Cara a cara

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Título original: Cara a cara / Faccia a faccia

Año: 1967 (Italia, España)

Director: Sergio Sollima

Productores: Arturo González, Alberto Grimaldi

Guionistas: Sergio Donati, Sergio Sollima, según argumento de S. Sollima

Fotografía: Emilio Foriscot, Rafael Pacheco

Música: Ennio Morricone

Intérpretes: Tomas Milian (Solomon ‘Beauregard’ Bennet), Gian Maria Volonté (profesor Brett Fletcher), William Berger (Charley Siringo), Jolanda Modio (María), Gianni Rizzo (Williams), Carole André (Cattle Annie), Ángel del Pozo (Maximilian de Winton), Aldo Sambrell (Zachary Chase), Nello Pazzafini (Vance), José Torres (Aaron Chase), Rick Boyd [Federico Boido] (sheriff de Purgatory City), Guy Heron, Linda Veras, Antonio Casas, Frank Braña, Rossella D’Aquino, Giovanni Ivan Scratuglia, Lidia Alfonsi, Lorenzo Robledo, Francisco Sanz, Antonio Gradoli, John Karlsen, Calisto Calisti, Andrea Fantasia, Nicoletta Machiavelli, Filippo Perego, Osiride Pevarello, Domenico Ravenna, Alfonso Rojas, Goffredo Unger…

Sinopsis: Brad Fletcher, un tímido profesor de Historia, inicia un periodo de convalecencia en un apartado pueblo del Oeste. En aquel mismo lugar se presenta conducido por el sheriff y su ayudante Beauregard Bennet, un famoso asesino conocido por “Beau” y jefe de la “manada salvaje”. El forajido logra escapar y se lleva como rehén al profesor. Durante la huida da comienzo un enfrentamiento entre ambos hombres que tratan de imponer sus propios razonamientos.

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En el momento de estrenarse Cara a cara / Faccia a faccia (1967), el spaghetti-western ofrecía una diversidad de perspectivas, y la presente cinta se integra en lo que pasó a ser el spaghetti-western social de izquierdas, una más de las diversas manifestaciones que por aquel tiempo hubo, reflejo de una época, y que también se dio en otros géneros latinos, como fue el poliziesco o, directamente, el cine social de autores como Francesco Rosi, por poner un ejemplo.

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El film arranca con Brett Fletcher (Gian Maria Volonté, precisamente representante de gran parte de ese cine social de izquierdas referido), un profesor de historia que debe abandonar Nueva Inglaterra para trasladarse al oeste, donde el clima seco será bueno para sus pulmones. Allí se topa con “Beauregard” Bennet (el cubano Tomas Milian), un forajido mestizo que lo retendrá como rehén. Entre los dos se dará una relación cautivante, a tal punto que ambos intercambiarán personalidades, como si dijéramos: “Beau” Bennet, un criminal sin escrúpulos, irá adquiriendo conciencia e integridad; por su parte, el profesor Fletcher se repondrá en su salud, acaso por el clima, o más bien por la sensación de poder que lo va alimentando, y se convierte en un cruel dictador, fraguado por los conocimientos de historia que el personaje detenta.

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Sollima, pues, se cobija dentro de los parámetros del (spaghetti)-western para realizar un ejercicio de análisis político-social. Sin embargo, lo positivo de Cara a cara no supone eso, sino el grado de equilibrio que consigue entre dos opciones, la ideológica por un lado, y la artística por otro. ¿Cuántas películas hay que tratan grandes temas, pero luego ofrecen una caligrafía cinematográfica de parvulario?

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El director de El halcón y la presa toma dos personajes antitéticos y los enfrenta, y el resto de los personajes pivota alrededor de ambos, en un reflejo de la ley de la acción y la reacción. Sollima sigue los moldes estéticos de Leone, aún con su personalidad propia (el preciosismo de algunos planos, como la toma final de Siringo herido y su revólver enclavado en la arena), pero también se percibe la influencia de los clásicos norteamericanos, en especial de la estupenda Río Conchos (Rio Conchos, 1964), de Gordon Douglas, con la revelación de Piedras de Fuego, el territorio aislado donde se cobija la banda de “Beau” Bennet, la Camada Salvaje, trasunto del auténtico Wild Bunch que se dio históricamente.

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Brett Fletcher contrapone testimonialmente el concepto del homicida solitario y el colectivo, que de esta manera entra en la historia. Parafraseando a Guy de Maupassant: “Quien mata a unas pocas personas es un asesino, quien mata a muchas es un héroe”. Este concepto es puesto en entredicho a lo largo del film, en especial cuando, hacia el final, se compone una legión de “vigilantes” que organizarán una masacre en Piedras de Fuego: un hombre muerto vale cien dólares, una mujer cincuenta, y un niño veinticinco. Siringo compara estas actividades con las masacres de indios perpetradas por el ejército norteamericano (comentario eliminado en la versión española).

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“Beau” Bennet, por su parte, comienza siendo un asesino desalmado. “La diferencia entre él y yo es que yo sé lo que hago”, refiere Fletcher, a modo de justificación, cuando tal actitud lo hace resultar más sanguinario, más inhumano. Bennet, al principio, es un perro rabioso que se revuelve constantemente, mordiendo incluso la mano que lo intenta ayudar; de modo paulatino, irá descubriendo su humanidad, y el punto de inflexión representará la muerte del muchacho mexicano.

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Como un eje que une a ambos personajes tenemos a Charlie Siringo, personaje que existió en realidad, un detective de la Pinkerton. Siringo sufrirá una evolución similar a la de Bennet, solo que, en este caso, él en teoría representa a la justicia. Los instantes finales en el desierto, entre los tres personajes, ofrecen una fuerza impresionante, en la derivación final de un viaje en el que Sollima se ha tomado su tiempo en presentar a los personajes, estudiarlos y acompañarlos en su evolución. Las escenas de acción son escasas pero enérgicas, y el director nos evita presenciar las masacres que acontecen, narrándolas por medio de elipsis. Conviene destacar, por la fuerza de su planificación, la muerte del segundo espía que es enviado a integrarse en la Camada Salvaje, y que Sollima muestra simplemente por medio de una mano crispada en un plano detalle, con el rostro agonizante del sacrificado al fondo, desdibujado.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on diciembre 17, 2019 at 6:55 am  Dejar un comentario  
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Palmarés completo de la novena edición del Almería Western Film Festival

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The Sisters Brothers y Sordo han sido las grandes triunfadoras de la novena edición de Almería Western Film Festival que ayer se clausuraba con la tradicional entrega de premios. Así, lo ha decidido el jurado, que ha valorado a ambas películas como las mejores en las categorías neowestern y western, otorgándolas además los galardones destinados a reconocer la mejor interpretación masculina y femenina, respectivamente. Además, en otras categorías se ha premiado a Deadwood: The Movie, Infierno grande y Big Kill.

Palmarés de la Sección Oficial de Largometrajes:

Premio al Mejor Largometraje Western: The Sisters Brothers, de Jacques Audiard (Francia, 2018).

Premio al Mejor Largometraje Neowestern: Sordo, de Alfonso Cortés-Cavanillas (España, 2019).

Premio a la Mejor Interpretación Masculina: John Christopher Reilly, por The Sisters Brothers.

Premio a la Mejor Interpretación Femenina: Marián Álvarez, por Sordo.

Premio a la Contribución Técnico-Artística al Género Western: Nichole Beattie, Regina Corrado y Mark Tobey, el equipo de producción de Deadwood: The Movie, de Daniel Minahan (EEUU, 2019).

Premio del Público al Mejor Largometraje Western: Infierno grande, de Alberto Romero (Argentina, 2019).

Mención Especial del Jurado: Big Kill, de Scott Martin (EEUU, 2018).

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Marian Álvarez, Alfonso Cortés-Cavanillas y Jaime Martín posan con el premio a mejor neowestern para “Sordo” junto al alcalde de Tabernas, José Díaz

El director de Sordo, Alfonso Cortés-Cavanillas ha recogido el premio al mejor neowestern, junto a los actores de la película Jaime Martin y Marian Álvarez. El encargado de recoger el premio al mejor western por The Sisters Brothers ha sido el productor que trabajó con esta película en España, Fernando Victoria de Lecea. Además, el actor John C. Reilly ha remitido un video mensaje al Festival agradeciendo el galardón en el que ha comentado: “Lamento no poder estar allí, es un gran honor recibir este premio. Mi tiempo en España fue un sueño hermoso, nunca olvidaré su amabilidad, espero volver muy pronto y hacer muchas más películas. ¿Quién necesita Hollywood cuando tenemos Tabernas?”.

Palmarés Sección Oficial de Cortometrajes:

Mejor al Cortometraje Western: The Legacy, de Pierre-Alexandre Chauvat (Francia, 2019).

Mejor al Mejor Cortometraje Neowestern: Rustlers: Ladrones de ganado, de Rob York (EEUU, 2018).

Otros premios:

Mejor a la Mejor Práctica de Escuela de Cine: The Voice of The West, de Alejandro Bastidas (México, 2018).

Premio RC Service a la Mejor Dirección de Fotografía de una obra española: Sordo (España, 2019).

Premio RTVA a la Creación Audiovisual Andaluza: Amordazado, de David Rodríguez (Almería, 2019).

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En la entrega de galardones han participado la profesora de la Universidad de Almería y miembro del jurado, Nieves Gómez; el director de RTVA en Almería, Salvador Rodríguez; el escritor cinematográfico especializado en cine de género y miembro del jurado, José Luis Salvador; el cineasta y miembro del jurado, Wouter Jansen; el director y miembro del jurado, Emanuel Gerosa; el gerente del poblado Oasys MiniHollywood, José María Rodríguez; el miembro del jurado Rafael Maluenda; el miembro del jurado Gonzalo Bendala; el diputado provincial de Cultura y Cine de Almería, Manuel Guzmán; el delegado de Turismo de la Junta de Andalucía, José Luis Delgado; el director del Festival, Eduardo Trías; y concejales del Ayuntamiento de Tabernas.

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Manuel Tafallé durante un momento de la gala de clausura de AWFF

En el acto, celebrado en el Teatro Municipal de Tabernas y presentado por el polifacético artista Manuel Tafallé, también se ha entregado el premio “Desierto de Tabernas” a la productora Fresco Film, el cual ha sido recogido por uno de sus miembros, Juan Fernández. Se trata de una de las productoras más relevantes a nivel nacional, donde ha colaborado en multitud de proyectos rodados en Almería y en Tabernas como Terminator 6 (2019) o Juego de tronos (2016), así como en innumerables spots y otras producciones audiovisuales.

El alcalde de Tabernas, José Díaz, ha clausurado la novena edición de Festival destacando la especialización del certamen y el interés cada vez mayor que despierta en todo el mundo. “Durante cuatro días hemos contado con grandes producciones, todas de género western, pero también con sus creadores que se han invertido su tiempo para conocer Tabernas, para estar aquí con nosotros. No somos los mejores, pero sí somos únicos, para nosotros el western es un sentimiento, un estilo de vida propio, genuino y eterno”, ha concluido Díaz.

Published in: on octubre 14, 2019 at 7:11 am  Dejar un comentario  
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Almería Western Film Festival rinde homenaje a los decorados del Oeste en el cartel de su 9ª edición

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El pasado viernes el Almería Western Film Festival (AWFF) presentó su nueva imagen y cartel oficial para su noventa edición, que se celebra del 10 al 13 de octubre en Tabernas y en los poblados del Oeste Oasys MiniHollywood y Fort Bravo Texas Hollywood. El diseño homenajea los decorados que siguen atrayendo al visitante y transmitiendo el espíritu cinematográfico que desde los años sesenta surgiera en Tabernas y ha sido presentado con el siguiente texto:

En el western uno de sus elementos más característicos es la poética de su paisaje, normalmente exterior y natural. En muchos casos, como es el desierto, inabarcable y en estado virgen. En eso radica la épica del género en la colonización del lejano y salvaje oeste. La ciudad es la civilización, el asentamiento del colono. Con su calle principal donde se encuentra muchos de los edificios perfectamente identificados y localizados del género: el saloon, oficina del sheriff, cárcel, hotel, banco, imprenta, establos, casa de comida, tiendas y también, la estación e iglesia. Son el marco donde se escenifican las ficciones del western. A ese espacio simbólico, que en muchos casos descubrimos que son fachadas apuntaladas, tramoya, es a lo que dedicamos el cartel de este año.

La nueva imagen es también un homenaje a las personas que participaron en este tipo de arquitecturas efímeras, basadas en madera, como carpinteros o pintores, diseñadores y maquetistas. En Tabernas se construyeron numerosos poblados, algunos de ellos ya han desaparecido, pero se mantienen tres importantes escenarios donde cada año se llevan a cabo rodajes y también representan un importante foco de atracción turística”.

Más información: www.almeriawesternfilmfestival.es

Published in: on septiembre 22, 2019 at 8:38 am  Dejar un comentario  
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Amico mio, frega tu… che frego io! [tv: Amigo mío…. Líala tú o la lío yo]

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Título original: Amico mio… frega tu che frego io

Año: 1973 (Italia)

Director: Demofilo Fidani [acreditado como Miles Deem]

Productor: Demofilo Fidani

Guionistas: Demofilo Fidani, Mila Vitelli Valenza, Filippo Perrone

Fotografía: Claudio Morabito

Música: Coriolano Gori

Intérpretes: Ettore Manni [acreeditado como Red Carter] (Jonas Dickinson), Andrés Resino [acreditado como Bud Randall] (Mark Tabor), Sleepy Warren (Denver), Angela Portaluri (Donna Dolores), Federico Boido [acreditado como Rick Boyd] (Teddy), Gordon Mitchell (Mulleta), Simonetta Vitelli [acreditada como Simone Blondell] (Pearl), Carla Mancini (Consuelo), Raimondo Toscano, Benito Pacifico [acreditado como Dennis Colt], Amerigo Castrighella [acreditado como Custer Gail] (Tom), Enzo Pulcrano [acreditado como Paul Crain], Antonio Basile, Luciano Conti, Michele Branca [acreditado como Michele Francia], Vinicio Raimondi, Marcello Meconizzi, Giuseppe Namio, Gualtiero Rispoli…

Sinopsis: Jonas Dickson, falso predicador, se gana la vida engañando a la gente. Sin embargo, él también es víctima de los trucos y siempre pierde todo a manos de su amigo y competidor, Mark Taylor. En Denver un viejo alcohólico divulga el secreto de la existencia de una mina de oro en las Montañas Rocosas. Todos se dirigen allí para recoger el oro, lo que es aprovechado por Mulleta, el líder de una banda de forajidos, para convertirse en el dueño de la localidad.

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Responsable de al menos una docena de exponentes encuadrados en la temática firmados con una ristra de seudónimos que podrían rivalizar en su variedad con los utilizados por el mismísimo Jesús Franco, a Demofilo Fidani le cabe la consideración de ser el mayor especialista en la realización de westerns mediterráneos durante la edad de oro del género. Tanto es así que, fuera de los márgenes de esta corriente, su filmografía apenas comprende siete títulos más. No obstante, lo mejor del asunto es que semejante contribución fue realizada en un lapso de seis años, lo que da una media de dos películas por temporada. Claro que, como es bien sabido, la cantidad no siempre está acompañada de calidad. Una máxima que, en el caso de nuestro hombre, se cumple a pies juntillas. Buena muestra de ello es lo reflejado por Thomas Weisser en su enciclopédico estudio The Good, the Bad and the Violent, donde el especialista incluye todas y cada una de las películas dirigidas por Fidani dentro del listado de peores ejemplares del eurowestern, nombrando a su autor, por tanto, el peor director que pisó el subgénero. No es el único, a juzgar por el sobrenombre con el que el cineasta italiano es conocido, “el Ed Wood del spaghetti-western”, debido al estilo chapucero y desmañado que lucen la mayoría de sus películas, equiparable a las de su colega norteamericano cuya figura fuera popularizada por Tim Burton.

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No obstante, semejante comparación merece ser puntualizada. Y es que, mientras que Wood tenía un interés por su trabajo, lo que se refleja en los rasgos de su personalidad que pueden rastrearse en muchas de sus películas, la carrera como realizador del habitualmente director de arte Fidani responde a un afilado sentido del oportunismo, del que se deriva su especialización en un género por entonces tan rentable como el spaghetti-western. De este modo, antes que cualquier otra cosa, sus cintas están concebidas como meros productos de consumo de usar y tirar realizadas con reducidos presupuestos en rodajes rápidos de pocos días y en muchas ocasiones planteados back-to-back, para los que solía contar con un equipo estable de actores y técnicos. No solo eso, sino que dentro de un medio de por sí tan imitativo y tendente al mimetismo como el del cine popular italiano, la obra de Fidani destaca, precisamente, por su falta de complejos para llevar adelante estos postulados a la hora de dar forma a sus proyectos, ya fuera abordando entregas apócrifas de personajes tan emblemáticos del género como Django o Sartana, o mediante la alusión a otros congéneres de éxito en los títulos escogidos[1], a pesar de que, paradójicamente, tanto en uno como en otro caso el parecido de los films contenidos con sus respectivos referentes fuera tirando a nulo.

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El adiós del italiano a la corriente a la que consagrara su filmografía llegaría en 1973 con Amico mio, frega tu… che frego io! [tv: Amigo mío…. Líala tú o la lío yo], realizada en un momento en el que la fiebre del western europeo estaba dando sus últimos coletazos. Siempre atento a la evolución del mercado, para su despedida Fidani orientaría su propuesta a los parámetros del denominado fagioli-western, la versión paródica y caricaturesca del género originada por Enzo Barboni con la exitosa Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinitá, 1970) que dominara la producción durante los últimos años del estilo. Dicho planteamiento es puesto de relieve desde la propia configuración de su pareja protagonista, la cual sigue la tipología impuesta como canon por la película que lanzara al estrellato a Terence Hill & Bud Spencer. De darles vida se ocuparían unos tales Red Carter y Bud Randall, seudónimos bajo los cuales se esconden un par de característicos del cine bis europeo. Así, el primero es, en realidad, Ettore Manni, habitual del cine del director y que, de ser uno de los principales galanes del cine italiano de los cincuenta, pasa aquí a encarnar el rol de sosias de Bud Spencer, debido al aumento de peso que experimentó en sus últimos años de vida. Mayor confusión en cambio ha despertado la verdadera identidad de su compañero de correrías. Aunque diversas fuentes le han acreditado de forma errónea como el desconocido Paolo Rosani, lo cierto es que se trata de nuestro Andrés Resino, quien por aquellas fechas intentaba abrirse un hueco en la industria trasalpina, tal y como atestigua su presencia en varias producciones italianas coetáneas sin participación española alguna.

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Acorde al modelo emulado, los citados Manni y Resino encarnan a un par de pícaros vagabundos que mantienen una singular relación de amigos-enemigos que les lleva a traicionarse y engañarse constantemente. Dicha dinámica queda ya determinada durante la escena con la que se abre la cinta: mientras que uno se hace pasar por reverendo para poder así sentarse a la mesa de unos fieles que ha encontrado en su camino, el otro aprovechará un descuido para robarle la comida y, a continuación, sacar a la luz su engaño, no sin antes ponerlo en evidencia. Sin embargo, a pesar de sus diferencias, ambos unirán esfuerzos una vez conozcan por boca de un alcoholizado minero la existencia de oro en las cercanas Montañas Rocosas. Poco a poco la noticia irá extendiéndose como un reguero de pólvora en la población en la que se encuentran, desatando una auténtica fiebre del oro entre sus habitantes. Al igual que nuestros protagonistas, muchos de los vecinos pondrán rumbo hacia el lugar indicado. Lo que ignoran es que tras encontrar el preciado metal en su camino de regreso les espera un grupo de forajidos liderados por Mulieta, al que presta sus patibularios rasgos Gordon Mitchell, que conocedores del descubrimiento han dejado que los improvisados buscadores les hagan el trabajo sucio para después robarles.

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Como suele ser norma en el cine de su director, el alcance de la sinopsis comentada no va más allá de mero pretexto argumental sobre el que encadenar una escena tras otra. La novedad es que, debido a sus aludidos planteamientos, las consabidas escenas de relleno a base de cabalgadas, tiroteos, atracos a diligencias y demás que fueran moneda común en los westerns previos de Fidani son en esta oportunidad sustituidas por una interminable sucesión de gags supuestamente humorísticos, según el estilo patentado por el influyente segundo film de Barboni. No faltan pues partidas de cartas plagadas de tramposos y trampas, referencias a la falta de higiene y modales de alguno de sus protagonistas, la preponderancia de escenas en las que la comida juega un papel predominante o el concurso de al menos tres tumultuosas peleas en las que los diferentes contrincantes se sueltan hiperbólicos sopapos unos a otros.

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Si bien hay que reconocer que la adopción de esta estructura episódica resulta de lo más adecuada con respecto a la naturaleza de su propuesta, ello no evita que los resultados finales respondan al nivel acostumbrado en los films de su responsable, si bien, todo hay que decirlo, con un acabado formal superior a la media. La ausencia de cualquier atisbo de progresión dramática, unida a las importantes carencias como narrador de Fidani, provocan que el desarrollo de la cinta lo más que produzca sea tedio, a lo que tampoco es ajeno un pronunciado exceso de verborrea en los diálogos. Por otra parte, su pretendida comicidad no pasa de eso, de pretendida, siendo estériles los esfuerzos por buscar ejemplos de momentos que sean capaces de arrancar una sonrisa, por muy pequeña que esta sea. Y no será porque su director no lo intente, hasta el punto de tomar prestadas ideas de varios ilustres precedentes. De entre ellas, como han señalado con anterioridad otros autores, sobresale el momento en el que el hambriento personaje de Manni cree ver a su compinche convertido en un pavo, en lo que supone una cita directa al clásico La quimera del oro (The Gold Rush, 1925) de Charles Chaplin.

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Así las cosas, lo único rescatable de tan olvidable conjunto se encuentra en un chiste protagonizado por el personaje de Manni. No por su comicidad, por supuesto, sino por su posible carga metatextual subyacente, rasgo este para nada inédito en el cine de Fidani. Me refiero a la pregunta recurrente que el falso predicador hace cada vez que se aproxima a la barra del saloon sobre la identidad de la persona que aparece en el cuadro que cuelga en una de las paredes. El que el retratado en cuestión sea nada menos que William Shakespeare, al que, sin embargo, nadie parece conocer, da un nuevo significado a la broma. Sobre todo por el detalle nada baladí de que sea precisamente Perla, una de las chicas del local a la que encarna Simonetta Vitelli, la hijastra en la vida real de Fidani, la que informe en la última escena a los presentes que se trata del famoso poeta y dramaturgo, “una gloria para Inglaterra” según sus propias palabras, a lo que los parroquianos responden a coro que igual que los dos protagonistas lo son para la población en la que se ambienta la historia, momento tras el cual la cámara se dirige al cuadro en el que ahora figura una fotografía de ambos. ¿Acaso tras lo expuesto se esconde una crítica al humor de brocha gorda y falta de sutileza que fueran característicos del fagioli-western, poniendo de paso en solfa el gusto y nivel intelectual de su público ―no hay que olvidar que, al ser preguntada sobre cómo conoce la identidad del personaje del lienzo, Perla responde que “porque he estudiado”―, contraponiéndolo con la figura de uno de los autores literarios más importantes de todos los tiempos?

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Si así fuera, no está de más recordar que, como mantienen autores del calibre del llorado Ramon Freixas y su inseparable Joan Bassa, con el título fundacional del estilo, la mencionada Le llamaban Trinidad, Enzo Barboni no parodiaba tanto al western mediterráneo en sí mismo como a los subproductos derivativos surgidos al calor de su éxito que terminaron por desgastar la fórmula sobre el que este se sustentara hasta agotarla, como, sin ir más lejos, los perpetrados por Fidani. Y podría decirse que muy especialmente los suyos, si tenemos en cuenta cierta secuencia localizada en su segunda película como director, Ed ora… raccomand l’anima a Dio! (1968), una típica pelea en un saloon cuya coreografía adquiere por momentos un tono slapstick que diríase un claro precedente de uno de los ingredientes más característicos del fagioli-western. Más en concreto, por la forma de pelear de dos personajes, uno un vagabundo rubio que sonríe mientras esquiva y “chulea” a sus adversarios, y otro un gordinflón petimetre, encargado de poner la nota de humor, que se defiende a base de barrigazos y culazos. Como posiblemente más de uno habrá pensado, prácticamente un calco de los Trinidad y Bambino que Bud Spencer y Terence Hill interpretaran en el film de Barboni, quedando en el aire cuánto de semejante parecido puede ser o no casual.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Sin ánimo de ser exhaustivos, es el caso, por ejemplo, de Giù la testa… hombre [vd: Western Story. Agacha la cabeza, hombre, 1971] o Per una bara piena di dollari [vd: Nevada Kid, 1971], de evidentes similitudes con las denominaciones italianas de las leonianas ¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, 1971) y Por un puñado de dólares/Per un pugno di dollari (1964), respectivamente.

Published in: on agosto 28, 2019 at 6:06 am  Dejar un comentario  

El cowboy de las redes sociales. Entrevista a George Hilton

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Cuando decidí poner en orden los spaghetti western que había visto y tras rodearme de lujosos colaboradores llegó la hora de contar con el testimonio de las personas que habían vivido la experiencia de participar en estas películas y de esta forma completar la “Guía del Spaghetti Western”. Después de recibir varias negativas de algunos directores y actores, recibí un mensaje de George Hilton, con el que también me había comunicado:

  • “Si puedo ser útil, colaboraría con mucho gusto en la “Guía del Spaghetti Western”. Los bocetos que me has mandado tienen una pinta estupenda”.

Se me saltaban las lágrimas.

Mi idea era resolver dudas sobre su carrera en el terreno del spaghetti western y que me contara su experiencia con actores, directores y algunas cosillas curiosas para confeccionar un prólogo para el libro. Le pedí que me escribiera lo que le pareciera y él me invitó a que le hiciera una entrevista por Skype y yo, que nunca lo había utilizado, lo instalo, hago pruebas y procuro que no falle. Mientras decidimos qué día conectamos, me comentó que había errores en su entrada en la Wikipedia que le gustaría corregir, y que yo me encargué de gestionar: ya no se crio en Inglaterra, sino en Montevideo, y a los 17 años se fue a vivir a Buenos Aires. También rectificamos que no se había retirado del cine, puesto que todavía contaban con él. Entre risas me comentó también que lo habían dado por muerto y que tuvo que grabar un video para desmentirlo.

Tresette solo hay uno, los demás no cuentan

¿Cómo fueron los comienzos de George Hilton?

Empecé trabajando en teatro. Fundamos la compañía de Teatro Circular. Pero tuve que irme a Argentina para desarrollar mi formación en teatro, cine y televisión. Toda esta formación me sirvió para acceder a papeleas que requerían más profundidad en los personajes. Nunca me dio miedo ningún registro porque pienso que este mundo hay que ser audaz.

Cuénteme cómo llegó a Italia…

Vine a Europa por un problema sentimental. Yo tenía una novia que tenía 12 años más que yo y estaba enamorada perdidamente de mí. Yo era joven y me acosaba, me tenía loco. Hablé incluso con un psicólogo que me recomendó que me fuera porque esto acabaría mal. No me dejaba dormir. Era terrible la mujer. (risas)

Un día le dije que iba a una librería que estaba en la calle Florida de Buenos Aires a por un par de libros de teatro que necesitaba, cogí una maleta y me dirigí al aeropuerto de Ezeiza. Pregunté por un avión con un destino lejano y me dijeron que a medianoche salía uno hacia Milán. Con la poca plata que tenía cogí ese avión y me fui con pasaje de ida.

Me fui para Milán escapando y… al final tengo que agradecerle a esta mujer la suerte que tuve en el cine. Después no la he vuelto a ver más. Ella fue a Montevideo a buscarme para hablar con mis padres, pero nunca supo encontrarme hasta que empecé a hacerme famoso y llegaron las películas a Argentina.

En una ocasión Alberto de Mendoza me dijo: “¿Sabes que encontré esta chica? Me dio un recado: Si le ves dile a Jorge, dile a ese sinvergüenza que le mando muchos saludos”. Ahí quedó todo y nunca más la vi y no supe nada de ella, pero le tengo que agradecer que gracias a ella yo hice una carrera.

¿Cómo es su vida sentimental actual?

Ahora tengo novia argentina que llega ahora el 7 de noviembre acá y nos vemos cada dos meses. O yo voy a Argentina o viene ella. Tengo una hija extraordinaria, fantástica, que yo adoro y que ahora ha invertido los papeles, más que mi hija es como mi madre, me trata, me mima, me cura.

El momento de matar

Cuando empezó a participar en los spaghetti-westerns, ¿tuvo que aprender a montar a caballo?

Yo viví mucho en el campo con mis padres y montaba a caballo sin montura. Luego practiqué boxeo, iba a cazar… esto también me sirvió para desarrollar papeles en el wéstern. No es que el western me gustara particularmente, porque yo venía del teatro muy clásico (hice obras de Bernand Shaw, Antón Chéjov…) y de golpe que me hayan puesto un sombrero tejano, un cigarrillo en la boca y subirme a un caballo no era para mí lo máximo pero, como tenía una buena preparación teatral, hice buenos papeles y gusté mucho.

¿Cómo eran esos rodajes?

Rodábamos en Almería, Barcelona, Madrid, Italia. El western era muy agotador, llegabas a casa cansadísimo, lleno de moretones, porque te dabas trompadas, caídas, acababas sucio. Aunque tenía dobles, casi todo lo hacía yo. Y tuve varios accidentes.

Además del wéstern hizo también gialli y películas de terror…

Se acumulaban los rodajes. Ahora me arrepiento, porque se hacía todo por dinero. Mi representante firmaba todo lo que me ofrecían y creo que los artistas deberíamos mirar bien las cosas que nos ofrecen. Por eso algunas películas mías las he olvidado porque eran malas, de verdad. Porque las hice solo porque me pagaron bien pero después el resultado no fue bueno. Reconozco que de todas las películas que salgo como protagonista en realidad tengo muy pocas en las que digo: ahí he hecho un gran trabajo

Volviendo al wéstern. Cuéntenos algo sobre las películas que se hacían en esos años.

Se descubrió un género que era muy demandado. Entonces muchos pseudo-productores hacían películas en dos semanas, porquerías horribles y eso fue uno de los motivos que hizo caer el mercado. Ahora algunas de esas películas, las buenas, se consideran hasta películas de culto y se emiten por televisión y figuran en festivales. Películas que hicieron en su día Giuliano Gemma, Terence Hill, Gianni Garko, Tomás Milian y yo mismo. Esas son las que quedan en la memoria de la gente.

Muchas de las películas se realizaban con personas que no eran actores, sino que eran especialistas, que eran muy buenos para tirarse de los caballos pero que no eran buenos para actuar. Yo vengo del teatro sudamericano y venía de una escuela de interpretación. Fue esa formación la que me permitió entrar en la película que me dio tanto éxito: Las pistolas cantaron la muerte (Le colt cantarono la morte e fu… tempo di massacro, 1966).

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¿Cómo logró ese papel?

Yo tenía un representante y me comentó que había una audición que hacía Lucio Fulci para este papel del “borracho”, que era el hermano de Franco Nero. Y yo, que aparentemente no tenía nada que ver con este personaje, tuve que competir con trescientas personas. Fue un éxito bárbaro que me abrió las puertas. pues fue una película muy vista.

A raíz de este personaje el cineasta Michelangelo Antonioni me propuso para El reportero (Professione: Reporter, 1975), pero finalmente la distribuidora americana dijo que George Hilton no tenía nombre para ponerle como actor principal y entonces pusieron al gran Jack Nicholson.

Como ha comentado antes, participaba en muchas películas durante el mismo año…

Desde esa época hice hasta siete películas al año, de manera que hasta realizaba dos películas juntas, pasando de un set a otro. Por la mañana hacía una y por la tarde otra para poder cumplir con todos los contratos. En esa época me hacían contratos de un año para otro.

¿Cuáles son sus trabajos de los que se sientes más orgulloso?

De las sesenta películas que hice en toda mi carrera puedo decir que en pocas hice un gran trabajo. Por ejemplo, Los profesionales del oro (Ognuno per sé, 1968), con Van Heflin, Gilbert Roland y Klaus Kinski, es una de las mejores películas que yo he hecho y que está en la cinemateca francesa.

Vende la pistola y comprate la tumba

El personaje de Sartana fue popularizado por Gianni Garko. ¿Fue un hándicap para usted hacer de Sartana en Vende la pistola y cómprate la tumba (C’è Sartana… vendi la pistola e comprati la bara!, 1970)?

Yo no quería hacer de Sartana, porque Sartana era mi amigo Gianni Garko. Entonces sugerí poner otro nombre a mi personaje, pero como la última palabra la tienen los productores le pusieron Sartana. En otros países a este personaje se le llamó Django.

Aunque mi personaje tenía el mismo aspecto visual era diferente al de Gianni Garko, porque mi manera de actuar es muy diferente: yo encaraba las cosas con más ironía y eso me dio muchos admiradores masculinos, más que mujeres. Les gustó el papel de pistolero simpático, irónico, que hacía reír con lo que decía y hacía.

¿Cuál cree que fue su personaje con más éxito?

El personaje que quizá tuvo más éxito creo que pudo ser Aleluya, aunque no lo tengo claro.

¿Cuál es su wéstern favorito?

Con la película que me quedaría sería la de Fulci Las pistolas cantaron la muerte. Otra sería el film de Julio Busch Los desesperados (1969). Trabajar con Julio Busch fue fantástico, porque era un gran director y además hice una gran amistad con él.

¿Ha interpretado papeles cómicos y otros trágicos? ¿Cuáles prefiere?

Me quedaría con los papeles más risueños, cómicos.

¿Con qué directores rodaría de nuevo?

Me gusta mucho Enzo G. Castellari. Con Enzo G. Castellari y con Sergio Martino son los directores con los que he tenido una gran amistad. En cambio tuve poco feeling con Lucio Fulci porque era un poco extraño.

Los pofesionales del oro

¿Con qué compañero suyo ha tenido una mayor amistad?

Tuve mucha amistad con Klaus Kinski, que aunque era muy odiado por mucha gente porque era muy raro, conmigo era fantástico. Recuerdo que hicimos un viaje a Barcelona desde Roma, en mi coche, ya que prefirió ir conmigo que en avión. Y fue tremendo. Porque a cada rato me decía que tenía que vomitar y cuando por fin llegamos a Barcelona me dijo: “Te voy a invitar al mejor restaurante de Barcelona” y al llegar al restaurante había una orquesta que estaba tocando. Él dijo: “¡No! por favor… ¡la orquesta no! ¡Paren la música!” El director del hotel le contestó: “Pero, señor, ¿cómo va a parar la música? La gente viene aquí por escuchar también a la orquesta”. Por fin le convencí, porque Klaus era una persona que se enojaba mucho. Por fin pedimos unos mariscos y cuando el camarero llegó con una bandeja enorme llena de marisco, dijo: “¿Pero qué es esto? ¡Esto no me gusta!” Y la tiró al suelo. Bueno… casi nos pegan…. Klaus Kinski dijo: “Es igual. Pago, pago”. El director enojado nos gritaba:” ¡Váyanse! ¡Váyanse!”, y nos echó. Vivíamos cerca en Roma y aunque era una persona peculiar, conmigo siempre se portó muy bien e incluso fui a comer a su casa cuando su hija Nastassja era pequeña.

¿Con qué otros actores ha mantenido también una buena relación?

Tuve muy buena relación con Van Heflin, Ernerst Borgnine, Fernando Rey y Alberto de Mendoza, entre otros.

¿Tiene alguna anécdota de rodajes?

En una película española titulada Frontera al sur (1967) de José Luis Merino, una gran persona, me encontraba con gripe y me dijeron que tenía que ir a la La Pedriza (Madrid) a rodar a las 6 de la mañana. Les pedí que vinieran a buscarme un poco más tarde y, aunque me dijeron que sí, a las 6 vinieron a por mí. Fue un día durísimo.

En la película Los desesperados de Julio Busch un caballo se me desbocó en un momento en que todos escapamos y todo el ejército nos persigue con los caballos. Como participaba tanta gente y empezaba desde tan lejos, para empezar la acción tiraban como una especie de cañonazo para que nos diéramos cuenta que estábamos rodando y, cuando sonó el cañonazo, mi caballo se desbocó y empezó a subir por una colina, subiendo, al final se tiró para atrás y se accidentó. Tuvieron que sacrificarlo.

Los desesperados

¿Guarda algún objeto o prenda de aquellos rodajes?

Guardo algún sombrero cowboy, algún cinturón, botas, y una gabardina impermeable que todavía me podría poner.

¿Cómo eran esas noches en Almería?

Yo iba al hotel Aguadulce, en su día era un hotel impresionante en la playa donde estaban Sean Connery, Brigitte Bardot. Íbamos a Almería y solíamos salir de fiesta, sobre todo con mi amigo Alberto de Mendoza. Nos lo pasábamos en grande.

¿Actualmente tiene alguna relación con algún compañero de la época del cine western?

Gianni Garko es un gran amigo y solemos hablar muchas veces.

Tarantino últimamente ha realizado dos western. Ha declarado ser un gran amante del spaghetti western…

Tarantino es un gran admirador de nuestro cine. Nos invitó al festival de Venecia y mostró dos películas mías dentro de una gran retrospectiva al spaghetti western. Asimismo, el año pasado se emitió una retrospectiva de mi trabajo en la Filmoteca italiana en la que se proyectaron cinco películas.

Y ahora le llaman Aleluya02

George Hilton fue un tipo genial, muy cercano. En los últimos años se hizo mucho más famoso y conocido porque pilotaba las redes sociales a diario compartiendo su vida y sus trabajos. Fue muy generoso conmigo y me consta que con todas las personas que querían saber algo más sobre él y sobre su carrera. Ahora nos queda su recuerdo y su legado cinematográfico. Gracias amigo.

Ron B. Sobbert

Published in: on agosto 5, 2019 at 5:50 am  Comments (1)  
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A la venta “Sin dólares no hay ataúdes. 50 ejemplos de western mediterráneo” de Rafael de España, dentro de la colección “Filmogradías esenciales” de Editorial UOC

Sin dólares no hay ataúdes

Dentro de su colección “Filmografías esenciales”, Editorial UOC ha lanzado este mes Sin dólares no hay ataúdes. 50 ejemplos de western mediterráneo de Rafael de España. Con él, el prestigioso historiador barcelonés regresa a un género al que ya dedicara su imprescindible Breve historia del western mediterráneo, la primera monografía sobre el eurowestern publicada en castellano. Lo hace con una obra en la que a través de sus 190 páginas repasa y sintetiza el desarrollo y las diferentes caras en las que derivó el fenómeno, mediante el análisis de medio centenar de títulos entre los que hay cabida para clásicos absolutos como la Trilogía del Dólar de Sergio Leone, Django o Le llamaban Trinidad, hasta exponentes tan ignotos como 2 once di piombo (Il mio nome è Pecos) o The Belle Starr Story (Il mio corpo per un poker), pasando por rara avis del calibre de El bastardo, Y Dios dijo a Caín, o ¡Mátalo!, y sin olvidar la aportación patria al eurowestern, representada por El sabor de la venganza, El precio de un hombre, Réquiem para el gringo y La ciudad maldita.

Sinopsis: La producción de westerns en Europa nació en España hacia 1962 como una esforzada imitación de los modelos hollywoodianos. Pero, a raíz del éxito de Por un puñado de dólares, fueron los italianos quienes remodelaron completamente el género desde una perspectiva iconoclasta que conectó enseguida con un público joven que ya no se creía a los inmaculados cowboys y sus gloriosas hazañas. ¿Qué ofrecían los casi 600 westerns rodados a orillas del Mediterráneo entre 1964 y 1978? Antihéroes de nombres tan improbables como Django, Sartana o Sabata; peripecias extremas que combinaban la violencia exacerbada con un humor cínico que nunca aclaraba quiénes eran los buenos y quiénes los malos (aunque los banqueros jamás pertenecían al primer grupo); soluciones visuales tan barrocas e hiperbólicas como los fondos musicales…; y, entre los extras, el único western realizado por una mujer y el, también único, beso en la boca entre dos feroces pistoleros.

Sin dólares no hay ataúdes. 50 ejemplos de western mediterráneo se encuentra ya a la venta a un precio recomendado de 19 €. Con motivo de su salida, en los próximos días os ofreceremos una entrevista con Rafael de España en la que el autor nos desgranará más detalles de su nueva obra.

Más información y pedidos en: http://www.editorialuoc.cat/sin-dolares-no-hay-ataudes

Published in: on junio 16, 2019 at 7:32 am  Dejar un comentario  

Keoma vuelve a cabalgar: anunciado el rodaje de “The Fourth Horseman”, la nueva película de Enzo G. Castellari y Franco Nero

The Fourth Horseman

En la mañana de ayer soltaba la noticia. A primera hora, el perfil en Facebook de la productora alemana Dreamfilms GmbH publicaba el cartel de un western titulado The Fourth Horseman, acompañando del texto “muy pronto”. Protagonizado por la figura de Franco Nero apuntado con el revólver, en el poster se indica que se trata de una película de Enzo G. Castellari en la que Nero encarnará su icónico personaje de Keoma. Un extremo que era confirmado pocos minutos después cuando el veterano cineasta compartía la publicación en su perfil en la popular red social.

A tenor de lo expuesto, no es muy difícil adivinar que The Fourth Horseman es el proyecto que durante largo tiempo se ha conocido con el título de “Keoma Rises”, esto es, la esperada secuela del clásico que en 1976 rodaran Nero y Castellari y que es considerado como el epitafio del spaghetti-western. La realización de esta nueva película nos era adelantada de algún modo por el propio Castellari en la entrevista que le realizamos a finales del pasado año con motivo del “Premio de Honor Isla Calavera 2018” con el que este festival canario le homenajeaba por su trayectoria. En ella, el italiano comentaba que “la próxima película que voy a rodar será un western filmado en Almería con Franco Nero de protagonista”. Sobre la posibilidad de que se tratara del proyecto entonces conocido como “Keoma Rises” respondió “el personaje es Keoma, pero la historia es fantástica”, prometiendo que “va a ser una película que va a regalar muchas emociones a toda la gente que ama el cine”.

Dejando a un lado la teórica posibilidad de que la película, efectivamente, se ruede en tierras almerienses, en el apartado dedicado a The Fourth Horseman en la web de Dreamfilms GmbH puede leerse un pequeño argumento de la película. Dice así: “El jefe Tawanka indica a Keoma que lleve a su nieto Little Elk a Burning Cross. Sólo el joven Lakota es capaz de levantar la maldición que pesa sobre la ciudad que fue construida sobre las tumbas de sus antepasados. El oscuro pasado está siendo relevado y Keoma une al niño con su madre. Todos los obstáculos, como los bandidos y cazarrecompensas, serán eliminados”. Junto a ella podemos encontrar varias fotografías con el futuro reparto, compuesto por una auténtica pléyade de nombres de propios del séptimo arte, con especial presencia de aquellos vinculados con el denominado cine-bis. Claudia Cardinale, Caroline Munro, Joe Dante, John Landis, Lou Ferrigno, Alex Cox, Ruggero Deodato, Rutger Hauer, Fred Williamson, Danny Trejo o Robert Englund son solo algunos de los integrantes de la larga lista de personalidades anunciadas, a las que hay que añadir a tres de los rostros más emblemáticos del western mediterráneo, con permiso del propio Franco Nero: Fabio Testi, Gianni Garko y George Hilton. Lo más curioso del caso es que ninguno de los personajes que se señalan junto al nombre de estos actores se corresponde con los nombres de los que aparecen en la sinopsis…

En cuanto a Dreamfilms GmbH, la compañía encargada de financiar la futura película, se trata de una modesta productora fundada en 2003 por Willi Kamarad. Aunque la empresa se inició rodando videos musicales y cortometrajes, finalmente comenzó a producir largometrajes, entre los que se encuentran el film de terror Bunker of the Dead (2015), anunciada como la primera película “filmada completamente en 3D estereoscópico con una perspectiva continua de First Person Shooter“, o el thriller Der falsche Mann (2011). Entre sus próximos proyectos se encuentran Frankenstein Rec, que trae la novela inmortal de Mary Shelley a una ambientación actual y se encuentra actualmente rodando, o The Jester from Transilvania, otro proyecto de terror en fase de post-producción que cuenta con la participación de Michael Ironside o el propio Franco Nero. En cualquier caso, de lo que no hay duda es que The Fourth Horseman es el proyecto más ambicioso emprendido por la productora alemana hasta la fecha.

Published in: on febrero 21, 2019 at 6:38 am  Comments (5)  

Comienza el verkami para la publicación del libro “El cine del Oeste en la Comunidad de Madrid

El cine del oeste en la Comunidad de Madrid

Desde el pasado lunes se encuentra abierto el Verkami para la publicación de “El cine del Oeste en la Comunidad de Madrid”, de Javier Ramos y Ángel Caldito. Como su título indica, el libro nace para repasar la relación de Madrid con el género por antonomasia y destacar la importancia que tuvo la Comunidad en el desarrollo del spaghetti-western. Y es que aunque el género suele asociarse por lo general a los parajes almerienses, lo cierto es que en la entonces provincia de Madrid se rodaron, total o parcialmente más de doscientos westerns. De hecho, el papel de Madrid resultaría determinante en el nacimiento del género. Fue en Hoyo de Manzanares donde se construyó el primer poblado para el rodaje de este tipo de cintas, y allí se localizó gran parte del rodaje del título que otorgaría carta de naturaleza al estilo. Me refiero, obviamente, a Por un puñado de dólares de Sergio Leone.

Junto con Hoyo de Manzanares, La Pedriza, Colmenar Viejo, Ciempozuelos, Titulcia o Torremocha fueron otras de las localidades madrileñas donde con frecuencia cabalgaron vaqueros, indios, soldados o bandidos mexicanos. Tanto es así que en Madrid existieron tres grandes poblados del Oeste, varios poblados temporales, cuatro fuertes y decenas de ranchos y cabañas. Pero, por desgracia, a día de hoy apenas quedan restos de estos lugares y casi nadie recuerda que existieron. Es por ello que uno de los objetivos que persigue “El cine del Oeste en la Comunidad de Madrid” es dar fe de estos lugares y que los aficionados al género puedan visitarlos. Con este fin en el libro se ofrecen detalles de cada localización, además de mapas y planos.

Pero, además, “El cine del Oeste en la Comunidad de Madrid” quiere también rendir un pequeño homenaje a todos los madrileños, productores, artistas y técnicos que trabajaron en aquellas películas. Así, entre sus páginas se explica quiénes eran todas estas personas y empresas cuyos nombres aparecen en los títulos de crédito de muchos spaghetti-western. De este modo, el libro se divide en tres partes: “Historia del cine el Oeste en la Comunidad de Madrid”, “Localizaciones de rodaje” y por último, “Madrileños que trabajaron en los rodajes”. Todo ello acompañado por más de cuatrocientas fotografías a color y prólogo de José Luis Galicia, mítico decorador cinematográfico y uno de los constructores del poblado del Oeste de Hoyo de Manzanares.

El objetivo fijado para el Verkami es de tres mil quinientos euros, que se destinarán para los gastos derivados de la realización e impresión de trescientos ejemplares del libro, gastos de envíos, recompensas y otros gastos. Las aportaciones para que el proyecto pueda llevarse a van desde los 5 euros hasta 100 euros, y entre las recompensas figuran fotocromos de El precio de un hombre y de El hombre de Río Malo firmados por su director, Eugenio Martín, y en el segundo caso también por la actriz Lone Fleming, así como visitas guiadas por uno de los autores a las localizaciones donde se encontraban los poblados de Colmenar Viejo y Hoyo de Manzanares (Golden City).

Enlace al Verkami de “El cine del Oeste en la Comunidad de Madrid” aquí.

Published in: on febrero 6, 2019 at 6:36 am  Comments (1)  

Joko invoca Dio… e muori [dvd: Joko, invoca a Dios… y muere]

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Título original: Joko invoca Dio… e muori

Año: 1968 (Italia)

Director: Antonio Margheriti [acreeditado como Anthony Dawson]

Productores: Alfredo Leone, Renato Savino

Guionista: Antonio Margheriti sobre una historia de Renato Savino

Fotografía: Riccardo Pallottini

Música: Carlo Savina

Intérpretes: Richard Harrison (Joko Barrett), Claudio Camaso (Mendoza), Werner Pochath (Ricky), Paolo Gozlino (Lester, detective de la Pinkerton), Lucio De Santis (Laredo), Mariangela Giordano (Rosita), Goffredo Unger (Yuma), Spela Rozin (Jane), Aldo De Carellis (Milton Becker), Giovanni Ivan Scratuglia (Manolo, esbirro de Laredo), Luciano Bonanni (Camarero Jimmy), Alberto Dell’Acqua   (Richie), Luciano Pigozzi [acreeditado como Alan Collins] (Domingo), Calogero Caruana, Angelo Casadei, Augusto Funari, Giglio Gigli, Franco Moruzzi (Clientes del Saloon), Alexander Allerson, Guido Lollobrigida, Carlo Landa (Jugador de póker), Marco Morelli (Fitz), Piero Morgia, Claudio Ruffini, Aysanoa Runachagua (Secuaces de Ricky), Fulvio Pellegrino (Alfred, encargado de la tienda), Lucio Zarini, Renzo Pevarello (secuaces de Laredo), Riccardo Pizzuti (Paco, secuaz de Mendoza), Sergio Ukmar (secuaz de Yuma), Rinaldo Zamperla (secuaz de Mendoza)…

Sinopsis: Joko es un pistolero mestizo que sigue el rastro de los cincos hombres que asesinaron a los dos compinches con los que asaltó una caja fuerte para robarles el botín. Uno a uno va localizando y eliminando a los responsables de la muerte de sus compañeras, hasta que la última pista le lleva al encuentro de quien menos espera…

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Un año después de tomar su bautismo de fuego en el género con Dinamita Joe/Joe l’implacabile (1967)[1], Antonio Margheriti retornaba a las coordenadas del spaghetti-western con Joko invoca Dio… e muori [dvd: Joko, invoca a Dios… y muere, 1968], una propuesta radicalmente distinta de la que había protagonizado su primera visita. Mientras que en aquella abogaba por la adopción de un tono ligero, tamizado por la influencia ejercida en sus componentes por el spionistico y la coetánea serie televisiva Jim West (The Wild Wild West, 1965-1969), su regreso se saldaría con un exponente mucho más acorde a las características formales y estilísticas acuñadas por el subgénero. Pero, a pesar de sus muy diferentes enfoques, una y otra comparten su intención de eludir el mimetismo que caracterizara a la mayoría de las cintas surgidas al rebufo de los fundacionales títulos de Sergio Leone que otorgaron carta de naturaleza a la corriente.

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Curiosamente, esta pretensión es explicitada por ambos films de forma tácita a través de sus roles protagonistas en determinados momentos. Si Dinamita Jim lo hace en su secuencia de apertura, con la presentación del personaje que le da título vistiendo un poncho idéntico al lucido por Clint Eastwood en la “Trilogía del dólar”, del que se despoja una vez elimina a un grupo de forajidos con un cartucho de dinamita en lugar de con el revólver, escenificando así que no se trata de un simple remedo del “hombre sin nombre”, en la película que nos ocupa semejante declaración de principios es realizada mediante la implícita subversión a la que son sometidos diferentes rasgos identificativos de este. Algo que es sintetizado durante la escena desarrollada en el saloon. Así, al verle deshacer un puro sobre un papelillo de fumar, el hombre que se encuentra al lado del hierático protagonista le pregunta: “¿No le gustan los puros?”, a lo que este responde de forma taxativa: “No me gustan”, en directa alusión a la costumbre del protagonista de Por un puñado de dólares/Per un pugno di dollari (1964) de llevar constantemente uno de estos cigarros pegado a la comisura del labio. Acto seguido, el mismo personaje vuelve a inquirirle con indudable intención: “¿Cuál dijiste que era tu nombre?”, recibiendo una respuesta igual de seca que la previa: “No lo dije”. Gracias a la curiosidad propia de quien dice ser periodista, el hombre acaba por descubrir en el cinturón de su contertulio las iniciales J. B., correspondientes a Joko Barrett, un nombre que produce sorpresa en todos aquellos que lo escuchan, aunque, en realidad, nunca se sepa el porqué; es decir, aunque al contrario que el “hombre sin nombre” el protagonista posea un patronímico conocido, a la hora de la verdad la diferencia es nula, parece querer decírsenos.

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Hay que reconocer que, en este caso, todos estos esfuerzos encaminados a distanciarse de los films de Leone se antojan de lo más consecuentes, habida cuenta del perfil derivativo que sobre la mesa posee la propuesta. Una circunstancia que se hace patente desde la propia identidad de los actores escogidos para interpretar los papeles principales. No en vano, el encargado de dar vida a Joko, un encuerado mestizo que viste con una especie de capa étnica en sustitución del poncho del “hombre sin nombre”, es el estadounidense Richard Harrison, actor que en un principio había sido barajado por Leone para protagonizar Por un puñado de dólares y que, a decir de algunas voces, fue quien recomendó a este la contratación de Eastwood; mientras que el rol antagonista es encarnado por Claudio Camaso, hermano en la vida real de Gian Maria Volontè, intérprete a su vez de los respectivos villanos de Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio/Per qualche dollaro in più (1965).

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Este cariz imitativo se manifiesta también en los ingredientes argumentales, comenzando por una trama centrada en la enésima historia de venganza tan cara al estilo, a tal punto que el título con el que se distribuyó la película en los Estados Unidos fue, precisamente, el de Revenge. Dicha vendetta sigue el arquetípico esquema narrativo consistente en la progresiva localización y eliminación por parte del protagonista de los asesinos que acabaron con la vida de algunos seres próximos, en esta oportunidad dos compinches, idéntico al visto en otros films de la temática como De hombre a hombre (Da uomo a uomo, 1967) o Garringo (1969). Como puede verse, nada que se salga de los cauces habituados, como no sea por la inclusión de un componente romántico tan raro de encontrar en esta clase de productos, a través de la relación que se establece entre Joko y Jane, un personaje que en cierto sentido recuerda a la Maria de Django (Django, 1966), película a la que también remiten los motivos funerarios y tenebristas que recorren la cinta. Quizás por ello, en algunos países como Francia Joko invoca Dio… e muori se estrenó como si de una secuela apócrifa del film de Sergio Corbucci se tratara, bajo el título de Avec Django, la mort est là.

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Sin embargo, si tan rutinario planteamiento, desarrollado de forma episódica por medio de diferentes set pieces correspondientes a la caza de cada uno de los asesinos sin pararse a profundizar nada más, consigue escapar de la previsibilidad a la que parece condenado, lo es gracias al tratamiento del que es objeto. Tal vez consciente de lo convencional del material que tiene entre manos, Margheriti opta por relegar a un segundo plano los dispositivos dramáticos y argumentales dispuestos y concentrar su trabajo en la puesta en escena, elevando con ello el conjunto muy por encima de lo que sus ingredientes originarios pudieran ofrecer en un principio. Lo hace, en primera instancia, mediante un depurado sentido estético de la violencia, formulado desde su propio arranque, con ese plano cenital en el que cinco jinetes rodean en círculo sobre un suelo embarrado a un hombre al que cada uno de ellos tiene atado de una parte del cuerpo, y que es retomado en diversos momentos del metraje. Por ejemplo, en el insólito plano visualizado desde la vista subjetiva del atacante, como si fuera un giallo, en el que el protagonista degüella a su oponente con las espuelas de las botas tras saltar sobre él apoyándose en una viga. O el momento en el que Joko es atado por sus enemigos sobre una piedra bajo el sol, sujetándole los párpados con dos palillos con la intención de cegarle, en una estampa de una concepción similar a la de la icónica imagen protagonizada por Cristina Marsillach en Terror en la ópera (Opera, 1987), cambiando las astillas por agujas.

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Lejos de ser casuales, todas estas afinidades con el cine de terror se revelan en sintonía con las reminiscencias que la cinta mantiene con dicho género en no pocos instantes. Nada raro, por otra parte, viniendo de un cineasta cuyos mayores logros se inscriben dentro de estas coordenadas, y que en su siguiente incursión en el eurowestern llevaría a cabo una jugada similar, aunque aún más extrema, con la magnífica Y Dios dijo a Caín (… E Dio disse a Caino, 1969), un film de horror gótico en toda regla camuflado bajo los ropajes del western, del que Joko invoca Dio… e muori resulta un borrador en bruto. Son dos las secuencias en las que estas similitudes se muestran de forma más clara. En ambas, Margheriti aplica sus conocimientos de los resortes del género terrorífico, desplegando su dominio del espacio escénico por medio de una cámara escudriñadora y su mano para la creación de atmósferas, bien apoyado en este sentido por el extraordinario manejo de la luz que realiza su operador habitual Riccardo Pallottini.

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La primera de estas escenas es la del asedio nocturno a la oficina del sheriff, en la que destaca el juego que se establece con la oscuridad ambiental, y cuyas equiparaciones con el gótico alcanzan, incluso, a la presencia de telarañas en el abandonado establecimiento policial donde se refugia el protagonista. Todo un adelanto de lo que sucederá en el clímax, desarrollado en los túneles de una mina de azufre, en una situación recurrente en la obra de su responsable, como es la del (anti)héroe adentrándose en la solitaria guarida de su antagonista para enfrentarse con él, y que comprende ideas tan geniales como el uso que hace el villano del eco de la cueva para confundir a su oponente. Un personaje este llamado Mendoza que, dicho sea de paso, por características y tipología parece sacado de una película de terror, bien sea por su siniestra presencia, caracterizada por su aspecto macilento y su vestimenta compuesta por un raído sombrero de copa, bastón y levita, y potenciada por la alucinada composición que realiza un histriónico Camaso, como por su propia conducta. De este modo, durante gran parte del metraje es dado por muerto, descubriéndose en el último tramo que ha permanecido oculto enclaustrado en los túneles de la mina. Resulta bastante significativa a este respecto la ambigüedad del comentario que le hace a su amante, una vez es revelada su pervivencia; “Estamos muertos… oficialmente muertos”. Aunque quizás resulte más indicativo el detalle ya referido de que su guarida se encuentre en una mina de azufre, dada la tradicional asociación entre este elemento químico y el infierno. Se trata, en definitiva, de una suerte de diablo, sobre cuyo cuerpo inerte se cierra la película, con un plano fijo de la horripilante mueca que dibuja su rostro, en la que significativamente permanece con un ojo cerrado y otro abierto, como si estuviera ni vivo ni muerto.

José Luis Salvador Estébenez

[1] No confundir con otros dos films del género coetáneos, de similares títulos: Dinamita Jim (1966) de Alfonso Balcázar, con el que comparte además un similar argumento, y Joe, el implacable/Navajo Joe (1966), protagonizado por un jovencísimo Burt Reynolds.

Published in: on enero 4, 2019 at 6:59 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Sir Christopher Frayling

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Uno de los testimonios convocados por el documental Desenterrando Sad Hill es el de Sir Christopher Frayling. Nombrado caballero del imperio británico en 2001 por sus “servicios a la educación en arte y diseño”, su obra se ha especializado en el estudio de la cultura popular. Dentro de este apartado destaca su papel de biógrafo de Sergio Leone, labor que cristalizaría en el imprescindible volumen Sergio Leone: algo que ver con la muerte. Nadie pues más indicado para hablar del cine del italiano y explicar los motivos por los que, más de medio siglo después de su estreno, estas películas continúan más vivas que nunca, despertando un fervor casi religioso entre sus espectadores. Eso es lo que hicimos en la siguiente charla que pudimos mantener con él aprovechando su presencia en la pasada edición del Festival de Sitges, donde Sir Christopher Frayling estuvo acompañando la presentación de Desenterrando Sad Hill.

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¿Cómo le llega la noticia de que hay un grupo de gente que está desenterrando el mítico cementerio de Sad Hill y cuál es su reacción al conocerla?

Cuando Guillermo, el director de Desenterrando Sad Hill, se puso en contacto conmigo y me explicó el proyecto con fotografías de cómo se estaba restaurando el cementerio —esto sería en 2014 o 2015—, me dejó totalmente intrigado. La idea de que los fans estuviese haciendo suya la película, que hubiera gente tan apasionada por El bueno, el feo y el malo que cincuenta años más tarde estuviese interesada en pasar sus fines de semana para excavar con sus propias manos y poder recuperar el decorado original de la escena final de la película, me pareció muy conmovedora. Creo que es un ejemplo muy ilustrativo de cómo el público quiere formar parte de la historia de las películas y de cómo en estos tiempos, gracias al impacto de las redes sociales, los fans y los espectadores tienen la oportunidad de convertirse en parte de las películas e, incluso, pueden interactuar con ellas, lo cual me parece muy importante.

Originalmente Desenterrando Sad Hill estaba pensado para ser un cortometraje documental de veinte minutos sobre la restauración del cementerio de Sad Hill, pero más adelante pensamos que sería una buena idea añadir el enfoque del making of de cómo se hizo El bueno, el feo y el malo. Así que el documental habla de cómo se hizo la película de Leone hace cincuenta años, los efectos que sigue causado en los espectadores en la época actual, de lo que se decía de ella en su momento de estreno y de lo que se dice hoy. También se incluyen imágenes de conciertos del grupo de heavy metal Metallica, que desde sus inicios utiliza el tema de la banda sonora de la película “The Ecstasy of Gold” para abrir sus conciertos. Es un documental que reúne muchísimas ideas y que, de algún modo, explica cincuenta años de la relación de amor que muchos espectadores tenemos con El bueno, el feo y el malo y de los secretos que esconde la propia película.

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Usted ha basado gran parte de su carrera en investigar sobre Sergio Leone y su obra, algo que entronca en parte con lo que habla el documental. ¿Qué tiene el cine del director italiano para despertar este fervor casi religioso entre los espectadores?

Creo que en primer lugar tiene que ver el hecho de que Leone fuera un italiano que hablaba de un género tan propio de los Estados Unidos como el western y que lo hiciera desde un punto de vista europeo. Esto era muy válido para la gente que amaba la cultura de los Estados Unidos pero que necesariamente no tenía por qué amar los valores que esta cultura representaba, y aquí me parece importante que hay que hacer una diferenciación entre estos dos conceptos.

En segundo lugar, los films de Leone crearon el concepto del héroe de acción moderno, que no se centra tanto en la batalla, en la lucha, en el duelo, sino en el estilo. En este sentido, Leone utilizaba la música como años después lo ha hecho Tarantino, que coge una canción que es un éxito de una banda de rock y hace una película que gira alrededor de esta canción. Esto es exactamente lo que Leone hizo con la música que Morricone componía para sus películas.

Y en tercer lugar también está el que el cine de Leone sea, en realidad, un cine sobre el cine. No habla sobre la vida real, sino que se basa en películas italianas y españolas que emulaban a películas de los Estados Unidos, y no a la vida real. Es decir, Leone es un director vanguardista, pero que al mismo tiempo es querido por el público. Y eso es muy, muy raro y muy exclusivo, porque normalmente el público va a ver películas de los directores de vanguardia, como por ejemplo pueden ser las de Godard, pero después se desvincula. Sin embargo, en el caso de Leone la gente se siente muy ligada tanto a él como artista como a sus películas.

Por todos estos motivos a mí siempre me ha encantado el trabajo de Leone y por eso me enfrasqué en estudiar su obra. Incluso, en una ocasión el propio Leone me dijo que me fijase en que tenía que haber sido un inglés el que convenciera a los italianos para que le gustasen sus películas, lo que es muy extraño.

¿Y cómo se explica que haya sido esta versión externa del western la que se haya impuesto como canon dentro del género? Es un hecho que los westerns norteamericanos modernos beben más de las películas de Leone que de las de Nicholas Ray, John Ford o Henry Hathaway…

Cuando las películas de Sergio Leone aparecieron, entre 1964 y 1968, había un contexto político en Estados Unidos muy difícil, y el ambiente estaba muy crispado. Había un sentimiento muy crítico con la Guerra del Vietnam, lo cual se reflejó en el mundo de la cultura, como pueden ser las canciones protesta de Bob Dylan. Y las películas de Leone surgieron en este contexto, tratando además un género tan representativo de la identidad estadounidense como son las películas del Oeste, que por lo general habían representado los valores más tradicionales de la sociedad estadounidense. Y lo que consiguieron fue que todas las personas que amaban a los Estados Unidos pero no estaban de acuerdo con los valores que representaba pudieran verse identificadas en aquellos films, que no obstante bebían de toda esa tradición de las películas del Oeste. Se considera que incluso Leone devolvió al pueblo de los Estados Unidos con sus películas esa especie de cuento de hadas que habían perdido. Sus películas fueron un éxito rotundo en los Estados Unidos y de ello han bebido posteriores personalidades cinematográficas hollywoodienses, no solo dentro del western, sino también en el cine de acción y de otros géneros. El caso más evidente sería el de Sam Peckinpah, pero tampoco nos podemos olvidar que las personalidades cinematográficas de Charles Bronson, Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger han bebido de forma clara del personaje que Clint Eastwood interpretara para Leone en la Trilogía del Dólar. Se podría decir que Leone es la mayor influencia en la historia de un cineasta europeo en el cine de los Estados Unidos.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on noviembre 9, 2018 at 9:09 am  Dejar un comentario  
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