Wax

Coincidiendo con el estreno en salas comerciales el pasado 26 de septiembre de Vampyres (2015), la nueva película de Víctor Matellano, nos disponemos a recuperar la cinta que supuso su opera prima como realizador de largometrajes de ficción, Wax (2014), aprovechando su reciente edición por parte de Tema Distribuciones en formato Dvd y Bluray.

LA PELÍCULA

vlcsnap-2015-09-11-19h46m47s11

Bajo el título de Wax Víctor Matellano debutaba con una película de terror compleja en estructura que apuesta por mezclar diferentes lenguajes audiovisuales (found footage, formato televisivo, narración convencional…) con el fin de adornar un sencillo guión que cuenta la historia de un joven periodista que por ganarse un dinero extra acepta el reto de pasar una noche encerrado en el Museo de Cera de Barcelona. Por supuesto la trama esconde diferentes giros argumentales, pero quizá su mayor baza sea la creación de un nuevo villano, el Dr. Knox; torturador y amante del dolor ajeno, este sádico individuo podría haberse convertido, de haber nacido en otra época, en el personaje principal de una saga enumerada. Interpretado por Jack Taylor, auténtica leyenda viviente, muy conocido por sus intervenciones en numerosos clásicos de nuestro cine de horror patrio, es precisamente su presencia una de las principales virtudes de Wax, pues el intérprete norteamericano realiza un estimable trabajo que no fue pasado por alto ante determinados sectores[1].

vlcsnap-2015-09-11-19h48m45s196

Enfocada como un homenaje a los clásicos del cine de terror hispano, la participación del que fuera protagonista de El buque maldito (1974) no es la única que Matellano emplea para honrar aquel movimiento: el reparto también incluye las presencias de nombres tan conocidos y admirados como los de Lone Fleming o Antonio Mayans, así como un “cameo vocal” de Jacinto Molina-Paul Naschy, un guiño personal por parte del director, quien siempre ha mostrado ante el público una gran admiración hacia aquella corriente que comúnmente denominamos como fantaterror español, ya sea escribiendo libros (Spanish Horror o Spanish Exploitation) o dirigiendo documentales (Zarpazos-2013 o Tío Jess-2012).

vlcsnap-2015-09-11-19h49m07s143

Del resto del cast debemos destacar a la no menos conocida y respetada Geraldine Chaplin -muy presente en el cine fantástico actual a raíz de su intervención en El orfanato (2007)- y a Saturnino García, actor que siempre se agradece ver en pantalla. Por último, Jimmy Shaw (a quien hemos visto en multitud de series catódicas de nuestro país) da vida al muchacho que hará las veces de hilo conductor de la historia. En el equipo técnico también encontramos figuras de primer nivel, como la diseñadora de vestuario Yvonne Blake, el técnico de FX Colin Arthur o el ilustrador Alfonso Azpiri, aquí diseñando los dibujos para los títulos de crédito.

vlcsnap-2015-09-11-19h46m14s205

Lejos de ser una gran película ni mucho menos ese gran homenaje al fantaterror español que algunos esperábamos ver, Wax funciona como experimento audiovisual que combina dos épocas bien diferenciadas, acudiendo a subgéneros modernos como el torture porn para crear la claustrofóbica atmósfera en la que se mueven los protagonistas, así como homenajeando a ese cine de terror añejo, no sólo con la presencia de  su estudiado elenco, sino con los diferentes props que pueblan la pantalla (figuras y disfraces de monstruos clásicos como Leatherface o el monstruo de Frankenstein, o carteles de films de culto como La venganza de la momia, cinta de 1973 protagonizada precisamente por Taylor y Naschy). Mostrando un interesante punto crítico hacia los medios de comunicación en el tercer acto del libreto, Matellano entremezcla muchos conceptos, quizá demasiados, y eso hace que el acabado final no sea del todo brillante; pero en ningún momento debería olvidarse que se trata de un trabajo de iniciación en el formato largo, un primer paso en la carrera de un realizador cuya actitud cinéfila tal vez ofrezca una siguiente obra mejor conseguida.

vlcsnap-2015-09-11-19h47m09s255

Con todo, la cinta se hace amena, su ritmo funciona adecuadamente y tiene momentos memorables, tanto para el goremaniaco que desee disfrutar con las salvajadas orquestadas por el Dr. Knox, como para el amante del cine que conecte con el tono cómplice que ofrece la historia; en referencia a este último aspecto, destaca aquella escena en la que el personaje de Geraldine Chaplin se encuentra con la figura de cera de Charles Chaplin, su padre en la vida real. Un bonito gesto.

vlcsnap-2015-09-11-19h47m36s253

Ahora, tal y como anunciábamos al inicio, queda por ver lo que nos depara Vampyres (al menos a los que todavía no la hemos visto) y poder conocer así el camino que sigue la carrera cinematográfica de Víctor Matellano.

LA EDICIÓN

vlcsnap-2015-09-11-19h43m17s247

Las ediciones que Tema Distribuciones ha sacado al mercado en España incluye dos pistas de sonido, la versión original en inglés (con subtítulos en nuestro idioma) y la versión doblada al castellano. La calidad de imagen que presenta es excelente, como por otra parte corresponde a un título actual, ofreciendo en el aspect ratio original con el que se rodó originalmente, con formato anamórfico. En cuanto a los extras, destaca el making of de la película, así como dos secuencias eliminadas del montaje final del director; todo se complementa con una galería fotográfica, un teaser y el trailer promocional del filme.

Javier Pueyo

[1] Wax obtuvo una Mención Especial al trabajo de los actores Jack Taylor y Geraldine Chaplin en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre-2014.

vlcsnap-2015-09-11-19h44m02s157

FICHA TÉCNICA

Título original: Wax

Año: 2014 (España)

Director: Víctor Matellano

Productor: Andrés Acevedo

Guionistas: Víctor Matellano, Hugo Stuven Casasnovas

Fotografía: Daniel Salas Alberola

Música: Sergio Jiménez Lacima

Intérpretes: Jack Taylor (Dr. Knox), Geraldine Chaplin (Productora de televisión), Jimmy Shaw (Mike), Yolanda Font (Nuria), Antonio Mayans (Jardinero), Lone Fleming (Policía forense), Manuel M. Velasco (Actor en el museo de cera)…

Sinopsis: Un joven acepta la propuesta de una productora de televisión de pasar la noche en el Museo de Cera de Barcelona, a fin de documentar con su cámara los fenómenos extraños que supuestamente suceden en el lugar.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada en DVD.

 

Las imágenes perdidas. La otra mirada

De entre los distintos títulos que puso a la venta Cameo las pasadas fiestas navideñas trataremos en profundidad esta curiosa mezcla de ensayo y documental, que aborda de una manera un tanto sui generis el poder de fascinación subyugante y casi mágico que el cine puede llegar a ejercer en ciertos individuos, personificados en esta ocasión en Javier Gurruchaga, el propio director de la cinta, Juan Pinzás, y Paul Naschy en una de sus últimas intervenciones para la gran pantalla.

LA PELICULA

vlcsnap-93808

De forma altamente reveladora, ya en los primeros compases de este imperfecto pero interesante estudio sobre el séptimo arte – concretamente en los créditos iniciales -, podemos encontrarnos con una secuencia que define con implacable y esclarecedora contundencia (incluso más de lo que el propio director puede llegar a imaginar) tanto el cine de Pinzás en general, como lo que nos espera a la hora de visionar la presente película en concreto. En ella, y mientras se escuchan en la banda sonora unas declaraciones de Godard (entre otras, la ya célebre y demasiado sobada “el cine es realidad a 24 fotogramas por segundo”) Pinzás va seleccionando algunos DVDs de las estanterías de su videoteca, entre los que se destacan títulos de (nada más y nada menos) Bergman, Fassbinder o Dreyer.

vlcsnap-112505

Demasiado elevados modelos éstos para alguien poseedor de una de las filmografías más heterogéneas, desnortadas y oportunistas del cine español de los últimos treinta años. Nacido profesionalmente al socaire de esa nefasta etapa en la que en nuestro país se borró de las carteleras todo rastro de cine adscrito a cualquier género que no fueran la comedia madrileña (… o derivados), el cine de autor o los relatos situados en la Guerra Civil y/o la Posguerra, por mucho que Pinzás declare altivamente en un momento dado de esta Las imágenes perdidas atesorar una temática y estilo propios, si precisamente hay algo que ha evidenciado el director vigués desde su ópera prima hasta la fecha, es tanto una acusada falta de personalidad en lo fílmico como una abismal desigualdad entre las pretensiones iniciales con las que afronta sus trabajos y el totalmente insatisfactorio resultado final que comúnmente suelen arrojar.

vlcsnap-164275

Sobrados ejemplos podemos rastrear pues a lo largo de su filmografía, tanto de su manifiesta incapacidad para narrar una historia al uso como de su nula pericia a la hora de adentrarse en territorios más vanguardistas y/o experimentales: desde la polvorienta e insoportable El juego de los mensajes invisibles (película del año 91 tan caduca que parece filmada a comienzos de los setenta), pasando por ese delirante y chapucero acercamiento al folklore gallego que es La leyenda de la doncella (1994), y terminando con su chiripitifláutica trilogía Dogma (formada por Erase otra vez, Días de boda y El desenlace) en la que Pinzás confundía cándidamente transgresión con chabacanería y la búsqueda de un cine puro – que caracterizara la corriente que inauguraran Lars Von Trier y sus acólitos – con un sonrojante amateurismo.

vlcsnap-125844

 A la manera de un Ed Wood gallego – y de manera admirablemente tenaz, todo hay que decirlo -, este director ha ido manifestando película tras película un inusitado entusiasmo por seguir rodando, a pesar de estar lejos de poseer en modo alguno el talento que justifique el que siga haciéndolo. Y aunque, en principio, y por aptitudes (o más bien por falta de…) pareciera el nombre menos indicado para ocuparse de un film del calado reflexivo de Las imágenes perdidas, resulta el destino más consecuente al que le ha podido conducir (además de un ego del tamaño del estadio de Balaídos) una trayectoria que, aunque carezca de un patrón determinado, sí se muestra al menos cada vez más proclive a la experimentación… aunque mucho me temo que esta inclinación responda sencillamente a dificultades por levantar proyectos de mayor envergadura que a pretensiones exclusivamente estéticas.

vlcsnap-103700

Si hay otra peculiaridad que define el cine de Pinzás (adquiriendo esta vez una importancia desmesurada) es su debilidad por incluir en sus pelis, de manera totalmente arbitraria en la mayoría de los casos, a sus amiguetes del mundo de la farándula en papeles de diversa relevancia, aún cuando la mayoría de las veces no tengan nada que ver con el mundo de la actuación, como fueron en el pasado los casos de Andrés Aberasturi o Juan Manuel de Prada. En Las imágenes perdidas, y para no ser menos, ha tenido la deferencia (sobre todo para con el sufrido espectador de su cine) de compartir plano y pensamientos con dos figuras infinitamente más interesantes que él y que, a modo de extemporáneas presencias, ya se habían asomado anteriormente en varios de sus films. Nos referimos, como es evidente, a la extraña pareja que componen para la ocasión Javier Gurruchaga y Paul Naschy.

vlcsnap-152688

En el caso concreto de nuestro hombre lobo nacional, y aunque el film se centre entre otras cosas en una hipotética meditación acerca de la fascinante perdurabilidad a través del tiempo del cine en general (y de los profesionales que trabajan en el medio en particular), Naschy (por descontado y como era habitual en él) no quiere, no sabe o no puede hablar de otra cosa que no sea de sí mismo, recurriendo en la mayor parte de sus intervenciones al ensalzamiento de su propio trabajo y de su figura, con un discurso por otra parte ya de sobra conocido por todo aquel que estuviera mínimamente atento a las entrevistas que el autor de El caminante concediera en sus últimos y auto-reivindicativos años. Por más que comparezca ante las cámaras de Pinzás ya visiblemente enfermo, es de agradecer sin embargo la voluntad del realizador por no sacar rédito alguno ni recrearse en la miseria de su amigo, aunque no podamos evitar fantasear en un momento dado sobre qué hubiera ocurrido de haberse producido un acercamiento a la figura de Naschy a la manera del que Wim Wenders realizara a Nicholas Ray en la testamentaria Relámpago sobre el agua.

vlcsnap-94625

Más acertada, variada y acorde con el tema de la propuesta resulta en cambio el tono de la participación del líder de La orquesta Mondragón (por mucho que a veces recurra a tópicos demasiado manidos, o haga gala de ese molesto victimismo que parece inherente a la personalidad de los artistas de este país), aunque desafortunadamente en momento alguno ninguno de los integrantes del terceto protagonista llegue a interactuar realmente con el resto, limitándose de este modo a ofrecernos una colección de monólogos (más o menos interesantes… más o menos endogámicos) que, como era de prever, se acaban revelando, a pesar de todo, como lo más estimulante de todo el dispar conjunto.

vlcsnap-103492

Paralelamente a estas entrevistas con sus dos amigos (en las que el director ejerce de convidado de piedra), Pinzás se desquita intercalando retazos de una visita a su ciudad natal en una suerte de viaje iniciático a sus raíces, a la vez que aprovecha para autohomenajearse y convertirse en el principal valedor de su propia obra visitando las localizaciones en las que se rodaron sus películas, otorgándoles de este modo una dimensión casi legendaria de la que, por supuesto, carecen por completo en la realidad. Pinzás se limita en estos segmentos a filmar Vigo con su cámara – como por otra parte cualquier otro turista haría -, yendo a los lugares (el puerto, la lonja del pescado) y haciendo las actividades más típicas y comunes que se pueden realizar en la ciudad (como viajar en ferry o asistir a procesiones), a las que se intenta revestir con un mínimo de transcendencia – a pesar de no superar el estatus de anodinas imágenes de postal -, con forzadas conexiones a través de la voz en off entre aquello que contemplamos y el “mundo personal” del director.

vlcsnap-165204

Culminado con la búsqueda y el encuentro del mcguffin al que debe su título (y que, como no podía ser de otra manera, resulta finalmente una excusa más para que el cineasta autosatisfaga su desproporcionado ego), a pesar de los desmanes narcisistas de distinto signo repartidos por todo su metraje, probablemente nos encontremos, si no ante el mejor, sí ante el más sólido de los trabajos de su autor. A ello ayudan tanto el formato elegido (que permite, además de más libertad de acción a la hora de filmar, un mayor nivel de tolerancia por parte del espectador predispuesto), como, sobre todo, la superficialidad general a la hora de aproximarse a cuestiones tan excelsas y profundas como las aquí tratadas, logrando el casi milagro de que esta Las imágenes perdidas sea mucho más digerible de lo que en un principio cabría temerse. Y es que, aunque sea una película algo redundante, presuntuosa y, en ocasiones, incluso aburrida, al menos y en comparación, no resulta ni de lejos tan ridícula, vergonzante y/o molesta como el grueso de la filmografía del director gallego.

LA EDICION

vlcsnap-147331

El presente film viene ofrecido con un ratio de imagen 1.85:1 anamórfico, además de subtítulos en inglés y audio 5.1 en castellano, por mucho que en el menú se indique la versión original en castellano y “francés” (¿¡!?). Suponemos que la adición de este último idioma se debe exclusivamente a los escasos treinta segundos en los que oímos hablar de fondo a Godard.

vlcsnap-146304

En el apartado de extras, y junto a las consabidas fichas técnicas y artísticas, nos podemos encontrar con un tráiler y algunas escenas extendidas y eliminadas, hallándose entre estas últimas una interesantísima conversación de apenas dos minutos entre Juan Pinzás y Paul Naschy; tanto por su escasa duración como por su enorme relevancia, no podemos llegar a imaginar el motivo de que no se haya incluido en el montaje final.

José Manuel Romero Moreno

vlcsnap-156072

FICHA TÉCNICA

Título original: Las imágenes perdidas. La otra mirada

Año: 2010 (España)

Director: Juan Pinzás

Guionista: Juan Pinzás

Productores: Juan Pinzás, Pilar Sueiro

Fotografía: Pablo Bar, Juan Pinzás

Interprétes: Paul Naschy [Jacinto Molina], Javier Gurruchaga, Juan Pinzás, Pilar Sueiro, Enrique de Prado, Adela Boronat

Sinopsis: El viaje interior de uno de los directores españoles más controvertidos. El cineasta Juan Pinzás realiza un viaje físico e iniciático en busca de unas imágenes perdidas que había rodado en los años ochenta. El viaje le conduce desde Madrid hasta su Galicia natal encontrándose en el camino con diversos personajes, como el mítico actor y director Paul Naschy o el polifácetico actor y cantante Javier Gurruchaga, en cuyos universos personales ahonda el film. Finalmente hallará en Vigo una vieja película en formato de Súper-8 mm con las imágenes deseadas. La catársis se produce con el visionado del antiguo film que resulta ser un homenaje al cine y supone el final del viaje introspectivo del cineasta.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

Empusa

El pasado 3 de octubre, coincidiendo con su estreno en salas cinematográficas, Cameo editó el DVD de la última película de Paul Naschy, Empusa. El film, que comenzó a gestarse en 2007 y tuvo un rodaje y una postproducción accidentados, llega ahora por fin, siete años después, a los aficionados en una edición complementada con interesantes extras. Empusa cierra la filmografía de Paul Naschy, el cual, recordemos, falleció a finales del 2009. La desaparición de Naschy, junto a la de Jess Franco en abril del año pasado, pone punto final a toda una manera de entender el cine de terror en nuestro país. Empusa nos habla de una época de nuestro cine y una figura que, a buen seguro, no se volverán a repetir.

LA PELÍCULA

vlcsnap-2014-12-18-19h26m42s10

Toda obra artística, del tipo que sea, es producto de un determinado contexto histórico, social, político y cultural, de manera que no sólo esa obra es únicamente explicable a partir de ese particular contexto, sino que también dicho contexto es entendible a través de las obras que anteriormente generó. Así, los films clásicos de Naschy son productos de una determinada época, y al mismo tiempo nos servirían para entender tal época. El propio Naschy afirmaba, en los extras de sus films que editó Vellavisión, que las películas que realizó durante los años setenta y principios de los ochenta eran algo irrepetible y no podrían llevarse a cabo hoy en día. Y en la entrevista que acompaña a la edición americana de La noche de Walpurgis (León Klimovsky, 1970), realizada por Anchor Bay, sostenía que a través de sus films se podía entender la historia de España (de unos determinados años, suponemos). Por tanto, si el propio Naschy pensaba de esa manera, sorprende que con Empusa pretendiera hacer una película como las de los años setenta, proyecto condenado al fracaso de antemano pues no se puede reproducir el marco histórico y cultural de donde surgieron tales películas.

vlcsnap-2014-12-18-19h30m50s187

El film no funciona ni siquiera como homenaje puesto que prácticamente todo en él es un desastre (1). El primer problema es un guión que, aunque comienza con algo de interés, a mitad de película pierde fuerza y empieza a mostrar todo tipo de incongruencias y agujeros argumentales. La historia está pésimamente mal narrada, y, como sucediera con El gran amor del conde Drácula (Javier Aguirre, 1973), el tramo final del film es un completo despropósito en el cual se tiran por la borda las (pocas) buenas ideas que presentaba la película. En el guión abundan los tópicos (esa úlcera del comisario, tópico entre tópicos), está repleto de elementos narrativos que no conducen a ninguna parte (el irrelevante episodio del barón Ulrich, las manos cortadas y sus tatuajes de los cuales no se nos da ninguna explicación, toda la subtrama irrisoria de los vampiros de segunda, la supuesta videncia del protagonista, etc.), y las cosas suceden “porque sí” (ese inicio en la playa con fotografía monocolor sin que haya ningún motivo narrativo que lo justifique; los personajes, como el de Lilith, aparecen de la nada; las dagas de Sión, que el cura tiene como por arte de magia, etc.) (2).

vlcsnap-2014-12-18-19h32m09s209

Los diálogos son horribles, de una vulgaridad y de un mal gusto indescriptibles y parecen estar escritos pensando en el espectador más descerebrado y/o adolescente. Quizá Naschy pensara que escribir ese tipo de diálogos es ser moderno, pero Naschy no puede engañar a nadie puesto que la ideología que transpira el film es absolutamente reaccionaria y todo lo contrario de lo que podría ser “moderno”. Así los diálogos, de una manera obsesiva e infantil centrados en lo sexual, son de una misoginia espantosa e impropia del país y del siglo en el que estamos. En el film las mujeres están destinadas, literalmente, a ser destruidas (mediante unos mediocres efectos especiales) después de que el macho (esto es, Naschy) haya disfrutado carnalmente de ellas. En el film se nos dice que las féminas son “el compendio de todo lo malo, lo sucio, lo prohibido”, y que “su malignidad no tiene límites, es indescriptible”. Quizá no está de más añadir que el nombre de empusa, además de referirse al ser sobrenatural (3), designa también un género de mantis, evocando así en la mente la combinación de muerte y sexo típica del fantaterror español. Naschy nos presenta una misoginia completamente trasnochada y más típica de la moral medieval o victoriana, con referencias a Eva como pecadora y causante de todas las desgracias del hombre – como se afirmaba sin pudor en El aullido del diablo (Jacinto Molina, 1987)-, o mostrándonos el famoso cuadro de Lilith (1892) de John Collier. En este sentido, también se puede mencionar la alusión a la novela de Vladimir Nabokov (y al film de Stanley Kubrick basado en esa misma obra) puesto que vemos al personaje de Cristabel leyendo Lolita (4). Una misoginia a todas luces anacrónica, que dificultará que el film conecte con las nuevas generaciones de aficionados al género, si es que tal era su propósito.

vlcsnap-2014-12-18-19h37m39s176

Otro aspecto que va contra la pretendida modernidad de los diálogos y situaciones son las opiniones que el personaje de Abel vierte sobre cómo solucionar la problemática del crimen. En la conversación que mantiene con el comisario, mientras en el fondo se observa un joven arrestado que lleva una camiseta donde se pueden leer las palabras “resistencia global”, afirma Abel, sin que le tiemblen las pestañas: “A los asesinos se les liquida a tiros”, y parece que de pronto estuviéramos oyendo al Paul Kersey de El justiciero de la ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974); y es que Naschy ya había mostrado opiniones similares en Una libélula para cada muerto (León Klimovsky, 1974) y La noche del ejecutor (Jacinto Molina, 1992) (5).

vlcsnap-2014-12-18-19h39m28s251

El tercer aspecto que contradice la postiza modernidad de la propuesta naschyana es el peculiar uso que el director y guionista hace del mito de la empusa. Uno de los pocos atractivos del film era mostrar a unos seres vampíricos milenarios y anteriores al cristianismo, y, por tanto, supuestamente inmunes a las cruces y símbolos de la fe cristiana; unos seres, en consecuencia, alejados de los tópicos sobre el mito del vampiro establecidos por el cine de la Universal y la Hammer. Sin embargo, este tratamiento novedoso de la figura del vampiro es totalmente desaprovechado. Así, Abel (nótese el nombre bíblico), aun conociendo perfectamente el carácter precristiano de las empusas y que son inmunes a la simbología cristiana, absurdamente prepara un arma a base de hostias y agua bendita, y se enfrenta a las vampiras con cruces y estacas de madera (¿es realmente posible atravesar un cráneo humano lanzando una estaca de madera?); y por si esto fuera poco, usa también como arma un detente, un escapulario donde aparece representado el corazón de la Virgen de los Dolores, y que, según se nos dice en el film, fue usado como protección durante la guerra civil por el abuelo de Natalia, la amante de Abel (6). A pesar de lo interesante que hubiera sido explorar la antigüedad inmemorial de las empusas (7), Naschy se muestra totalmente incapaz de salir del compartimento estanco que constituye el universo mental del cristianismo.

vlcsnap-2014-12-18-19h42m56s22

Para el director, la mujer es la pecadora Eva, y mediante una carta del tarot la identifica nada menos que con el diablo (en un momento determinado nos mostrará el verdadero aspecto de la principal empusa: un ser verde de aspecto viscoso, deforme, desfigurado, y con un diabólico cuerno en la cabeza). Remarquemos en este sentido la destrucción final de Lilith, de connotaciones bíblicas, al quemarle los ojos (de alguna manera ella se atreve a ver y hacer lo que los mortales tienen prohibido, por mandato divino, ver y hacer). Es inevitable recordar la cita bíblica de Mateo 5: 27-30, la cual, por cierto, fue usada por Roger Corman en El hombre con rayos X en los ojos (X – The Man With X-Ray Eyes, 1963): “Sabéis que se dijo: No cometas adulterio. Pero yo os digo: El que mira con malos deseos a la mujer de otro, ya está adulterando con ella en el fondo de su corazón. Así que, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero al infierno. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero al infierno”. De esta manera, la reina de las empusas sufre el mismo final que el personaje interpretado por Howard Vernon en El aullido del diablo, el cual perdía los ojos en un final de connotaciones apocalípticas. En Los cántabros, Naschy nos muestra como el personaje encarnado por Antonio Iranzo, personaje reprimido, rijoso y misógino hasta la médula, perdió la mano derecha, lo cual lo relaciona con la cita bíblica anteriormente expuesta. Quizá esto explicaría también el detalle de las manos cortadas en Empusa, puesto que, según esta manera de pensar, si los ojos ven lo que no deben ver, asimismo las manos tocan lo que no deben tocar (8).

vlcsnap-2014-12-18-19h33m16s114

Asimismo, en el encuentro íntimo con Abel, la Lilith-Eva (se nos muestra comiendo una manzana) describe el ojo de la providencia, el ojo divino que todo lo ve (el conocido símbolo que consiste en un ojo dentro de un triángulo), y, puesto que Lilith es la Eva pecadora, podemos recordar que cuando Adán y Eva, desobedeciendo las órdenes divinas, comen del árbol del conocimiento (también llamado árbol de la sabiduría) la primera consecuencia que les acontece es que los ojos de ambos se abren: “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así con ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos” (Génesis 3: 1-7). Las dos implicaciones que se derivan son claras: la primera, que sólo al ojo divino le es permitido ver; y la segunda, que ver es saber. La oscuridad y el oscurantismo lo dominan todo… y la supuesta “modernidad” del film queda en nada y se revela como algo vacuo e insustancial.

vlcsnap-2014-12-18-19h41m20s91

Este anhelo infructuoso de artificial modernidad y contemporaneidad se observa también en los comentarios inocuos sobre la crisis económica y en el intento de arrimar la historia a la moda del cine de superhéroes, lo cual se nota en la escena donde Abel se coloca la indumentaria del cazador de vampiros y en el hecho, sorprendente, de que él se denomine a sí mismo “superhéroe”. El padre Serapión le dice muy serio, aunque luego no se vuelve a hacer ninguna referencia a ello, que él es “el elegido”, quizá un guiño al personaje de Neo en Matrix (Matrix, 1999) de Andy y Lana Wachowski.

vlcsnap-2014-12-18-19h44m09s245

Dos de los aspectos más negativos del guión son, por un lado, su continuo humor chabacano y sexista. Naschy nunca ha estado muy dotado para el humor, y a pesar de ello en este film nos da doble ración de humor sin ningún tipo de gracia ni ingenio, pero que lo acercan a un tipo de cine friki y de mal gusto en la línea de Killer Barbys (Jess Franco, 1996). Por el otro, el sentido del erotismo que aparece en este film es paupérrimo y consiste básicamente en mostrar cuantos más pechos y culos mejor, recordando a los peores films del destape. El director se muestra incapaz de extraer un mínimo de erotismo o morbosidad de sus actrices, y a pesar de tanta epidermis exhibida el film es, en su mirada e intenciones, profundamente retrógrado. Para Naschy parece que el súmmum del erotismo consiste en un torpe beso lésbico o en atiborrarnos de supuestos bailes sensuales y exóticos, aprovechando que una de las actrices, Cristina Carrión, es bailarina; bailes, que, sin embargo, parecen salidos del peor de los péplums. El baile que realiza Cristabel para el protagonista, en un set que recuerda un escenario teatral, remite a los sexy shows típicos del cine de Franco, pero sin la sensibilidad erótica que tantas veces mostró el director de Gritos en la noche (Jess Franco, 1962). Y es que para Naschy-Molina, la máxima transgresión consiste en mostrar una vampira fumando en lugares donde esa actividad está prohibida.

vlcsnap-2014-12-18-19h37m06s109

En consonancia con este erotismo de baja intensidad, el personaje de Abel se nos describe como glotón y lujurioso, muy alejado del ascetismo y puritanismo del Van Helsing interpretado por Peter Cushing. En este personaje, Naschy vuelve a hacer gala de su proverbial megalomanía, de manera que las vampiras veinteañeras lo acosan y provocan sexualmente de manera incansable, se habla de él insistentemente como de alguien sabio e inteligente (uno se pregunta qué tipo de sabiduría puede poseer un hombre de 75 años que pueda interesar a unos seres que han vivido durante milenios…), y la suma vampira se refiere a él como “el gran actor Abel Olaya” (9). Autobombo totalmente innecesario pues nadie puede negarle a Naschy los muchos méritos que posee su cine ni el fantaterror español podría entenderse sin su continua labor en el género.

vlcsnap-2014-12-18-19h35m06s187

Y es que Naschy, sin llegar a ser nunca un grandísimo director (él mismo reconoció muchas veces que empezó a dirigir simplemente porque no lo contrataban como actor), llegó a realizar algunos films notables y de gran belleza visual, entre los cuales puede destacarse Inquisición (1976), La bestia y la espada mágica (1983), El carnaval de las bestias (1980), Los cántabros o Latidos de pánico (1983). Sin embargo, en Empusa, la dirección se muestra totalmente amateur, impropia de un profesional que ha dirigido con anterioridad catorce títulos. Quizá haya que tener en cuenta, además de su mala salud en los últimos tiempos de su vida, que hacía casi veinte años que no se ponía detrás de una cámara, desde que dirigiera La noche del ejecutor, y que, en consecuencia, su ingenio como director se encontraba oxidado. Sea por la razón que sea, Naschy dirigió Empusa sin ningún vigor ni inventiva visual, haciendo uso de un lenguaje cinematográfico muy pobre y plano. La fotografía de Luis Colombo desaprovecha totalmente la belleza y el interés visual que podían ofrecer tanto los escenarios naturales (las playas, la gruta) como los urbanos (la ciudad, el cementerio, los bares, las ruinas, la feria). Se intenta rodar algunas secuencias como homenaje a clásicos del género, así el ataque de las gaviotas en la playa hace referencia a Los pájaros (The Birds, 1963) de Alfred Hitchcock, el primer plano de los ojos de la vampira Cristabel hipnotizando a Naschy remite a los films de Bela Lugosi, y la sugerente sombra de las empusas sobre las paredes de la cueva donde moran hace pensar en la versión de Drácula de Francis Ford Coppola (1992).

vlcsnap-2014-12-18-19h47m35s249

Pero todas estas escenas están rodadas con tan poca inventiva visual y con tal falta de vitalidad y energía que la comparación con los modelos a los que homenajean todavía hace que parezcan peor. La escena del sacrificio de Víctor en la gruta alude a la escena de la cueva en La maldición de la bestia (Miguel Iglesias Bonns, 1975); si comparamos la manera como las dos escenas están filmadas, la iluminación y el uso del color, Empusa sale claramente perdiendo en la comparación. Lo mismo sucede con la primera aparición de Cristabel en la playa, escena en la cual se intenta presentar a la vampira como una suerte de ser femenino devorador y amenazante, como las sirenas. Si comparamos esta escena con la inicial de El lago de las vírgenes (Jess Franco, 1982), donde aparece la mujer sirena tendida y expectante cual araña come-hombres sobre unos arrecifes costeros, comprobaremos como Franco con una sola escena (muy sencilla por lo demás, aquí no estamos hablando de grandes presupuestos, sino de imaginación) es capaz de evocar visualmente toda una serie de sensaciones de las cuales la escena similar de Naschy carece (10).

vlcsnap-2014-12-18-19h37m25s42

Jess Franco ha sido ya mencionado varias veces y es que en Empusa Naschy parece haberse querido acercar a la estética franquiana, a la manera de rodar, al particular y desenfadado sentido del humor y al aspecto visual de la llamada etapa digital de Franco. Esta intuición se ve reforzada por la participación en el proyecto de Antonio Mayans, el rostro más reconocible del cine de Franco durante los años ochenta, y del director de fotografía Luis Colombo, el cual se había encargado también de la fotografía de Mondo Canibale / La Dea Cannibale (1980), film que, al ser uno de los peores de Franco, tal vez haga pensar que la responsabilidad del desastre que es Empusa no debería recaer únicamente sobre el director madrileño.

vlcsnap-2014-12-18-19h50m25s164

La influencia de Franco se percibe en el uso de la fotografía digital (como medio de abaratar costes seguramente), en el tratamiento que reciben las fuentes de luz ya sean naturales o artificiales, y en especial en las localizaciones de la costa levantina, con su luz mediterránea, sus playas y su atmósfera turística (en el film se hace referencia varias veces a los turistas extranjeros que allí veranean). Es imposible no pensar en el cine franquiano al ver a Mayans recitar sus líneas delante del peñón de Ifach, en Calpe, el cual figura en numerosas obras de Franco. De igual modo, las ruinas de aspecto arábigo de El Caserón de las Lágrimas recuerdan poderosamente al uso de similares ruinas que aparecen en Sangre en mis zapatos (1983) y Eugenie: historia de una perversión (1980). Cuando finaliza el film, se agrega una breve escena donde aparece Lilith tomando el sol mientras lee un ejemplar de la revista Fangoria, probablemente un guiño de complicidad a los muchos fans que Naschy tiene en Estados Unidos y al homenaje que dicha revista le rindió en el año 2000. Sin embargo, al contemplar esa escena uno no puede sino recordar a las vampiras que toman despreocupadamente baños de sol en Las vampiras / Vampyos Lesbos (1971). Por otra parte, es de remarcar que la intención de Naschy, frustrada por su fallecimiento, era formar una especie de equipo fijo de colaboradores, entre los cuales habría que contar a Antonio Mayans, Luis Colombo y el productor Ángel Mora, para rodar más películas, en cierta manera imitando el estilo de trabajo de Franco.

vlcsnap-2014-12-18-19h50m06s223

Sin embargo, todo lo dicho hasta ahora no significa que el film sea un completo desastre y que no merezca la pena ser visto, pues algunos (muy pocos) puntos de interés muestra. El primero es la presencia de Antonio Mayans, el cual ya había coincidido anteriormente con Naschy en cinco títulos (11), y que desde que participara en Snakewoman (Jess Franco, 2005) parece que vuelve a estar activo en el cine de género. El segundo es la música compuesta por Enrik García, competente y adecuada al tono terrorífico del film, con algún pasaje simpático como cuando Sacaluga menciona a Lugosi y y la banda musical cambia a la de los créditos del Dracula de Tod Browning (1931) –El lago de los cisnes– por unos segundos.

vlcsnap-2014-12-18-19h53m23s149

Otro aspecto interesante del film es que su guión, a pesar de los múltiples fallos ya indicados, es, hay que reconocerlo, puro Naschy. Así los fans del director reconocerán muchos de sus temas predilectos: su interés por el esoterismo y las ciencias ocultas – el interés que muestran las jóvenes estudiantes por el ocultismo en La noche de Walpurgis , quizá era el suyo propio-, el pesimismo sobre la condición moral inherente al ser humano – ya expuesto en El caminante (Jacinto Molina, 1979)-, el gusto por el goticismo (los candelabros, los torneos medievales en la feria, las torres almenadas del paisaje levantino), las referencias a los nazis (la alusión a Núremberg, la cruz nazi que porta el cazador de vampiros), o su pasión por la pintura (en el film se menciona a Van Gogh, Sorolla, Picasso).

vlcsnap-2014-12-18-19h56m16s88

Naschy llena los diálogos e imágenes de Empusa de infinitas referencias a sus gustos literarios, culturales y cinéfilos, y de alusiones autobiográficas y a sus antiguos films de los setenta y los ochenta. Entre las referencias a obras y personajes literarios y legendarios encontramos a los piratas de La isla del tesoro de R. L. Stevenson; a la Milady de Winter de Los tres mosqueteros de Alexandre Dumas; al Drácula de Bram Stoker, obra de la cual se citan literalmente varios pasajes; a Justine, la homónima heroína de la obra del marqués de Sade; al holandés errante, a Guillermo Tell; a Aquiles; a Sigfrido; a Kali o a la quimera. El nombre de la empusa Cristabel remite al poema Christabel de Samuel Taylor Coleridge, obra que trata temas como el lesbianismo y el vampirismo (la referencia a que su madre sea húngara conduce seguramente a Erzsébet Báthory); mientras que el nombre de Berenice alude al cuento de Edgar Allan Poe del mismo nombre. Entre las alusiones cinéfilas se menciona a Roger Vadim – probablemente por su film de vampirismo lésbico Et mourir de plaisir (1960)-, Casablanca (Casablanca, 1942), Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), La mujer pantera (Cat People, 1942) –“Si usted fuese un animal sería una pantera negra” le espeta Abel a Lilith-, alusiones a Bela Lugosi y Christopher Lee, y a El fantasma de la ópera (The Phantom of the Opera, 1925). Entre las alusiones biográficas, tan caras al director, se encuentra la mención al valle de Lozoya, residencia familiar de Molina donde se filmaron muchos clásicos del fantaterror español; el hecho de que su personaje, Abel, fuera un actor famoso; mientras que la escena de la seducción con las dos empusas refleja posiblemente una temprana experiencia erótica del actor con dos hermanas, tal como es relatado en sus Memorias de un hombre lobo (Alberto Santos editor, Madrid, 1997).

vlcsnap-2014-12-18-19h55m07s166

Mucho más interesantes son las continuas a alusiones a su filmografía anterior, punto que siempre puede resultar atrayente para el fan de Naschy, pero que dejará indiferente a quien no conozca a fondo su cine. Entre las referencias a sus anteriores películas (aparte de las ya mencionadas, y sin afán de exhaustividad) algunas de las citas son las siguientes: la hermosa luna llena con que se inicia el film hace referencia al inicio de El aullido del diablo, y nos indica que nos encontramos en terreno Naschy; el comisario con problemas de úlcera se refiere al inspector interpretado por Máximo Valverde en Todos los gritos del silencio; la cruz ansada remite a Los monstruos del terror (Tulio Demicheli & Hugo Fregonese, 1970); las cartas del tarot hablan de Látidos de pánico; la empusa bebiendo la sangre de la copa refleja una de las mejores escenas de La noche de Walpurgis; el amuleto, que finalmente destruirá al ser sobrenatural, alude a El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1973); la ballesta del cazador de vampiros es similar a la que usa Waldemar Daninsky en El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina, 1981); los exorcismos que practica el padre Serapión remiten a Exorcismo (Juan Bosch, 1975); los siete plenilunios y la extracción de cuajo del corazón retrotraen a El espanto surge de la tumba; los combates medievales de la feria podrían ser un homenaje a los prólogos medievales con torneos de algunos de sus films como El retorno de Walpurgis (Carlos Aured, 1973); los dos chicos gays del pasaje del terror mueren como el cura al final de El aullido del diablo; la lucha final entre las dos principales empusas alude a la lucha final entre los dos seres de las tinieblas en La noche de Walpurgis (el típico cocktail de monstruos de la Universal); el cinto con dagas es similar al que usa el vengador en La noche del ejecutor; mientras que el cercenamiento de las manos puede ser una alusión a los métodos del psicópata en la lejana Agonizando en el crimen (Enrique L. Eguiluz, 1968). Todas estas citas y alusiones reflejan la pasión de Naschy por el cine, en general, y por el fantástico, en particular, y de alguna manera convierten este film en una película-resumen, una película compendio de todo su cine y una recopilación de todos los gustos, preferencias, aversiones y manías de su autor; y al devenir Empusa, especialmente por sus autoreferencias, un compendio de toda su filmografía, en este sentido no parece un mal punto y final para su carrera cinematográfica.

vlcsnap-2014-12-18-19h35m19s60

De esta manera, Empusa, independientemente de su calidad artística, es de visionado esencial para los estudiosos de la obra naschyana pues en ella se pueden observar todas las virtudes y defectos del Naschy director, del Naschy guionista, del Naschy actor, y, especialmente, del Naschy ser humano, y, en consecuencia, Empusa formaría una especie de trilogía inconfesa junto a El aullido del diablo y Rojo sangre (Christian Molina, 2004). Lo cual no quiere decir que todo este aluvión de citas y autocitas esté exento de problemas, ya que la acumulación es tal que pueden producir un efecto contrario el probablemente deseado por el autor. Ante tanta cita uno tiene la misma sensación que cuando, en un determinado momento de la etapa digital de Franco, un personaje pregunta a otro dónde deben dirigirse, y el otro responde “a la calle Luis Buñuel”. Es decir, Naschy endosa sus citas y referencias de una manera tan poco sutil, tan indiscriminadamente y muchas veces sin venir a cuento, las suelta tan a bocajarro ante el espectador, que muchos tendrán la sensación de un intento de autojustificación y reivindicación algo pueril y gratuito; y el efecto, en lugar de encumbrar al film intelectual y estéticamente, puede hacer que sea percibido con un tono de involuntaria autoparodia. Como si fuera un film no de Naschy, sino de otro director que intentara imitar y parodiar a Molina.

vlcsnap-2014-12-18-19h57m53s35

A pesar de sus muchos defectos e imperfecciones, los fans de Naschy querrán ver el film, aunque pueden tener una decepción si esperan encontrarse con algo ni remotamente parecido a El espanto surge de la tumba o Los ojos azules de la muñeca rota (Carlos Aured, 1974). Los que no conocen el cine de Naschy seguramente nunca se toparán con esta película, y si eso sucede éste será con toda probabilidad el primer y último film del director que vean. Y aquellos que, sistemáticamente y con soberbia, desprecian el fantaterror español encontrarán en Empusa abundante munición para seguir haciéndolo.

LA EDICIÓN

vlcsnap-2014-12-18-19h25m31s147

La edición en DVD del presente film viene dedicada a la memoria de Paul Naschy. La película se ofrece con imagen en formato panorámico anamórfica y una pista de sonido stéreo en la que se encuentra su versión original en castellano. Va acompañada de subtítulos removibles en inglés, lo cual seguramente será muy bienvenido por los muchos fans que el director tiene allende nuestras fronteras. La selección de escenas muestra sólo seis capítulos, pero dada la relativamente larga duración del film (97 minutos), hubiera sido de más comodidad para el espectador proporcionarle una división en escenas más amplia. La edición ofrece también un tráiler y un making off, que consiste básicamente en una interesante entrevista a Antonio Mayans, en la cual se intercalan momentos del rodaje donde puede verse a Naschy dando instrucciones a los actores y técnicos del film y donde se anuncia El gran crotón (Luis Colombo, 2011), película con guión de Jacinto Molina. Los extras se completan con el cortometraje Los árboles (Joan Vall, 2009), protagonizado por Naschy, el cual hace gala de un delicioso humor macabro que se echa en falta en Empusa; dicho cortometraje ostenta subtítulos en inglés no removibles y va dedicado a Elvira, la esposa de Paul Naschy.

Marc Luna

vlcsnap-2014-12-18-20h01m53s130

(1) La película, que se titulaba inicialmente La gaviota, fue comenzada por Carlos Aured, director responsable de algunos de las clásicos del fantaterror protagonizados por Naschy en los años setenta, pero por razones no del todo claras (y contradictorias según la fuente que las relate) abandonó el rodaje, haciéndose Naschy cargo de la dirección y tomando la decisión de descartar las escenas filmadas por Aured y de comenzar el film de cero. No era la primera vez que Naschy tenía que hacerse cargo de la dirección de un film cuando el respectivo director no había podido llevar a cabo el proyecto o no había podido finalizarlo. Así, Los cántabros (Jacinto Molina, 1980) tenía que haber sido dirigido por Amando de Ossorio, y en Todos los gritos del silencio (Ramón Barco, 1975) Naschy tuvo que finalizar el rodaje al no poder hacerlo Ramón Barco.

(2) Además, varias veces en el film se hace mención de escenas que no aparecen en el metraje del film, escenas que quizá se llegaron a rodar, pero que probablemente fueron eliminadas en el montaje final, lo cual sugiere un montaje descuidado y apresurado.

(3) Para un buen análisis del mito de la empusa se puede consultar el capítulo que les dedica Pilar Pedraza en Espectra. Descenso a las criptas de la literatura y el cine (Valdemar, Madrid, 2004), p. 189-206.

(4) En el fantaterror hispano hay otro ejemplo similar en Una gota de sangre para morir amando (Eloy de la Iglesia, 1973), en la cual Sue Lyon, que había protagonizado el film de Kubrick, aparece leyendo también la novela Lolita.

(5) Para un tratamiento no tan radical del problema de la inseguridad ciudadana y su análisis como factor sociológico determinante en la mentalidad de las clases medias es muy recomendable el film Miedo a salir de noche (Eloy de la Iglesia, 1980).

(6) Aparte de que el uso del detente durante la contienda del 1936-1939 era habitual entre los requetés carlistas, la inesperada y brusca referencia a la Guerra Civil en el pretendido contexto moderno y vampírico del film sorprende, es indicativa de la edad del guionista del film (75 años contaba Naschy en el momento del rodaje) y de donde se sitúan sus referentes mentales y vitales, y seguramente desorientará al espectador de hoy en día, a quien la mención a la Guerra Civil puede sonarle tan lejana como las guerras púnicas.

(7) Tal vez el hecho de que el viejo lobo de mar que representa Mayans jure constantemente por Poseidón pueda interpretarse como un timidísimo intento de referirse al carácter precristiano de las vampiras, pero este detalle no compensa el hecho de que se desperdicie la esencia y las connotaciones de unos seres tan interesantes como las empusas. Como tampoco compensa el hecho de que Naschy, con su usual y loable costumbre de documentarse a fondo cuando realiza un film, mencione directamente alguna de las fuentes del mito al inicio de la película, como el griego Filóstrato, autor de la Vida de Apolonio de Tiana. Más adelante el hecho de que el amuleto que Lilith porta en el cuello proceda de Corinto quizá puede leerse como una referencia a La novia de Corinto, episodio contenido en la mencionada obra de Filóstrato

(8) Esta imposibilidad de Naschy para abandonar los esquemas mentales del judeocristianismo se observa también en Los cántabros, en la cual, a pesar de que la acción se sitúa antes del nacimiento de Cristo, las politeístas tribus cántabras parecen solamente mencionar a un único dios, “el todopoderoso Erudín”.

(9) Otro elemento de la historia que nos habla sobre la imagen que Naschy tenía sobre sí mismo es la alusión a la absenta. Esta bebida, conocida como “el hada verde” y de supuestos efectos alucinógenos, está rodeada de un halo literario y mítico que se originó en el hecho de ser una de las bebidas preferidas por los artistas franceses de final del siglo XIX, especialmente por los llamados “poetas malditos”. De aquí es fácil deducir que Naschy, al hacer que esta bebida cumpla un papel fundamental en la historia, probablemente se consideraba a sí mismo como un cineasta maldito e incomprendido, algo bastante acorde con su mentalidad romántica. Exclama Waldemar Daninsky en alguno de los films de la saga del licantrópo: “¡Estoy maldito!”, y estas palabras adquieren un nuevo matiz si pensamos en el malditismo que se observa en el personaje principal de Empusa. Por otro lado, el uso de una substancia narcótica (o supuestamente narcótica en este caso) al final de la historia para hacer dudar al espectador de si todo lo que vio anteriormente había sucedido realmente o había sido tan solo una alucinación consecuencia de la absenta, tiene un precedente ilustre en el final de La muchacha que sabía demasiado (La ragazza que sapeva troppo, 1963) de Mario Bava. Véanse también las páginas dedicadas a Empusa en la obra de Ángel Agudo & Ángel Gómez Rivero. Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina (Scifiworld, Pontevedra, 2009), donde Naschy se refiere, con algo de ingenuidad, al film como un film maldito.

(10) Otra escena centrada en la mujer sirena, de similar poder sugeridor a la de Franco, la encontramos en la famosa escena imaginada por Amando de Ossorio, pero que finalmente no pudo filmar por falta de presupuesto, para Las garras de Lorelei (1974); dicha escena consistía en mostrar a Helga Liné sobre un montículo formado por los restos de sus víctimas.

(11) Naschy y Mayans habían coincidido anteriormente en Rey de reyes (King of Kings, 1961) de Nicholas Ray, uno de los primerísimos papeles para ambos actores, El jorobado de la Morgue (Javier Aguirre, 1973), Una libélula para cada muerto, Último deseo (León Klimovsky, 1976) y Los cántabros.

vlcsnap-2014-12-18-19h58m19s40

FICHA TÉCNICA

Título original: Empusa

Año: 2010 (España)

Director: Jacinto Molina [y Carlos Aured]

Productor: Ángel Mora

Guionista: Jacinto Molina

Fotografía: Luis Colombo

Música: Enrik García

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Abel Olaya), Antonio Mayans (Víctor), María Jesús Solina (Natalia), Laura De Pedro (Lilith), Cristina Carrión (Cristabel), Paco Racionero (Barón Ulrich), Saturnino García (Sacaluga), Marco Sanz (Comisario Murillo), Alfonso Dorbe (Padre Serapión), Germán Estela, María Teresa Zaragoza (Policías), Francisco Javier Monzo (Asesino), Gissele Morgan, Yanira del Rio, Susanna Tovar, Marta Tovar, Amanda Luna, Amanda Murcia, Evita Garoa, Julia Amador, Samantha Vinazza, Beatriz Santillana, Aída Aparici (Empusas), Ángel Aracil, María José Pérez, Patric Vázquez, Carina Alfaro (Arqueólogos), Juan Carlos Bonet (Marinero), Manuel Villamizar (Acordeonista), Jesús Ángel Martínez (Lombrosiano), Luis González, David Martínez, Alex Spijksma, José Sánchez, Eric Sánchez, África Mir, Carmen Irujo, Idoia Lecumberri, Liliya Romanova, Juan Carlos Gascón…

Sinopsis: Abel Olaya, otrora admirado actor de cine, malvive sus días con una penosa jubilación. Sumido en el olvido, se ve obligado a realizar algunos trabajos aprovechando sus dotes adivinatorias que le otorgan su otra gran pasión: las ciencias ocultas. Un día, en un paseo por la playa junto a su amigo Víctor, encuentra en la orilla una mano humana seccionada a la altura del antebrazo y con un raro símbolo tatuado en su muñeca. Pese a la negativa de Víctor, Abel insiste en investigar su procedencia, convencido de que ese extraño símbolo está relacionado con la existencia de las empusas, unos seres híbridos entre vampiros y sirenas capaces de adoptar cualquier tipo de apariencia. Mientras tanto, en la costa aparecen varios cadáveres mutilados sin que la policía encuentre explicación alguna…

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

Entrevista a Ángel Mora, productor de “Empusa”

getattachmenbt

Después de renovar de algún modo el porno nacional a finales del pasado siglo dirigiendo cintas como Gorex, Vampira o Viernes 13 XXL, actualmente Ángel Mora sigue su particular andadura centrado en  los márgenes del fantástico. Además de la valiente apuesta que ha supuesto la apertura en Madrid de Artistic Metropol, una sala orientada hacia el cine más independiente y minoritario, con especial predilección por el de género, también ha sido el productor de una de las últimas películas malditas españolas por antonomasia. Como muchos ya adivinarán, hablamos de Empusa, nacida como un intento de resurgir el fantaterror español de los años setenta de la mano de sus dos principales creadores, pero cuya gestación tuvo que enfrentarse a multitud de problemas que en gran medida marcaron su suerte. De entre ellos, los más sonados serían la salida en pleno rodaje de Carlos Aured, director inicialmente previsto, y el fallecimiento durante la fase de post-producción del que fuera su principal artífice, Paul Naschy. Después de casi cuatro años desde su estreno en diferentes festivales, Empusa al fin ha visto la luz con un estreno comercial simultáneo en cines, V.O.D. y DVD. Con motivo de tal circunstancia, mantuvimos con Mora la siguiente entrevista, en la que el productor nos da buena fe de la cantidad de vicisitudes vividas a la hora de levantar este proyecto.

¿Cómo entras  en el proyecto de lo que acabaría convirtiéndose en Empusa?

Me encontraba acabando mi anterior película como director, el documental Animal, cuando me llamó Antonio Mayans, con el que mantengo una relación de amistad desde hace veinte años. Empecé mi carrera con él rodando una película de Jesús Franco, por lo que es mi maestro, por lo menos en cuanto a temas de producción se refiere. Total, que me dijo: “Ángel, estamos en Benidorm a punto de empezar el rodaje de una película titulada La gaviota. El rodaje se está haciendo en unión de cooperativa; cada uno aporta una serie de elementos y nos falta ahora mismo un productor ejecutivo y un dinerito”. Por lo que me comentó, parece ser que un productor se había echado atrás a última hora. En aquella temporada, trabajar con Paul Naschy o Carlos Aured, con quienes no había trabajado nunca, me hacía especial ilusión, así que acepte la propuesta. Lo único que les avisé es que, dado que yo tenía que terminar la postproducción de mi película, no podía ir hasta una semana más tarde, por lo que tenían que empezar sin mí hasta que a la semana siguiente me reuniera con ellos. Y así fue un poco el inicio de mi aventura con La gaviota, que luego pasaría a llamarse Empusa.

Precisamente por este tema queríamos preguntarte. ¿Cuál fue el motivo para el cambio de título?

Le dije a Paul que La gaviota era un título muy confuso, ya que la gente lo podía asociar a Chejov. Como película de terror tampoco era un título que funcionara, y a mí, personalmente, no me gustaba. Empusa fue el segundo título alternativo que Naschy me propuso y, sin que me volviera loco, entendí que al menos tenía algo de enigmático, puesto que el noventa y nueve por ciento de la gente no sabía qué cojones era una empusa. Entonces, por ahí podías atraer un poco al público. Obviamente La gaviota era un título que no tenía mucho que ver con el argumento; sí que había gaviotas y tal, claro, pero no tenía tanta justificación ni peso como para ser el título de la peli.

Como es bien sabido, la película originalmente debía de ser dirigida por Carlos Aured. Sin embargo, tras unas jornadas de rodaje tuvo que ser sustituido por Paul Naschy. ¿Qué es lo que sucedió realmente?

Tiempo antes Carlos había coincidido con Paul en un festival, según creo recordar el de Algeciras, donde retomaron el contacto después de muchos años. A partir de este encuentro, se propusieron volver a trabajar juntos. Por aquel entonces, Paul tenía dos guiones: uno era El Solitario, que iba sobre la vida del ladrón de bancos apodado así y que en aquella época aún estaba fugado, y otro era el de La gaviota. Obviamente, El Solitario era un proyecto demasiado caro y complicado de rodar, así que optaron por el segundo. A Carlos le entusiasmó el proyecto e inmediatamente se pusieron en marcha. Contactaron con Luis Colombo, que fue el director de fotografía y también uno de los coproductores desde su productora, Colombo Films, y con Antonio Mayans, que fue jefe de producción. El equipo estaba formado por Carlos, Luis, Antonio, Paul y, después de que aquel productor se echase atrás, yo mismo. Cuando llegué al rodaje y vi como estaba rodando Carlos y, sobre todo, cuando vi el copión de lo que había rodado, me eché las manos a la cabeza.

Por otra parte, había dos cosas que a mí, como productor ejecutivo, me molestaban muchísimo. La primera era que si Carlos Aured actuaba como coproductor, debería haber mirado mucho lo que rodaba y el dinero que se gastaba. Sin embargo, te podría decir sin ningún tipo de problemas que se gastó en diez días la mitad del presupuesto que teníamos para toda la película. Por ejemplo, teníamos que rodar una secuencia en un hotel, una secuencia de cama, con Paul y con María Jesús Solina, que hacía de su amante. Estuvo todo el equipo de dirección artística, sus ayudantes… Todo el mundo preparando el set menos Carlos, que, a pesar de que vivía en Denia, que está al lado, no estuvo para supervisarlo todo. Con lo cual llegó el lunes y, cuando vio la escenografía, nos salió con que faltaba una sábana de raso negra y que no rodaba sin ella, cuando eso lo podría haber dicho el viernes, que teníamos todo el fin de semana para buscarla, y no el lunes a las nueve de la mañana cuando todo el equipo está preparado para rodar. Así que tuvimos que mandar a una persona a recorrerse todo Benidorm en busca de la dichosa sábana de raso negra, con los consiguientes retrasos que ello suponía. Pues bien, eso era lo habitual con Carlos Aured. Le importaba tres pimientos el dinero, quizás porque no era suyo. Había otra actriz que se llamaba Irene Santamaría, que finalmente fue cambiada por Cristina Carrión. Si tú leías el guion original, obviamente las vampiras eran chicas esbeltas y con el pelo largo. En cambio, esta chica era más bien rolliza y con el pelo corto, con lo cual hubo que ponerle extensiones que también valían dinero. Y si algo hay importante cuando trabajas en producciones que tienen unas limitaciones económicas, es tener en cuenta ese tipo de detalles y no derrochar. Porque, por ejemplo, esa chica era de Madrid, y cada vez que rodaba teníamos que pagarle gasolina, peaje, etc. Y todo con Carlos Aured era así. Te decía: “Yo ruedo aquí porque me da la gana”, “yo hago esto porque me da la gana”. Y, claro, yo como productor ejecutivo me planté. Les dije que esto no podía seguir, sobre todo porque no iba a llegar el dinero. La película tenía un plan de rodaje de treinta días y al ritmo que íbamos no llegaríamos ni a los veinte. Había que hacer entrar en razón a Carlos de que no podía continuar así, ya que al fin y al cabo era uno de los productores y ya había sido productor con anterioridad. No podía decir de repente que le faltaba una palmera y que le trajéramos una.

Así que, visto lo visto, llegó un momento en que le dije a Paul que me iba y que no podía seguir. Les dije que mi aportación económica no la iba a retirar porque no les quería entorpecer, pero que no estaba dispuesto a continuar con este señor, a lo que Paul contestó textualmente que si me iba yo él haría lo mismo. Hubo un gabinete de crisis, nos reunimos Carlos, Antonio, Paul, Luis y yo en una habitación. Para mí fue una responsabilidad muy grande, porque eso era el fin de la peli y ya habíamos invertido tiempo y dinero, y abortarla sería un drama, así que se intentó buscar una solución de emergencia para que la película fuera codirigida por Carlos y por Paul. Era una solución que a mí no me gustaba mucho, pero tenía plena confianza en que Paul pudiera sacarla adelante, ya que a él mismo no le gustaba lo que estaba haciendo Carlos. Yo lo sabía, dado que, como Carlos no se quedaba en el hotel, ya que se iba a su casa de Denia, cuando cenábamos hablábamos mucho del tema y nos preguntábamos qué era lo que le pasaba a Carlos y por qué rodaba aquellos planos tan extraños. Con lo cual se llegó a ese acuerdo, y se le comunicó a todo el equipo que a partir del lunes la película estaría codirigida por ambos. El equipo estaba muy mal, veían que Carlos iba a hacer naufragar la película y que aquello no había ni por dónde cogerlo, así que cuando se comunicó que Paul también estaría al mando hubo una sensación de alivio.

No obstante, Carlos y Paul no llegarían a rodar de forma conjunta…

En efecto. Tras alcanzar este acuerdo, llegó el primer día de rodaje, que fue en las cuevas de Canelobre, unas cuevas muy bonitas donde íbamos a filmar toda la escena final, y el ambiente fue totalmente diferente. Luis y Paul se llevaban muy bien, y creo que en ese momento Carlos se vio totalmente “puenteado”. Debió de pensar que ya no pintaba nada, que nadie le hacía caso, que nadie quería trabajar con él… Lógicamente, para él fue todo un mazazo. Entonces ocurrió una cosa que rozó lo surrealista, y fue que de repente nos dimos cuenta de que Carlos ya no estaba en el rodaje. Había desaparecido. Se había ido sin despedirse, ni dar explicaciones siquiera. Y más surrealista aún fue que una persona del equipo, de la que no diré su nombre por respeto, me dijo que quería hablar conmigo a propósito de una escena bastante importante en la que salía Paul con una ballesta y que tenía un peso específico en la película. Me dijo que había visto a Carlos Aured intentando romper la ballesta. Es decir, quería claramente boicotear el rodaje. Pero volviendo al tema, solo te puedo decir que a Carlos no se le echó; se fue él. Con Carlos no se hubiera podido acabar la película y, si se hubiera acabado, no se podría haber ni montado porque aquello era un despropósito. Pero bueno, tampoco fue la manera de irse de un rodaje. Y bueno, tristemente, falleció poco tiempo después. Desconozco si tuvo algo que ver lo ocurrido en el rodaje o si entró en un estado de depresión. También desconozco su situación personal…

¿Tienes idea de a qué pudo deberse ese cambio de actitud en Aured, cuando todo el mundo que lo trató siempre destaca su amabilidad y educación?

A mi modo de ver, en mi opinión personal, no sé si compartida o no por el resto del equipo, Carlos Aured no tenía la cabeza en su sitio. Hay una historia que es importante que quizás te explique: Carlos estaba por aquel entonces muy, muy deprimido, porque desde El enigma del yate no había rodado nada. Y si no me equivoco El enigma del yate es de 1982… Después había trabajado en Canal + llevando el departamento de compras de cine para adultos, etc. Tenía un buen sueldo, pero, como cualquier director, su sueño y su ilusión era dirigir. Un director al que de repente le meten en un despacho a programar porno, supongo que a Aured no le haría muy feliz. No sé si sería por ello, pero lo cierto es que durante el rodaje tenía un carácter muy difícil, estaba como exaltado. Se peleaba continuamente con el director de fotografía… A veces tenía que hacer de abogado del diablo y les pedía que no discutieran, sobre todo delante del equipo, ya que daba una imagen patética. Otra anécdota, por ejemplo, fue cuando rodamos en Terra Mítica, que era una localización cara y complicada, en una secuencia con Paco Racionero no quería rodar porque faltaban los extras al fondo. Le dije, bueno, rueda los planos de Paco y luego ya avisamos a los extras, pero se negaba porque él quería hacer el plano máster y tal y cual… Y esto era continuo, hasta el punto de que a mí me llegaron a dar ataques de ansiedad porque era el ayudante de dirección encima.

Paul Naschy y el director de fotografía, Luis Colombo, durante el rodaje de "Empusa".

Paul Naschy y el director de fotografía, Luis Colombo, durante el rodaje de “Empusa”.

¿Y qué ocurre una vez se hace Naschy cargo del rodaje?

Paul consiguió que la película fuera otro tipo de película, por lo menos a nivel de rodaje. Pero claro, teníamos un lastre: que todo lo que había rodado Carlos no se podía volver a rodar porque no había presupuesto, con lo cual tuvimos que simplificar muchas secuencias, y en el resultado de la película, obviamente, se nota. De hecho, en la versión que se ha estrenado de Empusa hay secuencias rodadas por Carlos Aured porque no había más remedio… Por eso, insisto: hay dos películas dentro de Empusa, la de Carlos y la de Naschy. Cuando estuvo terminada la película, resultó muy complicado enlazarlo todo. Hubo que rodar algunas escenas adicionales porque había fallos de continuidad, y no quedaba compacto. Durante el rodaje también vimos que Paul tenía algún problema, pero no decía nada. Se quejaba de la rodilla un poco, pero yo creo que ya estaba enfermo. Él ya lo sabía, pero estaba convencido de que iba a vencer. A mí me entristeció mucho la muerte de Paul. Yo sabía que había algo más que un dolor de rodilla por su expresión, pero tenía tanta ilusión por el proyecto que él mismo se fortalecía. Tengo una teoría, y es que en cierto modo Empusa ayudó a Paul a sobrellevar su enfermedad. Le insufló energía. Puede que me equivoque y esto sea una estupidez, pero lo cierto es que durante los veinte días que Paul dirigió Empusa, más la postproducción, no paraba de llamarme y decirme lo bien que estaba quedando. La propia ilusión enmascaraba el dolor de su enfermedad.

Tuvo que ser bastante duro enfrentarse a tantos problemas durante el rodaje, y más tarde, en la postproducción, con la enfermedad de Naschy. ¿Hasta qué punto toda esta serie de contratiempos pudo variar la visión con la que originalmente fue concebida la película? ¿En qué consistieron estos cambios, si es que los hubo?

Prácticamente la historia es la misma. Lo que hubo es que simplificar mucho. Sobre todo las escenas de acción, que quedaron muy reducidas. Se acortaron secuencias largas… El plan de rodaje había saltado por los aires. También, debido al precario estado de salud de Paul, hubo algunas secuencias que fueron rodadas sin él. Yo dirigí algunas secuencias, y el propio Luis Colombo otras. No eran secuencias importantes, sino planos generales y cosas por el estilo. Hubiera sido mejor que él hubiera estado presente en todas, pero claro… Ahora no recuerdo el guion original, pero los cambios que hubo fueron por cuestiones presupuestarias.

Ya en la post-producción, y debido a su fatal enfermedad, Naschy no pudo doblarse a sí mismo. ¿Hubo algo más en esta fase en la que Naschy no pudiera estar presente o no pudiera supervisar?

Paul nunca se había doblado a sí mismo [n.d.a.: En honor a la verdad habrá que decir que, en realidad, el actor madrileño ya aparecía con su voz en La noche del ejecutor]. La primera película en la que Paul utilizó su propia voz con sonido directo fue en Rojo sangre y, a raíz de esa, lo hizo en todas. Paul tenía muy claro que quería doblarse a sí mismo, pero en esa fase estaba muy, muy enfermo. Llegó a doblar un treinta y cinco por ciento de Empusa. Pero cada sesión de doblaje era interminable. Para grabar un take el pobre se tiraba media hora, por lo que al final tuvimos que contratar a un actor de doblaje cuya voz era muy parecida a la suya. Hay una cosa que me molesta mucho y que he leído por ahí, diciendo que este no es el montaje que había hecho Paul. Esto es una cosa que me enciende. No se ha quitado ni una coma ni un punto. Bueno, miento, se cortó un poquito de los títulos de crédito, porque se veía a Abel y Víctor, los personajes de  Naschy y Mayans, como diez minutos andando por la playa y nos pareció un poco excesivo. En todo caso fue un corte limpio. Del resto no se quitó ni un solo plano, ni un fotograma. Lo que vemos es el montaje de Paul, plano por plano, obviamente etalonado porque él no llegó a etalonarlo, y con sonido. Pero lo que es el montaje, el ritmo y demás, es tal cual como quiso Paul, para bien o para mal. Acabé la película tal y como la hubiera querido Naschy, porque era un poco como su testamento. Te voy a contar otra anécdota: dos días antes de fallecer, Paul me llamó, medio moribundo, con la voz entrecortada, para hablarme de Empusa. Él se fue a la tumba con su Empusa, con su Empusa y con su Empusa. Por eso insisto que me ha molestado leer este tipo de cosas que no son ciertas. Como, por ejemplo, que a él no le gustaba la película. Todo lo contrario, él estaba entusiasmado con ella, cosa que incluso me sorprendió. Todos decidimos dejarla como él había dicho, como su legado, aunque a mí personalmente había cosas que no me gustaban. Así que el final cut está hecho por Jacinto Molina, le pese a quien le pese.

Sin duda, uno de los grandes hallazgos de Empusa es Laura de Pedro, una actriz que por aquel entonces era casi una desconocida, pero que sin embargo aporta gran magnetismo a la cinta. ¿Cómo llegó al proyecto?

Cuando estábamos en la fase de preproducción nos era complicado encontrar actores por la zona de Alicante, porque quitando Madrid y Barcelona, si te vas a otras ciudades, pese a ser grandes, es complicado. Por entonces nos faltaban dos actrices que tenían roles con bastante peso: la que hacía de Lilith y la que hacía de Natalia. Entonces propuse realizar un casting en Barcelona, que hicimos en el restaurante de un amigo mío que se llama el Comedor de las Tinieblas, en Castelldefels. Pusimos un anuncio en soloactores y fuimos allí. Hicimos una selección, porque fue una locura la cantidad de actrices que acudieron. Creo recordar que en un día llamaron ciento y pico chicas. Después del primer filtro, quisimos advertir dos cosas. Primero, que era una película con desnudos integrales, que siempre es algo que tienes que avisar desde el primer momento para no hacerle perder el tiempo a nadie. Y, segundo, que era una película que se hacía en régimen de aportación. Luego yo hice otra criba y al casting final llegaron unas doce chicas, y de estas doce salieron María José Salina y Laura De Pedro, que me pareció una presencia muy poderosa. Creo que ellas dos fueron muy importantes para la película, aunque luego en el montaje final el papel de Natalia se redujo bastante, pero en todo caso eran dos personajes que tenían bastante peso dentro de la trama.

No obstante, junto a estas intérpretes, digamos, noveles, en el reparto también se dan cita algunos veteranos de lujo, como pueden ser Saturnino García o Paco Racionero, además del propio Antonio Mayans…

Tanto Paco como Saturnino ya habían trabajado con Paul y con Antonio, por lo que los llamamos directamente. Obvio es, no pasaron ningún tipo de casting. Saturnino está muy metido en el papel y está muy bien, como Paco. Insisto, la película es lo que es, pero tiene cositas que uno no puede decir que están mal y creo que el papel de Saturnino y el de Paco son de las cosas más simpáticas de la película, y personalmente, con las que más disfruté. Trabajar con ellos fue una gran alegría. Ambos se fueron muy contentos del rodaje.

Puede decirse que Empusa es la película más gamberra de las realizadas por Paul Naschy. Pese a ello, parece que el público, incluyendo a los más acérrimos defensores de la obra del madrileño, no ha llegado a conectar con su carga humorística. En tu opinión, ¿a qué piensas que es debido?

¿Gamberra dices? Bueno, el fallo de Empusa es que no está bien acentuada la parte de comedia. Cuando leíamos el guion era claramente una comedia. No era Aterriza como puedas, pero tenía un tono. Quizás es demasiado seria para lo que realmente se tenía que haber hecho. Yo creo que se queda en un terreno de nadie porque no funciona como película seria ni como comedia, y es una pena, porque la intención inicial era que fuera lo que habéis dicho. El término gamberro está muy bien. Tiene esa mezcla de humor y seriedad, como Un hombre lobo americano en Londres, pero no se supo transmitir bien. Hay un término que me hizo mucha gracia y que escuché una vez cuando me reuní con Balagueró en una presentación de una película mía llamada Gorex, y me dijo que a él le gustaba mucho mezclar sabores, lo dulce con lo salado, ¿no? Entonces le hizo mucha gracia esa mezcla de terror y porno. Pues en Empusa había una mezcla golosa de comedia con peli seria que al final no quedó bien acentuada. Creo que la parte cómica queda muy desdibujada y la parte seria, como no está bien llevada, pues casi cae más en el ridículo. Y es una pena porque, repito, cuando leímos el guion era una cosa muy simpática que podría haber funcionado mejor.

Aunque la premiere mundial de Empusa tuvo lugar hace más de cuatro años en el Festival de Sitges, no ha sido hasta hace escasos meses que ha sido estrenada comercialmente. ¿Cuáles han sido las causas para que haya existido tanto retraso?

No, la premiere mundial fue en Alemania, en un festival itinerante del que ahora no recuerdo el nombre. Pero bueno, se ha tardado mucho porque tras su paso en Sitges contactamos con un agente de ventas internacional, alemán precisamente, e hicimos un contrato de cinco años con una cláusula que decía que si al primer año no llegábamos a unos objetivos podríamos cancelarlo. Y, efectivamente, durante ese año no vendimos la película a ningún lado. Claro, si el primer año no logras venderla, luego es más complicado. Eso sí, la llevamos a tropecientos festivales. A todo ello hay que añadirle que el mundo de la exhibición aquí en España está muy mal, y más con el cine independiente, donde la mayoría de las películas se estrenan con un máximo de cinco copias y a la semana son retiradas. Entonces, mi socio Víctor Matellano, con quien acabo de rodar Vampyres, había distribuido su anterior película con TEMA, así que me los presentó y llegamos a un acuerdo.

De izda. a dcha.: Ángel Mora, Luis Rosales y Víctor Matellano durante la presentación de "Vampyres" en la pasada edición de Nocturna.

De izda. a dcha.: Ángel Mora, Luis Rosales y Víctor Matellano durante la presentación de “Vampyres” en la pasada edición de Nocturna.

En su momento, Empusa se anunció como el inicio de una Factory que, bajo el nombre de “Naschy Team”, iba a centrarse en la realización de películas de género de bajo presupuesto. ¿Cuáles eran vuestros planes originales y qué ha quedado de todo aquello?

Con la muerte de Paul murió todo. La columna vertebral del proyecto era él. Era el pilar de todos los proyectos que queríamos hacer. Entre los proyectos que queríamos hacer había dos. Uno era Mi perro Aquiles, que era un proyecto que a Paul le apetecía mucho y con el que estuvo a punto de contar con Christopher Lee. Ellos eran muy amigos, pero esa iba a ser la primera vez que iban a coincidir juntos en una película. Y la otra es Crotón el grande, que era una cinta más sencillita y que se iba a rodar en Benidorm (al contrario de Mi perro Aquiles, que estaba localizada en Madrid y alrededores), e iba a ser la más cercana en rodaje. Antes de morir Paul, Colombo ya empezó a grabar algunas escenas como segunda unidad; es decir, transiciones, etc. Pero cuando Paul cayó muy enfermo, Luis le comunicó que su intención era la de seguir con la película pasase lo que pasase, a lo que el propio Paul dio su aprobación. Y se acabó rodando. Obviamente, el papel principal estaba pensado para Paul, pero con su muerte lo acabó haciendo un actor de veinte años, por lo que cambiamos eso. Cuando terminó Empusa estuve viviendo en Alicante y tuve una pequeña participación en el rodaje, un poco a nivel simbólico. Tengo entendido que Luis la acabó y que, pese a que ha pasado bastante tiempo, todavía está con mezcla de sonido. Pero sin Naschy, “Naschy Team” no tenía sentido. De hecho, podría decir que el heredero de todo aquello, si hay uno, podría ser Víctor Matellano, que ya había dirigido a Paul en alguna obra de teatro. Él vino unos días al rodaje y me pareció un gran tipo e hicimos amistad. Así que después de la muerte de Naschy seguimos manteniéndola y siempre que nos veíamos hablamos de la posibilidad de trabajar juntos, y así surgió. Aunque no tenga nada que ver, vimos que era posible hacer una pequeña productora de cine independiente fantástico, y la idea nos atrajo mucho. Víctor ya había escrito libros y realizado el documental Zarpazos!, así que conocía mucho a gente como José Ramón Larraz, Eugenio Martín o Jorge Grau, y me comentó que había hablado con el propio Larraz para hacer un remake de Las hijas de Drácula, y ese fue el germen de esta nueva productora. Víctor y yo llegamos a la conclusión de que las películas que hiciéramos no podían ir destinadas al mercado nacional, y ese fue un error (otro más) que cometimos cuando hicimos Empusa. Con lo cual hemos rodado Vampyres en inglés, con actores nativos y dándole un empaque internacional a la película. Creo que si Empusa la hubiéramos rodado en inglés con algún actor internacional, además de Naschy, que es más conocido en el extranjero que en su propio país, quizás hubiéramos tenido otra suerte. Lo primero que hemos hecho con Vampyres es contratar a un agente internacional para que nos la mueva por Cannes, Berlín, etc…, puesto que aquí nadie, excepto La Aventura y las grandes productoras que distribuyen sus propias películas, exhibe cine de terror en cines.

Pues por nuestra parte esto es todo. Si quieres añadir unas últimas palabras…

Simplemente decir que Empusa, lamentablemente, es una película maldita debido a la cantidad de desgracias que acompañaron al rodaje, desde las trágicas muertes de Carlos y sobre todo de Paul, a algunos accidentes que sufrimos algunos miembros del equipo, incluyéndome a mí o Antonio Mayans. Con esto no me estoy excusando. Simplemente digo que si algo podía ocurrir mal con Empusa, ocurrió. Pero bueno, lo más bonito de todo es que pude trabajar con Paul, alguien a quien adoraba como espectador, como cineasta y luego como persona. Guardo muy gratos recuerdos de él, y eso es lo que me llevo de Empusa. Éramos amigos y eso es algo que me enorgullece. Una de las cualidades de Paul era que defendía muy bien su cine, si habías visto una película suya y por ejemplo no te gustaba, cuando él te hablaba de ella te parecía mejor. Por eso creo que hubiera defendido muy bien Empusa, y la hubiera colocado en otro estatus. En fin, me quedo con la experiencia de haberlo conocido, haber trabajado con él, y haber disfrutado de su amistad durante el tiempo que compartimos.

Juan Pedro Rodríguez Lazo & José Luis Salvador Estébenez

Um Lobisomem na Amazônia

Um-Lobisomem-na-Amazôniaposter-amazonia

Título original: Um Lobisomem na Amazônia

Año: 2005 (Brasil)

Director: Ivan Cardoso

Productor: Diler Trindade

Guionistas: Rubens Francisco Luchetti, Evandro Mesquita, Flávio de Souza, Jacinto Molina [sin acreditar], según la novela Amazonia misteriosa de Gastão Cruls

Fotografía: José Guerra

Música: Mu Carvalho

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Dr. Moreau / Hombre lobo), Guará Rodrigues (Zoltan), Joana Medeiros (Reina Pentesiléia), Daiana Amêndola (Alma), Karina Bacchi (Samantha), Tania Boscoli (Maria), Bruno de Luca (Raul), Orlando Drummond (Secretario de seguridad pública), Sidney Magal (Sacerdote Inca), Nuno Leal Maia (Profesor Scott Corman), Júlio Medaglia (Hartman), Evandro Mesquita (Jean Pierre / JP), Pedro Neschling (Bruno), Charles Paraventi (Borges), Caio Ramos (Julinho), Djin Sganzerla (Carol), Analu Silveira (Mary), Tony Tornado (Delegado Barreto), Danielle Winits (Natasha)…

Sinopsis: El Dr. Moreau se instala en la selva amazónica tras haber tenido que abandonar la isla en la que convivía y hacía experimentos mutando animales y hombres. Uno de estos mutantes es su ayudante, Zoltan, y con él y desde allí, el Dr. Moreau se dispone a dar un paso adelante en la evolución creando vida artificial,  utilizando parte de los secretos del doctor nazi Josef Mengele. Para todo ello necesita material humano. Asimismo ha creado una raza de amazonas, con cuya reina Pentesileia, se permite algún revolcón privado. Pero el Dr. Moreau también tiene una “enfermedad” adquirida durante un “accidente” en los Cárpatos que se manifiesta en las noches de plenilunio, transformándolo en una sanguinaria bestia.

um-lobisomem-na-amazonia 02

A partir de la segunda mitad de los ochenta y durante la última década del milenio pasado, la carrera de Paul Naschy languideció, atravesando el actor, tal y como los describí en un artículo[1], unos años de hierro. Después de una tan exótica como fructífera colaboración con Japón, el cine español parecía haberse olvidado de Naschy, que tras algunos proyectos fallidos, pequeñas intervenciones en films menores y colaboraciones en cortos dirigidos por nuevos cineastas, perdió la oportunidad de reverdecer laureles en 1996 con Licántropo. El asesino de la luna llena (Francisco Rodríguez Gordillo, 1996), un frustrado intento de volver a su personaje más emblemático, el licántropo Waldemar Daninsky.

Um_Lobisomem

Pero afortunadamente la llegada del nuevo milenio iría poniendo las cosas en su lugar. Tras su incursión en el slasher sobrenatural con School Killer (Carlos Gil, 2001) y su colaboración en varios cortos cuyos directores no hacían más que rendir homenaje al viejo actor, llegó Rojo sangre (Christian Molina, 2004), posiblemente la última gran película del actor, también con guión propio, y Rottweiler (Brian Yuzna, 2004), su única colaboración con Filmax, productora que estaba apostando por el cine de terror autóctono, pero realizado por nuevos talentos. Tras varios homenajes en diferentes países y dos rodajes en Estados Unidos[2], llegó lo que Paul Naschy describió como “una de las experiencias más curiosas de mi trayectoria profesional. Voy a Brasil para rodar a las órdenes del director Iván Cardoso Un Lobisomem na Amazônia (2006), en realidad una nueva adaptación de La isla del doctor Moreau… ¡En versión musical!”.[3] Y si bien no es ni mucho menos una película musical, si que queda, indudablemente, como una de las más extravagantes aventuras en las que se haya embarcado Paul Naschy a lo largo de su trayectoria, dando como resultado una película con la que, según su hijo Sergio Molina, su padre “se divirtió de lo lindo haciéndola”[4], cosa que no nos extraña con solo dar un vistazo a su trama:

El Dr. Moreau (Paul Naschy) se instala en la selva amazónica tras haber tenido que abandonar la isla en la que convivía y hacía experimentos mutando animales y hombres. Uno de estos mutantes es su ayudante, Zoltan (Guará Rodrigues), y con él y desde allí, el Dr. Moreau se dispone a dar un paso adelante en la evolución creando vida artificial, utilizando parte de los secretos del doctor nazi Josef Mengele. Para todo ello necesita material humano. Asimismo ha creado una raza de amazonas, con cuya reina Pentesileia (Joana Medeiros), se permite algún revolcón privado. Pero el Dr. Moreau también tiene una “enfermedad” adquirida durante un “accidente” en los Cárpatos que se manifiesta en las noches de plenilunio, transformándolo en una sanguinaria bestia.

lobi81

El argumento, con claras reminiscencias pulp, es una perfecta muestra del denominado ‘terrir’, término con el que el brasileño Iván Cardoso denomina este género de su invención consistente en combinar humor absurdo con terror y exuberantes muchachas ligeras de ropa. Quizás esta mezcla pueda parecerles familiar y nada original, pero les aseguramos que el “terrir” es algo diferente.  Para el gran especialista americano en Paul Naschy y Fantaterror, Mirek Lipinski, “No es Abbott y Costello contra los fantasmas y no es El jovencito Frankenstein. Puede ser ingenioso o sencillo y absurdo y bizarro. Algunas veces funciona y otras no. Pero todo va tan rápido que aunque una cosa no funcione, otra rápidamente sucede y lo anterior se olvida.”[5]

Iván Cardoso y Paul Naschy durante el rodaje del film.

Iván Cardoso y Paul Naschy durante el rodaje del film.

Veamos como nació el proyecto en voz de su  propio director, Iván Cardoso[6]:“Un amigo me recomendó el libro Amazonia Misteriosa de Gastón Cruls. Y varias cosas de él me llamaron la atención. Parecía una parodia de La isla de las almas perdidas(Island of Lost Souls, 1932 Erle C. Kenton) una de las películas que más me gustan, basada en un libro del gran H. G. Wells. (…) La historia de este libro con científicos locos, terribles mujeres guerreras, -las famosas y sensuales amazonas- y un monstruo desconocido me pareció fascinante para el tipo de cine que hago, e inmediatamente vi la posibilidad de transformarlo en una parodia tropical de la obra de Wells. No pensé este proyecto especialmente para Paul Naschy, pero pensé en poner un hombre lobo en el Amazonas  al conocerlo en el Fantasporto. Sabía que él era un gran especialista en este tipo de personajes, un auténtico hombre lobo sanguinario, como debe de ser, y así tendría como reclamo comercial  una estrella en el reparto. Y puedo garantizar que al menos por mi parte fue amor a primera vista. Yo nunca había pensado en hacer esa película con un ‘lobisomem brasileiro’, porque nosotros no tenemos ningún actor que conozca ese extraño personaje del que Naschy conocía todos sus secretos y que sabía interpretar como nadie”.

003

A Naschy le agradó la oportunidad de ampliar su galería de personajes con el Dr. Moreau, que había sido interpretado con anterioridad por tres ilustres actores: Charles Laughton (1932), Marlon Brando (1996) y Burt Lancaster (1977). También le gustó visitar Brasil a la esposa de Naschy, Elvira: “Paul bromeaba diciendo que él había ido a Brasil para trabajar y ella para ir de compras”. La pareja aterrizó en Brasil en febrero de 2005, y ese primer día se encontró Cardoso con un inesperado problema: “Cuando Paul y Elvira llegaron a Brasil, fui con mi asistenta portuguesa Luisa Arante a recogerlos en el aeropuerto con un coche de lujo que había alquilado. Habían tenido un buen viaje y era una linda tarde. Hicimos algunas fotos de Paul en el aeropuerto y salimos para el  hotel, donde el productor ejecutivo del filme ya nos esperaba con el 50% del salario de Paul, tal y como estaba previsto en el contrato. Durante su estancia les hospedamos, por apenas tres semanas, en el lujoso Hotel Sheraton, enfrente de la playa Barra Da Tijuca, próxima al estudio donde rodamos la película. Tras instalarse en una gran suite con la última revisión del guión de la película, quedamos al día siguiente para ir a cenar. Me despedí dejando a Luisa con ellos para resolver los últimos asuntos. A las 21 horas estaba tranquilo en casa, feliz de la llegada de Paul y a pocas horas de iniciar el rodaje cuando el teléfono sonó. Era Luisa desesperada avisándome de que a Paul no le gustaba nuestro último guión y amenazaba con volver a España. Me pedía que volviera inmediatamente al hotel. No entendía lo que pasaba, nadie atraviesa el Atlántico para decir que no va a hacer una película para la que ha sido contratado. Durante la negociación ya le habíamos enviado dos tratamientos diferentes del guión y Paul nunca se había quejado. Volví al hotel Sherathon y me encontré a la Armada Española dispuesta para atacar. Paul estaba hecho una fiera y me dijo que no había posibilidad de rodar ese guión y que en caso de insistir, él prefería devolver el dinero que había recibido y volver al día siguiente a España. Le dije que el rodaje comenzaba en tres días  y que ya le habíamos enviado anteriormente el guión sin que se hubiese quejado. Pero él estaba enfurecido con el guión y no había nada que le hiciera cambiar de idea. Tanto que la única solución sería organizar una reunión nosotros dos con el productor  de la película para intentar encontrar una solución que contentase a todas las partes. Naschy estaba irreductible y no quería hablar con el productor. Alegaba que su personaje estaba descaracterizado, que los hombres lobo eran monstruos especiales y que también faltaba la maldición del pentagrama en nuestra historia. Otra cosa que a Paul le molestó fue el hecho de hacer comedia de terror.

316792_2076731316857_2057480748_n

Poco a poco conseguí calmarlo y acordamos que él podría escribir un nuevo guión, que tuviese el mismo número de secuencias que el anterior, que no cortase escenas de los otros actores brasileños contratados y que no cambiase totalmente el sentido de nuestra historia. Yo pensaba que era una locura en apenas tres días descansar, preparar el rodaje y escribir un nuevo guión, pero es exactamente eso lo que mi amigo Paul hizo, alegando que ya había escrito muchos guiones y que le gustaba mucho hacerlo, principalmente si la película ganaba con ello. Así que el domingo por la noche Paul estaba exhausto, pero me entregó el nuevo guión, escrito totalmente a mano, que conservo hasta hoy con mucho cariño”.

Solucionado ese pequeño incidente, el rodaje marchó sobre ruedas: “Puedo garantizar que no hizo falta dirigir a Paul. Apenas llegaba al escenario hacíamos un ensayo y rodábamos.  Siempre estaba a punto e interpretaba siempre con gran eficacia las escenas. Era un auténtico hombre de cine: actor, director, guionista, productor… “

sideny-magal-como-sacerdote-inca

Resulta interesante indicar que, a pesar de estar todo el film hablado en brasileño, los diálogos de Naschy se conservaron en castellano, optando el director por subtitularlos, al igual que sucedió años antes con Countess Dracula’s Orgy of Blood (2004), film rodado en Estados Unidos por Donald F. Glut. Para Cardoso “No tenía sentido doblar a un gran actor como él cuya voz, entonación e idioma formaban parte de su brillante actuación. Um Lobisimem na Amazonia fue mi primera película con sonido directo y no tenía intención de doblar a Paul por otra persona. Luego, cuando terminó el rodaje, mi asistente tradujo todo el diálogo de Paul al portugués y él lo grabó en el estudio, pero a pesar de que el portugués de Paul mejoró bastante con el nuevo doblaje, su fuerte acento castellano impedía que el publico brasileño entendiera lo que estaba hablando, así que la única solución fue colocar subtítulos en portugués en sus diálogos”.

Um_Lobisomem-32

A pesar de la referencia en el título, la película ser rodó bastante lejos del Amazonas, aunque los resultados son harto convincentes: “No realizamos ninguna escena en el Amazonas. Todas las escenas fueron rodadas en Río de Janeiro. El productor estaba seguro de que si los americanos recreaban África en Río de Janeiro, nosotros podríamos transformar nuestra ciudad en la selva amazónica. También cuando se hace una película en tres semanas, como fue nuestro caso con 18 días de rodaje, cualquier lluvia puede ser desastrosa, y rodando en un estudio se pueden planear mejor las escenas, asegurándose de cumplir el calendario de rodaje”.

Una divertida foto tomada durante el rodaje.

Una divertida foto tomada durante el rodaje.

Naschy ha descrito en más de una ocasión Um Lobisimem na Amazonia como un film musical, y aunque en realidad no lo es, sí que contiene un número de lo más bizarro e inesperado interpretado por Sidney Magall, un cantante muy popular en su país que, ataviado como un sacerdote Inca, salta a cantar en el que es uno de los momentos más delirantes del film. Tanto que, según cuenta Iván Cardoso, hizo exclamar a John Landis que su secuencia favorita de la película era “aquella del sacerdote cantando rumba”.

lobisomen02

Si con todo lo narrado no hemos podido convencerles de las innegables virtudes de esta película, me permito añadir que además de resultar simpática, está correctamente realizada y los momentos de terror, especialmente las apariciones del hombre lobo, están rodados con gran tino bajo un plenilunio que inunda la pantalla de azules, solo rotos por la sangre de las víctimas de la bestia. Para Mirek Lipinski, el cóctel resultante de mezclar al Dr. Moreau de H. G. Wells con hombres lobo funciona. Y tanto  los demás actores como el maquillaje le resultan convincentes. Ángel Gómez Riveroconsidera que “A pesar de que la serie B se imponga, la partida sale adelante con singular desparpajo y encanto”[7].  Y es que el film, además de los alicientes apuntados, contiene una banda sonora nada desdeñable; unas actrices muy atractivas, en especial Karina Bacchi, Daiana Amêndola y Danielle Winnits; un argumento pulp hasta decir basta en el que cabe de todo; humor (en sus manos dejo el juzgar si voluntario o involuntario); y sobre todo la imponente presencia de Paul Naschy recitando frases semejantes a las que escribió Ed Wood para  el Dr. Eric Vornoff que  inmortalizó Bela Lugosi en Bride of the Monster (1955). Sin olvidarnos del propio Lobisomem: un desatado hombre lobo con un artesanal pero efectivo maquillaje y, naturalmente con la maldición del  pentagrama impresa en su pecho.

cJPWj5ed1XdhTBp2izKTO00Ukdt

En conclusión, la experiencia brasileña resultó enriquecedora para todos. Para Cardoso porque “Paul Naschy fue, sin duda, el mayor astro cinematográfico con el que tuve el placer de trabajar”, y para Naschy porque “fue un rodaje muy divertido, me lo pasé realmente bien en Brasil”, quedándole al veterano actor la opinión de que “Cardoso es un cineasta por descubrir, sinceramente creo que es mucho mejor que Mojica Marins. Hace poco le hicimos un homenaje en Estepona y la gente se volvía loca con sus películas[8]” Entusiasmo por el cineasta brasileño del que da fe el elogioso artículo que sobre él escribió el escritor Juan Manuel de Prada[9].

Um Lobisomem na Amazonia Novo 1

A su vuelta Paul Naschy rodó varios cortometrajes y se embarcó en sus últimos proyectos, todos muy diferentes entre sí: Empusa (Jacinto Molina, 2010), La herencia Valdemar / La sombra prohibida (José Luis Alemán, 2010), O apóstolo (Fernando Cortizo, 2012) y Las imágenes perdidas, la otra mirada (Juan Pinzás, 2010), pasando a convertirse en leyenda del cine de terror el 30 de noviembre de 2009. En cuanto a Ivan Cardoso, por fin sus películas van a ser editadas de forma oficial en Estados Unidos, el mayor mercado cinematográfico del mundo de la mano de Fangoria, con un total de seis títulos que se comercializarán tanto en formato pack como de forma individual. Uno de esos títulos será, naturalmente, Um Lobisomem na Amazonia[10].

Carlos Benítez (Proyecto Naschy)

[1] http://proyectonaschy.wordpress.com/2012/07/09/paul-naschy-los-anos-de-hierro

[2]Viaje y rodajes que traté con cierto detalle en este artículo:     http://proyectonaschy.wordpress.com/2010/06/01/naschy-la-conexion-usa

[3] Cuando las luces se apagan (T&B Editores, Madrid 2008) de Paul Naschy, pág. 148

[4] http://proyectonaschy.wordpress.com/2010/11/30/entrevista-con-sergio-molina/

[5]Mirek Lipinski en Latarnia Fantastique International Number 1 (2010).

[6]Todas las declaraciones de Iván Cardoso están extraídas de: http://proyectonaschy.wordpress.com/2014/02/26/ivan-cardoso-nos-habla-de-um-lobisomem-na-amazonia-la-pelicula-brasilena-de-paul-naschy/

[7] Paul Naschy. la máscara de Jacinto Molina (ScifiWorld, Pontevedra, 2009) de Ángel Agudo, pág. 421

[8]Íbidem. Pág. 313

[9] http://www.abc.es/hemeroteca/historico-10-09-2005/abc/Opinion/el-descubrimiento-de-un-genio_61750910236.html

[10] El resto de títulos son: Nosferatu in Brazil (1970), O Segredo da Múmia [vd: El secreto de la momia, 1982], As Sete Vampiras (1986), O Escorpiao Escarlate (1990) y O Sarcófago Macabro (2005).

el-dr-moreau-paul-naschy-y-zoltan-guarc3a1-rodrigues

Published in: on septiembre 26, 2014 at 6:43 am  Comments (1)  
Tags: , ,

O apóstolo

Título original: O apóstolo

Año: 2012 (España)

Director: Fernando Cortizo

Productores: Susan Gee, Solomon J. LeFlore

Guionista: Fernando Cortizo

Fotografía: David Nardi

Música: Philip Glass, Xavier Font, Arturo Vaquero

Intérpretes: Muñecos animados, con las voces de Carlos Blanco (Ramón), Jorge Sanz (Pablo), Paul Naschy [Jacinto Molina] (arcipreste), Geraldine Chaplin  (Dorinda), Luis Tosar (Xavier), Celso Bugallo (Celso), Manuel Manquiña  (Salustiano), Xosé Manuel Olveira ‘Pico’ (Don Cesáreo), Pedro Alonso (peregrino), Isabel Blanco (peregrina), Atilano Franco (Primitivo), Jacobo Rey (doctor)…

Sinopsis: Un convicto recién fugado de la cárcel tratará de recuperar un botín escondido años atrás en una solitaria y apartada aldea, pero lo que allí encontrará supone una condena incluso mayor de la que huyó. Siniestros ancianos, extrañas desapariciones, espíritus, un peculiar sacerdote y hasta el mismísimo arcipreste de Santiago cruzarán sus caminos.

La presente película ha tenido una producción azarosa a tal punto que todo su proceso de realización podría dar lugar a un documental de lo más interesante. Por suerte, los problemas se han solventado, y al fin ha podido estrenarse la cinta, además con bastante promoción. Esperemos que eso le sirva para lograr un gran éxito comercial, pues se lo merece. El éxito crítico lo veo casi seguro.

El cine de animación tradicional tiene gran predicación en España, desde que en 1945 se estrenase Garbancito de la Mancha, de José María Blay y Arturo Moreno, el primer largometraje de esa modalidad rodado en España (así como el primero en color en Europa). Sin embargo, la animación de muñecos por stop motion en nuestro país está mucho más limitada. Sirva este esfuerzo para darlo a conocer, y además con unos resultados increíbles.

Es curioso cómo esta película es tan genuinamente española, y al tiempo huye de todos los convencionalismos inherentes a gran parte de nuestro cine. Dentro de ese alarde idiosincrático, resaltemos el uso de leyendas autóctonas que han tenido escaso uso en nuestro cine (las distintas versiones de El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez, y unas pocas muestras más). Lo original es abordarlo por medio de la animación stop motion, y además hacerlo en serio, salvo algunos detalles pintorescos de humor muy bien introducidos, por medio del personaje del arcipreste, al que pone voz y rostro un pletórico Paul Naschy, en su última labor para el cine.

Así pues, aquí tenemos un pueblo olvidado, casi a lo Brigadoon, en medio de los bosques gallegos, una procesión de almas en pena que no es sino la Santa Compaña, una maldición que buscará solventarse a través de los siglos… La narración ofrece una mezcla de thriller, terror, leyenda mágica, humor e intriga, muy bien conducidos con un tempo perfecto. Si acaso, lo único algo dudoso, pero no molesto, es la inclusión de una canción para explicar los hechos acontecidos en el pasado.

Por lo demás, técnicamente resulta impecable, tanto en la ejecución de los muñecos, su animación, el diseño de producción que los envuelve, la fotografía… La atmósfera es impecable, y ya quisieran muchas películas de terror tradicionales ofrecer esa pujanza y firmeza. Los actores, por lo demás, se muestran a un muy alto nivel todos ellos, con Paul Naschy (que abordó el proyecto con un gran entusiasmo) en cabeza, pero donde también brillan muy alto Luis Tossar en un breve cometido, Geraldine Chaplin y hasta Jorge Sanz, cuya dicción parece haber mejorado con los años.

En suma, una película que hay que apoyar por muchas razones, por la valentía que supone dentro de nuestra paupérrima industria cinematográfica actual, por la resolución técnica que muestra, algo casi experimental dadas las circunstancias y, sobre todo porque, pese a todo esto, es, ante todo, una excelente obra cinematográfica. Y eso, mucho me temo, cada vez es menos habitual en nuestras carteleras.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on noviembre 8, 2012 at 8:15 am  Comments (7)  
Tags: , ,

Versus: “Empusa” de Jacinto Molina [y Carlos Aured]

Título original: Empusa

Año: 2010 (España)

Directores: Jacinto Molina, Carlos Aured [no acreditado]

Productor ejecutivo: Ángel Mora

Guionista: Jacinto Molina

Fotografía: Luis Colombo

Música: Enrik García

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Abel Olaya), Antonio Mayans (Víctor), María Jesús Solina (Natalia), Laura De Pedro (Lilith), Cristina Carrión (Cristabel), Paco Racionero (Barón Ulrich), Saturnino García (Sacaluga), Marco Sanz (Comisario Murillo), Alfonso Dorbe (Padre Serapión), Germán Estela, María Teresa Zaragoza (Policías), Francisco Javier Monzo (Asesino), Gissele Morgan, Yanira del Rio, Susanna Tovar, Marta Tovar, Amanda Luna, Amanda Murcia, Evita Garoa, Julia Amador, Samantha Vinazza, Beatriz Santillana, Aída Aparici (Empusas), Ángel Aracil, María José Pérez, Patric Vázquez, Carina Alfaro (Arqueólogos), Juan Carlos Bonet (Marinero), Manuel Villamizar (Acordeonista), Jesús Ángel Martínez (Lombrosiano), Luis González, David Martínez, Alex Spijksma, José Sánchez, Eric Sánchez, África Mir, Carmen Irujo, Idoia Lecumberri, Liliya Romanova, Juan Carlos Gascón…

Sinopsis: Abel Olaya, otrora admirado actor de cine, malvive sus días con una penosa jubilación. Sumido en el olvido, se ve obligado a realizar algunos trabajos aprovechando sus dotes adivinatorias que le otorgan su otra gran pasión: las ciencias ocultas. Un día, en un paseo por la playa junto a su amigo Víctor, encuentra en la orilla una mano humana seccionada a la altura del antebrazo y con un raro símbolo tatuado en su muñeca. Pese a la negativa de Víctor, Abel insiste en investigar su procedencia, convencido de que ese extraño símbolo está relacionando con la existencia de las empusas, unos seres híbridos entre vampiros y sirenas capaces de adoptar cualquier tipo de apariencia. Mientras tanto, en la costa aparecen varios cadáveres mutilados sin que la policía encuentre explicación alguna…

Comentario de Juan Pedro Rodríguez Lazo:

Empusa es una de esas películas que nacen como malditas ya desde su gestación. La sustitución del desaparecido Carlos Aured – otrora realizador de algunas de las obras más representativas del fantaterror patrio junto a Paul Naschy -, por motivos un tanto sospechosos, no hacía augurar demasiadas expectativas respecto a la película. Al parecer, su despreocupación con algunos aspectos técnicos y su lenguaje soez con el equipo (1), fueron los causantes de que fuera despedido en última instancia y sustituido por el propio Jacinto Molina, quien, además de protagonizar y firmar el guión de la película, se encargaría de rodar todo de nuevo con un presupuesto mucho más ajustado (2). Por si esto no bastara, un prematuro “trailer” – que más que un trailer, se podría decir que era un puñado de imágenes del rodaje acompañadas de algunos efectos no muy “especiales” y una atronadora canción heavy -, avivaron los temores de muchos.

Las complicaciones de salud de Naschy, como es lógico, también empeoraron cualquier esperanza de que Empusa fuera medianamente buena. En su última visita al Festival de Sitges el pasado 2009, un Paul Naschy desgastado por su enfermedad, informaba que la película – que en aquel momento se encontraba en fase de post producción – seguía inmersa en algunos problemas. Uno de ellos era que, debido a su precario estado de salud, él mismo no podría doblar sus secuencias. A pesar de que gran parte de la filmografía del actor contaba con doblaje ajeno, aquello suponía otro punto en contra a sumar a esta producción, que terminó ennegreciéndose del todo con la desaparición del actor y realizador madrileño, el 30 de noviembre de aquel mismo año.

Cualquier esperanza de que Empusa pudiera ser la vuelta al fantaterror clásico que se nos anunciaba se esfumó, y la obra póstuma de Jacinto Molina fue rápidamente etiquetada de maldita, comenzando a anunciarse prematuramente por admiradores y detractores como la peor película de uno de los máximos representantes del cine fantástico patrio. Empusa comenzaba de ese modo una carrera comercial que debía sortear, no sólo un rodaje lleno de problemas que han retrasado su estreno, sino además un escepticismo, creo desmesurado, con el que muchos esperábamos esta película; y siendo sincero, el que esto escribe fue uno de los grandes sorprendidos con sus resultados.

Para empezar, creo que Empusa, sin ser perfecta (¿cuántas películas naschyanas lo son?), supone el resurgimiento del mejor Jacinto Molina realizador, guionista y actor (en este último apartado, puede que su interpretación quede eclipsada por su pequeño pero excelente papel en La herencia Valdemar, sin lugar a dudas, lo menos chirriante de la película), después de la desastrosa y olvidable La noche del ejecutor (1992). Su factura, como todo el que la haya visto sabrá, es muy modesta, pero aún así hay que hacer especial hincapié en el buen resultado que logra obtener. El maquillaje, así como la caracterización de los personajes (cosa que en un principio podía hacernos temer lo peor), son verdaderamente efectivos y consiguen salir airosos en una producción de estas características. Su narración no resulta tan atropellada ni farragosa como lo podían ser algunos de los últimos proyectos “made in Naschy”. Los tiempos han cambiado, y las nuevas generaciones buscan otras cosas, así que Naschy, consciente de ello, otorgó al film un aura más jovial, tirando a cómic, repleto de diálogos bastante dilatados y algunos guiños cinéfilos algo gamberros que intentan rememoran de algún modo el cine de Tarantino. Pero muy al contrario que Rojo sangre (2004) – el último guión de Naschy adaptado a la gran pantalla -, Empusa sabe jugar muy bien sus cartas y su narración no resulta tan confusa como en la fallida película de Christian Molina, un film con un presupuesto mucho más elevado pero con un resultado bastante más irregular.

Por otro lado, puede que las interpretaciones no sean muy reivindicables – de hecho, las hay que cantan de lo lindo -, pero sería una injusticia tirar por la borda el papel de Naschy, desempeñando aquí el cargo de (anti) héroe de la función, con un personaje no exento de cierta guasa (puede que involuntaria), al mostrarse a sí mismo como un actor fracasado y experto en esoterismo, que por si fuera poco resulta ser un experimentado bebedor de absenta y, a pesar de su edad, todo un putero. Antonio Mayans, que hace de amigo pescador de Naschy en un papel con reminiscencias nada disimuladas al colega zombificado que interpretó Griffin Dune en Un hombre americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981), también resulta convincente, así como Saturnino García haciendo las veces de vampiro clásico en un pequeño papel cómico. Del plantel de jóvenes actores cabría destacar el magnetismo y belleza de Laura de Pedro como la reina de las empusas; sin lugar a dudas, todo un descubrimiento y, porque no decirlo, una posible scream queen que bien podrían llegar a ser la nueva Soledad Miranda del fantaterror español.

En Empusa también están presentes muchas de las manías que han caracterizado la filmografía del astro madrileño, como el erotismo y las ceremonias sangrientas, además de algunos elementos autobiográficos que ha utilizado en el último tramo de su carrera. Pero quizá el elemento más reivindicable de Empusa podría estar constituido por la novedosa utilización del humor que Naschy otorga por primera vez a una película de corte fantástico dirigida por él mismo. Como ya se ha apuntado con anterioridad, Naschy buscaba un público más amplio, por ello no es de extrañar ese toque gamberro y socarrón que se da en la película, llegando a parodiar al Van Helsing de Stephen Sommers (una de las mayores decepciones que ha dado el cine de terror de los últimos años).

En lo que respecto a su metraje, se nos puede antojar algo dilatado (107 minutos), y por lo tanto como otro punto que juega en su contra, pero al menos un servidor disfrutó con ella de principio a fin ya que, a pesar de estar repleta de algunos momentos innecesarios y que no vienen a cuento, se hace amena y para nada aburrida. Empusa es muy entretenida y sensual, dos puntos que hacen su visionado más llevadero, y su falta de pretensiones y su estética naïf desembocan en un humor que, ya sea voluntario o no, la hacen terriblemente divertida.

Está bien, como se ha dicho incansablemente, Empusa no es la mejor película de Paul Naschy. Puede que en el apartado técnico hallemos algunos fallos garrafales -como, por ejemplo, ver la sombra de las cámaras en el rostro de los actores -, y que algunos de los diálogos que la componen sean el súmmum del absurdo y la desfachatez. Pero que quieren que les diga, obviando algunos de estos fallos técnicos -que repito, (casi) siempre se han dado en su filmografía -, y con la mente bien abierta, un espectador inquieto y curtido en este tipo de cine puede disfrutar de buena ley con las peripecias de este anti héroe llamado Abel Olaya, su “torpedo” y esas atractivas vampiras mitad gaviotas que provienen del folclore griego. No es su mejor película, desde luego, pero tampoco la peor, faltaría más (y quien diga que lo es, es que no ha visto alguna de sus últimas películas como realizador).

Puede que los únicos errores de verdad se encuentren en el tramo final de la película. Un último plano que “aclara” innecesariamente toda la historia narrada y que, por consiguiente, destroza ese aura embriagador que se respira durante el film, echa por tierra gran parte de sus aciertos. Pero sobre todo, ese huérfano “in memoriam” que precede a los créditos finales, en el que tan sólo aparece el nombre de Paul Naschy, son esas cosas que hacen que muchos sientan ciertos reparos con Naschy y su cine. Un cine pionero no sólo en nuestro país sino en el resto del mundo. Un cine que como todo el mundo sabe, está lleno de errores. Aunque lamentablemente algunos de ellos duelan de verdad. Y no me refiero, claro está, a fallos de raccord y demás. Esas cosas se pueden llevar bien.

(1)  Mª Jesús Solina, una de las actrices que han intervenido en Empusa, defendió la labor del director en el pase de la película en la segunda edición de Horrorvisión (BCN), y a pesar de corroborar que, efectivamente, sus labores como realizador dejaban mucho que desear, afirmó que Aured se portó muy bien con ella.

(2)  Según conversación personal con el propio Naschy durante el Festival de Sitges del 2007.

Comentario de José Luis Salvador Estébenez

El destino quiso que dos de los últimos trabajos de Paul Naschy antes de su fallecimiento fueran un par de proyectos tan similares y, a la vez, tan diferentes como La herencia Valdemar y Empusa. Una coincidencia de lo más significativa por cuanto cada uno de ellos simboliza la mitad de una dualidad más o menos latente a lo largo de la trayectoria del actor y cineasta madrileño, con el irónico añadido de que la primera se trate de una obra ajena y la segunda propia. Así, el díptico escrito y dirigido por José Luis Alemán vendría a representar lo que el cine de Naschy aspiró a ser en términos industriales y rara vez consiguió alcanzar. Esto es: grandes medios, ambiciosos planteamientos comerciales y la consecución de un empaque ornamental equiparable al de las principales casas de terror clásico, léase la A.I.P., la Hammer y la Universal. Empusa, en cambio, refleja como en no pocas ocasiones tan loables intenciones acabarían traduciéndose en productos realizados en precarias condiciones, condenados de antemano por las circunstancias en las que fueron concebidos, y solo llevados a buen puerto por la admirable constancia y entrega que el creador de Waldemar Daninsky puso siempre en todos y cada uno de sus trabajos. Films, en definitiva, más recordados por la épica que entrañó su realización que por sus verdaderos valores cinematográficos, pero que, sin lugar a dudas, contribuirían de un modo decisivo a la construcción del mito Naschy.

En este sentido no puede obviarse que desde su mismo origen Empusa aspirara a convertirse en una pieza de culto. Ya en las primeras informaciones aparecidas en torno a su existencia se remarcaba el hecho de que fuera a suponer el reencuentro treinta años después entre Paul Naschy y el que fuera el director de algunas de sus películas más emblemáticas, Carlos Aured, quien volvía así a ponerse detrás de las cámaras tras algo más de dos décadas alejado del oficio. Sin embargo, las cosas no tardarían en torcerse, y lo que se anunciaba como un idílico retorno a los años dorados del fantaterror hispano de la mano de dos de sus principales artífices, acabó derivando en una experiencia traumática para todas las partes implicadas. Apenas habían transcurrido las dos primeras semanas de rodaje cuando Aured abandonaba el barco, sin que en aquel momento quedaran demasiado claros cuales fueron los términos en los que se produjo dicha ruptura. A decir de la versión oficial, el descontento con el trabajo de Aured, unido a las malas maneras con las que, al parecer, se dirigía al resto del equipo, hizo que en un intento por reconducir la situación los productores le impusieran a Naschy en calidad de codirector, extremo que el murciano no aceptaría, propiciando así su marcha. Con Aured fuera, Naschy asumiría en solitario la  realización de la película, por entonces llamada Las gaviotas, retomando una labor que no ejercía desde 1992 con la inefable La noche del ejecutor. Una vez en el cargo, una de sus primeras decisiones pasaría por descartar todo el material filmado por Aured al considerarlo inservible, reiniciando el rodaje desde cero con el hándicap de contar con un presupuesto mucho más reducido del inicialmente asignado.

Sin mayores contratiempos, pero con una retahíla de anécdotas que harían las delicias de cualquier admirador de nuestro licántropo patrio, la filmación sería completada a finales de agosto de 2007. Haciendo gala del ímpetu que le caracterizaba, pocos meses más tarde Naschy presentaba en varios festivales especializados una especie de tráiler de quince minutos de duración. La mala acogida con la que fue recibido este primer adelanto motivaría que Naschy y sus colaboradores optaran por rehacer la película nuevamente en la sala de edición. Este periodo coincidiría con la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría con la vida de su principal artífice, dilatando el proceso en el tiempo mucho más de lo esperado. Su delicado estado de salud impediría a Naschy participar en las sesiones de doblaje, donde, al igual que en su época de esplendor, pero por razones radicalmente distintas, sería sustituido por un actor especializado, si bien aún tendría las fuerzas necesarias para supervisar el montaje y las mezclas definitivas, según indica Ángel Mora, productor ejecutivo de la cinta. Cuando por fin parecía que la película iba a concluir su larga travesía del desierto, una nueva tragedia se interpondría en su camino; el 30 de noviembre de 2009 la persona bautizada como Jacinto Molina Álvarez fallecía a los setenta y cinco años de edad víctima de un cáncer de páncreas, pasando Empusa a convertirse en su obra póstuma.

Debido a toda esta serie de vicisitudes, a las que cabe añadir la repentina muerte de Aured prácticamente después de su salida del proyecto, Empusa no ha tardado en ser etiquetada como una “película maldita”. Una consideración alimentada por sus propios responsables, quienes, en un intento por dotarle de esa pretendida aura de “film de culto”, han comparecido en distintos medios de comunicación, platós televisivos incluidos, achacando el cúmulo de desgracias personales vividas a un supuesto mal fario, en una reprobable actitud amarillista que en su interior escondía una mal disimulada maniobra publicitaria. Tales esfuerzos no han impedido que, a día de hoy, Empusa permanezca pendiente de cualquier tipo de distribución comercial. Mientras espera a que esto ocurra, ya ha podido ser vista en distintos certámenes y muestras cinematográficas de dentro y fuera del país, cosechando por lo general críticas bastante negativas. Tanto es así que el entorno más próximo a Naschy, tan dado al elogio gratuito, se ha apresurado a desmarcarse del fruto resultante, declarándole la peor película jamás realizada por su ídolo. Una aseveración quizás un tanto exagerada a poco que se conozcan films como Operación Mantis o la referida La noche del ejecutor, pero que expone bien a las claras lo fallido del producto, máxime en comparación con las expectativas creadas.

Resulta innegable que muchos de los defectos que presenta Empusa a nivel formal pueden ser fácilmente atribuidos a lo accidentado de su confección. Pero, aunque así fuera, no menos cierto es que tanto estas como el resto de deficiencias que arroja su acabado son consecuencia directa del que fuera su alma mater. Primero, por la enfermiza necesidad de rodar que mostró en la última etapa de su carrera, y que le llevó a participar en prácticamente cualquier proyecto que se le pusiera por delante por muy descabellado que este fuera, sin importarle el efecto (negativo) que pudiera ejercer en la valoración global de su filmografía. Y es que, por mucho que en su momento Empusa fuera anunciada como el titulo inaugural de una nueva factory consagrada a desarrollar cintas de terror “made in Naschy”, quien más quien menos sabía que, en realidad, se trataba de una producción que bordeaba peligrosamente lo amateur y cuya salida comercial se adivinaba cuando menos comprometida, como así ha acabado sucediendo. Ante este panorama, uno no puede evitar preguntarse qué necesidad tenía Naschy a estas alturas de meterse en semejantes fregados, sobre todo después de haber sufrido con anterioridad una experiencia similar de la que saldría escaldado con El aullido del diablo, film con el cual el que nos ocupa comparte otras curiosas sincronías.

Como en aquél, el guion de Naschy conjuga los elementos ficticios con los apuntes autobiográficos. De nuevo, el protagonismo de la historia recae en un viejo actor que, pasados sus años de gloria, vive su senectud sumido en el más absoluto de los olvidos. La diferencia radica en que si en El aullido del diablo o Rojo sangre esta especie de alter ego era utilizado por Molina para exorcizar sus fantasmas y, de paso, arremeter contra aquellos que habían puesto en duda su talento y su valía, aquí es presentado bajo un perfil satírico. Lejos de la nostalgia que en última instancia guiaba los criminales pasos de sus émulos, el tal Abel Olaya, que así se llama nuestro protagonista, no parece extrañar en nada sus tiempos de estrella, erigiéndose en todo un bon vivant que consume sus días entre tragos de absenta, comidas copiosas, escarceos amorosos y prácticas de ocultismo con las que ganarse la vida.

Pero lo que en un primer momento pudiera antojarse una curiosa visión paródica del personaje por él mismo acuñado a lo largo de los años queda en agua de borrajas debido a su proverbial falta de autocrítica, auténtico talón de Aquiles de su cine. Así, pese a la caricaturización de la que es objeto, dicho rol no rehúsa varios de los atributos inherentes a los papeles escritos por Naschy para sí mismo. De entre ellos, tal vez el mejor ejemplo se encuentre en el magnetismo sexual que hace que, pese a tratarse de un setentón de estrafalario aspecto, no tenga mayores dificultades en encandilar y hasta compartir cama con atractivas veinteañeras. Esta misma falta de autocrítica también se deja notar en su adopción, quién sabe si movido por las circunstancias, de una narración de tono cómico, cuando sus anteriores incursiones dentro del género habían dejado meridianamente claro que la comedia no era lo suyo. Y así ocurre. Como era de esperar, el metraje de Empusa transita entre los márgenes de lo pueril, lo grotesco y lo ridículo, con la sospecha asociada de hasta qué punto la hilaridad que desprenden varios de sus pasajes puede no ser voluntaria.

Así las cosas, el único punto que consigue arrancar algún tipo de interés dentro de tan desvaído producto se concentra en la desaprovechada configuración de las criaturas que le dan título, una especie de chupasangres primigenios procedentes de la mitología griega y, por tanto, precristrianas, contra los que los métodos tradicionales para acabar con estos seres se revelan del todo inútiles. Pero ni esta novedosa reformulación de la imaginería clásica del vampiro, ni los continuos guiños destinados a los aficionados en forma de machaconas referencias a nombres propios del género, consiguen aportar mayor valor que el anecdótico a sus resultados finales. Triste punto y final pues para la carrera de uno de los pocos mitos a nivel mundial que ha originado nuestra industria, pero en la que, paradójicamente, se encuentran encerradas no pocas de las claves para desentrañar y comprender su obra, y con ello, su controvertida figura.

Published in: on noviembre 18, 2011 at 7:37 am  Comments (15)  
Tags: ,

Howaito rabu

Título original: Howaito rabu

Año: 1979 (Japón)

Director: Tsugunobu Kotani

Productores: Takeo Hori, Hideo Sasai

Guionistas: Toshiya Fujita, Tatsuo Kobayashi

Fotografía: Kenji Hagiwara

Música: Kenjiro Hirose

Intérpretes: Momoe Yamaguchi (Shinobu Uemura), Tomokazu Miura (Ken Yamanobe), Keiju Kobayashi (Keisuke Uemura), Kazuo Kitamura (Yoichiro Yamashita), Miyoko Akaza (Kakinuma), Bunjaku Han (Taeko Nogawa), Yutaka Hayashi (Nobuo Takeuchi), Kôichi Iwaki (Mickie Yasuda), Kaneko Iwasaki (Ritsuko Uemura), Shin Kishida, Julia Saly “La Pocha”, Erina Miyai, Eiko Nagashima (Noriko Takeuchi), Masaya Takahashi, Kunie Tanaka (Kajiyama)…

Sinopsis: Kobasashi está aprendiendo español para ir a España a buscar a su padre, dado por muerto años atrás. En la academia de idiomas, Kobasashi conoce a Ken, de quien pronto se enamora. Ya en Madrid, Kobasashi no sólo encuentra a su padre, sino que también localiza a la ex novia de Ken, Taeko. Cuando Ken llega a Madrid, le pide a Kobasashi que le ayude a buscar a Taeko, sin darse cuenta de los sentimientos que la muchacha profesa hacia él.

De todos los trabajos que componen la trayectoria cinematográfica de Jacinto Molina, la producción japonesa Howaito rabu es, sin lugar a dudas, uno de los menos conocidos. Tanto es así, que rara vez suele ser listado por las distintas filmografías existentes en torno a la carrera del astro madrileño. Las razones para justificar semejante olvido hay que buscarlas en la confluencia de un par de particularidades. Por un lado, el que su distribución comercial estuviera prácticamente restringida al mercado nipón, algo un tanto sorprendente habida cuenta de que la mayoría de las fuentes consultadas se refieren a él por el que parece ser su título internacional, White Love[1]. Pero, sobre todo, por tratarse de la única película en la que, una vez convertido en Paul Naschy, la labor de Molina se limitó exclusivamente a cometidos técnicos, sin que mediara mayor implicación personal por su parte que el simple y natural ejercicio de su oficio de hombre de cine.

Así lo reconocía él mismo en sus Memorias de un hombre lobo, en las que recordaba como tan singular participación respondió a una petición expresa de la Hori-Kikaku-Seisaku para que se hiciera cargo “de llevar la realización (…) que querían rodar en España con motivo de su vigésimo quinto aniversario”[2]. En su puesto de jefe de producción, Naschy tendría la oportunidad de compartir créditos con dos glorias del cine fantástico nipón a muy distintos niveles: la legendaria Toho, entre otras muchas cosas, creadora de Godzilla y principal adalid de las kaiju-eiga, y Tsugunobo “Tom” Kotani, televisivo realizador en cuyo haber se encuentra la hoy devenida en cinta de culto Los abismos de las Bermudas y con el que Paul tendría sus más y sus menos debido al carácter pejiguero del japonés. Pero a pesar de lo que se pudiera deducir en un primer momento de la unión de estos tres nombres, Howaito rabu no se trata de un film de temática fantástica, sino que es un melodrama romántico de tono folletinesco diseñado a mayor gloria de su popular dúo protagonista, la también pareja en la vida real formada por Tomokazu Miura y la cantante Momoe Yamaguchi, todo un mito del país del sol naciente debido a su prematura retirada profesional tras contraer matrimonio con Miura.

Vista la película, poco parece haber de casual en la coincidencia de que la Hori-Kikaku-Seisaku fuera, precisamente, la misma productora de los coetáneos documentales de Naschy[3]. Y es que si en aquellos el alter ego de Waldemar Daninsky se había encargado de acercar al público japonés diversos aspectos de la historia y el arte de España, en esta ocasión su labor estaría encaminada en facilitar que Howaito rabu utilizara su filmación (parcial) en suelo patrio para ofrecer en su metraje un tour turístico por la Piel de Toro, echando mano de nuestros tópicos culturales más asumidos. Se puede decir que no falta ninguno. Desde planos ambientados en monumentos arquitectónicos tan emblemáticos como el Acueducto de Segovia o la Plaza Mayor de Madrid, hasta diversos ejemplos del folclore autóctono, entre los que se cuentan la inevitable escena del tablao flamenco, donde puede reconocerse a la que por entonces era la inseparable compañera de correrías de Naschy, Julia Saly “La Pocha”[4], dando buena muestra de sus dotes de bailaora, o unos encierros de San Fermín que, en realidad, fueron recreados en Torrelaguna por sugerencia directa del aquí jefe de producción. Tal decisión daría pie a una anécdota de lo más curiosa, ya que, según recoge Óscar Jiménez Bajo en el libro coral Torrelaguna, plató de cine, el rodaje sería utilizado por la localidad de la sierra madrileña para financiar sus fiestas patronales de aquel año.

Este rancio tipismo con el que es retratado nuestro país en la pantalla, casi siempre lindante con lo ridículo – véase al efecto la psicotrónica escena del entierro flamenco -, contrasta en cambio con el cariz negativo que España y lo español tienen en su trama. Si bien es cierto que el estudio de la lengua castellana es el vínculo que une el destino de los dos protagonistas, no menos cierto es que los motivos que empujan a ambos a su conocimiento están estrechamente ligados con sus más profundos secretos. De este modo, ella lo aprende con la intención de ir a buscar a su desaparecido padre, dado por muerto años atrás, pero del que ha descubierto que, en realidad, vive en un pueblo situado en las afueras de Madrid. En cuanto a su futuro amado, se gana la vida dando clases de castellano tras haber permanecido una larga temporada en el país dedicado a la trata de blancas (o, mejor dicho, amarillas en su caso), donde perdería la pista de la que por entonces era su pareja sentimental, embarazada de pocos meses. Sobre España recae pues el doble papel de morada y punto de encuentro de los dos personajes con los fantasmas que habitan en lo más íntimo de su ser.

Ni qué decir tiene que, pese a los obstáculos que se cruzarán en su camino, una vez se produzca el inevitable reencuentro del par de tórtolos con su pasado, este se resolverá de modo favorable para sus intereses. La muchacha localizará a su moribundo padre para que le explique el porqué de su abandono del hogar familiar, en tanto que él hará lo propio con su antigua pareja, comprobando que ejerce la prostitución y que el hijo que tiene, en contra de sus sospechas iniciales, resulta ser de otro. Para darle mayor dramatismo al asunto, en el momento en que se encuentre en la encrucijada de elegir entre su nuevo y antiguo amor, el azar le facilitará las cosas en forma de accidente fortuito, cuando la prostituta se precipite por el balcón hacia la calle al paso de un encierro, falleciendo en el acto. Una resolución tan exagerada y artificiosa en su planteamiento como en la práctica resultan los parlamentos en castellano destinados a refrendar el dominio del idioma de su galán, pero que, a la hora de la verdad, lo único que consiguen es evidenciar hasta qué punto el tal Miura se dedica a repetir como un loro un texto aprendido de antemano, sin que parezca comprender muy bien el significado de lo que está hablando.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Sin ir más lejos, el propio Naschy en sus memorias lo hace empleando su traducción literal al castellano; esto es, Amor blanco, denominación que a más de uno puede llevarle a pensar en un supuesto estreno en nuestras salas, en realidad inexistente.

[2] Memorias de un hombre lobo (Alberto Santos Editor, 1997), página 137. A modo de curiosidad, en su citado testimonio Naschy alude a la naturaleza televisiva de la propuesta. Quizás esa fuera la intención con  la que fue rodada, pero lo cierto es que, a decir de los datos recabados, la película sería estrenada en salas comerciales con todos los honores.

[3] Dicha productora también sería la partícipe por parte asiática en El carnaval de las bestias, primera entente oficial hispano-japonesa de la historia, cinematográficamente hablando. Curiosamente, su mayor aportación a la película a nivel artístico residiría en la presencia de la actriz Eiko Nagashima, presente en el reparto de la presente en un pequeño papel.

[4] Aparte de en la citada escena, Julia Saly aparece en, al menos, otras dos más, todas ellas relacionadas con el personaje de la antigua novia del protagonista. Dada la atención que la puesta en escena presta a su presencia, no hay que descartar que inicialmente su rol en la película disfrutara de una mayor relevancia de la que finalmente tiene, aunque también pudiera verse como una consecuencia de la fama de la que, al parecer, la artista gozaba entre el público nipón.

Published in: on septiembre 23, 2011 at 6:42 am  Comments (3)  
Tags:

La sonrisa del lobo

unnamed (1)

Título original: La sonrisa del lobo

Año: 2009 (España)

Director: Javier Perea

 Productora: Imagen D.E.A.T.H.

Documentación: Diego López

Fotografía: Rafael Martín Rubio

Música: Contraband

Intervinientes: Paul Naschy [Jacinto Molina], Juan Pablo Orduñez “El pirata” (Voz en off)…

Sinopsis: En 1968 daba comienzo la unión entre Paul Naschy y su personaje mas emblemático: Wadelmar Daninsky. Desde entonces y hasta la actualidad, Paul y Waldemar siempre han estado unidos. Cuarenta años después, y de las garras de Naschy, nos adentramos en la fantástica y misteriosa ciudad de Toledo para revivir con Paul todas aquellas oscuras y terroríficas películas y así, poder vivir con él, aventuras y desventuras en la sonrisa del lobo…

La sonrisa del lobo se arroga la particularidad de ser el primer documental existente en torno a la obra de Jacinto Molina aka Paul Naschy. La autoría de tan novedoso proyecto recae en la figura de Javier Perea, uno de los nombres propios del underground fantástico español, gracias a su labor al frente del colectivo “Imagen D.E.A.T.H.”. Activo desde la década de los noventa, a lo largo de este tiempo su carrera ha ido recorriendo todas las facetas posibles dentro del mundillo: vendedor, distribuidor, editor, organizador y, en los últimos años, productor y ocasional director de largometrajes de bajo presupuesto realizados al margen de la industria, en su mayoría confiados a jóvenes talentos procedentes del campo del cortometraje.

Dada su condición de producto independiente, La sonrisa del lobo se ve aquejada por una serie de problemas comunes a esta clase de propuestas. Quizás el principal se encuentre en la ausencia de una distribución normalizada. Desde que viera la luz, apenas sí ha sido proyectado en un par de festivales especializados como los de Sitges y Toledo (este último organizado por el propio Perea), permaneciendo desde entonces a la espera de una futurible edición comercial en formato doméstico que lo rescate del limbo. Por otra parte, su acabado formal se resiente de unos modos amateurísticos que afean, y mucho, sus resultados. Una situación que, dadas las características propias de la obra, más parece debida a la falta de pericia de su equipo técnico que a cualquier otro tipo de condicionante. Muestra de ello son los múltiples ruidos e interferencias que asolan su sonido en directo, un montaje de lo más abrupto o la acusada carencia de insertos procedentes de los films aludidos, dando la sensación de que las escasas imágenes que finalmente comparecen responden a los títulos que sus responsables tenían más a mano.

No obstante, todos estos defectos no invalidan el innegable valor como documento testimonial que atesora La sonrisa del lobo, al ser Paul en primera persona quien ejerza de guía por este recorrido a través de su filmografía licantrópica. Bajo su habitual inmodestia y con la ciudad de Toledo como telón de fondo, Paul desgrana por medio de vivencias, anécdotas y recuerdos los quince títulos en los que se puso bajo la piel del hombre lobo; desde la inaugural La marca del hombre lobo (1968) hasta la pintoresca Um lobisomen na Amazônia (2005), reinterpretación en clave musical del clásico de H. G. Wells La isla del Dr. Moreau, pasando por la decisiva La noche de Walpurgis y sin olvidar sus interpretaciones del personaje lejos del icónico Waldemar Daninsky para las comedias Buenas noches, señor monstruo y Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!).

Como cabría de esperar, los testimonios de Naschy coinciden con lo recogido en sus Memorias de un hombre lobo, tanto en la forma como en el fondo. No faltan pues los momentos en los que el madrileño aprovecha la coyuntura para arremeter contra antiguos compañeros y/o colaboradores, rememorando afrentas pasadas. En este sentido son especialmente significativas sus explicaciones acerca del carácter stajanovista del que fuera el director de algunas de sus películas más reconocidas, León Klimovsky, por cuanto tienen de (involuntario) reflejo del clima de incertidumbre con el que los artesanos de la época debían de desarrollar su oficio. En todo caso, lo más interesante del conjunto reside en la detallada reconstrucción que Naschy hace de las vicisitudes que rodearon la producción de dos de sus títulos malditos: la invisible Las noches del hombre lobo y Los monstruos del terror.

Lamentablemente, lo ajustado del metraje propicia que en otras muchas ocasiones la información suministrada sobre algún título en concreto no pase de lo anecdótico. Y es que, según está planteado, sus apenas cuarenta y cinco minutos se antojan del todo insuficientes para albergar de un modo satisfactorio semejante repaso por las muchas encarnaciones cinematográficas de nuestro hombre lobo patrio. En este sentido, todo el alcance de La sonrisa del lobo queda reducido al de mera curiosidad de cara a completistas y seguidores de la obra naschyana o, en su defecto, al de publirreportaje turístico de la que un día fuera capital del Imperio; consideración que, a juzgar por lo visto, no parece muy alejada de las pretensiones subyacentes con las que fue concebido.

Pedro Príncipe

Published in: on septiembre 2, 2011 at 5:14 am  Dejar un comentario  
Tags: ,

El hombre que vio llorar a Frankenstein

Título original:  The Man Who Saw Frankenstein Cry

Año: 2010 (España)

Director: Ángel Agudo

Productores: Luis Miguel Alemán, José Luis Alemán, Sergio Molina

Guionista: Ángel Agudo

Fotografía: Aitor Uribarri

Música: Enrique García

Participantes: Mick Garris (Narrador), Paul Naschy [Jacinto Molina], Joe Dante, John Landis, Emilio A. Pina, Caroline Munro, Jorge Grau, Del Howison, José Antonio Pérez Giner, Ángel Luis De Diego, Antonio Mayans, Javier Aguirre, José Luis Alemán, Javier Botet, María José Cantudo, Nacho Cerdà, Laura De Pedro, Donald F. Glut, Miguel Iglesias Bonns, Víctor Matellano, Ángel Sala…

Sinopsis: Presentado por el director y guionista norteamericano Mick Garris, El hombre que vio llorar a Frankenstein repasa la vida y leyenda del icono del terror español Paul Naschy a través de declaraciones de amigos y compañeros de profesión como John Landis, Joe Dante o Nacho Cerdá, entre otros.

El hombre que vio llorar a Frankenstein supone, hasta la fecha, el último capítulo en el proceso de reivindicación de la figura y obra de Paul Naschy emprendido por el grupo Scifiworld. No en vano, la génesis de este proyecto hay que buscarla en sendos textos aparecidos previamente bajo el manto de la editorial gallega. Por un lado, en Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina (Scifiworld, Pontevedra, 2009), biografía escrita por el que a la sazón ha sido el director del título que nos ocupa, Ángel Agudo. Y por otro, en “El último adiós, un homenaje a Paul Naschy”, artículo publicado en el número 22 de la revista dirigida por Luis M. Rosales con motivo de la muerte del cineasta madrileño, en el que numerosas personalidades del mundo del fandom valoraban lo que a su juicio había venido a significar la carrera del tótem por excelencia del cine de terror patrio.

De este modo, el presente documental se antoja una fusión de las principales características de ambos trabajos: un repaso en tercera persona de la vida personal y profesional de Jacinto Molina a través de los testimonios de familiares, compañeros y profesionales del medio, contada de la misma forma que él lo habría hecho. En este sentido, resulta de lo más significativo que la única vez –despedida aparte – en que se escuche la voz de Naschy a lo largo del documental sea mediante la inclusión de un fragmento de la autobiográfica Rojo sangre, en el que su alter ego cinematográfico se queja de la marginación sufrida tras toda una carrera de éxitos. Y es que, por si no ha quedado claro, además de enunciar una biografía al uso de su personaje protagonista, la intención nada disimulada que se esconde bajo El hombre que vio llorar a Frankenstein es la de ensalzar la figura de Naschy como uno de los máximos exponentes del género fantástico a nivel mundial. De ahí esa obsesión de sus responsables por intentar contar desde las primeras etapas del proyecto[1] con el mayor número posible de nombres propios del séptimo arte cuya participación avalara la importancia que la labor de Naschy había adquirido con el paso de los años[2].

Asumidos pues sus planteamientos y pretensiones, hay que reconocer que el producto resultante consigue cumplir con creces sus objetivos. Durante su poco más de hora y cuarto de duración la película logra sintetizar con una capacidad encomiable los capítulos más relevantes de la existencia de Jacinto Molina Álvarez. La devoción por su trabajo, su innegable amor por el género fantástico, sus éxitos y sus fracasos, desfilan de forma entrañable y emotiva a lo largo de un metraje que consigue así erigirse en todo un sentido homenaje hacia su persona.

Como ya ocurriera en la referida Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina, uno de sus aspectos más destacados se encuentra en un potente apartado gráfico formado por fragmentos de películas, recortes de prensa, grabaciones domésticas, encartes y fotografías sacadas del propio archivo personal de Naschy, que ilustran a la perfección este recorrido por la vida del denominado Lon Chaney español. Dentro de este material no falta espacio para ciertos guiños hacia los más iniciados en la obra de Paul, como puede ser esa supuesta imagen de la desaparecida Las noches del hombre lobo, o aquellos otros planos pertenecientes a la presentación de Waldemar Daninsky en la seminal La marca del hombre lobo, con los que se comenzó a forjar su leyenda. Por otra parte, son también dignos de mencionar los aportes de gente como John Landis o Ángel Sala, quienes con sus comentarios ayudan a ofrecer una perspectiva más definida, respectivamente, de la consideración alcanzada por Paul fuera de nuestras fronteras y del valor de su obra desde una óptica cinematográfica.

Supuesta fotografía de "Las noches del hombre lobo"

Supuesta fotografía de "Las noches del hombre lobo"

Puestos a buscarle tres pies al gato, en el lado negativo hay que reseñar el escaso protagonismo del que gozan los testimonios de aquellos que compartieron experiencias en un plano laboral con Paul. Una situación especialmente sangrante en el caso de Javier Aguirre, director de dos títulos de la importancia dentro de la filmografía naschyana como El jorobado de la morgue y El gran amor del Conde Drácula, pero cuya participación en el montaje final se limita a unas breves manifestaciones acerca de la personalidad del que fuera su compañero. Por el contrario, mayor atención merecen los subjetivos recuerdos de Nacho Cerdá acerca de su primerizo encuentro infantil con el cine de Naschy. Y es que, no por menos esperado, ahí radica el aspecto más reprobable de todo el conjunto: la total supeditación que de los testimonios reunidos se ha hecho en pos de la consecución de un discurso ya fijado de antemano cuando, en realidad, lo ideal hubiera sido justo al revés; que dichos testimonios fueran los que lo hubieran moldeado.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Una obsesión aún patente, tal y como queda reflejada en las siguientes declaraciones de Agudo extraídas de la entrevista aparecida en “El blog del cine español” acerca del rodaje de nuevo material para el documental: “Seguiremos intentado algunas de las figuras que se nos han caído, como, por ejemplo, Christopher Lee o Eli Roth, que se ha portado con nosotros siempre muy bien, maravillosamente, a pesar de que no ha podido aparecer ni en el libro ni en la peli. Le envié un correo pensando que ni me contestaría y me respondió que le encantaría hacerlo, que iba a intentarlo, pero que estaba rodando una película en Berlín. El problema son las agendas que tienen. Me gustaría poder rodar a Tarantino.”

[2] A tal circunstancia tampoco es ajena la clara vocación internacional (y, más exactamente, con miras al mercado norteamericano), de la que hace gala el producto. Algo que queda suficientemente demostrado en detalles tan clarificadores como que sus acreditativos, su propio título original o el idioma en el que se desarrolla su narración sean en inglés.

Published in: on agosto 26, 2011 at 6:11 am  Comments (10)  
Tags: