Adiós a Antonio Isasi-Isasmendi

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Antonio Isasi recibiendo el Premi ACIB en la ceremonia FILMACIB 2016.

El pasado 28 de septiembre falleció en Ibiza, a la edad de noventa años, el realizador madrileño Antonio Isasi-Isasmendi, responsable de películas como Estambul 65 (1965), Las Vegas, 500 millones (1968) o Un verano para matar (1972), esta última poseedora, en opinión de Quentin Tarantino, de la mejor persecución en moto de la historia del cine. Tuve el honor de conocerle a finales de 2010, en Mallorca, cuando SOPEBA (Sociedad de Pediatría Balear) le invitó a participar en un coloquio para que explicara algunas de sus experiencias en el mundo cine. Acudí al evento en representación de una revista de tirada balear llamada Fancine con el fin de realizarle una entrevista, algo a lo que Isasi accedió amablemente. Aunque nuestra charla duró poco tiempo, pude comprobar que, además de ser un gran director, era una persona extraordinaria.

Tras ese encuentro volvimos a coincidir algunas veces más, la última de ellas en diciembre del año pasado cuando desde la Asociación de Cineastas de las Islas Baleares le entregamos el Premi ACIB-2016 en honor a toda su carrera y por su constante apoyo al cine Balear.

A modo de homenaje, recuperamos para La Abadía de Berzano aquella breve entrevista aparecida en el número correspondiente del mes de noviembre de 2010 de Fancine. Descansa en paz, Antonio, y gracias por todo.

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Antonio Isasi-Isasmendi en el set de “Estambul 65”. Fotografía extraída de la colección personal de Juan Prous, que trabajó como ayudante de cámara en la película (y que también aparece en la foto).

Lo primero que me intriga es que, si se inició en el mundo del cine como montador –Canción mortal (1948), Once pares de botas (1954)…-, ¿por qué no editaba usted sus propias películas?

¿Cómo qué no? Las edité todas, lo que ocurría es que los sindicatos te obligaban a tener un número determinado de trabajadores en una película, y yo no podía ser director y montador porque le quitaba el puesto a alguien. Por esa razón muchas veces aparecía acreditado Emilio Rodríguez, que en realidad era mi ayudante.

Otro ejemplo. Cuando hice Pasión bajo el sol (1955) decidí rodarla sin maquillaje, para que fuese más realista, pero me obligaron a tener en el set a un maquillador, el cual no hizo nada más que tomar el sol durante toda la filmación.

Durante los años sesenta y setenta se dedicó a realizar trepidantes películas de acción como Estambul 65, Un verano para matar o El perro (1977), protagonizadas por actores del calibre de Karl Malden, Jack Palance, Elke Sommer, Lee J Cobb, Klaus Kinski….

Rodar cine de acción era muy duro en aquella época; ahora, con los avances técnicos, hay más facilidades. Así que estoy muy orgulloso de haber podido realizar aquellas películas con aviones explotando, persecuciones en moto, tiroteos, y que quedaran bastante dignas. Como en España no había tradición de ese tipo de cine tuve que realizarlas en régimen de coproducción, y de ese modo pude, por ejemplo, estrenar en cuarenta salas de Nueva York o tener estrellas internacionales en los repartos.

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Klaus Kinski en “Estambul 65”.

En medio de tantas películas de acción, realizó un curioso documental, Rafael en Raphael (1975)…

Yo estaba muy sorprendido del éxito del que gozaba Raphael en aquel momento, y me interesaba como fenómeno social. Las niñas de la época se pasaban días completos haciendo cola para conseguir entradas. Aquello me motivó para estudiar su caso y realizar una película que indagara en los secretos de éxito. Y yo te prometo que jamás quise hacer una película que ofendiera a Raphael, pero sí que quería sacarlo todo. El problema fue que a él no le gustó nada porque creía que iba a realizar un elogio de su persona.

El aire de un crimen (1988) fue su última película como director. Mientras la rodaba, ¿ya sabía que sería la última?

Por supuesto. De hecho, en realidad no tenía muchas ganas de hacerla. Para mi realizar un filme significaba invertir tres años de mi vida en cada uno, y ya empezaba a cansarme. Pero tenía el compromiso con Benet de plasmar su novela a la pantalla, así que para despedirme me propuse crear un producto cien por cien español, tanto en el equipo técnico como en las localizaciones y los actores (Fernando Rey, Paco Rabal, Ovidi Montllor, Maribel Verdú…).

En el año 2005 Brian Yuzna realizó Rottweiler, película basada en la misma novela de Vázquez Figueroa en la que usted se inspiró para rodar El perro, ¿La ha visto?

No la he visto porque en aquel momento no me interesó. Pero mis amigos me han dicho que era muy floja…

Javier Pueyo

Published in: on octubre 4, 2017 at 5:24 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a David Ramos

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Coincidiendo con el lanzamiento de la banda sonora original de la película Snakewoman (2005) dirigida por Jesús Franco, aprovechamos para entrevistar a su compositor, David Ramos.

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¿Cómo fueron tus inicios en el mundo de la música?

De niño me regalaron un Casio PT 1, que es un pequeño teclado con teclas chiquitas, con el que empecé a tocar algunas melodías muy sencillas. Me encantaban esos ritmitos de juguete y me fascinaban los sonidos tan irreales; en el teclado ponía “piano”, “guitarra” o “flauta” pero lo que sonaba nada tenia que ver con ello. Más adelante, de adolescente, empecé a escuchar a músicos como Mike Oldfield, Vangelis o Jarre y me gustaba imitar sus sonidos. Y claro, para ello necesitaba mejores instrumentos que los que tenía, que solían ser la gama más barata del mercado. Me gustaba desarmarlos e intentar modificarlos: a veces, la mayoría, los destrozaba…otra conseguía sonidos “raros”, pero eso era todo. Yo quería tener sintetizadores de verdad, de los que veía a mis ídolos en los VHS que ponía una y otra vez. Todas las navidades pedía algún “sinte”, una caja de ritmos, cualquier cosa que pudiera hacer sonar y grabar. Cuando me di cuenta, casi con 20 años ya disponía de un pequeño estudio muy, muy arcaico, pero para mí era mi cueva, mi lugar donde desaparecer y encontrar esos sonidos y melodías que tanto me gustaban. Así nació Piramidaloide, mi estudio de grabación.

Estudie un año en el Conservatorio, otros tres en academias privadas y, por último, decidí hacerme autodidacta, y así he estado hasta ahora mismo. Nunca ningún tipo de estudio ha coartado mi creatividad, nunca lo he permitido, creo que cualquier expresión artística, igual que el artista que la crea, debe ser libre, si no, es imposible crear.

¿Con qué estilos musicales te identificas?

Principalmente con la vieja escuela de electrónica berlinesa, la primera vanguardia de los 70, el synth-pop de los 80 y el minimalismo de la escuela de Steve Reich, Philip Glass y Michel Nyman. Adoro el piano, y últimamente he estado muy sumergido en el New Noise y el Avant Garde más eléctrico y atonal. Por otra parte, el mundo de la banda sonora me fascina en todas sus facetas.

Y al margen del cine, como compositor, ¿has incursionado en otras áreas?

Tuve mi etapa New Age, música muy atmosférica, planeadora y evocadora. Dediqué mi primer disco en solitario a la noche en el álbum conceptual “Nocturnatta” (2008), por ponerte un ejemplo. Como te comenté hace un rato, el año 2015 fue un año que experimenté mucho con el sonido, su origen y desarrollo a través de osciladores electrónicos que yo mismo fabricaba. Fue una etapa muy rica y llena de libertad creativa; quizás ha sido mi etapa más radical.

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Centrándonos ya en el soundtrack de Snakewoman que “Vial of Delicatessens” acaba de lanzar al mercado, ¿cómo conociste a Jesús Franco?

Como explico brevemente en el interior de la carpeta del CD, resulta que Jesús vino a Tenerife a presentar el montaje definitivo de una película que Orson Welles dejó a medias, como tantas otras, y bueno, Jesús decidió montarla y acabarla, y realizó un estreno en Tenerife. Yo estuve en la rueda de prensa que dio y más tarde coincidí con él fuera del evento. Charlamos, nos caímos bien y casualmente yo llevaba un CD de música mía que le regalé. Yo pensaba que ahí iba a quedar todo, pero quince días después recibí una llamada y era él. Me comentó que estaba en la etapa final del montaje de su nueva peli, Snakewoman, y que necesitaba algunos temas musicales, así que le envié más música que finalmente usó como tema principal y base para la mayoría de las escenas de la misma. Esa fue la chispa de todo.

Además de Snakewoman, ¿en qué otras películas de Franco trabajaste?

Trabajé en Paula-Paula, y (sin yo saberlo) en La Cripta de las Condenadas Vol. 1. Aunque finalmente, después de componer las pistas para Paula-Paula, Jesús decidió usar la música de un guitarrista al que le quiso hacer un homenaje en la película, pero bueno, ahí quedó la música.

En el disco, además de los trabajos que hiciste expresamente para Franco, también aparecen otros temas que has compuesto a partir de las bandas sonoras de clásicos del director madrileño, como Las vampiras, La venganza del Dr. Mabuse o Virgen entre los muertos vivientes. ¿En qué momento optas por realizar estos homenajes?     

Las películas de Jess para mí siempre han sido fuente de inspiración, siempre han movido algo en mi mente y una forma de darle forma a esas sensaciones era precisamente crear temas musicales que me recordaran esos momentos. A mi La venganza del Dr. Mabuse me hizo mucha gracia en su día. La sobreactuación de Jack Taylor en el papel de Dr. Mabuse y sobre todo el doblaje castellano… En fin, tenía que hacer ese tema con las frases de Mabuse. Me lo pasé muy bien haciéndolo la verdad.

Las Vampiras, con esa impresionante Soledad Miranda, siempre me ha parecido una película magnética e hipnótica; como mínimo tenía que hacerle ese homenaje hecho música. Como nota curiosa comentarte que en el prólogo de Snakewoman, Jess usó un fragmento del tema que compuse como homenaje a Las Vampiras; me hizo mucha ilusión cuando lo escuché al ver la película porque, además, no sabía que terminó usándolo. Y ya que la mencionas, Virgen entre los muertos vivientes me parece una obra maestra y una de las mejores películas de la filmografía de Jesús. No podía ser menos.

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¿Y cómo era trabajar con él? ¿Tenías libertad? Teniendo en cuenta que Franco también ejerció de músico en muchas de sus películas…

Libertad absoluta, la verdad que nunca hubo problema alguno. Eso sí, tenía que enviarle toneladas de música para que eligiera y descartara y era bastante duro al respecto, supongo que, como dices,  porque también él era músico.

Y en base a tu experiencia en, por ejemplo Paula-Paula, Franco, a modo de director, ¿en qué momento requería la música para sus películas? ¿Siempre trabajaba contigo una vez iniciado el proceso de post producción del filme, o antes de rodar ya te daba algunas indicaciones?

Aunque de antemano podía tener ideas, esbozos de lo que quería usar, Jesús trabajaba conmigo siempre en la postpo.

De las composiciones que has hecho para Franco, ¿de cuál estás más orgulloso?

Lógicamente toda la música de Snakewoman la hice con un cariño e ilusión especial. Además, en aquella época yo estaba investigando nuevas formas de componer e inmerso en el jazz, y hay mucha influencia de ello en la película.

¿Estás contento con el CD que “Vial of Delicatessens” acaba de sacar a la venta con tus trabajos?

Muy orgulloso. Ha quedado impecable y como yo quería en principio. Aunque han quedado fuera unos pocos temas, los dos CD son una colección de toda la música que compuse para Jesús. Se han descartado muchos bocetos y algún tema que realmente está reflejado en algún otro que puede escucharse en el CD 2. Estoy muy contento y, además, los responsables de “Vial of Delicatessens” son personas que aman lo que hacen, y eso se nota.

Han pasado ya unos cuantos años desde que falleció Jesús Franco. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?

Su carácter, sus arrancadas de furia y su humor negro y ácido. Era imposible estar impasible a su lado, o te enfadabas o te reías un montón, o incluso las dos cosas. Era un ser único.

Y como espectador ¿cuáles son tus títulos favoritos de los que dirigió Franco?

Un poco los que te he nombrado: Vampyros Lesbos, Virgen entre los muertos vivientes, Succubus, Gritos en la noche, Mary Cookie y la tarántula asesina… No sé, son muchos.

Y ya terminando, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo?

Ahora mismo estoy grabando lo que podría ser un nuevo álbum, pero esta vez de música electrónica, mucho synth-pop y techno, nada que ver con bandas sonoras. Es lo que me apetece ahora, además será la excusa perfecta para volver a los escenarios y los conciertos, cosa que empiezo a echar de menos otra vez.

Muchas gracias por la entrevista David, si quieres añadir algo más…

Darte las gracias a ti por la oportunidad de comentar un poquito más de que va toda esta edición y, por supuesto, a “Vial of Delicatessens” por haber confiado en mí para editar este trabajo titánico.

Javier Pueyo

Published in: on octubre 7, 2016 at 5:55 am  Dejar un comentario  
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Necrológica de Curtis Hanson

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El pasado martes 20 de septiembre fallecía en Los Angeles el cineasta norteamericano Curtis Hanson, responsable de cintas tan conocidas como el thriller La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992) o, sobre todo, L. A. Confidential (Íd., 1997), probablemente su obra maestra.

Tras una primera etapa como realizador independiente y guionista de encargo -fue el autor del libreto de la maravillosa Perro blanco (White Dog, 1982), de Samuel Fuller-, Hanson realizó Ir a perderlo… y perderse (Losin´it, 1983), comedia juvenil de carácter sexual interpretada por unos entonces desconocidos Tom Cruise y Jackie Earle Haley que intentó reflejarse en el éxito de cintas similares como Porky´s (Íd., 1982).

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Tras algún escarceo televisivo comenzó a confeccionar diferentes filmes de suspense (algunos escritos por él mismo) entre los que se encuentran Malas influencias (Bad Influence, 1990) con Rob Lowe y James Spader, Río salvaje (The River Wild, 1994), interpretada por Meryl Streep y Kevin Bacon, o la ya mencionada La mano que mece la cuna, con una aterradora Rebecca De Mornay. Aunque su nombre ya fuese conocido en los circuitos hollywoodienses, fue con L. A. Confidential que logró su consagración, obteniendo críticas inmejorables además de un Oscar al Mejor Guion. Nacida como homenaje a los clásicos del noir, la película contó con un reparto espectacular capitaneado por Kevin Spacey, Russell Crowe, Kim Basinger y Guy Pearce.

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Encontrándose Hanson en el punto de mira de todos, su siguiente paso fue realizar la comedia dramática Jóvenes prodigiosos (Wonder Boys, 2000), interesante reflexión entorno a un escritor en plena crisis con el rostro de Michael Douglas. Aunque mucho más interesante fue 8 millas (8 Mile, 2002), en apariencia un vehículo para el lucimiento del músico Eminen, pero que en manos de Hanson se convirtió en un excelente drama racial aderezado con buenos momentos de hip-hop. Contó una vez más con un brillante cast, esta vez combinando actores consagrados (Kim Basinger, Brittany Murphy, Mekhi Phifer…) con futuras estrellas como los hoy imprescindibles Michael Shannon y Anthony Mackie; éxito de taquilla en el momento de su estreno, sin duda fue uno de los mejores trabajos de su director.

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La comedia romántica En sus zapatos (In Her Shoes, 2005) y el drama ambientando en el mundo del póker Lucky you (Íd., 2007) precedieron a la atractiva tv-movie producida por la HBO Malas noticias (Too Big to Fail, 2011), dura adaptación del libro de Andrew Ross Sorkin sobre el inicio de la crisis económica del 2008. El último trabajo de Curtis Hanson como realizador fue una película basada en hechos reales sobre el deporte del surf titulada Persiguiendo Mavericks (Chasing Mavericks, 2012), aunque debido a sus problemas de salud el director tuvo que ser sustituido durante unas semanas por Michael Apted, quien además se vio en la obligación de asumir el proceso de post-producción.

Afectado por el alzheimer y retirado del ambiente de los platós, Curtis Hanson ha fallecido por causas naturales a la edad de 71 años. Descanse en paz.

Javier Pueyo

Published in: on septiembre 22, 2016 at 10:01 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Eduardo Gión

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Ya hace unos cuantos años que se filmó el documental Madame Arthur, sobre la figura de Modesto Mangas -figura clave del cabaret en los años 70-, pero ha sido recientemente que al fin ha conocido distribución en Dvd gracias a la empresa Vial of Delicatessens. Aprovechamos la situación para entrevistar a su director, Eduardo Gión, cineasta conocido principalmente gracias a Lentejuelas de sangre, retrato de Pierrot que se estrenó en el Festival de SITGES -2012.

Antes de centrarnos en tus películas, háblanos de tus inicios. ¿De dónde viene tu pasión por el cine? 

Amo el cine desde que era un niño, era un poco rarito y entonces prefería ir a ver películas yo solo al cine que jugar con mis amigos en la calle. Recuerdo que en aquellos años el acomodador era un amigo de la familia, y me dejaba entrar gratis a ver las películas que yo deseaba, como las obras de John Waters, las primeras de Almodóvar o reposiciones de Bergman y, sobre todo, el cine de terror que proyectaban, como Viernes 13, Aquella casa al lado del cementerio o Mil gritos tiene la noche. En esos momentos decidí que quería hacer cine y contar a través de imágenes las historias que rondaban en mi cabeza. Luego con los años me puse a estudiar cine, audiovisuales, pero realmente creo que aprendes mucho más asistiendo a la Filmoteca y viendo a los clásicos que lo que te pueda explicar un profesor.

¿Cuáles son tus referentes cinematográficos?

Tengo varios, soy muy ecléctico. Me encanta todo el cine de Dreyer, sus planos son obras de arte, cuadros pictóricos. Amo el cine de Bergman, la fotografía, las historias que cuenta, la manera de dirigir a los actores y, sobre todo, a las actrices. Esas miradas, esos gestos; Bergman es mi pasión. Me enamora también Pasolini. Su obra Accatone es siempre un referente para mí.

Luego está todo el tema del cine underground y experimental del que también soy muy amante, como Arrebato de Zulueta. Jack Smith, Derek Jarman o Keneth Anger serían mis tres reyes magos particulares. En el tema experimental o super8 y 16mm está el maestro Jonas Mekas o Stan Brakhage. Ahora mismo con mi socio y amigo Raúl Hidalgo estamos trabajando sobre estas técnicas. Y para divertirme un rato, pues Waters, todo el cine de la factoría Warhol-Morrissey, y mucho trash.

Madame Arthur

Madame Arthur

Hace pocos meses Vial of Delicatessens estrenó en Dvd Madame Arthur (2011), tu debut como director de documentales, un recorrido por la trayectoria profesional de uno de los primeros transformistas de España. ¿Cómo nació este proyecto? ¿Por qué te decides a realizar una película sobre él?

En esos momentos andaba buscando un personaje para realizar un documental, y tenía claro que tenía que ser único, irrepetible y pionero.  Leyendo el libro Memorias Trans de Pierrot me quedé con la boca abierta cuando leí el capítulo dedicado a Madame. Justo era lo que buscaba. Un ser único y potente, pero sobre todo valiente. Me puse en contacto con Pierrot y a partir de ahí empecé a confeccionar el guión y la estructura, y más tarde el calendario de rodajes en diferentes partes de España.

¿Cuánto tiempo te llevó filmar este documental?

Un par de años, ya que había diferentes localizaciones: Barcelona, Madrid, Salamanca y Villavieja de Yeltes, su pueblo natal. Quisimos documentarnos bien y luego rodar.

¿Pudiste conocer en persona a Madame Arthur?

No, el murió mucho antes. Una pena, porque hubiese sido maravilloso charlar con él sobre todo lo que él mismo contaba, su amistad con Fellini, su romance de juventud con Burt Lancaster… Pero tuve la suerte de que en el documental el espectador puede escucharlo de su propia voz, ya que encontramos un documento en super8 donde él cuenta todo. Un lujo.

¿Cómo crees que ha evolucionado el tema del transformismo en el espectáculo? ¿Podemos considerar a Madame Arthur como un pionero?

Pues realmente no veo una evolución, más bien un retroceso. O ni eso; para mí particularmente no existen ya espectáculos como los que hacían Madame Arthur, Pierrot o Pirondello, artistas como Dolly Van Doll con su Belle Epoque… Creo que tampoco existen salas ni locales para que se puedan realizar, pero lo que no queda seguro son artistas como antes. Mejor dicho quedan muy pocos, como Gilda Love que trabajó en todos esos locales o Victor Guerrero, presentador estrella de aquella época. Por suerte esos dos artistas forman parte de mi espectáculo, “El Desplume”, en Antic Teatre de Barcelona.

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Ya has hablado de Pierrot, que además aparece en la película, no sólo como entrevistado, sino también a modo de maestro de ceremonias. ¿Cómo le conociste?

Como te comentaba anteriormente, me puse en contacto con él tras leer el libro de Madame Arthur, y él amablemente me abrió las puertas de su casa durante todos los jueves por la tarde durante el tiempo en que duró nuestra amistad. Mirábamos vídeos de la época, hablábamos, me enseñaba todo su trabajo desde los 60 y ahí fue cuando descubrí su faceta de “Terror”. Una tarde le comenté que mi próximo proyecto quería que fuese sobre su faceta de showman, y cuál fue mi sorpresa cuando abrió un armario lleno de películas en super8 de terror, guiones, fotos, revistas, fanzines, todo dedicado al mundo del terror y me dije: “Este va a ser el documental: su faceta de terror y travestismo”.     

El proyecto se materializó en lo que acabó siendo tu segundo largometraje, Lentejuelas de sangre (2012), que en 2014 se estrenó en Dvd también de la mano de Vial of Delicatessens. En mi opinión se trata de un extraordinario trabajo que, como dices, nace como consecuencia de tu anterior película.

Eso es. Yo planteé una trilogía iniciada por Madame Arthur, luego Pierrot y terminar con un documental de Dolly Van Doll. Ese armario que me abrió Pierrot era tan potente que sacamos todo, empezamos a verlo y a organizar una mesa de trabajo con todo el material. Digitalizar super8, escanear fotos y fanzines, cartelería del Festival de Sitges que él había realizado… Y hacer una lista de testimonios para el documental.  Así empezó Lentejuelas de sangre.

En Lentejuelas de sangre aparecen entrevistados profesionales directamente relacionados con el cine de terror español, como José Lifante, Sebastià D´Arbó o Salvador Sáinz. A ti como espectador, ¿te gusta este movimiento cinematográfico, en ocasiones denominado “fantaterror español”?

Sí, claro, me fascina todo lo relacionado con el terror. Del fantaterror no era muy conocedor, es verdad, pero gracias a Pierrot me puse al día. Yo era muy amante de la Hammer y del terror de los 80 y 90. Por eso también me fascinó conocer todo el material fílmico de Pierrot basado e inspirado en la Hammer, así como sus pinturas y dibujos totalmente influenciado por ellos.

Y contar en la película con alguien tan importante como Lifante, pues fue un sueño; es un actor al que yo siempre identificaba con el cine de terror, y al poder trabajar con él descubrí que es un amor de persona. Se ha creado una bonita amistad, y de vez en cuando nos vemos y charlamos. Ahora estoy planeando un viaje a Madrid para verlo en el teatro.

D’arbó fue otra maravilla de persona, él fue muy amigo de Pierrot, y así lo demostró ayudando con el documental. También hay que mencionar a Ricard Reguant, otro gran amigo que desde el primer momento me dijo: “Sí, quiero estar en este trabajo”. Él fue tan agradable… Tenemos que pensar que en el momento de rodaje Pierrot ya había muerto y todos fueron muy amables y generosos.

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Pierrot también trabajó, en varias ocasiones, con Paul Naschy, y sorprende escuchar, casi al inicio de tu documental, la voz del propio Naschy a modo de introducción. Un off que originariamente pertenece a uno de los espectáculos que Pierrot dirigió en los 80. ¿Cómo encontraste esa pieza? ¿Te la cedió Pierrot o la familia de Naschy?

Ese audio me lo regaló Pierrot, en un cassete, totalmente inédito. Es un off grabado en los camerinos del local gay y trans de Madrid “Gayclub”, para un posterior espectáculo sobre trans-terror que quería dirigir Pierrot en ese local, y su amigo Naschy, amablemente, le grabó eso como inicio. Nunca se hizo ese espectáculo, de ahí la importancia de ese off que abre Lentejuelas de sangre.

¿A qué público crees que van dirigidos tus documentales?

En general van dirigidos a todo el mundo. Nunca esta de más descubrir un personaje interesante como puede ser Madame Arthur o Pierrot.

¿Estás contento con las ediciones que Vial of Delicatessens ha hecho de tus películas?

Muy contento. Soy consciente de que detrás de mis documentales no hay una gran productora y la publicidad debo hacerla yo. Tuve la suerte de que Lentejuelas de sangre fuese seleccionada por el Festival de Sitges, y eso fue un empujón grande para la distribución. Vial Of Delicatessens apuesta siempre por mis obras y eso siempre es de agradecer. Les estoy muy agradecido.

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Al margen de tus dos largometrajes documentales, has realizado algunos cortometrajes de corte experimental, como Alquimia del dolor. Como director, ¿te atreverías con una historia de ficción de narrativa convencional, o es un formato que no te interesa como creador?

Alquimia del dolor es una pieza experimental realizada conjuntamente con mi amigo y fotógrafo Raúl Hidalgo. Me fascinaban sus fotografías analógicas y decidimos explicar una historia a través de su obra fotográfica, para luego trabajar sobre la emulsión del super 8 y darle vida a esa obra. Estamos muy orgullosos de ella y ya forma parte del archivo de Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Un sueño.

Con Raúl Hidalgo hemos formado un sello llamado “Wams” donde producimos nuestros nuevos films y piezas experimentales, así como trabajos para una revista de tirada internacional donde él fotografía (siempre en analógico) editoriales de moda o retratos a artistas y yo los entrevisto. A raíz de este trabajo hemos podido fotografiar y entrevistar a artistas como Isabel Coixet, Derek Ridgers, Jenny Runacre, Joe D’Allesandro o Jonas Mekas. Tenemos muchos proyectos bajo este sello para este año y el que viene.

Has incursionado varias veces en el mundo del teatro. ¿En que medio te sientes más cómodo? ¿Tu idea es continuar en paralelo tu carrera en el cine y en el teatro?

Me apasionan los dos medios. El cine es mi punto de vista para contar una historia, y el teatro me da la libertad de mostrar al espectador artistas del cabaret que adoro, y no nos funciona mal: este otoño será la 5ª temporada de “El desplume”.

Para finalizar, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo en estos momentos?

Sí, ahora mismo estoy con Raúl Hidalgo trabajando en nuestra nueva película llamada Poeme, rodada en diferentes formatos como vhs, 8mm y super8. Se trata de una película de ocho episodios o piezas experimentales guionizadas por el poeta “Scribe” (Mathiue Landais), que escribió The smell of Us, la última película de Larry Clark. En Poeme tenemos el inmenso placer de haber contado con la colaboración de artistas como Bibbe Hansen (artista de la Factory de Warhol), Michael Alig (Club Kid) o David Croland.

Esperamos estrenarla el año que viene.

 

Javier Pueyo

Published in: on septiembre 2, 2016 at 5:52 am  Dejar un comentario  
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Fallece Kenny Baker

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Hace apenas unos días nos dejaba, a los 81 años de edad, el actor británico Kenny Baker, conocido principalmente por dar vida a R2-D2 en la saga de Star Wars desde la primera entrega, La guerra de las galaxias (1977) de George Lucas. Baker trabajó en otros títulos importantes, como El hombre elefante (1980) de David Lynch o Amadeus (1984) de Milos Forman, así como en otras producciones de la factoría Lucas –Dentro del laberinto (1986), Willow (1988)-, pero el gran público siempre le relacionará como el partenaire de C-3PO (encarnado por Anthony Daniels) en la odisea galáctica iniciada por Lucas. De este modo, era común ver a Baker en diferentes actos, convenciones o documentales relacionados con Star Wars. Uno de ellos fue I Am Your Father (2015), de Toni Bestard y Marcos Cabotá, cinta nominada al Goya al Mejor Largometraje Documental en su última edición, centrada en la figura del actor David Prowse, encargado de dar vida al icónico Darte Vader en las primeras entregas de la franquicia. Baker era uno de los entrevistados a lo largo del metraje, y por eso hemos decidido contactar con Bestard y Cabotá para que nos den sus impresiones de como fue coincidir con él, y qué creen que supone para la inmortal saga.

Toni Bestard:

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Conocí a Kenny Baker hace tres años en la convención oficial de Star Wars en Essen (Alemania). Tengo que decir que de todos los actores que entrevistamos en el documental I Am Your Father, fue uno de los más atentos y entrañables de los que se sentaron frente a la cámara.

Era un tipo que sabía perfectamente en que negocio se había metido y vivía (como tantos otros actores detrás de una máscara) gracias a los fans, además de por y para los fans (para lo bueno y para lo malo, ya que en algunas ocasiones, el mal humor le acechaba entre tanta convención y firmas). Se le perdona, ya que aunque estuvo en las entrañas del robot más carismático de la historia del cine (con permiso de HAL 9000), él también era un tipo con un carisma desbordante.

D.E.P.

Marcos Cabotá:

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Kenny es eterno. R2-D2 es un droide invencible. Ha sobrevivido batallas imposibles en Yavin, Hoth y Endor. Ha salvado a Luke, a Leia y a Han en incontables ocasiones. ¿Que Kenny Baker ha muerto? Perdona, Kenny Baker no ha muerto. Kenny Baker es R2 y le quedan muchas aventuras por delante. Aun tenemos que ver como ayudará a Rey, Finn y a Poe para vencer al Líder Supremo Snoke. ¡Qué va!, a Kenny le queda mucha tralla por delante. Es lo que tiene ser un droide invencible.

En el momento en que Kenny dio vida a R2-D2 (Arturito, para la familia cercana), bebió del Santo Grial y se le concedió la vida eterna. Por mucho que nos intente convencer Obi-Wan, Kenny SÍ es el droide que buscamos y lo seguiremos haciendo en todas las aventuras de esta Galaxia “muy, muy lejana”.

Así que Kenny, a pesar de lo que puedan decir por ahí, te veo en el Episodio VIII, IX y en todos los que vendrán después, porque sin ti no hay aventura.

Kenny, eres eterno. 

Javier Pueyo

Published in: on agosto 22, 2016 at 6:11 am  Dejar un comentario  
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Black Angel (Senso´ 45)

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(Senso´ 45)Título original: Senso´ 45

Año: 2002 (Italia)

Director: Tinto Brass

Productor: Giuseppe Colombo

Guionista: Tinto Brass según la novela de Camillo Boito

Fotografía: Massimo Di Venanzo, Daniele Nannuzzi

Música: Ennio Morricone

Intérpretes: Anna Galiena (Livia Mazzoni), Gabriel Garko (Helmut Schultz), Franco Branciaroli (Ugo Oggiano), Antonio Salines (Carlo), Simona Borioni (Elsa), Loredana Cannata (Ninetta), Erika Savastani (Emilietta), Sabrina Colle, Agostino Nani, Giulia De Gresy, Franco Barbero, Eleonora Mazzoni, Ciro Scalera, Maria Pia Colonnello, Hermann Weiskopf, Alessia Siniscalchi, Maurizio Prudenzi, Conchita Manfroi, Lele Masiol, Giorgia Reberschack, Max Parodi, Marina Pegoraro, Giuseppe Rossetto, Susanna Bugatti, Gianluca Magni, Francesca Tosetti, Mario Francini, Lucrezia Andreotti, Gianni Demartiis, Martina Andreotti, Lorenzo Vitturi, Isabel Vitturi, Alberto Garbizza, Jasmine, Osiride Pevarello, Carla Solaro, Claudio Bernabei, Madame X, Roberto Malone, Monica Del Pup, Claudio Castana, Michela Fruet, Carlo De Marino, Maria Grazia Morelli, Tony Leone, Silvana Archiapatti, Massimo Sangalli, Ivana Fontanabona, Filippo Belletti, Francesca Piovesan, Massimo Vanni, Emanuela Del Zampo, Milko D’Angelo, Silvia Demili, Paolo Signora, Camilla Ahluvist, Jacopo Molina, Lorenzo Branchetti (Soldado), Lucas Di Medio (Oficial de las SS), Danilo Maria Valli, Tinto Brass (Director de cine)…

Sinopsis: Atrapada en un infeliz matrimonio, la mujer de un ministro fascista italiano comienza una peligrosa y autodestructiva relación con un engañoso oficial de las SS. La atracción que siente por el oficial alemán la llevará a introducirse en un mundo clandestino de perversión y juegos eróticos.

Tinto Brass junto a la actriz Anna Galiena posan durante una pausa de rodaje.

Tinto Brass junto a la actriz Anna Galiena posan durante una pausa de rodaje.

Catorce años después de su realización, la distribuidora Film Buro realiza una operación digna de aplaudir y recupera para las salas españolas Senso´ 45titulada para la ocasión Black Angel[1]-, película dirigida por Tinto Brass, realizador italiano experto en erotismo fílmico, en cuyo curriculum se encuentran obras de sobra conocidas para el espectador cinéfilo, como La llave secreta (La chiave, 1983), Los burdeles de Paprika (Paprika, 1991) o la controvertida Calígula (Caligula, 1979), por nombrar unas pocas.

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En esta ocasión, y al igual que ya hizo en su también afamada Salon Kitty (Íd. 1976), Brass sitúa al espectador en la Segunda Guerra Mundial y construye una trama en la que el sexo ejerce de motor principal de la acción. De este modo, y tomando como base la novela Senso de Camillo Boito (ya adaptada al cine con anterioridad por Luchino Visconti), el director milanés lleva a su terreno la historia de una mujer infeliz que se enamora perdidamente de un oficial nazi en la Italia de los años 40. Y es que, aunque el cineasta aprovechó para recrearse en un festival de morbo y perversión que incluía escenas de sexo oral, penetración anal o lluvia dorada, cierto es que la historia sí adquiere principal importancia en la narración y está filmada con especial solvencia. Dicho de otro modo, sería un error definir a esta Black Angel como un homenaje a las antiguas nazixploitation europeas de directores como Paolo Solvay o Bruno Mattei, que aunque tuviesen diferentes virtudes no dejaban de ser meros ejercicios creados para el consumo rápido, en las antípodas de la historia de pasión, celos y traiciones que aquí se pretende contar. Cierto es que no falta la escena de cama con una fémina ataviada con gorra militar o una orgía en plena juerga nazi, pero son pasajes colocados correctamente para acentuar el ambiente depravado de la propuesta.

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De entrada, Brass construye con Livia Mazzoni a un personaje femenino ciertamente interesante, pues lejos de tratarse de un mero objeto sexual con el que un oficial sacia sus instintos, se nos presenta como una mujer inteligente, fuerte y enamorada que vivirá una aventura llena de mentiras y engaños, en la que deberá sacar fuerzas en el último minuto si pretende sobrevivir a los acontecimientos. Brillantemente interpretada por Anna Galiena, la actriz lleva todo el peso de la trama, difícil misión de la que sale bien parada, algo que no debe sorprender a aquellos que conocen su trabajo en filmes como El marido de la peluquera (Le mari de la coiffeuse, 1990) o La pistola de mi hermano (1997).

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En lo que se refiere al aspecto formal de la película, Tinto Brass recurre a una artimaña arriesgada, tal vez difícil sobre el papel, pero eficaz en su desarrollo: junto al director de fotografía Daniele Nannuzi (responsable de la imagen de Santa Sangre-1989-), el cineasta filma el presente en blanco y negro mientras que los flasbacks son mostrados en color. No es un hecho gratuito, pues el pasado está plagado de instantes mágicos, incluso felices, y por supuesto llenos de luz, como aquel coito en el mar rodado con cariño y maestría. En contrapunto, el momento actual viene retratado sin colores, fríamente, pues está plagado de embustes, deslealtad y muerte. Una decisión como digo osada, pero que  Brass y su equipo saben llevar a buen puerto. Volviendo al reparto, junto a la ya mencionada Galiena destaca el otro protagonista Gabriel Garko, actor que si bien es cierto que en nuestro país no es muy conocido, en su Italia natal sí goza de cierta popularidad, principalmente gracias a sus trabajos para la televisión (para este medio acaba de interpretar nada menos que a Rodolfo Valentino en una miniserie). Junto a ellos, rostros habituales en el cine de Brass (Franco Branciaroli, Max Parodi, Carla Solaro…), así como la estrella del porno Roberto Malone (en un minúsculo papel) y el mismísimo Tinto Brass ejerciendo un cameo como el director de una película propagandística.

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Por supuesto existen otras muchas películas mejores contextualizadas en la Segunda Gran Guerra -sin alejarnos demasiado en el tiempo, me vienen a la cabeza obras como El pianista (The Pianist, 2002) o El libro negro (Zwartboek, 2006)-, pero también es cierto que seria un error dejar pasar por alto este trabajo de Tinto Brass, pues merece la pena acercarse a esta pequeña joya, arriesgada y diferente, desde luego incapaz de producir indiferencia. Recomendable.

Javier Pueyo

[1] Black Angel fue también el título con el que la película se comercializó en otros países de Europa, como Alemania por ejemplo, aprovechando que el working title del filme fue, precisamente, “Angelo nero”.

Published in: on julio 27, 2016 at 6:26 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Sam Firstenberg, premio “Jess Franco” en la CutreCon V

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Dentro del homenaje que dedicara a la producción de la Cannon, la pasada quinta edición de CutreCon haría entrega de su honorífico “Premio Jess Franco” a Sam Firstenberg. Con su concesión, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid realizaba un pequeño acto de justicia al reconocer la carrera y, por tanto, rendir tributo a un auténtico currante del cine; uno de esos realizadores denominados artesanales que, por estas mismas razones y más allá de cualquier otro tipo de consideraciones cualitativas, rara vez suelen disfrutar del cariño y consideración de la crítica y el público.

No en vano, primero para la productora de los primos Golan y Globus y después para la Nu Image, a lo largo de su trayectoria el cineasta de origen israelí se ha caracterizada por poner su oficio al servicio de la consecución del producto que le era encomendado, sin que mediaran por su parte mayores ambiciones o pretensiones de autoría. Una circunstancia que, sin embargo, no ha evitado que algunos de los títulos por él dirigidos hayan alcanzado con el paso de los años un estatus de culto entre ciertos sectores de aficionados, siendo especialmente recordada su contribución al cine de ninjas, donde sería responsable de varios pequeños clásicos videocluberos de los años ochenta como La venganza del ninja (1983), las dos primeras entregas de la saga de El guerrero americano o La fuerza de la venganza (1986), entre algunas otros.

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Desde sus mismos inicios, su carrera cinematográfica ha estado estrechamente vinculada a la de los que fueran los máximos responsables de la Cannon durante su etapa de esplendor, sus compatriotas Menahem Golan y Yoram Globus. ¿Cómo entró en contacto con ellos?

Mi primer contacto con Golan y Globus tuvo lugar mucho antes de empezar a trabajar para la Cannon. Algo así como siete años antes.

En 1972, con 22 años, yo me marché a los Estados Unidos con la intención de estudiar cine, y sin tener por entonces absolutamente ninguna conexión con la industria de Hollywood. Allí fue donde, prácticamente por accidente, conocí a Menahem. Nos presentamos y casi de inmediato empecé a trabajar para él, aunque al principio me limitaba a ser el chico de los cafés. Te estoy hablando antes incluso de que Golan & Globus compraran la Cannon.

Por aquella época su compañía era la AmeriEuro Pictures, y en ella me fui convirtiendo con el tiempo en el ayudante de Menahem cuando éste dirigía. Por ejemplo, desempeñé funciones de ayudante de dirección en Operación relámpago, protagonizada por Klaus Kinski y Sybil Danning, o en Golpe de mil millones de dólares, con Robert Shaw; durante esos años también trabajé como ayudante para Boaz Davidson. Se podría decir que era el ayudante de dirección oficial cuando la compañía de Golan y Globus aún operaba desde Israel.

Así estuve hasta que en 1979 regresé a los Estados Unidos para terminar mis estudios de cine. Cuando todavía estaba en la escuela rodé como proyecto de fin de carrera mi primera película, One More Chance. Casualmente, su realización coincidió con el tiempo prácticamente a la compra de Menahem Golan y Yoram Globus de la Cannon. Así que, cuando terminé mi ópera prima, que era un proyecto de noventa minutos de la escuela de cine, me dirigí a las oficinas de la productora por si les interesaba comprármela y, para mi suerte, acabaron distribuyéndola.

Además, y como gracias a esta película les demostré que era capaz de dirigir, seguidamente me dieron la oportunidad de ponerme tras las cámaras con La venganza del ninja. Pero mi primera película como director, como ya digo, fue realizada fuera del seno de la Cannon.

¿Cómo era su relación con ellos? ¿Eran amigos, o su trato era estrictamente profesional?

No, no éramos amigos. En ello influyó, sin duda, el hecho de que no tuviéramos la misma edad. Sin ir más lejos, Menahem Golan creo que era unos veinte años mayor que yo. Así que faltaría a la verdad si dijese que éramos amigos. Además, Golan y Globus eran unos tipos realmente duros y con una mentalidad exclusivamente enfocada a los negocios; estando a su lado no había lugar para la amistad ni para  sentimentalismos.

Aunque sí he de decir que nos entendíamos muy bien en el ámbito estrictamente profesional. Compartíamos el mismo concepto básico de lo que este tipo de películas deberían ser, por lo que en ese aspecto no hubo nunca ningún problema. Golan me dejaba a mi aire a la hora de rodar esta clase de películas de género de Serie B, aunque eso no quiere decir que no tuviera que escuchar sus consejos de vez en cuando. En resumidas cuentas, mantuve con ellos una relación correcta, aunque ésta discurriera por unos derroteros estrictamente profesionales.

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Ya que lo menciona, ¿cómo era la forma de trabajar dentro de la Cannon? ¿Le marcaban unas pautas a seguir o, por el contrario, le dejaban vía libre para desarrollar sus proyectos?

En la Cannon la única restricción que había a la hora de trabajar era el dinero. Normalmente la forma de trabajar de Golan y Globus era la siguiente: ellos me daban un guion y, aproximadamente, ocho semanas para rodarlo. “Ve y vuelve en dos meses con una película”, solían decirme.

En el caso de El guerrero americano, por ejemplo, no estuve implicado en la escritura del guion. De esta manera, cuando me lo ofrecieron lo único que sabía del proyecto era que iba a rodar una película llamada El guerrero americano y punto.

Y aunque te diera libertad a la hora de rodar, a Menahem sí que le gustaba venir y curiosear un poco cuando estábamos montando la película. Así que durante la postproducción él solía pasarse normalmente todos los viernes por la sala de montaje para decirme: “Enséñame lo que tienes hecho hasta ahora”.

¿Era entonces libre a la hora de elegir proyectos o estaba obligado a aceptar lo que le encomendaba la productora en cada momento?

Más bien lo segundo. Yo no tenía la más mínima influencia sobre las decisiones que tomaban los jerifaltes de la compañía: yo era un simple trabajador al que de vez en cuando llamaban a su oficina y le decían: “¿Qué te parecería rodar La venganza del ninja?”, o: “¿Qué te parecería hacer La fuerza de la venganza?”, sólo para descubrir más tarde que ambos proyectos habían sido dejados de lado por Chuck Norris (risas).

En toda mi vida el único proyecto que he rechazado rodar fue Contacto sangriento… ¡Menudo error! (más risas) El principal motivo por el que me negué a dirigirla fue que, debido a mi experiencia previa, ya me había acostumbrado a rodar en cada película en veinte, treinta o cincuenta localizaciones distintas. Así que cuando leí el guion de esta película y comprobé que tan sólo había un escenario en toda la historia, me pregunté a mí mismo: “¿Cómo voy a rodar una película de acción en una única localización sin resultar aburrido?”. Como, por supuesto, no encontré respuesta, decidí finalmente rechazar el ponerme al frente del proyecto. Viendo en retrospectiva el éxito que tuvo la película, resulta obvio que me equivoqué; como se suele decir en estos casos, el resto es historia.

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Dentro de su filmografía para la Cannon destacan sus películas de ninjas, subgénero en el que puede considerársele todo un pionero, ya que cuando comenzó en él, la figura de este personaje no era demasiado común en el cine occidental. ¿Cuáles eran sus principales referentes a la hora de dar forma a estos trabajos? ¿Había visto alguna película asiática sobre la temática?

Antes de la Cannon, antes de todo, yo era un gran fan de las películas de samuráis, en especial de las dirigidas por Akira Kurosawa. He visto todas y cada una de las películas de samuráis de Kurosawa: Los siete samuráis, Yojimbo… Pero, aún siendo un gran fan de este tipo de películas, cuando hice La venganza del ninja no sabía nada acerca del cine de artes marciales de Hong Kong. Fue sólo cuando conocí a Sho Kosugi cuando comencé a conocer más en profundidad ese tipo de películas, ya que él me fue enseñando los films de acción que se habían realizado en Hong Kong. Aparte de eso, me enseñó un montón sobre artes marciales. Él fue quien me introdujo en este mundo, por decirlo de alguna manera.

No obstante, en honor a la verdad diré que si ves cualquiera de mis películas te darás cuenta de que tienen poco que ver con el cine de artes marciales de Hong Kong. En realidad, son una mezcla de acción occidental con algunos elementos de artes marciales. De hecho, mi sueño desde siempre fue hacer películas de acción de Hollywood, no de artes marciales. Pero, aún así, creo que se pueden considerar mis películas de acción como una combinación de ambas tendencias.

En varias de estas películas contaría con el protagonismo de Michael Dudikoff, un hasta entonces desconocido actor que, sin embargo, alcanzaría una gran popularidad gracias a estos títulos. ¿Cómo llegó hasta él?

A la hora de buscar actores para protagonizar El guerrero americano decidimos hacer lo que en Hollywood llaman una “open call”. Esto quiere decir que, a la hora de realizar las pruebas, no nos limitábamos a actores, sino que en realidad el casting estaba abierto a cualquiera que quisiera presentarse. Así que, además de poner anuncios en agencias de actores, también lo hicimos en escuelas de artes marciales.

Finalmente hicimos audiciones a aproximadamente seiscientos jóvenes; cuatrocientos para el protagonista y otros doscientos para el personaje que acabaría encarnando Steve James. Todos vinieron a hacer la prueba a un gran gimnasio, ya que antes de pasar por mi examen tenían que mostrar sus habilidades al grupo de especialistas que más tarde trabajarían con ellos en la película. Por lo tanto, yo los veía después de esta primera criba y hablábamos un rato para así poder conocernos un poco.

Durante el casting todos estos jóvenes pasaron ante mí sin que hubiera ninguno que destacara especialmente. Incluso el hijo de Steve McQueen, Chad, vino a hacer la prueba. A favor de mi instinto debo decir que en cuanto vi a Michael Dudikoff y empecé a hablar con él me dije a mí mismo: “Este es mi guerrero americano”. En esa etapa el guion ya estaba escrito y la personalidad y el físico tipo James Dean de Michael se ajustaba como un guante al personaje que debía interpretar.

Pero el hecho de que Michael ya hubiera actuado anteriormente en algunas películas (por ejemplo en Despedida de soltero y Sueños radioactivos), nos ocasionó un pequeño problema. Como sabéis, en Hollywood los sindicatos obligan a las productoras a pagar un sueldo mínimo de base a los actores. Así que la principal intención de Menahem al realizar este casting abierto era pagarle tan sólo el salario mínimo a aquel que eligiéramos como protagonista. Pero ocurrió que al contar ya Michael con algo de experiencia en el cine su agente nos pidió un sueldo que al menos duplicara el mínimo permitido por los sindicatos.

Pues bien, ¡casi no lo contratamos por culpa de esta exigencia! Su agente empezó a pelear con la Cannon, Menahem comenzó a discutir conmigo…  Al final, le enseñé a Golan la prueba de cámara que le hice a Dudikoff, al tiempo que le decía que ése era el tipo que sin duda necesitábamos para protagonizar la peli. Al ser entonces incapaz de negar lo evidente, Menahem no tuvo más remedio que transigir en que le pagaran el doble de dinero que en un principio él mismo había estipulado.

¿Sabía Dudikoff artes marciales antes de protagonizar El guerrero americano?

Al ser del sur de California, Michael era un chico bastante aficionado a practicar surf, por lo que además de ser un tipo bastante guapo era también una persona muy atlética. De hecho, también trabajaba como modelo por aquella época. Y aunque no supiera mucho de artes marciales, en lo que sí era realmente bueno era imitando los movimientos de los demás. Antes de empezar a rodar le pusimos a entrenar durante dos semanas con Michael Stone que, aparte de haber sido entrenador personal de Elvis Presley, había sido campeón de kárate de los Estados Unidos.

Stone le mostró a Michael los movimientos básicos que tenía que hacer. No hablo de la disciplina, se limitó exclusivamente a enseñarle los movimientos. Al final de ese entrenamiento, y como Michael tenía mucho talento a la hora de imitar, ya era capaz de hacer lo que finalmente vemos en pantalla. El único inconveniente importante era que a la hora de rodar las escenas de acción las teníamos que filmar por partes: de cinco a seis movimientos cada vez como máximo, ya que si las hubiéramos prolongado durante mucho más tiempo se hubiera notado que Michael estaba lejos de tener las habilidades de un artista marcial.

Sam junto a Paco Fox dirigiéndose a los espectadores durante la sesión Cannon en la que el cineasta recibió el premio "Jess Franco".

Sam junto a Paco Fox dirigiéndose a los espectadores durante la sesión Cannon en la que el cineasta recibió el premio “Jess Franco”.

Otro de sus descubrimientos fue Mark Dacascos, al que dirigió en American Samurai. ¿También dio con él a través de un casting abierto?

Verás, hicimos El guerrero americano 1 y 2, pero en 1989 Michael no quiso protagonizar la tercera parte porque la teníamos que rodar en Sudáfrica, así que en su lugar pusieron a David Bradley como relevo de la saga, ya que por entonces era una figura un poco establecida; sólo un poco, pero lo era.

American Samurai fue producida en 1992 por Cannon Pictures, no por Cannon Group: la primera Cannon se vino abajo y entonces tuvieron que crear esta segunda encarnación de la productora. Ellos fueron los que me hablaron de David Bradley y los que me lo presentaron. Quien sí que era nuevo era Dacascos, hasta el punto de que American Samurai supuso su primera película. Pero no hubo “casting abierto” para esta película. Desde el principio ya estaba claro quiénes la iban a protagonizar.

Hablemos de Sho Kosugi, otro actor y artista marcial que trabajaría con usted en varias ocasiones. ¿Coreografiaba personalmente las escenas de luchas en las que intervenía?

Sho Kosugi es un maestro de dojo y en películas como La venganza del ninja, por ejemplo, traía a sus alumnos, especializados cada uno de ellos en un diferente tipo de arma, en un diferente tipo de katana… Cada uno de ellos especializado en algo distinto. Era el único y auténtico maestro ninja con el que contábamos en el rodaje: sabía manejarse con espadas, shurikens… con todo. Es el mejor. Y, efectivamente, en La venganza del ninja todas las coreografías están ideadas por él, aunque el coordinador de especialistas fuera Steve Lambert, que también trabajó con nosotros en Ninja 3: la dominación.

Y en su caso, ¿cuál era su participación como director en las coreografías de las escenas de artes marciales? ¿Qué era lo más complicado de rodar en ellas?

A la hora de filmar acción necesitas básicamente la colaboración de dos personas: el coordinador de especialistas y el coreógrafo. Este último se toma las escenas de acción como si fueran un ballet, como si tuviera que coreografiar una danza. El coordinador de especialistas, en cambio, es aquel que resuelve los problemas técnicos que pudieran surgir durante el rodaje de estas escenas. Por supuesto, cada uno de ellos cuenta con un número determinado de ayudantes.

El mayor reto a la hora de rodar cine de acción es estar seguros de que el actor no sufra el más mínimo rasguño: que no se rompa una pierna o no se corte la cara con la espada. En definitiva, que no suceda algo que implique que tu actor tenga que estar una semana recuperándose de la herida y que te veas forzado por ello a suspender el rodaje durante todo ese tiempo.

Para que te hagas una idea, en los rodajes de las películas que hice con él, tuvimos que llevar varias veces a Michael al cirujano para que le cosieran a resultas de varios accidentes que sufrió durante la filmación de estas escenas de riesgo.

En un rodaje se desperdicia muchísimo tiempo y dinero por estas cuestiones de seguridad. Otra cosa curiosa es que usábamos profesionales especializados: uno es especialista en saltar, otro se especializa en conducir motos… Hay un montón de especialistas para cada cosa.

En realidad, el trabajo con los especialistas no acarrea demasiadas complicaciones, a no ser que suponga rodar algo muy espectacular, como lo son las escenas con motos que, además de muy complicadas físicamente de hacer, suelen ser por lo común bastante peligrosas.

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De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a un renovado interés por el cine de la Cannon, que ha dado origen a la realización de libros y documentales centrados en la trayectoria de la productora, entre otras acciones. ¿A qué cree que se debe este auténtico revival después de tres décadas más tarde desde la realización de aquellos films?

Estoy tan sorprendido como el que más de que esto ocurra. En la historia del cine, tanto en la de Hollywood como en la universal, de cada cien películas que se hacen noventa y nueve de ellas desaparecen en el olvido; nadie se acuerda de ellas después de un tiempo. De estas cien películas, con suerte, solamente una llegará a ser relevante históricamente.

De repente, y por alguna razón, ahora a la gente parece que le vuelven a interesar estas películas que hacíamos en los ochenta. Especialmente las de acción, seguramente porque en ellas encuentran cualidades que no se dan en el cine que se rueda en la actualidad. No cabe duda de que hoy en día las películas de acción son más espectaculares; mucho más espectaculares, de hecho, pero creo que se ha perdido algo con los años. Quizás es eso precisamente lo que buscan los espectadores que han propiciado este revival de las películas de la Cannon.

Por último, sé que tiene un proyecto relacionado con Ed Wood. ¿Qué puede contar de él y en qué fase se encuentra actualmente?

Esa película a la que te refieres se titula Interplanetary Surplus Men and Amazon Women of Outer Space. En realidad, el producto final tiene poco que ver con Ed Wood. Lo que sucede es que el guionista Samuel Oldham encontró un guion escrito por el director de Glen y Glenda, un material algo disperso que nunca vio la luz, y es por eso que mi película tiene todo ese aroma de la ciencia ficción de los años cincuenta desde el mismo título, como puedes ver.

Oldham fue el que me sugirió que escribiéramos el guion a partir de estas ideas de Ed Wood, así que lo que hice fue convertirlo en una comedia tan pronto ese material llegó a mis manos. Con un poco de suerte creo que podrás ver la película el año que viene.

José Luis Salvador Estébenez

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* El autor agradece la colaboración prestada por Javier Pueyo en la confección del cuestionario para la presente entrevista.

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Fallece el actor Francisco Algora

Ayer miércoles 30 de marzo fallecía en el Hospital de Puerto Real (Cádiz) el excelente actor Paco Algora a los 67 años de edad, víctima de un cáncer del pulmón.

Nacido en Madrid en 1948, Algora inició su oficio en el campo de la interpretación dentro del teatro independiente, ejerciendo pronto papeles secundarios tanto en cine como en televisión. De su extensa filmografía, podemos recordar sus trabajos para cineastas como Juan Antonio Bardem (El puente, 1977), Luigi Comencini (El gran atasco, 1979), Mario Camus (La colmena, 1982), Carlos Saura (El Dorado, 1988), Vicente Aranda (Fanny Pelopaja, 1984; Tiempo de silencio, 1986), La Cuadrilla (Matias, juez de línea, 1996) o José Manuel Serrano Cueto (el cortometraje Río seco, 2006). Mención especial merecen sus múltiples colaboraciones con José Luis Garci –El abuelo (1998), Historia de un beso (2002), Tiovivo C. 1950 (2004), Luz de domingo (2007)…- así como su papel en Barrio (1998), segundo largometraje de Fernando Léon de Aranoa, gracias al cual Algora logró una nominación al Goya al Mejor Actor de Reparto.

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Aunque no muy frecuentemente, Algora también se dejó ver por el cine fantástico. Por ejemplo, protagonizó las comedias Bruja, más que bruja de Fernando Fernán Goméz y La momia nacional de José Manuel Larraz; más recientemente, intervino (junto a Carmelo Gómez, Icíar Bollaín y Karra Elejalde) en Nos miran (2002) de Norberto López Amado y en 2004 dio vida al representante del personaje de Paul Naschy en Rojo sangre (2004) de Christian Molina.

En televisión pudimos verle en diferentes series como Crónicas de un pueblo, Curro Jiménez, El Quijote o Amar en tiempos revueltos. También escritor, en 2009 publicó el poemario Romance de locos, coplas de ciego.

Javier Pueyo

Published in: on marzo 31, 2016 at 6:20 am  Comments (2)  
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Street Fighter: Assassin´s Fist

En colaboración con el blog especializado en cine de artes marciales “Dim Mak Cinema“, nuestro especialista en la temática, Javier Pueyo, nos reseña Street Fighter: Assassin’s Fist. Editada en nuestro país hace unos meses por Tema Distribuciones, se trata de una adaptación a imagen real de esta popular y ochentera franquicia nacida en el mundo de los videojuegos que rememora los primeros años de entrenamiento de dos de sus más icónicos personajes: Ryu y Ken.

LA PELÍCULA

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El fenómeno de las fan-movies no es algo en absoluto novedoso. Lleva varios años funcionando y no es extraño encontrar circulando por la red cortometrajes o trailers falsos que hacen las veces de homenaje a personajes míticos de películas, videojuegos o cómics. Ejemplos los tenemos en piezas basadas en Superman, Evil Dead, Batman, Dragon Ball, Mortal Kombat o Los Cazafantasmas. Por supuesto, las intenciones y aspiraciones de los correspondientes realizadores distan mucho dependiendo de quien sea el ejecutor. En algunos casos se trata sencillamente de un juego divertido: agarrar una cámara, unos disfraces y pasarlo en grande emulando a los héroes de turno. Pero también se conocen fan-movies mucho más ambiciosas realizadas con el objetivo de penetrar dentro de la industria cinematográfica (fue el caso de Sandy Collora, conocido técnico de efectos especiales que llamó la atención en 2003 con Batman: Dead End, cinta de ocho minutos en la que El Caballero Oscuro se enfrentaba a “Predators” y Aliens).

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Esta breve introducción sirve para contextualizar siquiera mínimamente el origen de este Street Fighter: Assassin´s Fist que nos ocupa. Todo arrancó el pasado 2010, cuando el actor y artista marcial Joey Ansah escribiese junto a Christian Howard el guión para un fan film sobre Ryu y Ken Masters, los verdaderos protagonistas de Street Fighter, el videojuego de lucha más popular del planeta, propiedad de la empresa japonesa Capcom. Contando con Owen Trevor (realizador con cierta experiencia en la televisión británica) como co-director, y con el título de Street Fighter: Legacy, el corto poseía una duración de poco más de tres minutos y se centraba en un combate en mitad del bosque entre Ryu y Ken, con una factura técnica más que correcta y un interesante espíritu de fidelidad con la idea original del juego (vestuario, movimientos de los personajes, soundtrack, incluso motivaciones); el metraje obtuvo un importante número de visitas en Internet, lo cual generó que pocos años después Ansah y Howard (este último, por cierto, encargado de dar vida a al norteamericano Ken) pudiesen desarrollar Street Fighter: Assassin´s Fist, una miniserie on-line mucho más ambiciosa que tuvo la fortuna de contar con el apoyo de Capcom para su realización y distribución. En nuestro país el proyecto ha salido a la venta de la mano de Tema Distribuciones en formato de largometraje en una operación similar a la que conocieron otros seriales en el pasado, caso de The Green Hornet o The Amazing Spider-man; esto es, unir los episodios eliminando posibles transiciones, formando una única película de cara al público.

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La historia de Street Fighter: Assassin´s Fist se centra en las mentadas vivencias de Ryu y Ken, dos amigos y excelentes luchadores que son entrenados por Goken, un maestro de artes marciales que oculta un tenebroso pasado familiar. Dado que de momento únicamente he visionado este largometraje editado en España, quizá no me vea capaz de realizar una valoración total de la historia (al llegar los créditos finales da la sensación de que la aventura no concluye y se queda a medias, probablemente debido a que faltan capítulos o a que coincide con el típico cliffhanger de final de temporada).No obstante, sí puedo comprobar como se consigue el objetivo de homenajear decentemente a la saga videojueguil en lo que se refiere al tratamiento de la historia (el guion trata de reproducir fielmente la trayectoria de los personajes y no descansa en ofrecer guiños a los seguidores -el origen de la cinta roja de Ryu, por ejemplo-), así como el diseño de producción, banda sonora y demás aspectos técnicos, a pesar de que la propuesta no cuenta con un presupuesto demasiado elevado. Respecto a las coreografías de las peleas (pieza fundamental, no lo neguemos) tienen el inconveniente de querer parecerse excesivamente al original, de modo que en determinadas escenas una serie de movimientos realistas y bien ejecutados por los actores son interrumpidos de golpe por la irrupción de efectos especiales que concluyen en la ejecución de una llave famosa de la saga, como puede ser un shoryuken que, además, es gritado en voz alta por el personaje, tal como ocurría en el juego. Dicho de otro modo, a mi juicio el lenguaje de una recreativa no es el mismo que el de una propuesta televisiva/cinematográfica, y querer que así sea, puede suponer caer en un peligroso ridículo.

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Pero en términos generales, se puede hablar de Street Fighter: Assassin´s Fist como de una buena adaptación, un interesante ejercicio de fanatismo bien entendido y efectuado con buen juicio. Claro está que no es la primera vez que  los personajes de este clásico protagonizan una historia de ficción en formato audiovisual. Ahí está la magistral Street Fighter II: La película (Sutorito Faità II gekijo-ban 1994), que dirigida por Gisaburo Suggi, continúa quedando como la mejor transposición  de los personajes de Capcom a la gran pantalla, jugando a su favor el hecho de tratarse de una cinta de animación, por lo que ciertos inconvenientes que puedan aparecer en un filme de imagen real pueden darse por aceptados. Y eso sí, la propuesta de Joey Ansah es siempre preferible a los dos títulos hollywoodienses protagonizados por actores de carne y hueso existentes hasta la fecha: el desaprovechado Street Fighter: La leyenda (Street Fighter: The legend of Chun-Li, 2009) (¿de quién fue la idea de que un integrante de los Black Eyed Peas interpretase a Balrog -Vega en nuestro país-?) o el directamente ofensivo Street Fighter, la última batalla (Street Fighter, 1994), proyecto que cayó en las manos del realizador Steven E. De Souza, persona absolutamente desconocedora del producto que estaba tratando, tal y como demostraron las preocupantes declaraciones que ofreció durante la promoción del filme: en el videojuego (Street Fighter) lo único que hacen los personajes es pelear y gruñir, son planos y bidimensionales, no se sabe nada de su carácter, ni de sus hobbies, simplemente no hay historia. Me tuve que inventar todo un argumento inspirándome tan sólo en el aspecto de los personajes y en los decorados de las pantallas1 (sic).

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Terminemos mencionando al reparto. Christian Howard repitió en el rol de Ken Masters, pero para la ocasión Mike Moh sustituyó a John Foo en el papel de Ryu. Decir que tanto Howard como Moh ofrecen buenos trabajos frente a la cámara, dotando de credibilidad a unos personajes bien conocidos por todos. También son destacables las participaciones de Togo Igawa (El último samuráiThe last samurai, 2003) y de Akira Koieyama (La leyenda del samurái: 47 Ronin47 Ronin, 2013), así como la del propio director, Joey Ansah, dando vida al misterioso Akuma.  Aunque sin duda el rostro más llamativo para el aficionado al cine de género es el de Hal Yamanouchi, excelente actor japonés que en los años 70 se trasladó a Europa e inició una interesante carrera cinematográfica participando en títulos como 2020 – Los Rangers de Texas (Anno 2020, I gladiatori del futuro, 1982) de Joe D´Amato, 2019, Tras la caída de Nueva York (2019, dopo la caduta di New York, 1983) de Sergio Martino o Roma, año 2072 D. C.: los gladiadores (I guerrieri dell´anno 2072, 1984) de Lucio Fulci; aquí, Yamanouchi da vida al mayordomo del Sensei, un papel demasiado breve por desgracia, que quizá gané en participación en futuras entregas.

LA EDICIÓN

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Como ya se ha indicado más arriba, la versión comercializada por Tema Distribuciones presenta Street Fighter: Assassin´s Fist montada como si de un largometraje se tratara, pese a tratarse originalmente una serie, en una práctica ya empleada con anterioridad por el sello catalán con motivo del lanzamiento de otro proyecto perteneciente a una popular franquicia de videojuegos, Hallo: Nightfall (2014). Respecto a la edición en soporte físico de Tema Distribuciones (a día de hoy disponible únicamente en formato BluRay, pese a ser inicialmente anunciada también en DVD), la película incluye mejora anamórfica con un aspect radio de 2:35:1, ofrecida en su versión original (inglés-japonés) con subtítulos en castellano y otra pista de audio con opción a escucharla doblada en nuestro idioma. La parte negativa es que, aunque se anuncie que la edición viene carga de extras (y así es, making of, tomas falsas, escenas eliminadas…), únicamente pueden escucharse en versión original, sin que existan subtítulos de ningún tipo.

Javier Pueyo

1: Cita extraída del ejemplar #207 de la revista “Dojo” (artículo realizado por Pedro Conde y Eric Jalain).

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FICHA TÉCNICA

Título original: Street Fighter: Assassin´s Fist

Año: 2014 (Gran Bretaña)

Directores:  Joey Ansah

Productores: Mark Wooding, Karim Al Fayed, Togo Igawa, Esther Randall, Yoshinori Ono, Nigel Thomas, Charlotte Walls, Joey Ansah, Christian Howard

Guionistas:  Joey Ansah, Christian Howard

Fotografía: James Friend

Música: Patrick Gill

Intérpretes: Christian Howard (Ken Masters), Mike Moh (Ryu), Togo Igawa (Gotetsu), Akira Koieyama (Goken), Joey Ansah (Akuma) Hyunri (Sayara), Hal Yamanouchi (Senzo)…

Sinopsis: Ryu y Ken son dos jóvenes luchadores entrenados por el Sensei Goken, un estricto maestro que esconde un turbio pasado.

Wax

Coincidiendo con el estreno en salas comerciales el pasado 26 de septiembre de Vampyres (2015), la nueva película de Víctor Matellano, nos disponemos a recuperar la cinta que supuso su opera prima como realizador de largometrajes de ficción, Wax (2014), aprovechando su reciente edición por parte de Tema Distribuciones en formato Dvd y Bluray.

LA PELÍCULA

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Bajo el título de Wax Víctor Matellano debutaba con una película de terror compleja en estructura que apuesta por mezclar diferentes lenguajes audiovisuales (found footage, formato televisivo, narración convencional…) con el fin de adornar un sencillo guión que cuenta la historia de un joven periodista que por ganarse un dinero extra acepta el reto de pasar una noche encerrado en el Museo de Cera de Barcelona. Por supuesto la trama esconde diferentes giros argumentales, pero quizá su mayor baza sea la creación de un nuevo villano, el Dr. Knox; torturador y amante del dolor ajeno, este sádico individuo podría haberse convertido, de haber nacido en otra época, en el personaje principal de una saga enumerada. Interpretado por Jack Taylor, auténtica leyenda viviente, muy conocido por sus intervenciones en numerosos clásicos de nuestro cine de horror patrio, es precisamente su presencia una de las principales virtudes de Wax, pues el intérprete norteamericano realiza un estimable trabajo que no fue pasado por alto ante determinados sectores[1].

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Enfocada como un homenaje a los clásicos del cine de terror hispano, la participación del que fuera protagonista de El buque maldito (1974) no es la única que Matellano emplea para honrar aquel movimiento: el reparto también incluye las presencias de nombres tan conocidos y admirados como los de Lone Fleming o Antonio Mayans, así como un “cameo vocal” de Jacinto Molina-Paul Naschy, un guiño personal por parte del director, quien siempre ha mostrado ante el público una gran admiración hacia aquella corriente que comúnmente denominamos como fantaterror español, ya sea escribiendo libros (Spanish Horror o Spanish Exploitation) o dirigiendo documentales (Zarpazos-2013 o Tío Jess-2012).

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Del resto del cast debemos destacar a la no menos conocida y respetada Geraldine Chaplin -muy presente en el cine fantástico actual a raíz de su intervención en El orfanato (2007)- y a Saturnino García, actor que siempre se agradece ver en pantalla. Por último, Jimmy Shaw (a quien hemos visto en multitud de series catódicas de nuestro país) da vida al muchacho que hará las veces de hilo conductor de la historia. En el equipo técnico también encontramos figuras de primer nivel, como la diseñadora de vestuario Yvonne Blake, el técnico de FX Colin Arthur o el ilustrador Alfonso Azpiri, aquí diseñando los dibujos para los títulos de crédito.

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Lejos de ser una gran película ni mucho menos ese gran homenaje al fantaterror español que algunos esperábamos ver, Wax funciona como experimento audiovisual que combina dos épocas bien diferenciadas, acudiendo a subgéneros modernos como el torture porn para crear la claustrofóbica atmósfera en la que se mueven los protagonistas, así como homenajeando a ese cine de terror añejo, no sólo con la presencia de  su estudiado elenco, sino con los diferentes props que pueblan la pantalla (figuras y disfraces de monstruos clásicos como Leatherface o el monstruo de Frankenstein, o carteles de films de culto como La venganza de la momia, cinta de 1973 protagonizada precisamente por Taylor y Naschy). Mostrando un interesante punto crítico hacia los medios de comunicación en el tercer acto del libreto, Matellano entremezcla muchos conceptos, quizá demasiados, y eso hace que el acabado final no sea del todo brillante; pero en ningún momento debería olvidarse que se trata de un trabajo de iniciación en el formato largo, un primer paso en la carrera de un realizador cuya actitud cinéfila tal vez ofrezca una siguiente obra mejor conseguida.

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Con todo, la cinta se hace amena, su ritmo funciona adecuadamente y tiene momentos memorables, tanto para el goremaniaco que desee disfrutar con las salvajadas orquestadas por el Dr. Knox, como para el amante del cine que conecte con el tono cómplice que ofrece la historia; en referencia a este último aspecto, destaca aquella escena en la que el personaje de Geraldine Chaplin se encuentra con la figura de cera de Charles Chaplin, su padre en la vida real. Un bonito gesto.

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Ahora, tal y como anunciábamos al inicio, queda por ver lo que nos depara Vampyres (al menos a los que todavía no la hemos visto) y poder conocer así el camino que sigue la carrera cinematográfica de Víctor Matellano.

LA EDICIÓN

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Las ediciones que Tema Distribuciones ha sacado al mercado en España incluye dos pistas de sonido, la versión original en inglés (con subtítulos en nuestro idioma) y la versión doblada al castellano. La calidad de imagen que presenta es excelente, como por otra parte corresponde a un título actual, ofreciendo en el aspect ratio original con el que se rodó originalmente, con formato anamórfico. En cuanto a los extras, destaca el making of de la película, así como dos secuencias eliminadas del montaje final del director; todo se complementa con una galería fotográfica, un teaser y el trailer promocional del filme.

Javier Pueyo

[1] Wax obtuvo una Mención Especial al trabajo de los actores Jack Taylor y Geraldine Chaplin en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre-2014.

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FICHA TÉCNICA

Título original: Wax

Año: 2014 (España)

Director: Víctor Matellano

Productor: Andrés Acevedo

Guionistas: Víctor Matellano, Hugo Stuven Casasnovas

Fotografía: Daniel Salas Alberola

Música: Sergio Jiménez Lacima

Intérpretes: Jack Taylor (Dr. Knox), Geraldine Chaplin (Productora de televisión), Jimmy Shaw (Mike), Yolanda Font (Nuria), Antonio Mayans (Jardinero), Lone Fleming (Policía forense), Manuel M. Velasco (Actor en el museo de cera)…

Sinopsis: Un joven acepta la propuesta de una productora de televisión de pasar la noche en el Museo de Cera de Barcelona, a fin de documentar con su cámara los fenómenos extraños que supuestamente suceden en el lugar.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada en DVD.