Red Nights/Les nuits rouges du bourreau de jade

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Título original: Red Nights/Les nuits rouges du bourreau de jade

Año: 2010 (Hong Kong, Francia, Bélgica)

Directores: Julien Carbon, Laurent Courtiaud

Productores: Alexis Dantec, Rita Wu

Guionistas: Julien Carbon, Laurent Courtiaud

Fotografía: Man-Ching Ng

Música: Seppuku Paradigm [Alex & Willie Cortés]

Intérpretes: Frédérique Bel (Catherine Trinquier), Carrie Ng (Carrie Chan), Carole Brana (Sandrine Lado), Stephen Wong Cheung-Hing (Patrick), Kotone Amamiya (Tulip), Maria Chen (Flora), Jack Kao (Mr. Ko)…

Sinopsis: Durante el reinado del primer emperador de China, un ingenioso torturador creó un elixir que paralizaba los miembros de sus víctimas al aumentar la sensibilidad de las terminaciones nerviosas hasta diez veces. Ocultado en un cráneo de Jade, el elixir podía provocar todo tipo de sensaciones varias, desde caricias eróticas hasta lesiones espantosas. Obsesionado por el deseo de experimentar estas sensaciones extremas, el verdugo se mató con su propio veneno, intensificando la experiencia de la muerte. Sus perseguidores nunca encontraron el cráneo, que había sido ocultado dentro de un precinto real. Pero la maldición del cráneo de Jade, responsable de la muerte de su creador, permaneció dentro de su escondite trayendo la desgracia a todos los que lo poseían. Hasta el día de hoy…

Procedentes de la crítica cinematográfica, Julien Carbon y Laurent Courtiaud se pasaban a la escritura de guiones a mediados de los noventa. Se habían conocido en un videoclub del parisino barrio de Belleville, donde los dos alquilaban copias pirata de películas de Hong Kong y congeniaron enseguida. Decidieron ofrecer sus servicios a su adorado Tsui Hark, para quien estuvieron involucrados en, por ejemplo, el libreto de Black Mask 2: City of Masks [dvd: Black Mask 2, 2002], dirigida por el propio Hark -tras abandonar el proyecto el director inicialmente previsto, Ringo Lam-, aprovechando la moda y los modos impuestos por el Matrix (Matrix, 1999) de los Wachowski[1]. Carbon y Courtiaud además andarían metidos en los guiones de otras cintas hongkonesas de acción como Running Out of Time/Am zin [tv/dvd: Con los días contados, 1999] del justamente célebre Johnnie To[2], o El secreto del talismán (The Touch/Tian mai zhuan qi, 2002) de Peter Pau, película de aventuras que seguía la estela del Tomb Raider (Tomb Raider, 2001) de Simon West.

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Sería el productor francés Eric Neve quien, tras visionar la mencionada película de Johnnie To, les propuso al dúo allá por el año 2003 o 2004 que escribieran un polar desarrollado en Hong Kong. Éstos aceptaron la oferta con la condición de dirigirla ellos. Tranquilamente, el proyecto iría cogiendo la forma[3] de lo que finalmente sería Red Nights/Les nuits rouges du bourreau de jade (2010), film que sus responsables definen como “un giallo de Hong Kong, con misterio, asesinatos sádicos, fetichismo y mujeres”.

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Los realizadores demuestran unos concienzudos conocimientos del thrilling all’italiana, de sus constantes y directivas, de sus temas y, lo más importante, de su estilo visual[4]. El mismo título de la cinta -y más en el original en francés-, como en tantos giallos, contempla múltiples significados a la par que no tiene por qué decir nada, tan llamativo e intrigante como superficial y banal. Red Nights, “Noches Rojas”, es el nombre del perfume que presenta y representa Carrie Chan (Carrie Ng), un mundo, el de la alta cosmética y perfumería, afín al de las modelos y pasarelas tan caro al género desde Seis mujeres para el asesino (Sei donne per l’assassino, 1964) de Mario Bava, aunque ella y su compañero, Patrick (Stephen Wong Cheung-Hing), lo que realmente buscan es otro elixir, el que se encuentra dentro del “Verdugo de Jade”, aunque a ello volveremos más adelante. Noches rojas son también las de los rituales sadomasoquistas orquestados por la pareja y dirigidos por la fémina, y el bermellón -muy oscuro y denso- con sabor a muerte domina esta historia de traiciones y pasión por el dinero y el poder, sobre todo en su magnífica parte final. Y el rojo es, junto al azul y los tonos anaranjados, el color predominante en la fotografía de la cinta, a cargo de Man-Ching Ng[5].

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La representación, como la ópera de Terror en la ópera (Opera, 1987) de Dario Argento, o el teatro en Aquarius (Deliria, 1987) de Michele Soavi, ese juego de espejos y trasvases, tiene cabida aquí en la ópera china donde Patrick es el actor principal y cobra especial significado la canción que habla de las garras del verdugo, instrumento de tormento y muerte a la par que de amor, fogosidad y placer. Las garras, utensilio también en la privacidad de los amantes, que emplea Carrie para sus rituales -representaciones igualmente- sadomasoquistas que acaban “penetrando”, con regusto sádico de la dómina, a las chicas que se prestan a sus recreos sexuales cuando, tras un largo y laborioso repertorio fetichista, termina más allá de la petite mort con la muerte real de las muchachas. Eros y Thanatos llevados al límite donde, era de esperar, no falta la pasión lésbica. Las garras, arma blanca a fin de cuentas, será la elegida por Carrie en la conclusión de la historia.

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La escenificación, la ceremonia, la pasión y la muerte, la dominación, están presentes de igual modo en los asesinatos que comete Carrie fuera de esa cámara (mortuoria) donde practica sus retozos amorosos. Como cuando quita de en medio a Flora (Maria Chen), una vez se ha servido de ella y sólo le supone un estorbo, en un apropiado plano contraplano en picado y contrapicado, dejando claro el status que ocupa cada mujer, en un mortífero y cruel juego donde el bondage y el fetichismo del pie[6] cobran gran relevancia. En el apartamento de Flora, por cierto, encontramos unos inquietantes maniquíes (¿no lo son todos realmente?), tan característicos del giallo. Y maniquíes de carne y hueso, modelos en su día a día, son Sandrine Lado (en el rol de Carole), quien había trabajado nada menos que para Chanel, Lancòme, L’Oreal o Garnier, el ya citado Stephen Wong Cheung-Hing, y la japonesa Kotone Amamiya (ésta en el mundillo “sólo para adultos”).

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Igual que en la nihilista Bahía de sangre (L’ecologia del delito/Reazione a catena, 1971) del maestro Bava, en el universo de Red Nights no hay lugar para los héroes y está poblado por personajes codiciosos y egoístas movidos por el lucro, que no dudan en traicionar y matar a quien sea para salirse con la suya y sin dejar un dólar de por medio. Catherine (Frédérique Bel) elimina en Taiwán a su amante (un político corrupto) para hacerse con la piedra de jade blanco que éste ha obtenido con algunas malas artes y marcha a Hong Kong para colocarla, encontrándose allí con una telaraña de individuos que tratan de sacar tajada del tema. Oculto en el objeto se halla el “Verdugo de Jade”, que contiene un elixir milenario que inmoviliza a las personas a la vez que es capaz de provocar las sensaciones más extremas, con el que “un beso equivale al mayor de los orgasmos” y, de igual manera, “el mínimo dolor se convierte en la más insoportable de las torturas”. Ideal para las prácticas amatorias del dúo y que nos empuja inevitablemente a La tarántula del vientre negro (La tarantola del ventre nero, 1971) de Paolo Cavara.

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Fuera del giallo pero quedándonos en Italia, la escena con Catherine llegando a Hong Kong recuerda sobremanera a las películas transalpinas de finales de los setenta y primeros ochenta, banda sonora de sintetizadores incluida, haciéndonos pensar en los trabajos de esos años de Lucio Fulci, Joe D’Amato o Ruggero Deodato. El score, por cierto, corre a cargo de Seppuku Paradigm, el mismo dúo musical francés que un par de años antes se habían encargado de la banda sonora de Martyrs (2008) de Pascal Laugier.

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Red Nights/Les nuits rouges du bourreau de jade, coproducción entre Francia, Bélgica y Hong Kong, dirigida por dos gabachos habituados a trabajar con la que fuera la más poderosa colonia británica en China[7], tiene también, junto a las mencionadas influencias italianas, mucho de sus dos principales países productores[8]. Además de incluir en el reparto al taiwanés Jack Kao[9] como el mafioso Mr Ko, también interesado en conseguir el preciado jade, o a una Carrie Ng[10] en estado de gracia, Hong Kong presenta un escenario ideal, retratado como una ciudad tan cosmopolita como apocalíptica, en la que la occidental Catherine deambula perdida sin poder confiar en nadie y donde no le aguarda futuro alguno. Ella, al igual que el Jef Costello (Alain Delon) de El silencio de un hombre (Le samouraï, 1968) de Jean-Pierre Melville, se coloca bien la gabardina y se sube los cuellos de la misma antes de salir de su apartamento, como hacía aquél hasta en el momento en que se preparaba para dejarse matar; y es que a Catherine y al resto de los personajes de la cinta les espera el mismo sino que a los anti-héroes del polar, la fatalidad, de la que no pueden escapar por mucho que se esfuercen. Muy francés es también el gusto por los fastuosos rituales masoquistas, propios de una cinematografía tan dada a emparentar amor, sumisión y muerte, ya sea desde el cine de autor o el arte y ensayo al más comercial y/o de explotación, de Alain Robbe-Grillet a Just Jaeckin, de Roger Vadim a José Bénazéraf.

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De igual modo, en la conclusión, cuando entre unos y otros han terminado por echar a perder todo dejando un reguero de cadáveres tras ellos, los gánsteres matan a Patrick, y el amour fou hace presencia. Ese amour fou que llevaba a Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) a perder la cabeza -y la vida- por Patricia (Jean Seberg) en Al final de la escapada (À bout de soufflé, 1964) de Jean-Luc Godard, conduce en esta ocasión a Carrie a reclamar justa y cruel venganza contra los asesinos de su amado, y lo hará armada con las garras que usaba en sus ratos de solaz[11]. Una vez más, placer, sadismo, dolor, muerte y catarsis unidos en una hermosa y letal ceremonia. Y ella, como el Jef Costello de Delon o el Michel Poiccard de Belmondo, también lucirá con elegancia una gabardina en su último acto, sólo que en esta ocasión ella es la ejecutora y la susodicha prenda es de color rojo chillón, el mismo color del que se va a teñir esa noche con toda la sangre que derramará a su paso.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Y con Andy On en el papel del superhéroe que da título al film, sustituyendo al Jet Li del original de 1996 dirigido por Daniel Lee. Carbon y Courtiaud, aún satisfechos con los resultados del film, confesaban que muy poco quedaba de lo que ellos habían escrito.

[2] Conocería secuela en 2001, codirigida entre Johnnie To y Law Wing-Cheung, pero sin Carbon ni Courtiaud en labores de guionistas.

[3]Son los estilemas, los elementos iconográficos, los motivos estéticos y hasta los elementos técnicos, los que definen realmente un giallo. Es decir, los elementos pura y verdaderamente cinematográficos, ajenos a la verbosidad literaria y prehistórica del guion y de la historia”. Jesús Palacios en “Killing me softly. Sobre las estéticas del giallo”, en El giallo italiano: la oscuridad y la sangre (Nuer Ediciones, 2001).

[4] Por mucha admiración que le profesen a Tsui Hark y lo contentos y orgullosos que estén de haber trabajado con él, en ningún momento se les pasó por la cabeza ofrecerle al mítico productor y director que entrara a formar parte del proyecto, pues sabían muy bien que éste acabaría imponiendo su criterio en su afán por controlarlo todo.

[5] No está de más recordar la importancia de la fotografía colorista, heredera del giallo y sobre todo, por supuesto, de Argento, que presentó el psycho-thriller de Hong Kong en los dorados tiempos de la así llamada Categoría III. Valga como ejemplo Red to Kill/Yeuk saat (1994) de Hin Sing “Billy” Tang.

[6] Por el pie comenzará la agónica tortura que Carrie le profesa a Carole, y por los zapatos descubrirá Catherine quién ha dado muerte a su agresora, Flora, de cuyo piso tendrá que escapar, no obstante, descalza.

[7] Otros realizadores del país vecino amantes del cine de acción de Hong Kong son Christophe Gans y, especialmente, Luc Besson. A sus filmografías nos remitimos.

[8] Más consciente que casual se nos antoja la influencia en algunos momentos de un largometraje japonés; nos referimos al Audition (Òdishon, 1999) de Takashi Miike y las torturas ejecutadas por la bella y mortal Asami (Eihi Shiina).

[9] Jack Kao ha intervenido en cintas de prestigio, caso la coproducción entre Francia y Taiwán Millennium Mambo (Qianxi mànbo, 2001), de Hou Hsiao-Hsien, pero también ha sido visto en películas de gánsteres made in Hong Kong como Island of Fire/Huo shao dao [tv/vd/dvd: Isla de fuego, 1991] de Chu Yen Ping, con un reparto donde se encontraban Andy Lau, Jackie Chan, Sammo Hung y Wang Yu. Cuenta la leyenda que el acrobático Chan intervino en esta película en agradecimiento al director por haberle librado de las zarpas de la tríada.

[10] Junto a Chinging Yau formaron el dúo de peligrosas féminas protagonistas de Naked Killer/Chik loh goh yeung [tv/vd/dvd: Naked killer (Desnuda para matar), 1992] de Clarence Fok.

[11] No es la primera vez que esta particular lethal weapon aparece en una producción de Hong Kong. Baste hacer mención a My Young Auntie/Zhang bei [tv/dvd: Las garras de la Tigresa, 1981] que realizó Chia-Liang Liu para los Shaw Brothers. Por otro lado, en un momento del clímax de Red Nights/Les nuits rouges du bourreau de jade, Carrie llega a rasgar con ellas una pared anunciando su presencia al modo en que Freddy Krueger lo hacía en Pesadilla en Elm street (A Nightmare on Elm Street, 1984) de Wes Craven.