Lanzamientos de “Vial of Delicatessens” para abril

Fiel a lo que se está convirtiendo en una cita mensual, “Vial of Delicatessens” anuncia el lanzamiento para el próximo miércoles 19 de dos nuevas entregas de su colección “Cinema Bis” que distribuye Cameo. Se trata de las setenteras No miréis en el sótano y Asesino sangriento que saldrán a la venta a un P.V.P. recomendado de 11,95 €.

NO MIREIS EN EL SOTANO FRONTAL

Catalogado por “All Movie Guides” como un título básico del terror de los 70, No miréis en el sótano explora el lado más oscuro de la naturaleza humana por medio de un macabro cuento ambientado en el sanatorio Stephens, un hospital para enfermos mentales. Los métodos experimentales del Dr. Stephens permiten a los enfermos dar rienda suelta a sus filias y obsesiones, hasta que un hachazo fatal marca el inicio del fin. La joven enfermera Charlotte, recién llegada al hospital, sufrirá las consecuencias. Inédita en salas españolas, y editada únicamente en vídeo en una copia amputada, “Vial of Delicatessens” rescata la versión íntegra de este título de culto de la era de los grindhouse, definida como un cruce entre Alguien voló sobre el nido del cuco y La noche de los muertos vivientes por el “Slaughterhouse Magazine”. Lo hace ofreciendo la película en su versión original subtitulada en castellano, imagen en 1.78:1 con mejora anamórfica y varios contenidos extras, entre los que se encuentra el corto Mental Hospital de Layton Mabrey.

ASESINO SANGRIENTO FRONTAL

Por su parte, Asesino sangriento ha sido considerada como una relectura a lo bestia de Psicosis, mientras que su argumento se anticipa al de La noche de Halloween, marcando un sangriento hito en el cine de terror de los 70. El pequeño Matthew, un niño introvertido, asesina sin más explicaciones a su padre pasándole por encima con un tractor, por lo que acaba siendo recluido en un sanatorio. Años más tarde es dado de alta y vuelve a reencontrarse con su madre. Pero al ver que ella ha rehecho su vida con otro hombre, inicia un recorrido de sangrientos y crueles crímenes. Según el crítico Dick Birdie, se trata de uno de los mejores pre-Slashers de los setenta y el mejor título del excéntrico director Marc B. Ray, quien además, contó con los servicios actorales de Angus Scrimm, el mítico “hombre alto” de Phantasma, para uno de los papeles de esta pieza de culto que, pese a gozar de un merecido culto en el extranjero, nunca llegó a nuestro país, ni a salas comerciales, ni a formatos domésticos. Un vacío que remedia la presente edición, en la que se incluye la película con imagen en 1.78:1 anamórfica, audio en versión original con subtítulos al castellano, y un apartado de material extra en el que se encuentran los cortometrajes Salud mental y Del cementerio al lado de aquella casa.

Más información y pedidos en: http://vialofdelicatessens.blogspot.com.es/

Published in: on abril 16, 2017 at 5:59 pm  Dejar un comentario  

FIMUCITÉ rinde homenaje a Lucio Fulci

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Los aficionados al terror italiano de los años 80 están de enhorabuena. En su undécima edición, el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (FIMUCITÉ) ofrecerá en el Auditorio Infanta Leonor de Los Cristianos un concierto homenaje a Lucio Fulci que consistirá en la proyección de su largometraje El más allá mientras tiene lugar la interpretación en directo de la música original del film. Será toda una experiencia “live-to-picture” dirigida por el propio autor de la banda sonora, Fabio Frizzi. Esta atractiva y adrenalínica propuesta formará parte de un amplio y variado programa de conciertos y actividades que se desplegará entre el 22 y el 30 de septiembre de este año gracias al patrocinio del Cabildo Insular de Tenerife, el Gobierno de Canarias, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y el Ayuntamiento de Arona.

Fabio Frizzi BN 3

Fabio Frizzi

Este excelente espectáculo musical se ha representado con éxito en numerosas ciudades de Estados Unidos, Reino Unido y otros países, en el marco del Zombie Apocalypse Tour de Fabio Frizzi. El más allá, considerada por muchos especialistas como la obra más importante de Fulci, se ha convertido en un film de culto y algunos rankings la sitúan entre los mejores títulos de terror de la historia. Protagonizada por Catriona MacColl y David Warbeck, su historia se enmarca en un hotel ubicado en Louisana. Primero en la década de los años 20 cuando unos sucesos abren un portal que permite el acceso de los muertos al mundo de los vivos, para después mostrar sus consecuencias décadas más tarde, cuando una joven decide reformarlo y durante las obras ocurren terribles “accidentes”.

Fabio Frizzi en Concierto

El concierto, que supondrá la sincronización en vivo de música e imagen, será interpretado por la banda de Fabio Frizzi, formada por Alessandro Errichetti (guitarra), Riccardo Rocchi (guitarra), Federico Tacchia (percusión), Alessio Contorni (teclados), Roberto Fasciani (bajo) y Giulietta Zanardi, una de las más destacadas vocalistas italianas. Frizzi recibirá uno de los premios honoríficos FIMUCITÉ-Antón García Abril de este año en reconocimiento a su carrera.  Además, Antonella Fulci, la hija del cineasta, visitará Tenerife durante el festival para participar en el tributo que prepara FIMUCITÉ coincidiendo con el noventa aniversario del nacimiento de Lucio Fulci (1927-1996) y que se completará con un ciclo retrospectivo organizado con la colaboración de la Filmoteca Canaria.

Las entradas para este evento, que tendrá lugar el viernes 22 de septiembre a las 20.00 horas, saldrán a la venta esta misma semana y podrán adquirirse al precio de 5 euros en el Centro Cultural de Los Cristianos, en la taquilla del auditorio y en la web www.arona.org/auditorio.

Más información: www.fimucite.com

Published in: on marzo 21, 2017 at 6:53 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Antonio José Navarro, autor de “El imperio del miedo. El cine de horror norteamericano post 11-S”

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Miembro de la plantilla de la imprescindible “Dirigido por” desde hace más de veinticinco años y colaborador habitual de numerosas publicaciones, entre las que figuran cabeceras como “Quatermass”, “Nosferatu” o “Imágenes de actualidad”, no hay duda de que Antonio José Navarro es uno de los nombres propios de la crítica cinematográfica española. A lo largo de su dilatada carrera, este barcelonés ha conseguido labrarse un sello personal e inconfundible caracterizado por poner en valor en sus análisis los aspectos sociopolíticos en que se fraguaron las obras a comentar como parte integrante e indisoluble de las mismas. Una forma de entender el hecho cinematográfico que, por derecho propio, le han convertido en uno de los más importantes críticos no solo del panorama nacional, sino también europeo, y que puede rastrearse en los numerosos libros/ensayos que ha publicado hasta la fecha, ya fuera en colaboración, como coordinador, o en solitario. Buena muestra de ello lo tenemos en el reciente El imperio del miedo, un indispensable volumen publicado a finales del pasado año por Valdemar en el que Navarro examina de forma minuciosa y documentada la forma en el que los acontecimientos que sucedieron al ataque terrorista del 11-S influyeron en el cine de terror realizado en los Estados Unidos durante los años siguientes. Aprovechando su presencia en la última edición de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, donde, aparte de ser espectador habitual, estuvo presentando El imperio del miedo dentro del calendario de actividades paralelas del certamen donostiarra, mantuvimos con él esta interesante y reveladora charla-entrevista a propósito de su nueva obra.

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Antes de entrar en materia, me gustaría que me comentaras de dónde tu tendencia por primar los análisis cinematográficos desde el punto de vista sociopolítico y que tanto te diferencia de buena parte del resto de la crítica española…

Hace años estuve viviendo una temporada en los Estados Unidos. La Universidad de Nueva York organizaba una serie de seminarios y fue allí donde descubrí que a la hora de afrontar el análisis de una tendencia o un periodo vinculado a cualquier tipo de cine, ya sea el terror o el thriller, el papel que juega el ambiente histórico, las circunstancias culturales bajo las cuales se hace, es fundamental. Y eso es lo que más me interesa de cara a abordar géneros o tendencias. Sobre todo periodos históricos que generan un tipo de cine concreto y que explica muy bien qué es lo que está pasando, incluso mejor que acudiendo a las hemerotecas a consultar los periódicos.

Lo que pasa es que en España y en la Europa continental los estudios culturales, tal como los entiende el mundo anglosajón, prácticamente no se hacen o ni siquiera se consideran. Aquí vivimos exageradamente obsesionados con la figura del autor, que parece que es un señor que se levanta por la mañana, tiene una idea genial y la pone en marcha. Y no es verdad. La historia del cine te demuestra que todos los grandes autores han sido también producto de su época. El John Ford de los años veinte o treinta no es el John Ford de los años cincuenta, ni el de los años sesenta. También lee el periódico, ve la televisión, escucha la radio, tiene amigos que le cuentan su vida, tiene experiencias diversas, y eso va calando en su cine. No vive en una burbuja. Ningún artista de cualquier disciplina vive en una burbuja. Los autores podríamos decir que casi son una especie de augures en el sentido romano; son los mediadores entre el mundo que nos rodea y nosotros mismos. Ellos hacen su interpretación, aportan su reflexión, sus emociones. Pero el mundo es la materia prima de su cine, eso está clarísimo.

Hablemos de El imperio del miedo, tu nuevo libro. ¿Por qué has considerado que este era el momento oportuno para hacer un ensayo sobre el cine de terror post 11-S? ¿Ya ha transcurrido el tiempo suficiente como para poder analizar todo este movimiento con distancia?

Después de quince años, casi dieciséis de recorrido, pensé que ya tenía una perspectiva lo suficientemente buena para poder hablar de todo esto. Yo lo he vivido en primera persona. Primero como ciudadano de pie que fue testigo por la televisión del ataque a las Torres Gemelas. Y luego como profesional, como crítico de cine, como programador de Sitges, y como frecuentador de diversos festivales especializados en Europa. En todo este tiempo he ido viendo como el cine de terror norteamericano cambió de manera radical y también estoy comprobando como se está empezando a diluir progresivamente esa tenebrosidad que tenía originalmente. Hay diversos factores que han jugado a favor de ello: el cambio de presidente en la Casa Blanca, la incorporación de nuevos problemas culturales y políticos en la vida norteamericana, y el hecho de que uno de los grandes catalizadores de ese trauma posterior al derribo de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono, que fue la Guerra de Iraq, ya no existe. Todo esto ha influido en que se esté optando por otro tipo de cine de terror que todavía sigue conservando cierta acritud, pero que se va moderando. Por eso ahora era el momento oportuno, cuando se está produciendo el cambio. Además, tenía una grandísima cantidad de material y después de haber escuchado y leído tantísimas tonterías sobre el cine de terror norteamericano de la época pensé que era el momento de poner una serie de claves en claro bajo mi punto de vista.

¿Cuáles son a tu juicio los rasgos más identificativos de este cine de terror post 11-S a nivel estético y temático?

A nivel temático se recuperan asuntos que estaban olvidados desde los años setenta. Por ejemplo, uno de los asuntos que me llaman poderosamente la atención es que este cine de terror no solamente mira hacia los posibles enemigos exteriores, los monstruos que vienen a invadirnos, que es el caso de 30 días de oscuridad, sino que también miran a los propios monstruos interiores; monstruos que son americanos y que viven en América, lo que se llama el hillbilly horror. A partir de películas como Km. 666: Desvío al infierno se genera una cantidad de vínculos, sobre todo estéticos, del cine de terror estrictamente norteamericano que confronta el mundo rural y el mundo urbano, el mundo conservador y el mundo liberal. Los que estaban a favor de la guerra y los que estaban en contra de ella. Y luego también alienta o cuestiona diversas teorías conspiranoicas como, por ejemplo, que existen centenares de campos de entrenamiento yihaidista en los bosques de la América profunda, que es algo que queda reflejado en diversas películas que nos dicen que el problema que hay en la América profunda, en esos bosques, no son los yihaidistas, sino esos americanos endogámicos, paletos y violentos que se comen a los forasteros.

También destaca la recuperación del cine de horror norteamericano no tan pendiente de tendencias externas. Otro rasgo sería la violencia. Son películas extremadamente violentas porque el mundo en que fueron hechas era extremadamente violento. No vimos cuerpos desmembrados cuando se cayeron las Torres Gemelas, pero sí que vimos soldados muertos volando por los aires, torturados por los yihaidistas en filmaciones en video, que sería uno de los orígenes no solamente del torture porn como género, sino también del found footage y del mockumentary; filmaciones reales que muestran torturas, que muestran actos violentos de una manera muy cruda.

Luego hay otro tema que a mí, personalmente, me llama muchísimo la atención, que es el modo en que muchas de estas películas juegan con la oscuridad. La oscuridad que se traga nuestro mundo, personajes que se mueven en las más absolutas tinieblas; como si el mundo desapareciera y se poblara de espectros y fantasmas. En la trilogía de Insidious se ve perfectamente claro, paradójicamente. He repasado muchos discursos, no solamente del presidente Bush, sino también de muchos miembros de su administración y siempre hacían referencia a que debían “pelear desde la oscuridad”,  que “la oscuridad nos ha invadido”, este ha sido el día “más oscuro” de los Estados Unidos y cosas por el estilo. Ellos apelaban mucho a la idea de que debían de luchar contra la oscuridad trayendo la luz. Y eso se ve en este tipo de cine perfectamente.

Otra cosa que también está presente a nivel dramático son todas las obsesiones de la administración Bush por la religión, por el control ciudadano o el racismo. Hay diversos títulos que lo ponen en evidencia. Podríamos citar el caso de Hostel, que no es más que una fantasía cruda y muy crítica con las políticas del vicepresidente Cheney sobre torturar para obtener información en terceros países. También tendríamos el hecho de que hay películas en las que se hablan en ciertos términos alegóricos del concepto de invasión. Los Estados Unidos fue durante años un país de invasores. Invadieron Iraq, perpetraron todo tipo de tropelías, y todo esto se va filtrando en los temas, en los mitos, en los monstruos de una manera muy sutil haciendo que sea un cine muy politizado, que es otro de las mayores características de este cine de terror norteamericano de los últimos quince años. En el fondo, se están haciendo películas políticas que abordan temas muy incómodos si fueran tratados de forma convencional, o que simplemente no se tocarían.

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Antonio José junto al director de la Semana de San Sebastián, Josemi Beltrán, durante la presentación de “El imperio del miedo” en el certámen donostiarra.

Al hilo de lo que comentas sobre la influencia y conexión con el cine de terror norteamericano de los años setenta, no es casual que muchas de estas películas sean remakes que explicitan el mensaje subyacente de los originales en que se basan, como puede ser la versión de Alexandre Aja de Las colinas tienen ojos, donde es evidente la división que efectúa en su familia protagonista entre la facción republicana y la demócrata…

Evidentemente. De hecho, las películas de los años setenta de terror norteamericano, que para mí arrancan en 1968 con La noche de los muertos vivientes, lo que hacen es hablar de un país absolutamente desgarrado y crispado. La guerra de Vietnam está en marcha, tanto que 1969 es un año cúspide de un conflicto que oficialmente terminaría en 1973, aunque realmente no lo haría hasta 1975 con la retirada de los norteamericanos de Saigón. Tenemos la crisis económica, la crisis de petróleo, el Watergate, con la revelación de un presidente que miente y que tiene que dejar el cargo porque va a ser procesado… Hay una frase en la época que me parece maravillosa del senador Ted Kennedy, en la que decía que el país estaba en un estado deplorable en 1978. Entonces, claro, ese cine de terror era violento para los estándares de la época; era también muy político, muy agresivo, y era sobre todo un cine que se hacía a los márgenes del sistema, con contadas excepciones tipo El exorcista o La profecía.

Esta situación de alguna manera se reproduce en la década del 2000. Por ejemplo, a mí me hace mucha gracia que después de la crisis de las hipotecas subprime, que ahora sabemos que era un producto fraudulento y tóxico para familias que no podían pagar esa rehipoteca, en las películas de fantasmas los protagonistas sean siempre gente que ha tenido que cambiar de barrio porque han perdido su trabajo y encuentran curiosamente una ganga sin saber cuál es la sorpresa que encierra esa casa tan barata y maravillosa. O incluso se cuestiona el sueño americano de parejas que han conseguido la casa de sus sueños. Este sería el tema de Paranormal Activity, en el que los protagonistas poseen una casa estupenda, pero es una casa tóxica que va a destruir sus vidas.

Se reproducen actitudes, emociones, sentimientos, aunque evidentemente con cambios y matices. Y al final lo que hace la cultura americana, cinematográfica en este caso, es tomar como modelo el cine de una época y reconstruirlo; recordar esos tiempos a su manera y decir “es que estamos en las mismas condiciones”. En el libro digo que las sociedades recuerdan; recuerdan y se traumatizan igual que las personas. De hecho, hay un psicólogo norteamericano que decía que los ciudadanos, no solo estadounidenses, sino de todo el mundo, que asistimos al espectáculo de las Torres y vivimos de manera indirecta todo aquel espantoso día tenemos un trauma secundario. De alguna forma ha marcado nuestra vida y nuestra visión del mundo.

¿Qué ha cambiado industrialmente o en la sociedad para que aquellas películas que tocaran estos temas en los setenta fueran productivamente marginales mientras que muchos de los films que tratas en tu libro están hechos desde grandes productoras con un considerable despliegue de medios?

Si te fijas en los créditos de cada película e investigas desde un punto de vista industrial, la gran mayoría de las películas de terror post 11-S son producciones independientes. Los que hacen las majors es no arriesgar, salvo contadas excepciones. Compran una película barata, como puede ser el ejemplo de Paranormal Activity, que a priori es una película que cuesta diez mil dólares, aunque luego con las mejoras y los retoques me parece que se gastaron trescientos mil, pero que en cualquier caso recauda millones. El mainstream no apuesta por el cine de terror. Eso es una evidencia histórica, salvo en los años treinta y cuarenta cuando las majors eran las que realmente producían cine de terror. De hecho, en el libro comento que el cine de horror norteamericano post 11-s es lo reprimido del cine mainstream. Es esa parte fea y oscura que nadie quiere abordar directamente.

Lo que cambió, que esto se comenta en el libro, es que este tipo de cine coincidió en una época de esplendor del DVD. El DVD ha sido su canal de distribución por excelencia. Se editaba directamente en el formato. Posteriormente han intervenido y han jugado un papel importante las compañías televisivas de video on demand que han facilitado que haya unos productos de un cierto nivel cultural, estético; unas propuestas adultas que pueden sortear mejor las limitaciones de la censura y su política de calificaciones. Y eso ha sido lo que ha alimentado y ha facilitado desde el punto de vista industrial que este cine tuviera una cierta presencia. Ahora como las circunstancias están cambiando y el mercado doméstico del DVD está desapareciendo a pasos agigantados y, evidentemente, las televisiones de pago están apostando por producciones propias, empezando a limitar la capacidad creativa de los cineastas, el número de propuestas y también el nivel de compromiso político que sus responsables puedan tener con ellas. Pero bueno, creo que son movimientos cíclicos. La tecnología, los hábitos de los espectadores dentro de diez o quince años pueden cambiar, pueden coincidir con un momento de crisis y puede haber un rebrote.

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“Paranormal Activity”

¿Cuánto del contenido político que anida en estas películas es consciente y cuánto inconsciente?

Yo pienso que mitad y mitad. En una entrevista Eli Roth comentaba que era plenamente consciente de que muchas de las imágenes que había colocado en su primer Hostel venían de toda la información que leía de la Guerra de Iraq y del escándalo de Abu Ghraib[1]. Cuando se publican las fotos de Abu Ghraib hay un antes y un después en la manera de representar la tortura en el cine norteamericano. No solamente en el cine de terror, sino también en otro tipo de cine. Recordemos 24, la serie de televisión, o diversos thrillers políticos.

También es cierto que hay un componente inconsciente en el sentido de que toda esta información que ellos van recibiendo, ese vivir en el mundo que hemos comentado, se procesa de una manera que no es racional, es puramente instintiva. El ambiente que les rodea marca mucho esas dinámicas. Hay cineastas que parecen más comprometidos y cineastas que parecen menos comprometidos, y hay cineastas que a veces se callan; es decir, dejan que las películas hablen por ellos. Siempre he desconfiado del director que cuando lo entrevistas te está explicando la película. Eso quiere decir que no está seguro de lo que expone su film. Sin embargo, si tú ves a un cineasta como James Wan, que primero te hace un film tan inquietante como Saw, y posteriormente hace una película como Sentencia de muerte, un thriller donde se cuestiona el tema de cómo la venganza y el haber padecido un cierto nivel de violencia nos puede cambiar, te das cuenta de que es un cineasta político. Te está hablando de algo muy concreto y te lo hace desde un cine de terror que no es nada convencional como Saw y un thriller aún menos convencional como Sentencia de muerte. Y eso continúa en su obra. Expediente Warren. The Conjuring, que me encanta, es una película que habla de dónde nace esa pasión por la violencia y la brutalidad de los norteamericanos. Y nace desde los tiempos de la colonización. La bruja que posee la casa es una antigua colonizadora.

Sí, es un tema muy común. Sin ir más lejos es lo que muestra Somos lo que somos de Jim Mickle: un país cimentado sobre el canibalismo o, en un sentido literal, de comerse a los demás…

En efecto. O una película maravillosa como Bone Tomahawk, en la que te insinúan que hay una especie de rama de norteamericanos que no son ni los colonizadores blancos, ni los indígenas, sino unos trogloditas caníbales que de alguna manera son el inconsciente más profundo de esa sociedad. Y es algo que se puede rastrear en comedias aparentemente inocuas donde se muestra la competencia feroz que existe en las high school, en la universidad, o en los centros de trabajo. Literalmente o metafóricamente, el compañero de oficina se te quiere comer porque hay una competencia por un mejor sueldo, por un mejor puesto… y todo eso está metido en este tipo de películas.

Hay películas que ya no solo es que reflejen el clima en el que se han realizado, sino que toman partido. Son muchos los ejemplos en los que el protagonista al final tiene que ser peor que el asesino que le amenaza para vencerlo…

Evidentemente. Las home invasion, que es un género que de alguna manera siempre se ha practicado en el cine norteamericano, pero que cobra una especial relevancia a partir de los trágicos hechos del asesinato de Sharon Tate. Ahora bien, en el cine post 11-S tiene diversas lecturas. Una de ellas es desde el punto de vista de las personas que viven dentro de la casa y son agredidas por agentes exteriores. Tienen dos opciones: o prepararse para el sacrificio o convertirse en agentes tan violentos como los propios agresores. Y esto se puede leer de dos formas. Como una justificación, en plan “hemos ido al extranjero a agredir y a matar porque antes han venido a nuestra casa a matarnos”. O la reflexión de decir “yo me convierto en un personaje peor que el invasor, ¿pero a costa de qué?”

Y luego están las películas de invasores contadas desde el punto de vista del invasor, que se va a una casa donde teóricamente podrá robar, lo que es muy llamativo, ya que siempre suele ser este el móvil. Sobre todo teniendo en cuenta que siempre se dijo que la Guerra de Iraq había estado promovida con la intención de apropiarse del petróleo. Y, claro, el invasor al entrar en la casa se encuentra una sorpresa que es la resistencia feroz, o incluso un grado de monstruosidad que no espera del ocupante de esa casa. Uno de los últimos casos que hemos tenido es No respires

… en la que, quizás no por casualidad, el invadido es un militar…

Exactamente, con el añadido de que es un veterano de la primera Guerra del Golfo. Y luego están esos planos del principio donde se muestra, y esto es un hecho real, esos barrios de Detroit que antes estaban poblados por personas de clase trabajadora que tenían su empleo en la industria del automóvil, pero que al desmoronarse esta se han convertido en barrios fantasmas. Esto hace que todo lo que les pasa a los protagonistas en la casa del “malo” nadie lo va a oír. Algo que es muy perturbador, ya que es como si la sociedad no existiera y fuera insensible o incapaz de adivinar qué está pasando en su seno.

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“30 días de oscuridad”

¿Cuál es la película que refleja mejor la paranoia post 11-S y por qué?

Hay varias, pero yo tengo especial debilidad por 30 días de oscuridad de David Slade, por más que sea una adaptación de un cómic que todos conocemos de Steve Niles. Pero para mí la película tiene una especial significación porque está hablando de esa paranoia con una claridad pasmosa. Tenemos un pueblo, un small town típicamente norteamericano llamado Barrow, que está en Alaska, y que, precisamente, debido a su ubicación geográfica estará sumido en la más completa oscuridad. Es la oscuridad de la que hablábamos. La oscuridad que trajo el 11-S y el terrorismo yihaidista; la oscuridad absoluta y completa. Y en esas llega un barco, que es una referencia clarísima a Bram Stoker, cargado con unos vampiros que no tienen nada que ver con la aristocracia del conde Drácula, sino que son unas bestias feroces que hablan un idioma extraño. Esto es un detalle que no está en el cómic de Niles. Son como una especie de monstruos venidos de no se sabe dónde que literalmente te van a comer, se van a alimentar de ti y van a destruir tu civilización. Los vampiros de 30 días de oscuridad son perturbadores no solo por la forma en la que matan y sorben sangre. Lo son porque están empeñados en destruir Barrow hasta los cimientos.

Y luego pone de manifiesto a través del protagonista, que es el sheriff, que ni los poderes políticos, militares o policiales, esto es, el establishment, van a poder salvarnos. Estamos a merced de lo que decidamos hacer o a merced de los colmillos. Y aunque esto sí que está en el cómic, el que para salvar a su gente el sheriff deba tomar una decisión terrible que es convertirse en un monstruo, adquiere aquí una especial relevancia dada la época en la que se rodó la película. Es algo que se dice de forma textual en una película mainstream como Drácula, la leyenda jamás contada, en la que Drácula cuando va a la cueva del vampiro a transformarse en otro vampiro justifica su acción diciendo que a veces un pueblo no necesita un héroe, sino que necesita un monstruo. Y los norteamericanos para salvar, entre comillas, Estados Unidos, se convirtieron en monstruos. Por eso 30 días de oscuridad es para mí una de las películas más representativas de este ciclo. Aparte de que sea una excelente película de terror, habla del clima de la sociedad norteamericana en aquella época de una forma muy clara. Aunque hay otras, evidentemente.

En paralelo a los Estados Unidos, también en Europa hubo atentados islamistas. ¿Cuál crees que es la razón para que no haya surgido un reflejo tan claro en su cine de terror de estas circunstancias como sí lo ha habido en su homólogo norteamericano? ¿Tiene que ver que no tenga una industria tan asentada?

Ya sé que es un cliché, pero me encanta que me hagas esta pregunta. Tengo una visión muy particular después de haber estudiado el tema de cómo funciona el cine europeo. El cine europeo se produce en el seno de unas sociedades que se proclaman muy libres y que en ocasiones miran con una cierta arrogancia por encima del hombro a la sociedad norteamericana, a su democracia y a sus instituciones. Sin embargo, el cine europeo vive bajo una represión artística, ideológica, muy importante. Me llama poderosamente la atención ver cómo en el cine español, que es mi cine, no existen películas dentro del cine de género que hablen de cuál ha sido el papel de las tropas españolas en la invasión de Iraq; que no hablen de los atentados del 11-M; o que no hablen del trabajo que hacen nuestros servicios de inteligencia, de la policía, para evitar atentados. No se habla de esto. Y no estoy diciendo de hacer una película “seria”, de autor, en la que nos aburramos todos y que cree polémica. Me estoy refiriendo a thrillers fibrosos, películas dinámicas como las que hacen los norteamericanos.

Sería importante reflexionar por qué en Europa reprimimos todo esto. Estamos viviendo situaciones realmente inquietantes, no solo en España, con la amenaza siempre latente del terrorismo islámico que ha sustituido a otros tipos de terrorismo. Y sin embargo no hablamos de esto, no filmamos sobre esto. Solamente los franceses, coincidiendo con esta época del terror post 11-S, tuvieron su mini boom de películas hiperviolentas como Martyrs, À l’intérieur, o Frontiere(s), que se fraguaron en un momento de gran malestar en su país por las políticas de Nicolas Sarkozy como primer ministro y las revueltas vividas en barrios marginales de las grandes ciudades. Creo que fue el único cine que se atrevió a hablar de todo ello desde la óptica del cine de género. Y no solo dentro del terror, sino que hay también thrillers policiacos muy interesantes. Pero quizás son la excepción. Y en el tema de terror, después de haber entrevistado y conversado de manera informal con muchos de estos cineastas franceses, tengo muy claro que los productores no querían temas polémicos, porque pensaban que era malo para la taquilla, lo cual es mentira, ya que se ha demostrado que esas películas bien promocionadas y vendidas el público va a verlas, les interesa, sobre todo al público joven, que es a quien van dirigidas.

Junto con los franceses, también es cierto que los británicos han sido valientes y han abordado estos temas, aunque en su caso sea por influencia de los norteamericanos. En cualquier caso, han hecho películas bélicas y thrillers sobre el papel oscuro que jugó su país en la invasión de Iraq y también ha habido películas en las que se trataba asuntos candentes como el enfrentamiento constante, cultural y político, entre Escocia e Inglaterra. Sin ir más lejos, en las películas de Neil Marshall siempre hay algún personaje escocés o la acción transcurre en Escocia o en su frontera. En Dog Soldiers los protagonistas son un grupo de soldados ingleses que van a hacer maniobras a Escocia y les atacan hombres lobo escoceses. O, por ejemplo, en Centurión, se habla de cómo los indígenas escocesas van a matar a los romanos, los que entonces eran los representantes de lo que era el imperio.

¿Y no consideras que el cine policiaco que se está haciendo ahora en España a pie de calle, con títulos como Que dios nos perdone, Tarde para la ira o Cien años de perdón, recoge de algún modo todo este clima?

Es el único. De hecho, es algo que ya existía en aquel gran boom que hubo en los años cincuenta, en el que se hablaba de la España franquista sin mencionarla. La censura exigía que el Bien, el Orden, triunfara al final, y los malos morían o eran encarcelados, pero en sus exponentes se podía ver cómo de empobrecidas estaban las calles de Madrid y Barcelona en la época, la mirada triste de la gente o sentir el peso del régimen en los pequeños detalles. Y eso se siguió dando a lo largo de los años setenta y ochenta. Y seguimos teniendo, por fortuna, grandes cineastas como Enrique Urbizu que hacen maravillosas películas policíacas que no tienen nada que envidiar a las mejores muestras del cine norteamericano o británico. Es un cine valiente y arriesgado, porque personalmente creo que los códigos del cine de género tienen un espacio de libertad que una película descaradamente política o descaradamente comprometida no tienen, pues a veces se deben de ajustar a una serie de miradas y actitudes un tanto falsas que el cine de género no tiene por qué respetar. Personalmente creo que esta es la única forma el cine español puede hablarnos de lo que está pasando.

José Luis Salvador Estébenez

[1] En abril de 2004 la CBS y la revista The New Yorker destaparon los casos de tortura y abuso que el personal de la Compañía 372 de la Policía Militar de los Estados Unidos, agentes de la CIA y contratistas militares llevaron a cabo contra presos enemigos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, también conocida con el sobrenombre de “Camp Redention”. Las imágenes publicadas, en las que se veían los tratos vejatorios infligidos a los presos, dieron la vuelta al mundo, causando un fuerte impacto en la opinión pública.

Deadly Manor

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Título original: Deadly Manor

Año: 1990 (Estados Unidos, España)

Director: José [Ramón] Larraz

Productores: Brian Smedley-Aston, Ángel Somolinos

Guionista: José [Ramón] Larraz

Fotografía: Tote Trenas

Música: Cengiz Yaltkaya

Intérpretes: Clark Tufts (Jack), Greg Rhodes (Tony), Claudia Franjul (Helen), Mark Irish (Rod), Liz Hitchler (Susan), Jerry Kernion (Peter), Kathleen Patane (Anne), Douglas Gowland (Trooper), William Russell (Alfred), Jennifer Delora (Amanda)…

Sinopsis: Un grupo de jóvenes se dispone a pasar unos días de vacaciones en contacto con la naturaleza. Sin embargo, el trayecto hasta el lago donde pretenden acampar es más largo de lo previsto, por lo que, ante el peligro de una inminente tormenta, deciden hacer un alto en el camino y pernoctar en una solitaria y misteriosa mansión que parece abandonada. Instalados en el lugar, una de las muchachas que no estaba convencida con la idea de pasar allí la noche desaparece sin dejar ni rastro, lo que hace sospechar a sus compañeros de que tal vez no se encuentren tan solos en la casa como ellos creían.

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También conocida con el título de Savage Lust, Deadly Manor (1990) supone la última incursión en el cine de terror de José Ramón Larraz, dos años antes del que fuera su adiós a la gran pantalla con la olvidable Sevilla Connection, y doce de firmar el que a la postre sería su último trabajo como realizador, la miniserie televisiva Vientos del pueblo: Miguel Hernández. Para su despedida del género en el que en mayor o menor medida se inscriben las mejores y más sugerentes muestras de su obra, el finado cineasta se descuelga con una cinta que conjuga las constantes acuñadas por los más reputados exponentes de su personalísima etapa británica con las formas de alguno de los productos de encargo que venía realizando por aquellas fechas, probablemente en un intento de aportar mayor viabilidad al proyecto, repitiendo un modus operandi que previamente había empleado con motivo de Los ritos sexuales del diablo (1982). Si en aquella ocasión el modelo con el que fusionar su propuesta era el del softcore con etiqueta “S” al que había consagrado su filmografía desde finales de los setenta, en esta ocasión el planteamiento adoptado es el de para esas alturas trillado slasher, subgénero que venía de visitar con su anterior Al filo del hacha / Edge of the Axe (1988), de la que recupera la idea de que el matarife de la función actúe con el rostro cubierto por una máscara de color blanco.

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Al igual que ocurriera en la referida Los ritos sexuales del diablo, para dar forma al libreto Larraz se inspiraría en un hecho real, en este caso conocido por boca del novelista Thomas Owen, seudónimo del belga Gérald Bertot, quien le narraría el caso de un amigo que, tras el fallecimiento de su mujer en un accidente de tráfico provocado por un grupo de motoristas, se había recluido en una aislada mansión en el campo, en cuyo jardín tenía expuesto el siniestrado automóvil cual reliquia, conservando en su interior las prendas que la esposa vestía el día de su muerte. Una historia fascinante y atractiva que es adoptada por el catalán utilizando un esquema argumental muy recurrente a lo largo de su trayectoria y que, a su modo, conecta con el de los cuentos clásicos, al focalizar el centro de su acción en una solitaria casona en la que se revela el peligro que acecha a los personajes que van a parar a ella. La misma estructura, salvando las distancias, de Whirlpool (1970), Deviaton (1971), Symptoms (Symptoms, 1974) o Las hijas de Drácula (Vampyres, 1974), de las que, entre otros ingredientes, Deadly Manor también hereda el gusto de su director por las relaciones enfermizas, los ambientes cerrados y la creación de atmósferas turbias.

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Sin embargo, a pesar de estas similitudes, bien lejos se encuentran los resultados de la presente con la de tan ilustres precedentes, en gran medida por culpa de su asunción de los más manidos clichés acuñados por el slasher, comenzando por la incorporación de la prototípica galería de estereotipados roles habituales en esta clase de films, en la que por no faltar ni siquiera lo hace el típico (y asesinable) gracioso del grupo. De este modo, el discurrir narrativo se consume entre estúpidos y banales diálogos bajo los esquemas clásicos de la corriente, sin que se produzca ninguna sorpresa reseñable, más allá del escaso grafismo de sus crímenes, redundado por la oscurísima iluminación utilizada por la fotografía de Tote Trenas, o el hecho de que la primera de estas muertes no se plasme en pantalla hasta bien mediado el metraje, siguiendo así con el característico tempo narrativo pausado (y en ocasiones como esta, incluso monótono) que preside gran parte de la filmografía de su responsable. Precisamente, este último elemento simboliza en sí mismo el problema interno que acusa la película desde su propia concepción, y que no es otro que la incompatibilidad existente entre los intereses propios del cine de su autor con los rasgos identificativos de un estilo tan antitético como el slasher.

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Una problemática que el propio Larraz reconocía en cierta medida dentro de sus Memorias. Del tebeo al cine con mujeres de película (EDT, Barcelona, 2012) en el capítulo dedicado al film, donde, aparte de quejarse por la falta de medios y tiempo de los que dispuso para el rodaje, entonaba el mea culpa por anteponer los aspectos puramente estéticos de la historia a sus necesidades dramáticas, malogrando con ello las posibilidades que esta le ofrecía de cara a conseguir, en sus propias palabras, “la que habría podido ser una de mis mejores películas, pero que se ha quedado como una de las peores[1]”; unas declaraciones que, dicho sea de paso, le honran y que sobresalen dentro de un panorama tan tendente a la autocomplacencia como es el del fantástico patrio. No es pues casual que lo más destacable del conjunto resida en la aparición de ciertas ideas visuales que enlazan con la personalidad demostrada por el cine de Larraz, caso de la presencia sobre un altar del coche en el que los dueños de la casa sufrieran el accidente, elemento este directamente extraído de la historia en que se inspira; el que la casa esté repleta de viejas fotografías de la esposa desnuda, que vienen a subrayar la obsesión de la pareja por la belleza perdida; o la afición de éstos por coleccionar álbumes de fotos ilustrados con instantáneas de sus víctimas desnudas en el bosque cercano.

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Dejando a un lado estos detalles bizarros, poco más se puede destacar de esta rutinaria y adocenada coproducción con los Estados Unidos, rodada en inglés en localizaciones neoyorquinas por un plantel formado en su mayoría por actores anglosajones desconocidos, a excepción de una actriz tan típica de la serie Z de la época como Jennifer Delora, y William Russell, característico británico al que los seguidores de Doctor Who recordarán por su papel de Ian Chesterton en la etapa en la que el doctor fue interpretado por William Hartnell. Si acaso, señalar a modo de curiosidad que, pese a la (minoritaria) aportación española, la película nunca ha llegado a distribuirse de forma comercial en nuestro país, permaneciendo a día de hoy inédita oficialmente en España. Algo que podría ser explicado por el hecho de que, en realidad, la participación nacional fuera en realidad inexistente, tal y como el cineasta mantenía en la referida entrevista, en la que dudaba si finalmente la parte española llegó a poner la cantidad económica a la que se había comprometido[2]. Dicha circunstancia justificaría en un principio el porqué de las aludidas estrecheces financieras que sufriría su producción, si bien parece ser desmentida por el concurso en el apartado técnico de varios compatriotas aparte del propio Larraz, comenzando por el operador Tote Trenas y siguiendo por la labor en funciones productivas de Enrique Bellot y, sobre todo, Ángel Somolinos en representación de la acreditada Castor Film, empresa cuyo otro trabajo conocido es el film de Francisco Regueiro Diario de invierno (1988), en el que Somolinos comparece asimismo en calidad de productor.

José Luis Salvador Estébenez

[1] “Entrevista a José Ramón Larraz” de José Luis Salvador Estébenez publicada en “La abadía de Berzano”: https://cerebrin.wordpress.com/2011/12/26/entrevista-a-jose-ramon-larraz/

[2] Op. cit. Nota 1.

Published in: on enero 27, 2017 at 10:30 am  Dejar un comentario  

Finaliza el rodaje de “Los olvidados”, la nueva película de los hermanos Onetti

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Tras las sendas cartas de amor al giallo italiano que supusieron sus previas Sonno Profondo (2013) y Francesca (2015), los hermanos Luciano y Nicolás Onetti acaban de concluir el rodaje de Los olvidados (What the Waters Left Behind), “una de las más ambiciosas propuestas del cine de terror argentino”, en palabras de sus responsables, que ahora encara su etapa de post-producción. El proyecto resultó ganador del Primer Concurso de Cine de Género Fantástico organizado por el INCAA.

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En esta ocasión, los hermanos Onetti dejan la influencia del terror italiano de los setentas que caracterizara a sus anteriores trabajos para embeberse del slasher más clásico de carretera, en la línea de La matanza de Texas y Las colinas tienen ojos. En su historia, un grupo de jóvenes parte a las ruinas de Epecuén a filmar un documental sobre los fatídicos acontecimientos que borraron del mapa a esa localidad en los años ochenta. Pero en su camino se cruzarán con una serie de terribles personajes que les demostrarán que hay cosas peores que la muerte.

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Epecuén era una de las villas turísticas más importantes de la Argentina debido a las propiedades curativas de sus aguas termales. El 10 de noviembre de 1985 un enorme caudal de agua rompió el terraplén que protegía la ciudad, quedando sumergida bajo diez metros de agua salada. Epecuén desapareció. Treinta años después el agua se retiró y las ruinas emergieron dejando expuesto un paisaje desolador. Los pobladores nunca regresaron.

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Los olvidados es la primera película de género a nivel mundial en ser filmada íntegramente con la tecnología Freefly MOVI, herramienta que viene a ser el futuro del sistema steadycam. En cuanto a su elenco, está encabezado en sus papeles principales por los jóvenes talentos de Agustín Pardella, Victoria Maurette, Victorio D´Alessandro, Paula Brasca, Paula Sartor y Tamara Garzón, acompañados de actores veteranos como Mirta Busnelli, Gustavo Garzón, Chucho Fernández, Germán Baudino, Damián Dreizik y el norteamericano Evan Leed.

Más información: https://www.facebook.com/Los-Olvidados-What-the-Waters-Left-Behind-546582725552452/?fref=ts

Published in: on enero 23, 2017 at 6:57 am  Dejar un comentario  

Entrevista al equipo de “(I Had a Bloody Good Time at) House Harker”

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Con la llegada del nuevo milenio la comedia terrorífica ha experimentado un considerable auge comercial y/o crítico, a tal punto que rara es la temporada en la que alguno de sus exponentes no se sitúa entre las sorpresas de la temporada dentro del ámbito del fantástico… Lesbian Vampire Killers, Tucker & Dale Vs Evil, Lo que hacemos en las sombras, la magistral La cabaña en el bosque o, sin movernos de nuestras fronteras, Lobos de Arga, son solo algunos de estos ejemplos que, a diferentes niveles, han propiciado que el estilo viva una auténtica edad de oro. Una larga lista a la que ahora se ha unido (I Had a Bloody Good Time at) House Harker, ganadora del premio del público en la pasada edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid, Nocturna, en lo que supondría su première mundial. En ella se narra cómo unos descendientes de Jonathan Harker tienen que hacer frente al ataque vampírico que se cierne sobre la pequeña ciudad en la que habitan. Dirigida por Clayton Cogswell y protagonizada por Noel Carroll, Jacob Given y Derek Haugen, (I Had a Bloody Good Time at) House Harker ha supuesto el debut de este cuarteto formado en el mundo de las webseries.

Lleváis varios años trabajando juntos, ¿cómo nace esta asociación artística?

Nos conocemos desde el instituto, la universidad… Los que menos nos conocemos es desde hace diez años, aproximadamente. Todo surgió durante una despedida de soltero en la que estábamos los cuatro juntos. Noel, Derek y Jacob comenzaron a comentarle a Clayton una idea muy divertida acerca de un talk-show… y a partir de ahí no pararon de lanzar más ideas ingeniosas sobre el mismo tema.

Estuvimos hablándolo durante un par de años, hasta que un buen día nos decidimos a hacer este pequeño show de tres episodios. Después de estos capítulos, una gran compañía llamada Machinima contactó con nosotros para decirnos que le encantaba nuestro show y que quería formar parte de él, así que gracias a eso hicimos más episodios, hasta llegar a la segunda temporada, que ellos financiaron.

Habláis de la webserie Good Cops. ¿Por qué decidisteis dejar este formato y optar por hacer una película?

Después de terminar la tercera temporada (que, por cierto, fue bastante elaborada), nos reunimos para realizar un brainstorming con el fin de encontrar ideas para nuestra siguiente serie. Pero llegado el momento nos miramos y nos dijimos que en lugar de seguir haciendo webseries, que es con lo que empezamos, debíamos evolucionar, dar un paso adelante y comenzar a hacer películas. Así que, en vez de dedicar todo nuestro tiempo y energía realizando otro show para YouTube, optamos por volcar todo aquello que habíamos aprendido rodando un largometraje.

Así que acabamos lanzándonos y realizando nuestra propia película. Jacob estuvo escribiendo este guion en concreto durante un año y medio antes de aquella reunión, así que nos dijimos: “Es ahora o nunca. Si no rodamos la película ahora, nunca tendremos otra oportunidad mejor para hacerla”.

¿Cómo fue el desarrollo del proyecto?

El proceso empezó hace cinco años, con la escritura del guion, y el rodaje se desarrolló entre abril y noviembre de 2014; es decir, hace ya año y medio de aquello. Para reunir el dinero estuvimos haciendo una campaña en la plataforma Kickstarter desde agosto hasta finales de octubre. A veces ha sido un proceso algo frustrante, pero pensamos que ha valido mucho la pena en vista de los resultados.

El equipo de "House Harker" durante la rueda de prensa de presentación en Nocturna.

El equipo de “House Harker” durante la rueda de prensa de presentación en Nocturna.

A la hora de rodar, ¿qué diferencias habéis encontrado entre hacerlo para una webserie y para una película?

Realmente, filmar una película fue bastante similar para nosotros al trabajo que habíamos hecho hasta ese momento, porque al rodaje de la webserie ya nos habíamos aproximado de una manera bastante parecida a como se rueda un largometraje. Así, nos asegurábamos que era lo que teníamos que hacer e intentábamos hacerlo lo mejor posible. La única diferencia real es que contábamos con un poco más de ayuda, porque para la película disponíamos de más personal. Pero, como decimos, lo único que cambió fue la envergadura del proyecto, así como que la historia que tratábamos de contar en esta ocasión era mucho más ambiciosa.

La gente, cuando hace webseries, especialmente en Los Ángeles, se limita a pillar una cámara, rodar algo y ponerlo todo junto, así que, en nuestro caso, nunca olvidaremos la primera temporada de Good Cops, cuando decidíamos el montaje final entre todos, y también discutíamos acerca de cosas como la colorimetría de la imagen o sobre el diseño de sonido. Así que, aunque sólo estuviéramos haciendo un capítulo de tres minutos para colgarlo en YouTube, nos lo tomábamos muy en serio, prácticamente como si estuviéramos haciendo una película.

Puede decirse entonces que esa experiencia previa en el mundo de la webserie la habéis utilizado a la hora de enfrentaros a vuestra primera película…

En efecto. Esta influencia se ha notado especialmente en lo referente al guion. El propio formato de las webseries obliga a que todo tenga que pasar mucho más rápido al tener una duración muy corta. Y fue este estilo el que adoptamos a la hora de escribir el guion, pese a tratarse de un largometraje, donde lo normal es que tenga una estructura dividida en tres actos. Pero la intención era que en cada página ocurrieran cosas increíbles y graciosas constantemente, que hicieran avanzar la historia. Así que ese bagaje previo fue muy importante a la hora de dar forma al guion. Como apunte anecdótico te comentaremos que, aunque la película dure apenas ochenta minutos, el guion original de Jacob tenía ciento treinta y cinco páginas de extensión, por lo que puedes imaginarte el ritmo al que va la película.

El equipo de "House Harker" posa con el premio del público en Nocturna tras recibir el galardón.

El equipo de “House Harker” posa con el premio del público en Nocturna tras recibir el galardón.

¿Cómo es la escritura del guion en una película como la vuestra? ¿Primero hacéis la historia y luego vais acoplando los gags, o es al revés?

Como siempre trabajamos en grupo, hay ciertos momentos en los que todos nos reímos, así que Jacob, como escritor, es consciente de que tiene que colocar justo esos momentos divertidos al final del primer acto, del segundo acto, etc… En cualquier caso, queremos dejar claro que escribimos en grupo y decidimos los chistes entre todos, aunque más tarde haya que mirar cómo se desarrollará la historia para lograr que esos gags encajen.

Lo que más disfrutamos en este sentido es cuando a las dos de la madrugada, y tras cinco horas de rodaje, los personajes que hasta ese momento sólo estaban en nuestra cabeza se hacen reales y dicen algo gracioso. Entonces nos decimos a nosotros mismos: “¡¡Sí, lo hemos logrado!!

Lo bueno de que Noel, Derek y Jacob sean también los actores es que cada uno de ellos puede entrar en sus respectivos personajes cuando estamos confeccionando el libreto. Además de esto, junto a Clayton escribimos un pasado para nuestros personajes, para saber de dónde vienen, para de esta manera poder contar también con una buena base sobre la que más tarde poder interpretar e improvisar.

Ya que lo mencionáis, a la hora de rodar los momentos cómicos, ¿teníais muy cerrado el libreto o había cierto margen a la improvisación?

Por supuesto que a veces hay improvisación, especialmente en la escena de antes de llegar al bar, cuando van camino a casa: todo ese diálogo fue improvisado. Estábamos de noche y todo esa parte salió prácticamente de la nada. Pero el resto de la película está bastante trabajado y pensado de antemano.

Esta escena de la que te hablamos en un principio era totalmente diferente, pero al ver las reacciones de los miembros del equipo caímos en la cuenta de que no funcionaba y por eso decidimos cambiarla, improvisando así en diez minutos la escena que finalmente ha quedado en la película.

Y al ser un grupo tan amplio, ¿de qué forma tomáis las decisiones? ¿No suele haber piques por ver quién lleva la voz cantante?

Nunca hay conflictos. Somos muy buenos amigos desde hace muchos años, lo que hace que el proceso de colaboración sea maravilloso. Sí es verdad que pueden surgir pequeños roces o conflictos, pero al final del día se olvida todo y volvemos a ser buenos amigos.

Todo lo que hemos hecho ha sido entre los cuatro. Es lo que llamamos “El consejo de los cuatro”. Y siempre que alguno tiene una idea la sometemos a votación, y si obtiene mayoría la llevamos a cabo. Jacob, como guionista, lo pasó mal, porque a veces no tenía esa mayoría. Es un trabajo de equipo y el tener una idea no quiere decir que vaya a ser definitiva, sino que se puede moldear entre todos para que sea aún mejor. Y aunque la titularidad de ciertos apartados sea solo de uno, la responsabilidad es de todos. Jacob firma el guion, pero el guion es de todos. Clayton aparece como director, pero en cierto sentido también la dirigimos entre todos. Y así… todo

Ya para terminar, el desenlace la película deja la puerta abierta a una posible continuación con hombres lobo. ¿Tenéis intención de hacerla?

Nos encantaría. Si la gente se decide a ver la película, no sólo haremos ésta, sino que tenemos otras tres planeadas; pero, como decimos, todo depende de la respuesta que recibamos del público.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Nocturna

 

Published in: on enero 20, 2017 at 6:59 am  Dejar un comentario  
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The Monster Walks [dvd: El monstruo asesino]

Título original: The Monster Walks

Año: 1932 (Estados Unidos)

Director: Frank R. Strayer

Productor: Cliff P. Broughton

Guionista: Robert Ellis

Fotografía: Jules Cronjager

Música: Charles Dunworth

Intérpretes: Rex Lease (Dr. Ted Clayton), Vera Reynolds (Ruth Earlton), Sheldon Lewis (Robert Earlton), Mischa Auer (Hanns Krug), Martha Mattox (Sra. Emma “Tata” Krug), Sidney Bracey (Herbert Wilkes), Willie Best [acreditado como Sleep n’ Eat] (Exodus)…

Sinopsis: Durante una tormentosa noche Ruth Earlton y su novio, el doctor Ted Carver, llegan a la casa del padre de Ruth, repentinamente fallecido, para asistir a la lectura de su testamento. El difunto señor Earlton lega todo a su hija, pero en caso de que ella muera, las posesiones irán a parar manos de su inválido tío Robert, quien vive en la casa familiar junto con el ama de llaves y el extraño hijo de ésta. Durante la noche, una mano grande y peluda intenta estrangularla desde el cabecero de la cama a Ruth, recayendo las sospechas en el mono que se encuentra enjaulado en el laboratorio de su finado padre.

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Con una filmografía compuesta por noventa títulos condensados a lo largo de veinticinco años, lo que de entrada da una idea muy aproximada de su fecundidad, la trayectoria del cineasta norteamericano Frank R. Strayer suele ser evocada, principalmente, por tres de sus aportaciones al cine de terror y misterio, curiosamente todas ellas datadas durante los albores del sonoro. Hablamos de su considerada obra maestra ¿Vampiros? Sombras trágicas (The Vampire Bat, 1933), Condemned to Live [dvd: Condemned to Live, 1935] y el film que nos ocupa, The Monster Walks (1932), editado en nuestro mercado doméstico con el título de El monstruo asesino, el mismo que recibió en su estreno mexicano, dicho sea de paso. Una fama que, en este caso, parece claro que no responde tanto a sus posibles logros cinematográficos, muy limitados en todos los sentidos, como a cuestiones secundarias del tipo que su estreno en Gran Bretaña no fuera aprobado por las autorizadas censoras de las Islas en su momento, prohibición que no fue abolida hasta casi ochenta años más tarde, durante el pasado 2010.

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Escrita por el otrora actor Robert Ellis, a la sazón esposo por aquel entonces de su actriz protagonista, Vera Reynolds, la propuesta de The Monster Walks se encuadra dentro de las denominadas “Dark House Mysteries”, corriente surgida sobre las tablas escénicas y trasplantada poco después al medio cinematográfico, la cual viviría su particular edad de oro durante la década de los veinte del pasado siglo. A pesar que para su fecha de realización las “Dark House Mysteries” comenzaban a estar de capa caída ante el empuje que había supuesto el inicio del ciclo sobre monstruos clásicos de la Universal, esta modesta producción de la Ralph M. Like Productions, desarrollada en apenas tres escenarios y con poco más de media docena de personajes, repite a pies juntillas el inamovible esquema sobre el que se sustentaba esta clase de propuestas junto a sus principales ingredientes característicos. A saber: una asilada mansión, la lectura de un testamento, y el consiguiente baile de muertes en medio de la tormentosa noche que tienen como víctimas a algunos de los beneficiarios de la fortuna en liza a manos de un misterioso asesino de peculiar apariencia. Poco más. Como puede apreciarse, todo de lo más elemental, consistiendo el principal aliciente de la intriga urdida el descubrimiento de la identidad del autor de los crímenes, haciéndose para ello eco de las formas acuñadas por el más clásico whodunit literario.

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Dentro, pues, de lo formulario de la propuesta, tres son los elementos que dotan de cierta diferenciación a The Monster Walks con respecto al resto de sus congéneres. El principal, aquel que le brinda su primordial rasgo identificativo, es la presencia de un enjaulado chimpancé en los sótanos de la casona, al que en un principio se le creerá causante de los crímenes, en lo que puede verse como una reminiscencia a “Los crímenes de la calle Morgue” (“The Murders in the Rue Morgue”, 1841) de Edgar Allan Poe, y cuyo concurso es empleado para emular una imagen icónica de uno de los más distinguidos exponentes del subgénero, El legado tenebroso (The Cat and the Canary, 1927), mediante la aparición de las peludas manos del supuesto simio emergiendo por detrás del cuello de la desvalida protagonista. Frente al sesgo derivativo que revela este componente, los dos restantes funcionan por oposición a lo que era norma en el estilo, aunque su importancia sea meramente anecdótica. Por un lado, debido al exiguo número de muertes acaecidas durante el relato, tan sólo una, y por otro, por la escasa injerencia de la que goza el alivio cómico de turno, el chofer negro de uno de los personajes[1] que, no obstante, es caracterizado según los estereotipos raciales y racistas con la que eran presentados este tipo de roles durante la época. Sirva de muestra su comentario con el que se cierra la cinta, tras conocer que el anterior dueño de la mansión era seguidor de las teorías evolutivas de Darwin y, por ello, la presencia del mono en su laboratorio: “Yo tenía un abuelo que se le parecía un poco, pero no era tan activo”, dirá refiriéndose al simio.

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Acorde a la tónica reinante, la dirección de Strayer se encuentra sujeta a los convencionalismos del subgénero. No faltan pues las imágenes destinadas a sembrar las sospechas entre la audiencia, en las que se muestran los rostros aviesos del elenco, caracterizados según la tipología habitual y definidos a través de lo que se dice en los diálogos y no de lo que revelan sus acciones. Una práctica que, a la hora de la verdad, da como resultado algún momento un tanto jocoso, representado por la conversación entre el notario y el novio de la heredera momentos después de la lectura del testamento, cuya función en la historia es suministrar al espectador la información necesaria sobre los diferentes personajes que moran en la casa, pero que vista en su contexto hacen parecer al joven una suerte de cazadotes, informándose de los bienes recibidos por su prometida. En lo que a su uso de la técnica se refiere, la puesta en escena de Strayer hace gala de una planificación estática, supeditada a tomas generales fijas tan solo violentada por la puntual inclusión de primeros planos destinados a recoger las ya de por sí gesticulantes reacciones de los personajes, dentro de una dirección de actores más propia del cine mudo que del sonoro. Con todo, cabe reconocer que, dentro de los escasos alicientes que oferta el conjunto, la trama está llevada con buen ritmo, a lo que contribuye que su exceso de verborrea no llegue al exagerado nivel de otras talkies, lo que unido a un componente cómico no tan molesto como en otros exponentes, como ya se ha dicho, y una ajustada duración no superior a los sesenta minutos, hacen que su visionado, si no apasionante, sí que pueda ser seguido con un relativo agrado. Algo es algo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Acreditado con el denigrante seudónimo de Sleep ‘n’ Eat, dicho papel es interpretado por un principiante Willie Best, con los años uno de los actores cinematográficos afroamericanos más populares de su tiempo gracias a pequeños papeles en films como El último refugio (High Sierra, 1941) o El castillo maldito (The Ghost Breakers, 1940). Precisamente, la estrella principal de esta última, Bob Hope, diría de él que era el mejor actor que conocía. Claro que Best no es el único miembro del reparto que alcanzaría posteriormente cierta notoriedad. A este respecto cabe indicar que el personaje del siniestro criado es un, por entonces, desconocido Mischa Auer, cuatro años antes de ser nominado al Oscar al mejor actor de reparto por su trabajo para Al servicio de las damas (My Man Godfrey, 1936), a partir de lo cual se especializaría en los registros cómicos por los que hoy es recordado.

Published in: on enero 2, 2017 at 5:14 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Don Coscarelli

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De una forma un tanto inesperada, este 2016 ha vuelto a traer a primer plano de la actualidad la saga Phantasma. Lo ha hecho, por un lado, con el estreno de Phantasm V: Ravager, la quinta y, en principio, última entrega de la franquicia, y la primera de toda la serie que no ha sido dirigida por su creador, Don Coscarelli. Y por otro, con el lanzamiento de una espectacular remasterización en 4K del film original de 1979 apadrinada por la Bad Robot de J. J. Abrams. Dos acontecimientos cinematográficos a los que el destino ha querido unir el fallecimiento a los 89 años de edad el pasado enero de Angus Scrimm, el inolvidable intérprete del no menos emblemático Hombre Alto.

Cuatro años después de recibir el honorífico premio “Màquina del Temps” como reconocimiento a toda su trayectoria, Don Coscarelli regresó al Festival de Sitges para presentar estos dos nuevos trabajos. Por si no eran suficientes los motivos que le llevaban hasta la localidad barcelonesa, su presencia levantaría un plus mayor de expectación al coincidir con la mediática visita de Bruce Campbell al certamen, lo que hizo que fueran muchos los aficionados que les preguntaron acerca de las posibilidades de materialización de la acariciada precuela de Buba Ho-Tep (Buba Ho-Tep, 2002), film cuyo pase dentro del ciclo retrospectivo dedicado a la carrera del protagonista de Posesión infernal (Evil Dead, 1981) contaría con una presentación conjunta de ambos.

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La primera pregunta es obvia: ¿por qué no has dirigido esta quinta entrega de Phantasma?

La respuesta sencilla sería: ¿cuántas películas de Phantasma puede dirigir una persona a lo largo de su vida? Yo creo que cuatro seguramente son más que suficientes (risas). Y esa ha sido la forma en que Phantasm V: Ravager ha ido evolucionando; porque nunca hubo una intención premeditada de que fuese una secuela. Lo que ocurrió es que soy amigo del director, David Hartman, quien trabajó en los efectos visuales de Bubba Ho-Tep. David es un cineasta muy prolífico, capaz de hacer un cortometraje cada fin de semana. Un día vino y me dijo: “Eh, vamos a rodar un corto de Phantasma este fin de semana”. Pensé que podría ser divertido, así que hablé con el actor Reggie Bannister, le pregunté si estaría dispuesto a ayudarnos y él estuvo encantado de hacerlo. Fue una experiencia muy divertida trabajar con él, tenía muy buenas ideas y una gran habilidad visual.

Cuando terminamos pensé que esta sería una manera inteligente de hacer una última secuela, en vista de que nadie nos ofrecía el dinero suficiente como para poder hacerlo. Sin embargo, esta era una forma muy eficiente de ir haciéndola con unos amigos de forma sencilla. De vez en cuando David la hacía más a lo grande, pero originariamente era una idea muy simple que evolucionó de forma orgánica.

¿Cuál ha sido el motivo por el que la realización de Phantasm V: Ravager haya estado envuelta de tanto secretismo?

Creo que porque no estábamos seguros de poder terminarla. Ha sido muy difícil. Y te habrás dado cuenta de que es mejor no revelar demasiado sobre el argumento de la película. Es mejor ir a verla sin ideas preconcebidas. Pero el motivo principal es que no teníamos ni idea de cuánto íbamos a tardar en terminarla y lo que queríamos era terminarla antes de hablar de ella con nadie. Por suerte, todos los actores de Phantasma son muy buenos manteniendo secretos, así que cuando se anunció su existencia pilló a todos por sorpresa. Pero luego nos llevó otros dos años terminar la postproducción, así que muchos se empezaron a preguntar si era una película de verdad o no…

¿Cómo ha sido el hecho de volver al universo de Phantasma dieciocho años después de la que fuera la anterior entrega de la saga, Phantasm IV: Oblivion [dvd: Phantasma IV: Apocalipsis, 1998]?

Siempre había creído que Phantasma IV: Apocalipsis fue una buena culminación a la saga aunque fuese algo misteriosa en su final. Pero luego, visitando internet y acudiendo a las convenciones de cine de terror, me di cuenta de que todo el mundo quería ver otra película de Phantasma, y eso fue lo que hizo que me pusiera a pensar en ello. La intención con David siempre fue intentar recuperar a los personajes principales y llegar a algún tipo de resolución que fuese satisfactoria. En mi opinión, el final de la película lo resuelve muy bien. Creo que es melancólico y emotivo, incluso triste… intentando responder a la cuestión de qué pasa cuando mueres. Espero que el público aprecie esa parte.

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El estreno de Phantasm V: Ravager ha coincidido temporalmente con la remasterización de la primera entrega de la saga en 4K, para la que has contado con la colaboración de J. J. Abrams. ¿Cómo surgió esta asociación?

Es una buena pregunta. Conocí a J. J. hace once o doce años. Por entonces él era productor de televisión. Me llamó y me dijo que quería hablar de Phantasma (Phantasm, 1979), ya que la había visto cuando era un adolescente y le gustó mucho. Así que ya le conocía, pero fue hace un par de años cuando volvió a contactar conmigo porque quería enseñar Phantasma a gente de Bad Robot, su productora. Sin embargo, las únicas copias que yo tenía era una vieja copia en 35 mm y los DVDs editados de la película. Él se sorprendió de que no tuviéramos copias en alta calidad de la película e inmediatamente se ofreció a arreglarlo. Me puso en contacto con su jefe de postproducción, ya que acababan de comprar un programa nuevo de acabado llamado “Mistika”, que creo que es español. El colorista que lo supervisaba, Juan Cabrera, que también es español, me llamaba de vez en cuando para decirme: “Vente esta noche que tengo cuatro horas libres para trabajar en la peli” y así estuvimos durante un año, trabajando unas horas cada semana.

Fue estupendo poder corregir todos los errores de la película, ya que fue hecha con unos medios muy modestos. Por ejemplo, tuvimos que hacer muchos de los efectos de las bolas con hilos de caña de pescar y ahora pudimos borrar todo eso.

Curiosamente, aunque la mayoría de los títulos emblemáticos del cine de terror norteamericano de la década de los setenta han sido objeto de remakes en los últimos años, no ha ocurrido lo mismo con Phantasma. ¿A qué se ha debido?

Me las arreglé para tener los derechos y pude evitarlo para bien o para mal. Es tentador vender los derechos y hacer mucho dinero, pero los actores entonces eran jóvenes y con vitalidad, y al ser amigo personal de Angus y Reggie me sentaba mal decirles: “Vamos a hacer un remake y vosotros no vais a estar en él”. Habría sido terrible tener que decirles eso a unos amigos. Quizá ahora, que Angus no está con nosotros y hemos terminado la quinta entrega de Phantasma, sea posible.

Sería genial encontrar a algún visionario director que tome la idea y quiera hacer algo con ella, pero el reto sería… Porque realmente creo que Angus Scrimm aportó algo a la saga que sería muy difícil de reemplazar con otra persona. Incluso si hubiese otra película de Phantasma no bastaría con otro hombre alto; se necesitaría algo completamente distinto a lo que enfrentar a los personajes. Así que ese sería el reto.

Ya que lo has mencionado, ¿cómo fue trabajar con Angus y qué recuerdos guardas de él?

Fue una experiencia maravillosa. Era un gran amigo y hemos trabajado juntos a lo largo de más de treinta años. De hecho, al comienzo hicimos mucha promoción juntos, ya que, con la intención de publicitarla bien, el distribuidor de Phantasma en los Estados Unidos nos envió por todas las ciudades del país a mí y a Angus, con su traje y maquillaje puesto. Lo pasamos genial juntos porque nos llevaban a programas matinales donde normalmente hablaban de cocina y de estilos de vida, y allí estaba Angus vestido como su personaje a las seis de la mañana diciendo “Chicooooooo” a la cámara y asustando a la gente. Fue muy divertido.

Era un hombre estupendo, parte de la familia. Ha sido una triste pérdida, pero tenía 89 años. Vivió una vida muy rica y, además, tuvo otra carrera totalmente diferente como escritor en el mundo de la música. De hecho ganó un Grammy por las mejores notas[1] para un álbum clásico. Era un hombre muy inteligente y humilde. A los fans les encantaba conocerle. Él era muy bueno con ellos y tenía una gran memoria. Podía encontrarse con un fan en una convención y cinco años después aún se acordaba de su nombre, o de que tenían un hermano o hermana. Los fans le adoraban. Ha sido una gran pérdida.

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Dejando la saga Phantasma a un lado, hace poco comentaste la posibilidad de que John muere al final (John Dies at the End, 2012) tuviera una secuela. ¿Existe una base real para este proyecto, o se trata solo de un deseo?

Tengo interés en hacerla, pero en estos casos la cuestión es siempre encontrar la financiación. Cuando trabajabas con elementos extraños y estimulantes es muy difícil. Puedo contar anécdotas de cuando iba con el guion de Bubba Ho-Tep a los estudios y me decían: “¿De verdad que quieres hacer esta película? ¿Quién quiere ver a un viejo Elvis en un asilo? ¿Quién quiere ver a una momia?”

Pero sí, es algo que considero. Le pregunté al guionista y autor del libro que adapta John muere al final, David Wong, qué le parecería hacer una serie de televisión con estos personajes. Inmediatamente, dos días después, me mandó una hoja entera con la descripción de cómo sería esa serie. Y era tan divertido que me reí muchísimo. Ya sabéis que en las series hay una trama central y una secundaria. La principal sería el “Monstruo de la semana”, algún tipo de monstruo extraño contra el que los protagonistas lucharían. Y la trama secundaria serán las penurias que pasan para conseguir pagar el alquiler. Así habría este contraste tan divertido.

Hablando de posibles secuelas, uno de tus futuribles proyectos que más expectación han tenido entre los aficionados es la precuela de Bubba Ho-Tep. ¿Llegaremos a ver algún día Bubba Nosferatu?

¡Pregúntaselo a Bruce Campbell! Si él la hace, yo también. Puede haber bastantes buenas historias sobre Elvis combatiendo monstruos. Creo que podría ser divertido.

Echando un vistazo a tu filmografía, cada vez es mayor el lapso de tiempo que transcurre entre cada nueva película. ¿Es el peaje que tienes que pagar por tener el control sobre sus proyectos?

Muy buena pregunta, gracias. Sin duda ese es uno de los principales motivos, ya que, obviamente, a mí me gustaría trabajar más. Aunque, bueno, teniendo en cuenta que una de las desventajas que conlleva hacer películas es la gran presión que debes soportar en un periodo de tiempo muy pequeño, quizá el hecho de que no haya hecho muchas haga que viva más porque me he mantenido más fresco (risas).

Pero hablando un poco más en serio, tuve una mala experiencia con El señor de las bestias (The Beastmaster, 1982), ya que hubo muchas interferencias creativas. Así que tomé la determinación de que aquello no me iba a volver a ocurrir y desde entonces soy muy cuidadoso a la hora de buscar el momento idóneo para hacer películas.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Con notas se refiere a “liner notes”, algo así como la descripción de las canciones y letras que venían en las fundas del LP. No hay traducción exacta al castellano, pero podría ser “las notas” o “los créditos” del álbum.

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Kôji Shiraishi, director de “Sadako Vs Kayako”

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Coincidiendo con el cambio de milenio, el cine de fantasmas japonés vivió una auténtica eclosión. Durante aquellos años, las carteleras cinematográficas se llenaron de espectros de pálido aspecto y largos cabellos que poblaron las pesadillas de espectadores de todo el mundo. El éxito de estas películas propiciaría la aparición de numerosas secuelas e imitaciones, así como de varios remakes a cargo de la todopoderosa industria hollywoodiense de sus títulos más emblemáticos, proyectando incluso su influencia en otras cinematografías. Pero aunque la fiebre por el denominado J-Horror ya mitigó en Occidente hace tiempo, en su Japón natal la producción de este tipo de films ha seguido manteniéndose hasta nuestros días.

Uno de sus últimos y más significativos exponentes es Sadako vs Kayako (2016), un intento por seguir exprimiendo lo que aún pueda dar de sí el cada vez más moribundo filón mediante la unión de las que quizás sean dos de las sagas más importantes y prolíficas de la corriente: The Ring y La maldición. Nacido a raíz de un video viral lanzado como una broma, el encargado de dar forma a este proyecto ha sido Kôji Shiraishi, cineasta afín al género entre cuya filmografía destaca Grotesque / Gurotesuku (2009), film que en su momento levantaría cierta polémica debido a la explicitud y sadismo de sus imágenes, siendo prohibido en varios países europeos, entre ellos el Reino Unido. Hace unas semanas, Shiraishi visitaría España con motivo del pase de Sadako vs Kayako dentro de la Sección Oficial a Concurso de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

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Cuentas en tu haber con varias películas sobre espíritus, pudiéndosete considerar un especialista en la temática. ¿Obedece esta dedicación a un interés personal?

En general se trata de encargos que yo he aceptado. Hace unos años la mayoría de los productores japoneses, que son personas no demasiado inteligentes, vieron que La maldición (Ju-On, 2000) funcionó en taquilla y comenzaron a hacer películas iguales con poco presupuesto que dieran dinero. Pero debo decir que hay algunos aspectos del J-Horror que no terminan de convencerme. Por eso en mis películas trato de apartarme un poco de esa línea y tiendo a mostrar la lucha de personas que van ellas mismas a buscar al fantasma para vencerlo y exorcizarlo de alguna forma. Este es uno de los motivos por el que me interesaba mucho hacer una película como Kayako Vs Sadako, que enfrenta a dos criaturas sobrenaturales.

¿Cómo llegas al proyecto?

La productora Kadakawa y la Universal japonesa son las propietarias de los derechos de la serie de The Ring, por una parte, y de La maldición por otra, y decidieron hacer esta unión de ambas sagas. Una vez que se decidió el proyecto fue cuando me lo encargaron a mí. Al principio solo me comentaron que tenían un proyecto que podría interesarme. Me citaron para una reunión y cuando me entregaron el dossier y vi que en la portada aparecía el título de Kayako Vs Sadako pegué un bote de alegría. No podía imaginarme que iba a dirigir una película que iba a enfrentar a los dos principales iconos del cine de fantasmas japonés de los últimos años. Estaba que no cabía en mí de felicidad, entre otras cosas por el hecho de que pensaran que yo era la persona adecuada para sacar adelante un proyecto de estas características, que reúne a dos personajes que no son sólo famosos en Japón, sino en todo el mundo. Así que el proyecto me entusiasmó desde el primer momento.

¿Sabes qué hizo que los productores se decantaran por ti para confiarte el proyecto? 

Quizás fuera por una serie que hice de videos malditos, que se llamaba Honto Ni Atta Noroi No Video (2003), donde pedíamos a un montón de gente que nos enviara sus videos e imágenes. Tal vez por la cercanía conceptual que este proyecto guarda con la idea de Sadako en The Ring (Ringu, 1998) fue por lo que me ofrecieron dirigir la película.

¿Es Sadako Vs Kayako tu film más ambicioso hasta el momento en términos industriales?

No. Creo que mi película más ambiciosa y con la que he contado con un mayor presupuesto ha sido Noroi (2005). Pero, indudablemente, Sadako Vs Kayako es la más mediática de todas.

Koji Shiraishi flanqueado por Daniel Aguilar y Josemi Beltrán durante la rueda de prensa de "Sadako Vs Kayako" en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti.

Koji Shiraishi flanqueado por Daniel Aguilar y Josemi Beltrán durante la rueda de prensa de “Sadako Vs Kayako” en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti.

Aparte de dirigir la película, también te has encargado del guion. ¿Fue muy difícil combinar ambas mitologías de forma homogénea y sin que los fans de las dos franquicias se sintieran decepcionados?

A mí me gustan ambas series, por lo que he intentado equilibrarlas de manera que gustara a los fans de cada una de ellas. Para ello he procurado incluir todos los rasgos principales de ambos espectros, sobre todo en la primera mitad de la película. La segunda parte, en cambio, en la que ocurre el enfrentamiento entre los dos fantasmas, la he hecho más libremente. En cualquier caso es inevitable que, al final, a los seguidores de una u otra serie haya algunas cosas que no les gusten.

En este sentido, por su propia naturaleza es una película que está especialmente dirigida hacia los seguidores de las dos sagas. ¿Era ese el enfoque principal que manejaste?

Mi primer objetivo, aunque pueda parecer un poco sorprendente, era hacer una película que gustara a los niños. Este ha sido el primero de mis planteamientos. El segundo es, por supuesto, contentar a los fans de ambas sagas y, por extensión, del género. Aún así, he pretendido no quedarme solamente en eso, sino hacer una película que pudiera llegar a un espectro de público más amplio.

Personalmente, ¿qué aspecto te interesaba de cada una de las franquicias?

De la serie The Ring me interesaba sobre todo lo que mostraba la primera película. Creo que tiene cinco ideas muy buenas: el que la maldición tenga un límite temporal; el hecho de utilizar una cinta de video como transmisor de la maldición; el aspecto del fantasma, todo vestido de blanco y con el pelo tan largo que nunca se le ve la cara; los planos en los que solo se muestra un ojo; y toda la utilización que se hace de la pantalla de televisión. Estos cinco aspectos de la serie The Ring eran lo que más me interesaba a la hora de hacer Sadako Vs Kayako. Y aunque a día de hoy las cintas de video estén pasadas de moda, yo tengo un gran cariño por las cintas de VHS, por lo que pensaba que de alguna manera había que incluir la presencia de la cinta de video en la película.

En cuanto a la serie de La maldición, por más que no sea principalmente la primera entrega la que más me interesaba, me parece muy atractiva la idea de que en la misma casa se encuentren los fantasmas de la mujer y el niño. Y me gusta sobre todo la representación visual de Kayako bajando las escaleras. Es por eso que en la primera parte de mi película he intentado recrear un poco este aspecto.

Un simpático momento de la peculiar presentación que Kôji Shiraishi hizo sobre las tablas del Teatro Principal donostiarra antes de la proyección de "Sadako Vs Kayako".

Un simpático momento de la peculiar presentación que Kôji Shiraishi hizo sobre las tablas del Teatro Principal donostiarra antes de la proyección de “Sadako Vs Kayako”.

Has comentado que muchos productores japoneses se dedican a hacer películas clónicas repitiendo los mismos esquemas. Al basarte en dos franquicias tan asentadas, ¿cuánta libertad has tenido a la hora de dar forma a la película?

Desde el momento en que comencé a escribir el guion he tenido bastante libertad para hacerla. Lo único que no me dejaron hacer los productores fue el final que yo quería, que era mucho más apocalíptico que el que finalmente se ha incluido. En él, se hacía una especie de mezcla de los dos espectros con el pozo de la que surgía una criatura gigantesca, todo ello envuelto en niebla, un poco como en la película La niebla (The Mist, 2007). Sin embargo, me dijeron que eso era llevar las cosas demasiado lejos.

Dentro de tu aportación al material en que te basas, uno de los aspectos que me ha llamado la atención es la carga cómica que poseen algunos personajes y pasajes que hace que, por momentos, dé la sensación de encontrarnos ante una parodia…

El tono de la película es más o menos el mismo que he empleado en el resto de mi filmografía. Soy una persona que a la hora de hacer cine de terror busco que el espectador que quiera pasar realmente miedo lo consiga, y pueda ver el film de una forma seria. Los personajes en ningún momento pretenden ser cómicos; lo que pasa es que, por otra parte, aquel que quiera hacer, digamos, una mirada diagonal a la película encuentra siempre ciertos puntos de humor. El efecto combinado de todo esto es que cuando termina la película mucha gente dice que ha pasado verdaderamente miedo y, en cambio, otros espectadores dicen que se han reído mucho. Pero yo no busco que ninguna vertiente predomine sobre la otra, sino que, como decía, las personas que quieran pasar miedo lo hagan, y aquellas otras que quieran divertirse también se puedan divertir.

Sin lugar a dudas, uno de los puntos culminantes y esperados es el anunciado enfrentamiento entre Sadako y Kayako, pero sobre el que, sorprendentemente, pasas muy por encima, dedicándole apenas tiempo. ¿Por qué optaste por este enfoque?

El principal motivo es que si haces demasiadas secuencias de enfrentamiento entre los espectros significa que tienes que gastar mucho dinero. Pero dado que el planteamiento de partida era el que era, la escena del enfrentamiento debía de existir en la película en algún momento.

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Durante la fase de producción hubo rumores de que la intérprete original de Kayako, Takako Fuji, iba a retomar el papel, llegando al punto de que la actriz tuvo que desmentir su vinculación con el film. ¿Hubo realmente contactos para que formara parte del reparto?

En ningún momento nos llegamos a plantear la participación de Takako Fuji. Fueron solo rumores de Internet.

En un primer momento también se anunció que iban a celebrarse proyecciones en 4D de la película. ¿Han llegado a llevarse a cabo?

Sí. En Japón ha habido algunas salas en las que se ha proyectado en 4DX.

Si no me equivoco, Sadako Vs Kayako ha sido estrenada en Japón el pasado mes de junio. ¿Qué tal ha sido recibida?

Por la información que tengo, ha funcionado bien en taquilla.

En vista de ello, ¿sabes si existen ya planes para la esperable secuela?

La verdad es que personalmente preferiría que mi película pusiera ya un punto final a ambos personajes. No sé si lo conseguirá, pero me gustaría que lo hiciera para que el cine de terror japonés comenzara a transitar por otros caminos. Aunque esto es solo un deseo y lo más probable es que los productores vuelvan a encargarle a alguien una nueva película. En el caso de que me lo pidieran a mí, intentaría al menos que resultara innovadora.

En cualquier caso, conociendo la fertilidad de tu carrera, en la que abundan las temporadas en que facturas más de una película por año, imagino que no será por proyectos…

En efecto. Hace apenas unos días que acabé de rodar un nuevo film que entrará ahora en la fase de montaje. Y a corto y medio plazo tengo previsto filmar otra película para el próximo mayo y antes de finales de 2017 otra más.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

La pirámide

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Título original: The Pyramid

Año: 2014 (Estados Unidos)

Director: Gregory Levasseur

Productores: Alexandre Aja, Mark Canton, Chady Eli Mattar, Scott C. Silver

Guionistas: Daniel Meersand, Nick Simon

Fotografía: Laurent Tangy

Música: Nima Fakhrara

Intérpretes: Ashley Hinshaw (Nora), Denis O’Hare (Holden), James Buckley (Fitzie), Christa Nicola (Sunni), Amir K (Zahir), Faycal Attougui (Cabo Shadid), Philip Shelley, Ait Hamou Amine, Omar Benbrahim (Niño), Joseph Beddelem (Taxista), Chakir El Faaiz, Garsha Arristos, Prince Shah (Trabajadores egipcios)…

Sinopsis: Un equipo de arqueólogos estadounidenses desentierra en el desierto egipcio una antigua pirámide. Su hallazgo promete revolucionar la egiptología, ya que solo tiene tres caras y se cree anterior en el tiempo a las ya conocidas. Sin embargo, el clima de tensión que se vive en el país como consecuencia de la Primavera Árabe hace que el gobierno local obligue a abandonar el yacimiento. Pero antes de marchar, los investigadores deciden explorar la pirámide con el fin de documentar su descubrimiento. Pronto, el  equipo se encontrará perdido en un intrincado laberinto en el que algo les persigue.

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No pueden negarse los muchos alicientes que sobre el papel reúne un film de las singulares características de La pirámide (The Pyramid, 2014). Por un lado, por evocar la fascinación que ejerce en el imaginario colectivo el misterio que envuelve al Antiguo Egipto, con sus construcciones colosales, tradiciones funerarias y toneladas de exotismo. Una atracción que ha sido aprovechada a conciencia en el campo literario y que en el medio cinematográfico ha tenido su principal referente dentro del género terrorífico con las diferentes versiones existentes de La momia, en especial la original dirigida por Karl Freund y protagonizada por Boris Karloff en 1932, y la más palomitera y aventurera debida a Stephen Sommers en 1999. Un legado que, de algún modo, recoge La pirámide, bien sea por su orientación genérica como por basar su argumento en las supuestas maldiciones que esperan a aquellos que osen profanar una tumba egipcia, a través de una premisa argumental harto sugerente y, ¿por qué no decirlo?, de lo más pulp[1], que narra las peripecias de un grupo de arqueólogos perdidos en los laberínticos pasillos de una recién descubierta pirámide donde habita un mal desconocido.

A lo atractivo de este argumento hay que sumarle, además, el tratarse de la ópera prima como realizador de Grégory Levasseur, habitual mano derecha de uno de los nombres propios del cine fantástico actual, Alexandre Aja, quien a su vez se ha hecho cargo de la producción de la película. Colaborador habitual del director de Horns desde que tomara la alternativa en el formato largo con Furia (1999), entre las distintas facetas desempeñadas por Levasseur a lo largo de este tiempo destaca su trabajo como (co)guionista en títulos tan interesantes como Alta tensión (Haute tension, 2003), Parking 2 (P2, 2007) o, sobre todo, Las colinas tienen ojos (The Hill Have Eyes, 2006), Reflejos (Mirrors, 2008) y Maniac (Maniac, 2012), remakes todos ellos cuyos libretos se singularizan por enriquecer el material original del que parten sin por ello traicionar su espíritu. A tenor de estos antecedentes, resulta del todo lógico experimentar cierta expectación por lo que pudiera dar de sí el debut del francés detrás de las cámaras.

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Pero el cine no son matemáticas puras, y la suma de estos factores reunidos queda lejos de arrojar el saldo que cabría esperar en un principio. Mas al contrario, si de algo se puede catalogar a La pirámide es de ser un film fallido en todos los sentidos, en el que nada funciona como debería. No deja de ser significativo a este respecto que alguien como Levasseur, que se ha distinguido profesionalmente hablando como guionista, eligiera para su puesta de largo un material ajeno en lugar de uno propio. Y es que, visto lo visto, uno no puede dejar de preguntarse qué pudo ver para querer llevar a la pantalla el libreto pergeñado por Daniel Meersand y Nick Simon, responsable este último en su faceta de director del que fuera el trabajo póstumo en calidad de productor de Wes Craven, The Girl in the Photographs (2015), otro ejemplo de cinta de atrayente planteamiento desperdiciada por un anodino desarrollo que bordea peligrosamente la frontera del ridículo.

Personajes planos y estereotipados con motivaciones pueriles y conflictos dramáticos nulos, diálogos penosos cuando no risibles, situaciones absurdas, tópicos manidos y disparates varios conforman la base de un guion en el que Meersand y Simon confunden el poder de la sugerencia con el lanzamiento caprichoso de ideas sin ton ni son que, en la mayoría de los casos, no tienen otra función que la meramente decorativa. Una muestra: la historia se ambienta durante las revueltas de la Primavera Árabe egipcia de agosto de 2013. Sin embargo, la invocación de este contexto histórico tan determinado y cercano en el tiempo no busca otorgar un contenido social al conjunto, tal y como ocurría, por ejemplo, en Frontière[s] (2007) con los disturbios parisinos de 2007, sino que es una excusa como otra cualquiera para hacer avanzar la trama en un momento determinado hasta el escenario buscado.

Lo mismo ocurre con los elementos provenientes de la mitología egipcia, totalmente desperdiciados más allá de su mero enunciado. Poco importa que el mal al que deban hacer frente los protagonistas sea nada menos que Anubis, el dios de la muerte del antiguo Egipto. Lo mismo habría sido si en su lugar se hubiera elegido a un monstruo, un alienígena xenomorfo, o una momia, por utilizar un símil egipcio. Todo el desarrollo queda así reducido al de un simple pasacalles con estructura de videojuego, en el que las diferentes escenas funcionan a modo de “pantallas” por las que los personajes deben evolucionar superando las diferentes trampas que salen a su paso hasta alcanzar el inevitable enfrentamiento con el enemigo final. Poco más. Entre medias, se acumulan todos los lugares comunes acuñados a lo largo de los últimos años por el found footage, formato en el que, al menos de forma teórica, se encuadra la propuesta.

Un material que el primerizo Levasseur se muestra incapaz de levantar, haciendo gala de una dirección funcional y rutinaria, además de carente de definición estilística. Como se ha señalado, en principio la película está narrada en primera persona con el pretexto de la presencia entre su grupo protagonista de un equipo televisivo. Pero en la realidad dicha planificación es rota en numerosas ocasiones con la inclusión en el montaje de planos externos filmados de una forma convencional, sin que en ningún momento se dé justificación alguna al porqué de su concurso. Por otra parte, el novel cineasta tampoco acierta a imprimir al relato la sensación de claustrofobia y aislamiento que por sus características necesita, por culpa de una puesta en escena carente de nervio que en contadas ocasiones consigue su propósito de provocar el sobresalto entre la audiencia, a pesar de destinar para ello hasta tres finales sucesivos.

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Para redondear aún más el desastre, añádasele a lo ya comentado unas actuaciones cuyo nivel medio no pasa de mediocre y la pobreza de unos efectos CGI a la altura de cualquier producción de la Asylum, y lo que nos queda es una película intrascendente y prescindible, que si ha logrado cierto recorrido comercial ha sido por el nombre de sus responsables y la factura industrial que luce en consonancia con los medios destinados a su ejecución. Unos resultados que son más dolorosos si se les compara con los obtenidos con sus mismas armas por la, esta sí, apreciable Así en la Tierra como en el infierno (As Above, So Below, 2014) de los hermanos Dowdle, con la que, más allá del cambio de localización de una pirámide de Egipto por las catacumbas de París, comparte sospechosas similitudes, y no solo desde el punto de vista de la elección del lenguaje narrativo escogido, dicho sea de paso.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Precisamente, la premisa recuerda un tanto al relato “Encerrado con los faraones” (“Imprisoned with the Pharaohs”, 1924), la historia adjudicada a Harry Houdini pero que en realidad escribió H. P. Lovecraft.

Published in: on noviembre 30, 2016 at 7:32 am  Dejar un comentario