Entrevista a Régis Brochier y Régis Autran, directores de “Nanaroscope”

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Un año más, la sección “Documentrash” se erigiría en una de las secciones más interesantes de CutreCon VII. Para esta su tercera edición, en la que tendría carácter gratuito, la sesión doble de documentales relacionados con el cine cutre estaría compuesta por Nanaroscope y Children of the Stars. El primero, en realidad, se trata de una serie creada para el canal cultural ARTE por Régis Autran y Régis Brochier, integrantes de la especializada web nanarland.com, quienes visitarían el festival acompañando a su criatura. Dividido en diez capítulos de menos de diez minutos de duración cada uno, Nanaroscope analiza diversas corrientes, nombres propios y títulos emblemáticos del cine de género de serie B/Z, contando para ello con el testimonio de sus propios protagonistas, así como de diversos especialistas cinematográficos. El cine de acción realizado en Uganda, el western clásico rodado exclusivamente con enanos The Terror of Tiny Town [dvd: The Terror of Tiny Town, 1938], Uwe Boll, o el fenómeno de los clones de Bruce Lee son solo algunos de los temas tratados en los episodios a lo largo de los episodios de una serie para la que ya se trabaja en una segunda temporada, según adelantaron sus responsables en el coloquio con el público que tuvo lugar tras el pase.

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¿De dónde viene vuestro amor al cine trash?

Régis Brochier: Bueno, sencillamente viene por nuestro amor por el cine. Porque, en efecto, yo creo que para que a alguien le guste el cine trash le deben de gustar las películas y el cine en general.

Régis Autran: Viendo las películas buenas llega un momento en el que también te comienzas a interesar por las películas malas.

R. B.: Sí, es verdad. A veces encontramos en estas películas ideas, planos o una manera de montar que no se encuentra o, al menos, nosotros no vemos en el cine mainstream. Y digamos que esto lleva a ver este cine desde otra perspectiva.

Esta afición os llevó a fundar hace más de quince años, y junto a otros compañeros, la web nanarland.com, sin duda uno de los principales referentes para los aficionados a este tipo de cine. ¿Cómo nació la idea de crearla?

R. B.: Se creó en 2001, gracias a que en verano nos juntábamos varios amigos y nos dedicábamos a alquilar películas en video. Éramos estudiantes, y en nuestras largas vacaciones teníamos mucho tiempo para alquilar películas hasta llegar a aquellas que eran tan malas que directamente nos hacían reír. Y esto nos hizo pasar unas veladas tan divertidas que desde entonces nos aficionamos a estas buenas-malas películas; es decir, aquellas películas que son tan malas que acaban por convertirse en buenas.

Después de esto nos dimos cuenta de que no había en Internet ninguna página francesa que hablase sobre este tipo de cine y aconsejara qué películas son aconsejables. Porque también puede pasar que, en lugar de una mala-buena película, veas una mala-mala película, y acabes pasando una tarde terrible. Así que pensamos que sería bueno aprovechar nuestra experiencia escribiendo reseñas de estos films en aquellos primeros años de Internet, cuando hacer una web era algo bastante sencillo. Desde ese momento nos dijimos que, cada vez que viéramos una de estas buenas-malas películas, íbamos a escribir sobre ellas. Y así lo hemos estado haciendo hasta hoy.

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Un instante del coloquio que tuvo lugar en la Casa del Reloj tras el pase de “Nanaroscope”.

Además de vuestro trabajado escribiendo, habéis dado un paso adelante en la difusión de esta cultura con el rodaje de documentales. ¿Qué os llevó a dar este paso?

R. B.: Ha sido una evolución que se ha ido dando muy poco a poco. nanarland.com existe desde hace más de quince años. Al principio solo podíamos colgar texto, luego pudimos meter imágenes, después extractos de audio y finalmente pudimos subir videos. Llegados a este punto, comenzamos a ponernos en contacto a través de mail con los realizadores e intérpretes de las películas de las que hablábamos. Los hacíamos entrevistas de texto y, paralelamente, comenzamos a trabajar en el formato audiovisual. Y a partir de un momento determinado pensamos que por qué no juntar nuestra experiencia en el formato audiovisual con esto que tanto nos apasionaba. Además, nos dimos cuenta que el soporte audiovisual quedaba más natural, y alimentaba aún más las ganas de ver estas películas. Entonces nos pusimos de acuerdo en ir a entrevistar a la gente involucrada en los films para que nos contaran su historia y la historia interna de los rodajes. Y es que lo que se esconden detrás de estas películas a veces es mucho más divertido e interesante que las propias películas. Siempre hay algo especial detrás de estos filmes.

En Nanaroscope entrevistáis a varios directores y actores algunos de cuyos trabajos entran dentro de la consideración de cine basura. ¿Cómo se tomaron cuando les propusisteis ser entrevistados en un documental sobre este tipo de cine?

R. A.: Depende del caso y de la personalidad con la que nos ponemos en contacto. Hay gente que acepta muy fácilmente, como puede ser el caso de los directores italianos, que muchas veces son conscientes de lo que han hecho, o que han tenido que brear con pequeños presupuestos para hacer películas que objetivamente necesitaban de una mayor inversión. Y también ha habido directores que no querían, que, directamente, no nos respondían o que lo hacían desde un principio muy a la defensiva. Entonces hemos tenido que intentar convencerles con el tiempo de que nosotros lo que queríamos era solo una entrevista, no otra cosa. Ha habido a quien les hemos logrado convencer y quien nos ha respondido dos o tres años después diciéndonos que había leído nuestro trabajo, que al hacerlo había comprendido lo que hacíamos y que ahora sí estaría dispuesto a que lo entrevistáramos.

R. B.: De hecho, nuestra meta es hacerles comprender que les tratamos con todo el respeto. Aunque puede que nos riamos con sus películas, lo que no queremos es burlarnos de ellos. A veces ellos mismos nos explican que las condiciones de rodaje de esa película en particular fueron difíciles, que no tenían dinero, que no salió como estaba previsto… De este modo nuestras entrevistas sirven para que puedan justificarse, explicar cómo fue el rodaje y contarnos alguna anécdota. Por ejemplo, el capítulo de Nanaroscope sobre el director francés Jean-Marie Pallardy creo que es el único reportaje que se ha hecho sobre su carrera. Desgraciadamente, las cadenas de televisión de nuestro país no se interesan actualmente por el trabajo de un director como él, ni tampoco en los sitios webs de cine generalista.

En vista de esto, hay veces que pienso que a algunos de estos directores les agrada que nos interesemos por ellos, aunque sea para burlarnos de sus películas. Y es que, aunque nos riamos un poco de sus films, el objetivo es, con esta excusa, interesarnos por su carrera, intentando comprenderlos y hacerles una especie de homenaje, pero sin caer en lo inverso; es decir, hacer parecer que son unos genios y que sus películas son mejor de lo que parecen. La idea es hacer un juicio objetivo de ellos y sus películas, aunque nuestra mirada sea bastante subjetiva. Pero, en todo caso, lo que queremos es documentar, recopilar y poder darles la palabra, porque para nosotros es importante, ya que esta gente no está en la historia oficial del cine. Les han dejado al margen y si compramos un libro sobre la historia del cine seguramente no encontraremos nunca su nombre o el de alguna de sus películas. Por eso es importante lo que hacemos nosotros o un festival como CutreCon, donde pueden ver una sala repleta de gente disfrutando de sus películas y aplaudiéndolos. Es una forma de reconocerles a ellos y su trabajo que agradecen.

R. A.: Cuando buscamos información de estas películas en Internet por lo general lo que encontramos son críticas subjetivas en tono divertido. Y nosotros lo que buscamos es información real. Cuando vemos alguna de estas películas nos preguntamos cosas. Por ejemplo, en el Superman turco queríamos saber cómo lo habían hecho y porqué o en Karate contra mafia, cómo había alguien que había rodado una película de artes marciales en las islas Canarias haciéndola pasar por una producción china. Y cada vez nos preguntamos más cosas. Es por eso que ponemos tantas ganas en encontrar y entrevistar a los directores y a los actores. Queremos saber el porqué y el cómo. Esto es lo que nos parece interesante.

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Régis _ junto a Carlos Palencia, director de CutreCon, durante la rueda de prensa de presentación del festival.

¿Cómo conseguisteis la participación en vuestro proyecto del canal cultural ARTE?

R. B.: Bueno, esto fue un proyecto que tenía desde el primer momento que quisimos hacer algo sobre el cine nanar. Una productora francesa llamada Tournez S’il Vous Plaît nos dijo que les gustaba el proyecto, y nos pusimos a producirlo. Una vez en marcha, una de las distribuidoras en que lo movimos fue Arte. Todo fue muy bien, porque la persona que lo llevaba en aquel entonces decía que era un proyecto buenísimo. Aunque en un principio nosotros habíamos pensado en que el proyecto sería para Cinema Arte, finalmente nos dijeron que formaría parte de Arte Creative, la plataforma web del canal; entonces, en lugar de hacerlo como un largometraje decidimos estructurarlo como una serie documental. El cambio nos gustó, ya que al público de Arte Creative le suelen gustar las cosas que se salen de la norma, y el contenido de Nanaroscope se prestaba de maravilla a ello, además de que nos permitía usar un formato que funciona muy bien en Internet.

Así que, puestos de acuerdo en el formato serie, decidimos que en cada episodio íbamos a hablar de una película, de un director o de una corriente determinada. Desde ARTE se portaron muy bien con nosotros, apoyaron mucho el proyecto, y hemos tenido una relación muy fluida. No es por hacer la pelota, pero creo que ARTE es uno de los mejores canales que hay en Francia para poder trabajar. A todo ello hay que añadirle que el hecho de que se ofrezca la serie en Internet subtitulada en inglés, alemán, español y polaco nos ha brindado que nuestro trabajo tenga una mayor difusión y llegue a muchísima más gente y más lugares de los que podríamos haber pensado en un principio, además de ayudarnos a hacer una mayor justicia con las películas de las que hablamos.

Nanaroscope se hace eco del cada vez más pujante fenómeno del culto al cine basura. ¿A qué creéis que cada vez sea más la gente que se interese por este tipo de películas? ¿Tiene algo que ver el nivel al que ha llegado el cine actual?

R. A.: Pienso que tiene que ver con lo que hemos expuesto antes. Durante los setenta y ochenta dentro del cine popular se produjo un gran número de películas por año que hoy en día con Internet, Netflix, el v.o.d., el directo a DVD o la televisión tenemos acceso a un mayor número de películas. Y el modo en el que actualmente consumimos este tipo de cine ha cambiado sustancialmente. La gente de nuestra generación ve muchas películas, muchas series, lo que nos tiende a ser más críticos que el público que veía aquellas películas en los setenta o los ochenta, que era más cándido, más ingenuo. Hoy en día es impensable que se estrenara una película como el Superman turco, sobre todo si la comparamos con los blockbusters actuales. Sin llegar a estos extremos, las películas de género de los años setenta y ochenta que no han envejecido demasiado bien hace que el público de hoy tenga mayor ocasión de ver buenas-malas películas, y que se haya creado una especie de encaprichamiento alrededor de este tipo de cine.

R. B.: Creo que hay una dirección directa contra la estandarización del cine de hoy en día. Todas las películas de grandes presupuestos últimamente se parecen unas a otras. De hecho, ¿por qué se denominan películas cutres, nanars o trash? Porque son accidentes. Y a día de hoy no hay accidentes en las películas de Marvel o DC, porque se mueven en unos cánones muy estandarizados. Esto hace que no haya sitio para el azar, las casualidades… A veces, lo que hay son películas un poco locas, pero en todo caso es una locura controlada, por así decirlo. En cambio, en estos films cutres, por así llamarlos, sí que se encuentra esa ingenuidad que les lleva hacer cosas que no deberían hacer. Y en el fondo, esto nos da una especie de soplo de aire fresco para el cerebro, ya que nos saca de este cine tan estandarizado de hoy. Por ejemplo, cuando hablamos de Star Crash, choque de galaxias, decimos que tiene efectos especiales, porque eran eso, efectos especiales. Sin embargo, hoy este tipo de películas utilizan CGI, que es algo que como su nombre indica está realizado desde la frialdad de un ordenador, lo que mata toda la magia. Antes, hacía falta una suerte de artesanía, había que inventar cómo hacer este tipo de cosas, no era simplemente programarlo desde un ordenador y ya está. A veces, estos efectos se hacían con un cacho de celo, con telas, con hilos, etcétera, para conseguir unos resultados que podían ser buenos o malos, pero era lo único que había. Y esto se ha perdido. En estas películas había algo más orgánico, más emotivo, que lo que podemos encontrar en estas películas actuales con efectos de imagen generados por ordenador. Y eso también puede explicar el por qué necesitamos volver a aquellas películas, además de por reírnos con ternura, con afecto o con cariño de sus defectos, ya que no se suele dar en las películas que se realizan hoy.

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¿Seguís algún modus operandi a la hora de descubrir películas que puedan ser calificadas nanar?

R. A.: Gracias a Internet se han podido crear comunidades con las que contactar con otras personas con las que compartir el amor por este tipo de cine. Y cuando uno u otro se topa con una de estas películas tiene muchas ganas de difundirla entre otras personas afines. Sin ir más lejos, Karate contra mafia era una película que nunca habríamos descubierto de no haber sido por CutreCon. Y eso es lo interesante. Antes, encontrar estas películas era más difícil. En nuestro caso, acudíamos a las tiendas de ocasión y los videoclubs para comprar los VHS que saldaban y entre los que nos llevábamos a veces te encontrabas con auténticas idas de olla. Pero este método era más doloroso, porque íbamos a ciegas, lo que hacía que para encontrar una película que mereciera la pena, tuvieras que ver diez antes auténticamente infumables. Pero en aquellos momentos no había más solución que buscar de este modo para encontrar buenas-malas películas.

R. B.: Lo que es muy gracioso es la gran evolución que ha habido. Al principio todo empezaba en un videoclub explorando las películas disponibles. En nuestra búsqueda, incluso íbamos en coche hasta otros videoclubs que estaban a bastante distancia de nuestra ciudad. Después ya pudimos pasar aquellas películas de VHS a DVD y, cuando creamos la web, comenzamos a intercambiar cintas con otra gente. Y poco a poco ha habido una evolución hasta llegar a poder descargarnos una película por Internet, lo que nos ha permitido poder intercambiar con gente de otros países y ampliar mucho más el abanico y llegar a cosas cada vez más recónditas que, de otro modo, difícilmente lo haríamos. Es decir, en quince años hemos pasado de buscar estas películas en nuestro barrio a hacerlo de forma prácticamente global.

En este sentido, me parece increíble que se vean las descargas como un enemigo del cine, cuando si le damos la vuelta podemos ver que ha sido algo que ha permitido que resurjan muchas películas que estaban olvidadas y darles una nueva vida, incluso a algunos títulos que creíamos desaparecidos. Una película de Bruce Le que no encontrábamos en Francia la conseguimos gracias a un coleccionista islandés que nos la pasó, curiosamente, en francés con subtítulos en islandés e inglés.

¿Qué ingredientes debe tener en vuestra opinión una película para ser considerada nanar?

R. B.: Es difícil de definir. Incluso, entre nosotros, hay veces que vemos una película y que todos coincidimos que es un nanar, pero también hay otras ocasiones en las que a algunos nos parece que sí lo son, y a otros que no.

R. A.: Es algo muy subjetivo y depende de los gustos. Para nosotros son películas que nos hacen reír, pero ya digo que también depende de cada cual.

R. B.:Para mí una película de Chuck Norris es un nanar. Sin embargo, para mi suegro yo creo que la vería desde otra perspectiva. Diría: “Oh, es una película de Chuck Norris. Todo es acción, todo es trepidante, todo es genial”. Y al igual que ocurre con las personas, también ocurre con los países. Yo creo que cuando el Superman turco salió en cines la gente no lo vio como un gordísimo nanar. Sin duda, cierta parte de la gente, sobre todo los niños, les debió de gustar en su momento. O, por ejemplo, vuestras películas de Chiquito puede que os parezcan nanars a vosotros, porque entendéis al personaje y todo lo que conlleva, pero fuera de España seguramente a nadie le gustarían porque desconocen su idiosincrasia.

¿Cuáles son los títulos que recomendaríais a cualquier persona que quisiera iniciarse en este mundo, o que consideréis que resultan imprescindibles para los aficionados?

R. B.: A mí me gustaría decir, sin adular a este festival, que la que diría de primeras es Star Crash. Pienso que es la idea que se puede hacer cualquiera de primeras al pensar en una película nanar. A veces hemos hablado con gente que no estaba muy metida en el tema, y cuando les decíamos lo de film nanar por lo general suelen identificarlo con films de platillos volantes y peleas. Y Star Crash casa como un guante en la definición: hay acción, efectos especiales, es muy inocente, los diálogos son muy divertidos, no permite aburrirte. Y para alguien que no conoce este mundillo me parece perfecta para que entren en materia. Star Crash aparte, tengo una especial debilidad por Samurai Cop, entre otras cosas porque yo me acostumbré a ver este tipo de películas policiales de serie B a raíz de la impresión que me causó Arma letal.

R. A.: Es muy subjetivo, evidentemente, porque hay muchos títulos. Sí que creo que no hay que recomendar de entrada las películas más extremas, como puede ser el Star Wars turco, que para mí es un nanar de campeonato, pero su montaje y su banda sonora puede que a la gente le pueda echar para atrás de primeras. Es muy exigente, por así decirlo. En cambio, Star Crash es mucho más digerible.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: David Díaz

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on marzo 9, 2018 at 9:41 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Kunt Tulgar

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En su pasada edición, CutreCon inauguró un nuevo galardón, destinado a reconocer la labor de artistas que, sin haberse prodigado dentro del “cine cutre”, cuentan en su haber con alguna película que sea un verdadero hito dentro de este fenómeno. Apadrinado por Ramón Saldías, director de Karate contra mafia (1980), la considerada primera película europea de artes marciales, en este primer año el premio “Sha-di-a” sería entregado al cineasta turco Kunt Tulgar por su paternidad de Süpermen Dönüyor [dvd: El retorno de Superman, 1979], la versión turca sin derechos, ni recursos, del famoso personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en 1933. Un film que, aunque teóricamente surge como respuesta a la cercana adaptación de Richard Donner, se encuentra más cercano argumental y narrativamente a los seriales sobre el alter ego de Kal-El de la década de los cuarenta.

Su estancia en el certamen madrileño nos brindó la oportunidad de mantener la siguiente entrevista con Tulgar, para la que contamos con la ayuda como intérprete de Cem Kaya, director del imprescindible documental sobre el fenómeno del cine popular otomano Remake, Remix, Rip-Off (2014). En ella, además de hablar de su film más conocido, tuvimos tiempo de repasar la trayectoria de este polifacético cineasta, hijo de un importante productor de cine de género y que, a lo largo de su carrera, ha combinado las labores de director con las de montador, actor, guionista e ingeniero de sonido, entre otras funciones. Un cúmulo de circunstancias que le convierten en una voz de lo más autorizada para hablar de la forma de trabajar de una industria que suplió su falta de medios con toneladas de imaginación, oficio y desvergüenza.

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Tu vinculación con el cine se produce desde muy temprana edad. Tu padre era director de cine y con tan solo cuatro años hiciste tu primera aparición en una película interpretando un papel en Tarzán contra el Mau Mau (Tarzan Istanbulda, 1952). ¿Puede decirse que llevas el cine en las venas?

Me gusta el cine, pero fue mi padre el que me metió en este mundillo. Siendo un bebe dormía en una moviola que tenía mi padre en casa. Y al ser propietario de una compañía cinematográfica, enseguida aprovechó para me incluirme en el reparto de esta película, de la que él era el productor, además de director de fotografía, para que interpretara a Tarzán de niño.

Terminados tus estudios, te instalas en Roma, donde entras a trabajar en la empresa cinematográfica especializada en labores de post-producción Tecnostampa Film Studio. ¿Qué recuerdas de aquella época?

Mi padre me matriculó en una escuela secundaria italiana que había en Estambul para hacer negocios con italianos. Esto me abrió las puertas para poder marcharme a Roma, donde estudié montaje y trabajo de estudio en los estudios de cine de Tecnostampa. Empecé como tercer ayudante del jefe de montaje, Alvaro Petrangeli. Después de un año tuve la oportunidad de ser ayudante del director Giovanni Grimaldi en una película llamada Il sceriffo con la stella nera[1] que se rodó en los estudios Cinecitta, y a partir de entonces comencé a encargarme del montaje de las películas que llegaban al estudio. Sin embargo, mi padre fundó a mediados de los sesenta el Estudio Nacional de Cine y me escribió para que trabajara en él. Acepté y volví a Turquía.

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Kunt Tulgar y Cem Kaya.

De vuelta a tu país, te integras en la industria de Yeşilçam[2], donde realizas múltiples tareas, ya fuera como actor, guionista, montador… ¿Cómo era la forma de trabajar en Yeşilçam?

Cuando volví a Turquía, lo que me encontré en mi país, comparado con lo que había visto durante mi estancia en Italia, eran dos mundos completamente opuestos. La forma de trabajar que había en Italia, los equipos, no tenían nada que ver con lo que había en Turquía… Era como Venus y Marte.

¿Y cuál era el proceso de desarrollo de un proyecto desde la idea original hasta la realización final de la película? ¿Cuánto tiempo solían durar los rodajes y cuál era su presupuesto aproximado?

Dependía de cada película y el equipo con el que trabajaras. Había películas que en una semana estaban terminadas y otras que se podían alargar hasta los dos meses. Por ejemplo, yo grabé Süpermen Dönüyor en una semana, con un presupuesto de unas veintisiete mil liras turcas, que a día de hoy sería el equivalente a unos ocho mil euros, que era más o menos el dinero habitual con el que se rodaban las producciones de Yeşilçam.

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Ya que lo has mencionado, dentro de tu carrera como director tu trabajo más conocido es, sin duda, Süpermen Dönüyor, la versión turca de la entonces reciente adaptación del personaje de cómic que había llevado a cabo Richard Donner un año antes. ¿Cómo se te ocurrió la idea?

Estando en París entré con mi padre a un cine en el que proyectaban la versión estadounidense de Superman. Cuando salimos de ver la película, mi padre me dijo que yo también haría mi versión de Superman. Durante el viaje de vuelta en el avión mi mayor preocupación era pensar cómo iba a hacer para rodar las escenas de vuelo del protagonista. Entonces se me ocurrió usar un muñeco. Nada más aterrizar llamé por teléfono para que le hicieran un traje de Superman a un muñeco de Ken. Al llegar, me dijeron que un amigo me estaba esperando en la habitación. Era el muñeco de Ken con un traje de Superman. Probé con el muñeco combinado con retroproyección, pero en la productora no estaban muy contentos con el resultado. Así que para arreglarlo fui a casa de mi madre, cogí su secador de pelo, y así conseguí que al volar la capa del muñeco se moviera y el efecto fuera más convincente.

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El encargado de dar vida a Superman es Tayfun Demir, quien, curiosamente, apenas contaría con más trabajos para la gran pantalla…

Realmente no era actor. Era un amigo mío al que le propuse hacer el papel. En esos momentos él estaba haciendo el servicio militar, por lo que tuvimos que hacer un chanchullo para que pudiera librarse del servicio militar y trabajar en la película. Lo cierto es que tras este papel no volvió participar en ningún otro film. Trabajó en el campo de la fotografía para la compañía Cannon, hasta que murió de cáncer el pasado 2003.

Por cierto que sucedió una anécdota muy graciosa durante su participación en el rodaje de la película. En la escena en la que su personaje se abre la camisa y deja entrever el traje de Superman, cada vez que la repetíamos él tenía que irse a una esquina para coser de nuevo los botones a la camisa. Y así una y otra vez. Total, que después de repetir una de las tomas cuatro o cinco veces se plantó y me dijo que ya valía, que estaba harto de coser botones (risas).

También interviniste en otro de los films más populares del cine de género de tu país como es Dünyayi kurtaran adam (1982), conocido popularmente como el Star Wars turco, ocupándote entre otras tareas de los efectos especiales…

Para hacer la escena en la que Cüneyt Arkin y Aytekin Akkaya, los dos protagonistas, aparecen pilotando sus naves en el interior de la cabina, “tomamos prestada” una copia de La guerra de las galaxias / Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza (Star Wars / Star Wars Episode IV: A New Hope, 1977) que se proyectaba en un cine de Estambul y corté todas las escenas de batallas en el espacio, las empalmé, y las proyecté sobre una pantalla delante de la cual había construido la cabina de la nave. Sin embargo, me faltaba un casco que pudiera pasar por el casco de un piloto espacial. Así que para rodarlo usamos el casco de un motorista que pasaba por la calle y al que se lo pedimos prestado. Pero mientras que a Cüneyt el casco le entraba sin problemas, a Akkaya no. Así que se lo tuvimos que meter a la fuerza y sacárselo igual (risas).

Aparte de las escenas espaciales, también me encargué de los demás modelos y efectos. Por ejemplo, me encargué de los efectos especiales de los disparos de los láseres. Para crearlos, lo que hicimos fue coger el negativo y fotograma a fotograma pintar a mano los rayos en negro, para que una vez procesado el positivado saliera en blanco.

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En Occidente llama mucho la atención que en aquellas películas pudierais utilizar libremente a personajes como Superman, Spiderman o Batman, así como la música de Star Wars, Indiana Jones o James Bond. ¿No tuvisteis nunca ningún problema en este sentido?

Bueno, lo más que hubiera podido pasar es que les diéramos una paliza si venían a reclamarnos y asunto arreglado. Así que preferían no venir a decirnos nada y dejarse de problemas (risas). Ahora en serio, en esos momentos en Turquía no había derechos de autor, por lo que no teníamos cortapisas en ese sentido. Pero sí que es cierto que en la primera película que dirigí, Tarzan korkusuz adam (1974), hubo un momento en el que tuve problemas con los familiares de Edgar Rice Burroughs. Me amenazaron con demandarme. Pero en mi país había existido un ecologista al que popularmente le llamaban el Tarzán de Manisa[3], por lo que dijimos que, en realidad, la película no trataba de la creación original de Burroughs, sino que se basaba en este hombre. Y funcionó.

Esto no quita para que, aunque en el rodaje utilizáramos un mono pequeño, a la hora de montar empleáramos también imágenes de las películas de Tarzán estadounidenses, para lo que previamente decidí rodar la película en blanco y negro, a pesar de que en esos momentos lo normal era hacerlo en color. Para que no nos denunciaran por usar ese material sin derechos, orientamos el fotograma al revés de como estaba originalmente. Ello provoca que la película tenga unos fallos de raccord increíbles, porque lo mismo Tarzán aparece en escena por un lado y al entrar estas imágenes de archivo aparece de repente en el lado contrario.

Una de tus facetas más prolíficas es la de montador de sonido, para lo que solías usar bandas sonoras de films extranjeros. ¿Qué criterios seguías a la hora de elegir la música que debías de utilizar en cada escena?

Tenía un archivo con temas de diferentes bandas sonoras clasificados según al género al que pertenecían: comedia, terror, romántica, de aventuras… Y sobre la película iba probando varias de estas músicas hasta que daba con una que funcionara con las imágenes a las que debía de acompañar.

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Kunt Tulgar siendo golpeado por el protagonista en su cameo en “Süpermen Dönüyor”.

Hacia finales de los ochenta el cine pop turco dejo de realizarse. ¿Cuáles fueron los factores que en tu opinión propiciaron el final de esta industria?

Fue algo bastante triste para mí, ya que se trató de un cambio muy grande. Todos los que trabajábamos en el cine fuimos absorbidos por la televisión para hacer series y demás. Y en la televisión tuvimos que enfrentarnos con la censura. Cosas que en nuestras películas podíamos hacer normalmente, en las series no te dejaban, como, por ejemplo, que los personajes aparecieran bebiendo alcohol o fumando.

¿Y qué te parece que a día de hoy aquellas películas sean conocidas y celebradas en todo el mundo?

Lo disfruto. Por lo general se considera a Dünyayi kurtaran Adam, el Star Wars turco, como la peor película que existe, y detrás va mi Superman como la segunda peor. Y a mí esto me molesta, porque a mí lo que me gustaría es que mi película fuera la que se considerara la peor de todas (risas).

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Aunque Kunt Tulgar dice este título, la película a la que se refiere por los datos que da es Johnny Colt (1966). Puede que el título referido sea el de rodaje, aunque no está de más señalar que, curiosamente, coincide con la traducción con el que tendría en su estreno en Turquía: Siyah yildizli serif.

[2] Yeşilçam es el término con el que se denomina a la industria cinematográfica turca dedicada a los géneros populares que floreció entre los años cincuenta hasta comienzos de los años ochenta. Su nombre procede de la calle de Estambul donde se situaban las oficinas de la mayoría de productoras de la época.

[3] Ahmet Bedevi, también conocido como Tarzán de Manisa, nació en 1900 en Bagdad. Combatió en la Guerra de la Independencia turca, siendo condecorado con una medalla. Regresó a una Manisa arruinada y destruida en 1923. Bedevi comenzó a trabajar como bombero y jardinero, convirtiéndose en el pionero y símbolo de las actividades de plantación. Debido al clima suave de la zona, primero usó un chaleco y pantalones y luego comenzó a deambular por la ciudad en pantalones cortos. La gente de Manisa veía su parecido con Tarzán a causa de su forma de vestir, y siempre lo apreciaba con cariño. Tarzán de Manisa vivía en el monte Spilylus, ignorando todas sus necesidades individuales pero trabajando por un medio ambiente más ecológico. Murió el 31 de mayo de 1963. (Extraído de http://www.turkishclass.com/forumTitle_37852)

Traducción: David Díaz

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on febrero 27, 2018 at 6:38 am  Dejar un comentario  
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