Entrevista a Francisco Javier Millán: “Siempre he creído que hubiera sido más feliz desarrollando mi carrera en décadas pasadas”.

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Hace poco pude descubrir una pequeña joyita de bajo presupuesto de terror religioso llamada En silencio. Una cinta de 2006 que apenas tuvo repercusión en su momento pero que reivindico desde La abadía de Berzano. Investigando en la poca o nula información existente sobre ella en la red, conseguí ponerme de manera milagrosa en contacto con su director, Francisco Javier Millán. Gracias a ello pude descubrir la publicación reciente de un libro escrito por él llamado Generación Goonies. Así que ni corto ni perezoso le propuse hacer la siguiente entrevista para que me desvelara los entresijos de aquel rodaje, y así también rescatar del olvido esta maldita cinta.

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¿Cómo surge el proyecto de En silencio?

En Silencio parte de una idea original de Miguel Ángel Mañas, actor y dramaturgo, con el que desarrollé diferentes proyectos cinematográficos a comienzos de los años 2000. Mañas escribió el libreto pensando en mí, ya que, en ese momento, me encontraba buscando nuevas ideas para desarrollar. En cierta medida, lo hizo siendo consciente de mis gustos y forma de trabajar.

Rodado en 2003, En Silencio supuso tu tercer largometraje, habiendo también dirigido tres cortometrajes. ¿Por qué no hay constancia de ello en bases de datos como imdb o filmaffinity? Ni siquiera en vuestra web, Impacto producciones, existe referencia a ello. ¿Nos podrías hablar un poco de estos trabajos?

En Silencio marca un antes y un después en mi carrera, cierra una etapa amateur y abre otra en el ámbito profesional. Aún así mantiene una estética y una fórmula propia de esos primeros años. Siempre he dicho que contiene “lo mejor de los dos mundos”. Su estreno fue minoritario; tan solo se pudo ver en festivales y en algunos pases que organizamos en ciudades como Zaragoza, Madrid o Barcelona.

Creo que no está en las webs que nombras debido a que no tuvo una vida comercial convencional, y no está en el portal de la productora porque hemos querido destacar los últimos trabajos, mucho más elaborados, por encima de los desarrollados hace más de una década.

Con respecto a mis dos trabajos anteriores, tengo una comedia romántica titulada A 600 kilómetros de distancia y Perseus: La Semilla Humana, una aventura espacial que venía a rendir homenaje a series como Babylon 5 y Star Trek. Con el paso del tiempo, no estoy muy satisfecho de estas dos películas, no las he vuelto a ver desde su estreno; pero con En Silencio siento algo muy especial, me lo pasé muy bien rodándola y fue, para mi gusto, una de las etapas más interesantes de mi vida.

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¿Cómo conseguisteis el presupuesto para rodar En silencio y de cuánto constó aproximadamente?

No tuvimos ningún tipo de apoyo institucional. Todo el dinero vino de nuestros recursos propios. Recuerdo que un año antes de decir “acción”, tuve hasta tres trabajos diferentes a la vez, con el fin de ahorrar y financiar el proyecto. La hicimos por menos de 12.000 €, siendo los gastos más importantes los derivados del transporte y las dietas del equipo. La CAI financió parte de la grabación de la banda sonora y la FNAC, empresa para la que trabajaba por aquel entonces, nos surtió de cintas HDV.

El rodaje, al extenderse a lo largo de todo un año, me ayudó a sufragar los gastos de manera escalonada. Pero viendo el resultado final, parece que haya costado mucho más, gracias a los escenarios naturales con los que contamos, y a la dedicación incondicional del equipo artístico y técnico.

Tus referencias cinematográficas se encuentra en largometrajes de los 80 como Los Goonies, Encuentros en la tercera fase o El secreto de la pirámide. ¿En qué aspectos de En silencio se ve reflejado su influencia? 

Mi personalidad y mi forma de ser se forja en los años 80, al igual que mi manera de entender el cine y la vida en muchos aspectos. En Silencio, curiosamente, tiene un aire melancólico muy marcado. Me empeñé en que los exteriores se rodasen en invierno y en otoño, con el fin de crear una atmósfera que evocase ese sentimiento durante el film. Las películas de los 80 eran muy atmosféricas. Los Goonies, por ejemplo, no sería lo que es sin los imponentes paisajes de Astoria y su constante sensación neblinosa. He llegado a darme cuenta que las series y las películas que más me atraen son las que transcurren en ambientes boscosos y otoñales. Por eso, el cine y la televisión española estándar, rodada a plena luz del día y con una luz muy dura, me interesa bastante poco. Compara por ejemplo la fotografía de Expediente X con la de Hispania o Águila Roja, y dime con cual te quedas.

Y si buscas más referencias, sin duda, El secreto de la pirámide y su manera de resolver el caso está el germen que impulsa a la historia de En Silencio.

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¿Viste alguna película de terror religioso antes de realizar el filme? ¿Os documentasteis sobre alguna orden religiosa en concreto?

En mi caso no, pero me consta que Miguel Ángel Mañas sí que se documentó a la hora de mostrar la vida monástica de las hermanas. Ha pasado ya mucho tiempo de aquello y no recuerdo si se fijó en alguna orden en concreto. Sería una pregunta más para él que para mí.

¿Eres amante del cine de terror? ¿Me podrías nombrar alguna película que te haya quitado el sueño?

Me gusta el género, pero también reconozco que estoy algo cansado del mismo. Para encontrar un buen título en la actualidad hay que ver muchos otros completamente intrascendentes.

Y sí, hay una película que me hizo estar despierto toda una noche. Fue Poltergeist. La imagen del payaso o de los ataúdes emergiendo de la piscina se me grabaron a fuego cuando tenía diez años. De ella tomé ese sentido de la irrupción de lo paranormal en un entorno realista, mezclándolo con ingredientes de La maldición de la casa del infierno y, por supuesto, La Residencia de Chicho Ibáñez Serrador.

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¿Cómo fue el proceso de selección del plantel actoral? Te diré, por cierto, que mi preferida es Cristina Yáñez.

¡También es mi favorita! El momento en el que apareció vestida de madre superiora fue como ver cara a cara a la maldad. Miguel Ángel Mañas y yo teníamos claro que iba a ser nuestra primera película con actores profesionales. En este punto me dejé asesorar plenamente, ya que está muy vinculado con el mundo de la interpretación en Aragón. Cristina Yáñez, por ejemplo, fue elección de él.

Las dos únicas elegidas mediante casting fueron Carmen Cuello, la protagonista, y Pilartxo Iribas, la hermana Rosa.

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En la secuencia en la que Carmen Cuello sale de la ducha muestra de forma descarada los pechos. ¿Fue “por exigencias del guión”? ¿A qué se debió esta decisión de exhibir carnaza?

Jajaja. Fue idea más de Mañas que mía. Pero al final tanto la actriz como yo aceptamos el reto. Probablemente en la actualidad no la hubiera rodado de una manera tan explícita, aunque en cierta medida muestra la completa indefensión a la que somete el fantasma a la protagonista. Algo así como lo que ocurre en El Ente, otra de mis películas de cabecera.

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¿Qué localización utilizasteis para localizar el convento donde se desarrolla casi el completo de la acción?

La mayor parte de las escenas se suceden en el Monasterio de Veruela, en las faldas del Moncayo. Una imponente construcción cisterciense que se encontraba en unas condiciones muy diferentes a las de ahora. Muchos de sus pasillos, prohibidos para los visitantes, exhibían un ambiente fantasmagórico ideal.

Nos decidimos por este lugar después de haber recibido varias negativas por parte de la Iglesia. Veruela es un lugar gestionado por la Diputación Provincial de Zaragoza y no por el clero.

Una vez concedido el permiso, el resto de las localizaciones las encontramos en el entorno del mismo, centrando todo el rodaje en los bosques del Moncayo y el sanatorio abandonado de Agramonte.

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¿Cuánto duró el rodaje y la postproducción de En Silencio?

Un año entero, entre enero de 2003 hasta finales de enero de 2004, grabando todos los fines de semana y festivos. Y, salvo en agosto, que hicimos un parón para descansar, estuvimos “religiosamente” dedicados a la película durante ese largo periodo. Curiosamente apenas se nota en el resultado final, ya que da la sensación de haberla rodado de tirón durante cinco semanas.

La postproducción llevó más tiempo, poco más de dos años. Realizando varios montajes y pases de prueba, hasta que logramos darle el ritmo necesario que buscábamos.

Uno de los grandes aciertos de En silencio, a pesar de no contar de un gran presupuesto, es hacer uso de la Orquesta sinfónica del conservatorio superior de música de Zaragoza para grabar la banda sonora, compuesta por Oscar Peñarroya. ¿Cómo surgió la idea y cómo fue el proceso de grabación?

Soy un gran amante de la música de cine; es uno de los procesos creativos con los que más disfruto. Conocí a Óscar por internet, en una lista de noticias dedicada a este género. Conectamos con mucha facilidad, ya que a ambos nos une una gran pasión por compositores como John Williams y Jerry Goldsmith. Supo a la perfección captar la idea siniestra y melancólica del film, realizando un trabajo que superó con creces mis expectativas. Lástima que no pudiéramos grabar todos los temas con la orquesta; su director se tomó poco en serio la propuesta, obligándonos a realizar muchos de los fragmentos por ordenador. Aún con las dificultades, el resultado fue espectacular.

¿Dónde se produjo el estreno de En silencio?

En Tarazona, en la comarca del Moncayo, pudieron ver uno de los primeros montajes. Y donde se pudo ver la versión definitiva por primera vez fue en el Festival de Cine Fantástico y Terror Buenos Aires “Rojo Sangre” en Argentina.

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¿Cuál fue el recorrido de En silencio? ¿Cómo fue recibida?

La movimos a lo largo de un par de años, llegando a verse en festivales españoles, además de en Uruguay, México y Estados Unidos. Pero siempre me quedé con las ganas de que llegase a más público.

La recepción en todos estos lugares fue bastante positiva. Los espectadores siempre salían con cierta inquietud de las salas y se asustaban en los momentos que nosotros habíamos querido.

¿Cómo surgió la distribución en DVD por parte de Friki Films?

Se pusieron en contacto conmigo por teléfono, tras haber pasado la película en una Muestra en Barcelona. Su distribución fue bastante modesta y apenas me llamaron durante el proceso. Ahora en la actualidad ni existen. No he vuelto a saber nada de ellos. Pero sí que sus películas aparecen periódicamente en los lugares más inesperados.

¿Has visto la reciente película española La hermandad? ¿No crees que guarda bastantes similitudes con tu película?

Sí, la he visto. Mantiene unas líneas maestras similares, pero luego transita por caminos muy diferentes. Es una película con unas interpretaciones muy artificiales y carentes de todo interés. Me sorprendió que sus responsables llegasen a estrenarla en salas y nosotros no lo lográsemos. Es bastante olvidable.

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Echando la vista atrás, y de haber tenido mayor presupuesto, ¿qué hubieras cambiado de En silencio? ¿Estás contento con el resultado obtenido?

Estoy bastante contento con el resultado final, aunque hubiera cambiado algunas escenas introductorias; creo que el film logra ir de menos a más en muchos aspectos. Sin duda con más dinero hubiéramos tenido escenas de acción más imponentes, quedándose en el tintero una en la que las hermanas entierran a un bebé vivo en medio de  una noche de tormenta. Probablemente hubiera quedado muy impactante, pero con nuestros medios era difícil de resolver. Siempre me ha rondado la idea de volver sobre ella. Quién sabe.

¿Recuerdas alguna anécdota del rodaje?

Recuerdo a los peculiares bedeles que guardaban el lugar y el día en el que el sanatorio de Agramonte estaba lleno de nieve y nos tuvimos que volver. Y aquella noche en este lugar terrorífico, que iluminábamos gracias a un generador eléctrico; y el día que tuvimos que echar a unos okupas que habían hecho una hoguera en una de las estancias.

Pero lo mejor de todo fueron las primeras semanas, en las que íbamos descubriendo todas y cada una de las estancias del monasterio, gracias a una llave maestra que habían escondido junto a un muro. Llave que, por cierto, sigue estando en el mismo lugar; pero no te lo voy a revelar.

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Además de dirigir, recientemente has producido algunos cortometrajes como Amores ciegos con Impacto Films. ¿Has abandonado tu labor de realizador o simplemente se trata de un descanso?

Me encuentro muy cómodo en la labores de producción. Algunos de mis mejores trabajos los he desarrollado en este campo. Con Amores Ciegos logramos incluso llegar hasta la antesala de las nominaciones de los Goya y los Oscar. En la actualidad me voy a tomar también un descanso de la producción, ya que estoy explorando mi vertiente como escritor. Y no descarto volver a la dirección. Estoy en una encrucijada laboral, producto de la crisis y de las injustas experiencias que me ha tocado experimentar. Siempre he creído que hubiera sido más feliz desarrollando mi carrera en décadas pasadas; hay aspectos de la realidad actual del sector que no me gustan nada.

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También has escrito libros. Sin ir más lejos, recientemente has presentado Generación Goonies. ¿Qué nos podrías contar sobre él?

Es el libro que ha salvado en cierta medida mi vocación. Me ha hecho volver a recordar el origen de lo que soy, además de ser un sentido homenaje a un tipo de cine irrepetible.

Curiosamente no existía un libro que viniera a englobar todas las producciones de Amblin Entertainment de los años 80. A nadie se le había ocurrido antes. Algo me hacía estar en deuda con estas películas, y tenía que contarlo de alguna manera.

El libro me está dando unas satisfacciones que, ni de lejos, me ha dado mi trabajo como productor.

Un campo nuevo con el que he recuperado ilusiones pasadas, y cuyo resultado ha dado lugar a una obra estupendamente publicada por Diábolo Ediciones; editorial con la que he encontrado una afinidad única.

Aunque seas amante del cine de los años 80, ¿cuáles son tus gustos con respecto al cine actual?

Son muy amplios y variados, aunque tengo que reconocer que me cuesta mucho encontrar películas que me lleguen a emocionar completamente. Del año pasado, sin ir más lejos, me sorprendió mucho El Clan y Whiplash, dos dramas contundentes que muestran una realidad muy diferente a la que nos rodea.

Por mi trabajo en la radio consumo y veo mucho cine, pero si te soy sincero, de cada año me quedaría con unas doce o quince películas solamente. Preferiría que los viernes se estrenasen menos y mejores películas.

Para terminar, ¿qué proyectos tienes para el futuro?

Estoy desarrollando un segundo libro que también será publicado por Diábolo Ediciones, y me ronda cada vez más la idea de transformar uno de mis guiones en una novela. Pero todavía tengo que aprender mucho en este aspecto.

Jesús Palop

Aquí puedes ver el trailer de En silencio.

Published in: on marzo 4, 2016 at 8:29 am  Dejar un comentario  
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Escuela de enfermeras

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Título original: Escuela de enfermeras

Año: 1965 (España)

Director: Amando de Ossorio

Productor: H. S. Valdés

Guionistas: Amando de Ossorio, H. S. Valdés

Fotografía: Miguel Fernández Mila

Música: José Pagán, Antonio Ramírez Ángel

Intérpretes: Paloma Valdés (Lucía), Carlos Larrañaga (Ramón), Carlota Avendaño (Cristina) , María Granada (Gloria), Margot Cottens, Sonsoles Benedicto, Manuel Zarzo, Jorge Rigaud, María Isbert…

Sinopsis: Lucía es una joven rica y caprichosa que, tras escaparse de su padre antes de embarcar en un vuelo con destino a Nueva York, tiene un pequeño accidente que la lleva hasta el hospital, donde conoce a un apuesto médico. Tras una serie de equívocos, terminará ingresando por amor en la escuela de enfermeras.

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Carlos Larrañaga y Paloma Valdés: amor en la policlínica.

Escuela de enfermeras es una de las películas menos conocidas del realizador gallego Amando de Ossorio, reconocido mundialmente por sus cintas de género fantástico y de terror, como Las garras de Lorelei o la saga de los templarios, iniciada en 1972 por la mítica La noche del terror ciego. No obstante, la presente cinta se encuentra diametralmente opuesta al género mencionado ya que, en realidad, se trata de una comedia de corte juvenil protagonizada por la fugaz estrella de la época – aunque por aquel entonces indispensable dentro del cine realizado en España-, Paloma Valdés, quien ya contaba un currículum bastante interesante al haber trabajado a las órdenes de Bardem en la estupenda Los inocentes o junto a Fernando Fernán Gómez en la mítica La venganza de Don Mendo, interpretando el papel de Magdalena, y que abandonaría el cine tras contraer matrimonio (1).

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Paloma Valdés, vallisoletana de nacimiento, fue definida como una mezcla entre Marina Vlady y Brigitte Bardot. Se retiró en 1971, recientemente publicó sus memorias: Como un sueño.

Valdés capitanea el trío protagonista en compañía de la desconocida Carlota Avendaño, quien, según fuentes consultadas, no volvería a participar en ningún otro filme, y María Granada, otra actriz de la época que abandonaría prematuramente la interpretación, pero que antes nos dejaría una muy interesante filmografía, incluyendo coproducciones como El hijo del pistolero, junto a Russ Tamblyn, o El halcón y la presa, película en la que coincidiría con Lee Van Cleef bajo la dirección de Sergio Sollima, cineasta con el que colaboró a lo largo de su trayectoria en un total de tres ocasiones.

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María Granada, parece ser que su nombre real era Manuela Barroso y posteriormente fue diseñadora de modas.

En torno a sus tres personajes girará el argumento del filme, una vez se conozcan al coincidir en la misma habitación tras iniciar los estudios de enfermería. Allí cada una dará a conocer su historia: Lucía, la rica y caprichosa heredera, se ha decidido a estudiar por estar más cerca de su amado, un médico- interpretado por Carlos Larrañaga- que imparte clases en la escuela y al que conoció tras acudir al hospital debido a un accidente de tráfico; Cristina, por su parte, es la humilde hija del conserje de la residencia, por lo que deberá sacar matrícula de honor para poder seguir con sus estudios; y Gloria, la tercera en discordia, tiene como principal preocupación estudiar inglés para poder así irse a vivir a Chicago con su novio. Gloria, interpretada por la bellísima María Granada, nos sorprende a mitad de la película cantando un pegadizo twist llamado Conquistador, acompañada por el famoso grupo de la época Los Pekenikes.

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El trio protagonista formado por Paloma Valdés, María Granada y Carlota Avendaño.

Hablando del filme propiamente dicho, este da comienzo con unos graciosos y animados títulos de crédito sonorizados con el himno de las enfermeras: “Somos enfermeras, de blanco puro ideal, cuando te encuentres muy mal, te cuidaré…”, que parece estar interpretado por Las monjitas del Jeep -unas hermanas cantoras que grabaron un par de discos por aquel entonces-, debido al agudo tono que utilizan para entonar el tema. Este inicio ya marcará la línea conservadora que ofrece la película, algo que queda patente por el hecho de que la propia escuela de enfermeras esté dirigida por una monja a la que pone rostro una Margot Cottens a la que por cierto, se le echa en falta su peculiar voz, y que se encarga de llevar por el buen camino a las chicas, repitiendo así el papel que interpretara tres años atrás en Canción de juventud, con la diferencia de que si en aquella la religiosa a la que interpretaba la actriz tenía un toque más liberal, en esta parece ser una hermana más chapada a la antigua.

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A Margot Cottens le encantaban los hábitos.

Y la mención a aquel clásico de Luís Lucia no es en balde, ya que son varios los puntos en común que la presente guarda con aquella, probablemente debido al enorme éxito de público que supuso en su estreno. De este modo, además del personaje de Margot Cottens, nos encontramos con otro nuevo parecido en el rol encargado de aportar el punto cómico a la historia: una chica de la escuela que sólo piensa en comer, a la que da vida Sonsoles Benedicto, y que resulta ser clavadito al de la glotona Pochola, personaje que hizo popular la actriz Conchita Goyanes en la original de Lucia.

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Sonsoles Benedicto poniendo atención en las clases.

Otro detalle más que evidencia la similitud entre ambas cintas es el análogo concurso de una carrera en vespas – que en Canción de juventud abre magistralmente el filme y en este lo cierra-, y que sirve para que comprobemos una vez más lo conservador del filme, ya que en comparación con su predecesora, en esta cada moto es conducida por un chico, llevando como paquete a cada una de las enfermeras, cuando en la cinta del 62 eran las chicas las que llevaban, y nunca mejor dicho, la voz cantante, siendo este hecho por tanto, un retroceso en cuanto al papel de la mujer dentro de la sociedad, siendo mostradas por Ossorio como dependientes en todo momento de la figura del hombre. Pero éste no es el único rasgo machista desperdigado a lo largo de la cinta; ya que el mayor sueño que presenta el trío protagonista es casarse para abandonar los estudios de enfermera y dedicarse a sus labores.

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La estatua de atrás se llama Portadores de la antorcha, está situada en el centro de la plaza central del Campus médico de Madrid y fue fundada en 1955. Su autora, la norteamericana Ana Huttington.

En lo que respecta a la realización de la cinta, Ossorio imprime un tinte tenebroso cada vez que se lo permite el guión- coescrito por el propio gallego junto a H. S. Valdés, con el que ya había trabajado previamente en el western La tumba del pistolero-, siempre partiendo de la base de que nos encontramos ante una comedia de corte juvenil, iluminada en su fotografía en blanco y negro como tal, es decir, de manera diáfana. No obstante, hay secuencias como aquella en la que Lucía y Gloria proponen hacer un cambio de imagen radical a su más bien feúcha y pueblerina compañera de habitación cortándole las trenzas. Aquí, el realizador gallego se apoya en la iluminación del plano para crear un efecto de sombras chinescas harto grotesco y que desentona con el corte cómico de la cinta.

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¿Homenaje de Ossorio a Nosferatu?

Igualmente utiliza una iluminación lúgubre en un par de secuencias de tensión- aquellas en la que unos ladrones roban en la residencia o cuando dos de las enfermeras auxilian en un accidente de carretera a un ensangrentado piloto-, algo que es potenciado además por una banda sonora de lo más truculenta. Son detalles estos que llaman la atención dentro del tono naif de la historia y que parecen adelantar el camino que tomaría su realizador en su posterior carrera cinematográfica.

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Un toque de gore a esta pintoresca historia.

Escuela de enfermeras es, por tanto, un engranaje más dentro de la filmografía de Amando de Osorio, que funcionaría de puente hacia su etapa más conocida y fructífera como autor de género y que pese al conservadurismo y el pestazo machista que envuelve al completo de la cinta- hay que recordar que la profesión de enfermera propiamente dicha estaba reservada en dicha época al género femenino (2)-, puede ser disfrutada como una comedia ligera, fresca, optimista, elegante y afortunadamente bastante alejada de la típica españolada de turno.

Jesús Palop

    (1) Algo muy común de la época. Quizá el caso más conocido fue el de Sonia Bruno, otra de las actrices que abandonaría su carrera al casarse con el jugador de fútbol de origen ceutí, Pirri.
    (2) En 1915 se crea en España el título de enfermera, algo casi exclusivo de las mujeres, que cursaban sus estudios en escuelas dependientes de hospitales. Los practicantes era la rama reservada al género masculino y cursaban los estudios en las facultades de medicina. En 1952 se creó el título de ATS, que unificaba los planes de estudio de enfermeras, practicantes y comadronas, pero las desigualdades de género aumentaron. Las mujeres que estudiaban debían estar internas y alejadas del género masculino que estudiaba dicha titulación. Esto no cambiaría hasta bien entrados los años setenta.
Published in: on febrero 12, 2016 at 6:27 am  Dejar un comentario  
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The Lonely Lady

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Título original: The Lonely Lady

Año: 1983 (Estados Unidos)

Director: Peter Sasdy

Productor: Robert R. Weston

Guionistas: John Kershaw, Shawn Randall sobre la novela de Harold Robbins.

Fotografía: Brian West

Música: Charles Calello

Intérpretes: Pia Zadora (Jerilee Randall), Lloyd Bochner (Walter Thornton), Bibi Besch (Veronica Randall), Joseph Cali (Vincent Dacosta), Anthony Holland (Guy Jackson), Jared Martin (George Ballantine), Ray Liotta (Joe Heron), Carla Romanelli (Carla Maria Peroni), Oliver Pierre (George Fox), Kendal Kaldwell (Joanne Castel), Lou Hirsch (Bernie), Kerry Shale (Walt Thornton Jnr), Sandra Dickinson (Nancy Day), Shane Rimmer (Adolph Fannon), Nancy Wood (Janie), Ed Bishop (Dr. Baker), Gianni Rizzo (Gino Paoluzzi), Mickey Knox (Tom Castel), Kenneth Nelson (Bud Weston)…

Sinopsis: Jerilee es una joven que aspira a triunfar como guionista en la salvaje jungla de Hollywood, hasta el punto de hacer todo lo que esté en su mano para conseguirlo.

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The Lonely Lady es la adaptación del best seller homónimo escrito en 1976 por Harold Robbins, autor prácticamente olvidado en la actualidad, pero del que fueron llevadas a la pantalla al menos una docena de sus novelas, desde finales de la década de los cincuenta hasta 2001, año del que data una serie B protagonizada por Richard Grieco llamada Body Parts.

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La presente cinta entronca directamente con el tipo de género que cultivaba la quizá más conocida Jacqueline Susann, novelista rosa que pasará a la historia por su obra también ambientada en Hollywood, El valle de las muñecas (1), en la que la ambición en el mundillo cinematográfico hacía que sus personajes cayeran en el peligroso mundo del alcohol y los barbitúricos.

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Y es que incluso se llegó a rumorear que The Lonely Lady estaba inspirada, a grandes rasgos, en la vida de la propia Susann -una mujer luchadora que aspira a triunfar como gran escritora en un mundo dominado por los hombres-; de hecho, el libro original está dedicado a la memoria de la novelista, aunque según declaraciones del propio Robbins, su inspiración se centró en Grace Metalious, la autora de Peyton Place.

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La elegida para encarnar a la heroína Jerilee Randall sería la emergente estrella Pia Zadora (2), actriz que había obtenido un muy discutido Globo de Oro en el apartado New Star por su actuación en la vapuleada Butterfly de Matt Cimber, imponiéndose por delante de nombres como los de Kathleen Turner o Elizabeth McGovern. (3)

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Pero ciñéndonos a la cinta en cuestión, podemos afirmar que se encuentra muy cerca de aquellas teleseries de la época que derrochaban glamour ochentero y que retrataban las pasiones y el ansia de poder de un grupo de mujeres sin escrúpulos, soap operas como Dinastía o las posteriores en el tiempo Muñecas de papel (1984) y Mujeres de Hollywood (1985). Aunque el nivel de erotismo de la cinta sea de mayor grado que éstas, gracias a la labor de la ardiente Zadora, que comienza la película siendo una jovencita virgen que tras ser violada nada más y nada menos que con una manguera- por un joven y poco reconocible Ray Liotta en el que sería su primer papel en el cine-, pasa a casarse con un guionista de éxito que le triplica en edad pero que no la satisface sexualmente, para tras su divorcio pasearse por todas las camas y en compañía de todos los sexos necesarios para conseguir su sueño de ser una reputada guionista.

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El encargado de plasmar en imágenes la obra de Robbins no es otro que Peter Sasdy, realizador húngaro nuevo en el género, ya que estaba especializado en cine de terror: un ramillete de clásicos realizados al amparo de la productora Hammer como El poder de la sangre de Drácula, Las manos del destripador o La condesa Drácula formaban parte de su currículum. Por ello resulta más que chocante la elección del realizador para llevar a cabo este drama hollywoodiense. Aunque es innegable el sello de Sasdy en una secuencia clave del filme, en el que la protagonista Jerilee, tras haber sido engañada por uno de sus amantes, tiene un brote de locura al imaginar los rostros de sus enemigos en las teclas de su máquina de escribir, girando en torno a ésta, mientras ella grita aterrorizada al mismo tiempo que el celuloide queda teñido en varias tonalidades de colores chillones, como si de una pesadilla se tratara, en lo que no deja de ser una clara referencia al cine fantástico confeccionado en los años setenta por el propio realizador.

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Por ello, The Lonely Lady podría considerarse como una gran pesadilla en la que se retrata a Hollywood como una jungla de villanos que perturban la mente de una inocente niña, que terminará renegando del mundillo durante un atrevido monólogo final durante la gala de unos importantes premios, cuyo trofeo es sospechosamente parecido a los Oscar: “I don’t suppose I’m the only one who’s had to fuck her way to the top” (4), final por cierto muy similar al del ya todo un clásico de culto como es Showgirls, ya que al igual que en ésta su protagonista, que ha hecho todo lo posible por llegar a lo más alto, termina renunciando al ver toda la basura que se esconde detrás de la fama, convirtiendo así a The Lonely Lady en un claro referente de la cinta de Verhoeven.

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Respecto a la adaptación cinematográfica de este atrevido best seller, el guión no recoge en su totalidad lo descrito en las páginas por Robbins, ciñéndose por el contrario a los aspectos más reseñables de éste y dejando excluidos la mitad de los capítulos de la vida de Jerilee- algo que por otro lado podría haber dado lugar a una miniserie-. Elimina o introduce nuevos personajes, hace menor hincapié en la bisexualidad de la heroína o en su faceta de actriz -ganadora incluso de un premio Tony, para terminar cayendo en la profesión de stripper o en la prostitución y el porno-. En ocasiones añade morbo- la chocante violación del inicio no llega a ser tal en el original, sino una agresión con un cigarro encendido- y en otras le resta- en el libro de Robbins durante la secuencia de la gala de los Oscar, nuestra protagonista tras ganar el premio se queda totalmente desnuda y muestra que tiene dibujado boca abajo la estatuilla a lo largo de su cuerpo, con la cabeza del galardón como si le estuviera comiendo sus partes íntimas-, pero en definitiva la esencia es la misma.

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De ritmo ágil y duración standard, este delirio totalmente inédito en las pantallas españolas es venerado por el realizador John Waters, para el que Pia es la “mejor peor actriz” de todos los tiempos. Tanto es así que no dudó en contar con ella para su cinta Hairspray. Y es que The Lonely Lady tiene momentos tan delirantes que merece estar situada a la altura de la anteriormente citada Showgirls como clásico camp. No en vano, obtendría siete de los once premios razzies a los que estaba nominada dicho año, galardones que son a veces más interesantes que los propios Oscar de los que pretenden ser antítesis.

Jesús Palop

(1) Llevado con éxito al cine por Mark Robson en 1967 con Barbara Parkins, Patty Duke y Sharon Tate al frente del reparto. En 1981 también sería adaptada al medio televisivo en el telefilm Jacqueline Susann´s Valley of the Dolls.

(2) Cuyo personaje ficticio también guardaba ciertas similitudes con la vida real de la propia actriz, casada con un hombre que le doblaba en edad y que pretendía convertirla en estrella de Hollywood, el productor Meshulam Riklis.

(3) Dicho apartado sería radicalmente eliminado dos años después debido a la polémica surgida en el que se dijo que el premio fue literalmente comprado por el entonces marido de Pia, el mentado Meshulam Riklis.

(4) Supongo que no he sido la única que ha tenido que abrirse el camino hacia la cima follando, en su traducción al castellano.

Published in: on agosto 14, 2015 at 5:17 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Claudia Gravi (segunda parte)

A continuación os ofrecemos la segunda y última parte de la amena entrevista que mantuvimos con la actriz de origen belga, Claudia Gravi. En esta ocasión hablamos de sus últimos trabajos, su presencia en superproducciones europeas a las órdenes de Enzo G. Castellari o Matt Cimber, o de su experiencia personal y profesional junto a personalidades tan dispares como Eloy de la Iglesia, Vicente Aranda o María José Cantudo. Para los más nostálgicos hay espacio para sus recuerdos sobre su participación en la serie televisiva australiana Valle secreto.

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Claudia firmándonos un ejemplar de sus memorias  Cuando me bajé del Baobab.

  • Tras una temporada en Italia regresas otra vez a España al romperse tu matrimonio…

Yo me largué de Italia absolutamente distrotta, sin saber que iba a ser de mi vida, la verdad. Entonces me fui un mes a Bruselas con mi coche y mi perro y luego me vine para Madrid, ya que tenía el apartamento donde vivo actualmente. Cuando llevaba tres días en Madrid me llamó mi representante y me propusieron Los nuevos españoles. Eso fue realmente mi vuelta al cine español.

  • En Los nuevos españoles, estrenada en 1974, coincides con quien se convertiría en tu pareja, su director Roberto Bodegas…

Cuando rodábamos y después hacíamos el doblaje de Los nuevos españoles se nos caía la baba, pero mientras hubo una relación de trabajo no pasó nada. Fue una vez que se terminó la película cuando iniciamos una relación que duró trece años. Yo estaba colada totalmente, estábamos muy enamorados. Pero sabía que si tenía una relación con este hombre, director de cine, nunca más iba a trabajar con él. Si no tenía relación con él iba a ser la protagonista de todas sus películas. Por ejemplo, en Corazón de papel, que hizo Patxi Andión con Concha Velasco, Antonio Martín, que era el brazo derecho del productor José Luis Dibildos, me decía que parecía que habían escrito el papel principal femenino pensando en mí. Y tanto. Pero no me importó no hacer esa película por las circunstancias que explico.

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Fotograma de Los nuevos españoles.

  • En tu vuelta a España trabajas con un director tan singular como Francisco Regueiro en Las bodas de Blanca

Ay, ¡qué loquito es! Buena gente, loco como él solo, con talento, original, pero muy buena gente. Fue divertido. Justo cuando terminé de rodar esta película me tuve que ir a Roma, a la Sacra Rota, al interrogatorio, que parecía la Inquisición, ya que después de un año de casados mi marido y yo decidimos anular nuestro matrimonio, aunque yo nunca me había querido casar, y menos por la Iglesia.

  • También rodaste un par de películas con Eloy de la Iglesia, La criatura y Miedo a salir de noche, del que dices que es el precursor de Pedro Almodóvar…

Sí, porque las películas de Eloy siempre eran de escándalo, políticamente “no correctas”, era un revulsivo. A Eloy le gustaba mucho provocar.

  • Sin ir más lejos, en Miedo a salir de noche, que en principio se trata de una comedia, hay una secuencia bastante fuera de tono con el resto de la película en la que te arrancan un pezón.

¡Qué horror! Con unas tenazas. Eso se rodó en mi casa. Se hizo en el parque de Berlín, me parece, pero luego el primer plano se hizo en mi casa, obviamente no era mi pezón, era un efecto especial. De hecho aún guardaba por ahí en una caja el recambio del falso pezón, aunque se ha puesto seco y lo he acabado tirando. Era todo un montaje: el pezón, por debajo inyectar sangre,… por eso se hizo en mi casa. Eloy era un tío muy tierno, yo le quería mucho, lástima que cayera en la droga.

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Claudia antes de ser “despezonada”.

  • Ya en los 80 participaste en dos series en coproducción con Australia, La isla de los fugitivos Valle secreto, esta última muy recordada por los niños de aquella época…

Esto también tiene su historia. Fue una serie que coincidió con una época en la que yo estaba muy mala anímicamente. Al mismo tiempo que estaba haciendo Miedo a salir de noche estrené en el Bellas Artes una obra de Alfonso Vallejo titulada El cero transparente, con la dirección de William Layton. Layton era un profesor maravilloso, pero a la hora de dirigir la cosa cambiaba. Utilizaba el método Stanislavski de improvisar, que está muy bien a la hora de la creación del personaje, pero llega un momento en que el director tiene que intervenir. No había manera, hasta que tres días antes del estreno José Carlos Plaza intervino y dio las pautas. En el reparto estaban Fernando Delgado y Pedro del Río, ¡todos muertos, tú! Yo era la única mujer, y lo pasé de verdad muy mal, nunca me había ocurrido y nunca me volvió a ocurrir eso del pánico escénico. Tenía que entrar en escena y lo hacía con una angustia que casi había que empujarme. Se me quedó una inseguridad, que es lo peor que le puede pasar a un actor. Al mismo tiempo con Eloy, empecé a tenerle también miedo a la cámara. Recuerdo un plano- contraplano con Pepe Sacristán, en el que Eloy me echó la bronca: “Claudia, la cámara está aquí, ¿qué haces?”. Iba huyendo y, claro, no podía seguir así. Así que estuve varios meses sin trabajar. No quería trabajar. Y fue cuando me llamaron para hacer la serie Valle secreto en Australia. Entonces abordé el trabajo en Australia con unas ganas y un entusiasmo que me demostraban que ya estaba bien para seguir actuando.

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Claudia Gravi en La isla de los fugitivos.

Luego hice allí también La isla de los fugitivos. Estuvimos a punto de no poder hacerla porque el sindicato de Australia es muy severo, y no nos dejaban rodar más de tres capítulos. Por cierto, allí me encontré con Julio Iglesias, en Sydney, y no podía hacer más de tres conciertos, por no ser australiano. Y aunque el productor quería volver a contratarnos a Aldo Sambrell y a mí para la segunda serie, no le dejaban. Entonces la idea era mandarnos a Fidji una semana y volver, para que nos dieran otro visado de trabajo. Yo pensé: “Uy, pues qué bien, Fidji”, pero al final como era un productor muy importante, Roger Mirams, todo se solucionó y nos quedamos sin ir a Fidji.

  • Como has comentado, el otro representante español en la serie era Aldo Sambrell, con el que parece ser que no te llevaste muy bien…

Me llevaba muy bien pero era un ligón. Una cosa… Yo riéndome se lo decía a su mujer Cándida: “no sé cómo soportas a este tío”. Viajamos juntos desde París, teníamos que ir a Londres pero había una huelga, así que salimos de París a Sydney y en el avión trataba de ligar conmigo. “Aldo, no te entiendo, ¿cómo vas a ligar conmigo?, espera, cuando lleguemos a Australia te ligas a una australiana de estas maravillosas”, y se reía, claro. Se reía mucho porque yo le tomaba el pelo que no veas. Al final creo que Aldo más que ligar, jugaba a ligar.

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Claudia junto a Aldo Sambrell en La isla de los fugitivos.

  • Rodaste Tuareg en 1984 a las órdenes de Enzo G. Castellari, pero tu papel se vio muy reducido, ¿sabes por qué razón?

Eso fue una superproducción. Yo me tiré ahí en el desierto casi tres semanas, con unas secuencias muy bellas. Éramos dos mujeres, yo la mayor y otra joven, Ritza Brown, una italiana que hacía de mujer de Mark Harmon, el protagonista. En una escena su marido mataba a mi marido en un duelo y había un primer plano mío al atardecer, en el que miraba el duelo y aceptaba que era el destino. Entonces había una subtrama de la historia que seguía el destino de esta mujer con sus hijos por el desierto y buscaban refugio en el campamento de la mujer del que había matado a mi marido, ya que para los tuaregs es sagrada la hospitalidad, y teníamos unas secuencias muy bonitas, bastante feministas. Y se ve que el director o la producción italiana pensaron: “¡qué cojones de feminismo, fuera!” Total, que a mi solamente me quedó una secuencia tomándome el desayuno con el marido en la jaima y luego el primer plano, ¡toma ya! Siempre digo que es el primer plano más caro del cine español.

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El primer plano más caro del cine español.

  • A las órdenes de Matt Cimber participas en la segunda película del díptico que rodó en España,Yellow Hair and the Pecos Kid. ¿Cómo recuerdas el rodaje?

Rodamos en Almería. Matt Cimber era un tío muy amable y encantador. La historia es que yo tenía una representante y precisamente en la película de Tuareg trabajaba Eugenia Escrivá que iba a trabajar en Yellow Hair. Eugenia me comentó que en la película había un personaje que me iría muy bien. “Cuando venga Matt Cimber, el director, yo te aviso”. El papel era de una india bruja que predecía cosas. Una vez Eugenia me dijo que Cimber estaba en Madrid llamé a mi representante para que fuera a verle. Cuando volvió me dijo: “no, no le has gustado”. “¿Y eso?” “Que no te ve”, me contestó. Me parecía raro. Si una que conocía el guión me decía que podía hacer el personaje y esta que no lo había leído me decía que no me querían me sonaba extraño. En realidad. La verdad era que quería meter a otra actriz en mi lugar. Así que, en lugar de darme por vencida, me disfracé de india, llamé a un maquillador maravilloso, vino, y me hizo unas fotos que no parecía ni yo. Me puse un sombrero de cowboy, maquillada… Me fui personalmente con la foto al centro Colón y la dejé a la atención del señor Matt Cimber. Pues a las dos horas me llamó el tal Cimber diciéndome que quería verme inmediatamente. Fui y me contrató. Fue estupendo. Tuve que doblar mi personaje, se hizo en inglés y ni yo misma me reconocía. Y mi inglés era perfecto porque el mismo director me hizo de coach. Era muy trabajador y perfeccionista.

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Claudia junto a Lauren Landon en Yellow Hair and the Pecos Kid.

  • ¿Qué me puedes contar de su estrella principal, Laurene Landon?

Laurene era una loca estupenda. Muy guapa, un cuerpo…, altísima. Yo que soy alta parecía una enana al lado suyo. Muy alegre siempre y se chupaba unas pastillas de redoxón de vitamina c, yo creo que se zampaba un tubo por día. Yo le decía que se iba a quemar la lengua con tanta vitamina c, porque además eran efervescentes. “It´s very good for your health”, me decía.

  • En tus memorias, tituladas Cuando me bajé del Baobab, cuentas una anécdota muy graciosa del rodaje en Grecia de La amante ambiciosa. ¿Qué tal te llevaste con su protagonista, María José Cantudo?

Yo le tengo mucho, no sé si cariño, pero me inspira mucha ternura la Cantuda, como la llamo yo. Porque ella es una chica de pueblo realmente, su origen es muy humilde. Pero siempre ha tenido ínfulas… además su hijo es abogado, así que su hijo sí que ha tenido esos estudios que la madre siempre hubiera querido tener. En aquel rodaje que comentas, cuando llegamos a Grecia Pepe Martín y yo, ella ya había estado rodando una semana. Una vez allí nos dicen que no se podía seguir rodando, pero que mientras tanto íbamos a permanecer en Atenas. Fue cojonudo, unas vacaciones pagadas, imagínate… Al preguntar el motivo del parón me dijeron que se debía a que estaban cambiando el guion. Lógicamente, yo había aceptado el primer guión, por lo que les pedí que me dijeran en que iban a consistir esos cambios, ya que tal vez a mi no me gustaran. “No, no tiene nada que ver con tu personaje, sigue siendo un personaje muy bonito. Es el personaje de la Cantudo el que cambia”, me dijeron. Originalmente, en el guión mi marido, al que interpretaba Pepe Martín, era un empresario y yo una concertista de piano. Un día mi marido se iba a un tablao y veía una chica que bailaba flamenco como Dios, por lo que se proponía lanzarla como bailaora. Ese era el personaje que la Cantudo rechazó. En su lugar, propuso que fuera una estudiante de derecho universitaria a la que descubre Pepe Martín. Como los productores, el italiano, el griego y el español, eran unos consentidos, transigieron y tuvieron que volver a escribir la historia, mientras Pepe Martín y yo nos dedicábamos a hacer turismo en Atenas.

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Claudia junto a Pepe Martín en La amante ambiciosa.

Es este afán intelectual, que no me parece mal, por el que yo le tengo tanta ternura… Supongo que habrá cambiado, porque lo que te hablo pasó hace mucho tiempo. El caso es que siempre le gustaron mucho las joyas. Amante que ha tenido, amante que ha arruinado a fuerza de comprar joyas. Durante el parón del rodaje Pepe Martín y yo hacíamos turismo y un día fuimos a ver el Museo Arqueológico de Atenas, que es una belleza. Hay salas y salas, vitrinas con joyas de oro macizo, brazaletes, pendientes de oro con rubíes… Por la noche, durante la cena, le contamos a la Cantudo lo que habíamos visto. “Ay Cantudo, que hemos visto unas joyas en el museo arqueológico…” Al oírnos se le iluminaban los ojos. “¿Ah, sí? ¿Todo de oro?”, nos preguntaba. “Oro macizo”, “No me digas. Oye, ¿y se puede comprar?” Mira, a mi me dio una ternura, te juro que la hubiera besado en la boca. “Mi vida, eres tan sorprendentemente ignorante que te quiero.”

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Claudia junto a Ajita Wilson en La amante ambiciosa.

Bueno, yo nunca he sido una estrella del destape. Es un poco amarillista, más de rumores: Telecinco, vamos. Pero es curioso porque José Aguilar ha escrito libros estupendos. De Sara Montiel, tiene también un libro maravilloso de los galanes del cine español, que está muy bien editado además, y tiene en la portada la cara de Paco Rabal, como no. Me invitó Aguilar a la presentación que se hizo en la SGAE. En este de las Estrellas del destape no pude ir, o no quise ir; más bien creo que fue lo segundo. Porque claro, aunque él me incluya, en realidad yo no fui una actriz del destape.

  • En este libro María José Cantudo también dice que ella no se considera una actriz del Destape…

¿Cómo no lo va a ser si el primer destape integral en cine lo hizo ella y en teatro Victoria Vera? Pero es que, aparte, hizo mucho destape. Yo he hecho destapitos, porque era una época en la que a muchos directores les daba mucha vergüenza y era el productor el que decía: “Aquí tiene que haber tetas y culos”. Y como a los directores les daba tanta vergüenza, siempre te intentaban convencer con lo de que se trataba de un desnudo artístico.

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Claudia posando para La Abadía en la librería 8 y 1/2.

  • Imagino que durante la Censura llegaste a rodar dobles versiones de tus películas…

No, a mi no me pasó lo de rodar una doble versión, pero sí que la hubo en alguna película en que participé. Te explico. Esto me pasó con Cuatro desertores, una película totalmente blanca, de amor y aventura, que hicimos en España. Era el año setenta, así que te puedes imaginar que no se podía hacer nada. Coincidió que fue la época en que me casé y me fui a vivir a Italia. Un buen día yendo por el centro de Bruselas mi madre vio un cartel anunciando a Claudia Gravi en Cuatro desertores. Así que ni corta ni perezosa entró al cine a verla y casi le da el ataque cardiaco. El distribuidor francés que había comprado la película, cambió todos los nombres del equipo salvo el mío, contrató a una striper de Pigalle para que rodaran una doble versión haciéndose pasar por mí. Me llamó mi madre llorando y la tuve que decir que parecía mentira que me hubiera parido y no se hubiera dado cuenta de que no era yo. Por lo visto la película tuvo mucho éxito en Bélgica y luego la mandaron a París, ya que mi representante en Italia, Yvette, que viajaba mucho a París me comentó que me había visto anunciada en un cine en una fotografía gigante en la que aparecía desnuda. En vista de esto, vi que aquello había que pararlo. Así que cuando la película llegó a Italia contraté al mejor abogado para que parara la exhibición de la película como así ocurrió.

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Fotograma de Cuatro desertores, de Pascual Cervera.

  • ¿Cuál de tus películas has visto más veces y en cual te gustas más?

Quizá Los nuevos españoles, porque era una película interesante, bonita, y el personaje mío era maravilloso. Incluso todavía me reconocen por esa película o también por Juncal. Pero a decir verdad no me gusto en ninguna película, o al menos no del todo. Siempre me gustaría volver a hacerla. Aunque hay una en la que me gusto hasta cierto punto, Soldados, de Alfonso Hungría, con Ovidi Montlor, Paco Algora, y Marilina Ross, que se fue a Argentina y está haciendo una carrera como cantante increíble. Esa es una película de la que guardo un recuerdo fantástico; la verdad es que de todo lo que he hecho con Alfonso Hungría tengo un recuerdo estupendo.

  • ¿Con qué director te hubiera gustado trabajar y no pudiste?

Me hubiera gustado mucho trabajar con Saura, Berlanga, o Camus, que son amigos pero nunca he trabajado con ellos. El que sí estoy muy contenta de haber trabajado con él es Vicente Aranda, con el que hice Los jinetes del Alba y Libertarias. Cuando me volvió a llamar para esta última me hizo mucha gracia, ya que le pregunté cómo iba a ser mi personaje. “Una Madame…” “¡Coño, me vas a especializar en Madames!” Y es que en Los jinetes del Alba ya había hecho de una alcahueta. Por cierto, que en esta película coincidí con Victoria Abril, de la que me habían hablado muy mal, y fue todo lo contrario. ¡Qué gran profesional!

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Claudia y su madame de Libertarias.

  • ¿Cómo ves el cine que se hace actualmente en España?

Me encanta. La isla mínima me fascinó. Actualmente hay un abanico de géneros mucho más grande. Puedes elegir más que hace treinta años. Y tenemos una cantidad de actores maravillosos. Estoy fascinada con las nuevas generaciones y además, pueden prepararse, porque en mis tiempos matricularse en una escuela de arte dramático no estaba bien visto. La mayoría, los Ferrandis, Sacristán, etc…, han sido autodidactas pateándose los escenarios.

  • Ya, por último, ¿cuál ha sido tu último trabajo como actriz?

Lo último que he hecho ha sido la obra Hagamos lo que hagamos.Ya sabéis cómo sigue el dicho “…al hoyo vamos”. Ha tenido mucho éxito. La escribió Paco Racionero, pero con los tiempos que corren y la crisis… Trata de dos hombres y una mujer jubilados que se encuentran en un parque, y ahí pasa de todo. El año pasado empezamos en Almagro, en el teatro de Valdepeñas con casi dos mil espectadores, y después la pasamos por Toledo, Ferrol, Arnedo y Reus. También estuvimos es Arnedo donde nos pasó una anécdota cómica. Íbamos a taquilla, y aunque fue bien, después de pagar dos noches de hotel para los tres actores y el regidor, y los gastos, resultó que sacamos en limpio cincuenta euros para cada uno… ¡viva el amor al arte!

 Jesús Palop

Published in: on junio 26, 2015 at 6:30 am  Comments (1)  
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Entrevista a Claudia Gravi (primera parte)

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Hace unos días La abadía de Berzano tuvimos el inmenso placer de pasar una tarde inolvidable con una de las actrices más internacionales de nuestro cine, en la que repasamos de forma distendida su extensa carrera que incluye títulos como Las Ibéricas F.C. o ¡Mátalo!, en la que se codearía nombres propios del séptimo arte como Vincent Price, Eloy de la Iglesia o Jorge Grau. Una muy interesante conversación que ofreceremos en dos partes. En esta primera, Claudia nos habla de sus inicios como actriz… 

  • Naciste en el Congo Belga por la profesión de tus padres, médico y enfermera. Más tarde emigraste a Bélgica y pasaste una temporada en Irlanda ¿Por qué elegiste España para instalarte?

En Bruselas empecé los estudios de intérprete que en aquel momento se llamaba “intérprete parlamentaria”. A mí no me gustaba Bélgica, donde estuve viviendo tres años. Entonces me dije: “voy a buscar una profesión que me permita largarme cuanto antes”. Los estudios duraban cuatro años, pero pasados dos años podías tomarte uno sabático. Como había elegido español e inglés, me fui primero a Irlanda para estudiar el inglés y luego a España. Mi idea era estar en España unos ocho meses; es decir, no es que yo eligiera quedarme aquí, sino que me eligieron a mí. El día de mi llegada a Madrid me encontró Jorge Grau con Miguel Narros, lo que fue toda una aventura, porque yo no conocía a nadie en Madrid. Estaba instalada en el hotel Mercator, en la zona de Atocha, por recomendación de mis padres, ya que era propiedad de unos belgas. Sin embargo, cuando llegué resultó que los belgas estaban casando a la hija mayor en Dinamarca. O sea, estaba sola. Total, que llegué en tren, dejé la maletita en el hotel y me fui a las dos de la tarde a dar una vuelta en pleno Agosto. Recuerdo que me parecía muy curioso el que no hubiera nadie en la calle a las dos de la tarde. Claro, yo sudando, porque al volver de Irlanda estaba muy gorda, decidí sentarme en la terraza de un café llamado El Dólar, entre Alcalá y Gran Vía, -actualmente es un banco-, para ver pasar a la gente y refrescarme del calor. Y estando allí sentada fue cuando me vieron Jorge Grau y Miguel Narros. Estaban buscando la protagonista para la película Acteón. Debía de ser una mujer joven y muy esplendorosa, ya que era el papel de una Diosa. Habían estado en el Prado viendo cuadros, los modelos de Rubens, para tomar referencias y al verme a mi gordita, con unos mofletotes rosaditos, llena de salud, y, según cuenta Jorge, se miraron y dijeron: “es ella”.

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Claudia en su debut cinematográfico en 1964: Acteón, de Jordi Grau.

Yo al verlos pasar varias veces mirándome, pensé que eran unos latin lovers, hasta que se acercó Jorge Grau y me empezó a hablar. Aunque entendía un poco el castellano, me acuerdo que le dije que me hablara más despacio porque sino no le entendía. Total, me contó que era un cineasta que estaba preparando una película y que quería hacerme una prueba. Le contesté que yo no era actriz, pero pese a ello me citó en la productora aquel mismo día… ¡a las siete de la tarde!, que eso para una belga es como si aquí te dicen a las once de la noche. Me acuerdo que dejé un papel encima de la cama, ojalá lo hubiera guardado, en el que escribí: “Son las seis y media de la tarde, voy a X Film, calle Narváez. Si no he vuelto a las ocho, avisar a la policía”. Fui pero con un miedo horrible, sobre todo porque me habían prevenido contra la trata de blancas. La productora estaba en una segunda planta, estaba allí Méndez Leite, y recuerdo que subí y no me atreví a pulsar el timbre. Pensaba: “¿Qué estoy haciendo aquí? Es una imprudencia que puede ser fatal”. Ya me veía metida en un baúl camino de Arabia Saudita cuando se abrió la puerta y apareció José María Rodríguez, que era el jefe de producción y tenía una pinta de trata de blancas tremenda. Alto, moreno, el pelo negro engominado, un bigotito… Me pregunta: “¿Usted es Maricló?”, porque mi nombre real es Marie Claude. “Pase, Jorge Grau la está esperando” Me contó un poco de qué iba la película. Se basaba en la historia mitológica de Diana la cazadora seducida por Acteón. Me preguntaron donde me alojaba y me dijeron que me llamarían para hacer una prueba.

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Marie Claude junto a Martín LaSalle.

Efectivamente, me llamaron y me emplazaron a las once de la mañana en los estudios Ballesteros, creo que se llamaban, que eran los más viejos de Madrid, un horror, llenos de manchas de humedad. Al llegar me estaba esperando el ayudante de Jorge. Me llevó a la sala de maquillaje, donde me sentaron en esa silla que parecía como de tortura. Allí estaba Miguel Narros que se había traído una especie de trailer de Suecia, que si no me equivoco era de una película de Bergman, en el que se veía a una mujer en la playa con los pechos al aire, bañándose y acariciándose. Lo pasaban en la pared detrás de donde me estaban maquillando, con lo que yo veía todo reflejado en el espejo y pensaba: “Dios mío, me van a pedir que haga estas cosas”. Te puedes imaginar en qué estado llegué al estudio. Estaba todo el mundo mirándome, y como el único al que conocía era a Jorge Grau, ya parecía mi hermano de haberlo visto tantas veces. Me dijo: “Maricló, bienvenida, le voy a explicar la primera prueba. Usted es una chica de campo, sana, juvenil. La escalera de allí es una montaña, este círculo es una fuente. Es verano, hace mucho calor, usted baja de la montaña, va a la fuente, empieza a tirarse agua para refrescarse y de repente entre las hierbas ve a un chico que la mira. Primero se pega un susto y luego ve que es un chico normal y termináis tirándoos agua”. ¡En mi vida he bajado tan rápido una montaña con tal de terminar! Jorge, con una paciencia infinita, me dice: “bien, bien, pero a ver si lo puede hacer un poco más despacito”.

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Claudia en el papel de la Diosa Diana.

Para la segunda prueba dice: “Ahora no le voy a decir en qué consiste”. “Ya está, me va a decir que me quite el sujetador, las bragas y todo”, pensé. Grita: “¡motor!”, me pone en los brazos una muñeca y, me acordaré toda la vida, me dice: “Haz un guiño a la cámara”. Yo, que no sabía qué quería decir “guiño”, hice una cosa espantosa a la cámara. Terminó la prueba, me dieron las gracias y me dijeron que ya me llamarían. Ese era el segundo día que estaba en Madrid, así que me marché al hotel y fui a la cafetería a cenar algo. Allí había un grupo de jóvenes con un señor mayor. Les oía que hablaban francés, con un acento belga espantoso. De repente, aquel señor vino hacia mí y me preguntó si estaba sola. “Sí, sí”, le contesté. “¿Es usted belga? Soy el director del Museo de Bellas Artes de Bruselas. Estoy aquí con un grupo de alumnos para ir a visitar el Museo del Prado. ¿Por qué no cena con nosotros?”. Aunque yo era estudiante, quería encontrar un trabajo de media jornada y, charlando, este hombre me propuso que, ya que yo sabía hablar inglés, francés y español, podía preguntar si me podían dar un trabajo en el Museo. “¡Sería estupendo!”, le contesté. Fui con ellos al Prado y, efectivamente, me contrataron como traductora. A todo esto me llamaron del cine, para que me pasara por la productora. ¿Y qué les oigo decir?, ¡que me ofrecen el personaje protagonista! Yo no me lo creí, claro. No quería hacer la película, ya que me daba mucho miedo. Seguía pensando que se trataba de una red de trata de blancas. Así que me olvidé del asunto y comencé a trabajar en el Prado. Hacía el horario de nueve a una y media de la tarde. Pues ¿te puedes creer que una mañana salgo del Museo del Prado y a quién me encuentro? ¡A Jorge Grau! Estaba localizando. “¡Maricló, has vuelto!” Me comentó que la película se había atrasado por problemas económicos y que no había encontrado una actriz para el personaje.

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La actriz se dobló a si misma y a su alter ego en la película, la actriz Pilar Clemens, con su por entonces marcado acento francés.

  • ¿Qué ocurrió en el rodaje de Acteón, para que decidieras cambiar el rumbo y dedicarte a la interpretación?

Pues que me gustó. Al final contraté a un abogado para que recopilara información sobre aquella gente y, mira por dónde, resultó que se trataba de una película de verdad. Empezamos a rodar en la Costa Brava en Noviembre, con un frío horrible. Aunque no fue todo tan sencillo. Entonces hice la película y ahí fue como me entró el gusanillo.

  • Sin embargo, antes de la película contabas con cierta formación, ya que anteriormente habías hecho teatro…

No había hecho teatro, solo era aficionada. Entonces los domingos en Bruselas, mi madre me permitía que en lugar de ir a misa fuera a asistir a clases de teatro. Pero para mi era sólo una distracción, nunca me hubiera propuesto actuar como profesional. Mi padre no estaba, había vuelto a África, si no seguramente no me lo hubiera permitido.

  • ¿Y cómo se lo tomó tu familia una vez abandonas los estudios para dedicarte a la interpretación?

Al principio fatal. A mi padre le sentó como un tiro: él médico, quería que yo fuera médico. Pero aunque la idea no me desagradaba, tenía que estudiar durante once años y en Bélgica, por lo que me habría suicidado antes de terminar. Así que cuando le conté que iba a dedicarme a la interpretación me dijo: “¿Quieres ser actriz?, pues sélo. Ahora, no cuentes conmigo para ayudarte”. Entonces vino una época en la que pasé hambre de verdad. Toda la chicha que había acumulando durante mi estancia en Irlanda la perdí. Me alimentaba de manzanas y latas de sardina y café con leche. La experiencia de Acteón me gustó mucho, pero consideré que no estaba preparada para ser actriz. Miguel Narros era el director del TEM, el Teatro Estudio de Madrid, con William Layton, y allí conocí y estudié con Ana Belén, José Carlos Plaza, Paco Algora, Manolo de Blas…

  • ¿De dónde surgió tu nombre artístico?

Cogí el Claudia de mi nombre y Gravi era el apellido de mi abuela paterna que nunca conocí, porque murió cuando mi padre tenía trece años. Se llamaba Lia Gravy, que a mi me sonaba muy bien y por eso cogí Gravi.

  • ¿Y a qué se debe qué algunas veces salgas acreditada como Grabi o Gravi o Gravy?

Eso es una falta ortográfica. Siempre se ha escrito con uve. La i griega la cambié yo, por eso durante bastante tiempo, mi apellido Gravi se escribía con i griega, que así además era el apellido d mi abuela. La cambié por “i” porque la gente no entendía, le parecía muy complicado con i griega… igual que la uve.

  • Normalmente te doblaban la voz en las películas, al tener un acento extranjero, que actualmente apenas se puede distinguir. Aquello era algo bastante habitual de la época…

Sí, doblaban a muchos actores y actrices españoles. Era la costumbre para ganar tiempo ya que no había sonido directo. El doblaje se hacía mucho tiempo después del rodaje y a veces el actor ya no estaba libre. Ahí se forraron los dobladores, se hicieron multimillonarios.

  • ¿Cómo te sentías al verte con otra voz en pantalla?

Mal. Pero cuando un día me oí hablando en gallego me hizo mucha gracia. Hasta que llegó el sonido directo y se perdió la moda de doblar. Recuerdo la anécdota en Italia con Claudia Cardinale, que tenía la voz grave, rota. Entonces la doblaban. Hasta que un buen día rodó con su voz propia y quedó espléndida.

Tengo otra anécdota a este respecto relacionada conmigo, porque todavía tengo acento, aunque dependiendo del día lo tengo francés, italiano… Incluso me han llegado a preguntar si era valenciana. Por eso cuando trabajo a la hora de preparar el personaje estudio el doble de lo normal para quitarme el acento. Normalmente trabajo con una grabadora, de noche y con una vela. Esto que voy a contar ocurrió con Jaime de Armiñán durante el rodaje de Juncal, donde me ofrecieron el papel de una escritora extranjera que sigue la huella de Rilke en Andalucía y tiene una historia de amor con Juncal, el torero mayor al que interpretaba Paco Rabal. Así que el primer día que estábamos en Córdoba Jaime me pidió que bajara de la habitación del hotel para ensayar con Paco la secuencia que íbamos a rodar a la mañana siguiente. Empezamos y Jaime me pregunta: “Oye, Claudia, ¿dónde está tu acento?” “Pero, ¿lo querías con acento?” “Sí”… “¡Pues tú no sabes el trabajo que me costó volver a recuperar el acento extranjero!”.

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Claudia junto a Paco Rabal en la serie Juncal.

  • Volviendo al desarrollo de tus primeros años en el cine, en 1967 ruedas en Barcelona La casa de las mil muñecas, protagonizada por nada menos que Vincent Price. ¿Llegaste a coincidir con él en el rodaje?

Sí, aunque yo nunca vi esta película. Pero, como digo, si que coincidí con Vincent y también con Maria Rhom. Precisamente ya me ha preguntado sobre ello alguien que está escribiendo un libro sobre Vincent Price. Yo rodé muy poco en esta película, le conocí poco, pero la primera impresión que tuve fue que físicamente Vincent Price era un tío raro, ¿no? Me llamaba la atención por lo raro que era. Era bastante amable, cortés, y no demasiado introvertido, aunque tampoco extrovertido. Estaba a su rollo, centrado en su trabajo. Pero parecía agradable. Es lo único que puedo decir. Tenía una voz importante, una presencia increíble y era un pedazo de actor, claro.

  • Poco después, protagonizas un par de western a las órdenes de José María Zabalza: Plomo sobre Dallas Los rebeldes de Arizona. Según parece fueron rodadas de forma conjunta…

Totalmente. Eran listos los productores, ya que de esta manera podía utilizar el mismo equipo y los mismos actores. Las rodé con los hermanos Manzano. Fue duro, porque rodamos en el pueblo de Hoyo de Manzanares donde se hacían siempre todas las películas de este tipo, pero también una experiencia divertida.

  • ¿Son ciertos los problemas con el alcohol que padecía Zabalza?

Eso dicen, yo nunca le vi borracho en el rodaje. Aunque también te digo que era un tipo muy simpático que a mi me caía muy bien. Y la mujer también. Recuerdo que en una secuencia tenía que incendiarse una cabaña. Y vaya que si se incendió. Habían aparcado coches detrás que no se veían, bombonas de gas… Y mientras, Zabalza: “¡A rodar, a rodar!”; quería aprovechar este incendio fortuito y real y no quería parar de rodarlo. Luego hice otro western, Frontera al sur, producida por Frade. Miguel Narros, que me ayudó mucho, me recomendó que fuera a verle. Fui, y me propuso contratarme en exclusiva. Aunque yo en aquella época estaba estudiando, muerta de hambre, no me gustaba la idea de exclusividad. Además, me enteré que en el mundillo a Frade le llamaban Fraude.

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Claudia posando para La Abadía en la librería 8 1/2.

  • En Frontera al sur coincidiste con Patty Sheppard…

Sí, en aquella época trabajaba como modelo: hacía lo del brandy aquel, Fundador. Era americana, con una carita muy mona y unos maravillosos ojos azules. Se casó con Manuel de Blas. Su primera película fue esa. Pobrecita mía, vaya experiencia, porque volvíamos de Hoyo de Manzanares como a las diez y media u once de la noche, y luego el coche nos recogía a las cuatro de la mañana. Íbamos siempre las dos juntas. Me recogían a mí, luego la recogíamos a ella en Torrejón, ya que su padre era militar y estaba destinado en la base americana. Pues bien, una noche el coche que nos transportaba se averió. Encima llovía. Y ella se echó a llorar y decía (pone acento inglés): “¡yo quiero ir a mi casa!”, “Joder, Patty, es que yo también me quiero ir a mi casa, pero ¿qué quieres que haga?”. Me acordaré toda la vida, luego me hice amiga de Patty y le dije: “es que aquella noche me pusiste la cabeza así…”,

A ella no le gustaba mucho el cine, y aunque Manuel de Blas quería convencerla para que estudiara para hacer teatro, creo que ella no estaba hecha para este tipo de profesión. Entonces abrió una boutique cerca de la Plaza de España. También tenía una boutique en Cataluña, no recuerdo dónde, que funcionaba de maravilla, pero la de Madrid la cerró en seis meses. Pobrecita, ya murió, aunque gracias a Dios lo hizo rodeada de Manuel y de su hijo.

  • Otra película en la que interviniste en estos años fue De picos pardos en la ciudad, de cuyo director, Ignacio F. Iquino, dices que era muy perfeccionista, a pesar de hacer películas como churros…

Era un tirano. Era muy duro porque sabía exactamente lo que quería. Yo nunca he tenido problemas ni de dinero ni de trato con Iquino. A lo mejor me respetaba, y pensaba que no me podía tratar mal porque me entregaba totalmente al trabajo. La falta de respeto nunca la he soportado. Y a mi me daba igual. ¿Me iba a echar? Pues que me echara. Pero era muy exigente y te marcaba y tenías que hacerlo como marcaba él. De dinero, la verdad es que no pagaba mucho, pero pagaba. Yo hice dos o tres con él: Chico Chica Boom, en la que era productor y Codo con codo, con Massiel.

  • Otro prolífico director con el que trabajaste por entonces fue Jesús Franco en la adaptación del Marqués de Sade Justine, película que dices que prefieres no recordar debido a las rarezas de su artífice…

No me gustó mucho, a mi me pareció que había un ambiente como turbio. Para empezar, Jess Franco, que tenía mucho talento, no lo niego, sería un gran director, pero era un tío raro, tanto él como su mujer, que era francesa. Se traían unos rollos raros. No te voy a decir que a mi trataran de enrollarme, pero por ahí iba la cosa. Y luego para la película nos puso como unos trajes blancos que nos dejaba el culo al descubierto, lo que a mi me parecía de mal gusto. Al menos, durante el rodaje tuve la suerte de coincidir con Romina Power, que era un cielo de chica, y Jack Palance, otro rarito maravilloso.

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Claudia en Justine de Jess Franco.

  • También apareces en el spaghetti western ¡Mátalo!. ¿Sabíais que estabais haciendo una película tan singular?

Esa película la hizo Cesare Canevari, un hombre muy especial, y con Lou Castel de protagonista, que era en aquel momento un actor muy conocido, un intelectual. Recuerdo que en Italia decían que “E un western psicologico”. Funcionó más o menos bien, pero más mal que bien, porque claro, la gente iba a ver un western y se encontraban con un producto que no era ni chicha ni limoná.

Yo estaba tan metida en el papel, que en una escena en la que mi personaje debía aparecer hecha una furia, estaba tan fuera de mí, tan convincente que los técnicos aplaudieron.

  • ¿Qué tal fue la experiencia junto a Castel y Canevari?

Lou Castel era estupendo, iba muy a su bola, muy profesional. No era nada divo, estaba muy metido en su trabajo. Hay actores que necesitan aislarse cuando trabajan, yo soy un poco así también, no me gusta cuando trabajo estar de cháchara por ahí. Yo necesito concentrarme en lo que voy a hacer. En cuanto a Canevari tuve muy buena relación con él, y realmente fue a raíz de ¡Mátalo! cuando me fui a Italia.

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Fotograma de ¡Mátalo!

  • En enero de 1971 se produce el encuentro benéfico Folklóricas contra finolis en el que participaron desde Lola Flores a Rocío Jurado, Marujita Díaz o Encarnita Polo. En octubre del mismo año se estrena Las ibéricas FC. ¿La película surgió gracias a este gracioso encuentro futbolístico?

No lo sé, porque yo en esa época estaba viviendo en Italia, ya que me casé con un fotógrafo italiano. Lo que si puedo decir es que lo pasé muy bien haciéndola con Pedrito Masó, que era su primera película. Fue muy divertido.

  • ¿Qué relación tuviste con tus compañeras de equipo?

Muy buena. Rosanna Yanni era muy competitiva, pero era un encanto, fue con la única con la que seguí una relación de amistad. La Contrahecha que era una bailaora estupenda, salió muy bien parada con su primera experiencia en el cine.

  • Otra de las integrantes del equipo era Ingrid Garbo, de la que se saben pocos datos y que tras unos años muy activos laboralmente hablando, desapareció sin dejar ni rastro. ¿Es cierto que era mexicana?

Ingrid Garbo era española. Era muy guapa, yo diría que la más guapa de todas. Desapareció del mapa cinematográfico porque creo que se casó con un médico y se fue a vivir al norte de España.

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  • ¿Crees que el final de la película es machista?

Al final los maridos las apoyan, se casan… al principio sí tienen una actitud totalmente machista pero luego yo creo que las apoyan y que siguen jugando al fútbol. ¿Sabes lo que pasa? Es que como en la escena final estamos todas ahí, vestidas de novia, felices, dándole la patada al balón, a lo mejor se puede suponer que a la mierda el fútbol, yo soy feliz, me caso… pero no porque lo impongan los maridos, ellas son las que dicen: “¿Qué es eso del fútbol? Yo tengo a mi maridito, estoy enamorada, voy a ser feliz…”

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¡Gol, gol, gol, gol!

  • Una vez instalada profesionalmente en Italia ruedas Byleth, el demonio del incesto de Leopoldo Savona, en la que trabajaste junto al estadounidense Mark Damon…

Sí, Savona era un director artesano, de la vieja escuela, muy agradable, y el personaje a mi me gustaba, aunque no recuerdo ni de qué iba. Es otra película que no he visto. Mark Damon era muy buen compañero. Siempre lo he pasado muy bien con los actores con los que he trabajado y nunca he tenido problemas de enfrentamientos. Si acaso he tenido alguna vez enfrentamientos con algún director o alguna vez con algún productor, pero con los compañeros no.

  • ¿Cómo te permitía hacer películas eróticas tu marido con lo celoso que dices que era según cuentas en tus memorias Cuando me bajé del Baobab?

Tenía problemas no por la película, si no porque el protagonista a lo mejor era un chico joven y guapo. Yo tuve un acuerdo con mi marido, porque yo quería seguir trabajando. Eso de ser la señora de y vivir de, no. A él no le gustaba que yo ganara mi dinero.

(Continuará…)

Jesús Palop

Published in: on junio 24, 2015 at 9:16 am  Dejar un comentario  
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La noche de la ira

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Título original: La noche de la ira

Año: 1986 (España)

Director: Javier Elorrieta

Productor: Alejandro Sacristán

Guionista: Joaquín Oristrell

Fotografía: José García Galisteo

Música: M & C

Intérpretes: Patxi Andión (Alejandro Liema), Beatriz Elorrieta (Marta), Agustín González (Gonzalo Cruz), Yolanda Ventura (Ana), Aldo Sambrell (Sebastián), Lina Canalejas (Aurora), Teréle Pávez (Prostituta), Lola Gaos (Enriqueta), Valentín Paredes (Mudo), Alejandra Grepi (Mari)…

Sinopsis: Alejandro es un joven médico que abandona la ciudad para ejercer su profesión en un pequeño pueblo. Al principio todo transcurre con normalidad, pero cuando empieza a conocer a sus habitantes, descubre que en las inmediaciones existe un centro de rehabilitación para drogadictos en el que se aplican métodos muy poco ortodoxos y que forma parte de un oscuro secreto del pasado.

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Fotocromo original de La noche de la ira.

La noche de la ira fue la segunda película dirigida por el realizador, compositor (1), cantante –ha editado un disco de versiones llamado Ne me quitte pas– y actor ocasional, Javier Elorrieta. (2) Este polifacético y emprendedor autor, crea en 1975 su propia productora, Origen S.A., con la que realizaría entre otras, la película que nos ocupa, que por cierto dedica a la memoria de su padre, el prolífico cineasta José María Elorrieta. Para ello, partiría de un argumento propio, convertido en guión por el posteriormente realizador Joaquín Oristrell, quien por aquel entonces se encontraba dando sus primeros pasos en el mundo del cine, habiendo firmado un año antes el libreto de Operación Mantis en colaboración con Paul Naschy, además de escribir la serie de televisión Platos rotos.

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Patxi Andión tonteando con Beatriz Elorrieta ante la mirada de una inocente Yolanda Ventura.

Ya desde su propio título es fácil hacerse una idea de por dónde van a ir los tiros de la propuesta, y nunca mejor dicho, ya que durante su visionado se hacen evidentes las influencias ejercidas por el cine de Sam Peckinpah, trasladadas, eso sí, al terreno ibérico. Y, precisamente, si algún acierto encierra el filme, este se encuentra en el retrato que hace de la España profunda, algo a lo que contribuye de forma decisiva la amplia galería de personajes que pueblan la cinta – a excepción del grupo de machitos del pueblo, demasiado estereotipados, o los drogadictos, presentados como una plaga enferma-, a los cuales dan vida un magnífico plantel de actores, tan variopinto como irrecuperable, hasta el punto de ser lo mejor de la película.

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Lola Gaos junto a Yolanda Ventura y Patxi Andión.

A saber: una desaprovechada Lola Gaos, la cual quizá por problemas de voz comparece doblada – hay que recordar que también fue doblada en Latidos de pánico y que dos años después tendría que ser operada de la laringe-, y que hace de la tendera del pueblo; la siempre arrebatadora y roba escenas Teréle Pávez en el papel de la madame del prostíbulo, acreedora de las mejores secuencias del filme; el mítico Aldo Sambrell, también doblado, por desgracia; o Agustín González encarnando el rol de malo malísimo, con un personaje muy en la línea del que realizara un año antes para Crimen en familia.

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Terele Pávez y Alejandra Grepi, acreditada como Alejandra Crepy, las dos lumis del pueblo.

Junto a estos papeles secundarios se encuentra un trío protagonista formado por el nuevo médico que llega nuevo al pueblo y que descubrirá que éste guarda un oscuro secreto, interpretado por el ya retirado pero muy habitual en el cine de los 70 y 80, el también cantante Patxi Andión; Beatriz Elorrieta, hermana del director, quien interpreta el papel de Marta, la profesora y cómplice de Alejandro, un personaje endeble y vacío, algo que encima no mejora en absoluto al recurrir de nuevo a un profesional del doblaje, Paloma Escola en esta ocasión, que sustituye la voz original de la actriz, para intentar mejorar la actuación, pero cuyo resultado resulta harto artificioso (3); y en la piel de Ana, la hermana pequeña de Marta, nos encontramos la frescura de una encantadora y desperdiciada, Yolanda Ventura, recién salida del grupo Parchís, y casualmente prima de Oristrell con el que ya había coincidido en la serie de televisión Platos rotos. (4)

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Una Lolita llamada Yolanda Ventura.

En cuanto al contenido del filme propiamente dicho, narrativamente tarda en arrancar, limitándose en la primera hora a la presentación de los personajes. Aunque en este primer tramo se van ofreciendo las primeras pistas sobre los oscuros secretos que se esconden tras las calles del pueblo en el que discurre el relato, como en la secuencia que abre el filme, donde se muestra el encierro de forma violenta de un grupo de yonkis en un camión, tras este primer contacto no volveremos a saber apenas del asunto hasta bien avanzado el metraje, echándose en falta el punto de vista de los adictos durante su cautiverio. La narración por tanto, se vuelve algo tediosa, no terminando de arrancar el filme hasta su recta final, con el enfrentamiento entre ambos bandos a tiros, como si de un western se tratara,  concluyendo con una resolución demasiado precipitada, que sabrá a poco al espectador que haya estado aguantando hasta el final para un explosivo cierre.

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Beatriz Elorrieta, sufridora como ella sola.

Otro factor en su contra lo tenemos en el apartado musical, compuesto por temas que parecen de librería, además de la canción principal, ejecutada encima tres veces durante la acción, titulada Oh, Lord e interpretada por Doris Cales, cantante de jazz neoyorquina afincada en España. Se trata de un tema compuesto por el propio Elorrieta en inglés, algo que solo puede tener sentido si se le quiere dar una venta internacional, pero que choca radicalmente con el espíritu de la cinta, que es retratar un pueblo de lo más castizo, por lo que termina resultando tan postizo como el doblaje citado con anterioridad.

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Buena fotografía de José García Galisteo, hermano de Carmen Sevilla.

A pesar de todo, se agradece esta atrevida incursión a un tipo de cine más arriesgado y menos facilón que el que por desgracia abordaría posteriormente el realizador con cintas como Los gusanos no llevan bufanda o Demasiado caliente para ti, aunque en Cautivos de la sombra volvería a abordar el tema de la drogadicción, esta vez sí, centrándose y dándole voz a los afectados por esta enfermiza dependencia, algo que seguramente tendría como asignatura pendiente tras la realización de la presente película.

Jesús Palop

(1) De hecho, Javier Elorrieta comenzó su carrera como autor de bandas sonoras, entre las que se encuentra Al filo del hacha, de José Ramón Larraz.

(2) Recordemos la cinta Freddy el croupier, de Álvaro Sáenz de Heredia, que protagonizaba junto a Ana Obregón y situada temporalmente entre la cinta que nos ocupa y su ópera prima: La larga noche de los bastones blancos (1979).

(3) Aunque según la opinión de Fiorella Faltoyano recogida en el libro Las estrellas del destape y la transición escrito por José Aguilar (T & B ediciones. Madrid, 2012), p. 109: “Si se doblaba a una actriz era, principalmente, porque le faltaba profesionalidad. Eran señoritas muy guapas, pero no actrices y, dado que el nivel de exigencia era mínimo, en ocasiones no quedaba otra salida que utilizar este recurso. A mí me han llegado a proponer realizar el doblaje de Beatriz Elorrieta, hermana de Javier Elorrieta, en la película, Tac, tac, de Luis Alcoriza, ante su imposibilidad para interpretar con naturalidad.”

(4) Tras la disolución del grupo infantil continuó con su carrera de actriz, que había comenzado a las órdenes de Javier Aguirre en La guerra de los niños, emigrando a México, aunque volvería a España de forma ocasional, tras la nueva llamada de Oristrell en la película ¿De qué se ríen las mujeres? (1996).

Published in: on abril 20, 2015 at 5:06 am  Dejar un comentario  
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Las estrellas del destape y la transición. El cine español se desnuda.

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Título: Las estrellas del destape y la transición. El cine español se desnuda.

Autor: José Aguilar

Editorial: T & B editores

Datos técnicos: 350 páginas. (Madrid, Febrero 2012)

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El autor, José Aguilar, con su obra.

Pocos libros existen dedicados al cine surgido durante la Transición, denominado “de destape”, todo un género revolucionario en que las actrices se desnudaban a la mínima, siempre “por exigencias del guión”, debido a la libertad que se empezaba a vivir tras la abolición de la censura en el cine español, derivada de la muerte del General Franco.

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Rosa Valenty posando con el capítulo que le dedica el libro.

Por ello, José Aguilar ha llevado a cabo en este Las estrellas del destape y la Transición el que quizá sea el más completo documento que tenemos hasta la fecha sobre este capítulo de nuestra filmografía, simplemente por el hecho de estar narrado en primera persona a través de sus protagonistas; es decir, las principales actrices que formaron parte de aquella etapa histórica y que se convertirían, en muy breve espacio de tiempo, en auténticas estrellas de nuestras pantallas.

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Mítica imagen de Susana Estrada junto a Tierno Galván.

Decir destape es decir Susana Estrada, Ágata Lys o Nadiuska, y de todas ellas se habla en el libro, aunque por razones obvias la alemana no lo haga con su propia voz. Aunque si bien es verdad, se echan en falta nombres como los de Adriana Vega, Sara Mora, Blanca Estrada o las malogradas Sandra Mozarowsky, Inma de Santis, Azucena Hernández o Andrea Albani, frente a los retratos de actrices que apenas intervinieron en el género, como puede ser el caso de Rocío Dúrcal -cuya participación en el fenómeno se limitaría, no obstante, a una de las más famosas cintas de este estilo, la polémica Me siento extraña, de la que, por cierto, su director y sus actrices aportan datos muy interesantes-, o los narrados a través de un pastiche de entrevistas antiguas realizadas por Aguilar, como los dedicados a Ángela Molina, Ana Belén, Marisol, o Bárbara Rey, algo que le resta valor al conjunto al hablar de sus carreras en términos generales.

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En este libro no se habla de Sandra Mozarowsky.

Pero a pesar de que el periodista ha podido contactar con la mayoría de las actrices de la época, no ha sabido extraer toda la información necesaria, prefiriendo escarbar en el lado más morboso del asunto que en el meramente cinematográfico, ya que de hecho pocas películas son las que aquí se analizan, y en ocasiones incluso se llega a fusilar directamente críticas recogidas en la prensa de la época. Además, todas las protagonistas pasan por la misma tanda de preguntas, algo que termina resultando harto tedioso, dejando una clara sensación de deja vu que se aplica durante toda la lectura. Preguntas del estilo de si algún director intentó propasarse con las actrices, si hacían que se desnudaran en los despachos, si les ofrecieron ejercer la prostitución o si les hubiera gustado haber visto a su partenaire desnudo, son planteadas a todas y cada una de ellas, pareciendo algo más propio de un periodismo amarillista.

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La Cantudo no se considera actriz del destape.

Pese a todo, nos encontramos con algunos retratos muy conseguidos. Un buen ejemplo está en el dedicado a la Cantudo – por más que ella diga en repetidas veces que no se considera una actriz de destape-, todo un acierto que marca el camino que debería haber seguido el autor en el resto de capítulos, en el que se indaga en el rodaje de La Trastienda, descubrimos el poco conocido dato de que pudo haber sido musa de Buñuel en Ese oscuro objeto del deseo, y confirma sus desavenencias con Ágata Lys, algo de lo que también se habla en el apartado dedicado a Silvia Tortosa, quien reconoce que el rodaje de El huerto del francés fue un infierno.

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El huerto fue un infierno.

Igual de interesante es la entrevista a Ágata Lys, cuya imagen es utilizada como reclamo en la portada del libro. Esta es realizada por teléfono y la actriz muestra su fortísimo carácter: no se corta un pelo al hablar, despotricando a diestro y siniestro, pero también alabando a realizadores como Paul Naschy, y además no duda en afirmar que era de las que más cobraban de la época: unos cuatro millones de las antiguas pesetas por La nueva Marilyn.

Ágata fue la mejor pagada.

Ágata, la mejor pagada.

También hay que destacar algunas perlas soltadas por la boca de Fiorella Faltoyano sobre directores de la época como José María Forqué o compañeras de oficio como Bárbara Elorrieta, o exclusivas como la ofrecida por Mónica Randall al afirmar que pudo haber sido chica Hitchcock, ocupando el papel en Topaz que finalmente recaería en la alemana Karin Dor.

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Karin Dor en Topaz.

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La Randall en la misma época en la que se rodó la película de Hitchcock. El parecido es más que evidente.

El autor muestra sus debilidades, transmitiendo la pasión que siente hacia las actrices comentadas, contando con alguna evidente excepción como el caso de Victoria Vera, hacia la que no puede esconder su antipatía; así también evidencia su falta de cariño hacia el propio género sobre el que escribe – sin ir más lejos, se escandaliza con La criatura, de Eloy de la Iglesia-, a veces incluso prefiriendo hablar sin venir a cuento de su propia vida personal, algo totalmente fuera de lugar y muy común, por cierto, en otros libros del autor.

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Victoria Vera no es plato de buen gusto para el autor.

En definitiva, es de agradecer que se publique una obra que aborde esta temática, pero esperemos que no se trate del ensayo definitivo, ya que, como ya hemos recalcado, aunque el libro engancha y se lee de un tirón, se echa en falta una mayor indagación en el género desde un punto de vista más cinematográfico que morboso. ¿Algún candidato a escribirlo?

Jesús Palop

Published in: on enero 23, 2015 at 6:13 am  Comments (6)  
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Clara es el precio

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 Título original: Clara es el precio

Año: 1975 (España)

Director: Vicente Aranda

Productor: Jaime Fernández- Cid

Guionista: Pedro Carvajal

Fotografía: Francisco Fraile

Música: John Campbell

Intérpretes: Amparo Muñoz (Clara), Juan Luis Galiardo (Jorge), Máximo Valverde (Juan), Ivón Sentís (Marta), Víctor Petit (Tito), Mario Pardo (Miguel), Alejandro Ulloa (Kellerman), Carmen de Lirio (Gladys)…

Sinopsis: Clara es una joven casada con un mediocre arquitecto, ésta trabaja haciendo películas pornográficas para hacer frente a su fallido matrimonio.

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Clara es el precio es el atractivo título de la que sería la segunda película en la que la ex Miss Universo, Amparo Muñoz, ejercería de protagonista absoluta tras el éxito de taquilla conseguido por, Tocata y fuga de Lolita, su primer papel de peso en el cine, donde la malagueña compartía cartel con Arturo Fernández. De hecho, ella es el principal reclamo del presente filme desde su propia carátula, encabezada por su nombre del siguiente modo: “Amparo Miss Universo es Clara”, leyenda que es acompañada por una foto de la Muñoz desprendiéndose de sus atuendos, sirviendo esto de gancho para todos aquellos espectadores que quisieran contemplar en toda su plenitud a la que un año antes, en un acto de rebeldía, había renunciado al codiciado título de la más bella.

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Para ello se dispuso de un guión realizado a mayor gloria de la estrella en ciernes, escrito por un casi debutante Pedro Carvajal -posteriormente realizador de la mediocre El baile de las ánimas-, y dirigido por el ya experimentado Vicente Aranda para el que sería el segundo proyecto de su propia productora, Morgana Films. Amparo estaría además acompañada por dos de los galanes oficiales del cine patrio de la época: Máximo Valverde, con el que había estado relacionada sentimentalmente, y Juan Luis Galiardo, ambos disputándose la cabeza de cartel en una batalla de egos, ya que, de hecho, en los créditos iniciales sus nombres se alternan de forma repetida e incluso preceden al de la actriz y modelo.

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Como decimos, el filme se abre con unos modernos y psicodélicos títulos de créditos ilustrados por imágenes en negativo de la ex Miss Universo desnuda y con el rostro cubierto por una máscara china, algo que en cierta manera adelanta el tono general de la cinta en la que Aranda recupera el surrealismo de sus inicios, como el utilizado en la primeriza Fata Morgana. Un surrealismo en ocasiones de auténtico disparate -la secuencia que transcurre en la casa del gurú hindú Kellerman es buena muestra de ello-, para dar finalmente sentido a todo el entramado en su desenlace, ya que Clara es el precio termina por convertirse en un mediano thriller con entresijos propios de culebrón, y mejores intenciones que resultados, en el que la mujer objeto descubre que ha sido utilizada como una mera herramienta de la ambición masculina.

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El argumento es por tanto más prometedor que lo que termina resultando, debido a un guión tosco, atropellado y disperso, que no aprovecha sus posibilidades y que cierra de manera abrupta. Tampoco ayudan las actuaciones; Amparo, a pesar de su poca experiencia en el cine, se atreve a doblarse su propia voz, algo muy poco habitual en el cine de la época en el que la mayoría de las actrices del destape eran dobladas por especialistas – aunque en algunas secuencias se nota el cambio de voz al optar por una profesional del doblaje, algo que resulta más que chocante-, y aunque en ocasiones su trabajo peque de amateur, tampoco desentona con lo caótico del conjunto. Además del siempre correcto Juan Luis Galiardo, y un Máximo Valverde doblado al andaluz en otro sinsentido más de la película, dando vida a un personaje que termina quedando muy disperso en el guión, el reparto se completa en sus papeles principales con la fugaz estrella Ivonne Sentís, compitiendo en belleza con la Miss Universo, y Alejandro Ulloa y Carmen de Lirio, haciendo respectivamente el papel del gurú Kellerman y su desequilibrada esposa, ambos imitando un acento extranjero que resulta de lo más postizo.

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El filme finalmente termina siendo un “todo vale”: pretende resultar disparatado, partiendo de la incongruencia de su protagonista, una actriz porno virgen, y termina ofreciendo un thriller con pinceladas de astracanada, algo que acaba por confundir totalmente al espectador que anda desorientado ante tan desconcertante guión, quedando todo como un ambicioso pero fallido vehículo de lucimiento para la entonces inexperta actriz.

Jesús Palop

 

Published in: on diciembre 23, 2014 at 7:30 am  Dejar un comentario  
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La miel del diablo

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Título original: Il miele del diavolo / La miel del diablo

Año: 1986 (Italia, España)

Director: Lucio Fulci

Productores: Franco Casati, Sergio Martinelli, Vincenzo Salviani

Guionistas: Jaime Jesús Balcázar, Ludovica Marineo, Vincenzo Salviani, Sergio Partou, Lucio Fulci

Fotografía: Alejandro Ulloa

Música: Claudio Natili

Intérpretes: Blanca Marsillach (Jessica), Brett Halsey (Dr. Wendell Simpson), Corinne Cléry (Carol Simpson), Stefano Madia (Johnny), Bernard Seray (Nicky), Paula Molina (Sandra), Eulalia Ramón (Prostituta), Lucio Fulci…

Sinopsis: Jessica y Johnny son una pareja que vive sus relaciones sexuales al límite. Cuando Johnny tiene un accidente, es intervenido quirúrgicamente por el doctor Wendell, que está pasando por una crisis matrimonial, algo que le afectará gravemente en su trabajo.

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La miel del diablo es una coproducción italo- española correspondiente a la última etapa de uno de los maestros del cine de terror como es Lucio Fulci, rodada entre la mediocre Murder Rock y la fantástica Aenigma. Aunque perteneciente al género erótico, Fulci, como no puede ser de otra manera, explora su lado enfermizo, ahondando en la venganza pasional que es llevada a cabo por una enamorada joven hacia el doctor al que culpabiliza de la muerte de su amado, víctima de un accidente de moto.

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Fulci deja su morboso sello en este thriller erótico, participando además en su guión -cuya premisa parte del español Jaime Jesús Balcázar-, e incluso realiza una breve intervención en el papel de médico, junto al experimentado Brett Halsey, quien repetiría con el director años después en El espejo roto y Demonia. El resto de este curioso reparto incluye a la francesa Corinne Clery, en un papel secundario, Paula Molina en una brevísima intervención, o una irreconocible Eulalia Ramón en un rol de lo más atrevido. Aunque para atrevida la protagonista, una jovencísima Blanca Marsillach, que tras su trabajo junto a Paul Verhoeven en Los señores del acero en un anecdótico pero impactante papel, impulsó su carrera de forma mundial, y más concretamente en Italia, donde haría varios filmes, como La jaula, junto a Laura Antonelli y su hermana Cristina Marsillach.

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Marsillach, de hecho, carga en solitario con todo el peso del filme, dando vida a una amante pasional trastornada por la muerte de su pareja, algo que transforma en sed de venganza, hasta el punto de mantener cautivo al que cree culpable de su desdicha. La pequeña de los Marsillach se luce completamente paseando su desnudez a lo largo del filme y explotando su vena sádica y salvaje, además de tener varias escenas de alto voltaje; sin ir más lejos al inicio de la cinta, en donde recibe las vibraciones de un saxofón tocado por su perverso novio en su sexo (1). Lástima que su actuación se vea notablemente mermada debido a un infame doblaje en su versión española, que probablemente acometería la propia actriz, echando por tierra toda su interpretación, algo, sin embargo, mejorado en su versión inglesa, idioma original en el que se desarrolló el rodaje, o incluso en la italiana, por más que en ambos casos estén presumiblemente doblados por otra actriz.

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Como decimos, Fulci retuerce el erotismo del filme de modo insano, hasta transformarlo en masoquismo. El realizador muestra a través de flashbacks la relación destructiva de Jessica y Jhonny, que es truncada debido a un dichoso accidente. La heroína pretende hacer al que cree que es el causante de su desdicha, el cirujano que no ha logrado salvar la vida de su amor, el daño físico que éste le ha causado en lo más hondo de su persona, pero sus planes se verán truncados al ver que éste puede disfrutar de los maltratos y vejaciones a los que le tiene sometido, transformando la venganza en un deseo, correspondido o quizá no.

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Es este un tema harto prometedor, pero queda bastante deslucido en su desarrollo, al dejarnos con un sabor agridulce, quedando todo a medias tintas debido un precipitado final. Todo un coitus interruptus para el espectador, que espera mucho más del maestro italiano.

Jesús Palop

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(1) Igual de atrevida resulta Eulalia Ramón, en una secuencia en la que hace un uso muy atrevido de una laca de uñas, algo censurado en su versión española, ya que en la copia visionada esta escena es insertada conservando el idioma original italiano, aunque es más que probable que se trate de un doble de cuerpo en los comprometidos primeros planos.

Published in: on diciembre 3, 2014 at 6:46 am  Dejar un comentario  
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Jugando a matar

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Título original: Dolly Dearest

Año: 1991 (Estados Unidos)

Director: Maria Lease

Productor: Daniel Cady

Guionista: Maria Lease

Fotografía: Eric D. Andersen

Música: Mark Snow

Intérpretes: Denise Crosby (Marilyn Wade), Sam Bottoms (Elliot Wade), Rip Torn (Karl Resnick), Chris Demetral (Jimmy Wade), Candace Hutson (Jessica Wade), Lupe Ontiveros (Camilla), Enrique Renaldo (Estrella), Alma Martínez (Alva),  Will Gotay (Luis)…

Sinopsis: Los Wade se trasladan a México cuando Elliot, el cabeza de familia, compra una antigua fábrica de muñecas ubicada junto a una antigua cripta de una secta legendaria. Cuando ésta es abierta en plena noche por un arqueólogo, unos malignos espíritus se escapan de su interior, sembrando la muerte a su paso.

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“Dolly Dearest” fue portada en la revista “Fangoria”.

No hay duda de que el referente directo que tenía la realizadora novel Maria Lease mientras escribía el guión de Jugando a matar, era el de Muñeco diabólico, la famosa película de Tom Holland que había sido estrenada con éxito en 1988 y que para entonces ya contaba con una secuela- precisamente, el mismo año en que veía la luz la presente, 1991, se estrenaría la tercera entrega de la saga-. Lease ofrecía su versión femenina con Dolly Dearest en su original título, de un modo múltiple, ya que como puede observarse durante la película, un espíritu maligno que es liberado, se introduce ni más ni menos que dentro de los cuerpos de unas muñecas abandonadas en una vieja fábrica, una de las cuales será adoptada por la hija pequeña de la familia que pretende relanzar dicha fábrica, y que poco a poco irá poseyendo la personalidad de la pequeña, sembrando el mal a su alrededor.

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Diferentes carátulas de “Dolly Dearest”.

Por tanto, podemos considerar su argumento, además de cien por cien demencial e inverosímil, bastante manido dentro del cine de terror, hasta el punto en que el espectador podrá ir adelantándose a los sucesos. A pesar de ello el conjunto tiene cierto encanto naif, sobre todo debido a los efectos especiales de Michael Burnett, responsable, entre otros, de los maquillajes de la serie Buffy, cazavampiros, quien a pesar del bajo presupuesto, consigue crear una Dolly Dearest al nivel del Good Guy de las tres primeras partes de la saga de Muñeco diabólico.

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Un acierto de Maria Lease, realizadora que por cierto comenzó su andadura en el medio cinematográfico como actriz de películas de serie Z, es no esperar hasta el clímax final para mostrar a la muñeca en movimiento, algo que sí sucedía en Muñeco diabólico para aumentar el suspense y la expectación del espectador. Aquí lo que realmente resulta encantador es ver a las muñecas en acción, realizando todas sus macabras fechorías -aunque nunca lleguen a alcanzan la genialidad de las Dolls de Stuart Gordon-, quedando como casi el único reclamo del filme.

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En el reparto hay incluso caras conocidas. Denise Crosby, la madre de la familia protagonista, es una habitual del género, vista en El cementerio viviente o Mortuary, de un Tobe Hooper en horas bajas. Sam Bottoms, el patriarca de la familia Wade, hermano de Timothy y fallecido a las edad de 53 años, era conocido por intervenir en grandes producciones como Apocalypse Now. Rip Torn, un rostro más que familiar para el espectador, -sin ir más lejos, es el malo del clásico de Don Coscarelli El señor de las bestias-, interpreta al arqueólogo que descubre el misterio. También tenemos a Lupe Ontiveros,  latina nacida en Texas y fallecida también recientemente, formó parte del elenco de Los Goonies, y cerrando el casting los niños Chris Demetral y Candy Hutson, -pelín sobreactuada, por cierto-, que tienen bastante peso en la trama, quizá demasiado porque, de hecho, la suspicacia del niño y su intromisión durante el desarrollo y cierre del filme nos acercan más a una cinta casi más infantil que de género. El resto del reparto lo completan actores mexicanos ya que, aunque la cinta no se rodó en dicho país por temas presupuestarios (1), sí se desarrolla en el mismo.

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El filme, que iba a ser estrenado directamente para su explotación videográfica, tuvo su estreno en cines aprovechando el anteriormente mencionado éxito de la saga de Chucky, aunque ni su productor, esposo por cierto de la realizadora, ni ella misma, han vuelto a desempeñar estos roles en el medio cinematográfico. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Jesús Palop

(1) Y esto se hace patente al inicio de la cinta, que abre con un cartel que reza: “NO PASE. Por orden del departamento de Arquiología”, todo un gazapo lingüístico que ya nos adelanta los derroteros que va a tomar la película.

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Published in: on agosto 11, 2014 at 5:29 am  Dejar un comentario  
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