Entrevista a Pedro José Tena, autor de “Demons. La pesadilla retorna”

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Carlos Aguilar dijo que Demons (Dèmoni, 1985) era “la desvergüenza hecha cine” (“Guía del cine”, Cátedra, 2004), mientras que Frank G. Rubio opinó que la película de Lamberto Bava era “un buen filme de terror popular, dantesco y ridículo a la vez” (“Antología del cine fantástico italiano”, Quatermass, 2008). Jesús Palacios, en su “Goremania” (Alberto Santos Editor, 1995), sostenía que la cinta era “irresistiblemente demencial y delirante”, aunque Diego Curubeto en “Cine Bizarro” (Editorial Sudamericana, 1996) sentenciaba que se trataba de un trabajo “flojo”. Y es que esta producción de Dario Argento ha generado todo tipo de opiniones desde prácticamente el momento de su estreno a mediados de los años ochenta. Lo que no hay duda es que se trata de un film de culto en el que merece la pena detenerse pues, guste o no, nos referimos a un trabajo importante en la historia del cine de género italiano, que caló en las mentes de muchos espectadores que quedaron sorprendidos por aquella historia metacinematográfica y por el extraordinario huracán de efectos gore que inundaron el metraje.

Por ello, todos aquellos que quieran recordar, o tal vez adentrarse por vez primera en el universo demoniaco de Lamberto Bava, tienen ahora una buena oportunidad de la mano del ensayo “Demons: la pesadilla retorna”, un libro centrado en el terrorífico díptico, escrito por Pedro José Tena, uno de los responsables de la editorial Applehead Team. Con él charlamos para elaborar la siguiente entrevista, y así conocer un poco más el interior de su libro, el cual saldrá a la venta el próximo 25 de octubre, dando inicio, además, a una nueva colección de ensayos centrados en cine de terror con el título de “Noche de lobos”.

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¿Qué te lleva a dedicarle un libro al díptico de Demons?

Demons me impactó muchísimo cuando la vi por primera vez de pequeño, en el programa “Noche de lobos” de Antena 3. La cuestión es que la cogí empezada y no sabía qué película era. Solo recuerdo estar con la boca abierta todo el rato, alucinando con lo que veía y también sintiendo bastante miedo. Puede extrañar que un niño de diez años viera una película así, pero estaba acostumbrado: mi padre trabajaba hasta madrugada y a mi madre siempre le han encantado las películas de terror, así que solía quedarme con ella hasta tarde los fines de semana o durante las vacaciones viendo pelis de miedo. No tanto por acompañarla, que podría ser la intención inicial, como porque realmente me gustaban ya en ese momento. Como iba diciendo, no sabía qué película era la que había visto esa noche, así que al día siguiente corrí a casa de mi abuelo, ya que él compraba el periódico todos los días, para ver la programación de la noche anterior. Entonces fue cuando vi el título: Demons. Desde ese momento se convirtió en una película mítica para mí, pero tardé años en verla entera porque donde yo vivía, un pueblo muy pequeño, no la tenían en ninguno de los videoclubes que abrían y cerraban fugazmente y que sus dueños ubicaban en habitaciones que tenían libres o en graneros en desuso.

Tiempo después la volvieron a emitir en La 2 de Televisión Española, y una semana después emitieron la segunda parte. Y aluciné. Siempre he sentido una atracción especial por el cine de explotación italiano, quizá porque una de las primeras películas que tuve de pequeño fue Robowar. Pero este díptico de Demons y Demons 2 realmente me impactó, por su mezcla de terror claustrofóbico, efectos especiales de maquillaje tremebundos, música atronadora y acción. Y a medida que fui creciendo y fui descubriendo más cosas sobre el terror italiano, leyendo libros, viendo más películas, etc., fui echando de menos más información sobre esas dos cintas de Lamberto Bava. En el año 2010 tuve la suerte de ir Roma junto a mi pareja, Beatriz, y aunque ella realmente lo pasa mal con el cine de terror, accedió a ir a “Profondo Rosso”[1] conmigo y a entrar en el museo que hay en su sótano. Allí pude ver atrezzo de Demons, que fue algo que me hizo muchísima ilusión, pero eché de menos que, entre la amplia colección de libros que había en la tienda, no hubiera ninguno que hablara sobre esta película y su secuela. Así que en ese momento fue como si algo hiciera clic en mi cabeza: «lo escribiré yo». Pero no fue hasta unos años después, con la creación de nuestra editorial Applehead Team y, sobre todo, con la oportunidad de conocer en persona a Bobby Rhodes, cuando realmente me puse manos a la obra con ello. Tenía una editorial, tenía la posibilidad de entrevistar a Rhodes… ¿qué mejor excusa para escribir el libro?

En un primer momento puede llamar la atención un libro dedicado a una saga compuesta únicamente por dos largometrajes. Aunque, obviamente, abordes las secuelas apócrifas, ¿tenías miedo de que el libro pudiera quedar algo escueto? ¿Fue complicado elaborar el índice de la obra?  

No me preocupaba demasiado, porque inicialmente tenía pensado que fuera un libro de corta extensión, de unas ciento veinte páginas a lo sumo, en el que hablara sobre las dos películas e incluyera una generosa entrevista con Bobby Rhodes. Pero al final, a través de mucha insistencia y un poco de suerte, he conseguido una veintena de entrevistas exclusivas con otros miembros del equipo técnico y artístico de ambas películas (Lamberto Bava, Dardano Sacchetti, Sergio Stivaletti, Claudio Simonetti, Simon Boswell, Geretta Geretta, Fabiola Toledo, Coralina Cataldi-Tassoni, etc.) que, por su extensión, ya superan en número de páginas la cifra que había pensado originalmente para el libro. Así que he dividido el volumen en dos partes (con una división central que hará gracia a quienes recuerden cómo se anunciaba el intermedio de la primera película): en la primera analizo los dos largometrajes, explico cómo se hicieron, cuento quiénes fueron sus responsables y hablo sobre su influencia posterior, mientras que la segunda mitad está dedicada por completo a entrevistas.

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Diego Arjona, Bobby Rhodes Pedro José.

¿El libro va dedicado únicamente a los fans de Demons o, por el contrario, puede acercarse a él aquel que no conozca las películas, a modo de introducción a la saga, o incluso a cierta parte del cine de terror italiano?

Principalmente va dedicado a los fans de la saga, por supuesto, ya que ellos son los que más predispuestos estarán a su lectura. Aunque me gustaría pensar que también habrá gente que quizá ha oído hablar de estas películas y que no las ha visto, pero les prestará mayor atención ahora que sabe que alguien ha dedicado su tiempo a escribir sobre ellas. Puede que se acerquen al libro con curiosidad y acaben descubriendo las películas. Ojalá. Aunque, siendo realistas y como decía al principio, lo más probable es que el libro sólo lo compren los fans, que no son precisamente pocos. De hecho, la acogida de la preventa nos está sorprendiendo gratamente, ya que las reservas se están haciendo con mucha rapidez y estamos viendo mucho entusiasmo en las redes sociales.

Mi intención principal, no obstante, es que el libro sirva como complemento al visionado de las películas y que ayude a sus fans a descubrir cosas que se les podrían haber pasado por alto. También me gustaría que gracias a la lectura de este volumen consiguieran sentir todavía más aprecio por estas películas, al conocer cómo se hicieron, en qué circunstancias se rodaron, a qué dificultades se enfrentaron sus responsables… También puede resultar interesante para apasionados del cine de terror italiano que no sientan una especial fascinación por Demons, ya que en algunas de las entrevistas no me he limitado a hablar con los interlocutores sobre el díptico de Bava, sino también de otras de las cintas que hicieron en Italia. Así que esto aporta un plus que creo que puede resultar muy interesante para los fans del horror transalpino.

¿Consideras que el paso del tiempo ha tratado al díptico bien? ¿Crees que los espectadores que las descubran hoy podrán disfrutar de ella como aquellos que la vimos en su momento?

Soy de los que opinan que las películas no envejecen, que son exactamente las mismas que en el momento de su estreno, y que lo único que cambia son las circunstancias en las que son vistas y la edad y la experiencia de sus espectadores. No todo el mundo piensa igual y, por eso, es muy extendida la expresión «esta película no ha envejecido bien». Pero hay que aprender a valorar cada representación artística teniendo en cuenta el contexto en el que se hizo y los medios con los que contaron sus responsables para llevarla a cabo. Esto, que parece tan obvio, no es algo que se prodigue entre los espectadores más jóvenes (y no tan jóvenes, en algunos casos), de ahí que exista esa tendencia a mofarse de cosas que en su momento fueron lo más avanzadas que pudieron ser y que, en comparación con la tecnología existente a día de hoy, parecen obsoletas porque ya no se hacen de esa manera. Me refiero concretamente a los efectos especiales: puede que un chaval de quince años vea hoy Demons y se descojone cuando vea el animatronic que imita la cabeza de Fabiola Toledo con esos colmillos que van saliendo poco a poco desplazando los dientes humanos. Pero en su momento fue algo que aterró a todo el mundo y que se podía equiparar a las mejores transformaciones que se hacían en Hollywood. Así que no me atrevería a decir que alguien que descubra hoy la película la vaya a disfrutar como lo hicimos nosotros. Esto solo sería posible si consiguiera hacer la labor de abstracción a la que hacía mención antes, es decir, a pensar en qué momento se rodó la película, en qué país, qué habían hecho antes sus responsables y qué han hecho después,  qué otras películas de terror se estrenaban en Italia en ese instante… Con suerte, el libro ayudará a que los nuevos espectadores entiendan mejor cuáles son los valores de la saga y puedan disfrutarla en condiciones.

En cuanto a mi opinión sobre este díptico, más allá de filias y obsesiones, creo que hay motivos más que suficientes para defenderlas o reivindicarlas, sobre todo si las comparamos con lo que se hizo después en el cine de terror italiano, ya que, con la excepción de algunos títulos de Michele Soavi, no creo que se hiciera nada con tanta personalidad y tanta fuerza después 1986. La saga, de alguna manera, marca el fin del cine de terror italiano como industria, ya que llegaron en un momento en el que el género estaba ya en crisis por culpa de la falta de apoyo de las televisiones italianas y de la autocensura a la que estos grupos de comunicación conducían inexorablemente a los directores. Así, Demons y Demons 2 quedan como el último exponente de un cine atrevido, bizarro (en el sentido castellano del término), enérgico, espectacular y sinvergüenza. Y, más allá de ser dos cintas que me parecen divertidísimas, hay en ellas unos valores de producción evidentes y un trabajo excelente de efectos especiales, fotografía y montaje. No son películas de culto sin ningún motivo.

Y entre los aficionados al cine de terror, y más concretamente al de nacionalidad italiana, ¿qué puesto crees que ocupan las películas de Demons?

Para los aficionados más veteranos, los que tuvieron la fortuna de descubrir a Riccardo Freda o Mario Bava en salas de cine cuando eran jóvenes, las películas de Demons pueden parecer meros festines de sangre y babas llenos de ruido y violencia. Así que hay muchos seguidores del terror italiano para los que este díptico no significa nada o que incluso les parecen abominaciones. Sin embargo, para un público algo más joven que descubrió toda esta mandanga en los videoclubes, Demons y Demons 2 son títulos míticos y precisamente lo son por los mismos motivos por los que sus mayores las desaprueban. Creo, además, que con el paso de los años se ha ido viendo más claro lo importantes que fueron como canto de cisne de la explotación italiana, y gracias a ello algunos ahora se atreven a reconsiderarlas como películas valiosas y relevantes. Otros lo tuvimos claro desde el principio: son dos chutes de adrenalina de los que te hacen desear nuevas dosis. Por eso algunos solemos revisar Demons y Demons 2 (a ser posible, en sesión doble) cada pocos años o incluso cada ciertos meses.

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Ilustración de Manuel J. Iniesta.

Como has mencionado antes, en el libro dedicas un capítulo entero a entrevistas con los profesionales implicados en las películas: el director Lamberto Bava, el guionista Dardano Sacchetti, el técnico de efectos especiales Sergio Stivaletti, los actores Fabiola Toledo y Bobby Rhodes, y así un largo etcétera. ¿Fue muy complicado acceder a ellos? ¿Se mostraron participativos en todo momento?

El acceso a Bobby Rhodes fue el más fácil. Mi amigo Diego Arjona, cineasta además de humorista, estaba preparando un cortometraje de ciencia ficción llamado Thalion Ltd., con el que quería homenajear el cine de género de los ochenta rodado en Europa con repartos internacionales hablando (o siendo doblados) en inglés. Así que estaba buscando un cast que pudiera transmitir esa sensación en el espectador, y un día, hablando sobre quiénes podrían encajar, le sugerí que quizá Bobby Rhodes podría interpretar uno de los papeles principales. A Diego le gustó la idea y se reunió con Bobby en un festival de cine en Cardiff, donde se cerró el trato con él y su representante. Finalmente, no pude estar en el rodaje del corto, pero sí me fue posible acudir a la premier en Madrid, a la que asistió Rhodes. Eso me permitió compartir una jornada entera con él y machacarle a preguntas que luego, a través del correo electrónico y de la ayuda de su agente, convertimos en una extensa entrevista de varias páginas. El mismo manager de Bobby llevaba también por entonces a otros miembros del equipo de Demons, así que me pasó algunos contactos que no dudé en aprovechar. Pero era un poco difícil explicarles mi idea de escribir un libro sobre estas películas y conseguir que me hicieran caso sin poder ofrecerles nada a cambio. Así que no me quedó más remedio que ser insistente y seguir buscando contactos por mi cuenta, utilizando mucho las redes sociales como método de acoso. Al final, gracias a mi tozudez, conseguí convencer a un amplio número de gente involucrada en el díptico, y algunos de los que no me hicieron mucho caso al principio fueron reconsiderando la idea a medida que pasaba el tiempo y se iban dando cuenta de que cada vez se sumaban más colegas suyos al proyecto. También ha habido casos en los que he fracasado. No diré nombres, porque no creo que tenga derecho de acusar a nadie de no hacer caso a un flipado español que quería escribir su librito, pero algunos pasaron de mí completamente y nunca me respondieron. Otros al menos declinaron la oferta de manera educada y elegante.

Al hilo de lo que comentas, ¿hay alguna personalidad a la que te hubiera gustado entrevistar y que, por algún motivo, ha quedado fuera del libro? ¿Tal vez Dario Argento o Michele Soavi?

Sí, sobre todo Dario Argento, con el que lo intenté en reiteradas ocasiones. Pero es un tipo muy ocupado y tengo entendido que no se encuentra en un buen momento de salud, así que comprendo que no quisiera perder el tiempo hablando sobre unas películas que produjo hace más de treinta años. En cuanto a Soavi, la verdad es que no he encontrado la manera de contactar con él, pero también me hubiera gustado intentarlo.

Luigi Cozzi realiza el prólogo del libro. ¿Por qué le elegiste?

Cozzi es una persona muy amable, siempre dispuesto a ayudar a quien haga falta. Nos escribió el prólogo del libro “La guerra de los clones: Más allá de Star Wars”, firmado por el equipo de El Pájaro Burlón, ya que su Star Crash era una de las películas sobre las que se hablaba en ese volumen. Y como, además de director y guionista, es un auténtico experto en todo lo relativo al cine de terror italiano en general y de Argento en particular, le propuse la idea de hacer también el prólogo para mi libro y enseguida aceptó sin poner ninguna pega. Además, mi visita a Profondo Rosso tiene mucha importancia en la concepción del libro, así que tener a Cozzi en él era un buen modo de cerrar ese círculo.

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“Demons: la pesadilla retorna” va a ser publicado por Applehead Team, la editorial que fundaste en 2014 junto a Frank Muñoz y Emilio Díez. ¿Cómo es editar un libro con tu misma editorial, o dicho de otro modo, ser tu propio jefe?

Uno podría pensar que, al tener una editorial, es mucho más fácil publicar tus propios libros, pero esto no tiene que ser necesariamente así si realmente te tomas tu labor de editor en serio y no utilizas el sello únicamente para darte caprichos. Es más, si no hubiera formado parte de la editorial es muy probable que hubiera terminado el libro hace ya un par de años, ya que me podría haber dedicado de lleno a ello. Pero, afortunadamente, Applehead Team nos da mucho trabajo y he estado estos años anteponiendo mi labor de editor a la de escritor, dedicándole al libro de Demons (y a otros dos que estoy desarrollando) mis pocos ratos libres. La ventaja es que gracias a ello tengo más posibilidades de publicar el libro que si tuviera que convencer a otra editorial para que confiara en su viabilidad, algo que probablemente estaría abocado al fracaso, ya que no es lo mismo decir que vas a escribir un libro sobre, por ejemplo, la filmografía de Argento, que sobre dos películas que él produjo. Así que, de no ser por la existencia de Applehead y por la confianza y el apoyo de mis compañeros, lo más seguro es que hubiera tenido que recurrir a la autoedición para poder publicarlo. En ese sentido, no hay tanta diferencia, pero sí considero muy importante que el libro exista dentro del contexto de un proyecto editorial en el que creo al 100 % y que ya tiene cierta trayectoria y un catálogo más o menos amplio que se acerca a los treinta libros. Es el marco perfecto para que exista “Demons: La pesadilla retorna”, y además sirve como primera entrega de una colección llamada “Noche de lobos” que es, en sí misma, otro sueño hecho realidad y otro ajuste de cuentas con nuestro pasado y nuestros referentes.

¿En qué consiste exactamente esta nueva colección?

Llevábamos mucho tiempo intentando poner en marcha una colección de libros dedicada exclusivamente al cine de terror, pero hasta ahora no se habían dado las circunstancias perfectas para darle vida, ya que ahora ha sido cuando nos han coincidido varios proyectos enmarcados dentro de este género. Al buscar un nombre para la colección, se nos ocurrió que estaría bien encontrar algo que fuera icónico y que sirviera como homenaje a nuestro descubrimiento del género. E inmediatamente nos acordamos del programa “Noche de lobos” de Antena 3, dirigido y presentado por Joan Lluís Goas. Antes de publicitar la colección, nos pusimos en contacto con Goas para explicarle lo que queríamos hacer y para pedirle permiso para utilizar el nombre de su programa. Le encantó la idea y nos dio su bendición y todo su apoyo. Además de Demons, sacaremos otros libros dedicados a las sagas Halloween, Pesadilla en Elm Street, Posesión infernal y Hellraiser, pero esto es sólo el principio…

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Y aparte de lo que comentas, ¿qué próximas novedades tenéis preparadas en Applehead Team?

Te puedo decir que tenemos libros firmados muy jugosos que siguen incidiendo en nuestra línea. Acabamos de publicar “Empire: El cine de Charles Band Vol. 1”, de John Tones, y una novela que me ha apasionado titulada “Sangrario”, de Andrés Abel. Y en el futuro más cercano están los nuevos títulos de la colección “Noche de lobos” y más adiciones a las de “La generación del videoclub”, “Made in Spain” y “Cineclub”. Seguiremos apostando fuerte por novelas originales y por seguir estudiando la historia de la cultura pop, intentando sorprender al lector y ofrecerle cosas que ninguna otra editorial se atrevería a publicar. Un claro ejemplo será el nuevo título de la colección Zapping, que estará dedicado a la serie “Manos a la obra” y para el que su autor, Kiko Vega, está contando con la plena colaboración de Carlos Iglesias y otros miembros del reparto. Algunos nos dicen que estamos locos, pero creemos que el mercado editorial necesita algo de locura y menos lugares comunes. Es algo que echábamos de menos como lectores, así que ahora como editores intentamos llenar esos huecos.

Muchas gracias Pedro José, si quieres añadir algo más…

Pues daros las gracias por ofrecerme la oportunidad de hacer esta entrevista. Me hace mucha ilusión, ya que vuestro blog es uno de los que sigo desde hace años, y escribís gente aquí a la que respeto mucho y con la que me gustaría colaborar en algún proyecto. Y a todos los fans de Demons, recordarles que por el momento pueden reservar mi libro en la tienda on-line www.nafracoleccion.com, donde podrán precomprarlo con un descuento especial y, además, se llevarán de regalo un pack exclusivo de cinco chapas y un marcapáginas diseñado a modo de homenaje a la entrada del Metropol. Ánimo, porque es una promoción limitada. Un saludo y mucho cine.

Javier Pueyo

[1] “Profondo Rosso” es una tienda situada en Roma (Italia) especializada en cine de terror con un amplio catálogo de películas editadas en formato físico, libros, merchandising, etc. Fundada en 1989 por Dario Argento y regentada por Luigi Cozzi, posee una atracción muy interesante para los fans el fantástico italiano: el “Museo degli Orrori di Dario Argento”, una zona dedicada a las películas del realizador de Phenomena o Suspiria. Además, de la mano de Cozzi “Profondo Rosso” posee una línea editorial dedicada a la publicación de libros de temática cinematográfica afines a sus intereses.

Published in: on septiembre 7, 2018 at 5:36 am  Dejar un comentario  
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The King of the Kickboxers (vd/tv.: El rey de los kickboxers)

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Título original: The King of the Kickboxers

Año: 1990 (Estados Unidos, Hong Kong)

Director: Lucas Lowe

Productores: Ng See Yuen, Anthony Lee, Booniert Setthamongkol

Guionista: Keith W. Strandberg, sobre una idea original de Ng See Yuen yKeith W. Strandberg

Fotografía: Viking Chiu

Música: Richard Yuen

Intérpretes: Loren Avedon (Jake Donahue) Billy Blanks (Khan), Keith Cooke (Prang), Sherrie Rose (Molly), Richard Jaeckel (Capitán O´Day), Don Stroud (Anderson), William Long Jr. (Big Boss), David Michael Sterling (Mr. McKinney), Ong Soo Han (Thasi), Jerry Trimble (narcotraficante), Bruce Fontaine (Dan Handel), Patrick Shuck (Jake joven), John Kay (Mr. Director), Michael Depasquale Jr. (Sean Donahue)…

Sinopsis: El agente Donahue es un joven e intrépido oficial que vio como su hermano moría a manos de Khan, un asesino experto en lucha clandestina. Años después, Khan se ha convertido en pieza fundamental de un grupo de mafiosos que trafican en Tailandia con snuff-movies. Donahue viajará a Asia para derrocar a los maleantes y consumar su venganza personal.

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Jean -Claude Van Damme irrumpió en el mercado audiovisual norteamericano a finales de los años ochenta. Y lo hizo con fuerza, pues aunque la crítica en general le dio una sangrante bienvenida (nominación a los Razzie incluida), burlándose de sus habilidades ante la cámara, gran parte del público quedó encantado con la llegada del apodado “Músculos de Bruselas”. Entre sus primeros filmes como protagonista dos sobresalieron por encima del resto, Contacto sangriento (Bloodsport, 1988) y Kickboxer (Kickboxer. 1989), un par de cintas que, si bien es cierto que cinematográficamente no aportaban mucho, contenían ciertos alicientes que conectaron con unos espectadores entregados que se dejaron llevar por los encantos de Van Damme. ¿Sus tramas? Nada del otro mundo, pues la primera proponía al héroe envuelto en el universo de los torneos clandestinos de artes marciales, mientras que en Kickboxer el personaje de Van Damme debía vengar a su hermano en (efectivamente) un ring por el que acostumbraban a aparecer luchadores asesinos de la peor calaña. Guiones sencillos pero en verdad efectivos que cumplieron satisfactoriamente con su objetivo de entretener a los aficionados al subgénero. Estos largometrajes, además, generaron no pocas explotiations confeccionadas en su mayoría para el mercado del vídeo en cuyos libretos encontrábamos a peleadores inmiscuidos en peligrosas intrigas, siempre con los combates como eje de la acción. La lista de ejemplos sería casi infinita, pero basta con recordar que entre las estrellas que protagonizaban estos largometrajes se encontraban nombres como los de Lorenzo Lamas, Don “The Dragon” Wilson, Daniel Bernhardt o Gary Daniels, entre muchos otros.

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No es momento ni lugar para realizar un estudio detallado del cine artemarcialista de décadas pasadas, pero espero que esta introducción sirva para contextualizar, aunque sea de manera escueta, la cinta que aquí nos ocupa, El rey de los kickboxers. Producida por la Seasonal Film Corporation (empresa especializada en el género de acción), la película cuenta con Loren Avedon como actor principal, un intérprete que, al igual que los antes mentados, concentró gran parte de su carrera en filmes imitativos de los principales éxitos de Van Damme. La historia, además, clona varios conceptos de Kickboxer, pues el protagonista viaja a Tailandia con la intención de vengar la muerte de su hermano a manos de un experto en artes marciales, y allí será entrenado duramente por  un sabio maestro. Nada que destacar, aunque si podemos aludir que si la cinta de Van Damme era amena y divertida, ésta es una abominación fílmica, un plagio descarado sin pudor alguno que, para más inri, presenta numerosos errores técnicos, que van desde fallos de raccord a descuidos de iluminación, pasando por un guión absurdo y lleno de sandeces, escenas de sexo gratuito y malas interpretaciones (atención a la presencia en el cast de Richard Jaeckel, años atrás con una carrera más que interesante a las órdenes de Robert Aldrich o Sam Peckinpah, nominación al Oscar incluida, que aquí ejecuta con desgana su papel de jefe de policía). Los fans del cine de artes marciales tampoco encontrarán muchas virtudes en las coreografías, pues las escenas de lucha están resueltas sin artificios, colocadas únicamente para resultar efectivas dentro del guión. A nivel técnico únicamente podemos destacar un momento concreto, un plano subjetivo en verdad logrado y bien resuelto, situado casi al final del metraje, durante el cual el héroe de la película llega en canoa al lugar en el que está instalado el ring para la pelea final.

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Así pues, El rey de los kickboxers no es en absoluto un filme para recordar, y mucho menos que merezca algún tipo de reivindicación o similares. No obstante, la película sí cuenta con un componente en la trama que aún no hemos mencionado que puede llamar la atención a más de un aficionado al cine de suspense y del terror. Y es que el elemento catalizador que hace que el personaje principal decida emprender su venganza es el descubrimiento de una red de snuff-movies organizada por un grupo de mafiosos norteamericanos que opera en Tailandia. De este modo, los criminales de la película trafican con VHSs en las que brutales guerreros asesinan a sus víctimas empleando diferentes técnicas de artes marciales. Pero mientras que en películas como Tesis (1996), Asesinato en 8mm (8mm, 1999) o American Guinea Pig: Bouquet of Guts and Gore (2014) veíamos como los delincuentes confeccionaban estas abominables cintas con métodos rudimentarios, en El rey de los kickboxers sus personajes no escatiman en gastos y filman sus crímenes con todos los lujos que tienen a su alcance: un plató bien equipado, lámparas de última generación, grúa, dollys para travellings… de todo, cayendo así en un ridículo mayor al tratar estas filmaciones como rodajes al uso, inmiscuyendo en ellos a técnicos, especialistas y demás. Un absurdo.  Aunque lo más disparatado llega cuando el espectador descubre que los villanos que asesinan en estas snuff-movies lo hacen… ¡a cara descubierta!, evitando así cualquier posibilidad de crear una trama criminal o cierto suspense. Nada. Únicamente una sucesión de golpes, porrazos y patadas al servicio de una intriga que deja de ser interesante al descubrir que sus artífices no son capaces de generar una mínima emoción. Imagino que tampoco era la intención de sus responsables, más allá de la muestra de la típica retahíla de mamporros ajusticiados por un reparto de estrellas marciales desaprovechado; al mencionado Avedon hay que sumar al gigantesco Billy Blanks como el villano principal, Keith Cooke como el experimentado maestro y  un casi debutante Jerry Trimble como narcotraficante, todos ellos con títulos mucho más interesantes en sus filmografías.

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Imagino que siendo conscientes de que por sí sola la película tendría poca distribución, cabe señalar que en algunos países El rey de los kickboxers se vendió como una entrega mas de la (falsa) saga iniciada, supuestamente, por Retroceder nunca rendirse jamás (No Retreat, No Surrender, 1986), aquella cinta dirigida por Coerey Yuen en la que destacó, precisamente, el concurso como secundario de un joven Jean Claude Van Damme, todavía en busca de su puesto en la industria. Sin ser un mega-éxito, la fama de Retroceder nunca rendirse jamás permitió que se produjesen una serie de secuelas apócrifas que intentaron exprimir su éxito aunque en realidad poco o nada tuvieron que ver con el original, y que contaron con interesantes intérpretes, como Cynthia Rothrock o el propio Loren Avedon.

Javier Pueyo

 

Published in: on agosto 22, 2018 at 5:26 am  Comments (1)  
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Entrevista Víctor Olid, autor del libro “Screwballs: 101 comedias sexuales”

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El pasado mes de mayo se puso a la venta, a través del sello Vial of Delicatessens, el nuevo libro de Víctor Olid, Screwballs: 101 comedias sexuales, un volumen que repasa todas aquellas películas humorísticas ambientadas en institutos, universidades, campamentos y demás, cuyo principal móvil es el sexo en todas sus variantes. Así, entre sus más de quinientas páginas encontraremos reseñas llenas de anécdotas y datos de cintas tan populares como las hollywoodienses Despedida de soltero, o Resacón en las vegas, así como de las secuelas apócrifas que inundaron los videoclubs y las televisiones de antaño –Cuidado con Porky´s, La loca academia de los Albóndigas, Desmadre a la americana 2…-, sin olvidas algunos filmes ajenos a Estados Unidos, como las españolas El rollo de septiembre de Mariano Ozores o Sufre mamón de Manuel Summers.

Para conocer un poco más los entresijos de esta obra, entrevistamos a su máximo responsable, Víctor Olid, para que él mismo nos explique cómo ha sido la elaboración de su más reciente trabajo.  

¿Por qué un libro sobre comedias sexuales?

Porque la comedia sexual es un subgénero del que soy fan desde la niñez y me apetecía repasar gran parte de los títulos y escribir sobre ellos. También considero que dentro de lo que es la escritura cinematográfica hay una gran escasez de libros dedicados a la comedia, y más cuando hablamos de este tipo de películas defenestradas por la crítica seria. A mí me interesa mucho la comedia. Consumo mucho tipo de cine, no soy un individuo de esos cerrados. Y dentro de todo el cine que consumo, mi preferido es la comedia. De ahí la inquietud.

¿A quién va dirigido el libro? ¿Qué lectores crees que lo encontraran más atractivo?

Al contrario que, por ejemplo, el cine de terror, el cine de comedia no tiene fandom, que yo sepa. Y si lo tiene es verdaderamente minoritario. Pues a los cuatro o cinco individuos que hay interesados en la comedia, a esos tipos va dirigido. Y, sobre todo, gente que me sigue y que ya sabe lo que hago, será a los que este libro acapare mayor interés, ya que es un libro escrito de forma coloquial, sin ínfulas literarias y lleno de tacos, palabrotas, etc… Aunque en realidad nunca se sabe al tipo de lectores que vas a llegar. Muchas veces se sorprende uno.

¿Por qué crees que anteriormente no se había hecho ningún libro de este estilo y, en cambio, sí encontramos decenas de estudios y ensayos centrados en el cine de terror, el western, las series de televisión…?

Supongo que es por ese halo de mediocridad que acompaña a las comedias sexuales como obras cinematográficas. Nadie quiere escribir sobre obras sin trascendencia, más bien todo lo contrario. También me remito a la anterior respuesta: hoy en día los libros sobre cine los hacen los fans, y este subgénero no tiene fandom. Paradójicamente, muchas de estas películas tienen recaudaciones millonarias, pero eso es porque van destinadas al público llano. La gente que acude a ver, por ejemplo, American Pie, no es un público que luego le guste leer sobre la película. Y supongo que esa será la explicación. Aunque sí que existen dos o tres ensayos sobre comedia gamberra, pero abordados de una manera absolutamente sesuda y condescendiente con el género. Esto va por otros derroteros.

AMERICAN PIE

Ya has mencionado que la comedia es tu género cinematográfico favorito. ¿Hubo alguna comedia que te impactara en tu niñez o adolescencia que te llevara a decantarte por ese género como tu preferido? 

Hay muchas. Yo creo que la que más me impactó, por escatológica y por descerebrada, fue Desmadre en la universidad, que tiene presencia en este libro. Hay otras muchas, que también tienen presencia en estas páginas, como Despedida de soltero, La revancha de los novatos… Pero vamos, cualquier comedia “ochentera” me representa. De hecho, tengo tal nivel de tolerancia a la comedia, que puedo disfrutar de casi cualquier cosa que sea “de risa”.

Algo que ya has dicho, y que también mencionas en determinadas partes de tu libro, es que la crítica, por norma general, acostumbra a rechazar la comedia, tildándolo de un género menor. ¿A qué crees que es debido?

Depende. Por ejemplo si hablamos de “high comedy” o “alta comedia” la crítica seria tiende a ser benevolente. Y con las comedias de Woody Allen, por supuesto, pero porque al final estas películas son lo que podíamos denominar “comedia de autor”. Pero las películas que basan su humor en los pedos y en los chistes de culos, suelen ser menospreciadas por lo obvio. Se impone la corrección política sin pasar a valorar las posibles cualidades técnicas o artísticas que muchas de estas películas puedan tener.

Sin ir más lejos, Adam Sandler, da igual lo que haga, siempre será acuchillado por la crítica. Sin embargo, histrionismos e infantiladas aparte, es cierto que Adam Sandler tiene películas de mierda, pero entre toda esa mierda, tiene dos o tres que son verdaderamente buenas películas. Pero un crítico no va a reconocérselo nunca, por supuesto.

En el caso de Resacón en Las Vegas, la crítica sí que supo ver el películón que es. Pero ésta sería la excepción que confirma la regla. También hay que tener en cuenta que es una película de Warner Bros. con una taquilla extraordinaria, cosa que, sin duda, repercute en las críticas.

También diré que es un género que no necesita de buenas o malas críticas porque al fin y al cabo la comedia apela a nuestros instintos más primarios. Y la crítica al final es un acto de masturbación destinada, un poco, a gente que no tiene las ideas muy claras y que se fía de las críticas a la hora de elegir las películas que van a ver. Y no van a recomendarles los críticos que vayan a ver una película con corridas… Yo creo que, en definitiva, si la crítica menosprecia las películas de tetas y culos es por una cuestión de corrección política.

¿Cuánto tiempo te ha llevado la escritura del libro?

Escribirlo no mucho, unos seis o siete meses. Editarlo algo más de un año.

Desmadre en la universidad

En lugar de ser un ensayo, Screwballs: 101 comedias sexuales es una sucesión de reseñas de cintas individuales, divididas todas ellas en diferentes capítulos: “Estudiantes cachondos”, “Campamento de verano”, “Adultos juerguistas”… ¿Fue complicado organizar el índice?

No, en realidad en mi cabeza siempre estuvieron bien clasificadas esas películas, así que hice una lista de 101 que consideré las más populares o interesantes, y luego catalogarlas fue una cosa sencilla. No tuve muchas dudas al respecto.

Y de estos, digamos, subgéneros, ¿existe alguno por el que sientas predilección?

Me gustan mucho las “frat movies” (es decir, películas de fraternidades) y luego las producciones de serie Z. La serie Z me interesa mucho siempre, independientemente de si la cinta es comedia, drama, terror o acción. Y como se puede ver en el libro, hay mucha serie Z también en la comedia sexual. Desmadre en la universidad, sin ir más lejos, es una genuina serie Z.

En el libro combinas reseñas de películas conocidas por el gran público, como El graduado, Porky´s o American Pie, con otras un tanto olvidadas o directamente desconocidas como The Party Animal, Preppies, estudiantes en apuros o Joysticks. ¿Tú también has descubierto muchas de estas películas? ¿O ya conocías la gran mayoría de ellas antes de comenzar a escribir?

Bueno, las películas que citas como desconocidas en realidad estaban siempre en los videoclubes. Estos tres títulos en concreto creo que son harto populares. No, en este libro ya conocía las películas de antemano, pero si es cierto que durante su elaboración, en la documentación, sí que he descubierto cientos de comedias sexuales que no sabía que ni que existían, sobre todo en los parámetros del cine exploit y la serie Z. Tantos de hecho, que me he dedicado a localizarlos, verlos y reseñarlos para la secuela de este libro que se centrará en las sex comedies de verdad desconocidas, la mayoría inéditas en nuestro país. Y me encuentro en la tesitura de que, o hago varios volúmenes, o cerceno más de la mitad, porque no puedo publicar un libro de mil y pico páginas…

Al final del libro, a modo de extra, aparecen unos anexos estupendos tales como una recopilación de fotocromos de algunos largometrajes, y diferentes listados de “películas favoritas” del género, tanto las tuyas como las de algunos invitados (Andrés Pajares, el escritor Jesús Manuel Pérez Molina, los cineastas Jack Pérez y Daniel F. Amselen…). Pero, al margen de las preferidas, ¿cuáles crees que serías las películas obligatorias que habría que ver para iniciarse en el género?

Obligatorias, sin duda, Desmadre a la americana, Porky`s, La revancha de los novatos, Despedida de soltero, Los incorregibles Albóndigas, American Pie y Resacón en las Vegas. Luego ya va a gustos, pero esas son las piedras angulares.

¿Y las más infectas? ¿Aquellas que sería mejor dejar a un lado?

Es que las infectas me interesan casi más que las buenas…

Anteriormente habías visto algunos de tus textos publicados en otras editoriales, como Raima Ediciones o Tempore. En cambio, aquí, tu ejerces también de editor, ya que diriges el sello Vial of Delicatessens junto a Ferran Herranz ¿Es muy diferente cuando tú eres el propio editor?

La diferencia radica únicamente en que tengo el control absoluto de lo que publico. Por lo demás, al ser los libros sobre cine un producto tan minoritario, editar con una editorial profesional no te va a hacer vender más libros. Así que en ese sentido no hay mucha diferencia. Pero sí, siendo yo el editor, lógicamente, me concede máxima libertad, algo que yo, para cualquier cosa que haga, necesito completamente.

Ya finalizando, ¿cuándo crees que saldrá ese segundo libro sobre comedias sexuales ignotas y/o de serie Z?

Antes tienen que salir mínimo dos libros míos que ya están acabados, así que va para rato.

Por último, ¿puedes hablarnos de los próximos lanzamientos de Vial of Delicatessens?

Pues en cuanto a películas, a nivel prensado y para distribución en grandes superficies, lo más inmediato será La lava en los labios de Jordi Costa, uno de esos “Little Secret Films” en el que distintos profesionales del sector hacían su película de bajo presupuesto en tan solo veinticuatro horas. Y también sacaremos en Dvd El vientre de Europa, la última película del vigués Juan Pinzás, que está ahora en su etapa más personal, libre y creativa. Un título muy minoritario y muy interesante.

En la línea underground saldrá el recopilatorio “Cortos caseros & Beyond” de Naxo Fiol que comprende una colección de cortometrajes que van desde sus últimos trabajos a la remasterización de varios de sus trabajos en celuloide. Un Dvd que yo creo indispensable para los seguidores de Naxo y del cine casero.

En cuanto a los libros, es decir a Vial Books, lo más inmediato será El libro de las mujeres y los hombres malos, una colección de micro-cuentos de terror escritos e ilustrados por Aida García. Y el siguiente será La casa de los horrores, un libro colectivo sobre la obra de Tobe Hooper coordinado por José Luis Salvador Estébenez y Carlos Díaz Maroto con el buen hacer y el rigor que acostumbran.

Muchas gracias Víctor, si quieres añadir algo más…

Muchas gracias a ti por la interviú, a la Abadía por la difusión, y al lector por leerla. ¡Un abrazo!

Javier Pueyo

Published in: on agosto 17, 2018 at 5:36 am  Dejar un comentario  
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Narcos

Título original: Narcos

Año: Italia, España (1992)

Director: Giuseppe Ferrara

Productores: Maurizio Mattei, Adolfo López Sojo, Massimo Vigliar, Maurizio Tedesco, Aldo Sambrell

Guionistas: Giuseppe Ferrara, Armenia Balducci

Fotografía: Stefano Moser

Música: Andrea Guerra

Intérpretes: Juan José Pinero (Jesús), José Maldonado (Miguel), Cristóbal Cornes (Diego), Adriana Sforza (Mercedes), Aldo Sambrell (el jefe), Alfredo Xavier Sánchez (Fernando), Petra de Domínguez (madre de Jesús)…

Sinopsis: Jesús, Miguel y Diego son tres jóvenes colombianos que entran a formar parte de una banda criminal relacionada con el tráfico de drogas y armas.

“Si no estás con la mafia de la coca, estás contra ella”. Con este inmediato y violento tagline se comercializó en nuestro país el largometraje Narcos, una extraña y hoy casi olvidada coproducción hispano-italiana filmada en Colombia y Venezuela bajo la dirección del cineasta Giuseppe Ferrara, un realizador adscrito por lo general al cine político que tanto proliferó en Italia en las décadas de los setenta y ochenta -suya es, por ejemplo, El caso moro (Il caso Moro, 1986), sobre el secuestro del Presidente Aldo Moro-. A medio camino entre el thriller de denuncia y el drama callejero, Ferrara parte de una serie de acontecimientos reales para narrar las vivencias de tres muchachos inmiscuidos en el peligroso mundo del narcotráfico colombiano. “Quería contar las consecuencias que la industria de la droga causa en el proletariado de Colombia”[1], comentó el director en una entrevista poco después de finalizar el rodaje.

La película nos presenta a Jesús, Diego y Miguel, tres adolescentes sin muchas posibilidades que entran a formar parte de una banda criminal, convirtiéndose en asesinos urbanos guiados por un jefe sin escrúpulos que les alecciona con execrables discursos. Es precisamente la parte centrada en su entrenamiento en una especie de “escuela criminal” la que sin duda rebosa más interés, ya que el espectador es testigo de la transformación natural por parte de unos chavales sencillos y hasta discretos, convertidos en auténticas máquinas de matar aleccionados por una serie de malhechores exentos de cualquier reparo. Todo ello contado con una sencillez narrativa, por momentos cercana al documental, que opta por una puesta en escena sin concesiones, mostrando un tipo de violencia que en ocasiones pone a prueba al espectador, aunque sin caer en el exceso gratuito. Y es que, ver a una serie de niños flirteando con las drogas o disparando a bocajarro puede conllevar más crueldad que un espectáculo salvaje orquestado por H. Gordon Lewis.

Por otro lado, la trama alterna diferentes pasajes personales de cada protagonista, con la intención de humanizar -aún más si cabe- la situación. Así, vemos como uno de ellos sueña constantemente con convertirse en un futbolista profesional o como otro inicia una relación sentimental con la hermana de su mejor amigo. Situaciones que en las manos equivocadas podrían desembocar en la sensiblería más vulgar, Ferrara las coloca con brillantez en determinados momentos de su metraje, hilvanando con todo ello una propuesta en apariencia sencilla e incluso inocua, pero que esconde un retrato cautivador de una realidad triste y angustiosa, aderezada con un problema racial también patente en el filme -en una escena el cabecilla de la banda sentencia aquello de “es preferible una tumba en Colombia que una celda en los Estados Unidos”-. Aterrador.

Filmada con escasos medios, pocos artificios y con actores en su mayoría desconocidos o directamente amateurs, Narcos logra, no obstante, adaptarse a las circunstancias debido principalmente a la mano de Ferrara, un director con años de rodajes a sus espaldas que supo aclimatarse de un modo admirable, sacándole todo el partido a sus recursos: “intenté representar una situación como si fuera un periodista con una cámara oculta”[2], comentó. En este sentido, el director apuesta por cargar todo el peso de la acción en las interpretaciones de tres jóvenes sin apenas bagaje, que protagonizan secuencias de tiroteos, sexo, persecuciones y drogadicción, las cuales acogen con notoriedad, dotándole un grado de realismo y veracidad al filme que difícilmente se hubiera logrado con un cast avezado. Hay que remarcar, eso sí, que en el elenco encontramos a un actor muy querido por los aficionados al cine de género como es el madrileño Aldo Sambrell, aquí en la piel del capo criminal que insta con sus malas formas a los protagonistas, cometido que el intérprete cumple a la perfección, acostumbrado como estaba a encarnar a todo tipo de villanos a lo largo de su extensa carrera, tal y como él siempre recordó: “pronto asumí el rol que me había tocado cumplir en el cine (…) he interpretado a los individuos más amorales de toda la fauna humana”[3]. A través de su productora Asbrell Productions, Sambrell participó además en la financiación del filme -“produzco aquellas películas que me parecen interesantes y que tienen un buen guión”[4]– y como curiosidad, mencionar que uno de los muchos secundarios que deambula por la trama es Alfredo Xavier Sánchez, hijo de Aldo Sambrell y, atención, ahijado del gran Sergio Leone.

Sintetizando, la película es un producto notable, no perfecto, claro, pero si lo suficientemente cautivador como para acercarse a él y dedicarle la debida atención. En lo que se refiere a su rodaje, comentar que la filmación estuvo plagada de incidentes, como suele ocurrir en este tipo de producciones, pues parece ser que por miedo a problemas con la auténtica mafia de Medellín, Ferrara y su equipo llevaron la grabación casi en secreto, con un título falso para no levantar sospechas, y rodando, como indicaba al inicio de la reseña, algunas de las secuencias en Venezuela, país al que Ferrara regresó muchos años después con motivo de una retrospectiva, declarando: “Narcos me gusta mucho, creo que es uno de mis mejores trabajos”[5]. Tras su estreno el director rodó otros cuatro largometrajes para cine, una tv-movie, además de participar en un filme colectivo junto a una treintena de cineastas. Finalmente, Giuseppe Ferrara falleció de un paro cardiaco el 25 de junio del año 2016 a los 83 años, dejando algunos trabajos inconclusos.

Javier Pueyo

[1] Extraído de “Ferrara nell´inferno del barrios colombiani”, artículo escrito por Roberto Rombi para “La Repubblica” (16 de octubre 1991).

[2] Op cit. 1

[3] Extraído del libro “Contra el tiempo”, escrito por José Manuel Serrano Cueto y editado en 2012 por Tyrannosaurus Books; concretamente del capítulo “Entrevista a Aldo Sambrell, el villano vallecano” (págs 121-175).

[4] Op. cit. 3.

[5] Declaración de Ferrara en una entrevista realizada por Jaime Bergamin, en Caracas, para el medio “EncontrARTE”.

Published in: on junio 22, 2018 at 5:38 am  Dejar un comentario  
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Un bounty killer a Trinità [vd:Un asesino en Trinidad]

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Título original: Un bounty killer a Trinità

Año: 1972 (Italia)

Director: Aristide Massaccesi (en los créditos se acredita a Oscar Santaniello -a.k.a. Oskar Faradine)

Productor: Oscar Santaniello

Guionistas: Aristide Massaccesi, Romano Scandariato

Fotografía: Aristide Massaccesi

Música: Vasili Kojucharov

Intérpretes: Jeff Cameron (caza recompensas), Caloguero Caruana (Paco, acreditado como Ted Jones), Enzo Pulcrano (Sancho, acreditado como Paul McCreen), Antonio Cantafora (Ramírez), Carla Mancini (Annie), Silvio Klein (el Sheriff), Ari Hanow (enterrador)…

Sinopsis: Los habitantes del pueblo de Trinidad deciden contratar a un caza recompensas para que les liberé del reinado de terror que impera en el lugar a causa de una banda de temibles maleantes.

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Aunque en muchas ocasiones a la hora de hablar de la filmografía de Joe D’Amato suele indicarse que su opera prima como realizador es La muerte sonríe al asesino (La morte ha sorriso all´assassino, 1973), filme de terror protagonizado por Klaus Kinski, lo cierto es que el director romano nacido con el nombre de Aristide Massaccesi intervino en la confección de un puñado de cintas previas que prefirió no firmar, adjudicándole su autoría a otros miembros del equipo. El por qué D’Amato quiso mantenerse en el anonimato se debe a que por aquel entonces su carrera profesional fluía por un camino más técnico, por así decirlo; según sus propias palabras “en aquel tiempo también trabajaba como director de fotografía para otros directores…y si la gente veía que ahora era realizador, me sería muy complicado volver a encontrar trabajo como director de fotografía, porque los directores no se hubieran sentido cómodos trabajando al lado de otro realizador[1]. De este modo, se sabe que Massaccesi dirigió películas como Scansati…a Trinità ariva Eldorado (1972) o la que aquí reseñamos, Un bounty killer a Trinità, en la cual Massaccesi aparece como co-guionista y director de fotografía, mientras que como director figura el nombre de Oskar Faradine, pseudónimo del productor Oscar Santaniello, un profesional habitual en la filmografía del propio D’Amato.

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Adscrita al género del eurowestern, tan de moda en aquellos años gracias a los filmes de Leone, Clint Eastwood, Lee Van Cleef y demás, Un bounty killer a Trinità es un filme que de alguna manera nace a rebufo de Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinità, 1970) de Enzo Barboni, película clave en la filmografía de los actores Bud Spencer y Terence Hill, definida por Carlos Aguilar como “un engendro(…) que consiguió un cuantioso éxito taquillero gracias a su astuta determinación de transformar el incesante sadismo del género en una jocosa cascada de peleas incruentas y mamporros casi en la tradición del slapstick[2]. El hecho de no lograr el beneplácito de gran parte de la crítica no impidió que, como decimos, la cinta fuese un bombazo a nivel comercial, catapultando al estrellato a sus dos protagonistas y generando una serie de películas pensadas para aprovechar la fama de su predecesora, ya sea imitando a la pareja protagonista -el caso más palpable fue el de Paul L. Smith y Michael Coby, clones de Spencer y Hill, respectivamente, en films como Nos llaman Carambola (Carambola, 1974)-, o bien colocando el nombre de Trinidad de un modo u otro en el título del filme. De ese modo surgieron largometrajes como Los fabulosos de Trinidad (1972) de Iquino o el título que aquí nos ocupa, Un bounty killer a Trinità, conocida en España gracias a su edición en vídeo como Un asesino en Trinidad e interpretada por Jeff Cameron (nacido Goffredo Scarciofolo, habitual en el western de serie B-Z) y Antonio Cantafora, que no era otro que Michael Coby, poco antes de americanizar su nombre y convertirse en duplicado de Terence Hill.

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En realidad, más allá del epíteto y de la posible conexión Cantafora-Hill, la cinta de Massaccesi poco tiene que ver con la de Barboni. Más bien nada, pues estamos ante un filme serio y adusto, alejado del cine cómico, protagonizado por un caza recompensas contratado por un pueblo aterrado por las fechorías de una banda delincuentes. Un título en absoluto indispensable para la historia del euro-western, carente de gancho cuyo mayor interés radica en el posible estudio de los inicios de la carrera de Massaccesi/Joe D’Amato, cineasta sin duda interesante y esencial en los circuitos del cine fantástico más sangriento gracias a obras de sobra conocidas como Demencia (Buioi Omega, 1979) o Gomia, terror en el Mar Egeo (Antropophagus, 1980). Eso sí, que nadie espere encontrar en Un bounty killer a Trinità un festival gore de crueldad y terror, pues aunque la trama podría propiciar algunos momentos feroces -los maleantes aquí retratados presentan sus malas formas en todo momento, asesinando, por ejemplo, a un par de jovenzuelos ante la atenta mirada de su padre-, la violencia aquí se muestra comedida en la pantalla. Aparecen los típicos tiroteos, por supuesto, pero no existe una recreación en la truculencia física por parte del director. Por contra, sí vemos que tras las cámara se haya un hombre preocupado por la fotografía, pues a lo largo del metraje nos encontramos con algunos encuadres rebuscados, como aquel en el que el protagonista mira a través de su revolver -la pantalla queda completamente en negro, a excepción de una pequeña abertura situada a un lado para mostrar el ojo del personaje- o esos bellos travellings mostrando al héroe escondido tras unos carruajes. Massaccesi muestra así distintas ideas que son de agradecer, otorgando cierta modernidad a la propuesta y sin entorpecer en ningún momento el seguimiento de los sucesos.

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Pero a pesar de las buenas formas de D’Amato en la parte técnica -acompañadas de una correcta banda sonora del compositor búlgaro Vasili Kojucharov-, la película no pasa de ser un discreto entretenimiento, carente de misterio al no crear una sinopsis que invite a la indagación por parte del espectador. Dicho de otro modo, el guion muestra sus cartas en todo momento sin reservar sorpresas, desarrollándose los hechos según un esquema totalmente homogéneo. Por ejemplo, entre los directivos del pueblo en el que transcurre la acción se encuentra un infiltrado, alguien que no duda en trabajar con el clan criminal, pero en lugar de jugar con el suspense encubriendo su identidad, el libreto co-escrito por Massaccesi y Romano Scandariato lo identifica casi al inicio del metraje, estropeando una posible sorpresa para la audiencia. Claro está, que Massaccesi y su equipo no estaban por la labor de construir una trama de intriga, más bien se nota que el proyecto nació para contentar a un público deseoso de ver en la pantalla a los personajes más comunes del género, aderezando la función con las habituales secuencias de balazos, peleas en el saloon y galopadas trepidantes. Eso sí, Massaccesi enfunda a su protagonista -además de con las necesarias pistolas- de una ballesta, un arma silenciosa, según los diálogos, lo cual le dota de cierta virtud, un pequeño toque de distinción ante sus enemigos, creando secuencias de indudable encanto en el último acto del filme.

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Dos curiosidades antes de cerrar el texto. La primera es que algunos planos concretos de Un bounty killer a Trinità fueron aprovechados de un largometraje anterior, Black Killer [dvd: Black Killer, 1971] de Carlo Croccolo, proyecto, claro está, producido también por Oscar Sanrtaniello. La segunda anécdota reside en que algunas fichas técnicas afirman que la película estuvo dirigida por el célebre Demofilo Fidani, autor de westerns como Arrivano Django e Sartana…è la fine [dvd: Django y Sartana, 1970] y detestado por infinidad de críticos e historiadores. La confusión probablemente se encuentre en el hecho de que Fidani trabajó en infinidad de ocasiones junto a Joe D’Amato, y en algún momento determinado sus nombres se debieron mezclar en la confección de un cartel u otro tipo de reclamo publicitario.

Javier Pueyo

[1] Declaración extraída de la entrevista a Joe D’Amato incluida en el libro “Cannibal!: The Most Sickening Consumer Guide Ever!” (Stray Cat, 1995) de John Martin, pág. 113.

[2] “Sergio Leone” (Cátedra, 1999) de Carlos Aguilar, pág. 116.

Published in: on abril 13, 2018 at 5:25 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Iván E. Fernández Fojón, autor de “Bruceploitation: los clones de Bruce Lee”

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A finales de 2017 la editorial Applehead Team lanzó a la venta Bruceploitation: los clones de Bruce Lee, un libro sin duda indispensable para todos los aficionados al cine de artes marciales, al tratar un tema bien conocido por los fans del Pequeño Dragón y de la cultura oriental en general, pero a la vez pocas veces tratado en un ensayo. Esta obra nos introduce en un mundo dominado por personajes como Bruce Li, Bruce Le, Bruce K.L. Lea o Dragon Lee, nombres todos ellos creados por codiciosos productores que fabricaban películas con las que tratar de llenar el vacío que supuso la muerte del protagonista de Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973). Gesta imposible, claro está, pero dicha ola trajo consigo una serie de títulos que iban desde la gracia cómplice hasta la abominación extrema, pasando por el divertimento freak al supremo aburrimiento, escondiendo, también, algunas joyas dignas de mención.

El autor del libro es Iván E. Fernández Fojón, madrileño nacido en los 70 y colaborador habitual de revistas como “Acción” o “Dragonz Magazine”. Bruceploitation: los clones de Bruce Lee es su primera obra editada, y con él conversamos para que nos explique cómo desarrolló el proyecto.

¿De dónde proviene tu afición al cine de artes marciales?

Fue mi padre quien me metió en ese mundo, alquilando todo tipo de películas de artes marciales. También tenía muchas revistas “Dojo”, desgastadas y hechas polvo de leerlas y releerlas. Nunca las ha practicado pero siempre le han gustado, y yo, al ver todo esto, me sentí fascinado y enamorado de las artes marciales y su cine.

A la hora de escribir tu primer libro te has decantado por analizar el tema de los clones de Bruce Lee. ¿En todo momento tuviste claro que este iba a ser tu debut, o te planteaste otros contenidos?

Llevaba tiempo con algunos proyectos en la cabeza al respecto e incluso empecé a desarrollar uno de ellos, pero cuando Applehead Team me propuso un libro y salieron varios temas, tuve claro que la Bruceploitation tenía que ser mi primer libro.

En mi opinión se trata de un magnífico libro, muy completo. Me gusta mucho como está estructurado; primero con la introducción sobre quién era Bruce Lee, después explicas el nacimiento del bruceploitation, te detienes en los clones más importantes, hablas de la influencia de Bruce en otros medios… Imagino que fue complicada la elaboración del índice, ¿cómo lo confeccionaste?

Siguiendo un poco la lógica. Cuando se habla de los clones, se suele mencionar sobre todo a los tres principales, pero si quería hacer un recorrido por todo el subgénero, para conseguir que además se entendiese la importancia que tenía, había que hablar del Pequeño Dragón primero, a modo de recordatorio ya que fue el origen de la Bruceploitation. A partir de aquí lo mejor era analizar los clones principales antes de dar paso a otros clones, buscando la importancia de cada clon para ordenarlos y finalmente hablar de la explotación de Bruce Lee en otros medios y llegando a nuestra época. Recordemos que hoy en día la Bruceploitation sigue existiendo, por lo que ordenar todo de forma cronológica era lo mejor.

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Como digo, no hablas únicamente de cine, pues dedicas ciertos espacios a otros medios, como los cómics o los videojuegos que se han visto influenciados por Lee. Pero, ¿ha habido algún tema que por falta de tiempo o espacio no hayas podido desarrollar?

El coleccionismo alrededor de la figura de Bruce es un tema muy interesante que forma parte de la Bruceploitation y hubiese estado bien haber podido meter algo, pero también es un asunto demasiado amplio como para haberlo incluido en este libro.

Imagino que muchos de los filmes de los que hablas en las páginas de tu libro son títulos que ya conocías. ¿Pero has descubierto nuevas películas? ¿Cintas que por la razón que sea no habías visto y has visionado ahora por primera vez?

Sí, he descubierto muchas películas. Este subgénero llegó a España en los ochenta, y a pesar de editar a veces las mismas películas con otros títulos, no se estrenó todo. Mientras escribía el libro e investigaba, aparecían películas que nunca llegaron a nuestro país. También algunos de los clones principales hicieron colaboraciones puntuales en películas de países como la India o Camerún, y en aquella época, películas de estos lugares no solían estrenarse ni en vídeo, por lo que ha sido la primera vez que he sabido de ellas y he podido verlas. Eso por no hablar de muchas producciones que van desde la serie B a la Z que usaron la imagen de Bruce como reclamo y que, de nuevo, nunca llegaron a estrenarse en ningún formato físico en España.

En el libro aparece una interesante entrevista al cineasta Godfrey Ho, mítico realizador de películas de serie B, responsable de cintas como Dragón, puño de serpiente (Xue zhan wu ying quan, 1979), protagonizada por Dragon Lee. ¿Tanteaste la posibilidad de entrevistar a otros realizadores que trabajaron con los clones de Lee, o incluso con actores como Bruce Leung o Bruce Li?

Si, estuve intentando localizar tanto a los clones principales como a otros más secundarios, pero es muy complicado encontrarles y conseguir una respuesta de ellos. Desde Ramón Zamora pasando por Nihat Yigit, clones filipino y turco respectivamente. Algunos nunca contestaron y con otros tuve un pequeño acercamiento pero sin dar frutos.

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Existen infinidad de libros sobre Bruce Lee. Me vienen a la cabeza los que escribió su alumno Jesse Glover o el excelente ensayo confeccionado por Marcos Ocaña, por no hablar de los que se han editado en base a las enseñanzas y opiniones del propio Lee. Sin embargo, hay pocos que estudien el fenómeno Bruceploitation, al punto de que en España el tuyo es el primero. ¿A qué crees que se debe?

Sinceramente, no lo sé con certeza. Somos una generación que ha crecido viendo estas películas, disfrutándolas y convirtiendo la Bruceploitation en un género de culto. Quizás también se deba a la desinformación actual. Existen muchos fallos en los datos que rodean este tema y es uno de los temas que más ha costado ordenar. Fechas de estrenos, títulos, falsos clones en listados recopilatorios, películas fantasmas… Y encima los tentáculos del subgénero se extienden en muchas direcciones. Todo esto puede dar miedo una vez que te metes de lleno, y más viendo que es el primer libro en castellano sobre el tema, no quieres que haya ningún error y ser lo más completo posible. Puede que este haya sido uno de los motivos por el que no hay nada más en nuestro idioma. Sí hay algún compendio en inglés, pero poco accesible y promocionado, como si no pensasen que la Bruceploitation mereciese un reconocimiento como el que merece.

Vamos a detenernos ahora en tus gustos personales. ¿Cuál de las películas protagonizadas por Bruce Lee sería tu favorita? Algunos indicarían El furor del dragón (Meng long guojiang, 1972) por ser la más personal; otros prefieren Operación Dragón por ser la que presenta una mejor producción…

Operación Dragón es mi favorita, seguida muy de cerca por El furor del dragón. Operación Dragón es una obra cumbre del cine marcial y muy importante por lo que representa para Bruce, los chinos y el propio género. El furor del dragón es, como dices, muy personal, y además aparece el denominado “Combate del siglo”, contra Chuck Norris. Un atisbo de lo que Bruce podría ofrecer como cineasta completo. Detrás iría Furia oriental (1972) con ese final mítico y con unas apariciones de Bruce brutales, desplegando todo su carisma. Karate a muerte en Bangkok (1971) y Juego con la Muerte (1978) son las peores, con sus aciertos, claro, básicamente la presencia de Bruce y sus peleas, sobre todo en la última, Juego con la muerte, toda una maravilla coreográfica, pero que en la versión que se estrenó tenía un guion horrible.

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Bruce Li

¿Y quién es el mejor clon? El que bajo tu punto de vista tiene mejores títulos en su filmografía…

Bruce Li es mi preferido. Nos sólo fue el primer clon, si no que era el que mejor técnica tenía y quien más intentó separarse de la sombra de Bruce. Su filmografía es bastante superior que la de los otros dos clones. Luego hay casos excepcionales como Danny Chan o Bruce Leung, pero con trabajos puntuales sobresalientes.

Tal y como explicas en el libro, dentro del bruceploitation podemos encontrar películas encuadradas en diferentes géneros: dudosos biopicsLa última aventura de Bruce Lee (Bruce Lee: true story, 1976)-, películas de corte sobrenatural como El dragón ataca (Lee sam geuk wai jan dei yuk moon, 1977), pseudobondsDimensión mortal (Death dimension, 1978)-… ¿En qué corriente te gusta más encontrarte con un clon de Bruce Lee?

Me gusta mucho ver las películas que parecen escritas para Bruce Lee pero que al morir nunca hizo. Es decir, películas con historias originales pero con el clon de turno imitando a Bruce. También me entretienen mucho los remakes o pseudo-remakes, que usan todo el microverso de Bruce, con secuencias de varias películas, vestuario, nunchakus… mezclado todo en una alocada película. Por último me gustan los biopics, pero por las ganas de encontrarme con uno que plasme de verdad la vida de Bruce, algo de momento que no se encuentra del todo.

Y del universo bruceploitation, ¿cuáles serían los títulos imprescindibles? En tu libro hablas muy bien de El golpe de la muerte (Long de ying Zi, 1984) con Bruce Li, o del homenaje que realizó Sammo Hung, Le llamaban Dragón Gordo (Fei Lung Gwoh Gong, 1978), por ejemplo.

Esos dos títulos son esenciales, de lo mejor. Después hay películas que por distintos motivos son igualmente imprescindibles, como El Tigre vuelve al ataque (1977), Combate mortal (1978), Duelo del Dagón y el Tigre (1980), La saga de Bruce Lee (1980) o Peleas callejeras (1982) Por último hay otras películas que merecen un visionado por lo bizarras que son, como El Dragón ataca. Viendo estas y añadiendo alguna de Jim Kelly o Ron Van Clief se cubre perfectamente las películas básicas de la Bruceploitation.

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¿Qué opinión te merece el cine de artes marciales actual?

Está de capa caída, la verdad. Hay títulos puntuales como Redada asesina (2011), Boyka: Invicto (2016) o la saga de Ip Man con Donnie Yen, pero al margen de esto, poco. Viendo el volumen de producciones y la calidad media, se nota un bajón de calidad en el género. Los intentos de lanzar a nuevas estrellas como Alain Moussi en el remake de Kickboxer (1989) no han sido los esperados, y las viejas estrellas mantienen el tipo dignamente, pero sin nada sobresaliente. Scott Adkins en occidente, Donnie Yen en Asia, con Jet Li medio retirado, Jackie Chan disfrutando de su reinado sin complicarse mucho, Tony Jaa haciendo cositas en Hong Kong, con sus altibajos… Conseguimos disfrutar de dos o tres títulos como mucho al año de calidad notable, dejando muchos productos inferiores entre medias de cada estreno potente. Al menos este 2018 pinta bastante bien. Otra cosa es que tenga continuidad y disfrutemos de una nueva era dorada del cine marcial.

Una última pregunta, ¿estás trabajando en algún otro proyecto editorial?

Si, en estos momentos estoy ocupado con otro libro del que de momento no puedo adelantar nada, pero va por muy buen camino, con información de primera mano y en el que estoy muy ilusionado. Espero poder decir algo más pronto.

Javier Pueyo

Published in: on marzo 26, 2018 at 5:27 am  Dejar un comentario  
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Colegialas violadas

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Título original: Die Säge des Todes / Colegialas violadas

Año: 1981 (Alemania, España)

Director: Jesús Franco

Productores: Wolf C. Hartwig, Otto Retzer

Guionista: Erich Tomek [acreditado como Rayo Casablanca]

Fotografía: Juan Soler

Música: Gerard Heinz (canción “Love in the Shadow” compuesta por Frank Duval)

Intérpretes: Olivia Pascal (Angela), Alexander Waechter (Miguel), Jasmin Losensky (Inga), Corinna Drews (Laura), Ann-Beate Engelke (Eva), Jesús Franco (Domingo), Christoph Moosbrugger (Álvaro), Nadja Gerganoff (Manuela), Peter Exacoustos         (Antonio), María Rubio (Condesa María González), Antonia García (Elvira), Beatriz Sancho Nieto (Rita), Otto Retzer (Bueno)…

Sinopsis: Unos asesinatos en una academia de idiomas coinciden con el momento en el que Miguel sale del psiquiátrico en el que estuvo recluido debido a unos terribles crímenes ocurridos años atrás, y con la llegada al campus de un grupo de alumnas de nacionalidad alemana.

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Si algo ha caracterizado a Jesús Franco a lo largo de toda su trayectoria, al margen de sus cuestionadas estratagemas para rodar varias películas con el presupuesto de una sola, fue la variedad. Y es que pocos son los realizadores que han abordado tantos géneros (y subgéneros) diferentes en una única filmografía; pero el director madrileño se atrevió con todo o casi todo: comedias, dramas, musicales, pornografía, cine de espías, filmes de aventuras de carácter infantil, cintas encuadradas en la moda bruceploitation… Lo importante era rodar y seguir activo, algo que demostró hasta sus últimos días filmando diferentes películas de bajísimo presupuesto. En una ocasión mencionó “solo hay dos cosas a las que siempre me negué: la llamada comedia del destape y los westerns, esto último porque amo demasiado a Howard Hawks y a John Ford”1.

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Dicho esto, y siendo Franco un cineasta acostumbrado al cine de terror -son mayoría los que afirman que sus mejores obras son aquellas adscritas al horror y al fantastique-, no debe extrañarle a nadie que en plena moda del cine slasher promulgada por nombres como los de John Carpenter o Sean S. Cunningham, el director de 99 Mujeres (1969) aportara su granito de arena a tan popular e importante vertiente con el filme que aquí nos ocupa, Colegialas violadas. Pero la idea de incursionar en dicho universo no fue suya, si no de la productora Lisa Films, quienes tras ver el éxito que originó Viernes 13 (Friday the 13th, ,1980) no dudó en activar la realización de un proyecto en cierta manera parecido, pero lejos en realidad de ser un calco claro -como si lo fue La quema (The Burning, 1981) de Tony Maylam, por ejemplo-. Así, la acción de la película sucede en España, concretamente en una academia de idiomas situada en un complejo hotelero de la Costa del Sol; los personajes protagonistas son, por un lado, un grupo de estudiantes alemanas y, por otro, la familia dueña del emplazamiento con dilemas por culpa de los papeles de propiedad de las instalaciones. Bellas mujeres, hombres con la cara desfigurada y jardineros perturbados son sólo algunos de los arquetipos que podemos ver a lo largo del metraje, en una trama llena de armas blancas y planos subjetivos y que, resumiendo, no es otra cosa que un whodunit ultragore realizado por encargo por Franco. Una misión que, según el propio director2, trató de ejecutar de la manera más divertida posible, alejándose del drama y apostando por un aire festivo que invite a la jarana y al entretenimiento puro y duro. Decir, además, que cuando Franco recibió el proyecto trató de aportar algunas ideas al guion, pero según parece todas sus propuestas fueron replicadas con una negativa. Aun así siguió adelante con los planes de los productores, rodando la película en unas pocas semanas y estrenándola a principios de 1981 con relativo éxito.

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Convertida con los años en un título de culto, incluso venerado por ciertos circuitos que no dudan en catalogarlo como uno de los más destacados trabajos de su realizador, Colegiales violadas es, en cierta manera, un filme disfrutable. Y es que, aunque el despropósito se manifieste a menudo -se aprecian saltos de ejes, la mayoría de los diálogos son un disparate y algunas circunstancias son absolutamente delirantes, incluyendo un torpe y risible homenaje a Psicosis (Psycho, 1960) en un momento determinado-, y lejos de poder calificarla como una buena película, sí podemos asegurar que Die Säge des todes (así se tituló originalmente, cuya traducción literal vendría a ser “La sierra de la muerte” 3) al menos está dotada de buen ritmo (atributo loable, tal y como saben los cinéfilos más franquianos), tiene una resolución en cierto modo sorprendente y, sobre todo, unos pasajes sangrientos que, por puro delirio merecen ser vistos, y más viniendo de un cineasta que aborrecía el espectáculo sanguinolento: “creo que es mejor ver a dos personas follando que destrozándose, porque una cosa da origen a la vida y la otra a la muerte”, decía Franco4. También podemos distinguir algunas escenas ciertamente bien desarrolladas, siendo la mejor, a mi juicio, aquella en la que una mujer está tumbada en su cama leyendo una novela de misterio al tiempo que el asesino estrella entra en la casa, recreándose así, en paralelo, los textos leídos por la muchacha; Franco conjuga aquí bien todos los elementos creando una magnífica atmósfera enigmática que llega a recordar a los mejores momentos de los filmes creados por el director en la década de los sesenta. Lástima, como decimos, que tal brillantez sea efímera y pronto el realizador regrese al desastre y a las malas formas, consecuentes tal vez de la búsqueda de esa algarabía rastreada por el director. Buscada y sin duda encontrada, para bien y para mal. Y por extraño que parezca, Colegialas violadas funciona como un mero pasatiempo, un ejercicio de distracción que en el fondo logra su propósito.

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Como curiosidad, mencionar que en la ficha técnica de la película nos topamos con dos nombres imprescindibles en la filmografía de Franco. Por un lado, en el equipo de producción se encontraba Antonio Mayans, esta vez sin aparecer frente a la cámara, pero sí gestionando diferentes asuntos concernientes al rodaje; de igual modo, la musa Lina Romay trabajó en el filme pero sin desempeñar un papel, colaborando con el equipo de ayudantes de dirección. “Siempre procuro trabajar con el mismo equipo porque así les tengo que explicar menos cosas”, le declaró Franco a Augusto M. Torres en una entrevista5. Siguiendo con aquellos que obraron en la cinta, podemos mencionar una anécdota  referida al apartado musical y es que cuando a Franco le ofrecieron encargarse del filme, los productores le prometieron que en la banda sonora contaría nada menos que con los británicos Pink Floyd. “Todo fueron mentiras…Pink Floyd nunca apareció, en cambió contamos con un músico austriaco que era más o menos bueno ¡pero evidentemente no era Pink Floyd, ya que en ese momento Pink Floyd eran los reyes!”6

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En la misma década de Colegialas violadas hubo otros acercamientos nacionales al subgénero slasher, como es el caso de la fallida Atrapados en el miedo (1985) de Carlos Aured -curiosamente producida por Karl Heinz Mannchen, hombre que estuvo detrás de multitud de títulos de la filmografía de Franco, Necronomicon [1969] o El muerto hace las maletas [1972], por ejemplo), aunque sin duda fue Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón la mejor aportación patria a la corriente. Acabado el periodo de los ochenta, el movimiento casi desapareció de las carteleras hasta su resurgimiento y, por lo tanto, renacimiento mundial a mediados de los noventa  gracias principalmente a Wes Craven y su excelente Scream: vigila quién llama (Scream, 1996); así, España aportó nuevos largometrajes, entre otros Tuno negro (2001), School Killer (2001) o Más de mil cámaras velan por tu seguridad (2003), ninguno de ellos, por cierto, poseedor de la gracia y encanto de Colegialas violadas. Por su parte, Franco no regresaría jamás a la fórmula del slasher, al menos de manera tan nítida, pero si volvió a trabajar con los mismos productores alemanes poco después en películas como Orgía de ninfómanas (Linda, 1981), un filme posiblemente más representativo en el conjunto de la obra del director encuadrada en el decenio de los ochenta.

Javier Pueyo

1 Declaración extraída de la entrevista realizada a Franco por Javier Bustos para el portal Factory Vips (www.factorymag.es); publicada el 5 de abril de 2009.

2 Ver la entrevista confeccionada por David Gregory aparecida en los extras de la edición en DVD de la película, publicada por Severin Films en 2008.

3 Tal vez el título más conocido del filme sea el inglés Bloody Moon, pero el más llamativo probablemente fuese el que tuvo en Italia, Profonde tenebre, en un intento de conectar la película con la moda del cine giallo de Argento y compañía. Aclarar, además, que Jesús Franco nunca estuvo contento con el título español, ya que, al contrario de lo que pueda parecer, a lo largo de la trama no hay ninguna violación, tratándose pues de una ridícula artimaña de los distribuidores nacionales.

4 Declaración extraída de la entrevista realizada por Juan Cruz para el reportaje “Jesús Franco: el cineasta feliz”, aparecido en El País Semanal en el verano del año 2000.

5 Página 20 del libro “Cineastas insólitos: conversaciones con directores productores y guionistas españoles”; escrito por Augusto M. Torres, editado por Nuer Ediciones en el año 2000.

6 Op. cit. 2

Entrevista a Gustavo Leonel Mendoza, director de “Culto al terror”

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Desde hace algunos años, la sección Brigadoon del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya dedica un enorme espacio de su programación a las películas de género documental. Y esta pasada edición de 2017 no ha sido diferente, como pudo comprobarse con la proyección de cintas como Omega Rising (2017), Paco Pérez-Dolz: un cineasta a tiro limpio (2014) o Nos interestícos da realidade ou o cinema de António de Macedo (2016). Otra de las películas que fueron exhibidas a lo largo de las casi dos semanas que duró el certamen fue Culto al terror (2017), reportaje que homenajea al género fantástico en su vertiente más terrorífica examinando los apartados más influyentes y representativos, incluyendo, además, numerosas declaraciones de figuras clave de la industria del cine. El realizador argentino Gustavo Leonel Mendoza es el director de tan interesante largometraje, y con él charlamos para confeccionar la siguiente entrevista.

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Recientemente has estrenado en el Festival de Sitges Culto al terror, un documental en el que realizas un extenso repaso al cine fantástico y de terror a través de las opiniones y anécdotas de personajes tan conocidos como Barbara Crampton, Robert Englund o José Mojica Marins. ¿Es el terror tu género favorito?

Sí, por supuesto. Como dice Pablo Guisa del Festival Mórbido de México “el género de terror es mi desayuno, almuerzo y cena. ¡Es mi vida!”

Y dentro de un género tan amplio como el fantástico y el terror, ¿con qué vertiente simpatizas más como espectador? Slasher movies, cine de zombis, giallo

Creo que de todo un poco. Me gusta mucho la combinación del miedo y gore con el horror, como en los casos de Mal gusto (Bad Taste, 1987), Terroríficamente muertos (Evil Dead II, 1987), Noche de miedo (Fright Night, 1985) o la saga de Freddy Kruegger. El resto de esos géneros los sigo también, claro. Y ver films de horror puro y duro son mis elecciones también.

Anteriormente habías realizado otros documentales, como Nadie inquietó más (2009) -sobre la figura de Narciso Ibáñez Menta- o Ciudadano Piria (2014), en relación al creador de la ciudad de Piriápolis. ¿Cómo nace Culto al terror y en qué momento decides cambiar de registro y examinar un género cinematográfico en lugar de un personaje concreto?

Tenía pensado rodar un documental sobre un personaje importante del género fantaterrorífico, pero por diferentes razones el proyecto no se pudo realizar. Y en 2015, cuando me encontraba volando desde Argentina hacia el Festival de Sitges, pensé “¡hagamos un documental sobre el género de terror!”. Y qué mejor lugar que empezarlo allí, en el festival de festivales…

Como es un tema que conozco de niño, soy coleccionista de películas, libros, fanzines (incluso españoles) y también soy fanático de visitar festivales de cine (¡son las mejores vacaciones!), quise hacer un trabajo sobre los temas que me interesaban. Luego investigué todo lo que podía cubrir en mi país (un bar dedicado a El resplandor (The Shining, 1980) y a Suspiria (Suspiria, 1977), un videoclub dedicado al género de terror, la Comic Con (a la que asistió Robert Englund), la Zombie-Walk argentina…) y posteriormente comencé con el tema de los viajes, visitando determinados lugares de Madrid o Barcelona, por ejemplo.

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Gustavo junto a William Friedkin durante la pasada edición del Festival de Sitges.

Tal y como comentas, en el documental hablas de diferentes temas. Obviamente analizas algunas de las películas más importantes, como la saga de Freddy Kruegger o Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock, pero también dedicas un espacio importante a los fanzines de género, a los festivales de cine fantástico o a las tiendas especializadas como Metaluna (Paris), Profondo Rosso (Roma) o Freaks (Barcelona). ¿Fue muy complicado estructurar toda la información para crear una película de dos horas de duración?

¡Absolutamente! Digo que cada proyecto son como pequeños “Fitzcarraldo’s”, como el filme de Werner Herzog que sube un barco a una montaña. Sobre todo si eres del cuarto mundo como yo, donde todo se hace más difícil, sin dinero de subvenciones ni ayudas oficiales. Por suerte, el cine es un trabajo en conjunto, y tuve la colaboración de varios amiguetes, como Jorge Adsuara del Festival Fantasti’cs, que filmó a varios especialistas y fans en Valencia y Castellón, o Ygnacio Cervio que entrevistó a Luiggi Cozzi en Roma y a David Blyth y Pete Ellot en Nueva Zelanda. Y todo ello con el agregado monster-rockero de la banda Motorzombis y su master brain Dani Moreno, del país catalán (jaja).

La edición fue una locura. Para que te hagas una idea conté con cinco editores, sumado a mi compaginación, donde decidía que iba con qué. Realmente puse todo lo que me interesaba acerca del género de terror. Por razones de espacio temporal, quedaron fuera algunas historias de la televisión, un local en un parque de Argentina dedicado a Stephen King y una secuencia sobre cine neozelandés de género. ¡No se puede poner todo! (Jaja)

También tuve colaboraciones de las autoridades de los festivales: Fantaspoa (Brasil), Frightfest (Inglaterra)… Pablo Guisa de Mórbido (México), me cedió unas imágenes impresionantes de lucha libre, y también usé las intros de las presentaciones de los festivales Buenos Aires Rojo Sangre y de Sitges. A todos ellos, les estoy muy agradecido.

 ¿Cuantos años te ha llevado la realización? Imagino que a la hora de editar te enfrentaste a un buen número de horas de brutos…

Dos años, todo un récord si lo comparamos con Nadie inquietó más, que necesité cinco años y medio, y Ciudadano Piria, seis años. Ahora quisiera filmar como hace Takashi Miike, que te hace dos películas por año (jaja).

Ya hemos mencionado a algunos de los profesionales que aparecen en tu película -podríamos añadir a muchos más como Ruggero Deodato, Paco Plaza, Mick Garris o Ángel Sala-, pero ¿hay alguien que no aparezca en el documental y que te hubiera hecho especial ilusión?   

Realmente estoy muy contento con todos los entrevistados que están en esta película y cuánto nos costó a mí y a mi mujer, Maro, conseguirlos. Me hubiera gustado tener a John Carpenter, George Romero y Wes Craven, pero todo no se puede… ¡Ah! Y hubo un periodista de espectáculos argentino que me pidió aparecer en la película, que le llevara a un bar con mujeres bailando y que cada media hora tuviese un trago en la mano. Por razones éticas y económicas no está. Esto es real, aunque sospecho que también bromeaba un poco…

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Maro, mujer y colaboradora de Gustavo, Barbara Crampton y Gustavo.

En tu opinión, ¿Culto al terror está más enfocado a un público que conoce bien el género o a aquellos espectadores que pretendan iniciarse en el mismo?

Es claramente una película para fans acérrimos: para el fan coleccionista de fanzines, dvds, blu-rays de género, que compra monstruos de plástico, que va a las comic-con y se disfraza; aquel que no se pierde un Festival de Sitges, o un Buenos Aires Rojo Sangre; aquel que tiene tatuajes de Bruce Cambpell o del monstruo de la laguna negra; aquel “camiseta negra” que usa imágenes de pesadillas en su pecho y que por supuesto, las luce con orgullo freaky. Aunque también son bienvenidos los vírgen@s del terror. ¡Nadie nace sabiendo!

Siguiendo un poco con la pregunta anterior, ¿qué películas son, según tu criterio, fundamentales en el género? Aquellas que nadie debería perderse…

Ahh, ¡esta es la difícil! En este documental una de las premisas era escuchar a los fans, especialistas y estrellas mundiales, y preguntarles cuál era su película preferida o la que le había dado más pavor. En mi caso, comienzo con El más allá (…E tu vivrai nel terrore! L’aldilà, 1981) de Lucio Fulci, pasando por La cosa (The Thing, 1982) de John Carpenter, Demons (Dèmoni, 1985) de Lamberto Bava, Suspiria de Argento, El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974) de Tobe Hooper, Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) de Murnau, The Ring (El circulo) [Ringu (The Ring), 1998], de Hideo Nakata, La residencia (1969) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Chicho Ibáñez Serrador, Babadook (The Babadook, 2014) de Jennifer Kent, It Follows (It Follows, 2014) de David Robert Mitchell, Sinister (Sinister, 2012) de Scott Derrickson, Obras maestras del terror (1960) de Enrique Carreras, Narciso Ibáñez Menta y Chicho Ibáñez Serrador, las películas de Paul Naschy… ¡Hay mil más!

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Gustavo durante un momento de la presentación de “Culto al terror” en su pase en la sección Brigadoon del Festival de Sitges.

Como hemos dicho, Culto al terror conoció su estreno al público en la pasada edición del Festival de Sitges, concretamente en la sección Brigadoon. ¿Cómo fue la proyección?

¡Fantástica! Tuvimos a la misma hora el cierre del festival con un King Kong y La Fura dels Baus, y aun así… ¡la sala estuvo llena! Hubo una gran recepción por parte del público, y fue curioso ya que algunos espectadores se reconocieron en la pantalla, por ejemplo en la escena en que se ve a un grupo de gente haciendo cola para entrar en el cine Prado de Sitges. Sitges es todo.

¿Qué recorrido le espera a Culto al terror

Después de Sitges se ha pasado en Ciudad de México, y luego irá por varios festivales que ya me han confirmado. Y esta película está realizada sin ánimo de lucro, por eso, donde la inviten, estará.

Y en tu faceta de espectador, ¿te gusta el género documental? ¿Tienes algún título de referencia?

¡Ahh! ¡Me fascina! En el documental puedes hacer política y al mismo tiempo hablar de lo que te gusta. Por eso es tan importante el tema que elijas, porque puede hacerse denso con el tiempo y si no lo amas, te costará más. Sigo mucho la obra de los maestros Werner Herzog y Michael Moore, ¡tienen ediciones geniales! Amo también la estética sobrenatural de los films de Godfrey Reggio, con sus maravillosas Powaqqatsi (1988) y Koyaanisqatsi (1982). Puro arte. ¡Y hay muy buenos sobre el género! Ah, pero vean Culto al terror que es mejor, jajaja.

Tras haber realizado varias obras de carácter documental, ¿te gustaría incursionar en la ficción?

Sí, por supuesto. Ya en mis comienzos, años 2002, 2003, había hecho cortometrajes en Super 8 y en 16 mm de ficción. Planeo filmar unos guiones que escribe mi mujer, Maro Villamarin, sobre leyendas autóctonas argentinas, que son geniales. Ella también me asiste e hizo sonido, cámara y DF para mis dos últimas películas.

Por último ¿estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Ahora no, estoy en plena campaña para mostrar Culto al terror. Y tengo que analizar estos guiones que te contaba antes. ¡Todos son muy buenos!

Muchas gracias Gustavo, si quieres añadir algo más…

¡Que consuman lectura y cine de género! La cultura nos hace disfrutar de nuestra existencia y pensar. De esa manera seremos individuos originales y creativos.

Javier Pueyo

Published in: on noviembre 22, 2017 at 6:56 am  Dejar un comentario  
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Adiós a Antonio Isasi-Isasmendi

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Antonio Isasi recibiendo el Premi ACIB en la ceremonia FILMACIB 2016.

El pasado 28 de septiembre falleció en Ibiza, a la edad de noventa años, el realizador madrileño Antonio Isasi-Isasmendi, responsable de películas como Estambul 65 (1965), Las Vegas, 500 millones (1968) o Un verano para matar (1972), esta última poseedora, en opinión de Quentin Tarantino, de la mejor persecución en moto de la historia del cine. Tuve el honor de conocerle a finales de 2010, en Mallorca, cuando SOPEBA (Sociedad de Pediatría Balear) le invitó a participar en un coloquio para que explicara algunas de sus experiencias en el mundo cine. Acudí al evento en representación de una revista de tirada balear llamada Fancine con el fin de realizarle una entrevista, algo a lo que Isasi accedió amablemente. Aunque nuestra charla duró poco tiempo, pude comprobar que, además de ser un gran director, era una persona extraordinaria.

Tras ese encuentro volvimos a coincidir algunas veces más, la última de ellas en diciembre del año pasado cuando desde la Asociación de Cineastas de las Islas Baleares le entregamos el Premi ACIB-2016 en honor a toda su carrera y por su constante apoyo al cine Balear.

A modo de homenaje, recuperamos para La Abadía de Berzano aquella breve entrevista aparecida en el número correspondiente del mes de noviembre de 2010 de Fancine. Descansa en paz, Antonio, y gracias por todo.

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Antonio Isasi-Isasmendi en el set de “Estambul 65”. Fotografía extraída de la colección personal de Juan Prous, que trabajó como ayudante de cámara en la película (y que también aparece en la foto).

Lo primero que me intriga es que, si se inició en el mundo del cine como montador –Canción mortal (1948), Once pares de botas (1954)…-, ¿por qué no editaba usted sus propias películas?

¿Cómo qué no? Las edité todas, lo que ocurría es que los sindicatos te obligaban a tener un número determinado de trabajadores en una película, y yo no podía ser director y montador porque le quitaba el puesto a alguien. Por esa razón muchas veces aparecía acreditado Emilio Rodríguez, que en realidad era mi ayudante.

Otro ejemplo. Cuando hice Pasión bajo el sol (1955) decidí rodarla sin maquillaje, para que fuese más realista, pero me obligaron a tener en el set a un maquillador, el cual no hizo nada más que tomar el sol durante toda la filmación.

Durante los años sesenta y setenta se dedicó a realizar trepidantes películas de acción como Estambul 65, Un verano para matar o El perro (1977), protagonizadas por actores del calibre de Karl Malden, Jack Palance, Elke Sommer, Lee J Cobb, Klaus Kinski….

Rodar cine de acción era muy duro en aquella época; ahora, con los avances técnicos, hay más facilidades. Así que estoy muy orgulloso de haber podido realizar aquellas películas con aviones explotando, persecuciones en moto, tiroteos, y que quedaran bastante dignas. Como en España no había tradición de ese tipo de cine tuve que realizarlas en régimen de coproducción, y de ese modo pude, por ejemplo, estrenar en cuarenta salas de Nueva York o tener estrellas internacionales en los repartos.

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Klaus Kinski en “Estambul 65”.

En medio de tantas películas de acción, realizó un curioso documental, Rafael en Raphael (1975)…

Yo estaba muy sorprendido del éxito del que gozaba Raphael en aquel momento, y me interesaba como fenómeno social. Las niñas de la época se pasaban días completos haciendo cola para conseguir entradas. Aquello me motivó para estudiar su caso y realizar una película que indagara en los secretos de éxito. Y yo te prometo que jamás quise hacer una película que ofendiera a Raphael, pero sí que quería sacarlo todo. El problema fue que a él no le gustó nada porque creía que iba a realizar un elogio de su persona.

El aire de un crimen (1988) fue su última película como director. Mientras la rodaba, ¿ya sabía que sería la última?

Por supuesto. De hecho, en realidad no tenía muchas ganas de hacerla. Para mi realizar un filme significaba invertir tres años de mi vida en cada uno, y ya empezaba a cansarme. Pero tenía el compromiso con Benet de plasmar su novela a la pantalla, así que para despedirme me propuse crear un producto cien por cien español, tanto en el equipo técnico como en las localizaciones y los actores (Fernando Rey, Paco Rabal, Ovidi Montllor, Maribel Verdú…).

En el año 2005 Brian Yuzna realizó Rottweiler, película basada en la misma novela de Vázquez Figueroa en la que usted se inspiró para rodar El perro, ¿La ha visto?

No la he visto porque en aquel momento no me interesó. Pero mis amigos me han dicho que era muy floja…

Javier Pueyo

Published in: on octubre 4, 2017 at 5:24 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a David Ramos

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Coincidiendo con el lanzamiento de la banda sonora original de la película Snakewoman (2005) dirigida por Jesús Franco, aprovechamos para entrevistar a su compositor, David Ramos.

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¿Cómo fueron tus inicios en el mundo de la música?

De niño me regalaron un Casio PT 1, que es un pequeño teclado con teclas chiquitas, con el que empecé a tocar algunas melodías muy sencillas. Me encantaban esos ritmitos de juguete y me fascinaban los sonidos tan irreales; en el teclado ponía “piano”, “guitarra” o “flauta” pero lo que sonaba nada tenia que ver con ello. Más adelante, de adolescente, empecé a escuchar a músicos como Mike Oldfield, Vangelis o Jarre y me gustaba imitar sus sonidos. Y claro, para ello necesitaba mejores instrumentos que los que tenía, que solían ser la gama más barata del mercado. Me gustaba desarmarlos e intentar modificarlos: a veces, la mayoría, los destrozaba…otra conseguía sonidos “raros”, pero eso era todo. Yo quería tener sintetizadores de verdad, de los que veía a mis ídolos en los VHS que ponía una y otra vez. Todas las navidades pedía algún “sinte”, una caja de ritmos, cualquier cosa que pudiera hacer sonar y grabar. Cuando me di cuenta, casi con 20 años ya disponía de un pequeño estudio muy, muy arcaico, pero para mí era mi cueva, mi lugar donde desaparecer y encontrar esos sonidos y melodías que tanto me gustaban. Así nació Piramidaloide, mi estudio de grabación.

Estudie un año en el Conservatorio, otros tres en academias privadas y, por último, decidí hacerme autodidacta, y así he estado hasta ahora mismo. Nunca ningún tipo de estudio ha coartado mi creatividad, nunca lo he permitido, creo que cualquier expresión artística, igual que el artista que la crea, debe ser libre, si no, es imposible crear.

¿Con qué estilos musicales te identificas?

Principalmente con la vieja escuela de electrónica berlinesa, la primera vanguardia de los 70, el synth-pop de los 80 y el minimalismo de la escuela de Steve Reich, Philip Glass y Michel Nyman. Adoro el piano, y últimamente he estado muy sumergido en el New Noise y el Avant Garde más eléctrico y atonal. Por otra parte, el mundo de la banda sonora me fascina en todas sus facetas.

Y al margen del cine, como compositor, ¿has incursionado en otras áreas?

Tuve mi etapa New Age, música muy atmosférica, planeadora y evocadora. Dediqué mi primer disco en solitario a la noche en el álbum conceptual “Nocturnatta” (2008), por ponerte un ejemplo. Como te comenté hace un rato, el año 2015 fue un año que experimenté mucho con el sonido, su origen y desarrollo a través de osciladores electrónicos que yo mismo fabricaba. Fue una etapa muy rica y llena de libertad creativa; quizás ha sido mi etapa más radical.

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Centrándonos ya en el soundtrack de Snakewoman que “Vial of Delicatessens” acaba de lanzar al mercado, ¿cómo conociste a Jesús Franco?

Como explico brevemente en el interior de la carpeta del CD, resulta que Jesús vino a Tenerife a presentar el montaje definitivo de una película que Orson Welles dejó a medias, como tantas otras, y bueno, Jesús decidió montarla y acabarla, y realizó un estreno en Tenerife. Yo estuve en la rueda de prensa que dio y más tarde coincidí con él fuera del evento. Charlamos, nos caímos bien y casualmente yo llevaba un CD de música mía que le regalé. Yo pensaba que ahí iba a quedar todo, pero quince días después recibí una llamada y era él. Me comentó que estaba en la etapa final del montaje de su nueva peli, Snakewoman, y que necesitaba algunos temas musicales, así que le envié más música que finalmente usó como tema principal y base para la mayoría de las escenas de la misma. Esa fue la chispa de todo.

Además de Snakewoman, ¿en qué otras películas de Franco trabajaste?

Trabajé en Paula-Paula, y (sin yo saberlo) en La Cripta de las Condenadas Vol. 1. Aunque finalmente, después de componer las pistas para Paula-Paula, Jesús decidió usar la música de un guitarrista al que le quiso hacer un homenaje en la película, pero bueno, ahí quedó la música.

En el disco, además de los trabajos que hiciste expresamente para Franco, también aparecen otros temas que has compuesto a partir de las bandas sonoras de clásicos del director madrileño, como Las vampiras, La venganza del Dr. Mabuse o Virgen entre los muertos vivientes. ¿En qué momento optas por realizar estos homenajes?     

Las películas de Jess para mí siempre han sido fuente de inspiración, siempre han movido algo en mi mente y una forma de darle forma a esas sensaciones era precisamente crear temas musicales que me recordaran esos momentos. A mi La venganza del Dr. Mabuse me hizo mucha gracia en su día. La sobreactuación de Jack Taylor en el papel de Dr. Mabuse y sobre todo el doblaje castellano… En fin, tenía que hacer ese tema con las frases de Mabuse. Me lo pasé muy bien haciéndolo la verdad.

Las Vampiras, con esa impresionante Soledad Miranda, siempre me ha parecido una película magnética e hipnótica; como mínimo tenía que hacerle ese homenaje hecho música. Como nota curiosa comentarte que en el prólogo de Snakewoman, Jess usó un fragmento del tema que compuse como homenaje a Las Vampiras; me hizo mucha ilusión cuando lo escuché al ver la película porque, además, no sabía que terminó usándolo. Y ya que la mencionas, Virgen entre los muertos vivientes me parece una obra maestra y una de las mejores películas de la filmografía de Jesús. No podía ser menos.

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¿Y cómo era trabajar con él? ¿Tenías libertad? Teniendo en cuenta que Franco también ejerció de músico en muchas de sus películas…

Libertad absoluta, la verdad que nunca hubo problema alguno. Eso sí, tenía que enviarle toneladas de música para que eligiera y descartara y era bastante duro al respecto, supongo que, como dices,  porque también él era músico.

Y en base a tu experiencia en, por ejemplo Paula-Paula, Franco, a modo de director, ¿en qué momento requería la música para sus películas? ¿Siempre trabajaba contigo una vez iniciado el proceso de post producción del filme, o antes de rodar ya te daba algunas indicaciones?

Aunque de antemano podía tener ideas, esbozos de lo que quería usar, Jesús trabajaba conmigo siempre en la postpo.

De las composiciones que has hecho para Franco, ¿de cuál estás más orgulloso?

Lógicamente toda la música de Snakewoman la hice con un cariño e ilusión especial. Además, en aquella época yo estaba investigando nuevas formas de componer e inmerso en el jazz, y hay mucha influencia de ello en la película.

¿Estás contento con el CD que “Vial of Delicatessens” acaba de sacar a la venta con tus trabajos?

Muy orgulloso. Ha quedado impecable y como yo quería en principio. Aunque han quedado fuera unos pocos temas, los dos CD son una colección de toda la música que compuse para Jesús. Se han descartado muchos bocetos y algún tema que realmente está reflejado en algún otro que puede escucharse en el CD 2. Estoy muy contento y, además, los responsables de “Vial of Delicatessens” son personas que aman lo que hacen, y eso se nota.

Han pasado ya unos cuantos años desde que falleció Jesús Franco. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?

Su carácter, sus arrancadas de furia y su humor negro y ácido. Era imposible estar impasible a su lado, o te enfadabas o te reías un montón, o incluso las dos cosas. Era un ser único.

Y como espectador ¿cuáles son tus títulos favoritos de los que dirigió Franco?

Un poco los que te he nombrado: Vampyros Lesbos, Virgen entre los muertos vivientes, Succubus, Gritos en la noche, Mary Cookie y la tarántula asesina… No sé, son muchos.

Y ya terminando, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo?

Ahora mismo estoy grabando lo que podría ser un nuevo álbum, pero esta vez de música electrónica, mucho synth-pop y techno, nada que ver con bandas sonoras. Es lo que me apetece ahora, además será la excusa perfecta para volver a los escenarios y los conciertos, cosa que empiezo a echar de menos otra vez.

Muchas gracias por la entrevista David, si quieres añadir algo más…

Darte las gracias a ti por la oportunidad de comentar un poquito más de que va toda esta edición y, por supuesto, a “Vial of Delicatessens” por haber confiado en mí para editar este trabajo titánico.

Javier Pueyo

Published in: on octubre 7, 2016 at 5:55 am  Dejar un comentario  
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