Nacida inocente

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Título original: Born Innocent

Año: 1974 (Estados Unidos)

Director: Donald Wyre

Productor: Bruce Cohn Curtis

Guionista: Gerald Di Pego, según la novela de Creighton Brown Burnham

Fotografía: David M. Walsh

Música: Fred Karlin

Intérpretes: Linda Blair (Chris Parker), Joanna Miles (Barbara Clark), Kim Hunter (Sra. Parker), Richard Jaeckel (Sr. Parker), Janit Baldwin (Denny), Allyn Ann McLerie (Emma Lasko), Mary Murphy (Sra. Murphy), Nora Heflin (Moco), Tina Andrews (Josie), Sandra Ego (Janet), Mitch Vogel (Tom Parker), Janice Lorraine Garcia (niña en el funeral)…

Sinopsis: Chris es una adolescente de catorce años que se ha escapado de casa. Detenida por la policía, pasa la noche en el calabozo para ser trasladada a un correccional al desentenderse sus padres de su potestad.

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Al año siguiente de interpretar a la niña Regan en El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, Linda Blair se hacía con otro de sus papeles más recordados, la Chris Parker del telefilm para la Tomorrow Entertainment Nacida inocente (Born inocent)[1], que en Europa, como otras tantas películas para televisión de la época que gozaron de gran aceptación popular, se estrenó en cines[2]. En España no llegaría a las salas hasta 1979, una vez caída la maldita censura, y se exhibiría íntegra, convirtiéndose el personaje de Chris Parker, como ya se dijera en su día, en la primera heroína de la Transición.

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De unos años a esta parte, la mayoría de los filmes para el medio catódico son thrillers generalmente protagonizados por mujeres de mediana edad -y sobre todo rubias-, cuyo target es el público familiar -bueno, los que nos llegan de Alemania y los países nórdicos tienden más al rollo romántico-. Pero en la década de los setenta, los telefilmes, además de los consabidos dramas, también los había de suspense –e incluso terror, algo hoy impensable si no es en la televisión por cable- y, además, muchos oscilaban entre la denuncia y la pura exploitation, con intención -o coartada- moralista/moralizante pero haciendo gala o agarrándose a los consabidos ganchos de sexo, rollo chungo y violencia, dentro siempre de los cánones permitidos en las producciones televisivas, siendo, por tanto, algo más sugerido que explícito[3].

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El tema principal del telefilm que nos ocupa es la pérdida de la inocencia, debido a un sistema que no funciona. Nuestra protagonista es encerrada en el reformatorio por escapar de casa, huyendo de una madre alcohólica y de un padre que la pega, unos progenitores que no la aman ni la quieren con ellos. En el correccional, al principio, la muchacha tiene ilusiones de que su familia funcione y de un futuro mejor. No será así, y dentro de aquellos muros, Chris, la chica asustada e inocente del comienzo, se volverá dura, amargada y desilusionada, como el resto de sus compañeras. Ya nada quedará de aquella niña que al ingresar se mecía alegre en los columpios, evadiéndose y recordando tiempos más felices.

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La escena más famosa de la película, que llegó a decorar algunas carátulas de la misma, así como de distintas ediciones de la serie de libros surgidos a partir de ella, es aquella en las duchas donde nuestra protagonista es sujeta por varias de las internas, mientras otra de ellas, Denny, la viola introduciéndole en sus partes el palo de una escobilla, arrancándole de cuajo su inocencia y comenzando su oscuro descenso a los infiernos nihilistas. Tras un juicio al que fue sometida la cadena productora, dicha parte fue recortada del montaje. No obstante, se mantuvo en el estreno de la cinta en Europa. El film, de todos modos, no desaprovecha para explotar en un par de ocasiones el morbo de la sexualidad de la adolescente, algo por otro lado muy común en no pocas cintas de la época, tanto en Estados Unidos –era la época dorada de las grindhouses-, como en el viejo continente; recuérdese a este respecto la saga de las Report de colegialas en Alemania, no pocos títulos italianos e incluso alguno español como aquel Climax (1977) que firmara Francisco Lara Polop y que oscilaba entre la denuncia y la más descarada explotación.

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En Nacida inocente volvemos a encontrarnos con la lucha entre las asistentas sociales que representan dos puntos de vista distintos del sistema, el progreso -la evolución- y la tradición -el estancamiento-. La profesora más nueva y liberal, que confía en las chicas y lucha para que salgan adelante, tratando de animarlas y motivarlas; y la trabajadora de régimen interno veterana, muerta de asco, que las da por imposibles, por lo que prefiere la mano dura y añora épocas pasadas en las que todo era mucho más severo -camisas de fuerza, mayores restricciones, etc.-. Será una decisión equivocada de esta última lo que ocasione un trágico incidente que acabará con los ánimos de las internas, provocando un motín, dando así cabida a un elemento casi obligatorio de las películas de cárceles de mujeres. Bárbara, la profesora progresista, verá con tristeza a una Chris envilecida, manipuladora y mentirosa. Y el final, más que moralizante -con ese sistema que hace más daño del que repara-, es deprimente. Sentimiento que se acentúa con la característica banda sonora tristona de los telefilmes de los setenta.

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Además de la Blair, cabe resaltar dentro del reparto de chicas a Janit Baldwin, en cuya breve filmografía, que comenzara con la gangster movie Carne viva (Prime Cut, 1972), de Michael Ritchie, se paseó por El fantasma del Paraíso (Phantom of the Paradise, 1974) de Brian De Palma, o por Ruby (Ruby, 1977), de Curtis Harrington. Como el agresivo padre de Chris tenemos a Richard Jaeckel, uno de los más recordados secundarios de las series de televisión de la época, visto también en pantalla grande en algunos sonoros éxitos, así como en dos títulos de lo más psicotrónicos, dando vida al paralítico de Mr. No Legs (1979), de Ricou Browning, y al protagonista de Mako, el tiburón de la muerte (Mako, 1976), de William Grefe.

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La buena acogida que disfrutó en su momento la cinta llevó a Linda Blair a protagonizar otro telefilme de denuncia/exploitation al año siguiente, como la Sarah Travis de Sarah T., Portrait of a Teenage Alcoholic [tv/vd: Sarah T, retrato de una adolescente alcohólica], dirigido por Richard Donner. Y varios años después, ya convertida en toda una mujer, volvería a ser recluida, ahora en instituciones penitenciarias, en dos filmes de lo más atractivos, las WIP movies Cadenas ardientes (Chained Heat, 1983), de Paul Nicholas, y Rojo caliente (Red Heat, 1985), de Robert Collector, sendas cintas que entran de lleno en la más pura y dura exploitation. Por otra parte, poco después de las aquí reseñada las adolescentes con no pocos problemas y envueltas en ambientes hostiles volverían a ser el tema a tratar en un par de películas de merecido culto como son la canadiense Caído del cielo (Out of the Blue, 1980), que terminaría rodando Dennis Hopper, o la alemana Yo, Cristina F (Christiane F. – Wir Kinder vom Bahnhof Zoo, 1981), que le abriría a su director, Uli Edel, las puertas de Hollywood, aunque como tantos otros no encontraría allí su sitio.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Otro producto televisivo que conoció estreno en las pantallas de distintos países es, por nombrar uno al azar, La tercera víctima (Mousey, 1973), de Daniel Petrie; pero tal vez el ejemplo más conocido se encuentre en El día después (The Day After, 1983), de Nicholas Meyer, que se convirtió, en aquellos años de Guerra Fría, en todo un fenómeno social, llegando a los cines de medio planeta. Incluso en los noventa recalaron en salas filmes originalmente concebidos para la pequeña pantalla, como las producciones de la HBO Sin testigos (Blind Side, 1993) de Geoff Murphy –aprovechando el tirón comercial de la “reina del thriller” de aquel entonces, Rebecca De Mornay-, Poodle Springs (Poodle Springs, 1998) de Bob Rafelson, o RKO 281 (RKO 281, 1999) de Benjamin Ross. Y hoy día de cuando en cuando vemos en las carteleras, por tiempo limitado, algunas películas realizadas originalmente para plataformas como Netflix

[2] Su éxito dio origen a una adaptación escrita en un libro homónimo firmado por Gerald di Pego y Bernahardt J. Hurwood, que llegó a engendrar una larga serie de continuaciones con la misma protagonista, todos cortados por el mismo patrón.

[3] Valga como buen ejemplo The Deadly Tower [tv: La torre mortal, 1975], tv-movie que recreaba el caso de Charles Whitman y la matanza que organizó en la universidad de Austin, Texas, en 1966, y que acabó con su muerte a manos de las fuerzas del orden. Contaría con Kurt Russell en el papel del joven desequilibrado, al lado de algunos rostros habituales de la época como Ned Beatty o John Forsythe. Por cierto, el caso de Whitman inspiró a Peter Bogdanovich su ópera prima, la excelente El héroe anda suelto (Targets, 1968). Y volviendo a las jovencitas metidas en problemas como en Nacida inocente, podríamos nombrar otras películas para televisión como Little Ladies of the Night [tv: Víctimas del vicio, 1977], de Marvin J. Chomsky, con David Soul, Louis Gossett Jr., Carolyn Jones o Dorothy Malone en el reparto; Katie: Portrait of a Centerfold [tv: Katie: Retrato de una modelo de portada, 1978] de Robert Greenwald; o Alexander: The Other Side of Dawn [tv: Alexander, 1977] de John Erman, esta última cambiando el género de su protagonista, ya que trataba las desventuras de un joven chapero.

Sorority Girl [dvd: Escuela de señoritas]

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Título original: Sorority Girl

Año: 1957 (Estados Unidos)

Director: Roger Corman

Productor: Roger Corman

Guionista: Ed Waters basado en una historia de Leo Lieberman

Fotografía: Monroe P. Askins

Música: Ronald Stein

Intérpretes: Susan Cabot (Sabra), Dick Miller (Mort), Barboura Morris (Rita Joyce), June Kenney (Tina), Barbara Cowan (Ellie Marshall), Fay Baker (Mrs. Tanner), Jeane Wood (Mrs. Fessenden), Joan Lora…

Sinopsis: Sabra Tanner es una adolescente proveniente de una familia rica que, después de la muerte de su padre y mantener una difícil relación con su madre, es ingresada en una hermandad universitaria para chicas. Una vez allí no tardará en abusar de sus compañeras a las que maltratara física y psicológicamente…

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En 1957 Roger Corman realizó deprisa y corriendo[1] una versión en clave femenina de The Strange One (Jack Garfein, 1957)[2]. La película en cuestión se tituló Sorority Girl (1957) y en vez de en una academia militar como ocurría en aquella, la acción se trasladó a una hermandad de jovencitas dónde Sabra Tanner (una Susan Cabot entrada ya en la treintena) no podía remediar ser de lo más despiadada y vengativa con sus compañeras. Aunque este exploit de apenas una hora de duración y presupuesto paupérrimo no será recordado como la mejor película de Corman, sí que se puede entrever en ella la semilla de un subgénero que Jesús Franco tuvo a bien terminar de dar carta de naturaleza con la canónica 99 mujeres (1969). ¿Quiere esto decir que Jesús Franco vio o tuvo presente Sorority Girl a la hora de realizar su primera película de mujeres en prisión? Resulta un tanto arriesgado asegurarlo, pero es evidente que en ella encontramos dos de los elementos indispensables que más tarde se emplearía en toda wip que se precie; es decir, sadomasoquismo y lesbianismo entre un grupo de mujeres recluidas. Antes de que se rasguen las vestiduras, aclararé que, efectivamente, en el film de Corman estos elementos son mostrados de un modo de lo más mojigato e ingenuo (también eran otros tiempos) pero ahí están pese a quién le pese[3]. En este sentido, hay que recordar que el propio Corman se encargó más tarde de producir (ya sea de manera directa o indirecta) algunos de los wip más representativos[4].

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Aunque existe cierta carga dramática en el personaje de la malvada Sabra – es una mujer marginada por el resto de chicas, que mantiene una relación de amor/odio (más odio que amor) con su madre multimillonaria – no podemos determinar a simple vista qué es lo que la motiva a ser tan despiadada. Puede que esto sea debido a lo exiguo del metraje, a un guión escasamente perfilado o a la poca pericia que demuestra en esta ocasión Corman tras las cámaras dirigiendo a sus actores[5]. Sin embargo, sí que hay algo muy interesante y es que, pese a que dicho rol está presentado desde una óptica negativa (como ocurre en el resto de las wip), en la película de Corman se podría hacer una segunda lectura, pues el personaje de Sabra, además de malvado, parece querer castigar al prototipo de mujer sumisa colgada del hombre (en este caso llamado Mort y encarnado por un Dick Miller en plan macho alfa). Tampoco hay que pasar por alto que Sabra también coquetea con él y que al ser rechazada por éste decide utilizar a una de sus compañeras (secretamente embarazada) para que lo chantajeé acusándole de que el hijo que espera es suyo y así conseguir dinero para abortar (¡!). Este hecho será el que desencadenará la furia de las chicas (y del propio Mort, que pese a ser muy apuesto él, jamás había tocado a la joven) y que éstas se enfrenten a Sabra. Y aunque consiguen acobardarla, ésta les planta cara con osadía y grita entre sollozos que “no les necesita”, provocando que el resto de chicas persista en su empeño de castigarla y se larguen. ¿Puede verse a esta “malvada” Sabra como una feminista incomprendida que se enfrenta a ese ideal machista de mujer que a día de hoy sigue existiendo? Difícil llegar a una conclusión que resulte convincente[6] ya que después de quedarse sola, Sabra se compadece de sí misma y ansía volver a empezar de nuevo concluyendo que siempre ha “tenido miedo”. ¿Quiere decir esto que Sabra desea en realidad ser ese modelo de mujer que tanto detesta o que ante la imposibilidad de combatir contra ese prototipo termina aceptando convertirse en una de ellas? A saber… Tal y como decíamos, por desgracia debido a la poca calidad de la cinta y la ambigüedad del personaje de Sabra – malvada y marginada porque sí -, no podemos lanzar una hipótesis que se sostenga por sí misma.

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Sea como fuere, no deja de resultar un tanto paradójico que en la protagonista de Sorority Girl – una mujer fuerte, de carácter y que no se pliega ante nadie (y esto incluye a los hombres, claro) – pueda encontrarse el germen de un género que se convertiría, precisamente, en todo lo contrario, siendo recordado por su fuerte carga misógina. En las wip también vemos a féminas autoritarias y sádicas para con su mismo sexo (que en la mayoría de los casos también pueden ser ese prototipo de mujer débil); incluso algunas de las mujeres que vemos en dicho subgénero triplican en mala baba y carácter a la (ahora) “dulce” Sabra – ahí tenemos a la dominatrix Ilsa, la máxima representante del este subgénero de ejemplo, que tortura y comete vejaciones por mero deleite -, pero lamentablemente no tardamos en descubrir que siempre van a remolque del hombre (alcaide o militar) de turno a quien obedecen. Es por ese motivo que me pregunto qué hubiera ocurrido sí, de haberla visto, Jesús Franco (un cineasta que, al fin y al cabo, idolatraba a la mujer como pocos) la hubiese tenido más presente a la hora de llevar a cabo su 99 mujeres. ¿Os imagináis? ¿Y si Ilsa, ya que la hemos puesto de ejemplo, se hubiera dedicado a torturar a las mujeres débiles/sumisas y a los hombres autoritarios/retrógradas, y por el contrario les hiciera el amor a aquellos/as que tuvieran o terminasen teniendo sus mismos ideales? ¿Alguien se imagina a la wip como estandarte del feminismo y de la liberación sexual de la mujer? Con Sorority Girl nunca se había estado tan cerca y lejos a la vez.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

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[1] Se rodó en dos semanas escasas.

[2] http://www.imdb.com/title/tt0050998/trivia?tab=mc&ref_=tt_trv_cnn

[3] En un momento de la película Sabra aparta a una de sus compañeras que “inocentemente” le dice lo hermosa que es mientras le acaricia el pelo; y en otro, Sabra golpea a esta misma con una fusta de madera en el trasero (algo que recuerda de algún modo a algunas fotografías sado/eróticas de la época con Bettie Page de modelo).

[4] Sirvan de ejemplo Caged Heat de Jonathan Demme o The Big Bird Cage de Jack Hill, entre muchas otras.

[5] Los únicos que resultan convincentes en sus papeles son Cabot y Miller, curiosamente los únicos que por su edad avanzada no se adecuan al resto del reparto más joven. Según se apunta en el libro El cine de Roger Corman. 50 películas al precio de una (Ed. Arkadin, 2006. José Manuel y Francisco Javier González-Fierro Santos), debido a los quebraderos de cabeza que sufrió a la hora de dirigir a los actores, después de esta película Corman decidió apuntarse a la escuela de actuación de Jeff Corey, en la cual conoció, ni más ni menos, que a Jack Nicholson. Aunque, aún y con esas, tampoco podemos decir que Corman fuera un gran director de actores.

[6] “Sabra”, el nombre de nuestra protagonista, también es un término que proviene del hebreo y que se emplea para referirse a todos aquellos nacidos dentro del territorio israelí (Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Sabra). Es decir, también podríamos aferrarnos a una hipótesis mucho más probable que la expuesta y que coloque a Sabra como la represente al pueblo judío “malvado”, “odiado” y “rico” (aquí cobra más sentido el odio que siente hacia su rica madre)… y perseguido y masacrado durante la II Guerra Mundial. De ser así, la película dejaría un mensaje bastante antisemita respecto al pueblo judío, pues la única lectura que podríamos hacer es que debido a su maldad sufre ese rechazo que decíamos.

Published in: on enero 9, 2015 at 6:29 am  Dejar un comentario  
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Greta – Haus ohne männer [dvd: Ilsa. Greta – Haus ohne männer]

Portada

Dentro del grupo de títulos pertenecientes a la colección “Inéditos de Jesús Franco” que Tema Distribuciones de la mano de Cameo ha ido poniendo a la venta durante estos últimos meses, centramos nuestra atención en esta coproducción germano-suiza-estadounidense que intentaba sacar tajada del éxito de la trilogía “Ilsa”, estelarizada por Dyanne Thorne, incorporando a su contundente protagonista al reparto y otorgándole además un personaje de similares características al que la hizo mundialmente popular.

LA PELICULA

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Encuadrada dentro de la prolífica asociación que se dio a mediados de los años 70 entre el desaparecido realizador español Jesús Franco y el productor suizo Erwin C. Dietrich (de la que, afortunada pero tardíamente, poco a poco se va rescatando en nuestro país parte de ella en formato doméstico), a pesar de su condición descaradamente derivativa de un material ya bastante explotativo de por sí, esta Greta – Haus ohne männer (o Greta – Casa sin hombres) no se distingue demasiado de hecho, ni en la forma ni en el fondo, del grueso de películas que el madrileño filmara para Dietrich en aquella fructífera etapa: films rodados sin solución de continuidad, en los que se abordaban las mismas historias – situadas comúnmente en ficticias y brutales dictaduras sudamericanas – y en los que podíamos distinguir una y otra vez los mismos parajes pretendidamente exóticos, usándose además similares escenarios, técnicos y casi idéntica troupe de intérpretes locales, añadiéndose al elenco – según se diera el caso – los habituales Howard Vernon, Jack Taylor, William Berger o, cómo no, Lina Romay.

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Buena parte de este ciclo de películas en concreto fueron concebidas básicamente con el propósito de sacarle partido al éxito que por aquel entonces obtenían en todo el globo las WIP movies (Woman in prison o películas de cárceles femeninas: por nombrar tan sólo un par de títulos rodados en aquellas fechas por el mismo equipo citaremos Barbed wired dolls (1976) y Love camp (1977), también presente en esta colección), submodalidad fílmica ésta que el propio Franco ayudó a establecer y redefinir a finales de la década anterior con su seminal 99 Mujeres (1969), estableciendo así unos parámetros en tipología de personajes y estructura narrativa que posteriormente fueron moneda demasiado común en unos años 70 en los que italianos, filipinos, americanos (y por supuesto el propio Franco) abusaron del modelo hasta la saturación.

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Y a pesar de que la polémica trilogía, inaugurada apenas un par de años antes con Ilsa, la loba de las SS, no coincidiera al 100% con todas las pautas que caracterizaran a tan febril subgénero, sí que poseía al menos suficientes puntos en común tanto con éste como con el imaginario franquiano como para que resultara natural y hasta lógica su asimilación por parte del ventajista creador de Al Pereira: además, como buen fagocitador de iconos tanto propios como ajenos (del Dr. Orloff a Fu-Manchú, de Emmanuelle a Lemmy Caution) el tío Jess tuvo en esta ocasión la sabiduría de llevarse a su propio terreno al ultracodificado personaje de Ilsa, obviando – cuando no directamente subvirtiendo – algunas de las características que convirtieron a la emblemática figura encarnada (nunca mejor dicho) por la Thorne en una de las más emblemáticas dentro siempre de los costrosos márgenes del cine trash.

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De esta manera, y el mismo año en que al otro lado del charco se rodara la desangelada Ilsa, la tigresa de Siberia, Franco se desmarcaba levemente del dueto de películas que le precedían (y en las que en teoría debería de haberse “inspirado”) marcando así más el acento en ese erotismo lésbico tan apreciado por el director (inclinación por el sexo femenino de la que Ilsa apenas da muestras en el resto de films, por cierto) y dejando de lado durante la mayor parte del metraje las set pieces truculentas que dieran razón de ser, y proporcionaran enormes réditos, a los films “oficiales” de la saga.

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Reincidiendo en la representación de las escenas amatorias, en esta ocasión nos alejamos por fortuna de los grotescos retablos que nos solían ofrecer los padres originales del invento (en mi opinión, difícilmente pueden resultar estimulantes esa grasienta colección de amantes de nalgas y espaldas peludas que los canadienses solían endilgarle a Ilsa, por no hablar de lo ortopédico de sus movimientos y de lo anquilosado de la puesta en escena), para evolucionar a unas secuencias más trabajadas en lo estético que, además de lograr transmitir cercanía y pasión entre sus ejecutantes, incluso se permiten en un momento dado la osadía de presentar a una Dyanne Thorne desnuda pero deliberadamente fuera de foco, algo impensable en un tipo de film donde la audiencia precisamente paga su entrada para ver justo lo contrario.

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En cuanto a la violencia aquí exhibida, y aunque no disminuya en absoluto el nivel de crueldad de Ilsa y cía., sí que disminuye considerablemente la cantidad de gore con respecto a sus predecesoras (seguramente por razones presupuestarias), reduciéndose asimismo la duración e intensidad de las escabrosas escenas de torturas e, incluso e inesperadamente, nos podemos encontrar al menos con un par de ejemplos en este sentido que pueden sorprendernos por su inesperada sutilidad… o, al menos, toda la sutilidad que puede permitirse un producto de estas características, claro está: nos referimos en particular al momento en el que Greta practica acupuntura sobre los pechos de una veinteañera Lina Romay (en el que, aparte de no verse aguja alguna clavándose en la piel de ésta, nos ahorran toda suerte de contacto visual con la sangre) y a otra escena en la que la brutal directora del sanatorio fustiga sin piedad a una prisionera, y en la que Franco toma la chocante decisión de colocar la cámara fuera de la celda de ésta.

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Por otra parte, y aún siendo plenamente conscientes de que no estamos más que ante puro material de derribo cinematográfico, al menos se aprecia un mínimo esfuerzo por parte de sus responsables en lo que respecta a la construcción de una trama que cree un mínimo de interés en el espectador (aunque sea, como es el caso, con una ramplona aventurilla de espionaje), así como en el dibujo de unos personajes que posean una cierta entidad, que además consiguen el milagro de ser algo más que carne de cañón para los desmanes de Ilsa/Greta y sus secuaces; peculiaridades éstas que, ya de por sí, marcan las principales diferencias con respecto a las disparatadas, pero demasiado esquemáticas y caricaturescas en los citados niveles, films protagonizados por la Ilsa “auténtica”.

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Recapitulando, y a fin de cuentas, esta entrega apócrifa del personaje resulta ser un desequilibrado pero curioso híbrido entre las constantes que singularizaron la trilogía que toma como modelo y los temas más reiterados en aquel período concreto por parte del director de El sádico de Notre-Dame… aunque, bien mirado, éstos fueron los temas a los que de una u otra manera Franco siempre recurrió. A pesar de todo, es muy probable que sea éste un film cuyo visionado, finalmente, deje más satisfecho a los acérrimos seguidores de todas las vertientes del corpus franquiano, antes que a los que prefieran solazarse en la imaginería de la fusta, las botas de cuero y el gesto cruel de la maîtresse tan convincentemente representada en cada uno de los cuatro films (sean éstos oficiales o no) por la señorita Thorne.

LA EDICION

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La película se presenta en formato 1.78:1 anamórfico, con una imagen sorprendentemente nítida, definida y viva en colores (consecuencia segura de la restauración llevada a cabo para su comercialización en alta definición en Alemania) y con audio exclusivamente en alemán. A pesar de la procedencia de su director, y de la fama del personaje, este film nunca llegó a estrenarse comercialmente en España en salas comerciales por lo que lamentablemente carece de doblaje en nuestro idioma, circunstancia que es solventada con el concurso de los oportunos subtítulos en castellano.

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En cuanto a los contenidos adicionales, nos podemos encontrar con una fotogalería (básicamente, una curiosa colección de lobby cards que inmortalizan los momentos más destacados de la cinta) y tráiler tanto de ésta como del resto de películas que integran esta imprescindible colección consagrada al (habitual e injustamente maltratado en el mercado videográfico patrio) director de Gritos en la noche.

José Manuel Romero Moreno

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FICHA TÉCNICA

Título original: Greta – Haus ohne männer

Año: 1977 (Estados Unidos, Suiza, República Federal de Alemania)

Director: Jesús Franco

Productor: Erwin C. Dietrich

Guionistas: Erwin C. Dietrich, Jesús Franco

Fotografía: Ruedi Küttel

Música: Walter Baumgartner

Interprétes: Dyanne Thorne (Greta/Ilsa), Tania Busselier (Abbie Phillips), Lina Romay (Juana), Eric Falk (Pablo Rego), Angela Ritschard (Rosa Phillips), Howard Maurer (Gobernador), Jesús Franco (Dr. Arcos)…

Sinopsis: Ilsa es la sádica directora de una clínica para chicas en plena selva sudamericana. Una joven consigue entrar para averiguar qué es lo que ha pasado con su hermana, la cual estuvo interna.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

Love Camp – Mujeres en el campo de concentración del amor

Pocos meses atrás, Tema Distribuciones iniciaba la colección “Inéditos de Jesús Franco” que, tal y como su nombre indica, se compone de algunos títulos de culto del tío Jess que no han disfrutado de una distribución reciente en nuestro país[1], todos ellos pertenecientes a la etapa en la que el realizador madrileño se asocio junto al productor suizo Erwin C. Dietrich. Gracias a la inestimable colaboración y disponibilidad de Cameo, distribuidora encargada de poner en las tiendas estos films, en las próximas semanas iremos desgranando las diferentes entregas que conforman la colección de la mano de varios de nuestros colaboradores. Por de pronto, comenzamos con el análisis que Juan Pedro Rodríguez Lazo realiza del primer título aparecido, Love Camp – Mujeres en el campo de concentración del amor, film de temática carcelaria rodado en 1976. ¡Agárrense los machos que la cosa no tiene desperdicio!

LA PELÍCULA

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Dudo que a la hora de rodar 99 mujeres Jesús Franco fuera consciente de que acabaría creando un subgénero al que se apuntaron muchos otros realizadores todoterreno a lo largo de la década de los setenta (y principios de los ochenta) y al que él mismo volvería en no pocas ocasiones. Pero es un hecho que gracias al éxito cosechado por ésta, las wip (Women in prison), resultarían unas producciones que, pese a estar rodadas en países algo exóticos, eran rentables y aún más importante, rápidas de hacer. Sin embargo, conforme avanzaron los años los argumentos de estas wip (al menos en el caso de Franco) eran cada vez más escuetos, y algunos matices que pudiera tener en un principio (como podría ser esa crítica al autoritarismo que Carlos Aguilar tilda en su monográfico sobre Jesús Franco[2] de “postiza y que a nadie le importa”[3]) fueran cada vez más delgados o, simplemente, sirvieran de pretexto anecdótico a unas tramas en las que cada vez se daba mayor protagonismo a los desnudos femeninos para poder así satisfacer las exigencias del espectador de la época, varón por lo general, ávido de sexo.

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Otro de los elementos que parece desvanecerse con los años pero que al menos en los dos primeros wip realizados por Franco figuraba – es decir, 99 mujeres[4] y aún más si cabe en Los amantes de la isla del diablo[5] -, es el de un personaje que media entre los malvados opresores y las víctimas. En ambos casos dichos roles se presentan como los posibles salvadores y la única esperanza de que las víctimas/protagonistas acaben en libertad y se haga justicia de una vez por todas. Aunque no está de más apuntar que en el caso de 99 mujeres dicho personaje, interpretado por Maria Schell, resulta algo ambiguo y su cometido no estaba lo suficientemente implantado, pues al no encontrar suficientes pruebas para salvarla, decide dejar de ayudar a la presa a la que incorporaba Maria Röhm, provocando la huida de ésta junto a otras reclusas.

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¿Qué podemos esperar entonces de esta Love Camp, mujeres en el campo de concentración del amor? Lógicamente sexo y generosos desnudos… De hecho, aunque también hay algún desnudo masculino, todas y cada una de las féminas que aparecen durante el metraje (es decir, tanto militares como presas) lo hacen en pelota picada y como mucho se llegan a poner un salto de cama trasparente o unas botas y chaquetas militares lo suficientemente abiertas para que no tapen sus atributos… Y aunque esto, no nos engañemos, no hace daño a nadie, con toda seguridad puede sacar de quicio a los círculos más feministas.

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El argumento de Love Camp no puede ser más delirante: un grupo militar revolucionario de un exótico país aparentemente latinoamericano y liderado por algún régimen dictatorial, rapta a un puñado de hermosas damiselas a las que recluyen y convierten en prisioneras-putas con el fin de poder mitigar la sed de sexo de Da Guerra (Wal Davis), el líder del grupo, y el resto de sus hombres (y mujeres[6]). De ese modo llegamos a Angela Delame (Ada Tauler, pareja de Davis en la vida real), una joven recién casada que es secuestrada en el lecho matrimonial (justo cuando iba a consumar su unión, para más inri). La pobre Angela no tarda en ser el blanco de la fijación y el deseo de Da Guerra con el que nace una imposible historia de amor, engaños y celos…

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Estamos ante una wip en la que se rebaja el nivel de violencia (aquí mueren algunas reclusas, además de algún espía torpe infiltrado en el grupo que es pillado con las manos en la masa, pero Franco no se recrea en dichos pasajes sádicos) en pos de las abundantes escenas picantes con las que se rellena la cinta. Así pues, mediante polvos en una hamaca entre Da Guerra y Angela, o los intentos de Isla[7] (Nanda Van Bergen) por conquistar a ésta, va transcurriendo una trama de lo más endeble con algunos momentos verdaderamente ridículos. No sabemos cuáles eran las verdaderas intenciones de Franco a la hora de llevar a cabo tamaño delirio, pero viendo esta Love Camp podemos llegar a dos conclusiones: o bien el tío Jess rodó esta película sin importarle ni lo más mínimo lo que quería contar o, por el contrario, ideó una especie de parodia del subgénero que él mismo parió.

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A tesón de la cantidad de títulos que ha realizado, lo más normal es que pensemos en la primera opción; es decir, que un Jesús Franco desbordado e hiperactivo fue descuidando con los años muchos de los aspectos técnicos y argumentales de sus películas. Pero al menos en el caso de Love Camp nos topamos con una película mejor rodada de lo que a priori cabría sospechar[8], pudiendo especular, por otro lado, con la opción de que muchos de esos momentos ridículos a los que aludíamos antes sean más buscados que accidentales o meros síntomas de dejadez. Es decir, que el líder revolucionario – cuyo nombre, recordemos, es Da Guerra – esté interpretado por un actor de origen germánico, rubio y con los ojos azules parece una broma de Franco. De hecho, siguiendo en esta línea, no está de más anotar que en un momento del film, cuando se disponen a pasar lista citando a los distintos combatientes, hay uno al que llaman Felipe González, y cuyo nombre asimilamos como el secretario general del PSOE en aquella y posterior presidente del gobierno de España, como clara chanza que el director de Miss Muerte lanza hacia su país natal.

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Por este motivo, quizás no deberíamos tener demasiado en cuenta que Angela termine enamorándose de su captor o que, allá al final del metraje, se establezca entre ellos uno de los desenlaces más sonrojantes que este humilde plumilla ha podido ver a lo largo de su experiencia como cinéfago: en el último tramo, Angela logra escapar junto a su original marido, pero inexplicablemente cambia de opinión y, pese a todo lo vivido y haber sido una esclava sexual en el susodicho “campamento del amor”, decide volver con el comandante Da Guerra, no sin antes dejar el diálogo más bochornoso de toda la película (pero a la vez el más desternillante)[9]. Visto lo visto, solo quedan dos opciones: pasar un buen rato con un producto hecho con mucho morro y falto de pretensiones o rasgarse las vestiduras por una inofensiva película que no pretende llegar a tanto. Está claro, ¿no?

Juan Pedro Rodríguez Lazo

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[1] Mujeres en el campo de concentración del amor, al menos si tuvo distribución en salas españolas a finales de los setenta.

[2] “Jesús Franco” de Carlos Aguilar. Ediciones Catedra, 2011.

[3] Id. Nota 1. Pág. 141.

[4] Maria Schell encarnaba a una funcionara que acudía a la institución penitenciaria con el objetivo  de esclarecer supuestos maltratos y vejaciones a las reclusas, además de la muerte de alguna interna.

[5] El abogado interpretado por Dennis Price intentaba salvar a la pareja injustamente acusada – los amantes del título – interpretada por Geneviève Deloir y Andrés Resino.

[6] Curioso que esta tropa de revolucionarios que cuenta con mujeres entre sus filas rapte a otras para violarlas…

[7] Anagrama de Ilsa, la más famosa y letal dominatrix de los wip que encumbrara a Dyanne Thorne, y también protagonista de la mano de Jesús Franco en una secuela bastarda retitulada como Ilsa, the Wicked Warden y editada recientemente por Tema y Cameo como Ilsa. Greta haus ohne männer, dentro de la colección “Inéditos de Jesús Franco” y de la que ya hablaremos en las próximas semanas.

[8] A destacar la colorista fotografía del poco prolífico Ruedi Küttel, habitual en las co-producciones suizas que Franco rodó en los setenta.

[9] ¿SPOILER? ANGELA: “Aunque intentes deshacerte de mí, volvería contigo de todos modos. Será mejor que me lleves contigo”. / DA GUERRA: “Lo pensaré, cariño”. (¿¡!?)

LA EDICIÓN

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Mujeres en el campo de concentración del amor – Love Camp está editada en un Dvd de doble capa presentado en estuche amaray. El diseño de la carátula presenta el que es el modelo del resto de lanzamientos de la colección “Inéditos de Jesús Franco”, al menos hasta la fecha; es decir, el color amarillo como fondo dominante, combinado con rótulos en negro en los que figuran en letras grandes el título inglés del film, al que acompaña en caracteres más pequeños el de su versión española. En el borde superior de la portada se indica que el master empleado está “restaurado a partir del negativo original de 35 mm.” Una frase que, a pesar de que pueda llevar a pensar en ciertas triquiñuelas empleadas por ciertos sellos sin demasiados escrúpulos con el fin de endosar como buenas a ojos de los consumidores copias que estaban lejos de reunir los mínimos exigibles, en este caso informa con meridiana claridad la calidad que posee la edición comentada. En todo momento la imagen posee una nitidez espectacular que se refleja en la viveza de los colores dispuestos por la dirección de fotografía de Ruedi Küttel, ofreciéndose en formato anamórfico con un aspect ratio de 1.78:1.

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Teniendo en cuenta la presencia en la parte trasera de la carátula del logotipo de la editorial suiza “Ascot Elite Home Entertainment”, propiedad del propio Dietrich, todo parece indicar que el máster utilizado es el mismo que hace ya varios años fuera lanzado en centro Europa y posteriormente editado en el mercado anglosajón por Anchor Bay, cosechando por lo general críticas excelentes en los principales medios especializados en el análisis de ediciones videográficas. Para alimentar aún más las sospechas, cabe indicar que el cartel empleado en la carátula coincide con el de la reciente edición internacional en formato Blu-ray aparecida dentro de la “Jess Franco Golden Goya Collection” de la mano de “Ascot Elite Home Entertainment”, cambiando el fondo amarillo por el blanco. Añádasele a todo ello que cada uno de los títulos editados hasta el momento en nuestro país en la presente colección “Inéditos de Jesús Franco”  lo han hecho también en su equivalente suiza. Blanco y en botella…

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En cuanto al contenido sonoro, se compone de una única pista en versión original alemana codificada en 5.1, complementada con los respectivos subtítulos en castellano, repitiendo así el modo en el que se pudo ver la película en su momento en su estreno en salas comerciales españolas. Como extras, se incluye el tráiler original del título en cuestión. O al menos así se anuncia, ya que, en realidad, en su lugar aparece el de otra película de temática wip rodada por aquellas mismas fechas por Jesús Franco bajo paraguas de Erwin C. Dietrich: Frauen für Zellenblock 9 (1978). Junto con él, también se incluyen los tráileres del resto de sus compañeras de colección, todos ellos correspondientes a su versión alemana, en algunos casos con subtítulos en francés quemados en la pantalla, formato 16:9 y una calidad de imagen variable, aunque en líneas generales bastante buena. El apartado se completa con una fotogalería compuesta por fotocromos correspondientes al estreno de Mujeres en el campo de concentración del amor – Love Camp en países de habla germana.

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FICHA TÉCNICA

Título original: Frauen im liebeslager

Año: 1976 (Suiza)

Director: Jesús Franco

Productor: Erwin C. Dietrich

Guionistas: Jesús Franco, Erwin C. Dietrich (acreditado como Manfred Gregor)

Fotografía: Ruedi Küttel

Música: Walter Baumgartner

Intérpretes: Nanda Van Bergen (Isla), Ada Tauler (Angela), Wal Davis (Da Guerra), Monica Swinn (Maria), Brigitte Meyer (Pepa), Ingrid Kehr, Monika Kaelin (Tona), Esther Studer (Lupita Pavone), Miriam Foster,Karl Gysling, Roman Huber…

Sinopsis: Un grupo de mujeres son secuestradas por la guerrilla y obligadas a servir como prostitutas para sus integrantes en un burdel situado en el interior de la selva. La directora del centro, una sádica mujer, decapita a las chicas que no cooperan.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.