The Legend of the Werewolf [tv/vd: La leyenda del hombre lobo; vd: La leyenda de la bestia]

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Título original: The Legend of the Werewolf

Año: 1974 (Gran Bretaña)

Director: Freddie Francis

Productor: Kevin Francis

Guionista: John Elder [Anthony Hinds]

Fotografía: John Wilcox

Música: Harry Robinson [Harry Robertson]

Intérpretes: Peter Cushing (Doctor Paul Cataflanque), Ron Moody (guardián del zoo), Hugh Griffith (Pamponi), David Rintoul (Etoile, el hombre lobo), Lynn Dalby, David Bailie, Stefan Gryff, Renee Houston, Norman Mitchell, Mark Weavers, Marjorie Yates, Roy Castle, Elaine Baillie, John Harvey, Patrick Holt, Hilary Labow, Michael Ripper, Pamela Green

Sinopsis: Los lobos matan a una familia, pero crían al bebé que queda huérfano. Tras ser acogido por un circo itinerante, el muchacho, ya hombre, trabajará en el zoo de París, sintiendo una peculiar afinidad con los lobos encerrados en las jaulas. Y es que cuando sale la luna llena…

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Kevin Francis, hijo del gran director de fotografía y discreto realizador Freddie Francis (aunque algunas fuentes lo citan de forma errónea como su hermano) era un gran amante del cine de terror, por lo cual fundó la productora Tyburn para dar origen a esas películas que le interesaban. El éxito fue escaso, y sólo llegó a fabricar dos films, el presente y The Ghoul [tv: El resucitado; vd: Necrófago, 1974], con prácticamente el mismo equipo, constituido por personal procedente de la Hammer, así el productor/guionista Anthony Hinds/John Elder, el director de fotografía John Wilcox (que trabajó gran cantidad de veces con Freddie Francis, tanto en la Hammer como en la Amicus), el inconmensurable Peter Cushing…

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Elder ya había escrito el guion de La maldición del hombre lobo (Curse of the Werewolf, 1960), y para esta nueva aventura licantrópica se basó de forma notable en su previo trabajo, siendo, de hecho, más fiel a la narración de Guy Endore en la cual se cimentaba la obra maestra de Terence Fisher. Amén de desarrollar la trama en París, como en la novela, aplicó la misma estructura de fábula a la narración, además de inspirarse, sin duda, en la magnífica El pequeño salvaje (L’enfant sauvage, 1970), de François Truffaut -aunque el arranque casi parece una versión masculina de la novela de Paul Feval El jorobado (Le bossu, 1857), con el huérfano educado en un circo itinerante-.

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Moderado guionista con imprevistos brotes de algún bosquejo curioso, aquí Elder hace alarde, de nuevo, de esa irregular manifestación de su soplo creador, si bien prepondera, con todo, el acceso rutinario y la sensación de déjà vu en lo narrado. Cabe resaltar, como curiosidad, que el personaje que interpreta Peter Cushing, un médico forense, recuerda de forma extremada en sus actitudes y ademanes de genio a Sherlock Holmes -un decenio después, Kevin Francis volvió a reunir a similar equipo para el telefilm Masks of Death [tv: La máscara de la muerte/Sherlock Holmes y la máscara de la muerte; vd: Llamen a Sherlock Holmes/Máscara de terror, 1984], de Roy Ward Baker-, por lo cual uno aventuraría, de manera tímida, si el proyecto primitivo -que respondía al título Plague of the Werewolves– no sería una aventura del sabueso de Baker Street después transformada en lo que acontece.

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La realización de Francis se apoya en exceso en una escenificación rutinaria subrayada por medio del zoom, con un curioso elemento como suponen los planos subjetivos del hombre lobo con un virado en rojo; en esos momentos hay dos breves flashes de los ojos del licántropo, planos extraídos de la película de Fisher, con un reconocible Oliver Reed frunciendo el ceño. En consonancia con esto, el maquillaje de la criatura remite, una vez más, a la cinta referida, si bien con una pelambrera algo más escasa. El hombre lobo de esta película, en definitiva, aporta curiosas novedades: el niño nace en Nochebuena (sí, otra vez, como en La maldición del hombre lobo) y, tras matar los lobos a sus progenitores, será criado por los animales, en un símil de Rómulo y Remo. Llegada la madurez, la luna llena provocará su transformación, si bien aún conserva algo de raciocinio: se sirve de la red de alcantarillado de París para atacar y huir, ejecuta algunos de los crímenes empujado por los celos y, en los instantes finales, clamará ayuda verbalmente a Peter Cushing. Otro detalle de interés es su acceso de furia tras la ordenanza municipal de matar a todos los lobos de París, acto que él mismo habrá de acometer en el zoológico donde trabaja; comoquiera que la sociedad ha impuesto la matanza de lobos, en respuesta, él, que se siente lobo, replicará efectuando una matanza contra esa misma sociedad.

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El resultado es un film sin brizna de genio, pero un grato entretenimiento, una simpática entrega de serie B afianzada en un reparto de primera, una cinta, en suma, bastante mejor de lo que su mala fama haría creer. Con todo, sin la existencia de la película de Terence Fisher, esta jamás hubiera existido.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on mayo 10, 2017 at 6:45 am  Dejar un comentario  
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Kong: La Isla Calavera

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Título original: Kong: Skull Island

Año: 2017 (Estados Unidos)

Director: Jordan Vogt-Roberts

Productores: Alex Garcia, Jon Jashni, Mary Parent, Thomas Tull

Guionistas: Dan Gilroy, Max Borenstein, Derek Connolly, según argumento de John Gatins

Fotografía: Larry Fong

Música: Henry Jackman

Intérpretes: Tom Hiddleston (James Conrad), Samuel L. Jackson (Preston Packard), Brie Larson (Mason Weaver), John C. Reilly (Hank Marlow), John Goodman (Bill Randa), Corey Hawkins (Houston Brooks), John Ortiz (Victor Nieves), Tian Jing (San), Toby Kebbell (Jack Chapman / Kong [captura de movimientos]), Jason Mitchell (Mills), Shea Whigham (Cole), Thomas Mann (Slivko), Eugene Cordero (Reles), Marc Evan Jackson (Landsat Steve), Will Brittain (Marlow joven / Marlow hijo), Miyavi (Gunpei Ikari), Richard Jenkins (senator Willis), Terry Notary (Kong [captura de movimientos]), Allyn Rachel, Robert Taylor, James M. Connor, Thomas Middleditch, Brady Novak, Peter Karinen, Brian Sacca, Joshua Funk…

Sinopsis: Año 1973. Un equipo científico, apoyado por un destacamento militar recién evacuado de Vietnam, se traslada a la Isla Calavera para efectuar determinadas investigaciones. Pero cuando allí llegan se topan con una realidad descomunal…

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La presente película no tiene nada que ver con el King Kong de Peter Jackson, aunque en un inicio parece ser que pretendía ser una secuela, cuando los derechos pertenecían a Universal; pero al pasar el proyecto a Warner se replanteó el proyecto y se integró en un llamado MonsterVerse, iniciado con el Godzilla del 2014, y a las que seguirán Godzilla: King of Monsters (2019) y Godzilla vs. Kong (2020)[1]. Se dice, por cierto, que el diseño de Kong pretende, a modo de homenaje, ser una mezcla del de 1933 y del (feísimo) de King Kong contra Godzilla, pero, sinceramente, los primeros planos me parecían idénticos al de Jackson, aunque es posible que en sus andares recuerde a la creación de Willis O’Brien.

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De todas maneras, cuando aparece una película de las presentes características es inevitable realizar comparaciones. Técnicamente, por supuesto, es absurdo enfrentarla al mítico Kong de los años treinta, pues las cuestiones técnicas y de enfoque son muy distintas. Inevitable o no, la comparación más obvia es establecerla con la película de Peter Jackson que, recordemos, se anunció como una declaración de amor al film original de Schoedsack y Cooper, cuando, a mi juicio, representó más bien un insulto. Es decir, la película del neozelandés me supuso una decepción ante las expectativas que me despertó; este, sin embargo, tiene un enfoque claro desde el inicio, que cumple, y dentro de esos cánones me parece más honesto que el previo, y sus resultados me convencen más, aun con sus (muchos) defectos.

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Y es que parece inevitable que, a estas alturas, las películas de esta índole ofrezcan una mera sucesión de escenas de acción, suponiendo las demás una excusa, o un compromiso irreemplazable. Así, tenemos que soportar paseos por la jungla de los soldados, desarrollando unos diálogos de un cretinismo irritante. Claro que, hasta cierto punto, eso es comprensible cuando comprobamos que el film pretende ser una crítica al estamento militar, muy poco sutil, cierto es. Esa falta de sutileza se prolonga a las constantes referencias a Apocalypse Now, el film de Francis Ford Coppola (en cualquier momento esperaba que comenzara a sonar “La cabalgata de las valquirias”). Para hacer esa alusión a la película de Coppola tenemos diversas referencias visuales, así como dos personajes, el protagonista, llamado Conrad, igual que el autor de la novela que la inspira, El corazón de las tinieblas, como otro llamado Marlow, y que en diversos aspectos se parece al protagonista homólogo del libro.

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Justificación intelectual para cubrir una película de acción sencilla y directa, aunque dramáticamente hay algunas otras alusiones, como esa teoría de la Tierra hueca, aparecida en literatura en tiempos tan lejanos como 1741 con Iter svbterranevm novam telluris theoriam ac historiam qvintae monarchiae adtur nobis incognitae exhibens Bibliotheca B. Abelini, del barón Ludvig Holberg (1684-1754), y editado en Hafniae y Lipsiae (Copenhagen y Leipzig) por Jacobi Prevssii[2], y que hoy es solo carne de cañón para las teorías conspiranoicas de alucinados. En todo caso, representa un punto de partida de espíritu pulp, que entronca con narraciones como At the Earth’s Core (1914) de Edgar Rice Burroughs[3].

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Es una lástima que el director, Jordan Vogt-Roberts[4], tenga tan poco estilo, y no perdone uno solo de los tópicos visuales inherente al más pedorro cine de acción contemporáneo. La saturación de cámaras lentas, movimientos de cámara enfáticos, poses chulescas de los personajes, planos en silencio seguidos del esperado susto, rebosan el metraje, haciéndolo cansino, formulario y plano. Puede decirse que el inicio de la película es lo peor (salvo la pequeña escena de John Goodman en las dependencias estatales, que promete que va a derivar en algo interesante), formalizado por medio de esos personajes tan poco atractivos, los diálogos cretinos y el estilo narrativo tan adocenado. Pero, a partir de cierto momento, pese a lo mecánico del desarrollo, brota algo, y la cinta se hace simpática, convirtiéndose en una monster movie sencilla y, hasta cierto punto, efectiva. A ello ayuda una acción imparable, unos monstruos realmente atractivos, en su diseño y su consecución, y un look de estética similar a las aventuras aportada por la Toho y rodadas en esplendoroso fujicolor. Puede que sea poco, pero, dado el escaso nivel del cine de evasión actual, al menos tenemos un entretenimiento medianamente efectivo. Eso sí, una vez obviados todos los inconvenientes referidos.

Carlos Díaz Maroto

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[1] De momento, los guionistas integrados a ese proyecto son Lindsey Beer, Patrick McKay, T. S. Nowlin, John D. Payne, Terry Rossio, J. Michael Straczynski y Cat Vasko.

[2] Existe reciente edición en castellano: Viaje al mundo subterráneo; edición, traducción y notas, Carlos Castillo; Barcelona: Abraxas, 2002. Con anterioridad se publicó como Niels Klim descubre el fondo de la tierra; adaptación española por C.C.; Madrid: [s.n.], 1954 (Estades, imp.). Y añadamos una más reciente aún edición en catalán: El viatge a sota terra de Niels Klim; traducció del llatí de Vicenç Reglà; Martorell: Adesiara, 2011.

[3] Existen muchas ediciones en castellano, siendo la más reciente En el centro de la Tierra; traducción de Javier Jiménez Barco; Madrid: Costas de Carcosa, 2017. Colección Esmeralda; nº 1.

[4] Con anterioridad ha hecho diversas producciones televisivas, y dirigido el largometraje The King of Summer (2013), una comedia de superación adolescente.

49 Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES

Del 7 al 16 de octubre tuvo lugar la 49 edición del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES. Durante diez días la población costera barcelonesa vistió sus mejores galas para convertirse, un año más, en el epicentro mundial del cine fantástico, ofreciendo un perfecto escaparate en el que tomar el pulso a la última hornada de producción genérica gracias al centenar largo de títulos proyectados en sus cinco sedes y repartidos entre sus diferentes secciones. Ante la imposibilidad material de comentar todos los films proyectados, a continuación presentamos una selección representativa a través de la cual pretendemos ofrecer nuestra personal visión de lo que fue el certamen y de las realidades que en él se vivieron.

LAS GALARDONADAS

GRAVE –CRUDO- (Julia Ducournau, 2016)

Si a número de galardones se refiere, la gran triunfadora de esta 49 edición del festival de Sitges fue Grave, ópera prima en el formato largo de la cineasta Julia Ducournau. Para ella sería el Citizen Kane a la mejor dirección novel, además del premio del Jurat Carnet Jove y el Méliès d’Argent a la mejor película europea. Excesivos reconocimientos para un film que llegaba precedido por los supuestos desmayos registrados durante sus pases en Toronto y Cannes ante la dureza de sus imágenes, si bien lejos de lo que cabría esperar a tenor de estos antecedentes su nivel de grafismo resulta bastante limitado, pudiendo contarse con los dedos de una mano aquellas escenas con contenido gore.

En lo que a sus resultados se refiere, esta fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez y los radicales cambios sociales, biológicos y de todo tipo que acompañan a esta etapa de profundas transformaciones se ven lastrados por las mal asimiladas ínfulas autorales que se gasta la realización de Ducuornau, representada por la inclusión de esas teóricamente alegóricas imágenes de un caballo trotando que poco aportan a lo narrado. Lo mismo ocurre con su labor al frente de la escritura de un libreto en el que toda coherencia interna es sacrificada en pos de la articulación de su discurso. Entre los muchos ejemplos que se podrían citar a este respecto, nos pararemos en la revelación que le hace su padre a la protagonista en la escena final. ¿Es que esa familia nunca había ido a la playa, por poner un caso, como para que la aspirante a veterinaria no hubiera visto nunca desnudo el torso de su progenitor? Eso, por no hablar del reaccionario mensaje en contra del vegetarianismo que puede extraerse de su argumento, y en el que pocos parecen haber reparado, al presentar a sus practicantes como una panda de fundamentalistas que coartan sus verdaderos impulsos naturales.

TRAIN TO BUSAN (Yeon Sang-ho, 2016)

Ya es casi una tradición en los últimos años que la cinematografía surcoreana se lleve alguna recompensa en forma de premio en su paso por Sitges. Nada raro en vista del extraordinario nivel que atesora y que en esta edición quedó expuesto en tres exponentes tan diferentes entre sí a todos los niveles como El extraño (The Wailing), del ya galardonado en Sitges por su anterior The Chaser, Na Hong-jin, lo nuevo del responsable de Oldboy, Park Chan-wook, con la muy singular The Handmaiden y Train to Busan, con la que el hasta ahora cineasta especializado en cine de animación Yeon Sang-ho ha hecho su debut en el cine de imagen real. Las tres formarían parte del palmarés de Sitges 2016. The Handmaiden se llevó el siempre democrático premio del público, el galardón a la mejor fotografía recompensaría la labor de Hong Kyung-pyo en El extraño (The Wailing), ganadora también de la sección “Focus Asia”, mientras que Train to Busan se alzaría con los premios a los mejores efectos especiales y a la mejor dirección.

Fiel representante de la concepción de blockbuster de aquella industria, Train to Busan ofrece un apocalipsis zombi enclaustrado en el interior de un tren, brindando un trabajo que destaca por su rara capacidad para aunar tensión narrativa, reflexión humanista y un envidiable manejo de diferentes tonos y registros narrativos de tal modo que consigue que se pasen por alto su tendencia al sentimentalismo melodramático más pretendidamente lacrimógeno y un discurso un tanto reaccionario en favor de la familia, por otra parte típico del cine comercial surcoreano. En todo caso, el plato fuerte de la película son, por supuseto, las escenas de zombis. En este sentido, cabe referir que se trata de la modalidad de “infectados”, que muerden masivamente, pero no existe gore en las escenas, y lo que más se ve son los maquillajes aparatosos, con venas azuladas en el rostro y ojos de pescado muerto. Una vez se desata la primera actividad zombi en el tren, es un no parar hasta el final. La película dura casi dos horas, pero el viaje se hace rápido, la acción es trepidante y la cinta resulta sumamente divertida.

I AM NOT A SERIAL KILLER (Billy O’Brien, 2015)

Una de las más agradables sorpresas que nos dejó esta edición fue, sin duda, I Am Not A Serial Killer, premio a la mejor película dentro de la sección “Panorama Fantástic”. Buena parte de su mérito se halla sustanciado en la original aproximación a la figura del asesino en serie que realiza por medio del retrato de su protagonista, John, un joven sociópata diagnosticado que, aunque obsesionado por las andanzas de los serial killers, intenta no convertirse en uno de ellos. En su primera parte, la película se sumerge con rara habilidad en la psicología y lucha interna que libra el personaje, adoptando las formas de un drama adolescente presidido por un negrísimo sentido del humor, que evoluciona a algo completamente distinto una vez John se sitúe ante su propio espejo con la aparición de un asesino en serie en la pequeña comunidad en la que reside. A partir de este momento se inicia un particular juego del gato y el ratón ente sociópata y asesino, en el que no es difícil ver un reflejo de la atracción/repulsión que la figura de los asesinos en serie ejerce en la sociedad estadounidense, dentro de un discurso rico en contenidos.

Tomando como base la novela homónima de Dan Wells, el irlandés Billy O’Brien firma así el que es su mejor y más ambicioso trabajo, abandonando los esquemas del cine de género más convencional que había venido abonando hasta la fecha para abrazar el tono y la estética de cierto cine indie actual, apostando por un desarrollo sobrio y contenido que solo es roto durante el desenlace, por medio de un innecesario giro hacia lo fantástico, en el que se explicita aquello que quedaba mejor en el plano metafórico. A destacar el trabajo de sus dos protagonistas, Max Records como el sociópata protagonista y un inmenso Christopher Lloyd en su papel de inhumano asesino en serie octogenario.

PET (Carlos Torrens, 2016)

Cinco años después de dar el salto con Emergo, lapso de tiempo en el que ha dirigido varios cortos, entre los que se encuentra el extraordinario Sequence, Carles Torrens regresa al formato largo con Pet, una pieza de cámara desarrollada básicamente con unos pocos actores y dos localizaciones. Y aunque sus resultados no estén exentos de virtudes, singularizadas por la interpretación de su pareja protagonista, formada por Ksenia Solo y Dominic Monagham, recordado mayormente por su papel de Merry en la saga de El señor de los anillos, este thriller sobre relaciones enfermizas queda muy por debajo de lo que cabría esperar. Potencial, al menos, había para ello.

No se puede negar que Torrens se afana en proveer al conjunto de una factura formal a la altura de cualquier producción homónima hollywoodiense realizada con mayores medios. Pero, precisamente, ahí radica uno de los problemas: la pulcritud de una puesta en escena que contrasta con un argumento que, por sus propias características, pedía a gritos un tratamiento mucho más turbio en el plano visual. Por otra parte, tampoco se libra de caer en molestos subrayados que ponen en duda su confianza sobre sus capacidades narrativas (o en la inteligencia del espectador). Aunque quizás el aspecto más reprobable resida en el galardonado guion de Jeremy Slatter, responsable de los libretos de The Lazarus Effect o la última versión de Los 4 Fantásticos, en el que todo es confiado al impacto de sus efectivos giros, sin que parezca importar los muchos cabos sueltos e interrogantes que se acumulan por el camino. Una circunstancia que, dicho sea de paso, hace especialmente sorprendente la elección del jurado de nombrarle el mejor libreto de todas las participantes dentro de la Sección Oficial.

THE NEON DEMON (Nicolas Wanding Refn, 2016)

Por mucho que se alzara con el premio José Luis Guarner otorgado por el jurado de la crítica, The Neon Demon evidenció la preocupante deriva en la que se encuentra inmerso su director, Nicolas Wanding Refn, quien, por cierto, finalmente no pudo estar en Sitges como en un principio se había anunciado. Ambientada en el mundo de la moda, el cineasta danés confía todo el potencial de The Neon Demon en una estética en verdad preciosista que, no obstante, le asemeja a un anuncio de colonias antes que a una obra cinematográfica, como ejemplifica el modo en el que descuida sus aspectos puramente narrativos. Y no solo por lo inconexo de su argumento, quién sabe si en un intento de añadir una impostada densidad a una trama de lo más simple; es que lo que expone ya ha sido contado antes muchas veces y, además, de forma mucho más convincente. Para los interesados en el tema recomendamos el visionado de una película vista en el certamen hace un par de años y que, injustamente, pasó bastante desapercibida. Me refiero a la mucho más conseguida Starry Eyes, algo así como la otra cara de la moneda del film de director de Drive, cambiando el mundo de la moda por el de la industria cinematográfica.

IT STAINS THE SAND RED (Colin Miniham, 2016)

El premio de “Midnight X-Treme”, la sección dedicada a las propuestas más salvajes y gamberras y, ¿por qué no decirlo?, con un mayor espíritu de Serie B, fue a parar a It Stains the Sand Red, un título del que podemos decir que va de más a menos. Y es que la película del anteriormente integrante de los denominados The Vicious Brother, Colin Miniham, padece lo que podríamos denominar “el síndrome del corto alargado”. Partiendo de un planteamiento minimalista, Miniham consigue el difícil reto de despertar el interés del espectador gracias a su humor gamberro por las andanzas de una stripper perseguida por la inmensidad del desierto de Nevada por un zombi. Sin embargo, todo se viene abajo una vez toca desarrollar la narración más allá de esta premisa, y lo que hasta entonces era una propuesta valiente y arriesgada se acaba convirtiendo en un lacrimógeno melodrama con su protagonista transformada en una madre coraje que desemboca en un acto final que se antoja, literalmente, un pegote añadido procedente de otra película distinta.

YOUR NAME (Makoto Shinkai, 2016)

El premio a la mejor película de la especializada sección “Anima’t” fue para el nuevo trabajo de uno de los nombres propios del cine animado japonés actual, Makoto Shinkai, por el anime Your Name, declarada por muchos una obra maestra. Y si bien no será un servidor quien le niegue sus atributos, está lejos de tratarse de esa maravilla que los exagerados de siempre han corrido en declarar. Sus valores saltan a la vista, cierto. Su apartado visual es sencillamente apabullante, con mención especial para el magnífico uso de la luz y los colores que compone una fotografía que realza aún más la excelencia de su animación, reflejado en el detallismo del que hace gala su puesta en escena. Por otra parte, Shinaki da muestra de sus habilidades como narrador para, casi sin que nos demos cuenta, evolucionar de una forma orgánica su historia sobre intercambio de cuerpos desde la comedia amable en la que se enmarcan sus primeros compases hasta el drama y la tragedia, sin que en ningún momento los cambios de tono chirríen.

Pero aun siendo un título notable, frente a estas virtudes también se alzan un puñado de puntos negros. Evidenciando su lugar de procedencia, algunos de sus pasajes, significativamente los más relevantes, son desarrollados de una forma por momentos un tanto confusa, mientras que su tramo final está a todas luces dilatado en exceso, incluyendo varios finales que dan la sensación de ser un pegote añadido a lo anterior. Del mismo modo, sus responsables no logran disimular la comercialidad con la que está encarado el proyecto, patente en las numerosas canciones pop que trufan su metraje, sin olvidar lo que, en la opinión de quien esto escribe, se erige en su principal defecto: el tono sensiblero y azucarado bajo el que discurre la narración, y que provoca que algunos seamos incapaces de entrar en su propuesta.

Por cierto que en su metraje puede rastrearse las cicatrices dejadas en la sociedad nipona por el accidente de Fukushima, en especial la desconfianza ante la administración y las clases dirigentes, dentro de un conjunto que confronta la tradición propia del Japón rural con la modernidad del Japón urbanita, representados a través de cada uno de sus personajes principales. Una tendencia detectables en otros exponentes proyectados durante el certamen procedentes del país del Sol naciente, como ahora veremos.

THE GIRL WITH ALL THE GIFTS (Colm McCarthy, 2016)

Pese a ser una co-producción entre el Reino Unido y los Estados Unidos, la película tiene un sabor genuinamente británico, recordando mucho a otras cintas de ciencia ficción procedentes de esas latitudes. Además, destila un sabor que también remite a la obra literaria de un escritor –británico– tan estimulante como es John Wyndham. Y el arranque es muy similar al de la estupenda película Hammer Estos son los condenados (The Damned, 1963), de Joseph Losey.

Hasta cierto momento Melanie podría parecer una más del montón, pero el film aporta dos elementos muy interesantes: por un lado, su peculiar perfil de personajes, muy británico, donde destaca esa niña zombi tan espabilada, algo resabidilla también, muy educada sobre todo, salvo cuando decide dejar a un lado los modales culinarios. Y por otro, la muy atractiva mitología zombi que crea, aportando a los infectados una gradación mutante, donde existen etapas distintas donde la conocida es solo la primera de ellas, transformándose de un modo paulatino en otra cosa…

Colm McCarthy, el realizador, demuestra ser un artista con personalidad, con un punto de vista para los detalles peculiares, que sabe dotar a la narración de un tempo sereno pero intenso. Y también muestra ser un director de actores capacitado, donde el plantel protagonista alcanza un excelente nivel, destacando el trabajo de la actriz infantil Sennia Nanua, en un cometido nada fácil, y que justamente fue recompensada en el festival con el premio a la mejor interpretación femenina. Aunque suene a tópico y algo exclusivista, The Girl with All the Gifts es algo más que “una de zombis”, y de hecho puede ser uno de los títulos más estimulantes del fantástico de este año. Carlos Díaz Maroto

OTROS TÍTULOS

SEOUL STATION (Yeon Sang-ho, 2016)

Dentro también de la sección “Oficial Fantàstic Competición” pudo verse la anterior cinta del flamante ganador al premio al mejor director por Train Busan, Yeon Sang-ho; la animada Seoul Station, considerada por muchos como la precuela de la aquella. ¿Los motivos? Aparte de su idéntico director, tal creencia se sustenta en su exacta estructura e hilo argumental, con los esfuerzos de una familia para reunirse en medio de un apocalipsis zombi, pero, sobre todo, por narrar lo que en la película de imagen real queda en off visual: el origen de la infección.

Las diferencias entre una y otra, así las cosas, se encuentran en el cambio del marco de acción de un espacio cerrado como es un tren en marcha por el mucho más abierto de las calles de la capital de Corea del Sur, y la sustitución del tono melodramático que subyace en Train to Busan por un patente componente de crítica social, no obstante también presente aunque en menor medida en aquélla, mediante el cual se recuperan las connotaciones metafóricas del personaje del zombi/infectado para hablar, entre otros temas, del egoísmo y la individualidad propias de la sociedad moderna, en la que todos, en mayor o menor medida, solo nos guiamos por nuestro interés, sin preocuparnos en las consecuencias que puedan tener en los demás, dentro de un planteamiento que es plasmado por el nihilismo que desprende su desenlace.

En cualquier caso, la ausencia de una conexión argumental clara hace que, antes que una precuela, Seoul Station deba verse como una suerte de borrador en bruto con el que Sang-Ho ensaya una serie de elementos narrativos y argumentales que acaban cristalizando en la realización de su muy superior hermana mayor.

COLOSSAL (Nacho Vigalondo, 2016)

No cabe duda de que Colossal es una película un tanto diferente. Lo cual no significa que, necesariamente por ello, sea buena. Podría decirse que en ella coexisten dos filmes simultáneos: una tragicomedia indie y una cinta de monstruos, que se alimentan una de la otra y viceversa. En el aspecto de comedia indie que paulatinamente va adquiriendo matices más trágicos existen muchos referentes en un tono similar, con el personaje regresando a su población de origen, y viendo cómo todo ha cambiado y ese personaje intenta integrarse en un mundo al cual ya es ajeno. Este tipo de películas suele mostrar una trama en apariencia inexistente, con diálogos diríase casuales, pero muy bien pensados, que paulatinamente van forjando a los personajes y sus relaciones.

Colossal intenta tirar un tanto por ahí… pero no lo consigue. Los diálogos supuestamente pueriles son, en realidad, totalmente pueriles. Hay momentos, por supuesto, destinados a desarrollar los personajes e imbricarlos entre sí… Pero en muchas, demasiadas ocasiones, todo se basa en diálogos baladíes, un intento de hacer interactuar a los personajes sin ningún otro objetivo, sin crear un todo homogéneo en el cual a cada circunstancia haya una consecución narrativa global. Además, la variedad de tonos que van apareciendo carecen de una ilación homogénea, y esos saltos sin red en el guion arrostran que el film se la pegue, y el espectador quede desconectado por la sucesión de desvaríos incoherentes que se suceden.

Otro tema sería el de los agujeros de guion, o el “todo pasa porque sí”, tan habitual, por otro lado, en la filmografía de Vigalondo. Pese al tono ligero y sin pretensiones del conjunto, cuesta trabajo hallar cohesión a la globalidad del film. Y si en el aspecto del guion el resultado es tan deslavazado, la puesta en escena tampoco resulta demasiado brillante, adquiriendo más modales de sitcom que de otra cosa. La primera aparición del kaiju, por lo demás, se ofrece en un plano frontal, que lo hace semejar lo que es: un señor disfrazado paseando entre maquetas; un leve encuadre en contrapicado hubiera resaltado la magnificencia de la criatura y habría otorgado mayor veracidad. En realidad, toda la película está planificada así, a base de planos frontales y fríos, que exponen a los personajes al desnudo, sin que el lenguaje cinematográfico procure otra cosa que ilustrar, antes que describir. Así, los actores son los únicos que pueden otorgar algo de sinceridad a los resultados, y ahí Vigalondo ha mostrado un gran tino en la elección, pues todo ellos ceden una credibilidad de la que el resto del film carece. Carlos Díaz Maroto

31 (Rob Zombie, 2016)

Dentro de una edición plagada de visitas de personalidades ilustres del género fantástico, una de las que más expectación creó entre los aficionados fue la de Rob Zombie y su inseparable musa y esposa en la vida real Sheri Moon para presentar el que ha supuesto el retorno a la dirección de Zombie cuatro años después de la polémica The Lords of Salem. Quizás de estar parcialmente financiada mediante crowfounding, el polifacético artista ofrece en 31 un producto que diríase ideado, única y exclusivamente, para satisfacer a la sorprendentemente amplia legión de seguidores que el otrora líder de White Zombie ha acumulado en su paso al séptimo arte.

Carente de cualquier atisbo de evolución o innovación, Zombie ofrece un nuevo catálogo de las obsesiones y referencias visuales y estéticas que se han convertido en sello distintivo de su cine a lo largo de su filmografía. Nada que objetar si no fuera porque tras ello poco más hay que llevarse a la boca, con la excepción del carismático personaje de Doom-Head y sus diálogos. Resulta muy sintomático en este sentido que 31 tome su título del macabro juego de caza del hombre que articula su metraje. Sobre todo teniendo en cuenta que tan escueta premisa es todo el argumento que acumula un conjunto cuyo desarrollo queda así limitado a un continuo “corre que te pillo”, sin que tampoco existan personajes que puedan aportar algo de colorido, más allá del referido Doom-Head. Para colmo de males, no acaba aquí la cosa, ya que ni siquiera reduciendo la propuesta a la mera condición de splatter sanguinolento logra salir mejor parado, en gran medida por culpa de una cámara temblorosa que no permite apreciar lo que acontece en pantalla durante las escenas violentas.

BEYOND THE GATES (Jackson Stewart, 2016)

Zombie a un lado, entre las distintas personalidades que visitaron Sitges durante esta edición fueron varios los nombres asociados al cine fantástico realizado en la década de los ochenta. Así, Don Coscarelli presentaría la nueva versión remasterizada en 4K de su emblemática Phantasma, junto a la nueva entrega de la saga, Phantasma; Ravager, Brian Yuzna formaría parte del jurado, mientras que una actriz vinculada a este, Barbara Crampton, recibiría la honorífica Máquina del tiempo. Además de recoger el galardón como reconocimiento a su trayectoria, la norteamericana aprovecharía su estancia en el certamen para presentar uno de sus nuevos trabajos, Beyond the Gates, film que ha producido y en el que interpreta uno de los personajes principales.

Encuadrada dentro de la corriente actual de cine de terror que mira a la producción de los años ochenta, supone la ópera prima de Jackson Stewart, antiguo ayudante, para más inri, de Stuart Gordon, compartiendo parte de su elenco con el de otro director tan característico del presente revival como Joe Begos, comenzando por el protagonismo del actor fetiche de este, Graham Skipper. Pese a estas conexiones, el tratamiento de Stewart difiere mucho del de su colega y amigo, apostando por un acercamiento menos referencial, por más que, simplificando, pueda definirse su contenido como la versión adulta de Jumanji, y más basado en la atmósfera y el tono. Acreedor de no pocos momentos de splatter-gore, el debutante cineasta no confia todo el potencial en su poderío sanguinoliento, mostrando una preocupación por desarrollar el conflicto personal que arrastran sus personajes, sin por ello descuidar sus componentes más genuinamente genéricos, lo que se traduce en una agradecida muestra de Serie B, tan simpática como eficiente.

SWEET, SWEET LONELY GIRL (A D Calvo, 2016)

En un registro totalmente distinto a la actual corriente del revival por el cine fantástico de otras décadas que pudieron representar films como la mencionada Beyond the Gates, o The Void, atmosférico y vigoroso pastiche que entremezcla motivos del primer John Carpenter con el Hellraiser de Clive Barker, el nihilismo gore de Lucio Fulci y la literatura de H. P. Lovecraft, el cineasta de origen argentino A. D. Calvo ofrece con Sweet, Sweet Lonely Girl una historia de fantasmas cíclica de estética retro que mira al universo lésbico propio de la etapa inglesa de José Ramón Larraz. Con ella comparte la creación de un entorno cerrado y poblado por escasos personajes llenos de secretos, el tono intimista y hasta cierto punto melancólico, y una ambientación (neo)gótica, por más que el erotismo mórbido inherente al estilo del catalán sea aquí eludido a favor de una mayor atención al conflicto dramático de los personajes.

Las similitudes alcanzan incluso a la tipología física de sus dos actrices principales, y muy especialmente en el caso de Erin Wilhelmi, cuyo parecido con Angela Pleasence, la protagonista de Síntomas, es notorio, y son continuadas por la presencia de varios planos que diríanse sacados del que quizás sea el título más emblemático de Larraz, Las hijas de Drácula, brindando en cualquier caso un film de lo más estimable.

WORRY DOLLS (Padraig Reynolds, 2016)

Encuadrada dentro de la sección “Midnight X-Treme”, sobre el papel no le faltaban elementos de interés a esta Worry Dolls, al proponer un original acercamiento al manoseado subgénero de las posesiones malignas, utilizando para ello un ingrediente tan poco tratado como son las muñecas quitapenas del folclore guatemalteco, a lo que hay que añadir la idea, finalmente desaprovechada, de que todos los que son poseídos por el espíritu que mora en las muñecas a lo largo del metraje atraviesen problemas personales.

Sin embargo, todos estos ingredientes son malogrados por un tratamiento típico y tópico plagado de situaciones risibles, al que tampoco ayuda una cuestionable dirección de actores. En el descargo del film habrá que decir que, al menos, está llevado con buen ritmo y el contenido gráfico de las diferentes muertes que se suceden en su historia resulta bastante explícito dentro de lo que cabe. Algo es algo.

LAKE BODOM (Taneli Mustonen, 2016)

Según informa un oportuno letrero durante sus primeros compases, el argumento de la finlandesa Lake Bodom se basa en un episodio de crónica negra ocurrida en su país natal durante la década de los sesenta. En concreto, unos misteriosos crímenes nunca resueltos y que acaecieron en las proximidades del lugar que le da título. Sin embargo, el partir de estos supuestos hechos reales no evita que la configuración del producto, claramente dirigido al público veinteañero, responda a los arquetipos del más prototípico slasher que uno pueda imaginarse, con un grupo de jovencitos de acampada en medio del bosque durante un fin de semana. Por si aún hubiera dudas al respecto, la sucesión de los acontecimientos lo deja bien claro. Una vez dos de los adolescentes se aparten del resto del grupo para mantener un encuentro amoroso hará acto de presencia un misterioso matarife que pagará el sexo con muerte.

En vista de lo expuesto, parece fácil adivinar por dónde van a ir los tiros en adelante. Quizás por ello, llegado el momento sus responsables optan por intentar dar una novedosa vuelta de tuerca al modelo. El problema es que para ello no se les ocurre mejor cosa que promover una trama que acusa las consecuencias propias de un delirante desarrollo basado en los cíclicos y tramposos giros dispuestos por un guion que, en su intento por sorprender al espectador, lo único que consigue es saltar por los aires cualquier atisbo de verosimilitud que pudiera existir en lo narrado, circunstancia esta que no deja de ser paradójica viniendo de una cinta que publicita el basarse en hechos reales.

SHIN GODZILLA (Hideaki Anno & Shinji Higuchi, 2016)

Para quien esto escribe no dejó de ser sorprendente lo desapercibido que pasó en Sitges la programación de Shin Godzilla, el esperado regreso del indiscutible rey del kaiju eiga de la mano de su productora original, la Toho, doce años después de la anterior entrega de la franquicia, Godzilla Wars. Puede que en ello no fuera ajeno el perfil de un un film sorprendentemente político en el que afloran, y de qué forma, las heridas abiertas en la sociedad nipona a raíz del accidente nuclear de Fukushima que tuvo al mundo en vilo durante marzo de 2011. Para tal objeto, sus responsables recuperan el carácter alegórico con el que su monstruosa criatura nació en la seminal Japón bajo el terror del monstruo. Si en aquella ocasión Godzilla representaba la amenaza del poder nuclear, con Hiroshima y Nagasaki en la memoria, en esta ocasión simboliza el desastre natural que azotara Fukushima con los efectos colaterales por todos conocidos, lo cual es empleado para articular una contundente crítica con el exceso de burocracia y falta de reacción de los estamentos gubernamentales a la hora de plantar cara a la amenaza que supone Godzilla, reflejando de algún modo el sentir del pueblo japonés ante la forma en la que su gobierno gestionó en la vida real el aludido incidente, al tiempo que apela a la identidad nacional japonesa.

La potenciación del elemento discursivo por encima de la acción propiamente dicha, propicia que las apariciones de Godzilla queden relegadas a un segundo plano dentro del desarrollo de la trama, lo que no quita para que su concurso sea solventado por medio de unos espectaculares efectos especiales en los que, por primera vez en la historia de la franquicia, no se ha utilizado la tradicional técnica tokusatsu, es decir, el que el monstruo fuera interpretado por un actor disfrazado. El responsable de esta decisión que, a buen seguro, está llamada a marcar un punto de inflexión en los cánones estéticos de la saga, ha sido Shinji Higuchi, autor del reciente díptico en imagen real de Ataque a los titanes, que, tras haber intervenido como técnico de efectos en anteriores entregas, aquí se ha encargado de su supervisión, además de ser el codirector de la película junto a Hideaki Anno, muy popular entre los aficionados al anime por su trabajo al frente de la serie Evangelion, y que a su vez se ha encargado del  guion.

SADAKO VS KAYAKO (Kôji Shiraishi, 2016)

Junto con la ya referida Shin Godzilla, esta edición de Sitges también brindó la oportunidad de visionar el otro estreno de la temporada más mediático del fantástico nipón con el pase Sadako Vs Kayako, y su intento por seguir exprimiendo lo que aún pueda dar de sí el cada vez más moribundo filón del J-Horror mediante la unión de las que quizás sean dos de las sagas más importantes y prolíficas de la corriente: The Ring y La maldición. Nacido a raíz de un video viral lanzado como una broma, el encargado de dar forma a este proyecto ha sido Kôji Shiraishi, cineasta afín al género entre cuya filmografía destaca Grotesque / Gurotesuku (2009), film que en su momento levantaría cierta polémica debido a la explicitud y sadismo de sus imágenes, siendo prohibido en varios países europeos, entre ellos el Reino Unido.

Pero a pesar de las ansias renovadoras con las que su director y guionista ha manifestado en varias oportunidades con las que afrontó la película, lo cierto es que su trabajo no pasa de formulario. A grandes rasgos, el grueso de la película se sustenta sobre dos tramas paralelas cada una de las cuales remite a cada una de las franquicias en las que se basa y que no confluyen hasta los últimos compases, en el que se produce el anunciado enfrentamiento entre Sadako y Kayako, por el que, no obstante, pese a su teórico protagonismo, en realidad se pasa bastante de puntillas. Shiraishi entrega así un producto del todo intrascendente que no aporta nada a las dos sagas en las que se basa más allá de su mera condición de crossover. No obstante, gracias a su dignidad formal consigue, al menos, lograr el consuelo de alcanzar el aprobado. Algo es algo.

ARRIVAL (Denis Villeneuve, 2016)

La sesión sorpresa del festival fue lo último del sugerente Denis Villeneuve, Arrival, adaptación de la novela corta “La historia de tu vida” de Ted Chiang. Como novela corta que aquélla era, mucho de lo que quedaba implícito ha de desarrollarse de modo explícito, para alcanzar un metraje estándar, y ello va en beneficio de la narración. De esa manera, la arribada de los extraterrestres se plantea desde su inicio, y vemos a Louise en su trabajo tradicional. De ese modo, vamos entrando poco a poco, de mano de la protagonista, en el portento que acontece; mientras que en el libro Chiang, como narrador, iba por delante del lector, gracias a su modo distante y frío, aquí guionista y director nos permiten ir entrando en la historia y su personaje protagonista, ambos igualmente cautivantes.

Es curioso cómo las alternancias entre el proceso de desentrañamiento del lenguaje de los heptápodos y la rememoración de esa conversación entre madre e hija –o monólogo de la madre hacia la hija– se ven plasmadas de un modo tan cinematográfico. Sin embargo, lo mejor es esa unidad que ofrece el film en su totalidad, con un tono intimista perenne en ambas partes, focalizando la narración por medio de dos elementos como, por un lado, es la abundancia de primeros planos de Amy Adams –soberbia, sensacional– y, por otro, el uso del desenfoque como elemento expresivo: muchas de las imágenes se hallan fuera de foco; ello, en lugar de resultar negativo, como en tantas otras películas, aquí su empleo procede de una elección consciente, destinada a aislar al personaje protagonista, para indagar en ella y sus recuerdos o reflexiones. Carlos Díaz Maroto

DESIERTO (Jonás Cuarón, 2015)

Casi diez años después de debutar en el formato largo, el hijo de Alfonso Cuarón, Jonás, vuelve a sentarse en la silla de director con este film en el que trata el tema de la inmigración ilegal proveniente de México en los Estados Unidos, por medio de los pasos de un grupo de espaldas mojadas que son descubiertos mientras atraviesan la frontera por un enloquecido vecino del norte que comienza a darles caza de forma inmisericorde.

Viniendo de un cineasta mexicano que ha desarrollado parte de su trayectoria en los States, lo más lógico sería pensar que tras este premisa su responsable no dejaría pasar la oportunidad para incidir en este drama. Y si bien algo hay, el producto resultante se encuadra dentro de los márgenes de los films centrados en la caza del hombre por el hombre. De este modo, presentada su situación de partida, el grueso del metraje se centra en el juego del gato y el ratón que se establece entre el cazador y su(s) presa(s), a través de un desarrollo esquemático y minimalista en lo moral y psicológico, y previsible en su progresión dramática.

Todo el potencial de la propuesta queda así confiado a la pericia de la realización de su principal responsable, siendo en este apartado donde el film brilla con luz propia. Haciendo gala de un sorprendente oficio teniendo en cuenta su escasa filmografía, el pequeño de los Cuarón se desmarca con un ejercicio de estilo, articulando un thriller extremadamente físico que destaca por el vigor y la intensidad de una puesta en escena en el que el cansancio se palpa, los tiros ensordecen y cada golpe se siente casi como si impactara en la piel propia.

Visto desde esta perspectiva, pocos peros pueden ponerse a Desierto, erigiéndose en un competente y apreciable exponente genérico. Sin embargo, ello no quita para que la valoración de sus resultados deje un sabor agridulce. Y es que, teniendo en cuenta todo el potencial que sobre el papel poseía el componente político que le brinda su premisa, uno no deja de echar de menos una mayor profundización en este aspecto, en lugar de desdeñar su aparato discursivo en favor de un tratamiento más acomodaticio y formulario, teniendo la sensación de encontrarnos ante un producto un tanto desperdiciado.

IKARIE XB-1 (Jindrich Polák, 1963)

Bajo el nombre “Red Planet Marx”, la retrospectiva de este año estuvo dedicada al cine de ciencia ficción rodado en Europa del Este durante el régimen comunista. Acompañado por la publicación del perceptivo libro complementario, el ciclo brindó la oportunidad de visionar auténticas gemas del estilo, por lo general de muy difícil acceso. De entre los títulos programados, uno de los más interesantes fue Ikarie XB-1, film checoslovaco de 1963 que fue proyectado en una nueva copia restaurada en 4K y estrenada durante el pasado Festival de Cannes, que puede considerarse poco menos que el eslabón perdido en la evolución de la ciencia ficción moderna. No en vano, durante su visionado no es muy difícil percibir la influencia que sus imágenes en títulos de la popularidad y trascendencia de Star Trek, 2001: una odisea del espacio, Solaris o Alien, el octavo pasajero.

Caracterizado por un impresionante diseño de producción magnificado por su fotografía en blanco y negro en formato superscope, su historia narra la expedición de la nave que le da título hasta la constelación de Alfa Centauri, donde esperan contactar con formas de vida extraterrestre. Pese a lo que se pudiera deducir de esta premisa, en lugar de los aspectos más espectaculares de la aventura espacial propiamente dicha, como ocurriría en una película norteamericana, la narración fija su mirada en la cotidianidad de la vida de sus tripulantes en la nave y la evolución psicológica que experimentan progresivamente a causa del prolongado tiempo de reclusión alejados de su hogar y los suyos. Este planteamiento eminentemente humanista no quita para que durante la segunda mitad del metraje se de cabida a dos episodios de corte aventurero que destacan por su manejo de la tensión y el suspense. Un film, en definitiva, a recuperar y reivindicar, que anima a proseguir indagando en la producción genérica producida en la época comunista al otro lado del telón de acero.

José Luis Salvador Estébenez

 

Published in: on noviembre 18, 2016 at 7:42 pm  Dejar un comentario  
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Un sábado en Castellón: Una sesión del Fantasti’CS 2016

Las Jornadas de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror de Castellón de este año, las séptimas en concreto, tienen la interesante peculiaridad de esparcirse a lo largo de diversos fines de semana, en concreto el último del mes de octubre y todos los del mes de noviembre. Dirigidas las Jornadas por Jorge Juan Adsuara, este fin de semana pasado, y en particular el sábado día 5 de noviembre, estuvimos allí, y esta es una pequeña crónica de lo que aconteció.

Presentación del libro de Emilio Sanchís "Carteles de Cine: Arte en imágenes", conducida por Amalgama Javier (izda.).

Presentación del libro de Emilio Sanchís “Carteles de Cine: Arte en imágenes”, conducida por Amalgama Javier (izda.).

En primer lugar tuvimos una cita en la librería Argot, a las 19:00, para la presentación del libro coordinado por Emilio Sanchís Carteles de Cine: Arte en imágenes, de la editorial valenciana El Búho de Minerva. Se trata de una obra colectiva centrada en el atractivo mundo del cartel cinematográfico, con portada afín ilustrada por Mo Caró Artist, introducción de Miguel Ángel Vivas, prólogo de Julián Lara y textos obra de Antonio Bret, Antonio Trashorras, Beatriz Rico, Carlos Marañon, Carlos Santos, Dani De La Torre Alvaredo, David Sainz, Eduardo Casanova, Enrique Lopez Lavigne, Fausto Fernandez, Felix Sabroso, Henar Álvarez, Javier Suarez, Kike Maíllo, Luis M. Rosales, Mónica Aragón, Paco Cabezas, Paco Roca, Pau Gómez, Pepe Nieves, Rafael Maluenda, Roque Baños y Santiago Segura, nada menos. Hubo una charla tan interesante como divertida con el coordinador, Emilio Sanchís, donde todo el mundo pareció estar de acuerdo que los carteles dibujados son mucho mejores que los horrorosos compuestos por photoshop tan de moda últimamente.

La presentadora Sonia Martell posando junto a Jorge Juan Adsuara, director de Fantasti'CS.

La presentadora Sonia Martell posando junto a Jorge Juan Adsuara, director de Fantasti’CS.

Luego hubimos de trasladarnos al Teatre del Raval de Castelló, donde la sesión comenzó puntual a las 20:30, con la presentación de la actriz Sonia Martell, que apareció vestida al modo de la tripulación de la Enterprise clásica. Lo primero que se vio fue un breve vídeo que colmaba los cincuenta años de lo que ha sido la mítica serie Star Trek, en sus diversas encarnaciones –aunque curiosamente estaba ausente de las imágenes la última aportación fílmica, la debida a J.J. Abrams–. A continuación, Sonia Martell presentó a Carlos Díaz Maroto, crítico cinematográfico y reconocido trekker, co-autor, junto a Luis Alboreca, del libro centrado en la serie clásica Star Trek: La última frontera, entre otros trabajos dedicados a la franquicia, y que glosó brevemente los orígenes de la creación de Gene Roddenberry y su inminente futuro.

Después se proyectó un emocionante vídeo que rendía tributo a los actores, técnicos y cineastas desaparecidos a lo largo de este año, con un precioso fondo sonoro obra de Jerry Goldsmith, en uno de los temas más hermosos compuestos para Star Trek, la película: La conquista del espacio.

A continuación tuvo lugar otro homenaje, este centrado en el 60 aniversario de la muerte del mítico actor Bela Lugosi. Para ello se proyectó un breve documental titulado, precisamente Bela Lugosi (2016), de Santiago Estruch, que fue presentado por su propio autor. Pese a su brevedad, el film tiene notable interés debido especialmente a la potencia visual de sus imágenes en blanco y negro, de carácter experimental en ocasiones, y que podría remitir a los primeros cortos de Roman Polanski.

Al fin llegó lo que podría denominarse el plato fuerte de la sesión, la proyección de los cortos finalistas a concurso. En primer lugar se emitió El sueño espacial (2016), de Ignacio Malagón, de temática ciencia ficción pero en clave humorística, con unos atractivos planos espaciales. Le siguió el ya conocido El último guión (2015), de David García Sariñena, con protagonismo de Lone Fleming, Antonio Mayans y José Ruiz Lifante, entre otros, que recreaba los universos de Bécquer y Amando de Ossorio. También conocíamos ya You’re Gonna Die Tonight (2016), de Sergio Morcillo, un splatter de aire estilizado y hablado en inglés; después tuvimos Videoclub (2015), de Àlam Raja, un corto humorístico de carácter fantástico, protagonizado por Alex O’Dogherty y Nacho Vigalondo, muy simpático, y donde estaba muy bien reproducido el look de estar editado en vídeo. Un nuevo corto, que ya habíamos visto también, fue el excelente Behind, de Ángel Gómez Hernández (2016), donde repetía una inquietante Lone Fleming al lado de Macarena Gómez. Y finalizamos con Sputnik (2016) de Vicente Bonet, hablado en ruso e inglés (!), con subtítulos, desde luego, una historia en los límites de la ciencia ficción, muy bien rodado al estilo Spielberg, música a lo John Williams incluida.

Los diferentes ganadores sobre el escenario del Teatre Raval de Castellón posando con sus galardones.

Los diferentes ganadores sobre el escenario del Teatre Raval de Castellón posando con sus galardones.

Y al fin llegó la concesión de premios. El mejor corto fue destinado a Sputnik, cuyo galardón no pudo ser recogido por su director, por hallarse trabajando en Madrid, así que fue retirado por su hermana, Maite Bonet. A continuación se premió como mejor fanzine a El kronomonstruo, de José Manuel Villena, un anonadante trabajo compilador de todo lo que se ha publicado en España de temática fantástica, y glosado cronológicamente número a número. Después, como mejor podcast el premio fue concedido a El perfil de Hitchcock, obra de Óscar Vela, de periodicidad semanal y que reúne reviews de películas de estreno, entrevistas y noticias relacionadas con el Séptimo Arte con ayuda de buenos colaboradores. Y terminamos con el premio al mejor blog, que fue otorgado a La abadía de Berzano, de la cual es responsable, como supongo sabréis, José Luis Salvador Estébenez. A punto de cumplir diez años en activo, y sin desfallecer, este blog es punto de reunión obligado para todos los “cinéfagos desprejuiciados”, y donde prevalece esa pasión por el cine donde hasta el más execrable bodrio es analizado con toda rigurosidad. Los dos primeros premiados se presentaron con un discurso ya preparado, sin embargo José Luis hubo de improvisar; fue conciso y directo, dedicando el reconocimiento recibido a todos los colaboradores que han participado en La abadía a lo largo de su existencia. Como anécdota, cabe mencionar que Óscar Vela y José Luis hubieron de intercambiar los premios, pues por un error les entregaron el que pertenecía al otro.

Tras el acto, como colofón a la jornada la organización dispuso una cena de confraternización para los galardonados e invitados en un restaurante italiano cercano que se alargó hasta bien entrada la madrugada. Lo que vino a continuación es totalmente inenarrable, y lo mantendremos en el secreto más absoluto.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on noviembre 8, 2016 at 7:33 am  Comments (2)  
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La venganza de Jane

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Título original: Jane Got a Gun

Año: 2013 (Estados Unidos)

Director: Gavin O’Connor

Productores: Terry Dougas, Aleen Keshishian, Scott LaStaiti, Natalie Portman, Mary Regency Boies, Zack Schiller, Scott Steindorff

Guionistas: Brian Duffield, Anthony Tambakis, Joel Edgerton, según argumento de B. Duffield

Música: Lisa Gerrard, Marcello De Francisci

Fotografía: Mandy Walker

Intérpretes: Natalie Portman (Jane Hammond), Joel Edgerton (Dan Frost), Ewan McGregor (Colin McCann), Rodrigo Santoro (Fitchum), Noah Emmerich (Bill Hammond), Boyd Holbrook (Vic), Alex Manette (Buck), Todd Stashwick (O’Dowd), James Burnett (Cunny Charlie), Sam Quinn (Slow Jeremiah), Chad Brummett (Theodore), Boots Southerland (Marshal), Nash Edgerton, Robb Janov, James Blackburn, Nicoletta Chapman, Billy Fuessel, Wynema Gonzagowski, Kristin Hansen, Sean Helean, Darlene Kellum, Jahan Khalili, Rodger Larance, Ricky Lee, Robb Moon, Martin Palmer, Lauren Poole, Jaime Powers, Giuseppe Quinn, Kendra Tuthill, Mia Wagenman…

Sinopsis: Bill, el marido de Jane, regresa a la granja gravemente herido. Ha sido tiroteado por la banda de McCann, y sabe que vendrán tras él. Jane acudiría a Dan, un antiguo amor, para pedirle ayuda en el inminente enfrentamiento…

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El western no ha muerto. En Estados Unidos se siguen haciendo ejemplares, algunos de los cuales inclusive llegan en ocasiones a nuestro país, y además la televisión ha supuesto un buen refugio para el género, donde, por ejemplo, las adaptaciones de la obra de Louis L’Amour son constantes.

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La presente película se rodó en 2013, aunque no se ha estrenado hasta 2016 por ciertos oscuros problemas de producción. Tras abandonar el rodaje la directora Lynne Ramsay — Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011) –, tomó las riendas Gavin O’Connor — El milagro (Miracle, 2004), Cuestión de honor (Pride and Glory, 2008) –. En ese lapso, además, el actor Joel Edgerton, que también colabora en el guion, debutó como director y guionista en solitario con la recientemente estrenada El regalo (The Gift, 2015).

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Pese a que El regalo es un thriller, comparte con la presente sus errores de guion; o más bien cabría denominarlos trampas, pues de eso realmente se trata. Por un lado, tenemos una trama muy elemental, a la que se intenta otorgar apariencia de complejidad con el recurso de hacerla arrancar in media res, cuando la historia está hacia la mitad, para después, por medio de breves y constantes flash-backs irnos informando acerca de qué pasa y porqué. Ello ayuda, por supuesto, a que los guionistas suministren y oculten información a conveniencia, transformando lo que pudiera ser una opción por medio del punto de vista en una narración caprichosa y antojadiza, donde inclusive el muy inteligente héroe será capaz de inventar el cóctel molotov muchos años antes de hacerse oficialmente. En cuanto al recurso de hacer de la protagonista femenina un personaje con recursos, resolutiva y autosuficiente, es algo bastante obvio de cara a parecer “modernos”, sin tener presente que en el western este tipo de personajes ya surgieron antes de que fueran moneda común en otros géneros, y algunas actrices, como Barbara Stanwyck o Jean Arthur, fueron habituales en cometidos de esta potencia.

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La puesta en escena, por su parte, no ayuda a aportar algo de dimensión a la historia, debido a una planificación plagada de los vicios habitual del cine contemporáneo, donde abundan los planos desenfocados, y no me refiero a aquellos planos subjetivos del personaje de Bill Hammond, herido y que es incapaz de distinguir bien lo que hay frente a él, sino a planos objetivos donde la cámara muestra un paisaje desenfocado y, varios segundos después, entra en primer término algún personaje u objeto enfocado. Es irritante cómo ningún director contemporáneo parece capaz de tener una idea mínima acerca del uso de la profundidad de campo. Por lo demás, emplea el tópico recurso de la estética feísta del género tan habitual en el western contemporáneo, y roba alguna imagen a un clasicazo como La puerta del cielo (Heaven’s Gate, 1980), de Michael Cimino.

Entendámonos: no es una mala película, ofrece cierta factura, y unas interpretaciones solventes (con un irreconocible Ewan McGregor a la cabeza como un malo muy malo que, al final, no resultará ser tan malo), pero este producto, a mitad de camino entre el cine independiente y el telefilm de lujo demuestra que, hace unos años, directores de segunda como Ray Nazarro o Burt Kennedy, por citar algunos sin excesivo prestigio, con los mismos ingredientes podrían haber dado origen a algo más vívido y conseguido.

Carlos Díaz Maroto

Voodoo Man

Título original: Voodoo Man

Año: 1944 (Estados Unidos)

Director: William Beaudine

Productores: Jack Dietz, Sam Katzman

Guionista: Robert Charles

Fotografía: Marcel Le Picard

Música: Edward J. Kay (director musical)

Intérpretes: Bela Lugosi (Dr. Richard Marlowe), John Carradine (Toby), George Zucco (Nicholas), Wanda McKay (Betty Benton), Louise Currie (Stella Saunders), Michael Ames [Tod Andrews] (Ralph Dawson), Ellen Hall (Mrs. Evelyn Marlowe), Terry Walker (Alice), Mary Currier (Mrs. Benton), Claire James (zombi), Henry Hall (sheriff), Dan White (ayudante Elmer), Pat McKee, Mici Goty, Dorothy Bailer, George DeNormand, John Ince, Edward Keane, Ethelreda Leopold, Ralph Littlefield, Charles McAvoy, Dennis Moore

Sinopsis: Desde hace unos meses, muchachas que viajan solas en coche desaparecen en medio de la carretera. Cuando Ralph Dawson recorre la zona en busca de investigar el caso para escribir un guion, se topa con Stella, prima de su prometida, que también desaparecerá. El culpable es el doctor Marlowe, que secuestra a las jóvenes con el fin de experimentar con ellas para resucitar a su difunta esposa.

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Una más de las típicas películas de la época, todas ellas con una estructura muy similar e intercambiable. De cualquier manera, en esta ocasión cabe destacar que la historia originaria (y el título primitivo del film) se titulaba Tiger Man, y era debida al escritor Andrew Colvin[1]. Robert Charles[2] debió trabajar sobre ese libreto tan a fondo que transformó la trama, y Colvin desapareció de los créditos.

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La historia, de esta manera, no ofrece a ningún “hombre tigre”, sino a un científico loco que hace uso de una mezcla de métodos científicos, vudú e hipnotismo. Tiene una legión de ayudantes para lograr sus objetivos, que no son otros que devolver la vida a su difunta esposa. Sólo que su esposa no parece estar muerta, dado que, después de un montón de años, sigue bella y tersa, e incluso anda. Todo parece indicar que sufre una especie de catatonia. Los experimentos del doctor Marlowe consiste en hace que la esencia vital de las chicas secuestradas vuelvan al cuerpo de su esposa y ésta “resucite”; lo consigue, pero siempre por pocos minutos: Marlowe debe conseguir una personalidad afín a la de su esposa.

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El científico se sirve de uno de sus ayudantes (Nicholas: George Zucco), que dispone de una gasolinera para vigilar la llegada de las víctimas potenciales, para realizar rituales vudú; mientras, el doctor (Bela Lugosi, en uno de sus habituales cometidos) efectúa órdenes hipnóticas con el fin de lograr sus objetivos.

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Cuando el héroe visita al sheriff y hablan de las desapariciones, aquél le pregunta que qué está haciendo, y éste responde con honestidad que nada, salvo buscar y buscar. Ciertamente, los hombres de la ley en el presente film se muestran de lo más inútil, y logran resultados por casualidad. Tampoco se muestra muy despierto el referido héroe (Ralph Dawson, interpretado por Tod Andrews cuando se hacía llamar Michael Ames), un guionista de Hollywood que es encargado por un productor que investigue las desapariciones de las chicas, para ver si con ello puede construir una historia. Cuando las pruebas le saltan a la cara no es capaz de verlas, y en el clímax final es abatido de un puñetazo y todo lo solventa la ley (supongo que no cometeré spoiler por destripar que al final los buenos ganan).

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Todo es sencillo y elemental, pero también simpático. Dirige William Beaudine, director de tercera vía, pero que demuestra cierta capacidad atmosférica: su uso de los primeros planos es excelente, y da pruebas de saber cómo ha de emplearlos, cuando hoy día las películas suelen estar saturadas de ellos sin justificación dramática alguna. En el plano interpretativo, ninguna sorpresa, salvo destacar el detalle de John Carradine, que interpreta a su personaje caminando siempre como a saltitos.

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Más interesante es la historia, no toda la trama descrita, muy obvia para el espectador asiduo, sino por el juego metalingüístico que ejecuta: el productor que aparece al inicio se hace llamar S.K., que son las iniciales de Sam Katzman, al frente de la presente cinta, y los estudios se denominan Banner Productions, que son los que han hecho este film para Monogram Pictures. Al final, una vez descubierto todo, el guionista escribe una historia llamada Voodoo Man, que será, precisamente, la película que estamos viendo. Algo, pues, idéntico a lo efectuado en el excelente melodrama Si no amaneciera (Hold Back the Dawn, 1941), de Mitchell Leisen. Y como remate final, cuando el productor pregunta quién será el protagonista, el guionista sugiere a… Bela Lugosi.

Carlos Díaz Maroto

[1] Del que no existe ningún otro crédito fílmico, según parece.

[2] Sólo tiene otro guion al margen del presente, el de Return of the Ape Man (1944).

Published in: on abril 22, 2016 at 6:25 am  Dejar un comentario  
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Batman v Superman: El amanecer de la justicia

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Título original: Batman v Superman: Dawn of Justice

Año: 2016 (Estados Unidos)

Director: Zack Snyder

Productores: Charles Roven, Deborah Zinder

Guionistas: Chris Terrio, David S. Goyer basados en los personajes de DC Comics. Bob Kane y Bill Finger creadores de Batman. Jerry Siegel y Joe Shuster creadores de Superman

Fotografía: Larry Fong

Música: Junkie XL, Hans Zimmer

Intérpretes: Ben Affleck (Bruce Wayne / Batman), Henry Cavill (Clark Kent / Superman), Amy Adams (Lois Lane), Jesse Eisenberg (Lex Luthor Jr.), Diane Lane (Martha Kent), Laurence Fishburne (Perry White), Jeremy Irons (Alfred), Holly Hunter (senadora Finch), Gal Gadot (Diana Prince / Wonder Woman), Scoot McNairy (Wallace Keefe), Callan Mulvey (Anatoli Knyazev), Tao Okamoto (Mercy Graves), Mark Edward Taylor (Jack O’Dwyer), Michael Cassidy (Jimmy Olsen), Brandon Spink (Bruce Wayne niño), Lauren Cohan (Martha Wayne), Jeffrey Dean Morgan (Thomas Wayne), Carla Gugino (voz de la nave), Michael Shannon (Zod), Kiff VandenHeuvel (agente Mazzuccheli), Joseph Cranford (Pete Ross), Emily Peterson (Lana), Neil deGrasse Tyson…

Sinopsis: Durante de los eventos ocurridos cuando Superman luchó contra los kriptonianos, con la consecuencia de la destrucción de gran parte de la ciudad de Metrópolis, Bruce Wayne, que lleva algún tiempo sin ser Batman, fue testigo de la catástrofe. Ahora no confía en Superman, y cree que puede ser un gran peligro para la humanidad. No es el único que así piensa…

BATMAN v SUPERMAN

Zack Snyder parece querer erigirse en el sumo creador del universo superheroico fílmico, y las declaraciones del director, plenas de soberbia y un super-ego que asustaría a Freud, dejan a las claras su idea de lo que debe ser un film de superhéroes, considerando obsoleto cualquier otro tipo de acercamiento.

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Su primer contacto con ese mundo fue Watchmen (Watchmen, 2009), adaptación del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons que, en el fondo, representaba una mera fotocopia del original trasladada a un medio diferente, pero que conservaba una extraña fuerza en su interior. Pero Watchmen era una obra cerrada, una historia con principio y final, con una extensión concreta, y su traslación a la pantalla no entrañaba mayor complejidad a nivel argumental.

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Superman, sin embargo, es un personaje con casi un siglo de historia/s a su espalda. Eso entraña una dificultad y, al tiempo, una facilidad: se tiene mucho margen del cual tirar, se dispone de muchas adaptaciones diferentes con las cuales contar. Con El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013) Snyder efectuó lo que otros autores están haciendo: un collage de cincuenta y ocho versiones al cómic previas, eligiendo lo que le interesa de cada una de ellas, más elementos propios que intercala a conveniencia. La diferencia entre Snyder y los demás directores/creadores es que él cree, como se ha dicho, que su aproximación es la única plausible. Ha tomado el tono que Christopher Nolan confirió a su visión de Batman que, más o menos acertada, fue un éxito de público –y que, sin duda, por ello, era la imposición de los productores para esta nueva visión–, y lo ha llevado un paso más allá con el último hijo de Krypton, sin tener en cuenta que un mismo tono para un personaje tan diferente puede que no fuese el más adecuado.

Batman V. Superman: Dawn Of Justice

El Hombre de Acero fue un cúmulo de errores (1) y, a la hora de acercarse a la presente película, secuela directa de la previa, Snyder debió reflexionar a fondo los resultados que aquella ofreció, para, si tenía sentido autocrítico, hacer las correcciones pertinentes. No sé si así ha sucedido o, sencillamente, le apetecía cambiar algunos aspectos, pero la verdad es que, sin ser ni mucho menos perfecta, Batman v. Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016) es muy superior a su predecesora.

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Sigue habiendo defectos, desde luego. Ante todo, uno ha de acostumbrarse, y aceptar, el feo sentido estético del que dispone Snyder, con esos tonos apagados y mustios que, de alguna manera, acaban contagiando al resto de elementos que conforman el film. Eso imprime a su obra un tono seco, agreste e, incluso, antipático. Puede que en otro tipo de película, de otra temática, con otros personajes, pudiera suponer una visión interesante, pero un personaje como Superman pide a gritos otra visión. Por supuesto, cada autor puede ofrecer su propia perspectiva, pero, tal como Snyder se la aplica, este Superman, a ojos de un espectador conocedor de la génesis y desarrollo de la creación de Siegel y Shuster, es otro personaje, con casuales puntos de contacto con el que conocíamos. Otras adaptaciones cinematográficas actuales han aportado diferencias a superhéroes ya conocidos, pero Snyder lo ha aplicado más a fondo, añadiendo a todo lo precedente el tono psicológico y el estético.

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A nivel de planificación, el realizador de la nefasta 300 (300, 2006) acerca demasiado la cámara en todo momento. Ello, unido a la división en planos ultra-cortos que, en ocasiones, dispensa, consigue que, por ejemplo, la segunda persecución automovilística tenga un montaje tan aturullado que, literalmente, es difícil inclusive distinguir el bat-móvil del resto de vehículos. Otras escenas, empero, están mejor resueltas, y así, la batalla final, para el que suscribe, resulta de lo más gozosa, por los lazos de muy distinto aspecto que en ella confluyen. Snyder, como es norma en él, rodea todo de una trascendencia elefantiásica, pero el tono de la historia, con sus agradecidas connotaciones cosmogónico-lovecraftianas, ayudan a ello, y resulta pertinente.

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La historia dispone de una mayor uniformidad narrativa que su antecesora, y hay más sensación de unidad, de un todo descriptivo único y homogéneo, y los distintos arcos argumentales están bien combinados, y son bastantes, lo cual dificultaba la labor. A ello contribuye, por supuesto, un guion mejor desarrollado por parte de David S. Goyer –tal vez los retoques aplicados por Chris Terrio han ayudado a ello–. También tenemos una historia de mayor interés, que cubre distintos frentes argumentales, que explora una mayor variedad de personajes, más atractivos también. Así pues, sin desvelar demasiado, tenemos la historia “personal” de Bruce Wayne/Batman, la investigación que inicia y que derivará en la siguiente película, con la formación de la Liga de la Justicia, la propia sub-trama referente a Wonder Woman, la de Superman encarado al dilema moral respecto a sus super-poderes, el enfrentamiento laboral entre Clark Kent y su jefe Perry White, con una visión del periodismo muy distinta por parte de ambos, la trama de la evolución como magnate de Lex Luthor (Jr.) por un lado y, como criminal megalomaníaco por otro, la del enfrentamiento entre ambos héroes que anuncia el título, la creación de Doomsday, y alguna más… Con ciertas excepciones, todo ello se ve hilvanado con coherencia, y acaba confluyendo en una única vía argumental que se retroalimenta de todas las demás. El conjunto se halla metido en un montaje de dos horas y medias, lo cual ofrece un ritmo excesivo; la secuenciación hubiera precisado de más calma, pues no paran de suceder cosas desde la misma escena de créditos iniciales.

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Con respecto a los actores, Ben Affleck aporta un cometido estupendo, cuando con anterioridad muchos frikifans lo habían crucificado sin haberlo visto. Affleck aporta dos matices diferentes a Bruce Wayne y a Batman, el uno seco, amargado, reflexivo, el otro expeditivo. Como contraste, Jesse Eisenberg como Lex Luthor es lo peor del film, con una interpretación sobreactuada, histriónica y carente de matices, mostrando un desequilibrio paulatino que uno diría le acerca más al Joker –¿intencionado, para una posterior vía argumental, derivando un personaje en el otro?–. Personalmente, la participación de Gal Gadot como Diana Prince / Wonder Woman me ofrecía serias dudas, pero dado el modo en que aparece el personaje, no chirría, e incluso cuando, de una vez, surge con el célebre traje de amazona su aparición resulta gozosa.

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En suma, Batman v. Superman: El amanecer de la justicia resulta una película notoriamente desequilibrada, con sus partes positivas y negativas, pero, por mi parte, prefiero quedarme con las primeras que con las segundas.

Carlos Díaz Maroto

(1) Remito al lector a la reseña que, en su tiempo, escribí sobre el film en mi web pasadizo.com: http://www.pasadizo.com/index.php/component/peliculas/?view=peliculas&id=2609

Published in: on marzo 30, 2016 at 5:37 am  Comments (1)  
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War of the Satellites

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Título original: War of the Satellites

Año: 1958 (Estados Unidos)

Director: Roger Corman

Productor: Roger Corman

Guionista: Lawrence L. Goldman, según argumento de Irving Block, Jack Rabin

Fotografía: Floyd Crosby

Música: Walter Greene

Intérpretes: Dick Miller (Dave Boyer), Susan Cabot (Sybil Carrington), Richard Devon (Dr. Pol Van Ponder), Eric Sinclair (Dr. Howard Lazar), Michael Fox (Jason ibn Akad), Robert Shayne (Cole Hotchkiss), Jered Barclay (John Compo), John Brinkley (tripulante), Tony Miller, Bruno VeSota (Mr. LeMoine), Jay Sayer (Jay), Mitzi McCall (Mitzi), Roy Gordon (Presidente), Beach Dickerson (tripulante armado), Jim Knight, Roger Corman (control en Tierra)

Sinopsis: Continuas pruebas de lanzamientos de satélites estallan cuando, ya en el espacio, topan con una barrera energética. La Tierra recibe un mensaje del cosmos indicando que toda prueba seguirá siendo saboteada, puesto que nuestro planeta es aún inmaduro y no merece estar en la conquista del espacio.

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A finales de los años cincuenta la palabra “satélite” estaba de moda, y era de uso frecuente en la jerga aeroespacial. Entre el público de la calle era común, y tenía connotaciones futuristas, con lo cual muchas piezas de ciencia ficción usaban esa palabra. Por poner un ejemplo, en España, la clásica novela de Jules Verne La caza del meteoro (La chasse au météore, 1908) fue reeditada en 1960 como La caza del satélite. Así pues, la película se vendió gracias a ese título un tanto inexacto.

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La premisa inicial recuerda a Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951), con el tema de advertencia a nuestro planeta por parte de potencias extraterrestres de que no está preparado para esparcir su simiente guerrera por el espacio. Sin embargo, el mensaje de paz que ofrecía el film de Robert Wise aquí ha desaparecido, y los extraterrestres tienden a hacer uso de aquello que critican, es decir, no dudan en matar con el fin de defender sus “principios”.

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La película es un tanto tristona y gris, y el motivo de ello es, sin duda, su escaso presupuesto, que ofrece excesivas conversaciones entre políticos en el edificio de las Naciones Unidas —sí, muchos planos de archivo—. Y, una vez efectuado el vuelo espacial, los personajes se pasan gran parte del metraje paseando por los pasillos del cohete para ir a conversar unos con otros.

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Pese a ello, dispone de algunos detalles que brindan algún interés. Los astronautas se comunican entre sí por medio de dispositivos que tienen situados en el cuello. Dick Miller es el protagonista, pero interpreta a un currito más dentro del proyecto científico, y no es el aguerrido capitán del vuelo, como suele ser costumbre en este tipo de filmes. De hecho, el capitán ha sido reemplazado por un extraterrestre, que tiene la capacidad de subdividirse, como si fuera una ameba. Atención a la última de las divisiones, donde el aspecto demacrado —efectuado simplemente con sombra en los ojos— aporta al personaje un aspecto de vampiro, efecto potenciado por el físico del actor Richard Devon. Ese personaje, el extraterrestre infiltrado, es un duplicado no humano, y cuando el doctor intenta examinarle para comprobar su condición, el alienígena se creará un corazón, con el fin de que el médico no detecte nada extraño. Pero ahora, disponiendo de corazón, se ha vuelto humano, y se enamora de Susan Cabot.

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Una película, en fin, muy menor, pero que no disgusta, y es una de las tantas que Roger Corman realizó en los cincuenta, y que supusieron una ejercitación para después, cuando en los sesenta ya realizó filmes con más empaque, al abordar su ciclo de adaptaciones de Edgar Allan Poe.

Carlos Díaz Maroto

Zone Troopers [vd/dvd: Zone Troopers]

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Título original: Zone Troopers

Año: 1985 (Estados Unidos)

Director: Danny Bilson

Productor: Roberto Bessi

Guionistas: Danny Bilson, Paul De Meo

Fotografía: Mac Ahlberg

Música: Richard Band

Intérpretes: Tim Thomerson (sargento), Timothy Van Patten (Joey), Art LaFleur (Mittens), Biff Manard (Dolan), William Paulson (la alienígena), Peter Boom (coronel Manheim), Max Turilli (sargento de las SS Zeller), Eugene Brell (operador de radio), John Leamer (teniente), Bruce McGuire (médico), Alviero Martin (el Führer), Mike Manderville (SS en motocicleta), Achille Brugnini (operador de radio de las SS), Ole Jorgensen (centinela de las SS), Peter Hintz (cabo de las SS), Joshua McDonald (capitán de los Zone Tropper), Anita Zagaria (chica onírica)

Sinopsis: Italia, durante la Segunda Guerra Mundial. Un pelotón norteamericano es atacado por otro alemán; de resultas del enfrentamiento, caen todos los alemanes y solo quedan cuatro estadounidenses. Mientras tratan de huir a través del bosque localizan una nave espacial estrellada y, poco después, averiguan que los nazis tienen retenido un superviviente.

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El tándem formado por Danny Bilson (director y guionista) y Paul De Meo (co-guionista) es de esos que los aficionados curtidos y con sentido del humor reconocen al instante, pues son responsables de muchos títulos gozosos. Su primera labor fue en la deliciosa serie B de la Empire Trancers [vd: Trancers; tv: Guardianes del futuro, 1984], de Charles Band, a la que continuó precisamente la presente. Después se hicieron cargo, entre otras, de Eliminators [vd: Eliminators, 1986], de Peter Manoogian y Arena [vd/tv: Arena, el ring de las galaxias, 1989], también de Manoogian, las series de televisión Flash, el relámpago humano (The Flash; 1990-1991), En el punto de mira (Human Target; 1992), Viper (1994/1996-1999) y Sentinel (The Sentinel; 1996-1999) y la producción cinematográfica de serie A Rocketeer (The Rocketeer, 1991), de Joe Johnston. Títulos todos ellos de culto, y muy limítrofes con la serie B y el cómic. De hecho, también han escrito comics, en concreto de Flash, e igualmente hacen video-juegos (algunos de James Bond).

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Como se ha referido, Trancers fue una producción Empire, al igual que la presente, a la cual le cabe la particularidad de ser la primera que la compañía rodara en Italia, país a donde se había trasladado con el fin de abaratar presupuesto (más aún, pues las películas de la productora de Charles Band son el colmo de lo económico), y antes de que se desplazara de nuevo, esta vez a Rumanía. En vez de intentar hacer pasar el territorio donde se ambienta la trama como Estados Unidos, en esta ocasión se optó por entornar la acción en el país con forma de bota, a pesar de que toda la cinta transcurre en un bosque y en unos restos de edificaciones que podían haber estado situados en cualquier otro sitio.

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El film trata de emular, aunque con un presupuesto muy inferior, al cine bélico rodado en Estados Unidos durante la contienda, y se le aplica un tanto el tono, digamos, de cintas de serie B como Bataan (Bataan, 1943), de Tay Garnett, en lo que respecta a los personajes y sus relaciones. También es muy detectable la inspiración en comics tradicionales, y al protagonista se le denomina irónicamente Sargento de Hierro, emulando, en cierta manera, al sargento Rock de los comics de la Marvel. El enfrentamiento entre los héroes y los nazis recuerda también a lo que podría ser una misión del sargento Furia y sus Howling Commandos contra los enemigos del Eje. Y la historia fantacientífica, por su parte, es un clásico émulo de las narraciones que, tiempo atrás, editaban revistas pulp del tono de Planet Stories, Astounding, Starling Stories u otras; de hecho, la revista ficticia de la cual dispone uno de los personajes, titulada Fantastic Fiction, dispone de un logo que, en cierto sentido, recuerda al de Amazing Stories. La primera nave espacial vista rememora a las de los comics de Flash Gordon o Buck Rogers, y los trajes de los extraterrestres masculinos son parecidos también a la guardia de Ming el Despiadado en los seriales cinematográficos realizados a partir de la creación del dibujante Alex Raymond.

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Así pues, tenemos un pelotón de cuatro hombres al frente, todos ellos caracterizados con los arquetipos del género bélico. De este modo, tenemos al ya citado sargento, férreo, inflexible y que no se despeina ante nada; lo interpreta Tim Thomerson, protagonista de la saga Trancers así como de la simpática Dollman [vd: Dollman, 1991], de Albert Pyun, y sus secuelas. Joey es el jovencito inexperto, algo infantil –juega con muñecos–, y asiduo lector de revistas de ciencia ficción, que madurará en el proceso; le da vida Timothy Van Patten, después director de series como Tocados por un ángel, Sexo en Nueva York, Roma, Los Soprano, Juego de tronos o Boardwalk Empire, ahí es nada. Mi favorito es Mittens, el clásico soldado gruñón, encallecido y brutote, que podría ser un émulo de los personajes que interpretaba Gene Evans en las películas de guerra de Samuel Fuller, o los que solía encarnar el gran James Whitmore en otras tantas cintas bélicas; el papel corre a cargo de Art LaFleur, que siempre ha hecho de tosco en mucho cine de acción, y es el farmacéutico de El terror no tiene forma (The Blob, 1988), de Chuck Russell. Por último tenemos a Dolan, el periodista, encargado de representar el punto de vista del espectador, y que vendría a ser el sosias de personajes similares aparecidos en joyas como También somos seres humanos (Story of G.I. Joe, 1945), de William A. Wellman, en el rol elaborado por Burgess Meredith; es servido por Biff Manard, uno de  los integrantes de la estupenda pareja de policías de la serie Flash. Y, claro, también tenemos al extraterrestre o, mejor dicho, la extraterrestre, con rostro negruzco, peludito y ojos saltones, un diseño muy parecido al de David Hedison una vez tiene el accidente con el teletransportador en La mosca (The Fly, 1958), de Kurt Neumann. Curiosamente, los machos de la especie tienen un aspecto muy distinto, por completo humanoides, paliduchos y rubitos –sería interesante verlos juntos durante el rito del apareamiento–.

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Lo realmente interesante de la película son las relaciones entre los personajes, plagadas de humor, y el juego que efectúa con los arquetipos temáticos de los géneros bélico y de ciencia ficción, mostrados con complicidad, cariño e ironía. Que no se busque nada complejo, pues no son esas sus intenciones, sino ser meramente un vehículo de entretenimiento para los amantes del pulp, la ciencia ficción y la serie B con sentido del humor. Nada más. Y nada menos.

Carlos Díaz Maroto

Misterios de ultratumba

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Título original: Misterios de ultratumba

Año: 1959 (México)

Director: Fernando Méndez

Productor: Alfredo Ripstein hijo

Guionista: Ramón Obón

Fotografía: Víctor Herrera

Música: Gustavo César Carrión

Intérpretes: Gastón Santos (Dr. Eduardo Jiménez), Rafael Bertrand (Dr. Mazali), Mapita Cortés (Patricia Aldama), Carlos Ancira (Elmer), Carolina Barret (la gitana), Luis Aragón (Dr. González), Beatriz Aguirre (Rosario), Antonio Raxel (Dr. Jacinto Aldama), Guillermo Álvarez Bianchi, J. Portillo, Abel Salazar, Lupe Carriles

Sinopsis: Dos médicos llegan al acuerdo de que, cuando muera uno de ellos, proceda a buscar el modo de que el segundo pueda visitar el otro lado… y regresar a la vida. Ese momento ha llegado…

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Fernando Méndez es, posiblemente, el director mexicano de mayor prestigio dentro del género de terror. Esa reputación procede, sobre todo, de un quinteto de películas integrado por Ladrón de cadáveres (Ladrón de cadáveres, 1957), El vampiro (El vampiro, 1957), El ataúd del vampiro (El ataúd del vampiro, 1958), la presente y El grito de la muerte (El grito de la muerte, 1959). De todas ellas (realizadas en su mayor parte por idéntico equipo) la de mayor renombre es esta Misterios de ultratumba. Siempre influido por el cine norteamericano de la Universal, en esta ocasión tenemos también un trasfondo gótico muy propio de la literatura de Edgar Allan Poe, con el miedo a lo que hay al otro lado, e incursionando dentro del mito del resucitado.

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Ramón Obón concibe una trama tan atractiva como sencilla, donde van confluyendo una serie de personajes, todos ellos impulsados por los hilos del destino (o el espectro del doctor Jacinto Aldama, tanto da, cuyo fantasma ronda provisto de capa en una pose que hubiera sido idónea también para encarnar a un vampiro). Así se establecen vínculos de amor, pero también de fatalidad, esta volcada sobre el personaje del doctor Mazali, pero también sobre otros, como el celador Elmer o la gitana loca.

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Pero lo que realmente importa aquí es la apabullante puesta en escena de Méndez, plagada de goticismo, atmósfera y lobreguez por medio de nieblas, tormentas, el aullido del viento o unos decorados impresionantes. Todo va encaminado a construir un ambiente sobrenatural aún en las escenas en las cuales no acontece nada de esa índole. Por supuesto, gran parte del mérito cabe también achacarlo al prodigioso director de fotografía, Víctor Herrera, así como al diseñador de producción, el mexicano de origen húngaro y alemán Gunther Gerszo.

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Los actores resultan convincentes, e incluso la parejita romántica es bastante solvente, en especial la chica, Mapita Cortés, una especie de Debra Paget a lo charro. Es impresionante la escena, rodada a base de primeros planos, en la cual ella va retrocediendo aterrorizada mientras se le aproxima, amenazador, el deforme resucitado.

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Una joya, en suma, del cine de terror azteca, muy poco conocido en España salvo por muestras tardías donde la inspiración, tal como en tantas otras cinematografías, comenzaba a extinguirse.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on enero 26, 2016 at 6:40 am  Dejar un comentario  
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