Prisioneros de Ghostland

 

Sinopsis: Cuando Bernice desaparece de Samurai Town junto a dos amigas sin dejar rastro, el Gobernador, quien lidera la vida en la población y dice ser el abuelo de la joven, saca a un ladrón de bancos de la cárcel. Tras obligarle a vestir un traje de cuero equipado con bombas, le da un plazo de cinco días para recuperar a Bernice a riesgo de sufrir explosivas consecuencias. Pero en su aventura, el ladrón buscará también redimirse de sus pecados.

 


Título original: Prisioners of Ghostland
Año: 2021 (Estados Unidos)
Director: Sion Sono
Productores: Nate Bolotin, Michael Mendelsohn, Ko Mori, Laura Rister, Reza Sixo Safai
Guionistas: Aaron Hendry, Reza Sixo Safai
Fotografía: Sôhei Tanikawa
Música: Joseph Trapanese
Intérpretes: Nicolas Cage (Héroe), Sofia Boutella (Bernice), Nick Cassavetes (Psycho), Bill Moseley (Gobernador), Tak Sakaguchi (Yasujiro), Young Dais (Hombre-rata), Charles Glover (Enoch), Cici Zhou (Chimera), Louis Kurihara (Curi), Tetsu Watanabe (Nabe), Takato Yonemoto (sheriff Takato), Shin Shimizu (ayudante Shin), Matthew Chozick (Matthew), Constant Voisin (Constant), Yuzuka Nakaya (Susie), Lorena Kotô (Stella), Canon Nawata (Nancy), Hiroshi Kaname (niño del chicle), Maya Carraz (Bernice de niña), Ilsa Levine (madre de Bernice)…

Prisioneros de Ghostland (Prisioners of Ghostland, 2021) ha sido uno de los títulos recibidos con mayor expectación entre amplios sectores de aficionados de entre la última hornada productiva de género fantástico. ¿El motivo? Suponer la asociación entre dos de los principales enfant terribles del panorama cinematográfico actual: el director japonés Sion Sono y Nicolas Cage, sinónimos ambos cada uno en su faceta de tendencia al exceso. Y lo cierto es que no se puede negar que el producto resultante haga honor a lo que cabría esperar a tenor de los antecedentes de la unión entre estas dos personalidades. La extravagancia de la propuesta queda puesta de relieve en su fusión estética y narrativa entre (spaghetti) wéstern, cine de samuráis, ciencia ficción post-apocalíptica a lo Mad Max y unas gotas de musical. Un variopinto cóctel que es acompañado por el acostumbrado talento visual de Sono para componer imágenes poderosas, entre las que destacan algunas tan sugerentes en forma y fondo como la de esos “prisioneros” que sujetan con una cuerda el minutero de un gigantesco reloj que corona una destartalada torre con el fin de evitar que el tiempo transcurra.

Pero ni sus aciertos parciales, ni la adopción de un tono abiertamente surrealista, ni los apuntes cómicos que abundan a lo largo del metraje, consiguen enmascarar que nos encontramos ante un film tremendamente fallido. Y es que, antes que un conjunto, Prisioneros de Ghostland es el resultado de un totum revolutum en el que diríase que se han ido añadiendo todas las ideas que se les venían a la cabeza a sus responsables, pero sin que se pararan a buscar la más mínima unión entre ellas. Todo vale en una caótica narración que vaga sin rumbo fijo de una imagen potente a otra, olvidando por el camino cualquier vestigio de lógica y/o cohesión interna. Por el contrario, el protagonismo del detalle caprichoso o de las salidas de tiesto acaban por convertirse en la verdadera razón de ser de la función. Buena muestra de ello se encuentra en la escena de la partida del personaje de Cage para llevar a cabo su encargo, en la que, en lugar de en el automóvil de alta gama que se le facilita, prefiere marchar en una bicicleta infantil que encuentra en las inmediaciones. Una acción que solo parece buscar ofrecer la ridícula imagen del protagonista pedaleando en medio del desierto en una bicicleta que le queda pequeña, pero que carece de una verdadera función narrativa, sobre todo si tenemos en cuenta que en la siguiente escena acaba abandonando su montura para sentarse al volante del potente coche ante la premura del tiempo encomendado.

El otro principal defecto que cabe achacar a la película es una preocupante falta de desarrollo en sus aspectos argumentales. A pesar de contar con una trama de lo más simple y predecible, centrada en la misión de rescate del héroe de una joven desaparecida de la zona maldita de Ghostland hasta su ciudad de origen, esta es servida de forma harto inconexa y confusa. De este modo, antes que consecuencia de una lógica progresión dramática, la sucesión de los acontecimientos parece obedecer al arbitrio de lo marcado por el guion. Dicha circunstancia queda ejemplificada en la importancia que se da desde un principio a esa especie de espectros zombis que impiden que los parias que habitan en Ghostland puedan abandonar la zona, pero cuya amenazadora presencia, llegado el momento de la verdad, es solventada de la forma más simple y sencilla que uno pueda imaginar por medio de un intercambio de palabras entre el protagonista y su cabecilla. Tampoco ayuda a la coherencia del relato ciertas promesas narrativas que nunca llegan a cumplirse, así como la inclusión de subtramas enteras que no aportan nada, caso de la protagonizada por Yasujiro, el samurái guardaespaldas del villano, cuya única función parece ser la de propiciar las espectaculares coreografías de lucha de Tak Sakaguchi.

Lo mismo puede decirse también del plano discursivo. El alegato feminista que se deduce del hecho de que la protagonista femenina sea una prostituta que trata de escapar del poderoso hombre que la explota contra su voluntad en Samurai Town, ciudad que, tal y como es presentada, parece antes un gigantesco burdel; la posibilidad de que la historia, en realidad, transcurra en otra dimensión en la que el personaje de Cage se encuentra enfrentando a los fantasmas de su pasado, lo que explicaría el titulo escogido; la alusión al Japón post-Fukushima que pueden extraerse de las referencias a la hecatombe nuclear que propició la división social existente entre los habitantes de Ghostland y Samurai Town; o la necesidad de una revuelta de las clases menos favorecidas contra sus opresores que propugna su último tercio; son algunos de los temas que la película parece plantear pero que, finalmente, nunca llega a concretar más allá de su mero enunciado. La única reflexión con un mínimo de entidad, así las cosas, se encuentra en lo alejadas y, en el fondo, conectadas que están las culturas oriental y occidental que se derivan del mestizaje de Samurai Town, cuyos habitantes visten como vaqueros, samuráis y geishas, muy acorde, por otra parte, con la propia naturaleza de un film realizado en colaboración entre japoneses y estadounidenses.

No obstante, a pesar de lo dicho hasta el momento, sería injusto culpabilizar únicamente a Sono de todos los males de los que adolece la película. También Cage tiene parte de su responsabilidad, aunque solo sea por descolgarse con una interpretación tan sobreactuada y, paradójicamente, insulsa como nos tiene acostumbrados desde hace ya demasiados años, que diríase realizada con el piloto automático puesto. Tanto es así que no faltan lo que podríamos denominar sus momentos de lucimiento; esto es, la inclusión de esos primeros planos de su rostro desencajado haciendo algún tipo de mueca histriónica que parece exigir por contrato a juzgar por lo visto en sus últimos trabajos. En esta tesitura, la única que parece tomarse en serio su trabajo es Sofia Boutella en el papel de Bernice, la muchacha fugada, por más que, desgraciadamente, los esfuerzos de la atractiva actriz franco-argelina resulten por sí solos insuficientes para solucionar todo el desaguisado que la rodea.

.José Luis Salvador Estébenez

Un comentario en “Prisioneros de Ghostland

  1. Filme que está encuadrado de hoz y coz en el (sub) género de «Película con Nicolas Cage», con todo lo que ello conlleva y significa.
    Historia «extraterrestre», disparatada, que si reflexiona bien no tiene ni pies ni cabeza, excéntrica en todos los sentidos, pero eso sí, con un magnetismo evidente en la puesta en escena, es decir, que visualmente es rica en detalles y elementos artísticos que hay que valorar.
    Pero ocurre que ello está presente en un argumento loco que se sigue con dificultad y muy relativo interés, no tomando forma hasta su parte final, que no es nada original pero sí que al menos hace pasar un rato distraído.
    Pero hasta esos minutos la película se sigue de forma decepcionante porque parece no ir a ninguna parte y su histrionismo y locura interna no está ligada con la calidad.
    Un disparate que se debe ver sin ningún prejuicio y aún así cuesta.

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