otro en cuestión de unos pocos segundos, desafío superado con creces, como era de esperar, por parte de uno de los más imaginativos compositores de nuestro cine y de nuestra televisión. Incluso Antonio Ozores tiene una impagable demostración de poderío vocal donde el colchón sonoro creado por Algueró le confiere a su actuación musical unos matices no muy alejados de cualquier artista ye-yé coetáneo. Claudia Gravy protagoniza otro momento similar al de Ozores, en una performance que no le era ajena a la actriz de origen belga ya que tan solo unos meses antes había cantado junto a Bruno Lomas en ese fallido experimento perteneciente también al spanish pop cinema que era Chico, chica, ¡boom! (1969), firmado por un Juan Bosch que había conocido mejores momentos profesionales.

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Las diferentes intervenciones musicales de los artistas invitados se suceden por medio de una surreal idea de puesta en escena: los jugadores de El irreal Madrid ya no cobran en divisas por sus triunfos sino en “estrellas”, es decir, con un show personalizado que cada popular cantante ofrece dentro de un cubículo de cristal para regocijo de los deportistas de élite, quienes mediante auriculares pueden escuchar la particular actuación. Ese reducido recinto no se ajusta a las exigencias de los dos conjuntos que aparecen en este telefilm: Los Pop Tops por un lado -que despliegan su elegante soul en un videoclip presentado por el comentarista como “algo con un poco de calor negro para el equipo blanco”-, y Los Bravos por otro –en una psicodélica secuencia que no desentonaría en sus colaboraciones con Francisco Macián si no fuese por el austero blanco y negro de la propuesta-.

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Se dan cita en El irreal Madrid el costumbrismo futbolístico más acérrimo con los Nuevos Cines europeos de vanguardia, un imposible matrimonio que quizá los espectadores de la época no vieron con buenos ojos en un primer momento[2] debido a su proyección festivalera de carácter foráneo; buena muestra de ello es que se volvería a repetir el éxito crítico de Historia de la frivolidad y el programa de Lazarov obtuvo también la Ninfa de Oro en el Festival de Televisión de Montecarlo. Aunque no cabe duda de su afiliación pop, no nos encontramos ante un trabajo con gran profusión de decorados de regusto kitsch, son más bien los omnipresentes fondos blancos lo que predomina; incluso puede verse como un guiño cromático al club de fútbol objeto de la función. Más claramente parece aflorar su voluntad canalla y transgresora dentro de los parámetros de la sociedad española del momento; así lo atestiguan las siguientes estrofas de uno de los cánticos de grada que se pueden escuchar en un momento del film: “Unos prefieren las mujeres, otros prefieren el whisky, las drogas o bailar. Pero la gente que valemos amamos el balón”. Toda una declaración de principios.

Francisco Arco

[1] Declaraciones del director extraídas de su presentación del programa en la emisión especial conmemorativa del canal TVE 50 Años (2005-2007).

[2] La respuesta de los televidentes españoles no fue muy entusiasta con la primera emisión de El irreal Madrid debido al estilo tan novedoso que  ostentaba para los cánones de la televisión de la época. Sin embargo, en un segundo pase, emitido tras haber ganado el programa el premio en Montecarlo, la aceptación popular fue mucho mayor.

“Fimucinema” presenta la selección de trabajos a concurso para su próxima edición

FIMUCINEMA 2019

La organización del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife-FIMUCITÉ que coordina de Manuel Díaz Noda, ha presentado la selección de “Fimucinema”, la sección oficial a concurso del certamen y que estará compuesta por veinticinco cortometrajes, seis documentales y seis largometrajes de ficción seleccionados entre las propuestas inscritas en el marco de su séptima convocatoria, presentados principalmente desde España y Estados Unidos, junto con Francia, Italia, Alemania y Canadá. Este año, el jurado responsable de evaluar estos trabajos estará compuesto por los músicos Osvaldo Montes (en calidad de presidente) y Harry Manfredini, los cineastas canarios Vasni Ramos y Mercedes Afonso y el creador de la web especializada en música de cine SoundTrackFest, Gorka Oteiza. El palmarés se desvelará el domingo 29 de septiembre en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, durante el concierto “Campeones de la gran pantalla”.

Los seis seleccionados para el Premio Alex North a Mejor Partitura Original para largometraje de ficción son: Jim Button and Luke the Engine Driver, superproducción alemana basada en una popular novela de Michael Ende con música de Ralf Wengenmayr, quien cuenta con trabajos previos como Los imprevistos del amor o las dos entregas de Vicky el vikingo; In Full Bloom, cinta de producción japonesa ambientada en la Segunda Guerra Mundial entorno al mundo del boxeo, con música de Andrew Kawczynski (The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro); The Bird Catcher, cinta noruega, también ambientada en la Segunda Guerra Mundial, con una partitura de Jim Copperthwaite (con documentales en su haber como When Playboys Ruled the World o Steve McQueen: The Man & Le Mans; La Palma, producción alemana rodada íntegramente en la isla canaria, con música de David Reichelt; Lo que siento por ti, película de República Dominicana sobre familias con niños con discapacidad, cuya banda sonora corre por cuenta de Sergio Jiménez Lacima, ganador del Premio Alex North el año pasado con La isla rota); y Celeste, película australiana protagonizada por Radha Mitchell (El fuego de la venganza, Silent Hill) y con música del compositor Antony Partos (Animal Kingdom, Tanna).

La categoría de documental oscila entre temáticas vinculadas con la naturaleza y el arte. American Mirror. Intimations of Immortality es un acercamiento a la obra del Tigran Tsitoghdzyan, que también reflexiona sobre los patrones de belleza en la era de las redes sociales, en el que juega un papel determinante la música de Mark Petrie (cuyas composiciones hemos podido escuchar en multitud de tráilers como los de Blade Runner 2049 o Vengadores: Endgame). Pinazo. Notas y pensamiento analiza la obra del genial pintor valenciano y cuenta con una partitura de Josué Vergara, quien recibió el Premio a Mejor Canción Original en Fimucinema 2017 por “Sonríe”. Finding Bobbi. A Search for Self traslada el foco del arte a la interpretación, con enfoque LGTBIQ+, a través de la figura de la actriz trans Bobbi-Jean Charlton. La música corre a cargo de John McMillan, quien ejerció de asistente de Brian Tyler en títulos como Los mercenarios 2 o Iron Man 3. The Superpowers of the Bear estudia como los osos pueden ser fundamentales para el futuro de la humanidad. El apartado musical corre a cargo de Olivier Militon, ya seleccionado en Fimucinema en 2016 por su música para el cortometraje The Father. Por su parte, 700 Sharks se sumerge en las aguas de Polinesia en busca de la mayor conjunción de tiburones del planeta a través de la banda sonora de Julien Jouen, un músico con una gran afinidad por la naturaleza. Cierra la categoría de documentales, The Perfect Gangster, cinta en torno a los bajos fondo de la mafia de Nueva York, con partitura de Ryan Stevenson.

En la categoría de cortometrajes que optan también al premio Fimucinema a la Mejor Partitura Original, compositores como Manel Gil-Inglada (seleccionado por Trivial y The Dark), Luis Hernáiz (Premio Fimucinema en el apartado de documental el año pasado por Invierno en Europa y seleccionado este año por Miedos), Ginés Carrión (La tercera parte), Iván Capillas (Confía en mí), Antonio Asiáin (Miserere), el ya mencionado Josué Vergara (con doble presencia en esta categoría por Lobisome y Tiempo de blues) o Jonay Armas (El zoo de papel) son algunos de los seleccionados que ya cuentan con recorrido en estos premios. El francés Mathieu Alvado (presente con Rebirth y Safety) y la alemana Anne-Kathrin Dern (Broken) son reincidentes extranjeros en estos galardones. Alberto Torres (Bicho, Vico Bergman), Joseba Beristain (La noche), Raúl Galván (Las aventuras de Sancho), Kasem Fahmi (Demasiado lejos para escucharlo todo), Pablo Trujillo (Una noche cualquiera), Jonas Lechenmayr (Tariq), Daniel Trujillo (Nana), y Pau Loewe (La guarida), por parte de la producción nacional, y Alexandre Bouvier (L’Age d’Or), Christy Carew (Virtually), Jonathan Galland (The Ribbon) y Yi Liu (HerT), por parte de la extranjera, se unen este año a la familia de seleccionados de Fimucinema.

La programación completa con todos los horarios de las proyecciones está disponible en la web de FIMUCITÉ https://fimucite.com/13/

Published in: on septiembre 8, 2019 at 7:47 am  Dejar un comentario  

Un, dos, tres… al escondite inglés

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Título original: Un, dos, tres… al escondite inglés

Año: 1970 (España)

Directores: Iván Zulueta, José Luis Borau

Productor: José Luis Borau

Guionistas: Iván Zulueta, Jaime Chávarri

Fotografía: Luis Cuadrado

Música: Antonio Pérez Olea, Carmen Santonja, Gloria Van Aerssen

Intérpretes: Patty Shepard (Patty), Judy Stephen (Judy), Mercedes Juste (Justa), Tina Sáinz (Tina), José María Íñigo (Rosco/él mismo), Antonio Drove (Antonio), Ramón Pons (Gasset), Carlos Garrido (Carlos), María Isbert (Isberta), Los Pop Tops, Los Ángeles, Los Beta, Los Buenos, Fórmula V, Henry y Los Seven, Los Íberos, Ismael, Los Mitos, Shelley y Nueva Generación, The End…

Sinopsis: Un grupo de jóvenes que se reúnen en una tienda de discos y son amantes del pop británico intentan boicotear el famoso festival internacional Mundo Canal. Su objetivo es que ningún grupo moderno español del momento participe como concursante…

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Si bien es cierto que el cine pop español -nos referimos a aquellos filmes que versen durante gran parte de su metraje sobre la también denominada música moderna- no tiene un alto cupo de títulos destacables, no es menos verdad que ese mismo panorama sirvió para allanar el camino a otras propuestas que, ya fuera por lucir una factura técnica notable, o simplemente por evitar la habitual vergüenza ajena que producen tantos otros de sus exponentes, han quedado perfectamente visibilizados para un público no familiarizado a priori con este tipo de psicotronías cinéfilas. Este último podría ser el caso de Un, dos, tres… al escondite inglés (Iván Zulueta, 1970). Si a todo ello le unimos la popularidad por encima de la media de su director -aunque solo sea por ese Arrebato (1979) fílmico incontestable-, ya tenemos la clave del por qué esta curiosa película musical suele aparecer como una de las gemas del cine pop español. Al menos en esos estudios donde solo se presta atención a lo superficial en detrimento del conjunto.

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Posiblemente estemos ante la película que más grupos y canciones del momento consigue aglutinar; no solo en cantidad, también en calidad, pues la selección musical es impecable y la mezcla del sonido exquisita (tomando como vara de medir los estándares tecnológicos de 1970 en España, año de su estreno). Tampoco le puede negar nadie el mérito de contar con una extensa sucesión de videoclips musicales muy imaginativos y mejor rodados. No seré yo quien saque a colación la escasa sensibilidad pop del multidisciplinar artista Iván Zulueta; algo impensable a tenor de lo demostrado en su amplia experiencia como cartelista de cine –sin ir más lejos, Zulueta fue el encargado de construir los warholianos decorados que aparecen en Un, dos, tres… al escondite inglés– o su aportación como director y guionista en un programa televisivo de/para jovencitos españoles de finales de los sesenta como Último grito (1968-1970). Ahora bien, de ahí a clasificarla como la única cinta destacable de este tipo de cine creo que es errar en gran parte la valoración de sus cualidades. Si de guiones incoherentes, delirios cercanos a la risa involuntaria o pastiches que no llegan a cuajar del todo es de lo que estamos hablando, esta película del malogrado director donostiarra lleva muchas papeletas para poder incluirla dentro del saco.

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La premisa argumental parte de una feliz idea: en un popular programa de televisión se presenta la canción “Mentira, mentira” que ha de representar a España en el festival de Mundo Canal. La carrera por elegir al artista que la interprete no ha hecho más que comenzar. Pisa terreno firme Zulueta para este comienzo; un plató televisivo no muy distinto al de Último grito, un festival de la canción tan caro a este periodo como podría ser el de Eurovisión, o el de San Remo, o el de Benidorm… eso sí, con un nombre bastante más divertido. Al conocer la noticia, un grupo de jóvenes que frecuentan una tienda de discos en bancarrota (Patty Shepard, Judy Stephen, Mercedes Juste, Tina Sáinz, José María Íñigo, Antonio Drove, Ramón Pons) se marcan como objetivo boicotear la elección del artista, llegando al extremo de atentar contra los posibles candidatos mediante la explosión de unos extraños globos envenenados. Este radical grupo de frikis musicales, amantes a ultranza de la British Invasion, a ratos parecen tener más que ver con la juventud maoísta que retrató Jean-Luc Godard en La Chinoise (1967) que con la naíf y ye-yé muchachada española de estos años, aunque, en el fondo, el argumento no está exento de un tono marcadamente tebeístico en la frontera de la comedia más absurda y gratuita.

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Este tipo de historieta admite sin embargo gran cantidad de perlas musicales, set pieces musicadas donde el director de Arrebato despliega un gusto por la planificación arriesgada y la experimentación virtuosa sin parangón en la industria audiovisual del periodo. Se podría decir que Zulueta realizó alguno de los mejores videoclips que nunca llegaron a tener esas bandas. No solo eso, el atento visionado y escucha activa de dichos fragmentos pone al descubierto que la escena del easy-listening hispano iba mucho más allá de Los Bravos, Fórmula V o Los Íberos -por citar solo tres de los más populares que aparecen en Un, dos, tres… al escondite inglés-; de la misma manera podemos (re)descubrir a otros menos populares como Los Beta, Los Buenos, Henry y Los Seven, Los Mitos, Shelley y Nueva Generación… todos ellos de una calidad sonora fuera de toda duda, amén de unas influencias que se mezclan con desparpajo entre el pop, el soul, el folk o la psicodelia. En el caso de Los Bravos y Los Íberos, eran grupos que ya habían quedado retratados con dignidad en la pantalla; previamente los de Mike Kennedy, en sus aventuras con Aguirre/Macián/Forqué; y en ese mismo año 1970, los malagueños liderados por Enrique Lozano, que tuvieron una más que positiva experiencia en el cine con esa perla que les regaló el director Ramón Masats: Topical Spanish, posiblemente la joya de la corona del cine pop patrio.

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José María Íñigo -interpretando un doble papel; uno de los frikis de la tienda musical y, por otro lado, a él mismo- y Judy Stephen, presentadores ambos de Último grito, junto a la dirección de Iván Zulueta, hacen que todo quede en casa, pues el espíritu de la película no dista mucho del mítico programa de TVE, uno de los más esforzados en conectar con los modernos musicales de la época. Jaime Chávarri, futuro creador de reconocibles títulos musicales del cine español, firma junto al director donostiarra el guion de Un, dos, tres… al escondite inglés, en lo que supone su primer trabajo de argumentista tras salir de la Escuela Oficial de Cinematografía donde había coincidido con Zulueta y, a buen seguro, con José Luis Borau, otro de los artífices principales de esta película[1]. Patty Shepard, en un papel de modelo que parece estar hecho especialmente a su medida, encabeza un reparto casi amateur (Drove, Íñigo) donde brilla con luz propia la gracia natural de Tina Sáinz y su personaje de chica pueblerina que se sale del tiesto y quiere montar un cabaret por su cuenta. La escasa música incidental corre a cargo de Antonio Pérez Olea y hay incluso otro momento en el que los actores llegan a interpretar un número de teatro musical a lo Broadway. Algunas canciones y música de fondo del legendario dúo Vainica Doble, formado por Gloria van Aerssen y Carmen Santonja, cierran una completa banda sonora.

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Funciona la película de Zulueta bastante mejor como film de sketches que como un completo puzle y aunque está más que justificado su renombre dentro del género, pues no hay duda del regio talante como experimentador que vuelca en ella su director, no escasean los momentos de escaso interés: véanse al respecto las interminables secuencias con saturación de colores blancos que nadie dudaría en tildar de antiestéticas, sobre todo si a algún sesudo crítico le diera por analizar otro film musical español muy pop en espíritu como es El vendedor de ilusiones de José María Zabalza; extraña pieza firmada por el más kamikaze de nuestros directores, producida en 1967 pero estrenada en 1971 y que ya contenía numerosas escenas usando ese mismo recurso técnico desaliñado.

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Aparte de, por supuesto, la banda sonora, destacaría positivamente de Un, dos, tres… al escondite inglés sus cualidades como transgresora parodia de los mediáticos y encorsetados festivales de la canción. Buena muestra de ello es el último de los “atentados” perpetrados por los protagonistas durante el transcurso del festival Mundo Canal: una falsa concursante para representar a nuestro país, que no llega a cantar ni una nota, destroza parte del decorado y da paso al grupo Los Pop Tops para que “ellos interpreten lo que les dé la gana”. Todo lo que hemos visto no deja de ser el eterno dilema de la comercialidad frente a la ética personal, presente en el mundo musical desde tiempos remotos.

                                                                                                               Francisco Arco

[1] José Luis Borau, aparte de un pequeño papel en la película, aparece acreditado junto a Iván Zulueta como director de la misma. Al parecer, se trataba simplemente de una maniobra legal que hubo que orquestar ya que Zulueta no estaba sindicado como director. Borau ejerció mayormente labores de producción en Un, dos, tres… al escondite inglés y el contacto con Zulueta y Jaime Chávarri (guionista) posiblemente vendría de su etapa como profesor en la EOC, donde ambos eran alumnos.

“Drácula” de Coppola resucitará en FIMUCITÉ con su banda sonora interpretada en directo

Drácula in Concert

El sábado 28 de septiembre el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife-FIMUCITÉ ofrecerá al público el espectáculo “Bram Stoker’s Dracula In Concert” en el marco de la Gala de Clausura de su decimotercera edición. Tras su estreno mundial en el Festival de Música de Cine (FMF) de Cracovia el pasado mes de mayo, esta cita será el pistoletazo de salida de una gira internacional que llevará el formato musical live-to-picture por escenarios de todo el mundo.

Bajo la batuta de Diego Navarro, director artístico del Festival, la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) y el Tenerife Film Choir interpretarán la aclamada partitura escrita por el compositor polaco Wojciech Kilar para el filme de Francis Ford Coppola de 1992, de manera sincronizada con las imágenes de esta icónica película. Asimismo, la cantante canaria Cristina Ramos, reconocida internacionalmente tras triunfar en China en el programa “Got Talent World” y otros concursos de talentos televisivos, pondrá el broche a este concierto con la interpretación durante los títulos de crédito finales de la popular canción de Annie Lennox “Love Song for a Vampire”.

“Bram Stoker’s Dracula In Concert” es un formato original realizado en coordinación con Sony Pictures y en coproducción con el FMF de Cracovia, siendo la primera vez que los dos festivales de música de cine se unen para la creación conjunta de un espectáculo de tal magnitud. Recientemente, los festivales productores del espectáculo, FIMUCITÉ y FMF, asociados con Robert Townson Productions, han cerrado un acuerdo con la agencia alemana Europäische Filmphilharmonie GmbH para la distribución mundial del espectáculo. Se trata de una gran apuesta de FIMUCITÉ tras el éxito que cosechó en la pasada edición el concierto live-to-picture dedicado a la película de Steven Spielberg Encuentros en la tercera fase, con música de John Williams.

Por otra parte, en el marco de la presentación del concierto, que tendrá lugar en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, el Festival otorgará a título póstumo a Wojciech Kilar, autor de la música original del film, el Premio de honor FIMUCITÉ Antón García Abril. Kilar fallecía en diciembre de 2013 con 81 años, siendo también el autor de las bandas sonoras de otros Films tan emblemáticos como El pianista y La novena puerta, ambos de Roman Polanski.

Las entradas para la Gala de Clausura oficial de FIMUCITÉ 13, que dará comienzo a las 19:00 horas del sábado 28 septiembre, ya se encuentran a la venta en la taquilla del Auditorio de Tenerife y online.

Published in: on agosto 3, 2019 at 7:39 am  Dejar un comentario  

FIMUCITÉ 13 repasará el mito del vampiro en un ciclo de cine

El Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife – FIMUCITÉ dedicará dentro del catálogo de actividades paralelas de su decimotercera edición un ciclo de cine al mito del vampiro en colaboración con Filmoteca Canaria. Las proyecciones se desarrollarán en los meses de septiembre y octubre en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria y en La Granja Espacio de Creación, en Santa Cruz de Tenerife, bajo el lema “El reflejo del vampiro”. Todas las sesiones tendrán lugar a las 19.00 horas y serán en versión original con subtítulos en español.

El martes, 17 de septiembre, el Teatro Guiniguada abrirá las sesiones con Drácula (1931), de George Melford, basada en la novela de Bram Stoker. Una versión hispana alternativa al clásico protagonizado por Bela Lugosi, filmada simultáneamente a la de habla inglesa utilizando los mismos estudios por la noche, cuando el equipo de Tod Browning terminaba su jornada de rodaje. La película, en blanco y negro, podrá verse el día 19 en La Granja, espacio que después de diez años cerrado abría de nuevo sus puertas hace unos meses tras obras de reforma y acondicionamiento.

El martes 24 de septiembre retomará el ciclo en Las Palmas Nosferatu, el vampiro de la noche (1979), de Werner Herzog, nueva adaptación de producción alemana de la famosa novela que toma como punto de referencia el clásico del expresionismo germano dirigido por F.W. Murnau en 1922. Dos días más tarde se proyectará la película en Tenerife.

El 1 de octubre continuarán las proyecciones en el Teatro Guiniguada con The Addiction (1995), película de culto filmada en blanco y negro por Abel Ferrara con Lily Taylor y Christopher Walken como protagonistas. El filme, que podrá verse en Tenerife el jueves 3 de octubre, está considerado una alegoría acerca de la adicción a las drogas.

El siguiente pase, los días 8 (Teatro Guiniguada) y 10 de octubre (La Granja), estarán dedicados a Entrevista con el vampiro (1994), protagonizada por Tom Cruise, Brad Pitt, Kirsten Dunst y Antonio Banderas bajo la dirección de Neil Jordan a partir de un guion de Anne Rice basado en su novela homónima. El compositor Elliot Goldenthal fue nominado al Oscar y al Globo de Oro por la banda sonora de esta icónica película.

El martes 15 de octubre en el Guiniguada, y el jueves 17 en Tenerife, FIMUCITÉ y la Filmoteca Canaria acercarán al público el filme de atmósfera oscura y glamourosa El ansia (1983) de Tony Scott, basado en la novela del mismo título de Whitley Strieber. Con un elenco encabezado por David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, destaca su banda sonora con música original de Michel Rubini y Denny Jaeger, y canciones compuestas por la Bauhaus e Iggy Pop y piezas clásicas.

La película escogida para cerrar el ciclo, los días 22 y 24 de octubre en Gran Canaria y Tenerife respectivamente, es Drácula (1979), de John Badham, basada en la obra teatral de Hamilton Deane y John L. Balderston con Frank Langella en el papel del conde Drácula y Laurence Olivier en el del profesor Van Helsing. De un romanticismo exacerbado, la película marca diferencias con otras versiones anteriores y posteriores, y cuenta con el excepcional acompañamiento musical de la partitura de John Williams, en la que sin duda es una de sus mejores composiciones.

FIMUCITE-CICLO VAMPIROS

Al hilo de este ciclo, cabe recordar que también en el marco del festival se celebrará el sábado 28 de septiembre a las 19 horas en el Auditorio de Tenerife un concierto live-to-picture en el que se proyectará la película Drácula de Bram Stoker mientras la Orquesta Sinfónica de Tenerife y el Tenerife Film Choir bajo la dirección de Diego Navarro interpretarán en directo y en perfecta sincronía con el filme la banda sonora compuesta por el autor polaco Wojciech Kilar, todo un referente musical del cine de vampiros. Se trata de un espectáculo original realizado en coproducción con el Festival de Música de Cine (FMF) de Cracovia en coordinación con Sony Pictures.

Más información: fimucite.com/13/

Published in: on julio 21, 2019 at 7:59 am  Dejar un comentario  

Los chicos con las chicas

Los chicos con las chicas

Título original: Los chicos con las chicas

Año: 1967 (España)

Director: Javier Aguirre

Productor: Manuel Pérez

Guionistas: Javier Aguirre, Juan Cobos, Eduardo Ducay, Leonardo Martín, Carlos Muñiz, Francisco Prósper, Miguel Rubio

Fotografía: Rafael de Casenave

Música: Adolfo Waitzman, Los Bravos

Intérpretes: Manolo Fernández, Miguel Vicens, Mike Kennedy, Pablo Sanllehi, Tony Martínez (Los Bravos), Enriqueta Carballeira (Elisa), Manolo Gómez Bur(Don Hilario), Guadalupe Muñoz Sampedro (Doña Felicia), María Luisa Ponte (Srta. Sarmiento), Lola Gaos (Doña Arsenia), Manolo Gómez Bur (Don Hilario), Luis Sánchez Polack “Tip”(Lorenzo, el conserje), Laly Soldevila (Srta. Enriqueta), José Luis Coll (Pierre, el manager), Rafaela Aparicio (Petra, la cocinera), Irán Eory (Marta)…

Sinopsis: Los cinco componentes del grupo musical Los Bravos deciden pasar unos días en el campo para descansar de su frenético ritmo de trabajo y del constante acoso de sus fans. Cerca de donde acampan hay un estricto colegio de señoritas donde los hombres tienen terminantemente prohibida la entrada. Después de uno de los paseos matutinos de las alumnas por el campo, Mike Kennedy, el cantante del grupo, queda prendado por los encantos de una de las colegialas. A partir de ese momento todos los esfuerzos de Mike se concentrarán en poder entrar al colegio, cueste lo que cueste.

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Algo cambió en el panorama del cine español de los 60 justo en el instante que Conchita Velasco puso patas arriba la pista de baile al ritmo de “La chica ye-yé” en Historias de la televisión (José Luis Sáenz de Heredia, 1965)[1]. Importada directamente desde Francia, la nueva ola ye-yé causó furor entre la juventud española del momento, hastiada de eternos iconos folclóricos y de niños prodigio cantores. Para una adecuada traslación del fenómeno directamente al celuloide resultó determinante la unión creativa de los talentos de The Beatles y Richard Lester, que iluminaron el nuevo camino a seguir. En España, no tardaron en aparecer exponentes de dicha corriente, como demuestra la temprana respuesta que ofrecieron filmes como la interesante Megatón Ye-Ye (Jesús Yagüe, 1965) -con la presentación de Micky y Los Tonys, uno de los primeros conjuntos del beat español- y, más adelante, Codo con codo (Víctor Auz, 1967), una especie de secuela algo más floja que la primera, también con Micky -sin Los Tonys esta vez- formando un imposible trío con Massiel y Bruno Lomas. Con todo, ese incipiente modelo cinematográfico patrio no nos aseguraba todavía el poder pregonar a los cuatro vientos aquello de “Spain is different”.

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Frustrados varios intentos de llevar a la pantalla las correrías de otro conjunto del momento como eran Los Brincos, el inesperado éxito del sencillo “Black is Black” de Los Bravos, tanto a nivel nacional como internacional, propició que los todopoderosos Estudios Moro[2] apostaran por los de Mike Kennedy para mostrar en el cine español ese nuevo modelo juvenil. No salió del todo mal el experimento si atendemos a lo recaudado en taquilla y, sobre todo, al decente resultado conseguido por Javier Aguirre en Los chicos con las chicas (1967), máxime si se compara con esa otra corriente de cine juvenil y musical que en los años previos circulaba por las carteleras hispanas; véanse, por ejemplo, las películas protagonizadas por Rocío Durcal, Pili y Mili, Karina o Raphael, todas ellas menos transgresoras que las incursiones de Los Bravos. “La edad de piedra ya pasó…”, afirmaban ellos en la letra de “Los chicos con las chicas”, canción que da título a esta película que, asimismo, y tras los títulos de crédito, comienza con otra frase muy adecuada de Napoleón Bonaparte: “La música es el menos molesto de los ruidos”.

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Uno de los aciertos de la propuesta es ir más allá de la estrategia mimética basada en Qué noche la de aquel día (A Hard Day’s Night, Richard Lester, 1964). Si bien la historia comienza de manera muy similar a aquella, con una troupe de enloquecidas fans femeninas persiguiendo a la banda después de una actuación -y que terminan acosando a Pierre, el tiránico manager de Los Bravos, interpretado por un excelente José Luis Coll en un papel menos delirante de lo habitual en él-, los derroteros por los cuales transita el relato a partir de este punto tienen más puntos en común con la línea clásica de la comedia coral española, de enredo y ligera, aunque no tanto en lo que se refiere a su típica faceta costumbrista, como veremos a continuación.

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También toma prestada de la cinta de Lester esa idea acerca de la necesidad imperiosa que toda banda de éxito masivo tiene de evadirse y escapar de sus responsabilidades aunque solo sea por unos días; es precisamente esa motivación la que empuja a Los Bravos a desconectar completamente por una temporada e instalarse en un improvisado camping en plena naturaleza. Para reforzar ese planteamiento de película coral, Aguirre y su amplio equipo de guionistas sitúan cerca del campamento un colegio interno “para niñas descarriadas”, tal y como afirman sus profesoras; una caterva de remilgadas solteronas que responden a los singulares nombres de Señorita Sarmiento (María Luisa Ponte) o Doña Arsenia (Lola Gaos), rebautizada como “Doña Arsénica” por Don Hilario (Manolo Gómez Bur), el único miembro de la junta directiva del colegio que no ve con buenos ojos ese régimen tan rígido que impera en la institución educativa. Hasta el conserje del recinto escolar -interpretado, aquí sí, por un delirante Luis Sánchez Polack “Tip”- vela celosamente por la castidad de las internas a modo de perro guardián, literalmente, pues es capaz de imitar el ladrido de varios tipos de canes cuando advierte la presencia de algún hombre cerca de la puerta e incluso descansa en una caseta perruna que hay en la entrada del edificio (¡!).

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Como suele ocurrir en este tipo de historias, Mike Kennedy, el líder de Los Bravos, se enamora de Elisa (Enriqueta Carballeira), una joven que capta su atención durante una de las excursiones por el campo que organiza la Señorita Enriqueta (Laly Soldevila), la dinámica y atlética profesora de Educación Física. Con la complicidad de Don Hilario, Mike Kennedy consigue entrar en el colegio con la excusa de ocupar la plaza vacante de profesor de música, pero antes tendrá que demostrar sus aptitudes ante las desconfiadas mujeres que llevan el mando de la junta directiva. Para ello, Mike improvisa una historia sobre su desdichada infancia por culpa de un padre libertino que convence al momento a las misándricas arpías. Es aquí donde Javier Aguirre despliega uno de los recursos más interesantes de la película y nos muestra toda esa falsa historia que se inventa Mike por medio de un flashback rodado a la manera de un elegante cortometraje del cine silente: virados a color, imagen acelerada y música de pianola a cargo de Adolfo Waitzman.

No es el único experimento que se permite Aguirre, pues a lo largo del metraje encontramos congelados de imagen, un montaje donde abundan los veloces planos-contraplanos e imágenes experimentales de corte psicodélico que a buen seguro tienen más que ver con su experiencia dentro del Anticine[3] que él mismo creó y del cual defendía su alegre convivencia con el cine comercial que le daba de comer[4]. La secuencia que fusiona animación e imagen real para el tema “Sympathy” firmada por Francisco Macián, uno de los más talentosos creadores a sueldo de los Estudios Moro, completan el capítulo de modernas transgresiones que la película ofrece en oposición a esa apariencia inicial de divertimento a mayor gloria del conjunto musical del momento.

Como no podía ser de otra manera, los cincos componentes del grupo terminan por colarse en el colegio para señoritas boicoteando una celebración anual en honor al “Gran Filántropo”, el fundador de la institución que antes de morir dejó escrita una autobiografía compuesta por 700 capítulos… y la cosa se desmadra hasta tal punto que el fin de fiesta acaba con todas las internas, Don Hilario y la profesora de Educación Física bailando desenfrenadamente al ritmo de “Las chicos con las chicas”, una canción que, por otra parte, supuso uno de los pocos éxitos rotundos en español de la banda. Y es que la dicción del alemán Mike Kennedy nunca resultó del todo satisfactoria en castellano, funcionando mucho mejor a todos los niveles los temas en inglés del grupo, tanto dentro como fuera de la pantalla.

Contando prácticamente con el mismo equipo de producción, guionistas y actores, pero con José María Forqué reemplazando a Javier Aguire a los mandos, Los Bravos tendrían tiempo para vivir una segunda y última experiencia en el cine con ¡Dame un poco de amooor…! (1968), en la que, de nuevo, se optaría por seguir las enseñanzas de The Beatles con Richard Lester; concretamente la segunda y última de sus colaboraciones, ¡Socorro! (Help, 1965), que, al igual que el film de Forqué, se basa en una disparatada trama de aventuras orientales y exóticas. De ese modo, Los Bravos se permitieron emular al mítico cuarteto de Liverpool con estas dos películas, y por si fuera poco, en ¡Dame un poco de amooor…! también tienen bastante más peso que en Los chicos con las chicas las animaciones de Francisco Macián, un poco a la manera de El submarino amarillo (Yellow Submarine, George Dunning, 1968), lo que completaría el guiño a las tres incursiones de The Beatles en el cine.

Francisco Arco

[1] Aunque de menos repercusión popular, en la película de Sáenz de Heredia se puede escuchar antes que “La chica ye-yé”, el twist “John, John”, también interpretado por Concha Velasco en esta nueva y más moderna faceta de su carrera. Para ser exactos, le correspondería a “John, John” el mérito de ser una de las primeras canciones ye-yé en aparecer en una película española, pero pasó a un segundo plano gracias al fulgurante éxito de la composición del inolvidable tándem compuesto por Augusto Algueró y Antonio Guijarro.

[2] Los estudios fundados por los hermanos Santiago y José Luis Moro se convirtieron en todo un emporio de la comunicación, principalmente de la publicidad en televisión, donde destacaban sus anuncios realizados con dibujos animados. Además contaban con Jo Linten como tercer socio, periodista de origen belga que controlaba la publicidad comercial de las salas de cine con su distribuidora Movierecord.

[3] http://www.javieraguirre-anticine.com/biografia.html

[4] Aguirre volvería al cine pop con Una vez al año ser hippy no hace daño (1969), una pieza divertida pero harto costumbrista. Aún así, Aguirre se permite la licencia de incluir una escena musical donde satiriza “el cine comercial y hueco”, incluyendo instantáneas de los títulos de crédito donde aparece su propio nombre y el del productor y guionista de esa cinta, José Luis Dibildos. No sólo eso, sino que en uno de los temas que interpreta el paródico grupo “Los Hippy-lollas”, formado por Concha Velasco, Tony Leblanc, Alfredo Landa y Manolo Gómez Bur, satiriza de forma abierta a la canción que da título al film que nos ocupa. Así, si el estribillo de esta reza “Los chicos con las chicas deben vivir”, el de la “versión” de Los Hippy-lollas muta a un “Los negros a las suecas perseguirán”.