As Good as Dead [tv: El rostro del miedo]

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Título original: As Good as Dead

Año: 1995 (Estados Unidos)

Director: Larry Cohen

Productores: Larry Cohen, Artie Mandelberg

Guionista: Larry Cohen

Fotografía: Billy Dickson

Música: Patrick O’Hearn

Intérpretes: Crystal Bernard (Susan Warfield), Judge Reinhold (Ron Holden / Aaron Warfield), Traci Lords (Nicole Grace), Carlos Carrasco (Eddie Garcia), George Dickerson (Mr. Edgar Warfield), Daniel McDonald (Thomas A. Rutherford), Scott Williamson (Dr. Sullivan), Jerry Bernard (director del funeral), Thomas Prisco (técnico de hospital), Daniel Shriver (Roger), Myrna Niles (Mrs. Connor), Kathleen Marshall, Thomas W. Ashworth, Jack Forcinito, Ivonne Coll, Carol Mackintosh, Carole Wyand, Cynthia Costas, Veronica Laurence, Lynn Tulaine, Jillian Crane, Gilbert B. Combs, Carey Scott…

Sinopsis: Susan, recién llegada a Los Ángeles, traba amistad con Nicole. Como esta no tiene seguro, y sufre molestias con una úlcera, deciden intercambiar su identidad una con la otra, para que de ese modo su amiga pueda beneficiarse médicamente. Pero cuando Nicole muere en extrañas circunstancias en el hospital, Susan quedará atrapada en la identidad de aquélla…

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Tracy Lords

Larry Cohen fue un artista que debutó en televisión, donde creó diversas series, desde éxitos míticos como Los invasores hasta rarezas fascinantes como Coronet Blue. Por otro lado, siempre se le ha considerado un autor centrado en el género fantástico, aunque es innegable que tenía debilidad también por el criminal, como atestiguan títulos, dentro de su etapa de realizador, como el díptico de Harlem, Los archivos privados de Hoover, Sin salida, Efectos especiales, Ilusión mortal…, y en su etapa televisiva, series como Los defensores, Cool Million o Colombo.

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Una vez debutó en el cine, cuando regresó a la televisión se centró abundantemente dentro del formato del telefilm —tanto en su doble faceta de director y guionista, o únicamente en la segunda—, es decir, historias únicas y cerradas, aunque en ocasiones con la intencionalidad de convertirlo en una serie, como sucedió con el de también temática criminal Sparrow (1978). Y Cohen insistió en el formato del telefilm y los crímenes con As Good As Dead, que es una frase hecha en inglés, y que viene a definir algo así como estar en una situación pésima sin aspecto de poder arreglarse, aunque también, desde luego, puede servir como juego de palabras con su significado literal, que podría ser, burdamente, “muerto del todo”. En España, donde se ofreció este telefilm, se tradujo como El rostro del miedo, ahí es nada, estrenándose vía Canal + el domingo 6 de octubre de 1996 a las diez de la noche (en Estados Unidos se vio originalmente el 10 de mayo de 1995, en la cadena CBS).

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El punto de partida de este telefilm es de lo más atractivo, como puede apreciarse por la sinopsis referida, y donde de nuevo Cohen plantea el tema de la búsqueda de la propia identidad, una constante en su obra. Otra constante es la ambientación en Los Ángeles, recurso habitual del director, pero imagino que eso obedece a imperativos económicos, para no desplazarse en exceso del centro de producción. La trama también pone en tela de juicio la espantosa política de seguros médicos que impera en Estados Unidos, según la cual solo los que tienen dinero pueden ser atendidos, y donde el Partido Republicano aboga por la supresión de toda ayuda a los necesitados —en la película, cuando Nicole sufre el ataque y llegan a Urgencias, se ve como una mujer con una niña enferma no es atendida pese a sus ruegos—.

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Como decíamos, se trata de una trama fascinante, donde un personaje fallece mientras asumía la identidad de otro. Ese otro, Susan, en cierta forma habrá de investigar su propia muerte. En el hospital donde la atendieron se comportan de una manera muy misteriosa, sin aclarar las circunstancias del deceso; cuando asiste al velatorio, se le informa de que su “amiga” ya ha sido cremada, y que todo ha sido regularizado por un hermano que ella sabe con seguridad que no existe. Cuando intenta sacar dinero del cajero automático descubre que su cuenta ha sido cancelada…

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Por supuesto, todo obedece a una intriga confabulada contra la propia Susan, y ella evita su muerte debido al intercambio de roles que ejecutó con su amiga. Ahora, Susan debe descubrir el complot que hay contra ella y que busca la eliminación, en cierto modo, de su propia identidad. La trama es interesante, y pese a tratarse de un telefilm tiene un desarrollo aceptable. Cohen dirige el conjunto con sencilla funcionalidad, aunque el final no alcanza las expectativas que su origen prometía, como suele ser habitual en planteamientos de esta índole. Como es norma en el cine de Larry Cohen, hay notas de humor salpicando la trama; así, cuando Susan regresa a su casa, una niña que vive al lado le comenta a su madre: “La señora que se murió el otro día acaba de pasar”. Afea el conjunto, por supuesto, esa deslucida estética de los noventa, tanto en el propio aspecto visual de la película como por la iconografía hortera del momento.

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En el aspecto interpretativo, el protagonismo absoluto recae sobre Crystal Bernard, actriz de carácter eminentemente televisivo, donde ha hecho muchos telefilmes y ha participado en algunas series en papeles destacados, como Días felices (Happy Days, 1974-1984), It’s a Living (1980-1989) y Dos en el aire (Wings, 1990-1997). Aquí se muestra como la clásica actriz del medio, efectiva y eficiente. Tracy Lords, musa del cine porno pasada al cine “normal”, se muestra aquí algo más suelta y espontánea a como aparecía, por ejemplo, en la miniserie Tommyknockers (Tommyknockers, John Power, 1993), donde estaba sencillamente espantosa. Las acompañan Judge Reinhold, un actor siempre solvente, y el eterno secundario Carlos Carrasco.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on octubre 10, 2019 at 6:15 am  Dejar un comentario  

El irreal Madrid

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Título original: El irreal Madrid

Año: 1969 (España)

Director: Valerio Lazarov

Productor: José Manuel Albuerne

Guionista: Valerio Lazarov

Fotografía: Jorge Herrero

Música: Augusto Algueró

Intérpretes: Lola Gaos (Jefa de Gritos), Claudia Gravy (Hincha), Cris Huerta (Hincha), Emilio Laguna (Hincha), Elisa Montés (Jefa del salero), Ángel Álvarez (Jefe del mal clima), Modesto Blanch (Director del laboratorio), Luis Barbero (Jefe de ideas geniales), Irán Eory, Ángel Picazo, Antonio Ozores, Fabián Conde (Ellos mismos), Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…

Sinopsis: El club de fútbol “El irreal Madrid” abre su propio laboratorio de investigación con el fin de formar a sus hinchas en el noble arte de alentar efusivamente a su equipo.

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A finales de los años sesenta el régimen franquista estaba decidido a cambiar la cara de Televisión Española ante la mirada de esos países europeos más modernos y cosmopolitas. Se trataba de ir un paso más allá en materia cultural respecto de lo que ya supusiera para nuestro país el milagro del desarrollismo, pero en esta ocasión con la vista puesta en los premios que otorgaban los prestigiosos festivales europeos dedicados a reconocer los méritos del medio catódico. Un aperturismo que dentro del citado ente público fue promovido por Adolfo Suárez, Director General en ese momento. De esa coyuntura surge primeramente Historia de la frivolidad (1967), un programa especial escrito y dirigido por Narciso Ibáñez Serrador con la colaboración de Jaime de Armiñán en el libreto. Pero resultó que las ansias de libertad no eran tales pues la idea primigenia partía de otro título, Historia de la censura, denominación que no hizo mucha gracia a Francisco Gil Muñoz, el censor de turno. El Festival de Televisión de Montecarlo, que era el certamen para el cual se diseñó expresamente la obra y no para los espectadores patrios, exigía estrenarlo en antena previamente a la inscripción en el concurso, lo que generó más nerviosismo aún entre los implicados; se emitió para todos los televidentes hispanos mediante un vergonzoso pase en horario intempestivo, con un previo y concienzudo trabajo de tijera que eliminara los momentos más atrevidos. Con todo, la maniobra dio los frutos esperados: Historia de la frivolidad se alzó con la Ninfa de Oro en Montecarlo, la Rosa de Oro en Montreux, la Targa d´Argento en Milán y el premio de la Asociación Católica Internacional, nada más y nada menos.

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Había que seguir por esa senda intelectual y de prestigio, rizar el rizo y no reparar en gastos. Mano a mano con Adolfo Suárez se encontraba maquinando la maniobra Juan José Rosón, Secretario General de TVE por entonces y futuro Ministro del Interior, concretamente desde 1980 a 1982. Rosón conoció, precisamente, en el Festival de Montecarlo a un joven director de televisión rumano que estaba causando furor entre los profesionales europeos del gremio, Valerio Lazarov, y ni corto ni perezoso contrató al talentoso realizador. Toda esta excelencia atribuida a Lazarov la podríamos desmontar fácilmente si destacamos que el rumano también fue, ya en los años noventa, el responsable de la línea a seguir en la creación de Telecinco; calificado de “Tele-Teta”, a decir de sus detractores en referencia a fenómenos tan populares como el de las turgentes “Mama Chicho”. Pero lo cierto es que en aquella época Valerio Lazarov era casi un visionario del medio, tremendamente arriesgado y vanguardista, tal y como se puede comprobar en El irreal Madrid (1969), otro programa especial de ficción en la misma línea que el anterior de Chicho y encargo que resolvió con audaz desparpajo e inventiva pop para la primera cadena de nuestra televisión.

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No es de extrañar la adhesión de El irreal Madrid a la corriente del musical moderno tan en boga en la España del momento; aún resuena en los oídos de los melómanos el ritmo que imprimió Lazarov a sendos programas musicales como Especial Pop (1969) y 360 grados en torno a… (1972). Estaba casado con Elsa Baeza, pizpireta presentadora del primer programa mencionado, también cantante y versátil actriz que tuvo su incursión como protagonista del cine pop en la desconocida Casi jugando (Luis S. Enciso, 1969). Lo que resulta más extraño es la temática futbolera como pretexto para llevar a cabo semejante artefacto de experimentación audiovisual, concretamente a costa de una gloria nacional como el Real Madrid y en un temerario tono caricaturesco que bien podría haber acarreado un linchamiento masivo a sus responsables. Lazarov recordaba al respecto: “Fue un programa que creó polémica mucho antes de su emisión. (…) Llegaron informaciones a la prensa de que era una sátira en contra del Real Madrid. (…) Se recibieron más de dos mil cartas de protesta y con amenazas antes de que se realizara. Decidieron que justo antes de emitirlo saliera una presentadora elogiando las virtudes del equipo y, debido a eso, y a los premios que cosechó, afortunadamente me pude salvar[1].

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Aun así, se desprende de su visionado una perspicaz crítica hacia el mundo del fútbol y sus desaforados hinchas, adecuadamente encubierta tras un vertiginoso ritmo narrativo que no da pie a asimilar con sosiego todos los detalles que van desfilando ante nuestros ojos. El concurso de un variado elenco de estrellas de la canción del periodo -Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…- contribuye también a hacer más llevadera la experiencia para el despistado espectador medio, posiblemente estupefacto ante una historia sin diálogos y con un reparto donde un buen puñado de actores populares -Lola Gaos, Claudia Gravy, Emilio Laguna, Elisa Montés, Irán Eory, Antonio Ozores…- recurren a la mímica y a la pantomima en sus interpretaciones, casi a la manera del slapstick. Ya desde los títulos de crédito adquiere autonomía el rito futbolero: mediante una voz en off -que será la que nos guíe a través de toda la filmación- el locuaz comentarista (Jürgen Scheller) va presentando a todo el equipo (técnico y artístico) que interviene en la película del mismo modo que si fuera la alineación titular de un partido de fútbol; de esa manera, Valerio Lazarov, director y guionista, Augusto Algueró, compositor de la banda sonora, o Jorge Herrero, director de fotografía, desfilan ante la cámara balón en mano. Otro tanto sucede con los actores que hemos citado anteriormente, que entran a escena del mismo modo. La coletilla inmediatamente posterior, “con la participación extraordinaria de Elizabeth Taylor, Jerry Lewis, Brigitte Bardot, Claudia Cardinale, Louis de Funès, Alberto Sordi, etcétera, etcétera, etcétera”, sirve de advertencia premonitoria de que lo que vamos a ver a continuación no se rige por la ortodoxia.

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El mundialmente famoso club de fútbol El irreal Madrid abre un laboratorio para formar a sus futuros hinchas. Se trata de una escuela donde “no basta con ser aficionado, hay que reunir un sinfín de condiciones para acceder a ser estudiante de hincha”. En tan elitista centro, un equipo de profesionales se encargará de la adecuada selección de forofos; entre ellos destacan las funciones de la “jefa de gritos”, “la jefa del salero deportivo”, “el jefe de ideas geniales” y “el jefe del mal clima”. La formación se basa en instruir a los seguidores para tener una efusiva reacción ante un gol o para entonar armoniosamente los eufóricos cánticos desde la grada.

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El maestro Augusto Algueró, en un inmejorable momento creativo, encuentra en El irreal Madrid el vehículo perfecto para su inmenso talento; no es tarea sencilla musicar las imágenes que propone Lazarov, con un virtuoso estilo de filmación donde abundan los vertiginosos barridos de panorámica, zooms de todas las formas posibles -no en vano se ganó el apelativo de “Mister Zoom” en los ambientes televisivos-, y en general, la innovación a borbotones. Algueró se ve obligado, ante tanto eclecticismo fílmico, a pasar de un estilo musical a otro en cuestión de unos pocos segundos, desafío superado con creces, como era de esperar, por parte de uno de los más imaginativos compositores de nuestro cine y de nuestra televisión. Incluso Antonio Ozores tiene una impagable demostración de poderío vocal donde el colchón sonoro creado por Algueró le confiere a su actuación musical unos matices no muy alejados de cualquier artista ye-yé coetáneo. Claudia Gravy protagoniza otro momento similar al de Ozores, en una performance que no le era ajena a la actriz de origen belga ya que tan solo unos meses antes había cantado junto a Bruno Lomas en ese fallido experimento perteneciente también al spanish pop cinema que era Chico, chica, ¡boom! (1969), firmado por un Juan Bosch que había conocido mejores momentos profesionales.

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Las diferentes intervenciones musicales de los artistas invitados se suceden por medio de una surreal idea de puesta en escena: los jugadores de El irreal Madrid ya no cobran en divisas por sus triunfos sino en “estrellas”, es decir, con un show personalizado que cada popular cantante ofrece dentro de un cubículo de cristal para regocijo de los deportistas de élite, quienes mediante auriculares pueden escuchar la particular actuación. Ese reducido recinto no se ajusta a las exigencias de los dos conjuntos que aparecen en este telefilm: Los Pop Tops por un lado -que despliegan su elegante soul en un videoclip presentado por el comentarista como “algo con un poco de calor negro para el equipo blanco”-, y Los Bravos por otro –en una psicodélica secuencia que no desentonaría en sus colaboraciones con Francisco Macián si no fuese por el austero blanco y negro de la propuesta-.

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Se dan cita en El irreal Madrid el costumbrismo futbolístico más acérrimo con los Nuevos Cines europeos de vanguardia, un imposible matrimonio que quizá los espectadores de la época no vieron con buenos ojos en un primer momento[2] debido a su proyección festivalera de carácter foráneo; buena muestra de ello es que se volvería a repetir el éxito crítico de Historia de la frivolidad y el programa de Lazarov obtuvo también la Ninfa de Oro en el Festival de Televisión de Montecarlo. Aunque no cabe duda de su afiliación pop, no nos encontramos ante un trabajo con gran profusión de decorados de regusto kitsch, son más bien los omnipresentes fondos blancos lo que predomina; incluso puede verse como un guiño cromático al club de fútbol objeto de la función. Más claramente parece aflorar su voluntad canalla y transgresora dentro de los parámetros de la sociedad española del momento; así lo atestiguan las siguientes estrofas de uno de los cánticos de grada que se pueden escuchar en un momento del film: “Unos prefieren las mujeres, otros prefieren el whisky, las drogas o bailar. Pero la gente que valemos amamos el balón”. Toda una declaración de principios.

Francisco Arco

[1] Declaraciones del director extraídas de su presentación del programa en la emisión especial conmemorativa del canal TVE 50 Años (2005-2007).

[2] La respuesta de los televidentes españoles no fue muy entusiasta con la primera emisión de El irreal Madrid debido al estilo tan novedoso que  ostentaba para los cánones de la televisión de la época. Sin embargo, en un segundo pase, emitido tras haber ganado el programa el premio en Montecarlo, la aceptación popular fue mucho mayor.

¡Critters al ataque!

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Título original: Critters Attack!

Año: 2019 (Estados Unidos)

Director: Bobby Miller

Productores: Peter Girardi, Bobby Miller

Guionista: Scott Lobdell basado en los personajes de Dominic Muir

Fotografía: Hein de Vos

Música: Russ Howard III

Intérpretes: Tashiana Washington (Drea), Dee Wallace (Tía Dee), Jack Fulton (Jake), Jaeden Noel (Phillip), Ava Preston (Trissy), Vash Singh (Kevin Loong), Leon Clingman (Ranger Bob), Ho Chow (Chef Loong)…

Sinopsis: Drea vive junto a su hermano Phillip en una pequeña localidad del medio oeste americano. Tras ser rechazada por segunda vez en la Universidad en la que desea cursar sus estudios, acepta a regañadientes un trabajo como canguro de los hijos de la profesora de la facultad que se encarga de las admisiones. Con objeto de entretener a los chavales, decide llevarlos de excursión sin saber que sus caminos se cruzarán con una hostil especie extraterrestre devoradora de carne humana, los Critters.


Es muy probable que para las nuevas generaciones de aficionados al terror y al fantástico de hoy en día la película Critters (Critters, Stephen Herek, 1986) poco o nada pueda evocarles salvo alguna sonrisa. Sin embargo, para aquellos que tuvimos la fortuna de poder vivir en primera persona aquella “edad dorada de los videoclubes” en la década de los ochenta (siempre desde el cargadísimo de nostalgia punto de vista de quien suscribe estas palabras), aquellos voraces puercoespines venidos del espacio exterior tuvieron la capacidad de fascinarnos desde el primer momento en el que oteamos su atrayente e icónica carátula de la caja de su cinta VHS. No puedo negar que me encante esa ilustración del desconocido (al menos para mí) Soyka con uno de esos simpáticos bichejos en primer término. Amor a primera vista lo suelen denominar. Es por ello que, como acérrimo fan de los mortíferos Krites, no pude apenas reprimir mi alegría al enterarme de que este mismísimo 2019 se estrenarían dos proyectos diferentes con ellos como protagonistas. Dos productos humildes, de bajo presupuesto, como dictan los cánones de la saga. El primero se materializó con la serie Critters. A New Binge para Shudder, el servicio de transmisión de terror de AMC Networks, y el segundo acaba de aterrizar hace muy poco en formato de largometraje bajo el título ¡Critters al ataque! (Critters Attack!, Bobby Miller, 2019), una TV movie destinada al formato doméstico realizada por el canal SyFy bajo el amparo de la major Warner Bros y que se consolida como la quinta entrega oficial de la franquicia que comenzó New Line Cinema hace más de treinta años.

Sin embargo, antes de ponernos en faena y hablar de esta nueva película de los Critters, me es difícil obviar tanto la historia de dicha saga como sus orígenes y el contexto en el que Stephen Hereck, Domonic Muir y Don Opper, creadores -junto a los celebérrimos hermanos Chiodo- de estas seductoras criaturas, dieron rienda suelta a este fantástico microcosmos de ficción. Para ello, y sin extendernos demasiado, no queda más remedio que mencionar a quien se ha considerado durante mucho tiempo como el Rey Midas de Hollywood, es decir, al mismísimo Steven Spielberg, puesto que los carnívoros Krites son una presunta consecuencia directa de dos de sus proyectos más recordados por el fandom más generalista -entre muchísimos más, por supuesto- de los primeros años de su recordadísima, con mucho cariño, Amblin Entertaintment. El primero de ellos es, sin lugar a dudas, su primera colaboración con otro gran artesano del Séptimo Arte, el magnífico Joe Dante. Gremlins (Gremlins, Joe Dante, 1984) no sólo fue un éxito más en el marcador del director de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), sino que supo encontrar su hueco en el coranzoncito del espectador convirtiéndose en un fenómeno social hasta el día de hoy. La notoriedad conseguida por Gizmo, Stripe y compañía procuró la aparición de otros productos que siguieron de cerca su estela, convirtiendo en protagonistas a otros bichos de procedencias más dispares. Dejando de lado la referencialidad cinéfila del director de Aullidos (The Howling, Joe Dante, 1981), las alusiones caprianas de la cinta o el objetivo puramente mainstream de aquellos diablillos verdes que asolaron la pequeña localidad de Kingston Falls, esta suerte de primos lejanos -procedentes de esa “Serie B” que los Gremlins homenajeaban- intentaron como mínimo arañar algunas de las migajas de su éxito y, por supuesto, ganar unos dólares independientemente de la calidad del producto ofrecido. Los primeros en aparecer fueron los Ghoulies en el film homónimo Ghoulies (Ghoulies, Luca Bercovici, 1985), unos demonios del averno que poco o nada aportaban a la trama de su cinta, pero que el popular productor Charles Band supo sacarles rédito comercial. Roger Corman tampoco quiso dejar escapar su oportunidad y produjo la baratísima Munchies [vd/dvd: Munchies, Tina Hirsch, 1987). Pero los que de verdad nos interesan, los Critters, intentarían darle un bocado a la taquilla y al video-club de barrio solamente un año antes que la cinta de Corman.

La trama de la primera de las aventuras de los Krites me lleva a mencionar el segundo proyecto spielberiano mencionado antes. Este no es otro que el guion nunca filmado escrito por John Sayles “Night Skies”. Pese a que dicho libreto no ha sido nunca publicado, sí que pasó de mano en mano entre críticos, productores y otros cineastas contando la leyenda -sabemos con certeza que con Steven Spielberg por medio, siempre hay mucha leyenda- que a principios de los ochenta Spielberg tenía varios proyectos simultáneos y de entre todos ellos se encontraba la dirección o producción de una cinta de Serie B que venía marcada por la presión que ejercía la Columbia Pictures para la realización de la secuela de otro de sus grandes éxitos: Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977). Para ello, el rey Midas de Hollywood encargó el mencionado guion a John Sayles. Ahora reputado cineasta independiente, Sayles por aquel entonces se había granjeado cierto éxito gracias a la escritura de los libretos de otros productos de bajo presupuesto como Piraña (Piranha, Joe Dante, 1978) y La bestia bajo el asfalto (Alligator, Lewis Teague, 1980). Aquello que escribió bajo el título de “Night Skies”, basándose en presuntos hechos reales y tomando Perros de paja (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971) como principal referencia, nos contaba cómo unas criaturas llegadas del espacio exterior asolaban una granja del medio oeste americano acosando a la familia que la habitaba. Este clan familiar, desestructurado como fuera habitual en el cine de Spielberg, sería rescatado por otra raza de alienígenas que llegaría a nuestro mundo para dar caza a los primeros. Dicho tratamiento acabaría desechándose, además del avanzado trabajo para la película del genial especialista de efectos especiales Rick Baker, favoreciendo la reescritura de Melissa Mathison. Al leerlo durante una estancia en el set de rodaje de En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, Steven Spielberg, 1981), la desaparecida guionista vio el potencial en una de sus subtramas, concretamente aquella en la que uno de los hostiles extraterrestres crea una especie de vínculo afectivo con el hijo menor autista de la familia hostigada, dando pie a otro mega éxito de la época: E.T. El extraterrestre (E.T. The Extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982). Pero eso forma parte de otra historia.

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Si nos centramos en el esquema principal del relato de Sayles, es decir, una familia atrapada en un espacio cerrado, amenazada por un peligro exterior (algo que realmente viene de lejos desde los tiempos de la novela “Soy Leyenda” de Richard Matheson, el filme La noche de los muertos vivientes [Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968] o incluso Posesión infernal [Evil Dead, Sam Raimi, 1981] por poner algunos de los muchísimos ejemplos y sin entrar a hablar de lo recurrente que resulta esta situación dentro del western clásico) y salvada in extremis por una suerte de protector venido de otra galaxia, tenemos básicamente el guion de la primera entrega de los Krites que pergeñaron Stephen Hereck, Domonic Muir y Don Opper. Una primera entrega que fue lo suficientemente rentable para que la New Line Cinema y su mandamás, Robert Shaye, pusieran de su parte para intentar convertirla en una rentable franquicia. A partir de ese momento, la saga ofrecería tres películas más. En 1988 llegaría la considerada como mejor entrega de la saga de la mano de un primerizo Mike Garris, recién llegado de la cantera que suponía la mítica serie Cuentos asombrosos (Amazing Stories, 1985-1987). Critters 2 (Critters 2: The Main Course, 1988) era un “más de lo mismo, pero mejor”. Con un presupuesto más holgado que los exiguos dos millones de dólares con los que contó la primera peli se daba la oportunidad a los míticos hermanos Chiodo (Stephen, Charles y Edward), padres conceptuales y artísticos de estas carismáticas criaturas devoradoras de carne, a poder construir más puppets y a perfeccionar sus animatronics con objeto de dar aquello que la audiencia demandaba: mostrar el máximo número de Critters posible y que quedaran lo suficientemente atractivos en pantalla. Por otro lado, la historia demandaba un asedio a mayor escala que el precedente a la granja de los Brown, por lo que en esta ocasión sería el pequeño núcleo rural de Grover’s Bend el que sería sitiado por tan viles bichejos dando lugar a las imágenes más icónicas de la franquicia como el desnudo de la fallecida “Conejita Playboy” Roxanne Kernohan, la enorme bola formada por multitud de Critters o la escena del conejito de Pascua. Una auténtica gamberrada muy simpática, cuyo objeto no iba más allá del entretenimiento por el entretenimiento, a la que siguieron la decepcionante Critters 3 (Critters 3: You Are What They Eat, Kristine Peterson, 1991) -una cinta que se suele recordar más por la presencia de un jovencísimo Leonardo DiCaprio en su reparto que por su calidad- y la infame Critters 4: They are Invading Your Space [vd/dvd/bd: Critters 4, Rupert Harvey, 1992]. Esta última aventura de los Krites dejaba un cierto sabor amargo pese al cambio de escenario -ahora la asediada sería una nave espacial al más puro estilo, salvando las largas distancias, de Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979)- y contar en su reparto con respetables figuras del fantástico como Brad Dourif (la voz del popular Chucky) o Anders Hove (conocido principalmente por su papel como el vampiro Radu Vladislas en las cuatro entregas de la saga “Subspecies”). Esta cuarta película marcó un largo punto y aparte de casi tres décadas en las que todo fan de los Critters esperaba con verdaderas ansias cualquier cosa -película, corto, serie- dedicada a sus criaturas favoritas.

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Veintisiete largos años en los que los Krites parecían condenados a pervivir simplemente en la memoria (y la nostalgia) de los aficionados hasta que a principios de este mismo año saltase la noticia de los dos nuevos proyectos ya mencionados al principio e independientes entre sí: la serie Critters. A New Binge y la quinta película de la saga Critters Attack!. En lo concerniente al título que nos ocupa, las noticias al respecto aparecían de una forma muy dosificada. Poco a poco se fueron revelando nuevos detalles, pero no fue hasta el lanzamiento del tráiler de la miniserie A New Binge que el fandom pudo saber que paralelamente canal SyFy filmaba en secreto una nueva película de la franquicia en Sudáfrica[1] que para esas alturas se encontraba ya en fase de postproducción. Entre los detalles más destacables de este nuevo proyecto podemos resaltar varios. Entre ellos que el director del filme es Bobby Miller, responsable de The Cleanse (2016), una producción de bajo presupuesto, pero con un espíritu totalmente ochentero, en la que se nos cuenta como un tipo (Johnny Galecki, popular por su papel como Leonard Hofstadter en la no menos popular serie Big Bang Theory [The Big Bang Theory, 2007-2019]) que sigue una dieta formada prácticamente por zumos diuréticos, expulsa algo más que toxinas de su organismo. Una cinta con cierta gracia, aunque también olvidable, de la que sorprende la presencia de una veterana como Angelica Houston en su reparto. Miller también es conocido por estar casado con Daron Nefcy, animadora conocida por ser la creadora de la serie Star contra las fuerzas del Mal (Star vs. the Forces of Evil, 2013-2019) para Disney XD. Miller, de hecho, es el modelo para el personaje protagónico masculino, Marco Díaz.

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Otro detalle destacable -sobre todo para todo aquel lector de cómics de “La Patrulla X” y el popular cosmos mutante de los años noventa- es el autor del guion. Desde la segunda génesis mutante, es decir, desde el “Giant Size X-Men nº1”, fechado en julio de 1975, Lein Wein presentó a un equipo diverso de nuevos mutantes que representaban un marcado contraste con la alineación adolescente de los primeros “X-Men”. Hablamos de mutantes adultos, maduros, procedentes de todas partes del mundo y de entre los cuales destacaban personajes que acabarían siendo muy populares como Lobezno, Tormenta o el mutante metálico de origen ruso Coloso. A partir de entonces, el timón de esta nueva generación de mutantes recaería en la figura del escritor Chris Claremont, auténtico patriarca del “Universo X-Men” hasta que, por discrepancias editoriales, decidiera poner tierra de por medio y abandonar Marvel Comics. Entre aquellos que tuvieron que asumir la difícil tarea de sustituirle, se encontraba un joven guionista que podemos ver acreditado en Critters Attack! Su nombre es Scott Lobdell. Pese a estar estrechamente vinculado al mundo del cómic, donde ha trabajado para las grandes editoriales norteamericanas, no es la primera vez que el estadounidense firma el libreto de una película. Recordemos que suyo es el guion de una rentable producción de Blumhouse Productions, el slasher Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, Christopher B. Landon, 2017).

Sin embargo, y de cara al goce del aficionado, dos detalles más son totalmente reseñables. El primero tiene que ver con la vuelta a la franquicia de una de las actrices que participó en la primera entrega de 1986 y una de las musas del género fantástico por excelencia. A imagen y semejanza de otras grandes figuras como la veterana Jamie Lee Curtis en su regreso a la saga de Michael Myers (La noche de Halloween [Halloween, David Gordon Green, 2018]), Dee Wallace se enfrenta de nuevo a los voraces Krites. Sobran las presentaciones para esta gran actriz, pero por si alguien no logra ponerle cara podemos decir que protagonizó una de las, para un servidor, mejores películas de licántropos, la ya citada Aullidos, sufrió los ataques de ese San Bernardo psicótico llamado Cujo (Cujo, Lewis Teague, 1983), aunque sin duda pasará a la posteridad por interpretar a la madre de Michael, Gertie y Elliot en E.T. el extraterrestre. En primeras instancias, Dee Wallace insinuó su participación en una entrevista para el canal BionicFuzz[2]. Incluso unas imágenes en su perfil de Instagram -borradas al saltar todas las alarmas- la situaban en Ciudad del Cabo. Toda suerte de rumores que se acallaron una vez salió a la luz el primer avance en forma de tráiler del filme. El visionado del mismo eliminaba de un plumazo uno de los mayores miedos que pudiera tener el aficionado, es decir, en las primeras imágenes de Critters Attack! saltaba a la vista de que los Krites serían animados de forma tradicional. Indicio alguno de uso de CGI para alivio de aquellas mentes más agoreras. De hecho, la propia Dee Wallace afirmaría que esa era una de las principales razones que la llevaron a aceptar participar en este nuevo reinicio de la saga tantos años después de su papel como Helen Brown, la histérica madre de la familia Brown asediada por los Critters en el filme homónimo:

Me sentí muy feliz cuando me invitaron a participar en el reinicio de Critters. Mi primera pregunta fue: ‘¿Esto se va a hacer con CGI?’ Y dijeron que no, que iban a usar gran parte del diseño original de las marionetas. Y dije: ‘Oh, déjame leer el guion’. Me gustó el guion y me gustó mi parte, mi personaje es una auténtica luchadora. Pero mi principal preocupación era el CGI, porque en una película como esta los verdaderos fanáticos insisten en que no quieren ver a los Critters de una manera diferente. Están realmente convencidos de la pureza del material original”, declaraba la actriz[3].

Es totalmente motivo de alabanza el hecho de que, en una producción de estas características -es decir, de bajo presupuesto y bajo el amparo de un canal como SyFy, dedicado casi en exclusiva a la gestación de subproductos de escualos de diversa índole generados por ordenador- se haga uso de efectos prácticos y de marionetas y/o animatronics para “dar vida” a las criaturas que dan nombre a la saga. Los efectos tradicionales son normalmente más caros y llevan mucho más trabajo que el CGI, pero a su favor tienen que resultan mucho más verosímiles en cámara y envejecen como el buen vino. El propio director de la película, Bobby Miller, en declaraciones en la reciente Comic Con de San Diego, estuvo de acuerdo con tal afirmación. Según él mismo, nadie quiere ver un Critter realizado con CGI y es por ello que se construyeron unas veinte marionetas para la producción. “Crecí con películas como Critters, Gremlins y otras películas de iniciación al terror que no deberías ver cuando eres niño. Critters fue la primera película que me jodió de verdad”, declaraba el realizador. El especialista en efectos especiales Werner Pretorius (de larga trayectoria y con un currículum en el que podemos encontrar series como Las escalofriantes aventuras de Sabrina [Chilling Adventures of Sabrina, 2018-2019] o Falling Skies [Falling Skies, 2011-2015] y películas como Elysium [Elysium, Neill Blomkamp, 2013] o Star Trek: Más allá [Star Trek: Beyond, Justin Lin, 2016]) sería el encargado de la supervisión en la creación de dichos puppets que, si se me permite añadir, se ven magníficos en prácticamente todas sus apariciones. Como novedad, y ya anticipada en el primer tráiler de la cinta, aparece un nuevo tipo de Critter que responde al nombre de Bianca. Una criatura con rasgos a caballo entre los del Krite clásico con los Mogwais de Gremlins que acabará formando parte del triunvirato femenino protagonista de la película junto al personaje de Dee Wallace y el principal encarnado por la actriz Tashiana Washington.

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En cuanto al argumento, la acción transcurre en una pequeña localidad del medio oeste de los Estados Unidos. Allí vive Drea (Tashiana Washington) con su hermano Phillip, aficionado a la ufología. Ambos son huérfanos y viven con su tío, un jefe de policía local un tanto alcohólico. La joven, rechazada por la Universidad en la que desea cursar sus estudios, acepta a regañadientes hacer de canguro de los hijos de la profesora encargada de las admisiones de dicha facultad. De esta forma, al más puro estilo Elisabeth Shue en Aventuras en la gran ciudad (Adventures in Babysitting, Chris Columbus, 1987) se verá inmersa junto a aquellos a los que tiene que cuidar en una verdadera pesadilla en la que cruzarán su camino con la Krite Bianca, la tía Dee (el personaje de Dee Wallace) y, por supuesto, los Critters. Es cierto que la cinta toma elementos característicos de la saga, es decir, la ambientación en una remota localidad rural, el humor negro de las criaturas o la presencia de un cazarrecompensas al rescate. Se nota que tanto Miller como Lobdell son fans de los Critters. Sin embargo, la película adolece de muchísimas taras. Sin necesidad de que nos lo expliquen, sabemos perfectamente que todo personaje que no pertenezca al grupo protagonista o sea Dee Wallace es carne de cañón. De hecho, las escenas con estos roles que son meramente carnaza son las más divertidas de todo el filme. Estos son los momentos en el que los Krites hacen alarde de su apetito y mala baba. Pese a que se intenta emular algunas de las muertes o chanzas vistas en otras entregas de la saga, hay que reconocer que la falta de presupuesto las empobrece aún más si cabe. Los Krites, de una mayor envergadura que los aparecidos hasta el momento, están muy conseguidos y algunas de las animaciones están muy logradas. Uno de los mejores momentos es el que protagoniza un guarda forestal que, al ducharse, confunde un Critter con una esponja de baño. Quizá, desde la humilde opinión de quien suscribe estas palabras, es la mejor muerte de toda la cinta. Pero, como siempre hay un “pero”: sus apariciones son verdaderamente escasas y entre las escenas de terror y gore (muy light cabe añadir) hay multitud de tiempos muertos en los que se intenta dar profundidad a unos protagonistas con los que apenas logras empatizar (a pesar de que Tashiana Washington intenta dar algo de corazón a su personaje) y que restan ritmo a la película. Esa falta de ritmo provoca que los poco menos de noventa minutos de metraje se eternicen. Ni siquiera la incorporación de la Krite hembra o el mayor reclamo del producto, es decir, la aparición de la veterana Dee Wallace como nueva cazarrecompensas, logra salvar los muebles. De hecho, Dee Wallace aparece incluso menos que los Critters y sus apariciones, salvo excepciones, son totalmente anodinas. Incluso se desconoce si interpreta el mismo rol de Helen Brown ya que no se menciona en ningún momento. Al respecto, la actriz declaró en la reciente edición del Fantasia International Film Festival de Montreal, sede del estreno mundial de la película:

Se supone que es el mismo personaje [el de la seminal Critters], aunque ahora la llaman ‘tía Dee’. ¡Qué original!”. Continúa Wallace: “Toda mi familia ha muerto y me he convertido en un cazador de recompensas muy macarra”. Algo que no aparece ni se menciona en la película, pero que tal vez sí estuviera en los primeros borradores del guion de Lobdell. “Cuando le pregunté a Bobby Miller, el director, me dijo que ese el trasfondo del personaje. Le dije: ‘Bueno, me alegro de haberlo preguntado, porque nada de eso sucedió en la película original’. También creo que tuvieron algún tipo de problemas legales con el nombre o el mismo personaje, no estoy segura. Pero, de todos modos, ahora soy la tía Dee, ¡y soy muy fuerte, baby![4]

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En definitiva, Critters Attack! puede dejar cierto sabor agridulce en el espectador que esperaba con ganas nuevas andanzas de los Krites. Cabe destacar que, para ser una producción destinada al ámbito doméstico (ya sea en formato físico o servicio streaming), rinde un sentido y más que digno homenaje a las películas originales. Sobre todo, a sus dos primeras entregas. Los responsables de la cinta son también fans de la saga Critters y no cabe resquicio de duda al respecto. La esencia está ahí y el hecho de que las criaturas sean marionetas dice mucho a su favor. Sin embargo, la película hace aguas en el sentido de que entretener, entretiene bien poco. Hay un esfuerzo en moldear a los personajes con sus interrelaciones y trasfondo dramático que poco o nada tiene que ver con una película de los Critters. El aficionado sabe perfectamente lo que quiere de este tipo de productos y no es drama precisamente. Cuando uno se sienta frente a la pantalla de su televisor, dispositivo móvil o pantalla de cine y se dispone a ver una nueva aventura de los Krites lo que realmente desea es ver a estos simpáticos bichejos morder, desgarrar y cercenar a cuantos más individuos sean susceptibles de ser devorados mejor. Quiere humor negro y quiere ver la bola gigante de Critters que tarda lo suyo en aparecer. El fan principalmente tiene la necesidad de vivir en primera persona ese tono gamberro que caracteriza la saga. Y cierto que lo hay, pero en pequeñas proporciones. El elenco, salvo la citada Dee Wallace, es joven, prácticamente desconocido e inexperto exponencialmente. Actores malos y backgrounds irrelevantes de sus personajes que ni siquiera se aprovechan. Se mencionan o sugieren muchas cosas, pero apenas se profundiza en ello. Lamentablemente estamos ante un producto aburrido y falto de ritmo que logra sus mejores momentos solamente cuando aparecen las criaturas para darle un bocado a cualquiera de los incautos personajes dispuestos para ser carne de cañón. Eso si el ataque que le da muerte no ocurre fuera de plano, como pasa con algunos de ellos. En realidad, nos encontramos ante uno de esos productos para fanáticos y completistas. Si el espectador se encuentra dentro de ese nicho de mercado, mejor para él porque puede salir mejor parado. Sin embargo, si por el contrario se llega a su visionado atraído por la nostalgia, es más que posible que se acabe tildando como infumable. La parte positiva de todo este asunto se queda en el hecho de que los Critters han vuelto y parece que para quedarse ya que el productor de esta cinta, Peter Girardi, ha adelantado recientemente nuevos planes para la franquicia entre los cuales se incluyen nuevas películas y un especial de Navidad con el sugerente título de Merry Crit-mass Holiday Special[5]. ¿Se comerán los Critters a Santa Claus? Yo pagaría por verlo.

José Manuel Sarabia

[1] https://www.joblo.com/horror-movies/news/syfys-critters-movie-has-already-finished-filming-might-star-dee-wallace

[2] https://www.youtube.com/watch?v=LF-KkCle4WA&feature=youtu.be

[3] https://movieweb.com/critters-attack-dee-wallace-returns/

[4] https://birthmoviesdeath.com/2019/07/12/fantasia-2019-critters-attack-and-dee-wallace-is-back

[5] https://www.syfy.com/syfywire/critters-attack-sdcc-panel

Dear Mr. Gacy [tv: En la mente de un asesino en serie]

Dear Mr Gacy

Título original: Dear Mr. Gacy

Año: 2010 (Canadá)

Director: Svetozar Ristovski

Productor: Gordon Yang

Guionista: Kellie Madison, sobre una historia de Clark Peterson a partir de un libro de Jason Moss

Fotografía: Larry Lynn

Música: Terry Frewer

Intérpretes: William Forsythe (John Wayne Gacy), Jesse Moss (Jason Moss), Emma Lahana (Alyssa), Cole Heppell (Alex Moss), Belinda Metz (Valerie Moss), Michael Ryan (Frank Moss)…

Sinopsis: El asesino en serie John Wayne Gacy convoca al estudiante universitario Jason Moss a mantener una reunión privada con él en la cárcel. El joven acepta la invitación, aunque nunca podría imaginar lo que iba a tener lugar a las puertas de una prisión de máxima seguridad.

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En 1999 Jason Moss publicaba The Last Victim: A True-Life Journey into the Mind of the Serial Killer, un ensayo que suponía una reflexión, un intento de entrar en la mente del asesino en serie, y que se convertiría en un bestseller, alcanzando las setenta y seis mil copias vendidas en las diez primeras semanas[1]. Cinco años antes, Moss, que por entonces tenía unos dieciocho abriles, era estudiante en la UNVL (Universidad de Nevada, Las Vegas), donde se graduaría con honores. Preparando su tesis, entabló correspondencia con algunos destacados psycho-killers, caso de Richard Ramirez, Henry Lee Lucas, Jeffrey Dahmer, Charles Manson o John Wayne Gacy. Con este último estableció un fuerte vínculo: además de escribirse, se hicieron habituales las llamadas de teléfono las mañanas de los domingos, e incluso el joven llegó a visitarle en prisión poco antes de su ejecución por inyección letal en mayo de 1994[2]. El muchacho aseguraba que su relación con Gacy, y más su encuentro cara a cara, le afectaría profundamente, y que el famoso asesino jugó con él. Jason se denominaría a sí mismo “la última víctima” de Gacy, de ahí el título del libro, que emprendió animado por su profesor Jeffrey Kottler, quien además prologó el mismo. Con el bestseller, Moss fue entrevistado en diversos programas de televisión y radio. No tardó en saltar la controversia de si sus páginas ayudaban a comprender al asesino, echando una mano en la investigación, o si por el contrario no hacían más que explotar las miserias causadas por aquéllos.

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John Wayne Gacy sigue siendo uno de los más recordados serial-killers de todos los tiempos. Son muchos los artículos y libros que se han ocupado de tratar la vida y hazañas (ejem) de este terrible tipo. Sin embargo, no han sido muy numerosas las producciones que se han ocupado del tema en cine o televisión. A comienzos de los noventa, con el susodicho todavía vivo, llegaba la mini-serie de la FOX To Catch a Killer [tv: Atrapar a un asesino, 1992], dirigida por Eric Till y con Brian Dennehy[3] en el papel del psycho. Entrando en el nuevo siglo, el éxito de la película Ed Gein (Ed Gein, 2000) de Chuck Parello[4] sobre las andanzas del apodado “Carnicero de Wisconsin”, conllevó que otros famosos (e infames) asesinos en serie tomaran las pantallas por asalto[5], usando con frecuencia el nombre (o el mero apellido) del killer en el título. En cines se estrenaría Ted Bundy (Ted Bundy, 2002) de Matthew Bright, y para el mercado doméstico llegaron Dahmer [tv/dvd: Dahmer, el Carnicero de Milwaukee, 2002] de David Jacobson, y Gacy [tv/dvd: Gacy, el payaso asesino, 2003] de Clive Saunders, con el orondo Mark Holton como el serial-killer que aquí nos interesa. Más psicotrónica, e inédita aún por estos lares, es Dahmer Vs. Gacy (2010), dirigida por Ford Austin (que además interpreta al primero), y que toma como reclamo los nombres de estos dos iconos matarifes[6] en una absurda trama donde caben hasta ninjas. Ese mismo 2010, Clark Peterson, uno de los productores de la aplaudida Monster (Monster, 2003) de Patty Jenkins[7], producía en un estilo diametralmente distinto al trabajo de Austin el telefilm Dear Mr. Gacy, adaptando la novela de Moss y la relación de éste con el llamado “Payaso asesino”[8].

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En Dear Mr. Gacy podemos ver cómo Jason sigue por televisión el caso de John Wayne Gacy cuando está cerca de ejecutarse su sentencia de muerte en el Centro Correccional de Stateville en Crest Hill, Illinois. Su arresto en diciembre de 1978, acusado de torturar, violar y asesinar a treinta y tres muchachos -muchos de ellos menores de edad y de los que sólo veinticuatro cuerpos pudieron ser reconocidos[9] -, y su juicio en 1980 en el que sería declarado culpable por la Corte Suprema –él impuso un recurso de locura-, tenían el morbo y el interés suficiente para enganchar a la audiencia: un supuesto pilar de la comunidad, que se preocupaba por su barrio y daba trabajo a jóvenes, un tipo que además participaba en fiestas infantiles disfrazado de Pogo el Payaso, se destapaba como un asesino homosexual y pedófilo que se había cobrado más de treinta vidas desde 1972, fecha en que se instaló con su segunda mujer[10] en Norwood Park, un barrio residencial de Chicago. Pero además, su caso coincidió con la expansión de las televisiones por cable y satélite, siendo seguido paso a paso por diversos canales norteamericanos y de otras partes del mundo[11], convirtiendo a Gacy en el primer asesino mediático, una personalidad conocida por todos, amada y odiada, al estilo de las estrellas del rock o del cine[12]. Obsesionado, el muchacho decide cartearse con el reo[13], tratando de ganarse su confianza, adentrarse en su mente y su mundo, y conseguir que el asesino se abriera a él y le hablara de sus crímenes y su culpabilidad para así usarlo en beneficio de su tesis. Pero, contrariamente a sus pretensiones, será Gacy quien termine controlando la situación, afectando a la psique del muchacho, quien cambia su carácter, volviéndose violento y paranoico, y por tanto deteriorando la relación con su familia, novia, profesores y demás personas de su entorno.

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La adaptación del original literario fue obra de Kellie Madison, guionista tan poco prolífica como el director del film, Svetozar Ristovski, nacido en la antigua Yugoslavia –actual República de Macedonia-, cumpliendo ambos en su cometido. El veterano William Forsythe[14] es el nombre más conocido del reparto, y es quien encarna a un Gacy siempre amenazador (y no tan gordo), cuya mera presencia ya hace saltar las alarmas de que algo malo se acerca, en una caracterización totalmente diferente a la del verdadero asesino, cuya apariencia de tipo bonachón e inofensivo le hacía mucho más peligroso al coger desprevenidas y confiadas a sus víctimas. La popular actriz televisiva Emma Lahana interpreta a la novia del protagonista. Y Jess Moss (sin relación pese al apellido) es en la ficción Jason Moss[15], quien lleva prácticamente toda la película a sus espaldas. Y ése puede ser el punto flaco de la cinta. El actor, sin que lo haga mal, no parece el indicado para plasmar esa bajada a los infiernos a la que conduce a su personaje el manipulador psycho-killer. El estilo de la cinta, con el medio catódico como objetivo, tiene, al igual que tantas otras tv-movies, preferencia por los primeros y medios planos, y ostenta una fotografía bastante sosa. Sin embargo no estamos ante el típico telefilm sobre un asesino tan habitual en las sobremesas. Dear Mr. Gacy contiene situaciones y elementos bastante bizarros para su pase en tales horarios, como cuando el condenado a muerte le aconseja al chaval que se meta en la cama de su hermano pequeño para tener sexo con él, o cuando, de nuevo por consejo del asesino y para poder acercarse a éste, Jason se adentra en la noche de la prostitución masculina, entrevistando a un chapero y donde terminará que tener que salir corriendo al darse cuenta de que le han drogado la bebida. Los mejores momentos no obstante nos los ofrece la visita que el chico hace al preso poco antes de su ejecución, donde sale a la luz claramente el juego del gato y el ratón que han mantenido y aquél comprende la psicótica y manipuladora personalidad de Gacy.

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Pese a que, a priori, pudiera recordar a otros títulos sobre un convicto en el corredor de la muerte hablando de su vida con un interlocutor proveniente de fuera de los muros de la prisión, como podrían ser Pena de muerte (Dead Man Walking, 1995) de Tim Robbins o Condenada (Last Dance, 1996) de Bruce Beresford, la tv-movie de Svetozar Ristovski no pretende en ningún momento en que empaticemos con el procesado, ni que sintamos pena por él o nos pongamos en contra de la pena capital. Gacy es en todo momento un depredador, un ser mezquino que ni quiere reconocer sus actos ni siente la menor pena o remordimiento por aquellas más de tres decenas de muertes que causó –“Aquellos maricones merecían morir”, dice en uno de los diálogos-. Es más, hasta la intervención de Moss resulta interesada, pues busca su propio beneficio en la relación con aquél e incluso trata de manipularlo con mentiras, como hiciera igualmente con los otros psycho-killers con los que estableció contacto.

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Al final de la película se nos indica que Jason Moss decidió quitarse la vida el 6 de junio de 2006. Trabajaba como abogado –en 2002 se graduó en leyes por la Universidad de Michigan, especializándose, cómo no, en defensa criminal- en Henderson, Nevada. Siempre aludió cómo le afectó su relación con los asesinos que trató, especialmente sus fuertes lazos con Gacy, que le produjeron continuas pesadillas durante mucho tiempo. Sobre la posibilidad de que la fecha elegida para su suicidio (el 6-6-2006) tuviera algún significado, su amigo y antiguo mentor Jeffrey Kottler comentaba que podría deberse a todo el material sobre demonología y satanismo que manejó durante su relación con Richard Ramírez, el denominado “Merodeador nocturno”, al que el chico se acercó fingiendo ser el líder de un culto satánico para ganarse su atención y a quien también se hace una breve referencia en el film aquí comentado. Finalmente, Jason Moss sí sería, como él decía, “la última víctima”.

Alfonso & Miguel Romero

[1] La posterior edición en el año 2000 en tapa blanda también consiguió un elevado número de ventas.

[2] Otro célebre asesino en serie, Jeffrey Dahmer, fallecía igualmente ese año, aunque en esta ocasión asesinado en la cárcel por un grupo de presos.

[3] Gacy, pese a sus declaraciones iniciales, se retractó de éstas, declarándose posteriormente siempre inocente, hasta el mismo día de su ejecución. Incluso llegó a escribir a Brian Dennehy mostrando su indignación con la miniserie.

[4] Parello ya se había acercado a su modo (antropológico y humano) a la figura del asesino en serie en 1996 con Henry II: Portrait of a Serial Killer [tv/vhs: Henry 2: Retrato de un asesino], continuación del film de John McNaughton. Y volvería por sus fueros con The Hillside Strangler [tv/dvd: El estrangulador de la colina, 2004], en esta ocasión con Kenneth Bianchi y Angelo Buono en la diana, los denominados “Asesinos de las colinas de Hollywood” o “Los estranguladores de Hillside”.

[5] Otra oleada de recreaciones de vida y obra de conocidos asesinos en serie seguiría en la segunda mitad de la década tras la estela del Zodiac (Zodiac, 2007) de David Fincher.

[6] Ya en 1996 Jeffrey Dahmer se había cruzado en la ficción, en este caso literaria, con otro conocido serial-killer, el británico Dennis Nielsen, aunque respondan aquellos a los nombres de Jay Byrne y Andrew Compton respectivamente. Fue en la novela Exquisite Corpse de Poppy Z. Brite, publicada el mismo año en nuestro país en la colección Reservoir Books como El arte más íntimo.

[7] Centrada en la asesina en serie Aileen Wuornos, interpretada para la ocasión por una afeada Charlize Theron en el papel que le valió el Oscar a la mejor actriz en la ceremonia de 2004.

[8] Inédita en nuestro país en formato doméstico, Dear Mr. Gacy fue emitida el pasado 2018 por Antena 3 en un par de ocasiones en horario de medianoche con el título de En la mente de un asesino en serie, adaptando el subtítulo del bestseller de Moss.

[9] Gacy enterró los cuerpos en su jardín y en el entresuelo de la casa. Cuando se quedó sin sitio, arrojó algunos cadáveres al río Des Plaines. En su insistencia sobre que era inocente de los cargos de los que le acusaban, declararía que sólo era culpable de tener “un cementerio sin licencia”.

[10] Su primera esposa le había abandonado en 1968 al ser Gacy detenido y enviado a prisión acusado de sodomía. Estaría pocos meses entre rejas, saliendo antes de tiempo por buen comportamiento. La segunda se largaría en 1976 al no soportar el terrible hedor que impregnaba toda la vivienda. Vamos, que se “olió” algo, literalmente.

[11] No obstante, aunque sin los mismos medios ni por tanto repercusión, el primer juicio televisado de un asesino en serie fue el de Theodore “Ted” Robert Bundy.

[12] Ese endiosamiento de los psycho-killers que parodiaría (guion de Tarantino mediante) Oliver Stone en Asesinos natos (Natural Born Killers, 1994).

[13] Durante su estancia en prisión, en los catorce años que estuvo esperando su final en el corredor de la muerte, Gacy se dedicó a pintar y a cartearse con periodistas, admiradores y detractores. También escribió una crónica de su juicio: A Question of Doubt, en la que insistía sobre que su supuesta confesión de culpabilidad fue manipulada por la policía y los tribunales.

[14] Uno de esos actores que tanto admira Rob Zombie y al que le ha dado suculentos papeles, caso del sheriff Wydell, el azote de la familia Firefly, tan mortal y cruel como ellos, que Forsythe interpretara en Los renegados del Diablo (The Devil’s Rejects, 2005).

[15] A Jess Moss los lectores de este blog le recordarán sobre todo por su intervención en Tucker and Dale Vs Evil [tv/dvd: Tucker y Dale contra el mal, 2010] de Eli Craig.

Fauci Crudeli [tv: Cruel Jaws]

Cruel Jaws

Título original: Fauci Crudeli

Año: 1995 (Italia)

Director: Bruno Mattei [acreditado como William Snyder]

Productor: John Kent

Guionistas: Robert Feen, Bruno Mattei, Linda Morrison a partir de la novela de Peter Benchley

Fotografía: Luigi Ciccarese, Ben Jackson

Música: Michael Morahan

Intérpretes: David Luther (Francis Berger), Scott Silveria (Bob Snerensen) Kisrten Urso (Susi Snerensen), George Barnes Jr (Samuel Lewis), Richard Dew (Dag Snerensen), Sky Palma (Glenda), Norma J. Nesheim (Vanessa), Gregg Hood (Bill Morrison), Carter Collins (Ronnie Lewis)…

Sinopsis: El pueblo turístico de Hampton Bay sufre los ataques de un enorme tiburón que está sembrando el mar de cadáveres. Quedan pocos días para la celebración anual de la zona y si no se sigue adelante con los festejos la economía del pueblo puede resentirse. Por otro lado, unos mafiosos quieren cerrar el acuario Sea World y hacerse con el terreno para seguir enriqueciéndose.

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En 1976 y 1977 Bert I. Gordon adaptaba (parcialmente) a H.G. Wells con El alimento de los dioses (Fod of the Gods)[1] y El imperio de las hormigas (Empire of the Ants), usando, como en sus trabajos de los años cincuenta, transparencias para simular el gigantismo de los roedores y de los insectos respectivamente. Nacían ambos filmes ya viejos tras los muy cuidados y caros FX usados por Steven Spielberg poco antes en su exitosa Tiburón (Jaws, 1975)[2], la película culpable del renacer de la monster-movie en la segunda mitad de los setenta, que llenaría las pantallas de ataques de animales de lo más dispar, en muchas ocasiones con coartada ecológica[3], en una variante de las disaster-movies que tan buena aceptación tuvo en la taquilla de aquella década. El hombre ya no podía estar seguro ni en tierra, ni en el mar, ni por el aire. A los incendios, temblores sísmicos, huracanes y tornados, naufragios, maremotos e inundaciones, avalanchas, accidentes aéreos, caídas de meteoritos del espacio, etc., se les unía ahora toda la fauna, que enseñaba agresivamente a los humanos sus fauces.

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El gigantesco escualo del Rey Midas de Hollywood pronto recibió como respuesta la exploit de la factoría Corman con la simpática Piraña (Piranha, 1978) de un primerizo Joe Dante siguiendo el esquema argumental de su modelo, confirmando que las playas habían dejado de ser seguras (en el séptimo arte). Pero las bestias atacaban desde cualquier parte; en los bosques se encontraba Grizzly: Garras de la muerte (Grizzly, 1976) de William Girdler, del océano surgía Orca, la ballena asesina (Orca, 1977) de Michael Anderson, y ni en las ciudades se estaba a salvo, ya que de las alcantarillas salía La bestia bajo el asfalto (Alligator, 1980) de Lewis Teague[4]. Hasta el gran simio, el rey de la Isla de la Calavera, volvió al celuloide aterrorizando Nueva York en el King Kong (King Kong, 1976) de John Guillermin para Dino De Laurentiis[5], trayendo consigo de paso a otros enormes gorilas de las más variadas filmografías[6].

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Entrados los ochenta, las cintas con fauna amenazante fueron quedando relegadas a producciones más baratas. En los noventa, con la intrusión de los efectos digitales hubo un nuevo brote; los costes se abarataban y se podía crear infográficamente cualquier animal, y además todo lo grande que se quisiera. Tras irrumpir nuevamente Spielberg con Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993), en las salas triunfaron Anaconda (Anaconda, 1997) de Luis Llosa y Mandíbulas (Lake Placid, 1999) de Steve Miner[7], pero donde este tipo de trabajos se acomodó principalmente fue en el medio catódico. De este modo nos llegaría The Beast (tv: La bestia, 1996), miniserie dirigida por Jeff Bleckner y protagonizada por William Petersen sobre una novela de Peter Benchley (Tiburón), en la que el terror marino tenía forma de pulpos gigantes; el mismo autor serviría también de base para Peter Benchley’s Creature, [tv: La criatura, 1998], realizada por el canadiense Stuart Gillard, donde el peligro que acecha en las aguas es un tiburón blanco al que el ejército americano ha modificado con ADN humano, convirtiéndolo en anfibio y con cerebro para ir aprendiendo y haciéndose más peligroso. En estos trabajos televisivos, y con el alibí una vez más de basarse en páginas de Benchley, se encuadra Fauci Crudeli, distribuida internacionalmente como Cruel Jaws[8], producción televisiva italiana sobre un tiburón gigante que causa estragos y que firmaría Bruno Mattei con el alias de William Snyder, en lugar de su más socorrido Vincent Dawn.

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Sin entrar en la discusión de si los aciertos en la carrera de Bruno Mattei le corresponden a él o a Claudio Fragasso (ya ellos se dedicaron a meterse uno con el otro durante años), lo que sí es seguro es que el primero, a pesar de que el tiempo no había pasado en balde y el séptimo arte había cambiado muchísimo tras irrumpir la década de los ochenta, siguió hasta el fin de sus días haciendo películas como si la época dorada del cine de género no hubiera pasado en Italia (y Europa); filmando una y otra vez cintas de zombis, de caníbales, de comandos, westerns, thrillers con toques de giallo, eróticas, etc… Eso sí, cada vez con menos medios técnicos y artísticos y, sobre todo una vez entrado en el nuevo siglo, haciendo uso del formato vídeo con resultados no muy de agradecer y de las que muy pocas se llegaron a ver en nuestro país. Trabajos en muchos casos con sensación de anacronismo. Mattei parecía en numerosas ocasiones llegar tarde a la explotación de géneros y filones, empeñado en tratarlos cuando éstos habían dejado de ser rentables[9]; como los spaghetti-westerns Apache Kid /Bianco Apache (1987) y Scalps: Venganza india/Scalps (1987), rodados en Almería en régimen de coproducción con España, como en los mejores tiempos del cine del oeste mediterráneo, pero ya en la segunda mitad de los ochenta, con el género muerto desde el decenio anterior; o el giallo para televisión Gli occhi dentro [tv: Ojos sin cara] que data de 1994, cuando el thrilling all’ italiana llevaba más de una década casi extinto de las carteleras[10]. La misma Cruel Jaws, fechada en 1995, tiene aspecto de haber sido hecha por lo menos una década antes. Al igual que los largometrajes arriba citados dirigidos por Bert I. Gordon, la película de Mattei lucía anticuada ya en su estreno.

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El rodaje de la cinta que nos ocupa tuvo lugar en Florida. Como en muchas otras producciones transalpinas que trataban de parecer estadunidenses, el equipo técnico era mayormente italiano mientras el reparto estuvo constituido por personal norteamericano[11]. Sería por el poco capital que manejaban que muchos de ellos eran actores jóvenes e inexperimentados. Mattei no se defendía con el inglés y era su hija quien se encargaba de dar las instrucciones en el idioma sajón.

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Cruel Jaws, pese a seguir el argumento -como tantas y tantas películas con escualos y otros bichos marinos- de Tiburón, lamentablemente queda muy lejos de la perfecta combinación de aventuras clásicas, cine de catástrofe y monster-movie, así como del aliento épico y la deuda con Herman Melville, del original de Spielberg. Para más inri, se hace harto previsible en su desarrollo. Tampoco cuenta con un reparto sólido como el del título que copia (ni con un presupuesto muy allá), y parece que parte del cast lo reclutaron en las playas de Venice, con el realizador empeñado en lucir la buena forma anatómica de los chicos y chicas que pueblan la cinta. Los personajes no dejan de ser arquetipos y no son pocos los diálogos y situaciones que resultan como mínimo delirantes. La puesta en escena, como era usual en su responsable, no va más allá de lo meramente funcional, y la fotografía resulta muy plana y descuidada. Y con todo, el resultado dista mucho de ser la completa aberración que se han empeñado algunos en catalogar, sobre todo vistos los films de los últimos años de temática afín. Baste sólo echar un vistazo a la (brutal) producción de monster-movies (con preferencia por los tiburones) que factura The Asylum cada año y que gusta tanto de emitir a Syfy Channel y a Cuatro[12] en horarios de sobremesa.

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El realizador echó mano, al parecer sin permiso, de metraje de documentales y de varias entregas de la saga iniciada por Spielberg para Universal, así como de un par de títulos italianos, El último tiburón (Tiburón 3) (L’ultimo squalo, 1981), de Enzo G. Castellari, y Sangue negli abissi (vd: Tiburón, duelo a muerte, 1990), de Raffaele Donato (en ocasiones atribuido a Joe D’Amato), y el ensamblaje del material propio con el aprovechado de archivo suele cantar sobremanera, empezando por el propio pez asesino, que puede ser un tiburón tigre o uno blanco dependiendo del momento. Asimismo, algunos créditos no resultan del todo claros y/o creíbles.

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Destinada a su explotación para televisión y el mercado del vídeo doméstico -en algunos países se intentó hacer pasar como otra secuela de la saga de la Universal nada menos-, Cruel Jaws se vio en nuestro país por el año 2003 en el (desaparecido) Canal 18[13], con un histriónico doblaje que confiere a ciertos personajes una dimensión casi de cartoon que, todo sea dicho, no les queda nada mal.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Una -bastante- tardía secuela llegaría finalizando los ochenta de la mano del desmañado Damian Lee –Abraxas, Guardian of the Universe [tv/vd/dvd: Abraxas, guardián del universo, 1990]- con la muy psicotrónica -y con unos (d)efectos especiales de lo más vergonzosos- Food of the Gods II [tv: Roedores, el alimento de los dioses 2, dvd: El alimento de los dioses 2 , 1989].

[2] Un par de años más tarde, y de la mano de un compañero de generación de Spielberg, George Lucas, con La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) cambiaría el concepto y la manera de hacer efectos especiales para siempre, entrando los ordenadores como herramienta esencial para los mismos.

[3] La naturaleza, ante la mano destructora del hombre, se volvía contra éste en títulos como El día de los animales (Day of the Animals, 1977) de William Girdler, El enjambre (The Swarm, 1978) de Irwin Allen, o Profecía maldita (Prophecy, 1979) de John Frankenheimer.

[4] Aunque los grandes reptiles prefirieron por norma general quedarse en aguas más cálidas, como los que se vieron en Caimán (Il Fiume Del Grande Caimano, 1979) de Sergio Martino, o Cocodrilo asesino (Killer Crocodile, 1989) de Fabrizio De Angelis y su secuela del año siguiente firmada por Gianetto de Rossi.

[5] Es llamativo que mientras en el King Kong (King Kong, 1933) original de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack para la RKO, rodada durante el periodo de la Gran Depresión, los protagonistas eran un equipo de cineastas, unos “creadores de fantasías”, de “ilusiones”, en un momento en el que los estadounidenses necesitaban evadirse al menos por un rato de la terrible situación que vivían, en la versión de 1976, hecha durante la crisis del petróleo, fueran sustituidos por un equipo de prospección petrolífera que busca nuevos yacimientos.

[6] Podemos citar El gorila ataca (A*P*E, 1976) de Paul Leder desde Corea del Sur, o el Mighty Peking Man (Xing xing wang, 1977) de Meng Hua-Ho (acreditado como Homer Gaugh) desde Hong Kong y para los Shaw Bros.

[7] Ambos títulos engendrarían diversas secuelas, principalmente para el mercado del direct-to-video, e incluso un crossover: Lake Placid vs Anaconda [tv/dvd: Mandíbulas contra Anaconda, A.B. Stone, 2015].

[8] Haciendo clara alusión al titulo original del film de Steven Spielberg, Jaws (mandíbulas).

[9] No siempre llegaba tarde, todo hay que decirlo. Con el éxito de Rambo (Rambo: First Blood Part II, 1985) de George Pan Cosmatos, Bruno Mattei se descolgaría con varios trabajos de soldados en la selva rodados en Filipinas, caso de Strike Commando [vd: Strike Commando, 1987], Doppio Bersaglio [vd: Doble objetivo, 1987] o Trappola diabolica [vd: Comando Mercenarios, 1988], a los que podríamos sumar Robowar (tv/vd: Robowar, 1988], algo así como un cruce entre este tipo de cintas bélicas con un invasor alienígena al estilo del Depredador (Predator, 1987) de John McTiernan (en versión pobre) más algo del Robocop (Robocop, 1987) de Paul Verhoeven -al que alude fonéticamente y sin vergüenza el título la película -.

[10] También Attrazione pericolosa [tv/vd: Atracción peligrosa, 1993], en sí un thriller-erótico a la estela de tantas producciones americanas destinadas a la televisión por cable y al vídeo doméstico, tiene, sobre todo en su parte final, giros argumentales muy propios de los gialli psicológicos de Umberto Lenzi.

[11] Uno de los actores, Richard Dew, quien interpreta a Dag Snerensen, el tipo que lleva el acuario marino, luce un look a lo Hulk Hogan. En una entrevista con Jay Colligan, otro miembro del cast, éste comentaba al respecto que Dew ejercía de impersonator del popular wrestler. En http://mondoexploito.com/?p=10922

[12] Con argumentos vistos cientos de veces a los que apenas varían o aportan gran cosa, efectos infográficos bastante lastimosos -un tipo con un traje de goma queda mejor, de verdad- y unos repartos integrados por unas cuantas caras jóvenes, unos pocos actores maduros que no conoce ni Dios y alguna(s) antigua(s) gloria(s). No obstante, The Asylum no está sola; un puñado de exploiters de viejo cuño se han subido al carro con trabajos afines, caso del eterno Roger Corman o sus alumnos Jim Wynorski (que llena sus cintas de chicas neumáticas, muchas procedentes del porno) y Fred Olen Ray (más su hijo, Christopher).

[13] Otro film de Bruno Mattei que sólo se ha podido visionar doblado al castellano a través de televisión fue Mondo cannibale (2004), emitida en 2012 por Buzz con el título internacional de Cannibal world. Una copia en cutre -más que una puesta al día- del Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980) de Ruggero Deodato.

Muerte en la mansión del amor [vd: El sepulcro de Lorna Love]

El sepulcro de Lorna Love cartel

Título original: Death at Love House

Año: 1976 (Estados Unidos)

Director: E. W. Swackhamer

Productor: Hal Sitowitz

Guionista: James Barnett

Fotografía: Dennis Dalzell

Música: Laurence Rosenthal

Intérpretes: Robert Wagner (Joel Gregory Sr/Jr), Kate Jackson (Donna Gregory), Sylvia Sidney (Clara Joseph), Marianna Hill (Lorna Love), Joan Blondell (Marcella Geffenhart), John Carradine (Conan Carroll), Dorothy Lamour (Denise Christian), Bill Macy (Oscar Payne)…

Sinopsis: Con el objetivo de escribir el guion para un biopic, un escritor llamado Joel Gregory se instala en la vieja mansión de una famosa actriz llamada Lorna Love y fallecida en 1935. El padre de Joel fue el gran amor de la intérprete, un hecho que inmortalizó en varios cuadros. Al llegar al lúgubre lugar junto a su esposa Donna, el autor comienza a sufrir diversos fenómenos paranormales.

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Dentro de la fructífera producción de telefilmes de temática de terror y misterio que se dio en los 70, no es de extrañar la presencia de Kate Jackson en no pocos títulos, dado que la actriz comenzó su carrera en el medio con el papel de Daphne Collins en la serie de Dan Curtis Sombras en la oscuridad (Dark Shadows, 1970-1971). Tras repetir con Curtis en Una luz en la oscuridad (Night of Dark Shadows, 1971), segundo largometraje televisivo sobre dicha serie, la Jackson sería protagonista de otras cinco películas catódicas del género, dos producidas por la RSO: Abejas asesinas (Killer Bees, 1973) de Curtis Harrington y Gritos de muerte (Death Scream, 1975) de Richard T. Heffron; y las otras tres contaron con la mano maestra del rey del prime-time Aaron Spelling[1] [1]: Escuela satánica para señoritas [vd: El colegio de Satán] (Satan’s School for Girls, 1973) de David Lowell Rich[2], El crucero de la muerte (Death Cruise, 1974) de Ralph Senensky[3], y Muerte en la mansión del amor [vd: El sepulcro de Lorna Love] (Death at Love House, 1976) de E.W. Swackhamer, todas estrenadas por el canal ABC.

Robert Wagner, quien le había proporcionado buenos dividendos a la Fox en la década de los 50, vio estancarse su carrera a finales del decenio siguiente, reciclándose con éxito en la pequeña pantalla, en una amplísima producción donde no faltaron cintas de género como La ciudad bajo el agua (City Beneath the Sea, 1972) de Irwin Allen, la jamesbondiana El mundo extraño de Madame Sin (Madame Sin, 1972) de David Greene, o Conspiración mortal (The Abduction of Saint Anne, 1975) de Harry Falk. Wagner es el protagonista principal del film que aquí nos ocupa, interpretando un doble papel como el escritor Joel Gregory y el padre de éste, el verdadero amor de todos los que tuvo la difunta Lorna Love. Una vez instalado en el caserón y comenzada su labor, Joel comenzará a trastornarse, creyendo estar en tiempos pasados y ser su progenitor, enamorándose perdidamente de la estrella y aborreciendo a su esposa Donna (Kate Jackson), a quien además alguien parece querer quitar de en medio.

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El rol de la diva recae en Marianna Hill, actriz televisiva que en los 70 se dejó ver en películas tan variadas como los westerns El Condor (El Condor, 1970) de John Guillermin o Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973) de Clint Eastwood, cult-movies como la bizarra Jaula sin techo (The Baby, 1973) de Ted Post, o clásicos del Nuevo Hollywood como la aclamada El Padrino: Parte II (The Godfather: Part II, 1974) de Francis Ford Coppola. En créditos secundarios, muy atinado tratándose de una película que versa sobre una vieja star de la Meca del Cine, encontramos a antiguas glorias hollywoodienses como Sylvia Sidney (en el papel del ama de llaves), Dorothy Lamour (como la antigua rival de Lorna Love), y el incombustible John Carradine (encarnando al pigmalión que fraguó la carrera de la Love para que luego ella lo destruyera).

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El film de Swackhamer bebe de la tradición en el cine (y la televisión) usamericano de desarrollar sus tramas en el propio mundillo de Hollywood y su star-system, algo que se remonta a los tiempos del silente, pero sobre todo comparte esa contemplación entre la admiración y el desdén, entre la ironía[4] [4] y el rapapolvo que instauró Billy Wilder con El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) y que continuarían títulos tan desgarradores como ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962) de Robert Aldrich (en este caso cambiando el séptimo arte por la farándula), dos cintas de las que la que Muerte en la mansión del amor fagocita algunos (no pocos) elementos[5]. Pero, fruto de su tiempo, también aprovecha la moda por el satanismo y el Maligno en las películas que comenzaría con La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) de Roman Polanski y terminaría por afianzarse con El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin para quedarse en las pantallas durante toda la década; y en especial fija su mirada en la conocida relación entre Jayne Mansfield y el autoproclamado Papa Negro Anton LaVey, así como en el trágico y aparatoso óbito de la rubia platino en junio de 1969 y la leyenda urbana (que el mismo LaVey ayudó a difundir) que lo rodeó[6]. Cambiando aquí el accidente automovilístico por un incendio involuntario que, faltaría más, volverá a repetirse en el catártico final, que recuerda conscientemente, y no sólo por el arrasador paso de las llamas, al clásico por excelencia de Gastón Leroux “El fantasma de la ópera” (por supuesto también inmortalizado en el Hollywood mudo). Acabando dicho fuego de paso con el arcaico palacio (y todos sus recuerdos) y recuperando el matrimonio su estabilidad.

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E. W. Swackhamer, todo un veterano de las 365 líneas, filma con profesionalidad y eficacia, sin recursos narrativos o estéticos osados pero igualmente sin estridencias, sin abusar de los tan usuales en esos años zooms y demás. Un clasicismo en la forma que se corresponde también con el fondo, en el guion de James Barnett, que elige de protagonistas a una pareja casada y de éxito (ella además embarazada), en lugar de los perdedores y vagabundos habituales en la década, destinados a deambular buscando un destino pocas veces cierto o atinado; una historia más próxima a los melodramas góticos de décadas anteriores, con el amor fou siempre presente, que al terror sórdido y feista que asolaba las pantallas norteamericanas de su tiempo, poblado por psicópatas y matarifes, y que impusieran los nuevos bárbaros de Craven, Cunningham o Hopper. Y optando por el tradicional happy end, volviendo todo al status quo, en lugar del nonsense y el angst existencial de tantas producciones contemporáneas. Claro que estamos hablando de una tv-movie (para más inri con el sello de Spelling), pero cabría añadir que Curtis Harrington, en Abejas asesinas sin ir más lejos, se marcaba un burlón final (no feliz para todos, más bien sólo para unos pocos) con la sonrisa de la misma Kate Jackson.

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[1] Quien terminó de encumbrarla como estrella televisiva a raíz de sus papeles de Hill Danko en Los patrulleros (The Rookies, 1972-1976) y, sobre todo, la Sabrina Duncan de Los ángeles de Charlie (Charlie’s Angels, 1976-1981).

[2] Donde la Jackson coincidiría con Cheryl Ladd, futura compañera en Los ángeles de Charlie al abandonar la serie Farrah Fawcett. En el 2000 Spelling produjo una nueva Satan School, con realización de Christopher Leitch donde no podía faltar un personaje para Kate Jackson, pero esta vez protagonizada por otra musa del productor, Shannen Doherty –Sensación de vivir (Beverly Hills, 90210, 1990-1994), Embrujadas (Charmed, 1998-2008)-.

[3] Curiosamente, Kate Jackson volvía aquí a hacer pareja con Eddie Albert Jr, al igual que en su otro film fantaterrorífico de ese año, la arriba citada Abejas asesinas. No sería la última vez que ambos trabajaran juntos. En 2004, dos años antes de la defunción de Albert, coincidieron en No regrets de Curt Hahm.

[4] Representativo ese cartel anunciando el “Museo de cera de Hollywood” en el inicio del film. Es a lo que han quedado reducidos aquellos primeros años de la industria, amén de la misma Lorna Love exhibida.

[5] Del film de Wilder tenemos la hacienda, otrora escenario de fiestas y opulencia, de momentos felices, que se ha visto convertida con el devenir de los tiempos en triste mausoleo, en museo macabro, en cámara mortuoria; el intento por parte de la diva de reverdecer viejos laureles, anclada en pasadas épocas de gloria, e incapaz de aceptar el transcurrir de los años; e incluso un personaje (sin mucha trascendencia en la trama), un director del primer Hollywood, Eric Herman (John A. Zee) que no deja de ser un socias de Eric Von Stroheim. Y siguiendo con Billy Wilder, resultan curiosas las afinidades de Muerte en la mansión del amor con la posterior Fedora (Fedora, 1978), pero no diremos nada más para no reventar la conclusión. De la película de Aldrich tenemos el excesivo y grotesco maquillaje que llega a lucir Lorna Love, descaradamente sacado del que porta una madura Baby Jane (Bette Davis) en su patético intento de volver a los escenarios.

[6] Si hay un accidente de coche que rivalice en el imaginario colectivo de los estadounidenses con el de James Dean y su Porsche 550 Spyder, apodado Little Bastard, es sin duda el que acabó con la vida de la pin-up y actriz Jayne Mansfield. De ello daba constancia Cronenberg según Ballard, en Crash (1996). La mañana del 28 de junio de 1967, el auto en el que viajaban la explosiva sex-symbol, su amante el abogado Sam Brody, tres hijos de la actriz, más el chofer, chocó contra un camión aparcado en la autopista 90, entre Biloxi, Mississippi, y Nueva Orleáns. La capota del coche salió disparada, causando un grave traumatismo craneoencefálico a la bombshell, una foto policial con lo que parecía una cabeza rubia sobre el capó, en realidad una peluca, dio pie a la leyenda urbana de que había sido decapitada. Los otros dos adultos también perecieron, mas los niños sólo sufrieron lesiones leves. Se culpó a Anton LaVey y la maldición que echó sobre la pareja cuando Brody se burló de aquél y su liturgia durante una visita de los amantes a la mansión del Papa Negro. El letrado notó la química sexual entre el anfitrión y su partenaire y no lo soportó (hechos corroborados por el biógrafo oficial de la actriz, May Mann). La protagonista de La rubia y el sheriff  (The sheriff of Fractured Jaw, 1958) estuvo muy involucrada en las actividades de la Iglesia de Satán, para mayor cabreo de Brody. La relación entre los dos machos alfa siempre fue competitiva y hostil. LaVey le llegó a decir a su rival que moriría en un accidente en la carretera. Y para seguir echando leña al fuego, unos días después del fatal choque, declaraba: “Estaba en mi despacho, recortando una fotografía del periódico en la que aparecía yo depositando unas flores en la tumba de Marilyn Monroe. Y cuando volví la página vi que había una fotografía de Mansfield al otro lado y que yo había cortado su garganta con total exactitud”. La polémica estaba servida para las revistas de cotilleos, y de paso era una buena publicidad para el satanista y sus actividades. Con el paso de los años, él mismo rectificaría alegando que todo había sido una simple coincidencia. Para quienes estén interesados en el tema, resulta muy recomendable el documental Mansfield 66/67 (2017) de Todd Hughes y P. David Ebersole, centrado en la relación entre estos dos iconos pop. Y para terminar, sin enrollarnos más, comentar que los restos del automóvil de la letal colisión sería exhibido por el país de las barras y estrellas, como muestra la película titulada precisamente Jayne Mansfield’s Car [DVD:Infierno en Alabama, 2012] de Billy Bob Thorton.

Movistar+ volverá a contar con una presencia destacada en la próxima edición del Festival de Sitges

Movistar+ se suma un año más a la gran celebración del género fantástico del Festival de Sitges. Así, la plataforma de televisión y Rubius preestrenarán en la próxima edición del certamen su nueva serie original, Virtual Hero, basada en los homónimos cómics que el propio Rubius publicó en 2015, y que adentra al espectador en el mundo de los videojuegos. El día elegido será el domingo 7 de octubre. Los fans de Rubius, el youtuber español de mayor éxito internacional y uno de los más seguidos en el mundo, tendrán la oportunidad de ver los tres primeros episodios de la serie de animación en los que ha estado trabajando durante los últimos años. Virtual Hero se centra en las aventuras de Rubius a través de un mundo virtual para cumplir una misión: liberar a los cien mejores gamers atrapados en el mundo de Trollmask, universo del vengativo Master Mundial de los Juegos, cuyo objetivo es acabar con todos ellos. Para ello, Rubius contará con la ayuda de diferentes personajes: desde la guerrera Sakura, a la alocada zombi Zombirella, pasando por el espectro Slimmer y la inteligencia artificial de G4t0.

Además, dentro de la sección del Festival dedicada a la realidad virtual, la Slatix Sitges Cocoon, los espectadores podrán disfrutar en primera persona de VR Virtual Hero, una experiencia de realidad virtual de siete minutos basada en la serie. Se presentará en Sitges fuera de competición. En ella, el público podrá entrar en la habitación de Rubius, donde podrá jugar, divertirse y trollear, hasta que reciba una llamada de Rubius reclamando su auxilio. ¿Se convertirá el espectador en un aliado o en un adversario del youtuber?

Anime-en-femenino

Al hilo de la animación japonesa y su creciente popularidad, Movistar+ presentará en una sesión especial en el Festival, el documental Anime en femenino, en el que diferentes expertos, youtubers y profesionales del mundo del manga y del anime analizan el auge de la presencia femenina en este sector, con cineastas como Mari Okada o Naoko Yamada y dibujantes como Lolita Aldea, de la serie Virtual Hero.

Por otra parte, los aficionados a la literatura fantástica y de terror del maestro Stephen King podrán ver en el Festival el sábado 6 de octubre el primer episodio de Castle Rock, la esperada serie de terror psicológico de Bad Robot Productions, la productora de J.J. Abrams, en asociación con Warner Bros, que ha sido recientemente adquirida por Movistar Series. La serie acontece en el lugar imaginario de Castle Rock, a apenas unos metros del bosque de Maine, donde se han situado un gran número de las obras del escritor estadounidense, como Cadena perpetua, La zona muerta o Cuenta conmigo. Castle Rock, inspirada en el universo creado por Stephen King, también productor ejecutivo de la serie, cuenta con numerosas referencias y guiños a los fans –como la presencia de Sissy Spacek, que se dio a conocer para el gran público con la película Carrie, basada en la novela homónima del escritor–, y combina la dimensión mitológica con la más intimista, tejiendo una saga de luz y de oscuridad por donde deambularán los personajes.

Castle-Rock

La serie comienza con una misteriosa llamada desde la prisión Shawshank de Castle Rock que trae de vuelta a Henry Deaver (André Holland) al lugar que lo vio crecer. Aún atormentado por los fantasmas de su pasado, Deaver es un abogado defensor especializado en penas de muerte que debe encargarse del caso de un inquietante recluso hallado solo en un recóndito rincón del centro. Los hechos recientemente ocurridos en torno a la prisión abren la caja de Pandora de una sucesión de misterios que lo contamina todo y a todos en el pueblo.

Esta primera temporada –ya está renovada por una segunda–, consta de diez episodios y tiene previsto su estreno durante el próximo mes de octubre. Sus principales protagonistas son André Holland (Selma), Melanie Lynksey (Amor sin escalas), Bill Skarsgärd (el Pennywise de la nueva It), Terry O’Quinn (Perdidos) y cuenta además con la presencia de actores invitados como Sissy Spacek y Scott Glenn (The Letfovers).

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Dentro de la colaboración de Movistar+ con Sitges 2018, los días 4 y 7 de octubre, respectivamente, en Movistar Cine Doc & Roll y Movistar Estrenos podrán verse de forma simultánea a su proyección en el Festival las películas Ghost Stories (4/10), una espeluznante antología de cuentos sobrenaturales, basada en la exitosa obra de teatro de Nyman y Dyson y que cuenta con Martin Freeman como uno de los protagonistas, y I Think We’re Alone Now (7/10), una joya de ciencia ficción en clave de sátira social acerca de lo que lo que la Humanidad entiende como compañía.

Más información: sitgesfilmfestival.com

Published in: on septiembre 30, 2018 at 8:52 am  Dejar un comentario  
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El último sharknado: Ya era hora

El último sharknado

Título original: The Last Sharknado: It’s About Time

Año: 2018 (Estados Unidos)

Director: Anthony C. Ferrante

Productor: David Michael Latt

Guionista: Scotty Mullen basándose en los personajes de Thunder Levin

Fotografía: Pãtru Pãunescu

Música: Christopher Cano, Chris Ridenhour

Intérpretes: Ian Ziering (Fin), Tara Reid (April), Cassandra Scerbo (Nova), Judah Friedlander (Bryan), Vivica A. Fox (Skye), Debra Wilson (nuevo Bryan), Alaska Thunderfuck (Morgana), Neil deGrasse Tyson (Merlin), Leslie Jordan (Benjamin Franklin), Darrell Hammond (George Washington), Ben Stein (Alexander Hamilton), Roy Taylor (Jebediah Clarke), Constantin Viscreanu (Paul Revere), Dexter Holland (capitán británico), Dee Snider (Sheriff), Jonathan Bennett (Billy el niño), Chris Owen, James Murray (Eastwood), Gilbert Gottfried (Rand McDonald), Tori Spelling (Raye), Dean McDermott (Gilly), Benjy Bronk (Connor Beale), Robbie Rist, Anthony C. Ferrante, Joel Valder, Thom Bowers (miembros del grupo Quint), Christopher Knight (abuelo Clarke), Catarina Scerbo (Nova de niña), Bernie Kopell (capitán de embarcación), Juliana Ferrante, Emma Neal, Charles Hittinger (Matt Shepard), Ryan Newman (Claudia), Israel Sáez de Miguel (capitán Santiago), Marcus Choi (Palmer), Alexandre Ottoni (Azzinaro), Latoya Jackson (Cleopatra), James Hong (Confucio), Eileen Davidson (María Antonieta), Shad Gaspard (Muhammad Ali), Jayson Paul (Joe Lewis), Kato Kaelin (rey vikingo), Patrick Labyorteaux (César), Brendan Petrizzo, M. Steven Felty, Matie Moncea, Todd Rex, Marina Sirtis, Audrey Latt, Ana Maria Varty Mihail, Tiberiu Harsan, Andrei Olteanu (Frodo), Noodles, Ian Ridenhour, Kathrine Ridenhour, Chris Ridenhour, Kim Little, Brady Latt, Moise Latt, Aiden Cano, Zachary Cano , Raine Michaels, Bob Ellis, Erin Ziering, Mia Ziering, Penna Ziering, Roxanna Bina, Kacie Flowers, Courtney Quod, Brandon Quod, Nick Grothe, Tammy Klein, Anna Rasmussen, Ana Florit, Paul Logan, Julia LaJuett (Amelia Earhart), Al Roker, Petunia, Thunder Levin, Sharon Desiree (Juana de Arco), Bo Derek (May), Gary Busey (Wilford Wexler), Mark McGrath, Masiela Lusha, John Heard, Adolph Tengi, Adrian Boanta, Adriana Saus, Alecu Ciocoi, Alexandra Gaspar, Alexandru Cernat, Alexandru Chiru, Alin Pauna, Andreea Prodan, Andreea Mailat, Andreea Guef, Andreea Prichinet, Andrei Irimia, Andrew Jackson, Anna Kachmaryk, Anna Valendez, Anthony Manasi, Antiwne Grant, Justin Allen …

Sinopsis: Tras enfrentarse a tiburones por todo el planeta, Fin Shepard deberá viajar en el tiempo para salvar al mundo de los sharknados, al tiempo que intenta resucitar a su familia.

El último sharknado1

Si hace cinco años alguien nos dice que un modesto telefilm de ciencia ficción realizado para un canal temático iba a convertirse en un fenómeno de culto sin precedentes en el medio catódico le habríamos tomado por loco. Pero, contra todo pronóstico, así ha sido. El revuelto mediático generado en redes sociales durante su primera emisión en los Estados Unidos el 11 julio de 2013 convirtió a Sharknado en acreedora del oficioso título de “película más tuiteada de la historia”, siendo la palanca a partir de la cual se ha cimentado toda una saga prolongada a través del tiempo con cinco secuelas de periodicidad anual que se han encargado de exprimir los motivos que propiciaron la repercusión obtenida por la originadora; esto es, la ridiculez propia de un demencial planteamiento conceptual consistente en la fusión entre el cine de catástrofes naturales con el de las películas de escualos asesinos que resume el acrónimo que le da título y que se podría traducir como “Tornado de tiburones”. Nada más.

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Gran parte del mérito que explica la aceptación disfrutada por la saga, si no la única, ha sido la manifiesta habilidad de sus responsables a la hora de conseguir que su producto conectara con las apetencias del público. Nada raro, por otra parte, en vista de los antecedentes comentados, y que ha llevado a que los ingredientes de la propuesta se fueran amoldando según los gustos de la audiencia, hasta el punto de poner en manos de esta la suerte a correr por determinados personajes. Como explica su actor protagonista, Ian Ziering, la serie «ha ido cambiando en función de la respuesta de la audiencia. Utilizan unos grupos de sondeo cuyos comentarios cuantifican mediante análisis, y lo que sea que puntúen algo se añadirá en mayor medida en la siguiente película»[1]. Así, tras el inesperado éxito del primer film, las siguientes entregas han hecho de la autoparodia su razón de ser, en una jugada de lo más inteligente, al elevar al paroxismo las carencias y defectos de toda índole que presentaba el primer Sharknado hasta convertirlas en su principal aliciente.

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Pero además de la autoconciencia con la que han asumido sus limitaciones para reírse de ellas, en sus cinco continuaciones la saga ha conformado una suerte de personalidad propia derivada de la reiteración de una serie de ingredientes de uno a otro título. La articulación de una trama itinerante protagonizada por los esfuerzos de Fin Shepard para reunirse con su familia en medio de un tornado de tiburones como pretexto con el que enlazar una escena de acción tras otra, cuanto más grotesca y ridícula mejor; la proliferación de cameos de viejas glorias cinematográficas y celebridades locales, en su mayoría desconocidas fuera de su país de origen; o los continuos guiños y referencias a famosos films, por lo general localizados en la década de los ochenta, suponen los principales rasgos característicos de una fórmula basada antes en la pretendida creación de un juego cómplice para con el espectador que en sus posibles cualidades artísticas, por lo demás inexistentes.

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Sin embargo, nada dura eternamente y, con su sexta entrega la saga Sharknado ha creído oportuno poner el fin. Aunque de momento no han trascendido los motivos que han llevado a sus responsables a adoptar semejante decisión, parece claro que una de las razones que han ejercido mayor fuerza son los evidentes síntomas de agotamiento que a estas alturas acusa una fórmula repetida ad nauseam de un film a otro sin apenas variación, más allá del cambio del marco escénico en el que se desarrolla cada una de sus tramas. De este modo, tras visitar Los Ángeles, Nueva York, Washington, la Costa Este, distintas localizaciones internacionales e, incluso, el espacio, pocas bazas les quedaban a los guionistas para presentar una ambientación que resultara novedosa, máxime siendo este el principal rasgo distintivo de cada nueva película con respecto a sus precedentes, decantándose en esta oportunidad por los viajes temporales. Una falta de ideas que, en cierto sentido, su propia coprotagonista, Tara Reid, ha reconocido de forma consciente o inconsciente en algunas de las entrevistas realizadas durante la gira promocional del film, al declarar: «Ya hemos hecho “espacio exterior”, hemos viajado alrededor del mundo… ¿qué más podíamos hacer? Viajes en el tiempo»[2].

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La utilización de este esquema, que tal y como es expuesto recuerda en cierto sentido al de la novela La máquina del tiempo de H. G. Wells y que propicia la aparición de diferentes personajes históricos y/o legendarios —de Merlín a Billy el Niño, pasando por George Washington o Benjamin Franklin—, facilita también el abaratamiento de costes que conlleva el reciclaje de decorados, atrezzo y diseños de efectos infográficos procedentes de otras películas de su productora, The Asylum, en consonancia con cierto rasgo oportunista patente en mayor o menor medida a lo largo de la saga, antojándose la elección de las diferentes épocas en las que discurre la episódica trama a partir de tal circunstancia. Por lo demás, la película repite a pies juntillas el modelo ya conocido, sin más novedad que la aparición de personajes históricos y/o legendarios aprovechando la oportunidad que en este sentido le ofrece su premisa, caso de Benjamin Franklin, Billy el niño o George Whasington, lo que reincide la comentada búsqueda de sus responsables de establecer un vínculo de complicidad con el espectador, así como la reaparición de varios personajes que se creían muertos en anteriores entregas y otros apuntes pretendidamente emotivos dirigidos a los seguidores de la saga que denotan su condición de cierre de la misma.

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Antes que en sus resultados, de nuevos incapaces de despertar la hilaridad que se presupone de una película supuestamente hecha mal a propósito, quizás lo más interesante de este El último Sharknado: Ya era hora es la forma en que se ríe de sí misma, ya sea por las connotaciones que guarda su título, como porque el punto partida de esta entrega sea detener el primer sharknado de la historia y evitar así que se produzcan los hechos relatados en las anteriores películas; esto es, impedir la propia existencia de la saga en última instancia. Exigua recompensa, sin ninguna duda, pero que incita a plantearnos ciertas preguntas. Y es que si comenzábamos estas líneas aludiendo a la excepcionalidad de lo conseguido por la saga Sharknado en sus cinco años de existencia, ¿cuál será su huella en un futuro ahora que su producción entra en vía muerta? ¿Será recordada o, por el contrario, caerá en el olvido más profundo una vez pasada la moda? ¡Ay!, quién pudiera viajar en el tiempo y poder comprobarlo…

José Luis Salvador Estébenez

[1] “Ian Ziering afronta El último Sharknado: ‘Hollywood se ha fijado en nuestra fórmula para ver qué hacían mal’” de Lorenzo Ayuso, entrevista publicada en el portal vertele! el 23 de agosto de 2018 (http://vertele.eldiario.es/noticias/Entrevista-Ian-Ziering-Sharknado-Hollywood_0_2039496059.html).
[2]El último Sharknado: Hablamos con sus protagonistas” de Juan Arcones, entrevista publicada en la versión web de Fotogramas el 23 de agosto de 2018 (https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a22806407/sharknado-6-tara-reid-ian-ziering-cassie-scerbo-entrevista/)

Published in: on agosto 29, 2018 at 5:58 am  Dejar un comentario  

La tormenta final llega con el próximo estreno de “Sharknado 6”

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El canal televisivo SYFY y la productora The Asylum han anunciado que la saga Sharknado concluirá con el próximo estreno en este verano de su sexta entrega, en la que Ian Ziering, Tara Reid, Cassie Scerbo, Vivica A. Fox y Judah Friedlander volverán a luchar contra la tormenta de escualos. Tras enfrentarse a tiburones por todo el planeta, en la entrega final el protagonista Fin (Ziering) deberá superar la última frontera: los viajes en el tiempo. El título completo y las estrellas invitadas se anunciarán próximamente. En cuanto al estreno de la película, se producirá durante el verano de este 2018 en SYFY.

Sharknado 5: aletamiento global terminaba con Fin paseando solo entre los escombros de lo que quedaba de la Tierra. Ahora, en Sharknado 6, deberá viajar en el tiempo para evitar la tormenta de tiburones primigenia. ¿Conseguirán Fin y sus compañeros encauzar el desastre y salvar el mundo?

Desde que la primera película de la serie se estrenó en 2013, Sharknado ha creado un tsunami en las redes sociales en todo el mundo, convirtiéndose en una película de culto. La saga destaca también por la variedad de sus estrellas invitadas: Fabio, Bret Michaels, Tony Hawk, Clay Aiken, Olivia Newton John, Andy Dick, Perez Hilton y Geraldo Rivera, entre muchos otros.

Anthony C. Ferrante dirige Sharknado 6 según un guion original de Scotty Mullen. Producida por The Asylum, la película causará estragos en el canal SYFY en más de cien países en Europa, Australia, América Latina y Oriente Medio, tras debutar en Estados Unidos.

Más información a través de los canales oficiales de SYFY (Facebook, Twitter & Instagram y www.syfy.es) y Sharknado (#Sharknado6, Facebook: facebook.com/sharknadomovies/y Twitter: @sharknadosyfy )

Published in: on abril 12, 2018 at 5:18 am  Dejar un comentario  

FANT acogerá la final de la primera edición de DARKFEST, un festival online de falsos tráilers de terror organizado por DARK y Orange

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Dark TV, El único canal televisivo en España dedicado íntegramente al terrory Orange, como principal colaborador del evento, celebran la primera edición de DARKFEST, un certamen online que premiará a los falsos tráileres de terror más brillantes a nivel nacional. Entre los colaboradores del concurso se encuentran también FANT, el festival de cine fantástico que organiza el Ayuntamiento de Bilbao y la web especializada “Aullidos”.

Hasta el próximo 5 de abril, se podrán presentar los falsos tráileres que deseen participar en el microsite darktv.es/darkfest. El vídeo no podrá ser superior a los dos minutos de duración y tendrá que simular la promoción de una película de terror ficticia: lo que comúnmente se conoce como falso tráiler. En esta iniciativa tendrán cabida todos los géneros del terror: slasher, body horror, comedia terrorífica, horror gótico, horror psicológico, terror sci-fi o anime, entre otros. Todas las características y detalles del certamen, así como los requisitos técnicos, están disponibles en la página web oficial del concurso.

Un jurado acreditado seleccionará el mejor falso tráiler, que será premiado con 700€. Además, durante todo el periodo del concurso, los usuarios podrán ver los tráilers, compartirlos en redes sociales y votar su favorito. El preferido por el público será también premiado con 350€. Y, de entre todos los votantes, saldrá un ganador que tendrá la oportunidad de viajar al FANT de Bilbao con los gastos incluidos de transporte y alojamiento para el primer fin de semana.

Los falsos tráilers finalistas y el ganador según el criterio del jurado, así como el más votado por el público, se proyectarán el viernes 27 de abril, en Bilborock, dentro de PRE-FANT. Quienes asistan a esta sesión tendrán además la ocasión de votar a su favorito que recibirá el Premio del Público de FANT, dotado con 200 euros. Esta iniciativa viene a reforzar el apoyo del Ayuntamiento de Bilbao al cine de género y especialmente a jóvenes cineastas que dan sus primeros paso en el cortometraje, una de las señas de identidad de FANT.

Además de la proyección de los falsos tráilers, la programación que pondrá fin a PRE-FANT el 27 de abril incluye un concierto con “80´BEAT”, que homenajeará en una fiesta-espectáculo a lo mejor de la New Wave más electrónica de los 80; una banda en la que confluyen músicos provenientes de grupos como “Mamba Beat” y “Doctor Deseo”, caracterizados con la indumentaria de los visitantes de la mítica serie “V”.

El Jurado valorará la creatividad, el entretenimiento, la originalidad de la historia y la producción. Entre sus miembros se encuentra el cineasta Koldo Serra, Eva Baltés, responsable de la plataforma de televisión de Orange, Orange TV, y experta en entretenimiento y media; Ferran Herranz, productor y cofundador de la distribuidora La Aventura; Roberto San Sebastián, director del largometraje La noche del virgen. También se cuenta con la participación de Francis Díaz, ilustrador de galardonas producciones como La llamada (Javi Calvo y Javi Ambrossi, 2017) o Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016) y con Txintxu Prida, que ha trabajado en el Departamento de Dirección de series nacionales como Yo soy Bea y ahora es programador del canal de terror DARK y el canal de acción XTRM.

Published in: on marzo 5, 2018 at 6:37 am  Dejar un comentario  
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