Dear Mr. Gacy [tv: En la mente de un asesino en serie]

Dear Mr Gacy

Título original: Dear Mr. Gacy

Año: 2010 (Canadá)

Director: Svetozar Ristovski

Productor: Gordon Yang

Guionista: Kellie Madison, sobre una historia de Clark Peterson a partir de un libro de Jason Moss

Fotografía: Larry Lynn

Música: Terry Frewer

Intérpretes: William Forsythe (John Wayne Gacy), Jesse Moss (Jason Moss), Emma Lahana (Alyssa), Cole Heppell (Alex Moss), Belinda Metz (Valerie Moss), Michael Ryan (Frank Moss)…

Sinopsis: El asesino en serie John Wayne Gacy convoca al estudiante universitario Jason Moss a mantener una reunión privada con él en la cárcel. El joven acepta la invitación, aunque nunca podría imaginar lo que iba a tener lugar a las puertas de una prisión de máxima seguridad.

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En 1999 Jason Moss publicaba The Last Victim: A True-Life Journey into the Mind of the Serial Killer, un ensayo que suponía una reflexión, un intento de entrar en la mente del asesino en serie, y que se convertiría en un bestseller, alcanzando las setenta y seis mil copias vendidas en las diez primeras semanas[1]. Cinco años antes, Moss, que por entonces tenía unos dieciocho abriles, era estudiante en la UNVL (Universidad de Nevada, Las Vegas), donde se graduaría con honores. Preparando su tesis, entabló correspondencia con algunos destacados psycho-killers, caso de Richard Ramirez, Henry Lee Lucas, Jeffrey Dahmer, Charles Manson o John Wayne Gacy. Con este último estableció un fuerte vínculo: además de escribirse, se hicieron habituales las llamadas de teléfono las mañanas de los domingos, e incluso el joven llegó a visitarle en prisión poco antes de su ejecución por inyección letal en mayo de 1994[2]. El muchacho aseguraba que su relación con Gacy, y más su encuentro cara a cara, le afectaría profundamente, y que el famoso asesino jugó con él. Jason se denominaría a sí mismo “la última víctima” de Gacy, de ahí el título del libro, que emprendió animado por su profesor Jeffrey Kottler, quien además prologó el mismo. Con el bestseller, Moss fue entrevistado en diversos programas de televisión y radio. No tardó en saltar la controversia de si sus páginas ayudaban a comprender al asesino, echando una mano en la investigación, o si por el contrario no hacían más que explotar las miserias causadas por aquéllos.

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John Wayne Gacy sigue siendo uno de los más recordados serial-killers de todos los tiempos. Son muchos los artículos y libros que se han ocupado de tratar la vida y hazañas (ejem) de este terrible tipo. Sin embargo, no han sido muy numerosas las producciones que se han ocupado del tema en cine o televisión. A comienzos de los noventa, con el susodicho todavía vivo, llegaba la mini-serie de la FOX To Catch a Killer [tv: Atrapar a un asesino, 1992], dirigida por Eric Till y con Brian Dennehy[3] en el papel del psycho. Entrando en el nuevo siglo, el éxito de la película Ed Gein (Ed Gein, 2000) de Chuck Parello[4] sobre las andanzas del apodado “Carnicero de Wisconsin”, conllevó que otros famosos (e infames) asesinos en serie tomaran las pantallas por asalto[5], usando con frecuencia el nombre (o el mero apellido) del killer en el título. En cines se estrenaría Ted Bundy (Ted Bundy, 2002) de Matthew Bright, y para el mercado doméstico llegaron Dahmer [tv/dvd: Dahmer, el Carnicero de Milwaukee, 2002] de David Jacobson, y Gacy [tv/dvd: Gacy, el payaso asesino, 2003] de Clive Saunders, con el orondo Mark Holton como el serial-killer que aquí nos interesa. Más psicotrónica, e inédita aún por estos lares, es Dahmer Vs. Gacy (2010), dirigida por Ford Austin (que además interpreta al primero), y que toma como reclamo los nombres de estos dos iconos matarifes[6] en una absurda trama donde caben hasta ninjas. Ese mismo 2010, Clark Peterson, uno de los productores de la aplaudida Monster (Monster, 2003) de Patty Jenkins[7], producía en un estilo diametralmente distinto al trabajo de Austin el telefilm Dear Mr. Gacy, adaptando la novela de Moss y la relación de éste con el llamado “Payaso asesino”[8].

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En Dear Mr. Gacy podemos ver cómo Jason sigue por televisión el caso de John Wayne Gacy cuando está cerca de ejecutarse su sentencia de muerte en el Centro Correccional de Stateville en Crest Hill, Illinois. Su arresto en diciembre de 1978, acusado de torturar, violar y asesinar a treinta y tres muchachos -muchos de ellos menores de edad y de los que sólo veinticuatro cuerpos pudieron ser reconocidos[9] -, y su juicio en 1980 en el que sería declarado culpable por la Corte Suprema –él impuso un recurso de locura-, tenían el morbo y el interés suficiente para enganchar a la audiencia: un supuesto pilar de la comunidad, que se preocupaba por su barrio y daba trabajo a jóvenes, un tipo que además participaba en fiestas infantiles disfrazado de Pogo el Payaso, se destapaba como un asesino homosexual y pedófilo que se había cobrado más de treinta vidas desde 1972, fecha en que se instaló con su segunda mujer[10] en Norwood Park, un barrio residencial de Chicago. Pero además, su caso coincidió con la expansión de las televisiones por cable y satélite, siendo seguido paso a paso por diversos canales norteamericanos y de otras partes del mundo[11], convirtiendo a Gacy en el primer asesino mediático, una personalidad conocida por todos, amada y odiada, al estilo de las estrellas del rock o del cine[12]. Obsesionado, el muchacho decide cartearse con el reo[13], tratando de ganarse su confianza, adentrarse en su mente y su mundo, y conseguir que el asesino se abriera a él y le hablara de sus crímenes y su culpabilidad para así usarlo en beneficio de su tesis. Pero, contrariamente a sus pretensiones, será Gacy quien termine controlando la situación, afectando a la psique del muchacho, quien cambia su carácter, volviéndose violento y paranoico, y por tanto deteriorando la relación con su familia, novia, profesores y demás personas de su entorno.

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La adaptación del original literario fue obra de Kellie Madison, guionista tan poco prolífica como el director del film, Svetozar Ristovski, nacido en la antigua Yugoslavia –actual República de Macedonia-, cumpliendo ambos en su cometido. El veterano William Forsythe[14] es el nombre más conocido del reparto, y es quien encarna a un Gacy siempre amenazador (y no tan gordo), cuya mera presencia ya hace saltar las alarmas de que algo malo se acerca, en una caracterización totalmente diferente a la del verdadero asesino, cuya apariencia de tipo bonachón e inofensivo le hacía mucho más peligroso al coger desprevenidas y confiadas a sus víctimas. La popular actriz televisiva Emma Lahana interpreta a la novia del protagonista. Y Jess Moss (sin relación pese al apellido) es en la ficción Jason Moss[15], quien lleva prácticamente toda la película a sus espaldas. Y ése puede ser el punto flaco de la cinta. El actor, sin que lo haga mal, no parece el indicado para plasmar esa bajada a los infiernos a la que conduce a su personaje el manipulador psycho-killer. El estilo de la cinta, con el medio catódico como objetivo, tiene, al igual que tantas otras tv-movies, preferencia por los primeros y medios planos, y ostenta una fotografía bastante sosa. Sin embargo no estamos ante el típico telefilm sobre un asesino tan habitual en las sobremesas. Dear Mr. Gacy contiene situaciones y elementos bastante bizarros para su pase en tales horarios, como cuando el condenado a muerte le aconseja al chaval que se meta en la cama de su hermano pequeño para tener sexo con él, o cuando, de nuevo por consejo del asesino y para poder acercarse a éste, Jason se adentra en la noche de la prostitución masculina, entrevistando a un chapero y donde terminará que tener que salir corriendo al darse cuenta de que le han drogado la bebida. Los mejores momentos no obstante nos los ofrece la visita que el chico hace al preso poco antes de su ejecución, donde sale a la luz claramente el juego del gato y el ratón que han mantenido y aquél comprende la psicótica y manipuladora personalidad de Gacy.

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Pese a que, a priori, pudiera recordar a otros títulos sobre un convicto en el corredor de la muerte hablando de su vida con un interlocutor proveniente de fuera de los muros de la prisión, como podrían ser Pena de muerte (Dead Man Walking, 1995) de Tim Robbins o Condenada (Last Dance, 1996) de Bruce Beresford, la tv-movie de Svetozar Ristovski no pretende en ningún momento en que empaticemos con el procesado, ni que sintamos pena por él o nos pongamos en contra de la pena capital. Gacy es en todo momento un depredador, un ser mezquino que ni quiere reconocer sus actos ni siente la menor pena o remordimiento por aquellas más de tres decenas de muertes que causó –“Aquellos maricones merecían morir”, dice en uno de los diálogos-. Es más, hasta la intervención de Moss resulta interesada, pues busca su propio beneficio en la relación con aquél e incluso trata de manipularlo con mentiras, como hiciera igualmente con los otros psycho-killers con los que estableció contacto.

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Al final de la película se nos indica que Jason Moss decidió quitarse la vida el 6 de junio de 2006. Trabajaba como abogado –en 2002 se graduó en leyes por la Universidad de Michigan, especializándose, cómo no, en defensa criminal- en Henderson, Nevada. Siempre aludió cómo le afectó su relación con los asesinos que trató, especialmente sus fuertes lazos con Gacy, que le produjeron continuas pesadillas durante mucho tiempo. Sobre la posibilidad de que la fecha elegida para su suicidio (el 6-6-2006) tuviera algún significado, su amigo y antiguo mentor Jeffrey Kottler comentaba que podría deberse a todo el material sobre demonología y satanismo que manejó durante su relación con Richard Ramírez, el denominado “Merodeador nocturno”, al que el chico se acercó fingiendo ser el líder de un culto satánico para ganarse su atención y a quien también se hace una breve referencia en el film aquí comentado. Finalmente, Jason Moss sí sería, como él decía, “la última víctima”.

Alfonso & Miguel Romero

[1] La posterior edición en el año 2000 en tapa blanda también consiguió un elevado número de ventas.

[2] Otro célebre asesino en serie, Jeffrey Dahmer, fallecía igualmente ese año, aunque en esta ocasión asesinado en la cárcel por un grupo de presos.

[3] Gacy, pese a sus declaraciones iniciales, se retractó de éstas, declarándose posteriormente siempre inocente, hasta el mismo día de su ejecución. Incluso llegó a escribir a Brian Dennehy mostrando su indignación con la miniserie.

[4] Parello ya se había acercado a su modo (antropológico y humano) a la figura del asesino en serie en 1996 con Henry II: Portrait of a Serial Killer [tv/vhs: Henry 2: Retrato de un asesino], continuación del film de John McNaughton. Y volvería por sus fueros con The Hillside Strangler [tv/dvd: El estrangulador de la colina, 2004], en esta ocasión con Kenneth Bianchi y Angelo Buono en la diana, los denominados “Asesinos de las colinas de Hollywood” o “Los estranguladores de Hillside”.

[5] Otra oleada de recreaciones de vida y obra de conocidos asesinos en serie seguiría en la segunda mitad de la década tras la estela del Zodiac (Zodiac, 2007) de David Fincher.

[6] Ya en 1996 Jeffrey Dahmer se había cruzado en la ficción, en este caso literaria, con otro conocido serial-killer, el británico Dennis Nielsen, aunque respondan aquellos a los nombres de Jay Byrne y Andrew Compton respectivamente. Fue en la novela Exquisite Corpse de Poppy Z. Brite, publicada el mismo año en nuestro país en la colección Reservoir Books como El arte más íntimo.

[7] Centrada en la asesina en serie Aileen Wuornos, interpretada para la ocasión por una afeada Charlize Theron en el papel que le valió el Oscar a la mejor actriz en la ceremonia de 2004.

[8] Inédita en nuestro país en formato doméstico, Dear Mr. Gacy fue emitida el pasado 2018 por Antena 3 en un par de ocasiones en horario de medianoche con el título de En la mente de un asesino en serie, adaptando el subtítulo del bestseller de Moss.

[9] Gacy enterró los cuerpos en su jardín y en el entresuelo de la casa. Cuando se quedó sin sitio, arrojó algunos cadáveres al río Des Plaines. En su insistencia sobre que era inocente de los cargos de los que le acusaban, declararía que sólo era culpable de tener “un cementerio sin licencia”.

[10] Su primera esposa le había abandonado en 1968 al ser Gacy detenido y enviado a prisión acusado de sodomía. Estaría pocos meses entre rejas, saliendo antes de tiempo por buen comportamiento. La segunda se largaría en 1976 al no soportar el terrible hedor que impregnaba toda la vivienda. Vamos, que se “olió” algo, literalmente.

[11] No obstante, aunque sin los mismos medios ni por tanto repercusión, el primer juicio televisado de un asesino en serie fue el de Theodore “Ted” Robert Bundy.

[12] Ese endiosamiento de los psycho-killers que parodiaría (guion de Tarantino mediante) Oliver Stone en Asesinos natos (Natural Born Killers, 1994).

[13] Durante su estancia en prisión, en los catorce años que estuvo esperando su final en el corredor de la muerte, Gacy se dedicó a pintar y a cartearse con periodistas, admiradores y detractores. También escribió una crónica de su juicio: A Question of Doubt, en la que insistía sobre que su supuesta confesión de culpabilidad fue manipulada por la policía y los tribunales.

[14] Uno de esos actores que tanto admira Rob Zombie y al que le ha dado suculentos papeles, caso del sheriff Wydell, el azote de la familia Firefly, tan mortal y cruel como ellos, que Forsythe interpretara en Los renegados del Diablo (The Devil’s Rejects, 2005).

[15] A Jess Moss los lectores de este blog le recordarán sobre todo por su intervención en Tucker and Dale Vs Evil [tv/dvd: Tucker y Dale contra el mal, 2010] de Eli Craig.

Fauci Crudeli [tv: Cruel Jaws]

Cruel Jaws

Título original: Fauci Crudeli

Año: 1995 (Italia)

Director: Bruno Mattei [acreditado como William Snyder]

Productor: John Kent

Guionistas: Robert Feen, Bruno Mattei, Linda Morrison a partir de la novela de Peter Benchley

Fotografía: Luigi Ciccarese, Ben Jackson

Música: Michael Morahan

Intérpretes: David Luther (Francis Berger), Scott Silveria (Bob Snerensen) Kisrten Urso (Susi Snerensen), George Barnes Jr (Samuel Lewis), Richard Dew (Dag Snerensen), Sky Palma (Glenda), Norma J. Nesheim (Vanessa), Gregg Hood (Bill Morrison), Carter Collins (Ronnie Lewis)…

Sinopsis: El pueblo turístico de Hampton Bay sufre los ataques de un enorme tiburón que está sembrando el mar de cadáveres. Quedan pocos días para la celebración anual de la zona y si no se sigue adelante con los festejos la economía del pueblo puede resentirse. Por otro lado, unos mafiosos quieren cerrar el acuario Sea World y hacerse con el terreno para seguir enriqueciéndose.

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En 1976 y 1977 Bert I. Gordon adaptaba (parcialmente) a H.G. Wells con El alimento de los dioses (Fod of the Gods)[1] y El imperio de las hormigas (Empire of the Ants), usando, como en sus trabajos de los años cincuenta, transparencias para simular el gigantismo de los roedores y de los insectos respectivamente. Nacían ambos filmes ya viejos tras los muy cuidados y caros FX usados por Steven Spielberg poco antes en su exitosa Tiburón (Jaws, 1975)[2], la película culpable del renacer de la monster-movie en la segunda mitad de los setenta, que llenaría las pantallas de ataques de animales de lo más dispar, en muchas ocasiones con coartada ecológica[3], en una variante de las disaster-movies que tan buena aceptación tuvo en la taquilla de aquella década. El hombre ya no podía estar seguro ni en tierra, ni en el mar, ni por el aire. A los incendios, temblores sísmicos, huracanes y tornados, naufragios, maremotos e inundaciones, avalanchas, accidentes aéreos, caídas de meteoritos del espacio, etc., se les unía ahora toda la fauna, que enseñaba agresivamente a los humanos sus fauces.

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El gigantesco escualo del Rey Midas de Hollywood pronto recibió como respuesta la exploit de la factoría Corman con la simpática Piraña (Piranha, 1978) de un primerizo Joe Dante siguiendo el esquema argumental de su modelo, confirmando que las playas habían dejado de ser seguras (en el séptimo arte). Pero las bestias atacaban desde cualquier parte; en los bosques se encontraba Grizzly: Garras de la muerte (Grizzly, 1976) de William Girdler, del océano surgía Orca, la ballena asesina (Orca, 1977) de Michael Anderson, y ni en las ciudades se estaba a salvo, ya que de las alcantarillas salía La bestia bajo el asfalto (Alligator, 1980) de Lewis Teague[4]. Hasta el gran simio, el rey de la Isla de la Calavera, volvió al celuloide aterrorizando Nueva York en el King Kong (King Kong, 1976) de John Guillermin para Dino De Laurentiis[5], trayendo consigo de paso a otros enormes gorilas de las más variadas filmografías[6].

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Entrados los ochenta, las cintas con fauna amenazante fueron quedando relegadas a producciones más baratas. En los noventa, con la intrusión de los efectos digitales hubo un nuevo brote; los costes se abarataban y se podía crear infográficamente cualquier animal, y además todo lo grande que se quisiera. Tras irrumpir nuevamente Spielberg con Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993), en las salas triunfaron Anaconda (Anaconda, 1997) de Luis Llosa y Mandíbulas (Lake Placid, 1999) de Steve Miner[7], pero donde este tipo de trabajos se acomodó principalmente fue en el medio catódico. De este modo nos llegaría The Beast (tv: La bestia, 1996), miniserie dirigida por Jeff Bleckner y protagonizada por William Petersen sobre una novela de Peter Benchley (Tiburón), en la que el terror marino tenía forma de pulpos gigantes; el mismo autor serviría también de base para Peter Benchley’s Creature, [tv: La criatura, 1998], realizada por el canadiense Stuart Gillard, donde el peligro que acecha en las aguas es un tiburón blanco al que el ejército americano ha modificado con ADN humano, convirtiéndolo en anfibio y con cerebro para ir aprendiendo y haciéndose más peligroso. En estos trabajos televisivos, y con el alibí una vez más de basarse en páginas de Benchley, se encuadra Fauci Crudeli, distribuida internacionalmente como Cruel Jaws[8], producción televisiva italiana sobre un tiburón gigante que causa estragos y que firmaría Bruno Mattei con el alias de William Snyder, en lugar de su más socorrido Vincent Dawn.

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Sin entrar en la discusión de si los aciertos en la carrera de Bruno Mattei le corresponden a él o a Claudio Fragasso (ya ellos se dedicaron a meterse uno con el otro durante años), lo que sí es seguro es que el primero, a pesar de que el tiempo no había pasado en balde y el séptimo arte había cambiado muchísimo tras irrumpir la década de los ochenta, siguió hasta el fin de sus días haciendo películas como si la época dorada del cine de género no hubiera pasado en Italia (y Europa); filmando una y otra vez cintas de zombis, de caníbales, de comandos, westerns, thrillers con toques de giallo, eróticas, etc… Eso sí, cada vez con menos medios técnicos y artísticos y, sobre todo una vez entrado en el nuevo siglo, haciendo uso del formato vídeo con resultados no muy de agradecer y de las que muy pocas se llegaron a ver en nuestro país. Trabajos en muchos casos con sensación de anacronismo. Mattei parecía en numerosas ocasiones llegar tarde a la explotación de géneros y filones, empeñado en tratarlos cuando éstos habían dejado de ser rentables[9]; como los spaghetti-westerns Apache Kid /Bianco Apache (1987) y Scalps: Venganza india/Scalps (1987), rodados en Almería en régimen de coproducción con España, como en los mejores tiempos del cine del oeste mediterráneo, pero ya en la segunda mitad de los ochenta, con el género muerto desde el decenio anterior; o el giallo para televisión Gli occhi dentro [tv: Ojos sin cara] que data de 1994, cuando el thrilling all’ italiana llevaba más de una década casi extinto de las carteleras[10]. La misma Cruel Jaws, fechada en 1995, tiene aspecto de haber sido hecha por lo menos una década antes. Al igual que los largometrajes arriba citados dirigidos por Bert I. Gordon, la película de Mattei lucía anticuada ya en su estreno.

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El rodaje de la cinta que nos ocupa tuvo lugar en Florida. Como en muchas otras producciones transalpinas que trataban de parecer estadunidenses, el equipo técnico era mayormente italiano mientras el reparto estuvo constituido por personal norteamericano[11]. Sería por el poco capital que manejaban que muchos de ellos eran actores jóvenes e inexperimentados. Mattei no se defendía con el inglés y era su hija quien se encargaba de dar las instrucciones en el idioma sajón.

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Cruel Jaws, pese a seguir el argumento -como tantas y tantas películas con escualos y otros bichos marinos- de Tiburón, lamentablemente queda muy lejos de la perfecta combinación de aventuras clásicas, cine de catástrofe y monster-movie, así como del aliento épico y la deuda con Herman Melville, del original de Spielberg. Para más inri, se hace harto previsible en su desarrollo. Tampoco cuenta con un reparto sólido como el del título que copia (ni con un presupuesto muy allá), y parece que parte del cast lo reclutaron en las playas de Venice, con el realizador empeñado en lucir la buena forma anatómica de los chicos y chicas que pueblan la cinta. Los personajes no dejan de ser arquetipos y no son pocos los diálogos y situaciones que resultan como mínimo delirantes. La puesta en escena, como era usual en su responsable, no va más allá de lo meramente funcional, y la fotografía resulta muy plana y descuidada. Y con todo, el resultado dista mucho de ser la completa aberración que se han empeñado algunos en catalogar, sobre todo vistos los films de los últimos años de temática afín. Baste sólo echar un vistazo a la (brutal) producción de monster-movies (con preferencia por los tiburones) que factura The Asylum cada año y que gusta tanto de emitir a Syfy Channel y a Cuatro[12] en horarios de sobremesa.

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El realizador echó mano, al parecer sin permiso, de metraje de documentales y de varias entregas de la saga iniciada por Spielberg para Universal, así como de un par de títulos italianos, El último tiburón (Tiburón 3) (L’ultimo squalo, 1981), de Enzo G. Castellari, y Sangue negli abissi (vd: Tiburón, duelo a muerte, 1990), de Raffaele Donato (en ocasiones atribuido a Joe D’Amato), y el ensamblaje del material propio con el aprovechado de archivo suele cantar sobremanera, empezando por el propio pez asesino, que puede ser un tiburón tigre o uno blanco dependiendo del momento. Asimismo, algunos créditos no resultan del todo claros y/o creíbles.

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Destinada a su explotación para televisión y el mercado del vídeo doméstico -en algunos países se intentó hacer pasar como otra secuela de la saga de la Universal nada menos-, Cruel Jaws se vio en nuestro país por el año 2003 en el (desaparecido) Canal 18[13], con un histriónico doblaje que confiere a ciertos personajes una dimensión casi de cartoon que, todo sea dicho, no les queda nada mal.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Una -bastante- tardía secuela llegaría finalizando los ochenta de la mano del desmañado Damian Lee –Abraxas, Guardian of the Universe [tv/vd/dvd: Abraxas, guardián del universo, 1990]- con la muy psicotrónica -y con unos (d)efectos especiales de lo más vergonzosos- Food of the Gods II [tv: Roedores, el alimento de los dioses 2, dvd: El alimento de los dioses 2 , 1989].

[2] Un par de años más tarde, y de la mano de un compañero de generación de Spielberg, George Lucas, con La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) cambiaría el concepto y la manera de hacer efectos especiales para siempre, entrando los ordenadores como herramienta esencial para los mismos.

[3] La naturaleza, ante la mano destructora del hombre, se volvía contra éste en títulos como El día de los animales (Day of the Animals, 1977) de William Girdler, El enjambre (The Swarm, 1978) de Irwin Allen, o Profecía maldita (Prophecy, 1979) de John Frankenheimer.

[4] Aunque los grandes reptiles prefirieron por norma general quedarse en aguas más cálidas, como los que se vieron en Caimán (Il Fiume Del Grande Caimano, 1979) de Sergio Martino, o Cocodrilo asesino (Killer Crocodile, 1989) de Fabrizio De Angelis y su secuela del año siguiente firmada por Gianetto de Rossi.

[5] Es llamativo que mientras en el King Kong (King Kong, 1933) original de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack para la RKO, rodada durante el periodo de la Gran Depresión, los protagonistas eran un equipo de cineastas, unos “creadores de fantasías”, de “ilusiones”, en un momento en el que los estadounidenses necesitaban evadirse al menos por un rato de la terrible situación que vivían, en la versión de 1976, hecha durante la crisis del petróleo, fueran sustituidos por un equipo de prospección petrolífera que busca nuevos yacimientos.

[6] Podemos citar El gorila ataca (A*P*E, 1976) de Paul Leder desde Corea del Sur, o el Mighty Peking Man (Xing xing wang, 1977) de Meng Hua-Ho (acreditado como Homer Gaugh) desde Hong Kong y para los Shaw Bros.

[7] Ambos títulos engendrarían diversas secuelas, principalmente para el mercado del direct-to-video, e incluso un crossover: Lake Placid vs Anaconda [tv/dvd: Mandíbulas contra Anaconda, A.B. Stone, 2015].

[8] Haciendo clara alusión al titulo original del film de Steven Spielberg, Jaws (mandíbulas).

[9] No siempre llegaba tarde, todo hay que decirlo. Con el éxito de Rambo (Rambo: First Blood Part II, 1985) de George Pan Cosmatos, Bruno Mattei se descolgaría con varios trabajos de soldados en la selva rodados en Filipinas, caso de Strike Commando [vd: Strike Commando, 1987], Doppio Bersaglio [vd: Doble objetivo, 1987] o Trappola diabolica [vd: Comando Mercenarios, 1988], a los que podríamos sumar Robowar (tv/vd: Robowar, 1988], algo así como un cruce entre este tipo de cintas bélicas con un invasor alienígena al estilo del Depredador (Predator, 1987) de John McTiernan (en versión pobre) más algo del Robocop (Robocop, 1987) de Paul Verhoeven -al que alude fonéticamente y sin vergüenza el título la película -.

[10] También Attrazione pericolosa [tv/vd: Atracción peligrosa, 1993], en sí un thriller-erótico a la estela de tantas producciones americanas destinadas a la televisión por cable y al vídeo doméstico, tiene, sobre todo en su parte final, giros argumentales muy propios de los gialli psicológicos de Umberto Lenzi.

[11] Uno de los actores, Richard Dew, quien interpreta a Dag Snerensen, el tipo que lleva el acuario marino, luce un look a lo Hulk Hogan. En una entrevista con Jay Colligan, otro miembro del cast, éste comentaba al respecto que Dew ejercía de impersonator del popular wrestler. En http://mondoexploito.com/?p=10922

[12] Con argumentos vistos cientos de veces a los que apenas varían o aportan gran cosa, efectos infográficos bastante lastimosos -un tipo con un traje de goma queda mejor, de verdad- y unos repartos integrados por unas cuantas caras jóvenes, unos pocos actores maduros que no conoce ni Dios y alguna(s) antigua(s) gloria(s). No obstante, The Asylum no está sola; un puñado de exploiters de viejo cuño se han subido al carro con trabajos afines, caso del eterno Roger Corman o sus alumnos Jim Wynorski (que llena sus cintas de chicas neumáticas, muchas procedentes del porno) y Fred Olen Ray (más su hijo, Christopher).

[13] Otro film de Bruno Mattei que sólo se ha podido visionar doblado al castellano a través de televisión fue Mondo cannibale (2004), emitida en 2012 por Buzz con el título internacional de Cannibal world. Una copia en cutre -más que una puesta al día- del Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980) de Ruggero Deodato.

Muerte en la mansión del amor [vd: El sepulcro de Lorna Love]

El sepulcro de Lorna Love cartel

Título original: Death at Love House

Año: 1976 (Estados Unidos)

Director: E. W. Swackhamer

Productor: Hal Sitowitz

Guionista: James Barnett

Fotografía: Dennis Dalzell

Música: Laurence Rosenthal

Intérpretes: Robert Wagner (Joel Gregory Sr/Jr), Kate Jackson (Donna Gregory), Sylvia Sidney (Clara Joseph), Marianna Hill (Lorna Love), Joan Blondell (Marcella Geffenhart), John Carradine (Conan Carroll), Dorothy Lamour (Denise Christian), Bill Macy (Oscar Payne)…

Sinopsis: Con el objetivo de escribir el guion para un biopic, un escritor llamado Joel Gregory se instala en la vieja mansión de una famosa actriz llamada Lorna Love y fallecida en 1935. El padre de Joel fue el gran amor de la intérprete, un hecho que inmortalizó en varios cuadros. Al llegar al lúgubre lugar junto a su esposa Donna, el autor comienza a sufrir diversos fenómenos paranormales.

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Dentro de la fructífera producción de telefilmes de temática de terror y misterio que se dio en los 70, no es de extrañar la presencia de Kate Jackson en no pocos títulos, dado que la actriz comenzó su carrera en el medio con el papel de Daphne Collins en la serie de Dan Curtis Sombras en la oscuridad (Dark Shadows, 1970-1971). Tras repetir con Curtis en Una luz en la oscuridad (Night of Dark Shadows, 1971), segundo largometraje televisivo sobre dicha serie, la Jackson sería protagonista de otras cinco películas catódicas del género, dos producidas por la RSO: Abejas asesinas (Killer Bees, 1973) de Curtis Harrington y Gritos de muerte (Death Scream, 1975) de Richard T. Heffron; y las otras tres contaron con la mano maestra del rey del prime-time Aaron Spelling[1] [1]: Escuela satánica para señoritas [vd: El colegio de Satán] (Satan’s School for Girls, 1973) de David Lowell Rich[2], El crucero de la muerte (Death Cruise, 1974) de Ralph Senensky[3], y Muerte en la mansión del amor [vd: El sepulcro de Lorna Love] (Death at Love House, 1976) de E.W. Swackhamer, todas estrenadas por el canal ABC.

Robert Wagner, quien le había proporcionado buenos dividendos a la Fox en la década de los 50, vio estancarse su carrera a finales del decenio siguiente, reciclándose con éxito en la pequeña pantalla, en una amplísima producción donde no faltaron cintas de género como La ciudad bajo el agua (City Beneath the Sea, 1972) de Irwin Allen, la jamesbondiana El mundo extraño de Madame Sin (Madame Sin, 1972) de David Greene, o Conspiración mortal (The Abduction of Saint Anne, 1975) de Harry Falk. Wagner es el protagonista principal del film que aquí nos ocupa, interpretando un doble papel como el escritor Joel Gregory y el padre de éste, el verdadero amor de todos los que tuvo la difunta Lorna Love. Una vez instalado en el caserón y comenzada su labor, Joel comenzará a trastornarse, creyendo estar en tiempos pasados y ser su progenitor, enamorándose perdidamente de la estrella y aborreciendo a su esposa Donna (Kate Jackson), a quien además alguien parece querer quitar de en medio.

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El rol de la diva recae en Marianna Hill, actriz televisiva que en los 70 se dejó ver en películas tan variadas como los westerns El Condor (El Condor, 1970) de John Guillermin o Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973) de Clint Eastwood, cult-movies como la bizarra Jaula sin techo (The Baby, 1973) de Ted Post, o clásicos del Nuevo Hollywood como la aclamada El Padrino: Parte II (The Godfather: Part II, 1974) de Francis Ford Coppola. En créditos secundarios, muy atinado tratándose de una película que versa sobre una vieja star de la Meca del Cine, encontramos a antiguas glorias hollywoodienses como Sylvia Sidney (en el papel del ama de llaves), Dorothy Lamour (como la antigua rival de Lorna Love), y el incombustible John Carradine (encarnando al pigmalión que fraguó la carrera de la Love para que luego ella lo destruyera).

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El film de Swackhamer bebe de la tradición en el cine (y la televisión) usamericano de desarrollar sus tramas en el propio mundillo de Hollywood y su star-system, algo que se remonta a los tiempos del silente, pero sobre todo comparte esa contemplación entre la admiración y el desdén, entre la ironía[4] [4] y el rapapolvo que instauró Billy Wilder con El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) y que continuarían títulos tan desgarradores como ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962) de Robert Aldrich (en este caso cambiando el séptimo arte por la farándula), dos cintas de las que la que Muerte en la mansión del amor fagocita algunos (no pocos) elementos[5]. Pero, fruto de su tiempo, también aprovecha la moda por el satanismo y el Maligno en las películas que comenzaría con La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) de Roman Polanski y terminaría por afianzarse con El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin para quedarse en las pantallas durante toda la década; y en especial fija su mirada en la conocida relación entre Jayne Mansfield y el autoproclamado Papa Negro Anton LaVey, así como en el trágico y aparatoso óbito de la rubia platino en junio de 1969 y la leyenda urbana (que el mismo LaVey ayudó a difundir) que lo rodeó[6]. Cambiando aquí el accidente automovilístico por un incendio involuntario que, faltaría más, volverá a repetirse en el catártico final, que recuerda conscientemente, y no sólo por el arrasador paso de las llamas, al clásico por excelencia de Gastón Leroux “El fantasma de la ópera” (por supuesto también inmortalizado en el Hollywood mudo). Acabando dicho fuego de paso con el arcaico palacio (y todos sus recuerdos) y recuperando el matrimonio su estabilidad.

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E. W. Swackhamer, todo un veterano de las 365 líneas, filma con profesionalidad y eficacia, sin recursos narrativos o estéticos osados pero igualmente sin estridencias, sin abusar de los tan usuales en esos años zooms y demás. Un clasicismo en la forma que se corresponde también con el fondo, en el guion de James Barnett, que elige de protagonistas a una pareja casada y de éxito (ella además embarazada), en lugar de los perdedores y vagabundos habituales en la década, destinados a deambular buscando un destino pocas veces cierto o atinado; una historia más próxima a los melodramas góticos de décadas anteriores, con el amor fou siempre presente, que al terror sórdido y feista que asolaba las pantallas norteamericanas de su tiempo, poblado por psicópatas y matarifes, y que impusieran los nuevos bárbaros de Craven, Cunningham o Hopper. Y optando por el tradicional happy end, volviendo todo al status quo, en lugar del nonsense y el angst existencial de tantas producciones contemporáneas. Claro que estamos hablando de una tv-movie (para más inri con el sello de Spelling), pero cabría añadir que Curtis Harrington, en Abejas asesinas sin ir más lejos, se marcaba un burlón final (no feliz para todos, más bien sólo para unos pocos) con la sonrisa de la misma Kate Jackson.

Alfonso & Miguel Romero

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[1] Quien terminó de encumbrarla como estrella televisiva a raíz de sus papeles de Hill Danko en Los patrulleros (The Rookies, 1972-1976) y, sobre todo, la Sabrina Duncan de Los ángeles de Charlie (Charlie’s Angels, 1976-1981).

[2] Donde la Jackson coincidiría con Cheryl Ladd, futura compañera en Los ángeles de Charlie al abandonar la serie Farrah Fawcett. En el 2000 Spelling produjo una nueva Satan School, con realización de Christopher Leitch donde no podía faltar un personaje para Kate Jackson, pero esta vez protagonizada por otra musa del productor, Shannen Doherty –Sensación de vivir (Beverly Hills, 90210, 1990-1994), Embrujadas (Charmed, 1998-2008)-.

[3] Curiosamente, Kate Jackson volvía aquí a hacer pareja con Eddie Albert Jr, al igual que en su otro film fantaterrorífico de ese año, la arriba citada Abejas asesinas. No sería la última vez que ambos trabajaran juntos. En 2004, dos años antes de la defunción de Albert, coincidieron en No regrets de Curt Hahm.

[4] Representativo ese cartel anunciando el “Museo de cera de Hollywood” en el inicio del film. Es a lo que han quedado reducidos aquellos primeros años de la industria, amén de la misma Lorna Love exhibida.

[5] Del film de Wilder tenemos la hacienda, otrora escenario de fiestas y opulencia, de momentos felices, que se ha visto convertida con el devenir de los tiempos en triste mausoleo, en museo macabro, en cámara mortuoria; el intento por parte de la diva de reverdecer viejos laureles, anclada en pasadas épocas de gloria, e incapaz de aceptar el transcurrir de los años; e incluso un personaje (sin mucha trascendencia en la trama), un director del primer Hollywood, Eric Herman (John A. Zee) que no deja de ser un socias de Eric Von Stroheim. Y siguiendo con Billy Wilder, resultan curiosas las afinidades de Muerte en la mansión del amor con la posterior Fedora (Fedora, 1978), pero no diremos nada más para no reventar la conclusión. De la película de Aldrich tenemos el excesivo y grotesco maquillaje que llega a lucir Lorna Love, descaradamente sacado del que porta una madura Baby Jane (Bette Davis) en su patético intento de volver a los escenarios.

[6] Si hay un accidente de coche que rivalice en el imaginario colectivo de los estadounidenses con el de James Dean y su Porsche 550 Spyder, apodado Little Bastard, es sin duda el que acabó con la vida de la pin-up y actriz Jayne Mansfield. De ello daba constancia Cronenberg según Ballard, en Crash (1996). La mañana del 28 de junio de 1967, el auto en el que viajaban la explosiva sex-symbol, su amante el abogado Sam Brody, tres hijos de la actriz, más el chofer, chocó contra un camión aparcado en la autopista 90, entre Biloxi, Mississippi, y Nueva Orleáns. La capota del coche salió disparada, causando un grave traumatismo craneoencefálico a la bombshell, una foto policial con lo que parecía una cabeza rubia sobre el capó, en realidad una peluca, dio pie a la leyenda urbana de que había sido decapitada. Los otros dos adultos también perecieron, mas los niños sólo sufrieron lesiones leves. Se culpó a Anton LaVey y la maldición que echó sobre la pareja cuando Brody se burló de aquél y su liturgia durante una visita de los amantes a la mansión del Papa Negro. El letrado notó la química sexual entre el anfitrión y su partenaire y no lo soportó (hechos corroborados por el biógrafo oficial de la actriz, May Mann). La protagonista de La rubia y el sheriff  (The sheriff of Fractured Jaw, 1958) estuvo muy involucrada en las actividades de la Iglesia de Satán, para mayor cabreo de Brody. La relación entre los dos machos alfa siempre fue competitiva y hostil. LaVey le llegó a decir a su rival que moriría en un accidente en la carretera. Y para seguir echando leña al fuego, unos días después del fatal choque, declaraba: “Estaba en mi despacho, recortando una fotografía del periódico en la que aparecía yo depositando unas flores en la tumba de Marilyn Monroe. Y cuando volví la página vi que había una fotografía de Mansfield al otro lado y que yo había cortado su garganta con total exactitud”. La polémica estaba servida para las revistas de cotilleos, y de paso era una buena publicidad para el satanista y sus actividades. Con el paso de los años, él mismo rectificaría alegando que todo había sido una simple coincidencia. Para quienes estén interesados en el tema, resulta muy recomendable el documental Mansfield 66/67 (2017) de Todd Hughes y P. David Ebersole, centrado en la relación entre estos dos iconos pop. Y para terminar, sin enrollarnos más, comentar que los restos del automóvil de la letal colisión sería exhibido por el país de las barras y estrellas, como muestra la película titulada precisamente Jayne Mansfield’s Car [DVD:Infierno en Alabama, 2012] de Billy Bob Thorton.

Movistar+ volverá a contar con una presencia destacada en la próxima edición del Festival de Sitges

Movistar+ se suma un año más a la gran celebración del género fantástico del Festival de Sitges. Así, la plataforma de televisión y Rubius preestrenarán en la próxima edición del certamen su nueva serie original, Virtual Hero, basada en los homónimos cómics que el propio Rubius publicó en 2015, y que adentra al espectador en el mundo de los videojuegos. El día elegido será el domingo 7 de octubre. Los fans de Rubius, el youtuber español de mayor éxito internacional y uno de los más seguidos en el mundo, tendrán la oportunidad de ver los tres primeros episodios de la serie de animación en los que ha estado trabajando durante los últimos años. Virtual Hero se centra en las aventuras de Rubius a través de un mundo virtual para cumplir una misión: liberar a los cien mejores gamers atrapados en el mundo de Trollmask, universo del vengativo Master Mundial de los Juegos, cuyo objetivo es acabar con todos ellos. Para ello, Rubius contará con la ayuda de diferentes personajes: desde la guerrera Sakura, a la alocada zombi Zombirella, pasando por el espectro Slimmer y la inteligencia artificial de G4t0.

Además, dentro de la sección del Festival dedicada a la realidad virtual, la Slatix Sitges Cocoon, los espectadores podrán disfrutar en primera persona de VR Virtual Hero, una experiencia de realidad virtual de siete minutos basada en la serie. Se presentará en Sitges fuera de competición. En ella, el público podrá entrar en la habitación de Rubius, donde podrá jugar, divertirse y trollear, hasta que reciba una llamada de Rubius reclamando su auxilio. ¿Se convertirá el espectador en un aliado o en un adversario del youtuber?

Anime-en-femenino

Al hilo de la animación japonesa y su creciente popularidad, Movistar+ presentará en una sesión especial en el Festival, el documental Anime en femenino, en el que diferentes expertos, youtubers y profesionales del mundo del manga y del anime analizan el auge de la presencia femenina en este sector, con cineastas como Mari Okada o Naoko Yamada y dibujantes como Lolita Aldea, de la serie Virtual Hero.

Por otra parte, los aficionados a la literatura fantástica y de terror del maestro Stephen King podrán ver en el Festival el sábado 6 de octubre el primer episodio de Castle Rock, la esperada serie de terror psicológico de Bad Robot Productions, la productora de J.J. Abrams, en asociación con Warner Bros, que ha sido recientemente adquirida por Movistar Series. La serie acontece en el lugar imaginario de Castle Rock, a apenas unos metros del bosque de Maine, donde se han situado un gran número de las obras del escritor estadounidense, como Cadena perpetua, La zona muerta o Cuenta conmigo. Castle Rock, inspirada en el universo creado por Stephen King, también productor ejecutivo de la serie, cuenta con numerosas referencias y guiños a los fans –como la presencia de Sissy Spacek, que se dio a conocer para el gran público con la película Carrie, basada en la novela homónima del escritor–, y combina la dimensión mitológica con la más intimista, tejiendo una saga de luz y de oscuridad por donde deambularán los personajes.

Castle-Rock

La serie comienza con una misteriosa llamada desde la prisión Shawshank de Castle Rock que trae de vuelta a Henry Deaver (André Holland) al lugar que lo vio crecer. Aún atormentado por los fantasmas de su pasado, Deaver es un abogado defensor especializado en penas de muerte que debe encargarse del caso de un inquietante recluso hallado solo en un recóndito rincón del centro. Los hechos recientemente ocurridos en torno a la prisión abren la caja de Pandora de una sucesión de misterios que lo contamina todo y a todos en el pueblo.

Esta primera temporada –ya está renovada por una segunda–, consta de diez episodios y tiene previsto su estreno durante el próximo mes de octubre. Sus principales protagonistas son André Holland (Selma), Melanie Lynksey (Amor sin escalas), Bill Skarsgärd (el Pennywise de la nueva It), Terry O’Quinn (Perdidos) y cuenta además con la presencia de actores invitados como Sissy Spacek y Scott Glenn (The Letfovers).

ghost_stories

Dentro de la colaboración de Movistar+ con Sitges 2018, los días 4 y 7 de octubre, respectivamente, en Movistar Cine Doc & Roll y Movistar Estrenos podrán verse de forma simultánea a su proyección en el Festival las películas Ghost Stories (4/10), una espeluznante antología de cuentos sobrenaturales, basada en la exitosa obra de teatro de Nyman y Dyson y que cuenta con Martin Freeman como uno de los protagonistas, y I Think We’re Alone Now (7/10), una joya de ciencia ficción en clave de sátira social acerca de lo que lo que la Humanidad entiende como compañía.

Más información: sitgesfilmfestival.com

Published in: on septiembre 30, 2018 at 8:52 am  Dejar un comentario  
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El último sharknado: Ya era hora

El último sharknado

Título original: The Last Sharknado: It’s About Time

Año: 2018 (Estados Unidos)

Director: Anthony C. Ferrante

Productor: David Michael Latt

Guionista: Scotty Mullen basándose en los personajes de Thunder Levin

Fotografía: Pãtru Pãunescu

Música: Christopher Cano, Chris Ridenhour

Intérpretes: Ian Ziering (Fin), Tara Reid (April), Cassandra Scerbo (Nova), Judah Friedlander (Bryan), Vivica A. Fox (Skye), Debra Wilson (nuevo Bryan), Alaska Thunderfuck (Morgana), Neil deGrasse Tyson (Merlin), Leslie Jordan (Benjamin Franklin), Darrell Hammond (George Washington), Ben Stein (Alexander Hamilton), Roy Taylor (Jebediah Clarke), Constantin Viscreanu (Paul Revere), Dexter Holland (capitán británico), Dee Snider (Sheriff), Jonathan Bennett (Billy el niño), Chris Owen, James Murray (Eastwood), Gilbert Gottfried (Rand McDonald), Tori Spelling (Raye), Dean McDermott (Gilly), Benjy Bronk (Connor Beale), Robbie Rist, Anthony C. Ferrante, Joel Valder, Thom Bowers (miembros del grupo Quint), Christopher Knight (abuelo Clarke), Catarina Scerbo (Nova de niña), Bernie Kopell (capitán de embarcación), Juliana Ferrante, Emma Neal, Charles Hittinger (Matt Shepard), Ryan Newman (Claudia), Israel Sáez de Miguel (capitán Santiago), Marcus Choi (Palmer), Alexandre Ottoni (Azzinaro), Latoya Jackson (Cleopatra), James Hong (Confucio), Eileen Davidson (María Antonieta), Shad Gaspard (Muhammad Ali), Jayson Paul (Joe Lewis), Kato Kaelin (rey vikingo), Patrick Labyorteaux (César), Brendan Petrizzo, M. Steven Felty, Matie Moncea, Todd Rex, Marina Sirtis, Audrey Latt, Ana Maria Varty Mihail, Tiberiu Harsan, Andrei Olteanu (Frodo), Noodles, Ian Ridenhour, Kathrine Ridenhour, Chris Ridenhour, Kim Little, Brady Latt, Moise Latt, Aiden Cano, Zachary Cano , Raine Michaels, Bob Ellis, Erin Ziering, Mia Ziering, Penna Ziering, Roxanna Bina, Kacie Flowers, Courtney Quod, Brandon Quod, Nick Grothe, Tammy Klein, Anna Rasmussen, Ana Florit, Paul Logan, Julia LaJuett (Amelia Earhart), Al Roker, Petunia, Thunder Levin, Sharon Desiree (Juana de Arco), Bo Derek (May), Gary Busey (Wilford Wexler), Mark McGrath, Masiela Lusha, John Heard, Adolph Tengi, Adrian Boanta, Adriana Saus, Alecu Ciocoi, Alexandra Gaspar, Alexandru Cernat, Alexandru Chiru, Alin Pauna, Andreea Prodan, Andreea Mailat, Andreea Guef, Andreea Prichinet, Andrei Irimia, Andrew Jackson, Anna Kachmaryk, Anna Valendez, Anthony Manasi, Antiwne Grant, Justin Allen …

Sinopsis: Tras enfrentarse a tiburones por todo el planeta, Fin Shepard deberá viajar en el tiempo para salvar al mundo de los sharknados, al tiempo que intenta resucitar a su familia.

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Si hace cinco años alguien nos dice que un modesto telefilm de ciencia ficción realizado para un canal temático iba a convertirse en un fenómeno de culto sin precedentes en el medio catódico le habríamos tomado por loco. Pero, contra todo pronóstico, así ha sido. El revuelto mediático generado en redes sociales durante su primera emisión en los Estados Unidos el 11 julio de 2013 convirtió a Sharknado en acreedora del oficioso título de “película más tuiteada de la historia”, siendo la palanca a partir de la cual se ha cimentado toda una saga prolongada a través del tiempo con cinco secuelas de periodicidad anual que se han encargado de exprimir los motivos que propiciaron la repercusión obtenida por la originadora; esto es, la ridiculez propia de un demencial planteamiento conceptual consistente en la fusión entre el cine de catástrofes naturales con el de las películas de escualos asesinos que resume el acrónimo que le da título y que se podría traducir como “Tornado de tiburones”. Nada más.

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Gran parte del mérito que explica la aceptación disfrutada por la saga, si no la única, ha sido la manifiesta habilidad de sus responsables a la hora de conseguir que su producto conectara con las apetencias del público. Nada raro, por otra parte, en vista de los antecedentes comentados, y que ha llevado a que los ingredientes de la propuesta se fueran amoldando según los gustos de la audiencia, hasta el punto de poner en manos de esta la suerte a correr por determinados personajes. Como explica su actor protagonista, Ian Ziering, la serie «ha ido cambiando en función de la respuesta de la audiencia. Utilizan unos grupos de sondeo cuyos comentarios cuantifican mediante análisis, y lo que sea que puntúen algo se añadirá en mayor medida en la siguiente película»[1]. Así, tras el inesperado éxito del primer film, las siguientes entregas han hecho de la autoparodia su razón de ser, en una jugada de lo más inteligente, al elevar al paroxismo las carencias y defectos de toda índole que presentaba el primer Sharknado hasta convertirlas en su principal aliciente.

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Pero además de la autoconciencia con la que han asumido sus limitaciones para reírse de ellas, en sus cinco continuaciones la saga ha conformado una suerte de personalidad propia derivada de la reiteración de una serie de ingredientes de uno a otro título. La articulación de una trama itinerante protagonizada por los esfuerzos de Fin Shepard para reunirse con su familia en medio de un tornado de tiburones como pretexto con el que enlazar una escena de acción tras otra, cuanto más grotesca y ridícula mejor; la proliferación de cameos de viejas glorias cinematográficas y celebridades locales, en su mayoría desconocidas fuera de su país de origen; o los continuos guiños y referencias a famosos films, por lo general localizados en la década de los ochenta, suponen los principales rasgos característicos de una fórmula basada antes en la pretendida creación de un juego cómplice para con el espectador que en sus posibles cualidades artísticas, por lo demás inexistentes.

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Sin embargo, nada dura eternamente y, con su sexta entrega la saga Sharknado ha creído oportuno poner el fin. Aunque de momento no han trascendido los motivos que han llevado a sus responsables a adoptar semejante decisión, parece claro que una de las razones que han ejercido mayor fuerza son los evidentes síntomas de agotamiento que a estas alturas acusa una fórmula repetida ad nauseam de un film a otro sin apenas variación, más allá del cambio del marco escénico en el que se desarrolla cada una de sus tramas. De este modo, tras visitar Los Ángeles, Nueva York, Washington, la Costa Este, distintas localizaciones internacionales e, incluso, el espacio, pocas bazas les quedaban a los guionistas para presentar una ambientación que resultara novedosa, máxime siendo este el principal rasgo distintivo de cada nueva película con respecto a sus precedentes, decantándose en esta oportunidad por los viajes temporales. Una falta de ideas que, en cierto sentido, su propia coprotagonista, Tara Reid, ha reconocido de forma consciente o inconsciente en algunas de las entrevistas realizadas durante la gira promocional del film, al declarar: «Ya hemos hecho “espacio exterior”, hemos viajado alrededor del mundo… ¿qué más podíamos hacer? Viajes en el tiempo»[2].

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La utilización de este esquema, que tal y como es expuesto recuerda en cierto sentido al de la novela La máquina del tiempo de H. G. Wells y que propicia la aparición de diferentes personajes históricos y/o legendarios —de Merlín a Billy el Niño, pasando por George Washington o Benjamin Franklin—, facilita también el abaratamiento de costes que conlleva el reciclaje de decorados, atrezzo y diseños de efectos infográficos procedentes de otras películas de su productora, The Asylum, en consonancia con cierto rasgo oportunista patente en mayor o menor medida a lo largo de la saga, antojándose la elección de las diferentes épocas en las que discurre la episódica trama a partir de tal circunstancia. Por lo demás, la película repite a pies juntillas el modelo ya conocido, sin más novedad que la aparición de personajes históricos y/o legendarios aprovechando la oportunidad que en este sentido le ofrece su premisa, caso de Benjamin Franklin, Billy el niño o George Whasington, lo que reincide la comentada búsqueda de sus responsables de establecer un vínculo de complicidad con el espectador, así como la reaparición de varios personajes que se creían muertos en anteriores entregas y otros apuntes pretendidamente emotivos dirigidos a los seguidores de la saga que denotan su condición de cierre de la misma.

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Antes que en sus resultados, de nuevos incapaces de despertar la hilaridad que se presupone de una película supuestamente hecha mal a propósito, quizás lo más interesante de este El último Sharknado: Ya era hora es la forma en que se ríe de sí misma, ya sea por las connotaciones que guarda su título, como porque el punto partida de esta entrega sea detener el primer sharknado de la historia y evitar así que se produzcan los hechos relatados en las anteriores películas; esto es, impedir la propia existencia de la saga en última instancia. Exigua recompensa, sin ninguna duda, pero que incita a plantearnos ciertas preguntas. Y es que si comenzábamos estas líneas aludiendo a la excepcionalidad de lo conseguido por la saga Sharknado en sus cinco años de existencia, ¿cuál será su huella en un futuro ahora que su producción entra en vía muerta? ¿Será recordada o, por el contrario, caerá en el olvido más profundo una vez pasada la moda? ¡Ay!, quién pudiera viajar en el tiempo y poder comprobarlo…

José Luis Salvador Estébenez

[1] “Ian Ziering afronta El último Sharknado: ‘Hollywood se ha fijado en nuestra fórmula para ver qué hacían mal’” de Lorenzo Ayuso, entrevista publicada en el portal vertele! el 23 de agosto de 2018 (http://vertele.eldiario.es/noticias/Entrevista-Ian-Ziering-Sharknado-Hollywood_0_2039496059.html).
[2]El último Sharknado: Hablamos con sus protagonistas” de Juan Arcones, entrevista publicada en la versión web de Fotogramas el 23 de agosto de 2018 (https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a22806407/sharknado-6-tara-reid-ian-ziering-cassie-scerbo-entrevista/)

Published in: on agosto 29, 2018 at 5:58 am  Dejar un comentario  

La tormenta final llega con el próximo estreno de “Sharknado 6”

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El canal televisivo SYFY y la productora The Asylum han anunciado que la saga Sharknado concluirá con el próximo estreno en este verano de su sexta entrega, en la que Ian Ziering, Tara Reid, Cassie Scerbo, Vivica A. Fox y Judah Friedlander volverán a luchar contra la tormenta de escualos. Tras enfrentarse a tiburones por todo el planeta, en la entrega final el protagonista Fin (Ziering) deberá superar la última frontera: los viajes en el tiempo. El título completo y las estrellas invitadas se anunciarán próximamente. En cuanto al estreno de la película, se producirá durante el verano de este 2018 en SYFY.

Sharknado 5: aletamiento global terminaba con Fin paseando solo entre los escombros de lo que quedaba de la Tierra. Ahora, en Sharknado 6, deberá viajar en el tiempo para evitar la tormenta de tiburones primigenia. ¿Conseguirán Fin y sus compañeros encauzar el desastre y salvar el mundo?

Desde que la primera película de la serie se estrenó en 2013, Sharknado ha creado un tsunami en las redes sociales en todo el mundo, convirtiéndose en una película de culto. La saga destaca también por la variedad de sus estrellas invitadas: Fabio, Bret Michaels, Tony Hawk, Clay Aiken, Olivia Newton John, Andy Dick, Perez Hilton y Geraldo Rivera, entre muchos otros.

Anthony C. Ferrante dirige Sharknado 6 según un guion original de Scotty Mullen. Producida por The Asylum, la película causará estragos en el canal SYFY en más de cien países en Europa, Australia, América Latina y Oriente Medio, tras debutar en Estados Unidos.

Más información a través de los canales oficiales de SYFY (Facebook, Twitter & Instagram y www.syfy.es) y Sharknado (#Sharknado6, Facebook: facebook.com/sharknadomovies/y Twitter: @sharknadosyfy )

Published in: on abril 12, 2018 at 5:18 am  Dejar un comentario  

FANT acogerá la final de la primera edición de DARKFEST, un festival online de falsos tráilers de terror organizado por DARK y Orange

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Dark TV, El único canal televisivo en España dedicado íntegramente al terrory Orange, como principal colaborador del evento, celebran la primera edición de DARKFEST, un certamen online que premiará a los falsos tráileres de terror más brillantes a nivel nacional. Entre los colaboradores del concurso se encuentran también FANT, el festival de cine fantástico que organiza el Ayuntamiento de Bilbao y la web especializada “Aullidos”.

Hasta el próximo 5 de abril, se podrán presentar los falsos tráileres que deseen participar en el microsite darktv.es/darkfest. El vídeo no podrá ser superior a los dos minutos de duración y tendrá que simular la promoción de una película de terror ficticia: lo que comúnmente se conoce como falso tráiler. En esta iniciativa tendrán cabida todos los géneros del terror: slasher, body horror, comedia terrorífica, horror gótico, horror psicológico, terror sci-fi o anime, entre otros. Todas las características y detalles del certamen, así como los requisitos técnicos, están disponibles en la página web oficial del concurso.

Un jurado acreditado seleccionará el mejor falso tráiler, que será premiado con 700€. Además, durante todo el periodo del concurso, los usuarios podrán ver los tráilers, compartirlos en redes sociales y votar su favorito. El preferido por el público será también premiado con 350€. Y, de entre todos los votantes, saldrá un ganador que tendrá la oportunidad de viajar al FANT de Bilbao con los gastos incluidos de transporte y alojamiento para el primer fin de semana.

Los falsos tráilers finalistas y el ganador según el criterio del jurado, así como el más votado por el público, se proyectarán el viernes 27 de abril, en Bilborock, dentro de PRE-FANT. Quienes asistan a esta sesión tendrán además la ocasión de votar a su favorito que recibirá el Premio del Público de FANT, dotado con 200 euros. Esta iniciativa viene a reforzar el apoyo del Ayuntamiento de Bilbao al cine de género y especialmente a jóvenes cineastas que dan sus primeros paso en el cortometraje, una de las señas de identidad de FANT.

Además de la proyección de los falsos tráilers, la programación que pondrá fin a PRE-FANT el 27 de abril incluye un concierto con “80´BEAT”, que homenajeará en una fiesta-espectáculo a lo mejor de la New Wave más electrónica de los 80; una banda en la que confluyen músicos provenientes de grupos como “Mamba Beat” y “Doctor Deseo”, caracterizados con la indumentaria de los visitantes de la mítica serie “V”.

El Jurado valorará la creatividad, el entretenimiento, la originalidad de la historia y la producción. Entre sus miembros se encuentra el cineasta Koldo Serra, Eva Baltés, responsable de la plataforma de televisión de Orange, Orange TV, y experta en entretenimiento y media; Ferran Herranz, productor y cofundador de la distribuidora La Aventura; Roberto San Sebastián, director del largometraje La noche del virgen. También se cuenta con la participación de Francis Díaz, ilustrador de galardonas producciones como La llamada (Javi Calvo y Javi Ambrossi, 2017) o Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016) y con Txintxu Prida, que ha trabajado en el Departamento de Dirección de series nacionales como Yo soy Bea y ahora es programador del canal de terror DARK y el canal de acción XTRM.

Published in: on marzo 5, 2018 at 6:37 am  Dejar un comentario  
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Empire of the Sharks

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Título original: Empire of the Sharks

Año: 2017 (Estados Unidos)

Director: Mark Atkins

Productor: David Michael Latt

Guionista: Mark Atkins

Fotografía: Mark Atkins

Música: Heather Schmidt

Intérpretes: John Savage (Ian Fien), Jack Amstrong (Timor), Thandi Sebe (Sion), Ashley de Lange (Willow), Leandie du Randt (Nimue), Tauriq Jenkins (Edgar), Tapiwa Musvosvi (Toby), Camilla Waldman (Ann Aldrin), Jonathan Pienaar (Mason Scrim), Joe Vaz (Jasper), Sandi Schultz (Sarah), Mélodie Abad (Mara), Royston Stoffels (Zareia), Philip Tan (Thelonious), Neels van Jaarsveld (Theos McFadden), Tshamano Sebe (Tustin Worth), Daniel Barnett (Moffatt), Anwhar Adams (Mack Tyson), Dan Nel (Arno), Quentin Chong (Lu Bu), Dorian Holdren (Drake), Sarah Mocke (joven Willow), Ryan-Wayde Hannival (Creeger), Brandon Auret (capitán Barrick), Anele Rusi (capitán Darsi), Craig Holtzkampf (capitán Bold), Andrew Denison, Anja Van Der Spuy, Aphinda Afaika, Armand Mostert, Caitlin Amendse, Christophe Burg, Clayton Crawford, De Wet Du Toit, Garth Colitz, Hanno Jacobs, Hilnor Hannibal, L.J. Corken, Ises Jeptha, Jan Van Der Netscht, Jason Muller, Joshua Woolward, Kurt Van Rheede, Laila Chilwan, Leonard C. Smit, Lisa Narramore, Moline Zuisinei Kufaza, Monoyane Puding, Paige Hogg, Peter Bennet Kachuma, Rashid Muneel, Roliwilfred Molembou, Rorie Burg, Rudi Washington, Sasha Demas, Sasha Prema Melnichenko, Shamiela Johnstone, Stephen Pankhurst, Tuuleh Ahmed…

Sinopsis: En un futuro lejano donde la práctica de la superficie de la Tierra está bajo el agua, un señor de la guerra siembra el terror ayudado por un ejército de tiburones. Cuando el señor de la guerra secuestra a una joven, sus amigos se asocian con un grupo de proscritos para liberarla.

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Desde sus propios orígenes, una de las máximas perseguidas por cierta Serie B ha sido la de conseguir la máxima rentabilidad con la menor inversión posible. Reaprovechamiento de decorados y vestuario, reciclajes argumentales, rodajes back-to-back, o remontajes con nuevas de escenas para conseguir hacer dos películas con el precio de una, fueron algunos de los usos acostumbrados para conseguirlo. Nombres tan emblemáticos de este tipo de cine como Roger Corman o Jesús Franco harían de estas prácticas parte de su modus vivendi. También los italianos se destacarían en tales lides, dándose ejemplos tan extremos como el representado por Alfonso Brescia, capaz de rodar cinco space operas en un corto espacio de tiempo, valiéndose de prácticamente el mismo atrezzo y acompañado de similar elenco técnico-artístico.

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En su condición de actual heredera del espíritu tradicional de la Serie B, en especial en lo referente a su pragmatismo económico, la norteamericana The Asylum no ha sido ajena a estos usos ventajistas. Algo que, bien mirado, entronca con su conocida especialización en rodar exploitations de populares blockbusters, alguno de los cuales ha llegado incluso a dar origen a una inesperada secuela, a pesar de que su recepción crítica y comercial hubiera sido más bien nula, cuando no directamente negativa. ¿Cómo justificar la existencia de una secuela directa de su adaptación de La guerra de los mundos de H. G. Wells, si no es debido a la calculada reutilización de los elementos productivos de la película originaria, permitiendo así abaratar los costes monetarios, ya de por si paupérrimos?

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Acorde a esta política empresarial, la popular productora ha convertido en uno de sus rasgos más distintivos el reciclaje de los diseños infográficos de las monstruosas criaturas que pueblan sus ficciones de uno a otro título, con el consiguiente ahorro que ello supone. No contentos, también han alentado la realización de nuevos films con los que no solo reutilizar el diseño de producción de alguna de sus producciones anteriores, sino también su propio concepto argumental, en lo que se erige en una muestra notoria de la vagancia intelectual que conforma la principal mácula de la obra de la compañía. Es el caso de Empire of the Sharks (Empire of the Sharks, 2017), telefilm escrito y dirigido por Mark Atkins, que supone una especie de secuela o, más bien, variación de lo ofrecido por idéntico responsable en su anterior trabajo, El planeta de los tiburones (Planet of the Sharks, 2016).

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Rodado en las mismas localizaciones sudafricanas, con él comparte su ambientación en un futuro post-apocalíptico a lo Waterworld, en el que la superficie de la Tierra se ha convertido en un gran océano. La diferencia entre una y otra estriba en que si, haciendo honor a su nombre, El planeta de los tiburones narraba las peripecias de un grupo de supervivientes mientras escapaban de los escualos que habían pasado a dominar el planeta, aquí la trama nos sitúa tras los esfuerzos de su grupo protagonista por rescatar a un grupo de paisanos de las garras de un señor de la guerra que siembra el terror en el lugar por medio de un ejército de tiburones a los que controla por medio de una especie de guanteletes, mediante los que envía impulsos electromagnéticos a los receptores situados en la cabeza de los selacimorfos.

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Con semejante planteamiento, en el que también hay cabida para muchachas con poderes telepáticos y tiburones-bomba, entre otros desvaríos, sería aventurado esperar una película que tenga un humor digno de Lubitsch y una complejidad propia de Dreyer,  claro; pero sí que fuera moderadamente entretenida. No hay caso. Y eso que, a decir verdad, en primera instancia sus resultados ofrecen una mejora cuantitativa con respecto a los arrojados por su predecesora, quizás por estar planteada desde unas mayores aspiraciones. O eso se deduce, al menos, de la presencia en su reparto de un actor de cierto renombre, un John Savage en horas bajas encargado de encarnar al villano de la historia.

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Este supuesto mayor mimo puesto en su confección se traslada a la puesta en escena de Atkins, con una planificación mucho menos abonada al uso y abuso del primer plano como principal herramienta narrativa, atreviéndose incluso con la inserción de imágenes en las que comparecen varios personajes dentro del mismo plano, lo que, conociendo los antecedentes, debe considerarse como todo un logro. Del mismo modo, el diseño de producción, en especial en lo concerniente a la ambientación post-apocalíptica, se antoja bastante más conseguido que la vista en El planeta de los tiburones. Lo mismo ocurre con su esquema argumental, centrado en el reclutamiento del grupo de resistentes y su posterior ataque a la base donde se encuentra el señor de la guerra y sus secuaces, acreedor de un mayor dinamismo del que ofrecía el de la previa.

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Sin embargo, todo lo apuntado no deja de ser un espejismo. A pesar de las mejores perspectivas, según avanzan los minutos acaba por imponerse la cruda realidad de los hechos. Y de un modo aplastante, además. Transcurrido el ecuador del metraje, el ritmo hasta entonces fluido comienza a verse torpedeado por la inclusión de diferentes incidencias cuyo concurso solo parece obedecer a un intento por alargar la anécdota argumental hasta alcanzar la duración fijada. Una circunstancia que no hace más que acentuar los muchos defectos detectados hasta ese momento. Más allá de la pobreza del acabado formal de los efectos especiales infográficos marca de la casa, asoma la torpeza de la puesta en escena de Atkins, con planos que, literalmente, cortan la cabeza de algunos de los secuaces del villano en cuadro, no se sabe si por ineptitud o para poder así repetir la comparecencia de los figurantes implicados dando vida a otro nuevo esbirro sin que chirríe demasiado.

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Con todo, la palma se la llevan las muchas incongruencias argumentales en los que incurre el relato. Citemos unos cuantos ejemplos espaciados a lo largo del metraje a modo de muestrario. El primero, la importante avería provocada por el ataque de los tiburones al sumergible que transporta a los protagonistas durante su primera visita a la base del señor de la guerra, hasta el punto de poner en peligro su huida, lo que no quita que, para el siguiente viaje, emprendido apenas unos instantes más tarde, el vehículo se encuentre en perfecto estado. O, más adelante, cuando los rebeldes abordan un barco en el que el cabecilla del grupo se apropia de un prodigioso walkie-talkie, capaz de permitirle escuchar lo que sucede en el entorno de su interlocutor, presione o no este el botón necesario. La mejor de estas incoherencias, no obstante, llega en el desenlace del film, y tiene que ver con el excepcional don de la secuestrada novia del protagonista para modificar el comportamiento de los escualos a través de la telepatía. Y es que si, como se dice, semejante habilidad solo se le había conocido a su difunto padre, no se explica que, llegada la conclusión de la película, el consejo de sabios de su poblado pueda instruir a la ya rescatada joven en el arte de “llamar a los tiburones”.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on octubre 11, 2017 at 6:27 am  Dejar un comentario  

Sharknado 5: Aletamiento global

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Título original: Sharknado 5: Global Swarming

Año: 2017 (Estados Unidos)

Director: Anthony C. Ferrante

Productor: David Michael Latt

Guionista: Scotty Mullen basado en los personajes creados por Thunder Levin

Fotografía: Ryan Broomberg

Música: Christopher Cano, Chris Ridenhour

Intérpretes: Ian Ziering (Fin), Tara Reid (April), Cassandra Scerbo (Nova), Billy Barratt (Gil), Yanet Garcia (Chara), Porsha Williams (Andromeda), Chris Kattan (primer ministro), Doug Censor Martin (Jack, piloto de hélicoptero), Clay Aiken (Llewelyn), Samantha Fox (Sra. Moore), Jeff Rossen, Kate Garraway, Charlotte Hawkins, Laura Tobin, Louie Spence (Calvin), Katie Price (Connery), Bret Michaels, Tom Daley, Charo (la reina de Inglaterra), Shel Rasten (Prince), David Naughton (embajador Kessler), Lucy Pinder (embajadora de Suecia), Jena Sims (celegada de la OTAN Lee), Ross Mullan (Dr. Wobbegon), Nichelle Nichols (secretario general Starr), Casey Batchelor (Lady Anne), Luisa Zissman (duquesa), India Thain (Dottie), Noush Skaugen (Helga), Abby Lee Miller (Dr. Bramble), Geraldo Rivera (Dr. Angel), Sasha Cohen (patinadora de hielo), Liliana Nova (Svetlanda), Gus Kenworthy (Skier), Cody Linley (Matt), Russell Hodgkinson (Steven), Anthony C. Ferrante (Dundee), Karl Stefanovic, Lisa Wilkinson, Claudia Jordan (Ursa), Olivia Newton-John (Orion), Chloe Lattanzi (Electra), Masiela Lusha (Géminis), Spencer Matthews (marinero Dan), Caprice Bourret (Polaris), Tony Hawk, John Hennigan (Rodolfo), LaChelle Hunt (Piscis), Greg Louganis (Zico), Victor Lamoglia (Bernard), Tiffany Pollard (Vega), Nathalie Odzierejko (Nicola), Marc Jarousseau (Claude), Downtown Julie Brown (Consejero), Fabio (Papa), Margaret Cho (Simone), Jai Rodríguez (Peter), Audrey Latt, Brady Latt, Moise Latt, Shin Kinoshita, Cat Greenleaf, Dan Fogler, Kathie Lee Gifford, Al Roker, Hoda Kotb, Benjy Bronk (Howard Beale), Yoshie Morino (Jasmine), Bai Ling (Mira), Gilbert Gottfried (Ron Mcdonald), Edward Grimes (Cameron), John Grimes (Mick), Oliver Kalkofe, Peter Rütten, Olli Schulz, Jan Delay, Stefan Sandrock, Linda Zervakis, Dietmar Wischmeyer, Sarah Knappik, Bela B., Joko Winterscheidt, Klaas Heufer-Umlauf, Oliver Welke, Tim Mälzer, Rob Vegas, Markus Lanz, Ingrid Van Bergen, Dieter Nuhr, Thomas Koschwitz, Julia Gámez Martin, Simone Panteleit, Sascha Vollmer, Dolph Lundgren (Gil adulto), Ana Florit, Andi Royer, Caroline Dillon, Courtney Quod, Diana Latt, Jennifer Quod, Jess Park, Kendall Anlian, Lisa Pirro, Madyson Hayes, Maeve Harris, Maria Cardoza, Michael Hardman, Sandy Latt, Sara Ann Fox, Sheila Goldfinger, Susee Villasenor, Tammy Klein, Veronica Palominos (hermanas del Sharknado), Kevin Matadeen, Raj Awasti, Des Barron, Benny Bereal, Kishore Bhatt, Barbara Cunningham, Daniel Eghan, James Heron, Paul O’Kelly, Jag Patel, Anthony Rogers, Elena Valdameri…         

Sinopsis: Con gran parte de Estados Unidos en ruinas, el resto del mundo espera un sharknado global. Durante su visita a Londres, Fin Shephard y su familia se ven envueltos en uno de estos sharknados, en el que el más joven de sus hijos queda atrapado en un “viajenado”. Junto con su mujer biónica April, Fin recorrerá todo el mundo para rescatar a su pequeño.

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A cinco años vista desde su sorpresiva irrupción, resulta incuestionable el alcance mediático que a estas alturas disfruta la saga Sharknado. Lo que en un principio se antojaba una moda pasajera fruto de la más simple casualidad, ha conseguido mantenerse en el tiempo hasta lograr la categoría de fenómeno, en gran parte gracias a las calculadas campañas de marketing con las que sus responsables han sabido capitalizar su tirón popular y rodear el lanzamiento de cada nueva secuela. De este modo, el estreno de cada nueva entrega, siempre coincidiendo con la época veraniega, se ha convertido en poco menos que una cita obligatoria que es esperada con curiosidad, cuando no expectación, por un nutrido grupo de espectadores para comprobar qué nuevas barrabasadas van a deparar las aventuras vividas por los Shepard en su lucha contra los sharknados. Y eso que, a decir verdad, cada secuela de la franquicia viene a ser más de lo mismo, como en principio demuestra su quinta parte, Sharkanado 5: Aletamiento global, estrenada el pasado 6 de agosto en los Estados Unidos.

SHARKNADO 5 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Yana Blajeva/Syfy)

Dirigida una vez más por Anthony C. Ferrante, realizador de las cuatro anteriores entregas, sobre el papel su contenido se ajusta a lo ya esperado. A grandes rasgos se trata de repetir la fórmula acuñada por la saga a lo largo de este tiempo, consistente en una itinerante trama que sigue los esfuerzos del matrimonio formado en la ficción por Ian Ziering y Tara Reid por reencontrarse con alguno de sus familiares, mientras hacen frente a los efectos del huracán de tiburones asesinos, y que les lleva de localización emblemática a localización emblemática, dentro de una concepción espacial poco menos que de reportaje turístico. Si en anteriores ocasiones el sharknado azotó Los Ángeles, Nueva York, Washington, la Costa Oeste o, incluso, el espacio, esta vez su argumento recorre medio mundo, desde Londres a Tokio, pasando por Río, Suiza o Roma.

Sharknado 5: Global Swarming - Season 2017

Esta evidente potenciación a la que es sometida el número de ambientaciones empleadas, según esa máxima imperante dentro de la industria que dice que cada nueva secuela de una franquicia debe multiplicar los rasgos característicos de las anteriores entregas, es continuada por la cantidad de cameos que se dan cita en su metraje, tan numerosos que acaban por erigirse en el principal leitmotiv del desarrollo del film. Es decir, antes que responder a una mínima evolución lógica de los acontecimientos, la evolución narrativa es supeditada en todo momento a facilitar la aparición del mayor número de famosetes como sea posible, aunque en su mayoría resulten desconocidos más allá de los Estados Unidos[1] (o de Alemania, ya que en sintonía con la globalización de la propuesta, en esta ocasión hay también varias apariciones especiales de presentadores de la televisión germana). Lo mismo ocurre con la participación de viejas glorias cinematográficas en horas bajas que inaugurara en la anterior entrega David Hasselhoff dando vida en la ficción al padre de Ian Ziering, y que aquí comprende el concurso de Olivia Newton-John y un Dolph Lundgren en una aparición no publicitada por motivos que no desvelaremos.

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Sin embargo, dentro del perfil eminentemente continuista que maneja la propuesta, encontramos también varias novedades. A ello no es ajeno el que por primera vez en la historia de la franquicia el guion no haya corrido por cuenta de Thunder Levin, cuyo puesto ha sido ocupado por Scotty Mullen. Un cambio que ha servido para aportar savia nueva a esta secuela con respecto a sus predecesoras. Si bien los guiños y referencias a famosos films no era algo inédito en las anteriores entregas, Mullen ha sabido fomentar este componente hasta adquirir entidad propia dentro de la ecuación comentada, lo que por otra parte resulta de lo más consecuente viniendo de una producción de la Asylum, famosa por sus descarados plagios de los principales blockbusters hollywoodienses de cada temporada. En busca del arca perdida o Regreso al futuro son algunos de los títulos emblemáticos visitados y/o parodiados a lo largo de un film que participa así en la nostalgia por el cine ochentero que parece dominar gran parte de la producción fantástica actual.

SHARKNADO 5 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Simon Mein/Syfy)

No obstante, quizás consciente de los evidentes síntomas de agotamiento y repetición que viene manifestando la fórmula en la que se apoya el invento, la principal aportación de Mullen se encuentra en su intento de crear una mitología propia para la franquicia, con la inclusión de hermandades, piedras mágicas, agujeros de gusano y otros ingredientes por el estilo que, aunque apenas desarrollados, además de potenciar el tono delirante del conjunto abren la puerta a nuevas vías temáticas que permitan la renovación de la saga de cara a futuras secuelas. Modestas mejoras, en cualquier de los casos, incapaces de elevar por sí solas el nivel medio del film -misión casi imposible a la vista de la nulidad de la puesta en escena de Ferrante y el pobre acabado de sus efectos infográficos-, pero que al menos hace que el visionado de este Sharknado 5 sea algo más llevadero que el de sus predecesoras.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Buena muestra de ello es la presencia dando vida a la reina de Inglaterra de nuestra compatriota Charo Baeza, ex-mujer de Xavier Cugat y toda una celebrity en los Estados Unidos, a pesar de que en su país de origen sea prácticamente una desconocida.

Published in: on agosto 18, 2017 at 5:52 am  Dejar un comentario  

El planeta de los tiburones

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Título original: Planet of the Sharks

Año: 2016 (Estados Unidos)

Director: Mark Atkins

Productor: David Michael Latt

Guionistas: Marc Gottlieb, Mark Atkins

Fotografía: Mark Atkins

Música: Kays Al-Atrakchi, Brian Ralston

Intérpretes: Brandon Auret (Dillon Barrick), Stephanie Beran (Dra. Shayne Nichols), Lindsay Sullivan (Dra. Roy Shaw), Lauren Joseph (Beatrice), Daniel Barnett (Moffat), Christia Visser  (Dra. Caroline Munro), John B Swart (Hideo Ishiro), Alex Anlos (Nathan Terry), Angie Teodora Dick (Joanne D’amato), Ryan-Wayde Hannival (Lookout), Zane Westermeyer (Butcher)…

Sinopsis: En un futuro próximo, el derretimiento de los glaciares ha cubierto el noventa y ocho por ciento de la superficie del planeta Tierra. Los tiburones han florecido y ahora dominan el planeta, operando como un sólido banco dirigido por un tiburón alfa mutado.

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No deja de tener su gracia que un telefilm de bajo presupuesto como el que nos ocupa tome como principal referente la ya lejana Waterworld (Waterworld, 1995), película que en su momento fuera la más cara de la historia y cuyo sonoro batacazo se llevara por delante la carrera de un Kevin Costner en el punto más álgido de su trayectoria. No obstante, pese a venir de una firma como la popular Asylum, que ha hecho de sus desvergonzados mockbusters –nombre utilizado para denominar a sus descaradas copias de los blockbusters del momento– una de sus principales divisas, El planeta de los tiburones (Planet of the Sharks, 2016) no representa una explotaition al uso del film dirigido por Kevin Reynolds. Por el contrario, la invocación de un futuro post-apocalíptico en el que la superficie del planeta es básicamente agua, obligando a los escasos supervivientes a habitar en plataformas flotantes, es empleado, únicamente, como una ambientación igual que pudiera serlo cualquier otra, con la que dar un toque de distinción a una propuesta que, en realidad, se enmarca en el filón de los films de/con tiburones, todo un subgénero en sí mismo y que, sobre todo a raíz del revuelo mediático despertado por Sharknado y sus secuelas, se ha convertido en el otro foco principal de la línea productiva de la firma norteamericana.

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De este modo, toda posible relectura que pudiera ofrecer la referida inspiración por parte de un telefilm de bajo presupuesto en uno de los más sonoros fracasos económicos cosechados por la todopoderosa industria hollywoodiense en las últimas tres décadas no va más allá de su mero enunciado; como tampoco lo hace la ocurrencia de bautizar a sus personajes con el nombre o los apellidos de ilustres personalidades de la Serie B clásica, caso de Caroline Munro, Joe D’Amato o Ishirô Honda. Una circunstancia que ilustra de forma prístina el que quizás sea el principal defecto de las producciones de la Asylum, a grandes rasgos.

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Convertida por antonomasia en la fábrica de cine malo actual, sus productos suelen partir de conceptos atractivos y/o sugerentes dentro de sus coordenadas, malgastados indistintamente por la incapacidad de sus responsables para aprovechar sus posibilidades, manufacturando cintas rutinarias e impersonales que, a pesar de su autoconsciencia, quedan lejos de ofertar las dosis de desenfadada diversión que cabría esperar a tenor de sus antecedentes. Frente a la capacidad de delirio, imaginación y falta de complejos de, pongamos por caso, el cine italiano de los años ochenta, con el que no por casualidad mantiene innegables puntos comunes, las películas de la marca norteamericana se limitan a completar el trámite con corrección técnica dentro de sus limitaciones y capacidades, pero sin abandonar la óptica seria, salvo en contadas ocasiones (y las pocas veces que lo ha intentado, verbigracia las secuelas de Sharknado, no ha destacado, precisamente, por la brillantez de su humor, digamos, voluntario), lo que termina por cortocircuitar esa jocosa carga paródica que, al menos en teoría, se erige en su principal aliciente.

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Como decimos, El planeta de los tiburones es una buena muestra de lo comentado. Véase al respecto cómo desaprovecha la pregunta obvia que se desprende de su planteamiento de base, y que no es otra de la de a dónde escapar en un mundo convertido en un inmenso océano ante los ataques de un grupo de tiburones. En lugar de eso, la película se limita a repetir el estilo narrativo acuñado por la Asylum y extensible al resto de la producción actual de telefilms de temática fantástica salvo honrosas excepciones, caracterizado por tramas intercambiables pobladas por personajes estereotipados y desarrolladas por medio de un esquema común que podría resumirse en los esfuerzos de los protagonistas por escapar de la amenaza que se cierne sobre ellos y su entorno, al tiempo que idean un plan con el que acabar con ella. Poco más. Puede que en el caso que nos ocupa la adopción de este tratamiento esté íntimamente ligado con el hecho de que el principal responsable de la propuesta sea Mark Atkins, uno de los más contumaces directores del formato, en especial debido a su activa labor dentro de la Aslyum, para la que ha realizado alrededor de una quincena de títulos en diez años, además de intervenir en otros tantos como director de fotografía, funciones ambas a las que aquí añade la coautoría del guion y el montaje.

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Pese a acumular esta experiencia o, precisamente, debido a ello, la puesta en escena de Atkins destaca por su falta de rigor, comenzando por la poco conseguida ambientación post-apocalíptica que luce la cinta, bien sea por las imágenes aéreas propios de un spot publicitario del moderno yate en el que viajan los protagonistas, sorprendentemente nuevo y reluciente para encontrarse en un ambiente post-apocalíptico, o por las indumentarias de los personajes, en los que los atuendos más o menos peculiares propios del estilo se entremezclan con ropa de calle actual totalmente impoluta.

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Todo el afán del cineasta, así las cosas, parece concentrarse en enfocar tanto tiempo como sea posible la generosa delantera de una de las protagonistas femeninas, dentro de una planificación formularia que, dejando a un lado ciertos instantes propios de un video sobre deportes acuáticos de riesgo, se encuentra supeditada en todo momento a la utilización del primer plano como principal recurso. En un primer momento, el porqué de tal práctica podría justificarse mediante el hecho de disimular las carencias de una escenografía recreada, básicamente, por medio de unos efectos realizados por ordenador bastante poco conseguidos. Sin embargo, tal suposición es pronto desmentida en vista del modo en que Atkins se regodea a la hora de mostrar elementos generados por CGI, algo especialmente patente en el concurso de la horda de tiburones, a los que no duda en mostrar detalladamente en toda su pobreza infográfica, lo que hace que en ningún momento puedan resultar creíbles, además de eliminar con ello cualquier vestigio de verosimilitud que pudiera aún tener la propuesta.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on agosto 4, 2017 at 5:40 am  Dejar un comentario