Entrevista a Gary Sherman sobre su película “Death Line”

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Aunque quizás su figura no sea muy popular entre los aficionados al género, no hay duda de la importancia que el nombre de Gary Sherman goza dentro del cine fantástico y de terror de los setenta y los ochenta. Lo más curioso del caso es que esta relevancia se sustenta, básicamente, en la aportación que harían al género sus dos primeros films: Death Line [vd: La línea de la muerte; dvd: Sub-humanos, 1972] y Muertos y enterrados (Dead and Buried, 1981). Ambas películas formarían parte de la programación de la pasada edición del Festival de Sitges, coincidiendo con la presencia en la localidad barcelonesa de Gary Sherman, quien formaría parte del jurado de Oficial Fantástic, la sección principal del certamen.

Mientras que a estas alturas huelga hacer presentaciones de Muertos y enterrados, convertido en un film de culto desde prácticamente su aparición, Death Line en cambio ha permanecido semi-olvidado desde su estreno, hace ahora justamente cuarenta y cinco años, no siendo reivindicado hasta hace relativamente poco tiempo, a lo que no ha sido ajeno el entusiasmo que sobre sus bondades han demostrado en repetidas ocasiones cineastas de la talla de Guillermo del Toro, a la sazón padrino de este cincuenta aniversario del Festival de Sitges.

Durante su estancia en tierras catalanas, mantuvimos la siguiente conversación con Gary Sherman acerca de su ópera prima, la cual realizamos compañía de Àlex Aguilera de “Cinearchivo” y de Ferran Ballesta del blog “La zona muerta”.

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La premisa de Death Line es la existencia de un clan endogámico de caníbales que sobrevive en los túneles abandonados del metro londinense. ¿Quisiste reflejar con ello ese submundo desconocido, o la degeneración de una sociedad que esconde sus miserias?

Ya desde pequeño me ha fascinado el submundo. Siendo muy joven, cuando me interesaba la música, una de las primeras canciones que escribí trataba sobre un accidente en una mina de carbón. No sé por qué, ya que tampoco conocía el tema. Cuando me mudé por primera vez a Londres cogía mucho el metro, que utilizaba un sistema mucho más antiguo y complejo que el de Chicago, que es el lugar donde vivía anteriormente. Me interesé mucho por cómo se construyó el metro y las personas que murieron cuando se empezó a hacer. Eso me impactó. Para mí era una alegoría de cómo funciona la sociedad; la clase alta coge a las personas que considera que están por debajo de ella y les dicen qué tienen que hacer, los convierten en soldados y los llevan a la guerra o a excavar minas. Me interesa la política en mis películas. Había escrito guiones en esa línea, pero nunca conseguía llevarlos a la pantalla porque eran demasiados políticos y trataban temas demasiado trillados. Entonces, alguien me sugirió que lo escribiera como cine de terror y así la gente no se daría cuenta del trasfondo político. De ahí que toda mi fascinación por el submundo y la gente que está debajo, menos privilegiada, sirvió como origen para la idea de la película.

Como parte de la producción, nos introdujimos en los túneles y, efectivamente, había gente viviendo allí. Eso reforzaba la idea de que la sociedad hacía que ciertas personas vivieran en el subsuelo. Había vagabundos que buscaban refugio en esos túneles abandonados. Era horrible, estaban mojados, sucios y conviviendo con ratas, pero vivían allí abajo, no tenían otro sitio donde ir. Eso nos abrió los ojos. Una de las cosas positivas de hacer Death Line fue que nos permitió poder recolocar a muchas de esas personas y ayudarles a encontrar un lugar alternativo donde vivir.

En la película hay un caníbal que resulta aterrador, pero al mismo tiempo es un personaje trágico e inocente. ¿La gente en teoría mala en realidad es víctima del sistema capitalista?

Creo que hasta cierto punto hay víctimas de la sociedad que luego hacen cosas terribles, sean de por sí malvadas o no. Que hacen cosas terribles para vivir. El personaje en Death Line no sabe qué es malvad; en su interior no se ve como alguien malo, solo trata de sobrevivir. Es la sociedad la que le ha forzado a esta situación. Y sí, existen ejemplos así en la vida real, lo cual no lo justifica. Algunas personas toman la decisión consciente de ser malos, aunque no es el caso del personaje de Death Line. Él no tenía otra opción y es por eso que es tan compasivo. Espero que la gente se dé cuenta de eso: él no eligió ser un monstruo, no tenía elección, se convirtió en un depredador salvaje porque era el único modo en el que podía sobrevivir. Yo creo que en la sociedad la gente sí tiene elecciones, pero también que la sociedad arrincona a los demás y, si arrinconas a una persona, ésta va a luchar. Yo he investigado y escrito sobre el mal, la sociedad y en lo que se puede convertir la gente. No justifica lo que pueden llegar a hacer, pero sí lo explica.

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William Lustig y Gary Sherman durante el encuentro con el público que tuvo durante el pase de “Death Line” en Sitges 2017,

Antes de rodar Death Line habías trabajado en el mundo de la publicidad. Y lo cierto es que, viendo la película, puede percibirse una crítica hacía la publicidad, patente en el protagonismo que se da en las escenas ambientadas en el metro a los carteles publicitarios que cuelgan de las paredes o, incluso, con la única frase que sabe vocalizar el caníbal y que repite numerosas veces: “cierren las puertas”. ¿Era su intención?

Death Line es una crítica a la sociedad en general y de cómo se sustenta sobre un sistema de clases: están las clases dominantes y luego están los desatendidos. El protagonista es una representación de esos desatendidos y todo lo demás representa a las clases altas y la manipulación de la sociedad. Pero no sé si realmente tuve en cuenta el tema de la publicidad.

Al hilo de esto tengo una divertida anécdota. Mi madre es inglesa, y tengo familia y allí, el primo de mi madre se llamaba Frank Kaplan, Sir Frank Kaplan ya que fue nombrado caballero por la reina porque inventó el para el sistema de movimiento “Centurion Tank”[1]. Un día, durante una cena, me dijo: “¿Cómo puedes vivir contigo mismo?” Esto fue antes de que yo hiciera películas, cuando todavía hacía publicidad. Me dijo “Te ganas la vida engañando a la gente”. Entonces le miré y le respondí: “Cómo me puedes decir eso, cuando tú te ganas la vida matando a gente?”. No podía creérmelo, él creía que fabricar armas era mejor que hacer publicidad (risas). La publicidad en la industria es una extensión del resto de la sociedad. Mi pensamiento es que lo importante son siempre las personas, y todas las personas son personas, no importa si están arriba o abajo, las personas son siempre personas y deben ser tratadas como tal. Para mi esa es la esencia de Death Line, y quizá también la esencia de mi vida.

En Death Line se dan cita detalles que parecen preludiar la llegada del American Gothic norteamericano. Incluso hay elementos iconográficos de la guarida del caníbal que recuerdan a obras como Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977) o La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974). ¿Puede decirse que su película fue algún modo precursora de ese movimiento?

Eso espero (risas), pero no era mi intención influir con las películas que he hecho. Tengo que reconocer que cuando conocí a Wes Craven o a Tobe Hooper nunca discutí sobre mi influencia en ellos. Hubiese sido muy ególatra por mi parte siquiera preguntar. En cambio, Guillermo del Toro escribió un artículo en la revista Sight & Sound[2] sobre cómo Death Line cambió su vida cuando la vio de pequeño y fue una de las cosas que le hizo querer ser director. He dicho en muchas ocasiones que si lo único que he conseguido en mi carrera es lograr que Guillermo del Toro se convirtiese en director de cine, entonces he dado al mundo todo lo que podía darle. No podría estar más orgulloso de que Guillermo del Toro diga que ver mi película fue el motivo de que se interesara en hacer películas. Es un genio, como ha demostrado en El espinazo del diablo (2001), Cronos (Cronos, 1993) o El laberinto del fauno (2006), que es una obra maestra. Me muero de ganas de ver La forma del agua (The Shape of Water, 2017) esta noche y verle a él. Nuestras vidas van en distintas direcciones, pero cuando nos encontramos nos damos muchos abrazos. Es increíble. Si lo único que mis películas han hecho es influir a Guillermo o si hay gente que quiere copiar mis películas, yo estoy encantado. Yo solo hacía mis películas por el hecho de hacerlas y decir lo que quería decir.

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Gary Sherman y Robert Englund presentando la proyección de “Muertos y enterrados” en Brigadoon.

Para su estreno en los Estados Unidos, Death Line fue remontada y rebautizada con el título de Raw Meat. Según tengo entendido, esta versión norteamericana no es de su agrado, ya que cambiaron la película por completo…

No hay justificación posible para hacer con Death Line lo que hicieron. Me hizo no querer volver a hacer otra película. Tardé ocho o nueve años en hacer mi siguiente película, Muertos y enterrados. Si no fuera por su productor, Ronald Shusett, no hubiese hecho otra película. Lo que pasó con Death Line y cómo se convirtió en Raw MeatRaw Meat simplemente no es mi película, no tiene nada que ver con Gary Sherman. Raw Meat es una versión bastarda de Death Line, en la que cortaron planos, secuencias e incluso doblaron a Donald Pleaseance, porque creían que su acento no se entendería entre el público norteamericano; pensaban que no se entendería su humor.

El que mejor definió lo que hicieron fue el crítico estadounidense Robin Wood en un artículo para The Village Voice[3] que tituló “Butchered. Turning Death Line into Raw Meat”[4] en el que decía: “No vayáis a ver Raw Meat, Raw Meat no es Death Line. Death Line es una película importante y Raw Meat es una mierda”. La verdad es que me destrozó ver que la gente tenía tan poco respeto por el trabajo de otro… Al distribuidor, Samuel Z. Arkoff de AIP, le odiaré hasta el día en que muera por lo que hizo con mi película. Y bueno, aquí estamos, han tenido que pasar cuarenta y cinco años para que el público norteamericano pueda tener la oportunidad de ver Death Line por primera vez en su versión original tal como se concibió, gracias a la reciente edición que ha comercializado Blue Underground. Y este montaje es también el que se va a ver aquí en Sitges, justo cuando se cumplen cuarenta y cinco años de su estreno en octubre de 1972.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Tarik Amorouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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[1] Nota del traductor: El carro de combate “Centurión” fue el principal tanque británico durante el período de posguerra y demostró tener un exitoso diseño en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Su éxito se debe principalmente a su grueso blindaje, su potencia de fuego, la adaptabilidad de su chasis a diversas tareas, y a sus numerosas actualizaciones. (Extraído de Wikipedia)

[2] N.d.t.: Sight & Sound es una revista mensual de cine publicada por el BFI (Instituto de Cine Británico).

[3] N.d.t. The Village Voice es un magacín semanal editado en formato web, que informa sobre noticias en la ciudad de Nueva York. Realiza artículos de investigación, análisis de eventos actuales y culturales, arte y música. Robin Wood, por su parte, fue uno de los críticos norteamericanos de mayor prestigio, con libros sobre Alfred Hitchcock o Howard Hawks, por ejemplo.

[4] N.d.t.: Butchered podría traducirse como “Carnicería” en el sentido de “destrozo” jugando con el doble sentido del título Raw Meat, que traducido significa “Carne Cruda”, y la carnicería hecha en la película. Así que la traducción literal del título del artículo podría ser “Carnicería: Convirtiendo la línea mortal en carne cruda”.

Entrevista a Barbara Crampton

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Con apenas unos meses de diferencia, la actriz norteamericana Barbara Crampton ha visitado España en fechas recientes. En octubre de 2016 visitaba el Festival de Sitges para recoger el honorífico “Máquina del Tiempo” del certamen catalán, regresando a nuestro país el pasado mes de mayo para acudir al FANT, donde el festival bilbaíno le entregaba su nuevo premio “Estrella del FANTástico”. En ambos casos, los referidos galardones venían a reconocer la trayectoria de quien durante la década de los ochenta fuera una de las más populares scream queens de la época, merced a su trabajo en títulos tan emblemáticos del cine de terror de aquellos años como Re-animator, Re-sonator o Puppet Master, entre otras.

Tras una temporada semi-retirada, coincidiendo con el inicio de esta década Barbara regresaba al género de la mano de Adam Wingard con Tú eres el siguiente, con la que ha reanudado una frenética actividad en la que ha compaginado el trabajo junto a algunos de los principales directores del panorama fantástico actual, caso de Rob Zombie o el propio Wingard, con su participación a las órdenes de jóvenes cineastas. Uno de estos ejemplos lo tenemos en Beyond the Gates, ópera prima de Jackson Stewart que estuvo presentando en los dos referidos festivales, y en la que además de incorporar uno de los papeles principales ha ejercido labores de productora. La siguiente entrevista es fruto de nuestras conversaciones con ella en Bilbao y Sitges.

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Al ser tu padre feriante te criaste en el mundo de los carnavales itinerantes. ¿Este ambiente influyó de algún modo para que te dedicaras a la interpretación?

Puede ser. Mi padre era un buen narrador de historias y tenía una gran personalidad. Debía ser encantador para que la gente participara y se acercara a su caseta y no a otras de la feria. Era un gran artista del entretenimiento, así que sí, puede ser que de alguna manera me haya influido.

Desde tus comienzos te especializaste en el cine de terror. ¿Te gustaba el género antes de trabajar en él?

No especialmente. Fue algo que me encontró a mí a lo largo del tiempo. Como actriz te presentas a cualquier audición para los papeles que te llaman. Hice Re-animator y por el éxito pensaron en mí como una actriz del género. Trabajé en varias películas con Stuart Gordon y con otra gente y supongo que al final eso fue mi vocación. Después de tomarme un descanso para criar a mis hijos volví con la película Tú eres el siguiente, que hicimos en 2011 y que finalmente se estrenaría en 2013, y ahí fue cuando me di cuenta de que el terror era lo mío. Un lugar en el que me siento muy bienvenida, por los fans y por los directores. Así que estoy retomando mi carrera y pensando en trabajar en un futuro en películas de terror.

Ya que lo mencionas, desde que coincidierais en Re-animator uno de los directores con el que más veces has trabajado ha sido Stuart Gordon. ¿Te consideras su musa?

Sería muy raro para mí decir eso. Si acaso él debería decírtelo a ti. Y de ser alguien, probablemente sería Jeffrey Combs (risas). Pero lo cierto es que nosotros nos entendemos muy bien, conectamos rápido desde un principio y hoy tenemos una amistad consolidada. Me sentí muy halagada después de trabajar en Re-animator cuando él vio algo en mí y me dijo que me quería para un papel en Re-sonator; es más, él y Dennis Paoli, que era su colaborador en la escritura de guiones, escribieron ese personaje pensando en mí. Él tiene una sensibilidad que yo entiendo, ya que, al igual que originalmente él, yo vengo del teatro, al igual que Jeffrey Combs. Por otra parte, es común cuando trabajas con alguien y te llevas bien, que quieras volver a trabajar con él. Eso se ve mucho en directores que vuelven a hacer películas con los mismos actores. Creo que es muy normal hacerlo cuando sientes esa confianza con esa otra persona.

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Durante los ochenta tu especialización en películas de terror hizo que fueras una de las principales scream queens de la época. ¿Esta consideración pudo encasillarte en este tipo de papeles?

Bueno, creo que los papeles eran del mismo tipo, pero era lo que había. No siempre era yo la víctima, pero en aquella época era lo que más abundaba. Ahora hay papeles de mujer fuerte, ya que la cultura ha madurado y las mujeres tienen historias interesantes que contar. Hice la película Re-sonator, en la que había muchos elementos con los que jugar del personaje, y era una mujer fuerte y tuve la oportunidad de contar la historia desde el punto de vista femenino. A la vez que me hago mayor noto que puedo contar historias de personajes que tienen más facetas, son más interesantes, más profundos y que tienen más significado para mí.

Precisamente, muchos de los papeles que hacías en los ochenta requerían que aparecieras desnuda, aparte de tener contacto con sangre y otros fluidos. ¿Hacía esto que esas escenas fueran más difíciles de rodar?

En esos tiempos era algo habitual en el cine de terror que las mujeres nos tuviéramos que desnudar. Este tipo de escenas no eran fáciles de rodar, por supuesto, pero el equipo siempre te apoyaba y te ayudaba para que todo resultara lo más cómodo posible.

En los últimos años has trabajado con muchos directores jóvenes que reivindican aquellas películas de los ochenta en las que trabajaste. ¿Qué supone para ti el reconocimiento que supone el que te llamen para trabajar con ellos?

Es genial, me encanta. Ha significado reavivar la llama de la actuación, volver a trabajar en el género. La mayor parte de estos chicos y chicas han crecido con las películas que yo hice en los ochenta. Ahora ellos son los que hacen películas sintiéndose inspirados por ellas y me inspiran a mí a volver a trabajar en el género. La creatividad que muestran y el conocimiento que tienen son mayores que los que mostraban algunos directores tiempo atrás, cuando yo empecé. Saben trabajar con la cámara, saben cómo producir una película, saben cómo dirigir y escribir. Hacen de todo. Es lo bueno de estos nuevos directores. Trabajan todos los aspectos de la película y entienden todo el proceso. No se limitan a lo suyo.

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¿Y a qué crees que se debe este revival por el cine ochentero?

Las películas que remiten a los ochenta son una moda. Cuando miras atrás, pasado un tiempo, puedes ver cuáles han sido las modas. “Esta película es del tipo de Hostel”, por ejemplo, torture porn… También tuvimos los slashers, hemos tenido las películas de terror sobrenatural, durante un tiempo también hubo found footage y ahora estamos en películas que remiten a los ochenta. Creo que se debe, como te decía antes, a que los jóvenes directores que tienen ahora alrededor de treinta años, empezaron a ver películas de terror de niños, quizá cuando tenían cinco, seis… u ocho años. Y estas eran las películas que había entonces, así que ahora están influenciados por ellas. Es una moda, un toque de ese tipo de películas. Con el tiempo pasaremos a otra cosa, aunque aún no sabemos qué.

Visto desde dentro, ¿en qué modo consideras que ha cambiado el cine de terror desde los ochenta hasta la actualidad, ya sea en la forma de rodarse o en su consideración por parte de la industria y el público?

La mayor diferencia que encuentro ahora mismo es, básicamente, la existencia de una camaradería que en los ochenta no era usual. Es más, una de las cosas de las que estoy más agradecida en esta segunda parte de mi carrera es todo el apoyo que he recibido y que ha hecho que sea una experiencia muy revitalizante para mí. Noto que hay mucho apoyo de los unos a los otros, lo que pienso que quizás tenga mucho que ver con las redes sociales y los festivales. Ahora los festivales son auténticas plataformas para vender las películas, pero al mismo tiempo forman una especie de familia enorme, donde todo el mundo se conoce y que también crea un vínculo de pertenencia. Por otra parte, ahora es muy común cuando ruedas que, una vez terminada la película, se las enseñes a tus amigos para que te den su opinión y te cuenten qué creen que se podría añadir o se podría cortar, que era algo que antes no se hacía.

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En estos momentos te encuentras presentando una de tus últimas películas, Beyond the Gates, en la que, además de tu faceta interpretativa, ejerces de productora. ¿Qué hizo que te involucraras tanto en el proyecto?

Digamos que ha sido una evolución natural. Yo conocía al director de la película, Jackson Stewart, porque había sido meritorio de Stuart Gordon. Lo conozco desde que era un chaval. Había hecho varios cortos y me pasó el guion de la película para que le diera un vistazo. Nada más comenzar a leerlo me encantó por esa inspiración de peli tan ochentera que tiene. No obstante, lo que más me atrajo de esta historia es que no es solo el de una película de terror al uso, sino que tiene una lectura que habla de la relación de los hermanos protagonistas, que están muy separados tanto física como afectivamente, hasta el punto de que apenas se conocen y son prácticamente dos extraños. Y a través de la figura de su padre emprenden un camino en el que terminan por reencontrarse. Eso fue sobre todo lo que me interesó del guion.

Jackson me comentó que necesitaba ayuda para levantar el proyecto, y de esta forma comenzó todo. En principio yo no iba a interpretar ningún papel. Solo iba a ejercer de productora y el personaje que interpreto lo iba a hacer otra actriz que, de hecho, me gustaba mucho. Sin embargo, una vez rodaron con ella se dieron cuenta que ese material no era bueno, por lo que tenían que rodarlo otra vez. Pero para entonces esta actriz estaba en Atlanta y no podía volver al rodaje. Entraron en pánico, ya que necesitaban a alguien para reemplazarla, y como yo estaba allí, obviamente, era la opción más sencilla.

Esta ha sido la primera vez que he trabajado como productora y, de hecho, ha ocurrido de un modo muy rápido. Así como en otras películas que estoy intentando levantar llevo tres años con ellas, en esta ocurrió todo muy deprisa. En cualquier caso he de decir que mi primer amor, mi prioridad, sigue siendo la de ser actriz.

Tu personaje en la película es la de una especie de maestra de ceremonias, un poco al estilo de Elvira. ¿Te inspiraste en la popular presentadora televisiva para dar forma a tu papel?

Puede decirse que prácticamente fuimos improvisando mi personaje sobre la marcha. Cuando Jackson y yo hablamos sobre el personaje, con una antelación de solo tres o cuatro días antes del rodaje, le pregunté cómo quería que lo interpretara y él me indicó que me fijara en el personaje de Barbara Steele en La máscara del demonio. Yo ya conocía la película, pero la vi de nuevo y me fijé en que ella tiene unos ojos muy grandes y una expresión fija en la cara que la hace parecer una maníaca. Jackson también me recomendó otra película inglesa llamada Narciso negro, en la que hay un personaje, el de la hermana Ruth, que también tiene muchos primeros planos. Los primeros planos y cómo iba a quedar en ellos era importante porque el director sabía que yo iba a aparecer en muchos cuando saliera en el monitor de televisión. Así que él quería que yo tomase algo de ese personaje.

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Kathleen Byron como la hermana Ruth en una escena de “Narciso negro”.

Aparte, mi personaje está basado en esos juegos de mesa VCR[1]. Nunca fui una entusiasta de esos juegos, nunca los vi y el director tampoco quiso que los viera antes de rodar la película porque pensó que me influiría demasiado. Me alegro de no haberlo hecho, porque suelen estar muy sobreactuados y él quería que introdujese algo de personalidad en el personaje. Así que mi personaje era una mezcla de varias cosas. Además, por algún motivo, cuando empezamos a rodar me salió un poco de acento inglés, y aunque Jackson dijo que le gustaba pensó que quizá era algo excesivo, por lo que me pidió que lo rebajara un poco, cosa que así hice, aunque sin eliminar del todo el acento. Luego hablamos de que quizá no debería pestañear porque queríamos que estuviese muy ligada a la gente que está jugando. Pero al rodar yo decía un par de frases y pestañeaba sin querer, por lo que él me decía: “¡Oh, mierda, no vuelvas a hacerlo!” Así que tenía que mantener los ojos muy abiertos mientras hablaba, incluso cuando tenía ganas de cerrarlos.

En general, ¿qué criterios usas para aceptar un papel?

Tiene que ser un personaje interesante para mí. Ahora me ofrecen bastantes papeles porque saben que he vuelto a actuar: madres, cuidadoras, profesoras, doctoras… y a veces simplemente piensan “Queremos a Barbara Crampton en nuestra película, démosle este papel”. Pero para que acepte tienen que ser algo interesante para mí, no voy a salir en una película solo para que mi nombre aparezca en ella. He leído guiones muy buenos, y hay mucha gente con talento… pero a la hora de decidir solo quiero que mi personaje tenga interés. Puede ser cualquier cosa o hacer cualquier cosa, no me importa, pero tiene que ser un desafío para mí, que sea distinto y sepa que me lo voy a pasar bien haciéndolo. Depende de cada caso, no lo puedes saber hasta que lo lees y piensas: “Puede ser divertido, vamos a hacerlo”.

Curiosamente, entre tus últimos trabajas se encuentra Puppet Master: The Littlest Reich, la nueva entrega de esta saga en la que ya participaras en un pequeño cameo en la entrega inaugural, y que ha supuesto tu reencuentro con Charles Band, productor por medio de la mítica Empire de muchas de tus películas de los ochenta. ¿Cómo ha sido este reencuentro?

Él no estaba en el set. Un hombre llamado Dallas Sonnier, que hizo Bone Tomahawk, le compró los derechos de la saga a Charles. Creo que Charles estuvo en los encuentros que hubo antes, pero no en el set con nosotros ni ha escrito la película. Él tiene su propia serie de películas de Puppet Master en la que sigue trabajando. Luego, este productor, Dallas, le compró los derechos para hacer la primera entrega de, con suerte, su propia saga de Puppet Master, usando su mitología y personajes. Es una película diferente y tiene un punto de vista distinto sobre las marionetas y su mitología, la historia ha cambiado un poco.

Cuando me ofrecieron el papel llamé a Charlie y le dije: “Eh, alguien me ha ofrecido un papel en Puppet Master, estoy emocionada, me encanta el papel que voy a interpretar”, y él me dijo: “¡Mola, estupendo!”. Nosotros hablamos así. Le he visto ocasionalmente en alguna cena o en convenciones en las que coincidimos pero, como te digo, no le vi en el set de esta peli en particular. Así que no trabajé con él en esta ocasión, pero le quiero y espero poder verle pronto en alguna cena. (Risas)

Llama la atención lo cercana y activa que eres en las redes sociales. ¿Puede decirse que te gusta el contacto con los fans?

Sí, me gusta. Es divertido. Como con todo, y creo que todo el mundo piensa igual, es un arma de doble filo. Por una parte te gusta y por otra es en plan “guarda ese teléfono ya en el cajón, tengo que vivir mi vida de verdad”. Porque entras en Facebook o Instagram para mirar un par de cosas y cuando te quieres dar cuenta ya ha pasado una hora. Además, ahora con mis hijos, necesito dedicarle menos tiempo, y únicamente busco si alguien me ha dicho algo que creo que deba de ser respondido y después voy a preparar la cena o salgo a dar una vuelta, o a hacer algo diferente. No le dedico todo mi tiempo, pero sí, es una experiencia maravillosa poder conectar de forma directa con mis fans.

También lo uso para hablar con otra gente del gremio, como actores. Con algunos de ellos he hecho amistad gracias a las redes sociales, como Amanda Wyss de Pesadilla en Elm Street. Ahora es amiga mía porque nos agregamos en Facebook, nos caímos bien y hemos quedado desde entonces varias veces para cenar o salir. También está muy bien estar al día de la gente con la que trabajas; es genial, es como una gran comunidad. Ahora tengo de amigos a muchísimos periodistas, cuando antes quizá les veías una vez y no volvía a saber de ellos. Pero ahora hablo con mucha gente online. Creo que es beneficioso para todos, todo el mundo puede hacer oír su voz, nos conecta y es una gran ventaja para todos.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Nota del traductor: VCR es un acrónimo de Video Cassette Recorder. Se tratan de juegos de mesa de vocación interactiva en los que se utilizaba un VHS durante las partidas. Se les conocía normalmente como juegos de cintas de vídeo o juegos de vídeo.

Traducción: Tarik Amarouch García & Oscar Rodríguez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

 

Entrevista a Jamie Bamber, coprotagonista de “Money”

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Junto con su director, Martín Rosete, el actor Jamie Bamber visitaría la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT acompañando la proyección del film Money dentro de la sección paralela “Panorama”. Nacido en el distrito londinense de Hammersmith en 1973, Bamber es conocido principalmente por los aficionados al fantástico por su encarnación del capitán Apollo Adama en la nueva versión de la serie Galáctica, papel por el que conseguiría una nominación al mejor actor de reparto de televisión en el prestigioso premio Saturn, dentro de una trayectoria en la pequeña pantalla en la que figuran apariciones regulares en series de la relevancia y popularidad de Hermanos de sangre, Londres: distrito criminal, El cuerpo del delito o Navy: Investigación criminal, entre otras. En Money da vida a John, un misterioso personaje cuya visita en medio de la noche a dos parejas que se encuentran disfrutando de una velada en compañía servirá de detonante para el desarrollo de la historia.

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¿Cómo llegas a Money?

Recibí el guion a través de mi manager junto a un link para ver Voice Over, el último cortometraje que había dirigido Martín. Así que vi ese corto, que visualmente me pareció sorprendente, con un gran ritmo y muy arriesgado, cambiando de localizaciones cinco o seis veces y contando cinco historias diferentes que confluyen al final. Había algo que delataba mucha inteligencia en la estructura y el ritmo de la historia. Y luego me enamoré del guion rápidamente, porque me encantan los thrillers psicológicos potentes que atrapan al espectador, con mucho suspense. Este guion además creo que dará a los espectadores algo sobre lo que debatir al final de la película acerca de cuál es el mensaje. Así que fue una mezcla del guion, de ver Voice Over y el poder trabajar con los hermanos Rosete en su primera película. Para mí es muy emocionante, admiro su talento y su potencial. Siempre es apasionante embarcarse en un proyecto de cineastas jóvenes y llenos de ideas.

¿Qué te llamó la atención de tu personaje?

La ambigüedad del personaje. El personaje se llama John, que es como se llama a las personas sin nombre[1]. John es el nombre más común en los países de habla inglesa. Así que no revela mucho sobre él. Cuando llama a la puerta nadie sabe quién es y, sin embargo, él conoce todo sobre todos los demás. En un momento preciso él decide demostrar el poder que tiene sobre los demás sentándose en esa mesa. Me gustó el aspecto teatral de interpretar a alguien que sabe cómo jugar sus bazas y que mueve todos los hilos. Incluso cuando pierde el control es capaz, a través de mucha disciplina, de conocer las debilidades de los demás y usarlas en su contra. Es divertido interpretar a un personaje así. Lo más difícil fue desarrollar física y verbalmente la manera de presentar este personaje que siempre parece controlarlo todo y que no tiene miedo, usando la tranquilidad y observando todo el caos y el pánico que hay a su alrededor para usarlo a su favor.

¿Cuál piensas que ha sido tu aportación a John?

Tengo que ser sincero y decir que el personaje estaba definido en el guion. Josep ha escrito un personaje que es culto, que ha viajado y conoce el mundo, que se conoce a sí mismo y entiende a los  demás. ¿Que qué aporté yo? No lo sé, no estoy seguro de haber contribuido con nada, aparte de confiar ciegamente en la situación que Josep había escrito e intentar potenciar al máximo toda la fuerza puesta en los diálogos. Quizá algo de humor. Me gustar usar el humor irónico… pero todo eso estaba ya en el guion. Así que no creo haber aportado gran cosa al personaje aparte de mi 1,75 m de altura y mi 42 de pie.

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Jamie junto al director de “Money”, Martín Rosete, durante la rueda de prensa de la película durante el pasado FANT.

La interpretación que haces de John personalmente me ha recordado a James Bond, tanto por lo cínico que es como por la forma que tiene de comportarse, además de por su elegante forma de vestir. ¿Era un poco la referencia que manejabas?

Sí, efectivamente. Para esa parte cínica que tiene el personaje me basé en James Bond, absolutamente. Y es un personaje que, como James Bond, tiene poder porque, mientras que de él no saben nada, del resto conoce lo suficiente como para poder destruirlos. Entonces, como James Bond, John está cómodo por tener esta información y por las oportunidades que se le presentan a partir de ello. Sin menoscabo de esto, yo interpreto a John en un sentido más amplio. John aparece como un stranger, ese forastero que ha sido tratado en tantas películas dentro del western. Sobre todo es un rol que tiene un poder y que no necesita ni siquiera demostrarlo. Hace saber que tiene ese poder sobre los demás y crea ese ambiente.

Es curioso cuando John empieza a cometer errores y pierde un poco el control, cómo se echa para atrás y deja que ese miedo y esa incertidumbre se apoderen de él, de la misma manera que se apodera del resto de personajes y la situación poco a poco va dando totalmente la vuelta. Entonces, a través del humor empieza a gestionar ese miedo que tiene en las conversaciones que mantiene con los otros personajes y va fracturando la confianza que existe entre las dos parejas. Es un personaje que me ha parecido interesante desde el principio por cómo cuantifica las relaciones y cómo demuestra que vivimos en una sociedad totalmente materialista, donde John consigue modificar estas relaciones por dinero, demostrando lo superficiales que son.

Otra similitud que me parece que existe entre mi personaje y James Bond es que tiene siempre mejores conversaciones con las mujeres que con los hombres, lo que por otra parte es lo habitual. Él ve cómo las mujeres están siendo un poco utilizadas por sus parejas y es por ello que yo interpreto a John como un ángel emancipador de estas mujeres que, finalmente, acaban llevándose el dinero, mientras los hombres se llevan los golpes y terminan destruidos totalmente. Así que John es, digamos, un agente que cambia cosas y que deja a las mujeres en una mejor posición en la que estaban en un principio y les otorga un plus de autoconocimiento.

Coproducida entre España y los Estados Unidos, mientras que el apartado actoral es de mayoría anglosajona, el técnico ha corrido por cuenta de españoles. ¿Cómo ha sido el desarrollo del rodaje teniendo en cuenta esta mezcla de culturas?

La verdad es que fue muy fácil. Era una coproducción hispano-norteamericana y se desarrolló como tal. Tanto el director como su hermano, el director de fotografía, tienen un inglés excelente y no hubo ningún problema de traducción. Y la historia tiene un carácter universal, por lo que por esa parte tampoco había problemas. En realidad no se notó para nada el que los miembros del equipo tuviéramos distinta procedencia. Incluso el productor norteamericano, Atit Shah, es de origen indio. Pero aunque había tres culturas predominantes, como digo no hubo ningún problema en ese sentido.

José Luis Salvador Estébenez

 

[1] Nota del traductor: En los Estados Unidos, comúnmente se emplea el nombre John Doe en las acciones legales o discusiones legales, en el caso de los hombres, para reemplazar un nombre (para mantener el real anónimo) o porque se desconoce también el nombre real. Los cadáveres o los pacientes de las salas de urgencias cuya identidad se desconoce son conocidos como John Doe. En el caso de las mujeres se utiliza el nombre de Jane Doe. (Extraído de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Sin_nombre)

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Cem Kaya, director del documental sobre el cine de género turco “Remake, Remix, Rip-Off”

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De entre las distintas propuestas que conformaron el programa de la sexta edición de Cutrecon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, una de las más destacadas fue, sin duda, Remake, Remix, Rip-Off. Encuadrada dentro de “Documentrash”, la sección del certamen consagrado al formato documental, el segundo largometraje como director del cineasta afincado en Alemania Cem Kaya explora la edad dorada del cine popular turco, época en la que aquella cinematografía se convirtió en una de las más prolíficas del mundo, prestando una especial atención a las populares exploitations que con total descaro perpetrara aquella industria entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta de algunos de los más famosos blockbusters hollywoodienses de la época. Sin embargo, el contenido del documental no se queda en la simple ilustración de las circunstancias que rodearon a este sistema de producción. Por medio del testimonio de sus principales protagonistas, tanto delante como detrás de las cámaras, Kaya revela las duras condiciones laborales y técnicas que se escondían tras las bizarras imágenes de estas películas y que, según se denuncia, aún siguen perviviendo en la moderna televisión otomana, al tiempo que reflexiona sobre la pérdida de esta parte del legado educativo turco y el modo en el que la cultura popular se cimienta sobre la repetición de historias. Como puede verse, una obra rica en contenidos y enfoques cuyo visionado se hace recomendable y hasta imprescindible para todos los cinéfilos con un mínimo de inquietudes, independientemente de que su objeto de estudio pueda despertar más o menos interés.

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¿Qué te empuja a hacer una película sobre el cine exploitation turco?

Bueno, no es una película solo sobre la explotación turca, sino más bien sobre el periodo Yeşilçam, algo así como los estudios Pinewood de Londres[1]. La época del Yeşilçam no fueron solo las películas fantásticas, del mismo modo que el documental no habla solo de este periodo, sino también habla de la posibilidad de poder hacer cine en Turquía en general, diría yo.

Yo crecí viendo estas películas en cintas de video en Alemania, no las vi en el cine como hicieron mis padres. Eso es importante, porque en los ochenta la cultura de las cintas de video turcas en Alemania era algo bastante grande. Estábamos siempre rodeados de estos films y me influenciaron mucho cuando era niño.

En Remake, Remix, Rip-Off cuentas con el testimonio de varios de los directores más relevantes de este sistema. ¿Cómo se tomaron el que quisieras hacer un documental sobre ello?

La mayoría eran muy abiertos y con ganas de hablar. Hice como cien entrevistas. Aunque en el documental solo habrá como cincuenta, tenía bastante más. Solo hubo un par de ellos que no querían hablar sobre aquella época, aunque tenían sus motivos para no hacerlo. Pero, en general, el noventa por ciento de las personas que entrevisté fueron estupendas.

Empecé a investigar sobre el cine turco en 2003, y empecé a hacer la película en 2007. Así que fueron cuatro años de ir a Turquía y hablar con ellos. No conocí por primera vez a toda esta gente cuando fui a entrevistarlos, sino que ya los había ido conociendo durante esos años. Además, estuve en contacto con los sindicatos y participé en todas las protestas contra la demolición del cine Emek[2]; fui parte de todo ese movimiento que hubo, registrando todo con mi cámara. Al igual que en el tema de las entrevistas, hay mucho más material de lo que se ve en la película.

¿El tomar contacto en primera mano con estos cineastas y el contexto en el que se fraguaron aquellas películas hizo que variara la idea original que tenías sobre los temas a tratar en el documental?

No, porque, retomando un poco lo que te comentaba en mi anterior respuesta, antes de empezar a hacer el documental hice una tesis de diplomatura y de Master sobre el tema, por lo que tenía una idea clara de cómo quería contar la historia, ya que estaba muy metido en el tema. Luego, claro que hay pequeñas cosas que cambian, aspectos dramáticos de la película, pero no son muchas, como la destrucción del cine Emek, que fue unas semanas después de que empezaran las protestas en contra de su demolición. La destrucción de ese cine cambió el final de la película.

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Presentación de la proyección de “Remake, Remix, Rip-Off” en Artistic Metropol durante la sesión doble de “Documentrash”.

Aparte de ilustrar sobre la época de la cinematografía turca que tratas, tu película posee muchas capas de lectura. Entre ellas está el comentario de cómo estas películas eran en cierto modo utilizadas por el poder para controlar al pueblo…

No se trata de una manipulación en el sentido de gente moviendo los hilos. Es una manipulación como se da en toda industria dedicada al cine popular, incluido Hollywood, en la que esta permite que se hagan cierto tipo de películas y otras no. Los melodramas están bien porque mantienen a la gente tranquila, o las comedias… Pero ya te digo que creo que eso es algo normalizado y no solo propio del cine turco.

Centrándonos en el cine turco, la censura en sí comenzó en los años treinta. Y todos los films políticos eran censurados. Por ejemplo, pasaba con muchas de las películas de Yilmaz Güney, que era el director más de izquierdas de la época. En sus inicios fue una estrella del cine de acción, pero luego varió su estilo y se convirtió en el director turco más importante de aquellos años, si bien era de origen kurdo. Cuando sus películas eran prohibidas, los cines ponían posters distintos, como por ejemplo de una película de Bruce Lee, y la gente sabía que se trataba de un film suyo e iban a verlo. Eran conscientes, no creo que el público sea tonto. Incluso con los melodramas. Sin ir más lejos, mis tías, cuando eran jóvenes e iban a ver estos melodramas del Yeşilçam, sabían que era una historia que se había contado mil veces. Simplemente les gustaba ver una nueva versión del mismo tema. Así que creo que no se puede engañar al público. El único aspecto negativo que veo sobre el tema de la censura es que abría la puerta a que hubiese más películas nacionalistas. Por una parte prohibían todas las películas que tuviesen crítica social y, por otra, apoyaban películas nacionalistas donde se hacía ver que Turquía era estupenda. Y eso sí que podía influir en la percepción de la gente.

¿Cómo se recuerda en Turquía todo aquel cine y qué queda de él en la industria actual?

Hay algunos clásicos del Yeşilçam que todo el mundo conoce en Turquía. Por ejemplo, hay muchas citas de películas que se han incorporado a la hora de hablar. Por ejemplo, si alguien dice “está hecho de limón” y le responden “no, está hecho de vinagre”, están haciendo referencia a una cita de una película donde una pareja está discutiendo sobre eso. Es decir, si le dices a un turco “Oye, esto está hecho de limón” sabe perfectamente de dónde viene. Así que hay citas y clásicos. Son unos cuantos, unos doscientos o trescientos que siempre se pasan por televisión, porque a muchos espectadores les gusta la nostalgia de esa época.

Eso por una parte. Luego, los buenos films sí tienen fans, como puede haberlos aquí. Hay gente en Turquía a las que les gustan estas películas, pero en general no hay un cineasta hoy en día que trate de reivindicar ese legado del Yeşilçam y traducirlo al cine de ahora. Por otra parte, aun hay cineastas veteranos del Yeşilçam que siguen activos en las series de televisión de ahora o que de vez en cuando hacen una película, ya que actualmente en Turquía se estrenan de setenta a ciento veinte películas al año; comedias, melodramas, películas nacionalistas… Así que de algún modo sigue siendo lo mismo, pero en la época moderna.

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La imagen más difundida, al menos en occidente, de todo este tipo de cine son sus desvergonzadas fotocopias de grandes producciones norteamericanas, tipo La guerra de las galaxias, ET o El exorcista, lo que sin duda provoca que el espectador que se acerque a tu documental vaya con una idea preconcebida de lo que se va a encontrar. ¿Cómo se toma el público el que tu película no se quede solo en este aspecto, digámosle, cómico, sino que también profundice y reflexione sobre todas las circunstancias y la miseria que rodeaban a aquellas películas?

He visto gente en Rotterdam yéndose del cine a la hora de película, que es cuando empiezo a hablar de esas otras cosas. Esto pasa. El tema es que, si no enseñas la otra parte de la película y nos quedamos simplemente en el “ja-ja-já, qué divertidos son estos cineastas turcos”, no es lo que yo quería hacer. Al mismo tiempo, tienes que tener cuidado de no aburrir al público con los hechos. Como tenía en mi cabeza el conocimiento y todos los datos académicos, tuve un problema al editar la película, porque quería contar demasiadas cosas. Así que creo que tiene un buen equilibrio, dos minutos más hablando, por ejemplo, de censura, lo hubiese estropeado. ¿Sabes lo que quiero decir?

Luego, hay muchos que agradecen la parte final, y que piensan que sin esa parte no hubiese sido una buena película, hubiese sido otra cosa. Así que hay dos tipos de reacciones: los hay a los que les hubiese gustado ver más de los filmes fantásticos, más detalles de cómo los hacían… y otros que creen que hay un buen balance entre las dos cosas.

En general, lo que he procurado en las dos películas que he realizado hasta el momento es entretener a la gente. Cuando intentaba vender la película, porque sobre el papel parecía demasiado serio, las productoras o cadenas de televisión no se imaginaban cómo de divertida podría ser al final. Y al final sí ha sido divertida. Así que sobre lo que me preguntabas antes de cómo había cambiado mi película, yo, por ejemplo, no pensaba que estos directores fuesen tan graciosos y eso es algo que también se reflejaba en lo que hacían.

¿Remake, Remix, Rip-Off ha podido ser vista en Turquía? De ser así, ¿se ha sorprendido el público por los temas que comentas y que quizás desconocían?

Si, muchos de ellos. Para el público turco este documental supone un cambio de perspectiva, porque ellos conocen las películas, pero no cómo se hicieron. Saben que son su herencia y dicen “Oh, las películas del Yeşilçam…” y hacen bromas sobre ellas, en general, pero mucha gente viendo la película dice “Vaya, esto no lo sabía” o “No sabía las circunstancias en que estas pelis se realizaron” o no saben en qué condiciones se hacen las series de televisión hoy en día. Cuando ven el cine Emek destruido se dan cuenta de que es su legado el que ha sido destruido; no solo es el edificio, es toda una cultura fílmica que puede gustarles o no, pero que es la única que tienen. Y esto es muy importante, sobre todo para que las nuevas generaciones comprendan lo que los directores hicieron antes que ellos, ya sea bueno o malo, eso es indiferente, y entender por ejemplo qué era el cine de Yeşilçam. Porque hay algunos documentales televisivos sobre el cine de Yeşilçam en la televisión turca, pero son muy nostálgicos. Y para mí el tema va más allá de la simple nostalgia.

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Cem Kaya flanqueado por Paco Fox (izquierda) y Claudio Fragasso y Rossella Drudi (derecha), durante el encuentro de los invitados de Cutrecon con los espectadores que tuvo lugar en la Casa del Reloj.

Para hacer el documental comentas que has visto más de cinco mil películas turcas de la época. De todas ellas, ¿cuál destacarías por los motivos que sean?

No puedo decir solo una. Pero sí puedo recomendar directores, porque creo que hay algunos que son visionarios, como lo fue Ed Wood. Çetin Inanç es uno de ellos. También Yilmaz Duru, que aunque está muy infravalorado, sus pelis hay que verlas. Me gustan ciertos directores, y cuando me acerco a alguna película que aún no he visto de alguno de ellos, aunque sea un melodrama malo, sé que van a tener algo, y en el noventa y nueve por ciento de los casos no me equivoco. Y así puedes encontrar algo que es muy característico, como una firma, que solo ese director tiene.

Y por recomendar una película te mencionaré En Büyük Yumruk [The Greatest Fist], dirigida por Çetin Inanç en 1983, más o menos en la misma época en que se hizo la versión turca de Star Wars. Es una peli muy loca.

Ya para terminar, ¿qué proyectos tienes en estos momentos a corto plazo?

Actualmente estoy preparando una película de found footage, ahora que están tan de moda. Para hacerla estoy usando metraje de las antiguas películas de Cüneyt Arkin, que fue una de las principales estrellas del periodo Yeşilçam y el protagonista, por ejemplo, del Star Wars turco. Voy a aprovechar para ello todas las películas que he ido acumulando y comprando por EBay durante los años que preparé Remake, Remix, Ripoff y mi intención es que salga en VHS. A través de la película aprovecharé para recorrer la trayectoria de Cüneyt Arkin, desde sus comienzos en los cincuenta en producciones de corte dramático, para seguir con su evolución a un cine cada vez más excesivo y violento, hasta terminar en los años ochenta. Pero la idea de base es la que te comentaba: hacer una película completamente nueva a partir de metraje antiguo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nota del entrevistador: Yeşilçam, cuya traducción al castellano sería pino verde, es el término con el que se denomina la industria cinematográfica turca entre los años cincuenta hasta comienzos de los años ochenta. Su nombre procede de la calle donde se situaban las oficinas de la mayoría de productoras cinematográficas de la época.

[2] N.del e.: El cine Emek fue uno de los locales cinematográficos más emblemáticos de Estambul, acogiendo en su pantalla las proyecciones de incontables películas de la época dorada del cine popular turco. El anuncio de 2010 de su demolición para construir en su lugar un moderno centro comercial despertó una oleada de protestas, principalmente desde el ámbito cinematográfico que, no obstante, no evitaron que finalmente, en 2013, el edificio fuera derruido.

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on abril 21, 2017 at 5:50 am  Comments (1)  
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Entrevista a Don Coscarelli

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De una forma un tanto inesperada, este 2016 ha vuelto a traer a primer plano de la actualidad la saga Phantasma. Lo ha hecho, por un lado, con el estreno de Phantasm V: Ravager, la quinta y, en principio, última entrega de la franquicia, y la primera de toda la serie que no ha sido dirigida por su creador, Don Coscarelli. Y por otro, con el lanzamiento de una espectacular remasterización en 4K del film original de 1979 apadrinada por la Bad Robot de J. J. Abrams. Dos acontecimientos cinematográficos a los que el destino ha querido unir el fallecimiento a los 89 años de edad el pasado enero de Angus Scrimm, el inolvidable intérprete del no menos emblemático Hombre Alto.

Cuatro años después de recibir el honorífico premio “Màquina del Temps” como reconocimiento a toda su trayectoria, Don Coscarelli regresó al Festival de Sitges para presentar estos dos nuevos trabajos. Por si no eran suficientes los motivos que le llevaban hasta la localidad barcelonesa, su presencia levantaría un plus mayor de expectación al coincidir con la mediática visita de Bruce Campbell al certamen, lo que hizo que fueran muchos los aficionados que les preguntaron acerca de las posibilidades de materialización de la acariciada precuela de Buba Ho-Tep (Buba Ho-Tep, 2002), film cuyo pase dentro del ciclo retrospectivo dedicado a la carrera del protagonista de Posesión infernal (Evil Dead, 1981) contaría con una presentación conjunta de ambos.

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La primera pregunta es obvia: ¿por qué no has dirigido esta quinta entrega de Phantasma?

La respuesta sencilla sería: ¿cuántas películas de Phantasma puede dirigir una persona a lo largo de su vida? Yo creo que cuatro seguramente son más que suficientes (risas). Y esa ha sido la forma en que Phantasm V: Ravager ha ido evolucionando; porque nunca hubo una intención premeditada de que fuese una secuela. Lo que ocurrió es que soy amigo del director, David Hartman, quien trabajó en los efectos visuales de Bubba Ho-Tep. David es un cineasta muy prolífico, capaz de hacer un cortometraje cada fin de semana. Un día vino y me dijo: “Eh, vamos a rodar un corto de Phantasma este fin de semana”. Pensé que podría ser divertido, así que hablé con el actor Reggie Bannister, le pregunté si estaría dispuesto a ayudarnos y él estuvo encantado de hacerlo. Fue una experiencia muy divertida trabajar con él, tenía muy buenas ideas y una gran habilidad visual.

Cuando terminamos pensé que esta sería una manera inteligente de hacer una última secuela, en vista de que nadie nos ofrecía el dinero suficiente como para poder hacerlo. Sin embargo, esta era una forma muy eficiente de ir haciéndola con unos amigos de forma sencilla. De vez en cuando David la hacía más a lo grande, pero originariamente era una idea muy simple que evolucionó de forma orgánica.

¿Cuál ha sido el motivo por el que la realización de Phantasm V: Ravager haya estado envuelta de tanto secretismo?

Creo que porque no estábamos seguros de poder terminarla. Ha sido muy difícil. Y te habrás dado cuenta de que es mejor no revelar demasiado sobre el argumento de la película. Es mejor ir a verla sin ideas preconcebidas. Pero el motivo principal es que no teníamos ni idea de cuánto íbamos a tardar en terminarla y lo que queríamos era terminarla antes de hablar de ella con nadie. Por suerte, todos los actores de Phantasma son muy buenos manteniendo secretos, así que cuando se anunció su existencia pilló a todos por sorpresa. Pero luego nos llevó otros dos años terminar la postproducción, así que muchos se empezaron a preguntar si era una película de verdad o no…

¿Cómo ha sido el hecho de volver al universo de Phantasma dieciocho años después de la que fuera la anterior entrega de la saga, Phantasm IV: Oblivion [dvd: Phantasma IV: Apocalipsis, 1998]?

Siempre había creído que Phantasma IV: Apocalipsis fue una buena culminación a la saga aunque fuese algo misteriosa en su final. Pero luego, visitando internet y acudiendo a las convenciones de cine de terror, me di cuenta de que todo el mundo quería ver otra película de Phantasma, y eso fue lo que hizo que me pusiera a pensar en ello. La intención con David siempre fue intentar recuperar a los personajes principales y llegar a algún tipo de resolución que fuese satisfactoria. En mi opinión, el final de la película lo resuelve muy bien. Creo que es melancólico y emotivo, incluso triste… intentando responder a la cuestión de qué pasa cuando mueres. Espero que el público aprecie esa parte.

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El estreno de Phantasm V: Ravager ha coincidido temporalmente con la remasterización de la primera entrega de la saga en 4K, para la que has contado con la colaboración de J. J. Abrams. ¿Cómo surgió esta asociación?

Es una buena pregunta. Conocí a J. J. hace once o doce años. Por entonces él era productor de televisión. Me llamó y me dijo que quería hablar de Phantasma (Phantasm, 1979), ya que la había visto cuando era un adolescente y le gustó mucho. Así que ya le conocía, pero fue hace un par de años cuando volvió a contactar conmigo porque quería enseñar Phantasma a gente de Bad Robot, su productora. Sin embargo, las únicas copias que yo tenía era una vieja copia en 35 mm y los DVDs editados de la película. Él se sorprendió de que no tuviéramos copias en alta calidad de la película e inmediatamente se ofreció a arreglarlo. Me puso en contacto con su jefe de postproducción, ya que acababan de comprar un programa nuevo de acabado llamado “Mistika”, que creo que es español. El colorista que lo supervisaba, Juan Cabrera, que también es español, me llamaba de vez en cuando para decirme: “Vente esta noche que tengo cuatro horas libres para trabajar en la peli” y así estuvimos durante un año, trabajando unas horas cada semana.

Fue estupendo poder corregir todos los errores de la película, ya que fue hecha con unos medios muy modestos. Por ejemplo, tuvimos que hacer muchos de los efectos de las bolas con hilos de caña de pescar y ahora pudimos borrar todo eso.

Curiosamente, aunque la mayoría de los títulos emblemáticos del cine de terror norteamericano de la década de los setenta han sido objeto de remakes en los últimos años, no ha ocurrido lo mismo con Phantasma. ¿A qué se ha debido?

Me las arreglé para tener los derechos y pude evitarlo para bien o para mal. Es tentador vender los derechos y hacer mucho dinero, pero los actores entonces eran jóvenes y con vitalidad, y al ser amigo personal de Angus y Reggie me sentaba mal decirles: “Vamos a hacer un remake y vosotros no vais a estar en él”. Habría sido terrible tener que decirles eso a unos amigos. Quizá ahora, que Angus no está con nosotros y hemos terminado la quinta entrega de Phantasma, sea posible.

Sería genial encontrar a algún visionario director que tome la idea y quiera hacer algo con ella, pero el reto sería… Porque realmente creo que Angus Scrimm aportó algo a la saga que sería muy difícil de reemplazar con otra persona. Incluso si hubiese otra película de Phantasma no bastaría con otro hombre alto; se necesitaría algo completamente distinto a lo que enfrentar a los personajes. Así que ese sería el reto.

Ya que lo has mencionado, ¿cómo fue trabajar con Angus y qué recuerdos guardas de él?

Fue una experiencia maravillosa. Era un gran amigo y hemos trabajado juntos a lo largo de más de treinta años. De hecho, al comienzo hicimos mucha promoción juntos, ya que, con la intención de publicitarla bien, el distribuidor de Phantasma en los Estados Unidos nos envió por todas las ciudades del país a mí y a Angus, con su traje y maquillaje puesto. Lo pasamos genial juntos porque nos llevaban a programas matinales donde normalmente hablaban de cocina y de estilos de vida, y allí estaba Angus vestido como su personaje a las seis de la mañana diciendo “Chicooooooo” a la cámara y asustando a la gente. Fue muy divertido.

Era un hombre estupendo, parte de la familia. Ha sido una triste pérdida, pero tenía 89 años. Vivió una vida muy rica y, además, tuvo otra carrera totalmente diferente como escritor en el mundo de la música. De hecho ganó un Grammy por las mejores notas[1] para un álbum clásico. Era un hombre muy inteligente y humilde. A los fans les encantaba conocerle. Él era muy bueno con ellos y tenía una gran memoria. Podía encontrarse con un fan en una convención y cinco años después aún se acordaba de su nombre, o de que tenían un hermano o hermana. Los fans le adoraban. Ha sido una gran pérdida.

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Dejando la saga Phantasma a un lado, hace poco comentaste la posibilidad de que John muere al final (John Dies at the End, 2012) tuviera una secuela. ¿Existe una base real para este proyecto, o se trata solo de un deseo?

Tengo interés en hacerla, pero en estos casos la cuestión es siempre encontrar la financiación. Cuando trabajabas con elementos extraños y estimulantes es muy difícil. Puedo contar anécdotas de cuando iba con el guion de Bubba Ho-Tep a los estudios y me decían: “¿De verdad que quieres hacer esta película? ¿Quién quiere ver a un viejo Elvis en un asilo? ¿Quién quiere ver a una momia?”

Pero sí, es algo que considero. Le pregunté al guionista y autor del libro que adapta John muere al final, David Wong, qué le parecería hacer una serie de televisión con estos personajes. Inmediatamente, dos días después, me mandó una hoja entera con la descripción de cómo sería esa serie. Y era tan divertido que me reí muchísimo. Ya sabéis que en las series hay una trama central y una secundaria. La principal sería el “Monstruo de la semana”, algún tipo de monstruo extraño contra el que los protagonistas lucharían. Y la trama secundaria serán las penurias que pasan para conseguir pagar el alquiler. Así habría este contraste tan divertido.

Hablando de posibles secuelas, uno de tus futuribles proyectos que más expectación han tenido entre los aficionados es la precuela de Bubba Ho-Tep. ¿Llegaremos a ver algún día Bubba Nosferatu?

¡Pregúntaselo a Bruce Campbell! Si él la hace, yo también. Puede haber bastantes buenas historias sobre Elvis combatiendo monstruos. Creo que podría ser divertido.

Echando un vistazo a tu filmografía, cada vez es mayor el lapso de tiempo que transcurre entre cada nueva película. ¿Es el peaje que tienes que pagar por tener el control sobre sus proyectos?

Muy buena pregunta, gracias. Sin duda ese es uno de los principales motivos, ya que, obviamente, a mí me gustaría trabajar más. Aunque, bueno, teniendo en cuenta que una de las desventajas que conlleva hacer películas es la gran presión que debes soportar en un periodo de tiempo muy pequeño, quizá el hecho de que no haya hecho muchas haga que viva más porque me he mantenido más fresco (risas).

Pero hablando un poco más en serio, tuve una mala experiencia con El señor de las bestias (The Beastmaster, 1982), ya que hubo muchas interferencias creativas. Así que tomé la determinación de que aquello no me iba a volver a ocurrir y desde entonces soy muy cuidadoso a la hora de buscar el momento idóneo para hacer películas.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Con notas se refiere a “liner notes”, algo así como la descripción de las canciones y letras que venían en las fundas del LP. No hay traducción exacta al castellano, pero podría ser “las notas” o “los créditos” del álbum.

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Griff Furst, director de “Cold Moon”

Cold Moon 14 - Griff Furst

De entre las diferentes premieres mundiales que acogió la pasada edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid – NOCTURNA, una de las que más expectación despertó entre los asistentes fue la del film norteamericano Cold Moon. Un hype que fue alimentado desde la propia organización y al que tampoco fue ajeno el que se tratara de la adaptación de una novela de Michael McDowell, el mismo hombre que se encuentra detrás de las historias de las burtonianas Beetlejuice o Pesadilla antes de Navidad, entre otras. En su puesta de largo, Cold Moon estaría arropada por varios miembros del equipo que la han hecho posible. En concreto, junto con ella visitarían Madrid su productor ejecutivo Lee C. Rogers, la bellísima Rachele Brooke Smith, encargada de dar vida a uno de los personajes protagonistas, y su director y guionista, el también actor Griff Furst, quien tras foguearse en pequeñas producciones con destino al mercado doméstico, preferentemente el televisivo, ha realizado con Cold Moon el que tanto por pretensiones como por planteamiento supone su trabajo más ambicioso hasta la fecha dentro de su faceta como cineasta.

Originalmente, tu carrera artística se inicia como actor, faceta que sigues desarrollando en la actualidad. ¿Qué te lleva a ponerte detrás de las cámaras y convertirte en director?

Yo no decidí ser director, lo hicieron por mí. Mientras estudiaba teatro mi profesor pensó que yo sería un buen director, por lo que me propuso dirigir una obra corta. Lo hice, dando la casualidad de que una de las personas que asistió como público a la representación me pidió que la convirtiera en un cortometraje. Más tarde, alguien vio aquel corto y me ofreció hacer una película. Así que, aunque nunca pensé en dirigir, todo me fue llevando en esa dirección y he seguido haciéndolo.

Desde que empezaste como director tu trayectoria ha estado siempre vinculada al género fantástico. ¿Es algo circunstancial o eres fan del mismo?

Muy fan. Yo era el típico niño que llegaba al videoclub a las diez de la mañana esperando a que abrieran para poder alquilar las novedades. Luego me hacía una copia para mi colección. Era estupendo. Tenía un armario lleno de películas de terror en VHS, y eso que entonces podías meter tres o cuatro en cada cinta. Pero siempre me han encantado todos los géneros. Las buenas historias que están bien contadas siempre me interesan. Ahora estoy trabajando en algunas cosas que no están relacionadas directamente con el género fantástico, pero no importa lo que haga, siempre lo tendré en cuenta a lo largo de mi carrera.

Cold Moon 13 - Griff Furst

Tus primeros trabajos como realizador se producen en telefilms y  películas destinadas al mercado doméstico, muchas de ellas producidas por la hoy popular The Asylum, como, por ejemplo, la que fuera tu ópera prima, I am Omega, la cual, siguiendo el modus operandi por el que es conocida la productora, estaba planteada para aprovechar el ruido mediático originado por el estreno de la adaptación del Soy leyenda de Richard Matheson protagonizada por Will Smith. ¿Cómo recuerdas aquella etapa?

Fue muy buena. Nunca fui a una escuela de cine, así que mi trayectoria dentro de The Asylum fue mi escuela de cine particular. Comencé a trabajar con ellos cuando acababa de cumplir veinte años e intervine como en una docena de películas en un par de años en las que fui aprendiendo el oficio. Y encima me pagaban. Así que cada vez que un aspirante a director me pregunta si debería ir a una escuela de cine y a cuál, siempre le aconsejo que adquiera experiencia trabajando en The Asylum. Hacen tantas películas que siempre tienen alguna vacante, ya sea de asistente de personal o como interno. Las escuelas de cine son caras y no te garantiza que te enseñen los mejores. Para eso, en lugar de tener que pedir un préstamo con el que pagar los estudios, pueden cobrar por hacer películas sin presupuesto para The Asylum.

Yo hice mi última película con ellos hace diez años pero, como te digo, me lo pasé genial, y aún guardo muchos amigos allí. Tengo un gran respeto por ellos y por lo que hacen, aunque no estén muy bien vistos por la industria. Pero en mi caso creo que son inteligentes y buenas personas, y además han servido de plataforma para muchos directores. Me alegro de que tengan éxito.

¿Y cómo era trabajar para The Asylum en casos como la mencionada I am Omega? ¿Te marcaban algunas pautas o indicaciones sobre cómo debía de ser la película?

En mi experiencia personal nunca intervinieron en mi trabajo. Te facilitaban mucho las cosas dándote el guion que ellos querían, el casting que ellos querían y te rodeaban de un equipo en el que ellos confiaban. Y eso de alguna manera determina el look de la película. Pero si tú hacías tu trabajo y lo que rodabas tenía buena pinta te dejaban tranquilo.

En este sentido, Cold Moon, la película que presentas, se antoja un proyecto mucho más ambicioso en todos los sentidos a lo que habías realizado hasta ahora como director. ¿Tienes la sensación de estar dando con ella un paso adelante en tu trayectoria?

¿Que si pienso que lo es? Sí. Siempre esperas que tu trayectoria sea ascendente. Cold Moon es diferente para mí porque es la primera de mis películas en la que he podido escoger el material de partida. Hasta ahora me contrataban para dirigir proyectos en los que la historia ya estaba escogida, y en Cold Moon lo he podido decidir yo. Así que, sí, pienso que es un paso en la dirección adecuada.

Griff junto a la bellísima Rachele Brooke Smith que interpreta a uno de los personajes principales de "Cold Moon".

Griff junto a la bellísima Rachele Brooke Smith que interpreta a uno de los personajes principales de “Cold Moon”.

Cold Moon adapta un original de Michael McDowell, el autor, entre otras, de las historias de Beetlejuice o Pesadilla antes de Navidad, como resalta la propia publicidad de la película. ¿Qué fue lo que te llamó la atención de la novela de McDowell para que quisieras llevarla al cine?

Porque creo que Michael es un escritor fantástico. Y no solo yo; es uno de los favoritos de Stephen King. Si lees todas sus novelas, y tiene bastantes, comprobarás que todas son muy buenas. Yo le descubrí por su trabajo en Beetlejuice y Pesadilla antes de Navidad, y ahora soy fan de sus novelas. Me parecen brillantes y él un escritor muy sólido. Tanto es así que hay un par más de sus novelas que me gustaría adaptar al cine en un futuro.

¿Cómo fue el proceso de adaptación del texto original hasta convertirlo en un libreto cinematográfico?

Fue un proceso muy sencillo y más fácil que empezar de cero, ya que sus novelas se leen como si fueran guiones. Así que el proceso de adaptación de la novela fue solo cuestión de editarla a la extensión adecuada: una novela suele tener unas cuatrocientas páginas y un guion debe tener unas cien. Así que fue muy fácil. Los diálogos de la película están tomados en un noventa por ciento directamente del libro. Casi podría haber cogido el libro y haberlo usado como guion.

No obstante, al basarte en una novela hay aspectos que pueden quedar un poco redundantes si se trasladan de una forma literal, ya que siempre suelen incluir resúmenes de lo que ha pasado en los capítulos anteriores para que el lector no se pierda. En nuestro caso, el guion original tenía una extensión de solo ciento veinte páginas, pero eran bastante densas. Así que, una vez montamos lo rodado, el primer corte de la película tenía una duración de dos horas y veinticinco minutos.

¿Por qué optaste por quedarte en los ochenta y cinco minutos de los que consta finalmente y qué criterios se siguieron a la hora de aplicar los cortes?

Si fuese Quentin Tarantino o los hermanos Coen podría hacer películas de terror de dos horas y media, pero de momento me tengo que quedar en ochenta y cinco minutos. Aparte, creo que la “generación youtube” no tiene la capacidad de prestar atención durante tanto tiempo. La versión de dos horas y veinticinco minutos me gustaba mucho, pero se la enseñé a alguna gente, como al productor ejecutivo Lee C. Rogers y otras personas, y no opinaban lo mismo. Hicimos varios de estos screenings a gente con un cuestionario sobre la película, y con las impresiones que nos iban dejando las utilicé de referente para quitar cosas y seguir reduciendo y reduciendo el montaje con el fin de que fuese más ligero.

Como te digo, no creo que el público que vaya a ver Cold Moon tenga la paciencia para sentarse a ver una película tan larga, pero por otra parte creo que estos cambios han sido para mejor. Prefiero la versión corta porque personalmente considero que la esencia de la historia es el viaje de Nathan Redfield y su “espiral descendente”, y centrarse  más en esa parte hace que funcione mejor la película. Aun así espero que esas escenas cortadas puedan estar en el DVD como extra. Hay buenas actuaciones y buen material que fue cortado.

Griff, Rachele Brooke Smith y el productor _ posando ante los medios después de la rueda de prensa de "Cold Moon" en Nocturna.

Griff, Rachele Brooke Smith y el productor Lee C. Rogers posando ante los medios después de la rueda de prensa de “Cold Moon” en Nocturna.

Hablemos del reparto, de gran importancia en una película coral como esta, y para el que has contado con un actor del calibre del veterano Christopher Lloyd, el recordado Doc de la saga Regreso al futuro. ¿Como fue el proceso de casting?

No hicimos muchos castings para la película. Tenía siempre a alguien en la cabeza para cada rol y, lo mejor de todo, es que la mayoría de las personas en las que pensamos acabaron involucradas. Soy fan de Regreso al futuro desde pequeño, y pensé que Christopher Lloyd era perfecto para el papel, así que fuimos directos a ofrecérselo y él aceptó. Josh Stewart fue perfecto para el rol del villano, y eso que era un papel muy complicado. Sin ir más lejos, si yo hubiese sido el actor elegido no habría sabido cómo interpretarlo. En cambio, Josh leyó el guion y me llamó enseguida. Lo pilló muy rápido, y eso que lo había leído solo una vez, lo cual me impresionó. Así que su casting fue muy sencillo. En cambio, el que sí me costó fue el rol de Belinda, que finalmente ha hecho Rachele Brooke Smith. La conocí a través de un amigo común en Skype y desde el momento en que empezó a leer el guion, lo clavó.

Y tú, como director, ¿prefieres una película coral como esta a una que cuente con pocos actores?

No. I am Omega fue mucho más fácil de rodar, ya que éramos yo y Mark Dacascos todo el rato, lo que hizo que trabajáramos más rápido, aparte de ser muy divertido. Pero también me gusta contar con un reparto coral porque mi parte preferida de ser director es el trabajar con los actores y diseñar las escenas. Eso es lo mejor de este tipo de repartos con buenos actores, pero desafortunadamente nunca hay suficiente tiempo. En teatro puedes dedicar cien horas para ensayar un minuto de representación y hacer algo muy molón, pero en el cine no puedes porque es mucho más caro y dispones de mucho menos tiempo. En cualquier caso, creo que hemos hecho un buen trabajo diseñando las escenas y haciéndolas funcionar. Trabajar solo con un actor tiene sus aspectos positivos, pero es más disfrutable hacerlo con un reparto coral si tienes garantizado el tiempo que necesites para trabajar con ellos, porque, normalmente, si no es: “¡Sal y rueda que el sol se va a poner!”

Curiosamente, aunque, como hemos dicho, también eres actor, no has aparecido en ninguna de las películas en las que has intervenido como director, no siendo Cold Moon una excepción en este sentido. ¿A qué se debe?

Solo hay un pequeño puñado de gente que pueden actuar y dirigir bien a la vez. Woody Allen, Mel Gibson o Clint Eastwood. Cuando tenga más tiempo y dinero, y si tiene sentido desde el punto de vista de marketing, puede que pruebe a salir en una película en la que yo sea el director. Pero ahora los films que estoy haciendo son independientes, lo que significa presupuestos modestos y horarios muy justos. Añadirme a mí mismo la responsabilidad de estar también frente a las cámaras sería demasiado ahora mismo, pero no lo descarto de cara a futuros proyectos.

El equipo de "Cold Moon" en un momento de la rueda de prensa.

El equipo de “Cold Moon” en un momento de la rueda de prensa.

En determinados momentos de la película algunos personajes hacen comentarios sobre la falta de conmiseración con la que el personaje de Nathan lleva sus negocios bancarios en comparación con su padre. ¿Existía alguna intención por tu parte de formular una crítica social sobre la forma de funcionar de las grandes corporaciones bancarias hoy en día?

Efectivamente, es algo intencionado que este componente funcione como una sutil crónica social. Pero no solo sobre cómo funcionan los bancos, sino sobre cómo lo hace cualquier organismo que empiece con buena intención, o simplemente por conveniencia propia, y que acabe dejándose arrastrar por la codicia. Farmacias, bancos, seguros… Lo que se te ocurra.

Dentro de tu puesta en escena, el agua goza de un especial protagonismo a lo largo del metraje. ¿Buscabas con su uso establecer algún tipo de simbolismo?

El agua es el origen de todo lo que es sobrenatural en Babylon, el pueblo en el que transcurre la historia. Todo lo que se mete en ella generalmente no vuelve a ser visto, al menos en su forma humana. En la versión extendida que se editará en DVD se profundiza más en el folclore y el agua. Y hay aún más en la novela en la que la que se basa la película, Cold Moon Over Babylon, que está disponible en su versión de audio en  audible.com. Pero, resumiendo, en las zonas pantanosas del sur todo está mojado, húmedo y oscuro. Y eso te va calando/afectando en todo momento, como lo hace a nuestros personajes en la película.

Creo que en la proyección de Cold Moon en Nocturna grabasteis las reacciones del público mientras la visionaba. ¿Qué conclusiones habéis sacado de lo grabado? ¿Vais a hacer algún cambio en la versión mostrada a raíz de lo registrado?

Es cierto que grabé algunas de las reacciones de los asistentes al pase. Era la primera vez que un público veía la película y algunas de las reacciones fueron increíbles e inesperadas. La experiencia fue muy buena, pero nada de lo que he visto me hace querer reeditar nada. Sin embargo, estoy en contacto con algunos distribuidores que tienen sus propias ideas sobre la película, ya veremos en qué queda.

Y de cara al futuro, ¿en qué proyectos andas involucrado a corto plazo, ya sea como actor o como director?

Como actor estoy en el remake de Los siete magníficos, que se estrena en verano, en septiembre. Y también participo en una película llamada The Founder con Michael Keaton. Estas son las dos próximas películas que saldrán en lo que queda de año. Y como director tengo un par de proyectos. He hecho una película para Syfy Channel llamada The Atomic Shark, que se emitirá el 24 de julio. Es una comedia, una comedia con un tiburón. También estamos preparando un drama ambientado en un hospital. Aun estamos decidiendo qué vamos a hacer, ya que tenemos como ocho proyectos.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda