El Festival de Sitges 2018 conmemorará el cuarenta aniversario de “La noche de Halloween”

La 51ª edición de Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya añade dos nuevos focos temáticos que complementarán al ya anunciado leitmotiv del certamen en torno al 50º aniversario de la mítica 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, y del fantástico surgido en 1968, como la fundamental La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero. El Festival conmemorará el estreno en 1978 de La noche de Halloween, la popular película de John Carpenter que canalizó las influencias del psycho-killer, el giallo y los serial killers más aterradores creando un subgénero conocido como slasher.

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El slasher –que dominó el cine de terror desde finales de los años 70 y durante toda la década de los 80–estableció unas reglas y certificó el protagonismo activo y pasivo de los adolescentes en el género, mitificando personajes como Michael Myers o Jason Vorhees a través de una serie de productos de bajo presupuesto y gran rendimiento comercial tanto en las grandes pantallas como en el incipiente negocio del alquiler de películas en VHS. Muchas de aquellas películas, en su momento poco o nada apreciadas por la crítica, se han ido convirtiendo en títulos de culto cuya revisión se produjo gracias al éxito de la saga Scream, creada por Wes Craven y que, a su vez, generó una nueva ola de slashers que, en muchos casos, fueron remakes o secuelas de los grandes éxitos de los ochenta. Sitges recuperará en una retrospectiva algunos de los mejores títulos de este subgénero, así como investigará en sus orígenes y legado.

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Por otra parte, el bicentenario de la publicación de Frankenstein también será recogido por Sitges en una retrospectiva que destacará la naturaleza femenina del mito, destacando no solo el hecho de ser la primera gran novela de ciencia-ficción y horror escrita por una mujer (Mary W. Shelley) sino también la importancia de la figura femenina en muchas de sus adaptaciones como La novia de Frankenstein, de James Whale o Frankenstein creó la mujer, de Terence Fisher.

Más información: http://sitgesfilmfestival.com/

Published in: on marzo 12, 2018 at 6:39 am  Dejar un comentario  
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Chikara

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Título original: The Shadow of Chikara (a.k.a: The Ballad Of Virgil Cane, The Curse Of Demon Mountain, Demon Mountain, Shadow Mountain, Thunder Mountain, Wishbone Cutter)

Año: 1977 (Estados Unidos)

Director: Earle E. Smith

Productores: Earl E. Smith, Steve Lyons

Guionista: Earle E. Smith

Música: Jaime Mendoza-Nava

Intérpretes: Joe Don Baker (Wishbone Cutter), Sondra Locke (Drusilla Wilcox), Ted Neeley (Amos Richmond – Teach), Joy N. Houck Jr. (Half Moon O’Brian) Dennis Fimple (Posey), John Davis Chandler, (Rafe), Grady Wyatt (Dancer), Linda Dano (Rosalie Cutter), Slim Pickens (Virgil Cane)…

Sinópsis: Un ex -capitán del ejército de la Confederación se adentra en compañía de su antiguo segundo, de origen indio, y un joven geólogo, en una inexplorada zona de montaña donde se cuenta existe una montaña con vetas de piedras preciosas. Por el camino recogen a una joven, en apariencia superviviente de una masacre india.

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Un grupo de andrajosos soldados confederados regresa a casa. Acaban de perder la última batalla de la guerra, pero todavía les va a tocar perder un poco más. En la banda sonora comienza a oírse el himno de “The Band”, The Night They Drove Old Dixie Dow.

“Like my father before me, I will work the land

Like my brother above me, who took a rebel stand”

Es la estética de la derrota del Sur, parte esencial del folklore americano, parte fundamental del gótico sureño. Chikara comienza en el dirty western, en la corriente principal que para el género creó el contexto sociopolítico y formal de la década de los 70. Lo interpreta desde formas modestas, toscas y de funcionalidad televisiva. Pero válidas. Joe Don Baker pone su físico robusto y mirada maliciosa, amenazante, mientras Slim Pickens hace una intervención que bien puede considerarse ritual como viejo sargento que lleva el nombre del protagonista de la canción de “The Band”. Baker andaba todavía  exprimiendo un estrellato a pequeña escala, convertido durante unos años en icono de un cine crudo y violento dirigido a una parte específica del público norteamericano. Películas de Serie B, por economía y espíritu, que transitaban el western en su versión contemporánea, el policial garrulo o las aventuras. Chikara es una de las más excéntricas, sino la más, al mezclar esto último como el mismo western, el fantástico y hasta el slasher en una historia centrada en aspectos de la mitología india, algo que el cine norteamericano no ha explorado demasiado.

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La película es la única que llegó a dirigir Earle E. Smith, pero sus elementos distintivos, sus intereses particulares, ya están en sus trabajos como guionistas para Charles B. Price, cultivador del cine independiente de género en los 70. Junto a Pierce había explorado las posibilidades del folklore norteamericano en distintas formas. Desde el falso documental sobre una criatura mítica de The Legend of Boogey Creek (1972) hasta el slasher rural de The Town That Dreaded Sundown [vd/dvd/bd: Pánico al anochecer, 1976], pasando por el cine de contrabandistas y hillbillys que tuvo su momento en la época con Bootlegers o dos westerns juveniles como El halcón de invierno (Winterhawk, 1976) y The Winds of Autumn, la primera trabajando también sobre la herencia y las historias indias que interesan tanto a Smith como a Pierce. Y todas ellas situadas, localistas y cercanas, en Arkansas.

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A la derrota integral sigue el paso coherente: la búsqueda quimérica, la fuga absurda de la realidad que no puede ya asumirse. Sin nada más que perder, solo queda el sueño imposible, aquí en la forma de una montaña mítica y los diamantes que esconde. El viaje es hacia antiguo territorio indio, en el corazón de Arkansas, es decir: el rechazo/abandono de una civilización que ya no se reconoce como propia, en la cual ya no puede (o merece) vivirse, sustituida por el aventurarse hacia lo salvaje/atávico.

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Chikara no deja de ser en cierto modo una variación de bajo presupuesto de aquella El oro de Mackenna (Mackenna’s Gold) que J. Lee Thompson había dirigido en 1969. Más atrás, incluso, sigue usando el modelo de El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, 1948), pero llevando su temática hacia la inmersión en lo misterioso e inexplicable. Así, el dispar grupo de desperados reunido en torno a la esperanza de una riqueza espontánea encuentran un enemigo esotérico, fuera de sus propias miserias y ambiciones; o tal vez una manifestación mágica de las mismas. A su vez, y vista desde hoy, puede encontrarse en ella un armazón para piezas weird western recientes como The Burrowers dirigida por J.T. Petty en 2008 o la excelente Bone Tomahawk (Bone Tomahawk, 2015), primera película del novelista S. Craig Zahler.

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Tal vez por defecto, por la limitación de medios/capacidades, Smith logra en esa estética adusta un vigoroso contraste entre la textura naturalista de bosques, ríos y cañadas y lo fantasmagórico del enemigo exterior del grupo. Algo compartido, por ejemplo, con la misma Bone Tomahawk, una película ejemplar a la hora de explotar las propias limitaciones. Lo misterioso, lo fantástico, no se diferencia de lo mundano entonces. Su presencia es tan real como el frío o la humedad. Es de nuevo un intérprete, Sondra Locke, quien por ella mismo transmite cierta cualidad ultraterrena. Con sus grandes ojos y su físico de cierva desvalida introduce una fragilidad fuera de contexto en la rudeza de la película, es un elemento inestable y ambiguo.

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Smith utiliza esto con inteligencia, remitiendo por igual a su arquetipo de El fuera de la Ley (The Outlaw Josey Wales, 1976) para/junto a Clint Eastwood, con el que establece una dinámica física equivalente a la que aquí puede establecer con Joe Don Baker como recordando las posibilidades perturbadoras de la actriz en otros escenarios, caso del extraño psychothriller Un reflejo de miedo (A Reflection of Fear), que dirigiese en el 72 el excelente operador de fotografía William A. Fraker. Años después, tal vez producto de una buena relación aquí establecida, Earle E. Smith participará en el guión de Impacto súbito (Sudden Impact, 1983), la única entrega de la serie “Harry el Sucio” dirigida por Clint Eastwood. Una en la cual este es un secundario al servicio de una tenebrosa historia de venganza protagonizada por el lado ambivalente de Sondra Locke.

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A través de este personaje, además, vertebra el elemento cíclico del relato, que hace pensar en La dimensión desconocida o en Ambrose Bierce con su sombra de ironía maliciosa y devuelve a la película a su condición esencial de relato, de historia legendaria/folklórika. Revelado, el personaje de Sondra Locke en el físico de la actriz tiene un aire feérico, de peligrosa hada de los bosques, de espíritu que atrae y extravía al viajero, al que no pertenece al lugar ni debe de estar allí.

Adrián Esbilla

Colegialas violadas

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Título original: Die Säge des Todes / Colegialas violadas

Año: 1981 (Alemania, España)

Director: Jesús Franco

Productores: Wolf C. Hartwig, Otto Retzer

Guionista: Erich Tomek [acreditado como Rayo Casablanca]

Fotografía: Juan Soler

Música: Gerard Heinz (canción “Love in the Shadow” compuesta por Frank Duval)

Intérpretes: Olivia Pascal (Angela), Alexander Waechter (Miguel), Jasmin Losensky (Inga), Corinna Drews (Laura), Ann-Beate Engelke (Eva), Jesús Franco (Domingo), Christoph Moosbrugger (Álvaro), Nadja Gerganoff (Manuela), Peter Exacoustos         (Antonio), María Rubio (Condesa María González), Antonia García (Elvira), Beatriz Sancho Nieto (Rita), Otto Retzer (Bueno)…

Sinopsis: Unos asesinatos en una academia de idiomas coinciden con el momento en el que Miguel sale del psiquiátrico en el que estuvo recluido debido a unos terribles crímenes ocurridos años atrás, y con la llegada al campus de un grupo de alumnas de nacionalidad alemana.

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Si algo ha caracterizado a Jesús Franco a lo largo de toda su trayectoria, al margen de sus cuestionadas estratagemas para rodar varias películas con el presupuesto de una sola, fue la variedad. Y es que pocos son los realizadores que han abordado tantos géneros (y subgéneros) diferentes en una única filmografía; pero el director madrileño se atrevió con todo o casi todo: comedias, dramas, musicales, pornografía, cine de espías, filmes de aventuras de carácter infantil, cintas encuadradas en la moda bruceploitation… Lo importante era rodar y seguir activo, algo que demostró hasta sus últimos días filmando diferentes películas de bajísimo presupuesto. En una ocasión mencionó “solo hay dos cosas a las que siempre me negué: la llamada comedia del destape y los westerns, esto último porque amo demasiado a Howard Hawks y a John Ford”1.

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Dicho esto, y siendo Franco un cineasta acostumbrado al cine de terror -son mayoría los que afirman que sus mejores obras son aquellas adscritas al horror y al fantastique-, no debe extrañarle a nadie que en plena moda del cine slasher promulgada por nombres como los de John Carpenter o Sean S. Cunningham, el director de 99 Mujeres (1969) aportara su granito de arena a tan popular e importante vertiente con el filme que aquí nos ocupa, Colegialas violadas. Pero la idea de incursionar en dicho universo no fue suya, si no de la productora Lisa Films, quienes tras ver el éxito que originó Viernes 13 (Friday the 13th, ,1980) no dudó en activar la realización de un proyecto en cierta manera parecido, pero lejos en realidad de ser un calco claro -como si lo fue La quema (The Burning, 1981) de Tony Maylam, por ejemplo-. Así, la acción de la película sucede en España, concretamente en una academia de idiomas situada en un complejo hotelero de la Costa del Sol; los personajes protagonistas son, por un lado, un grupo de estudiantes alemanas y, por otro, la familia dueña del emplazamiento con dilemas por culpa de los papeles de propiedad de las instalaciones. Bellas mujeres, hombres con la cara desfigurada y jardineros perturbados son sólo algunos de los arquetipos que podemos ver a lo largo del metraje, en una trama llena de armas blancas y planos subjetivos y que, resumiendo, no es otra cosa que un whodunit ultragore realizado por encargo por Franco. Una misión que, según el propio director2, trató de ejecutar de la manera más divertida posible, alejándose del drama y apostando por un aire festivo que invite a la jarana y al entretenimiento puro y duro. Decir, además, que cuando Franco recibió el proyecto trató de aportar algunas ideas al guion, pero según parece todas sus propuestas fueron replicadas con una negativa. Aun así siguió adelante con los planes de los productores, rodando la película en unas pocas semanas y estrenándola a principios de 1981 con relativo éxito.

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Convertida con los años en un título de culto, incluso venerado por ciertos circuitos que no dudan en catalogarlo como uno de los más destacados trabajos de su realizador, Colegiales violadas es, en cierta manera, un filme disfrutable. Y es que, aunque el despropósito se manifieste a menudo -se aprecian saltos de ejes, la mayoría de los diálogos son un disparate y algunas circunstancias son absolutamente delirantes, incluyendo un torpe y risible homenaje a Psicosis (Psycho, 1960) en un momento determinado-, y lejos de poder calificarla como una buena película, sí podemos asegurar que Die Säge des todes (así se tituló originalmente, cuya traducción literal vendría a ser “La sierra de la muerte” 3) al menos está dotada de buen ritmo (atributo loable, tal y como saben los cinéfilos más franquianos), tiene una resolución en cierto modo sorprendente y, sobre todo, unos pasajes sangrientos que, por puro delirio merecen ser vistos, y más viniendo de un cineasta que aborrecía el espectáculo sanguinolento: “creo que es mejor ver a dos personas follando que destrozándose, porque una cosa da origen a la vida y la otra a la muerte”, decía Franco4. También podemos distinguir algunas escenas ciertamente bien desarrolladas, siendo la mejor, a mi juicio, aquella en la que una mujer está tumbada en su cama leyendo una novela de misterio al tiempo que el asesino estrella entra en la casa, recreándose así, en paralelo, los textos leídos por la muchacha; Franco conjuga aquí bien todos los elementos creando una magnífica atmósfera enigmática que llega a recordar a los mejores momentos de los filmes creados por el director en la década de los sesenta. Lástima, como decimos, que tal brillantez sea efímera y pronto el realizador regrese al desastre y a las malas formas, consecuentes tal vez de la búsqueda de esa algarabía rastreada por el director. Buscada y sin duda encontrada, para bien y para mal. Y por extraño que parezca, Colegialas violadas funciona como un mero pasatiempo, un ejercicio de distracción que en el fondo logra su propósito.

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Como curiosidad, mencionar que en la ficha técnica de la película nos topamos con dos nombres imprescindibles en la filmografía de Franco. Por un lado, en el equipo de producción se encontraba Antonio Mayans, esta vez sin aparecer frente a la cámara, pero sí gestionando diferentes asuntos concernientes al rodaje; de igual modo, la musa Lina Romay trabajó en el filme pero sin desempeñar un papel, colaborando con el equipo de ayudantes de dirección. “Siempre procuro trabajar con el mismo equipo porque así les tengo que explicar menos cosas”, le declaró Franco a Augusto M. Torres en una entrevista5. Siguiendo con aquellos que obraron en la cinta, podemos mencionar una anécdota  referida al apartado musical y es que cuando a Franco le ofrecieron encargarse del filme, los productores le prometieron que en la banda sonora contaría nada menos que con los británicos Pink Floyd. “Todo fueron mentiras…Pink Floyd nunca apareció, en cambió contamos con un músico austriaco que era más o menos bueno ¡pero evidentemente no era Pink Floyd, ya que en ese momento Pink Floyd eran los reyes!”6

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En la misma década de Colegialas violadas hubo otros acercamientos nacionales al subgénero slasher, como es el caso de la fallida Atrapados en el miedo (1985) de Carlos Aured -curiosamente producida por Karl Heinz Mannchen, hombre que estuvo detrás de multitud de títulos de la filmografía de Franco, Necronomicon [1969] o El muerto hace las maletas [1972], por ejemplo), aunque sin duda fue Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón la mejor aportación patria a la corriente. Acabado el periodo de los ochenta, el movimiento casi desapareció de las carteleras hasta su resurgimiento y, por lo tanto, renacimiento mundial a mediados de los noventa  gracias principalmente a Wes Craven y su excelente Scream: vigila quién llama (Scream, 1996); así, España aportó nuevos largometrajes, entre otros Tuno negro (2001), School Killer (2001) o Más de mil cámaras velan por tu seguridad (2003), ninguno de ellos, por cierto, poseedor de la gracia y encanto de Colegialas violadas. Por su parte, Franco no regresaría jamás a la fórmula del slasher, al menos de manera tan nítida, pero si volvió a trabajar con los mismos productores alemanes poco después en películas como Orgía de ninfómanas (Linda, 1981), un filme posiblemente más representativo en el conjunto de la obra del director encuadrada en el decenio de los ochenta.

Javier Pueyo

1 Declaración extraída de la entrevista realizada a Franco por Javier Bustos para el portal Factory Vips (www.factorymag.es); publicada el 5 de abril de 2009.

2 Ver la entrevista confeccionada por David Gregory aparecida en los extras de la edición en DVD de la película, publicada por Severin Films en 2008.

3 Tal vez el título más conocido del filme sea el inglés Bloody Moon, pero el más llamativo probablemente fuese el que tuvo en Italia, Profonde tenebre, en un intento de conectar la película con la moda del cine giallo de Argento y compañía. Aclarar, además, que Jesús Franco nunca estuvo contento con el título español, ya que, al contrario de lo que pueda parecer, a lo largo de la trama no hay ninguna violación, tratándose pues de una ridícula artimaña de los distribuidores nacionales.

4 Declaración extraída de la entrevista realizada por Juan Cruz para el reportaje “Jesús Franco: el cineasta feliz”, aparecido en El País Semanal en el verano del año 2000.

5 Página 20 del libro “Cineastas insólitos: conversaciones con directores productores y guionistas españoles”; escrito por Augusto M. Torres, editado por Nuer Ediciones en el año 2000.

6 Op. cit. 2

El día de los inocentes

Título original: Slaughter High

Año: 1986 (Gran Bretaña, Estados Unidos)

Directores: George Dugdale, Mark Ezra, Peter Mackenzie Litten

Productores: Stephen Minasian, Dick Randall

Guionistas: George Dugdale, Mark Ezra, Peter Mackenzie Litten

Música: Harry Manfredini

Intérpretes: Caroline Munro (Carol), Simon Scuddamore (Marty), Carmine Iannaccone (Skip), Donna Yeager (Stella), Gary Martin (Joe), Billy Hartman (Frank), Dick Randall (Manny)…

Sinopsis: Marty, un muchacho de extraño carácter, tiene una cita con la chica más guapa del colegio. Sin embargo, después de haberse quitado su ropa, Marty se encuentra cara a cara no sólo con Carol, si no con todos los compañeros del instituto que se están riendo del éxito de su broma y que se burlan despiadadamente de él. Años más tarde ocho de estos compañeros son invitados a su viejo instituto con el propósito de asistir a una reunión de antiguos alumnos. Allí Marty se cobrará al fin su venganza.

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Se podría decir sin temor a equivocarnos que de un tiempo a esta parte la realidad que vivimos se ha convertido en una especie de versión cutre y absurda de la de Desafío total, en la cual los recuerdos implantados parecen ser la norma y, más específicamente, los relacionados con los años 80. Y es que pareciera que todos los que nacimos y crecimos durante esa década tuviéramos que compartir forzosamente las mismas experiencias, dentro de una especie de memoria colectiva, impostada y artificial, empeñada además en anular todo recuerdo individual que se salga mínimamente de la norma. Es decir, que si tienes entre treinta y cuarenta años resultará prácticamente obligatorio haber visto ciertas pelis y series de televisión, haber coleccionado determinados cromos, así como haber escuchado ciertas canciones. Sin embargo, es reconfortante saber que aún queda espacio para la memoria personal, privada e intransferible, aquella en la que tienen cabida todos esos recuerdos de nuestra infancia relacionados con la cultura popular que, de momento y afortunadamente, no han sido ni serán etiquetados, comercializados y/o banalizados en ningún volumen de fenómenos editoriales de la ralea de Yo fui a EGB y derivados.

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Una de las muchas consecuencias negativas de esta simplificación de la memoria de toda una generación es la errónea suposición de que en aquella época los niños consumíamos estrictamente material infantil y/o juvenil, cuando la realidad es que gracias a la televisión, al VHS o al video comunitario teníamos mucha más libertad de acceso a imágenes perturbadoras, sexuales y/o violentas de lo que hoy en día se pudiera suponer. En retrospectiva, si algún valor tiene un formato tan sobrevalorado como el del video doméstico es por su condición de inmejorable generador de recuerdos singulares e individuales (algunos traumáticos, la mayoría placenteros) que, como apuntábamos antes, pretenden ser erradicados por la salvaje estandarización a todos los niveles de la década de los 80.

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En lo que a experiencias traumáticas de la infancia se refiere ninguna supera a la que viví, con 8 o 9 años, cuando me tocó quedarme unas horas en casa de un familiar. Éste había decidido pasar la tarde visionando El día de los inocentes, la cual había alquilado el día anterior y, aunque pudiera pensarse lo contrario, mi eventual presencia allí, así como mis súplicas de que por favor viéramos otra cosa, no lograron hacerle desistir en su empeño. El caso es que este tardío slasher británico podría haber pillado con el pie cambiado hasta al más curtido de los cinéfagos. Y es que, y a pesar del inquietante tema carnavalesco compuesto por Harry Manfredini (Viernes 13), la película comienza como una más de las comedias sexuales adolescentes que se manufacturaban por docenas a mediados de la década.

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Producida por Dick Randall y Stephen Minasian, artífices asimismo de la también inglesa No abrir hasta Navidad y de la divertidísima Mil gritos tiene la noche, El día de los inocentes se diferencia de las anteriores principalmente en el hecho de que su humor es totalmente consciente y voluntario, el cual sirve además de perfecto contrapunto con respecto al especial ensañamiento y brutalidad con el que están planteadas las escenas de muertes. Aquí el contraste es la clave: cuando aún tenemos la sonrisilla dibujada en los labios pensando en lo cabritos que son los compañeros de Marty, éste recibe en pleno rostro un chorro de ácido nítrico para, a continuación, ser quemado vivo por culpa de una broma que ha sido llevada demasiado lejos.

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En este sentido, ejemplos de extrema crueldad no faltan en El día de los inocentes. Así, a lo largo de su metraje podemos asistir a lindezas tales como evisceraciones, abrasamientos, descuartizamientos, ahorcamientos, crucifixiones y electrocuciones, todas ellas presentadas por el trio de directores de la manera más tosca y cazurra posible. Rodada en plena decadencia del subgénero, la película revela además una consciente voluntad posmodernista en la presencia de pequeños y gozosos detalles para el fan como pudieran ser la referencia a La noche de Halloween que hace unos de los personajes, o la máscara de hockey que, en un momento dado, se pone otro para gastarle un bromazo a sus compañeros. Y es que, a diferencia de No abrir hasta navidad o Mil gritos tiene la noche (de la cual, por cierto, se muestra un póster), aquí no tenemos detrás de las cámaras a un cincuentón oportunista que, con más oficio que talento, intenta aprovecharse del boom de los films de pycho-killers enmascarados. Por el contrario, en El día de los inocentes encontramos en todo momento una autoconsciencia y un respeto hacia el género del que los otros títulos adolecen. De igual manera, el film de los debutantes Dugdale, Litten y Ezra también triunfa sin paliativos en su intento de llevar un paso más allá al slasher en lo que a explicitud gráfica se refiere.

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Siguiendo esta pauta se alcanza en ocasiones unos niveles de humor negro y salvajismo tales que, de alguna manera, podríamos emparentar sin mayor problema su peculiar concepto de la violencia con la obra de los primerizos Sam Raimi, Peter Jackson o Stuart Gordon. Para ser más concretos, esta particularidad se hace evidente sobre todo en el enfoque casi de cartoon con el que se desarrollan escenas como la de la pareja que muere electrocutada en plena cópula.

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Sin embargo, y a pesar de la brutalidad de determinadas escenas, lo que más perturba en primera instancia de El día de los inocentes, o, al menos, lo que más me chocó hace casi treinta años en aquel primer visionado, es la forma insensible y despiadada en la que se portan sus protagonistas, lo que acarrea que resulte casi imposible hallar algún personaje por el que sintamos un mínimo de empatía. Mucho menos en el caso de Marty, el cual, y aunque esté cargado de razones para actuar de la forma en que actúa, su forma de comportarse en el prólogo es demasiado retarded como para llegar a merecer en momento alguno nuestro apoyo durante el resto del metraje. A fin de cuentas, en este film todo el mundo recibe lo que merece: uno por ser extremadamente imbécil; los otros por canallas.

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Dentro de un plantel de desconocidos actores americanos destaca como el rostro más conocido el de la británica Caroline Munro, aunque su protagonismo a lo largo de la cinta, y excepto en el último tramo, sea más bien discreto. Compaginando su labor como actriz con la presentación de la versión inglesa de nuestro Un, dos, tres la escueta filmografía de la protagonista de Star Crash durante la primera mitad de los 80 está formada principalmente por un terceto de películas (Maniac, Fanático, de nuevo con Joe Spinell, así como la antes mencionada No abrir hasta Navidad) que, además de encasillarla en el género hasta prácticamente nuestros días, evidenciaron asimismo su nula versatilidad como actriz. Así las cosas, tanto en las tres películas citadas como en El día de los inocentes la Munro se interpreta básicamente a sí misma: una modelo/cantante/actriz que, ya sea casualidad o no, se muestra en todos estos títulos como una diva caprichosa, de pocas luces y excesivamente vanidosa.

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Me permito hacer un paréntesis para señalar el curioso vínculo de la protagonista de El viaje fantástico de Simbad con el cine de terror patrio, así como con algunos de sus máximos exponentes. Así, además de colaborar con los mismos productores de Piquer Simón y de presentar la translación británica del mítico concurso ideado por Ibáñez Serrador, tras el rodaje de El día de los inocentes la Munro se puso a las órdenes de Paul Naschy en El aullido del diablo) y de Jesús Franco en Los depredadores de la noche; además, una de sus últimas intervenciones en la gran pantalla ha sido, precisamente, en Vampyres, el remake de Las hijas de Drácula de José Ramón Larraz. Es una lástima que no llegara a colaborar con Amando de Ossorio (en cuya obra se inspiró José Luis Salvador Estébenez para bautizar este blog que ahora cumple diez años): la relación de la intérprete británica con el fantaterror hubiera sido entonces completa.

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Justamente la condición de actriz de Munro en El día de los inocentes propicia que encontremos ciertas similitudes entre el argumento y su vida real. De este modo, el representante de Carol (no por casualidad interpretado por el propio Dick Randall, en la arquetípica caricatura del empresario grasiento y fumador de puros), le urge que acepte rodar un guión que incluye una escena de desnudo, a lo cual ella se niega. Curiosamente la propia Munro, reluctante desde siempre a desnudarse en pantalla, había rechazado anteriormente la proposición del propio Randall de interpretar una escena de ducha, la cual finalmente accedió a realizar pero completamente vestida (¡¿?!).

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Sin ser tampoco una maravilla, y contando con ciertos problemas de ritmo en su tramo final, El día de los inocentes se revela vista hoy como un slasher  de cocción algo lenta pero constante y, de este modo, mucho más entretenido e imaginativo que la mayoría de las pelis de la época con las que comparte género. Por si esto fuera poco, cuenta además con uno de los finales más escalofriantes y potentes del cine de la época: Marty, con cara de enajenado y travestido de enfermera, mira directamente a cámara mientras se arranca un jirón de carne quemada de la cara, mientras de fondo suena la estridente música de Manfredini como acompañamiento.

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Sin duda, este es el material del que están hechas las pesadillas infantiles: al menos, las mías.

José Manuel Romero Moreno

“Los olvidados” estrena trailer en el Festival de Cannes

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El trailer de Los olvidados (What the Waters Left Behind), dirigida por los hermanos argentinos Luciano y Nicolás Onetti, tuvo su estreno mundial dentro de las Galas Blood Window en el Marché du Film del Festival de Cannes, el showcase de talentos Iberoamericanos especializados en cine de género fantástico, que se celebró del 19 al 22 de Mayo.

Cabe recordar que Los olvidados resultó ganadora del Primer Concurso de Cine de Género Fantástico organizado por el INCAA. La película cuenta con la particularidad de haberse rodado por completo en las ruinas de Epecuén, en la provincia de Buenos Aires. Epecuén era una de las villas turísticas más importantes de la Argentina debido a las propiedades curativas de sus aguas termales. El 10 de noviembre de 1985 un enorme caudal de agua rompió el terraplén que protegía la ciudad, quedando sumergida bajo diez metros de agua salada. Epecuén desapareció. Treinta años después el agua se retiró y las ruinas emergieron dejando expuesto un paisaje desolador. Los pobladores nunca regresaron.

En la ficción ideada por los hermanos Onetti, un grupo de jóvenes parte a las ruinas de Epecuén a filmar un documental sobre los fatídicos acontecimientos que borraron del mapa a esa localidad bonaerense en los años ochenta. Pero se cruzarán con una serie de terribles personajes que les demostrarán que hay cosas peores que la muerte. Sobre esta base, los hermanos Onetti dejan la influencia del terror italiano de los setenta de sus anteriores trabajos para embeberse del slasher más clásico de carretera, en la línea de La matanza de Texas o Las colinas tienen ojos.

Más información en los canales oficiales del film en Facebook (https://www.facebook.com/Los-Olvidados-What-the-Waters-Left-Behind-546582725552452/?fref=ts) e Instagram (https://www.instagram.com/what_the_waters_left_behind/)

Published in: on mayo 30, 2017 at 6:03 am  Dejar un comentario  

Lanzamientos de “Vial of Delicatessens” para abril

Fiel a lo que se está convirtiendo en una cita mensual, “Vial of Delicatessens” anuncia el lanzamiento para el próximo miércoles 19 de dos nuevas entregas de su colección “Cinema Bis” que distribuye Cameo. Se trata de las setenteras No miréis en el sótano y Asesino sangriento que saldrán a la venta a un P.V.P. recomendado de 11,95 €.

NO MIREIS EN EL SOTANO FRONTAL

Catalogado por “All Movie Guides” como un título básico del terror de los 70, No miréis en el sótano explora el lado más oscuro de la naturaleza humana por medio de un macabro cuento ambientado en el sanatorio Stephens, un hospital para enfermos mentales. Los métodos experimentales del Dr. Stephens permiten a los enfermos dar rienda suelta a sus filias y obsesiones, hasta que un hachazo fatal marca el inicio del fin. La joven enfermera Charlotte, recién llegada al hospital, sufrirá las consecuencias. Inédita en salas españolas, y editada únicamente en vídeo en una copia amputada, “Vial of Delicatessens” rescata la versión íntegra de este título de culto de la era de los grindhouse, definida como un cruce entre Alguien voló sobre el nido del cuco y La noche de los muertos vivientes por el “Slaughterhouse Magazine”. Lo hace ofreciendo la película en su versión original subtitulada en castellano, imagen en 1.78:1 con mejora anamórfica y varios contenidos extras, entre los que se encuentra el corto Mental Hospital de Layton Mabrey.

ASESINO SANGRIENTO FRONTAL

Por su parte, Asesino sangriento ha sido considerada como una relectura a lo bestia de Psicosis, mientras que su argumento se anticipa al de La noche de Halloween, marcando un sangriento hito en el cine de terror de los 70. El pequeño Matthew, un niño introvertido, asesina sin más explicaciones a su padre pasándole por encima con un tractor, por lo que acaba siendo recluido en un sanatorio. Años más tarde es dado de alta y vuelve a reencontrarse con su madre. Pero al ver que ella ha rehecho su vida con otro hombre, inicia un recorrido de sangrientos y crueles crímenes. Según el crítico Dick Birdie, se trata de uno de los mejores pre-Slashers de los setenta y el mejor título del excéntrico director Marc B. Ray, quien además, contó con los servicios actorales de Angus Scrimm, el mítico “hombre alto” de Phantasma, para uno de los papeles de esta pieza de culto que, pese a gozar de un merecido culto en el extranjero, nunca llegó a nuestro país, ni a salas comerciales, ni a formatos domésticos. Un vacío que remedia la presente edición, en la que se incluye la película con imagen en 1.78:1 anamórfica, audio en versión original con subtítulos al castellano, y un apartado de material extra en el que se encuentran los cortometrajes Salud mental y Del cementerio al lado de aquella casa.

Más información y pedidos en: http://vialofdelicatessens.blogspot.com.es/

Published in: on abril 16, 2017 at 5:59 pm  Dejar un comentario  

Finaliza el rodaje de “Los olvidados”, la nueva película de los hermanos Onetti

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Tras las sendas cartas de amor al giallo italiano que supusieron sus previas Sonno Profondo (2013) y Francesca (2015), los hermanos Luciano y Nicolás Onetti acaban de concluir el rodaje de Los olvidados (What the Waters Left Behind), “una de las más ambiciosas propuestas del cine de terror argentino”, en palabras de sus responsables, que ahora encara su etapa de post-producción. El proyecto resultó ganador del Primer Concurso de Cine de Género Fantástico organizado por el INCAA.

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En esta ocasión, los hermanos Onetti dejan la influencia del terror italiano de los setentas que caracterizara a sus anteriores trabajos para embeberse del slasher más clásico de carretera, en la línea de La matanza de Texas y Las colinas tienen ojos. En su historia, un grupo de jóvenes parte a las ruinas de Epecuén a filmar un documental sobre los fatídicos acontecimientos que borraron del mapa a esa localidad en los años ochenta. Pero en su camino se cruzarán con una serie de terribles personajes que les demostrarán que hay cosas peores que la muerte.

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Epecuén era una de las villas turísticas más importantes de la Argentina debido a las propiedades curativas de sus aguas termales. El 10 de noviembre de 1985 un enorme caudal de agua rompió el terraplén que protegía la ciudad, quedando sumergida bajo diez metros de agua salada. Epecuén desapareció. Treinta años después el agua se retiró y las ruinas emergieron dejando expuesto un paisaje desolador. Los pobladores nunca regresaron.

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Los olvidados es la primera película de género a nivel mundial en ser filmada íntegramente con la tecnología Freefly MOVI, herramienta que viene a ser el futuro del sistema steadycam. En cuanto a su elenco, está encabezado en sus papeles principales por los jóvenes talentos de Agustín Pardella, Victoria Maurette, Victorio D´Alessandro, Paula Brasca, Paula Sartor y Tamara Garzón, acompañados de actores veteranos como Mirta Busnelli, Gustavo Garzón, Chucho Fernández, Germán Baudino, Damián Dreizik y el norteamericano Evan Leed.

Más información: https://www.facebook.com/Los-Olvidados-What-the-Waters-Left-Behind-546582725552452/?fref=ts

Published in: on enero 23, 2017 at 6:57 am  Dejar un comentario  

“Vial of Delicatessens” edita en Dvd los films de culto setenteros “Aquelarre sangriento” y “Carnaval de sangre”

Tras lanzar al mercado hace apenas un par de meses El enterrador y sus colegas, “Vial of Delicatessens” prosigue con su propósito de acercar a los aficionados españoles clásicos ignotos de la serie B y Z terrorífica producida en los Estados Unidos durante las décadas de los 60 y los 70 en las mejores condiciones posibles. Acorde a este propósito, desde mañana 20 de julio estarán disponibles de la mano del sello-fanzine dos nuevos títulos que responden a estas características. Se trata de Aquelarre sangriento (Blood Sabatth, 1972) de Brianne Murphy y Carnaval de sangre (Carnaval of Blood, 1970).

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Título característico del cine de terror comercial de la década de los 70, cuando el culto al diablo en las películas era metáfora de los males de la sociedad americana, Aquelarre sangriento entremezcla terror, brujería satanista y erotismo con el telón de fondo de las heridas abiertas en los Estados Unidos por su participación en la Guerra del Vietnam a través de las andanzas de un excombatiente en el conflicto asiático que a su regreso a casa se ve perseguido por un grupo de mujeres. En su intento de burlar la persecución, cae por un terraplén y pierde el conocimiento. Es despertado por una joven y bella muchacha, de la cual se enamora. Pero lo que ignora es que esa joven es un cuerpo sin alma poseído por una bruja.

CARNAVAL DE SANGRE frontal

Por su parte, Carnaval de sangre está considerada uno de los precursores del slasher norteamericano que tanto furor causara a finales de esa década a raíz del estreno de la insuperable La noche de Halloween (Halloween, 1978) de John Carpenter. Ópera prima como director de Leonard Kirtman, nombre de referencia en el cine sexploitation americano de los años 70 y plagada de sangrientos crímenes misóginos, la película nos traslada hasta el mundialmente famoso parque de atracciones de Coney Island de Nueva York, para descubrir al responsable de los brutales asesinatos que noche tras noche vienen sucediéndose en el lugar y que tienen como víctimas una mujer decapitada, un cadáver sin ojos, y otra al que han arrancado los intestinos. ¿Quién es el asesino? ¿El extraño y sospechoso Gimpy? ¿El apuesto Dan o la bella Laura?

Editadas en formato Dvd con disco prensado, Aquelarre sangriento y Carnaval de sangre son ofrecidas con audio en versión original y doblaje al castellano, subtítulos en este último idioma e imagen en 1.33:1. Como extras, se incluye el trailer de los respectivos films, además de documentales sobre el parque de atracciones de Coney Island en el caso de Carnaval de sangre, pudiendo adquirirse ambas ediciones a un precio unitario de 11,95 €, con gastos de envío incluidos para territorio nacional, a través de la propia web de “Vial of Delicatessens”: http://vialofdelicatessens.blogspot.com/

Published in: on julio 19, 2016 at 5:50 am  Dejar un comentario  

Noche silenciosa, noche sangrienta

La salida al mercado el pasado mes de noviembre por parte de Tyrannosaurus de la novelización de Noche silenciosa, noche sangrienta, supone una inmejorable excusa para acercarnos a esta oscura película, la cual, y aunque con el paso de los años ha logrado crearse una pequeña legión de admiradores en torno suyo en medio mundo, aún continúa inédita en nuestro país en DVD.

Tras la publicación, en mayo del 2015, de La noche de los muertos vivientes en forma de novela, la barcelonesa Tyrannosaurus Books nos sorprendía hace apenas unos meses con la puesta a la venta de la novelización de otro film de culto, Noche silenciosa, noche sangrienta: y si bien la película dirigida por el ignoto Theodore Gershuny no llega a rozar siquiera el nivel de seguimiento de la obra maestra de Romero, sí que es merecedora en cambio, y por más de un motivo, de la, en ocasiones, aleatoria etiqueta de cult movie, como trataremos de explicar a continuación.

Como en el caso de la de La noche de los muertos vivientes esta adaptación viene firmada por Declan Sinnot y, también como era de esperar, el libro toma como guía (en ocasiones de manera demasiado literal), el tortuoso relato contenido en el film que toma como base; una modesta película estrenada con no demasiado éxito a comienzos de los setenta pero que se fue ganando con el tiempo cierto status entre los aficionados, sobre todo gracias a su condición de precursora de las cintas pertenecientes al subgénero slasher que se rodarían a partir de entonces y durante las siguientes décadas.

Producida por la Cannon pre-Golan & Globus, y por el Lloyd Kaufman anterior a la fundación de la Troma, Noche silenciosa, noche sangrienta fue filmada en las afueras de Nueva York por un reducido equipo proveniente de la escena underground de la ciudad. Dirigida por Theodore Gershuny y protagonizada por su entonces esposa Mary Woronov, actriz y modelo que antes de convertirse en una habitual de la escudería Corman (por títulos como La carrera de la muerte del año 2000 o Hollywood boulevard), había formado parte de la factory fundada por Warhol a comienzos de la década anterior, al igual que otros personajes asimismo presentes en esta película, como veremos más adelante.

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A la hora de llevar a buen puerto la filmación de La noche de la oscura luna llena (junto a Deathouse, otro de los títulos alternativos de la película), el director y su peculiar troupe lo hicieron valiéndose de un reducido presupuesto de apenas 300.000 dólares; los mismos con los que, por otra parte, contaría casi una década más tarde John Carpenter para acometer la realización de La noche de Halloween (Halloween, 1978), película con la que la de Gershuny comparte más de una similitud, además del aspecto económico.

Nos podemos encontrar de esta manera con coincidencias puntuales entre ambas como pudieran ser la fuga del asesino de una institución mental, o la ubicación temporal de la trama en el marco de una festividad típicamente americana; navidades, en un caso, la noche de brujas, en el otro. A todo ello habría que sumar el hecho de que parte de las andanzas del psychokiller nos sean mostradas desde su propio punto de vista, así como que el motivo que le impulsa a cometer sus crímenes tenga su origen en un suceso de naturaleza traumático-familiar que tuvo lugar en el pasado. Trágico acontecimiento éste que, como era de prever, irán pagando con sus vidas toda una serie de personajes relacionados con las diferentes instituciones (la alcaldía, la oficina del sheriff, el diario local…) del pequeño y, en apariencia, tranquilo pueblo de Willard.

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Esta retorcida historia de venganza, en la que todos y cada uno de los personajes implicados parecen tener un terrible secreto que ocultar, viene firmada por Jeffrey Konvitz, por aquella época un simple abogado que trabajaba en la Gran Manzana. Sin embargo, y apenas un par de años después del estreno de esta película, Konvitz lograría situarse en los primeros puestos de las listas de best-sellers gracias a su primera novela, la también terrorífica La centinela: relato éste con ecos de La semilla del diablo que contaría con una posterior, y excelente, adaptación cinematográfica por parte de Michael Winner, en la que, curiosamente, y al igual que esta Noche silenciosa, noche sangrienta, contaría en su reparto con la presencia de John Carradine.

En lo que respecta al guion del título que nos ocupa, resulta evidente en esta ocasión que es el Psicosis de Alfred Hitchcock el principal referente del que se sirve Konvitz a la hora de dar forma a su libreto. Y no sólo por su clara adhesión temática al american gothic, o a la preponderancia en ambas de una morada de ominosa presencia (el motel Bates y la mansión Butler, respectivamente), sino también por la desembozada invocación de ciertos resortes y trucos narrativos ya presentes en el clásico estelarizado por Anthony Perkins. Por ejemplo, y como justamente ocurría en el film de Hitchcock, aquí se nos hace creer que determinado personaje va a ser el principal protagonista de la historia, para poco tiempo después quitarlo de en medio de manera pretendidamente sorpresiva. Volviendo a La centinela, y puestos a buscar rasgos en común, resulta curioso comprobar el hecho de que ambos films escritos por Konvitz cuenten con el personaje de un padre que, debido a su amoral comportamiento, influye de manera tan negativa en la estabilidad mental de su hija que la conduce inevitablemente a la locura… aunque en diferentes grados en ambos casos, eso sí.

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En lo referente a su ritmo narrativo, y aun contando con la baza de un impactante comienzo, por desgracia su devenir posterior acaba resultando algo monótono, como por otra parte lo es el de la inmensa mayorías de films adscritos a este subgénero. A pesar de todo es de justicia reconocer que en casi ningún momento se termina por perder el interés por aquello que se nos muestra en pantalla. En realidad, el mayor problema de la película lo podríamos encontrar en el hecho de que, y con la posible excepción del encarnado por Mary Woronov, todos los personajes muestran ya desde el principio un comportamiento tan excesivamente mezquino que, como espectadores, no nos llega a importar demasiado en realidad si éstos finalmente viven o mueren.

Así las cosas, y entre la curiosa galería de especímenes que desfilan por su metraje, cabría destacar el incorporado por Patrick O’Neal, protagonista unos años antes de La carta del Kremlin, de John Huston, y presente asimismo en ejemplares del género tan distintos como La cámara de los horrores o The Stuff (Innatural): en el caso de Noche silenciosa, noche sangrienta O’Neal interpreta a un abogado de mediana edad llegado a Willard con el propósito de ejercer de intermediario en la venta de la mansión, a la vez que aprovechará tal circunstancia (además de para sacar tajada económica), para mantener un affaire extramarital con su mucho más joven secretaria.

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Resulta inevitable asimismo no mencionar al ubicuo y antes citado John Carradine; visto lo visto, ninguna película de terror era lo suficientemente modesta, ni ningún papel lo bastante insignificante, como para no contar en ella con el concurso del ya veterano actor. En esta ocasión el patriarca de los Carradine interpreta al pintoresco y mudo editor del periódico local, el cual, y dada su condición, se comunica con el resto de personajes exclusivamente a través de un timbre.

Retomando nuevamente a su historia, seguramente la algo rutinaria evolución de los acontecimientos ayude por otra parte a que la lectura del diario de Simon Butler (punto clave en la resolución de la trama), resulte aún más impactante si cabe. Este descubrimiento nos es mostrado a través de un inquietante flashback, radicalmente alejado del estilo visual del resto de la película, más cercano al “arte y ensayo” – e incluso al surrealismo –  antes que al goticismo reinante en la mayor parte de la cinta. Además, y no creemos que responda a la casualidad, en esta suerte de enloquecida performance participan también algunos de los componentes de la antes mencionada factory de Warhol, como pudieran ser los casos de Ondine, el travesti Candy Darling, o el actor, y también director de Flaming Creatures o Thundercrack!, Jack Smith.

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A pesar de este altamente perturbador clímax final, si a día de hoy Noche silenciosa, noche sangrienta figura en los libros de la historia del género es principalmente por establecer las bases fundamentales, junto a la posterior y bastante superior Navidades negras, de lo que un tiempo más tarde se conocería como slasher, modalidad ésta que contaría entre sus más célebres exponentes con títulos tan legendarios y sobreexplotados como La matanza de Texas, Viernes 13 o la ya citada La noche de Halloween.

Tras permanecer oculta más de una década, este protoslasher disfrutaría de una segunda vida con el pase que el programa televisivo Elvira’s Movie Macabre le dedicara a mediados de los 80, para pasar más tarde a ser una obra de dominio público y, por lo tanto, libre de derechos para cualquiera que quisiera comercializarla en formato doméstico a partir de entonces. Esta característica, sumada al hecho de que el culto en torno a ella no ha hecho más que crecer a lo largo de los años, ha propiciado que recientemente se rodaran un par de secuelas oficiosas, Silent Night, Bloody Night: The Homecoming (2013), y Silent night, Bloody Night 2: Revival (2015), sin ningún tipo de relación o continuidad entre ambas.

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En cuanto a la novela editada ahora por Tyrannosaurus, si ésta cuenta con algún mérito es principalmente no representar una mera extensión de la historia narrada en la película del 72. El texto de Declan Sinnot cuenta de esta manera con una entidad propia, por mucho que se atenga (de forma demasiado taquigráfica en ocasiones), tanto a los diálogos que los diferentes personajes mantienen entre sí como a las descripciones físicas de los actores que encarnan a los mismos.

En cualquier caso, la novela se revela necesariamente menos sutil que el film en la que se basa, sobre todo a la hora de lograr mantener ocultos todos los secretos que de forma progresiva se nos van desvelando en la película: esto ocurre desde el preciso momento en el que el autor decide desvelar más temprano las motivaciones del asesino, otorgándole así al mismo tiempo un mayor protagonismo del que goza en la cinta de Gershuny, en la cual permanece oculto durante la mayor parte del metraje.

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Por otro lado, lo más satisfactorio de enfrentarse a una obra de tan singular gestación es que esta novelización de Noche silenciosa, noche sangrienta no engaña absolutamente a nadie ni tampoco pretende ser nunca más de lo que es, no ocultándose así en momento alguno su asumida condición de producto derivativo… y hasta bastardo.

De este modo, su autor se muestra tan efectista como eficaz, tan descriptivo como desvergonzadamente sangriento y sensacionalista, potenciando así hasta sus últimas consecuencias todos aquellos elementos que eran tan sólo sugeridos en la película… sobre todo en lo concerniente al sexo y a la violencia. Por poner un ejemplo, Sinnot consagra nada menos que un capítulo entero a la hora de describirnos (con todo lujo de detalles, por supuesto) los dos primeros crímenes, cuando en cambio en el film, y aun conservando todo su impacto y crudeza, estas muertes en concreto se resuelven en apenas unos segundos.

En resumidas cuentas, y tanto si se conoce la película que toma como modelo como si no, la lectura de esta novela – presentada además en un tan entrañable como manejable formato bolsilibro –  resulta satisfactoria al 100% y, por lo tanto, recomendable en igual medida.

José Manuel Romero Moreno

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FICHAS TÉCNICAS

EL LIBRO

Título: Noche silenciosa, noche sangrienta

Autor: Declan Sinnot

Editorial: Tyrannosaurus Books

Datos técnicos: 170 páginas (noviembre, 2015)

Sinopsis: Un cuerpo carbonizado aparece sobre la nieve del jardín de la casa Butler. Veintidós años después llegará al pequeño pueblo de Willard un abogado con la orden, por parte del nieto de Butler, de vender la casa. Una venta que reabrirá viejas heridas del pasado en las fuerzas vivas de la comunidad y desvelará un terrible y oscuro secreto.

LA PELÍCULA

Título original: Silent Night, Bloody Night

Año: 1972 (Estados Unidos)

Director: Theodore Gershuny

Guionistas: Theodore Gershuny, Ira Teller y Jeffrey Konvitz

Fotografía: Adam Giffard

Interprétes: Patrick O’Neal, James Patterson, Mary Woronov, Astrid Heeren, John Carradine, Walter Abel, Fran Stevens…

Sinopsis: Al convertirse en el único heredero de la antigua mansión familiar, Jeffrey Butler visita el lugar para proceder a su venta, pero ahora alguien ha vuelto para vengarse y los posibles compradores están siendo asesinados. Mientras Jeffrey, que irá descubriendo su pasado, se unirá a Diane Adams, la hija del alcalde, para tratar de descubrir el misterio.

Tyrannosaurus Books publica la novelización de “Silent Night, Bloody Night”

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Noche silenciosa, noche sangrienta es el último título aparecido dentro de la línea editorial que viene dedicando Tyrannosaurus Books a novelizaciones de films de culto del género de terror. Desde el pasado 27 de noviembre puede adquirirse a un PVP recomendado de 9,95€ esta adaptación literaria de este proto slasher dirigido en 1973 por Theodore Gershuny bajo el nombre de Silent Night, Bloody Night y objeto de un reciente remake hace un par de temporadas.

La trama nos traslada a la Nochebuena de 1950 en un pequeño pueblo estadounidense llamado Wiilard cuando un cuerpo carbonizado aparece sobre la nieve del jardín de la casa de los Butler. Veintidós años después llegará a la población un abogado con las órdenes de los descendientes de los Butler de vender la casa. Sin embargo, alguien también volverá para vengarse en las personas de los posibles compradores de la propiedad. Un misterio que reabrirá viejas heridas del pasado en las fuerzas vivas de la comunidad y que acabará por desvelar un terrible y oscuro secreto

Valiéndose de un narración directa, contundente y extremadamente violenta, el encargado de llevar al papel esta macabra y aterradora historia es Declan Sinnot, autor estadounidense especializado en novelettes de género y novelizaciones de grandes clásicos del celuloide, entre las que figura el clásico de George A. Romero, La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead,1968), también publicado anteriormente por Tyrannosaurus Books.

Más información: www.tyrannosaurus.es

Published in: on diciembre 9, 2015 at 6:26 am  Dejar un comentario