Entrevista a Pedro Olea

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El pasado 10 de junio, el cine fórum “La claqueta” que dirige Jesús de la Vega inauguraba su tercer ciclo de realizadores con la visita de Pedro Olea. El cineasta vasco acudía al CSA La Tabacalera para acompañar el pase de su emblemática El bosque del lobo, en una sesión en la que terminada la proyección de la película se sometería a las preguntas del público asistente. Como quiera que la oportunidad la pintan calva, que reza el dicho, terminada tan especial sesión entrevistamos al cineasta sobre los trabajos en los que se acercó a los terrenos del fantástico; es decir, la mencionada El bosque del lobo, Aquelarre y la televisiva La leyenda del cura de Bargota, una suerte de trilogía unificada por su visión antropológica de episodios supuestamente sobrenaturales basados en hechos reales.

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Jesús de la Vega, director del cine-fórum “La claqueta”, escucha a Pedro Olea durante el coloquio que siguió al pase de “El bosque del lobo”.

¿Cuál es tu relación con el género fantástico y de terror?

Desde crío me ha gustado el cine de terror. En esta época, cuando dejábamos el colegio de los hermanos Maristas en verano, iba junto a mis hermanos a un caserío en un monte de Vizcaya de un pariente impedido, que tenía una especie de medias pelotas de goma en las manos y en las rodillas con las que subía las escaleras medio reptando; parecía un personaje de García Márquez. Este primo maravilloso nos contaba historias de terror y asesinatos ocurridos en los alrededores. Y todo esto me condicionó. También tuvieron mucho que ver las historias de brujería que son muy típicas de la zona.

Por otra parte, soy  un enamorado de las películas de la Universal de los años treinta y cuarenta. Me parecen auténticas joyas en las que está todo el cine de terror que después ha servido de inspiración para multitud de películas del género, e incluso a Víctor Erice y su visión de Frankenstein en El espíritu de la colmena. Desde siempre me ha gustado el terror, como te digo. Lo que pasa es que nunca me he atrevido ni he querido hacer una película de este tipo. Siempre me gusta darle la vuelta y buscar el por qué y los orígenes de la maldad.

Al hilo de lo que comentas, en tus películas en las que te has aproximado al terror, predomina la visión antropológica,  además de la curiosa circunstancia de que todas ellas se basan en hechos reales…

Sí, es verdad. A mí me interesaba cómo se forman los mitos del terror. Y mi idea en estas películas era basarme en hechos reales para aproximarse en aquello que me interesa. Y así he podido hacer una película de hombres lobo, otra de brujas y estuve a punto de hacer una de vampiros con un proyecto que al final no conseguí montar monetariamente.

La primera de estas películas es El bosque del lobo, a partir de la novela El bosque de Ancines. ¿Qué te llamaba la atención del original de Carlos Martínez-Barbeito?

Yo venía de hacer mis dos primeras películas, Días de viejo color y Juan y Junior… en un mundo nuevo y veía que como no hiciera algo me iba a acabar encasillando en este tipo de películas musicales pop. Entonces, Juan Antonio Porto, que había sido el guionista de la segunda de estas películas y con el que desde entonces trabajamos juntos en muchísimas ocasiones, me habló de esta novela, que adaptaba la historia del lobisome Manuel Blanco Romasanta. Curiosamente, el bisabuelo o tatarabuelo de Porto había sido el abogado defensor de Romasanta en el juicio.  Leí la novela y la historia me pareció maravillosa. Vi que había un peliculón allí. Además, tenía ese acercamiento a un hombre lobo auténtico que me permitía investigar por mi cuenta qué podía haber de verdad en todo ello, buceando en los orígenes de esta historia sobre un lobisome. Es decir, desarrollar ese morbo infantil que tengo por estos temas y profundizar en él, en este caso a partir de una Copla de Ciego.

¿Cómo fue el proceso de adaptación entre Porto y tú de la novela?

Ya ni me acuerdo. Supongo que fuimos fieles, aunque ahora mismo no me acuerdo si el personaje del cura inglés estaba en la novela o lo metimos nosotros después, ya que es un personaje que realmente existió en la vida real, aunque antes de la época en la que transcurre la historia y con otro nombre. En cualquier caso, lo que sí te puede decir es que con Porto he escrito cinco o seis guiones y siempre nos hemos entendido muy bien. Yo en los guiones me fijo más en el desarrollo de la secuencia, en la distribución, y menos en los diálogos, por lo que necesito mucho un guionista que sepa dialogar, porque a mí me queda todo muy bilbaíno, que no es ni vasco ni castellano, y Porto era muy bueno en esta faceta.

Lo que sí te puedo decir es que la película a punto estuvo de no hacerse por culpa del autor de la novela. Le dimos un dinero en concepto de adelanto, pero pasado el tiempo nos dijo que no le interesaba que la hiciéramos, ya que Bardem se había interesado en adaptar la novela y, mientras que Bardem era Bardem, yo no era nadie. Así que tuve que reunir a toda mi familia, que aunque no es que seamos ricos sí que somos muchos, y con el dinero que me dieron entre todos pude hacer la productora que financió la película e igualarle al novelista la oferta económica que le había hecho Bardem.

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Uno de los aspectos que más llama la atención de la película es su cuidada recreación histórica, ya sea la forma de hablar de los personajes como el retrato de usos y de costumbres de la Galicia de la época. ¿Cómo trabajasteis esta faceta?

Lógicamente nos documentamos. Por otra parte, siendo Porto gallego lo teníamos fácil. Es algo similar a lo que me ocurrió años después en Pim, pam, pum…  ¡fuego! Yo no conocía la posguerra en Madrid, porque yo entonces era un jodido crío que vivía en Bilbao, pero Azcona, que era el coguionista de la película, sí. Entonces, tener a tu lado a alguien que conoce de primera mano lo que estás tratando te ayuda muchísimo, porque  el guionista tiene que hacer la historia que quiere el director, pero escrita muy bien. Y yo he tenido la suerte de tener siempre un equipo maravilloso. Sobre todo, dado que soy de los que piensan que el cine es obra de un equipo; no es un arte de un autor, sino que necesita un equipo de guionistas, de intérpretes, etcétera. Y dependiendo de quién sea el guionista, y de quién el protagonista, el resultado varía. No es lo mismo esta historia con este guion y con López Vázquez, que con José María Prada y con otro guion. Es lo mismo que si en Flor de otoño o Pim, pam, pum…  ¡fuego! no hubiera estado Azcona. Por eso es muy importante el equipo, porque te condiciona totalmente el resultado final de la película.

Al hilo de lo que comentas, la elección de López Vázquez como protagonista puede considerarse arriesgada, al ser un actor que en ese momento estaba más identificado por el público por sus trabajos dentro de la comedia. ¿Fue tu primera opción?

Qué va. Al producir yo la película, mi idea original era que el papel lo hiciera José María Prada y la película estuviera rodada en blanco y negro para que saliera barata. Pero al hablar con los distribuidores me dijeron que así no sería rentable. Si quería que la película se vendiera bien tenía que ser en color y con un actor conocido. Había visto a López Vázquez en Peppermint frappé de Saura, me decidí por él y se portó increíble. Era un genio a la altura de los más grandes, como Alberto Sordi o Jack Lemmon. Es más, ahora no me imagino la película con otro actor haciendo el personaje protagonista que no fuera él. No obstante, la mayoría del público le asociaba a sus papeles cómicos y recuerdo estar en la puerta de un cine donde daban la película y ver a la gente que pasaba y veía el cartel comentando: “Se debe de estar disfrazando de algo para ligar con las suecas”.

No cabe duda de que la excelente interpretación que realiza de Benito Freire es uno de los principales puntales de la película. ¿Hasta qué punto le marcaste la pauta de lo que querías a la hora de que creara su composición del personaje?

Siempre con los actores hablo muchísimo sobre el guion, sobre la novela y sobre los personajes. Después decidimos, y si tienen alguna sugerencia que hacerme, yo las acepto o no. En este caso las cosas que me sugería López Vázquez tenían más que ver con la caracterización. La peluca que lleva, por ejemplo, que era algo que a mí en principio me daba igual. Pero al ver que es algo con lo que el actor se siente más cómodo lo acepto, ya que es fundamental que se encuentre a gusto dentro de la ropa que elija. No le puedes encorsetar, sino que tienes que hacer lo posible para que él pueda vivir el personaje y se sienta parte de él. Y como la industria no te permite que tengas a un actor vistiendo así y saliendo a la calle caracterizado como su personaje durante un mes para que se pueda amoldar lo mejor posible. Además, todas las sugerencias que me hizo fueron estupendas, porque era un actor genial. Eran detalles como los dientes, las uñas… Por cierto, que su hijo me regaló el guion manuscrito por López Vázquez de El bosque del lobo y estaba lleno de notas en las páginas blancas y en los márgenes en las que figuran en varios colores indicaciones muy detalladas sobre su personaje.

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La imagen que da El bosque del lobo de la España en la que se ambienta difiere mucho del lugar idílico que quería vender el régimen. ¿Tuviste problemas con la censura por ello?

Estuvo a punto de ser retirada de cartel por Carrero Blanco, aunque ahí le metí un gol. Alguien le había dicho que la película era pura España negra, y que entremezclaba religión y superstición, por lo que pidió verla. Yo conocía a la persona que le proyectó la película y me contó sus reacciones. Abominó de la película desde el primer momento, con la escena en la que aparece un caballo montando a una yegua. Incluso se dio cuenta de que se sugería que el cura que hace Antonio Casas era en realidad el padre de la niña que interpretaba Inma de Santis, con lo que te quiero decir que no era tonto. Total, que le pareció horrible y quería prohibirla. Entonces alguien le recordó que la película se había pasado con gran éxito en el Festival de Valladolid, lo que hoy es la Seminci, pero que entonces se llamaba Festival Religioso y de Valores Humanos, y además había ganado el premio San Gregorio. Y, claro, ¿cómo iba a prohibir una película que había ganado un premio con nombre de santo en un festival con esa denominación? Por lo que, muy a su pesar, la dejó correr.

Aparte de lo que me comentas, ¿llegó la censura a meter tijera en el montaje o exigió algún cambio en el guion?

Hubo problemas con el guion. Nos dijeron que en los asesinatos no se tenía que ver nada de sangre ni ninguna otra barbaridad. Entonces, lo que hicimos es que en cuanto el lobisome mordía el cuello de una de sus víctimas enfocábamos su mano estrujando la tierra. Ahora no me parece mal, pero en su momento era algo que llevaba muy mal, porque podíamos haber jugado a acentuar las connotaciones del mordisqueo. También en una versión anterior queríamos reflejar la represión sexual del personaje haciendo que viera corriendo desnudas a las mujeres que iba a matar. Lo que no sé es si esta versión la llegamos a presentar  a censura, ya que llegado el momento decidimos que tampoco hacía falta llegar a eso.

Por cierto, una curiosidad. Hace aproximadamente diez años Paco Plaza rodó una nueva versión de la historia de Benito Freire desde una óptica fantástica titulada Romasanta. La caza de la bestia. ¿Has podido verla? ¿Qué te parece?

No me gustó nada. Eso no quita para que me gusten algunas cosas de las que ha hecho Plaza con Balagueró. [REC], por ejemplo, me pareció muy interesante y novedosa. Pero, ¿sabes lo que pasa?  Yo tengo una deformación profesional con el hombre lobo y Julian Sands, el actor inglés que lo interpretaba en esta película, y Elsa Pataky me sacaban de la historia. Además, era como demasiado bonito todo y no daba ni miedo.

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Volviendo a El bosque del lobo, dentro de la narrativa de la película abunda el uso de la cámara en mano y, sobre todo, los planos tomados desde cierta distancia. ¿Obedece a una intención por contar la historia desde el punto de vista de un observador que la está viviendo desde dentro?

En el uso de la cámara en mano y los planos distanciados no me había fijado, pero es verdad. Incluso me ha sorprendido que tuviera tantas cosas rodadas a mano para ser una película de hace cincuenta años. En cuanto a tu interpretación, que me parece estupenda,  puede ser, pero no me acuerdo exactamente si esa era la intención que podía tener en ese momento.

Uno de los temas que en mi opinión subyacen en la película es el de las apariencias. Está el que la gente que le conoce no crea en un principio que Benito Freire pueda ser un asesino porque le consideran una buena persona, ese señorito al que interpreta Alfredo Mayo que vive una doble vida con su mujer y con esa antigua novia a la que le continúa mandando cartas de amor… ¿Era esta vuestra intención?

No me lo había planteado así, pero es algo que está en el film.

Otro tema que se encuentra también muy presente es el enfrentamiento entre la religión y las supersticiones, el cual volverías a tratar de nuevo en Akelarre, en la que hablas de la persecución a las religiones paganas que sometió la Iglesia Católica en Navarra durante el siglo XVI…

Era un poco repetir la fórmula. En este caso, era ver qué había de verdad en esas brujas que aparecen en las pinturas de Goya, en literatura o en el cine de terror, y que en la vida real fueron condenadas por la Inquisición. Y de todo esto nació esta película, que a mí me gusta mucho. No obstante, creo que tenía que haber tenido más concesiones comerciales, ya que es un poco demasiado seria, ideológica y política. Pero bueno, como digo, me parece que está muy bien. Aparte, estuvo en el Festival de Berlín y funcionó bastante bien.

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Precisamente, muchos críticos y comentaristas han señalado la lectura que arroja Akelarre, extrapolando su historia a la situación sociopolítica que se vivía en el País Vasco y Navarra a la fecha del rodaje de la película. ¿Era algo buscado?

Eso salió, pero es cosa del público, que tiene su perfecto derecho a opinar así. En un coloquio que se organizó en Radio Nacional después de su emisión en televisión uno de los oyentes llamó preguntando si la película tenía que ver con ETA. Le respondí que absolutamente no. Pero eso no quita para que yo acepte cualquier tipo de lectura. La película se basa en un caso que recoge un libro llamado La brujería Navarra y sus documentos[1], y es el caso de los crímenes del Valle de Araiz, creo que es, y es exactamente la misma historia. Ahora, que alguien cree que esa historia se parece a lo que ocurría en aquellos años en Euskadi, pues bueno, será que la historia se repite. Pero desde luego yo lo que hice fue contar un caso que realmente existió. Para mí era más importante cómo la película refleja la diferencia de clases entre el señor feudal y la gleba, y cómo este señor feudal se aprovecha de la brujería para seguir siendo el amo de esas tierras que no otro tipo de cuestiones.

También está la lucha entre el patriarcado, representado por la Iglesia Católica, y el matriarcado, que son las brujas…

Efectivamente, la religión católica frente al paganismo. Si te fijas, las brujas llevaban a cabo sus reuniones en el interior de las cuevas, que tienen una forma de útero clarísima, mientras que la Iglesia lleva a cabo sus rituales en iglesias que tienen una de sus señas más reconocibles en sus altos torreones, es decir, en un símbolo fálico.

La tercera entrega de esta, llamémosle, trilogía, es La leyenda del cura de Bargota que, no obstante, formó parte de la serie televisiva Sabbath

Surgió la oportunidad de participar en esta serie, y después de haber hecho Akelarre a mí me apetecía hacer aquello de lo que me habría reprimido en esa película. Y con el pretexto de la tortura de este cura me permitió exponer una serie de barbaridades y cosas relacionadas con la brujería que era lo que realmente a mí me apetecía contar.

¿El hecho de que fuera una producción destinada a la televisión hizo que sufrieras algún tipo de censura con respecto a qué podías mostrar?

Nada, nada. Solo puedo decir que lo pasé muy bien haciéndola. Además, como era una coproducción con muchos países, vinieron de Inglaterra los que habían hecho los efectos especiales de Superman.

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Aunque no sea exactamente temática fantástica, otro de tus acercamientos al género terrorífico se encuentra en Las envenenadas de Valencia, el capítulo que realizaras para la mítica serie La huella del crimen. ¿Escogiste tú este caso o te lo asignaron?

Me dieron a elegir entre varios guiones que tenían y yo elegí este. No obstante, tuve bastantes problemas con Pedro Costa, que era el director de la serie, durante el rodaje, ya que no había dinero. Por ejemplo, yo en una escena quería que apareciese un tranvía, que era algo muy característico de Valencia en la época en la que se desarrollaba la historia, y él me dijo que era muy caro. Sin embargo, lo pude solucionar con un poco de maña. Yo sabía que había una marca muy típica de los años cincuenta que se llamaba “Lejías Alfonso” y que aún existía. Así que me puse en contacto con ellos y, a cambio de comprometerme a que el tranvía apareciera treinta segundos en pantalla con el anuncio de la lejía, corrieron con los gastos del tranvía que había alquilado en un museo del tranvía. Pero más tarde, cuando terminó el rodaje, le pedí a Costa que filmara un plano de uno de los actores mirando por una ventana para incluirlo en el montaje de la última escena y me dijo que no. Entonces le tuve que amenazar con que, si no lo rodaba, iba a ordenar que retiraran mi nombre de los créditos, con lo que acabó transigiendo y rodando el plano. Claro que cuando hizo la segunda temporada de la serie no me volvió a llamar para que repitiera. Con todo, he de decir que es uno de mis trabajos preferidos, sobre todo por las condiciones, dado que se hizo sin un duro y en tres semanas.

Precisamente, la que fuera tu protagonista en aquella ocasión me comentaba hace poco en la entrevista que le realicé a raíz del homenaje que le brindó el Festival de Sitges[2] que era también uno de sus trabajos predilectos…

Pues al principio no querían que la contratara porque tenía fama de conflictiva, no sé por qué. Quizás era porque alguna vez había cobrado alguna vez de más a un productor y era por eso. No sé, ya te digo, porque estas cosas siempre suelen ser así. Por ponerte un caso, a mí en una película un productor me medio impuso a Carmen Sevilla, y la siguiente vez que era yo quien quería contratarla me salió con que era conflictiva. Y te diré que Terele en el rodaje se comportó estupendamente. Es una bestia de la interpretación, como lo era López Vázquez. Podía estar tan tranquila esperando para rodar echándole piropos a un electricista, que cuando llegaba el momento de hacer una toma del momento en que la iban a ejecutar se transformaba por completo y comenzaba a llorar como una desesperada gritando: “Señorita, que me van a matar”.

Tu última incursión hasta la fecha en los terrenos del fantástico se encuentra en el film coral Bilbao-Bizkaia Ext: Día, para el que rodaste un segmento musical protagonizado por zombis…

Esta película está compuesta por varios cortometrajes de directores bilbaínos sobre Bilbao. Están Enrique Urbizu o Imanol Uribe, entre otros. Solo falta Álex de la Iglesia, que no pudo porque estaba involucrado en otro proyecto en aquel momento. Y lo que yo hice para este film se titula Zombie Eguna, con el que me permití el lujazo de sacar bailando y cantando a los zombis de personajes ilustres de la ciudad como Sabino Arana, Miguel de Unamuno, La Pasionaria, Arriaga o el fundador de Bilbao, Diego López de Haro, que lo interpretó una travesti, La Otxoa. Hay también bertsolaris y dura un cuarto de hora. Gustó mucho y en Bilbao fue una sorpresa muy grande. Ahora quisiera hacer la segunda parte, que sería en plan revista, pero no tipo Hollywood como La La Land, sino cutre.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Carlos Gil, Jesús de la Vega

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[1] Florencio Idoate (Pamplona: Diputación Foral de Navarra, Institución Príncipe de Viana, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1978).

[2] Entrevista publicada en el número 26 de “El buque maldito”.

* El autor quiere expresar públicamente su agradecimiento a Jesús De La Vega por su inestimable y desinteresada colaboración en la realización de la presente entrevista.

 

Published in: on julio 14, 2017 at 5:27 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Geoff Redknap, director de “The Unseen”

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Por más que se trate de una de las figuras icónicas por antonomasia del cine fantástico y de terror, el hombre invisible no ha tenido demasiada suerte en sus apariciones en la gran pantalla. Desde la icónica adaptación de la novela de H. G. Wells que realizara en 1933 James Whale para la Universal, todas las películas que han venido después no han conseguido aprovechar las posibilidades de un personaje de estas características, a pesar de haber sido tratado por cineastas de la talla de Paul Verhoeven. Consciente del potencial que anida en el personaje, el hasta ahora reputado técnico de efectos especiales de maquillaje Geoff Redknap, cuyo trabajo ha podido verse en films como Deadpool, Watchmen o La cabaña en el bosque, y series como Sobrenatural, Fear the Walking Dead o Expediente X, ha elegido la figura del hombre invisible para dar forma a The Unseen, su debut como director en el formato largo, un film que destaca por su bien construido guion, el trabajo de su elenco interpretativo, y una narración sobria que, al contrario de lo que cabría esperar dados los antecedentes de su responsable, no se pierde en la posible espectacularidad de sus efectos especiales, sino que se centra en la vertiente humana de los personajes. Coincidiendo con la proyección de su ópera prima dentro de la Sección Oficial de la pasada edición de Fant, Geoff Redknap visitaría el festival bilbaíno junto con su productora Katie Weekley, brindándonos así la oportunidad de charlar más detenidamente sobre diferentes aspectos de su apreciable ópera prima.

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Aunque habías rodado varios cortos, tu carrera hasta ahora era conocida por tu faceta de técnico de efectos especiales de maquillaje. ¿Cómo te surge la oportunidad de rodar tu primera película como director?

Supongo que todo surgió de forma natural. Mientras trabajaba como técnico de efectos especiales siempre pensaba en rodar mi propia película, una que contara con un presupuesto ajustado y que fuera del estilo de El proyecto de la bruja de Blair. Por otra parte, también quería poner en práctica todo lo que había aprendido haciendo cortos. En realidad, no existe una escuela de cine comparable a filmar tu propia película, ya sea un corto o un largo; aprendes un montón durante todos esos meses de trabajo, y lo bueno es que con cada proyecto siempre se descubre algo nuevo.

Soy también de la opinión de que, por mucho tiempo que consagres a la escritura del guion de una película, todo ese esfuerzo se quedará en nada si no conoces los rudimentos básicos del oficio. Por eso, y en mi condición de técnico de efectos, además de desempeñar mi trabajo en el set intentaba fijarme en lo posible en el resto de departamentos para así, y como ya digo, intentar aprender lo máximo posible de todo el proceso de creación de un film, desde el trabajo de guionista hasta el del director.

Aunque fue un proceso lento, de dirigir cortos pasamos a enfrentarnos a la producción de un largometraje, y ahí también descubrimos, por poner un ejemplo, que la versión número diez de un guion siempre será mejor que la primera; así que, como ves, también se puede aprender de los errores que vas cometiendo por el camino. Y aunque sea mi debut como director, estoy feliz de que The Unseen sea el séptimo guion que escribí en mi vida, ya que creo que toda mi experiencia previa como guionista se ve reflejada en el resultado final.

Por otra parte, y de alguna manera, hacer un largometraje supone la misma cantidad de trabajo que filmar diez cortos… o tal vez más: para un cortometraje empleábamos normalmente cuatro o cinco días, y en ese tiempo podías ser más o menos capaz de tenerlo todo en tu cabeza, pero en cambio para este largo empleamos casi un mes con más de veinte localizaciones distintas y con veintiún personajes diferentes; todo esto supone muchísimo más trabajo, ya que debes tener en cuenta en todo momento las miles de piezas del rompecabezas que finalmente acaba siendo el rodaje de cualquier largometraje.

Dado que, como dices, ya habías escrito media docena de guiones antes, ¿por qué decidiste precisamente rodar el de The Unseen?

Los guiones que había escrito antes eran por encima de todo trabajos de aprendizaje. Además, no creo que poseyera aún la suficiente experiencia como director como para enfrentarme a ellos debidamente… aunque también intentamos darles un enfoque diferente para hacerlos más fáciles de llevar a la gran pantalla, pero no hubo manera.

Por ejemplo, uno de estos guiones trataba sobre el bigfoot porque conocí a alguien que tenía algo de dinero y que estaba interesado en invertir en la producción de cine. Así que le envié un guion y me respondió que no era lo suficientemente comercial, así que para el siguiente que le mandé propuse esta historia sobre el sasquatch que, por desgracia, finalmente tampoco llegó a buen puerto.

Por fortuna, en mi país puedes contar con la ayuda de Telefilm Canada, una corporación que promueve el cine independiente y que apoya bastante a los jóvenes talentos. Estuvimos un tiempo trabajando con ellos desarrollando nuestro propio largometraje, enseñándoles los cortos que habíamos realizado, hasta que llegamos a un punto en el que con The Unseen dijeron: “Este es el proyecto en el que creemos”; y, afortunadamente, nosotros también compartíamos esa sensación. Probablemente todos los guiones que escribimos antes jamás se hubieran convertido en película, pero con éste todos teníamos la sensación de que era el proyecto adecuado. Incluso si alguno de los primeros libretos que escribí llegara a hacerse, creo que no se parecería demasiado a como los concebimos en un primer momento, ya que intentaríamos aportarle todo lo que hemos aprendido durante la realización de esta primera película.

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Un momento de la rueda de prensa de “The Unseen” en FANT con la productora Katie Weekley a la derecha.

En la rueda de prensa has comentado que la elección del hombre invisible se debía a tu voluntad por tratar un tema novedoso. ¿Qué aspecto te atraía más de este personaje a la hora de escogerlo?

Con toda mi experiencia previa en el terreno de los efectos especiales ya habíamos probado antes en algún corto todo este asunto de crear a un hombre invisible y sabíamos de sus posibilidades cinematográficas, así que solo teníamos que esperar a que se me ocurriera una buena historia en la que poder enmarcar al personaje.  También sabía a ciencia cierta que, al tener cierta fama en el mundillo de los efectos, me resultaría más fácil sacar adelante una película de este tipo antes que una comedia o una historia romántica. Y, efectos especiales aparte, en el caso concreto de The Unseen estaba convencido de poder hacerla.

Visto de esta manera, resulta lógico que mi película incluyera tantos efectos, pero por otro lado mi principal propósito era contar una historia protagonizada por seres humanos que viven en una pequeña ciudad. Habiendo nacido y crecido rodeado de este tipo de gente sencilla, tenía la necesidad de incluirlos en mi historia… por mucho que ésta también incluyera fantasía, hombres invisibles y científicos.

No sé nada de científicos, pero lo que sí sé, por ejemplo, es cómo se trabaja en una granja de Vancouver, así que mi principal objetivo a la hora de realizar este film fue coger una historia fantástica y situarla en un entorno que conociera a la perfección. Creo que este también es el caso de Midnight Special de Jeff Nichols, película que por cierto se rodó al mismo tiempo que la nuestra. Para mí está claro que, aunque el elemento fantástico esté asimismo presente, su director quería contar la historia de un padre y de su hijo y centrarse por encima de todo en la relación que se establece entre ellos.

A nivel de guion la película está muy trabajada, sobre todo en lo que respecta a los personajes, sobre los que se crea esa sensación de que tienen vida más allá de lo que se muestra en la pantalla. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

En realidad, no lo sé… Si estudias escritura de guion, o lees un manual sobre el tema, los llamados expertos te dirán que tu obligación es escribir una historia increíblemente detallada para cada personaje. Sin embargo, esta manera de enfrentarse a la escritura de un guion no funciona demasiado bien para mí, ya que en general se suele escribir sobre cosas que no están conectadas entre sí; lo veo necesario si algo que le ha pasado a un personaje cuando era niño tiene después algún tipo de relevancia en la película, pero de lo contrario me resulta una absoluta pérdida de tiempo.

Creo que todo es mucho más sencillo que eso. Por ejemplo, Stephen King escribió un libro sobre el tema, Mientras escribo, y en él explicaba que básicamente su manera de trabajar consistía en inventarse un personaje interesante al que situaba en un mundo que fuese creíble y que luego algo extraordinario le ocurriese. Mi pensamiento está más en consonancia con esta filosofía orgánica de introducir a un personaje en un mundo y desarrollar la historia a partir de ahí. Otra cosa que me funciona es que normalmente suelo desechar las tres o cuatro primeras ideas que se me ocurren, porque por lo general suelen ser demasiado obvias. Por ejemplo, si pienso en una profesión para mi protagonista procuro que no sea la típica de detective, médico o periodista: siempre intento ir más allá.

También si comparas el guion original con el resultado final comprobarás que descarto muchas cosas por considerarlas demasiado evidentes. Por eso, una de mis partes preferidas del proceso de crear una película es el montaje, porque a veces estás trabajando con un diálogo que escribiste hace tres años y te das cuenta, sentado en la sala de montaje, de que el personaje no necesita decir eso, porque la intención de lo que quiere decir se ve suficientemente clara en su rostro o en su comportamiento… o incluso en el lugar que ha elegido para vivir. No necesitas explicitar tantos detalles sobre su vida cuando tienes su casa detrás y puedes ver por ti mismo el modo en que vive. Por eso pienso que el montaje es sobre todo un proceso que sirve para eliminar lo innecesario de tu película, y conseguir así que ésta sea elocuente utilizando el menor número posible de elementos.

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El desarrollo de la película está muy centrado en los personajes y, por tanto, en las interpretaciones de los actores, ¿Cómo fue el trabajo con ellos y, sobre todo, con Aden Young, que es quien lleva todo el peso de la historia?

Respecto al trabajo con los actores tengo que volver a referirme a mi experiencia en el mundo del cortometraje. Conozco a muchos directores que al comienzo de sus carreras solo se preocupan por mover la cámara lo máximo posible, por cómo va a quedar el plano, por usar el mayor número de grúas y otros juguetitos. Al principio yo también trabajaba de esa manera, dibujando hasta el más mínimo detalle en el storyboard antes de comenzar a rodar y preocupándome en cambio bastante poco por las interpretaciones. Pero en cuanto comencé a trabajar con actores que eran realmente buenos enseguida comprendí que existía toda una faceta que se me había escapado hasta entonces, de que lo más importante de todo el proceso es el lado emocional que los actores aportan a la historia y, sobre todo, que sean capaces de transmitirlo a la audiencia.

Así que soy de la opinión de que, aunque el acabado visual de una película sea brillante, éste no sirve de nada si el público no es capaz de conectar con los personajes. Por eso intenté a partir de entonces concentrar casi toda mi energía en los actores cada vez que surgía un nuevo proyecto. De este modo puedo confiarle el look de mi película al director de fotografía Stephen Maier y dedicar la mayor parte de mi tiempo en el rodaje al trabajo con los actores, creando sus interpretaciones en colaboración con ellos.

Y aunque está claro que fue un placer para mí trabajar con todos, en el caso de Aden Young en concreto es un tipo diferente de actor con el que no había tenido la oportunidad de trabajar anteriormente. Su trabajo en la película es asombroso, y como director primerizo creo que me dio toda una lección. Él aparece durante toda la película, ésta trata básicamente de lo que le ocurre en todo momento a su personaje… Todos los eventos de la historia están relacionados con él, y lo bueno es que, aunque como autor me conocía la historia y el personaje al dedillo, aun así Aden conseguía siempre sorprenderme.

En este sentido, ¿los actores incorporaron algo de su cosecha propia a los personajes que interpretaban?

En un rodaje de bajo presupuesto como el de The Unseen siempre es importante seguir adelante y rodar las escenas lo más rápido posible para, acto seguido, ir a la próxima localización y montarlo todo de nuevo para la siguiente escena. Por eso, cuando antes de rodar estás ensayando con los actores, y alguno te dice algo que va en contra de lo que tenías planeado, no puedes evitar que te estalle la cabeza porque toda esa enorme maquinaria se tiene que parar forzosamente hasta encontrar una solución al problema o, de lo contrario, jamás se acabaría la película a tiempo. Así las cosas, en un rodaje siempre estás dispuesto a escuchar los consejos de cualquiera, siempre que estos sean válidos, por lo que también puede ocurrir que, trabajando con los actores, a ellos se les ocurra alguna idea que mejore notablemente aquello que tú ya tenías planeado desde hacía meses. Tampoco se trata de tirar todo el guion a la basura. Me refiero más bien a pequeños cambios o a añadir detalles que puedan mejorar algún aspecto del personaje o alguna escena en concreto.

Por ejemplo, en una escena se suponía que Aden tenía que salir del cuarto de baño y encontrarse con otro actor en la barra del restaurante. Pero en lugar de eso me propuso que su personaje ya apareciera sentado allí. En ese momento no pensé que ese cambio supusiera ninguna diferencia, así que no creí necesario cambiar el modo en que escribimos la escena, pero finalmente me di cuenta de que en realidad sí que mejoraba ese momento en concreto, ya que estaba más en consonancia con la forma de comportarse del personaje.

Esta forma de trabajar es muy diferente a como se hace en televisión. En una serie de televisión, cuando un actor quiere cambiar una línea de diálogo el director casi tiene que llamar al jefe del estudio para ver si le parece bien, así que los actores no se suelen molestar en hacer sugerencias cuando están trabajando en el medio televisivo, ya que hay demasiados obstáculos que deben sortear, por lo que es natural que por lo común prefieran ceñirse al guion. Esa creo que es la principal diferencia para un actor entre trabajar en una serie de televisión o en una película independiente. A pesar de la falta de medios, su opinión es tenida más en cuenta.

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Geoff junto a Justo Ezenarro, director de FANT, durante la rueda de prensa de “The Unseen” en el certamen bilbaíno.

Al parecer, el proceso de post-producción os llevó más de un año. ¿A qué se debió?

Bueno, el primer y principal motivo de que tardáramos tanto es que la película necesitaba todo ese tiempo de trabajo; simplemente fue por eso. Por otro lado, tampoco teníamos una fecha de estreno impuesta por ningún estudio o distribuidor, así que pudimos emplear todo ese año para que The Unseen terminara siendo la película que queríamos que fuera. En realidad tardamos poco más de un mes en filmarla, luego estuve otras diez semanas trabajando junto a un montador, pero más tarde surgió la oportunidad de trabajar de nuevo como técnico de efectos en Deadpool… ¡y realmente me moría de ganas de trabajar en esa película! Cuando estás haciendo tu propia película puedes permitirte el lujo de rechazar muchas ofertas en las que no estás interesado, como algún programa de televisión mierdoso que te importa un pimiento y del que solo quieres cobrar el cheque al finalizar tu trabajo. Pero cuando me ofrecieron Deadpool decidí que debíamos tomarnos un descanso, trabajar en la película de Ryan Reynolds durante cuatro meses y después volver y terminar The Unseen… Lo que ocurrió fue que, justo después de Deadpool, los de The Walking Dead decidieron rodar en Vancouver, así que también tuve que trabajar en la serie, lo que supuso otras seis semanas… Y justo después recibí una oferta para una película con la compañía de Jim Henson, la cual tampoco me vi capaz de rechazar. Por último, también colaboré en Star Trek: Más allá, y lo que yo pensaba que iban a ser cuatro semanas acabaron representando cinco meses de trabajo, así que en un momento dado decidí que ya había pasado demasiado tiempo alejado de mi proyecto y opté por regresar a montar The Unseen durante otro par de meses.

Pero creo que todo ese tiempo que pasé alejado de mi película fue algo positivo, ya que me permitió verla de otra manera cuando volví a trabajar en ella. Al comienzo no sabíamos cómo mejorarla, pero después de esa pausa la pude ver con ojos nuevos y no me importó eliminar todo aquello que era evidente que no funcionaba. En realidad, todo el proceso de montaje es una locura, porque, por ejemplo, una escena que en el guion está al principio de la historia te das cuenta luego de que quedaría mejor en mitad de la película a modo de flashback, o también compruebas gracias a la rapidez de la tecnología que otra escena quedaría mucho mejor si la sitúas dos minutos antes de lo que habías pensado.

Es obvio que si esta película hubiera tenido un estudio detrás no me hubieran dejado gastar un año entero para dedicarlo a la posproducción, pero creo que en mi caso este intervalo mejoró enormemente el resultado final de la película.

Por ejemplo, lo de incluir los osos fue algo que decidimos montando la película, ya que consideramos que tener un oso rugiendo fuera de plano no era suficientemente impactante. Tuve que ponerme en contacto con un entrenador de animales de Vancouver que había trabajado en un montón de películas. Le pregunté cuánto era lo menos que podía pagarle para que me dejara usar a uno de sus osos, y de esta manera conseguimos uno de los días más divertidos de todo el rodaje con un equipo reducido al mínimo, un actor y un par de osos.

Un oso es en lo último que piensas cuando manejas presupuestos tan bajos como el nuestro. Y en dos osos, ya ni te cuento.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Fernando Esteso

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A sus setenta y dos años, Fernando Esteso puede presumir de ser un auténtico icono viviente de nuestro cine. La sola mención de su nombre retrotrae en el imaginario popular a un tipo de comedia muy característica de un tiempo y una sociedad muy determinada. Al igual que en los sesenta lo hicieran las películas de pícaros protagonizadas por Tony Leblanc, y en los setenta el denominado “landismo”, su recordada asociación profesional con Andrés Pajares y Mariano Ozores marcaría una época dentro de nuestra cinematografía, logrando un éxito que elevaría a su pareja protagonista a la categoría de fenómeno sociológico.

Al igual que en los ejemplos referidos, gran parte del éxito obtenido por estas películas estaría estrechamente relacionado con su capacidad para conectar con el inconsciente colectivo de la audiencia de la época, al retratar en sus imágenes no pocos aspectos de la sociedad en que fueron realizadas. Aunque el tópico alude a su adscripción al fenómeno del destape que inundó buena parte de la producción nacional tras la derogación de las leyes de censura, no menos cierto es que tras su fachada de inocuas comedias picantonas muchos de estos films daban buena cuenta de los cambios en los usos y costumbres que se venían experimentando en España coincidiendo con el final de la dictadura, plasmando los anhelos, miedos e inquietudes del españolito medio ante los nuevos aires y libertades que traía consigo la llegada de la democracia.

Transcurridas más de tres décadas desde aquel periodo, en los últimos años el actor aragonés ha relanzado su carrera a través de una serie de trabajos en los que predominan los films low-cost rodados a las órdenes de jóvenes cineastas, en los que, en su mayoría, explora otros registros interpretativos diferentes a aquellos por los que es conocido. En paralelo, se encuentra inmerso en una gira teatral junto con Félix el gato de la obra Dos hombres y un vespino, un espectáculo que el propio Esteso define como “todo diversión y humor blanco”, y del que promete que “va a haber música, pero sobre todo humor”.

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Según creo, tus primeros pasos en el mundo de la interpretación se producen siendo aún un niño con tan solo dos años y medio en la compañía ambulante de tus padres. ¿Cómo recuerdas aquellos tiempos?

Pues muy bonitos. Para mí era como un juego muy bonito y muy importante; los aplausos, las risas, el público… Era el juego más bonito que había para mí.

¿Desde ese temprano contacto ya decides dedicarte al mundo del espectáculo?

La verdad es que sí. Como quería ser artista, desde pequeñito siempre trataba de estar pendiente y mirar qué hacían los demás artistas. Luego, en Zaragoza, había compañías infantiles y allí trabajábamos una vez al mes en el teatro Principal haciendo todo tipo de personajes, cómicos, payasos, también tenías que cantar canción española, canción ligera, bailar… Como digo, hacíamos de todo.

En los años setenta te conviertes en uno de los cómicos más populares del país gracias a tus intervenciones en TVE, fruto de lo cual en 1974 protagonizas la primera de tus películas, Onofre. ¿Cómo te surgió esta oportunidad?

Bueno, era una cosa normal en esa época. Cuando tenías cierta popularidad enseguida pensaban en ti para más cosas. Para entonces yo ya había hecho teatro, había grabado discos y me faltaba el cine, aunque ya había aparecido en una película, que era Celos, amor y mercado común. Entonces surgió esta película que por mor de la censura se quedó con la mitad del título, ya que el original era Onofre, de signo virgo, y parece ser que aquello de “de signo virgo” les parecía muy escandaloso, por lo que se quedó en simplemente Onofre.

Onofre fue dirigida por Luis María Delgado, un cineasta con el que colaboraste en varias ocasiones. ¿Cómo era tu relación con él?

Muy buena. Como dices, después de Onofre hicimos Pepito Piscinas y ya en los ochenta un par de producciones para video[1], y en todos los casos trabajamos muy a gusto y nos entendimos muy bien.

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Tras unas pocas películas más, en 1979 se inicia tu recordada unión con Andrés Pajares y Mariano Ozores con Los bingueros. ¿Cómo nació esta asociación artística?

Eso lo pensó José María Reyzabal de Ízaro Films. Este productor tenía la historia de Los bingueros y consideró que podíamos hacerla Andrés y yo. Como creía que teníamos una mala relación entre nosotros, no quiso ser él quien se llevara una respuesta negativa a su oferta. Así que se lo encomendó a José Luis Bermúdez de Castro, que trabajaba de ayudante de producción para él y que había hecho todas las películas de Parchís, y fue éste quien hizo de mediador. Tiempo después el propio Bermúdez de Castro se convertiría en productor de algunas de nuestras películas, como Los energéticos y alguna más.

En un espacio de tiempo relativamente corto, tanto juntos como por separado, Andrés y tú rodasteis un importante número de films a las órdenes de Mariano Ozores. ¿Cómo era el modo en que trabajabais para poder mantener este ritmo de producción?

Eran rodajes de tres semanas y media o cuatro semanas, más una semana para el doblaje[2], por lo que en un par de meses teníamos lista la película para estrenar. Nos ayudaba mucho el ambiente que habíamos creado, ya que el equipo de rodaje formábamos una familia y lo pasábamos muy bien trabajando juntos, por lo que todo era más fácil.

A la hora de rodar, ¿cuánta libertad os daba Mariano a la hora de variar lo que él había escrito en el guion?

Siempre metíamos cosas cuando teníamos el guion en las manos, hasta el punto de que Mariano incluso nos llegó a poner como colaboradores en algún caso.

En este sentido, ¿es cierto que durante el doblaje añadíais morcillas a lo rodado que en principio no figuraban en el guion?

Sí, sí, porque Antonio Ozores y Juanito Navarro solían quedarse durante el rodaje de determinadas escenas en un segundo plano moviendo la boca y a la hora del montaje siempre había alguien que preguntaba “¿Pero qué están diciendo?” “Nada, no están diciendo nada. Solo están moviendo la boca”. Y, claro, había que inventarse algo para esas partes.

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Ya que lo mencionas, junto a la pareja que formabais Andrés y tú, otro baluarte de aquellas películas era la presencia de Antonio Ozores. Mientras que Mariano al menos ha tenido un mínimo reconocimiento con la entrega del Goya honorífico, ¿piensas que la figura de Antonio aún está pendiente de ser reivindicada como merece?

La verdad es que sí, aunque solo fuera por la cantidad de películas que protagonizó y la historia cinematográfica que tiene detrás. Esto no quita para que tenga un reconocimiento a nivel profesional y por parte del público.

En las películas protagonizadas por Andrés y tú hay mucha complicidad entre ambos. ¿Cómo era vuestra forma de trabajar para que consiguierais transmitir esa química en la pantalla?

Simple: nos llevamos muy bien. Tanto es así que sabíamos más o menos lo que iba a hacer el otro sin haberlo ensayado.

El éxito que tuvieron vuestros films en su momento os convirtieron en poco menos que un fenómeno sociológico. ¿Cómo lo vivisteis?

Pues muy bien. La verdad es que estábamos encantados de trabajar juntos y del éxito que teníamos con la gente, así que, en general, lo pasábamos de maravilla.

¿Y a qué crees que se debe que, más de tres décadas después desde su realización, estas películas continúen teniendo un considerable tirón, incluso entre gente que en la época en la que fueron realizadas ni siquiera había nacido o era muy pequeña en aquella época?

Bueno, porque eran películas que se hacían para divertirse. Tenían historias sencillas y sobre todo un lenguaje muy fresco. Aparte del destape y todo esto, eran películas que no eran violentas, sino que la risa predominaba en todo momento. Y eso es algo que ha pasado de generación en generación y que con el tiempo nos ha convertido en unos cómicos que resultamos familiares.

¿Puede que en ello también tenga que ver que muchos de los temas que tocabais entonces sigan hoy de plena vigencia? Se me ocurre el caso de Los energéticos y su ataque a cómo los poderosos van a hacer siempre la puñeta al débil…

Es que la historia se repite, igual que la moda.

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Resulta curioso en este sentido que en su momento la crítica tachara a vuestras películas de conservadoras y que ahora muchos de sus mensajes puedan parecer de lo más progres…

(risas) Esa era la moralina.

En 2006 hubo un rumor de que Andrés y tú ibais a volver a protagonizar una nueva película llamada El código Aparinci. ¿Qué ocurrió con aquel proyecto?

Los productores eran constructores. Entonces vino la burbuja del ladrillo y se jorobó todo.

¿Después de aquello no ha habido ninguna oferta para que os reunierais?

No, no ha habido ninguna oportunidad.

Al contrario que Andrés, que tras el final de vuestra asociación se labró una carrera como actor dramático, tú continuaste desempeñándote en registros cómicos durante los años siguientes. ¿Fue una decisión personal o no tuviste oportunidades para desmarcarte de la imagen que el público tenía de ti?

No me ofrecían trabajos dramáticos. Me los están ofreciendo ahora.

Eso te iba a decir. En los últimos años sí que estás explotando tu vena dramática en algunos de los trabajos que has realizado, caso del corto DVD o las películas Blockbuster o Incierta gloria. Con la salvedad del dirigido por Agustí Villaronga, la mayoría de estos films están dirigidos por jóvenes cineastas. ¿Cómo te encuentras con ellos?

Muy bien. Me entiendo muy bien con ellos y ellos conmigo.

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Fernando y Luis Varela en una escena de “Blockbuster”.

A nivel técnico, ¿qué cambios has detectado entre la forma en que se hacía cine en los setenta y los ochenta a como se hace ahora?

El mayor cambio que veo son los medios. Por ejemplo, el que no tengas que estar pendiente de la película que gastas supone una tranquilidad increíble para todo el equipo que antes no teníamos.

Y ya para terminar, ¿cuál de todas tus películas es tu preferida?

Pues hombre, El hijo del cura. Y de las que hice con Andrés, Los bingueros, sobre todo por todo lo que supuso en su momento y todo lo que vino después.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nota del entrevistador: Las dos producciones videográficas a las que se refiere son Las locas historias de… Fernando Esteso y ¡Viva la risa!

[2] N. del e.: En aquella época, el cine español se hacía sin sonido directo, doblándose después en estudio.

Published in: on junio 23, 2017 at 5:52 am  Comments (1)  

Entrevista a Elio Quiroga

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Este 2017 se cumplen veinte años del estreno de Fotos en la trigésima edición del Festival de Sitges, donde se alzaría con el premio del jurado y el galardón destinado al mejor guion. De esta exitosa forma se presentaba en sociedad Elio Quiroga, sin duda uno de los cineastas más interesantes y polifacéticos de nuestro cine fantástico a lo largo de estos años. Pese a ello, la trayectoria del cineasta canario en la gran pantalla no ha disfrutado de la regularidad que hubiera sido deseable. Por el contrario, a lo largo de estas dos décadas tan solo ha rodado tres películas de ficción, a las que hay que añadir el documental El misterioso rey del cinema, centrado en la figura del cómico de cine mudo Max Linder. Aprovechando su presencia como jurado de la Sección Oficial en la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT, mantuvimos con Quiroga la siguiente entrevista en la que repasamos lo que ha dado de sí su trayectoria cinematográfica hasta el momento.

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Elio junto a Melina Matthews, Miguel Ángel Vivas y Justo Ezenarro, director de FANT, posando ante la prensa antes de la lectura en el Ayuntamiento de Bilbao del palmarés de esta edición del certamen.

Estudiaste informática. ¿Cómo acabas haciendo cine?

Mi padre quería que estudiase y empecé informática por hacer una carrera con salida. A mí me gusta el mundo de la ciencia, y tenía el Instituto de Astrofísica en La Laguna, pero como me quedaba muy lejos, terminé haciendo ingeniería informática en la Universidad de Las Palmas.

No obstante, siempre había hecho cortos con la cámara de Super 8 de mi padre. Y como en Canarias estamos tan lejos, cuando llegaban Pilar Miró, Lola Salvador, Joaquín Oristrell o gente de este tipo para dar un curso yo siempre iba. Así que comencé a interesarme por el asunto hasta que surgió la posibilidad de hacer mi primer largo.

Este primer largo es Fotos, un film de lo más singular, sobre todo dentro del contexto del cine español de finales del siglo XX. ¿Te fue un proyecto difícil de levantar?

Fue complicado. Surgió por un curso de guion que impartió Joaquim Jordá, que se enamoró del guion y me animó a que lo hiciera como fuera. En este punto, hubo un primer intento con Pere Joan Ventura y Georgina Cisquella, que tenían una productora. Esa opción no salió adelante, y fueron pasando los meses. Al cabo de un año entró Filmax y con ella José Antonio Pérez Giner y una productora canaria. Se volvió a intentar por segunda vez y la cosa prosperó y pudo hacerse la película. No obstante, fue una odisea. Nos quedamos sin dinero a mitad del rodaje y estuvo a punto de no poder terminarse.

A todo esto se le añadía el hándicap de ser una película proyectada desde Canarias, con gente canaria. Imagino que estas circunstancias complicarían aún más las cosas…

Totalmente. La protagonista, Mercedes Ortega, es canaria, gran parte del casting era gente de grupos de teatro muy conocidos en las Islas, pero, obviamente, desconocidos en la Península, y esto también complicó mucho a la hora de buscar financiación. Afortunadamente tuvimos la confianza de Filmax y a partir de ahí pudimos tirar adelante.

En Fotos presentas una serie de temas que después te han acompañado en tus posteriores películas, caso del peso que el pasado ejerce en los personajes o la importancia de las relaciones paterno-filiales. ¿Es algo premeditado o te surge de un modo natural sin que te des cuenta?

Creo que hay mitad y mitad. Hay una gran parte de las que no me doy cuenta que las tengo incluso en las novelas que después he publicado. Al cabo del tiempo, cuando las reviso es cuando me doy cuenta de que están esas manías que tengo. Parece que son cosas que tengo metidas dentro, no sé por qué motivo ni por qué razón, y que de repente salen. Es curioso.

Otro de estos elementos recurrentes en tu filmografía que también aparece es la importancia que das a la imagen registrada dentro de tu puesta en escena, ya sean las fotos que dan título a tu ópera prima, la cámara de video que porta el niño protagonista de La hora fría, las grabaciones prohibidas de No-Do o incluso la propia naturaleza de tu documental El misterio del rey del cinema. ¿De dónde viene esta obsesión?

Tampoco lo sé. Es una forma de narrativa que es cierto que la he aplicado en todas mis películas, incluso en cierta medida en mi documental sobre Max Linder, como indicas. Pienso que otorga ese añadido de verosimilitud, de realidad, que ahora está tan de moda con las películas de metraje encontrado, y el usarlo me ayuda a transmitir esa sensación.

Dada esta repetición de temas en tu obra, ¿te consideras un autor?

No tengo ni idea. (risas)

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Volviendo a Fotos, en su paso por el Festival de Sitges de 1997 consiguió el premio al mejor guion, además del concedido por el Jurado, logrando el apoyo público de Quentin Tarantino. ¿Qué supusieron estos reconocimientos tanto para ti como para la película?

Para la película fue bueno, porque después el estreno funcionó bien dentro de lo que era, una película pequeñita y muy minoritaria, y esto le ayudó a promocionarla. Por otro lado, Tarantino intentó que Miramax la distribuyera en los Estados Unidos. Los responsables de Miramax la vieron y cuando comprobaron que era una película tan rara y tan peculiar, le dijeron a Quentin que, aunque le querían mucho, no estaban tan locos como para correr ese riesgo.

Esto no quita para que también fuera un hándicap. Guillermo del Toro me comentó que era la película marciana mejor rodada que había visto nunca, pero que no dejaba de ser una película marciana. E ir con una película marciana a buscar trabajo a los productores es un problema. El hecho de que puedas demostrar que estás capacitado para llevar adelante un proyecto, que puedes rodarlo en condiciones sin necesidad de segundas unidades con un ayudante de dirección bueno, que puedes hacer la película sin que se salga de presupuesto… todo eso queda borrado porque la película que has hecho antes es rara. Entonces eso te obliga a que te pases el resto de tu carrera demostrando a posibles productores que eres un tío cabal y que puedes rodar cualquier tipo de proyecto sin problemas, solo que tu primera película la escribió un guionista que estaba como una cabra y que eres tú mismo.

Esto que comentas ¿tuvo que ver en que tardaras una década en rodar tu siguiente largo?

Sí. Hubo un conato de hacer una segunda película en esta línea de trabajo, que se titulaba Las manos de Lázaro, y era una especie de revisitación del monstruo de Frankenstein desarrollada durante el carnaval de Las Palmas. No hubo suerte, básicamente porque el Ministerio no vio la propuesta. El productor de Fotos lo intentó durante cuatro años hasta que al final desistió. A partir de ahí me vi en una situación en la que no tenía nada que hacer. Ahí surgió la Fantastic Factory de Filmax, que me ofreció un proyecto que no se pudo producir y que era una suerte de remake de Scream en una universidad, con mucha informática y muchos hackers, y cosas así que yo dominaba, incluso la jerga técnica. El guion se escribió con David Muñoz y Antonio Trashorras, pero al final entró en la línea de producción de Fantastic Factory y a partir de ahí me quedé sin proyecto. Y puesto que nadie me producía, tomé la decisión de hacerlo yo mismo. Produje un corto llamado Golpe de suerte, que dirigió Asier Guerricaechevarría, y poco a poco fui aprendiendo a ser productor con la idea de producirme a mí mismo, y terminado el aprendizaje fue cuando me dispuse a hacer La hora fría.

Durante esta etapa, además de producir dirigiste varios cortometrajes, entre los que destaca Home Delivery debido a sus muchas particularidades. Es de animación, está basado en un relato de Stephen King y cuanta con música de REM…

El relato que adapta el corto lo leí hacía como tropecientos años en una recopilación de cuentos y siempre había pensado en rodarlo. De repente me dije “¿por qué no?”, y escribí un mail a Stephen King. En ese momento yo tenía un agente en Los Ángeles y eso facilitó un poco las cosas a la hora de establecer el contacto. King me pidió leer el guion y se lo enviamos junto con diseños de los personajes y demás, hechos por Javier Rodríguez. Le encantó, nos dijo que adelante y firmamos un contrato que él llama “Dolar Baby” por el que no te cobra nada por la adaptación, siempre y cuando el corto no tenga beneficios económicos. Hicimos el corto y fuimos con él a varios festivales, y en los que ganó y hubo premio económicos lo donamos a diversas fundaciones para que el acuerdo con Stephen King se respetara.

En cuanto a REM, siempre he sido superfan, y pensamos que había una canción de ellos que nos venía muy bien. Les consulté, vieron el corto, nos dieron el permiso y no quisieron cobrar nada. Como King, se portaron muy bien.

En este tiempo también escribiste el libro La materia de los sueños, en el que estableces un recorrido por la historia de los efectos visuales por ordenador…

Parte de este libro era mi tesis de final de carrera. Siempre me ha atraído todo el mundo de los efectos visuales y cómo ha cambiado hasta convertirse en algo imprescindible en el cine de hoy donde todo se hace con ordenadores. Y me interesaba contar esa historia; cómo de la artesanía y lo fotoquímico se ha pasado a los números. Es una historia bonita, interesante, que mezcla historias que van de George Lucas a Steve Jobs.

En vista de este interés por el tema, ¿qué importancia le das a los efectos especiales en tus películas?

Mucha, porque también desde el punto de vista narrativo te ayuda a contar la historia, si están bien hechos, obviamente. Aparte, también añaden vistosidad a las películas, aunque en muchos otros casos puedan tratarse de efectos visuales que son completamente invisibles, como puede ser borrar un micrófono o algún cable que aparece en la imagen, y que te ayudan a solventar un rodaje de un modo un poquito más óptimo económicamente.

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Hablemos ya de tu segundo film, La hora fría, en el que en contraposición con tu ópera prima abrazas un planteamiento de cine de género convencional. En vista de lo que comentabas antes, ¿este enfoque obedeció a una búsqueda de una mayor comercialidad para el proyecto?

En mi recuerdo me veo a mí mismo escribiendo el guion y no había afirmación consciente de hacerlo en ese sentido. Pero sí, supongo que también había algo de eso; hacer un proyecto que, partiendo de un presupuesto raquítico, tuviera una narrativa estándar.

Eso te iba a decir. El hecho de que La hora fría transcurra en un único emplazamiento y con un reducido grupo de personajes obedece a razones presupuestarias…

Claro, aunque es algo que ahora está muy de moda, el hacer películas en espacios cada vez más pequeños, hasta llegar a extremos como los de La trampa del mal o Buried, en la que ya es casi imposible poder hacerlo en un espacio más pequeño que un ataúd. Pero bueno, el caso es que es una óptica que se ha demostrado que puede funcionar.

Al contrario que en el resto de tus películas, La hora fría cuenta con un reparto coral. ¿Te supuso un mayor reto, máxime teniendo en cuenta que dentro del cast también se encontraban actores infantiles?

Curiosamente, tanto en La hora fría como en No-Do he contado con actores infantiles, y han funcionado muy bien, porque son actores natos. En el caso de Omar Muñoz, el protagonista de La hora fría, es un chicho que tenía y tiene ya de mayor un talentazo natural impresionante.

En cuanto a lo que fue la elección del reparto, he de decir que colaboró mucho mi representante de entonces, que era Fernández-Roces, que aportó a Silke, que estaba ya retirada viviendo en Ibiza, y se construyó un equipo de actores bastante potente y competente. En cualquier caso, mi relación con los actores en la inmensa mayoría de los casos ha sido buenísima. Es gente generosa y que intenta siempre estar trabajando a favor de la película. Y en esta oportunidad también fue así, claro.

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Un par de años después de La hora fría ruedas No-Do, en la que te basas en ciertos rumores existentes en torno al noticiario franquista. ¿Cómo se gestó la película?

De nuevo fue una odisea, porque el guion se escribió en realidad antes que el de La hora fría, aunque esta se hiciera antes. Así que el proyecto tuvo que esperar hasta que se terminó la producción de La hora fría y hubo posibilidad de financiar No-Do.

La idea original era escribir una historia de miedo tranquilamente. Para ello me mudé a casa de Stefan Nicoll, que aparte de amigo era socio, y además es hijo de mi socia de producción de todas mis películas, que es Margarett Nicoll, una de las históricas del cine español de los últimos treinta años, aunque ella sea neozelandesa; ha sido fundadora de Canal Plus, de TV3… Me quedé solo en casa de Stefan durante un mes, aprovechando que se había ido de vacaciones, y empecé a escribir la historia con la premisa que me diera miedo escribirla. Y lo conseguí. Recuerdo estar escribiéndola y estar cagándome de miedo. Así que me dije que si aquello funcionaba conmigo, quizás podía salir una buena película de miedo.

Por otra parte, el tema de las apariciones marianas es algo que siempre me ha fascinado. De hecho, juego con ellas medio en broma en Fotos. Y esta vez me apetecía jugar con ellas desde el otro lado. Uno de los libros que más miedo me ha dado es una biografía de Teresa Neumann, que fue una estigmatizada, que le sangraban las manos, el costado y lloraba lágrimas de sangre. Y cuando lo leí con quince años en casa de mis padres pasé auténtico miedo. Aquello era de verdad y daba mucho peor rollo que lo que podía dar El exorcista. Esa fascinación por las estigmatizadas me ha perseguido durante mucho tiempo y en No-Do vi la oportunidad de plasmar un poco todo esto.

Para protagonizarla elegiste a Ana Torrent, a la cual tenías ya en mente según he leído mientras escribías el guion. ¿Cómo fue trabajar con una actriz de la solidez de ella?

La experiencia fue extraordinaria, porque es una mujer que se focaliza en su personaje desde el principio hasta el final. Está todo el rodaje viviéndolo para el personaje y eso es algo que hay agradecerle muchísimo, porque te demuestra que lo está dando todo. Traté todo lo que pude con ella para apoyar su interpretación, puesto que todo el peso de la película recae en sus hombros, ya que gran parte del tiempo está en plano. Era un asunto complicado, por toda la progresión que tiene su rol desde ser una persona normal hasta convertirse casi en una loca por todas las cosas a las que asiste, pero la verdad es que lo interpretó de una forma excelente y además me permitió aprender muchísimo.

No-Do se estrenó poco tiempo después del que había sido el gran éxito del cine español esa temporada, El orfanato. Dadas las similitudes argumentales existentes entre ambas, no tardaron en surgir comparaciones entre tu película y la ópera prima de J. A. Bayona. ¿De algún modo pudo este hecho llegar a perjudicarte de algún modo, a pesar de que realmente No-Do no tenga mucho que ver con El orfanato en ningún sentido?

Estábamos en la post-producción de No-Do cuando Juanlo Prada, que era el director de producción de la película, me llamó para decirme que me fuera inmediatamente al cine a ver El orfanato. Cuando la vi llame a Juanlo y le dije que, de acuerdo, que era una película de terror protagonizada por una mujer madura, pero más allá de eso no había por qué preocuparse. Sin embargo, él me repetía: “Te la han copiado, te la han copiado”. Y no. Simplemente hay un universo de ideas que en ocasiones coindicen en el tiempo y no pasa nada. Eso no quita para que la peli sea estupenda y yo me lo pasara muy bien viéndola. Son cosas que pasan y no hay que darle más vueltas.

Tu última película hasta la fecha es el ya aludido documental El misterio del rey del cinema. ¿Qué te lleva a dedicar un trabajo de este tipo a la figura de Max Linder?

Fue a través de Margaret Nicoll, mi socia. Estaba preparando un museo de cine y una de las exposiciones que iban a dedicar era a Max Linder, ya que Margaret había conocido a su hija, Maud, que posteriormente fue muy importante para el documental, hasta el punto de que es la verdadera protagonista. Margaret me contó su historia y convenimos que ahí había un documental súper-potente. Decidimos lanzarnos adelante con una pequeña cantidad que yo tenía para invertir y un crédito reembolsable que obtuvimos del gobierno de Canarias, orientado para hacer cine a través de tecnología, ya que la película está realizada con una técnica que desarrollé en mi empresa de post-producción que me hacía falta explotarla y esta era una buenísima oportunidad para utilizarla.

Estuvimos como un par de semanas entrevistando a Maud y nos abrió todos sus archivos. Aparte, buscamos películas de Max Linder por todos los lados y tuvimos la suerte de encontrar material que se creía perdido. Y con todo esto creo que hicimos una película que quedó bastante resultona. Es una historia que creo que es interesante, porque creo que está muy olvidado tanto el personaje como la persona.

Durante los últimos años has enfocado tu trayectoria más hacia la literatura y te has alejado del cine. ¿Piensas volver a dirigir en un futuro próximo?

De hecho estoy preparando para octubre, si todo va bien, un thriller que adapta la novela La estrategia del pequinés del autor canario Alexis Ravelo, con la que ganó el Premio Dashiell Hammett en la Semana Negra de Gijón. El guion, que lo ha escrito David Muñoz, uno de los mejores guionistas que tenemos en el país y con el que llevo trabajando muchos años, ya está listo, y ahora estamos cerrando todos los elementos de la producción. Lo que ocurre es que las cosas van muy lentas. Te pegas tres o cuatro años desde que escribes el guion hasta que vas juntando piececitas y elaboras el puzle que es conseguir hacer la película. Lleva mucho tiempo, como digo, pero es lo que hay.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on junio 16, 2017 at 5:58 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Marcos Cabotá, director de “Noctem”

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Una de las proyecciones más especiales con las que contó la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT fue la premier mundial de Noctem, la nueva película de Marcos Cabotá. Tras el exitoso documental sobre David Prowse que codirigiera con Toni Bestard, I Am Your Father, Cabotá regresa con esta cinta de found footage que tiene su origen en un video real grabado por el actor Adrián Lastra. Con este punto de partida, Noctem construye un relato conceptualmente muy interesante, en el que realidad y ficción se funden y se confunden. Si por un lado tanto Lastra, como Álex González, Miriam Hernández o el cantante Esteban Piñero, se interpretan a si mismos, por otro Cabotá pone el acento en la naturaleza ficcionada del film, añadiendo música, efectos, montando escenas y utilizando un lenguaje cinematográfico convencional, tal y como él mismo comenta en la siguiente entrevista.

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Antes de entrar en materia, me gustaría que habláramos de tu anterior trabajo, el documental sobre David Prowse I Am Your Father que codirigiste junto a Toni Bestard. ¿Esperabais obtener la repercusión que obtuvisteis, logrando incluso al Goya a la mejor película del formato?

Buena pregunta. La verdad, y voy a intentar ser totalmente sincero, cuando empezamos a hacer la película pensamos: “Estamos haciendo una película de Darth Vader; esto puede funcionar muy bien”. Teníamos a David Prowse, el rodaje iba muy bien y, sí, hubo un momento en el que pensamos que funcionaría. Pero luego, como el proceso de montaje fue tan largo, hubo ahí un punto de desgaste y lo encarábamos ya más en plan “vamos a sacar la película y que sea lo que Dios quiera”. Llevábamos ya mucho tiempo con ella y teníamos una lógica presión por parte de la productora. Así que la estrenamos sin saber muy bien cómo iba a ser exactamente la reacción del público. El fan de Star Wars es muy exigente y hasta critica las propias películas de la saga. Entonces, ¿cómo no nos iban a criticar a unos mallorquines haciendo un documental como ese? Pero, poco a poco, vimos que la película, cuanto menos, estaba agradando a la gente. Que luego Netflix la comprara para estrenarla a nivel mundial, sinceramente no lo esperábamos. Y la nominación al Goya mucho menos. Es más, el día que anunciaban a los nominados ni siquiera quedamos Toni y yo para escucharlo. Yo estaba en casa y él en un taller arreglando una avería de su coche. Nos enteramos por la radio. Fue todo una grata sorpresa.

Curiosamente, de un documental pasas a una película como Noctem, singularizada por utilizar el formato found footage. ¿Podemos decir que era una evolución natural?

Sí, exacto, eso es. Justo acabo I Am Your Father y empiezo con Noctem que, como me gusta decir, es pasar de un documental a otro. Al fin y al cabo, aunque no tenga nada que ver con el universo Star Wars, en Noctem también estoy documentando la vida de unas personas. Es verdad que se han ficcionado muchas cosas, pero sí que se puede decir que Noctem es un documental 2.0, si queremos llamarlo así.

Esto no quita para que me guste saltar. Mi primera película, Amigos…, fue una comedia, luego pasé a un documental, Noctem es una película de terror, hace unos meses presenté otro film que es un drama… Me gusta ir saltando, tocar todas las paredes y luego quedarme con la que más me gusta.

Marcos junto a Adrián Lastra y Esteban Piñero, los dos protagonistas de "Noctem", durante la rueda de prensa de la película en FANT.

Marcos junto a Adrián Lastra y Esteban Piñero, los dos protagonistas de “Noctem”, durante la rueda de prensa de la película en FANT.

Al contrario de lo que suele ser habitual en las películas de found footage, Noctem tiene la particularidad de estar protagonizada por actores de la popularidad de Adrián Lastra, Álex González o Miriam Hernández, con el añadido de interpretarse a  ellos mismos…

Me apetecía ese doble juego. Ya que era una historia que venía de ellos, de Adrián Lastra y de Esteban Piñero, les dije que obviamente no iba a coger a Hugo Silva y Mario Casas, que harían una gran película, sino que tenían que ser ellos mismos. Pero claro, ¿cuáles son las reglas del found footage? He visto muchas películas de este estilo y casi todas tienen un patrón común: personajes desconocidos, el cien por cien de la película narrada en formato de falso documental, y mucho respeto a la realidad, en el sentido de que los sonidos que se escuchan, aunque sean creados, son sonidos naturales; no hay músicas añadidas o efectos destinados a crear tensión. Y yo en Noctem de vez en cuando me salgo del found footage para utilizar el lenguaje de cine convencional, meto músicas en momentos determinados, etcétera, etcétera. No he reinventado nada, eso lo tengo muy claro, pero digamos que le he dado una vuelta de tuerca a las reglas del found footage.

Eso te iba a decir. El planteamiento que maneja la película es bastante curioso y atractivo, ya que partes de una realidad para ficcionarla y mostrarle al espectador que lo que está viendo en todo momento es una ficción, donde hay un montaje, hay música, hay efectos…

Es curioso porque, aunque nos basábamos en un video de una experiencia que tuvo Adrián, no quería vender la película con aquello de “basado en hechos reales”, porque me hacía sentirme un mentiroso, y no quería mentir. No quería hacer creer a nadie que lo que estaba viendo es real. Esto es una ficción construida sobre una realidad mínima, que es el video de Adrián que comento, pero el resto está todo ficcionado. Los personajes que hay alrededor de Adrián, de Basty y de Álex están inventados, pero el germen original sí que fue una pequeña realidad que sucedió.

¿Cómo llevaron Adrián Lastra, Álex González o Esteban Piñero tu propuesta de que se interpretaran a ellos mismos?

Salió muy natural, porque al final creo que era una obviedad. Siempre se dio por hecho que ellos tenían que hacer de ellos mismos, pero sí que hubo un día que les dije abiertamente que tenían que ser ellos mismos. Más que hacer de ellos mismos, que es verdad que les suponía un reto,  era decirles: “Quiero vuestra casa, quiero vuestra ropa, quiero vuestras novias, quiero vuestros amigos, quiero vuestro mundo”. Para una persona como Adrián Lastra o Álex González, que tienen un punto de fama y que son conocidos, es una especie de ataque a su intimidad, por lo que sí que es verdad que tuvieron más reparos y les tuve que convencer. Por ejemplo, para Adrián, el que fuéramos a su casa y le hiciéramos revivir durante el rodaje situaciones parecidas a las que él había vivido allí fue un poco una terapia de choque. Pero bueno, al final aceptaron y estamos muy contentos de que fuera así.

En cierto modo, es una forma de alimentar el morbo voyerista que subyace en las películas de found footage

Exacto. Yo soy muy voyerista y lo admito. Me gusta observar a la gente y me gusta mirar lo que hacen, por lo que me apetecía que hubiera un punto voyerista en la película.

¿Es cierto que no contaste con un guion cerrado, sino que dejaste bastante espacio a la improvisación de los actores?

Sí. El guion marcaba unos lugares a los que había que llegar y por dónde había que pasar, pero cada toma era diferente. Los actores me pedían que les explicara qué tenían que hacer, y yo les respondía que no lo sabía, que me lo dijeran ellos. “ –Tú eres Adrián. Si escuchas un ruido, ¿qué haces? ¿A dónde vas? Tu naturalidad ¿dónde te llevaría?” “–Yo me quedaría paralizado.” “–Pues quédate paralizado.” Trabajando de esta forma, cuando me senté con Saúl, mi montador, teníamos un popurrí de sensaciones y de micro historias que había que montar de tal forma que tuvieran un sentido.

Un momento de la presentación de “Noctem” al público momentos antes de su puesta de largo a nivel mundial formando parte de la Sección Oficial de FANT.

En la rueda de prensa has comentado que la primera versión de la película duraba tres horas y media. ¿Cómo fue el proceso hasta llegar al montaje definitivo?

En un principio le dije a Saúl que lo montara todo. Entonces, un día me llamó alarmado para decirme que ya tenía la película montada, pero que duraba tres horas y media. La vimos, y es verdad que tenía muchas cosas que, como suele pasarnos a los directores, me gustaban, secuencias que me atraían, pero que no funcionaban por el ritmo. Porque al final una película es como una melodía musical, que tiene que tener un ritmo. Y aunque yo sea muy reacio a quitar, tengo un problema con eso, pero en cambio a mi montador eso no le ocurre, así que llegamos a un equilibrio. Saúl me pidió que le dejara hacer un ejercicio de presentarme un montaje de la película desde cero. Me enseñó algo muy parecido a lo que ha sido la versión  definitiva. Y aunque a mí me fastidiaba ver que había ciertas cosas que había quitado, es verdad que funcionaba mejor.

Por cierto, hace ahora un año presentabas un tráiler exclusivo de Noctem en la pasada edición de Nocturna, lo que de algún modo hacía prever un próximo estreno. ¿Qué ha ocurrido para que se haya pospuesto tanto?

Bueno, el mundo del cine y, sobre todo, el mundo de la producción. Es cierto que hubo retrasos, lo que se juntó con que rodé otra película en verano que está dirigida exclusivamente para Mallorca, ya que conmemora el aniversario del equipo de fútbol de la ciudad. Cuando terminé esa peli, volví a ver Noctem y le pedí a Enrique que me dejara remontar cuatro cosas que no me convencían y quería cambiar. Eso retrasó muchísimo el proyecto. Luego queríamos ver dónde estrenábamos la película, que para mí era muy importante. Y aunque yo nunca había pisado FANT, había leído mucho sobre él, entre otras cosas porque uno de mis cortos participó aquí hace unos años. Entonces me pareció un lugar ideal y preferimos esperar para poder estrenarla en este festival.

Es verdad que para el espectador puede parecer mucho tiempo, pero para el director, el productor y el resto de la gente que participa en el film no hemos dejado de trabajar desde entonces. No es que nos tumbemos en el sofá y digamos “ya presentaremos la película”. No. Han pasado muchísimas cosas, he remontado algunas partes de la película, lo que a su vez implica volver a reunir a los actores, y a eso súmale música, sonido, etcétera, etcétera.

La película ha sido coproducida con México. ¿Cómo entró el país azteca en el proyecto?

El productor, Enrique Fernández, había trabajado ya en México. Por mi parte, yo había introducido en el guion el viaje de los protagonistas a Cozumel para desconectar de los sucesos paranormales que habían presenciado en España, por lo que a Enrique le pareció oportuno descolgar el teléfono y llamar a sus productores mexicanos para contarles esta aventura. Les explicó que teníamos que rodar en México, leyeron el guion, les gustó la idea, así como el concepto de la película. Por tanto un día Enrique me llamó para decirme que íbamos a México a rodar aquellas partes de la película que yo consideraba que tenían que hacerse allí.

Un instante de la rueda de prensa de “Noctem” en FANT, con el director del certamen bilbaíno, Justo Ezenarro, a la izquierda.

El hecho de contar con un reparto formado por actores conocidos y el éxito obtenido por I Am Your Father ¿te ha facilitado las cosas a la hora de poner en pie el proyecto?

Sí, no te voy a mentir. Cuando te nominan a un Goya y cuando tienes a Adrián Lastra y Álex González las cosas son más fáciles. Recuerdo que para mi primera película tardé seis años en sacarla adelante, y las otras he tardado dos o tres años. Y hay muchísima gente que tiene un talento increíble, mucho mayor del que pueda yo llegar a tener, y que todavía no ha hecho ninguna película. Ocurre que la primera película es una apuesta muy importante para los productores que invierten el dinero. Pero una vez que dejas de ser Marcos Cabotá, el estudiante que quiere hacer cine, y eres Marcos Cabotá, que está preparando su cuarta película, el productor que va a poner el dinero tiene la confianza de que cuentas con una experiencia y que ya sabes cómo se hacen estas cosas, sabes de lo que estás hablando y sabes en qué mundo te estás moviendo, independientemente de que luego el resultado sea mejor o peor. Entonces, es verdad que I Am Your Father, la nominación al Goya, otras cosas que han sucedido después, unido a todo el bagaje que ya acumulas, eso ayuda. Levantas el teléfono y llamas a un productor, y claro, es muy diferente decir “Soy Marcos Cabotá y he hecho estas películas” que “Soy Marcos Cabotá y aún no he hecho nada”.

En relación con lo que comentas, entre I Am Your Father y Noctem, ejerciste como productor en el film de Arturo Ruiz Serrano El destierro. ¿Cómo surgió tu participación en esta película y qué valoración haces de la experiencia?

A Arturo le conozco desde hace muchos años, y un día nos presentó este proyecto a Toni y a mí. Y, dado que los dos tenemos una pequeña productora, decidimos apostar por esta película, que ha funcionado muy bien. Está muy bien dirigida, ha recorrido muchísimos festivales y, aunque es verdad que en cines no ha tenido ese recorrido, porque al final es una producción indie pequeña, creo que tiene un corte espectacular y estoy muy orgulloso de haber podido ayudar como productor a que pudiese llevarse a cabo. Ha sido mi primera incursión en este campo y espero que no sea la última, ya que me ha encantado y mi propósito es seguir produciendo películas en un futuro. Es más, he decir que me ha gustado mucho más el papel de productor que el de director, porque al final vas a los festivales y tú estás con la copa en la mano mientras que el director tiene que estar haciendo entrevistas y atendiendo a la gente [risas].

Volviendo a Noctem, tras su premier en FANT, ¿qué recorrido le espera?

Ahora empezará a moverse por festivales, tanto nacionales como internacionales, de cine de género. Y esperamos que en algún momento de mediados o finales de 2017 pueda tener una salida comercial, cosa que tampoco me preocupa. Aunque he estrenado todas mis películas en salas comerciales, al final el reporte siempre ha venido más de plataformas online y la comercialización en formato doméstico en general.

Y por tu parte, ¿qué próximos proyectos tienes?

Estoy preparando un rodaje en octubre de una película que filmaré íntegramente en Mallorca en un pequeño puertecito. Es una película muy indie, muy intimista, que trata sobre los últimos atentados de ETA que hicieron en España; en este caso fueron en Mallorca. Pero lo haré desde un punto de vista muy diferente al que se puede tratar un atentado. Recibiré muchas críticas cuando salga, eso sí que ya te lo puedo decir.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on junio 7, 2017 at 6:00 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Steven DeGennaro, director de “Found Footage 3D”

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La Selección Oficial de la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao-FANT acogió la premier en la Europa continental de la película norteamericana Found Footage 3D. Como su nombre pone de relieve, el film combina en su puesta en escena dos de las corrientes formales más visitadas en los últimos años: la narración en primera persona y la tridimensionalidad visual. Sobre esta base, su director y guionista, Steven DeGennaro, plantea una obra de carácter metacinematográfico en la que reflexiona sobre los mecanismos y lugares comunes acuñados en los últimos años por las películas de grabaciones encontradas, un poco en la línea de lo que hiciera a finales de los noventa Wes Craven con Scream, vigila quién llama, el confesado espejo en el que se mira el debutante cineasta. En este caso, el argumento toma como premisa la realización de una película de terror de bajo presupuesto, en la que la ficción acaba mezclándose con la realidad, lo que hace que su discurso metacinematográfico acabe adquiriendo varios niveles teóricos.

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Si no me equivoco eres astrofísico. ¿Cómo acabas convertido en director de cine?

En realidad nunca he estado demasiado atraído por la astrofísica, ya que lo que siempre he deseado era dedicarme al cine; de hecho, cuando estaba haciendo el doctorado ya estaba metido de alguna manera en el mundo del cine a través de mi trabajo en la sonorización de películas. Justo por esa época hubo un momento clave cuando me encontraba escribiendo un artículo sobre astrofísica, el cual, seguramente, no interesaría ni a cuatro personas en todo el mundo. A su vez me encontraba también trabajando en una película horrible, que probablemente tampoco iría a ver nadie, así que decidí en ese mismo instante que debía comenzar a hacer mis propias películas, que es lo que verdaderamente me apasionaba, en vez de perder el tiempo escribiendo cosas que nadie iba a leer y/o ver. En realidad también disfruto con el mundo de la ciencia, pero cuando trabajas en astrofísica tu campo de acción es muy limitado, por lo que de manera natural dejó de interesarme el tema y decidí en su lugar centrarme en el cine.

Found Footage 3D supone tu primera película como director. ¿Por qué te decantaste precisamente por este proyecto para dar tu salto al largo?

Principalmente porque cuando se me ocurrió la idea sabía que podría escribirla, buscar financiación y rodarla por mí mismo. Tenía la certeza de que era la historia adecuada para mi debut como director, ya que era una película que no necesitaba de un presupuesto demasiado elevado para llevarse a cabo.

El origen del proyecto se remonta a 2012. ¿Cómo ha sido su evolución?

Es cierto que tuve la idea en 2012, pero nos llevó dos años reunir el dinero necesario. Además, una vez que lo obtuvimos seguí trabajando en el guion, lo cual fue algo positivo, ya que me dio un margen de tres años más para poder pulirlo y perfeccionarlo en la medida de lo posible. Por otra parte, nos llevó otro año rodar la película. El principal motivo de este retraso es que intentamos que ésta resultara lo más barata posible, por lo que, además del trabajo de director, me vi forzado a ocuparme de otros cometidos, como el de montador o el de técnico de sonido.

No niego que nos llevó más de lo esperado dar por terminado el film, pero por suerte ahora conozco a un montón de gente dentro la industria, y además parece que Found Footage 3D está gustando, por lo que espero que para la próxima ocasión nos resulte un poco más fácil encontrar financiación. Antes intentaba convencer a los inversores con un simple guion. Ahora, en cambio, cuento con más recursos, ya que puedo enseñarles mi película y demostrarles de lo que puedo ser capaz.

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Un momento de la rueda de prensa de “Found Footage 3D” en FANT, con su director, Justo Ezenarro, a la izquierda.

En los últimos años ha habido un auténtico auge de películas rodadas utilizando la premisa del found footage, especialmente dentro del cine de terror. ¿A qué crees que se ha debido esta obsesión por el formato?

Creo que ahora mismo vivimos en un mundo found footage, formato al que hemos llegado a acostumbrarnos en nuestra vida diaria. Hace poco hemos sido testigo del gran revuelo que formó el video del incidente de las United Airlines de hace unas semanas, cuando sacaron a un pasajero de uno de sus aviones por la fuerza a causa del overbooking, y que dio la vuelta al mundo. Esta clase de cosas las podemos ver porque en la actualidad todo el mundo tiene la posibilidad de grabar todo el tiempo desde sus dispositivos móviles, por lo que también creo que cada vez es más fina la línea que separa lo que es real de lo que no. Creo que ése es el principal motivo de que este género siga funcionando, porque aún somos capaces de crear algo que te da esa sensación de realidad aunque tú sepas que no lo es.

Por ejemplo, cuando vi El proyecto de la bruja de Blair trabajaba en un cine, así que tuve la oportunidad de verla la noche antes de su estreno, en una sala vacía a las dos de la madrugada… y me cagué por las patas abajo de miedo, porque, como dije antes, aunque sabía que no lo era, parecía real. Hoy en día, al estar grabando y viendo videos todo el tiempo, estamos más acostumbrados que hace veinte años a que la realidad se nos presente en este formato, y gracias a esto las películas adscritas al found footage aún nos siguen pareciendo creíbles, sobre todo comparándolas con películas más trabajadas, cuyo acabado profesional siempre nos va a imponer una cierta distancia.

En el caso de tu película, a la utilización del found footage se le une el 3D. ¿Cómo fue trabajar el aspecto visual del film dadas estas particulares condicionantes?

Al comienzo del proyecto tuve esta estúpida idea de filmarla en 3D, así que llamé a Charles, mi socio, y se lo propuse: “¿Por qué no la rodamos en tres dimensiones?”  Y supe que podría hacerlo por el precedente de Jackass 3D, la cual filmaron con diferentes cámaras y usando técnicas distintas, pero siempre dentro del formato. Así que por lo menos sabía que se podría hacer, tecnológicamente hablando. También sabía que, dada la estructura de la película, aunque rodarla así fuera una idea arriesgada tendría por otro lado la ventaja de poder asustar de manera más eficaz al público.

Decidido esto, comencé a experimentar con el director de fotografía para ver qué aspecto tendrían las imágenes. Entonces nos dimos cuenta de que teníamos entre manos algo único que, cinematográficamente, no se había visto con anterioridad. Comprobamos que el 3D y el found footage funcionaban de una manera que no habíamos sido capaces de prever. Sin ir más lejos, a la hora de rodar intentamos que todo estuviera enfocado, para que el público pudiera mirar a cada punto de la habitación desde la misma perspectiva, tal y como sucede en la vida real; así podrían sentirse parte de la película y, lo que es más importante, sin que fuéramos nosotros los que les forzáramos hacia dónde debían mirar. De esta manera, tuvimos que pensar la composición de los planos de modo que se diferenciaran claramente todas las capas que queríamos incluir en ellos. Por poner un caso, en una escena el protagonista está hablando en primer plano y detrás tenemos a otro personaje que aparece en segundo término, por lo que siempre intentábamos sacar el máximo de partido posible a los diferentes niveles de profundidad que nos ofrecía la técnica del 3D a la hora de intentar que el espectador se sintiera como si se encontrara dentro de la propia película.

Debido a esta mezcla de dos formatos narrativos tan empleados en los últimos tiempos como el found footage y 3D, seguro que no faltarán las voces que quieran ver en su uso una maniobra comercial, algo con lo que incluso bromeas en la película…

Definitivamente. Al ser algo que no se había hecho antes, es normal que se tome como una estrategia comercial. Como dices, Derek, el protagonista, confiesa en la película que lo hace exclusivamente por motivos económicos, por lo que creo que somos la única película en 3D de la historia del cine que justifica en su propio argumento el por qué se ha filmado así. Con ello también conseguimos que forme parte del mismo argumento y, aunque obviamente yo no decidiera rodarla de este modo por razones puramente comerciales, traté de enfocarlo de un modo orgánico para que tuviera sentido con la historia que quería contar y que así, y de alguna manera, la decisión estuviera justificada.

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En consonancia con su estilo narrativo, Found Footage 3D tiene un fuerte componente de metacine, rasgo que de un tiempo a esta parte es cada vez más habitual de encontrar dentro del cine de terror, gracias a títulos como La cabaña en el bosque o Las últimas supervivientes. En tu caso, ¿qué te lleva a añadir este componente?

Esa era la idea original, y como era algo que jamás se había intentado antes, decidí coger el toro por los cuernos y hacerlo yo mismo antes de que a alguien más se le ocurriera la misma idea. Además, parecía el momento adecuado, porque hoy en día hay muchas películas adscritas al fenómeno del found footage, pero hay que reconocer que, desde finales de los noventa, la evolución que ha sufrido el género ha sido mínima. Por eso pienso que éste era el momento justo para hacer un poco de broma sobre el tema, y que a su vez funcionara en su vertiente más terrorífica. Por ese mismo motivo me gusta tanto la saga Scream, porque a la vez que señala de forma irónica todos los estúpidos clichés típicos del género slasher funciona asimismo perfectamente como película de terror.

Hablando de la utilización de clichés, llama la atención el que acabes utilizando la misma estructura que parece prefijada dentro del found footage, y sobre la que ironizas en la película…

Uno de mis objetivos era hacer algo que de algún modo siguiera las reglas del género. Por ejemplo, que todos los protagonistas tuvieran que morir, y eso ciertamente sucede en mi película, aunque también espero que aunque este final sea previsible, el público pueda llegar a sorprenderse con el resto del film. Dicho de otro modo, que aunque los espectadores sepan lo que está por venir no sean capaces de adivinar cómo va a suceder. Para mí eso forma parte de la diversión de hacer películas de terror: pensar en maneras divertidas de sorprender al público con las muertes de los personajes.

Dado este planteamiento, ¿la película está dirigida especialmente a los fans del terror o puede ser disfrutada también por una audiencia menos familiarizada con el género?

Mi película cuenta con varias capas de lectura, y ese es uno de los principales motivos por los que quise hacerla, para comprobar si era capaz de conseguir realizar un film que funcionara con gente diferente en distintos niveles. Por ejemplo, algunos amigos míos que fueron a ver la película odian el cine de terror, pero no obstante disfrutaron de las relaciones que se establecen entre los personajes y todo el drama que ello implica. Por otro lado, también está gustando a los espectadores que son fans y entendidos del género, por lo que creo que logramos el milagro de hacer una película que gusta tanto a los admiradores del found footage como a sus detractores.

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Por cierto, para tu ópera prima has contado con la participación de Kim Henkel, coguionista de la mítica La matanza de Texas. ¿Cómo entró en el proyecto? ¿Aportó algo al guion o solo ejerció de productor?

Mi socio Charles conocía a Kim, ya que habían trabajado juntos en una película titulada Butcher Boys, así que, dado que teníamos cierto contacto con él, aprovechamos para hacerle llegar una de las primeras versiones del guion, por si estaba interesado en involucrarse en el proyecto. Tras eso estuve un año escribiendo diferentes versiones del libreto y enviándoselas, a la vez que él me animaba a mejorarlo dándome consejos sobre la historia y la forma de desarrollar a los personajes. Esa fue básicamente su mayor contribución al proyecto, aconsejarme en todo momento con el propósito de que mi idea original se explotara en todo su potencial en el guion. Curiosamente, cada vez que de manera intencionada incluía algo que careciera de sentido, esperando que nadie se diera cuenta, Kim era el primero en señalármelo y en explicarme por qué no encajaba en la historia. Y aunque su participación en el rodaje fuera mínima, más tarde en postproducción también resultó de gran ayuda a la hora de montar la película.

Dadas sus características, es de suponer que Found Footage 3D está ideada para ser disfrutada en cines. ¿Con qué tipo de distribución va a contar? ¿Va a estar más orientada a su proyección en salas o, por el contrario, para el mercado doméstico?

Aunque la película está pensada y rodada para ser vista en cines, creo que también tiene sentido que la veas por la tele. De hecho, cuando la rodábamos sabíamos que la mayoría de la gente la iba a ver en su home cinema. Seguramente de este modo no vaya a tener el mismo impacto que en una sala de cine, pero creo que mientras la historia interese, a la gente le puede funcionar igualmente si la disfrutas cómodamente desde el sofá de tu casa.

Una última curiosidad. Has sido técnico de sonido y lo cierto es que el microfonista que aparece en tu película guarda cierto parecido físico contigo. ¿Se trata de tu alter ego?

Sí, desde luego (risas). En realidad ese personaje está basado en un par de amigos míos que también trabajan en el departamento de sonido, por lo que ese personaje está introducido en la trama de una manera claramente sarcástica. Pienso que cuando vi a este actor lo contraté porque se parecía a mí. A la hora de desarrollar este personaje me basé en el hecho de que a la gente que trabajamos en sonido nunca nos afecta el éxito de las películas en las que participamos. A nosotros nos pagan lo mismo sean un éxito o un fracaso… De hecho, si trabajamos en una película que resulta ser mala, y en cambio el sonido es impecable, nadie nos va a reconocer la buena calidad de nuestro trabajo. Por eso los miembros del departamento de sonido podemos llegar a ser bastante pasotas con respecto al futuro comercial de las películas en las que nos vemos involucrados.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: José Manuel Romero Moreno 

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Jamie Bamber, coprotagonista de “Money”

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Junto con su director, Martín Rosete, el actor Jamie Bamber visitaría la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT acompañando la proyección del film Money dentro de la sección paralela “Panorama”. Nacido en el distrito londinense de Hammersmith en 1973, Bamber es conocido principalmente por los aficionados al fantástico por su encarnación del capitán Apollo Adama en la nueva versión de la serie Galáctica, papel por el que conseguiría una nominación al mejor actor de reparto de televisión en el prestigioso premio Saturn, dentro de una trayectoria en la pequeña pantalla en la que figuran apariciones regulares en series de la relevancia y popularidad de Hermanos de sangre, Londres: distrito criminal, El cuerpo del delito o Navy: Investigación criminal, entre otras. En Money da vida a John, un misterioso personaje cuya visita en medio de la noche a dos parejas que se encuentran disfrutando de una velada en compañía servirá de detonante para el desarrollo de la historia.

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¿Cómo llegas a Money?

Recibí el guion a través de mi manager junto a un link para ver Voice Over, el último cortometraje que había dirigido Martín. Así que vi ese corto, que visualmente me pareció sorprendente, con un gran ritmo y muy arriesgado, cambiando de localizaciones cinco o seis veces y contando cinco historias diferentes que confluyen al final. Había algo que delataba mucha inteligencia en la estructura y el ritmo de la historia. Y luego me enamoré del guion rápidamente, porque me encantan los thrillers psicológicos potentes que atrapan al espectador, con mucho suspense. Este guion además creo que dará a los espectadores algo sobre lo que debatir al final de la película acerca de cuál es el mensaje. Así que fue una mezcla del guion, de ver Voice Over y el poder trabajar con los hermanos Rosete en su primera película. Para mí es muy emocionante, admiro su talento y su potencial. Siempre es apasionante embarcarse en un proyecto de cineastas jóvenes y llenos de ideas.

¿Qué te llamó la atención de tu personaje?

La ambigüedad del personaje. El personaje se llama John, que es como se llama a las personas sin nombre[1]. John es el nombre más común en los países de habla inglesa. Así que no revela mucho sobre él. Cuando llama a la puerta nadie sabe quién es y, sin embargo, él conoce todo sobre todos los demás. En un momento preciso él decide demostrar el poder que tiene sobre los demás sentándose en esa mesa. Me gustó el aspecto teatral de interpretar a alguien que sabe cómo jugar sus bazas y que mueve todos los hilos. Incluso cuando pierde el control es capaz, a través de mucha disciplina, de conocer las debilidades de los demás y usarlas en su contra. Es divertido interpretar a un personaje así. Lo más difícil fue desarrollar física y verbalmente la manera de presentar este personaje que siempre parece controlarlo todo y que no tiene miedo, usando la tranquilidad y observando todo el caos y el pánico que hay a su alrededor para usarlo a su favor.

¿Cuál piensas que ha sido tu aportación a John?

Tengo que ser sincero y decir que el personaje estaba definido en el guion. Josep ha escrito un personaje que es culto, que ha viajado y conoce el mundo, que se conoce a sí mismo y entiende a los  demás. ¿Que qué aporté yo? No lo sé, no estoy seguro de haber contribuido con nada, aparte de confiar ciegamente en la situación que Josep había escrito e intentar potenciar al máximo toda la fuerza puesta en los diálogos. Quizá algo de humor. Me gustar usar el humor irónico… pero todo eso estaba ya en el guion. Así que no creo haber aportado gran cosa al personaje aparte de mi 1,75 m de altura y mi 42 de pie.

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Jamie junto al director de “Money”, Martín Rosete, durante la rueda de prensa de la película durante el pasado FANT.

La interpretación que haces de John personalmente me ha recordado a James Bond, tanto por lo cínico que es como por la forma que tiene de comportarse, además de por su elegante forma de vestir. ¿Era un poco la referencia que manejabas?

Sí, efectivamente. Para esa parte cínica que tiene el personaje me basé en James Bond, absolutamente. Y es un personaje que, como James Bond, tiene poder porque, mientras que de él no saben nada, del resto conoce lo suficiente como para poder destruirlos. Entonces, como James Bond, John está cómodo por tener esta información y por las oportunidades que se le presentan a partir de ello. Sin menoscabo de esto, yo interpreto a John en un sentido más amplio. John aparece como un stranger, ese forastero que ha sido tratado en tantas películas dentro del western. Sobre todo es un rol que tiene un poder y que no necesita ni siquiera demostrarlo. Hace saber que tiene ese poder sobre los demás y crea ese ambiente.

Es curioso cuando John empieza a cometer errores y pierde un poco el control, cómo se echa para atrás y deja que ese miedo y esa incertidumbre se apoderen de él, de la misma manera que se apodera del resto de personajes y la situación poco a poco va dando totalmente la vuelta. Entonces, a través del humor empieza a gestionar ese miedo que tiene en las conversaciones que mantiene con los otros personajes y va fracturando la confianza que existe entre las dos parejas. Es un personaje que me ha parecido interesante desde el principio por cómo cuantifica las relaciones y cómo demuestra que vivimos en una sociedad totalmente materialista, donde John consigue modificar estas relaciones por dinero, demostrando lo superficiales que son.

Otra similitud que me parece que existe entre mi personaje y James Bond es que tiene siempre mejores conversaciones con las mujeres que con los hombres, lo que por otra parte es lo habitual. Él ve cómo las mujeres están siendo un poco utilizadas por sus parejas y es por ello que yo interpreto a John como un ángel emancipador de estas mujeres que, finalmente, acaban llevándose el dinero, mientras los hombres se llevan los golpes y terminan destruidos totalmente. Así que John es, digamos, un agente que cambia cosas y que deja a las mujeres en una mejor posición en la que estaban en un principio y les otorga un plus de autoconocimiento.

Coproducida entre España y los Estados Unidos, mientras que el apartado actoral es de mayoría anglosajona, el técnico ha corrido por cuenta de españoles. ¿Cómo ha sido el desarrollo del rodaje teniendo en cuenta esta mezcla de culturas?

La verdad es que fue muy fácil. Era una coproducción hispano-norteamericana y se desarrolló como tal. Tanto el director como su hermano, el director de fotografía, tienen un inglés excelente y no hubo ningún problema de traducción. Y la historia tiene un carácter universal, por lo que por esa parte tampoco había problemas. En realidad no se notó para nada el que los miembros del equipo tuviéramos distinta procedencia. Incluso el productor norteamericano, Atit Shah, es de origen indio. Pero aunque había tres culturas predominantes, como digo no hubo ningún problema en ese sentido.

José Luis Salvador Estébenez

 

[1] Nota del traductor: En los Estados Unidos, comúnmente se emplea el nombre John Doe en las acciones legales o discusiones legales, en el caso de los hombres, para reemplazar un nombre (para mantener el real anónimo) o porque se desconoce también el nombre real. Los cadáveres o los pacientes de las salas de urgencias cuya identidad se desconoce son conocidos como John Doe. En el caso de las mujeres se utiliza el nombre de Jane Doe. (Extraído de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Sin_nombre)

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Martín Rosete, director de “Money”

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Tras una larga y exitosa trayectoria en el mundo del corto, Martín Rosete ha conseguido dar el salto al largo con el thriller Money. Sin embargo, el camino hasta este ansiado debut no ha sido nada fácil. A pesar de contar con un galardonado currículo a sus espaldas, entre los que destacan el Méliès de Oro al mejor cortometraje europeo y la nominación al Goya de la categoría conseguidos por Voice Over, ha tenido que autofinanciarse a través de su propia compañía para que su ópera prima pudiera materializarse.

Coproducida por los Estados Unidos, país donde tuvo lugar el rodaje, se trata de una propuesta de corte minimalista y estética indie, en la que la inesperada visita de un extraño durante una cena de parejas es la premisa utilizada por Martín Rosete para explorar algunos de los males que acusa cierta parte de la sociedad occidental actual, con la avaricia y el culto al dinero en primer término. Con solo cinco personajes y una sola localización, el novel cineasta logra brindar una película notable que tiene sus mejores bazas en su manejo del ritmo, un guion modélicamente construido y el excelente trabajo interpretativo de su reducido reparto.

Estrenada en salas españolas el pasado viernes 12 de mayo, Money pudo verse un par de días antes dentro de la Sección Panorama del Festival de Cine Fantástico de Bilbao-FANT, donde tuvimos la oportunidad de entrevistar a su director.

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Pese a acumular una exitosa carrera en el mundo del corto, con nominación al Goya incluida, has tenido que ir hasta los Estados Unidos para rodar tu debut en el largo. ¿A qué se debe el que hayas optado por emigrar para realizar tu ópera prima?

Estuvimos como dos años para levantar Money. La idea original era rodarla en España, teníamos ya una localización en Madrid, pero no fuimos capaces de conseguir el presupuesto. Yo vivo desde hace casi diez años en Nueva York, conocí a un productor norteamericano y él me dijo que pensaba que podíamos rodar allí la película de una forma mucho más barata. Además, por el tema de incentivos fiscales, el rodar en el estado de Nueva York nos salía más a cuenta. Así que decidimos hacerla en coproducción entre la productora que tengo en España y su productora norteamericana. La rodamos con muy pocos medios, pero sabíamos que era una película en la que el valor principal eran los intérpretes, y tuvimos la suerte de contar con cinco actores maravillosos.

Money está escrita por Josep Ciutat. ¿Cómo te llegó el guion y qué es lo que te llamó la atención de él?

Después de mi cortometraje Voice Over me sentía listo para dar el salto al largo y empecé a leer guiones. Mi agente me mandaba un montón de guiones desde Los Ángeles, pero no encontraba ninguno que me pareciera ideal para mi primera película. Entonces empecé a recibir libretos de guionistas españoles que aspiraban a hacer proyectos internacionales. Josep me mandó dos guiones que me leí en una tarde. Aunque me encantaron los dos, me pareció lo más lógico comenzar con el que era más contenido.

¿En la elección del guion de Money influyó el que se desarrollara básicamente en un único emplazamiento y con muy pocos personajes, con el consiguiente ahorro en los costes de producción que esto supone?

Por el tema presupuestario, pero también porque para mí era muy importante sentir que era algo que iba a poder abarcar. Mi primer corto, Revolución, era un solo actor en una sala, y aunque esto no es lo mismo, de alguna manera era la misma sensación de decir “vale, esto es algo que es más grande de lo que he hecho hasta ahora, pero voy a intentar que los elementos que haya los pueda controlar”.

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Martín Rosete junto a Jamie Bamber durante la rueda de prensa de “Money” en FANT.

Pese a tratarse de una producción de bajo presupuesto, llama la atención que hayas conseguido reunir un reparto repleto de caras conocidas, comenzando por Jesse Wiliams, popular por su papel en la serie Anatomía de Grey, y siguiendo por Kellan Lutz o Jamie Bamber, el capitán Apolo de la versión moderna de Galáctica. ¿Fue difícil implicarles en el proyecto?

En este sentido mi agente ayudó mucho. Estaba representado por la agencia William Morris en ese momento, y él me iba mandando actores que podían encajar en el proyecto y de alguna forma se implicó mucho. Hice mi selección y ellos confiaron mucho en que si yo había hecho los cortos que tenía a mis espaldas podía conducir bien la película. En este sentido, sí que mi agente ayudó mucho a darle la seguridad a los actores de que iban a estar en buenas manos.

Aunque en el apartado actoral la mayoría es norteamericana, para el lado técnico has confiado en españoles para los puestos clave. ¿Cómo fue el rodaje con un equipo tan dispar?

La verdad es que bastante fluido. Muchos de los técnicos españoles vivían en los Estados Unidos, por lo que estaban habituados a trabajar allí, y los que vinieron desde España estaban también muy integrados. El ambiente era muy familiar, porque al final estábamos todo el día juntos, nos alojábamos en la misma casa en la que rodábamos, y de no haber sido así habríamos terminado matándonos.

El punto de partida de la película, con la reunión de un grupo de amigos para cenar, conecta con el de otros títulos recientes como Coherence o La invitación. ¿Por qué crees que existe ahora mismo ese interés en el cine por explorar este tipo de actos sociales como base para sus propuestas?

No sé, pero sí que es cierto que hay algo en ese universo de relaciones sociales de quedadas, cenas y demás que puede hacer saltar la chispa de que algo especial pase. Nos pareció un buen punto de partida para nuestra película y creíamos que podía funcionar.

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Desde su propio título, Money reflexiona sobre el dinero y cómo este afecta y corrompe a la gente. Un tema de candente actualidad en la realidad sociopolítica de nuestro país. ¿De algún modo todo este clima os influyó a la hora de plantear el discurso de la película?

Si no me equivoco cuando se escribió la película fue a principios de 2009 y era cuando la crisis era la palabra que estaba en boca de todo el mundo. Creo que de ahí tiró Josep para un poco ir viendo cómo el dinero nos afecta a todos, por esa búsqueda de siempre querer más, la avaricia y todo este tipo de cosas. Así que sí, pienso que todo ese contexto influyó a la hora de plantear la película.

En este sentido, aunque el tema principal que planteas sea la codicia por el dinero, a lo largo de la película también sale a relucir la hipocresía y la falta de valores de la burguesía. Incluso pones un contrapunto con el personaje del jardinero…

De hecho, en versiones previas del guion ese personaje aceptaba el dinero, hasta que llegamos a una versión en la que vimos que necesitábamos un poco de contraste. Necesitábamos que al menos uno de los personajes no se manchara las manos, que tuviera unos principios y no quisiera entrar en ese juego, y siguiera teniendo la vida tranquila que había tenido hasta ese momento. Es más, en esas versiones anteriores el personaje era mucho más joven, y cuando surgió esta idea de contrastarlo con el resto de personajes vimos que tenía que ser alguien mucho más mayor, con más experiencia, para que se entendiera mejor lo que queríamos mostrar.

Siguiendo con los personajes, el de John, aunque en teoría asume el rol de villano, a la postre funciona como una especie de conciencia del resto, señalándolos sus pecados y sus defectos. ¿Era esta vuestra intención cuando lo diseñasteis?

Sí. Fue algo que hablamos con Jamie cuando estábamos preparando con él el personaje porque, claro, en la película no se sabe ni de dónde viene ni a dónde va; no se sabe nada. Entonces eso le otorgó a Jamie mucha libertad para crear el personaje y, más que enfocarlo desde el punto de vista de un tipo que viene a llevarse el dinero, optamos más bien por verlo como un tipo que llega para solucionar problemas y poner al resto de personajes frente al espejo. Jamie siempre dice que es como si fuera un sicólogo, aunque muy caro, eso sí. Por eso el tema del dinero acaba de ser algo secundario para él, porque al final cuando pierde lo acepta. Al fin y al cabo para John el perder formaba también parte del juego.

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Justo Ezenarro, director de FANT, junto a Martín Rosete en un momento de la rueda de prensa de “Money”.

Antes he mencionado Coherence o La invitación. Estéticamente y tonalmente Money se aproxima a las formas del cine indie norteamericano actual. ¿Era algo buscado?

Sí. Lo hablé con mi hermano, y también sabíamos que íbamos a tener que rodar rapidísimo porque solo disponíamos de quince días. Teníamos muy pocos recursos y entonces decidimos utilizar esas carencias estilísticamente. Planteamos la planificación por medio de la cámara fija y cuatro dollies hasta que John pone sobre la mesa la verdad de todo y el desarrollo toma otro camino. A partir de ese momento todo es cámara en mano hasta que llegamos al desenlace. En este sentido, pensábamos que de este modo íbamos a meter a la película una mayor tensión, al tiempo que iba a ayudarnos a visualizar cómo se tambaleaban todas las relaciones. Pero a la vez fue también una decisión tomada debido a las circunstancias.

Pese a tratarse de una producción independiente, Money ha conseguido ser adquirida por la todopoderosa 20th Century Fox para distribuirla en buena parte del mundo. ¿Cómo surgió esta oportunidad?

En realidad la vieron en un festival que ganamos en Long Beach, en el estado de Nueva York. Nos dijeron que pensaban que la película podía funcionar para distribuirla en todo el mundo y se la mandaron al vicepresidente de la compañía. Vio la película, le gustó y al día siguiente ya teníamos su respuesta con un sí por su parte y un contrato para cerrar el acuerdo. Fue algo relativamente rápido. Mucho más que cualquier otra cosa que hemos intentado por nuestra parte.

Al parecer, ya te encuentras preparando tu siguiente película, Remember Me. ¿Qué nos puedes adelantar sobre ella?

Es también una película con el mismo concepto internacional de coproducción entre España y los Estados Unidos. El libreto es de Rafa Russo, que es el guionista de Lluvia en los zapatos, y la verdad es que estamos super ilusionados con la historia, estamos poniendo las piezas ahora y todo apunta a que va a ir muy bien. Es uno de los mejores guiones que he leído en mi vida y estoy muy feliz de poder ser el responsable de convertirlo en película.

Dado que Remember Me también la planteas para ser producida en los Estados Unidos, el que enfoques tu carrera hacia aquel país ¿tiene que ver con la falta de oportunidades que existen en España para los jóvenes cineastas?

Bueno, más que la falta de oportunidades, me gusta mucho lo que está haciendo Bayona. Es decir, plantear producciones que combinan parte española con parte estadounidense, y ese es un poco el modelo que quiero seguir. Aparte de eso, lo que sí tengo claro es que mis proyectos deben de ser en inglés, ya que es algo que, a día de hoy por lo menos, ayuda mucho más a la hora de poder vender la película en todo el mundo. La idea es intentar hacer películas internacionales que comprendan y puedan disfrutar en cualquier parte, y el inglés es una parte fundamental para ello.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on mayo 19, 2017 at 5:54 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Cem Kaya, director del documental sobre el cine de género turco “Remake, Remix, Rip-Off”

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De entre las distintas propuestas que conformaron el programa de la sexta edición de Cutrecon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, una de las más destacadas fue, sin duda, Remake, Remix, Rip-Off. Encuadrada dentro de “Documentrash”, la sección del certamen consagrado al formato documental, el segundo largometraje como director del cineasta afincado en Alemania Cem Kaya explora la edad dorada del cine popular turco, época en la que aquella cinematografía se convirtió en una de las más prolíficas del mundo, prestando una especial atención a las populares exploitations que con total descaro perpetrara aquella industria entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta de algunos de los más famosos blockbusters hollywoodienses de la época. Sin embargo, el contenido del documental no se queda en la simple ilustración de las circunstancias que rodearon a este sistema de producción. Por medio del testimonio de sus principales protagonistas, tanto delante como detrás de las cámaras, Kaya revela las duras condiciones laborales y técnicas que se escondían tras las bizarras imágenes de estas películas y que, según se denuncia, aún siguen perviviendo en la moderna televisión otomana, al tiempo que reflexiona sobre la pérdida de esta parte del legado educativo turco y el modo en el que la cultura popular se cimienta sobre la repetición de historias. Como puede verse, una obra rica en contenidos y enfoques cuyo visionado se hace recomendable y hasta imprescindible para todos los cinéfilos con un mínimo de inquietudes, independientemente de que su objeto de estudio pueda despertar más o menos interés.

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¿Qué te empuja a hacer una película sobre el cine exploitation turco?

Bueno, no es una película solo sobre la explotación turca, sino más bien sobre el periodo Yeşilçam, algo así como los estudios Pinewood de Londres[1]. La época del Yeşilçam no fueron solo las películas fantásticas, del mismo modo que el documental no habla solo de este periodo, sino también habla de la posibilidad de poder hacer cine en Turquía en general, diría yo.

Yo crecí viendo estas películas en cintas de video en Alemania, no las vi en el cine como hicieron mis padres. Eso es importante, porque en los ochenta la cultura de las cintas de video turcas en Alemania era algo bastante grande. Estábamos siempre rodeados de estos films y me influenciaron mucho cuando era niño.

En Remake, Remix, Rip-Off cuentas con el testimonio de varios de los directores más relevantes de este sistema. ¿Cómo se tomaron el que quisieras hacer un documental sobre ello?

La mayoría eran muy abiertos y con ganas de hablar. Hice como cien entrevistas. Aunque en el documental solo habrá como cincuenta, tenía bastante más. Solo hubo un par de ellos que no querían hablar sobre aquella época, aunque tenían sus motivos para no hacerlo. Pero, en general, el noventa por ciento de las personas que entrevisté fueron estupendas.

Empecé a investigar sobre el cine turco en 2003, y empecé a hacer la película en 2007. Así que fueron cuatro años de ir a Turquía y hablar con ellos. No conocí por primera vez a toda esta gente cuando fui a entrevistarlos, sino que ya los había ido conociendo durante esos años. Además, estuve en contacto con los sindicatos y participé en todas las protestas contra la demolición del cine Emek[2]; fui parte de todo ese movimiento que hubo, registrando todo con mi cámara. Al igual que en el tema de las entrevistas, hay mucho más material de lo que se ve en la película.

¿El tomar contacto en primera mano con estos cineastas y el contexto en el que se fraguaron aquellas películas hizo que variara la idea original que tenías sobre los temas a tratar en el documental?

No, porque, retomando un poco lo que te comentaba en mi anterior respuesta, antes de empezar a hacer el documental hice una tesis de diplomatura y de Master sobre el tema, por lo que tenía una idea clara de cómo quería contar la historia, ya que estaba muy metido en el tema. Luego, claro que hay pequeñas cosas que cambian, aspectos dramáticos de la película, pero no son muchas, como la destrucción del cine Emek, que fue unas semanas después de que empezaran las protestas en contra de su demolición. La destrucción de ese cine cambió el final de la película.

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Presentación de la proyección de “Remake, Remix, Rip-Off” en Artistic Metropol durante la sesión doble de “Documentrash”.

Aparte de ilustrar sobre la época de la cinematografía turca que tratas, tu película posee muchas capas de lectura. Entre ellas está el comentario de cómo estas películas eran en cierto modo utilizadas por el poder para controlar al pueblo…

No se trata de una manipulación en el sentido de gente moviendo los hilos. Es una manipulación como se da en toda industria dedicada al cine popular, incluido Hollywood, en la que esta permite que se hagan cierto tipo de películas y otras no. Los melodramas están bien porque mantienen a la gente tranquila, o las comedias… Pero ya te digo que creo que eso es algo normalizado y no solo propio del cine turco.

Centrándonos en el cine turco, la censura en sí comenzó en los años treinta. Y todos los films políticos eran censurados. Por ejemplo, pasaba con muchas de las películas de Yilmaz Güney, que era el director más de izquierdas de la época. En sus inicios fue una estrella del cine de acción, pero luego varió su estilo y se convirtió en el director turco más importante de aquellos años, si bien era de origen kurdo. Cuando sus películas eran prohibidas, los cines ponían posters distintos, como por ejemplo de una película de Bruce Lee, y la gente sabía que se trataba de un film suyo e iban a verlo. Eran conscientes, no creo que el público sea tonto. Incluso con los melodramas. Sin ir más lejos, mis tías, cuando eran jóvenes e iban a ver estos melodramas del Yeşilçam, sabían que era una historia que se había contado mil veces. Simplemente les gustaba ver una nueva versión del mismo tema. Así que creo que no se puede engañar al público. El único aspecto negativo que veo sobre el tema de la censura es que abría la puerta a que hubiese más películas nacionalistas. Por una parte prohibían todas las películas que tuviesen crítica social y, por otra, apoyaban películas nacionalistas donde se hacía ver que Turquía era estupenda. Y eso sí que podía influir en la percepción de la gente.

¿Cómo se recuerda en Turquía todo aquel cine y qué queda de él en la industria actual?

Hay algunos clásicos del Yeşilçam que todo el mundo conoce en Turquía. Por ejemplo, hay muchas citas de películas que se han incorporado a la hora de hablar. Por ejemplo, si alguien dice “está hecho de limón” y le responden “no, está hecho de vinagre”, están haciendo referencia a una cita de una película donde una pareja está discutiendo sobre eso. Es decir, si le dices a un turco “Oye, esto está hecho de limón” sabe perfectamente de dónde viene. Así que hay citas y clásicos. Son unos cuantos, unos doscientos o trescientos que siempre se pasan por televisión, porque a muchos espectadores les gusta la nostalgia de esa época.

Eso por una parte. Luego, los buenos films sí tienen fans, como puede haberlos aquí. Hay gente en Turquía a las que les gustan estas películas, pero en general no hay un cineasta hoy en día que trate de reivindicar ese legado del Yeşilçam y traducirlo al cine de ahora. Por otra parte, aun hay cineastas veteranos del Yeşilçam que siguen activos en las series de televisión de ahora o que de vez en cuando hacen una película, ya que actualmente en Turquía se estrenan de setenta a ciento veinte películas al año; comedias, melodramas, películas nacionalistas… Así que de algún modo sigue siendo lo mismo, pero en la época moderna.

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La imagen más difundida, al menos en occidente, de todo este tipo de cine son sus desvergonzadas fotocopias de grandes producciones norteamericanas, tipo La guerra de las galaxias, ET o El exorcista, lo que sin duda provoca que el espectador que se acerque a tu documental vaya con una idea preconcebida de lo que se va a encontrar. ¿Cómo se toma el público el que tu película no se quede solo en este aspecto, digámosle, cómico, sino que también profundice y reflexione sobre todas las circunstancias y la miseria que rodeaban a aquellas películas?

He visto gente en Rotterdam yéndose del cine a la hora de película, que es cuando empiezo a hablar de esas otras cosas. Esto pasa. El tema es que, si no enseñas la otra parte de la película y nos quedamos simplemente en el “ja-ja-já, qué divertidos son estos cineastas turcos”, no es lo que yo quería hacer. Al mismo tiempo, tienes que tener cuidado de no aburrir al público con los hechos. Como tenía en mi cabeza el conocimiento y todos los datos académicos, tuve un problema al editar la película, porque quería contar demasiadas cosas. Así que creo que tiene un buen equilibrio, dos minutos más hablando, por ejemplo, de censura, lo hubiese estropeado. ¿Sabes lo que quiero decir?

Luego, hay muchos que agradecen la parte final, y que piensan que sin esa parte no hubiese sido una buena película, hubiese sido otra cosa. Así que hay dos tipos de reacciones: los hay a los que les hubiese gustado ver más de los filmes fantásticos, más detalles de cómo los hacían… y otros que creen que hay un buen balance entre las dos cosas.

En general, lo que he procurado en las dos películas que he realizado hasta el momento es entretener a la gente. Cuando intentaba vender la película, porque sobre el papel parecía demasiado serio, las productoras o cadenas de televisión no se imaginaban cómo de divertida podría ser al final. Y al final sí ha sido divertida. Así que sobre lo que me preguntabas antes de cómo había cambiado mi película, yo, por ejemplo, no pensaba que estos directores fuesen tan graciosos y eso es algo que también se reflejaba en lo que hacían.

¿Remake, Remix, Rip-Off ha podido ser vista en Turquía? De ser así, ¿se ha sorprendido el público por los temas que comentas y que quizás desconocían?

Si, muchos de ellos. Para el público turco este documental supone un cambio de perspectiva, porque ellos conocen las películas, pero no cómo se hicieron. Saben que son su herencia y dicen “Oh, las películas del Yeşilçam…” y hacen bromas sobre ellas, en general, pero mucha gente viendo la película dice “Vaya, esto no lo sabía” o “No sabía las circunstancias en que estas pelis se realizaron” o no saben en qué condiciones se hacen las series de televisión hoy en día. Cuando ven el cine Emek destruido se dan cuenta de que es su legado el que ha sido destruido; no solo es el edificio, es toda una cultura fílmica que puede gustarles o no, pero que es la única que tienen. Y esto es muy importante, sobre todo para que las nuevas generaciones comprendan lo que los directores hicieron antes que ellos, ya sea bueno o malo, eso es indiferente, y entender por ejemplo qué era el cine de Yeşilçam. Porque hay algunos documentales televisivos sobre el cine de Yeşilçam en la televisión turca, pero son muy nostálgicos. Y para mí el tema va más allá de la simple nostalgia.

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Cem Kaya flanqueado por Paco Fox (izquierda) y Claudio Fragasso y Rossella Drudi (derecha), durante el encuentro de los invitados de Cutrecon con los espectadores que tuvo lugar en la Casa del Reloj.

Para hacer el documental comentas que has visto más de cinco mil películas turcas de la época. De todas ellas, ¿cuál destacarías por los motivos que sean?

No puedo decir solo una. Pero sí puedo recomendar directores, porque creo que hay algunos que son visionarios, como lo fue Ed Wood. Çetin Inanç es uno de ellos. También Yilmaz Duru, que aunque está muy infravalorado, sus pelis hay que verlas. Me gustan ciertos directores, y cuando me acerco a alguna película que aún no he visto de alguno de ellos, aunque sea un melodrama malo, sé que van a tener algo, y en el noventa y nueve por ciento de los casos no me equivoco. Y así puedes encontrar algo que es muy característico, como una firma, que solo ese director tiene.

Y por recomendar una película te mencionaré En Büyük Yumruk [The Greatest Fist], dirigida por Çetin Inanç en 1983, más o menos en la misma época en que se hizo la versión turca de Star Wars. Es una peli muy loca.

Ya para terminar, ¿qué proyectos tienes en estos momentos a corto plazo?

Actualmente estoy preparando una película de found footage, ahora que están tan de moda. Para hacerla estoy usando metraje de las antiguas películas de Cüneyt Arkin, que fue una de las principales estrellas del periodo Yeşilçam y el protagonista, por ejemplo, del Star Wars turco. Voy a aprovechar para ello todas las películas que he ido acumulando y comprando por EBay durante los años que preparé Remake, Remix, Ripoff y mi intención es que salga en VHS. A través de la película aprovecharé para recorrer la trayectoria de Cüneyt Arkin, desde sus comienzos en los cincuenta en producciones de corte dramático, para seguir con su evolución a un cine cada vez más excesivo y violento, hasta terminar en los años ochenta. Pero la idea de base es la que te comentaba: hacer una película completamente nueva a partir de metraje antiguo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nota del entrevistador: Yeşilçam, cuya traducción al castellano sería pino verde, es el término con el que se denomina la industria cinematográfica turca entre los años cincuenta hasta comienzos de los años ochenta. Su nombre procede de la calle donde se situaban las oficinas de la mayoría de productoras cinematográficas de la época.

[2] N.del e.: El cine Emek fue uno de los locales cinematográficos más emblemáticos de Estambul, acogiendo en su pantalla las proyecciones de incontables películas de la época dorada del cine popular turco. El anuncio de 2010 de su demolición para construir en su lugar un moderno centro comercial despertó una oleada de protestas, principalmente desde el ámbito cinematográfico que, no obstante, no evitaron que finalmente, en 2013, el edificio fuera derruido.

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on abril 21, 2017 at 5:50 am  Comments (1)  
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Entrevista a Juan Luis Sánchez

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En su su haber figuran títulos del calibre de
Batman: El caballero oscuro, varias entregas de sagas como Harry Potter, Piratas del Caribe y Star Wars, Babe, el cerdito valiente, Paddington o Gravity, por cuya labor lograría el “Oustanding FX and Simulation Animation in a Live Action Feature Motion Picture” en los Visual Effects Society Awards del 2013. Activo durante los últimos veinte años, Juan Luis Sánchez es, hoy por hoy, uno de los más destacados técnicos de efectos especiales del panorama actual. Además de por su impresionante filmografía, dicha consideración se sustenta por su paso por varias de las compañías punteras dedicadas a los efectos, entre las que podemos citar Framestore, Double Negative, la mítica ILM, o Ilion Animation Studios, donde trabaja actualmente. Especializado en el puesto de “Character FX Lead”, compagina su trabajo en la industria con la labor docente que desarrolla en el Centro Universitario de Tecnología y Arte Digital U-Tad. A raíz de su participación dentro del programa de actividades dispuestas por el Festival Internacional de Cine de Animación, Efectos Visuales y Videojuegos Animayo, en su visita a Madrid el pasado mes de diciembre tuvimos la oportunidad de mantener con él la siguiente entrevista:

Juan Luis Sanchez (5)

¿Cómo te inicias en el mundo de los efectos digitales?

Al acabar los estudios tuve la suerte de encontrar un trabajo en Los Ángeles en el estudio de efectos y animación “Rhythm & Hues”, que han trabajado en películas como Babe, el cerdito valiente o La vida de Pi. Una vez allí, ya pude ir buscando mi camino en la industria.

Eres Character FX Lead. ¿Cómo le explicarías a un profano en la materia en qué consiste tu trabajo?

Igual que alguien que no trabaja en teatro puede saber o imaginarse que hay gente que se ocupan del escenario, del sonido, el vestuario, el maquillaje, los actores, el director, la música, etc., pues en el mundo de animación es muy parecido. Sencillamente digo que me ocupo del vestuario y pelo de los personajes digitales.

¿Cuánta importancia tiene en tu trabajo la técnica y cuánta la habilidad y/o el talento?

Cualquier trabajo de artesano tiene un aspecto técnico, el conocimiento y uso de las herramientas o el proceso, y un aspecto artístico. Todo el mundo que trabaja en este mundo tiene una mezcla de estas cualidades y parte de mi trabajo es conocer a los artistas y dar a cada uno tareas que se aprovechen de sus talentos y que también les ayuden a crecer. Yo creo que puedo aprovechar a alguien que solo sabe programar igual que a un artista que nunca ha tocado un ordenador. Lo que hace falta de primeras es pasión por el cine y por el fin de crear una imagen que dé ilusión al espectador.

¿Cuáles son las pautas que te marcan desde la dirección de la película y qué margen de libertad tienes a la hora de desarrollar tu trabajo?

Es un trabajo interesante porque, por un lado, estamos allí para realizar la visión de un solo artista, el director, pero también él o ella nunca puede saberlo todo, y mi experiencia es que los directores están muy contentos de colaborar contigo. Pero hay que aceptar que el guion, el género, el estilo de la película están fuera de tu control y quien manda al final es el director. Así que no dejas de proponer ideas y pensar cómo un personaje, un momento, una secuencia podría ser mejor y a la vez aceptar que lo más normal es que rechacen tus ideas.

¿Qué diferencia hay entre trabajar con un personaje humano, con uno de naturaleza animal o fantástica?

¡Tengo muchas respuestas a esta pregunta! Un personaje humano tiene un aspecto sencillo, por lo que suelen tener un estilo de pelo bastante “normal”, por decirlo de una manera, ropa que puede ser sencilla o no, pero siempre puedes encontrar el equivalente en el mundo real que te sirva de referencia. Pero también son los más difíciles porque nos identificamos mucho con los personajes humanos, y es muy difícil hacerlos creíbles. Los animales son otro tipo de reto. Suelen tener una musculatura, grasas, piel, pelo y hasta ropa sobre el pelo. Por ejemplo, Paddington. ¿Anda a cuatro patas o dos? Una pregunta tan sencilla cambia el problema totalmente. Y dentro del mundo de animales naturales, los pájaros siguen siendo de los más difíciles por temas de tecnología. Crear y manipular plumas es difícil todavía para la mayoría de los estudios. Con criaturas fantásticas lo primero es definir la base del esqueleto y musculatura que podrían tener, y construirlo desde ahí. Siempre se intenta partir de una base, de traerlo al mundo real e intentar crearlo como si existiera de verdad.

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El grueso de tu carrera se ha desarrollado dentro de la industria hollywoodiense. ¿Cómo llegaste allí?

Con bastante suerte, jajaja. Andaba buscando trabajo en Londres, que era donde vivía entonces, pero en aquella época no existía una industria de efectos como la hay ahora, y sencillamente a través de enviar el currículo a todos los estudios del mundo tuve la suerte de que en esos momentos, a finales de los noventa, había una necesidad grande de gente en la industria, y los estudios en California tenían un proceso para integrar y formar a trabajadores sin experiencia directa en la industria.

Desde que te iniciaste en el campo de los efectos digitales cinematográficos en los noventa hasta la actualidad, ¿en qué modo ha influido la evolución técnica en tu trabajo?

Yo era un friki de los ordenadores retro como el Commodore y el Spectrum desde que era pequeño, así que he visto un cambio muy grande desde el principio. He visto el cambio de trabajo analógico a que todo se haga hoy en día de forma virtual. Pero en este mundo siempre estás en el filo de los problemas más difíciles. Aunque la tecnología haya mejorado mucho gracias a ordenadores de mayor magnitud, una imagen final tarda lo mismo en hacerse, porque la complejidad aumenta del mismo modo.

El otro aspecto es que al principio era algo que solo gente bastante técnica podía interactuar con los sistemas; todo se hacía a mano con programación de algún tipo. Pero con la mejora de las aplicaciones y programas 3D muchos otros artistas que no tienen tanto conocimiento técnico se ven capaces de poder contribuir a este mundo. Y eso ha sido muy importante para el desarrollo artístico de lo que hacemos.

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Juan Luis dando una conferencia en una de las paradas itinerantes de Animayo.

En todos estos años has tenido la oportunidad de trabajar en varias entregas de franquicias de la repercusión de Star Wars, Harry Potter, Terminator o Piratas del Caribe. ¿Conlleva trabajar en películas de tanta proyección mediática una mayor presión?

Solo por parte de los fans en twitter, jajaja. Cuanto más grande es la película, más grande es el equipo, hay más dinero, más productores, y más gente dando su opinión. Pero, paradójicamente, menos  puedes influir tú en el resultado final. Así que yo suelo encontrarme más seguro confiando en el director o los productores si hay algo que no entiendo, que mientras que ellos lo comprendan todo va a salir bien. ¡Claro que a veces están más perdidos que tú! Es en las producciones más pequeñas, como en mi caso podría ser el remake de Pesadilla en Elm Street, cuando el equipo es mucho más pequeño, que uno lo vive de un modo más cercano, y lo toma de un modo más personal si no tiene éxito.

En Star Wars interviniste en el segundo y tercer capítulo, films que en su momento levantaron cierta controversia al ser de los primeros en el que prácticamente todos sus efectos especiales se realizaron de forma digital. ¿Cómo vivisteis desde dentro esta polémica?

Es muy curioso, porque se crearon más maquetas durante las producciones de los Episodios II y III que en toda la historia anterior de Industrial Light & Magic (ILM). Cierto es que fueron de las primeras producciones en que se hizo el rodaje en digital en vez de en película, e íbamos todos aprendiendo cosas nuevas. Lo que sabía es que lo que estábamos haciendo allí en pocos años lo íbamos a ver repetido en todos los estudios del mundo. ILM, con el apoyo de George Lucas, siempre habían hecho las propuestas de lo nuevo e innovador. A veces este tipo de pregunta viene con la idea de que la creación de las películas a través de tantos procesos digitales es mala para el arte del cine. Siempre digo que si alguien ve una película y le gusta o no le gusta, los efectos o la animación no tienen nada que ver con el hecho de que sean digitales o no, sino con el aspecto artístico. Es posible que George se pasara con ciertas cosas, pero sin directores como él empujando hasta los límites no tendríamos el espectáculo de cine que hoy tenemos en abundancia.

Por cierto, según parece, en El ataque de los clones también participaste como figurante. ¿Cómo surgió esta oportunidad y cómo recuerdas aquella experiencia?

¡Un sueño! ILM tenía unos escenarios para los rodajes y tenían la tradición desde hace muchos años de colar a los empleados dentro de las películas a través de varios métodos. Uno de ellos era como actores de fondo en los mundos fantásticos de Star Wars. Durante la creación de los efectos de El ataque de los clones había escenas con jedis o similares de fondo, y preguntaron al equipo si queríamos aparecer en la película. Ni qué decir tiene que muchos de nosotros dijimos que sí. Llegué a conocer a uno de los R2D2 originales y auténticos de la primera película y pasé varios días luchando con espadas láser “de verdad”. Estaba como un niño, vamos. El truco era hacerte amigo del equipo de rodaje, porque siempre andaban buscando a gente para una cosa u otra. De hecho, también he aparecido en otras películas de Harry Potter, Piratas del Caribe o Terminator 3, entre otras.

¿Cambia tu forma de trabajar en los casos en los que lo haces en películas de las que eres fan?

Tienes la sensación de que lo conoces mejor que otros del equipo, para bien y para mal. Para mí, en general, me ha ayudado ser fan de lo que he trabajado porque me puedo imaginar al público a quien va destinado, qué les puede gustar y qué no, y conoces ya las reglas de ese mundo. Siempre me he dirigido hacia proyectos que me atraían por algo, y en el caso de que no seas un fan de antes, creo que es importante entender el encanto de lo que estás haciendo y buscar lo que a ti te gusta de ello. Lo único malo es que, una vez que trabajas en algo, pasas de poder ser “solo” un fan, porque te complica para siempre la relación. Eres de alguna manera cómplice en su creación y no puedes seguir siendo un fan inocente porque lo has vivido por dentro.

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Vistos en perspectiva, ¿cuál de todos tus trabajos ha supuesto un mayor reto y/o es el del que te sientes más orgulloso?

Es un poco cliché decirlo, pero siempre es el proyecto en que estás actualmente. Porque dejas atrás lo que has hecho para poder enfocarte en lo que tienes entre las manos en ese momento. De todos modos, mirando para atrás, un par de experiencias destacan por su importancia. Paddington fue en mi opinión la más difícil, porque era un personaje que llevaba de todo, como he dicho antes. No había problema de efectos de caracteres que no tuviéramos que enfrentarnos para hacer Paddington. Luego, la experiencia tanto personal como profesional que supuso participar en Star Wars Episodio II. El sueño de estar trabajando con George Lucas creo que jamás lo voy a poder superar. Fue un momento muy bonito de mi vida.

José Luis Salvador Estébenez

* El autor quiere expresar su agradecimiento a Ivan del Barrio, responsable del departamento de prensa de Animayo, por su inestimable colaboración para la realización de esta entrevista.

Published in: on marzo 24, 2017 at 7:00 am  Comments (1)