Death Line [vd: La línea de la muerte; dvd: Sub-humanos]

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Título original: Death Line

Año: 1972 (Gran Bretaña)

Director: Gary Sherman

Productor: Paul Maslansky

Guionista: Ceri Jones sobre una historia de Gary Sherman

Fotografía: Alex Thomson

Música: Wil Malone, Jeremy Rose

Intérpretes: Donald Pleasence (inspector Calhoun), Norman Rossington (sargento Rogers), David Ladd (Alex Campbell), Sharon Gurney (Patricia Wilson), Hugh Armstrong (el hombre), June Turner (la mujer), Clive Swift (inspector Richardson), James Cossins (James Manfred), Heather Stoney (Alice Marshall), Hugh Dickson (Dr. Bacon), Jack Woolgar (inspector del metro), Ron Pember (operador de ascensor), Colin McCormack, Gary Winkler (policías), James Culliford, Suzanne Winkler (prostituta), Gerry Crampton, Terence Plummer, Gordon Petrie (trabajadores del túnel), Christopher Lee (Stratton-Villiers), Jim O’Brady…

Sinopsis: Alex y Patricia, una joven pareja, encuentran tirado en las escaleras del metro a un hombre inconsciente llamado James Manfred. Van a buscar ayuda, pero cuando regresan no hay ni rastro del individuo. Alertada la policía, el inspector Calhoun comienza a investigar el caso, descubriendo que no es la primera desaparición que se produce en esa estación, situada cerca del lugar donde, a finales del siglo XIX, un grupo de obreros quedó sepultado durante la construcción de un túnel. Aunque fueron dados por muertos y abandonados, hay quien teoriza que quizás pudieron sobrevivir gracias a las bolsas de aire y a la abundante agua que había en el túnel, alimentándose unos de otros…

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Acreedor de una escueta filmografía dispersa en el tiempo, compuesta por siete películas y varios trabajos televisivos repartidos a lo largo de cinco décadas, la trayectoria de Gary Sherman suele ser recordada principalmente por el que fuera su segundo largometraje, Muertos y enterrados, convertido con el devenir de los años en un título de culto dentro del cine de terror. Nueve años antes, el cineasta natural de Chicago daba el salto a la dirección con Death Line -inédita en salas españolas y distribuida en formato doméstico con los títulos La línea de la muerte Sub-humanos-, otra cinta de corte terrorífico que, si bien no ha suscitado tantas adhesiones entre los aficionados de a pie, cuenta entre sus defensores con personalidades de la talla de Edgar Wright o Guillermo del Toro, quien la ha declarado en repetidas ocasiones su película favorita y que de algún modo revisionara en su controvertida Mimic.

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Realizada bajo pabellón inglés en un momento en el que el cine fantástico de las Islas se encontraba en plena etapa de transición, con la Hammer tratando de adaptar sus propuestas al signo de los tiempos por la vía del erotismo, parte del interés que presenta la ópera prima de Sherman radica en el modo en el que preludia a muy diferentes niveles la eclosión del American gothic estadounidense, hermanándose con dos de sus más emblemáticos exponentes: La matanza de Texas, de la que adelanta tanto el uso de sonidos diegéticos para generar tensión como una iconografía y estética bastante similar en lo referente a la guarida de sus respectivos villanos; y Las colinas tienen ojos, conexión derivada principalmente por su análoga inspiración en las andanzas de Sawney Beane y su clan caníbal.

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Partiendo de esta célebre historia real acaecida en la Escocia rural del siglo XVI, Sherman y su guionista, Ceri Jones, componen una atractiva historia que plantea la existencia de un grupúsculo de antropófagos habitando los túneles del metro de Londres. El hecho de que estos resulten ser los últimos descendientes de un grupo de obreros decimonónicos que quedaron sepultados durante la construcción del suburbano, pone de relieve el componente de crítica social que anida en el interior de la película y que conecta con las inquietudes de un Sherman que había llegado a Inglaterra huyendo de los problemas judiciales a los que su activismo político le habían conducido en los Estados Unidos. De este modo, la evidente doble lectura que arroja la idea de esa sociedad paralela y desconocida inserta en el mismo interior de la sociedad pública es expuesta desde el propio arranque de la cinta, protagonizado por las visitas a espectáculos de striptease de un perfecto gentleman inglés que resultará ser James Manfred, un ilustre integrante de la Orden del Imperio Británico.

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Todo parece indicar que nos encontramos ante la consabida crítica a la doble moral británica tan socorrida dentro del fantástico autóctono, sospecha que parece ser refrendada poco tiempo más tarde, cuando el inspector de policía que interpreta Donald Pleasence y su ayudante acudan a casa del funcionario para investigar su desaparición y encuentren en el salón la entrada secreta a una estancia anexa con un monitor con el que Manfred visionaba las “películas caseras” que rodaba en la habitación. Sin embargo, las intenciones de Sherman no van por ese lado. O no exactamente. Por el contrario, su planteamiento pasa por “realizar una radiografía a la sociedad clasista británica[1]”, según sus propias manifestaciones.

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Este proyectado discurso sobre el sistema de clases británico, enunciado desde la misma distribución escénica -es obvio el simbolismo de que la clase más desprotegida, los caníbales, habiten en el subsuelo, lo mismo que sus ataques se lleven a cabo en un medio de transporte de raigambre obrera como el metro, consideración que es explicitada por la extrañeza que manifiestan los personajes a que un hombre de la posición de Manfred se encontrara en el suburbano-, es prolongado a través de diferentes detalles. En una de las primeras escenas, Manfred ofrece dinero a una joven que encuentra en el andén mientras espera al convoy con el objetivo de llevársela a la cama. Una situación parecida a lo que hacen los caníbales, que se alimentan de las víctimas indefensas que encuentran en el suburbano. En ambos casos, unos y otro utilizan sus atributos (de fuerza o económicos) para satisfacer sus muy distintos apetitos. Incluso, el consiguiente ataque de los caníbales a Manfred puede verse como una especie de venganza de clase contra ese hombre que utiliza su desahogada situación monetaria para aprovecharse de la pobreza de los demás con el objeto de dar rienda a sus más bajos instintos.

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Siguiendo por esta senda, aunque no se trate de la primera persona que desaparece en esa misma estación de metro sin dejar rastro, como se descubre más tarde, la elevada posición de Manfred provoca que la policía decida en esta ocasión investigar lo sucedido. El nada inocente paralelismo que esta situación arroja con lo ocurrido casi un siglo antes, cuando los antepasados de los actuales habitantes endogámicos de los túneles fueran abandonados a su suerte por las autoridades y la empresa para la que trabajaban, dándoles por muertos sin ni siquiera molestarse en recuperar sus teóricos cadáveres, es complementado por el consejo amenazante que recibe el inspector de policía para que se aparte del caso, aludiendo, precisamente, al alto rango del desaparecido, por parte de un representante de los servicios secretos británicos del MI5 incorporado por Christopher Lee en poco menos que un cameo.

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Construido a base de contrastes como los ya señalados, el aparato discursivo de Sherman se expande y bifurca en otras muchas direcciones, basándose en su sentido de la observación y capacidad descriptiva, plasmada en el que sin duda se erige en el momento más destacado de todo el conjunto: el soberbio travelling sin cortes que muestra por primera vez la guarida del caníbal, repleta de ratas, humedad y cadáveres descompuestos, donde se puede palpar la suciedad, la pestilencia y la atmósfera malsana que caracterizan el lugar. La deshumanización de la sociedad moderna queda así ejemplificada cuando la pareja protagonista encuentre en las escaleras del metro el cuerpo inconsciente de Manfred, y el integrante masculino aconseje a su compañera que desista de su intención de prestarle auxilio al considerar que se trata de un borracho, momento que tiene su contrapunto en la desesperación, impotencia y tristeza del último caníbal ante el lecho de muerte de su compañera, en lo que se erige en uno los principales aciertos del film; esto es, la humanización de su teórico villano, significativamente denominado en los genéricos como “The Man”, es decir, “el hombre”, a lo que no es ajeno el patetismo que tras su apariencia monstruosa le confiere la magnífica interpretación de Hugh Armstrong, en una caracterización que a buen seguro tuvieron muy presentes Joe D’Amato y George Eastman a la hora de dar vida al antropófago protagonista de Gomia, terror en el mar Egeo, a decir de su sospechoso parecido físico.

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El que el integrante masculino de la joven pareja sea de procedencia norteamericana[2] es también aprovechado para efectuar una confrontación entre las diferencias de las sociedades británicas y estadounidense. Sin ir más lejos, para justicar su negativa a ayudar al desconocido del metro comentará lo habitual que resulta encontrar en ciudades como Nueva Yorm mendigos tirados en el suelo. Ni qué decir tiene que, con comentarios como este, Sherman se hace eco del choque de culturas que probablemente él mismo había experimentado en sus propias carnes durante su estancia en Inglaterra, dada su aludida condición de ciudadano estadounidense. En cualquier caso, no es el único rasgo autobiográfico que el realizador incluye a lo largo del metraje. Procedente del campo publicitario, donde había formado tándem con Jonathan Demme, futuro director de El silencio de los corderos, Sherman no duda en arremeter contra la publicidad y su forma de alimentar la alienación del individuo, idea esta que es esbozado en la multitud de anuncios comerciales que pueden verse colgados en las paredes durante las escenas desarrolladas en los andenes del metro, y que tiene su punto culminante en la única frase que el mutado caníbal es capaz de vocalizar, la cual repite de forma machacona durante los últimos compases como si fuera un autómata, “¡Cuidado con las puertas!”, la misma que ha oído de fondo sin saber su significado a lo largo de su vida, cada vez que un tren partía de la estación cercana a su morada.

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Demasiados frentes abiertos, como puede comprobarse, que lejos de dotar de una mayor complejidad a su discurso acaban por desdibujar el mensaje, hasta convertirlo en inconcreto y difuso. Similares adjetivos pueden aplicarse también a su narrativa, en la que el novel cineasta, siguiendo con su uso de los contrastes como leitmotiv principal de la cinta, naufraga de forma estrepitosa en su intento por conjugar las atmosféricas secuencias sin diálogos protagonizadas por el caníbal, con la carga cómica que anida en las verborreicas intervenciones del irónico y extravagante inspector de policía encarnado por Pleasence. El acostumbrado buen hacer del alopécico actor no evita que, por lo general, estas secuencias se vean aquejadas de una duración prolongada más allá de lo necesario, dando la sensación la mayor parte de las veces de que su concurso responde a un intento de alargar el esquemático desarrollo de la trama principal, dada su escasa repercusión en el posterior devenir de los acontecimientos. Pese a contar hasta con tres arcos argumentales diferentes, tal circunstancia acaba por derivar a la larga en un desarrollo moroso, causante a su vez de una evidente dispersión narrativa acentuada por la aparición de no pocas incongruencias argumentales que ponen en evidencia la verosimilitud de lo narrado. Aunque, con todo, el principal problema de la cinta reside en la aludida inconsistencia de su tono que hace de Death Line un film irregular, más apreciable por aquello que sugiere que por lo que en realidad ofrece.

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Quizás por esta comentada desigualdad en sus resultados, durante años su responsable barajó sin éxito la posibilidad de realizar un remake, posiblemente con la idea de subsanar todas estas deficiencias que se daban en la versión primigenia. Algo que, en cierta medida, realizaría a comienzos de este siglo Creep, coproducción germano-británica del pasado 2004, en la que también una mutada criatura sembraba el terror en los túneles de la red del metro londinense entre sus viajeros. Una posibilidad, no obstante, que el director del film en cuestión, un entonces debutante Christopher Smith, ha negado de forma tajante a lo largo de los años, sosteniendo por activa y por pasiva que cuando escribió el guion desconocía la existencia de la ópera prima de Sherman, y que, en todo caso, aunque el punto de partida sea el mismo, se trata de dos películas totalmente distintas, lo que no quita para que las similitudes argumentales existentes entre ambas resulten difíciles de ser pasadas por alto[3].

José Luis Salvador Estébenez

[1] Extraído de la entrevista realizada por Xavier Sánchez Pons a Gary Sherman y publicada en el número 27 de El buque maldito, pág. 26.

[2] Cabe comentar que este personaje es interpretado por David Ladd, hijo del mítico actor Alan Ladd y hermano de Alan Ladd Jr., partícipe en distintos grados de la producción de films como  La guerra de las galaxias, Alien, el octavo pasajero, Braveheart o Sub-humanos.

[3] En todo caso, el tema del metro como lugar en el que habitan criaturas que se ceban con los pasajeros es una constante en el género. Como ejemplo, véanse dos relatos tan distintos como “Sucedió en el subterráneo” (“Incident in the IND”, 1964), de Harry Harrison (en Ciencia ficción, selección 12, Bruguera 1974) o “Los pasajeros” (1991), de Carlos Díaz Maroto (en fanzine Sueño del Fevre nº 3, autoedición).

Published in: on noviembre 8, 2017 at 7:03 am  Dejar un comentario  
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A la venta “Carlo de Marchis. Maquetas, látex, monstruos y aviones”

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Area51 continúa con su afán de cubrir la importante bibliografía existente en nuestro país referente al trabajo de técnicos y artesanos del cine español. Tras el monumental Los alquimistas del 7º arte. Los efectos especiales en el cine español y Detrás de la Claqueta, las memorias cinematográficas de la montadora y técnico de efectos especiales y de maquillaje María Luisa Pino, la editorial madrileño acaba de sacar al mercado Carlo de Marchis. Maquetas, látex, monstruos y aviones. Escrito por Domingo Lizcano, se trata de la biografía de este inquieto y poco conocido artista de efectos especiales. Fruto de numerosas entrevistas, el texto se enriquece de anécdotas y comentarios personales de Carlo que amenizan el recorrido cronológico de su carrera cinematográfica.  Ilustrado con  fotos del archivo personal de Carlo de Marchis, y con imágenes de sus trabajos en cine, se completa la visión de una vida dedicada a la construcción de sueños y fantasías, que en algún caso se convierten en pesadillas.

Nacido en Italia, el técnico y artista de efectos especiales Carlo de Marchis  desarrolla una intensa actividad como maquetista y artesano de efectos especiales desde mediados de los años sesenta hasta finales de los setenta, primordialmente en Italia realizando trabajos para películas como Hasta que llegó su hora (1968), El puente de Cassandra (1975) o Caimán (1978). Gran parte de su actividad laboral se desarrolla en el taller de efectos de Carlo Rambaldi,  colaborando entre otros títulos en: La Biblia (1966), Barbarella (1968), Rojo oscuro (1975) o Alien (1979).

A principios de los años ochenta Carlo de Marchis trabaja por cuenta propia en grandes producciones  como En busca del fuego (1981) o Conan, el bárbaro (1982), estableciéndose en España, donde desarrollará la mayor parte de su actividad artística. Su colaboración en el director de cine Juan Piquer Simón, le lleva a conseguir dos premios  Goya de la Academia española a los mejores efectos especiales por su trabajo en Slugs, muerte viscosa (1988) y La grieta (1989).

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Carlo de Marchis. Maquetas, látex, monstruos y aviones tiene un formato de  170 x 240 mm, vertical y se compone de ciento setenta páginas ilustradas con más de doscientas fotografías a color y blanco y negro. Su precio de venta es de 14 euros más otros 6 de gastos de envío y puede adquirirse a través de: area51ediciones@gmail.com

Published in: on noviembre 7, 2017 at 6:39 am  Dejar un comentario  

Anunciada la programación de la primera edición del Festival Isla Calavera

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El Festival de Cine Fantástico de Canarias – Isla Calavera ha dado a conocer la que será la programación de su primera edición, que tendrá lugar entre el 15 y el 19 de noviembre con el patrocinio de la Universidad de La Laguna, el Área Tenerife 2030 del Cabildo Insular y la Fundación Cine+cómics.

Dentro de la Sección Oficial de Largometrajes fuera de concurso se podrá ver el thriller psicológico de viajes en el tiempo Black Hollow Cage (2017), del director Sadrac González-Perrellón, quien asistirá como invitado al festival junto al productor Diego Rodríguez para presentar su película y participar en un coloquio posterior a la proyección. Premio del Jurado al Mejor Largometraje en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bucheon (Corea del Sur), Black Hollow Cage participó en sección oficial en los recientes festivales de Sitges, Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y Nocturna Madrid, en el que logró una Mención Especial del Jurado.

También formarán parte de la Sección Oficial de Largometrajes el thriller de terror y humor negro Mom and Dad (Brian Taylor, Estados Unidos), protagonizado por Nicolas Cage y Selma Blair; la épica Pilgrimage (Brendan Muldowney, Irlanda/ Bélgica/ Estados Unidos), con la estrella de Spider-man: Homecoming Tom Holland encabezando el reparto; y la cinta de ciencia ficción The Osiris Child (Shane Abbess, Australia).

Asimismo, se presentará la película Bajo la rosa (2017), Premio del Público a la Mejor Película en Nocturna Madrid, un original thriller protagonizado por Pedro Casablanc. Se trata del primer largometraje del realizador tinerfeño afincado en Madrid Josué Ramos, quien acudirá al Festival Isla Calavera para dar las claves sobre su opera prima.

Por otro lado, se ofrecerá una sesión especial dedicada al largometraje de animación Extraordinary Tales, de Raúl García, primer animador español que ha trabajado en los estudios Disney y ganador de un Premio Goya al Mejor Largometraje de animación por El Lince perdido. Coproducción estadounidense, belga, luxemburguesa y española, Extraordinary Tales es una antología animada de relatos de Edgar Allan Poe que cuenta con las voces de Christopher Lee, Roger Corman, Bela Lugosi y Guillermo del Toro, entre otros.

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Estos títulos se suman a El ataúd de cristal, como película de apertura; The Maus, como película de clausura; el ciclo dedicado al maestro del terror John Carpenter (Christine, La noche de Halloween y La cosa); el pase de Depredador, con motivo del trigéismo aniversario de su estreno en cines; Wax, con la presencia de su director Víctor Matellano y los homenajeados, el actor Jack Taylor y el maestro de los efectos especiales y maquillaje Colin Arthur; y el documental ¡Zarpazos! Un viaje por el Spanish Horror, un recorrido histórico por el fantaterror español también dirigido por Matellano.

El programa se completa con la Sección Oficial de Cortometrajes a competición, que ofrecerá dos sesiones compuestas por siete cortometrajes cada una. Los títulos seleccionados son: Bye Bye Baby (Pablo S. Pastor), Cambio (Daniel Romero), Caronte (Luis Tinoco), El desconcierto (Alberto Carpintero), El gigante y la sirena (Roberto Chinet), Fe (Juan De Dios Garduño), Hay algo en la oscuridad (Fran Casanova), Jules D. (Norma Vila), La dama de sal (Mario Venegas Lucena), Nouvelle Cuisine (Manuel Reyes Halaby), Redemption (Vasni J. Ramos), Rewind (Rubén Pérez Barrena), RIP (Caye Casas y Albert Pintó) y Ven a mí (Marcos Muñoz Flores).

Las entradas ya se encuentran a la venta en las taquillas de Multicines Tenerife (C.C. Alcampo, La Laguna) y a través de la web www.multicinestenerife3d.com

Más información: www.festivalislacalavera.com

Published in: on noviembre 6, 2017 at 6:56 am  Dejar un comentario  

Palmarés de la XXVIII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

Errementari ha sido la ganadora de la XXVIII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián que concluía ayer tras siete días en los que el certamen guipuzcoano ha proyectado algunos de los títulos más destacados de la última hornada genérica. La ópera prima del cineasta alavés Paul Urkijo, encargada de inaugurar esta edición del certamen, se alzó con el premio otorgado por los votos del público con una elevada nota de 8,34. Tras ella se colocaría la cinta de animación franco-japonesa Mutafukaz y Dave Made a Maze, inclasificable film que partiendo de una premisa de lo más surreal consigue brindar una de las propuestas más originales que se ha visto en las pantallas de cine en los últimos años.

Junto con Errementari, la otra ganadora en el formato largo fue The Endless, la tercera película de los estadounidenses Aaron Morhead y Justin Benson, ganadora del Premio Blogos de Oro al Mejor Largometraje, que por segundo año consecutivo ha concedido un jurado formado por cincos miembros de la homónima asociación que da premio al galardón. El jurado basaría su fallo por la capacidad de Morhead y Benson por “lograr un producto de artesanía cinematográfica con una atmósfera muy particular gracias al total control creativo sobre la misma.”

Pasando al formato corto, dos han sido los grandes triunfadores de esta edición del certamen. Por un lado When Demons Die, producción alemana ganadora de los premios del Público y del Jurado Joven al Mejor Cortometraje. Por su parte, el español RIP, dirigido por Pintó & Caye, directores cuyo debut en el largometraje, Matar a Dios, ha formado también parte de la Sección Oficial de la Semana, se ha llevado el premio del Público en el concurso de cortometrajes españoles y el concedido por Syfy al mejor cortometraje español.

En cuanto a los premios del Jurado, que en esta ocasión ha estado compuesto por la youtuber Sara G, el guionista Diego San José y la DJ y actriz Vinila von Bismark, se han repartido entre The Distant, ganador del galardón al Mejor Cortometraje, mientras que el “Méliès de plata” al mejor cortometraje fantástico europeo ha sido para Clanker Man.

El resto del palmarés se completa con el Premio del Público al Mejor Cortometraje de Animación para Catherine, producción belga que se alzó como vencedora de un concurso que destacó por el bajo nivel de los trabajos a concurso, y fuera ya del audiovisual, el Premio del Público al Mejor Fanzine, patrocinado por la FNAC Donostia, y que ha premiado el trabajo de “La valla”.

Más información: http://www.donostiakultura.com/terror/2017/

Entrevista Felipe M. Guerra, director de “FantastiCozzi”

Felipe M. Guerra en la tienda Profondo Rosso, en Italia, en 2009

En los últimos meses hemos asistido a cómo la figura de Luigi Cozzi recuperaba un inesperado protagonismo. Al estreno y posterior comercialización en formato DVD de Blood on Méliès’ Moon, su primer largometraje de ficción en más de treinta y cinco años, se le ha unido la aparición de FantastiCozzi, un  documental en el que el veterano cineasta italiano repasa de viva voz lo que ha dado de sí su trayectoria desde sus comienzos hasta su inesperada reentré con la mencionada Blood on Méliès’ Moon.

Gracias a las ventajas que nos ofrecen las nuevas tecnologías, contactamos con el director de FantastiCozzi, el brasileño Felipe M. Guerra, quien muy amablemente nos respondió vía e-mail al siguiente cuestionario, en el que abordamos diferentes pormenores de este trabajo que, por derecho propio, se erige en el buque insignia del proceso de reivindicación de la que poco a poco viene siendo objeto la figura de Cozzi, sin duda uno de los cineastas más peculiares e interesantes del cine de género italiano durante las décadas de los setenta y ochenta.

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Diriges, escribes y produces cortos desde 1996. ¿Qué te lleva a realizar un documental sobre Luigi Cozzi?

Formo parte de una generación autodidacta de realizadores cuya infancia y adolescencia transcurrió durante la era del VHS; los videoclubs fueron nuestras facultades de cine, por así decirlo. Y entre los profesores que me alfabetizaron en el lenguaje cinematográfico estaban todos estos directores italianos maravillosos como Argento, Fulci, Bava, Lenzi, Deodato, Leone, Corbucci y, por supuesto, Luigi Cozzi. A diferencia de otros colegas del período, Cozzi parecía no tomarse tan en serio a sí mismo. Sus películas son muy divertidas y conscientes de sus limitaciones; nunca intentan ser más de lo que podrían o deberían ser, que creo que es algo de lo que muchos directores italianos de la misma época siempre pecaron.

Tuve la confirmación de esta sensación cuando conocí a Luigi personalmente, durante un viaje a Italia en 2009, y descubrí que él es así en la vida real; un sujeto bonachón, con un sentido del humor bastante peculiar, que no tiene ningún problema en reírse de sí mismo o incluso de su propia obra. Además, Cozzi no es para nada egocéntrico. En lugar de hablar solo de él mismo y de sus propias películas, como otros realizadores hacen, él habla sobre todo y sobre todos, lo que hace que una conversación de bar con Luigi equivalga a una clase sobre los bastidores del cine fantástico italiano de los años setenta y ochenta. La prueba de ello es que suele ser invitado a hablar en featurettes de DVDs y Blu-rays de películas que no fueron hechas por él, gracias a la capacidad que tiene que hablar de ese período.

Luigi siempre tuvo un sueño, que no era otro que hacer películas de ciencia ficción, y creyó firmemente en él, de modo que incluso cuando estaba obligado a hacer comedias eróticas para pagar las cuentas, él intentaba incluir elementos de ciencia ficción en lo que estaba haciendo, porque eso era lo que realmente le interesaba. Por todo esto pensé que sería cuanto menos divertido contar la trayectoria de Cozzi, la de de un joven fascinado por la ciencia ficción en un país, Italia, que no daba la más mínima oportunidad al género, hasta su consagración como cineasta contratado para hacer prácticamente todos los géneros, y con amigos muy influyentes en el medio artístico, como puede ser el caso de Dario Argento.

La oportunidad de grabar el documental surgió en 2010, cuando invitamos a Luigi a una retrospectiva sobre su obra que incluimos dentro de la programación del Fantaspoa, que es un festival de cine fantástico realizado en el sur de Brasil. Yo fui comisario de la muestra y exhibimos un cortometraje francés llamado Le tunnel sur le monde, dirigido por Daniel Gouyette en 2004, para presentar a Luigi al público brasileño, ya que él no hacía películas desde los años ochenta y mucha gente no le recordaba. Al percibir que este cortometraje no cubría toda la carrera de Cozzi, y que además era demasiado frío y distante con su entrevistado, resolvimos proponer a Luigi la realización de un documental definitivo, donde él pudiera hablar libremente sobre toda su trayectoria. Yo ya conocía varias de las historias que cuenta en la película y sabía que tenía potencial para ser un documental muy divertido. Y así nació FantastiCozzi.

¿Cómo se tomó Cozzi la idea de que quisieras realizar un documental sobre su carrera cuando se la propusiste?

Si bien recuerdo la primera reacción de Luigi fue de sorpresa, y creo que no imaginaba que realmente fuéramos a hacer una película con el material, principalmente porque el proceso de edición fue muy largo. Aunque las entrevistas se hicieron en 2010, el documental no se estrenó hasta 2016, por lo que ni el propio Cozzi confiaba en que alguna vez fuera a lanzarse. A pesar de todo, fue un caballero y no le importó sentarse conmigo durante varias horas para recordar estas maravillosas historias sobre sus películas y sobre el cine italiano en general. Yo creo también que él se ha sentido honrado con el homenaje, ya que ha sido uno de los primeros directores italianos de su generación en tener un largometraje documental sobre su obra, algo de lo que muy pocos pueden presumir ahora mismo. Por otra parte, me gusta pensar que FantastiCozzi también puede ser visto como un documental sobre un director obstinado en hacer películas por encima de todas las dificultades que surgen en su camino.

Fantaspoa 2010 - a partir de la izquierda, el director Felipe, Luigi y los productores de FantastiCozzi João Pedro Fleck y Nicolas Tonsho

Fantaspoa 2010. De izda. a Dcha: el director Felipe, Luigi y los productores de “FantastiCozzi”, João Pedro Fleck y Nicolas Tonsho

FantastiCozzi recorre de forma cronológica la carrera del cineasta italiano película a película. ¿Por qué optaste por esta estructura?

Ocurrió por accidente. No había un guion inicial y las entrevistas con Cozzi fueron hechas fuera de orden; empezamos hablando sobre Star Crash, luego sobre Paganini Horror, después fuimos a sus inicios y así todo. En ese momento todavía no pensaba cómo lo iba a editar después. El material se quedó parado durante años porque me surgían otros proyectos y yo me dedicaba a ellos.

Entonces sucedió la gran coincidencia de que Luigi anunció su regreso al cine en el 2015, con la grabación de Blood on Méliès’ Moon, su primera película desde 1989. En ese momento resolví finalizar el documental porque ya tenía un comienzo, una mitad y un final bien definidos: empezaba mostrando cómo la pasión por la ciencia ficción llevó al joven Luigi a ser autor de relatos y reportajes sobre el género y luego director, cómo su amistad con Dario Argento lo presentó al mundo del cine, la ascensión y la caída (de Luigi y del cine italiano en general) y su regreso con una nueva película en pleno siglo XXI.

Originalmente pretendíamos cerrar el documental con la premiere de Blood on Méliès’ Moon en el Fantaspoa de 2016, porque Luigi volvería a Brasil y nosotros podríamos cerrar el círculo que se inició en este mismo festival en 2010. Pero las imágenes que grabamos en la premiere no casaban mucho con las primeras que tomamos, que habían sido grabadas en Mini-DV, por lo que tuvimos que abortar esta idea.

En el momento de la edición también me di cuenta de que no tenía un comienzo y un final para el documental, así que pedí que el propio Cozzi grabara algunas escenas mostrando su rutina en la tienda Profondo Rosso que administra en Roma, y ​​dando nuevos testimonios sobre su nueva película y su carrera como un todo. Creo que funcionó, pero si tuviera que hacerlo hoy creo que pensaría mejor en la estructura del documental desde el principio, porque FantastiCozzi acabó siendo construido en el montaje, día a día.

Dentro de este recorrido, dedicas una atención especial a Star Crash, choque de galaxias. ¿Se debe solo a su condición de film más emblemático de Cozzi, o también a un interés personal por tu parte?

Sí, me imagino que Star Crash es mi película preferida de Luigi, pero también merece un lugar especial en el documental por varios motivos. En primer lugar, por ser una copia italiana de Star Wars, que a su vez se ha convertido em un film emblemático para la cultura pop. Y después, y sobre todo, por lo que representa: el documental comienza con Luigi confesando que su gran sueño, desde niño, siempre había sido hacer una película de ciencia ficción, y Star Crash fue el único momento de su carrera en que tuvo todas las condiciones y una mínima libertad para hacer una legítima aventura de ciencia ficción como él quería, sin necesidad de transformarla en una historia de horror o aventuras siguiendo el dictado de los productores. Inclusive he de lamentar que Luigi nunca más pudiera volver a hacer algo parecido dentro del género por cuestiones del destino, ya que él ama mucho la película y se divirtió mucho haciéndola, y eso aparece en el film. La verdad es que en las entrevistas hablamos tanto sobre Star Crash que podría hacer un nuevo documental solo centrado en esta película, e incluso estoy considerando seriamente la idea.

Bastidores del rodaje de FantastiCozzi en Porto Alegre en 2010

Bastidores del rodaje de “FantastiCozzi” en Porto Alegre durante 2010.

Para realizar el documental grabaste una docena de horas de entrevistas. ¿Cómo fue el proceso de edición y qué aspectos primaste a la hora de dar forma a la narración?

Como expliqué antes, la estructura narrativa surgió durante la edición y opté por un orden cronológico porque había un inicio y un final bien definidos. A partir de ahí, fue cuestión de definir cuáles momentos de la carrera de Luigi había que privilegiar. Inicialmente, la parte dedicada a las dos películas de horror gore que hizo a finales de los años ochenta, Paganini Horror y The Black Cat, era mayor, pero me di cuenta de que ambos eran proyectos bastante impersonales por parte de Cozzi, quien los había hecho únicamente para seguir trabajando, pero con los que no tenía gran afinidad. Por eso reduje el tiempo de esa parte. En el sentido contrario, quería haber contado más sobre las aventuras televisivas de Luigi en la serie Turno di notte, puesto que dirigió algunos episodios completamente locos homenajeando el cine de género, pero el material era muy oscuro y yo no quería cortar el ritmo del documental dedicándole un espacio muy grande, porque habría sido en la parte final de la película, cuando el interés del espectador por lo general está pendiendo de un hilo. Entonces disminuimos esta parte también, incluso por tratarse de televisión y no de cine. Y casi suprimí totalmente la parte sobre Nosferatu en Venecia, pues tampoco es exclusivamente una película de Luigi, pero la historia era demasiado buena para ser cortada.

En resumidas cuentas, aunque tenga sus defectos, creo que FantastiCozzi ilustra bastante bien los momentos clave de la carrera del realizador, los cuales tuvieron el debido tiempo y espacio en el documental: el inicio, la asociación con Dario Argento, su única y auténtica película de ciencia ficción, su fase trabajando para la mítica Cannon Films y su decadencia junto con el cine italiano de género en general. Un amigo dijo que la parte sobre Dario Argento y la filmación de Cuatro moscas sobre terciopelo gris, que Cozzi escribió con Argento, era muy larga. Pero para mí parece obvio que si no fuera por esta película, y por la amistad con Dario, Luigi jamás habría llegado tan lejos en el mercado cinematográfico de la época, por lo que era importantísimo prestar la debida atención a este capítulo de la historia. Siendo sincero, solo me arrepiento de haber eliminado completamente la parte sobre el papel de Cozzi en la producción de Simbad, el rey de los mares, pero era una historia muy larga y complicada para ser abordada en poco tiempo, y como eso vendría después de las películas de horror también me pareció que frenaba el ritmo de la película. Sobre todo me arrepiento de no haber al menos citado la producción de Simbad, porque ahora algunos “expertos” dicen que el documental no está completo porque he olvidado esta película.

Luigi Cozzi y Felipe M. Guerra en la tienda Profondo Rosso, en Italia, en 2009

Luigi Cozzi y Felipe M. Guerra en la tienda Profondo Rosso en 2009.

En todo momento es el propio Cozzi quien repasa su trayectoria en primera persona. ¿Llegaste a plantearte en algún momento contar con otros testimonios de gente cercana a tu protagonista o especialistas que sirvieran para confrontar y/o complementar las declaraciones de tu protagonista?

Cuando filmamos las entrevistas, la idea era que Luigi fuese la única voz de la película. En los años siguientes, a medida que analizaba el material, surgió la idea de intentar contactar a otras personas ligadas a la carrera de Cozzi para complementar el documental. Obviamente, nosotros no teníamos dinero ni condiciones de filmar entrevistas internacionales, así que intentamos hacerlo de la manera más barata posible. Dario Argento sería el nombre más fácil de entrevistar, pues él es amigo del homenajeado y el propio Luigi podría grabar su testimonio sin ningún problema. Pero cuando intenté entrar en contacto con los agentes de Caroline Munro y Lou Ferrigno para intentar conseguir un testimonio sobre Star Crash y los dos Hércules, respectivamente, aunque fuera a través de Skype o por teléfono, ellos nunca respondieron a mis e-mails.

Creo que esto ocurrió por el hecho de citar que no había dinero. Sin su participación, decidí también abortar el testimonio de Argento y dejar solo a Luigi comandando el show, como estaba inicialmente programado. Lo más divertido es que cuando FantastiCozzi finalmente ha visto la luz ha coincidido en grandes festivales con otros documentales sobre directores hablando sobre sus propias obras, como DePalma, de Noah Baumbach y Jake Paltrow, o David Lynch: The Art Life, de Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm. Ambos tienen la misma estructura de mi documental: muestran a un director hablando de su carrera ante un escenario neutral, y en estas películas DePalma y Lynch también son los únicos entrevistados y las únicas voces escuchadas durante toda la película, y ningún crítico se quejó. Y Cozzi tiene historias mucho más divertidas, pero aun así siempre hay alguien criticando el hecho de que FantastiCozzi solo tenga a Luigi como entrevistado y nadie más.

No obstante, pese a lo comentado, FantastiCozzi dista mucho de ser el típico documental de “busto parlante”, sino que su metraje está enriquecido por una nutrida selección de imágenes de archivo, inéditas en muchos casos. ¿Cómo enfocaste el apartado visual del film?

Me siento muy feliz de que la película haya huido de ser solo una persona hablando todo el tiempo, porque este era mi gran miedo en la fase de edición, ya que a mí tampoco me gustan estas películas con “cabezas hablantes”. A propósito, esta fue una parte muy interesante del proceso de montaje del documental: como hoy es muy difícil saber quiénes son exactamente los poseedores de los derechos de muchas de estas películas italianas de los años setenta y ochenta, principalmente con producciones como Star Crash, la idea original era no utilizar imágenes de las películas para evitar posibles problemas con los derechos de autor, ilustrando los testimonios solo con lobby cards y posters de cada película, o bien imágenes del rodaje, porque Luigi también tiene una fantástica colección de fotos de archivo de todos sus trabajos. Pero entonces el propio Cozzi me aseguró que liberaba el uso de escenas de sus películas y que no tendría problema con eso. Como yo sabía que el documental no tendría un alcance tan amplio para que los verdaderos “dueños” de las películas algún día quisieran cobrar cualquier dinero por eso, me imaginé que valía la pena arriesgar y usar las escenas. Fue una decisión acertada, porque estos extractos de películas dejan algunos pasajes mucho más divertidos.

Felipe y Luigi posan juntos durante el Fantaspoa 2010.

Felipe y Luigi posan juntos durante el Fantaspoa 2010.

Dentro de este apartado, me ha gustado mucho la comparación que efectúas entre imágenes de Star Crash y la primera entrega de Star Wars para señalar sus parecidos…

Muy bien recordado: este fue el momento que me dio más miedo de mantener en la película, porque temía que el uso de las imágenes de Star Wars pudiera generar alguna complicación. Pero decicí mantenerlo por tres motivos. Primero, porque quedó muy gracioso. En segundo lugar, porque un proceso judicial proveniente de George Lucas o de Disney daría mucha repercusión a FantastiCozzi, y tercero porque, poco antes, el documental Room 237 puso en discusión toda esa idea del uso de imágenes de otras películas por fair use. Para quien no lo recuerde, en este documental el director Rodney Ascher usó innumerables escenas de El resplandor, de Stanley Kubrick, para ilustrar los testimonios de sus entrevistados, y sin pagar por ello un solo centavo a Warner Bros., alegando fair use del material. Y este documental pasó por numerosos festivales sin ningún problema judicial, además de estar disponible en DVD e incluso en Netflix. Entonces pensé que, si Ascher consiguió hacer un largometraje entero con imágenes ajenas, yo podría usar dos minutos de escenas de Star Wars en una película independiente, hecha por pasión y sin fines de lucro, sin que me saliera mal. Y, bueno, hasta el momento no he recibido ninguna llamada de los abogados de LucasFilm o de Disney…

Otro de los aspectos que llaman la atención de FantastiCozzi son las numerosas revelaciones que efectúa a lo largo de su metraje, caso de la relación de Sergio Leone con Contaminación: Alien invade la Tierra o el que Luigi Cozzi fuera barajado en un principio como director del proyecto que acabaría convirtiéndose en Lifeforce, fuerza vital de Tobe Hooper. ¿Conocías estos datos de antemano?

Sí, yo sabía muchas de estas historias porque venía “conversando” por correo electrónico con Luigi desde hace años y ya había hecho una larga entrevista por e-mail con él para una web sobre cine fantástico brasileña, Boca do Inferno, en torno a 2007 o 2008. En las varias horas de entrevistas para el documental surgieron historias aún mejores que yo no conocía, como el hecho de que Paganini Horror nació como una biografía del violinista italiano Niccolò Paganini, en la línea de Amadeus, y que iba a ser protagonizada por el galán francés Christophe Lambert poco después de Greystoke, antes de que el proyecto se convirtiera absurdamente en una película de terror gore sin pies ni cabeza. Esta anécdota fue cortada de la versión final del documental, desafortunadamente, así como otra relación entre Sergio Leone y Contaminación: el editor de la película de Luigi fue el mismo editor de las películas de Leone, Nino Baragli. En realidad he cortado tantas historias buenas que podría incluso hacer un FantastiCozzi 2; el primer corte bruto del documental, cuando separé todo el material interesante antes de empezar a refinar la montaje, tenía dos horas y cuarenta y cinco minutos.

Luigi Cozzi y Felipe M. Guerra en la premiere de FantastiCozzi en el Fantaspoa 2016

Luigi Cozzi y Felipe M. Guerra en la premiere de “FantastiCozzi” en el Fantaspoa 2016.

Durante los seis años que te ha llevado la realización de FantastiCozzi, desde que iniciaras el rodaje en 2011, Cozzi ha vuelto a ponerse detrás de las cámaras tras casi tres décadas de ausencia con Blood on Méliès’ Moon. ¿Influyó de algún modo en el enfoque que pudiera tener del documental hasta ese momento?

Como dije anteriormente, probablemente estaría todavía editando FantastiCozzi sin prisa si Luigi no hubiera dirigido esta nueva película, porque en realidad la premiere de Blood on Méliès’ Moon acabó definiendo también el estreno del documental: resolvimos finalizar FantastiCozzi para hacer una sesión doble con Blood on Méliès’ Moon y aprovechar así la presencia del director en el Fantaspoa de 2016. Además, el retorno triunfal de Luigi casi treinta años después de su último largometraje para cine era una excusa más que suficiente para terminar un documental sobre su carrera. Solo me arrepiento de no haber acompañado el proceso de filmación de la nueva película más de cerca, ya que podría haber usado parte de este material en el documental para abordar cómo el proceso de hacer cine ha cambiado desde los años de gloria del cine italiano hasta hoy. Finalmente, y eso no deja de ser de alguna manera irónico, Cozzi rodó su última película de la misma manera que nosotros, sus fans autodidactas de la era del VHS: entre amigos, con una cámara digital, sin presupuesto y con bastante improvisación. ¡Y eso es fantástico!

Junto con su nueva película, FantastiCozzi ha coincidido en el tiempo con la reivindicación que de un tiempo a esta parte se viene produciendo en todo el mundo sobre la obra de Cozzi. ¿Piensas que al fin se le comienza a reconocer como merece?

Creo que sí, y eso es muy bueno. Cozzi siempre estuvo en los márgenes del cine de género italiano, nunca fue considerado uno de los “maestros” como Argento o Fulci. Pero al mismo tempo hizo films muy divertidos y trabajó en prácticamente todos los géneros, desde la aventura mitológica a la comedia erótica, desde el romance lacrimógeno a la ciencia ficción experimental. Si Cozzi hubiese tenido mejores oportunidades y presupuestos, probablemente habría hecho más películas, y mucho más grandes y mejores. Por otra parte, es increíble la cantidad de proyectos abortados que tiene, desde una modernización de Frankenstein ambientada en la Alemania nazi, escrita junto con Dario Argento, hasta una aventura espacial llamada Star Raiders, que jamás se podría producir con los presupuestos que Cozzi tenía a su disposición en la época. Cuando grabamos FantastiCozzi, Luigi era apenas recordado como el sujeto bonachón al que entrevistaban siempre que se necesitaba algún testimonio sobre el cine de género italiano. Pero poco a poco esto fue cambiando, principalmente gracias a Quentin Tarantino, que en una entrevista habló muy bien de Contamination e hizo que muchos jóvenes buscaran la obra de Luigi. Recientemente, también circuló un artículo titulado “Razones por las que Star Crash es mejor que Star Wars“, certificando que Cozzi y su obra están siendo gradualmente redescubiertas y reevaluadas por una nueva generación de espectadores.

Luigi Cozzi presenta FantastiCozzi en el Festival de Sitges en 2016

Luigi Cozzi presentando “FantastiCozzi” en el Festival de Sitges de 2016.

FantastiCozzi fue presentado el pasado 2016 en Fantaspoa, tras lo que ha recorrido un buen número de festivales de todo el mundo. ¿Cómo ha sido acogido por el público?

FantastiCozzi es mi película que ha visitado más países, diez hasta el momento, y también es mi película con un mayor número de reviews en otros idiomas, principalmente en español. Y yo ni siquiera sabía que el cine de Luigi Cozzi era tan apreciado en España, aunque el documental fuera exhibido en cuatro festivales del país, incluyendo Sitges. La respuesta del público es muy buena, y me doy cuenta de que incluso las personas que no conocen tan bien la obra de Luigi se divierten con la película a causa de las historias absurdas de la vida del director. Uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue ver un post de Cozzi en Facebook hablando que el documental fue ovacionado por el público en la exhibición en Sitges, a la que desafortunadamente no pude asistir. Es irónico que los dos países donde el documental pasó prácticamente desapercibido fueran Brasil, el país productor de la película, e Italia, el país natal del homenajeado. He enviado FantastiCozzi a diversos festivales de Italia, desde Trieste, que es un evento especializado en ciencia ficción –y por ello el lugar más adecuado para un documental sobre un artista italiano apasionado por este género– hasta Ravenna Nightmare, y nadie quiso exhibirlo.

Dejando un lado su paso por el circuito de festivales, ¿qué recorrido va a tener el documental? ¿Tienes planes de comercializarlo?

FantastiCozzi está terminando el circuito de festivales y no tengo muchas esperanzas de comercializarlo, porque desafortunadamente la producción no es tan profesional como debería ser para entrar en el catálogo de Netflix, por ejemplo. Al mismo tiempo, el DVD es un soporte medio muerto aquí en Brasil y no veo mucho futuro a lanzarlo en este formato. El propio Cozzi pretende incluir el documental como extra en el futuro blu-ray de Blood on Méliès’ Moon, que debe salir hacia finales de este año, y me imagino que ésta será la única manera para tener FantastiCozzi en la colección. Pero si alguna empresa especializada en Blu-rays de coleccionista quiere incluir el documental en una nueva edición de alguno de los clásicos de Luigi, solo tiene que ponerse en contacto conmigo.

Luigi y Felipe se abrazan durante la premiere de "FantastiCozzi" en el Fantaspoa 2016.

Luigi y Felipe se abrazan durante la premiere de “FantastiCozzi” en el Fantaspoa 2016.

Mirando al futuro, me has comentado que te encuentras realizando un documental sobre otro nombre emblemático del cine de género italiano, Ruggero Deodato. ¿Qué puedes adelantar de este proyecto y en qué fase se encuentra en estos momentos?

Exacto. Mi próximo proyecto, siguiendo la misma línea de FantastiCozzi pero hecho de manera relativamente más profesional, es Deodato Holocaust, un largometraje dedicado a la carrera y las polémicas del famoso director italiano de Holocausto caníbal. A pesar de tener una personalidad mucho más seria y polémica que Cozzi, Deodato también cuenta con una cantidad increíble de grandes historias: él fue ayudante de dirección de Roberto Rosselini, participó en el equipo de Django, asumió una producción que debería haber sido dirigida por Wes Craven (Cut and Run), y por ahí va. También tiene opiniones muy fuertes y polémicas sobre temas como la violencia en el cine, así que me imagino que este nuevo documental tiene un interés mucho más amplio que solo el de los fans del propio Deodato. Si todo va bien, el montaje de esta película llevará menos tiempo que FantastiCozzi y la lanzaremos en 2018.

Si quieres añadir algo más…

Me gustaría añadir que tanto FantastiCozzi como mi nueva película, Deodato Holocaust, son menos documentales “profesionales” y más producciones hechas por un fan para fans. Una de las críticas de FantastiCozzi decía que parecía un buen extra de DVD, y no una película, lo que no me parece mala cosa, considerando que las grandes compañías que lanzan producciones de género en DVD y Blu-ray están contratando cada vez más a personas que no conocen las películas y los realizadores para producir los extras para sus ediciones; a algunos ni siquiera les gusta el material. Yo crecí viendo las películas de todos estos grandes directores y hoy lamento que no existan, por ejemplo, documentales al estilo de FantastiCozzi sobre Lucio Fulci o Bruno Mattei o, pasando a España, sobre Jesús Franco, Juan Piquer Simón, Carlos Aured, Amando de Ossorio o tantos otros. Yo sugiero que otros fans hagan lo mismo que yo y aborden sus ídolos para hacer sus propios documentales al estilo de FantastiCozzi. No importa si usted no tiene dinero o si su cámara es mala, ya que el documental sobre Luigi fue filmado en mini-DV, y si fuera hoy filmaría hasta con un smartphone si fuese necesario. Lo principal, creo, es registrar todas estas increíbles historias de personas increíbles que hicieron películas increíbles y que poco a poco están desapareciendo sin el debido reconocimiento, y sin ser escuchadas y grabadas.

El año pasado filmé un cortometraje aquí en Brasil protagonizado por el actor español Antonio Mayans, que hizo más de ciento cincuenta películas y que es conocido por haber trabajado con Jess Franco, pero que también fue dirigido por Anthony Mann y Samuel Fuller, entre otros. Nos quedamos hasta temprano hablando sobre estas películas y me contó una larga historia sobre cómo la escena monumental que debía filmar en El Cid, el épico dirigido por Anthony Mann con Charlton Heston, se redujo a una mera participación de pocos segundos. Mayans también tiene historias increíbles sobre Jess Franco y está ahí en España, al alcance de ustedes, implorando para convertirse en tema de documental. Así que hago un llamamiento principalmente a ustedes, fans y aspirantes a cineastas que viven en el mismo país y continente con tantos veteranos del cine de género: que salgan con sus cámaras y el poco dinero que tienen a su disposición y hagan sus propios FantastiCozzi con todos estos maestros antes de que dejen definitivamente el escenario sin ser escuchados.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on noviembre 2, 2017 at 5:50 am  Dejar un comentario  

Blood on Méliès’ Moon

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Título original: Blood on Méliès’ Moon (La porta sui mondi)

Año: 2016 (Italia)

Director: Luigi Cozzi

Productora: Maria Letizia Sercia

Guionista: Luigi Cozzi con la colaboración de Giulio Leoni, sobre un argumento de Luigi Cozzi, Alexandre Jousse, Giulio Leoni

Fotografía: Francesca Paolucci, Andrea Pieroni, Frank Guerin

Música: Simone Martino, con música adicional de Egisto Macchi, Trigemino, Morbo, Corpsesfucking Art, Mauro Viscardi, Maria Letizia Sercia, Davide Marchetti

Intérpretes: Luigi Cozzi, Philippe Beun-Garbe, Alessia Patregnani, Sharon Alessandri, Brahim Amadouche’, Federico Cerini, Riccarda Leoni, Barbara Magnolfi, Alessandra Maravia, Maria Cristina Mastrangeli, Chiara Pavoni, Luigi Schettini, David “Zed” Traylor, Dario Argento, Lamberto Bava, Giuseppe Cordivani, Sebastiano Fusco, Fabio Giovannini, Manlio Gomarasca, Luigi Pastore, Mina Presicci, Angela Sercia, Maria Letizia Sercia, Jacques Sirgent, Antonio Tentori, Paolo Zelati…

Sinopsis: Francia, 1890. El inventor Louis Le Prince, después de patentar una máquina para fotografiar imágenes en movimiento y proyectarlas, desaparece en extrañas circunstancias, sin que se vuelva a saber nada ni de él ni de su invento. Cinco años más tarde, los hermanos Lumière patentan una máquina muy similar a la de Le Prince llamada “Cinematógrafo”. Desde ese momento, 1895 es universalmente considerada la fecha oficial del nacimiento del cine. Sin embargo, sigue siendo un misterio qué pasó con Louis Le Prince y su invención. Este misterio seguía sin resolverse hasta que, de repente, en la Roma de 2016 se abre “La puerta a los mundos” y, con él, un universo paralelo donde se encuentra la respuesta a este enigma.

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“El cine es la fábrica de los sueños, ¿o son los sueños la fábrica del cine?” Con esta significativa pregunta se inicia Blood on Méliès’ Moon, el retorno al largometraje de ficción de uno de los directores más emblemáticos del cine fantástico y de terror producido en Italia durante las décadas de los setenta y ochenta: Luigi Cozzi. Más de veinticinco años después de la que fuera su anterior película, Il gatto nero, el cineasta natural de Busto Arsizio regresa al formato con un (auto)irónico y complejo artefacto de metaficción, rico en lecturas y matices, con el que brinda el que se antoja uno de sus más estimulantes trabajos y, sin duda, el más personal de todos ellos, como ejemplifica el que sea él mismo en primera persona quien detente el protagonismo de la historia o que firme su autoría con su nombre real y no con su habitual seudónimo anglosajón de Lewis Coates.

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Un planteamiento que, ni qué decir tiene, a buen seguro descolocará a todos aquellos que esperen encontrar en la cinta una de esas exploitations a las que parece estar asociada la figura de su responsable entre ciertos círculos de aficionados. Por el contrario, su tono experimental y aires autorales la emparentan con la que fuera su ópera prima, Il tunnel sotto il mondo, adaptación de un relato del escritor estadounidense especializado en ciencia ficción Frederick Pohl. Y, sin embargo, su contenido no deja de ser una prolongación consecuente de los rasgos que han definido el cine del italiano a lo largo de su filmografía.

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La absoluta libertad disfrutada por Cozzi a la hora de dar forma al film, rodado entre amigos a lo largo de un periodo de tres años y contando con un presupuesto aproximado de cinco mil euros pagados de su propio bolsillo, se percibe a lo largo de un metraje concebido como un auténtico compendio y resumen de su persona y su obra, por el que pasean referentes, filias y obsesiones. Su pasión por la literatura fantástica, su faceta de historiador cinematográfico, su querencia por los efectos especiales de estética kitsch, el giallo, la ciencia ficción y toneladas de cinefilia conviven con rara armonía a través de una trama que combina la historia real de Louis Le Prince[1], con la invocación de mundos paralelos que amenazan con destruir nuestro planeta.

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La elección de la figura de Le Prince, junto al título escogido, recuperado de un viejo proyecto de su director para la Cannon, ponen de relieve la carga cinéfila que anida en un film que aglutina un sinfín de referencias y menciones, tanto propias como ajenas. Sin ir más lejos, ahí está el cameo de Antonio Tentori, en el que la cabeza del escritor y guionista es atravesada por un cuchillo tras recoger del suelo un muñeco del pato Donald, en lo que puede interpretarse como un homenaje al cine de Lucio Fulci, para el que Tentori escribió los que a las postres serían los dos últimos films dirigidos por el denominado padrino del gore, Demonia y Un gatto nel cervello; o aquel otro en el que Cozzi acude a casa de Lamberto Bava con la intención de buscar en la biblioteca del padre de este, el mítico Mario, una respuesta que le permita resolver el misterio al que se enfrenta.

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Las dos señaladas muestras exponen de forma clara y diáfana el modo en el que el cineasta italiano no se conforma con la inclusión de la cita al uso, sino que interactúa con ella para dotarla de un mayor significado, convirtiendo su presencia en parte integrante e indisoluble del discurso de la película. Quizás la muestra más significativa a este respecto se encuentre en la escena en la que el rol interpretado por Barbara Magnolfi, quien diera vida al personaje de Olga en Suspiria, es asesinada en el “Museo degli Orrori di Dario Argento” por el maniquí revivido del matarife de Seis mujeres para el asesino. Momentos antes, Barbara ha escrito con pintalabios en uno de los espejos colgados en el museo situado en los sótanos de Profondo Rosso, la especializada tienda que Cozzi y Argento poseen en Roma, la frase “Las imágenes te miran”. El detalle no es baladí, ya que con ellas Cozzi expresa su pensamiento de que el cine, las películas y, por tanto, las imágenes que en ellas se albergan, son algo muy vivo, que habitan en una “realidad onírica, fantasmagórica, fantasmática”, como asevera en un momento determinado uno de los personajes principales, el profesor Pierpoljakos, capaces de ejercer influencia sobre nosotros, como deja entrever el referido Pierpoljakos al inquirir a Cozzi el motivo por el que utilizó, precisamente, planos de lava fluyendo extraídos de Cuando los mundos chocan de George Pal para dar forma a su versión de Hércules, planteándole la duda de si fue él quien escogió las imágenes o fueron ellas las que le escogieron a él.

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La idea del cine como un ente vivo que puebla en otra dimensión paralela es visualizada durante el fantástico viaje que Cozzi realiza de Roma a París, en el que atraviesa el fantasioso “universo creado por George Méliès”, en palabras de su protagonista, donde se cruza con el cohete de De la Tierra a la Luna, las naves extraterrestres de La guerra de los mundos -ambas según las versiones cinematográficas dirigidas por Byron Haskin- o la estación circulatoria de 2001: Odisea en el espacio, entre otros ingenios espaciales surgidos del celuloide. Un periplo que se cierra tras que el cineasta descubra con evidente asombro a Stella Star, la protagonista a la que prestara su exuberante físico Caroline Munro en la que quizás sea la película más popular de Cozzi, Star Crash, choque de galaxias, en un instante que emana una magia y ternura de lo más especial.

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Y es que, como puede verse, Blood on Méliès’ Moon es, ante todo y sobre todo, un homenaje al cine[2], pero también un canto al poder de fascinación de lo fantástico y la fantasía. “Se pueden hacer cosas extraordinarias con un libro, hasta salvar el mundo”, dice el profesor Pierpoljakos momentos antes de recitar un hechizo que convierte a la vieja novela de ciencia ficción escrita en francés que sirve de mcguffin a la historia en el cohete del Viaje a la Luna de Méliès, en lo que puede verse como una crítica al cine fantástico actual, en el que lo único que parece primar es la aparatosidad de sus imágenes por encima de la imaginación.

Por otra parte, tampoco puede pasarse por alto el hecho de que el tal profesor Pierpoljakos, cuya ayuda resultará primordial para la resolución de la investigación llevada a cabo por Cozzi, se revele en los minutos finales como un centenario alquimista, tanto por su significado como por los jugosos paralelismos que arroja con su compañero de correrías. Al fin y al cabo, ambos practican oficios de naturaleza artesanal, en los que, partiendo de principios científicos, son capaces de lograr prodigios propios de magos, ya sea la consecución de la piedra filosofal y, con ella, el secreto de la vida eterna, o capturar imágenes en movimiento y conservarlas en el tiempo, brindando la posibilidad de que por unos instantes personas que han fallecido décadas atrás vuelvan a cobrar vida en la pantalla. Claro que también el imposible propósito de la alquimia de conseguir fabricar oro empleando materiales pesados puede verse como una equiparación con la que Cozzi reconoce la no menos probable empresa de equipararse con grandes superproducciones estadounidenses partiendo de presupuestos paupérrimos en las que se viera inmerso en no pocas ocasiones a lo largo de su trayectoria.

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Ahora bien, a pesar del innegable grado de reivindicación que en mayor o menor medida subyace en la película, Cozzi se cuida mucho de caer en la autosuficiencia o de mostrarse como un genio incomprendido. Por el contrario, toda la narración se desarrolla bajo un simpático tono ligero mediante el que el italiano no duda en caricaturizarse a sí mismo, haciendo gala de una apreciable vis cómica. Para ello viste complementos ridículos en forma de sombreros y pajaritas, se enfunda en pijamas con motivos infantiles o aparece ataviado con grotescos disfraces de monstruos. Incluso, en un momento totalmente auto-paródico, se atreve a interpretar en la última secuencia una canción que acompaña a los créditos finales luciendo una peluca de rasta. Mención aparte merece, no obstante, la que se erige en una de las secuencias más conseguidas del conjunto, en parte por su corrosiva carga irónica, en la que, tras soñar con el supuesto tráiler de la secuela de Bride of the Monster en la que se le acredita como director, al que sigue un video de un crítico youtuber diciendo lo mal director que es, nuestro hombre despierta sobresaltado ante la idea de ser considerado el “Ed Wood italiano”, para terminar ilusionándose con la posibilidad de que, de ser así, Tim Burton ruede una película sobre su vida, al igual que hizo con la del Ed Wood auténtico, y le convierta de este modo en famoso.

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A tenor de lo expuesto, queda claro que Blood on Méliès’ Moon no es un film para todo los gustos, sino que se trata de una propuesta dirigida a un público muy concreto. Aquellos no familiarizados con el cine fantástico italiano en general y la obra de Luigi Cozzi en particular solo verán en ella una película con una factura que roza lo casero y una duración a todas luces exagerada, con sus casi dos horas de metraje, a lo que tampoco ayuda un desarrollo que en no pocas ocasiones da la sensación de estar improvisado sobre la marcha.

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Defectos innegables, en cualquiera de los casos, pero que a ojos cómplices son compensados por la valentía y la sinceridad de una obra realizada desde la más absoluta modestia y sin más ambición que las de lograr una película ajena a convencionalismos, que en última instancia sirve para refrendar lo que algunos ya sabíamos: el que, tras su fachada de realizador artesanal, Luigi Cozzi esconde un autor en la acepción cahierista del término, con una personalidad y una forma de entender el cine muy marcada, tal y como ha venido demostrando en todos y cada uno de los títulos que componen su filmografía. Tan solo es cuestión de molestarse en comprobarlo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nacido en la ciudad francesa de Metz en 1842, Louis Le Prince desapareció misteriosamente sin dejar ni rastro en 1890 durante un viaje en tren, cuando se disponía a patentar el primer sistema para capturar y reproducir imágenes en movimiento, cinco años antes de que los hermanos Lumière inventaran oficialmente el cinematógrafo.

[2] En los créditos finales se indica que la película está dedicada a Georges Méliès y Louis Le Prince.

El demencial cine de Wakaliwood regresa a Madrid de la mano del festival CutreCon

The Wakaliwood Experience Vol 2

Tras arrasar en una de las sesiones más recordadas de la quinta edición de CutreCon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, Wakaliwood —así se conoce al cine de acción producido en un pequeño suburbio de Kampala, capital de Uganda—, regresa a Madrid con su proyecto más ambicioso, Bad Black. La sesión, titulada The Wakaliwood Experience Vol.2, tendrá lugar el próximo jueves 2 de noviembre a las 22 horas en el Cine de la Prensa de Madrid —Plaza de Callao, 4—, donde estará presente Alan Hofmanis, productor, coguionista y protagonista de la cinta.

Bad Black, la última película de la factoría Wakaliwood, llega a la capital después de su paso por Estados Unidos y, más recientemente, por el Festival de Sitges, donde fue uno de los títulos más celebrados y aplaudidos del certamen gracias a su acción disparatada, su dosis de humor gamberro y, en general, su absoluta desvergüenza.

Junto a Bad Black se mostrará material inédito como tráilers de las próximas películas de Wakaliwood y escenas de algunos de sus films más emblemáticos. Además, Alan Hofmanis, uno de los cerebros detrás de estas cintas, acudirá a la sesión con todo tipo de merchandising procedente de Wakaliwood, cuyos beneficios van a parar a la producción de futuros proyectos.

Las entradas para The Wakaliwood Experience Vol.2 se encuentran ya a la venta y pueden adquirirse en reservaentradas.com, Atrápalo y la taquilla del Cine de la Prensa al precio de 6 euros.

Published in: on octubre 30, 2017 at 9:54 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Josemi Beltrán, sobre la XXVIII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

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Mañana sábado 28 de octubre y hasta el próximo viernes 3 de noviembre, el Teatro Principal de la capital guipuzcoana volverá a convertirse en la sede central de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, que vivirá así su vigésimo octava edición. Un año más, durante una semana el certamen donostiarra aglutinará varias de las propuestas más interesantes de la última hornada de cine fantástico, junto a un completo calendario de actividades paralelas entre las que no faltarán ciclos retrospectivos, exposiciones y publicaciones.

Tal y como venimos haciendo en los últimos años, hemos vuelto a buscar el testimonio de Josemi Beltrán para comentar qué nos va a deparar esta nueva edición del certamen que él dirige.

Tras el listón tan alto dejado por la Semana del pasado año, en mi opinión una de las mejores de la historia, ¿cómo habéis afrontado desde la organización esta nueva edición del certamen?

Me alegro mucho de esa impresión vuestra. Teníamos claro que el año pasado era extraordinario, principalmente por la coincidencia y el “músculo” extraordinario que nos dio la celebración de la Capitalidad Cultural Europea, y que en 2017 volveríamos a un modelo similar a los anteriores. Lo hemos hecho, pero gracias, principalmente, al propio ayuntamiento y a otros colaboradores, sujetando más que dignamente en lo presupuestario, y en los contenidos estimulados por vernos capaces de hacer más también, de seguir experimentando…

En el éxito que tuvo la edición del año pasado tuvo que ver, y mucho, el convenio de patrocinio que alcanzasteis con la fundación nipona EU-Japan Fest. ¿Ha habido contactos para lograr un patrocinio semejante con alguna otra entidad de este tipo de cara a este 2017?

No solamente fue EU-Japan Fest, también la Japan Foundation de Madrid. Hay que decir que ambas entidades vuelven a colaborar con nosotros, tras la buena experiencia de 2016. Y gracias a ello contaremos con una noche temática japonesa, alguna película más y la visita de Yoshihiro Nishimura. Así que hicimos una buena “siembra” que permitirá en el futuro consolidar la presencia de Japón, espero, aunque no sea con unas dimensiones como las del pasado año.

El cartel de este año cuenta con el protagonismo de María José Cantudo. ¿De quién fue la idea y cómo se tomó ella la propuesta?

Junto al fotógrafo Pedro Usabiaga hablábamos de rendir un homenaje al fantaterror español, al cual él quería dedicar esa exposición “Mil gritos en la noche”. A la hora de elegir una figura de la época que pudiera ser representativa, no tuvimos dudas. Y la recepción de María José y de su manager fue estupenda, y han sido todo facilidades. Conocían el trabajo fotográfico de Pedro, los carteles que habíamos realizado en ediciones anteriores, y valoraron que quisiéramos hablar de esa parte de su carrera profesional.

El que María José Cantudo sea la imagen de esta edición se antoja también en sintonía con el ciclo retrospectivo de este año, “El ataque de las mujeres cineastas”, que como su nombre indica está dedicado a películas dirigidas por féminas. ¿Por qué os decantasteis por esta temática?

Es una cuestión que está en el aire en los últimos años, y no por casualidad, se han destacado algunas cineastas como Jennifer Kent, las hermanas Soska, Lucile Hadzihalilovic, Ana Lily Amirpour, Anna Biller… Otra cuestión es debatir si existe o no un punto de vista femenino diferente del terror… Yo creo que en el caso de más de una de ellas es evidente que sí hay intención autoral. Con el ciclo hemos querido rescatar algunas pelis en pantalla grande que no pasaron por nuestra Semana, y sumar también otras cintas más de los ochenta o noventa, donde también había realizadoras, aunque no fueran tan visibles (Mary Lambert, Kathryn Bigelow…).

Desgraciadamente, esta vez no habrá el tradicional libro monográfico, y ello a pesar de la recuperación de la colección de las publicaciones de la Semana el pasado año, tras varios años de ausencia…

Pues la cuestión de los libros sigue dependiendo de fondos “extraordinarios” o de colaboraciones especiales, y el año pasado los tuvimos gracias al evento japonés de capitalidad cultural. Este 2017 volvemos a la situación anterior, pero no dudéis que seguimos peleando por forjar alianzas y, cuando se pueda, volveremos a publicar. Sin olvidar que seguimos apostando por 2000 Maníacos y que este año editamos un estupendo número 50, con contenidos también muy potentes.

Siguiendo con el tema de las publicaciones, lo que sí proseguirá es vuestra apuesta por la “guerra de fanzines” que resucitasteis el año pasado. ¿Qué valoración haces de la respuesta que tuvo la iniciativa hace doce meses y cuál está siendo el nivel de participación para esta nueva edición?

La respuesta de este renacimiento en 2016 fue buena, cuatro grupos participantes, de los cuales se llevó el premio del público un equipo de chicas que además eran “novatas” totalmente en la Semana. Los contenidos eran bastante distintos e ingeniosos entre todos ellos. Para este 2017 de momento ya nos hemos superado con cinco grupos inscritos, si no aparece alguno más a última hora…

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Pasando a la Selección Oficial, lo cierto es que, al contrario de lo que venía ocurriendo en los últimos años, en esta ocasión parece que no os habéis decantado por títulos tan evidentes de la última cosecha genérica, sino que se percibe un intento por arriesgar y saliros un poco de la programación tipo que todos los festivales del género post-Sitges van a tener. ¿Me equivoco?

Hemos intentado una mezcla, como casi siempre; un equilibrio entre puro género y algo más abierto. Este año hemos tardado más tiempo en ver títulos “evidentes”, la cocina ha sido más lenta, pero finalmente, por ejemplo, tenemos casi todos los premios mayores de Sitges (seleccionados antes de que se conocieran). No pensamos en qué programan el resto de festivales, sino en nuestra propia identidad, en nuestro público…

Dentro de la selección efectuada, llama la atención la nutrida presencia de films españoles que, siguiendo con lo comentado, en su mayoría son de corte independiente, lejos pues de los Balaguerós, pieles frías y demás producciones punteras que cabría esperar en un principio…

Algunas de esas producciones “punteras” que mencionas se estrenan antes en la cartelera comercial, otras quizás no eran tan adecuadas para nuestro perfil de festival. Puntera es para nosotros Errementari, desde luego, la primera producción en euskera de fantasía y terror hecha con un alto nivel de profesionalidad, nivel estético e interpretativo. Y es un lujazo oportuno que sea nuestra inauguración, porque su director, Paul Urkijo, ya ha participado en años anteriores con sus cortometrajes en nuestros festivales. Completan el panorama estatal, Black Hollow Cage, ciencia ficción rodada en inglés en Cataluña con muy buen gusto visual, y la divertida comedia negra Matar a Dios, cuya estética es también muy fantástica.

No obstante, también se percibe la elección de títulos escogidos de forma premeditada para que den juego al siempre revoltoso público de la semana, como puede ser Los resucitados o, sobre todo, la ugandesa Bad Black, que a buen seguro marcará uno de los momentos álgidos de esta edición. ¿Qué me puedes contar de ellos?

Ambas participan fuera de concurso y ambas creo que tienen motivo para disfrutarse en nuestro Teatro Principal. Bad Black es un ejemplo de un cine disfrutón, popular, ese Wakaliwood que se hace en Uganda con homenajes a los géneros mainstream y que creemos merece ser conocido. Que el público la juzgue sabiendo en qué contexto se realice y que tengan acceso a esos “otros cines de género”.

En cuanto a Los resucitados es toda una odisea, que ya tuvo su avance de presentación en la Semana hace años, y era lógico presentar el resultado final. Una película realizada a lo largo de dos décadas, con presencias como Paul Naschy o Santiago Segura, y que sirve además de homenaje a ese fantaterror que es uno de nuestros leitmotivs del año.

Y de los títulos seleccionados, ¿cuáles son tus preferidos y cuáles los que consideras que van a funcionar mejor entre los espectadores?

Ya he destacado algunos, pero no me quiero olvidar de Hounds of Love, una película de psicópatas que tiene gran cine dentro, ni de The Endless, lo nuevo de Benson y Moorhead, que demuestran cada vez ser mejores realizadores. Housewife también es la nueva peli del director de Baskin, Can Evrenol, que vuelve a mundos muy lovecraftianos. El Kiyoshi Kurosawa, Before We Vanish, es una mirada muy inteligente y con humor al cine de extraterrestres. Y Mom and Dad, con Nicolas Cage, una comedia negrísima, y más incorrecta de lo que esperaba. Sin duda, esta última y la comercial Feliz día de tu muerte son de las más atractivas entre el público mayoritario, además de Errementari.

Como es habitual, varios de los films proyectados contarán con el respaldo sobre las tablas del Principal de algunos de sus responsables. ¿Qué personalidades van a visitar este año la Semana?

De momento contamos con gran parte del equipo de Errementari, encabezado por su director Paul Urkijo y los protagonistas Kandido Uranga y Uma Bracaglia. De Bad Black el productor y actor Alan Ssali Hofmanis, de Matar a Dios el codirector Caye Casas junto a los actores Itziar Castro y Emilio Gavira. También los directores Sadrac González-Perellón (Black Hollow Cage) y Arturo de Bobadilla (Los resucitados), así como el japonés Yoshihiro Nishimura. No quiero olvidarme de la protagonista de nuestro cartel, María José Cantudo, invitada muy especial, ni del estupendo jurado formado por Vinila Von Bismark, la youtuber Sara G y el guionista Diego San José. Puede haber más incorporaciones en el último momento, además de una gran presencia de cortometrajistas nacionales e internacionales.

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Pasando a las actividades paralelas previstas, un año más las exposiciones volverán a contar con un gran protagonismo. Ya hemos hablado de “Mil gritos en la noche”. ¿Qué nos puedes comentar del resto?

Cómic e ilustración son muy protagonistas. En “Ink of Drácula” integramos la visión de dieciséis autoras del vampiro más ilustre con la versión que Cels Piñol realizó en su “Fanhunter”. Dos de esas ilustradoras, Raquel Meyers y Ana Galvañ, visitarán el festival. Los paisajes fantásticos vascos de la adaptación de El guardián invisible vendrán de la mano del dibujante Ernest Sala, y también tendremos los populares “cabezones” paródicos de Enrique V. Vegas.

Por mi parte es todo. Si quieres añadir algo más…

Bueno, que cada uno encuentre su película o su momento especial, y que sea una nueva experiencia de esas que no se olvidan para todo fan del género, que además está en muy buen momento. Muchas gracias por vuestro apoyo.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

El festival CUTRECON sale de gira este Halloween con una sesión simultánea en Madrid, Barcelona y Santa Cruz de Tenerife

El festival CutreCon celebra el próximo 31 de octubre, con motivo de la noche de Halloween, una sesión simultánea en Madrid, Barcelona y Santa Cruz de Tenerife, en la que se proyectarán dos de las peores películas de terror de todos los tiempos: Vampire Raiders Ninja Queen, una mezcla de ninjas vergonzantes y vampiros saltarines, y Devil Dead, remake hindú de la mítica Posesión infernal —esta última solo en Barcelona y Santa Cruz de Tenerife—. Las sedes elegidas para cada una de las ciudades son el Cine de la Prensa de Madrid —Plaza de Callao, 4—, el Cinema Maldà de Barcelona —Carrer del Pi, 5—, y el Teatro Paraninfo de Santa Cruz de Tenerife —C/ Delgado Barreto, s/n.

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La sesión de Madrid, cuyo inicio está fijada a las 20 horas, contará con varias sorpresas durante la proyección y además se adelantarán los primeros detalles de la séptima edición de CutreCon, que se celebrará el próximo mes de enero. El precio de las entradas, ya a la venta, es de 5 euros por anticipado y 6 euros en taquilla.

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En Barcelona el programa doble comienza también a las 20horas y tendrá el sello CutreCon: trailers disparatados y cachondeo asegurado. Las entradas pueden adquirirse ya al precio de 8 euros.

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Por último, la sesión de Santa Cruz de Tenerife comienza a las 19:30 horas —horario insular—, y cuenta con la particularidad de que las entradas son dobles al precio de 5 euros, que ya están a la venta a través de este enlace.

Published in: on octubre 26, 2017 at 5:44 am  Dejar un comentario  

Cronenberg, Argento o Hooper protagonizan la tercera edición del Festival Phantasma

David Cronenberg, Dario Argento, Abel Ferrara, Wes Craven y Tobe Hooper, a quien se rendirá homenaje, son algunos de los directores más destacados de la tercera edición del festival de cine de terror Phantasma, que tendrá lugar del 2 al 5 de noviembre en el cine Phenomena de Barcelona y que acogerá más de veinte films de terror, desde grandes clásicos hasta preestrenos.

La programación de este año comenzará el jueves 2 de noviembre por la noche con la première de Tokyo Ghoul, adaptación del manga de Sui Ishida. El festival acogerá también la premiere de Jigsaw (Saw 8), octava entrega de una de las sagas más famosas del terror.

El director Tobe Hooper, fallecido el pasado verano, será uno de los protagonistas de la edición con la proyección de tres de sus films más conocidos: Lifeforce, La casa de los horrores y El misterio de Salem’s Lot. Otro director muy presente en la programación será David Cronenberg, de quién se podrá ver Scanners y Cromosoma 3, dos films cargados de impactantes imágenes con las que Cronenberg alterna ciencia-ficción y puro terror.

El siempre personal Abel Ferrara estará también presente por partida doble en esta edición con su versión de Secuestradores de cuerpos, con un toque más sangriento que sus antecesoras, y El asesino del taladro, uno de sus primeros largometrajes. Suspiria en 4K, de Dario Argento, es una de las sesiones imprescindibles del festival, que recuperará también el film de culto Henry. Retrato de un asesino y el rencuentro con Norman Bates en Psicosis II, una secuela escrita por el director Tom Holland, responsable de El muñeco diabólico.

Una de las sesiones más esperadas de cada año es la “All Night Grindhouse Maratón”, que en esta ocasión contará con asesinos en serie y seres demoníacos, entre otras perversas criaturas. La maratón estará formada por Sabe que estás sola, Elvira, Demons 2 y una película sorpresa.

La magia negra y el vudú se colarán en Phantasma con títulos como Los creyentes, de John Schlesinger, y La serpiente y el arco iris, de Wes Craven. El terror más clásico llegará con La novia del diablo, de Terence Fisher, y el programa doble Universal Monsters, formado por Frankenstein y el hombre lobo y El hombre invisible vuelve, donde se reunirán actores como Bela Lugosi, Vincent Price o Lon Chaney Jr.

Entradas y abonos ya a la venta en la web y taquillas del cine. Más información en: www.phenomena-experience.com

Published in: on octubre 25, 2017 at 5:46 am  Dejar un comentario