Ghostland

Título original: Ghostland/Incident in a Ghostland

Año: 2018 (Francia, Canadá)

Director: Pascal Laugier

Productores: Ian Dimerman, Scott Kennedy, Jean-Charles Levy, Nicolas Manuel, Clément Miserez, Brendon Sawatzky, Sami Tesfazghi, Matthieu Warter

Guionista: Pascal Laugier

Fotografía: Danny Nowak

Música: Todd Bryanton

Intérpretes: Crystal Reed (Beth adulta), Anastasia Phillips (Vera adulta), Mylène Farmer (Pauline), Emilia Jones (Beth adolescente), Taylor Hickson (Vera adolescente), Kevin Power (bruja), Rob Archer (ogro), Mariam Bernstein (Janet), Alicia Johnston (Cooper), Ernesto Griffith (Sanford), Adam Hurtig (esposo de Beth), Denis Cozzi (hijo de Beth), Sharon Bajer (Eve), Tony Braga (conductor de limusina), Paul Titley (Lovecraft), Gordon Tanner, Erik Athavale (paramédico), Paolo Bryant (policía), Terry Ray, Suzanne Pringle (estrella de talk show), Malick Laugier (niño amish)…

Sinopsis: Una madre y sus dos hijas se trasladan a una zona rural donde han heredado una casa mientras suceden en el mismo lugar sangrientos asaltos de unos misteriosos psicópatas. La noche de su llegada la familia será brutalmente atacada.

Con mucho retraso llega a las pantallas españolas el último trabajo del realizador francés Pascal Laugier, cineasta inconformista de breve pero interesante carrera. En total, cuatro películas que le han servido para crear un universo particular poblado de protagonistas femeninas enfrentadas a realidades paralelas en la que conviven misteriosos fantasmas infantiles, sectas decadentes, secuestradores de niños y crueles asesinos surgidos de la perversa relectura de los cuentos tradicionales. Poco amigo de las soluciones fáciles, Laugier ha preferido las bifurcaciones y los imprevisibles giros para romper la narración, aportando una lectura distinta a lo mostrado en un primer momento. En su cine las apariencias engañan y la realidad también. El desconcierto es la sensación inicial, pero lo inesperado se asienta como principal habilidad para que las narraciones no se deslicen en el progresivo conformismo del cliché. El tema del sufrimiento y el dolor tanto físico como psicológico define el drama personal que los personajes acometen en cada una de sus obras. No hablamos de un cineasta sutil, pero tampoco de un realizador que se regodee con la violencia mostrada en pantalla por más críticas que le llovieran cuando presentó su segundo largometraje, el muy polémico Martyrs (2008). Realizador ambicioso y nada cómodo con la etiqueta o categoría que presupone el cine de género, ha ampliado en todas sus obras los planteamientos iniciales con elementos ajenos cercanos a la realidad o reflexiones nada gratuitas sobre determinados mitos. El cineasta, aun moviéndose en el territorio del horror, no olvida la situación actual y el mundo que le rodea, elementos ineludibles con los que trabaja en todos sus guiones.

Ghostland-3

Ya en su opera prima, El internado (Saint Ange, 2004), mostraba su capacidad para no replicar la historia de fantasmas tradicional, presentando a una joven de pasado problemático enfrentada a un terror oculto en un vetusto edificio de siniestro pasado, cuyos sótanos escondían un secreto cuyo descubrimiento redimensionaba todo lo narrado con anterioridad. Laugier trabajaba con cuidado tanto la atmósfera como el retrato de sus protagonistas, incidiendo en un drama interno que cohabitaba con la tragedia del propio internado. Lo más interesante de su propuesta es la competencia del realizador para trascender los mecanismos característicos del cine de género manteniendo los elementos visuales más reconocibles, lo que no evitó que la película en su momento tuviera una mala recepción a mi parecer injusta.

Ghostland-4

Cuatro años después regresó con la mencionada Martyrs (2008), ejercicio libre de mixtura genérica deslavazado si bien efectivo, con contundentes escenas de violencia donde mostraba la visceral venganza de una joven ayudada por una amiga contra los responsables de su secuestro y tortura años atrás. Obra tan enfermiza como brutal, con un dramatismo desbocado no fácilmente digerible, la exhibición de la crueldad encontraba un sentido final en los oscuros propósitos de un culto decadente que buscaba con la expiación de sus víctimas la explicación a la última verdad. Título representativo de la nueva ola de terror extremo francés que vivimos en la pasada década, su repercusión negativa en determinados sectores y medios afectó al propio Laugier, como bien pudimos comprobar in situ cuando la película se presentó en la XIX Semana de Cine de Terror de San Sebastián.[i]

Ghostland-5

Menos transgresora y sangrienta, si bien manteniendo sus señas de identidad, fue El hombre de las sombras (The Tall Man, 2012), un estimable thriller donde reelaboraba el mito del “hombre del saco” a partir de la problemática real de las desapariciones de niños sin obviar las consecuencias que estaba teniendo la crisis económica del 2008. Fiel a su estilo, su impecable factura visual se ponía al servicio de una historia turbia y deprimente, que con un espléndido giro volvía a dar la vuelta a todo lo relatado en la primera parte de la película. De nuevo protagonismo femenino para un film con un incisivo comentario social no apto para todas las sensibilidades.

Ghostland-2

Desde entonces, han tenido que pasar seis años para que Laugier pudiera llevar a cabo un nuevo trabajo tras los sinsabores de algún proyecto que desafortunadamente no vio la luz. De nuevo una coproducción franco-canadiense con protagonismo femenino e integrada en el género de terror. Una pesadilla con formas de aparente home invasion, agradablemente dislocada en lo narrativo y enriquecida por un diseño de producción tan retro como sugerente. Sobre esta base tan sencilla como poco original, el director francés empieza a realizar un juego temporal de realidades y ficciones donde el futuro es una mera puerta de escape a la situación que sus protagonistas viven en el caserón. El relato se vertebra desde la mirada de Beth, una joven tímida y apocada que pasa el tiempo escribiendo historias de terror y aspira a ser escritora. Las pistas falsas abundan, lo que provoca que el espectador siga atento a la narración sin llegar a saber realmente lo que sucede o ha sucedido. Una tierra de fantasmas sin espectros, una cita a H. P. Lovecraft refutada en la historia posterior, la misteriosa aparición de un niño amish solo existente en la mente de la protagonista, una casa inquietantemente poblada de muñecas que parece esconder un ominoso terror que nunca llega a materializarse.

Ghostland-1

La brutal irrupción de los psicópatas en la morada poco después de que Beth haya tenido una menstruación (detalle nada gratuito) supone la primera ruptura de la línea argumental del relato. Aquí Laugier despliega su capacidad para mostrar la violencia y las brutales acciones de los asaltantes. Un horror muy físico sin perder el sentido de la extrañeza y la inquietud dada la particular anatomía de los atacantes: un gigante retrasado con forma de ogro y una delgada presencia andrógina con apariencia de bruja. Las consecuencias y secuelas que ocasionan estos terribles seres en Beth y su hermana vertebran el relato posterior con resultados traumáticos en alguno de los casos. El tiempo no permite salir de la pesadilla y Beth se ve condenada a regresar para ayudar a su madre y, en especial, a su desquiciada hermana, incapaz de volver al mundo real. Aparentemente las ficciones la han ayudado a seguir hacia delante, si bien nunca ha salido de la pesadilla. No faltan momentos insanos y escenas turbiamente enfermizas (ese ogro que juega con los seres humanos como muñecas de una colección). El mecanismo narrativo alterna ambos niveles hasta acabar estallando toda la tensión generada en la confrontación final con los monstruos de su historia no inventada.

Ghostland-6

Obra interesante ajena a los patrones habituales si bien no del todo lograda, Ghostland (Ghostland, 2018) plantea interrogantes y emociones tan sugerentes como algunos vacíos que el realizador permite que sean integrados por el espectador. Un gesto de madurez creativa afín a la última generación de realizadores que están abordando el género desde los márgenes de la más estricta independencia.

Fernando Rodríguez Tapia

[i] En la rueda de prensa dada a los medios de comunicación y en el posterior coloquio que hubo después de la proyección se apreció en más de una ocasión que al realizador francés le incomodaba mucho que el contenido violento de su obra ensombreciera los otros logros de la película.

Published in: on septiembre 20, 2019 at 5:56 am  Dejar un comentario  
Tags: ,

Sin salida

Sin salida-poster

Título original: Perfect Strangers

Año: 1984 (Estados Unidos)

Director: Larry Cohen

Productores: Paul Kurta, Carter DeHaven

Guionista: Larry Cohen

Fotografía: Paul Glickman

Música: Dwight Dixon

Intérpretes: Anne Carlisle (Sally), Brad Rijn (Johnny), John Woehrle (Fred), Matthew Stockley (Matthew), Stephen Lack (teniente Burns), Ann Magnuson (Malda), Zachary Hains (Moletti), Otto von Wernherr (detective privado), Kitty Summerall (Joanna), Steven Pudenz (hombre en el cementerio), Bill Fagerbakke (Carl), Bruce Jerreau (Manny), Leo Shawah (Carlos), Joe Chiaramonte (víctima de asesinato), Conrad Bergschneider (operador de carrusel), Bettina Köster, Veronica Lustig, Sara Carlisle, Kris Roth, Alexa Hunter, Daniella Martin, Cynthia McEwen, Emily Woo Yamasaki, Inansi (feministas), Mike Alpert (guardaespaldas), Dave Digregorio, William Keenan, Kevin O’Connor (policías), Steve Gilgur…

Sinopsis: Un traficante es asesinado en Nueva York por un sicario contratado por la mafia. Un niño ve su rostro desde el patio trasero de su casa. El asesino seducirá a la madre del pequeño con el objetivo de deshacerse de su vástago.

Sin salida-2

De los títulos que configuran la filmografía de Larry Cohen, Sin salida (Perfect Strangers, 1984) era un film especial y muy querido por su autor. Poco valorado en relación a las obras más características de Cohen, escasamente citado e incluso comentado a la hora de analizar su trayectoria muestra sin embargo la quinta esencia de su cine y sus principales señas autorales. Alejado del terror que le encumbró en los setenta, esta película retoma su gusto por el thriller y el suspense que puntualmente fue desarrollando a lo largo de los años como guionista y, como en este caso, asumiendo las tareas de director.

Sin salida-5

Uno de los referentes fílmicos del realizador neoyorquino era Alfred Hitchcock, al que ofreció en los años sesenta un guion que posteriormente sería llevado a la pantalla por Mark Robson[i]. Precisamente en esos años escribió un libreto muy cercano al mundo del maestro británico con el fin de convertirlo en su opera prima, titulado The Cutting Room”. No logró en ese momento ponerlo en marcha. Sin embargo, el cineasta lo recuperó posteriormente para realizar Special Effects [vd/dvd: Efectos especiales, 1984], singular thriller a lo De Palma con evidentes dosis de humor negro y mala bilis a la hora de retratar los aspectos más escabrosos del mundo del cine.

Sin salida-7

Ese mismo año y con ligera anterioridad Cohen realiza también Sin salida, otro film de intriga que, si bien mantiene los rasgos identificativos del género, tuvo un proceso de realización completamente distinto. Sin un guion previo, el realizador fue escribiendo y rodando (creando) sobre la marcha a partir de las localizaciones que iba encontrando. Como si fuese un músico de jazz, Cohen fue interpretando notas aparentemente discordantes para construir una melodía que finalmente acaba siendo armónica a pesar de desarrollar algunas partes muy deshilvanadas. Saltos por otra parte nada ajenos en sus narraciones que suelen ser característicos de su cine y donde se evidencia tanto la necesidad narrativa como la de la propia producción durante su proceso de gestación.

Sin salida-4

Sin salida se centra en la oscura relación que se construye entre una madre cuyo hijo ha sido testigo ocular de un crimen y el asesino que lo ha perpetrado. Un planteamiento que sería perfecto para un episodio de cualquier temporada de la serie de televisión “Alfred Hitchcock presenta”. Si bien el argumento es válido aunque un tanto forzado, se vuelve a demostrar el ingenio de Cohen a la hora de crear buenas ideas antes que compactos desarrollos. La sutilidad brilla por su ausencia. El asesino llamado Johnny considera que ha cometido un error y piensa que el pequeño puede reconocerle ante las preguntas de la policía. En lugar de ocultarlo, informa a sus jefes que le presionan para que se deshaga del niño. Toda la narración bascula entorno al suspense de esta situación y a la ambigüedad que el protagonista va adoptando a lo largo de la historia. Tan pronto se encariña con su posible víctima como de repente parece tener deseos de eliminarlo. Habría sido más interesante haber planteado la trama desde una posición de acecho o de constante vigilancia sin saber realmente si el asesino está o no está ahí fuera. Pero el realizador opta por la opción menos valida sin conseguir que empaticemos con ninguno de los personajes, aunque logrando al menos que mantengamos cierto interés con el ligero suspense que se va generando. De esta forma, el asesino se introduce en un peculiar ámbito familiar con una mujer separada llamada Sally que vive con su pequeño hijo Matthew (que apenas habla) y a la que acaba seduciendo adoptando improvisadamente una perversa figura paterna.

Sin salida-6

Abundan los giros y las presencias decorativas para mantener la narración según los parámetros indicados. Se introduce, por ejemplo, un insólito discurso feminista representado por una de las amistades de la madre (Magda), cuyo beligerante perorata no nos sorprende con determinada situación actual. Aun así no queda claro cuál es la intención real de Larry Cohen al insertarlo en la trama. Si el objetivo era reforzar el carácter femenino de Sally, este aspecto se derrumba en la escena un tanto resbaladiza de la manifestación, la cual abandona para acabar en compañía del supuesto enemigo a batir. La conversación en la tienda que Sally mantiene con su amiga y activista Magda no anda muy alejado con el paranoico discurso antipolicial que se desata en la muy disfrutable Maniac Cop [tv/vd/dvd/bd: Maniac Cop, 1988].

Sin salida-8

Lo mismo sucede con las inesperadas apariciones de la anterior pareja de Sally, padre del pequeño Matthew. Cohen va cambiando su carácter según la situación en que le coloca. Tan pronto es un tipo violento como un amante rechazado que realiza ridículos actos de venganza, recibiendo a la postre una paliza por parte de nuestro protagonista (de nuevo en una escena muy forzada) y finalmente, en un inesperado momento de redención al acudir corriendo a la ayuda de su expareja, acaba encañonado por Magda sin recibir el esperado ajusticiamiento (Cohen echa el freno sin saber muy bien porqué). Todo un galimatías emocional preparado por el guionista para conducirnos a un clímax sorpresivo pero coherente con el citado discurso de la tienda.

Sin salida-1

Otras apariciones van y vienen por la pantalla sin el necesario peso dramático. Nos referimos a los hampones para los que trabaja Johnny (no falta una escena en una peluquería ni encuentros nocturnos en un cementerio) o a los policías que investigan el asesinato cuyos avances en el caso estás sometidos a la irracionalidad con que les mueve el libreto del film. El comentario fuera de lugar sobre la condición sexual del detective que lleva las pesquisas puesto en boca de sus compañeros vuelve a provocar dudas sobre las intenciones del realizador a la hora de retratar sus personajes. Lo mismo se puede decir de la visión de la infancia y la familia que ofrece la película. Cohen plantea determinados comportamientos maternos que dan a entender la irresponsabilidad de Sally en su condición actual. Deja a Matthew en manos de un extraño y permite que desaparezca en dos ocasiones a manos de sus dos parejas masculinas. Sus poco acertadas reflexiones sobre la incapacidad que tiene Matthew para hablar parecen ocultar un problema médico del pequeño, si bien este aspecto no es desarrollado por el guion. Tampoco es muy consistente el cambio de postura de Sally respecto a Johnny a raíz de la citada paliza que propina al padre de Matthew y el comportamiento posterior que muestra ante la policía. Un nuevo ejemplo de la visión negativa y autárquica que el guionista muestra por todos los personajes que habitan esta ficción.

Sin salida-3

A pesar de todos estos defectos o limitaciones, a los que hay que añadir un reparto muy descompensado, Sin salida acomete con honestidad su condición de thriller netamente B en una época en que la gran industria estaba facturando obras similares si bien más adocenadas repitiendo patrones o vacuas polémicas para encontrar el respaldo en la taquilla. Cohen no tuvo mucha suerte y la película tuvo un estreno muy limitado obteniendo una mayor visibilidad en el mercado doméstico. Quizás el ámbito más adecuado para una obra de estas características.

Fernando Rodríguez Tapia

[i] Nos referimos a la película Shock (Daddy’s Gone A-Hunting, 1969).

Published in: on julio 16, 2019 at 5:53 am  Dejar un comentario  
Tags: ,

Yo, el jurado

Yo el jurado

Título original: I, the Jury

Año: 1982 (Estados Unidos)

Director: Richard T. Heffron

Productor: Robert H. Solo

Guionista: Larry Cohen, según una novela de Mickey Spillane

Fotografía: Andrew Laszlo

Música: Bill Conti

Intérpretes: Armand Assante (Mike Hammer), Barbara Carrera (Dra. Charlotte Bennett), Laurene Landon (Velda), Alan King (Charles Kalecki), Geoffrey Lewis (Joe Butler), Paul Sorvino (Detective Pat Chambers), Judson Scott (Charles Kendricks), Barry Snider (Romero), Julia Barr (Norma Childs), Jessica James (Hilda Kendricks), Frederic Downs (Jack Williams), Mary Margaret Amato (Myrna Williams), F.J. O’Neil (Goodwin), William G. Schilling (Lundee), Robert Sevra (Breslin), Don Pike (Evans), Timothy Meyers (Blake), Leigh Harris, Lynette Harris (gemelos), Gwyn Gilliss (receptionista), Mike Miller (Victor Kyle), Alex Stevens, Richard Russell Ramos (taxistas), Bobbie Burns (Sheila Kyle), M. Sharon Mad(Kelsey), Daniel Faraldo (Danny), H. Richard Greene, Felicity Adler, Jodi Douglas, Lee H. Doyle, Cheryl Henry, Michael Fiorello, Herb Peterson, Richard Dahlia, Aaron Barsky, Ernest Harada, Larry Pine, Joe Farago, Alan Dellay, Jack Davidson, Loring Pickering, Corinne Bohrer, Bobby Astyr, Roger Caine, Samantha Fox, Linda Hamil, David Lauren, Candida Royalle, Marlene Willoughby…

Sinopsis: Mike Hammer investiga el asesinato de un viejo amigo. En su búsqueda de los culpables del crimen encontrará personas interesadas en los resultados de su investigación y algún sospechoso que se adelanta en sus pesquisas. La realidad oculta algún turbio asunto relacionado con los servicios de inteligencia.

Original Cinema Quad Poster - Movie Film Posters

Título problemático dentro de la trayectoria de Larry Cohen, en su consideración personal ha prevalecido siempre una visión negativa. No nos debe de extrañar teniendo en cuenta los sucesos que llevaron a su despido como director apenas iniciado el rodaje por oscuras situaciones pecuniarias. Sorprendente porque no hablamos de un encargo. Cohen había adquirido los derechos de la novela del hoy denostado Mickey Spillane, carta de presentación del popular Mike Hammer, así como de otros dos títulos más del detective. El planteamiento inicial era claro: recuperar a uno de los personajes más importantes y más leídos de la literatura hardboiled y ponerlo al día en una serie de películas con evidente instinto comercial. En el momento en que esta producción se pone en marcha Spillane había publicado once novelas del personaje, adaptado al cómic (en tiras de prensa en los cincuenta), a la televisión (si bien estaba por llegar su encarnación más conocida de la mano del genial Stacy Keach) y varias obras cinematográficas: desde la primeriza y hoy olvidada I, the jury (Harry Essex, 1953), pasando por la más popular El beso mortal (Kiss Me Deadly, Robert Aldrich, 1955) y sin olvidar la curiosa The Girl Hunters [dvd/bd: Cazador de mujeres, Roy Rowland, 1963] donde el propio escritor encarnaba a su criatura.

Yo el jurado-4

En esta nueva adaptación la historia fue bien distinta. Spillane no sólo rechazó participar en la promoción de la película sino que el guion presentado por Larry Cohen le pareció lamentable. Los motivos eran claros. Esta producción se puso en marcha sin el consentimiento del escritor y con un profundo desagrado por su parte, dado que en 1981 había iniciado una colaboración con el productor Jay Bernstein para llevar a Mike Hammer a la pequeña pantalla. Curiosamente, en Margin for Murder (Daniel Haller, 1981), primera película para televisión de este acuerdo, se adaptaba muy libremente la trama argumental de “Yo, el jurado”. Sin embargo, el escritor no pudo hacer nada porque había vendido los citados derechos de la novela a Victor Saville en los años cincuenta (productor de la primera versión cinematográfica del personaje, la citada I, the Jury, siendo los herederos de este quienes los vendieron posteriormente a Larry Cohen sin mediar ni advertir al autor de “La venganza es mia” (Vengeance is mine, 1950)[i].

Yo el jurado-1

En el otro lado de la baraja Larry Cohen planteaba con esta película un ambicioso salto en sus habituales métodos de trabajo, buscando una producción superior con el posterior respaldo de alguna major en su distribución. En el camino para sufragar el apoyo financiero necesario encontró a varios productores y a la compañía American Cinema Productions que desafortunadamente entró en bancarrota durante la producción de la película. Cohen fue despedido y acusado de no controlar el presupuesto inicial del film. En su defensa, el realizador neoyorquino siempre comentó que los productores escamotearon el dinero, no pagaban las facturas y utilizaban su nombre como principal responsable[ii]. Decepcionado pero consciente del grave problema de permanecer en un barco dañado sin visos de flote, Cohen montó su particular plan B y en apenas cuarenta y ocho horas ya estaba trabajando en una nueva película: la muy gratificante Q, la serpiente voladora (Q, 1982). Supervivencia ante todo.

Yo el jurado-2

El encargado de sustituirle en la aventura hammeriana fue Richard T. Heffron, cineasta impersonal con amplia experiencia en el mundo televisivo que, sin duda, se plegó a los resbaladizos condicionantes de producción, si bien sacó adelante con profesionalidad la problemática obra que se le encomendó. Aunque el nombre de Cohen se mantuvo como guionista en los créditos (al igual que su compañía), el libreto fue algo alterado según los variados contratiempos que sufrió el film. Si los entramados ingeniosos aunque deshilachados son marca habitual en la obra de Cohen, en esta ocasión falla lo primero y se acentúa lo segundo llegando a tener la sensación de estar asistiendo a la proyección de dos películas cohesionadas por una extraña labor de montaje. Esto implica que la película carezca de un tono unitario suplantado por un sucedáneo de misterio impostado, thriller escasamente detectivesco, exploit conspiratorio aliñado con espionaje de poca entidad (¿no recuerda a un pseudobond en misión urbanita?), liviana acción ochentera,  un sentido del erotismo chusco (abundan los desnudos) e, incluso, la presencia de un asesino fetichista para aliviar la intrascendencia del conjunto.

Yo el jurado-7

Sin tensión ni intriga, la narración funciona por acumulación de secuencias dinámicas y constantes saltos para evitar la somnolencia del espectador. Debemos reconocer que lo consigue a base de escenas de impacto (el inesperado asesinato de una testigo en un restaurante oriental), persecuciones automovilísticas con claros estigmas catódicos (concretamente la primera de todas ellas), situaciones subidas de tono para mostrar epidermis femenina (la clínica de terapia sexual), algún momento turbio (los protagonizados por el psicópata al servicio de la Compañía) y escenas humorísticas sonrojantes en la mayoría de las ocasiones. Tantas idas y venidas del detective como las apariciones y desapariciones de determinados personajes acaban embarullando la trama principal hasta dejarla irreconocible. Este aspecto de lo que señalamos queda evidenciado en uno de los diálogos del protagonista durante el film: “¿Qué te traes entre manos? Un día te haces pasar por Charly Chan y al siguiente por Sherlock Holmes y ninguno te pega ni con cola”. Una perfecta síntesis de lo que nos deja la película en su conjunto.

Yo el jurado-5

Armand Assante se muestra tan efectivo como inadecuado para el papel principal. Retrata un Mike Hammer rejuvenecido, exviet, duro aunque no implacable, pero con determinadas debilidades y torpezas que hacen lastrar su personaje. Sus andares chulescos y su impostada arrogancia casan mejor con alguno de los mafiosos que ha interpretado posteriormente que con el detective que nos ocupa. Solventa bien los momentos de acción física y mantiene la ironía del personaje a pesar de que el guion le juega malas pasadas. El resto del reparto cumple con eficacia su cometido, en especial el dúo femenino que le acompaña a ambos lados del espejo: la sensual Barbara Carrera y la simpática Laurene Landon.

Yo el jurado-6

Yo el jurado acaba resultando un característico thriller de principios de los ochenta, ideado como película mainstream pero convertido en perfecta exploit de programa doble ideal para degustar en los ya desaparecidos cines de sesión continua. Sus estupendos títulos de crédito, un fotomontaje a lo Maurice Binder con regusto a cine B y música de Bill Conti es el momento cumbre de una obra con fecha de caducidad tan remarcada como palpable.

Fernando Rodríguez Tapia

[i] Max Allan Collins y James L. Traylor. Mickey Spillane on Screen: A complete study of the television and film adaptations. McFarland Books. 2012. Págs. 88-93.

[ii] VV.AA. Cohen & Lustig. Donostia Kultura. 1998. Pág. 104.

Hell up in Harlem [vd/dvd: Guerra en Harlem; tv: Infierno en Harlem]

Guerra en Harlem-1

Título original: Hell up in Harlem

Año: 1973 (Estados Unidos)

Director: Larry Cohen

Productores: Samuel Z. Arkoff , Larry Cohen

Guionista: Larry Cohen

Fotografía: Fenton Hamilton

Música: Fonce Mizell, Freddie Perren

Intérpretes: Fred Williamson (Tommy Gibbs), Julius Harris (Papa Gibbs), Gloria Hendry (Helen Bradley), Margaret Avery (Hermana Jennifer), D’Urville Martin (Reverendo Rufus), Tony King (Zach), Gerald Gordon (Mr. DiAngelo), Bobby Ramsen (Joe Frankfurter), James Dixon (Irish), Esther Sutherland (cocinera), Charles MacGuire (Hap), Mindi Miller, Al Kirk, Janelle Webb (Maid), William Wellman Jr. (Alfred Coleman)…

Sinopsis: Tommy Gibbs consigue sobrevivir a su intento de asesinato e inicia su particular venganza contra todos sus enemigos a ambos lados de la ley.

Guerra en Harlem-16

Puede parecer llamativo que Larry Cohen, uno de los nombres más interesantes de la moderna serie B americana, iniciase su trayectoria como director con una serie de vigorosos títulos considerados actualmente entre lo más interesante del cine afroamericano. Sin embargo todo tiene una sencilla explicación. La extraña e irónica Bone (1972), tragicomedia en clave social protagonizada por el gran Yaphet Kotto indicó a los productores que el cineasta y guionista tenía buena mano para hacer consistentes personajes negros que atraían por igual tanto a la población de color como al público blanco.

Guerra en Harlem-19

Sy Marsh, manager de Sammy Davis Jr., contactó con Larry Cohen para que escribiera el argumento de un posible proyecto para el popular cantante y actor. El guion que presentó no pudo ser abonado debido a diversos problemas financieros que padecía Davis en esa época, así que el director se lo guardó para una mejor ocasión. Cohen fue a ver a Sam Arkoff, quién le consultó la posibilidad de hacer algunas películas de acción para el público de color ante la fuerte demanda que vivía el mercado en ese momento. Cohen ofreció al director de la A.I.P. el citado proyecto, que aceptó rápidamente y cuyo trato se cerró contratando a Fred Williamson para el papel protagonista.

Guerra en Harlem-15

Como ya se conoce, El padrino de Harlem (Black Caesar, 1973) no era la típica blaxploitation de la época. Cohen actualizó el viejo clásico de Melvyn Le Roy, Hampa dorada (Little Caesar, 1931), llevándolo a los barrios marginales afroamericanos pero sin ensalzar a su protagonista, un gángster negro en la línea de Bumpy Johnson, Frank Matthews, Nicky Barnes o Frank Lucas, quien en su ascenso al poder perdía el imperio que había creado. Tommy Gibbs era un afroamericano que solo quería hacer real el sueño americano, una quimera creada por el poder blanco que lógicamente no está a su alcance. El personaje perfectamente incorporado por Williamson era descrito desde sus orígenes como limpiabotas en su infancia hasta su posterior progreso que le llevaba a controlar la mayor parte de Harlem. El film se vio reforzado en lo comercial con una excelente banda sonora a cargo del genial James Brown.

Guerra en Harlem-21

El éxito de la película exigió una rápida continuación con el mismo equipo. La A.I.P. volvió a respaldar el proyecto y así se comenzó a rodar Hell up in Harlem [vd/dvd: Guerra en Harlem; tv: Infierno en Harlem, 1973], sin un guión establecido y con varios inconvenientes que fueron resueltos sobre la marcha. Por un lado, había que resucitar al personaje central tiroteado al final de Black Caesar, y abandonado a su suerte en un desolado solar. Por otro lado, Fred Williamson no estaba disponible, ya que estaba rodando en esas mismas fechas para Universal la película Bolt, agente trueno (That Man Bolt, 1973). Y al mismo tiempo, para complicar aún más las cosas, Larry Cohen estaba rodando otra película para Warner, Estoy vivo (It’s Alive, 1974).

Guerra en Harlem-20

Sin embargo, el director de Demon resolvió todos estos escollos con su particular filosofía cinematográfica. Resucitar a Tommy Gibbs fue fácil con una serie de trucos de guion tan forzados como elocuentes. Con Fred Williamson se rodó los fines de semana, siendo sustituido por un doble cuando el actor no estaba disponible y disimulando sus ausencias dando más papel al personaje de su padre (un estupendo Julius Harris), auténtico protagonista de la primera mitad de la secuela. Lo de simultanear rodajes era fácil para alguien acostumbrado al cine guerrilla. Cohen rodaba mucho, barato y deprisa, en ocasiones rozando el caos, sin planning previo ni productor, sin pedir permisos de rodaje e, incluso, sin informar al estudio de lo que estaba haciendo. Esto se aprecia claramente en muchas escenas callejeras o en las escenas del aeropuerto, rodadas ante la cara de perplejidad de muchos viandantes sorprendidos con lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Guerra en Harlem-18

Todos estos desfases se aprecian en Hell up in Harlem, delirante prolongación de la película original, repleta de tiroteos y escenas violentas, situaciones gratuitas, algún que otro desnudo, enfrentamientos raciales, black fashion, explosiones y simuladas situaciones dramáticas para dar algo de empaque al producto final. Narrativamente deshilachada, formalmente abstracta, sin rigor ni coherencia interna, es sin embargo una excelente muestra del ideario fílmico de su realizador. Personajes que aparecen y desaparecen según las situaciones dramáticas o el decorado utilizado, inexplicables cambios de mentalidad en los principales protagonistas, momentos que reevalúan lo anteriormente contado… Todo es posible para que el engranaje siga en funcionamiento. Puro movimiento acelerado que sitúan a la película en un escenario completamente diferente al film anterior. No se puede hablar de parodia o de traición. Solo de supervivencia cinematográfica vinculada al propio destino de su personaje. Buena muestra de ello son las escenas situadas en el hospital o la atlética secuencia que transcurre posteriormente en el aeropuerto. En una línea similar podemos citar el momento en que el padre del protagonista recoge a su hijo malherido en un solar abandonado donde lo patético y lo ridículo se mezclan de manera insólita.

Guerra en Harlem-10

Otro aspecto destacable es el uso del espinoso tema racial en determinados momentos del film, apreciable en el asalto en “Florida Keys”, la pelea con los policías o en su vengativo clímax. Con todo lo comentado, el resultado es muy inferior al original, si bien francamente disfrutable, especialmente por los constantes giros argumentales con los que Cohen va tapando los evidentes agujeros de guion.

Guerra en Harlem-12

La banda sonora volvió a ser excelente, aunque no corrió a cargo de James Brown, cuyo score fue rechazado por los productores (este material descartado pasó a formar parte de su mítico álbum “The Payback”). En su lugar se utilizó la música del tándem formado por Mizell & Perren, con Edwin Starr poniendo su voz a excelentes temas como “Easin´in”, “Big Papa”, “Ain´t it Hell in Harlem” o la maravillosa “Like We Used To Do”; canciones ideales para cualquier recopilatorio de blax-music setentera.

Fernando Rodríguez Tapia

La sombra sobre Innsmouth y otros proyectos lovecraftianos en la Empire

Una de las grandes incógnitas que surgen a la hora de revisar la corta trayectoria de una productora de las características de Empire es la incapacidad de aprovechar el filón surgido a raíz del éxito de Re-Animator (Re-Animator, 1985). No olvidemos que la película dirigida por Stuart Gordon era un proyecto surgido fuera de la compañía y que Brian Yuzna presentó a Charles Band buscando una compensación por un trabajo que había realizado para él. Podemos extraer todo tipo de consideraciones y establecer variadas suposiciones. Siempre llegaremos a la misma conclusión: la dificultad de llevar a pantalla el mundo del escritor en consonancia con los limitados presupuestos que Band deseaba manejar impidió la elaboración de más películas en esta vertiente.

Stuart Gordon y Brian Yuzna

Stuart Gordon y Brian Yuzna

Gordon y Yuzna se plantearon diversos proyectos relacionados con el mundo de Lovecraft dentro de la Empire. Alguno como En las montañas de la locura era inviable en cuanto a presupuesto e infraestructura.  Otro proyecto como El templo no encontró sitio en la agenda de la Empire a pesar del entusiasmo expresado por Gordon. Lo mismo se puede decir de “Sueños en casa de la bruja, un relato muy querido por el director y que pudo adaptar finalmente dentro de la serie Masters of Horrors (2005-2007).

Tampoco podemos obviar la esperada secuela de las aventuras de Herbert West. En 1986 se empezó a trabajar en ella utilizando el equipo técnico-artístico que convirtió a Re-Animator en el filme emblema de la Empire. Sin embargo, el presupuesto que se esperaba utilizar nunca coincidió con la pretensiones de sus responsables; el guionista Dennis Paoli se las veía con constantes reescrituras; y no podemos dejar de lado la posible desconfianza  creciente de Yuzna con el máximo responsable de la empresa. Otras películas y proyectos  fueron apareciendo demorando la continuación. Como conocemos, el director de Society (1989) acabó realizando personalmente La novia de Re-Animator (The Bride of Re-Animator, 1990), sin Gordon, ni Dennis Paoli, ni Band a bordo. Su relación con este último acabó en los tribunales al denunciar al productor por impago.

La sombra sobre Innsmouth

Llegamos a la “La sombra sobre Innsmouth”, posiblemente el proyecto más fascinante emprendido en tiempos de la Empire. Estaba basado en el estupendo relato que Lovecraft creó en 1931 y que acabó englobado posteriormente en los mitos de Cthulhu. No fue una obra sencilla para el autor. Recogía aspectos y elementos de ficciones anteriores. Intentó realizarlo de manera experimental utilizando un estilo ajeno al suyo. Tras tres intentos fallidos, el escritor recondujo sus ideas y las volcó siguiendo su estilo propio. Lovecraft no acabó nada contento con el resultado y guardó el texto a pesar de la insistencia de su amigo August Derleth. Fue publicado en 1936 como libro autónomo y de manera limitada.

The Shadow over Innsmouth era el relato favorito del director de Dolls (1986). Un genio como Fritz Lang ya había expresado su interés por llevarlo a la pantalla. En los primeros años  setenta, el finado escritor colombiano Andrés Caicedo elaboró un guión basado en el relato y en la continuación que Derleth escribió posteriormente (“El sello de R´Lyeh”). Intentó convencer a Roger Corman para llevarlo a cabo, labor que resultó infructuosa. En esa misma época, el inolvidable Alberto Breccia la adaptó al cómic de manera magistral, logrando transmitir el horror abstracto deseado por su creador.

Charles Band

Charles Band

Gordon y Yuzna lo propusieron como una de las ideas para continuar el “sello Lovecraft” dentro de la compañía y eran conscientes de que se enfrentaban a una obra muy compleja y ambiciosa. El guion corrió a cargo del habitual Dennis Paoli. Se contrató al gran Berni Wrightson para diseñar las siniestras criaturas y al maestro Dick Smith que supervisaría los complicados  efectos especiales. El proyecto era muy atractivo pero Charles Band nunca lo tuvo claro (la Empire rozaba la bancarrota), si bien no llegó a desechar la adaptación. El principal obstáculo era principalmente económico.

Dibujos Bernie Wrightson proyecto de Lovecraft-1

Diseño de Bernie Wrightson para el proyecto de “La sombra sobre Innsmouth”

Buscando posible inversores que respaldaran y distribuyeran el proyecto encontraron el interés de Vestrom Pictures. Esta compañía tenía fama de total transparencia a la hora de entregar el  dinero apalabrado. Sin embargo, Vestrom no quería invertir los cinco millones de dólares presupuestados, ofertando en su lugar una cantidad ligeramente inferior (al parecer unos cuatro millones de dólares).

Dibujos Bernie Wrightson proyecto de Lovecraft-2

Otro diseño de Berni Wrightson para el fallido proyecto ideado por Stuart Gordon

Con este convincente aliento, Gordon y Yuzna comenzaron a trabajar seriamente en la película. Empezaron a buscar localizaciones, encontrando un solitario pueblo en la zona de Maine que se adecuaba perfectamente a las características de la historia. Wrightson  solicitó el puesto de artista conceptual y elaboró cerca de setenta diseños previos, dando rienda suelta a su trepidante imaginación. El ilustrador norteamericano era un incondicional de Re-Animator y se mostró enormemente ilusionado por participar en el proyecto. Por su parte, el reputado Dick Smith trabajó sobre los dibujos realizados intentando dar consistencia a los mismos. De esa forma llegó a realizar varias pruebas de maquillaje sobre una serie de cabezas esculpidas a tamaño real. Como supervisor recomendó a una serie de técnicos que se ocupasen de los complejos maquillajes entre los que se encontraban Greg Canon, John Caglione y Doug Drexler.

Dennis Paoli

El guionista Dennis Paoli

El guion de Dennis Paoli estaba ambientado en el momento en que fue creada la historia. Vestrom empezó a tener serias dudas sobre la viabilidad de la película. Paoli realizó varios cambios para actualizar la historia, incluyendo un personaje femenino y una historia de amor de connotaciones mutantes (no olvidemos que los habitantes de Innsmouth son una mixtura de seres humanos y anfibios). Incluso en una de las versiones del guion se desplazó la acción a una isla y se incluyeron partes de otro relato de Lovecraft con el fin de dar más densidad a los aspectos dramáticos del libreto (“La cosa en el umbral”).

Todas estas modificaciones dispararon el presupuesto hasta los siete millones de dólares. Vestrom lo rechazó de inmediato y Gordon no dio su brazo a torcer, considerando que por debajo de esa cantidad la película resultante sería una versión desvirtuada del proyecto original. Para Stuart Gordon  era uno de esos proyectos ambiciosos que había que hacerlos bien o no llevarlos a cabo. Por ello acabó quedando en animación suspendida.  Charles Band lo volvió a poner en marcha como una producción exclusiva de la Full Moon. Tampoco hubo suerte de reactivar la película dentro de la productora de la Luna llena.

Dagon

Fotograma de “Dagon. La secta del mar”

Finalmente fue en tierras gallegas y con financiación española donde Innsmouth tuvo finalmente su preciada versión. Dagon. La secta del mar (2001) recuperó a parte de los implicados y diversos elementos del plan original. Su presupuesto fue curiosamente muy inferior a la cantidad que previamente evitó su desarrollo. Gordon, Yuzna y Paoli lograron su objetivo, y al menos lograron una película tan singular en nuestra cinematografía como modestamente aprecia,ble si bien alejada de lo que en origen se había planeado.

Cerramos este recorrido con “El miedo que acecha”, la adaptación lovecraftiana que tuvo más opciones de prosperar. Pretendía recuperar al equipo que había realizado Re-Animator y Re-Sonator (From Beyond, 1986) con un presupuesto importante que nuevamente no se pudo conseguir. El protagonismo de Combs era el centro del nonato film.  El proyecto no prosperó en la Empire, si bien fue recuperado en los años noventa dentro de la Full Moon con un nuevo guión y acabó siendo dirigido por C. Courtney Joyner.

Fernando Rodríguez Tapia

Fuentes:

Fangoria nº 91. Abril 1990. “The Unmaking of The Shadow over Innsmouth” por Chas Balum. Pgs 46-49 y 66

http://tomboftheunproducedhorrormovie.blogspot.com.es/

http://cineclasebdefede.blogspot.com.es/2013/10/historia-de-empire-international.html

Published in: on mayo 13, 2019 at 5:55 am  Comments (1)  
Tags: , ,

El rayo destructor del planeta desconocido

El rayo destructor del planeta desconocido

Título original: Laserblast

Año: 1978 (Estados Unidos)

Director: Michael Rae

Productores: Charles Band, J. Larry Carroll

Guionistas: Frank Ray Perilli, Franne Schacht

Fotografía: Terry Bowen

Música: Richard Band, Joel Goldsmith

Intérpretes: Kim Milford (Billy Duncan), Cheryl Smith (Kathy Farley), Gianni Russo (Tony Craig), Ron Masak (Sheriff), Dennis Burkley (diputado Pete Ungar), Barry Cutler (diputado Jesse Jeep), Mike Bobenko (Chuck Boran), Eddie Deezen (Froggy), Keenan Wynn (coronel Farley), Roddy McDowall (doctor Mellon), Rick Walters (Mike London), Simmy Bow (encargado de gasolinera), Joanna Lipari (Franny Walton), Wendy Wernli (Carolyn Spicer), Michael Barrere [acreditado como Michael Bryar] (Hip Kid), Melinda Wunderlich (chica en la playa), Franne Schacht (secretaria del Sheriff), Eric Jenkins (piloto), Janet Dey (Eleanor Duncan), Steve Neill

Sinopsis: Dos encantadores saurios extraterrestres eliminan a un ser mutante en una zona desértica de los Estados Unidos; un jovenzuelo ocioso encuentra en el área de la trifulca una extraña arma laser y un collar (que pertenecían a la misteriosa víctima) que empezará a utilizar contra todos aquellos que le han humillado. Al final, el oscuro poder puesto en sus manos acabará desequilibrándole provocando una imparable ola de destrucción.

El rayo destructor del planeta desconocido-1

En paralelo a su producción cinematográfica, Charles Band encontró un nuevo e incipiente mercado donde lanzarse de lleno y obtener rápidos beneficios. El cineasta era un ávido coleccionista de material fílmico y observó el deseo creciente en muchas personas de llevar y conservar las películas en sus casas (aunque las copias fuesen de mala calidad). En 1978 funda “Meda Home Entertainment”[1], un nuevo sello en cuyo catálogo se podían encontrar desde producciones propias hasta películas de dominio público pasando por exitosos films de género independientes y variopintos títulos internacionales. La pequeña compañía comenzó a muy pequeña escala lanzando un número muy limitado de copias de cada película que distribuían y rentabilizando al máximo los réditos obtenidos. Sin embargo, el crecimiento de este mercado fue tan importante que el inexperto distribuidor estuvo en la tesitura de buscar nuevos socios que invirtieran más capital para poder mantener y ampliar el negocio. Cada mes que pasaba se duplicaba el dinero necesario para poder seguir trabajando en este sector, por lo que Band fue perdiendo en los sucesivos acuerdos que firmaba el control de su limitado sello, el cual se vio obligado a vender a principios de 1980[2].

El rayo destructor del planeta desconocido-2

Mientras tanto, las pantallas cinematográficas habían estado desbordadas por espectaculares batallas galácticas e impresionantes contactos con el mundo extraterrestre, creando una onda de opinión que llegó hasta los hogares de todo el mundo con un amplio reguero de información ufológica y esotérica. Charles Band se aplicó en varios empeños que replicaban desde su  perspectiva el singular fenómeno. Uno de ellos, fervientemente titulado por aquí como El rayo destructor del planeta desconocido (Laserblast, 1978), tendrá cierto calado comercial, dada la necesidad imperiosa de las salas de exhibición de acoger cualquier obra que incluyera alienígenas  y efectos especiales. El film sigue el planteamiento low-cost de producciones anteriores incorporando un indudable toque retro que contribuía a diferenciarle de otros títulos coetáneos, aunque nunca aprovechado dada su ínfima calidad. De manera involuntaria, este título anticipa el estilo propio que su productor desarrollará en algunas obras de la Empire y especialmente en los primeros años de la Full Moon: un cine fantástico de raigambre artesanal dirigido al público juvenil y con una óptica ligera muy cercana al mundo de la viñeta.

El rayo destructor del planeta desconocido-3

Lo que cuenta no provoca mucho entusiasmo y la manera en que lo cuenta tampoco.  El poco imaginativo guion  escrito por el tándem formado por el habitual Frank Ray Perilli y Franne Schacht no logra disimular su condición de mala copia del cine de ciencia ficción de vocación teenager desarrollado en los años cincuenta. La realización del debutante Michael Rae carece de vigor o sentido de ritmo, y se limita a acumular secuencias sin ningún rigor dramático. Los momentos de impacto son repetidos con pesada monotonía y escasa fortuna cinematográfica, provocando el sopor en el espectador más entregado. Los personajes vagan por la pantalla variando la gestualidad pero sin ningún atisbo de crear misterio, suspense, terror o algo parecido. El único aspecto destacable del film es la labor que hizo el finado David Allen en las admirables escenas de animación (primero de sus trabajos para Charles Band), así como la aparición del veterano Keenan Wynn y el estupendo Roddy McDowall, dos excelentes actores que esta desaliñada obra no merece.

El rayo destructor del planeta desconocido-4

El rayo destructor del planeta desconocido no fue un gran éxito pero funcionó bien en todos los formatos de distribución. Charles Band comprobó que, tanto en los festivales como en los mercados de cine a los que acudía, siempre solían preguntarle por la posibilidad de una continuación. El productor no comprendía la popularidad de la película, aunque reconocía que se benefició del efecto Star Wars y del propio concepto desarrollado. Fue durante la época de la Empire, ante la necesidad de generar nuevos títulos para mantener su crecimiento, cuando se planteó la posibilidad de realizar “Laserblast II”. La película iba  a ser una coproducción con Palan Productions, con guion y dirección a cargo de Robert Amante (pseudónimo del propio Band), y participación de Mac Ahlberg y John Carl Buechler en sus cometidos habituales (dirección de fotografía y efectos especiales, respectivamente). El proyecto no fructificó y fue finalmente abandonado. Algunas de sus ideas fueron posteriormente retomadas para el filme Deadly Weapon (1989, Michael Miner), una de las películas surgidas tras la caída de la productora.

Fernando Rodríguez Tapia

[1] En 1977, su colega André Blay había comprado un conjunto de películas del catálogo de 20th Century Fox para su distribución videográfica con el sello propio de “Mag Video”, una de las primeras compañías independientes dedicadas a estos menesteres. Blay tenía experiencia en la venta y distribución de materiales audiovisuales desde los años sesenta; incluso había creado un sistema de venta directa por correo que utilizó con éxito en años anteriores. Las ganancias fueron tan importantes que la major compró rápidamente el negocio para crear su propia rama de distribución en video.

[2] Posteriormente,  la empresa acabó siendo comprada por Heron Comunication (por una cantidad que rondó los veinte millones de dólares), que renombró a la compañía como “Media Home Entertainment”, la cual se mantuvo en activo hasta 1993.

La otra cenicienta

Título original: Cinderella 

Año: 1976 (Estados Unidos)

Director: Michael Pataki

Productores: Albert Band, Charles Band, J. Larry Carroll

Guionista: Fran Ray Perilli, según el cuento de Charles Perrault

Fotografía: Joseph Magine

Música: Andrew Belling

Intérpretes: Cheryl Smith (Cenicienta), Yana Nirvana (Drucella), Marilyn Corwin (Marbella), Jennifer Stace [acreditada como as Jennifer Doyle] (madrastra), Sy Richardson (hado madrino), Brett Smiley (príncipe), Kirk Scott (Lord Chamberlain), Boris Moris (rey), Pamela Stonebrook (reina), Ray Myles [acreditado como Jean-Claude Smith] (embajador sueco), Brenda Fogarty [acreditada como Shannon Korbel] (esposa del embajador sueco), Elizabeth Halsey, Linda Gildersleeve (granjeras), Robert Stone (padre granjeras), Mariwin Roberts, Roberta Tapley (hijas del trampero), Gene Wernikoff (trampero), Bobby Herbeck (bufón), Frank Ray Perilli (embajador italiano), Joe X. Cantu, Larry Isenberg (lacayo real), Bob Leslie (lechero), Dei Silver, Susan Hill, Lois Owens, Jamie Lynn, Jenny Charles (chicas en el baile del príncipe), Liz Crawford (dama de la reina), Dwight Krizman, Billy S. Mason, Russell Clark, Jimmy Williams…

Sinopsis: La desdichada vida de Cenicienta cambia completamente gracias a un hado madrino que potencia su destreza sexual para que seduzca al príncipe de turno en plena búsqueda de pretendiente.

La otra cenicienta-6

A priori, un título como La otra cenicienta (Cinderella, 1977, Michael Pataki) no encajaría demasiado con la producción más característica de Charles Band. Podemos verlo en cierta forma como una rareza. Sin embargo, esta versión erótico festiva del popular cuento de Charles Perrault (obviamente adulterado por el guionista Frank Ray Perelli) resulta uno de sus títulos más apreciables dentro del periodo inicial de su trayectoria y a la postre uno de los que mejor funcionó a nivel comercial. Un delirante softcore cómico deudor de títulos recientes como la inenarrable Las aventuras de Flesh Gordon (Flesh Gordon, 1974, Michael Benveniste y Howard Ziehm) y, especialmente, Alicia en el país de las pornomaravillas (Alice in Wonderland: An X-Rated Musical Fantasy, 1976, Bud Townsend), con la que comparte su tendencia al musical de alto voltaje erótico. Abre sin pretenderlo una dedicación intermitente por parte de Band a la producción erótica, la cual tendrá un sello especializado en los años noventa (Surrender Cinema), siempre encubriendo su presencia física en este tipo de productos.

La otra cenicienta-4

Sin perder su condición de cine de explotación, La otra cenicienta mezcla con alegre desfachatez su naturaleza de cuento de hadas para adultos con un sentido del humor tan tontorrón como paródico (destaquemos al menos a Sy Richarson como improvisado hado madrino de tendencias saqueadoras), inesperados números musicales con que desfogarse del metraje más caliente y escenas eróticas de todo tipo que animan la función hasta convertirla en su propia razón de ser. El resultado siempre se mueve dentro de lo previsible aunque los erotómanos se pueden contentar con las descocadas y poco ortodoxas acciones de sus protagonistas (la malograda Cheryl Smith o las menos conocidas Elizabeth Halsey, Linda Gildersleeve, Mariwin Roberts o Roberta Tapley). Cine auténticamente canalla, bizarro en esencia, disfrutable siempre que aceptemos su carácter  típico de la época en que fue realizado.

La otra cenicienta-1

La operación debió convencer a nuestro joven productor, quien con celeridad orquestó un par de  hábiles variaciones. Fairy Tales (1978, Harry Hurwitz) pretendió establecer a modo de franquicia los discutibles logros de su predecesora. Sin embargo, el resultado no ofreció nada destacable ni en lo musical ni en la parte erótica, mucho menos en lo cinematográfico donde la película naufraga irremediablemente. La idea sugerida por Charles Band para el libreto no resulta muy provechosa: el Príncipe protagonista no encuentra hembra que le excite y busca a la idílica mujer cuyo retrato decora su morada. El guión escrito a cuatro manos por Frank Ray Perilli y Franne Schacht acaba siendo una mera excusa para los consabidos encontronazos epidérmicos y los menos logrados interludios melódicos. Todo fluye sin el menor interés con insólita apatía narrativa e incluso mayor prudencia en su despliegue sexual. Si en La otra cenicienta había un intento de emular cierta tendencia popular al musical glam resaltado en algunos afortunados momentos de su metraje, en Fairy Tales se opta por el vodevil menos lustroso y acartonado ambientado en su parte final en un lupanar donde se dan cita diversos personajes de cuento. Al menos, destaquemos la entonada fotografía de Daniel Pearl, la aparición de la gran Martha Reeves cantando  el tema “You’ll Feel the Magic in Me” en plena fiebre de diva discotequera, el impostado proxeneta encarnado por Sy Richardson que parece escapado de alguna tardía blaxploitation y la aparición final de la luego popular Linnea Quigley en uno de sus primeros roles cinematográficos. Muy poco bagaje para sus escasos ochenta minutos.

La otra cenicienta-3

Mayor interés reviste Auditions (1978, Harry Hurwitz), curioso experimento en formato de falso documental rodado durante o después de la comentada Fairy Tales, de ahí la presencia del algún miembro de su elenco. Charles y Albert Band escribieron el libreto que recoge las audiciones previas que tienen que pasar un grupo de actores y actrices para conseguir alguno de los papeles ofrecidos en un anuncio publicitario para una futura producción erótica titulada Fairy Tales 2. Para ello se habilitaron un par de sets de rodaje donde los aspirantes se presentan, responden a las preguntas de un misterioso demiurgo, se desnudan, bailan, cantan, fingen placenteros calentones, representan algún número de carácter cómico y ensayan escenas eróticas diversas que pasan del dueto al cuarteto según decidan los interesados productores concluyendo en una orgía a modo de fin de fiesta. A la cámara solo le preocupa recoger con detalle las fisonomías mostradas y se detiene con deleitación voyeur en los aspectos menos cándidos que se le presentan. La realidad fuera del set y la tramoya que la sustenta nunca es mostrada, impidiendo un ejercicio metalingüístico que hubiera transcendido la esencia propia del film alejándola de su evidente inclinación exploiter. La aparente ingenuidad inicial va recrudeciendo su discurso sexual a medida que el film va avanzando sin alcanzar el territorio del hardcore. Dicho esto, conviene señalar que Auditions es una de las películas más peculiares e insólitas en larga filmografía de su productor, convertida en involuntario retrato de una manera de hacer cine hoy completamente olvidada (rodada además en 16mm, lo que acentúa su efecto). La película se editó directamente en formato doméstico y tuvo una especie de continuación dos décadas después titulada Auditions from Beyond (1999, Reed Richmond), con escenas del citado sello Surrender.  Después de mucho tiempo invisible, Band la recuperó en el año 2011 para su “Full Moon´s Grindhouse Collection”. Rentabilidad ante todo

Fernando Rodríguez Tapia

 

Crash! [vd: La maldición – Crash]

crash-poster

Título original: Crash!

Año: 1977 (Estados Unidos)

Director: Charles Band

Productor: Charles Band

Guionista: Marc Marais

Fotografía: Andrew Davis, Bill Williams

Música: Andrew Belling

Intérpretes: José Ferrer (Marc Denne), Sue Lyon (Kim Denne), John Erticson (Dr. Gregg Martin), John Carradine (Dr. Welsey Edwards), Leslie Parrish (Kathy Logan), Jerome Guardino (teniente Pegler), Richard Band (contratista), Ron Carter, Barry Chase, Lenny Shabes, Dwight Krizman (Policía), Gary Baxley, Rick Deming, Paul Dubov (Dr. Cross), John Hayes, Reggie Nalder (vendedor callejero), Margaret O’Heron, Dawn Orr, Speed Stearns, John Tilton, Charles Band

Sinopsis: Un matrimonio sufre un accidente de tráfico por el que el marido queda inválido. La pareja se desmorona, entrando en juego un extraño amuleto comprado por la mujer. Pronto sucesos extraños empiezan a suceder…

crash-3

Con los beneficios obtenidos por Mansion of the Doomed [vd: La mansión de los condenados, 1976, Michael Pataki], Charles Band orquesta una nueva película terrorífica que supondrá su opera prima oficial como director. Crash! [vd: La maldición – Crash, 1977] es un extrañísimo engendro que mezcla sin aparente continuidad venganzas conyugales, posesiones diabólicas, coches asesinos, trazos ocultistas y deidades paganas. Como obra cinematográfica resulta indefendible, si bien los amantes del cine basura pueden vislumbrar suficientes elementos discordantes para justificar su visionado. Repiten Andrew Davis y Harry Keramidas en labores idénticas a la anterior obra. El guion corre a cargo del enigmático Marc Marais  y plantea dos líneas argumentales que fluyen en paralelo sin que exista una sensación coherente en su desarrollo. Por un lado, tenemos la venganza psicótica de un marido inválido (Miguel Ferrer) contra su joven y esbelta  esposa (Sue Lyon). Por el otro, el caos y muerte que va provocando un automóvil sin conductor por las carreteras cercanas a San Cecilia (lugar donde se localiza la acción). Entre ambas, un misterioso amuleto de origen hitita que ejerce un oscuro poder sobre quien lo posee (adquirido por la protagonista a un vendedor callejero encarnado por el siempre inquietante Reggie Nalder). Como se puede apreciar, un crisol de referencias tomadas de otros films de la época, puro filme de explotación que justifica las señas de identidad de su principal responsable.

crash-1

En su debut como realizador, Band se muestra tan confundido e inoperante como el libreto que le toca poner en imágenes. La sensación de horror y amenaza rara vez se transmite. Los personajes vagan por el metraje de manera errática, buscando una lógica que en todo momento se les niega. La banda sonora resulta completamente equivocada para la imaginería del filme y se convierte en elemento disonante. Tan solo destacan, y de manera ocasional, las escenas motorizadas que animan el metraje y de las cuales el cineasta no se responsabilizó (fueron realizadas por el coordinador de especialistas Von Deming). Consciente de ello, y quizás por falta de presupuesto, un flashback final repite esos momentos con el objetivo inane de dar algo de coherencia a lo que se ha estado relatando. Demasiado tarde para una obra que nunca encuentra su camino, tono, ritmo o justificación. Para cualquier otro realizador, una película como la que nos ocupar podría suponer el final de su trayectoria fílmica. En el caso de Charles Band, el segundo eslabón en su extensa carrera.

El encargado de sonido de esta película fue un experimentado realizador de títulos de bajo presupuesto llamado John Hayes, al que Band encargó el mando de su siguiente producción de género: la esquiva, chocante y algo confusa El último día del mundo (End of the World, 1977).

Fernando Rodríguez Tapia

Mansion of the Doomed [vd: La mansión de los condenados]

La mansión de los condenados-poster

Título original: Mansion of the Doomed

Año: 1976 (Estados Unidos)

Director: Michael Pataki

Productor: Charles Band

Guionista: Fran Ray Perilli

Fotografía: Andrew Davis

Música: Robert O. Ragland

Intérpretes: Richard Basehart (Dr. Leonard Chaney), Gloria Grahame (Katherine), Trish Stewart (Nancy Chaney), Lance Henriksen (Dr. Dan Bryan), Al Ferrara (Al), JoJo D’Amore (Georgio), Donna Andresen (Sylvia Porter), Marilyn Joi (Miss Mathews), Katherine Fitzpatrick (víctima ascensor), Katherine Stewart (autoestopista), Vic Tayback (Detective Simon), Simmy Bow (Doctor ambulancia), Arthur Space (Wino), Del Negro, Libby Chase (Libby), Barry Chase, Sally Marr, Sandy Champion, Patsy Sublime (Miss Dunn), Barbara Sloane…

Sinopsis: Un cirujano ocular intenta devolver la vista a su hija realizando diversos trasplantes a partir de extracciones oculares que realiza a personas a las que secuestra y oculta en el sótano de su casa siempre ayudado por una siniestra enfermera. Durante el transcurso de estos obsesivos experimentos, el médico irá perdiendo el control de sus actos.

La mansión de los condenados-1

Charles Band debutó de manera accidental con una producción de corte pornográfico titulada Last Foxtrop in Burbank (1973). Band asegura que es una película que prefiere olvidar y que se vio involucrado en ella por Frank Ray Perilla, quien era el principal responsable del proyecto. Perilli no era un recién llegado al mundo del espectáculo. Con el nombre de Frankie Ray había trabajado como representante y cómico en diversos clubs nocturnos durante los años cincuenta y sesenta, donde conoció al mítico Lenny Bruce al que le unió una estrecha amistad. En esos años empieza su vinculación con el mundo del cine participando como actor ocasional en modestos títulos de Serie B, caso de New Orleans Uncensored (1955, William Castle), Carnival Rock (1957, Roger Corman), Submarine Seahawk (1958, Spencer Gordon Bennet) o Invasion of the Star Creatures (1962, Bruno VeSota). En los años setenta se pasa al terreno de la escritura de guiones, sin olvidar alguna participación delante de las cámaras e, incluso, como productor en algún título en el que participa. Un nombre importante para la familia Band durante los años setenta debido a su estrecha colaboración en diversos proyectos. Last Foxtrop in Burbank fue una producción rápida, no excesivamente costosa, desaparecida apenas fue estrenada y que sirvió a Band a asentar las primeras raíces en la industria cinematográfica.

La mansión de los condenados-2

Una parte del equipo creativo de esta irrisoria producción se puso manos a la obra para sacar adelante un nuevo título. En este caso, atentos a las demandas del mercado se decidieron a realizar un film de género terrorífico de escaso presupuesto y fiel a ciertos patrones habituales de la época: una temática imaginativa aunque no original, presencia de actores veteranos como tibio gancho comercial, protagonismo de efectos especiales e incidencia en la sordidez de la iconografía visual. Surge así un proyecto titulado “The Eyes of Doctor Chaney”, historia de terrores quirúrgicos que retomaba o actualizaba el planteamiento de la genial Ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1959, George Franju), utilizado y canibalizado por Jesús Franco con su personaje del Dr. Orloff en varias ocasiones. Encontramos así una de las primeras características del cine de Charles Band: utilizar temáticas retro propias del cine de los cuarenta y los cincuenta (especialmente por productoras como Universal, Monogram, PRC y posteriormente la A.I.P.), de incidencia claramente pulp, y situarlas en escenarios contemporáneos estableciendo un inestable cruce entre lo viejo y lo nuevo.

La mansión de los condenados-6

Richard Basehart encarna con convicción al temible Dr. Chaney acompañado por la magnética Gloria Grahame en uno de los papeles típicos que realizó en el ocaso de su carrera, presidiendo un reparto donde cabe destacar la presencia de un primerizo Lance Henriksen. En el apartado técnico cabe señalar la presencia de tres nombres que pasaron con el tiempo a empeños mayores: el reconocido Stan Winston, que se ocupó de los efectos de maquillaje del film; el futuro director Andrew Davis se ocupó de la fotografía de tonos sombriamente realistas; y el editor Harry Keramidas realizó el montaje del film una década antes de conseguir el reconocimiento por su labor en Regreso al futuro (Back to the Future, 1985, Robert Zemeckis). De supervisar la producción se encargó Albert Band, vigilando con su experiencia los primeros pasos profesionales de su hijo. El guión corrió a cargo de Frank Ray Perilli y el actor Michael Pataki hizo su debut en la dirección con esta cinta.

La mansión de los condenados-4

El resultado, con todas sus limitaciones, es un trabajo de moderado entretenimiento, cuya limitada propuesta se va agotando a medida que avanza su renqueante metraje, sin alcanzar el esperado clímax terrorífico que la temática podría sugerir. La realización opta por una planificación sencilla y efectiva preocupada por crear una atmósfera gélida y lúgubre (desvirtuada en ocasiones por su estridente banda sonora), donde destacan determinadas sugerencias malsanas en la relación que mantienen sus protagonistas.

La mansión de los condenados-3

Cuando llegó a las pantallas en 1976, el film había cambiado al título definitivo de Mansion of the Doomed, una imposición de la compañía distribuidora para hacer más comercial la película. El jovencísimo Charles Band logró su principal objetivo: culminar un film independiente, venderlo y estrenarlo en salas. De esta experiencia aprenderá algunas cosas. La más evidente, controlar completamente la producción, situación por el momento imposible debido a las restricciones presupuestarias a las que se tiene que enfrentar. Para sacar adelante las obras de este periodo inicial es necesario asociarse con otras personas, por lo que la visión individual es alterada por terceros ajenos a la gestación inicial de sus películas. Lo conseguirá con el tiempo aunque tendrá que responsabilizarse de materias que no desea.

La mansión de los condenados-5

En esta etapa sacará adelante una película cada ocho o nueve meses. Entendemos que por cada film que sale a la luz se quedan en el camino tres o cuatro proyectos paralelos. En todas ellas mantiene la faceta de productor y ocasionalmente se ocupará de la dirección. A diferencia de otros compañeros de generación, Band no piensa de manera individualizada a la hora de realizar una obra. No existe una pretensión en su cine de emular a cineastas como Craven, Carpenter o Hooper, de generar obras que llamen la atención de la industria para entrar dentro de su engranaje. Su proyecto es a largo plazo. Piensa en el conjunto, en la serie de producciones que le permitan crear una compañía para mantener un control desde la misma génesis de las películas hasta su posterior exhibición y distribución. A la manera de Roger Corman, director y productor que le sirve de perfecto espejo en sus pretensiones cinematográficas.

Fernando Rodríguez Tapia

Pulse Pounders: The Evil Clergyman

Título original: Pulse Pounders: The Evil Clergyman

Año: 1988-2012 (Estados Unidos)

Director: Charles Band

Productor: Charles Band

Guionista: Dennis Paoli, según una historia de H.P. Lovecraft

Fotografía: Mac Ahlberg

Música: Richard Band

Intérpretes: Barbara Crampton (Said Brady), Jeffrey Combs (Jonathan), David Warner (clérigo malvado), David Gale (criatura rata), Una Brandon-Jones (ama de llaves)…

Sinopsis: Una joven regresa a la mansión donde tuvo una relación con un clérigo fallecido en extrañas circunstancias. El ama de llaves desaprueba su presencia recordando su escandalosa estancia anterior y los hechos acaecidos posteriormente. Sin embargo, la joven consigue que la deje acceder a la estancia donde murió el clérigo. En la soledad de la morada, la pesadilla se desencadena mostrando su verdadera naturaleza.

Pulse Pounders-7

La necesidad de nuevos proyectos para cubrir los contratos generados por la Empire originó una película de episodios tan atípica como esta Pulse Pounders: The Evil Clergyman. La idea de realizar una antología permitía crear algunos segmentos que funcionarían como microsecuelas de un par de títulos cuyo rendimiento no había sido el esperado. Por otro lado, la etiqueta Lovecraft se añadió al filme en el tercer capítulo con un evidente propósito comercial, aprovechando los buenos resultados que las adaptaciones de Stuart Gordon habían logrado en los años precedentes. De esta manera, nació el título que nos ocupa, compuesto por tres episodios y configurado como secuela y spin-off de varias obras del sello Empire. La película en su totalidad fue dirigida por Charles Band.

Pulse Pounders-3

El primer segmento titulado The Evil Clergyman adaptaba de manera muy libre un relato del citado escritor norteamericano y contaba en su reparto con Jeffrey Combs y Barbara Crampton, cuya imagen habían configurado el aspecto más reconocible tanto en Re-Animator (Re-Animator, 1985, Stuart Gordon) como en Re-Sonator (From Beyond, 1986, Stuart Gordon). Un aliciente imposible de rehusar. Además, varios técnicos de ambos filmes participaron en la realización (John Carl Buechler en los FX, Mac Ahlberg en la fotografía y el previsto Richard Band componiendo la música).

Pulse Pounders-4

El segundo episodio, The Return of Jack Deth, era una continuación de las aventuras del cazarecompensas del futuro presentado un par de años antes en Trancers [vd/dvd/bd: Trancers, 1984, Charles Band]. Tim Thomerson, Helen Hunt y Art Lefleur recuperaban sus personajes. La acción se desarrollaba en 1988 con una nueva amenaza venida del futuro. Una secuela intermedia entre las aventuras del policía del futuro que repetía el molde del film original. Se la conoce popularmente como “Transcers 1.5”.

Pulse Pounders-2

Cerraba la compilación A Sorcerer´s Nightmare, recuperando a Richard Moll en su rol de amo del calabozo e incorporando una nueva prueba donde las fuerzas del bien y del mal se enfrentaban nuevamente por su destino. Secuela directa del simpático The Dungeonmaster [vd/dvd/bd: El amo del calabazo, 1984, VV.AA.] que sirve, precisamente, como antecedente directo de este particular condensado de microhistorias.

Pulse Pounders-1

Sin embargo, Pulse Pounders quedó inacabado. Este malditismo impostado generó todo tipo de rumores en la etapa posterior a la caída de la Empire. El abortado largometraje fue una de las víctimas afectadas por la desaparición de la compañía, uno de sus daños colaterales. Diversas voces confirmaron que la obra quedó pospuesta durante su fase de postproducción si bien, el rodaje y el montaje quedaron concluidos. Algunas fotos del segmento lovecraftiano fueron publicadas en medios especializados. Los aficionados al género y al ermitaño de Providence quedaron a la espera de poder ver alguna vez aquella adaptación. Un oscuro velo y vagas promesas de su máximo responsable terciaron en su devenir.

Pulse Pounders-9

Recientemente una inesperada noticia trajo de vuelta este pospuesto trabajo. El hallazgo de una misteriosa copia del montaje original en VHS aceleró los pasos de su recuperación para deleite de los aficionados y seguidores del cine de la Empire. Por el momento dos segmentos han salido a la luz pública: The Evil ClergymanTrancers – City of Lost Angels. El primero fue presentado en el Flash Weekend de Chicago en el año 2012 y posteriormente estrenado en DVD dentro del catálogo de la Full Moon. Un año después se presentó via streaming el segundo, apareciendo posteriormente en formato doméstico como su antecesor. En ambos casos, sendas ediciones fueron limitadas (todavía se pueden comprar). Del tercer y último episodio solo se conoce su tráiler y la promesa de su estreno próximo sin fecha fijada o reconocida. La calidad de imagen es similar a la de una antigua videocasete en perfecto estado de conservación. Un acierto que le añade encanto.

Pulse Pounders-6

Centrándonos en The Evil Clergyman podemos afirmar que el resultado no pasa de la mera curiosidad. La realización plana de Band no acierta a dar el necesario toque terrorífico ni el suficiente aspecto bizarro. Su puesta en escena llega a teatralizar en ocasiones la propia acción del relato. Lovecraft es un escritor difícil de adaptar y el director de Parasite [vd/dvd: Parásito, 1982] no se muestra precisamente cómodo a la hora de trasladarle a la pantalla. Su realización resbala constantemente sin encontrar un tono homogéneo que no resquebrajan el segmento, aunque dejan dudas e incógnitas en el espectador.

Pulse Pounders-5

El guion de Dennis Paoli busca los aspectos más febriles e insanos de la relación entre sus protagonistas prolongando lo ya tratado en Re-Animator y Re-Sonator. El evidente amor fou vivido por sus protagonistas adquiere tonalidades oscuras y vengativas en su tenebroso presente, dotando al relato de evidentes toques perversos y necrófilos. Vivos y muertos comparten un lóbrego escenario poblado por presencias fantasmagóricas o engendros demoníacos de las alcantarillas. Sin embargo, el director lo retrata todo de manera superficial y ligera, evitando las posibilidades dramáticas que si son potenciadas por las interpretaciones: todos los actores están perfectos en sus roles. Es este último punto el que salva The Evil Clergyman del desastre y otorga al conjunto de una presencia superior a la que realmente muestra.

Pulse Pounders-8

“El clérigo malvado” apareció publicado en la revista Weird Tales en 1939, un par de años después del fallecimiento de su autor. En realidad no era un cuento. Parte de un sueño que H.P. Lovecraft escribió en una de sus abundantes cartas (fechada en 1933) y que fue adaptado como narración corta para la publicación. Es una historia sencilla donde se narra la peripecia de tintes oníricos que vive el narrador del relato y en el que se produce un proceso de posesión/transfiguración entre sus dos protagonistas. Estos elementos son seguidos con cierta fidelidad en el libreto. No obstante, su versión fílmica sigue los patrones lovecraftianos impuestos por la Empire. Interpretación muy libre del original, introducción  de aspectos mórbido-eróticos completamente ajenos al mundo de Lovecraft (el sexo y el erotismo son elementos ausentes en su obra), un cierto toque perverso que le relaciona con otro autor de moda del momento (nos referimos a Clive Barker), y una presencia monstruosa de cierto aliento humorístico (una versión ratuna del finado actor David Gale al que se dedica el segmento) muy acorde con otras criaturas diseñadas por Buechler.

Pulse Pounders-10

Este aspecto evidencia uno de los grandes fracasos de la compañía a la hora de aprovechar un filón como el que encontró con el éxito de Re-Animator. Las posibilidades de realizar un ciclo dedicado al creador de “Los mitos de Cthulhu” como el que llevó a cabo la A.I.P. en los años sesenta con los relatos de Poe no tuvo resultados positivos ante las constantes dudas que Band tenía respecto a la viabilidad comercial. De hecho, Lovecraft será posteriormente utilizado tan solo en dos ocasiones dentro de la Full Moon, curiosamente retomando ideas desechadas en su momento. Band no es precisamente un gran lector del Necronomicon. De serlo, la antología hubiera sido dedicada en su integridad al creador de Herbert West como si hizo posteriormente Brian Yuzna en su simpática antología dedicada al maestro de Providence.

Fernando Rodríguez Tapia