Killer contro killers

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Título original: Killer contro killers

Año: 1985(Italia)

Director: Fernando Di Leo

Productores: Mario Colajanni, Vincenzo Samà

Guionista: Fernando Di Leo

Fotografía: Roberto Gerardi

Música: Franco Campanino

Intérpretes: Henry Silva (Sterling), Dalila Di Lazzaro (Cherry), Albert Janni (Ferrari), Franco Diogene (Hagen), Edmund Purdom (Su Excelencia), Fernando Cerulli (Jaffe), Agostino Crisafulli (Fred), Cinzia de Ponti (Secretaria de su excelencia), Carlo Greco (Sean), Raul Lovecchio (Bob), Roberto Dell’Acqua…

Sinopsis: Un misterioso hombre de negocios contrata los servicios de un grupo de delincuentes especializado en diferentes ramas del crimen para robar una importante fórmula de una planta química vigilada por el ejército. Una vez el trabajo es realizado, el cerebro del golpe trata de evitar peligros innecesarios asesinando uno por uno a las distintas personas que llevaron a cabo su plan.

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Killer contro killers (1985) supuso la despedida cinematográfica de Fernando Di Leo, sin duda una de las más relevantes figuras del cine de género italiano en general, y del poliziesco en particular, como así atestigua su autoría en tres de los títulos más importantes de este estilo, su llamada trilogía milanesa, compuesta por Milán, calibre 9 (Milano Calibro 9, 1972), Nuestro hombre en Milán (La mala ordino, 1972) y Secuestro de una mujer (Il boss, 1973), todos ellos creados a partir de diversos precedentes literarios, con especial predilección por la obra del novelista italiano Giorgio Scerbanenco.

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Sin embargo, esta apuntada condición de punto final de la carrera de su director no obedecería a una decisión voluntaria por parte de éste, sino como consecuencia de la falta de salida comercial de un título que ni siquiera llegaría a conocer estreno en salas de cine italianas[1]. A pesar de ello, la cinta funciona a su manera como perfecto resumen del cine de su realizador, habida cuenta del halo nostálgico que recorre sus fotogramas, perceptible tanto por sus desfasadas premisas argumentales en comparación con los gustos imperantes en el cine de la época, como por la confección de su reparto. En ella, el cineasta vuelve a retomar los ambientes criminales en el que se desarrollaron sus mejores obras, rodeándose para la ocasión con varios actores con los que ya había trabajado con anterioridad como el patibulario Henry Silva – guiño incluido a su personaje de Secuestro de una mujer por medio de su empleo del bazooka como arma predilecta -, Edmund Purdom – repitiendo en cierta medida el papel de capo que ya había interpretado a sus órdenes en I padroni della cittá / Zwei Supertypen räumen auf (1976) -, Fernando Cerulli o Raul Lovecchio.

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En el mismo sentido puede interpretarse el argumento de la primera parte de la cinta, centrado en la planificación y ejecución de un pretendido robo perfecto por parte de un grupo de delincuentes, esquema este que ya había sido empleado por Di Leo en el guión de Gangster’70 (1968) de Mino Guerrini, y que a su vez remite a la magistral La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) de John Huston, sensación subrayada por la conexión establecida a modo de homenaje entre los nombres de algunos de sus personajes con el de los actores originales del film norteamericano. Dicho material es puesto en escena bajo las habituales características de estilo del italiano, destacando su cínica concepción de la violencia – cf. la amputación sin vacilaciones a un ejecutivo de la mano en la que lleva esposada su maletín -, las situaciones sórdidas – cf. el personaje de Dalila Di Lazzaro saltando desnuda para atraer la atención de los guardianes de la fábrica que se dispone a robar -, los personajes pintorescos – cf. el experto en cajas fuertes que se sirve de sus andanzas criminales para costear sus vicios vouyerísticos -, o su negrísimo sentido del humor – cf. el mentado mirón asesinado de un tiro disparado a boca jarro desde la mirilla de su puerta -.

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Secuencia del asesinato del Jaffe, el delincuente vouyeur.

Dentro de este contexto, quizás lo más interesante del conjunto resida en el que se antoja como el verdadero eje del film: la contraposición entre la falta de escrúpulos del cerebro del golpe con la profesionalidad y sentido del compañerismo de los delincuentes por él contratados, personificados en el personaje de Henry Silva, un asesino amante de los animales que solo mata cuando no tiene mayor remedio. Pero este atractivo es fruto tanto de este motivo como de la doble lectura a la que éste se presta. Y es que teniendo en cuenta el año en que fue realizada la cinta, 1985, es decir, en plena decadencia del cine de género italiano, no resulta muy aventurado el establecer ciertos paralelismos entre este planteamiento con la situación predominante dentro de la industria cinematográfica trasalpina de entretenimiento de la época, con la práctica mayoría de sus productores centrados única y exclusivamente en imitar a cuanto éxito foráneo se le pusiera a tiro, abocando a los distintos profesionales de este tipo de cine a prestar su arte a esta clase de propuestas impersonales.

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Por lo demás, Killer contro killers es una sencilla y honesta película que a base de oficio logra minimizar todos sus posibles defectos, tales como lo predecible de su historia, ciertas licencias narrativas y argumentales bastante forzadas o un precipitado y abrupto final resuelto a toda prisa, quien sabe si como consecuencia de la evidente falta de presupuesto que se deja notar a lo largo de todo su metraje. Si no perfecto, si al menos un digno colofón para la carrera de un cineasta pendiente (al menos en nuestro país) de una necesaria (re)valoración acorde con el interés que encierra su obra.

José Luis Salvador Estébenez

[1] La película no sería vista en Italia hasta veinte años después de su realización gracias a su edición en Dvd en doblete junto con la ya referida Secuestro de una mujer.

Published in: on noviembre 6, 2009 at 10:53 am  Comments (6)  
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I contrabbandieri di Santa Lucia [vd: Los contrabandistas de Santa Lucía]

Título original: I contrabbandieri di Santa Lucia

Año: Italia (1979)

Director: Alfonso Brescia

Productor: Ciro Ippolito

Guionistas: Ciro Ippolito, Piero Regnoli

Fotografía: Silvio Fraschetti

Música: Eduardo Alfieri

Intérpretes: Mario Merola (Don Francesco Antiero), Antonio Sabato (Don Michele Vizzini), Gianni Garko (Capitán Ivano Radovich), Jeff Blynn (Don Salvatore Gargiulo), Edmund Purdom (Jefe de la comisión internacional de narcóticos), Sabrina Siani (Lucy Avallone), Lorraine De Selle (Lorraine), Marco Girondino (Gennaro), Nunzio Gallo (Martinelli, comisario de aduanas), Lucio Montanaro (Cassio Petrorio), John Karlsen, Giuseppe Leone (Miembros de la comisión de narcóticos), Marina Viviani [acreditada como Marina Valadier] (Carmelina), Rik Battaglia (Don Calogero Avallone), Hassan Hyber, Hassan Jaber (Vito), Letizia D’Adderio (Stellatella), Mico Galdieri (Gambino), Franco Diogene (Akhad), Deborah Girondino, Andrea Aureli (Don Lucky), Massimo Alibrandi, Pino Ferrara, Angelo Boscariol (Don Francesco Henchman), Alfonso Brescia (Peatón que comenta el póster), Lina Franchi, Salvatore Puccinelli (Contrabandista), Giuseppe Marrocco, Rocco Lerro, Luciano Zanussi (Invitados a la boda), Franco Ukmar, Angelo Boscariol (Esbirros de Don Francesco), Massimo Cipriari…

Sinopsis: Tras un golpe de estado en Irán, una gran cantidad de heroína es adquirida por los jefes de los clanes mafiosos de Nueva York. Por este motivo, el capitán Ivano Radovich es enviado a Nápoles, donde se sospecha que la droga será tratada y camuflada para que pueda ser llevada a Estados Unidos sin levantar sospechas.

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Si hay algún sinónimo con el que rara vez se haya asociado al cine de Alfonso Brescia este es el de calidad. Director de medio centenar de películas en las que abordó la práctica totalidad de las corrientes genéricas emprendidas por el cine popular italiano, desde su debut como realizador con el péplum La rivolta dei pretoriani [vd: La rebelión de los pretorianos, 1964], hasta su despedida del medio con la comedia Club Vacanze (1995), la obra de Brescia se caracterizó por la asimilación de fórmulas manoseadas y el aprovechamiento de éxitos ajenos, por medio de propuestas de escaso presupuesto y menor pericia técnica que en la mayoría de los casos se saldaron con resultados cuanto menos olvidables. Sin embargo, dentro de la mediocridad que reina en su filmografía, existen un puñado de títulos que gozan de cierto respeto dentro de determinados círculos de aficionados al cine de género europeo, más concretamente entre aquellos seguidores de un estilo tan netamente trasalpino como es el poliziesco; se tratan de su serie de colaboraciones junto al guionista y productor Ciro Ippolito protagonizadas por Mario Merola.

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Proyectadas desde postulados eminentemente localistas para su consumo en Nápoles y sus alrededores, este conjunto de películas trataban de explotar la increíble popularidad de todo un mito local como el referido Merola, cantante y principal figura de la sceneggiata, forma de representación popular típicamente napolitana cuya influencia sería fundamental para estos films. De este modo, al igual que ocurre en aquel estilo teatro-musical, las tramas de dichas cintas se ambientaban en torno al mundo de la guapparia – nombre que recibe el hampa napolitana -, siguiendo un simple esquema argumental que se repetía con mayor o menor precisión en todas ellas: la mafia mataba a alguien del entorno familiar o social de Merola y éste, quien solía interpretar a un delincuente romántico, hombre de honor y valores, y protector de los más desfavorecidos, tomaba cumplida venganza contra los asesinos. Pero dentro de su clara vocación comercial y sus esquemas formularios, estas películas también ofrecían un interesante testimonio de lo que era la sociedad delictiva del Nápoles de la época.

Un ejemplo como cualquier otro de este tipo de films lo encontramos en I contrabbandieri di Santa Lucia [vd: Los contrabandistas de Santa Lucía, 1979], cinta en la que el consabido Merola es acompañado en sus roles principales por dos actores de la talla de Gianni Garko y Antonio Sabato, siendo su reparto completado con la presencia de dos rostros de cierta popularidad como el del británico Edmund Purdom y el de una jovencísima Sabrina Siani en uno de sus primeros papeles. En ella el lumpen napolitano es presentado como una gran familia en la que todos se ayudan, justificando el contrabando de tabaco, principal sustento de este extracto social, como un mal menor; una muy respetable forma de ganarse la vida para todos aquellos a los que el Estado, y por ende la sociedad, ha abandonado. Así, bajo su trama, que en palabras de Ippolito no es más que la versión novelada de la historia de la ciudad (1), la cinta refleja la necesidad de los contrabandistas de unirse a la policía para hacer frente a un enemigo común que amenaza con su forma de vida: los traficantes de droga, quienes, tal y como señala Roberto Curti en su imprescindible artículo “Crime Naples Style: The Guapparia Movie” (2), representan “un símbolo de la corrupción de los valores tradicionales” (familia, trabajo, solidaridad) que éstos encarnan; no en vano, el papel del villano de la función recae en un empresario local amigo de los contrabandistas que traicionará su confianza en pos de su propio beneficio.

Junto a lo ya apuntado, otro sugerente atractivo que arroja el film es el relato costumbrista que Brescia realiza de los bajos fondos napolitanos. Con un estilo semi-documental basado en el rodaje a pie de calle, en cierto modo deudor del neorrealismo italiano, el director de Los amores de Don Juan – quien junto a Garko y al actor infantil Marco Girondino protagoniza un simpático momento metalingüístico en referencia a su anterior Lo scugnizzo (1979) -, ilustra tanto la vida en estos suburbios como las reglas sociales por las que se regían sus habitantes. Como ejemplo, nada mejor que la primera aparición del personaje de Jeff Blynn, en la que queda patente el patriarcado que se daba en esta sociedad. Mientras que sus hijos y su mujer embarazada venden cajetillas de tabaco en la calle, él se encuentra cómodamente en casa descansando. Cuando poco después una visita llegue a su hogar, ordenará a su mujer que le haga café, reprendiéndola por no haberle preparado aún la ropa, para terminar su locución con la coletilla “¿Es qué tengo que hacerlo yo todo?”.

Momento del cameo de Alfonso Brescia

Momento del cameo de Alfonso Brescia.

Por desgracia, no toda la realización de Brescia se ofrece tan inspirada como en estos momentos puntuales. Buena muestra de ello es tanto la caótica narración de la que hace gala, con personajes que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecen en la historia sin que medie mayor explicación, como el paupérrimo acabado formal que luce el producto, fruto del abuso de planos cámara en mano y reciclaje de stock al que es sometido. Lógicamente, todo ello acaba por afectar a la valoración final del film. Y es que, si bien no deja de poseer un relativo interés por los motivos ya señalados, I contrabbandieri di Santa Lucia se acaba por antojar como un film de lo más insignificante desde un punto de vista cinematográfico.

José Luis Salvador Estébenez

(1) http://www.chiamaroma.it/forum/index.php?showtopic=9441

(2) http://www.offscreen.com/biblio/pages/essays/naples_style/

Published in: on septiembre 24, 2009 at 11:19 am  Comments (3)  
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Morte sospetta di una minorenne [tv/dvd: Extraña muerte de una menor; vd: Sospechosa muerte de una menor]

Título original: Morte sospetta di una minorenne

Año: 1975 (Italia)

Director: Sergio Martino

Productor: Luciano Martino

Guionistas: Ernesto Gastaldi, Sergio Martino

Fotografía: Giancarlo Ferrando

Música: Luciano Michelini

Intérpretes: Claudio Cassinelli (Paolo Germi), Mel Ferrer (Jefe de policía), Lia Tanzi (Carmela), Gianfranco Barra (Teti), Patrizia Castaldi (Marisa), Adolfo Caruso (Giannino), Jenny Tamburi (Gloria), Massimo Girotti (Gaudenzio Pesce), Carlo Alighiero (Jefe del S.M.C.D.), Franco Alpestre (Menga), Fiammetta Baralla (Dueña de hostal), Barbara Magnolfi (Floriana), Gino Pernice (Asesino parque de atracciones), Aldo Massasso (Procurador Listri), Roberto Posse (Asesino con gafas de sol), Carlotta Wittig (Directora del S.M.C.D.), Franco Diogene (Abogado), Dino Emanuelli (Periodista), Bruno Alias (Cámara), Dante Fioretti (Padre de Floriana), Anita Laurenzi (Madre de Gloria), Enrico Palombini, Ettore Arena, Maurizio Mattioli (Proxenetas), Franca Scagnetti (Madre de Giannino), Alexandra Vazzoler (Prostituta), Gennarino Pappagalli (Amigo de Pesce)…

Sinopsis: La ciudad de Milán sufre una ola de crímenes entre los que destaca las numerosas desapariciones de chicas menores. Creyendo poco eficaces los métodos tradicionales de la policía, el comisario Paolo Germi finge ser un carterista, tomando como ayudante al ladronzuelo Giannino. Tras sus primeras pesquisas, Germi llega hasta el ambiguo Sindicato Milanés de Colaboradores Domésticos en donde localiza y mata al bandido Menga…

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Durante la década de los 70, el thriller italiano vivió su particular edad dorada con el apogeo de dos vertientes cinematográficas muy distintas entre si. Por un lado se encontraba el popular giallo, subgénero surgido a mitad de los sesenta y centrado en las sangrientas andanzas de misóginos asesinos sicópatas de misteriosa identidad, en el que primaba antes la fuerza plástica de sus imágenes que la lógica de sus argumentos. Por otra parte estaba el denominado poliziesco – policíaco en italiano -, corriente que, tal y como su nombre indica, se nutría de películas policíacas que, al contrario de lo que venía siendo habitual en el cine de género de aquel país, ni trataban de ocultar su nacionalidad mediante la utilización de seudónimos anglosajones por parte de sus actores y técnicos, ni ambientaban sus tramas en países extranjeros, tal vez debido a que uno de los componentes fundamentales de esta serie de títulos, y puede que explicativo del gran éxito que cosecharían en su país originario en comparación con la tibia repercusión de la que gozarían en su momento en el resto del mundo, era la crítica a la convulsa situación social que vivía Italia en aquellas fechas, con una ola de delincuencia y terrorismo como nunca antes se había visto.

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Con este panorama de fondo, Sergio Martino, director que por aquellas fechas ya tenía en su haber varios títulos encuadrados en los dos subgéneros apuntados, proponía en 1975 una combinación de ambos estilos con su película Morte sospetta di una minorenne [tv/dvd: Extraña muerte de una menor; vd: Sospechosa muerte de una menor]. Así, dentro de un argumento propio del poliziesco en el que no falta el habitual discurso de esta clase de cintas, en esta ocasión denunciando la impotencia de la policía para hacer frente dentro de la legalidad a una alta burguesía que campa a sus anchas por encima de la ley[1], Martino da cabida en su puesta en escena a numerosos elementos característicos del giallo, como puede ser parte de su estructura narrativa o, en especial, todo lo relacionado con las distintas muertes que se suceden en su metraje, como bien demuestra la planificación de aquella que desencadena toda la historia, o la apariencia física del encargado de llevar éstas a cabo, un sicario que esconde su rostro bajo unas gafas de sol.

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A este ya de por si heterogéneo cóctel genérico, hay que añadirle la presencia de distintos momentos cómicos a lo largo del metraje; desde algunos tan simpáticos como la recurrente rotura de los vidrios de las lentes del inspector protagonista, hasta otros totalmente fuera de lugar cuyo concurso acaba por perjudicar el resultado final del conjunto, como cierta persecución automovilística que parece sacada del show de Benny Hill. El porqué de la inclusión de estos innecesarios apuntes humorísticos, quizás habría que buscarla en la necesidad de su director por suavizar una sórdida trama en la que se entremezcla prostitución, pedofília, incesto, asesinatos y tráfico de drogas, entre otros detalles escabrosos, cuyo protagonismo, dicho sea de paso, corre por cuenta de dos de los actores fetiches del romano: Claudio Cassinelli, en lo que supuso su primera colaboración con el realizador italiano[2], y el norteamericano Mel Ferrer, quien pese a lo dicho y de figurar en los títulos de crédito como coprotagonista, desempeña un papel que podríamos calificar como de mera colaboración.

Por lo demás, y aunque no llegue a alcanzar el nivel de los giallos más puros de su autor, corriente esta en la que se inscribe lo más florido de su obra, Morte sospetta di una minorenne se antoja como el perfecto vehículo de acercamiento para todo aquel que sienta curiosidad por un género tan poco valorado y conocido en nuestro país como es el poliziesco – más allá de aislados núcleos de irredentos seguidores -, pero que sin embargo posee no pocos títulos de gran valía que esperan pacientes la hora de ser (re)descubiertos por crítica y público.

José Luis Salvador Estébenez

[1] No acaba aquí la cosa, ya que Martino también contrapone los dos grandes tipos de delincuencia: la de los pequeños rateros, encarnada por el personaje de Giannino, un joven de un barrio marginal que sobrevive dando tirones a bolsos, probablemente por que nunca se le enseñó otro modo (su padre está en la cárcel), tal y como demuestra la transformación que experimentara a raíz de su encuentro con nuestro protagonista hasta que sea asesinado; y por otro, la de los ladrones de corbata, la cual es representada por el villano del film, un honorable y respetado hombre de negocios, bajo cuya apariencia anida un despreciable ser sin escrúpulos, ni para sus ambiciones lucrativas, ni para sus más bajos instintos.

[2] Dicha unión profesional se alargaría por cinco títulos más, hasta que Cassinelli falleciera accidentalmente durante el rodaje de Destroyer, brazo de acero (Vendetta dal futuro, 1986), también dirigida por el propio Martino.

Published in: on diciembre 3, 2008 at 12:21 pm  Comments (4)  
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