Los chicos con las chicas

Los chicos con las chicas

Título original: Los chicos con las chicas

Año: 1967 (España)

Director: Javier Aguirre

Productor: Manuel Pérez

Guionistas: Javier Aguirre, Juan Cobos, Eduardo Ducay, Leonardo Martín, Carlos Muñiz, Francisco Prósper, Miguel Rubio

Fotografía: Rafael de Casenave

Música: Adolfo Waitzman, Los Bravos

Intérpretes: Manolo Fernández, Miguel Vicens, Mike Kennedy, Pablo Sanllehi, Tony Martínez (Los Bravos), Enriqueta Carballeira (Elisa), Manolo Gómez Bur(Don Hilario), Guadalupe Muñoz Sampedro (Doña Felicia), María Luisa Ponte (Srta. Sarmiento), Lola Gaos (Doña Arsenia), Manolo Gómez Bur (Don Hilario), Luis Sánchez Polack “Tip”(Lorenzo, el conserje), Laly Soldevila (Srta. Enriqueta), José Luis Coll (Pierre, el manager), Rafaela Aparicio (Petra, la cocinera), Irán Eory (Marta)…

Sinopsis: Los cinco componentes del grupo musical Los Bravos deciden pasar unos días en el campo para descansar de su frenético ritmo de trabajo y del constante acoso de sus fans. Cerca de donde acampan hay un estricto colegio de señoritas donde los hombres tienen terminantemente prohibida la entrada. Después de uno de los paseos matutinos de las alumnas por el campo, Mike Kennedy, el cantante del grupo, queda prendado por los encantos de una de las colegialas. A partir de ese momento todos los esfuerzos de Mike se concentrarán en poder entrar al colegio, cueste lo que cueste.

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Algo cambió en el panorama del cine español de los 60 justo en el instante que Conchita Velasco puso patas arriba la pista de baile al ritmo de “La chica ye-yé” en Historias de la televisión (José Luis Sáenz de Heredia, 1965)[1]. Importada directamente desde Francia, la nueva ola ye-yé causó furor entre la juventud española del momento, hastiada de eternos iconos folclóricos y de niños prodigio cantores. Para una adecuada traslación del fenómeno directamente al celuloide resultó determinante la unión creativa de los talentos de The Beatles y Richard Lester, que iluminaron el nuevo camino a seguir. En España, no tardaron en aparecer exponentes de dicha corriente, como demuestra la temprana respuesta que ofrecieron filmes como la interesante Megatón Ye-Ye (Jesús Yagüe, 1965) -con la presentación de Micky y Los Tonys, uno de los primeros conjuntos del beat español- y, más adelante, Codo con codo (Víctor Auz, 1967), una especie de secuela algo más floja que la primera, también con Micky -sin Los Tonys esta vez- formando un imposible trío con Massiel y Bruno Lomas. Con todo, ese incipiente modelo cinematográfico patrio no nos aseguraba todavía el poder pregonar a los cuatro vientos aquello de “Spain is different”.

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Frustrados varios intentos de llevar a la pantalla las correrías de otro conjunto del momento como eran Los Brincos, el inesperado éxito del sencillo “Black is Black” de Los Bravos, tanto a nivel nacional como internacional, propició que los todopoderosos Estudios Moro[2] apostaran por los de Mike Kennedy para mostrar en el cine español ese nuevo modelo juvenil. No salió del todo mal el experimento si atendemos a lo recaudado en taquilla y, sobre todo, al decente resultado conseguido por Javier Aguirre en Los chicos con las chicas (1967), máxime si se compara con esa otra corriente de cine juvenil y musical que en los años previos circulaba por las carteleras hispanas; véanse, por ejemplo, las películas protagonizadas por Rocío Durcal, Pili y Mili, Karina o Raphael, todas ellas menos transgresoras que las incursiones de Los Bravos. “La edad de piedra ya pasó…”, afirmaban ellos en la letra de “Los chicos con las chicas”, canción que da título a esta película que, asimismo, y tras los títulos de crédito, comienza con otra frase muy adecuada de Napoleón Bonaparte: “La música es el menos molesto de los ruidos”.

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Uno de los aciertos de la propuesta es ir más allá de la estrategia mimética basada en Qué noche la de aquel día (A Hard Day’s Night, Richard Lester, 1964). Si bien la historia comienza de manera muy similar a aquella, con una troupe de enloquecidas fans femeninas persiguiendo a la banda después de una actuación -y que terminan acosando a Pierre, el tiránico manager de Los Bravos, interpretado por un excelente José Luis Coll en un papel menos delirante de lo habitual en él-, los derroteros por los cuales transita el relato a partir de este punto tienen más puntos en común con la línea clásica de la comedia coral española, de enredo y ligera, aunque no tanto en lo que se refiere a su típica faceta costumbrista, como veremos a continuación.

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También toma prestada de la cinta de Lester esa idea acerca de la necesidad imperiosa que toda banda de éxito masivo tiene de evadirse y escapar de sus responsabilidades aunque solo sea por unos días; es precisamente esa motivación la que empuja a Los Bravos a desconectar completamente por una temporada e instalarse en un improvisado camping en plena naturaleza. Para reforzar ese planteamiento de película coral, Aguirre y su amplio equipo de guionistas sitúan cerca del campamento un colegio interno “para niñas descarriadas”, tal y como afirman sus profesoras; una caterva de remilgadas solteronas que responden a los singulares nombres de Señorita Sarmiento (María Luisa Ponte) o Doña Arsenia (Lola Gaos), rebautizada como “Doña Arsénica” por Don Hilario (Manolo Gómez Bur), el único miembro de la junta directiva del colegio que no ve con buenos ojos ese régimen tan rígido que impera en la institución educativa. Hasta el conserje del recinto escolar -interpretado, aquí sí, por un delirante Luis Sánchez Polack “Tip”- vela celosamente por la castidad de las internas a modo de perro guardián, literalmente, pues es capaz de imitar el ladrido de varios tipos de canes cuando advierte la presencia de algún hombre cerca de la puerta e incluso descansa en una caseta perruna que hay en la entrada del edificio (¡!).

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Como suele ocurrir en este tipo de historias, Mike Kennedy, el líder de Los Bravos, se enamora de Elisa (Enriqueta Carballeira), una joven que capta su atención durante una de las excursiones por el campo que organiza la Señorita Enriqueta (Laly Soldevila), la dinámica y atlética profesora de Educación Física. Con la complicidad de Don Hilario, Mike Kennedy consigue entrar en el colegio con la excusa de ocupar la plaza vacante de profesor de música, pero antes tendrá que demostrar sus aptitudes ante las desconfiadas mujeres que llevan el mando de la junta directiva. Para ello, Mike improvisa una historia sobre su desdichada infancia por culpa de un padre libertino que convence al momento a las misándricas arpías. Es aquí donde Javier Aguirre despliega uno de los recursos más interesantes de la película y nos muestra toda esa falsa historia que se inventa Mike por medio de un flashback rodado a la manera de un elegante cortometraje del cine silente: virados a color, imagen acelerada y música de pianola a cargo de Adolfo Waitzman.

No es el único experimento que se permite Aguirre, pues a lo largo del metraje encontramos congelados de imagen, un montaje donde abundan los veloces planos-contraplanos e imágenes experimentales de corte psicodélico que a buen seguro tienen más que ver con su experiencia dentro del Anticine[3] que él mismo creó y del cual defendía su alegre convivencia con el cine comercial que le daba de comer[4]. La secuencia que fusiona animación e imagen real para el tema “Sympathy” firmada por Francisco Macián, uno de los más talentosos creadores a sueldo de los Estudios Moro, completan el capítulo de modernas transgresiones que la película ofrece en oposición a esa apariencia inicial de divertimento a mayor gloria del conjunto musical del momento.

Como no podía ser de otra manera, los cincos componentes del grupo terminan por colarse en el colegio para señoritas boicoteando una celebración anual en honor al “Gran Filántropo”, el fundador de la institución que antes de morir dejó escrita una autobiografía compuesta por 700 capítulos… y la cosa se desmadra hasta tal punto que el fin de fiesta acaba con todas las internas, Don Hilario y la profesora de Educación Física bailando desenfrenadamente al ritmo de “Las chicos con las chicas”, una canción que, por otra parte, supuso uno de los pocos éxitos rotundos en español de la banda. Y es que la dicción del alemán Mike Kennedy nunca resultó del todo satisfactoria en castellano, funcionando mucho mejor a todos los niveles los temas en inglés del grupo, tanto dentro como fuera de la pantalla.

Contando prácticamente con el mismo equipo de producción, guionistas y actores, pero con José María Forqué reemplazando a Javier Aguire a los mandos, Los Bravos tendrían tiempo para vivir una segunda y última experiencia en el cine con ¡Dame un poco de amooor…! (1968), en la que, de nuevo, se optaría por seguir las enseñanzas de The Beatles con Richard Lester; concretamente la segunda y última de sus colaboraciones, ¡Socorro! (Help, 1965), que, al igual que el film de Forqué, se basa en una disparatada trama de aventuras orientales y exóticas. De ese modo, Los Bravos se permitieron emular al mítico cuarteto de Liverpool con estas dos películas, y por si fuera poco, en ¡Dame un poco de amooor…! también tienen bastante más peso que en Los chicos con las chicas las animaciones de Francisco Macián, un poco a la manera de El submarino amarillo (Yellow Submarine, George Dunning, 1968), lo que completaría el guiño a las tres incursiones de The Beatles en el cine.

Francisco Arco

[1] Aunque de menos repercusión popular, en la película de Sáenz de Heredia se puede escuchar antes que “La chica ye-yé”, el twist “John, John”, también interpretado por Concha Velasco en esta nueva y más moderna faceta de su carrera. Para ser exactos, le correspondería a “John, John” el mérito de ser una de las primeras canciones ye-yé en aparecer en una película española, pero pasó a un segundo plano gracias al fulgurante éxito de la composición del inolvidable tándem compuesto por Augusto Algueró y Antonio Guijarro.

[2] Los estudios fundados por los hermanos Santiago y José Luis Moro se convirtieron en todo un emporio de la comunicación, principalmente de la publicidad en televisión, donde destacaban sus anuncios realizados con dibujos animados. Además contaban con Jo Linten como tercer socio, periodista de origen belga que controlaba la publicidad comercial de las salas de cine con su distribuidora Movierecord.

[3] http://www.javieraguirre-anticine.com/biografia.html

[4] Aguirre volvería al cine pop con Una vez al año ser hippy no hace daño (1969), una pieza divertida pero harto costumbrista. Aún así, Aguirre se permite la licencia de incluir una escena musical donde satiriza “el cine comercial y hueco”, incluyendo instantáneas de los títulos de crédito donde aparece su propio nombre y el del productor y guionista de esa cinta, José Luis Dibildos. No sólo eso, sino que en uno de los temas que interpreta el paródico grupo “Los Hippy-lollas”, formado por Concha Velasco, Tony Leblanc, Alfredo Landa y Manolo Gómez Bur, satiriza de forma abierta a la canción que da título al film que nos ocupa. Así, si el estribillo de esta reza “Los chicos con las chicas deben vivir”, el de la “versión” de Los Hippy-lollas muta a un “Los negros a las suecas perseguirán”.

Vestidas de azul

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Título: Vestidas de azul

Autor: Valeria Vegas

Editorial: Dos bigotes

Datos técnicos: 296 páginas (Febrero, 2019)

Antonio Giménez Rico tiene una pequeña joya que destaca dentro de su filmografía, tanto por lo peculiar para un director de su índole, como por lo atípico de su planteamiento, y más teniendo en cuenta el marco en el que fue estrenado, en un país inmerso en pleno inicio de la democracia y que dejaba así atrás años de represión y censura. Dicha cinta, titulada Vestida de azul, se estrenaría dentro del marco del Festival de San Sebastián con críticas bastante dispares, y aunque ya fue reseñada en esta Abadía, ahora nos ocuparemos del libro que ha escrito Valeria Vegas en torno a tan transgresor filme.

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Giménez Rico en el estreno de “Vestidas de azul”

La autora es licenciada en comunicación audiovisual, y es especialista en el universo transgénero. De hecho, escribió las memorias de la Veneno, una de las transexuales más mediáticas de la historia de nuestro país, e incluso rodó un documental sobre la figura de Manolita Chen: Manolita, la Chen de Arcos (2016), premiado en el festival LesGayCinema.  En Vestidas de azul, Vegas se propone homenajear a la mujer transgénero, estudiando para ello la visión que de ésta se ha ofrecido dentro del marco cinematográfico, televisivo y el medio escrito, antes, durante y después del estreno de la cinta de Giménez Rico.

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Rodaje de “Vestidas de azul”: Giménez Rico junto a Teo Escamilla (director de fotografía) y varias de las protagonistas

Vegas comienza dejando claros los términos correctos, ya que el desconocimiento de la sociedad de la época metía en el mismo saco tanto a las drag queens, como a mujeres transexuales o mujeres de género reasignado, debido a la falta de información existente. Incluso dicha condición era penada durante la dictadura por la ley de vagos y maleantes, o en la transición, ya que la mayoría no tenían otra salida que la prostitución, incapaces de encontrar otro trabajo debido a la intolerancia social, aunque en la actualidad su situación haya mejorado en términos de visualización y aceptación.

cambio de sexo

En el texto realiza un interesante recorrido por el cine español y cómo este ha mostrado la homosexualidad y la transexualidad. Comenzando con Diferente (Luis María Delgado, 1961), pionero en mostrar un personaje gay, o el filme maldito Sábado en la playa (Esteban Farré, 1967), que pasó casi inadvertido hasta el día de hoy. En 1968 se muestra el primer personaje de mujer transexual en Días de viejo color (Pedro Olea, 1967), y aunque aparecía brevemente y era interpretado por la actriz María Martín, en su reparto figuraba Coccinelle, una cantante y actriz de origen francés, nacida con género masculino, y sometida posteriormente a una reasignación de género. La autora también menciona La tercera puerta (Álvaro Forqué, 1976), filme muy polémico que causó disturbios en la época de su estreno, y que vendía erróneamente “un tercer sexo”, cuando en realidad era un documental sobre travestis, aunque eso sí, a nivel técnico fue pionero en utilizar íntegramente el sonido directo en España y ser rodado con luz ambiente.

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También se analizan un par de filmes que han sido reseñados en nuestra Abadía como son El transexual y Let Me Die a Woman, pero sobre todo se apuesta por Cambio de sexo (Vicente Aranda, 1977), cinta muy diferente de las dos primeras, ya que retrataba con normalidad y mayor respeto la transexualidad femenina (1), dejando atrás la imagen frívola y cómica que se había dado hasta el momento, aunque esta óptica se seguiría produciendo con posterioridad en multitud de películas como Los bingueros (Mariano Ozores, 1979), Cariño mío, ¿qué has hecho? (Enrique Guevara, 1979) o La caliente niña Julieta (Ignacio F. Iquino, 1981), sólo por citar unos pocas, en las que la mujer transexual era utilizada para la mofa, al mismo nivel que ya venía sucediendo con la homosexualidad.

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Fotograma de “Los bingueros” en el que el personaje transgénero saldrá escaldada

Al margen del cine, Vestidas de azul también analiza la situación del universo transexual en la televisión y en la prensa de la transición, donde periodistas como Francisco Umbral y novelistas como Gabriel García Márquez escribirían sobre ellas en términos bastante intolerantes y dados a la confusión, buscándose en términos generales más el morbo que la normalización. En el medio catódico, no fue hasta 1980 cuando se realizó el primer documental sobre el tema, que sería censurado y no estrenado hasta 1981, y que, bajo el título de El enigma de una belleza, mostraba la vida de Carla Antonelli, posteriormente actriz (Corridas de alegría, Extraños) y política.

Carla Antonelli en Hembras salvajes en Ibiza (Sigi Rothemund, 1980), acreditada como Carlos

Carla Antonelli en “Hembras salvajes en Ibiza” (Sigi Rothemund, 1980), acreditada como Carlos “Carla” Delgardo

Una vez metida en materia, Vegas indaga en el rodaje de Vestida de azul, contacta con el propio Giménez Rico para entrevistarlo y despejar dudas sobre el origen del filme. Rico confiesa que se planteó diez años después realizar una continuación debido al éxito que tuvo el filme incluso en el extranjero, aunque el director fue descubriendo en el proceso que sería una película decadente y muy poco esperanzadora, ya que la mayoría de sus protagonistas habían acabado bastante mal. Una excepción sería Josete, que cuenta en una entrevista a la autora lo que supuso para él -ya que actualmente tiene género masculino- tanto el rodaje como la repercusión que tuvo todo esto en su vida posterior.

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Josete en un fotocromo de “Vestida de azul”

Vestida de azul actualmente es propiedad del catálogo de Enrique Cerezo y fue programada en 8 Madrid, aunque aún no se ha comercializado ni en DVD ni Bluray, aunque sí puede ser visionada a través de otras plataformas como youtube en una calidad bastante mediocre; una serie de circunstancias que ha elevado al filme a la categoría de cinta de culto. El libro de Vegas no hace otra cosa que encumbrarla más, además de resultar el primer libro que analiza el papel de la mujer transexual en el cine y la televisión en España.

Jesús Palop

(1) Aunque eso sí, se aclara que en la actualidad el término correcto es “reasignación de género”.

Published in: on julio 8, 2019 at 5:53 am  Dejar un comentario  
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Necrológica de Eduardo Fajardo

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Durante los pasados 3 y 4 de julio se vivieron momentos aciagos para el cine de género español. Y es que con escasas horas de diferencia nos dejaban tres de sus nombres más emblemáticos, a diferentes niveles. A la mediatizada muerte de Arturo Fernández y la de José Luis Merino, de la que ya nos hacíamos eco por aquí el pasado viernes, se le unía la de Eduardo Fajardo, quien fallecía a los 94 años de edad la madrugada del jueves en México, donde residía a caballo con Almería. Con él se va uno de los actores más prolíficos de nuestra escena, como atestiguan un abultado curriculum formado por más de ciento ochenta películas, setenta y cinco obras de teatro y más de dos mil intervenciones televisiva. Fue también, además, presidente del sindicato de actores. Una extensa trayectoria en la que destaca su trabajo dentro de las coproducciones de género que emprendiera nuestra industria desde mediados de la década de los sesenta hasta comienzos de los ochenta, y de las que el actor se convertiría en uno de sus intérpretes más característicos, alcanzando una fama a nivel internacional entre los seguidores de este tipo de cine.

Eduardo Fajardo nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad pontevedresa de Meis. No obstante, cuando apenas cuenta con ocho días de vida su familia se traslada a La Rioja, donde Eduardo pasará su juventud, primero en Gimileo y después en Haro. Tras el fallecimiento de su padre, su madre funda una fábrica de productos lácteos en Santander, donde el futuro actor cursa el Bachillerato. Y es en la capital cántabra donde contrae el veneno de la interpretación, por lo que decide marchar a Madrid con tan solo dieciocho años para hacer realidad sus sueños. Sus primeros pasos en la profesión los hace como actor de doblaje, actividad que compagina con sus estudios para la carrera de leyes que, aunque finaliza en 1945, nunca llega a ejercer. Poco a poco va haciéndose un hueco en la profesión y, así, a sus labores de doblador se le une su entrada en las tablas escénicas como actor dentro de la compañía de María Fernanda Ladrón de Guevara. Por cierto que, como curiosidad, Fajardo contaba que le dieran el carné profesional obligatorio para trabajar como actor en el teatro tuvo que mentir y poner que era más mayor, ya que en aquel momento no tenía la edad mínima necesaria.

Eduardo Fajardo-Luis Prendes

Luis Prendes y Eduardo Fajardo en un fotocromo promocional de “Balarrasa”

Sin abandonar estas dos labores, su entrada en el mundo del cine se produce en 1946 en la película Dulcinea, si bien su primer papel importante no llega hasta un año después con Héroes del 95, film basado en la figura de Eloy Gonzalo. Poco después, la entonces todopoderosa CIFESA le contrata en exclusiva por un periodo inicial de un año que acabarían por prorrogarse hasta cuatro. En este tiempo, Eduardo interviene incorporando roles secundarios en algunos de los mayores éxitos del cine español del final de la Posguerra, caso de Don Quijote de la Mancha (1947), Locura de amor (1948), Alba de América (1951) o La leona de Castilla (1951), sin olvidar su participación fuera del abrigo de la popular compañía en Balarrasa (1951). Por su fuera poco, en este tiempo funda también su propia compañía teatral, que mantendría durante dos años, y continua como actor de doblaje. Y es, precisamente, ejerciendo esta última faceta cuando se produce un hecho que le cambiaría la vida. Él lo recordaba así: “cuando me encontraba en los Estudios Chamartín doblando la película Othello, alguien preguntó por ese joven que estaba doblando la voz de Orson Welles. Le dijeron que era un tal Fajardo, que llevaba pocos años en el cine. Este señor quiso conocerme y me invitó a cenar. En aquella cena me ofreció un contrato para irme a Méjico. Estuvimos hablando varios meses y al final decidí irme para allí[1].

Eduardo Fajardo-Esposa

Eduardo Fajardo junto a la que fuera su esposa, la también actriz Carmelita González

Eduardo Fajardo llega a México en 1953 con la intención de rodar una película sobre Hernán Cortes que finalmente no acaba por materializarse en previsión de los posibles problemas que podían surgir entre las diferentes ópticas española y mexicana sobre el personaje. Pese a lo que podría augurar este mal comienzo, lo cierto es que el actor español no tarda en hacerse un hueco en la industria del país azteca, debutando con Tehuantepec (1954), en la que coincide con Katy Jurado. No es la única gran estrella de la edad dorada del cine mexicano con la que coincide durante aquellos años. También lo hace con María Félix, Arturo de Córdova o el cantante Pedro Infante, quien fue el padrino de uno de sus hijos. No solo eso, sino que dentro de su faceta personal contrajo matrimonio con la popular actriz Carmelita González, con la que tuvo dos hijos y de la que después se separaría. En cuanto a su trayectoria profesional en el país norteamericano, que además de cine también comprendió teatro, radionovela y televisión, destaca su participación en dos clásicos mayúsculos del cine fantástico mexicano: La llorona (1960) y, sobre todo, la excepcional Macario (1960).

Eduardo Fajardo-Paco Martínez Soria-La ciudad no es para mi

Junto a Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí”

Tras enviudar de su segunda esposa, Eduardo decide entonces regresar a España. Estamos a mediados de los sesenta, una época en el que nuestro cine está atravesando una de sus épocas más fecunda en lo que a la realización de número de films se refiere, alentado por la fiebre de las coproducciones con terceros países adscritas a la política de géneros. Aunque el actor frecuenta toda clase de estilos, desde comedias –La ciudad no es para mí (1966), Cuatro noche de bodas (1969)-, hasta películas de terror –El diablo se lleva los muertos/Lisa e il diabolo (1970) , La mansión de la niebla/Quando Marta urlò dalla tomba (1972), La cruz del diablo (1975)-, pasando por cintas de ciencia ficción –Trasplante de un cerebro/Crystalbrain, l’uomo dal cervello di cristallo (1970), Espectro (Más allá del fin del mundo) (1978)-, de euroespías –3S3, agente especial/Agente 3S3, massacro al sole (1966), 087, misión Apocalipsis/ Missione apocalisse (1966)-, de supercriminales –Asalto a la corona de Inglaterra (Come rubare la corona d’Inghilterra, 1967)-, bélicas –El largo día del águila/La battaglia d’Inghilterra (1969)-, giallos Una maleta para un cadáver/Il tuo dolce corpo da uccidere (1970), Coartada en disco rojo/I due volti della paura (1972), L’assassino è costretto ad uccidere ancora (1975)-, y hasta de gánsteres –Tiempos de Chicago/ Tempo di Charleston – Chicago 1929 (1969), ¡Viva América!/La vera storia di Frank Mannata (1969), Homicidios en Chicago (1969)-, si hay un género en el que Eduardo Fajardo se especializaría este es, sin duda, el del entonces populoso eurowestern. Tanto es así que entre 1965 y 1973 participa en casi una treintena de películas pertenecientes al estilo, donde desempeña por norma general roles de villano. Para no repetirse, el actor comentaba que para dar forma a este tipo de papeles se inspiraba cada vez en la psicología de un animal distinto.

Eduardo Fajardo-Django

Eduardo Fajardo como el Mayor Jackson en “Django”

De los distintos spaghetti-westerns en los que interviene, destaca por derecho propio uno de los títulos capitales del subgénero, la magistral Django (1966), donde daría vida a uno de sus papeles más recordados, el del racista Mayor Jackson. Una película de la que, por cierto, Eduardo Fajardo guardaba una curiosa anécdota, que a punto estuvo de terminar en desgracia: “El director Sergio Corbucci me puso la cámara delante y me dijo: ahora en este momento entra el bandido tal y lo van a matar, tú sólo tienes que mover los ojos. Yo iré disparando para que primero mires a tu derecha. Él metido en situación, no se dio cuenta y disparó pegándome todo el fogonazo en los ojos. Estuve quince días sin poder ver, y creyendo que no volvería a ver más[2]. Pese a este incidente, la colaboración entre el actor y el cineasta se prolongaría a lo largo de los años, lo que posibilitó que Fajardo formara parte del reparto de otros títulos tan destacados del spaghetti-western como Salario para matar/Il mercenario (1968), Los compañeros/Vamos a matar, compañeros (1970) o ¡Qué nos importa la revolución!/Che c’entriamo noi con la rivoluzione? (1972). Otra película a destacar dentro de sus andanzas por el western mediterráneo es El bandido Malpelo/ Il lungo giorno della violenza (1971), al contener uno de los escasos papeles protagonistas para la gran pantalla de toda su carrera.

Eduardo Fajardo-La Barraca

Como Tío Barret en “La barraca”

Lejos de resentirse, el final de la edad dorada del cine de género europeo a comienzos de los ochenta no repercutió en el febril ritmo de trabajo que venía desarrollando Eduardo Fajardo desde mediados de los sesenta. Algo a lo que contribuyó su participación en varias series producidas por Televisión Española que aún a día de hoy gozan de una gran popularidad, caso de Curro Jiménez (1976-1977), La barraca (1979), Los gozos y las sombras (1982), Tristeza de amor (1986) o Turno de oficio (1986). De ellas, guardaba un especial cariño a su papel de Tío Barret en La barraca, hasta el punto que llegó a bautizar a una de sus casas con el nombre de la novela de Vicente Blasco Ibáñez. Junto con sus apariciones en el medio catódico, el actor retoma su labor de doblador, mostrándose especialmente activo en los doblajes que se producen de forma masiva con la eclosión del video, y sin dejar de lado su trabajo para la gran pantalla. Fruto de ello es su aparición en títulos como Polvos mágicos (1979), La invasión de los zombies atómicos/ Incubo sulla città contaminata (1980), Hundra (1983), El exterminador de la carretera/Il giustiziere della strada (1983), Mordiendo la vida (1986) o Hermano del espacio/Fratello dello spazio (1988), tardía respuesta a ET, el extraterrestre (E.T. The Extraterrestrial, 1982) en clave cristiana, en la que Fajardo aparecería acreditado con el seudónimo de Edward Hamilton y que a la postre se convertiría en su último papel para la gran pantalla.

Eduardo Fajardo-homenaje

En los últimos años el actor había perdido la movilidad en sus piernas, por lo que debía de desplazarse en silla de ruedas. En la imagen, en una de sus últimas apariciones públicas, durante el homenaje que le brindó a finales de diciembre del pasado año el Almería Western Museo del Cine

Retirado en Almería, de donde era su última esposa, Fajardo dedicó sus últimos años de vida a un proyecto escénico inclusivo para personas discapacitadas llamado “Teatro sin barreras” que desarrolló en la provincia andaluza desde 2002. Mientras tanto, también tuvo tiempo de recibir numerosos homenajes por su trayectoria, entre los que figuran la Orden del mérito con la que le condecoró Juan Carlos I, la placa y medalla Ignacio de Monfort que le fue entregada en el Palacio Presidencial por parte del gobierno mexicano o la primera estrella del paseo de la fama de Almería, entre muchos otros. No obstante, los reconocimientos más importantes para él eran las cinco calles que llevan su nombre, repartidas en Almería, Roquetas de Mar, Mojacar, Málaga y Gimileo. Y es que, al final, “el villano no era tan villano”, como él mismo dijo en el emocionado discurso con el que agradeció el homenaje que le tributaba el Almería Western Museo del Cine el 29 de diciembre del pasado año.

Descanse en paz.

José Luis Salvador Estébenez

Eduardo-Fajardo

[1] Declaración extraída de “El hombre que siempre estuvo aquí”, entrevista realizada por Luis Alberto Cabezón García y publicada en el número 8 de “Belezos: Revista de cultura popular y tradiciones de La Rioja” (octubre de 2008), páginas 64-71.

[2] Ibídem.

Published in: on julio 7, 2019 at 2:24 pm  Comments (2)  

Presentado el proyecto “#ponovenganza”, cortometraje de terror dirigido por Ignacio López

#pornovenganza

Lo que en principio parece una conversación entre dos amigos poco a poco irá tornando en un juego cruel en el que la vida de varias personas correrá peligro. Esta es la sinopsis de #ponovenganza, el nuevo cortometraje de Ignacio López (Killgirl). Protagonizada por la actriz Alejandra Meco (El secreto de puente viejo), el corto es definido por sus responsables como “un demencial viaje a la locura de los peligros que esconde la red, una nueva dimensión del terror donde nadie está a salvo”. Produce la productora independiente Panic in frames en colaboración con Engendros Films.

Más información en Twitter con el hastag #ponovenganza

Published in: on julio 7, 2019 at 8:57 am  Dejar un comentario  

El Festival de Cine Fantástico de Canarias-Isla Calavera homenajeará en su próxima edición a Paul Naschy

Isla Calavera 2019

El Festival de Cine Fantástico de Canarias – Isla Calavera rendirá tributo en su tercera edición a Paul Naschy cuando se cumple el décimo aniversario de su fallecimiento, precisamente el día de la clausura del certamen, que tendrá lugar entre los próximos 23 y 30 de noviembre. Su hijo Sergio Molina, director del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna Madrid, visitará Isla Calavera para recordar al artista y presentar al público la proyección de uno de los títulos clave en la filmografía de Jacinto Molina.

La tercera edición del Festival Isla Calavera contará también como invitado con Ángel Sala, director desde el año 2001 del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña – Sitges, el encuentro dedicado al género fantástico más importante del mundo y que celebrará el próximo mes de octubre su 52ª edición. El también escritor, guionista y crítico de cine participará en el programa de actividades paralelas.

Pronto se darán a conocer más novedades e invitados de la tercera edición del Festival de Cine Fantástico de Canarias – Isla Calavera. Mientras tanto, la inscripción de obras a concurso para las secciones oficiales de largometraje y cortometraje del certamen continúa abierta a través de las plataformas digitales Festhome y Filmfreeway hasta el 10 de octubre.

Published in: on julio 6, 2019 at 8:23 am  Dejar un comentario  

In memoriam: José Luis Merino

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Mi primer contacto con Merino, al margen de sus películas y en especial ante la que es sin duda su obra capital, La orgía de los muertos (1973), se remonta a la primavera del 2008. En aquel tiempo empezaba a dar forma en  mi cabeza a la sección del fanzine El Buque Maldito “Monstruos del Fantaterror Español”, donde partía de la base de rescatar joyas de nuestra cinematografía en forma de reseña de la cinta y entrevista con el realizador.

Entre diversos títulos que empecé a valorar para dicha sección se encontraba el largometraje de José Luis Merino. Así que un buen día decidí ponerme en contacto con él (si no recuerdo mal, mi amigo David Pizarro me facilitó su teléfono) y lo llamé para hablar de dicha entrevista. Desde el inicio todo fueron buenas palabras y amabilidad por su parte. Una primera impresión muy satisfactoria.

En unas semanas me organicé la agenda, compré el billete de AVE, y me trasladé hasta Madrid para realizar algunas entrevistas para futuros números del fanzine. La primera, tal y como pisé la capital, fue la de Merino. Recuerdo que no había puesto todavía el pie en el autobús tras descender del tren y ya me estaba llamando al móvil para saber si todo iba bien. Le contesté que sí, todo correcto y camino de su casa.

Al llegar me encontré con un abuelo repleto de recuerdos de su paso por el cine, llevaba alejado de la dirección desde 1990, cuando firmó Superagentes en Mallorca, pero no de los platós ya que de vez en cuando se permitía algún esporádico cameo a las órdenes de Garci; con material sobre la mesa que había preparado para enseñarme; sus viejos filmes grabados en VHS en el salón de su casa (algunos también originales y otros en DVD-R gracias a los transfers que le realizaba su nieto); e incluso un pequeño cartel enmarcado en una de las habitaciones de USA, violación y venganza (1982), título que me confesó que no le gustaba nada (no el film, matizo).

La entrevista estaba centrada en La orgía de los muertos, y tocamos todo lo referente a ella, aclarando y confirmando que el argumento y el guión era absolutamente suyo y nada tenía que ver Enrique Colombo en su confección; el poco interés que José Luis tenía hacia las películas de muertos vivientes; el magnífico trato con los actores y la cuidada y notable atmósfera; o la extraordinaria composición musical a cargo de Francesco de Masi. Una interviú completa y sugestiva que, por diversos motivos, no publiqué hasta diciembre de 2013 en el  número 20 del fanzine.

Tras pasar gran parte de la mañana en su domicilio, y conversar también sobre otros films suyos que me interesaban, como Las cinco advertencias de Satanás (1969) o Ivanna (1971), y su paso por otros géneros como el bélico o el cine de aventuras, pusimos punto y final a nuestro primer encuentro, no sin antes intentar regalarme un libro escrito por él y vinculado al nacionalcatolicismo, una de sus “pasiones”, y que con mucha educación “rechacé” ya que no iba a afrontar su lectura… Todo en un tono muy cordial.

A partir de entonces estábamos en contacto muy a menudo cara a poder cerrar una fecha para la proyección de su film insignia y su obligada visita a Barcelona. Pero antes, y gracias a Nacho Cerdà, llegó un hermoso reencuentro con Merino: elaborar los extras para la edición en EE.UU. de La orgía de los muertos que, bajo el título internacional de The Hanging Woman, iba a editar Troma en DVD. De inicio Marc Gras y su ex-compañero Albert Álvarez hablaron con Nacho y éste les indicó que se pusieran en contacto conmigo para la elaboración de dichos extras, basados únicamente en una entrevista a Paul Naschy. Teniendo en cuenta que íbamos a ir a Madrid a grabar la pieza en exclusiva con Jacinto Molina, le propuse a Marc y Albert realizar también una entrevista a su realizador, e incluso hablar con él para componer un audio-comentario de la película, algo a lo que accedió de forma encantadora. Así que en el verano del 2009 estaba otra vez en Madrid para volver a plantarme delante, y al lado, de Merino cara invocar nuevamente a los zombies de su excelente largometraje. Una estupenda mañana en el Hotel Husa Princesa junto a todo un artesano de nuestra cinematografía que vería editada la película con su colaboración a finales de aquel mismo año.

Diego López junto a José Luis merino durante el coloquio que siguió al pase de "La orgía de los muertos" en el Espai Jove Garcilaso (Barcelona).

Diego López junto a José Luis merino durante el coloquio que siguió al pase de “La orgía de los muertos” en el Espai Jove Garcilaso (Barcelona).

Ya en el 2010, el 5 de junio para ser exacto, se materializaba su visita a la ciudad de Barcelona. Su llegada a Sants fue algo accidentada… primero el hombre se equivocó al salir y marchó a otro punto de la estación, me costó lo suyo localizarlo, y ya en la calle y camino al coche que nos iba a trasladar al hotel, tropezó y cayó de forma fortuita contra el suelo. Se levantó como si nada hubiera pasado, yo asustado tras el golpe, y me contó que últimamente era habitual finalizar en el suelo en algún momento del día debido a diversos problemas relacionados con la edad.

La proyección fue todo un éxito de convocatoria y, además, con el aliciente que muchos de los asistentes no habían tenido oportunidad de ver la cinta con anterioridad. Tras finalizar nos embarcamos en un largo coloquio con el público donde Merino, otra vez, me hizo sufrir mucho cuando decidió realizar el Q&A de pie y andando por el escenario del Espai Jove Garcilaso de un lado para otro, el recuerdo de su caída en Sants me producía mucho temor… al final, las tablas del hombre hicieron su efecto y todo acabó de forma confortable. Una conversación muy amena y repleta de anécdotas de una persona vinculada al Séptimo Arte desde mediados de la década de los cincuenta como ayudante de dirección y que debutaba en la realización de largometrajes en 1958 con Aquellos tiempos del cuplé. Tiempos que revivió con mucho entusiasmo y nostalgia, hasta el punto de estar cenando aquella noche y comentarme cuando podíamos repetir el evento pero ahora con Ivanna, su otra cinta enmarcada en el fantástico. Por desgracia, aquel pase no se materializó.

En estos últimos años, de vez en cuando, íbamos conversando por teléfono. La última vez recuerdo que fue en relación a una duda que tenía de un film de su hermano, el también director Fernando Merino, resuelta la cuestión, continuamos hablando de otros temas. Él como siempre dicharachero, optimista y lleno de vitalidad. Descanse en paz Señor Boves.

Diego L

Published in: on julio 5, 2019 at 2:11 pm  Dejar un comentario  
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Necrológica de José Luis Merino

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Antes de ayer fallecía en Madrid con 92 años recién cumplidos el productor, guionista y director José Luis Merino, sin duda uno de los mejores y más dúctiles artesanos con los que contó nuestro cine de género en particular, y el europeo en general. Hermano del también cineasta Fernando Merino y del director de fotografía Manuel Merino, José Luis tocó todos los estilos posibles: westerns, comedias, musicales, cintas bélicas, de aventuras, de terror, de piratas… Incluso se atrevió a rodar cintas protagonizadas por personajes tan emblemáticas como Tarzan, El Zorro o Robin Hood. Cabe comentar que a finales del 2014 se llegó a publicar erróneamente la información de su deceso, de la que nosotros nos hicimos eco. Pero, por desgracia, esta vez la noticia es verdadera.

Aquellos tiempos del cuplé

Nacido el 10 de junio de 1927 en Madrid, Merino se inició como ayudante de dirección en 1947. No es hasta 1958 cuando tiene la oportunidad de realizar su primera película con Aquellos tiempos del cuplé, codirigida junto a Mateo Cano y por cuyo guion obtuvo el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo. También en compañía de Cano realiza su siguiente trabajo, El vagubundo y la estrella (1960), protagonizada por el gran tenor canario Alfredo Krauss. Luego de varios títulos, Merino aterriza en el por entonces exitoso spaghetti-western con Frontera al sur /Kitosch, l’uomo che veniva del Nord (1967), primero de los cuatro títulos que rodaría bajo tales parámetros genéricos (siempre que no consideremos como tales sus distintas aproximaciones al personaje de El Zorro, claro), entre los cuales encontramos una de las cintas malditas de nuestro cine por excelencia, Siete cabalgan hacia la muerte (1979), producida en un momento en el que el western en Europa se encontraba ya francamente en desuso.

Ivanna

Una vez hecha su entrada en el cine de subgéneros con la citada Frontera al sur, Merino desarrolla la mayor parte de su carrera, concentrada de forma principal entre los años 1967 y 1973, dentro de la política de géneros, ahondando en el cine bélico, el de aventuras y, cómo no, el fantástico. Es en este último apartado donde se inscribe el que él consideraba su trabajo predilecto, la adaptación del original de Enrique Jardiel Poncela Las cinco advertencias de Satanás / Os cinco avisos de Satanás (1970), así como dos de sus obras más recordadas, Ivanna / Il castello dalle porte di fuoco (1971) y La orgía de los muertos / La orgia dei morti (1972), único título que dirigió bajo el sello de su propia productora, Petruka Films, y considerada fuera de nuestras fronteras toda una cinta de culto que incluso goza de ediciones de lujo en formato Dvd como la comercializada por Troma, entre cuyos extras cuenta con entrevistas y un interesante audiocomentario a cargo del propio Merino.

Tras rodar Gritos de ansiedad en 1984, se quedaría momentáneamente alejado de las cámaras hasta que en 1990 filmara Superagentes en Mallorca, un intento de resucitar el cine de euroespías, al que él mismo había contribuido con S.I.D. contra Kocesky / Colpo sensazionale al servicio del Sifar (1968). Tampoco podemos olvidar sus apariciones como actor en algunas de las películas de José Luis Garci, de las que destacaremos su pequeño rol de Meri en las dos partes de El Crack.

José Luis Merino Boves nos ha abandonado pero nos deja como legado una treintena de títulos que demuestran la humildad y la maestría de uno de los directores más reivindicables y polivalentes del panorama patrio. Descanse en paz.

Juan Pedro Rodríguez Lazo & José Luis Salvador Estébenez

Published in: on julio 5, 2019 at 5:58 am  Dejar un comentario  
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Full Moon High [tv/bd/dvd/bd: Regreso a Full Moon; tv: Luna llena en Full High]

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Título original: Full Moon High

Año: 1981 (Estados Unidos)

Director: Larry Cohen

Productor: Larry Cohen

Guionista: Larry Cohen

Fotografía: Daniel Pearl

Música: Gary William Friedman

Intérpretes: Adam Arkin (Tony), Joanne Nail (Ricky), Ed McMahon (Coronel William P. Walker), Roz Kelly (Jane), Bill Kirchenbauer (Flynn), Elizabeth Hartman (Señorita Montgomery), Demond Wilson (conductor de autobus/taxi), Dr. Brand (Alan Arkin), Louis Nye (Reverendo), Jim J. Bullock (Eddie)…

Sinopsis: Tony, un atractivo y famoso estudiante del instituto Full Moon, es atacado por un hombre lobo durante unas vacaciones que pasa en Rumania con su padre, un espía que combate el comunismo. A su vuelta a su localidad, Tony propiciará sendos mordiscos en las nalgas de cuantos se crucen en su camino durante las noches de luna llena…

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No nos ha de extrañar que a rebufo de los éxitos cosechados por Joe Dante y John Landis con Aullidos (The Howling, 1981) y Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981), respectivamente, Larry Cohen decidiera hacer su propia película sobre licántropos. Muy consciente de sus limitaciones presupuestarias, el avispado realizador optó por realizar una versión cómica de I Was a Teenage Werewolf (Gene Fowler Jr., 1957) y así aprovechar la buena taquilla obtenida por Aterriza como puedas (Airplane!, Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, 1980), film que parodiaba a su vez las cintas de temática catastrofista de la época como Aeropuerto 77 (Airport ‘77, Jerry Jameson, 1977) y similares, y sobre todo Made in USA (Kentacky Fried Movie, 1977), dirigida por el anteriormente citado John Landis y con el trío ZAZ encargándose del guion.

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“Había visto I Was a Teenage Werewolf y creí que era un buen título pero una mala película. Así fue como le vendí la idea a Arkoff [1], una versión cómica de I Was a Teenage Werewolf[2]. Dada esta declaración, cualquiera podría pensar que el resultado sería al menos mejor que el film al que hace referencia, pero por desgracia Full Moon High [tv/bd/dvd/bd: Regreso a Full Moon, 1981] es una de las películas más flojas de cuantas componen la filmografía de Cohen. La principal causa de que estemos ante uno de los títulos fallidos de Cohen se debe, precisamente, al pobre sentido del humor del que hace gala. En Full Moon High los gags son reiterativos, están estirados hasta la saciedad y no se resuelven todo lo bien que se puede esperar del director de Estoy vivo (It’s Alive, 1974). Por si fuera poco, a pesar de que sus intenciones eran realizar “una versión cómica” de I Was a Teenage Werewolf y así aprovechar el filón de las parodias, poco de ello se destila durante el metraje. Podemos ver algún guiño suelto como el que se hace a El hombre lobo (The Wolf Man, George Waggner, 1941) – en una escena una especie de vidente rumana le lee la mano a nuestro protagonista y le dice que tiene la marca del pentagrama, en clara referencia al estigma del pentágono que recaía sobre el pobre Larry Talbot -, uno de lo más estúpidos a la sobada escena de la ducha de Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960) o, ya rizando el rizo, a la nombrada película de los ZAZ en uno de los pasajes de la cinta ambientando en un avión. Por otro lado, el pobre maquillaje que luce Adam Arkin una vez se transforma (obra de Steve Neill) puede recordarnos al de Henry Hull en El lobo humano (Werewolf of London, Stuart Walker, 1935), pero este y todo lo nombrado anteriormente carece del calado suficiente como para que despierte la simpatía del espectador.

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Siguiendo con esto último podemos ver un buen ejemplo de las carencias de la cinta de Cohen durante la primera transformación en hombre lobo de Tony (Arkin): tanto en ella como en la de Un hombre lobo americano en Londres resulta de lo más dolorosa y escuchamos de fondo una balada de tintes sesenteros[3], pero en el caso de Full Moon High apenas nos da tiempo a percatarnos de las intenciones de Cohen ya que, quizás ante la imposibilidad de poder gozar de los espectaculares efectos especiales de la cinta de Landis, opta por resolverla mostrándonos unos pocos segundos de la sombra del protagonista a través de la ventana de su domicilio. Es decir, ni obtiene el golpe de efecto causado por Landis ni, obviamente, resulta original.

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Este quiero y no puedo que presenciamos continuamente durante el metraje se ve agraviado con un final que no puede ser más decepcionante. Y es que, si bien es cierto que Tony queda maldito por la mordedura de un hombre lobo y debe vagar por el mundo eternamente mordiendo nalgas (este es el nivel) hasta encontrar su destino, este no será otro que acabar el curso escolar y ganar a los Simpson (el equipo rival) en un partido de rugby veinte años después, cosa que ni siquiera consigue. En el desenlace apenas importa ese cambio fisiológico y psicológico de la pubertad que, en teoría, indicaba su maldición y al que hacía referencia I Was a Teenage Werewolf con su Tony (Michael Landon), también huérfano de madre, pero maldito por la mala praxis de un científico loco (Whit Bissell). De hecho, a pesar de medio enamorarse de una de las alumnas (una sobreactuada Joanne Nail) y de estar todo el tiempo luchando para no caer en las redes sexuales de un puñado de féminas de muy buen ver, con quien al final resulta que nuestro desdichado protagonista había perdido su virgo era con una de las profesoras del instituto (Elizabeth Hartman), un coito que se nos omite y, por ende, interruptus para el público.

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Si ya teníamos problemas para empatizar con el Tony de esta revisión en clave cómica y nos costaba entender su preocupación para con el sexo opuesto, además de apenas ser conscientes del sufrimiento de su estigma – sus transformaciones en lobo apenas se muestran en pantalla y se resuelven con planos cortos o subjetivos de las víctimas siendo atacadas -, ya se pueden ustedes imaginar cómo se quedan los ánimos del respetable cuando descubrimos que ni siquiera las balas de plata pueden acabar con él y que éste decide reunirse con la mujer con la que consiguió follar de una vez y que, para más inri, esta resulta que se ha transformado en lobo después de haberse acostado con él. Y es aquí donde, en un acto de misericordia, podemos salvar al film. Como ya hemos dicho, nuestro protagonista se pasa toda la película propiciando mordiscos en el culo sin que estas mordeduras causen el menor de los efectos a las víctimas. Es decir, ni mueren, ni se transforman en licántropos. Si dado el final, con la profesora convertida en mujer lobo, parece ser que el sexo es lo único que consigue transferir la maldición a otra persona, ¿quiere decir eso que, sin que él fuese consciente, Tony ya había mantenido relaciones sexuales anteriormente y que fue con un hombre lobo rumano? ¿Es por ese motivo por el que propicia mordisquitos en el culo y se niega mantener relaciones con las mujeres? Ay, Larry, que en paz descanses… si es que, después de todo, te tenemos que querer.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

[1] Samuel Z. Arkoff, antiguo fundador de la mítica productora AIP, que fue vendida a finales de los setenta a Filmways Productions, distribuidora final del film.

[2] Cohen & Lustig, Carlos Aguilar, Loris Curci, Fausto Fernández, Jesús Palacios, Ángel Sala y Sara Torres. Ed. Donostia Kultura, 1998.

[3] En el caso de la película de Landis se trata de la versión de Blue Moon de Sam Cooke y en la de Full Moon High una compuesta para la ocasión por Janelle Webb, esposa de Cohen por aquel entonces.

A la venta “La casa de los horrores de Tobe Hooper”

la casa de los horrores de tobe hooper

Vial of Delicatessens acaba de lanzar al mercado el libro monográfico La casa de los horrores de Tobe Hooper. Coordinado por Carlos Díaz Maroto y un servidor, José Luis Salvador Estébenez, el volumen ofrece un pormenorizado recorrido por la trayectoria del finado cineasta, repasando tanto sus títulos para la gran pantalla como sus trabajos para el medio catódico, sin olvidar sus proyectos nonatos. Como complemento, el libro se remata con diferentes artículos dedicados a analizar diversos aspectos relacionados con la obra de Hooper, del que también se ofrece una entrevista.

Tras pasar los últimos años de su vida sumido en el ostracismo profesional y mediático, el fallecimiento de Tobe Hooper el verano del pasado 2017 trajo su figura de vuelta a la primera plana de la actualidad. Curiosamente, las numerosas notas necrológicas aparecidas coincidían en señalar que se trataba del director de La matanza de Texas, corriendo en cambio un tupido velo sobre el resto de su trayectoria, dejando así entrever su teórica irrelevancia. Y es que el impacto cosechado por el citado título, aún vigente casi medio siglo después de su estreno y nunca superado por su realizador, ha provocado la falsa imagen de que el resto de su obra carece del menor interés. Nada más lejos. La deriva que fue apoderándose de su trayectoria con el transcurrir de los años no invalida los diversos e innegables aciertos acumulados a lo largo de sus primeras obras, y que convirtieron a Hooper en una de las voces principales con las que contó el cine de terror durante las décadas de los setenta y ochenta.

Partiendo de esta base, La casa de los horrores de Tobe Hooper nace con el propósito de evaluar en su justa medida la obra del cineasta estadounidense, empleando para ello un análisis que aúne rigor crítico y ecuanimidad, pero sin huir de la subjetividad propia que una obra coral siempre conlleva. Para tal fin el presente libro cuenta con la participación de Ignacio Carrero, Jorge Loser, Juan Andrés Pedrero Santos, Juan Pedro Rodríguez Lazo y Fernando Rodríguez Tapia, así como de los citados coordinadores Carlos Díaz Maroto y José Luis Salvador Estébenez. Además, el volumen está prologado por Paco Cabezas, uno de nuestros cineastas más internacionales, quien actualmente se encuentra en los Estados Unidos trabajando en series de la popularidad de Into de Badlands, Penny Dreadful o El alienista, y fan confeso de la obra de Hooper.

El volumen está compuesto por trescientas cuarenta y seis páginas ilustradas en blanco y negro con impresión offset y formato de 14,5 por 21 cm. Su precio unitario es de 16,99 € (envío ordinario incluido para pedidos en la web de la editorial) y puede adquirirse exclusivamente a través de http://vialofdelicatessens.blogspot.com y en tiendas especializadas.

Published in: on julio 3, 2019 at 6:17 am  Dejar un comentario  

Lo spietato [tv: Los despidados]

Lo spietato

Título original: Lo spietato

Año: 2019 (Italia, Francia)

Director: Renato De Maria

Productores: Angelo Barbagallo, Matilde Barbagallo

Guionistas: Renato De Maria, Valentina Strada, Federico Gnesini

Fotografía: Gian Filippo Corticelli

Música: Emiliano di Meo, Riccardo Sinigallia

Intérpretes: Riccardo Scamarcio (Santo Russo), Sara Serraiocco (Mariangela), Alessio Praticò (Salvatore “Slim” Mammone), Alessandro Tedeschi (Mario Barbieri), Marie-Ange Casta (Annabelle), Sara Cardinaletti (Sor Giuseppina), Angelo Libri (Pantaleone Russo), Adele Tirante (Caterina Russo), Michelle De Virgilio (Abogado Giovanni Bova)…

Sinopsis: Un adolescente rebelde acaba convirtiéndose en uno de los mafiosos más ambiciosos de Milán durante la época dorada de la ‘Ndrangheta en los años 80.

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Con Romanzo criminale (Romanzo criminale, 2005), el veterano actor Michele Placido triunfaba en su faceta de director. Todo un éxito de crítica y público que se hizo hasta con quince premios, entre ellos ocho David de Donatellos. Basada en el libro homónimo de Giancarlo De Cataldo, contaba la historia real de la banda de la Magliana, su auge y caída, dando forma a una ambiciosa cinta de 152 minutos que llegó a contar con un montaje alternativo que alcanzaba los 174 con imágenes de archivo de Berlusconi y que éste, por supuesto, no permitió. Cinco años después, Michele repetía la jugada en Vallanzasca – Gli angeli del male, film que volvía a tratar sobre una banda de delincuentes surgida en los setenta, contando para ello con el protagonista de aquélla, Kim Rossi Stuart, y superando también las dos horas de duración. En nuestro país no llegó a estrenarse a pesar de contar con distribución de la Fox (italiana) y tener en su reparto a Paz Vega[1].

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Algo parecido es lo que ha hecho Renato De Maria en Lo spietato [tv:Los despiadados], con otro de los actores de Romanzo criminale al frente del reparto, Riccardo Scamarcio[2] -un viejo conocido del realizador-, y que al igual que Vallanzasca se desarrolla principalmente en Milán en una producción que ronda casi las dos horas. Pero ahí acaban los parecidos. La película de De Maria se basa libremente en el libro Manager calibro 9 de Piero Colaprico y Luca Fazzo, adaptado para la pantalla entre otros por el propio director. Producida por Bibi Film, Indie Prod. y Rai Cinema, Netflix[3] la estrenó el 19 de abril de 2019 en casi todo el mundo, y debido a su buena factura gozó, pese a sus orígenes catódicos, de un limitado pase por algunas salas[4]. Netflix ofrece Lo spietato en nuestro país en versión subtitulada o doblada al español latino. Llama la atención que la plataforma emita las series italianas dobladas al castellano -caso de Suburra o Carlo y Malik (Nero a metà, 2018-)-, pero no las películas – Rimetti a noi i nostri debiti [tv: Perdónanos nuestras deudas, 2018] de Antonio Morabito, Sulla mia pelle [tv: En mi propia piel, 2018] de Alessio Cremonini o la comedia Natale a 5 stelle [tv: Navidad 5 estrellas] de Marco Risi.

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A grosso modo, el trabajo que nos ocupa viene a ser una versión de Uno de los nuestros (Goddfellas, 1990) de Martin Scorsese a la italiana… Bueno, mejor dicho, a la calabresa, porque la película de Renato De Maria trata sobre la ‘Ndrangheta, la mafia de la región de Calabria[5], cuyos tentáculos alcanzaban algunas otras zonas del sur del país, y que en la película llegan hasta el norte, en Milán. De este modo, con el film de Scorsese como referente, la película empieza y acaba con un prólogo y un epílogo afín, también rebosantes de ironía, y es narrada por su protagonista principal, utilizando mucho la voz en off, recorriendo varias décadas –bien marcadas por un cuidado trabajo de vestuario y decorados, así como del habitual uso de canciones de las distintas épocas- que recogen la entrada de un joven delincuente en dicha mafia[6] tras salir del reformatorio en Milán e ir subiendo puestos hasta hacerse uno de sus cabecillas y, finalmente, vender a todos y asegurarse salvarse él.

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Junto con las reconocibles (y nada disimuladas) semejanzas con Uno de los nuestros, también hay algunos guiños más que evidentes a varias célebres gangster-movies de otros de los grandes nombres del Nuevo Hollywood, como son El Padrino (The Godfather, 1972) de Francis Ford Coppola y El precio del poder (Scarface, 1983) de Brian De Palma. La influencia de la cinta de De Palma se ve también en esa americanización, en ese, digamos, ideal del gánster americano –auspiciado desde las películas principalmente- que parecen tener los mafiosos, tanto el protagonista –con esa decoración en su apartamento con una gran foto de Nueva York, que por otro lado contrasta con el hermoso casco viejo de la ciudad de Milán que se aprecia desde su balcón-, como en el local donde se reúnen los gánsteres en el que vemos un poster del barrio de Brooklin y uno de los matones vistiendo una camisa de estética country.

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Al contrario de los muy religiosos mafiosos de la mencionada e influyente cinta de Coppola, Santo Russo (Riccardo Scamarcio) es un tipo materialista que sólo piensa en el dinero y el poder, carece -al menos en un principio- de escrúpulos e ideales. Es la esposa de éste, Mariangela, la que sí presenta el carácter fuertemente católico propio del sur de Italia. El director además marca notables diferencias entre la mujer de Santo y su amante[7]. La primera, chica de pueblo, fiel esposa y fervorosa madre, no es una persona de estudios y su celo religioso la lleva incluso, al saber de las actividades de su marido, a querer renunciar a todo lo material, tanto a los bienes adquiridos por su esposo de forma delictiva (pieles, joyas, etc.), como a su propia belleza, adquiriendo una estética andrógina alejada de la feminidad que se le presume a su sexo. Por su parte, Annabelle (encarnado por la modelo francesa Marie-Ange Casta, quien sigue los pasos de su hermana mayor, Laetitia Casta), sabe pronto que Santo no es trigo limpio; muchacha lista, con estudios y cosmopolita que pertenece a los ambientes selectos, se codea con artistas y gente guapa –que De Maria retrata como superficiales, pomposos y ridículos-, es culta e independiente, y si está con el gánster es, en el comienzo de su relación, porque ella quiere. Sin embargo, la evolución de las dos féminas camina en sentido contrario, Mariangela va haciéndose más fuerte, más segura de sí misma, y se encargará de llevar todo el cotarro cuando su marido entre en prisión; mientras que Annabelle, que termina por enamorarse de su amante, pierde la fuerza y seguridad de la que hacía gala. El encuentro entre ambas mujeres deja claro quién es la más fuerte de las dos.

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Acorde con el poliziesco -y con casi todo el cine transalpino de los sesenta y setenta, de género o no-, la burguesía –enriquecida durante el miracolo italiano– nos es presentada de forma despectiva, como seres mezquinos, carentes de valores. Es el caso del letrado Giovanni Bova (Michelle De Virgilio), del que se nos dice: “Entre la mafia y el Estado están los putos abogados. Arribistas y estafadores que sólo piensan en ellos”. Quitarle de en medio cuando suponga un estorbo es algo que Santo hará con sumo gusto. Pero al personaje principal, a ese gánster ambicioso y egoísta aunque con un punto simpático, no le aguarda un destino fatal, no busca la redención como el Jeff Heston (Charles Bronson) de Ciudad violenta (Città violenta, 1970) de Sergio Sollima, ni se encuentra con su muerte a modo de justicia poética, como la que recae sobre Giulio Sacchi (Tomas Milian) en Milano odia: la polizia non può sparare (1974) de Umberto Lenzi. Al Santo de Lo spietato no le espera ni le interesa un final con honor ni sacrificio y sigue también en esto al Henry Hill (Ray Liotta) del citado film de Scorsese. Tras tener que matar a su viejo amigo Salvatore (Alessio Praticò), empieza a mostrar debilidad, a tener compasión, humanidad, algo que en su “oficio” no le puede provocar sino malos resultados. La culpabilidad que pesa sobre él hace que deje vivo a un matón turco que debía eliminar, y acabará con sus huesos entre rejas al ser detenido el otomano y declarar éste ante las autoridades. La devota esposa, con ese fervor católico que profesa, le pide a su marido, llamado irónicamente Santo, que se aleje de la vida criminal; también una monja le recomendará, cuando el mafioso esté en la cárcel, que exculpe sus pecados, que rece a Dios por su salvación.

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Y será entre rejas donde Santo verá la luz: tras enterarse que lo van a trasladar a otra prisión más confortable, pero en la que se encuentran matones de familias rivales, elegirá el buen camino al verse muerto en ese nuevo destino, colaborando con la justicia como informador y delatando a todos a los que había jurado fidelidad[8], gracias a lo cual la policía conseguirá hacer ciento sesenta y seis detenciones y que se produzcan más de cien condenas. Mas este Santo no busca la “salvación” en un sentido religioso o espiritual; él sólo quiere, como le dice un policía, “salvar el pellejo”. Comienza después, en protección de testigos, una nueva vida apartado de su familia y alejado de su país, con otra identidad. Una vida falsa, una nueva vida que, dice el personaje de Riccardo Scamarcio, es una “vida perfecta”.

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Dejando a un lado la polémica sobre si las actuales plataformas de televisión están haciendo mucho daño al cine (como sostiene Steven Spielberg) o si el público es el que manda y éstas son un medio como otro cualquiera de entretenimiento (teoría que defiende Álex de la Iglesia), de lo que podemos estar seguros es de la buena salud de la que sigue gozando el género policiaco-criminal en países como Italia sean para la pantalla grande… o no.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Michele Placido quiso contar con ella para el papel de Patrizia en Romanzo criminale, pero no pudo ser por problemas de agenda de la actriz sevillana.

[2] Se dio a conocer en películas como Romanzo criminale o Manuale D’Amore 2. Corregido y aumentado (Manuale d’amore 2. Capitoli successivi, 2007) de Giovanni Veronesi, convirtiéndose en el guaperas de moda en Italia por sus sonados romances con algunas de sus compañeras de reparto, caso de Laura Chiatti o Valeria Golino, esta segunda mayor que él y con la que mantuvo una relación de diez años. Tras su ruptura han seguido colaborando; por ejemplo, en 2018 la Golino lo dirigió en el drama Euforia, y en junio de 2019 han coincidido en la gran pantalla en La casa de verano (Les estivants, 2018), realizada y protagonizada por Valeria Bruni Tedeschi. El joven actor aprovecharía la fama adquirida para ponerse a las órdenes de Costa Gavras, Ferzan Ospetek, Woody Allen, Paul Haggis, Abel Ferrara, los hermanos Taviani… e incluso le valió para encarnar al malvado villano de John Wick 2. Pacto de sangre (John Wick. Chapter 2, 2017) de Chad Stahelski. Y así ha seguido sin parar hasta hoy día. El pasado 2018 lo vimos -entre muchos otros papeles- como uno de los principales intérpretes de Silvio (y los otros) (Loro), la última excentricidad del aplaudido Paolo Sorrentino, o protagonizando Il testimone invisibile –remake de la española Contratiempo (2016), de Oriol Paulo, donde resulta curioso que se encargara del papel que en la original hiciera Mario Casas, cuando éste en Tres metros sobre el cielo (2010), de Fernando González Molina, hacía el que Scamarcio interpretara en Tre metri sopra el cielo (2004), de Luca Lucini-.

[3] Desde que en los ochenta se diera un boom en las producciones televisivas en Italia, las organizaciones criminales han sido uno de los temas más recurrentes en las series y telefilmes de ese país (junto a los relatos bíblicos y personajes católicos en general), ya fueran inspirados en hechos reales (a los italianos les gusta, y mucho, contar su Historia, y de esto tienen para hablar) o en la más pura ficción. Desde aquella La piovra (La piovra), que comenzara su andadura en 1984 (y a la que Michele Placido, protagonista de las primeras temporadas, homenajearía en la mencionada Vallanzasca – Gli angeli del male) hasta -al menos por el momento- el 2001 , sin olvidar miniseries como El capo de Corleone (Il capo dei capi, 2007) de Alexis Cahill y Enzo Monteleone o El último Padrino (L’ultimo padrino, 2008) de Marco Risi, hasta llegar a las bien conocidas Roma criminal (Romanzo criminale, 2008-2010), Gomorra (Gomorra, 214-), Suburra (Suburra, 2017-2019) o La mafia sólo mata en verano (La mafia uccide solo d’estate, 2016-2018), todas ellas surgidas a raíz del éxito en cines de los films homónimos.

[4] También se estrenaría en pantalla grande otras cintas de Netflix, caso de Annihilation [tv/dvd: Aniquilación, 2018], dirigida por Alex Garland y protagonizada por Natalie Portman. En nuestro país cuenta incluso con edición en formato doméstico. Y no es un caso aislado.

[5] También tratada por Francesco Munzi en la dramática Calabria (Anime nere, 2014), adaptando las páginas de Gioacchino Criaco.

[6] La manera tradicional de entrar en la ‘Ndrangheta era por la sangre, pasando de padres a hijos. En el film que aquí nos concierne, Santo se acerca a ellos como hacía el protagonista de Uno de los nuestros.

[7] Al igual que hace el protagonista, que instala a su bella fiancée en su moderno apartamento en pleno centro de la ciudad, mientras la esposa se queda con su hijo en la casa del pueblo.

[8] Volviendo la vista atrás, la traición en la mafia ya se había visto en algún título del cine de gánsteres de los setenta como fue Los secretos de la Cosa Nostra (The Valachi Papers, 1972) de Terence Young, también con Bronson al frente del reparto.