Crónica de la XIV Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

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Quizás porque ya se empieza a notar la mano de Ángel Mora como programador en su segundo año, quizás en vista de los cambios que se avecinan en el panorama de festivales madrileños de temática fantástica, o quizás por una simple cuestión de casualidad, lo cierto es que la décimo cuarta edición de la Muestra Syfy evidenció un cambio con respecto a lo que habían venido siendo sus líneas maestras en los últimos tiempos. Si en años anteriores habíamos venido comentando desde estas mismas líneas la total supeditación de los films proyectados a títulos procedentes del anterior Festival de Sitges, esta vez la presencia de títulos partícipes en el certamen catalán fue bastante más limitada que en anteriores ocasiones, siguiendo lo ya esbozado en la edición del 2016. Una selección mucho menos predecible y, en mi opinión, mucho más interesante, en la que no faltaron estrenos mediáticos, varias de las triunfadoras en la última temporada del circuito de festivales especializados e, incluso, hasta premieres mundiales, cumpliendo así con el objetivo de ofrecer una panorámica lo más completa y variada posible de la situación que atraviesa en la actualidad el cine fantástico.

DÍA 1

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Por segundo año el céntrico Cine de la Prensa, situado en plena Gran Vía madrileña, fue el escenario escogido para dar cabida a una nueva edición de la Muestra Syfy que, fiel al guion habitual, echó a andar el primer jueves de marzo con una única sesión inaugural. Una vez más, Leticia Dolera, en su papel de maestra de ceremonias, se encargó de repasar con su particular estilo lo que iban a dar de sí los tres siguientes días del certamen en compañía de Gorka Villar, director de marketing de NBC Universal España. Aunque antes, la actriz y directora catalana haría una pequeña intervención en la que, abandonando momentáneamente el carácter gamberro que caracteriza sus presentaciones, hizo una llamada de atención sobre el problema de la violencia de género que padece nuestra sociedad, coincidiendo con las muertes en fechas recientes de varias mujeres a manos de sus parejas, aflorando así un perfil reivindicativo que se iría prolongando a lo largo de las siguientes jornadas.

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Terminados los actos protocolarios, tras el paréntesis que había supuesto en este sentido la programación el año pasado de la indie The Invitation, la Muestra recuperaba su costumbre de escoger un blockbuster hollywoodiense de inminente estreno para encargarse de la mediática labor de inaugurar el certamen. Lo hacía con Logan, la tercera y, en principio, última entrega de la saga dedicada a las andanzas de Lobezno, y sin duda la mejor cualitativamente hablando de la trilogía, algo tampoco demasiado difícil dado el escaso nivel de sus predecesoras. Curiosamente, lo consigue por medio de un tratamiento que se aparta de lo que cabría esperar de una película de superhéroes al uso. Lejos de la aparatosidad infográfica y acción a raudales que parece inherente a este tipo de productos, su director y guionista, James Mangold, responsable de la anterior Lobezno inmortal, apuesta por un tono pausado y reflexivo, trágico y decrépito, sublimado por el carácter crepuscular del relato, al que no es ajena la patente influencia ejercida en el conjunto por los códigos del western. Los ejemplos a este respecto son muchos. El más evidente es la cita del clásico Raíces profundas, que se repite en varios momentos del metraje, pero también la peculiar relación alumno-maestro que se establece entre Lobezno y Laura, muy similar en la forma y en el fondo a la del viejo pistolero y el joven aprendiz que protagonizara tantas películas del Oeste –por ejemplo, Río Rojo–, la ambientación fronteriza o, siguiendo por esta senda, los principales escenarios (naturales) por los que transcurre la historia, divididos entre los desérticos pasajes del inicio y los frondosos bosques en los que tiene lugar el clímax. En los buenos resultados de la cinta hay que situar las excelentes interpretaciones de su trío protagonista, con mención especial para la desconocida Dafne Keen, siendo uno de los pocos peros que se puede poner al conjunto la relativa falta de fluidez narrativa que acusan determinadas fases, derivada de esa tendencia actual por la que parece que cualquier superproducción deba superar obligatoriamente las dos horas de duración, cuando en casos como el que nos ocupa con una hora y media habría quedado una película mucho más compacta y menos reiterativa.

DÍA 2

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A eso de las cuatro de la tarde daba comienzo la segunda jornada de esta Muestra Syfy 2017 con The Devil’s Dolls. Pese a lo que los buenos aficionados pudieran deducir a tenor de las semejanzas de su nombre, hay que aclarar que no tiene nada que ver con el film dirigido en 1939 por Tod Browning aquí conocido como Muñecos infernales. Esta se trata de una producción estadounidense del pasado 2016 rebautizada posteriormente con el título de Worry Dolls. Un cambio de denominación que así, de entrada, da una pista del posible potencial del producto. Y eso que, sobre el papel, no le faltan elementos de interés, al proponer un original acercamiento al manoseado subgénero de las posesiones malignas, utilizando para ello un ingrediente tan poco tratado como son las muñecas quitapenas del folclore guatemalteco, a lo que hay que añadir la idea, finalmente desaprovechada, de que todos los que son poseídos por el espíritu que mora en las muñecas atraviesen problemas personales. Sin embargo, todos estos ingredientes son malogrados por un tratamiento típico y tópico plagado de situaciones risibles, a las que tampoco ayuda una cuestionable dirección de actores, todo lo cual arrancaría de forma involuntaria las carcajadas de la ya de por sí predispuesta audiencia de la Muestra durante su proyección. En el descargo del film habrá que decir que, al menos, está llevado con buen ritmo y el contenido gráfico de las diferentes muertes que se suceden en su historia resulta bastante explícito dentro de lo que cabe. Algo es algo.

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Salida a la calle para hacer la primera de las muchas colas entre sesión y sesión que nos esperaban durante el fin de semana y vuelta de nuevo al interior del Cine de la Prensa, donde nos esperaba el primero de los films de animación programados este año, Seoul Station, la considerada por muchos como la precuela de la exitosa Train to Busan. ¿Los motivos? Comparte director, Yeon Sang-Ho, idéntica estructura e hilo argumental, con los esfuerzos de una familia para reunirse en medio de un apocalipsis zombi, pero, sobre todo, por narrar lo que en la película de imagen real queda en off visual: el origen de la infección. Las diferencias, así las cosas, se encuentran en el cambio del marco de acción de un espacio cerrado como es un tren en marcha por el mucho más abierto de las calles de la capital de Corea del Sur, y la sustitución del tono melodramático que subyace en Train to Busan por un patente componente de crítica social, no obstante también presente aunque en menor medida en aquélla, mediante el cual se recuperan las connotaciones metafóricas del personaje del zombi/infectado para hablar, entre otros temas, del egoísmo y la individualidad propias de la sociedad moderna, en la que todos, en mayor o menor medida, solo nos guiamos por nuestro interés, sin preocuparnos en las consecuencias que puedan tener en los demás. En cualquier caso, la ausencia de una conexión argumental clara hace que, antes que una precuela, Seoul Station deba verse como una suerte de borrador en bruto con el que Sang-Ho ensaya una serie de elementos narrativos y argumentales que cristalizarían en la realización de su hermana mayor.

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Ausente hasta el momento, Leticia Dolera hacía acto de presencia sobre el escenario de la sala 1 del Cine de la Prensa en una presentación que dejaría la anécdota del día, cuando una pareja de espectadores se marcharan visiblemente indignados, no sin antes que su componente femenina dedicara una peineta a la presentadora, al parecer ofendida por el comentario de esta sobre la posible incontinencia urinaria de la muchacha al levantarse durante una de sus interminables divagaciones, según se pudo saber más tarde. Centrándonos en lo cinematográfico, que al fin y al cabo era lo que importaba, al menos a algunos, esta tercera sesión de la jornada nos traería nada menos que la anunciada premier mundial de 47 Meters Down, también conocida con el título de In the Deep. Dirigida por el británico Johannes Roberts, responsable de la reciente El otro lado de la puerta, su propuesta sigue la pista del camino abierto por la magistral Tiburón de Steven Spielberg. Desde este punto de vista, la película no ofrece nada nuevo, hasta el punto de arrojar curiosos puntos en común con otros dos exponentes coetáneos del subgénero; la australiana Cage Dive por un lado, y la celebrada Infierno azul de Jaume Collet-Serra por otro. Pero lo que en un principio parece otra película más sobre escualos asesinos acabó por brindar una de las más agradables sorpresas que nos depararía esta edición del certamen. Apoyado en un calculado guion que sabe dosificar inteligentemente sus elementos, guardando incluso algún giro final que no por efectista resulta menos efectivo, Roberts construye un soberbio ejercicio de tensión narrativa con el que consigue mantener en vilo al espectador, gracias a un desarrollo sin apenas puntos muertos, una ajustada duración, y la claustrofóbica utilización que hace de la inmensidad y oscuridad del fondo marino. Tomando prestada la de Alien, el octavo pasajero, la frase promocional de 47 Meters Down bien pudiera ser “en el fondo del mar nadie puede oír tus gritos”.

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El equpo de “Stop Over in Hell” durante la presentación de la película.

Y de un acontecimiento pasábamos a otro con una de las sesiones que más se habían publicitado desde la organización. Al igual que ocurriera el año pasado con Vulcania, la sesión de las diez de la noche estaba reservada para la proyección de una película española que sería acompañada por varios de sus responsables. Tras ser presentada mundialmente en la clausura de la pasada edición del Almería Western Film Festival, la Muestra Syfy acogía la puesta de largo en Madrid de Stop Over in Hell, el nuevo film de Víctor Matellano, motivo por el que, además de una nutrida presencia de su equipo, tanto encima del escenario como entre las butacas del público, el pase contaría con la asistencia de varias personalidades del mundo cinematográfico, entre las que destacaría la de Yvonne Blake, entre otras muchas cosas la actual presidenta de la Academia del Cine.

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En cuanto a lo que se refiere al contenido de la película propiamente dicho, tras tres largometrajes pertenecientes de una u otra forma al ámbito del fantástico, Matellano abandona momentáneamente el género para dar forma a un violentísimo western con momentos incluso gore, muy en la línea del cine de Quentin Tarantino, aunque la mirada de Matellano, según confesión propia, estaba situada más cerca de los clásicos. Uno de sus principales alicientes se encuentra en su icónico villano, llamado Coronel, suerte de sosias del personaje interpretado por Lee Van Cleef para la segunda entrega de la Trilogía del Dólar de Sergio Leone, en uno de esos guiños cinéfilos tan del gusto de su responsable, y que no por casualidad se erigen en uno de los principales rasgos característicos de su cine. Por cierto que, a modo de curiosidad, cabe comentar que Stop Over in Hell también sería la protagonista de una pequeña exposición que acogería el vestíbulo del Cine de la Prensa durante los cuatro días del certamen, formada por diferentes materiales y atrezos originales de la película.

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Parte de la exposición de objetos originales de “Stop Over in Hell” que acogió el vestíbulo del Cine de la Prensa.

Mientras que una de las salas aledañas del Cine de la Prensa acogía una proyección extra de la película de Víctor Matellano, en la programación oficial era el turno para la primera de las dos sesiones golfas de esta edición. Para tal menester la Muestra había escogido un ejemplar de tono ligero que sirviera para colmar las ganas de fiesta y desparrame que aún pudieran existir entre el público asistente. Una función que cumplió a la perfección The Funhouse Massacre, producción norteamericana del pasado 2015 que tiene uno de sus principales reclamos en la participación de Robert Englund. La presencia del popular intérprete del no menos mítico Freddy Krueger pone de relieve el enfoque que maneja una cinta que, bajo un espíritu festivo de genuina Serie B, apela a la nostalgia por el cine de terror manufacturado en los años ochenta. Algo que, aparte de por el ya comentado concurso de Englund, extensible a la comparecencia en el reparto de otros actores característicos de aquella época, caso de Courtney Gains, visto, por ejemplo, en Los chicos del maíz, o Clint Howard, el prolífico hermano de Ron, es prorrogado por el contexto en el que se localiza su trama, una casa de los horrores en plena festividad de Halloween, en una decisión que remite, no por casualidad, a clásicos del calibre de La noche de Halloween o La casa de los horrores; el perfil de su media docena de psychokillers, a través de los cuales son representados otros tantos arquetipos, que van desde el payaso asesino hasta el dentista loco, pasando por una émula de la comiquera Harley Quinn; o un desarrollo por el que desfilan no pocos clichés y lugares comunes del slasher ochentero. Asesinatos sanguinolentos magníficamente resueltos a base de efectos tradicionales y un sentido del humor de lo más gamberro completan la receta de esta comedia terrorífica que solo pretende deparar un rato de cómplice divertimento y a la que, por tanto, tampoco se la debe exigir mucho más que eso.

DÍA 3

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Siguiendo la estructura habitual de los últimos años, la Muestra destinaría sus sesiones matinales para celebrar el formato “Syfy Kids”, la sección dedicada por el certamen a los más pequeños de la casa. Curiosamente, repitiendo lo sucedido hace doce meses, la protagonista de la proyección del sábado sería una de las nominadas a la mejor película de animación en la última edición de los Oscars. Si el año pasado se trataba de la brasileña El niño y el mundo, esta vez la elegida fue La vida de Calabacín, adaptación vía stop-motion de una novela del autor francés Gilles Paris. A pesar de su inclusión dentro de “Syfy Kids”, su contenido revelaría estar lejos de lo que entendemos por “una-película-para-niños”, poniendo de relieve la tendencia del cine de animación actual teóricamente destinado para el público infantil a la hora de tocar temas adultos. Baste indicar su punto de partida: Calabacín, un niño de unos nueve años, asesina de forma accidental a su alcohólica madre, por lo que es recluido en un colegio de acogida junto a otros niños en una situación similar. A partir de ahí, su historia articula una fábula en la que salen a escena algunos de los males de nuestra sociedad, encarnados en los motivos por los que Calabacín y sus compañeros se encuentran en el orfanato. Un planteamiento, no obstante, que destaca por la capacidad con que sus responsables afrontan cuestiones tan difíciles como la orfandad, la exclusión social, los malos tratos, la soledad, el amor o la amistad, aunando la mirada infantil con la descarnada realidad de la propia vida, sin por ello caer en lo ñoño ni en lo lacrimógeno, gracias a su sensibilidad y sencillez. La misma sencillez de la que hace gala su animación y su diseño de personajes, dando pruebas, por si alguien tuviera aún dudas, de que para hacer buenas películas que resulten inteligentes no hace falta acompañarse de aparatosas puestas escenas ni de complejos discursos.

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Ya por la tarde, la Muestra proseguía su desarrollo con el thriller The Good Neighbour, debut en el formato largo de Kasra Farahani. Para su ópera prima, Farahani se descuelga con un trabajo que, a nivel formal, entremezcla la temática de las home invasion con el lenguaje del falso documental. La elección de estos dos estilos tan codificados a estas alturas y, por tanto, hasta cierto punto familiares para los espectadores, resulta del todo consecuente con la naturaleza de una propuesta que reflexiona sobre nuestra percepción de las cosas por medio de nuestros prejuicios y experiencias. De este modo, en un inesperado rasgo de metaficción, Farahani somete a la audiencia a un experimento muy similar en la forma y en el fondo al que sus dos protagonistas realizan en la ficción con ese vehículo que da título a la cinta y que consiste, como si de una película de terror se tratara, en asustarle mediante la puesta en escena. De este modo, el novel cineasta convierte a los espectadores en testigos y partícipes a un tiempo de la experiencia, utilizando para ello unos registros que le son familiares y que le permiten así jugar con sus expectativas. Un territorio seguro que, poco a poco, es desmontado a través de determinadas revelaciones que ponen patas arriba las certezas acumuladas hasta el momento debido a los indicios mostrados y que resultan no ser tales. Pero si bien este planteamiento a nivel teórico no carezca de interés, la falta de concreción y un desarrollo monótono, que no consigue crear en ningún momento la tensión necesaria, en parte por la inclusión de ciertos planos de un juicio posterior que dan una pista sobre la existencia de gato encerrado, hacen que sus resultados no se antojen tan destacados, lo que no quita para reconocer la inmensa actuación de un James Caan que, sin apenas diálogos y apoyándose básicamente en los gestos, carga sobre sus espaldas con todo el peso de la película.

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Casualidades de la vida, la siguiente sesión discurriría por similares derroteros bajo los que se había desarrollado la previa; es decir, con otro exponente cuya historia pivotaba sobre la vigilancia a la que somete su joven protagonista a un anciano y que tiene uno de sus principales baluartes en la destacada interpretación de un ilustre veterano, en este caso un casi octogenario Christopher Lloyd. Precedida por su fama, I Am Not A Serial Killer evidenciaría en su visita a Madrid el porqué de su exitoso paso por el circuito de festivales, donde ha acumulado reconocimientos y galardones, entre los que se encuentra el premio a la mejor película dentro de la sección “Panorama” en la pasada edición del Festival de Sitges. Buena parte de su mérito se halla sustanciado en la original aproximación a la figura del asesino en serie que realiza por medio del retrato de su protagonista, John, un joven sociópata diagnosticado que, aunque obsesionado por las andanzas de los serial killers, intenta no convertirse en uno de ellos. En su primera parte, la película se sumerge con rara habilidad en la psicología y lucha interna que libra el personaje, adoptando las formas de un drama adolescente presidido por un negrísimo sentido del humor, que evoluciona a algo completamente distinto una vez John se sitúe ante su propio espejo con la aparición de un asesino en serie en la pequeña comunidad en la que reside. A partir de este momento se inicia un particular juego del gato y el ratón ente sociópata y asesino, en el que no es difícil ver un reflejo de la atracción/repulsión que la figura de los asesinos en serie ejerce en la sociedad estadounidense, dentro de un discurso rico en contenidos. Tomando como base la novela homónima de Dan Wells, el irlandés Billy O’Brien firma así el que es su mejor y más ambicioso trabajo, abandonando los esquemas del cine de género más convencional que había venido abonando hasta la fecha para abrazar el tono y la estética de cierto cine indie actual, apostando por un desarrollo sobrio y contenido que solo es roto durante el desenlace, por medio de un innecesario giro hacia lo fantástico, en el que se explicita aquello que quedaba mejor en el plano metafórico.

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La tercera película de la tarde nos traía de nuevo a una de las integrantes del palmarés del Festival de Sitges 2016, esta vez en la categoría destinada al mejor guion. Se trataba, además, del otro título programado junto con Stop Over in Hell con participación española, si bien en esta oportunidad en coproducción (minoritaria) con los Estados Unidos. Cinco años después de dar el salto con Emergo, lapso de tiempo en el que ha dirigido varios cortos, entre los que se encuentra el extraordinario Sequence, Carles Torrens regresa al formato largo con Pet, una pieza de cámara desarrollada básicamente con unos pocos actores y dos localizaciones. Y aunque sus resultados no estén exentos de virtudes, singularizadas por la interpretación de su pareja protagonista, formada por Ksenia Solo y Dominic Monagham, recordado mayormente por su papel de Merry en la saga de El señor de los anillos, este thriller sobre relaciones enfermizas queda muy por debajo de lo que cabría esperar. Potencial, al menos, había para ello. No se puede negar que Torrens se afana en proveer al conjunto de una factura formal a la altura de cualquier producción homónima hollywoodiense realizada con mayores medios. Pero, precisamente, ahí radica uno de los problemas: la pulcritud de una puesta en escena que contrasta con un argumento que, por sus propias características, pedía a gritos un tratamiento mucho más turbio en el plano visual. Por otra parte, tampoco se libra de caer en molestos subrayados que ponen en duda su confianza sobre sus capacidades narrativas (o en la inteligencia del espectador). Aunque quizás el aspecto más reprobable resida en el galardonado guion de Jeremy Slatter, responsable de los libretos de The Lazarus Effect o la última versión de Los 4 Fantásticos, en el que todo es confiado al impacto de sus efectivos giros, sin que parezca importar l0s muchos cabos sueltos e interrogantes que se acumulan por el camino.

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El plato fuerte de la jornada llegaba con 31, la más reciente película de Rob Zombie y, sin duda, una de las sesiones más esperadas de la programación de este año entre los espectadores de la Muestra. Tanto es así que la emoción de algunos ante sus imágenes daría lugar a un desagradable incidente ocurrido durante la proyección en la sala 2 del que hablaremos más adelante. Sin restarle gravedad al asunto, la naturaleza de lo sucedido ilustra de forma muy gráfica el carácter (auto)onanista de una película ideada, única y exclusivamente, a contentar a los más acérrimos seguidores del también músico, quizás por aquello de estar parcialmente financiada mediante crowfounding. Carente de cualquier atisbo de evolución o innovación, Zombie, acompañado de su inseparable musa Sheri Moon, ofrece un nuevo catálogo de las obsesiones y referencias visuales y estéticas que se han convertido en sello distintivo de su cine a lo largo de su filmografía. Nada que objetar si no fuera porque tras ello poco más hay que llevarse a la boca, con la excepción del carismático personaje de Doom-Head y sus diálogos. Resulta muy sintomático en este sentido que 31 tome su título del macabro juego de caza del hombre que articula su metraje. Sobre todo teniendo en cuenta que tan escueta premisa es todo el argumento que acumula un conjunto cuyo desarrollo queda así limitado a un continuo “corre que te pillo”, sin que tampoco existan personajes que puedan aportar algo de colorido, más allá del referido Doom-Head. Para colmo de males, no acaba aquí la cosa, ya que ni siquiera reduciendo la propuesta a la mera condición de splatter sanguinolento logra salir mejor parado, en gran medida por culpa de una cámara temblorosa que no permite apreciar lo que acontece en pantalla durante las escenas violentas.

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Mucho mejor irían las cosas con la protagonista del último pase del día. Cambiando de tercio con respecto a lo visto en la sesión golfa del viernes, para cerrar esta tercera jornada la Muestra había preparado Scare Campaign, brindando con ello la oportunidad de descubrir a su audiencia al que personalmente considero uno de los más interesantes títulos dejados por la cosecha fantástica del pasado año, a pesar de que, paradójicamente, apenas haya podido verse en el circuito de festivales patrios; si no me equivoco, tan solo en el FANT bilbaíno. Tal consideración se sustenta en los muy diferentes niveles en los que funciona su propuesta. En el más epidérmico, se trata de un excelentemente engrasado producto genérico, de ritmo impecable y guion calculado. Pero lo más interesante reside en todo lo que se esconde tras su, en teoría, sencilla fachada. Ambientada en el mundo de los reality shows televisivos, la película hace referencia a la competencia existente entre internet y televisión como medios de entretenimiento predominantes, o el cada vez mayor grado de violencia real que consumimos en los medios de comunicación, entre otros temas. Una riqueza de subtextos que tiene su culmen en un acentuado componente metalingüístico que habla del cine de terror desde el propio cine de terror, en la línea de lo expuesto por Scream o La cabaña en el bosque, y que se hace patente en no pocos detalles, aparte de los homenajes y referencias más o menos explícitos que se dan cita en su metraje. Desde la deconstrucción a la que somete a los mecanismos propios de la puesta en escena del género, dejando al descubierto sus artificios, hasta esa valiente reflexión que establece sobre la disyuntiva actual en la que se encuentra el cine de terror contemporáneo entre dos diferentes modelos de entender el estilo, y que queda resumida en la frase que su protagonista masculino exclama en un momento determinado: “Sois solo sangre, no tenéis imaginación ni giros de guion” comenta, en lo que supone toda una declaración de principios por parte de sus responsables.

DÍA 4

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Colin Arthur (a la izquierda) durante la presentación de “La historia interminable”.

Coincidiendo con su reestreno en cines hace unos pocos meses, el espacio “Syfy Kids” recuperaría para la matinal del domingo uno de los exponentes más emblemáticos del cine fantástico juvenil de aventuras de los años ochenta. Hablamos de la justamente mitificada La historia interminable que en 1984 dirigiera Wolfgang Petersen a partir de la novela homónima de Michael Ende. Una sesión en la que, por motivos obvios, serían mayoría los nostálgicos padres que crecieron ante sus imágenes, y que acudieron a la sala 1 del Cine de la Prensa acompañados de sus hijos a disfrutar de las aventuras de Atreyu y Bastian en sus esfuerzos por salvar al Reino de Fantasía de la Nada, con la manifiesta intención de descubrir a sus vástagos la magia de la película que tanto les entusiasmó de pequeños. Además de ofrecer la oportunidad de revisionar la película en pantalla grande, la proyección disfrutó del añadido de contar con una pequeña presentación a cargo del que fuera el encargado de sus efectos especiales, Colin Arthur, quien ya había visitado la Muestra el viernes formando parte del equipo de Stop Over in Hell. Para hacer más inolvidable el momento, durante su intervención el veterano técnico inglés regalaría un par de escamas originales del dragón Fuyu a dos de los niños que se encontraban entre el público, despertando la sana envidia de varios de los allí presentes.

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Aparte de proyectar “La historia interminable”, en el vestíbulo del Cine de la Prensa se expusieron varias de las creaciones de Colin Arthur para la saga.

Tras una pequeña pausa para comer, el programa oficial de la Muestra regresaba a las cuatro de la tarde con Lake Bodom, film merecedor del oficioso título de ejemplar exótico de este año, dada su procedencia finlandesa. Según informa un oportuno letrero durante sus primeros compases, su argumento se basa en un episodio de crónica negra ocurrida en su país natal durante la década de los sesenta. En concreto, unos misteriosos crímenes nunca resueltos acaecidos en las proximidades del lugar que le da título. Sin embargo, el partir de estos supuestos hechos reales no evita que la configuración del producto, claramente dirigido al público veinteañero, responda a los arquetipos del más prototípico slasher que uno pueda imaginarse, con un grupo de jovencitos de acampada en medio del bosque durante un fin de semana. Por si aún hubiera dudas al respecto, la sucesión de los acontecimientos lo deja bien claro. Una vez dos de los adolescentes se aparten del resto del grupo para mantener un encuentro amoroso hará acto de presencia un misterioso matarife que pagará el sexo con muerte. En vista de lo expuesto, parece fácil adivinar por dónde van a ir los tiros en adelante. Y así hubiera sido si sus responsables no hubieran aspirado a intentar dar una novedosa vuelta de tuerca al modelo, para lo que no se les ocurre mejor cosa que promover una trama que acusa las consecuencias propias de un delirante desarrollo  basado en los cíclicos y tramposos giros dispuestos por un guion que, en su intento por sorprender al espectador, lo único que consigue es saltar por los aires cualquier atisbo de verosimilitud que pudiera existir en lo narrado. Una circunstancia que no deja de ser paradójica viniendo de una cinta que publicita el basarse en hechos reales y que se saldaría, con todo merecimiento, como uno de los exponentes más flojos vistos en esta Muestra.

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Lake Bodom serviría de preludio a un tramo final para el que la organización había reservado tres de los títulos que mejor cartel tenían de todo el programa. El anime Your Name era el primero de ellos. De sus posibles cualidades daba buena cuenta el currículo con el que aterrizaba en Madrid. Escrita y dirigida por uno de los nombres propios del cine de animación japonés actual, Makoto Shinkai, además de proclamarse ganadora de su categoría en el pasado Festival de Sitges, ha logrado convertirse en la cuarta película más taquillera en la historia de su país. Y si bien no será un servidor quien le niegue sus atributos, está lejos de tratarse de esa obra maestra que los exagerados de siempre han corrido a declararla. Sus valores saltan a la vista, cierto. Su apartado visual es sencillamente apabullante, con mención especial para el magnífico uso de la luz y los colores que realiza una fotografía que realza aún más la excelencia de su animación, reflejado en el detallismo del que hace gala su puesta en escena. Por otra parte, Shinaki da muestra de unas excelentes habilidades como narrador para, casi sin que nos demos cuenta, evolucionar de una forma orgánica su historia sobre intercambio de cuerpos desde la comedia amable en la que se enmarcan sus primeros compases hasta el drama y la tragedia, sin que en ningún momento los cambios de tono chirríen. Pero aun siendo un título notable, frente a estas virtudes también se alzan un puñado de puntos negros. Evidenciando su lugar de procedencia, algunos de sus pasajes, significativamente los más relevantes, son desarrollados de una forma por momentos un tanto confusa, mientras que su tramo final está a todas luces dilatado en exceso, incluyendo varios finales que dan la sensación de ser un pegote añadido a lo anterior. Del mismo modo, sus responsables no logran disimular la comercialidad con la que está encarado el proyecto, patente en las numerosas canciones pop que trufan su metraje, sin olvidar lo que, en la opinión de quien esto escribe, se erige en su principal defecto: el tono sensiblero y azucarado bajo el que discurre la narración, y que provoca que algunos seamos incapaces de entrar en su propuesta. Por cierto que, como viene sucediendo en buena parte del cine japonés post-2011, en Your Name pueden rastrearse las cicatrices dejadas en la sociedad nipona por el accidente de Fukushima, en especial la desconfianza ante la administración y las clases dirigentes, dentro de un conjunto que confronta la tradición propia del Japón rural con la modernidad del Japón urbanita, representados a través de cada uno de sus personajes principales.

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Durante la presentación de la película que protagonizaba la proyección de la tercera sesión, la belga Crudo, la organización leería un comunicado a propósito del incidente vivido la noche anterior en el pase de 31 en la sala 2 que aludíamos antes. Una intervención que, aparte de para desmentir la versión que corría sobre lo sucedido, y que no era otra que un espectador había sido descubierto masturbándose en su butaca, aportó poco más. Ni siquiera para aclarar cuál había sido entonces la auténtica realidad de los hechos. Bueno, sí, porque en este contexto Leticia Dolera aprovechó para lanzar una encendida soflama a favor del feminismo más propia de un mitin político y, por tanto, totalmente fuera de lugar, mientras un grupo de espectadores trataban de que se escucharan sus quejas por la actitud vociferante que ha sido adoptada como norma por amplios sectores del público, con el explícito beneplácito de los propios rectores de la Muestra, sin que obtuvieran ningún éxito en uno u otro sentido. Lástima.

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Sin cambiar de tono, en su presentación Leticia Dolera definiría el film que iba a proyectarse a continuación como un alegato feminista, comentando, a renglón seguido, los supuestos desmayos registrados durante sus pases en Toronto y Cannes, festival este último donde la ópera prima de Julia Ducuornau se alzaría con el premio FIPRESCI otorgado por la Federación Internacional de Críticos de Cine dentro de la Quincena de Realizadores. Flaco favor le hacía la actriz y directora a la película creando tales expectativas, ya que, a la hora de la verdad, ni lo uno ni lo otro. Lejos de lo que cabría esperar a tenor de los señalados desvanecimientos sufridos por algunos espectadores ante la dureza de sus imágenes, el nivel de grafismo resulta bastante limitado, pudiendo contarse con los dedos de una mano aquellas escenas con contenido gore. De igual manera, más que un alegato feminista, su historia sobre una vegetariana que abandona el nido familiar para cursar la carrera de veterinaria en la universidad, donde desarrollará hábitos caníbales, esconde, en realidad, una fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez y los radicales cambios sociales, biológicos y de todo tipo que acompañan a esta etapa de profundas transformaciones. Disquisiciones al margen, los resultados de Crudo se ven penalizados por las mal asimiladas ínfulas autorales que se gasta la realización de Ducuornau, representada por la inclusión de esas teóricamente alegóricas imágenes de un caballo trotando que poco aportan a lo narrado. Lo mismo ocurre con su labor al frente de la escritura de un libreto en el que toda coherencia interna es sacrificada en pos de la articulación de su discurso. Entre los muchos ejemplos que se podrían citar a este respecto, nos pararemos en la revelación que le hace su padre a la protagonista en la escena final. ¿Es que esa familia nunca había ido a la playa, por poner un caso, como para que la aspirante a veterinaria no hubiera visto nunca desnudo el torso de su progenitor? Eso por no hablar  del reaccionario mensaje en contra del vegetarianismo que puede extraerse de su argumento, y en el que pocos parecen haber reparado, al presentar a sus practicantes como una panda de fundamentalistas que coartan sus verdaderos impulsos.

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Superadas las diez de la noche, la décimo cuarta edición de la Muestra Syfy encaraba sus últimos compases con el inicio de la sesión de clausura. Tras las críticas recibidas en los dos últimos años por confiar su cierre a propuestas de un perfil tan minoritario y autoral como Under the Skin y High-Rise, esta vez la organización se decantaría por una producción de un perfil claramente mainstream con Kong: La isla Calavera. Enésima reinterpretación de la denominada octava maravilla del mundo, la segunda película de Jordan Vogt-Roberts acierta en su idea de recuperar el espíritu pulp de las novelas de Edgar Rice Burroughs, pongamos por caso, pasados por el tamiz del cine bélico ambientado en la guerra del Vietnam, pero falla en casi todo lo demás. A nivel técnico posee una factura deslumbrante, singularizada por el acabado de unos efectos especiales que logran crear unas criaturas antediluvianas realmente perfectas en su verosimilitud, y espectaculares en sus enfrentamientos. Sin embargo, la película se resiente en sus aspectos dramáticos, por medio de una narración atropellada a partir de su llegada a la isla, momento en el que se dedica a mover de aquí para allá, como si fueran peones, a la concurrida expedición que protagoniza la historia, formada por un concurrido grupo de arquetipos totalmente desdibujados y carentes del más mínimo carisma. Tan solo el encarnado por John C. Reilly, quien sin mucha dificultad logra erigirse en el dueño de la función, logra destacar dentro de un conjunto equiparable en su planteamiento narrativo al de cualquier película de la Asylum. En lugar de procurarle un mayor espesor dramático, sus responsables solo parecen estar interesados en la consecución de un ritmo trepidante que no deje que el espectador se aburra, o que se pare a pensar en lo que está viendo, que viene a ser lo mismo. Un tratamiento cada vez más detectable dentro del blockbuster actual y sobre el que queda la duda de si se trata de algo premeditado o consecuencia de las posibles injerencias que los directivos de turno hayan podido practicar sobre el material rodado, como parecen señalar algunos arcos argumentales abiertos que a la hora de la verdad tienen poca o ninguna trascendencia. Con este agridulce sabor de boca se cerraba esta décimo cuarta edición de la Muestra, si bien los espectadores que esperamos a ver íntegros sus títulos de crédito saldríamos del Cine de la Prensa con los ánimos por las nubes tras asistir a esa última escena en la que se anuncia una próxima aventura en la que Kong cruzará su destino con Godzilla y demás monstruos gigantescos de la Toho.

José Luis Salvador Estébenez

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Fotografía: Juan Mari Ripalda

Published in: on abril 12, 2017 at 5:58 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Víctor Matellano, director de “Stop Over in Hell”

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Una de las sesiones estrella de la recién acabada decimocuarta edición de la Muestra Syfy de Cine Fantástico fue la protagonizada en la jornada del viernes por Stop Over in Hell. Tras disfrutar de su premiere mundial en el pasado Almería Western Film Festival, la tercera película de ficción como director de Víctor Matellano vivía de esta forma su puesta de largo en Madrid, motivo por el que el pase contaría con una nutrida representación de su equipo. Rodada en localizaciones de Colmenar Viejo, Titulcia, Manzanares el Real, Granada y Almería, se trata de un violento western con un nivel de violencia por momentos gore, en cuyas imágenes se puede rastrear la influencia ejercida por el añorado eurowestern o el cine de Quentin Tarantino, entre otros referentes. Como en los anteriores trabajos de su responsable, el reparto cuenta, además, con la presencia de ilustres personalidades a modo de colaboraciones, caso de Antonio Mayans, Manuel Bandera, Nadia de Santiago, Guillermo Montesinos o Enzo G. Castellari, uno de los nombres propios del spaghetti-western y director de uno de los títulos capitales del estilo, Keoma.

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Cartel de la película dibujado por el mítico Sanjulián.

Tras dos películas encuadradas dentro del ámbito del fantástico cambias de tercio con Stop Over In Hell. ¿Qué te lleva a rodar un western?

Tengo dos pasiones en esta vida que me vienen desde pequeño. Una es el cine fantástico, aunque más que el cine fantástico es el terror, sobre todo las monster movies y los kaiju eiga. Y la otra es el western. ¿Por qué el western? Muy sencillo. En mi pueblo, Colmenar Viejo, había unos decorados de westerns cerca del Pico San Pedro, que es el que se ve en la batalla de Espartaco de Stanley Kubrick. Y eso que yo veía desde la ventana del salón de mi casa es el sitio en el que mis mayores me contaban que habían trabajado en películas del Oeste. Me lo contaron tantas veces de pequeño que me aficioné al género por medio de las emisiones de westerns que solía hacer TVE durante aquellos años en la sobremesa de los sábados y los domingos, y a veces también los sábados por la mañana, en los que, curiosamente, siempre solían echar eurowesterns. Así que esta afición la he tenido desde muy pequeño. Igual que luego el gusto por el terror lo he desarrollado como un rollo más teenager, de ver películas ochenteras que me pillaron en el cine, como pueden ser los Viernes 13 o la saga de Fredy Krueger, los westerns en cambio los he tenido que buscar en plan cinéfilo empedernido. Te puedo decir que en casa tendré como seiscientas películas en DVD original del Oeste. Y hacer esta película era como un deseo. Un deseo muy loco, lo que pasa es que he tenido gente muy loca alrededor de mí que me ha ayudado a convertirlo en realidad, porque hay que tener en cuenta que nadie en cuarenta años se había atrevido a hacer en España lo que hemos hecho nosotros. Ha habido casos aislados, como Blackthorn, pero no rodados en España y a la clásica. Quizás me equivoque y haya alguna película que yo no he visto, pero este es el hecho.

Stop Over in Hell coincide con esta especie de revival que está viviendo el western en el cine norteamericano. ¿Qué crees que ha ocurrido para que muchos directores procedentes de otros géneros, como por ejemplo el fantástico, hayan vuelto su mirada hacia las películas del Oeste?

Somos una generación que nos estamos fijando mucho en lo que se ha hecho en las últimas décadas. Este revival que hay de los setenta y los ochenta a nivel de cultura pienso que es porque somos una generación que ahora que tenemos posibilidad de hacer cosas estamos plasmando lo que de pequeños veíamos. Es lo que te he contado antes. Y se da la circunstancia de que justo en aquellas películas de los setenta hubo mixturas. Eran películas que fácilmente podían mezclar el western con el fantástico, por ejemplo. Si me apuras más, uno de los directores que más hemos mirado todos, que es Carpenter, en un film como Asalto a la comisaría del distrito 13 miraba a su vez a Hawks. A mí me da la sensación de que esto está  conectado. La mirada que tenemos ahora de aquellos géneros, independientemente de que también hayamos visto obviamente a Hawks, a Hathaway, a Ford y demás, tiene que ver con el mundo de las mixturas que se llevaron a cabo durante aquellos años. Sin ir más lejos, dentro del ámbito del eurowestern te podías encontrar crucifixiones, latigazos, desollamientos… Yo no sé si es una corriente más o menos coordinada, o son coincidencias en el tiempo, pero sí que es verdad que el año pasado en España yo he contado ocho o nueve películas estrenadas, ya fuera en salas o directamente en DVD. Es un dato muy significativo, teniendo en cuenta que ha habido años en los que no nos llegaba nada de la temática, tv movies a un lado.

Dentro de este revival, ¿puede considerarse tu película como la heredera de la tradición del spaghetti-western?

Uf, la palabra herederos me parece muy seria. Por supuesto que hemos mirado aquello con un respeto tremendo, y con ese tremendo respeto me he acercado a la película. Mi carga en la mochila que llevo de lo visto y vivido como espectador va siempre conmigo, por supuesto, y entre ello lógicamente está el eurowestern. En cualquier caso, no sé si seremos un elemento aislado en el hiperespacio y dentro de unos años se diga que Stop Over in Hell fue una rareza del cine español que se hizo en el año 2016, o que a lo mejor tenga una continuidad por parte de alguien más.

No obstante, esa conexión con el spaghetti-western está presente con la presencia en el reparto de Enzo G. Castellari. ¿Cómo entró en el proyecto?

Castellari está desde muy, muy, muy al principio. En un primer momento era una especie de mentor que nos apoyaba y ayudaba en lo que podía. Una vez que Antoñin Durán hace la sinopsis de la película y me la presenta en marzo del 2015, y Juan Gabriel García se añade al equipo, le contamos la historia a Castellari, que se apunta al proyecto inmediatamente. Más adelante pensamos que hiciera un papel, pero al principio no entró como actor, sino para echar una mano. No ha sido el único veterano de los tiempos del eurowestern que ha colaborado con nosotros, en cualquier caso. Otro es Jack Taylor, que me ayudó a supervisar todas las expresiones y demás, ya que él es de la Costa Oeste de Estados Unidos y su familia era de verdaderos pioneros del Oeste, por lo que ha vivido muy de cerca todo aquel periodo. También José Luis Galicia, que como sabes trabajó entre otras muchas en las películas de Leone, supervisó las localizaciones y el diseño, y Eugenio Martín ha ayudado con la historia. Te quiero decir con esto que hemos tenido ayuda directa de gente que formó parte del eurowestern, así que esa vinculación existe, aunque también te digo una cosa: al ir a revisar películas para preparar el rodaje, todos los exponentes que vi fueron norteamericanos, entre otras cosas porque lo europeo lo tengo demasiado metido en el cerebro.

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Parte del equipo de “Stop Over in Hell” posando en el photocall de la Muestra Syfy.

En este sentido, personalmente considero que Stop Over in Hell está muy influenciada por el cine de Quentin Tarantino. ¿Fue algo consciente por tu parte o de algún modo venía ya determinado por el trabajo en el guion de Juan Gabriel García, quien es un reconocido seguidor del norteamericano?

No te voy a decir que no soy muy tarantiniano, porque veo su cine y lo sigo, pero no es un director que tenga muy presente, por lo que no fue la mirada que tenía en mente. Digamos que mis gustos son más vintage y mis referentes eran de gente anterior. Visualmente, sobre todo en el tema de los ralentizados, mis influencias estaban en Sam Peckipah y en el mundo narrativo de la acción de Castellari. Castellari coge Mayor Dundee y lo lleva a un extremo más grande en Keoma. Y yo iba más por ahí. Es más, cuando nosotros vemos Los odiosos 8 ya habíamos rodado nuestra película y estaba montada. O sea que si hay cosas con Tarantino posiblemente sea porque compartamos los mismos referentes. Él hace muy bien en mezclarlo todo de esa manera tan particular, pero diferimos en muchas cosas. Por ejemplo, el uso de las cámaras lentas en sus películas se ve que no le gusta demasiado y, sin embargo, sí que le llama la atención los zooms, como puede comprobarse en Django desencadenado, cuando en cambio fue algo de lo que yo huí. Lo llegué a plantear en un momento y con el director de fotografía hicimos una prueba y como no nos gustó el resultado desechamos la idea.

Lo que tengo muy claro es que a estas alturas ni él, ni yo, ni nadie vamos a inventar nada, y al hacer una película de estas características hay que optar por uno de estos tres modelos: el clásico que podrían representar Hathaway o Ford; el modelo intermedio de la generación de la televisión de los años setenta, con gente como Brooks, Peckinpah y demás; o el modelo del eurowestern marcado por Sergio Leone. El resto es repetir estos modelos, junto o por separado. Ahí tienes el cine de Clint Eastwood, que igual que bebe del cine de Leone te hace un remake inconfeso de Raíces profundas con El jinete pálido. Y en el fondo se va repitiendo todo. En esa labor de documentación que te he mencionado a la hora de preparar la película, algunas películas de los años treinta que vi ya tenían cosas que estamos contando nosotros ahora.

Hablando de referentes, ni qué decir tiene que el villano de la función, el Coronel, está inspirado en el coronel Mortimer que interpretara Lee Van Cleef en La muerte tenía un precio

Tiene mucho del coronel Mortimer de Leone. Es algo que está ahí y que además queda puesto de relieve con homenajes muy claros, como el momento cuando él está en el porche con la pipa. Pero luego también tiene un aire psicópata que hace que sea el personaje que tenga más mixturas. Se acerca más a otras cosas, como puede ser tanto el weird western como el mundo del horror. Su secuaz Cuba tiene también cosas de maníaco, pero es el personaje del Coronel el más evidente en este aspecto.

Curiosamente, yo nunca le dije a Pablo Scola que mi inspiración para su personaje era el coronel Mortimer. Él tenía otros referentes. Sin hablarlo mucho, vi en algún momento que Pablo iba más por el camino de Vittorio Gassman en ¿Qué nos importa la revolución?, es curioso. Aunque yo sí que me acordaba de Lee Van Cleef.

Por cierto, una curiosidad. Durante el prólogo la planificación oculta en todo momento el rostro del Coronel. ¿Era una forma de homenajear a los primerizos western rodados en España, en los que era recurrente la inclusión de una intriga destinada a desvelar cuál era la verdadera identidad que se escondía tras un misterioso personaje cuyas acciones servían de hilo conductor a la trama?

Primero podría ser esa idea, pero luego después pensé que lo que había que mostrar es que había una maldad tremenda y que se podía asociar a cualquier territorio que está en convulsión y evolución como nos dicen que fue el Far West, y que no tenía rostro. Después, cuando viene la presentación de los personajes, entonces le vemos la cara. ¿Por qué? Porque me parece mucho más importante es que lo que define a este personaje no son sus rasgos, ni siquiera su cara de sadismo o el placer que sienten al llevar a cabo sus acciones, sino que es lo que hacen. Por eso primero muestro lo que hacen y después enseño quién es. La idea era: no te fijes en esa cara, a ver que es lo que te dice, sino fíjate primero en lo que hace y después le pones rostro. Porque ya condiciona. La cara puede ser después muy simpática, pero el público ya ha visto que es un hijo de puta desde el primer momento.

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Víctor dando instrucciones en el rodaje a Pablo Scola, quien interpreta el papel del Coronel.

En mi opinión, uno de los principales atractivos con los que cuenta la película es, precisamente, el Coronel, lo que de alguna manera viene a refirmar tu capacidad para crear villanos icónicos que ya demostraras con el Dr. Knox que protagonizara tu ópera prima, Wax. ¿Te sientes más cómodo creando esta clase de personajes?

Sí. En la construcción del guion con Antonio y Juan Gabriel nos centramos en el villano. Veíamos que, aunque se trataba de una banda de forajidos, todo giraba en torno a su líder. Ahora, te digo una cosa: Antonio y Juan Gabriel son bastante más salvajes que yo, y reduje un poco muchas de las violencias del Coronel que contenía el guion originalmente, por más que sea un personaje que no tiene ninguna ambigüedad en cuanto a la violencia o la sexualidad. Es lo que es, pero sí que era más descarnado en las primeras versiones del guion. Es más, durante el rodaje filmamos mucho más material que, de haberse incluido en el montaje final, habría convertido a la película en mucho más gore de lo que es.

Al igual que tus anteriores películas, la versión original de Stop Over in Hell está rodada en inglés. ¿Hasta qué punto esta circunstancia te condiciona a la hora de conformar tus repartos, al tener que buscar a actores que cumplan un requisito tan específico como es el dominio de esta lengua?

Es complicado, porque tienes que tener en cuenta dos elementos fundamentales: que sean buenos actores y que hablen inglés. Obviamente, esto te obliga a que tengas que rebuscar. En nuestro caso, más, porque sabíamos que el que los protagonistas fueran caras relativamente desconocidas nos iba ayudar, ya que es más fácil que el espectador parta de cero y se crea un personaje. Así que sí, es un hándicap. No obstante, hay una estadística según la cual el noventa por ciento del cine europeo que se ha vendido a los Estados Unidos en estos últimos dos años es hablado en inglés, por lo que rodar en esta lengua es algo incuestionable. Aparte de que, con todos mis respetos, un western en estos días rodado en español me parece un poco ridículo. Es una historia que transcurre en el Oeste norteamericano, por lo que tiene que estar en inglés. Eso por un lado,  por otro es que de lo contrario te la comes con patatas. En nuestro caso inmediatamente una distribuidora norteamericana de Los Ángeles nos ha comprado la película y estoy seguro de que si hubiéramos ido a los Estados Unidos con un producto en español subtitulado no lo habríamos colocado. A propósito del reparto tengo decir que me siento muy satisfecho con el trabajo de todos los actores y actrices, en especial aparte del de Pablo, con el de Tania Watson y Veki Velilla, que son fantásticas.

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Antonio Mayans y Enzo G. Castellari bromeando durante una pausa.

Repitiendo lo que es un rasgo muy característico de tu filmografía, en el reparto has contado con la presencia en roles secundarios de actores veteranos de cierto renombre, como puede ser el caso de Antonio Mayans, Guillermo Montesinos, Manuel Bandera o el propio Enzo Castellari, entre otros. ¿Cómo surgen estas colaboraciones?

En su mayoría porque fundamentalmente son amigos. Y a todo el mundo de la profesión que le comentaba el proyecto le llamaba mucho la atención y le apetecía participar. Guillermo Montesinos mismo me decía que quería estar en la película porque le atraía mucho el mundo del western. Y lo hicieron con mucha ilusión. En resumen, un poco la idea es meter a algunos amigos con los que nos apetece trabajar juntos, sobre todo porque son muy buenos actores.

De momento, Stop Over in Hell ha podido ser vista en el Almería Western Film Festival y ahora en la Muestra Syfy. ¿Qué recorrido tenéis pensado para la película antes de su comercialización?

Ahora ya está en venta internacional y estamos en trámites para el cierre de su distribución en España y probablemente irá directamente a salas. Me gustan los festivales, pero soy de la opinión de que la forma natural de las películas es entrar en los canales de distribución comercial.  No sé si la distribuidora internacional se va a plantear que vayamos a algún festival en el extranjero. Por ejemplo, si de repente la distribuidora que la compre para Alemania decide que la pone en un festival de aquel país, pues bueno, pero a día de hoy no está inscrita en ningún festival internacional ni nada parecido. Ni siquiera nos lo hemos planteado. La idea fundamental de una película es que sea un negocio. Con todo mi respeto para los festivales, las películas son para que el espectador medio pase por taquilla o la compre en DVD. Para eso se hacen las películas. Los festivales son un escaparate. Además, que esta tendencia de que las películas se pasen por muchos festivales es una cosa de ahora. En anteriores décadas las películas comerciales se estrenaban directamente en cine.

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Stop Over in Hell supone tu tercera película como director de ficción. ¿Qué valoración haces de tu trayectoria hasta ahora y cómo afrontas el futuro?

Es muy difícil valorarlo desde dentro. Mi concepto de cine tiene que ver con un cine abierto y ecléctico. En otras palabras, el mundo de los artesanos. Lo que me cuenta la historia de los artesanos hasta ahora es que podían atreverse con cualquier tipo de historia. Y esa es un poco la línea que quiero seguir yo. Lo que me apetece es hacer cualquier tipo de historia. Ni ceñirme en un género concreto ni ceñirme en un tipo de cine concreto. Lo que sí tengo la sensación o la percepción que, aunque sí que hay elementos comunes en las tres películas que he hecho, no se parece ninguna entre sí. Y eso me parece interesante y es la línea que yo quiero seguir. Me gusta mucho cuando miras a aquellos artesanos que, dependiendo del momento, hacían un tipo de películas u otras. Al fin y al cabo se trata de contar historias y eso es lo que quiero seguir haciendo. Es cierto que en España, en general, cada proyecto cuesta un mundo. Pero bueno, es una cuestión de que siga habiendo suerte para que pueda seguir levantando proyectos. No puedo contar aún nada, pero para este año ya tengo un nuevo proyecto, así que con la cadencia que llevo de momento seguiré en esto, que es mi objetivo.

Por mi parte es todo. Si quieres añadir algo más…

Pues que animo a los espectadores a ver Stop Over in Hell, que me parece que es una propuesta que puede entretener al respetable. Es una historia más del Oeste, pero en realidad, y eso creo que es lo importante, independientemente del género en que se ambiente, es una historia contemporánea. Nosotros la localizamos en un lugar perdido en medio de los Estados Unidos de finales del siglo XIX, pero podría desarrollarse perfectamente en una estación de autobuses recóndita a la que llegan unos terribles moteros. En el fondo estamos contando algo que, hasta si me apuras, está ocurriendo todos los días. Y si conseguimos que la gente lea la película como nosotros queríamos, descubrirá que hay una reflexión sobre la violencia bastante evidente en todo su mensaje.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías de rodaje: Juan Gabriel García

Video-entrevista sobre su participación en “Stop Oven in Hell” a Enzo G. Castellari, quien el viernes asistirá al pase de la película en la Muestra Syfy

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Por más que su presencia apenas haya sido publicitada hsata el momento, Enzo G. Castellari será uno de los invitados más destacados con los que contará la XIV Muestra Syfy de Cine Fantástico que se celebrará desde el próximo jueves hasta el domingo en el Cine de la Prensa de Madrid. El mítico director italiano, responsable de títulos tan emblemáticos del cine de género europeo como Keoma, el díptico Los guerreros del Bronx o Aquel maldito tren blindado, film que, como es sabido, le serviría de inspiración a Quentin Tarantino para dar forma a su Maldito bastardo, visitará el certamen madrileño dentro del equipo de Stop Over in Hell que el viernes presentará el pase de este western que ha supuesto la tercera película de ficción de Víctor Matellano. En ella, Castellari interpreta a Zingarelli, un representante de betunes que viaja en diligencia y guarda muchos secretos.

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Colin Arthur, Víctor Matellano, Enzo G. Castellari y Manuel Bandera posando durante una pausa del rodaje de “Stop Over in Hell”

Coincidiendo con esta visita, el departamento de prensa de Stop Over in Hell ha difundido una video-entrevista grabada durante el rodaje de la película en la Dehesa de Navalvillar de Colmenar Viejo, la misma localización donde Castellari debutó como director en Alambradas de violencia / Pochi dollari per Django –oficialmente acreditada a León Klimovsky- y donde también rodaría Mátalos y vuelve / Ammazzali tutti e torna solo con el protagonismo de Chuck Connors.

Published in: on febrero 28, 2017 at 8:08 am  Dejar un comentario  
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Programación completa de la XIV Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

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Cuando queda justo una semana para su comienzo, la organización de la Muestra Syfy de Cine Fantástico ha desvelado la totalidad de los títulos que conformaran la programación de su decimocuarta edición, que tendrá lugar entre los próximos 3 y 5 de marzo en el Cine de la Prensa de Madrid. Un listado del que finalmente se ha caído la inicialmente anunciada Swiss Army Man “por problemas ajenos a la Muestra”, según han declarado los responsables del evento en las redes sociales. En total, serán más de dieciséis sesiones que durante cuatro días traerán hasta Madrid una selección del mejor cine de género fantástico.

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La actriz Leticia Dolera, presentadora un año más de la Muestra, dará el pistoletazo de salida a esta nueva edición el jueves con Logan, dirigida por James Mangold y protagonizada por Hugh Jackman. Se trata de la tercera y, en principio, última entrega de la saga Lobezno en la que un cansado Logan cuida del Profesor X en un escondite en la frontera de México. Sin embargo, sus intentos por esconderse del mundo y ocultar su legado terminan súbitamente con la aparición de una joven mutante perseguida por fuerzas oscuras.

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El viernes, la jornada arrancará a primera hora de la tarde con Worry Dolls, un filme de terror sobre un brutal asesino en serie que muere en manos de la policía pero su legado sigue con vida. Le seguirán Seoul Station, precuela animada de la exitosa Train to Busan, y la premiere mundial de 47 Meters Down, en la que dos hermanas se quedan atrapadas en una jaula de avistamiento de tiburones durante sus vacaciones en México, con el oxígeno agotándose y rodeadas de peligrosos tiburones blancos.

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El plato fuerte de la jornada llegará con la española Stop Over in Hell, la cual estará acompañada por parte de su equipo. Víctor Matellano dirige este western rodado en inglés y protagonizado por Pablo Scola, Tania Watson, Veki Velilla, Denis Rafter, Armando Buika, Maarten Dannenberg, Tábata Cerezo, Nadia de Santiago, Manuel Bandera,  Guillermo Montesinos y el mítico realizador italiano Enzo G. Castellari.

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Ya el sábado, The Good Neighbor será la encargada de abrir la jornada. Se trata de un terrorífico thriller en el que un par de adolescentes deciden gastar una broma a su vecino, interpretado por James Caan, haciéndole creer que su casa está encantada. Para su desgracia pronto se darán cuenta de que han elegido a la persona equivocada. Le seguirán la gran triunfadora de la pasada edición de TerrorMolins, I am Not a Serial Killer, la historia de un adolescente obsesionado con los asesinos en serie, y Pet, dirigida por el director español Carles Torrens y protagonizada por Dominic Monaghan y Ksenia Solo en los papeles de Seth y Holly, dos personas aisladas que tienen mucho más en común de lo que creen. Una oscura historia de amor que examina cuánto estamos dispuestos a hacer en nombre del amor. Esta vez la sesión estrella tendrá como protagonista a 31, el nuevo trabajo de Rob Zombie, en la que cinco personas son secuestradas en los días previos a Halloween y mantenidos como rehenes. Mientras están atrapados, deben jugar un juego donde la misión es sobrevivir.

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Tanto el viernes como el sábado, la Muestra Syfy amplía horario hasta la madrugada. The Funhouse Massacre, con la presencia del mítico a Robert Englund, y uno de los mejores títulos de la pasada temporada, la australiana Scare Campaign, ambientada en un programa de televisión sobre bromas y sustos de la vieja escuela, son las propuestas para estas dos sesiones golfas. Por cierto, que os recordamos que hace unos meses durante la pasada edición del Fant bilbaíno tuvimos la oportunidad de hablar sobre Scare Campaing con uno de sus directores, Cameron Cairnes, en una entrevista que podéis leer aquí.

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El domingo el menú ser compondrá por la película de terror finlandesa Lake Bodom, Your Name, la película más vista del año en Japón y ganadora del premio a Mejor Película de Animación en Sitges, y la también galardonada en el certamen catalán Crudo, sobrevalorado film que no responde al hype que se ha creado a su alrededor a raíz de los desmayos que se produjeron durante su pase en Toronto por su carácter gráfico. Como otras tantas veces, no es tan fiero el león como lo pintan.

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El cierre de esta decimocuarta Muestra Syfy llegará por todo lo alto con Kong: La Isla Calavera, lel esperado film en el que los productores de Godzilla vuelven a imaginar los orígenes de uno de los mayores mitos sobre monstruos. Dirigida por Jordan Vogt-Roberts y protagonizada por Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, John Goodman, la oscarizada Brie Larson y John C. Reilly esta aventura cuenta la historia de un variopinto equipo de científicos, soldados y aventureros que se unen para explorar una mítica y desconocida isla del Pacífico, peligrosa a la par que hermosa. Apartados de todo lo que conocen, el equipo se adentra en los dominios del poderoso Kong, desencadenando la batalla definitiva entre el hombre y la naturaleza.

Por otra parte, un año más la Muestra volverá a ofrecer una programación especial para los más pequeños de la casa con la sección “Syfy Kids”. La vida de Calabacín, nominada a mejor película de animación en la próxima edición de los Oscar, será la encargada de protagonizar la matinal del domingo con la historia de Calabacín, un niño valiente que tendrá que encontrar su lugar después de perder a su madre, para lo que contará con la ayuda de nuevos amigos. El domingo, será el momento de la proyección de La historia interminable, la mítica película de los 80 que marcó a toda una generación

Como ya se había anunciado, al igual que ocurriera en la anterior edición los bonos para todas las sesiones tendrán un precio de 40 euros, mientras que el precio de las entradas individuales  será de 4 euros, con la excepción de la sesión inaugural y sesión clausura, a las que sólo se podrá acceder por invitación o con el bono. Una parte del aforo de la sesión infantil de “Syfy Kids” se pondrá también a la venta, por un precio de 3 euros por persona. Las entradas pueden adquirirse en la taquilla del Cine de la prensa o de modo online a través de este enlace.

Más información sobre la Muestra en su página web dentro de Syfy España, en la página de Facebook del canal y en el twitter @Syfy_Spain con la etiqueta #MuestraSyfy.

Published in: on febrero 23, 2017 at 6:51 am  Dejar un comentario  
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“Logan” abrirá la 14ª Muestra Syfy de Cine Fantástico, que se cerrará con “Kong: La Isla Calavera”

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La organización de la Muestra Syfy de Cine Fantástico ha desvelado los títulos encargados de inaugurar y clausurar su decimocuarta edición, que como ya es sabido tendrá lugar entre el jueves 2 y el domingo 5 de marzo en el Cine de la Prensa. En total serán más de 20 sesiones de una selección del mejor cine de género las que acogerá la Muestra Syfy durante sus cuatro jornadas, de las que previamente ya se había anunciado la programación de Raw, 31, Swiss Army Man, Pet y Stop Over in Hell.

Leticia Dolera, presentadora de la Muestra, dará el pistoletazo de salida a cuatro días intensos de cine el jueves con Logan, la última película de la trilogía de Lobezno que se estrenará en cines un día después, el viernes 3 de marzo. Dirigida por James Mangold y protagonizada por Hugh Jackman, la película nos sitúa tras un cansado Logan que cuida del Profesor X en un escondite en la frontera de México. Los intentos de Logan por esconderse del mundo y ocultar su legado terminan súbitamente con la aparición de una joven mutante perseguida por fuerzas oscuras.

Por su parte, la encargada de cerrar la decimocuarta Muestra Syfy será Kong: La Isla Calavera, dirigida por Jordan Vogt-Roberts y protagonizada por un reparto de auténtico lujo: Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, John Goodman, Brie Larson y John C. Reilly. En ella, los productores del Godzilla de Gareth Edwards vuelven a imaginar los orígenes de uno de los mayores mitos del cine de monstruos, King Kong. Esta emocionante y original aventura, que llegará comercialmente a las salas españolas el próximo 10 de marzo, narra la historia de un variopinto equipo de científicos, soldados y aventureros que se unen para explorar una mítica y desconocida isla del Pacífico, peligrosa a la par que hermosa. Apartados de todo lo que conocen, el equipo se adentra en los dominios del poderoso Kong, desencadenando la batalla definitiva entre el hombre y la naturaleza.

Por otra parte, la organización también ha desvelado que parte del equipo de Stop Over in Hell  estará el viernes por la noche en el Cine de la Prensa para presentar y acompañar la proyección en la Muestra de este western español dirigido por Víctor Matellano. Del mismo modo, la Muestra Syfy ha vuelto a llegar un año más a un acuerdo con AMER (Asociación Madrileña de Empresas de Restauración) para inundar los bares y restaurantes de fantasía y ciencia ficción durante los días que se desarrolle al evento. Los establecimientos que se han sumado a la iniciativa propondrán a sus clientes tapas creadas para la ocasión, inspiradas en los personajes y las películas que han hecho historia en el cine de género. La lista de establecimientos participantes podrá consultarse en la página web oficial de la Muestra (www.syfy.es/muestra).

Por último, al igual que en la anterior, los bonos de esta edición para todas las sesiones tendrán un precio de 40 euros, mientras que las entradas para las sesiones individuales costarán 4 euros, con la excepción de las sesiones de inauguración y de clausura, a las que sólo se podrá acceder por invitación o con el bono. Una parte del aforo de la sesión infantil de Syfy Kids se pondrá también a la venta, aunque en su caso por un precio de 3 euros por persona.

Más información sobre la Muestra Syfy en la página web de Syfy, http://www.syfy.es/muestra,  además de en la página de Facebook del canal  facebook.com/syfy.es y el twitter @Syfy_Spain con la etiqueta  #MuestraSyfy

 

Published in: on febrero 9, 2017 at 7:02 am  Dejar un comentario  
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Desvelados los cuatro primeros títulos de la Muestra Syfy 2017

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Tal y como os comentábamos durante los días previos, el pasado jueves tuvo lugar la presentación de los primeros detalles de lo que será la décimo cuarta edición de la Muestra Syfy de Cine Fantástico que organiza dicho canal temático en colaboración con Versus Entertainment, y que año tras año trae a Madrid el mejor cine de género fantástico más reciente inéditos hasta el momento en circuitos comerciales españoles.

Como no podía ser de otro modo, la encargada de desvelar los primeros detalles de esta próxima Muestra fue su habitual maestra de ceremonias, Leticia Dolera. Además de dar a conocer el cartel oficial de este año, la actriz y directora barcelonesa confirmó a 31, Swiss Army Man, Pet, Stop Over in Hell Crudo como los primeros títulos integrantes de la programación. A continuación os ofrecemos los tráilers y una pequeña descripción de los títulos confirmados para esta edición, que tendrá lugar entre los próximos 2 y 5 de marzo:

31:

La última película dirigida por Rob Zombie que pudo verse en el Festival de Sitges y que, como suele ocurrir con este cineasta y músico, dividió al público.

SWISS ARMY MAN:

Comedia fantástica y delirante en la que Daniel Radcliffe se mete en la piel de un muerto pedorro y con problemas eréctiles, además de tener otras capacidades un tanto peculiares…

PET:

Con Pet podremos descubrir si finalmente Carles Torrens consigue despegar después de haber fracasado con Emergo, su ópera prima y deslumbrado con su corto Sequence.

STOP OVER IN HELL:

El tercer largo de Victor Matellano se adentra en los terrenos del spaghetti western y contará con Antonio Mayans y el mismísimo Enzo G. Castellari.

CRUDO:

Una de las películas más polémicas que se pudieron ver en la pasada edición del Festival de Sitges fue Crudo, un sangriento relato feminista no apto para veganos ni personas con el estómago delicado.

Esta es, por el momento, toda la información disponible, en espera que durante los próximos días la organización vaya desgranando nuevas noticias a través de sus canales oficiales: la web www.syfy.es/muestra,  la página de Facebook del canal facebook.com/syfy.es y el twitter @Syfy_Spain con la etiqueta  #MuestraSyfy.

Published in: on enero 30, 2017 at 8:13 am  Dejar un comentario  
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