Un bounty killer a Trinità [vd:Un asesino en Trinidad]

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Título original: Un bounty killer a Trinità

Año: 1972 (Italia)

Director: Aristide Massaccesi (en los créditos se acredita a Oscar Santaniello -a.k.a. Oskar Faradine)

Productor: Oscar Santaniello

Guionistas: Aristide Massaccesi, Romano Scandariato

Fotografía: Aristide Massaccesi

Música: Vasili Kojucharov

Intérpretes: Jeff Cameron (caza recompensas), Caloguero Caruana (Paco, acreditado como Ted Jones), Enzo Pulcrano (Sancho, acreditado como Paul McCreen), Antonio Cantafora (Ramírez), Carla Mancini (Annie), Silvio Klein (el Sheriff), Ari Hanow (enterrador)…

Sinopsis: Los habitantes del pueblo de Trinidad deciden contratar a un caza recompensas para que les liberé del reinado de terror que impera en el lugar a causa de una banda de temibles maleantes.

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Aunque en muchas ocasiones a la hora de hablar de la filmografía de Joe D’Amato suele indicarse que su opera prima como realizador es La muerte sonríe al asesino (La morte ha sorriso all´assassino, 1973), filme de terror protagonizado por Klaus Kinski, lo cierto es que el director romano nacido con el nombre de Aristide Massaccesi intervino en la confección de un puñado de cintas previas que prefirió no firmar, adjudicándole su autoría a otros miembros del equipo. El por qué D’Amato quiso mantenerse en el anonimato se debe a que por aquel entonces su carrera profesional fluía por un camino más técnico, por así decirlo; según sus propias palabras “en aquel tiempo también trabajaba como director de fotografía para otros directores…y si la gente veía que ahora era realizador, me sería muy complicado volver a encontrar trabajo como director de fotografía, porque los directores no se hubieran sentido cómodos trabajando al lado de otro realizador[1]. De este modo, se sabe que Massaccesi dirigió películas como Scansati…a Trinità ariva Eldorado (1972) o la que aquí reseñamos, Un bounty killer a Trinità, en la cual Massaccesi aparece como co-guionista y director de fotografía, mientras que como director figura el nombre de Oskar Faradine, pseudónimo del productor Oscar Santaniello, un profesional habitual en la filmografía del propio D’Amato.

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Adscrita al género del eurowestern, tan de moda en aquellos años gracias a los filmes de Leone, Clint Eastwood, Lee Van Cleef y demás, Un bounty killer a Trinità es un filme que de alguna manera nace a rebufo de Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinità, 1970) de Enzo Barboni, película clave en la filmografía de los actores Bud Spencer y Terence Hill, definida por Carlos Aguilar como “un engendro(…) que consiguió un cuantioso éxito taquillero gracias a su astuta determinación de transformar el incesante sadismo del género en una jocosa cascada de peleas incruentas y mamporros casi en la tradición del slapstick[2]. El hecho de no lograr el beneplácito de gran parte de la crítica no impidió que, como decimos, la cinta fuese un bombazo a nivel comercial, catapultando al estrellato a sus dos protagonistas y generando una serie de películas pensadas para aprovechar la fama de su predecesora, ya sea imitando a la pareja protagonista -el caso más palpable fue el de Paul L. Smith y Michael Coby, clones de Spencer y Hill, respectivamente, en films como Nos llaman Carambola (Carambola, 1974)-, o bien colocando el nombre de Trinidad de un modo u otro en el título del filme. De ese modo surgieron largometrajes como Los fabulosos de Trinidad (1972) de Iquino o el título que aquí nos ocupa, Un bounty killer a Trinità, conocida en España gracias a su edición en vídeo como Un asesino en Trinidad e interpretada por Jeff Cameron (nacido Goffredo Scarciofolo, habitual en el western de serie B-Z) y Antonio Cantafora, que no era otro que Michael Coby, poco antes de americanizar su nombre y convertirse en duplicado de Terence Hill.

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En realidad, más allá del epíteto y de la posible conexión Cantafora-Hill, la cinta de Massaccesi poco tiene que ver con la de Barboni. Más bien nada, pues estamos ante un filme serio y adusto, alejado del cine cómico, protagonizado por un caza recompensas contratado por un pueblo aterrado por las fechorías de una banda delincuentes. Un título en absoluto indispensable para la historia del euro-western, carente de gancho cuyo mayor interés radica en el posible estudio de los inicios de la carrera de Massaccesi/Joe D’Amato, cineasta sin duda interesante y esencial en los circuitos del cine fantástico más sangriento gracias a obras de sobra conocidas como Demencia (Buioi Omega, 1979) o Gomia, terror en el Mar Egeo (Antropophagus, 1980). Eso sí, que nadie espere encontrar en Un bounty killer a Trinità un festival gore de crueldad y terror, pues aunque la trama podría propiciar algunos momentos feroces -los maleantes aquí retratados presentan sus malas formas en todo momento, asesinando, por ejemplo, a un par de jovenzuelos ante la atenta mirada de su padre-, la violencia aquí se muestra comedida en la pantalla. Aparecen los típicos tiroteos, por supuesto, pero no existe una recreación en la truculencia física por parte del director. Por contra, sí vemos que tras las cámara se haya un hombre preocupado por la fotografía, pues a lo largo del metraje nos encontramos con algunos encuadres rebuscados, como aquel en el que el protagonista mira a través de su revolver -la pantalla queda completamente en negro, a excepción de una pequeña abertura situada a un lado para mostrar el ojo del personaje- o esos bellos travellings mostrando al héroe escondido tras unos carruajes. Massaccesi muestra así distintas ideas que son de agradecer, otorgando cierta modernidad a la propuesta y sin entorpecer en ningún momento el seguimiento de los sucesos.

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Pero a pesar de las buenas formas de D’Amato en la parte técnica -acompañadas de una correcta banda sonora del compositor búlgaro Vasili Kojucharov-, la película no pasa de ser un discreto entretenimiento, carente de misterio al no crear una sinopsis que invite a la indagación por parte del espectador. Dicho de otro modo, el guion muestra sus cartas en todo momento sin reservar sorpresas, desarrollándose los hechos según un esquema totalmente homogéneo. Por ejemplo, entre los directivos del pueblo en el que transcurre la acción se encuentra un infiltrado, alguien que no duda en trabajar con el clan criminal, pero en lugar de jugar con el suspense encubriendo su identidad, el libreto co-escrito por Massaccesi y Romano Scandariato lo identifica casi al inicio del metraje, estropeando una posible sorpresa para la audiencia. Claro está, que Massaccesi y su equipo no estaban por la labor de construir una trama de intriga, más bien se nota que el proyecto nació para contentar a un público deseoso de ver en la pantalla a los personajes más comunes del género, aderezando la función con las habituales secuencias de balazos, peleas en el saloon y galopadas trepidantes. Eso sí, Massaccesi enfunda a su protagonista -además de con las necesarias pistolas- de una ballesta, un arma silenciosa, según los diálogos, lo cual le dota de cierta virtud, un pequeño toque de distinción ante sus enemigos, creando secuencias de indudable encanto en el último acto del filme.

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Dos curiosidades antes de cerrar el texto. La primera es que algunos planos concretos de Un bounty killer a Trinità fueron aprovechados de un largometraje anterior, Black Killer [dvd: Black Killer, 1971] de Carlo Croccolo, proyecto, claro está, producido también por Oscar Sanrtaniello. La segunda anécdota reside en que algunas fichas técnicas afirman que la película estuvo dirigida por el célebre Demofilo Fidani, autor de westerns como Arrivano Django e Sartana…è la fine [dvd: Django y Sartana, 1970] y detestado por infinidad de críticos e historiadores. La confusión probablemente se encuentre en el hecho de que Fidani trabajó en infinidad de ocasiones junto a Joe D’Amato, y en algún momento determinado sus nombres se debieron mezclar en la confección de un cartel u otro tipo de reclamo publicitario.

Javier Pueyo

[1] Declaración extraída de la entrevista a Joe D’Amato incluida en el libro “Cannibal!: The Most Sickening Consumer Guide Ever!” (Stray Cat, 1995) de John Martin, pág. 113.

[2] “Sergio Leone” (Cátedra, 1999) de Carlos Aguilar, pág. 116.

Published in: on abril 13, 2018 at 5:25 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Iván E. Fernández Fojón, autor de “Bruceploitation: los clones de Bruce Lee”

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A finales de 2017 la editorial Applehead Team lanzó a la venta Bruceploitation: los clones de Bruce Lee, un libro sin duda indispensable para todos los aficionados al cine de artes marciales, al tratar un tema bien conocido por los fans del Pequeño Dragón y de la cultura oriental en general, pero a la vez pocas veces tratado en un ensayo. Esta obra nos introduce en un mundo dominado por personajes como Bruce Li, Bruce Le, Bruce K.L. Lea o Dragon Lee, nombres todos ellos creados por codiciosos productores que fabricaban películas con las que tratar de llenar el vacío que supuso la muerte del protagonista de Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973). Gesta imposible, claro está, pero dicha ola trajo consigo una serie de títulos que iban desde la gracia cómplice hasta la abominación extrema, pasando por el divertimento freak al supremo aburrimiento, escondiendo, también, algunas joyas dignas de mención.

El autor del libro es Iván E. Fernández Fojón, madrileño nacido en los 70 y colaborador habitual de revistas como “Acción” o “Dragonz Magazine”. Bruceploitation: los clones de Bruce Lee es su primera obra editada, y con él conversamos para que nos explique cómo desarrolló el proyecto.

¿De dónde proviene tu afición al cine de artes marciales?

Fue mi padre quien me metió en ese mundo, alquilando todo tipo de películas de artes marciales. También tenía muchas revistas “Dojo”, desgastadas y hechas polvo de leerlas y releerlas. Nunca las ha practicado pero siempre le han gustado, y yo, al ver todo esto, me sentí fascinado y enamorado de las artes marciales y su cine.

A la hora de escribir tu primer libro te has decantado por analizar el tema de los clones de Bruce Lee. ¿En todo momento tuviste claro que este iba a ser tu debut, o te planteaste otros contenidos?

Llevaba tiempo con algunos proyectos en la cabeza al respecto e incluso empecé a desarrollar uno de ellos, pero cuando Applehead Team me propuso un libro y salieron varios temas, tuve claro que la Bruceploitation tenía que ser mi primer libro.

En mi opinión se trata de un magnífico libro, muy completo. Me gusta mucho como está estructurado; primero con la introducción sobre quién era Bruce Lee, después explicas el nacimiento del bruceploitation, te detienes en los clones más importantes, hablas de la influencia de Bruce en otros medios… Imagino que fue complicada la elaboración del índice, ¿cómo lo confeccionaste?

Siguiendo un poco la lógica. Cuando se habla de los clones, se suele mencionar sobre todo a los tres principales, pero si quería hacer un recorrido por todo el subgénero, para conseguir que además se entendiese la importancia que tenía, había que hablar del Pequeño Dragón primero, a modo de recordatorio ya que fue el origen de la Bruceploitation. A partir de aquí lo mejor era analizar los clones principales antes de dar paso a otros clones, buscando la importancia de cada clon para ordenarlos y finalmente hablar de la explotación de Bruce Lee en otros medios y llegando a nuestra época. Recordemos que hoy en día la Bruceploitation sigue existiendo, por lo que ordenar todo de forma cronológica era lo mejor.

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Como digo, no hablas únicamente de cine, pues dedicas ciertos espacios a otros medios, como los cómics o los videojuegos que se han visto influenciados por Lee. Pero, ¿ha habido algún tema que por falta de tiempo o espacio no hayas podido desarrollar?

El coleccionismo alrededor de la figura de Bruce es un tema muy interesante que forma parte de la Bruceploitation y hubiese estado bien haber podido meter algo, pero también es un asunto demasiado amplio como para haberlo incluido en este libro.

Imagino que muchos de los filmes de los que hablas en las páginas de tu libro son títulos que ya conocías. ¿Pero has descubierto nuevas películas? ¿Cintas que por la razón que sea no habías visto y has visionado ahora por primera vez?

Sí, he descubierto muchas películas. Este subgénero llegó a España en los ochenta, y a pesar de editar a veces las mismas películas con otros títulos, no se estrenó todo. Mientras escribía el libro e investigaba, aparecían películas que nunca llegaron a nuestro país. También algunos de los clones principales hicieron colaboraciones puntuales en películas de países como la India o Camerún, y en aquella época, películas de estos lugares no solían estrenarse ni en vídeo, por lo que ha sido la primera vez que he sabido de ellas y he podido verlas. Eso por no hablar de muchas producciones que van desde la serie B a la Z que usaron la imagen de Bruce como reclamo y que, de nuevo, nunca llegaron a estrenarse en ningún formato físico en España.

En el libro aparece una interesante entrevista al cineasta Godfrey Ho, mítico realizador de películas de serie B, responsable de cintas como Dragón, puño de serpiente (Xue zhan wu ying quan, 1979), protagonizada por Dragon Lee. ¿Tanteaste la posibilidad de entrevistar a otros realizadores que trabajaron con los clones de Lee, o incluso con actores como Bruce Leung o Bruce Li?

Si, estuve intentando localizar tanto a los clones principales como a otros más secundarios, pero es muy complicado encontrarles y conseguir una respuesta de ellos. Desde Ramón Zamora pasando por Nihat Yigit, clones filipino y turco respectivamente. Algunos nunca contestaron y con otros tuve un pequeño acercamiento pero sin dar frutos.

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Existen infinidad de libros sobre Bruce Lee. Me vienen a la cabeza los que escribió su alumno Jesse Glover o el excelente ensayo confeccionado por Marcos Ocaña, por no hablar de los que se han editado en base a las enseñanzas y opiniones del propio Lee. Sin embargo, hay pocos que estudien el fenómeno Bruceploitation, al punto de que en España el tuyo es el primero. ¿A qué crees que se debe?

Sinceramente, no lo sé con certeza. Somos una generación que ha crecido viendo estas películas, disfrutándolas y convirtiendo la Bruceploitation en un género de culto. Quizás también se deba a la desinformación actual. Existen muchos fallos en los datos que rodean este tema y es uno de los temas que más ha costado ordenar. Fechas de estrenos, títulos, falsos clones en listados recopilatorios, películas fantasmas… Y encima los tentáculos del subgénero se extienden en muchas direcciones. Todo esto puede dar miedo una vez que te metes de lleno, y más viendo que es el primer libro en castellano sobre el tema, no quieres que haya ningún error y ser lo más completo posible. Puede que este haya sido uno de los motivos por el que no hay nada más en nuestro idioma. Sí hay algún compendio en inglés, pero poco accesible y promocionado, como si no pensasen que la Bruceploitation mereciese un reconocimiento como el que merece.

Vamos a detenernos ahora en tus gustos personales. ¿Cuál de las películas protagonizadas por Bruce Lee sería tu favorita? Algunos indicarían El furor del dragón (Meng long guojiang, 1972) por ser la más personal; otros prefieren Operación Dragón por ser la que presenta una mejor producción…

Operación Dragón es mi favorita, seguida muy de cerca por El furor del dragón. Operación Dragón es una obra cumbre del cine marcial y muy importante por lo que representa para Bruce, los chinos y el propio género. El furor del dragón es, como dices, muy personal, y además aparece el denominado “Combate del siglo”, contra Chuck Norris. Un atisbo de lo que Bruce podría ofrecer como cineasta completo. Detrás iría Furia oriental (1972) con ese final mítico y con unas apariciones de Bruce brutales, desplegando todo su carisma. Karate a muerte en Bangkok (1971) y Juego con la Muerte (1978) son las peores, con sus aciertos, claro, básicamente la presencia de Bruce y sus peleas, sobre todo en la última, Juego con la muerte, toda una maravilla coreográfica, pero que en la versión que se estrenó tenía un guion horrible.

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Bruce Li

¿Y quién es el mejor clon? El que bajo tu punto de vista tiene mejores títulos en su filmografía…

Bruce Li es mi preferido. Nos sólo fue el primer clon, si no que era el que mejor técnica tenía y quien más intentó separarse de la sombra de Bruce. Su filmografía es bastante superior que la de los otros dos clones. Luego hay casos excepcionales como Danny Chan o Bruce Leung, pero con trabajos puntuales sobresalientes.

Tal y como explicas en el libro, dentro del bruceploitation podemos encontrar películas encuadradas en diferentes géneros: dudosos biopicsLa última aventura de Bruce Lee (Bruce Lee: true story, 1976)-, películas de corte sobrenatural como El dragón ataca (Lee sam geuk wai jan dei yuk moon, 1977), pseudobondsDimensión mortal (Death dimension, 1978)-… ¿En qué corriente te gusta más encontrarte con un clon de Bruce Lee?

Me gusta mucho ver las películas que parecen escritas para Bruce Lee pero que al morir nunca hizo. Es decir, películas con historias originales pero con el clon de turno imitando a Bruce. También me entretienen mucho los remakes o pseudo-remakes, que usan todo el microverso de Bruce, con secuencias de varias películas, vestuario, nunchakus… mezclado todo en una alocada película. Por último me gustan los biopics, pero por las ganas de encontrarme con uno que plasme de verdad la vida de Bruce, algo de momento que no se encuentra del todo.

Y del universo bruceploitation, ¿cuáles serían los títulos imprescindibles? En tu libro hablas muy bien de El golpe de la muerte (Long de ying Zi, 1984) con Bruce Li, o del homenaje que realizó Sammo Hung, Le llamaban Dragón Gordo (Fei Lung Gwoh Gong, 1978), por ejemplo.

Esos dos títulos son esenciales, de lo mejor. Después hay películas que por distintos motivos son igualmente imprescindibles, como El Tigre vuelve al ataque (1977), Combate mortal (1978), Duelo del Dagón y el Tigre (1980), La saga de Bruce Lee (1980) o Peleas callejeras (1982) Por último hay otras películas que merecen un visionado por lo bizarras que son, como El Dragón ataca. Viendo estas y añadiendo alguna de Jim Kelly o Ron Van Clief se cubre perfectamente las películas básicas de la Bruceploitation.

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¿Qué opinión te merece el cine de artes marciales actual?

Está de capa caída, la verdad. Hay títulos puntuales como Redada asesina (2011), Boyka: Invicto (2016) o la saga de Ip Man con Donnie Yen, pero al margen de esto, poco. Viendo el volumen de producciones y la calidad media, se nota un bajón de calidad en el género. Los intentos de lanzar a nuevas estrellas como Alain Moussi en el remake de Kickboxer (1989) no han sido los esperados, y las viejas estrellas mantienen el tipo dignamente, pero sin nada sobresaliente. Scott Adkins en occidente, Donnie Yen en Asia, con Jet Li medio retirado, Jackie Chan disfrutando de su reinado sin complicarse mucho, Tony Jaa haciendo cositas en Hong Kong, con sus altibajos… Conseguimos disfrutar de dos o tres títulos como mucho al año de calidad notable, dejando muchos productos inferiores entre medias de cada estreno potente. Al menos este 2018 pinta bastante bien. Otra cosa es que tenga continuidad y disfrutemos de una nueva era dorada del cine marcial.

Una última pregunta, ¿estás trabajando en algún otro proyecto editorial?

Si, en estos momentos estoy ocupado con otro libro del que de momento no puedo adelantar nada, pero va por muy buen camino, con información de primera mano y en el que estoy muy ilusionado. Espero poder decir algo más pronto.

Javier Pueyo

Published in: on marzo 26, 2018 at 5:27 am  Dejar un comentario  
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Colegialas violadas

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Título original: Die Säge des Todes / Colegialas violadas

Año: 1981 (Alemania, España)

Director: Jesús Franco

Productores: Wolf C. Hartwig, Otto Retzer

Guionista: Erich Tomek [acreditado como Rayo Casablanca]

Fotografía: Juan Soler

Música: Gerard Heinz (canción “Love in the Shadow” compuesta por Frank Duval)

Intérpretes: Olivia Pascal (Angela), Alexander Waechter (Miguel), Jasmin Losensky (Inga), Corinna Drews (Laura), Ann-Beate Engelke (Eva), Jesús Franco (Domingo), Christoph Moosbrugger (Álvaro), Nadja Gerganoff (Manuela), Peter Exacoustos         (Antonio), María Rubio (Condesa María González), Antonia García (Elvira), Beatriz Sancho Nieto (Rita), Otto Retzer (Bueno)…

Sinopsis: Unos asesinatos en una academia de idiomas coinciden con el momento en el que Miguel sale del psiquiátrico en el que estuvo recluido debido a unos terribles crímenes ocurridos años atrás, y con la llegada al campus de un grupo de alumnas de nacionalidad alemana.

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Si algo ha caracterizado a Jesús Franco a lo largo de toda su trayectoria, al margen de sus cuestionadas estratagemas para rodar varias películas con el presupuesto de una sola, fue la variedad. Y es que pocos son los realizadores que han abordado tantos géneros (y subgéneros) diferentes en una única filmografía; pero el director madrileño se atrevió con todo o casi todo: comedias, dramas, musicales, pornografía, cine de espías, filmes de aventuras de carácter infantil, cintas encuadradas en la moda bruceploitation… Lo importante era rodar y seguir activo, algo que demostró hasta sus últimos días filmando diferentes películas de bajísimo presupuesto. En una ocasión mencionó “solo hay dos cosas a las que siempre me negué: la llamada comedia del destape y los westerns, esto último porque amo demasiado a Howard Hawks y a John Ford”1.

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Dicho esto, y siendo Franco un cineasta acostumbrado al cine de terror -son mayoría los que afirman que sus mejores obras son aquellas adscritas al horror y al fantastique-, no debe extrañarle a nadie que en plena moda del cine slasher promulgada por nombres como los de John Carpenter o Sean S. Cunningham, el director de 99 Mujeres (1969) aportara su granito de arena a tan popular e importante vertiente con el filme que aquí nos ocupa, Colegialas violadas. Pero la idea de incursionar en dicho universo no fue suya, si no de la productora Lisa Films, quienes tras ver el éxito que originó Viernes 13 (Friday the 13th, ,1980) no dudó en activar la realización de un proyecto en cierta manera parecido, pero lejos en realidad de ser un calco claro -como si lo fue La quema (The Burning, 1981) de Tony Maylam, por ejemplo-. Así, la acción de la película sucede en España, concretamente en una academia de idiomas situada en un complejo hotelero de la Costa del Sol; los personajes protagonistas son, por un lado, un grupo de estudiantes alemanas y, por otro, la familia dueña del emplazamiento con dilemas por culpa de los papeles de propiedad de las instalaciones. Bellas mujeres, hombres con la cara desfigurada y jardineros perturbados son sólo algunos de los arquetipos que podemos ver a lo largo del metraje, en una trama llena de armas blancas y planos subjetivos y que, resumiendo, no es otra cosa que un whodunit ultragore realizado por encargo por Franco. Una misión que, según el propio director2, trató de ejecutar de la manera más divertida posible, alejándose del drama y apostando por un aire festivo que invite a la jarana y al entretenimiento puro y duro. Decir, además, que cuando Franco recibió el proyecto trató de aportar algunas ideas al guion, pero según parece todas sus propuestas fueron replicadas con una negativa. Aun así siguió adelante con los planes de los productores, rodando la película en unas pocas semanas y estrenándola a principios de 1981 con relativo éxito.

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Convertida con los años en un título de culto, incluso venerado por ciertos circuitos que no dudan en catalogarlo como uno de los más destacados trabajos de su realizador, Colegiales violadas es, en cierta manera, un filme disfrutable. Y es que, aunque el despropósito se manifieste a menudo -se aprecian saltos de ejes, la mayoría de los diálogos son un disparate y algunas circunstancias son absolutamente delirantes, incluyendo un torpe y risible homenaje a Psicosis (Psycho, 1960) en un momento determinado-, y lejos de poder calificarla como una buena película, sí podemos asegurar que Die Säge des todes (así se tituló originalmente, cuya traducción literal vendría a ser “La sierra de la muerte” 3) al menos está dotada de buen ritmo (atributo loable, tal y como saben los cinéfilos más franquianos), tiene una resolución en cierto modo sorprendente y, sobre todo, unos pasajes sangrientos que, por puro delirio merecen ser vistos, y más viniendo de un cineasta que aborrecía el espectáculo sanguinolento: “creo que es mejor ver a dos personas follando que destrozándose, porque una cosa da origen a la vida y la otra a la muerte”, decía Franco4. También podemos distinguir algunas escenas ciertamente bien desarrolladas, siendo la mejor, a mi juicio, aquella en la que una mujer está tumbada en su cama leyendo una novela de misterio al tiempo que el asesino estrella entra en la casa, recreándose así, en paralelo, los textos leídos por la muchacha; Franco conjuga aquí bien todos los elementos creando una magnífica atmósfera enigmática que llega a recordar a los mejores momentos de los filmes creados por el director en la década de los sesenta. Lástima, como decimos, que tal brillantez sea efímera y pronto el realizador regrese al desastre y a las malas formas, consecuentes tal vez de la búsqueda de esa algarabía rastreada por el director. Buscada y sin duda encontrada, para bien y para mal. Y por extraño que parezca, Colegialas violadas funciona como un mero pasatiempo, un ejercicio de distracción que en el fondo logra su propósito.

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Como curiosidad, mencionar que en la ficha técnica de la película nos topamos con dos nombres imprescindibles en la filmografía de Franco. Por un lado, en el equipo de producción se encontraba Antonio Mayans, esta vez sin aparecer frente a la cámara, pero sí gestionando diferentes asuntos concernientes al rodaje; de igual modo, la musa Lina Romay trabajó en el filme pero sin desempeñar un papel, colaborando con el equipo de ayudantes de dirección. “Siempre procuro trabajar con el mismo equipo porque así les tengo que explicar menos cosas”, le declaró Franco a Augusto M. Torres en una entrevista5. Siguiendo con aquellos que obraron en la cinta, podemos mencionar una anécdota  referida al apartado musical y es que cuando a Franco le ofrecieron encargarse del filme, los productores le prometieron que en la banda sonora contaría nada menos que con los británicos Pink Floyd. “Todo fueron mentiras…Pink Floyd nunca apareció, en cambió contamos con un músico austriaco que era más o menos bueno ¡pero evidentemente no era Pink Floyd, ya que en ese momento Pink Floyd eran los reyes!”6

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En la misma década de Colegialas violadas hubo otros acercamientos nacionales al subgénero slasher, como es el caso de la fallida Atrapados en el miedo (1985) de Carlos Aured -curiosamente producida por Karl Heinz Mannchen, hombre que estuvo detrás de multitud de títulos de la filmografía de Franco, Necronomicon [1969] o El muerto hace las maletas [1972], por ejemplo), aunque sin duda fue Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón la mejor aportación patria a la corriente. Acabado el periodo de los ochenta, el movimiento casi desapareció de las carteleras hasta su resurgimiento y, por lo tanto, renacimiento mundial a mediados de los noventa  gracias principalmente a Wes Craven y su excelente Scream: vigila quién llama (Scream, 1996); así, España aportó nuevos largometrajes, entre otros Tuno negro (2001), School Killer (2001) o Más de mil cámaras velan por tu seguridad (2003), ninguno de ellos, por cierto, poseedor de la gracia y encanto de Colegialas violadas. Por su parte, Franco no regresaría jamás a la fórmula del slasher, al menos de manera tan nítida, pero si volvió a trabajar con los mismos productores alemanes poco después en películas como Orgía de ninfómanas (Linda, 1981), un filme posiblemente más representativo en el conjunto de la obra del director encuadrada en el decenio de los ochenta.

Javier Pueyo

1 Declaración extraída de la entrevista realizada a Franco por Javier Bustos para el portal Factory Vips (www.factorymag.es); publicada el 5 de abril de 2009.

2 Ver la entrevista confeccionada por David Gregory aparecida en los extras de la edición en DVD de la película, publicada por Severin Films en 2008.

3 Tal vez el título más conocido del filme sea el inglés Bloody Moon, pero el más llamativo probablemente fuese el que tuvo en Italia, Profonde tenebre, en un intento de conectar la película con la moda del cine giallo de Argento y compañía. Aclarar, además, que Jesús Franco nunca estuvo contento con el título español, ya que, al contrario de lo que pueda parecer, a lo largo de la trama no hay ninguna violación, tratándose pues de una ridícula artimaña de los distribuidores nacionales.

4 Declaración extraída de la entrevista realizada por Juan Cruz para el reportaje “Jesús Franco: el cineasta feliz”, aparecido en El País Semanal en el verano del año 2000.

5 Página 20 del libro “Cineastas insólitos: conversaciones con directores productores y guionistas españoles”; escrito por Augusto M. Torres, editado por Nuer Ediciones en el año 2000.

6 Op. cit. 2

Entrevista a Gustavo Leonel Mendoza, director de “Culto al terror”

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Desde hace algunos años, la sección Brigadoon del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya dedica un enorme espacio de su programación a las películas de género documental. Y esta pasada edición de 2017 no ha sido diferente, como pudo comprobarse con la proyección de cintas como Omega Rising (2017), Paco Pérez-Dolz: un cineasta a tiro limpio (2014) o Nos interestícos da realidade ou o cinema de António de Macedo (2016). Otra de las películas que fueron exhibidas a lo largo de las casi dos semanas que duró el certamen fue Culto al terror (2017), reportaje que homenajea al género fantástico en su vertiente más terrorífica examinando los apartados más influyentes y representativos, incluyendo, además, numerosas declaraciones de figuras clave de la industria del cine. El realizador argentino Gustavo Leonel Mendoza es el director de tan interesante largometraje, y con él charlamos para confeccionar la siguiente entrevista.

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Recientemente has estrenado en el Festival de Sitges Culto al terror, un documental en el que realizas un extenso repaso al cine fantástico y de terror a través de las opiniones y anécdotas de personajes tan conocidos como Barbara Crampton, Robert Englund o José Mojica Marins. ¿Es el terror tu género favorito?

Sí, por supuesto. Como dice Pablo Guisa del Festival Mórbido de México “el género de terror es mi desayuno, almuerzo y cena. ¡Es mi vida!”

Y dentro de un género tan amplio como el fantástico y el terror, ¿con qué vertiente simpatizas más como espectador? Slasher movies, cine de zombis, giallo

Creo que de todo un poco. Me gusta mucho la combinación del miedo y gore con el horror, como en los casos de Mal gusto (Bad Taste, 1987), Terroríficamente muertos (Evil Dead II, 1987), Noche de miedo (Fright Night, 1985) o la saga de Freddy Kruegger. El resto de esos géneros los sigo también, claro. Y ver films de horror puro y duro son mis elecciones también.

Anteriormente habías realizado otros documentales, como Nadie inquietó más (2009) -sobre la figura de Narciso Ibáñez Menta- o Ciudadano Piria (2014), en relación al creador de la ciudad de Piriápolis. ¿Cómo nace Culto al terror y en qué momento decides cambiar de registro y examinar un género cinematográfico en lugar de un personaje concreto?

Tenía pensado rodar un documental sobre un personaje importante del género fantaterrorífico, pero por diferentes razones el proyecto no se pudo realizar. Y en 2015, cuando me encontraba volando desde Argentina hacia el Festival de Sitges, pensé “¡hagamos un documental sobre el género de terror!”. Y qué mejor lugar que empezarlo allí, en el festival de festivales…

Como es un tema que conozco de niño, soy coleccionista de películas, libros, fanzines (incluso españoles) y también soy fanático de visitar festivales de cine (¡son las mejores vacaciones!), quise hacer un trabajo sobre los temas que me interesaban. Luego investigué todo lo que podía cubrir en mi país (un bar dedicado a El resplandor (The Shining, 1980) y a Suspiria (Suspiria, 1977), un videoclub dedicado al género de terror, la Comic Con (a la que asistió Robert Englund), la Zombie-Walk argentina…) y posteriormente comencé con el tema de los viajes, visitando determinados lugares de Madrid o Barcelona, por ejemplo.

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Gustavo junto a William Friedkin durante la pasada edición del Festival de Sitges.

Tal y como comentas, en el documental hablas de diferentes temas. Obviamente analizas algunas de las películas más importantes, como la saga de Freddy Kruegger o Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock, pero también dedicas un espacio importante a los fanzines de género, a los festivales de cine fantástico o a las tiendas especializadas como Metaluna (Paris), Profondo Rosso (Roma) o Freaks (Barcelona). ¿Fue muy complicado estructurar toda la información para crear una película de dos horas de duración?

¡Absolutamente! Digo que cada proyecto son como pequeños “Fitzcarraldo’s”, como el filme de Werner Herzog que sube un barco a una montaña. Sobre todo si eres del cuarto mundo como yo, donde todo se hace más difícil, sin dinero de subvenciones ni ayudas oficiales. Por suerte, el cine es un trabajo en conjunto, y tuve la colaboración de varios amiguetes, como Jorge Adsuara del Festival Fantasti’cs, que filmó a varios especialistas y fans en Valencia y Castellón, o Ygnacio Cervio que entrevistó a Luiggi Cozzi en Roma y a David Blyth y Pete Ellot en Nueva Zelanda. Y todo ello con el agregado monster-rockero de la banda Motorzombis y su master brain Dani Moreno, del país catalán (jaja).

La edición fue una locura. Para que te hagas una idea conté con cinco editores, sumado a mi compaginación, donde decidía que iba con qué. Realmente puse todo lo que me interesaba acerca del género de terror. Por razones de espacio temporal, quedaron fuera algunas historias de la televisión, un local en un parque de Argentina dedicado a Stephen King y una secuencia sobre cine neozelandés de género. ¡No se puede poner todo! (Jaja)

También tuve colaboraciones de las autoridades de los festivales: Fantaspoa (Brasil), Frightfest (Inglaterra)… Pablo Guisa de Mórbido (México), me cedió unas imágenes impresionantes de lucha libre, y también usé las intros de las presentaciones de los festivales Buenos Aires Rojo Sangre y de Sitges. A todos ellos, les estoy muy agradecido.

 ¿Cuantos años te ha llevado la realización? Imagino que a la hora de editar te enfrentaste a un buen número de horas de brutos…

Dos años, todo un récord si lo comparamos con Nadie inquietó más, que necesité cinco años y medio, y Ciudadano Piria, seis años. Ahora quisiera filmar como hace Takashi Miike, que te hace dos películas por año (jaja).

Ya hemos mencionado a algunos de los profesionales que aparecen en tu película -podríamos añadir a muchos más como Ruggero Deodato, Paco Plaza, Mick Garris o Ángel Sala-, pero ¿hay alguien que no aparezca en el documental y que te hubiera hecho especial ilusión?   

Realmente estoy muy contento con todos los entrevistados que están en esta película y cuánto nos costó a mí y a mi mujer, Maro, conseguirlos. Me hubiera gustado tener a John Carpenter, George Romero y Wes Craven, pero todo no se puede… ¡Ah! Y hubo un periodista de espectáculos argentino que me pidió aparecer en la película, que le llevara a un bar con mujeres bailando y que cada media hora tuviese un trago en la mano. Por razones éticas y económicas no está. Esto es real, aunque sospecho que también bromeaba un poco…

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Maro, mujer y colaboradora de Gustavo, Barbara Crampton y Gustavo.

En tu opinión, ¿Culto al terror está más enfocado a un público que conoce bien el género o a aquellos espectadores que pretendan iniciarse en el mismo?

Es claramente una película para fans acérrimos: para el fan coleccionista de fanzines, dvds, blu-rays de género, que compra monstruos de plástico, que va a las comic-con y se disfraza; aquel que no se pierde un Festival de Sitges, o un Buenos Aires Rojo Sangre; aquel que tiene tatuajes de Bruce Cambpell o del monstruo de la laguna negra; aquel “camiseta negra” que usa imágenes de pesadillas en su pecho y que por supuesto, las luce con orgullo freaky. Aunque también son bienvenidos los vírgen@s del terror. ¡Nadie nace sabiendo!

Siguiendo un poco con la pregunta anterior, ¿qué películas son, según tu criterio, fundamentales en el género? Aquellas que nadie debería perderse…

Ahh, ¡esta es la difícil! En este documental una de las premisas era escuchar a los fans, especialistas y estrellas mundiales, y preguntarles cuál era su película preferida o la que le había dado más pavor. En mi caso, comienzo con El más allá (…E tu vivrai nel terrore! L’aldilà, 1981) de Lucio Fulci, pasando por La cosa (The Thing, 1982) de John Carpenter, Demons (Dèmoni, 1985) de Lamberto Bava, Suspiria de Argento, El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974) de Tobe Hooper, Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) de Murnau, The Ring (El circulo) [Ringu (The Ring), 1998], de Hideo Nakata, La residencia (1969) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Chicho Ibáñez Serrador, Babadook (The Babadook, 2014) de Jennifer Kent, It Follows (It Follows, 2014) de David Robert Mitchell, Sinister (Sinister, 2012) de Scott Derrickson, Obras maestras del terror (1960) de Enrique Carreras, Narciso Ibáñez Menta y Chicho Ibáñez Serrador, las películas de Paul Naschy… ¡Hay mil más!

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Gustavo durante un momento de la presentación de “Culto al terror” en su pase en la sección Brigadoon del Festival de Sitges.

Como hemos dicho, Culto al terror conoció su estreno al público en la pasada edición del Festival de Sitges, concretamente en la sección Brigadoon. ¿Cómo fue la proyección?

¡Fantástica! Tuvimos a la misma hora el cierre del festival con un King Kong y La Fura dels Baus, y aun así… ¡la sala estuvo llena! Hubo una gran recepción por parte del público, y fue curioso ya que algunos espectadores se reconocieron en la pantalla, por ejemplo en la escena en que se ve a un grupo de gente haciendo cola para entrar en el cine Prado de Sitges. Sitges es todo.

¿Qué recorrido le espera a Culto al terror

Después de Sitges se ha pasado en Ciudad de México, y luego irá por varios festivales que ya me han confirmado. Y esta película está realizada sin ánimo de lucro, por eso, donde la inviten, estará.

Y en tu faceta de espectador, ¿te gusta el género documental? ¿Tienes algún título de referencia?

¡Ahh! ¡Me fascina! En el documental puedes hacer política y al mismo tiempo hablar de lo que te gusta. Por eso es tan importante el tema que elijas, porque puede hacerse denso con el tiempo y si no lo amas, te costará más. Sigo mucho la obra de los maestros Werner Herzog y Michael Moore, ¡tienen ediciones geniales! Amo también la estética sobrenatural de los films de Godfrey Reggio, con sus maravillosas Powaqqatsi (1988) y Koyaanisqatsi (1982). Puro arte. ¡Y hay muy buenos sobre el género! Ah, pero vean Culto al terror que es mejor, jajaja.

Tras haber realizado varias obras de carácter documental, ¿te gustaría incursionar en la ficción?

Sí, por supuesto. Ya en mis comienzos, años 2002, 2003, había hecho cortometrajes en Super 8 y en 16 mm de ficción. Planeo filmar unos guiones que escribe mi mujer, Maro Villamarin, sobre leyendas autóctonas argentinas, que son geniales. Ella también me asiste e hizo sonido, cámara y DF para mis dos últimas películas.

Por último ¿estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Ahora no, estoy en plena campaña para mostrar Culto al terror. Y tengo que analizar estos guiones que te contaba antes. ¡Todos son muy buenos!

Muchas gracias Gustavo, si quieres añadir algo más…

¡Que consuman lectura y cine de género! La cultura nos hace disfrutar de nuestra existencia y pensar. De esa manera seremos individuos originales y creativos.

Javier Pueyo

Published in: on noviembre 22, 2017 at 6:56 am  Dejar un comentario  
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Adiós a Antonio Isasi-Isasmendi

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Antonio Isasi recibiendo el Premi ACIB en la ceremonia FILMACIB 2016.

El pasado 28 de septiembre falleció en Ibiza, a la edad de noventa años, el realizador madrileño Antonio Isasi-Isasmendi, responsable de películas como Estambul 65 (1965), Las Vegas, 500 millones (1968) o Un verano para matar (1972), esta última poseedora, en opinión de Quentin Tarantino, de la mejor persecución en moto de la historia del cine. Tuve el honor de conocerle a finales de 2010, en Mallorca, cuando SOPEBA (Sociedad de Pediatría Balear) le invitó a participar en un coloquio para que explicara algunas de sus experiencias en el mundo cine. Acudí al evento en representación de una revista de tirada balear llamada Fancine con el fin de realizarle una entrevista, algo a lo que Isasi accedió amablemente. Aunque nuestra charla duró poco tiempo, pude comprobar que, además de ser un gran director, era una persona extraordinaria.

Tras ese encuentro volvimos a coincidir algunas veces más, la última de ellas en diciembre del año pasado cuando desde la Asociación de Cineastas de las Islas Baleares le entregamos el Premi ACIB-2016 en honor a toda su carrera y por su constante apoyo al cine Balear.

A modo de homenaje, recuperamos para La Abadía de Berzano aquella breve entrevista aparecida en el número correspondiente del mes de noviembre de 2010 de Fancine. Descansa en paz, Antonio, y gracias por todo.

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Antonio Isasi-Isasmendi en el set de “Estambul 65”. Fotografía extraída de la colección personal de Juan Prous, que trabajó como ayudante de cámara en la película (y que también aparece en la foto).

Lo primero que me intriga es que, si se inició en el mundo del cine como montador –Canción mortal (1948), Once pares de botas (1954)…-, ¿por qué no editaba usted sus propias películas?

¿Cómo qué no? Las edité todas, lo que ocurría es que los sindicatos te obligaban a tener un número determinado de trabajadores en una película, y yo no podía ser director y montador porque le quitaba el puesto a alguien. Por esa razón muchas veces aparecía acreditado Emilio Rodríguez, que en realidad era mi ayudante.

Otro ejemplo. Cuando hice Pasión bajo el sol (1955) decidí rodarla sin maquillaje, para que fuese más realista, pero me obligaron a tener en el set a un maquillador, el cual no hizo nada más que tomar el sol durante toda la filmación.

Durante los años sesenta y setenta se dedicó a realizar trepidantes películas de acción como Estambul 65, Un verano para matar o El perro (1977), protagonizadas por actores del calibre de Karl Malden, Jack Palance, Elke Sommer, Lee J Cobb, Klaus Kinski….

Rodar cine de acción era muy duro en aquella época; ahora, con los avances técnicos, hay más facilidades. Así que estoy muy orgulloso de haber podido realizar aquellas películas con aviones explotando, persecuciones en moto, tiroteos, y que quedaran bastante dignas. Como en España no había tradición de ese tipo de cine tuve que realizarlas en régimen de coproducción, y de ese modo pude, por ejemplo, estrenar en cuarenta salas de Nueva York o tener estrellas internacionales en los repartos.

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Klaus Kinski en “Estambul 65”.

En medio de tantas películas de acción, realizó un curioso documental, Rafael en Raphael (1975)…

Yo estaba muy sorprendido del éxito del que gozaba Raphael en aquel momento, y me interesaba como fenómeno social. Las niñas de la época se pasaban días completos haciendo cola para conseguir entradas. Aquello me motivó para estudiar su caso y realizar una película que indagara en los secretos de éxito. Y yo te prometo que jamás quise hacer una película que ofendiera a Raphael, pero sí que quería sacarlo todo. El problema fue que a él no le gustó nada porque creía que iba a realizar un elogio de su persona.

El aire de un crimen (1988) fue su última película como director. Mientras la rodaba, ¿ya sabía que sería la última?

Por supuesto. De hecho, en realidad no tenía muchas ganas de hacerla. Para mi realizar un filme significaba invertir tres años de mi vida en cada uno, y ya empezaba a cansarme. Pero tenía el compromiso con Benet de plasmar su novela a la pantalla, así que para despedirme me propuse crear un producto cien por cien español, tanto en el equipo técnico como en las localizaciones y los actores (Fernando Rey, Paco Rabal, Ovidi Montllor, Maribel Verdú…).

En el año 2005 Brian Yuzna realizó Rottweiler, película basada en la misma novela de Vázquez Figueroa en la que usted se inspiró para rodar El perro, ¿La ha visto?

No la he visto porque en aquel momento no me interesó. Pero mis amigos me han dicho que era muy floja…

Javier Pueyo

Published in: on octubre 4, 2017 at 5:24 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a David Ramos

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Coincidiendo con el lanzamiento de la banda sonora original de la película Snakewoman (2005) dirigida por Jesús Franco, aprovechamos para entrevistar a su compositor, David Ramos.

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¿Cómo fueron tus inicios en el mundo de la música?

De niño me regalaron un Casio PT 1, que es un pequeño teclado con teclas chiquitas, con el que empecé a tocar algunas melodías muy sencillas. Me encantaban esos ritmitos de juguete y me fascinaban los sonidos tan irreales; en el teclado ponía “piano”, “guitarra” o “flauta” pero lo que sonaba nada tenia que ver con ello. Más adelante, de adolescente, empecé a escuchar a músicos como Mike Oldfield, Vangelis o Jarre y me gustaba imitar sus sonidos. Y claro, para ello necesitaba mejores instrumentos que los que tenía, que solían ser la gama más barata del mercado. Me gustaba desarmarlos e intentar modificarlos: a veces, la mayoría, los destrozaba…otra conseguía sonidos “raros”, pero eso era todo. Yo quería tener sintetizadores de verdad, de los que veía a mis ídolos en los VHS que ponía una y otra vez. Todas las navidades pedía algún “sinte”, una caja de ritmos, cualquier cosa que pudiera hacer sonar y grabar. Cuando me di cuenta, casi con 20 años ya disponía de un pequeño estudio muy, muy arcaico, pero para mí era mi cueva, mi lugar donde desaparecer y encontrar esos sonidos y melodías que tanto me gustaban. Así nació Piramidaloide, mi estudio de grabación.

Estudie un año en el Conservatorio, otros tres en academias privadas y, por último, decidí hacerme autodidacta, y así he estado hasta ahora mismo. Nunca ningún tipo de estudio ha coartado mi creatividad, nunca lo he permitido, creo que cualquier expresión artística, igual que el artista que la crea, debe ser libre, si no, es imposible crear.

¿Con qué estilos musicales te identificas?

Principalmente con la vieja escuela de electrónica berlinesa, la primera vanguardia de los 70, el synth-pop de los 80 y el minimalismo de la escuela de Steve Reich, Philip Glass y Michel Nyman. Adoro el piano, y últimamente he estado muy sumergido en el New Noise y el Avant Garde más eléctrico y atonal. Por otra parte, el mundo de la banda sonora me fascina en todas sus facetas.

Y al margen del cine, como compositor, ¿has incursionado en otras áreas?

Tuve mi etapa New Age, música muy atmosférica, planeadora y evocadora. Dediqué mi primer disco en solitario a la noche en el álbum conceptual “Nocturnatta” (2008), por ponerte un ejemplo. Como te comenté hace un rato, el año 2015 fue un año que experimenté mucho con el sonido, su origen y desarrollo a través de osciladores electrónicos que yo mismo fabricaba. Fue una etapa muy rica y llena de libertad creativa; quizás ha sido mi etapa más radical.

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Centrándonos ya en el soundtrack de Snakewoman que “Vial of Delicatessens” acaba de lanzar al mercado, ¿cómo conociste a Jesús Franco?

Como explico brevemente en el interior de la carpeta del CD, resulta que Jesús vino a Tenerife a presentar el montaje definitivo de una película que Orson Welles dejó a medias, como tantas otras, y bueno, Jesús decidió montarla y acabarla, y realizó un estreno en Tenerife. Yo estuve en la rueda de prensa que dio y más tarde coincidí con él fuera del evento. Charlamos, nos caímos bien y casualmente yo llevaba un CD de música mía que le regalé. Yo pensaba que ahí iba a quedar todo, pero quince días después recibí una llamada y era él. Me comentó que estaba en la etapa final del montaje de su nueva peli, Snakewoman, y que necesitaba algunos temas musicales, así que le envié más música que finalmente usó como tema principal y base para la mayoría de las escenas de la misma. Esa fue la chispa de todo.

Además de Snakewoman, ¿en qué otras películas de Franco trabajaste?

Trabajé en Paula-Paula, y (sin yo saberlo) en La Cripta de las Condenadas Vol. 1. Aunque finalmente, después de componer las pistas para Paula-Paula, Jesús decidió usar la música de un guitarrista al que le quiso hacer un homenaje en la película, pero bueno, ahí quedó la música.

En el disco, además de los trabajos que hiciste expresamente para Franco, también aparecen otros temas que has compuesto a partir de las bandas sonoras de clásicos del director madrileño, como Las vampiras, La venganza del Dr. Mabuse o Virgen entre los muertos vivientes. ¿En qué momento optas por realizar estos homenajes?     

Las películas de Jess para mí siempre han sido fuente de inspiración, siempre han movido algo en mi mente y una forma de darle forma a esas sensaciones era precisamente crear temas musicales que me recordaran esos momentos. A mi La venganza del Dr. Mabuse me hizo mucha gracia en su día. La sobreactuación de Jack Taylor en el papel de Dr. Mabuse y sobre todo el doblaje castellano… En fin, tenía que hacer ese tema con las frases de Mabuse. Me lo pasé muy bien haciéndolo la verdad.

Las Vampiras, con esa impresionante Soledad Miranda, siempre me ha parecido una película magnética e hipnótica; como mínimo tenía que hacerle ese homenaje hecho música. Como nota curiosa comentarte que en el prólogo de Snakewoman, Jess usó un fragmento del tema que compuse como homenaje a Las Vampiras; me hizo mucha ilusión cuando lo escuché al ver la película porque, además, no sabía que terminó usándolo. Y ya que la mencionas, Virgen entre los muertos vivientes me parece una obra maestra y una de las mejores películas de la filmografía de Jesús. No podía ser menos.

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¿Y cómo era trabajar con él? ¿Tenías libertad? Teniendo en cuenta que Franco también ejerció de músico en muchas de sus películas…

Libertad absoluta, la verdad que nunca hubo problema alguno. Eso sí, tenía que enviarle toneladas de música para que eligiera y descartara y era bastante duro al respecto, supongo que, como dices,  porque también él era músico.

Y en base a tu experiencia en, por ejemplo Paula-Paula, Franco, a modo de director, ¿en qué momento requería la música para sus películas? ¿Siempre trabajaba contigo una vez iniciado el proceso de post producción del filme, o antes de rodar ya te daba algunas indicaciones?

Aunque de antemano podía tener ideas, esbozos de lo que quería usar, Jesús trabajaba conmigo siempre en la postpo.

De las composiciones que has hecho para Franco, ¿de cuál estás más orgulloso?

Lógicamente toda la música de Snakewoman la hice con un cariño e ilusión especial. Además, en aquella época yo estaba investigando nuevas formas de componer e inmerso en el jazz, y hay mucha influencia de ello en la película.

¿Estás contento con el CD que “Vial of Delicatessens” acaba de sacar a la venta con tus trabajos?

Muy orgulloso. Ha quedado impecable y como yo quería en principio. Aunque han quedado fuera unos pocos temas, los dos CD son una colección de toda la música que compuse para Jesús. Se han descartado muchos bocetos y algún tema que realmente está reflejado en algún otro que puede escucharse en el CD 2. Estoy muy contento y, además, los responsables de “Vial of Delicatessens” son personas que aman lo que hacen, y eso se nota.

Han pasado ya unos cuantos años desde que falleció Jesús Franco. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?

Su carácter, sus arrancadas de furia y su humor negro y ácido. Era imposible estar impasible a su lado, o te enfadabas o te reías un montón, o incluso las dos cosas. Era un ser único.

Y como espectador ¿cuáles son tus títulos favoritos de los que dirigió Franco?

Un poco los que te he nombrado: Vampyros Lesbos, Virgen entre los muertos vivientes, Succubus, Gritos en la noche, Mary Cookie y la tarántula asesina… No sé, son muchos.

Y ya terminando, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo?

Ahora mismo estoy grabando lo que podría ser un nuevo álbum, pero esta vez de música electrónica, mucho synth-pop y techno, nada que ver con bandas sonoras. Es lo que me apetece ahora, además será la excusa perfecta para volver a los escenarios y los conciertos, cosa que empiezo a echar de menos otra vez.

Muchas gracias por la entrevista David, si quieres añadir algo más…

Darte las gracias a ti por la oportunidad de comentar un poquito más de que va toda esta edición y, por supuesto, a “Vial of Delicatessens” por haber confiado en mí para editar este trabajo titánico.

Javier Pueyo

Published in: on octubre 7, 2016 at 5:55 am  Dejar un comentario  
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Necrológica de Curtis Hanson

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El pasado martes 20 de septiembre fallecía en Los Angeles el cineasta norteamericano Curtis Hanson, responsable de cintas tan conocidas como el thriller La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992) o, sobre todo, L. A. Confidential (Íd., 1997), probablemente su obra maestra.

Tras una primera etapa como realizador independiente y guionista de encargo -fue el autor del libreto de la maravillosa Perro blanco (White Dog, 1982), de Samuel Fuller-, Hanson realizó Ir a perderlo… y perderse (Losin´it, 1983), comedia juvenil de carácter sexual interpretada por unos entonces desconocidos Tom Cruise y Jackie Earle Haley que intentó reflejarse en el éxito de cintas similares como Porky´s (Íd., 1982).

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Tras algún escarceo televisivo comenzó a confeccionar diferentes filmes de suspense (algunos escritos por él mismo) entre los que se encuentran Malas influencias (Bad Influence, 1990) con Rob Lowe y James Spader, Río salvaje (The River Wild, 1994), interpretada por Meryl Streep y Kevin Bacon, o la ya mencionada La mano que mece la cuna, con una aterradora Rebecca De Mornay. Aunque su nombre ya fuese conocido en los circuitos hollywoodienses, fue con L. A. Confidential que logró su consagración, obteniendo críticas inmejorables además de un Oscar al Mejor Guion. Nacida como homenaje a los clásicos del noir, la película contó con un reparto espectacular capitaneado por Kevin Spacey, Russell Crowe, Kim Basinger y Guy Pearce.

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Encontrándose Hanson en el punto de mira de todos, su siguiente paso fue realizar la comedia dramática Jóvenes prodigiosos (Wonder Boys, 2000), interesante reflexión entorno a un escritor en plena crisis con el rostro de Michael Douglas. Aunque mucho más interesante fue 8 millas (8 Mile, 2002), en apariencia un vehículo para el lucimiento del músico Eminen, pero que en manos de Hanson se convirtió en un excelente drama racial aderezado con buenos momentos de hip-hop. Contó una vez más con un brillante cast, esta vez combinando actores consagrados (Kim Basinger, Brittany Murphy, Mekhi Phifer…) con futuras estrellas como los hoy imprescindibles Michael Shannon y Anthony Mackie; éxito de taquilla en el momento de su estreno, sin duda fue uno de los mejores trabajos de su director.

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La comedia romántica En sus zapatos (In Her Shoes, 2005) y el drama ambientando en el mundo del póker Lucky you (Íd., 2007) precedieron a la atractiva tv-movie producida por la HBO Malas noticias (Too Big to Fail, 2011), dura adaptación del libro de Andrew Ross Sorkin sobre el inicio de la crisis económica del 2008. El último trabajo de Curtis Hanson como realizador fue una película basada en hechos reales sobre el deporte del surf titulada Persiguiendo Mavericks (Chasing Mavericks, 2012), aunque debido a sus problemas de salud el director tuvo que ser sustituido durante unas semanas por Michael Apted, quien además se vio en la obligación de asumir el proceso de post-producción.

Afectado por el alzheimer y retirado del ambiente de los platós, Curtis Hanson ha fallecido por causas naturales a la edad de 71 años. Descanse en paz.

Javier Pueyo

Published in: on septiembre 22, 2016 at 10:01 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Eduardo Gión

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Ya hace unos cuantos años que se filmó el documental Madame Arthur, sobre la figura de Modesto Mangas -figura clave del cabaret en los años 70-, pero ha sido recientemente que al fin ha conocido distribución en Dvd gracias a la empresa Vial of Delicatessens. Aprovechamos la situación para entrevistar a su director, Eduardo Gión, cineasta conocido principalmente gracias a Lentejuelas de sangre, retrato de Pierrot que se estrenó en el Festival de SITGES -2012.

Antes de centrarnos en tus películas, háblanos de tus inicios. ¿De dónde viene tu pasión por el cine? 

Amo el cine desde que era un niño, era un poco rarito y entonces prefería ir a ver películas yo solo al cine que jugar con mis amigos en la calle. Recuerdo que en aquellos años el acomodador era un amigo de la familia, y me dejaba entrar gratis a ver las películas que yo deseaba, como las obras de John Waters, las primeras de Almodóvar o reposiciones de Bergman y, sobre todo, el cine de terror que proyectaban, como Viernes 13, Aquella casa al lado del cementerio o Mil gritos tiene la noche. En esos momentos decidí que quería hacer cine y contar a través de imágenes las historias que rondaban en mi cabeza. Luego con los años me puse a estudiar cine, audiovisuales, pero realmente creo que aprendes mucho más asistiendo a la Filmoteca y viendo a los clásicos que lo que te pueda explicar un profesor.

¿Cuáles son tus referentes cinematográficos?

Tengo varios, soy muy ecléctico. Me encanta todo el cine de Dreyer, sus planos son obras de arte, cuadros pictóricos. Amo el cine de Bergman, la fotografía, las historias que cuenta, la manera de dirigir a los actores y, sobre todo, a las actrices. Esas miradas, esos gestos; Bergman es mi pasión. Me enamora también Pasolini. Su obra Accatone es siempre un referente para mí.

Luego está todo el tema del cine underground y experimental del que también soy muy amante, como Arrebato de Zulueta. Jack Smith, Derek Jarman o Keneth Anger serían mis tres reyes magos particulares. En el tema experimental o super8 y 16mm está el maestro Jonas Mekas o Stan Brakhage. Ahora mismo con mi socio y amigo Raúl Hidalgo estamos trabajando sobre estas técnicas. Y para divertirme un rato, pues Waters, todo el cine de la factoría Warhol-Morrissey, y mucho trash.

Madame Arthur

Madame Arthur

Hace pocos meses Vial of Delicatessens estrenó en Dvd Madame Arthur (2011), tu debut como director de documentales, un recorrido por la trayectoria profesional de uno de los primeros transformistas de España. ¿Cómo nació este proyecto? ¿Por qué te decides a realizar una película sobre él?

En esos momentos andaba buscando un personaje para realizar un documental, y tenía claro que tenía que ser único, irrepetible y pionero.  Leyendo el libro Memorias Trans de Pierrot me quedé con la boca abierta cuando leí el capítulo dedicado a Madame. Justo era lo que buscaba. Un ser único y potente, pero sobre todo valiente. Me puse en contacto con Pierrot y a partir de ahí empecé a confeccionar el guión y la estructura, y más tarde el calendario de rodajes en diferentes partes de España.

¿Cuánto tiempo te llevó filmar este documental?

Un par de años, ya que había diferentes localizaciones: Barcelona, Madrid, Salamanca y Villavieja de Yeltes, su pueblo natal. Quisimos documentarnos bien y luego rodar.

¿Pudiste conocer en persona a Madame Arthur?

No, el murió mucho antes. Una pena, porque hubiese sido maravilloso charlar con él sobre todo lo que él mismo contaba, su amistad con Fellini, su romance de juventud con Burt Lancaster… Pero tuve la suerte de que en el documental el espectador puede escucharlo de su propia voz, ya que encontramos un documento en super8 donde él cuenta todo. Un lujo.

¿Cómo crees que ha evolucionado el tema del transformismo en el espectáculo? ¿Podemos considerar a Madame Arthur como un pionero?

Pues realmente no veo una evolución, más bien un retroceso. O ni eso; para mí particularmente no existen ya espectáculos como los que hacían Madame Arthur, Pierrot o Pirondello, artistas como Dolly Van Doll con su Belle Epoque… Creo que tampoco existen salas ni locales para que se puedan realizar, pero lo que no queda seguro son artistas como antes. Mejor dicho quedan muy pocos, como Gilda Love que trabajó en todos esos locales o Victor Guerrero, presentador estrella de aquella época. Por suerte esos dos artistas forman parte de mi espectáculo, “El Desplume”, en Antic Teatre de Barcelona.

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Ya has hablado de Pierrot, que además aparece en la película, no sólo como entrevistado, sino también a modo de maestro de ceremonias. ¿Cómo le conociste?

Como te comentaba anteriormente, me puse en contacto con él tras leer el libro de Madame Arthur, y él amablemente me abrió las puertas de su casa durante todos los jueves por la tarde durante el tiempo en que duró nuestra amistad. Mirábamos vídeos de la época, hablábamos, me enseñaba todo su trabajo desde los 60 y ahí fue cuando descubrí su faceta de “Terror”. Una tarde le comenté que mi próximo proyecto quería que fuese sobre su faceta de showman, y cuál fue mi sorpresa cuando abrió un armario lleno de películas en super8 de terror, guiones, fotos, revistas, fanzines, todo dedicado al mundo del terror y me dije: “Este va a ser el documental: su faceta de terror y travestismo”.     

El proyecto se materializó en lo que acabó siendo tu segundo largometraje, Lentejuelas de sangre (2012), que en 2014 se estrenó en Dvd también de la mano de Vial of Delicatessens. En mi opinión se trata de un extraordinario trabajo que, como dices, nace como consecuencia de tu anterior película.

Eso es. Yo planteé una trilogía iniciada por Madame Arthur, luego Pierrot y terminar con un documental de Dolly Van Doll. Ese armario que me abrió Pierrot era tan potente que sacamos todo, empezamos a verlo y a organizar una mesa de trabajo con todo el material. Digitalizar super8, escanear fotos y fanzines, cartelería del Festival de Sitges que él había realizado… Y hacer una lista de testimonios para el documental.  Así empezó Lentejuelas de sangre.

En Lentejuelas de sangre aparecen entrevistados profesionales directamente relacionados con el cine de terror español, como José Lifante, Sebastià D´Arbó o Salvador Sáinz. A ti como espectador, ¿te gusta este movimiento cinematográfico, en ocasiones denominado “fantaterror español”?

Sí, claro, me fascina todo lo relacionado con el terror. Del fantaterror no era muy conocedor, es verdad, pero gracias a Pierrot me puse al día. Yo era muy amante de la Hammer y del terror de los 80 y 90. Por eso también me fascinó conocer todo el material fílmico de Pierrot basado e inspirado en la Hammer, así como sus pinturas y dibujos totalmente influenciado por ellos.

Y contar en la película con alguien tan importante como Lifante, pues fue un sueño; es un actor al que yo siempre identificaba con el cine de terror, y al poder trabajar con él descubrí que es un amor de persona. Se ha creado una bonita amistad, y de vez en cuando nos vemos y charlamos. Ahora estoy planeando un viaje a Madrid para verlo en el teatro.

D’arbó fue otra maravilla de persona, él fue muy amigo de Pierrot, y así lo demostró ayudando con el documental. También hay que mencionar a Ricard Reguant, otro gran amigo que desde el primer momento me dijo: “Sí, quiero estar en este trabajo”. Él fue tan agradable… Tenemos que pensar que en el momento de rodaje Pierrot ya había muerto y todos fueron muy amables y generosos.

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Pierrot también trabajó, en varias ocasiones, con Paul Naschy, y sorprende escuchar, casi al inicio de tu documental, la voz del propio Naschy a modo de introducción. Un off que originariamente pertenece a uno de los espectáculos que Pierrot dirigió en los 80. ¿Cómo encontraste esa pieza? ¿Te la cedió Pierrot o la familia de Naschy?

Ese audio me lo regaló Pierrot, en un cassete, totalmente inédito. Es un off grabado en los camerinos del local gay y trans de Madrid “Gayclub”, para un posterior espectáculo sobre trans-terror que quería dirigir Pierrot en ese local, y su amigo Naschy, amablemente, le grabó eso como inicio. Nunca se hizo ese espectáculo, de ahí la importancia de ese off que abre Lentejuelas de sangre.

¿A qué público crees que van dirigidos tus documentales?

En general van dirigidos a todo el mundo. Nunca esta de más descubrir un personaje interesante como puede ser Madame Arthur o Pierrot.

¿Estás contento con las ediciones que Vial of Delicatessens ha hecho de tus películas?

Muy contento. Soy consciente de que detrás de mis documentales no hay una gran productora y la publicidad debo hacerla yo. Tuve la suerte de que Lentejuelas de sangre fuese seleccionada por el Festival de Sitges, y eso fue un empujón grande para la distribución. Vial Of Delicatessens apuesta siempre por mis obras y eso siempre es de agradecer. Les estoy muy agradecido.

ME BY RAUL HIDALGO

Al margen de tus dos largometrajes documentales, has realizado algunos cortometrajes de corte experimental, como Alquimia del dolor. Como director, ¿te atreverías con una historia de ficción de narrativa convencional, o es un formato que no te interesa como creador?

Alquimia del dolor es una pieza experimental realizada conjuntamente con mi amigo y fotógrafo Raúl Hidalgo. Me fascinaban sus fotografías analógicas y decidimos explicar una historia a través de su obra fotográfica, para luego trabajar sobre la emulsión del super 8 y darle vida a esa obra. Estamos muy orgullosos de ella y ya forma parte del archivo de Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Un sueño.

Con Raúl Hidalgo hemos formado un sello llamado “Wams” donde producimos nuestros nuevos films y piezas experimentales, así como trabajos para una revista de tirada internacional donde él fotografía (siempre en analógico) editoriales de moda o retratos a artistas y yo los entrevisto. A raíz de este trabajo hemos podido fotografiar y entrevistar a artistas como Isabel Coixet, Derek Ridgers, Jenny Runacre, Joe D’Allesandro o Jonas Mekas. Tenemos muchos proyectos bajo este sello para este año y el que viene.

Has incursionado varias veces en el mundo del teatro. ¿En que medio te sientes más cómodo? ¿Tu idea es continuar en paralelo tu carrera en el cine y en el teatro?

Me apasionan los dos medios. El cine es mi punto de vista para contar una historia, y el teatro me da la libertad de mostrar al espectador artistas del cabaret que adoro, y no nos funciona mal: este otoño será la 5ª temporada de “El desplume”.

Para finalizar, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo en estos momentos?

Sí, ahora mismo estoy con Raúl Hidalgo trabajando en nuestra nueva película llamada Poeme, rodada en diferentes formatos como vhs, 8mm y super8. Se trata de una película de ocho episodios o piezas experimentales guionizadas por el poeta “Scribe” (Mathiue Landais), que escribió The smell of Us, la última película de Larry Clark. En Poeme tenemos el inmenso placer de haber contado con la colaboración de artistas como Bibbe Hansen (artista de la Factory de Warhol), Michael Alig (Club Kid) o David Croland.

Esperamos estrenarla el año que viene.

 

Javier Pueyo

Published in: on septiembre 2, 2016 at 5:52 am  Dejar un comentario  
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Fallece Kenny Baker

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Hace apenas unos días nos dejaba, a los 81 años de edad, el actor británico Kenny Baker, conocido principalmente por dar vida a R2-D2 en la saga de Star Wars desde la primera entrega, La guerra de las galaxias (1977) de George Lucas. Baker trabajó en otros títulos importantes, como El hombre elefante (1980) de David Lynch o Amadeus (1984) de Milos Forman, así como en otras producciones de la factoría Lucas –Dentro del laberinto (1986), Willow (1988)-, pero el gran público siempre le relacionará como el partenaire de C-3PO (encarnado por Anthony Daniels) en la odisea galáctica iniciada por Lucas. De este modo, era común ver a Baker en diferentes actos, convenciones o documentales relacionados con Star Wars. Uno de ellos fue I Am Your Father (2015), de Toni Bestard y Marcos Cabotá, cinta nominada al Goya al Mejor Largometraje Documental en su última edición, centrada en la figura del actor David Prowse, encargado de dar vida al icónico Darte Vader en las primeras entregas de la franquicia. Baker era uno de los entrevistados a lo largo del metraje, y por eso hemos decidido contactar con Bestard y Cabotá para que nos den sus impresiones de como fue coincidir con él, y qué creen que supone para la inmortal saga.

Toni Bestard:

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Conocí a Kenny Baker hace tres años en la convención oficial de Star Wars en Essen (Alemania). Tengo que decir que de todos los actores que entrevistamos en el documental I Am Your Father, fue uno de los más atentos y entrañables de los que se sentaron frente a la cámara.

Era un tipo que sabía perfectamente en que negocio se había metido y vivía (como tantos otros actores detrás de una máscara) gracias a los fans, además de por y para los fans (para lo bueno y para lo malo, ya que en algunas ocasiones, el mal humor le acechaba entre tanta convención y firmas). Se le perdona, ya que aunque estuvo en las entrañas del robot más carismático de la historia del cine (con permiso de HAL 9000), él también era un tipo con un carisma desbordante.

D.E.P.

Marcos Cabotá:

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Kenny es eterno. R2-D2 es un droide invencible. Ha sobrevivido batallas imposibles en Yavin, Hoth y Endor. Ha salvado a Luke, a Leia y a Han en incontables ocasiones. ¿Que Kenny Baker ha muerto? Perdona, Kenny Baker no ha muerto. Kenny Baker es R2 y le quedan muchas aventuras por delante. Aun tenemos que ver como ayudará a Rey, Finn y a Poe para vencer al Líder Supremo Snoke. ¡Qué va!, a Kenny le queda mucha tralla por delante. Es lo que tiene ser un droide invencible.

En el momento en que Kenny dio vida a R2-D2 (Arturito, para la familia cercana), bebió del Santo Grial y se le concedió la vida eterna. Por mucho que nos intente convencer Obi-Wan, Kenny SÍ es el droide que buscamos y lo seguiremos haciendo en todas las aventuras de esta Galaxia “muy, muy lejana”.

Así que Kenny, a pesar de lo que puedan decir por ahí, te veo en el Episodio VIII, IX y en todos los que vendrán después, porque sin ti no hay aventura.

Kenny, eres eterno. 

Javier Pueyo

Published in: on agosto 22, 2016 at 6:11 am  Dejar un comentario  
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Black Angel (Senso´ 45)

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(Senso´ 45)Título original: Senso´ 45

Año: 2002 (Italia)

Director: Tinto Brass

Productor: Giuseppe Colombo

Guionista: Tinto Brass según la novela de Camillo Boito

Fotografía: Massimo Di Venanzo, Daniele Nannuzzi

Música: Ennio Morricone

Intérpretes: Anna Galiena (Livia Mazzoni), Gabriel Garko (Helmut Schultz), Franco Branciaroli (Ugo Oggiano), Antonio Salines (Carlo), Simona Borioni (Elsa), Loredana Cannata (Ninetta), Erika Savastani (Emilietta), Sabrina Colle, Agostino Nani, Giulia De Gresy, Franco Barbero, Eleonora Mazzoni, Ciro Scalera, Maria Pia Colonnello, Hermann Weiskopf, Alessia Siniscalchi, Maurizio Prudenzi, Conchita Manfroi, Lele Masiol, Giorgia Reberschack, Max Parodi, Marina Pegoraro, Giuseppe Rossetto, Susanna Bugatti, Gianluca Magni, Francesca Tosetti, Mario Francini, Lucrezia Andreotti, Gianni Demartiis, Martina Andreotti, Lorenzo Vitturi, Isabel Vitturi, Alberto Garbizza, Jasmine, Osiride Pevarello, Carla Solaro, Claudio Bernabei, Madame X, Roberto Malone, Monica Del Pup, Claudio Castana, Michela Fruet, Carlo De Marino, Maria Grazia Morelli, Tony Leone, Silvana Archiapatti, Massimo Sangalli, Ivana Fontanabona, Filippo Belletti, Francesca Piovesan, Massimo Vanni, Emanuela Del Zampo, Milko D’Angelo, Silvia Demili, Paolo Signora, Camilla Ahluvist, Jacopo Molina, Lorenzo Branchetti (Soldado), Lucas Di Medio (Oficial de las SS), Danilo Maria Valli, Tinto Brass (Director de cine)…

Sinopsis: Atrapada en un infeliz matrimonio, la mujer de un ministro fascista italiano comienza una peligrosa y autodestructiva relación con un engañoso oficial de las SS. La atracción que siente por el oficial alemán la llevará a introducirse en un mundo clandestino de perversión y juegos eróticos.

Tinto Brass junto a la actriz Anna Galiena posan durante una pausa de rodaje.

Tinto Brass junto a la actriz Anna Galiena posan durante una pausa de rodaje.

Catorce años después de su realización, la distribuidora Film Buro realiza una operación digna de aplaudir y recupera para las salas españolas Senso´ 45titulada para la ocasión Black Angel[1]-, película dirigida por Tinto Brass, realizador italiano experto en erotismo fílmico, en cuyo curriculum se encuentran obras de sobra conocidas para el espectador cinéfilo, como La llave secreta (La chiave, 1983), Los burdeles de Paprika (Paprika, 1991) o la controvertida Calígula (Caligula, 1979), por nombrar unas pocas.

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En esta ocasión, y al igual que ya hizo en su también afamada Salon Kitty (Íd. 1976), Brass sitúa al espectador en la Segunda Guerra Mundial y construye una trama en la que el sexo ejerce de motor principal de la acción. De este modo, y tomando como base la novela Senso de Camillo Boito (ya adaptada al cine con anterioridad por Luchino Visconti), el director milanés lleva a su terreno la historia de una mujer infeliz que se enamora perdidamente de un oficial nazi en la Italia de los años 40. Y es que, aunque el cineasta aprovechó para recrearse en un festival de morbo y perversión que incluía escenas de sexo oral, penetración anal o lluvia dorada, cierto es que la historia sí adquiere principal importancia en la narración y está filmada con especial solvencia. Dicho de otro modo, sería un error definir a esta Black Angel como un homenaje a las antiguas nazixploitation europeas de directores como Paolo Solvay o Bruno Mattei, que aunque tuviesen diferentes virtudes no dejaban de ser meros ejercicios creados para el consumo rápido, en las antípodas de la historia de pasión, celos y traiciones que aquí se pretende contar. Cierto es que no falta la escena de cama con una fémina ataviada con gorra militar o una orgía en plena juerga nazi, pero son pasajes colocados correctamente para acentuar el ambiente depravado de la propuesta.

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De entrada, Brass construye con Livia Mazzoni a un personaje femenino ciertamente interesante, pues lejos de tratarse de un mero objeto sexual con el que un oficial sacia sus instintos, se nos presenta como una mujer inteligente, fuerte y enamorada que vivirá una aventura llena de mentiras y engaños, en la que deberá sacar fuerzas en el último minuto si pretende sobrevivir a los acontecimientos. Brillantemente interpretada por Anna Galiena, la actriz lleva todo el peso de la trama, difícil misión de la que sale bien parada, algo que no debe sorprender a aquellos que conocen su trabajo en filmes como El marido de la peluquera (Le mari de la coiffeuse, 1990) o La pistola de mi hermano (1997).

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En lo que se refiere al aspecto formal de la película, Tinto Brass recurre a una artimaña arriesgada, tal vez difícil sobre el papel, pero eficaz en su desarrollo: junto al director de fotografía Daniele Nannuzi (responsable de la imagen de Santa Sangre-1989-), el cineasta filma el presente en blanco y negro mientras que los flasbacks son mostrados en color. No es un hecho gratuito, pues el pasado está plagado de instantes mágicos, incluso felices, y por supuesto llenos de luz, como aquel coito en el mar rodado con cariño y maestría. En contrapunto, el momento actual viene retratado sin colores, fríamente, pues está plagado de embustes, deslealtad y muerte. Una decisión como digo osada, pero que  Brass y su equipo saben llevar a buen puerto. Volviendo al reparto, junto a la ya mencionada Galiena destaca el otro protagonista Gabriel Garko, actor que si bien es cierto que en nuestro país no es muy conocido, en su Italia natal sí goza de cierta popularidad, principalmente gracias a sus trabajos para la televisión (para este medio acaba de interpretar nada menos que a Rodolfo Valentino en una miniserie). Junto a ellos, rostros habituales en el cine de Brass (Franco Branciaroli, Max Parodi, Carla Solaro…), así como la estrella del porno Roberto Malone (en un minúsculo papel) y el mismísimo Tinto Brass ejerciendo un cameo como el director de una película propagandística.

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Por supuesto existen otras muchas películas mejores contextualizadas en la Segunda Gran Guerra -sin alejarnos demasiado en el tiempo, me vienen a la cabeza obras como El pianista (The Pianist, 2002) o El libro negro (Zwartboek, 2006)-, pero también es cierto que seria un error dejar pasar por alto este trabajo de Tinto Brass, pues merece la pena acercarse a esta pequeña joya, arriesgada y diferente, desde luego incapaz de producir indiferencia. Recomendable.

Javier Pueyo

[1] Black Angel fue también el título con el que la película se comercializó en otros países de Europa, como Alemania por ejemplo, aprovechando que el working title del filme fue, precisamente, “Angelo nero”.

Published in: on julio 27, 2016 at 6:26 am  Dejar un comentario  
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