Entrevista a Jamie Bamber, coprotagonista de “Money”

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Junto con su director, Martín Rosete, el actor Jamie Bamber visitaría la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT acompañando la proyección del film Money dentro de la sección paralela “Panorama”. Nacido en el distrito londinense de Hammersmith en 1973, Bamber es conocido principalmente por los aficionados al fantástico por su encarnación del capitán Apollo Adama en la nueva versión de la serie Galáctica, papel por el que conseguiría una nominación al mejor actor de reparto de televisión en el prestigioso premio Saturn, dentro de una trayectoria en la pequeña pantalla en la que figuran apariciones regulares en series de la relevancia y popularidad de Hermanos de sangre, Londres: distrito criminal, El cuerpo del delito o Navy: Investigación criminal, entre otras. En Money da vida a John, un misterioso personaje cuya visita en medio de la noche a dos parejas que se encuentran disfrutando de una velada en compañía servirá de detonante para el desarrollo de la historia.

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¿Cómo llegas a Money?

Recibí el guion a través de mi manager junto a un link para ver Voice Over, el último cortometraje que había dirigido Martín. Así que vi ese corto, que visualmente me pareció sorprendente, con un gran ritmo y muy arriesgado, cambiando de localizaciones cinco o seis veces y contando cinco historias diferentes que confluyen al final. Había algo que delataba mucha inteligencia en la estructura y el ritmo de la historia. Y luego me enamoré del guion rápidamente, porque me encantan los thrillers psicológicos potentes que atrapan al espectador, con mucho suspense. Este guion además creo que dará a los espectadores algo sobre lo que debatir al final de la película acerca de cuál es el mensaje. Así que fue una mezcla del guion, de ver Voice Over y el poder trabajar con los hermanos Rosete en su primera película. Para mí es muy emocionante, admiro su talento y su potencial. Siempre es apasionante embarcarse en un proyecto de cineastas jóvenes y llenos de ideas.

¿Qué te llamó la atención de tu personaje?

La ambigüedad del personaje. El personaje se llama John, que es como se llama a las personas sin nombre[1]. John es el nombre más común en los países de habla inglesa. Así que no revela mucho sobre él. Cuando llama a la puerta nadie sabe quién es y, sin embargo, él conoce todo sobre todos los demás. En un momento preciso él decide demostrar el poder que tiene sobre los demás sentándose en esa mesa. Me gustó el aspecto teatral de interpretar a alguien que sabe cómo jugar sus bazas y que mueve todos los hilos. Incluso cuando pierde el control es capaz, a través de mucha disciplina, de conocer las debilidades de los demás y usarlas en su contra. Es divertido interpretar a un personaje así. Lo más difícil fue desarrollar física y verbalmente la manera de presentar este personaje que siempre parece controlarlo todo y que no tiene miedo, usando la tranquilidad y observando todo el caos y el pánico que hay a su alrededor para usarlo a su favor.

¿Cuál piensas que ha sido tu aportación a John?

Tengo que ser sincero y decir que el personaje estaba definido en el guion. Josep ha escrito un personaje que es culto, que ha viajado y conoce el mundo, que se conoce a sí mismo y entiende a los  demás. ¿Que qué aporté yo? No lo sé, no estoy seguro de haber contribuido con nada, aparte de confiar ciegamente en la situación que Josep había escrito e intentar potenciar al máximo toda la fuerza puesta en los diálogos. Quizá algo de humor. Me gustar usar el humor irónico… pero todo eso estaba ya en el guion. Así que no creo haber aportado gran cosa al personaje aparte de mi 1,75 m de altura y mi 42 de pie.

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Jamie junto al director de “Money”, Martín Rosete, durante la rueda de prensa de la película durante el pasado FANT.

La interpretación que haces de John personalmente me ha recordado a James Bond, tanto por lo cínico que es como por la forma que tiene de comportarse, además de por su elegante forma de vestir. ¿Era un poco la referencia que manejabas?

Sí, efectivamente. Para esa parte cínica que tiene el personaje me basé en James Bond, absolutamente. Y es un personaje que, como James Bond, tiene poder porque, mientras que de él no saben nada, del resto conoce lo suficiente como para poder destruirlos. Entonces, como James Bond, John está cómodo por tener esta información y por las oportunidades que se le presentan a partir de ello. Sin menoscabo de esto, yo interpreto a John en un sentido más amplio. John aparece como un stranger, ese forastero que ha sido tratado en tantas películas dentro del western. Sobre todo es un rol que tiene un poder y que no necesita ni siquiera demostrarlo. Hace saber que tiene ese poder sobre los demás y crea ese ambiente.

Es curioso cuando John empieza a cometer errores y pierde un poco el control, cómo se echa para atrás y deja que ese miedo y esa incertidumbre se apoderen de él, de la misma manera que se apodera del resto de personajes y la situación poco a poco va dando totalmente la vuelta. Entonces, a través del humor empieza a gestionar ese miedo que tiene en las conversaciones que mantiene con los otros personajes y va fracturando la confianza que existe entre las dos parejas. Es un personaje que me ha parecido interesante desde el principio por cómo cuantifica las relaciones y cómo demuestra que vivimos en una sociedad totalmente materialista, donde John consigue modificar estas relaciones por dinero, demostrando lo superficiales que son.

Otra similitud que me parece que existe entre mi personaje y James Bond es que tiene siempre mejores conversaciones con las mujeres que con los hombres, lo que por otra parte es lo habitual. Él ve cómo las mujeres están siendo un poco utilizadas por sus parejas y es por ello que yo interpreto a John como un ángel emancipador de estas mujeres que, finalmente, acaban llevándose el dinero, mientras los hombres se llevan los golpes y terminan destruidos totalmente. Así que John es, digamos, un agente que cambia cosas y que deja a las mujeres en una mejor posición en la que estaban en un principio y les otorga un plus de autoconocimiento.

Coproducida entre España y los Estados Unidos, mientras que el apartado actoral es de mayoría anglosajona, el técnico ha corrido por cuenta de españoles. ¿Cómo ha sido el desarrollo del rodaje teniendo en cuenta esta mezcla de culturas?

La verdad es que fue muy fácil. Era una coproducción hispano-norteamericana y se desarrolló como tal. Tanto el director como su hermano, el director de fotografía, tienen un inglés excelente y no hubo ningún problema de traducción. Y la historia tiene un carácter universal, por lo que por esa parte tampoco había problemas. En realidad no se notó para nada el que los miembros del equipo tuviéramos distinta procedencia. Incluso el productor norteamericano, Atit Shah, es de origen indio. Pero aunque había tres culturas predominantes, como digo no hubo ningún problema en ese sentido.

José Luis Salvador Estébenez

 

[1] Nota del traductor: En los Estados Unidos, comúnmente se emplea el nombre John Doe en las acciones legales o discusiones legales, en el caso de los hombres, para reemplazar un nombre (para mantener el real anónimo) o porque se desconoce también el nombre real. Los cadáveres o los pacientes de las salas de urgencias cuya identidad se desconoce son conocidos como John Doe. En el caso de las mujeres se utiliza el nombre de Jane Doe. (Extraído de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Sin_nombre)

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Entrevista a Martín Rosete, director de “Money”

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Tras una larga y exitosa trayectoria en el mundo del corto, Martín Rosete ha conseguido dar el salto al largo con el thriller Money. Sin embargo, el camino hasta este ansiado debut no ha sido nada fácil. A pesar de contar con un galardonado currículo a sus espaldas, entre los que destacan el Méliès de Oro al mejor cortometraje europeo y la nominación al Goya de la categoría conseguidos por Voice Over, ha tenido que autofinanciarse a través de su propia compañía para que su ópera prima pudiera materializarse.

Coproducida por los Estados Unidos, país donde tuvo lugar el rodaje, se trata de una propuesta de corte minimalista y estética indie, en la que la inesperada visita de un extraño durante una cena de parejas es la premisa utilizada por Martín Rosete para explorar algunos de los males que acusa cierta parte de la sociedad occidental actual, con la avaricia y el culto al dinero en primer término. Con solo cinco personajes y una sola localización, el novel cineasta logra brindar una película notable que tiene sus mejores bazas en su manejo del ritmo, un guion modélicamente construido y el excelente trabajo interpretativo de su reducido reparto.

Estrenada en salas españolas el pasado viernes 12 de mayo, Money pudo verse un par de días antes dentro de la Sección Panorama del Festival de Cine Fantástico de Bilbao-FANT, donde tuvimos la oportunidad de entrevistar a su director.

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Pese a acumular una exitosa carrera en el mundo del corto, con nominación al Goya incluida, has tenido que ir hasta los Estados Unidos para rodar tu debut en el largo. ¿A qué se debe el que hayas optado por emigrar para realizar tu ópera prima?

Estuvimos como dos años para levantar Money. La idea original era rodarla en España, teníamos ya una localización en Madrid, pero no fuimos capaces de conseguir el presupuesto. Yo vivo desde hace casi diez años en Nueva York, conocí a un productor norteamericano y él me dijo que pensaba que podíamos rodar allí la película de una forma mucho más barata. Además, por el tema de incentivos fiscales, el rodar en el estado de Nueva York nos salía más a cuenta. Así que decidimos hacerla en coproducción entre la productora que tengo en España y su productora norteamericana. La rodamos con muy pocos medios, pero sabíamos que era una película en la que el valor principal eran los intérpretes, y tuvimos la suerte de contar con cinco actores maravillosos.

Money está escrita por Josep Ciutat. ¿Cómo te llegó el guion y qué es lo que te llamó la atención de él?

Después de mi cortometraje Voice Over me sentía listo para dar el salto al largo y empecé a leer guiones. Mi agente me mandaba un montón de guiones desde Los Ángeles, pero no encontraba ninguno que me pareciera ideal para mi primera película. Entonces empecé a recibir libretos de guionistas españoles que aspiraban a hacer proyectos internacionales. Josep me mandó dos guiones que me leí en una tarde. Aunque me encantaron los dos, me pareció lo más lógico comenzar con el que era más contenido.

¿En la elección del guion de Money influyó el que se desarrollara básicamente en un único emplazamiento y con muy pocos personajes, con el consiguiente ahorro en los costes de producción que esto supone?

Por el tema presupuestario, pero también porque para mí era muy importante sentir que era algo que iba a poder abarcar. Mi primer corto, Revolución, era un solo actor en una sala, y aunque esto no es lo mismo, de alguna manera era la misma sensación de decir “vale, esto es algo que es más grande de lo que he hecho hasta ahora, pero voy a intentar que los elementos que haya los pueda controlar”.

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Martín Rosete junto a Jamie Bamber durante la rueda de prensa de “Money” en FANT.

Pese a tratarse de una producción de bajo presupuesto, llama la atención que hayas conseguido reunir un reparto repleto de caras conocidas, comenzando por Jesse Wiliams, popular por su papel en la serie Anatomía de Grey, y siguiendo por Kellan Lutz o Jamie Bamber, el capitán Apolo de la versión moderna de Galáctica. ¿Fue difícil implicarles en el proyecto?

En este sentido mi agente ayudó mucho. Estaba representado por la agencia William Morris en ese momento, y él me iba mandando actores que podían encajar en el proyecto y de alguna forma se implicó mucho. Hice mi selección y ellos confiaron mucho en que si yo había hecho los cortos que tenía a mis espaldas podía conducir bien la película. En este sentido, sí que mi agente ayudó mucho a darle la seguridad a los actores de que iban a estar en buenas manos.

Aunque en el apartado actoral la mayoría es norteamericana, para el lado técnico has confiado en españoles para los puestos clave. ¿Cómo fue el rodaje con un equipo tan dispar?

La verdad es que bastante fluido. Muchos de los técnicos españoles vivían en los Estados Unidos, por lo que estaban habituados a trabajar allí, y los que vinieron desde España estaban también muy integrados. El ambiente era muy familiar, porque al final estábamos todo el día juntos, nos alojábamos en la misma casa en la que rodábamos, y de no haber sido así habríamos terminado matándonos.

El punto de partida de la película, con la reunión de un grupo de amigos para cenar, conecta con el de otros títulos recientes como Coherence o La invitación. ¿Por qué crees que existe ahora mismo ese interés en el cine por explorar este tipo de actos sociales como base para sus propuestas?

No sé, pero sí que es cierto que hay algo en ese universo de relaciones sociales de quedadas, cenas y demás que puede hacer saltar la chispa de que algo especial pase. Nos pareció un buen punto de partida para nuestra película y creíamos que podía funcionar.

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Desde su propio título, Money reflexiona sobre el dinero y cómo este afecta y corrompe a la gente. Un tema de candente actualidad en la realidad sociopolítica de nuestro país. ¿De algún modo todo este clima os influyó a la hora de plantear el discurso de la película?

Si no me equivoco cuando se escribió la película fue a principios de 2009 y era cuando la crisis era la palabra que estaba en boca de todo el mundo. Creo que de ahí tiró Josep para un poco ir viendo cómo el dinero nos afecta a todos, por esa búsqueda de siempre querer más, la avaricia y todo este tipo de cosas. Así que sí, pienso que todo ese contexto influyó a la hora de plantear la película.

En este sentido, aunque el tema principal que planteas sea la codicia por el dinero, a lo largo de la película también sale a relucir la hipocresía y la falta de valores de la burguesía. Incluso pones un contrapunto con el personaje del jardinero…

De hecho, en versiones previas del guion ese personaje aceptaba el dinero, hasta que llegamos a una versión en la que vimos que necesitábamos un poco de contraste. Necesitábamos que al menos uno de los personajes no se manchara las manos, que tuviera unos principios y no quisiera entrar en ese juego, y siguiera teniendo la vida tranquila que había tenido hasta ese momento. Es más, en esas versiones anteriores el personaje era mucho más joven, y cuando surgió esta idea de contrastarlo con el resto de personajes vimos que tenía que ser alguien mucho más mayor, con más experiencia, para que se entendiera mejor lo que queríamos mostrar.

Siguiendo con los personajes, el de John, aunque en teoría asume el rol de villano, a la postre funciona como una especie de conciencia del resto, señalándolos sus pecados y sus defectos. ¿Era esta vuestra intención cuando lo diseñasteis?

Sí. Fue algo que hablamos con Jamie cuando estábamos preparando con él el personaje porque, claro, en la película no se sabe ni de dónde viene ni a dónde va; no se sabe nada. Entonces eso le otorgó a Jamie mucha libertad para crear el personaje y, más que enfocarlo desde el punto de vista de un tipo que viene a llevarse el dinero, optamos más bien por verlo como un tipo que llega para solucionar problemas y poner al resto de personajes frente al espejo. Jamie siempre dice que es como si fuera un sicólogo, aunque muy caro, eso sí. Por eso el tema del dinero acaba de ser algo secundario para él, porque al final cuando pierde lo acepta. Al fin y al cabo para John el perder formaba también parte del juego.

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Justo Ezenarro, director de FANT, junto a Martín Rosete en un momento de la rueda de prensa de “Money”.

Antes he mencionado Coherence o La invitación. Estéticamente y tonalmente Money se aproxima a las formas del cine indie norteamericano actual. ¿Era algo buscado?

Sí. Lo hablé con mi hermano, y también sabíamos que íbamos a tener que rodar rapidísimo porque solo disponíamos de quince días. Teníamos muy pocos recursos y entonces decidimos utilizar esas carencias estilísticamente. Planteamos la planificación por medio de la cámara fija y cuatro dollies hasta que John pone sobre la mesa la verdad de todo y el desarrollo toma otro camino. A partir de ese momento todo es cámara en mano hasta que llegamos al desenlace. En este sentido, pensábamos que de este modo íbamos a meter a la película una mayor tensión, al tiempo que iba a ayudarnos a visualizar cómo se tambaleaban todas las relaciones. Pero a la vez fue también una decisión tomada debido a las circunstancias.

Pese a tratarse de una producción independiente, Money ha conseguido ser adquirida por la todopoderosa 20th Century Fox para distribuirla en buena parte del mundo. ¿Cómo surgió esta oportunidad?

En realidad la vieron en un festival que ganamos en Long Beach, en el estado de Nueva York. Nos dijeron que pensaban que la película podía funcionar para distribuirla en todo el mundo y se la mandaron al vicepresidente de la compañía. Vio la película, le gustó y al día siguiente ya teníamos su respuesta con un sí por su parte y un contrato para cerrar el acuerdo. Fue algo relativamente rápido. Mucho más que cualquier otra cosa que hemos intentado por nuestra parte.

Al parecer, ya te encuentras preparando tu siguiente película, Remember Me. ¿Qué nos puedes adelantar sobre ella?

Es también una película con el mismo concepto internacional de coproducción entre España y los Estados Unidos. El libreto es de Rafa Russo, que es el guionista de Lluvia en los zapatos, y la verdad es que estamos super ilusionados con la historia, estamos poniendo las piezas ahora y todo apunta a que va a ir muy bien. Es uno de los mejores guiones que he leído en mi vida y estoy muy feliz de poder ser el responsable de convertirlo en película.

Dado que Remember Me también la planteas para ser producida en los Estados Unidos, el que enfoques tu carrera hacia aquel país ¿tiene que ver con la falta de oportunidades que existen en España para los jóvenes cineastas?

Bueno, más que la falta de oportunidades, me gusta mucho lo que está haciendo Bayona. Es decir, plantear producciones que combinan parte española con parte estadounidense, y ese es un poco el modelo que quiero seguir. Aparte de eso, lo que sí tengo claro es que mis proyectos deben de ser en inglés, ya que es algo que, a día de hoy por lo menos, ayuda mucho más a la hora de poder vender la película en todo el mundo. La idea es intentar hacer películas internacionales que comprendan y puedan disfrutar en cualquier parte, y el inglés es una parte fundamental para ello.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on mayo 19, 2017 at 5:54 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Cem Kaya, director del documental sobre el cine de género turco “Remake, Remix, Rip-Off”

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De entre las distintas propuestas que conformaron el programa de la sexta edición de Cutrecon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, una de las más destacadas fue, sin duda, Remake, Remix, Rip-Off. Encuadrada dentro de “Documentrash”, la sección del certamen consagrado al formato documental, el segundo largometraje como director del cineasta afincado en Alemania Cem Kaya explora la edad dorada del cine popular turco, época en la que aquella cinematografía se convirtió en una de las más prolíficas del mundo, prestando una especial atención a las populares exploitations que con total descaro perpetrara aquella industria entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta de algunos de los más famosos blockbusters hollywoodienses de la época. Sin embargo, el contenido del documental no se queda en la simple ilustración de las circunstancias que rodearon a este sistema de producción. Por medio del testimonio de sus principales protagonistas, tanto delante como detrás de las cámaras, Kaya revela las duras condiciones laborales y técnicas que se escondían tras las bizarras imágenes de estas películas y que, según se denuncia, aún siguen perviviendo en la moderna televisión otomana, al tiempo que reflexiona sobre la pérdida de esta parte del legado educativo turco y el modo en el que la cultura popular se cimienta sobre la repetición de historias. Como puede verse, una obra rica en contenidos y enfoques cuyo visionado se hace recomendable y hasta imprescindible para todos los cinéfilos con un mínimo de inquietudes, independientemente de que su objeto de estudio pueda despertar más o menos interés.

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¿Qué te empuja a hacer una película sobre el cine exploitation turco?

Bueno, no es una película solo sobre la explotación turca, sino más bien sobre el periodo Yeşilçam, algo así como los estudios Pinewood de Londres[1]. La época del Yeşilçam no fueron solo las películas fantásticas, del mismo modo que el documental no habla solo de este periodo, sino también habla de la posibilidad de poder hacer cine en Turquía en general, diría yo.

Yo crecí viendo estas películas en cintas de video en Alemania, no las vi en el cine como hicieron mis padres. Eso es importante, porque en los ochenta la cultura de las cintas de video turcas en Alemania era algo bastante grande. Estábamos siempre rodeados de estos films y me influenciaron mucho cuando era niño.

En Remake, Remix, Rip-Off cuentas con el testimonio de varios de los directores más relevantes de este sistema. ¿Cómo se tomaron el que quisieras hacer un documental sobre ello?

La mayoría eran muy abiertos y con ganas de hablar. Hice como cien entrevistas. Aunque en el documental solo habrá como cincuenta, tenía bastante más. Solo hubo un par de ellos que no querían hablar sobre aquella época, aunque tenían sus motivos para no hacerlo. Pero, en general, el noventa por ciento de las personas que entrevisté fueron estupendas.

Empecé a investigar sobre el cine turco en 2003, y empecé a hacer la película en 2007. Así que fueron cuatro años de ir a Turquía y hablar con ellos. No conocí por primera vez a toda esta gente cuando fui a entrevistarlos, sino que ya los había ido conociendo durante esos años. Además, estuve en contacto con los sindicatos y participé en todas las protestas contra la demolición del cine Emek[2]; fui parte de todo ese movimiento que hubo, registrando todo con mi cámara. Al igual que en el tema de las entrevistas, hay mucho más material de lo que se ve en la película.

¿El tomar contacto en primera mano con estos cineastas y el contexto en el que se fraguaron aquellas películas hizo que variara la idea original que tenías sobre los temas a tratar en el documental?

No, porque, retomando un poco lo que te comentaba en mi anterior respuesta, antes de empezar a hacer el documental hice una tesis de diplomatura y de Master sobre el tema, por lo que tenía una idea clara de cómo quería contar la historia, ya que estaba muy metido en el tema. Luego, claro que hay pequeñas cosas que cambian, aspectos dramáticos de la película, pero no son muchas, como la destrucción del cine Emek, que fue unas semanas después de que empezaran las protestas en contra de su demolición. La destrucción de ese cine cambió el final de la película.

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Presentación de la proyección de “Remake, Remix, Rip-Off” en Artistic Metropol durante la sesión doble de “Documentrash”.

Aparte de ilustrar sobre la época de la cinematografía turca que tratas, tu película posee muchas capas de lectura. Entre ellas está el comentario de cómo estas películas eran en cierto modo utilizadas por el poder para controlar al pueblo…

No se trata de una manipulación en el sentido de gente moviendo los hilos. Es una manipulación como se da en toda industria dedicada al cine popular, incluido Hollywood, en la que esta permite que se hagan cierto tipo de películas y otras no. Los melodramas están bien porque mantienen a la gente tranquila, o las comedias… Pero ya te digo que creo que eso es algo normalizado y no solo propio del cine turco.

Centrándonos en el cine turco, la censura en sí comenzó en los años treinta. Y todos los films políticos eran censurados. Por ejemplo, pasaba con muchas de las películas de Yilmaz Güney, que era el director más de izquierdas de la época. En sus inicios fue una estrella del cine de acción, pero luego varió su estilo y se convirtió en el director turco más importante de aquellos años, si bien era de origen kurdo. Cuando sus películas eran prohibidas, los cines ponían posters distintos, como por ejemplo de una película de Bruce Lee, y la gente sabía que se trataba de un film suyo e iban a verlo. Eran conscientes, no creo que el público sea tonto. Incluso con los melodramas. Sin ir más lejos, mis tías, cuando eran jóvenes e iban a ver estos melodramas del Yeşilçam, sabían que era una historia que se había contado mil veces. Simplemente les gustaba ver una nueva versión del mismo tema. Así que creo que no se puede engañar al público. El único aspecto negativo que veo sobre el tema de la censura es que abría la puerta a que hubiese más películas nacionalistas. Por una parte prohibían todas las películas que tuviesen crítica social y, por otra, apoyaban películas nacionalistas donde se hacía ver que Turquía era estupenda. Y eso sí que podía influir en la percepción de la gente.

¿Cómo se recuerda en Turquía todo aquel cine y qué queda de él en la industria actual?

Hay algunos clásicos del Yeşilçam que todo el mundo conoce en Turquía. Por ejemplo, hay muchas citas de películas que se han incorporado a la hora de hablar. Por ejemplo, si alguien dice “está hecho de limón” y le responden “no, está hecho de vinagre”, están haciendo referencia a una cita de una película donde una pareja está discutiendo sobre eso. Es decir, si le dices a un turco “Oye, esto está hecho de limón” sabe perfectamente de dónde viene. Así que hay citas y clásicos. Son unos cuantos, unos doscientos o trescientos que siempre se pasan por televisión, porque a muchos espectadores les gusta la nostalgia de esa época.

Eso por una parte. Luego, los buenos films sí tienen fans, como puede haberlos aquí. Hay gente en Turquía a las que les gustan estas películas, pero en general no hay un cineasta hoy en día que trate de reivindicar ese legado del Yeşilçam y traducirlo al cine de ahora. Por otra parte, aun hay cineastas veteranos del Yeşilçam que siguen activos en las series de televisión de ahora o que de vez en cuando hacen una película, ya que actualmente en Turquía se estrenan de setenta a ciento veinte películas al año; comedias, melodramas, películas nacionalistas… Así que de algún modo sigue siendo lo mismo, pero en la época moderna.

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La imagen más difundida, al menos en occidente, de todo este tipo de cine son sus desvergonzadas fotocopias de grandes producciones norteamericanas, tipo La guerra de las galaxias, ET o El exorcista, lo que sin duda provoca que el espectador que se acerque a tu documental vaya con una idea preconcebida de lo que se va a encontrar. ¿Cómo se toma el público el que tu película no se quede solo en este aspecto, digámosle, cómico, sino que también profundice y reflexione sobre todas las circunstancias y la miseria que rodeaban a aquellas películas?

He visto gente en Rotterdam yéndose del cine a la hora de película, que es cuando empiezo a hablar de esas otras cosas. Esto pasa. El tema es que, si no enseñas la otra parte de la película y nos quedamos simplemente en el “ja-ja-já, qué divertidos son estos cineastas turcos”, no es lo que yo quería hacer. Al mismo tiempo, tienes que tener cuidado de no aburrir al público con los hechos. Como tenía en mi cabeza el conocimiento y todos los datos académicos, tuve un problema al editar la película, porque quería contar demasiadas cosas. Así que creo que tiene un buen equilibrio, dos minutos más hablando, por ejemplo, de censura, lo hubiese estropeado. ¿Sabes lo que quiero decir?

Luego, hay muchos que agradecen la parte final, y que piensan que sin esa parte no hubiese sido una buena película, hubiese sido otra cosa. Así que hay dos tipos de reacciones: los hay a los que les hubiese gustado ver más de los filmes fantásticos, más detalles de cómo los hacían… y otros que creen que hay un buen balance entre las dos cosas.

En general, lo que he procurado en las dos películas que he realizado hasta el momento es entretener a la gente. Cuando intentaba vender la película, porque sobre el papel parecía demasiado serio, las productoras o cadenas de televisión no se imaginaban cómo de divertida podría ser al final. Y al final sí ha sido divertida. Así que sobre lo que me preguntabas antes de cómo había cambiado mi película, yo, por ejemplo, no pensaba que estos directores fuesen tan graciosos y eso es algo que también se reflejaba en lo que hacían.

¿Remake, Remix, Rip-Off ha podido ser vista en Turquía? De ser así, ¿se ha sorprendido el público por los temas que comentas y que quizás desconocían?

Si, muchos de ellos. Para el público turco este documental supone un cambio de perspectiva, porque ellos conocen las películas, pero no cómo se hicieron. Saben que son su herencia y dicen “Oh, las películas del Yeşilçam…” y hacen bromas sobre ellas, en general, pero mucha gente viendo la película dice “Vaya, esto no lo sabía” o “No sabía las circunstancias en que estas pelis se realizaron” o no saben en qué condiciones se hacen las series de televisión hoy en día. Cuando ven el cine Emek destruido se dan cuenta de que es su legado el que ha sido destruido; no solo es el edificio, es toda una cultura fílmica que puede gustarles o no, pero que es la única que tienen. Y esto es muy importante, sobre todo para que las nuevas generaciones comprendan lo que los directores hicieron antes que ellos, ya sea bueno o malo, eso es indiferente, y entender por ejemplo qué era el cine de Yeşilçam. Porque hay algunos documentales televisivos sobre el cine de Yeşilçam en la televisión turca, pero son muy nostálgicos. Y para mí el tema va más allá de la simple nostalgia.

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Cem Kaya flanqueado por Paco Fox (izquierda) y Claudio Fragasso y Rossella Drudi (derecha), durante el encuentro de los invitados de Cutrecon con los espectadores que tuvo lugar en la Casa del Reloj.

Para hacer el documental comentas que has visto más de cinco mil películas turcas de la época. De todas ellas, ¿cuál destacarías por los motivos que sean?

No puedo decir solo una. Pero sí puedo recomendar directores, porque creo que hay algunos que son visionarios, como lo fue Ed Wood. Çetin Inanç es uno de ellos. También Yilmaz Duru, que aunque está muy infravalorado, sus pelis hay que verlas. Me gustan ciertos directores, y cuando me acerco a alguna película que aún no he visto de alguno de ellos, aunque sea un melodrama malo, sé que van a tener algo, y en el noventa y nueve por ciento de los casos no me equivoco. Y así puedes encontrar algo que es muy característico, como una firma, que solo ese director tiene.

Y por recomendar una película te mencionaré En Büyük Yumruk [The Greatest Fist], dirigida por Çetin Inanç en 1983, más o menos en la misma época en que se hizo la versión turca de Star Wars. Es una peli muy loca.

Ya para terminar, ¿qué proyectos tienes en estos momentos a corto plazo?

Actualmente estoy preparando una película de found footage, ahora que están tan de moda. Para hacerla estoy usando metraje de las antiguas películas de Cüneyt Arkin, que fue una de las principales estrellas del periodo Yeşilçam y el protagonista, por ejemplo, del Star Wars turco. Voy a aprovechar para ello todas las películas que he ido acumulando y comprando por EBay durante los años que preparé Remake, Remix, Ripoff y mi intención es que salga en VHS. A través de la película aprovecharé para recorrer la trayectoria de Cüneyt Arkin, desde sus comienzos en los cincuenta en producciones de corte dramático, para seguir con su evolución a un cine cada vez más excesivo y violento, hasta terminar en los años ochenta. Pero la idea de base es la que te comentaba: hacer una película completamente nueva a partir de metraje antiguo.

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[1] Nota del entrevistador: Yeşilçam, cuya traducción al castellano sería pino verde, es el término con el que se denomina la industria cinematográfica turca entre los años cincuenta hasta comienzos de los años ochenta. Su nombre procede de la calle donde se situaban las oficinas de la mayoría de productoras cinematográficas de la época.

[2] N.del e.: El cine Emek fue uno de los locales cinematográficos más emblemáticos de Estambul, acogiendo en su pantalla las proyecciones de incontables películas de la época dorada del cine popular turco. El anuncio de 2010 de su demolición para construir en su lugar un moderno centro comercial despertó una oleada de protestas, principalmente desde el ámbito cinematográfico que, no obstante, no evitaron que finalmente, en 2013, el edificio fuera derruido.

Traducción: Tarik Amarouch García

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on abril 21, 2017 at 5:50 am  Comments (1)  
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Entrevista a Juan Luis Sánchez

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En su su haber figuran títulos del calibre de
Batman: El caballero oscuro, varias entregas de sagas como Harry Potter, Piratas del Caribe y Star Wars, Babe, el cerdito valiente, Paddington o Gravity, por cuya labor lograría el “Oustanding FX and Simulation Animation in a Live Action Feature Motion Picture” en los Visual Effects Society Awards del 2013. Activo durante los últimos veinte años, Juan Luis Sánchez es, hoy por hoy, uno de los más destacados técnicos de efectos especiales del panorama actual. Además de por su impresionante filmografía, dicha consideración se sustenta por su paso por varias de las compañías punteras dedicadas a los efectos, entre las que podemos citar Framestore, Double Negative, la mítica ILM, o Ilion Animation Studios, donde trabaja actualmente. Especializado en el puesto de “Character FX Lead”, compagina su trabajo en la industria con la labor docente que desarrolla en el Centro Universitario de Tecnología y Arte Digital U-Tad. A raíz de su participación dentro del programa de actividades dispuestas por el Festival Internacional de Cine de Animación, Efectos Visuales y Videojuegos Animayo, en su visita a Madrid el pasado mes de diciembre tuvimos la oportunidad de mantener con él la siguiente entrevista:

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¿Cómo te inicias en el mundo de los efectos digitales?

Al acabar los estudios tuve la suerte de encontrar un trabajo en Los Ángeles en el estudio de efectos y animación “Rhythm & Hues”, que han trabajado en películas como Babe, el cerdito valiente o La vida de Pi. Una vez allí, ya pude ir buscando mi camino en la industria.

Eres Character FX Lead. ¿Cómo le explicarías a un profano en la materia en qué consiste tu trabajo?

Igual que alguien que no trabaja en teatro puede saber o imaginarse que hay gente que se ocupan del escenario, del sonido, el vestuario, el maquillaje, los actores, el director, la música, etc., pues en el mundo de animación es muy parecido. Sencillamente digo que me ocupo del vestuario y pelo de los personajes digitales.

¿Cuánta importancia tiene en tu trabajo la técnica y cuánta la habilidad y/o el talento?

Cualquier trabajo de artesano tiene un aspecto técnico, el conocimiento y uso de las herramientas o el proceso, y un aspecto artístico. Todo el mundo que trabaja en este mundo tiene una mezcla de estas cualidades y parte de mi trabajo es conocer a los artistas y dar a cada uno tareas que se aprovechen de sus talentos y que también les ayuden a crecer. Yo creo que puedo aprovechar a alguien que solo sabe programar igual que a un artista que nunca ha tocado un ordenador. Lo que hace falta de primeras es pasión por el cine y por el fin de crear una imagen que dé ilusión al espectador.

¿Cuáles son las pautas que te marcan desde la dirección de la película y qué margen de libertad tienes a la hora de desarrollar tu trabajo?

Es un trabajo interesante porque, por un lado, estamos allí para realizar la visión de un solo artista, el director, pero también él o ella nunca puede saberlo todo, y mi experiencia es que los directores están muy contentos de colaborar contigo. Pero hay que aceptar que el guion, el género, el estilo de la película están fuera de tu control y quien manda al final es el director. Así que no dejas de proponer ideas y pensar cómo un personaje, un momento, una secuencia podría ser mejor y a la vez aceptar que lo más normal es que rechacen tus ideas.

¿Qué diferencia hay entre trabajar con un personaje humano, con uno de naturaleza animal o fantástica?

¡Tengo muchas respuestas a esta pregunta! Un personaje humano tiene un aspecto sencillo, por lo que suelen tener un estilo de pelo bastante “normal”, por decirlo de una manera, ropa que puede ser sencilla o no, pero siempre puedes encontrar el equivalente en el mundo real que te sirva de referencia. Pero también son los más difíciles porque nos identificamos mucho con los personajes humanos, y es muy difícil hacerlos creíbles. Los animales son otro tipo de reto. Suelen tener una musculatura, grasas, piel, pelo y hasta ropa sobre el pelo. Por ejemplo, Paddington. ¿Anda a cuatro patas o dos? Una pregunta tan sencilla cambia el problema totalmente. Y dentro del mundo de animales naturales, los pájaros siguen siendo de los más difíciles por temas de tecnología. Crear y manipular plumas es difícil todavía para la mayoría de los estudios. Con criaturas fantásticas lo primero es definir la base del esqueleto y musculatura que podrían tener, y construirlo desde ahí. Siempre se intenta partir de una base, de traerlo al mundo real e intentar crearlo como si existiera de verdad.

Workin'. And taking photos.

El grueso de tu carrera se ha desarrollado dentro de la industria hollywoodiense. ¿Cómo llegaste allí?

Con bastante suerte, jajaja. Andaba buscando trabajo en Londres, que era donde vivía entonces, pero en aquella época no existía una industria de efectos como la hay ahora, y sencillamente a través de enviar el currículo a todos los estudios del mundo tuve la suerte de que en esos momentos, a finales de los noventa, había una necesidad grande de gente en la industria, y los estudios en California tenían un proceso para integrar y formar a trabajadores sin experiencia directa en la industria.

Desde que te iniciaste en el campo de los efectos digitales cinematográficos en los noventa hasta la actualidad, ¿en qué modo ha influido la evolución técnica en tu trabajo?

Yo era un friki de los ordenadores retro como el Commodore y el Spectrum desde que era pequeño, así que he visto un cambio muy grande desde el principio. He visto el cambio de trabajo analógico a que todo se haga hoy en día de forma virtual. Pero en este mundo siempre estás en el filo de los problemas más difíciles. Aunque la tecnología haya mejorado mucho gracias a ordenadores de mayor magnitud, una imagen final tarda lo mismo en hacerse, porque la complejidad aumenta del mismo modo.

El otro aspecto es que al principio era algo que solo gente bastante técnica podía interactuar con los sistemas; todo se hacía a mano con programación de algún tipo. Pero con la mejora de las aplicaciones y programas 3D muchos otros artistas que no tienen tanto conocimiento técnico se ven capaces de poder contribuir a este mundo. Y eso ha sido muy importante para el desarrollo artístico de lo que hacemos.

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Juan Luis dando una conferencia en una de las paradas itinerantes de Animayo.

En todos estos años has tenido la oportunidad de trabajar en varias entregas de franquicias de la repercusión de Star Wars, Harry Potter, Terminator o Piratas del Caribe. ¿Conlleva trabajar en películas de tanta proyección mediática una mayor presión?

Solo por parte de los fans en twitter, jajaja. Cuanto más grande es la película, más grande es el equipo, hay más dinero, más productores, y más gente dando su opinión. Pero, paradójicamente, menos  puedes influir tú en el resultado final. Así que yo suelo encontrarme más seguro confiando en el director o los productores si hay algo que no entiendo, que mientras que ellos lo comprendan todo va a salir bien. ¡Claro que a veces están más perdidos que tú! Es en las producciones más pequeñas, como en mi caso podría ser el remake de Pesadilla en Elm Street, cuando el equipo es mucho más pequeño, que uno lo vive de un modo más cercano, y lo toma de un modo más personal si no tiene éxito.

En Star Wars interviniste en el segundo y tercer capítulo, films que en su momento levantaron cierta controversia al ser de los primeros en el que prácticamente todos sus efectos especiales se realizaron de forma digital. ¿Cómo vivisteis desde dentro esta polémica?

Es muy curioso, porque se crearon más maquetas durante las producciones de los Episodios II y III que en toda la historia anterior de Industrial Light & Magic (ILM). Cierto es que fueron de las primeras producciones en que se hizo el rodaje en digital en vez de en película, e íbamos todos aprendiendo cosas nuevas. Lo que sabía es que lo que estábamos haciendo allí en pocos años lo íbamos a ver repetido en todos los estudios del mundo. ILM, con el apoyo de George Lucas, siempre habían hecho las propuestas de lo nuevo e innovador. A veces este tipo de pregunta viene con la idea de que la creación de las películas a través de tantos procesos digitales es mala para el arte del cine. Siempre digo que si alguien ve una película y le gusta o no le gusta, los efectos o la animación no tienen nada que ver con el hecho de que sean digitales o no, sino con el aspecto artístico. Es posible que George se pasara con ciertas cosas, pero sin directores como él empujando hasta los límites no tendríamos el espectáculo de cine que hoy tenemos en abundancia.

Por cierto, según parece, en El ataque de los clones también participaste como figurante. ¿Cómo surgió esta oportunidad y cómo recuerdas aquella experiencia?

¡Un sueño! ILM tenía unos escenarios para los rodajes y tenían la tradición desde hace muchos años de colar a los empleados dentro de las películas a través de varios métodos. Uno de ellos era como actores de fondo en los mundos fantásticos de Star Wars. Durante la creación de los efectos de El ataque de los clones había escenas con jedis o similares de fondo, y preguntaron al equipo si queríamos aparecer en la película. Ni qué decir tiene que muchos de nosotros dijimos que sí. Llegué a conocer a uno de los R2D2 originales y auténticos de la primera película y pasé varios días luchando con espadas láser “de verdad”. Estaba como un niño, vamos. El truco era hacerte amigo del equipo de rodaje, porque siempre andaban buscando a gente para una cosa u otra. De hecho, también he aparecido en otras películas de Harry Potter, Piratas del Caribe o Terminator 3, entre otras.

¿Cambia tu forma de trabajar en los casos en los que lo haces en películas de las que eres fan?

Tienes la sensación de que lo conoces mejor que otros del equipo, para bien y para mal. Para mí, en general, me ha ayudado ser fan de lo que he trabajado porque me puedo imaginar al público a quien va destinado, qué les puede gustar y qué no, y conoces ya las reglas de ese mundo. Siempre me he dirigido hacia proyectos que me atraían por algo, y en el caso de que no seas un fan de antes, creo que es importante entender el encanto de lo que estás haciendo y buscar lo que a ti te gusta de ello. Lo único malo es que, una vez que trabajas en algo, pasas de poder ser “solo” un fan, porque te complica para siempre la relación. Eres de alguna manera cómplice en su creación y no puedes seguir siendo un fan inocente porque lo has vivido por dentro.

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Vistos en perspectiva, ¿cuál de todos tus trabajos ha supuesto un mayor reto y/o es el del que te sientes más orgulloso?

Es un poco cliché decirlo, pero siempre es el proyecto en que estás actualmente. Porque dejas atrás lo que has hecho para poder enfocarte en lo que tienes entre las manos en ese momento. De todos modos, mirando para atrás, un par de experiencias destacan por su importancia. Paddington fue en mi opinión la más difícil, porque era un personaje que llevaba de todo, como he dicho antes. No había problema de efectos de caracteres que no tuviéramos que enfrentarnos para hacer Paddington. Luego, la experiencia tanto personal como profesional que supuso participar en Star Wars Episodio II. El sueño de estar trabajando con George Lucas creo que jamás lo voy a poder superar. Fue un momento muy bonito de mi vida.

José Luis Salvador Estébenez

* El autor quiere expresar su agradecimiento a Ivan del Barrio, responsable del departamento de prensa de Animayo, por su inestimable colaboración para la realización de esta entrevista.

Published in: on marzo 24, 2017 at 7:00 am  Comments (1)  

Entrevista a Rafael Zabala

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Entre los próximos 23 y 25 de marzo la isla de Lanzarote acogerá una nueva parada de Animayo dentro de su recorrido itinerante. Las salas del Centro Cívico de San Francisco Javier de Arrecife acogerán una completa programación compuesta por diferentes Master Class, ponencias, talleres y presentaciones a cargo de algunos de los más destacados y reconocidos especialistas en animación, efectos visuales y videojuegos de la actividad. Uno de los participantes en estas actividades será Rafael Zabala, escultor en 3D considerado como uno de los mejores profesionales de su especialidad. De la mano de compañías como The Mill, Weta Digital, Psyop, Stone o Pixel, este valenciano ha participado en films de la envergadura industrial de El amanecer del planeta de los simios, Ironman 3 o Man of Steel, entre algunos otros, destacando su labor en El Hobbit: Un viaje inesperado y El Hobbit: la desolación de Smaug, donde se ocupó del moldeado digital de Azog, el mutilado orco blanco que persigue a Bilbo Bolsón, Gandalf, Thorin y el resto de la compañía.

¿Cómo te inicias en el mundo de los efectos digitales?

Fue casi una casualidad. Aunque yo siempre tuve mucha inquietud por saber cómo se hacían las pelis y quién estaba detrás, no tenía ni idea de nada. En aquel entonces yo era escultor tradicional y mi taller de escultura en medio de la montaña daba a la carretera. Mucha gente se quedaba mirando cuando pasaba con el coche, porque hacíamos esculturas bastante grandes, y un buen día un coche entró y de él salió un chico que se llamaba Michael. Era irlandés y se interesó mucho por lo que hacía. Un buen día me dijo que se dedicaba al mundo artístico del 3D y me animó a probar un software que se llamaba “Zbrush”. Así lo hice y quedé enganchado para siempre.

Eres artista de efectos visuales tanto digitales como tradicionales. ¿Cómo le explicarías a un profano en la materia en qué consiste tu trabajo?

Mi pasado como artista tradicional me ha beneficiado más tarde en mi carrera como artista digital, no puedo negarlo. Además de ser algo que se valora dentro de este mundo, también me ha dado un enfoque mucho más amplio a la hora de trabajar. Creo que es un poco shock al principio, cuando estás acostumbrado a tocar y ver algo que forma parte de tu propio mundo y de repente trabajar en algo que tiene tres dimensiones, pero lo trabajas con teclas y un lápiz y además está en una pantalla plana. Cuando te acostumbras eres mucho más consciente de las enormes ventajas que tiene hacer algo en 3D, donde todo es mucho más limpio, rápido y menos costoso en términos de materiales y esfuerzo físico. Creo que por eso tendemos a trabajar mucho más rápido los que tenemos experiencia tradicional, porque con las herramientas de simetría y la opción de poder deshacer algo que no te gusta, te equivocas mucho menos y avanzas muy rápido.

¿Cuáles han sido tus referentes o qué nombres consideras que te han influido a la hora de enfocar tu trabajo?

Dentro del mundo tradicional siempre los artistas clásicos como Bernini o Miguel Ángel, y dentro del mundo digital muchos, como Scott Eaton, Rafael Grasseti, Dan Roarty y muchos más.

¿Cuáles son las pautas que te marcan desde la dirección de las películas en que trabajas y qué margen de libertad tienes a la hora de desarrollar tu trabajo?

En general hay un equipo de diseño y ellos son los encargados de desarrollar todo el proceso creativo de los personajes. Aun así, cuando se pasan los diseños 2D a un modelo 3D las cosas suelen cambiar y podemos decir que podría haber un cinco o diez por ciento de colaboración en el diseño para que acabe funcionando. Si no son películas siempre hay mucha más intervención en el diseño por parte del modelador.

Zabala El Planeta de los Simios

¿Qué elementos tienes en cuenta para decidir realizar un efecto de forma digital o tradicional?

Ahora generalmente trabajo siempre de forma digital. Todo mi trabajo se desarrolla dentro de este mundo en un ordenador, pero a veces echo mucho de menos tocar con mis manos el trabajo. Ahora, con el 3D printing y las posibles herramientas de trabajo del futuro nunca se sabe. Quizás acaben mezclando la forma de trabajar de un escultor tradicional dentro del mundo digital, como ya se está empezando a ver, y así poder quitar la barrera de la pantalla. También a veces he desarrollado algún concepto en plastilina antes de empezar para desarrollar una idea, o me divierto haciendo alguna escultura en mi tiempo libre.

En este sentido, ¿a qué crees que se deben las opiniones tan enfrentadas que existen entre los partidarios de los efectos artesanales y los digitales?

No entiendo que haya enfrentamientos. No es ni mejor ni peor una u otra técnica. Son formas diferentes de trabajar. Son herramientas para conseguir metas que además conviven en los mismos proyectos, como en películas como Star Wars, donde vemos maquillajes, prostéticos, monstruos esculpidos, animatrónicos y después también todo la parte digital de la película. La herramienta digital es una más que se ha añadido al lápiz y al cincel, y todas ellas son indispensables para crear de formas diferentes, con sus ventajas y desventajas.

Personalmente, ¿cuál es tu posición al respecto?

Mi posición queda explicada en la respuesta anterior y además es obvia, ya que me dedico a la creación digital ahora. Los artistas tenemos que progresar y reinventarnos si la vida nos ofrece la oportunidad. Quedarse atrás lamentándose y haciendo comparaciones ridículas son signos, en mi opinión, de ignorancia.

Actualmente trabajas en una de las empresas de efectos más importantes de la actualidad como es WETA DIGITAL. ¿Cómo te llegó la oportunidad de formar parte de ella?

Fue un paso natural. Weta produce el tipo de trabajo para el que yo puedo ofrecer como artista mi grano de arena. Simplemente se trata de trabajar con dedicación y entusiasmo y dejar que tu trabajo hable por ti. En cuestión de tiempo todo va llegando, porque uno se va construyendo ese camino a cada paso.

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Una de las películas más mediáticas en las que has trabajado para WETA ha sido El Hobbit. ¿Hasta que punto supuso una influencia el precedente que suponía la trilogía de El señor de los anillos?

En realidad, al contrario de mucha gente yo no leí El señor de los anillos o El Hobbit, pero me gusta mucho modelar criaturas, así que disfruté mucho sin pensar que estaba trabajando en una película mediática. La ventaja ha sido que después resultó ser un beneficio para mí como artista haber trabajado en ella, ya que hay mucha admiración hacia las películas de Peter Jackson.

Aparte de El Hobbit, en tu currículo también figura otra película en la que la captura de movimiento para dar forma a los personajes tiene una gran relevancia como es El amanecer del planeta de los simios. ¿El empleo de esta técnica supone una mayor complicación?

Las dos películas tienen capturas de movimiento y, en realidad, casi todas las que se hacen con personajes realistas, por no decir todas, lo usan. Para mí no supone ninguna complicación, ya que esto es algo que está al cargo de otro departamento. Yo como modelador me centro en el modelado del personaje esculpiendo o construyendo según el caso una geometría poligonal. Que se vaya a usar o no en captura de movimiento va a seguir siendo igual de todas formas. Generalmente las geometrías de personajes que van a ser usados en captura de movimiento suelen ser más densas, para recoger todos los movimientos y deformaciones, especialmente en la cara, pero nada más.

Para terminar, me gustaría que nos comentaras cuál es el efecto que has realizado del que te sientas más orgulloso de su resultado…

El personaje que he realizado del que me siento más orgulloso quizás sea Azog, por lo que ha significado en mi carrera y verlo en la pantalla en primer plano, aunque quizás no sea el que más me haya gustado como modelo entre todos los que he hecho. Me enorgullece haber conseguido llegar de la más absoluta ignorancia de este mundo digital en poco tiempo a modelar un personaje que protagoniza al malo de la peli.

José Luis Salvador Estébenez

* El autor quiere expresar su agradecimiento a Ivan del Barrio, responsable del departamento de prensa de Animayo, por su inestimable colaboración para la realización de esta entrevista.

Published in: on marzo 17, 2017 at 6:58 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Víctor Matellano, director de “Stop Over in Hell”

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Una de las sesiones estrella de la recién acabada decimocuarta edición de la Muestra Syfy de Cine Fantástico fue la protagonizada en la jornada del viernes por Stop Over in Hell. Tras disfrutar de su premiere mundial en el pasado Almería Western Film Festival, la tercera película de ficción como director de Víctor Matellano vivía de esta forma su puesta de largo en Madrid, motivo por el que el pase contaría con una nutrida representación de su equipo. Rodada en localizaciones de Colmenar Viejo, Titulcia, Manzanares el Real, Granada y Almería, se trata de un violento western con un nivel de violencia por momentos gore, en cuyas imágenes se puede rastrear la influencia ejercida por el añorado eurowestern o el cine de Quentin Tarantino, entre otros referentes. Como en los anteriores trabajos de su responsable, el reparto cuenta, además, con la presencia de ilustres personalidades a modo de colaboraciones, caso de Antonio Mayans, Manuel Bandera, Nadia de Santiago, Guillermo Montesinos o Enzo G. Castellari, uno de los nombres propios del spaghetti-western y director de uno de los títulos capitales del estilo, Keoma.

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Cartel de la película dibujado por el mítico Sanjulián.

Tras dos películas encuadradas dentro del ámbito del fantástico cambias de tercio con Stop Over In Hell. ¿Qué te lleva a rodar un western?

Tengo dos pasiones en esta vida que me vienen desde pequeño. Una es el cine fantástico, aunque más que el cine fantástico es el terror, sobre todo las monster movies y los kaiju eiga. Y la otra es el western. ¿Por qué el western? Muy sencillo. En mi pueblo, Colmenar Viejo, había unos decorados de westerns cerca del Pico San Pedro, que es el que se ve en la batalla de Espartaco de Stanley Kubrick. Y eso que yo veía desde la ventana del salón de mi casa es el sitio en el que mis mayores me contaban que habían trabajado en películas del Oeste. Me lo contaron tantas veces de pequeño que me aficioné al género por medio de las emisiones de westerns que solía hacer TVE durante aquellos años en la sobremesa de los sábados y los domingos, y a veces también los sábados por la mañana, en los que, curiosamente, siempre solían echar eurowesterns. Así que esta afición la he tenido desde muy pequeño. Igual que luego el gusto por el terror lo he desarrollado como un rollo más teenager, de ver películas ochenteras que me pillaron en el cine, como pueden ser los Viernes 13 o la saga de Fredy Krueger, los westerns en cambio los he tenido que buscar en plan cinéfilo empedernido. Te puedo decir que en casa tendré como seiscientas películas en DVD original del Oeste. Y hacer esta película era como un deseo. Un deseo muy loco, lo que pasa es que he tenido gente muy loca alrededor de mí que me ha ayudado a convertirlo en realidad, porque hay que tener en cuenta que nadie en cuarenta años se había atrevido a hacer en España lo que hemos hecho nosotros. Ha habido casos aislados, como Blackthorn, pero no rodados en España y a la clásica. Quizás me equivoque y haya alguna película que yo no he visto, pero este es el hecho.

Stop Over in Hell coincide con esta especie de revival que está viviendo el western en el cine norteamericano. ¿Qué crees que ha ocurrido para que muchos directores procedentes de otros géneros, como por ejemplo el fantástico, hayan vuelto su mirada hacia las películas del Oeste?

Somos una generación que nos estamos fijando mucho en lo que se ha hecho en las últimas décadas. Este revival que hay de los setenta y los ochenta a nivel de cultura pienso que es porque somos una generación que ahora que tenemos posibilidad de hacer cosas estamos plasmando lo que de pequeños veíamos. Es lo que te he contado antes. Y se da la circunstancia de que justo en aquellas películas de los setenta hubo mixturas. Eran películas que fácilmente podían mezclar el western con el fantástico, por ejemplo. Si me apuras más, uno de los directores que más hemos mirado todos, que es Carpenter, en un film como Asalto a la comisaría del distrito 13 miraba a su vez a Hawks. A mí me da la sensación de que esto está  conectado. La mirada que tenemos ahora de aquellos géneros, independientemente de que también hayamos visto obviamente a Hawks, a Hathaway, a Ford y demás, tiene que ver con el mundo de las mixturas que se llevaron a cabo durante aquellos años. Sin ir más lejos, dentro del ámbito del eurowestern te podías encontrar crucifixiones, latigazos, desollamientos… Yo no sé si es una corriente más o menos coordinada, o son coincidencias en el tiempo, pero sí que es verdad que el año pasado en España yo he contado ocho o nueve películas estrenadas, ya fuera en salas o directamente en DVD. Es un dato muy significativo, teniendo en cuenta que ha habido años en los que no nos llegaba nada de la temática, tv movies a un lado.

Dentro de este revival, ¿puede considerarse tu película como la heredera de la tradición del spaghetti-western?

Uf, la palabra herederos me parece muy seria. Por supuesto que hemos mirado aquello con un respeto tremendo, y con ese tremendo respeto me he acercado a la película. Mi carga en la mochila que llevo de lo visto y vivido como espectador va siempre conmigo, por supuesto, y entre ello lógicamente está el eurowestern. En cualquier caso, no sé si seremos un elemento aislado en el hiperespacio y dentro de unos años se diga que Stop Over in Hell fue una rareza del cine español que se hizo en el año 2016, o que a lo mejor tenga una continuidad por parte de alguien más.

No obstante, esa conexión con el spaghetti-western está presente con la presencia en el reparto de Enzo G. Castellari. ¿Cómo entró en el proyecto?

Castellari está desde muy, muy, muy al principio. En un primer momento era una especie de mentor que nos apoyaba y ayudaba en lo que podía. Una vez que Antoñin Durán hace la sinopsis de la película y me la presenta en marzo del 2015, y Juan Gabriel García se añade al equipo, le contamos la historia a Castellari, que se apunta al proyecto inmediatamente. Más adelante pensamos que hiciera un papel, pero al principio no entró como actor, sino para echar una mano. No ha sido el único veterano de los tiempos del eurowestern que ha colaborado con nosotros, en cualquier caso. Otro es Jack Taylor, que me ayudó a supervisar todas las expresiones y demás, ya que él es de la Costa Oeste de Estados Unidos y su familia era de verdaderos pioneros del Oeste, por lo que ha vivido muy de cerca todo aquel periodo. También José Luis Galicia, que como sabes trabajó entre otras muchas en las películas de Leone, supervisó las localizaciones y el diseño, y Eugenio Martín ha ayudado con la historia. Te quiero decir con esto que hemos tenido ayuda directa de gente que formó parte del eurowestern, así que esa vinculación existe, aunque también te digo una cosa: al ir a revisar películas para preparar el rodaje, todos los exponentes que vi fueron norteamericanos, entre otras cosas porque lo europeo lo tengo demasiado metido en el cerebro.

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Parte del equipo de “Stop Over in Hell” posando en el photocall de la Muestra Syfy.

En este sentido, personalmente considero que Stop Over in Hell está muy influenciada por el cine de Quentin Tarantino. ¿Fue algo consciente por tu parte o de algún modo venía ya determinado por el trabajo en el guion de Juan Gabriel García, quien es un reconocido seguidor del norteamericano?

No te voy a decir que no soy muy tarantiniano, porque veo su cine y lo sigo, pero no es un director que tenga muy presente, por lo que no fue la mirada que tenía en mente. Digamos que mis gustos son más vintage y mis referentes eran de gente anterior. Visualmente, sobre todo en el tema de los ralentizados, mis influencias estaban en Sam Peckipah y en el mundo narrativo de la acción de Castellari. Castellari coge Mayor Dundee y lo lleva a un extremo más grande en Keoma. Y yo iba más por ahí. Es más, cuando nosotros vemos Los odiosos 8 ya habíamos rodado nuestra película y estaba montada. O sea que si hay cosas con Tarantino posiblemente sea porque compartamos los mismos referentes. Él hace muy bien en mezclarlo todo de esa manera tan particular, pero diferimos en muchas cosas. Por ejemplo, el uso de las cámaras lentas en sus películas se ve que no le gusta demasiado y, sin embargo, sí que le llama la atención los zooms, como puede comprobarse en Django desencadenado, cuando en cambio fue algo de lo que yo huí. Lo llegué a plantear en un momento y con el director de fotografía hicimos una prueba y como no nos gustó el resultado desechamos la idea.

Lo que tengo muy claro es que a estas alturas ni él, ni yo, ni nadie vamos a inventar nada, y al hacer una película de estas características hay que optar por uno de estos tres modelos: el clásico que podrían representar Hathaway o Ford; el modelo intermedio de la generación de la televisión de los años setenta, con gente como Brooks, Peckinpah y demás; o el modelo del eurowestern marcado por Sergio Leone. El resto es repetir estos modelos, junto o por separado. Ahí tienes el cine de Clint Eastwood, que igual que bebe del cine de Leone te hace un remake inconfeso de Raíces profundas con El jinete pálido. Y en el fondo se va repitiendo todo. En esa labor de documentación que te he mencionado a la hora de preparar la película, algunas películas de los años treinta que vi ya tenían cosas que estamos contando nosotros ahora.

Hablando de referentes, ni qué decir tiene que el villano de la función, el Coronel, está inspirado en el coronel Mortimer que interpretara Lee Van Cleef en La muerte tenía un precio

Tiene mucho del coronel Mortimer de Leone. Es algo que está ahí y que además queda puesto de relieve con homenajes muy claros, como el momento cuando él está en el porche con la pipa. Pero luego también tiene un aire psicópata que hace que sea el personaje que tenga más mixturas. Se acerca más a otras cosas, como puede ser tanto el weird western como el mundo del horror. Su secuaz Cuba tiene también cosas de maníaco, pero es el personaje del Coronel el más evidente en este aspecto.

Curiosamente, yo nunca le dije a Pablo Scola que mi inspiración para su personaje era el coronel Mortimer. Él tenía otros referentes. Sin hablarlo mucho, vi en algún momento que Pablo iba más por el camino de Vittorio Gassman en ¿Qué nos importa la revolución?, es curioso. Aunque yo sí que me acordaba de Lee Van Cleef.

Por cierto, una curiosidad. Durante el prólogo la planificación oculta en todo momento el rostro del Coronel. ¿Era una forma de homenajear a los primerizos western rodados en España, en los que era recurrente la inclusión de una intriga destinada a desvelar cuál era la verdadera identidad que se escondía tras un misterioso personaje cuyas acciones servían de hilo conductor a la trama?

Primero podría ser esa idea, pero luego después pensé que lo que había que mostrar es que había una maldad tremenda y que se podía asociar a cualquier territorio que está en convulsión y evolución como nos dicen que fue el Far West, y que no tenía rostro. Después, cuando viene la presentación de los personajes, entonces le vemos la cara. ¿Por qué? Porque me parece mucho más importante es que lo que define a este personaje no son sus rasgos, ni siquiera su cara de sadismo o el placer que sienten al llevar a cabo sus acciones, sino que es lo que hacen. Por eso primero muestro lo que hacen y después enseño quién es. La idea era: no te fijes en esa cara, a ver que es lo que te dice, sino fíjate primero en lo que hace y después le pones rostro. Porque ya condiciona. La cara puede ser después muy simpática, pero el público ya ha visto que es un hijo de puta desde el primer momento.

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Víctor dando instrucciones en el rodaje a Pablo Scola, quien interpreta el papel del Coronel.

En mi opinión, uno de los principales atractivos con los que cuenta la película es, precisamente, el Coronel, lo que de alguna manera viene a refirmar tu capacidad para crear villanos icónicos que ya demostraras con el Dr. Knox que protagonizara tu ópera prima, Wax. ¿Te sientes más cómodo creando esta clase de personajes?

Sí. En la construcción del guion con Antonio y Juan Gabriel nos centramos en el villano. Veíamos que, aunque se trataba de una banda de forajidos, todo giraba en torno a su líder. Ahora, te digo una cosa: Antonio y Juan Gabriel son bastante más salvajes que yo, y reduje un poco muchas de las violencias del Coronel que contenía el guion originalmente, por más que sea un personaje que no tiene ninguna ambigüedad en cuanto a la violencia o la sexualidad. Es lo que es, pero sí que era más descarnado en las primeras versiones del guion. Es más, durante el rodaje filmamos mucho más material que, de haberse incluido en el montaje final, habría convertido a la película en mucho más gore de lo que es.

Al igual que tus anteriores películas, la versión original de Stop Over in Hell está rodada en inglés. ¿Hasta qué punto esta circunstancia te condiciona a la hora de conformar tus repartos, al tener que buscar a actores que cumplan un requisito tan específico como es el dominio de esta lengua?

Es complicado, porque tienes que tener en cuenta dos elementos fundamentales: que sean buenos actores y que hablen inglés. Obviamente, esto te obliga a que tengas que rebuscar. En nuestro caso, más, porque sabíamos que el que los protagonistas fueran caras relativamente desconocidas nos iba ayudar, ya que es más fácil que el espectador parta de cero y se crea un personaje. Así que sí, es un hándicap. No obstante, hay una estadística según la cual el noventa por ciento del cine europeo que se ha vendido a los Estados Unidos en estos últimos dos años es hablado en inglés, por lo que rodar en esta lengua es algo incuestionable. Aparte de que, con todos mis respetos, un western en estos días rodado en español me parece un poco ridículo. Es una historia que transcurre en el Oeste norteamericano, por lo que tiene que estar en inglés. Eso por un lado,  por otro es que de lo contrario te la comes con patatas. En nuestro caso inmediatamente una distribuidora norteamericana de Los Ángeles nos ha comprado la película y estoy seguro de que si hubiéramos ido a los Estados Unidos con un producto en español subtitulado no lo habríamos colocado. A propósito del reparto tengo decir que me siento muy satisfecho con el trabajo de todos los actores y actrices, en especial aparte del de Pablo, con el de Tania Watson y Veki Velilla, que son fantásticas.

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Antonio Mayans y Enzo G. Castellari bromeando durante una pausa.

Repitiendo lo que es un rasgo muy característico de tu filmografía, en el reparto has contado con la presencia en roles secundarios de actores veteranos de cierto renombre, como puede ser el caso de Antonio Mayans, Guillermo Montesinos, Manuel Bandera o el propio Enzo Castellari, entre otros. ¿Cómo surgen estas colaboraciones?

En su mayoría porque fundamentalmente son amigos. Y a todo el mundo de la profesión que le comentaba el proyecto le llamaba mucho la atención y le apetecía participar. Guillermo Montesinos mismo me decía que quería estar en la película porque le atraía mucho el mundo del western. Y lo hicieron con mucha ilusión. En resumen, un poco la idea es meter a algunos amigos con los que nos apetece trabajar juntos, sobre todo porque son muy buenos actores.

De momento, Stop Over in Hell ha podido ser vista en el Almería Western Film Festival y ahora en la Muestra Syfy. ¿Qué recorrido tenéis pensado para la película antes de su comercialización?

Ahora ya está en venta internacional y estamos en trámites para el cierre de su distribución en España y probablemente irá directamente a salas. Me gustan los festivales, pero soy de la opinión de que la forma natural de las películas es entrar en los canales de distribución comercial.  No sé si la distribuidora internacional se va a plantear que vayamos a algún festival en el extranjero. Por ejemplo, si de repente la distribuidora que la compre para Alemania decide que la pone en un festival de aquel país, pues bueno, pero a día de hoy no está inscrita en ningún festival internacional ni nada parecido. Ni siquiera nos lo hemos planteado. La idea fundamental de una película es que sea un negocio. Con todo mi respeto para los festivales, las películas son para que el espectador medio pase por taquilla o la compre en DVD. Para eso se hacen las películas. Los festivales son un escaparate. Además, que esta tendencia de que las películas se pasen por muchos festivales es una cosa de ahora. En anteriores décadas las películas comerciales se estrenaban directamente en cine.

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Stop Over in Hell supone tu tercera película como director de ficción. ¿Qué valoración haces de tu trayectoria hasta ahora y cómo afrontas el futuro?

Es muy difícil valorarlo desde dentro. Mi concepto de cine tiene que ver con un cine abierto y ecléctico. En otras palabras, el mundo de los artesanos. Lo que me cuenta la historia de los artesanos hasta ahora es que podían atreverse con cualquier tipo de historia. Y esa es un poco la línea que quiero seguir yo. Lo que me apetece es hacer cualquier tipo de historia. Ni ceñirme en un género concreto ni ceñirme en un tipo de cine concreto. Lo que sí tengo la sensación o la percepción que, aunque sí que hay elementos comunes en las tres películas que he hecho, no se parece ninguna entre sí. Y eso me parece interesante y es la línea que yo quiero seguir. Me gusta mucho cuando miras a aquellos artesanos que, dependiendo del momento, hacían un tipo de películas u otras. Al fin y al cabo se trata de contar historias y eso es lo que quiero seguir haciendo. Es cierto que en España, en general, cada proyecto cuesta un mundo. Pero bueno, es una cuestión de que siga habiendo suerte para que pueda seguir levantando proyectos. No puedo contar aún nada, pero para este año ya tengo un nuevo proyecto, así que con la cadencia que llevo de momento seguiré en esto, que es mi objetivo.

Por mi parte es todo. Si quieres añadir algo más…

Pues que animo a los espectadores a ver Stop Over in Hell, que me parece que es una propuesta que puede entretener al respetable. Es una historia más del Oeste, pero en realidad, y eso creo que es lo importante, independientemente del género en que se ambiente, es una historia contemporánea. Nosotros la localizamos en un lugar perdido en medio de los Estados Unidos de finales del siglo XIX, pero podría desarrollarse perfectamente en una estación de autobuses recóndita a la que llegan unos terribles moteros. En el fondo estamos contando algo que, hasta si me apuras, está ocurriendo todos los días. Y si conseguimos que la gente lea la película como nosotros queríamos, descubrirá que hay una reflexión sobre la violencia bastante evidente en todo su mensaje.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías de rodaje: Juan Gabriel García

Entrevista a Claudio Fragasso y Rossella Drudi

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Acompañado de su inseparable pareja personal y profesional, Rossella Drudi, Claudio Fragasso visitaba Madrid a finales del pasado mes de marzo para asistir al homenaje que le dedicaba la sexta edición de la Cutrecon. Un reconocimiento que fue escenificado con la entrega del honorífico premio Jess Franco, que recibiría de manos de Enrique López Lavigne. Durante su locución, el productor madrileño destacaría el valor de Claudio para atreverse a hacer casi sin medios las películas que filmó durante los ochenta y noventa, en clara referencia a la que quizás sea la parte más famosa de su dilatada carrera, la serie de exploitations que manufacturara febrilmente durante aquellos años codo con codo junto con Bruno Mattei.

Centrados durante los últimos tiempos en la confección de thrillers de denuncia social, herederos de algún modo del grandioso poliziesco italiano de los setenta en el que ambos participaran en calidad de guionistas, y que de algún modo les ha valido un reconocimiento por parte de la crítica oficial del que carecían hasta entonces, Carlo y Rossella se plantean ahora volver al género por el que son asociados por aficionados de todo el mundo, el fantástico y, más específicamente, el terror, tal y como nos confesaron en la siguiente entrevista, que complementa la que ya les realizáramos hace unos años en Barcelona.

Claudio Fragasso mostrando al público el premio Jess Franco con el que Cutrecon le galardonó por su trayectoria.

Cutrecon te homenajea con el galardón Jess Franco como reconocimiento por tu trayectoria, en especial por Troll 2, película que, con el transcurrir de los años, ha devenido en título de culto para aficionados en todo el mundo. ¿Esperabas cuando la realizabas que consiguiera despertar esta pasión?

Claudio Fragasso: A lo largo de mi carrera he hecho muchas películas de miedo, y en principio esta era una más. La única diferencia es que, dado que el productor nos había impuesto la condición de que en la película no debía aparecer sangre, hicimos que la que se viera fuera verde por la clorofila. Con este condicionante, cuando fuimos a rodar la película a los Estados Unidos decidí que fuera una película divertida. Así que me decanté por la exageración que se puede ver en escenas como la del chico convertido en planta o el famoso plano de “Oh, my God!”, entre otras cosas porque me encantaba hacer algo así, una especie de cartoon. Y aunque los actores no eran realmente actores profesionales, me gustaba porque así daban esa imagen de sobreactuados.

Sin embargo, en su momento Troll 2 fue lanzada como si fuera una película de terror al uso, lo que hizo que no se entendiera y recibiera muy malas críticas. Ya me había olvidado de ella como quien dice cuando un día me llama a Italia uno de los actores que aparecían en ella y me pide que mire en Internet, porque la gente dice que esa película, que antes la consideraban tan mala, es ahora la mejor. Esto fue en 2005, y todo este fenómeno increíble ha seguido manteniéndose e incluso creciendo hasta llegar al día de hoy.

Ya que lo mencionas, ¿qué te parece toda la fenomenología que se ha generado en torno a la película, hasta el punto de ser denominada como “la mejor peor película de la historia”, tal y como reza el título del documental que se realizara sobre ella?

F.: Toda esta fenomenología que hay sobre la película, o que se hiciera un documental sobre ella, es algo que todavía no puedo comprender.

Rossella Drudi: Nos llaman de todo el mundo para invitarnos a proyecciones de la película. Incluso, en una universidad de Canadá nos homenajearon otorgándonos el honoris causa en antropología. ¡Es fantástico! (risas)

F. Hace tres o cuatro años Eli Roth estuvo presentando en el festival de Roma una de sus películas y tuvo un encuentro con todos los directores italianos de cine de terror. En un principio yo no estaba en la reunión, pero me llamó un amigo diciendo que Eli Roth había pedido expresamente que yo fuera. Así que sin pensarlo mucho fui y allí estaban Umberto Lenzi, Ruggero Deodato, Lamberto Bava… Pero cuando llegamos Rossella y yo, Eli Roth vino corriendo emocionado gritándome “¡Claudio Fragasso! ¡Tu eres el director de Troll 2! Amo esa película”. Entonces se abre la cazadora y me muestra la camiseta que llevaba debajo, que era de Troll 2. Mientras tanto, los otros directores italianos se miraban entre sí como preguntándose “¿pero este quién es?”

Es un fenómeno a escala mundial. No solo ocurre en Norteamérica, sino también en Europa: en España, Inglaterra, Francia, Alemania, Hungría, Noruega, Suiza… Ahora, si vas a preguntarme el porqué, no lo sé. Pero estoy contento con ello.

Troll 2 fue producida por Filmirage, la productora de Joe D’Amato.  Aunque ya habíais tenido oportunidad de trabajar para él en otras oportunidades, ¿cómo era D’Amato como productor?

F.: Aristide era el mejor. Era una gran persona y si él entendía que eras la persona adecuada para rodar lo que te había pedido confiaba mucho en ti y te daba una gran libertad. He trabajado con muchos productores, pero como Aristide no ha habido ninguno.

R: D. Era el Roger Corman italiano. Aparte, era un hombre muy generoso, muy altruista y una persona muy creativa. Podía ser director de fotografía, encargarse del montaje, dirigir, escribir el guion… Hacía de todo. Era único. Por ejemplo, guardo de él una pequeña anécdota. Estando en los Estados Unidos durante el rodaje de Troll 2, cuando llevábamos unas dos semanas se me acerca un día en el set y me pide que le siga. Me llevó hasta un cementerio indio y me pregunta: “Rosella, ¿qué te inspira este lugar?” Entonces le respondo que una historia de fantasmas y me dice: “De acuerdo, escríbela”. Y con ese guion rodó una película en los Estados Unidos con un director norteamericano. Así era Aristide.

Rossella y Claudio junto a Carlos Palencia y Paco Fox durante la rueda de prensa de presentación a los medios de Cutrecon VI

Al margen de Troll 2, la trayectoria de Claudio es recordada por tu fructífera colaboración con Bruno Mattei. ¿Cómo le recuerdas?

F.: A Bruno le considero mi padrino, porque, además, no tenía el carácter fuerte que suelen tener los directores. No era Kubrick, obvio, pero era Bruno Mattei. Y él me enseñó mucho sobre el oficio. Porque Bruno era muy buen montador y yo era muy bueno como guionista. Entonces, algunas veces rodaba solo Bruno y otras solo yo, y entre ambos nos complementábamos. Por ejemplo, recuerdo que cuando comencé a dirigir no le daba demasiada importancia al montaje. A mí solo me importaba hacer la escena con los actores, y Bruno me decía que estaba equivocado, que tenía que tener en cuenta el montaje a la hora de rodar como hacía él. Sin ir más lejos, en el rodaje de Apocalipsis caníbal su mayor preocupación era cómo insertar los planos del documental con lo que estábamos rodando. Así que junto con él empecé a trabajar en la sala de montaje y comprendí que tenía razón. Y de esa moda funcionábamos: yo compensaba las carencias de Bruno como guionista y él mis carencias como montador. Y no nos fue mal: juntos trabajamos a lo largo de veinte años.

Muchas de aquellas películas fueron filmación back-to-back para abaratar costes. Ni qué decir tiene que planificar un rodaje de estas características resulta algo sumamente lioso. ¿Cómo os repartíais el trabajo en estos casos?

F.: No es que fuera una cosa de Bruno y mía esta especialización, sino que eran las productoras las que nos encargaban esta clase de proyectos. Nos decían: rodadnos dos películas por el precio de una. Pero más allá de eso, la planificación no tenía mayores dificultades que las de cualquier otro rodaje.

Sin lugar a dudas, uno de los rasgos característicos de tu filmografía conjunta con Mattei reside en la evocación de ingredientes de ciertos films de éxito, algo que por otra parte era bastante habitual en el cine italiano de género coetáneo, y que llegaba hasta el punto de que algunos de vuestros films fueran lanzados en según qué mercados haciéndose pasar como secuelas apócrifas…

F.: En muchos casos la elección de esos títulos era cosa de la productora o la distribuidora. En Terminator 2 el título original era Shocking Dark, Troll 2 se llamaba en un principio Goblin y Non aprite quella porta 3[1], Night Killer.

D.: Otras veces, dos o tres años después de hacer la película veíamos que cambiaban el título para que resultara más comercial en ese momento y pudieran seguir explotándola comercialmente…

¿Y los productores no os pedían que la película se pareciera a algún éxito de esos momentos?

F.: Si, claro. Recuerdo con Bruno el caso de hacer una especie de Depredador, y rodamos Robowar. O un periodo en el que rodábamos en Filipinas una tres o cuatro películas en un año que seguían la estela de Rambo.

D.: Todas con muy poco dinero. Cop Game, Double Target, Strike Commando 1 y 2

F.: Fue una buena escuela para aprender. Tanto es así que, cuando años después rodé en Italia Camino sin retorno, mucha gente me felicitaba por las escenas de acción, y si salieron tan bien fue por la experiencia previa que me había dado el participar en todas estas películas.

El productor español José María Cunillés y Claudio Fragasso presentando “Apocalipsis caníbal” al público de la sala 2 del Cine de la Prensa.

Dos de vuestros proyectos conjuntos que se salen un poco de este patrón, precisamente, es un par de westerns que rodasteis en coproducción con España titulados ¡Scalps! Venganza india y Apache Kid, en una época en el que este tipo de cintas habían dejado prácticamente de realizarse en Europa…

F.: Eso fue cosa de la productora italiana, la Beatrice Film de Roberto Di Girolamo, con la que ya habíamos trabajado antes varias veces. Ellos fueron los que tuvieron la idea de hacer dos westerns; uno dirigido por Bruno y otro por mí. Yo estuve encantado, ya que considero a Sergio Leone el más grande director de todos los tiempos. Y este proyecto me daba la oportunidad de ir a Almería a rodar dos westerns en los mismos escenarios que él utilizó en sus películas. Rodé en varios sitios en los que el hizo La muerte tenía un precio y Hasta que llegó su hora. Aparte de esto, quise homenajearle en la película y, entre otras cosas, incluí un triello, es decir, un duelo entre tres personajes, como en El bueno, el feo y el malo.

Una curiosidad. En algunas bases de datos se acredita al actor Richard Harrison como coautor de la historia de ¡Scalps! Venganza india. ¿Es cierto este dato?

F.: El hijo de Richard Harrison, Sebastian Harrison, era el protagonista de Apache Kid, por lo que pudiera ser que la primera idea fuera suya. Es curioso, porque años antes Richard Harrison protagonizó un par de poliziesci que escribí cuando comencé como guionista en los años setenta: Napoli… i 5 della squadra speciale e I guappi non si tocano, ambos de Mario Bianchi.

Junto con Mattei también trabajaste para la Cannon. ¿Cómo fue trabajar para tan mítica productora, de la que circulan tantos rumores sobre su particular forma de funcionar?

F.: Sí, en Hercules and the Sevent Gladiators[2]. Era un robo todo. Melan y Goblus hicieron una productora de mierda que no era muy honesta. Entonces Bruno y yo teníamos que enfrentarnos todo el rato a problemas. Un ejemplo: la figuración. Al inicio del día teníamos a cincuenta personas de extras. Sin embargo, cuando pasaba una hora había veinte, y tres horas más tarde solo había diez. ¡Va fan culo! (Risas). Así que el rodaje me lo pasé constantemente enfadado.

Rossella, Claudio, el actor Emilio Linder y José María Cunillés.

Pasemos a Zombie 3, película originalmente de Lucio Fulci, pero que tras su abandono os encargasteis de acabar entre Bruno y tú. Del montaje final, ¿cuánto pertenece a lo rodado por Fulci, y cuánto a lo rodado por ti y Mattei?F.: No te puedo decir eso porque no sería justo. La película es una película de Lucio Fulci que él no pudo terminar porque estaba enfermo con un tumor en el hígado. Tras su marcha, el productor me llamó muy enfadado, pidiéndome que le ayudara a terminar la película aprovechando lo ya rodado, a lo que accedí, encargándose Rossella de reescribir el guion de nuevo. Después de varios cambios, y cuando había escrito entre treinta y cuarenta minutos de historia nuevos, el productor nos dijo que teníamos que ir inmediatamente a Filipinas para rodar este material, ya que tenía prisa para llegar a tiempo a la fecha de estreno que había pactado con los distribuidores.

D.: Claudio estaba en Roma, pero Bruno estaba en Filipinas. Así que en cuanto llegamos Claudio se puso en contacto con Bruno para contarle la situación y pedirle que nos echara una mano.

F.: Dadas las prisas, le propuse hacerlo entre los dos, como habíamos hecho tantas veces, y él aceptó.

D.: Es gracioso, porque hay una escena con un zombi en el fuego que todo el mundo atribuye a Fulci y no es verdad. En realidad es de Claudio y Bruno.

F.: En cualquier caso, lo primero que hice antes de embarcarme en el proyecto fue ponerme en contacto con Fulci para saber si él me daba su autorización, porque al fin y al cabo era una película suya. Después él dijo muchas cosas inciertas sobre cuál había sido realmente su participación, pero, bueno, hay que tener en cuenta que Lucio era una persona muy particular.

Precisamente, el protagonista de Zombie 3 fue el hoy reputado realizador especializado en el medio televisivo Deran Serafian, hijo del también director Richard C. Serafian, y para el que poco tiempo antes habías escrito el guion de su película Interzone...

D.: Bueno, he de decir que Interzone realmente la escribí yo…

F.: Conocí a Deran Serafian cuando vine a España a rodar Leviatan / Monster Dog. En el periodo que rodé esta película Deran estaba rodando para la misma productora Cosmos mortal. A raíz de este contacto Deran y yo comenzamos a tener cierta amistad. Cuando llegó a Roma, y como también la que era entonces su novia, Beatrice Ring, era amiga nuestra, volvimos a vernos. Todo el tiempo se quejaban de que tenían que hacer algo porque no tenían dinero, por lo que les presenté a Lucio Fulci, quien estuvo de acuerdo en que ambos participaran como actores en Zombie 3. Después, esta stronza (perra) de Beatrice Ring ha dicho como que se arrepentía de haber hecho esa película, pero lo que no se acuerda es cuando se estaba muriendo de hambre.

En 1993 con Teste rasate dais un giro a vuestra trayectoria, iniciando una serie de películas ambientadas en entornos delictivos y con un acento social, algunas de las cuales serían realizadas para la televisión…

F.: A mediados de los noventa, las películas de terror de bajo presupuesto en las que solíamos trabajar cada vez eran más baratas, porque los norteamericanos empezaron a hacer películas de género baratas, con la diferencia de que el barato para los yanquis es una película con cierto nivel de producción. Vi que no era un buen momento para aquel tipo de cine y pensé en hacer algo en Italia.

D.: Hasta entonces habíamos sido unos cineastas emigrantes. Mientras Claudio era conocido en todo el mundo, en Italia en cambio nadie sabía quién era. Sin embargo, Teste rasate, que era un film muy fuerte, muy violento, de denuncia social, nos sirvió como carta de presentación en Italia.

F.: Después de Teste rasate vino Camino sin retorno, y empecé un periodo de mi carrera centrada en films de acción y de denuncia social.

D.: De esta etapa, uno de nuestras películas que más me gusta es Coppia omicida, que trata el problema de la incomunicación de la pareja a través de las andanzas terroristas de un par de asesinos interpretados por Raoul Bova y Raz Degan: en el amor, en el afecto… Todo ello sin dejar de ser un thriller con mucha acción. Por desgracia en Italia no funcionó, aunque en otros países como Estados Unidos, Alemania o Francia fue bastante bien.

Y de cara al futuro, ¿cuáles son vuestros próximos proyectos?

F.: Una película de miedo. Hay varias en proyecto, la primera de las cuales se llama Zombie Mamma y es una historia muy fuerte de zombis con trasfondo social y un toque muy particular. Tenemos que empezar una nueva carrera y pensamos hacerlo volviendo a las películas de miedo.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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[1] N. d. a.: Non aprite quella porta es el título italiano de La matanza de Texas.

[2] N. d. a: Ignoro si dicho título era el original del proyecto, pero la película resultante fue estrenada con el título original de I sette magnifici gladiatori y el hijo de Zeus no aparecía por ningún lado, si bien el personaje principal corría por cuenta de Lou Ferrigno, quien por aquellas mismas fechas había encarnado a dicho personaje también para la Cannon en El desafío de Hércules. Teniendo en cuenta que lo que en principio eran escenas adicionales para I sette magnifici gladiatori acabarían desembocando en la confección de una improvisada secuela a cargo de Luigi Cozzi de la previa El desafío de Hércules con La furia del coloso, no se puede descartar que, en origen, la película de Mattei y Fragasso estuviera planteada como otra aventura del semidios.

Published in: on marzo 3, 2017 at 11:25 am  Dejar un comentario  
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Video-entrevista sobre su participación en “Stop Oven in Hell” a Enzo G. Castellari, quien el viernes asistirá al pase de la película en la Muestra Syfy

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Por más que su presencia apenas haya sido publicitada hsata el momento, Enzo G. Castellari será uno de los invitados más destacados con los que contará la XIV Muestra Syfy de Cine Fantástico que se celebrará desde el próximo jueves hasta el domingo en el Cine de la Prensa de Madrid. El mítico director italiano, responsable de títulos tan emblemáticos del cine de género europeo como Keoma, el díptico Los guerreros del Bronx o Aquel maldito tren blindado, film que, como es sabido, le serviría de inspiración a Quentin Tarantino para dar forma a su Maldito bastardo, visitará el certamen madrileño dentro del equipo de Stop Over in Hell que el viernes presentará el pase de este western que ha supuesto la tercera película de ficción de Víctor Matellano. En ella, Castellari interpreta a Zingarelli, un representante de betunes que viaja en diligencia y guarda muchos secretos.

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Colin Arthur, Víctor Matellano, Enzo G. Castellari y Manuel Bandera posando durante una pausa del rodaje de “Stop Over in Hell”

Coincidiendo con esta visita, el departamento de prensa de Stop Over in Hell ha difundido una video-entrevista grabada durante el rodaje de la película en la Dehesa de Navalvillar de Colmenar Viejo, la misma localización donde Castellari debutó como director en Alambradas de violencia / Pochi dollari per Django –oficialmente acreditada a León Klimovsky- y donde también rodaría Mátalos y vuelve / Ammazzali tutti e torna solo con el protagonismo de Chuck Connors.

Published in: on febrero 28, 2017 at 8:08 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Manuel Ríos San Martín a propósito de la publicación en papel de su novela “Círculos”

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A finales de julio del pasado 2015 entrevistábamos al productor, realizador y guionista televisivo Manuel Ríos San Martín a propósito de la publicación en formato digital de su primera novela, Círculos, un thriller ambientado en un futuro cercano en el que la gente vive obsesionada con la televisión. Pues bien, el pasado 12 de enero, hace apenas un mes, Círculos salía a la venta en soporte físico de la mano Penguin Random House a través de su sello Suma de Letras. Por si fuera poco, hace escasos meses lanzaba “Fantasma TV”, un nuevo proyecto destinado a poner en marcha series televisivas y películas cinematográficas. Motivos pues más que suficientes para volver a conversar con Manuel y conocer de primera mano que le ha deparado en lo profesional el tiempo transcurrido desde nuestra anterior conversación.

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Hace año y medio charlábamos a propósito del lanzamiento de tu novela Círculos en formato digital. ¿Cómo ha sido su evolución desde entonces?

Han sucedido muchas cosas. La principal es que ahora está editada en papel por un sello potente como es Suma de Letras y que lo podéis encontrar en papel en todas las librerías.

Junto con esas entrevistas hice también una campaña en redes sociales. Por lo visto, Pablo Álvarez, de Penguin Random House, la vio y le llamó mucho la atención, así que se puso en contacto conmigo precisamente a través de Facebook (muy propio de la novela). Me pidió que se la dejase leer. Se la envié, la leyeron y me dijeron que querían publicarla, así que la retiré de la venta. No estuvo en mi web más de diez o quince días.

A partir de ahí me hicieron algunas notas que me ayudaron a reflexionar y me dijeron que los thrillers deberían tener más páginas. Me hizo gracia porque ellos miden la longitud en caracteres. Puedo decir que Círculos ha pasado de trescientos noventa y seis mil a más de quinientos treinta mil caracteres.

En el momento de su lanzamiento, uno de los aspectos que remarcabas es que, dado que su distribución se realizaba desde la web que habías creado al efecto, podías controlar la repercusión que iba teniendo la novela en la red. ¿Estás contento con el resultado que tuvo la propuesta, tanto por parte del público como de la industria?

La verdad es que sí. En esos días se vendieron más de cien ejemplares. Teniendo en cuenta que era un sistema complicado, me pareció muy bien. Había que darse de alta en la web, meter el correo, pagar casi cinco euros por PayPal… Y en cuanto a la industria creo que conseguí lo que en el fondo pretendía con esto, que era llamar la atención y que alguna editorial potente quisiera publicarla en papel. Salió sorprendentemente bien todo el proceso.

Por cierto, según he leído, tuviste ciertos problemas con la campaña publicitaria de Círculos en Facebook…

Cierto. Ya sabemos que Facebook es muy particular. Me hicieron quitar de la portada de la web el vídeo que la promocionaba, en el que se dice “os voy a joder la vida a todos”. Yo creo que les sonaba a amenaza real y no a un tráiler de una novela. Se lo expliqué pero no hubo manera.

Ahora también he tenido algún problema con la portada de la novela porque la chica sale con la espalda desnuda. Pero esta vez recurrí y al final me lo aprobaron.

Círculos inicialmente era un proyecto interactivo que incluía diferentes contenidos extras multimedia para sus lectores. ¿Cómo ha sido el proceso de adaptación al nuevo formato? ¿Se ha perdido algo por el camino?

Todo el material sigue estando vigente en la web de la novela www.circuloslanovela.com y también se han metido las fotos en la edición de papel, aunque no en color. Es verdad que esta novela tenía mucho sentido en digital, pero todavía la mayor parte de la gente prefiere leer en papel, así que hay que estar también en papel. Según creo, lo digital no pasa del veinte por ciento de las compras. Todavía es muy poco. Pero animo a los lectores a que entren en la web y naveguen por ella, hay mucho material. Al final de la novela se incluye un usuario y una contraseña para entrar en la “zona privada” donde hay links e informaciones un poco más comprometidas.

Más allá de esto, la versión en papel tiene unas ochenta páginas más que su versión digital. ¿Qué cambios has efectuado?

Ahora tiene unas ochenta páginas más, aunque es difícil de medir por la edición, también hay que tener en cuenta los márgenes y demás. Ya digo, unos ciento treinta mil caracteres más.

Para esta nueva versión he trabajado mucho los personajes. Para ello hablé con una amiga, que es psicóloga clínica, y le dejé leer la novela. Ella se sorprendió porque los personajes le parecían muy coherentes, era capaz de decir qué patologías tenía cada uno de ellos. A partir de ahí nos reunimos varias veces, me pasó algunos textos para leer y me explicó maneras de comportarse de ese tipo de personalidades. Gracias a esto, pude enriquecer muchas situaciones de la novela. En estos meses he hecho un curso de Criminalística y eso me ha servido para hilar más la parte de la investigación policial, ahora se cierran muchos flecos que antes quedaban abiertos. La versión anterior se movía más por impactos. Funcionaba, pero era menos literario, por decirlo de alguna manera. Y he aprovechado para meter algunas técnicas de investigación a través de redes sociales que antes no conocía. Por ejemplo, hay una aplicación con la que puedes ver todas las fotos que se hayan hecho a una hora en un sitio (si las han subido a redes sociales). Se puede utilizar para ver si la persona que buscas estaba por esa zona. También he desarrollado más el grupo antisistema. En esta versión resulta más amenazante.

A nivel personal, ¿consideras que el hecho de que Círculos aparezca en formato impreso le da mayor relevancia a tu trabajo? ¿Es una especie de reconocimiento, por así decirlo?

Claramente. Yo ya me daba cuenta de que en formato digital mucha gente se quedaba fuera. Me decían, “yo espero al papel”. Y yo pensaba… “pues imprímetelo, porque a lo mejor no hay papel”. Pero sí, aquí está. (Ya no tienen excusa).

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En nuestra anterior conversación comentabas la posibilidad de que Círculos fuera llevada a la pequeña pantalla en formato de miniserie. ¿Ha habido algún avance sobre esta posibilidad en todo este tiempo?

No he querido avanzar hasta que no estuviese publicada. He querido respetar los tiempos. Ahora ya estamos por la segunda edición y quiero seguir luchando porque viva más como novela. Pero en cuanto pasen unas semanas sí me pondré en serio a ver la posibilidad de adaptación, aunque no creo que sea fácil. No es una serie barata, transcurre en Londres…

Precisamente, esta adaptación al medio es uno de los proyectos de “Fantasma TV”, la compañía que has formado junto a Mónica Martín-Grande, centrada en la creación de series y desarrollo de guiones. ¿Qué te ha llevado a crearla y cuáles son los planteamientos que perseguís con ella?

No es una compañía. Simplemente una web con una marca donde podemos colgar lo que estamos haciendo. Ahora hay muchos guionistas que se están metiendo a productores. A mí no me gusta eso, me parece que cada cual tiene que hacer su trabajo. Nosotros estamos ofreciéndonos para colaborar con las productoras o con las cadenas de televisión para desarrollar series propias o algunas que nos propongan desde fuera. Pero la colaboración puede ser muy diferente: unas productoras quieren que vayas como partner y otras te contratan tus servicios. Nosotros estamos abiertos, somos dinámicos y ofrecemos distinto grado de colaboración.

Visitando la web de “Fantasma TV” me ha llamado la atención el que gran parte de los proyectos que tenéis en cartera se traten de thrillers. ¿Se debe a una inclinación personal por este género o, de algún modo, está también influenciado por la buena aceptación que tuviste con Sin identidad, serie en la que ejerciste de director argumental?

Se ha juntado un poco todo. Con Sin identidad aprendí mucho y me lo pasé muy bien. Antes ya había hecho Soy el Solitario y también había disfrutado del género policiaco. También ha influido lo que te decía de los cursos que hemos hecho de Criminalística. Estamos empezando a trabajar ahora en una comedia más familiar. Hay que tener un poco de todo. Estamos en una época interesante, hace dos o tres años nadie quería thrillers.

Pese a su nombre, en “Fantasma TV” también tenéis un apartado dedicado al cine. ¿De qué depende que un proyecto lo enfoquéis como serie o película?

Normalmente ya surgen los proyectos de una manera o de otra. Una película empieza y acaba y tiene una historia que se puede contar de manera más breve. Es la gran diferencia con las miniseries. Cuando las estructuras ves si te da para una historia de dos horas o para una de diez-doce. Otra cosa diferente son las series de larga duración, ahí los personajes te tienen que ofrecer menos evolución pero más capacidad de adaptarse a lo que les vaya sucediendo en “su vida”.

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De un tiempo a esta parte plataformas de pago como Movistar o Netflix están consiguiendo una gran aceptación entre el público español. Dado que una de sus principales ofertas son las series, ¿cómo ves su implantación como profesional del medio? ¿Abre nuevas oportunidades o, por el contrario, en el caso de Netflix, al ofrecer productos propios y en su mayoría realizados desde los Estados Unidos cierra el mercado para las producciones españolas?

Tampoco creas que tiene tanto éxito. Dicen que rondan los doscientos mil abonados. No está mal, pero piensa que cualquier serie en una generalista tiene tres millones de espectadores. Aun así, claro que abre oportunidades. Sobre todo, Movistar, que sí que va a apostar en serio por el producto español. Piensa que ellos harán unas ocho-diez series al año frente a una o dos de Netflix.

Aparte de los proyectos que estás intentando levantar con “Fantasma TV”, ¿en qué te encuentras trabajando ahora mismo?

De momento estoy volcado con la promoción de la novela que es una dedicación casi a tiempo completo. Espero que, en un par de semanas, ya pueda estar de nuevo centrado en el desarrollo de mis series.

Pues por mi parte es todo. Si quieres añadir algo más…

Podéis seguir mis perfiles relacionados con la novela. Twitter @fantasma @circulosnovela @shultheiss65; Instagram @patriziacirculos; o la página de facebook https://www.facebook.com/circulosnovela/

Muchas gracias.

José Luis Salvador Estébenez

 

Published in: on febrero 17, 2017 at 6:56 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Antonio José Navarro, autor de “El imperio del miedo. El cine de horror norteamericano post 11-S”

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Miembro de la plantilla de la imprescindible “Dirigido por” desde hace más de veinticinco años y colaborador habitual de numerosas publicaciones, entre las que figuran cabeceras como “Quatermass”, “Nosferatu” o “Imágenes de actualidad”, no hay duda de que Antonio José Navarro es uno de los nombres propios de la crítica cinematográfica española. A lo largo de su dilatada carrera, este barcelonés ha conseguido labrarse un sello personal e inconfundible caracterizado por poner en valor en sus análisis los aspectos sociopolíticos en que se fraguaron las obras a comentar como parte integrante e indisoluble de las mismas. Una forma de entender el hecho cinematográfico que, por derecho propio, le han convertido en uno de los más importantes críticos no solo del panorama nacional, sino también europeo, y que puede rastrearse en los numerosos libros/ensayos que ha publicado hasta la fecha, ya fuera en colaboración, como coordinador, o en solitario. Buena muestra de ello lo tenemos en el reciente El imperio del miedo, un indispensable volumen publicado a finales del pasado año por Valdemar en el que Navarro examina de forma minuciosa y documentada la forma en el que los acontecimientos que sucedieron al ataque terrorista del 11-S influyeron en el cine de terror realizado en los Estados Unidos durante los años siguientes. Aprovechando su presencia en la última edición de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, donde, aparte de ser espectador habitual, estuvo presentando El imperio del miedo dentro del calendario de actividades paralelas del certamen donostiarra, mantuvimos con él esta interesante y reveladora charla-entrevista a propósito de su nueva obra.

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Antes de entrar en materia, me gustaría que me comentaras de dónde tu tendencia por primar los análisis cinematográficos desde el punto de vista sociopolítico y que tanto te diferencia de buena parte del resto de la crítica española…

Hace años estuve viviendo una temporada en los Estados Unidos. La Universidad de Nueva York organizaba una serie de seminarios y fue allí donde descubrí que a la hora de afrontar el análisis de una tendencia o un periodo vinculado a cualquier tipo de cine, ya sea el terror o el thriller, el papel que juega el ambiente histórico, las circunstancias culturales bajo las cuales se hace, es fundamental. Y eso es lo que más me interesa de cara a abordar géneros o tendencias. Sobre todo periodos históricos que generan un tipo de cine concreto y que explica muy bien qué es lo que está pasando, incluso mejor que acudiendo a las hemerotecas a consultar los periódicos.

Lo que pasa es que en España y en la Europa continental los estudios culturales, tal como los entiende el mundo anglosajón, prácticamente no se hacen o ni siquiera se consideran. Aquí vivimos exageradamente obsesionados con la figura del autor, que parece que es un señor que se levanta por la mañana, tiene una idea genial y la pone en marcha. Y no es verdad. La historia del cine te demuestra que todos los grandes autores han sido también producto de su época. El John Ford de los años veinte o treinta no es el John Ford de los años cincuenta, ni el de los años sesenta. También lee el periódico, ve la televisión, escucha la radio, tiene amigos que le cuentan su vida, tiene experiencias diversas, y eso va calando en su cine. No vive en una burbuja. Ningún artista de cualquier disciplina vive en una burbuja. Los autores podríamos decir que casi son una especie de augures en el sentido romano; son los mediadores entre el mundo que nos rodea y nosotros mismos. Ellos hacen su interpretación, aportan su reflexión, sus emociones. Pero el mundo es la materia prima de su cine, eso está clarísimo.

Hablemos de El imperio del miedo, tu nuevo libro. ¿Por qué has considerado que este era el momento oportuno para hacer un ensayo sobre el cine de terror post 11-S? ¿Ya ha transcurrido el tiempo suficiente como para poder analizar todo este movimiento con distancia?

Después de quince años, casi dieciséis de recorrido, pensé que ya tenía una perspectiva lo suficientemente buena para poder hablar de todo esto. Yo lo he vivido en primera persona. Primero como ciudadano de pie que fue testigo por la televisión del ataque a las Torres Gemelas. Y luego como profesional, como crítico de cine, como programador de Sitges, y como frecuentador de diversos festivales especializados en Europa. En todo este tiempo he ido viendo como el cine de terror norteamericano cambió de manera radical y también estoy comprobando como se está empezando a diluir progresivamente esa tenebrosidad que tenía originalmente. Hay diversos factores que han jugado a favor de ello: el cambio de presidente en la Casa Blanca, la incorporación de nuevos problemas culturales y políticos en la vida norteamericana, y el hecho de que uno de los grandes catalizadores de ese trauma posterior al derribo de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono, que fue la Guerra de Iraq, ya no existe. Todo esto ha influido en que se esté optando por otro tipo de cine de terror que todavía sigue conservando cierta acritud, pero que se va moderando. Por eso ahora era el momento oportuno, cuando se está produciendo el cambio. Además, tenía una grandísima cantidad de material y después de haber escuchado y leído tantísimas tonterías sobre el cine de terror norteamericano de la época pensé que era el momento de poner una serie de claves en claro bajo mi punto de vista.

¿Cuáles son a tu juicio los rasgos más identificativos de este cine de terror post 11-S a nivel estético y temático?

A nivel temático se recuperan asuntos que estaban olvidados desde los años setenta. Por ejemplo, uno de los asuntos que me llaman poderosamente la atención es que este cine de terror no solamente mira hacia los posibles enemigos exteriores, los monstruos que vienen a invadirnos, que es el caso de 30 días de oscuridad, sino que también miran a los propios monstruos interiores; monstruos que son americanos y que viven en América, lo que se llama el hillbilly horror. A partir de películas como Km. 666: Desvío al infierno se genera una cantidad de vínculos, sobre todo estéticos, del cine de terror estrictamente norteamericano que confronta el mundo rural y el mundo urbano, el mundo conservador y el mundo liberal. Los que estaban a favor de la guerra y los que estaban en contra de ella. Y luego también alienta o cuestiona diversas teorías conspiranoicas como, por ejemplo, que existen centenares de campos de entrenamiento yihaidista en los bosques de la América profunda, que es algo que queda reflejado en diversas películas que nos dicen que el problema que hay en la América profunda, en esos bosques, no son los yihaidistas, sino esos americanos endogámicos, paletos y violentos que se comen a los forasteros.

También destaca la recuperación del cine de horror norteamericano no tan pendiente de tendencias externas. Otro rasgo sería la violencia. Son películas extremadamente violentas porque el mundo en que fueron hechas era extremadamente violento. No vimos cuerpos desmembrados cuando se cayeron las Torres Gemelas, pero sí que vimos soldados muertos volando por los aires, torturados por los yihaidistas en filmaciones en video, que sería uno de los orígenes no solamente del torture porn como género, sino también del found footage y del mockumentary; filmaciones reales que muestran torturas, que muestran actos violentos de una manera muy cruda.

Luego hay otro tema que a mí, personalmente, me llama muchísimo la atención, que es el modo en que muchas de estas películas juegan con la oscuridad. La oscuridad que se traga nuestro mundo, personajes que se mueven en las más absolutas tinieblas; como si el mundo desapareciera y se poblara de espectros y fantasmas. En la trilogía de Insidious se ve perfectamente claro, paradójicamente. He repasado muchos discursos, no solamente del presidente Bush, sino también de muchos miembros de su administración y siempre hacían referencia a que debían “pelear desde la oscuridad”,  que “la oscuridad nos ha invadido”, este ha sido el día “más oscuro” de los Estados Unidos y cosas por el estilo. Ellos apelaban mucho a la idea de que debían de luchar contra la oscuridad trayendo la luz. Y eso se ve en este tipo de cine perfectamente.

Otra cosa que también está presente a nivel dramático son todas las obsesiones de la administración Bush por la religión, por el control ciudadano o el racismo. Hay diversos títulos que lo ponen en evidencia. Podríamos citar el caso de Hostel, que no es más que una fantasía cruda y muy crítica con las políticas del vicepresidente Cheney sobre torturar para obtener información en terceros países. También tendríamos el hecho de que hay películas en las que se hablan en ciertos términos alegóricos del concepto de invasión. Los Estados Unidos fue durante años un país de invasores. Invadieron Iraq, perpetraron todo tipo de tropelías, y todo esto se va filtrando en los temas, en los mitos, en los monstruos de una manera muy sutil haciendo que sea un cine muy politizado, que es otro de las mayores características de este cine de terror norteamericano de los últimos quince años. En el fondo, se están haciendo películas políticas que abordan temas muy incómodos si fueran tratados de forma convencional, o que simplemente no se tocarían.

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Antonio José junto al director de la Semana de San Sebastián, Josemi Beltrán, durante la presentación de “El imperio del miedo” en el certámen donostiarra.

Al hilo de lo que comentas sobre la influencia y conexión con el cine de terror norteamericano de los años setenta, no es casual que muchas de estas películas sean remakes que explicitan el mensaje subyacente de los originales en que se basan, como puede ser la versión de Alexandre Aja de Las colinas tienen ojos, donde es evidente la división que efectúa en su familia protagonista entre la facción republicana y la demócrata…

Evidentemente. De hecho, las películas de los años setenta de terror norteamericano, que para mí arrancan en 1968 con La noche de los muertos vivientes, lo que hacen es hablar de un país absolutamente desgarrado y crispado. La guerra de Vietnam está en marcha, tanto que 1969 es un año cúspide de un conflicto que oficialmente terminaría en 1973, aunque realmente no lo haría hasta 1975 con la retirada de los norteamericanos de Saigón. Tenemos la crisis económica, la crisis de petróleo, el Watergate, con la revelación de un presidente que miente y que tiene que dejar el cargo porque va a ser procesado… Hay una frase en la época que me parece maravillosa del senador Ted Kennedy, en la que decía que el país estaba en un estado deplorable en 1978. Entonces, claro, ese cine de terror era violento para los estándares de la época; era también muy político, muy agresivo, y era sobre todo un cine que se hacía a los márgenes del sistema, con contadas excepciones tipo El exorcista o La profecía.

Esta situación de alguna manera se reproduce en la década del 2000. Por ejemplo, a mí me hace mucha gracia que después de la crisis de las hipotecas subprime, que ahora sabemos que era un producto fraudulento y tóxico para familias que no podían pagar esa rehipoteca, en las películas de fantasmas los protagonistas sean siempre gente que ha tenido que cambiar de barrio porque han perdido su trabajo y encuentran curiosamente una ganga sin saber cuál es la sorpresa que encierra esa casa tan barata y maravillosa. O incluso se cuestiona el sueño americano de parejas que han conseguido la casa de sus sueños. Este sería el tema de Paranormal Activity, en el que los protagonistas poseen una casa estupenda, pero es una casa tóxica que va a destruir sus vidas.

Se reproducen actitudes, emociones, sentimientos, aunque evidentemente con cambios y matices. Y al final lo que hace la cultura americana, cinematográfica en este caso, es tomar como modelo el cine de una época y reconstruirlo; recordar esos tiempos a su manera y decir “es que estamos en las mismas condiciones”. En el libro digo que las sociedades recuerdan; recuerdan y se traumatizan igual que las personas. De hecho, hay un psicólogo norteamericano que decía que los ciudadanos, no solo estadounidenses, sino de todo el mundo, que asistimos al espectáculo de las Torres y vivimos de manera indirecta todo aquel espantoso día tenemos un trauma secundario. De alguna forma ha marcado nuestra vida y nuestra visión del mundo.

¿Qué ha cambiado industrialmente o en la sociedad para que aquellas películas que tocaran estos temas en los setenta fueran productivamente marginales mientras que muchos de los films que tratas en tu libro están hechos desde grandes productoras con un considerable despliegue de medios?

Si te fijas en los créditos de cada película e investigas desde un punto de vista industrial, la gran mayoría de las películas de terror post 11-S son producciones independientes. Los que hacen las majors es no arriesgar, salvo contadas excepciones. Compran una película barata, como puede ser el ejemplo de Paranormal Activity, que a priori es una película que cuesta diez mil dólares, aunque luego con las mejoras y los retoques me parece que se gastaron trescientos mil, pero que en cualquier caso recauda millones. El mainstream no apuesta por el cine de terror. Eso es una evidencia histórica, salvo en los años treinta y cuarenta cuando las majors eran las que realmente producían cine de terror. De hecho, en el libro comento que el cine de horror norteamericano post 11-s es lo reprimido del cine mainstream. Es esa parte fea y oscura que nadie quiere abordar directamente.

Lo que cambió, que esto se comenta en el libro, es que este tipo de cine coincidió en una época de esplendor del DVD. El DVD ha sido su canal de distribución por excelencia. Se editaba directamente en el formato. Posteriormente han intervenido y han jugado un papel importante las compañías televisivas de video on demand que han facilitado que haya unos productos de un cierto nivel cultural, estético; unas propuestas adultas que pueden sortear mejor las limitaciones de la censura y su política de calificaciones. Y eso ha sido lo que ha alimentado y ha facilitado desde el punto de vista industrial que este cine tuviera una cierta presencia. Ahora como las circunstancias están cambiando y el mercado doméstico del DVD está desapareciendo a pasos agigantados y, evidentemente, las televisiones de pago están apostando por producciones propias, empezando a limitar la capacidad creativa de los cineastas, el número de propuestas y también el nivel de compromiso político que sus responsables puedan tener con ellas. Pero bueno, creo que son movimientos cíclicos. La tecnología, los hábitos de los espectadores dentro de diez o quince años pueden cambiar, pueden coincidir con un momento de crisis y puede haber un rebrote.

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“Paranormal Activity”

¿Cuánto del contenido político que anida en estas películas es consciente y cuánto inconsciente?

Yo pienso que mitad y mitad. En una entrevista Eli Roth comentaba que era plenamente consciente de que muchas de las imágenes que había colocado en su primer Hostel venían de toda la información que leía de la Guerra de Iraq y del escándalo de Abu Ghraib[1]. Cuando se publican las fotos de Abu Ghraib hay un antes y un después en la manera de representar la tortura en el cine norteamericano. No solamente en el cine de terror, sino también en otro tipo de cine. Recordemos 24, la serie de televisión, o diversos thrillers políticos.

También es cierto que hay un componente inconsciente en el sentido de que toda esta información que ellos van recibiendo, ese vivir en el mundo que hemos comentado, se procesa de una manera que no es racional, es puramente instintiva. El ambiente que les rodea marca mucho esas dinámicas. Hay cineastas que parecen más comprometidos y cineastas que parecen menos comprometidos, y hay cineastas que a veces se callan; es decir, dejan que las películas hablen por ellos. Siempre he desconfiado del director que cuando lo entrevistas te está explicando la película. Eso quiere decir que no está seguro de lo que expone su film. Sin embargo, si tú ves a un cineasta como James Wan, que primero te hace un film tan inquietante como Saw, y posteriormente hace una película como Sentencia de muerte, un thriller donde se cuestiona el tema de cómo la venganza y el haber padecido un cierto nivel de violencia nos puede cambiar, te das cuenta de que es un cineasta político. Te está hablando de algo muy concreto y te lo hace desde un cine de terror que no es nada convencional como Saw y un thriller aún menos convencional como Sentencia de muerte. Y eso continúa en su obra. Expediente Warren. The Conjuring, que me encanta, es una película que habla de dónde nace esa pasión por la violencia y la brutalidad de los norteamericanos. Y nace desde los tiempos de la colonización. La bruja que posee la casa es una antigua colonizadora.

Sí, es un tema muy común. Sin ir más lejos es lo que muestra Somos lo que somos de Jim Mickle: un país cimentado sobre el canibalismo o, en un sentido literal, de comerse a los demás…

En efecto. O una película maravillosa como Bone Tomahawk, en la que te insinúan que hay una especie de rama de norteamericanos que no son ni los colonizadores blancos, ni los indígenas, sino unos trogloditas caníbales que de alguna manera son el inconsciente más profundo de esa sociedad. Y es algo que se puede rastrear en comedias aparentemente inocuas donde se muestra la competencia feroz que existe en las high school, en la universidad, o en los centros de trabajo. Literalmente o metafóricamente, el compañero de oficina se te quiere comer porque hay una competencia por un mejor sueldo, por un mejor puesto… y todo eso está metido en este tipo de películas.

Hay películas que ya no solo es que reflejen el clima en el que se han realizado, sino que toman partido. Son muchos los ejemplos en los que el protagonista al final tiene que ser peor que el asesino que le amenaza para vencerlo…

Evidentemente. Las home invasion, que es un género que de alguna manera siempre se ha practicado en el cine norteamericano, pero que cobra una especial relevancia a partir de los trágicos hechos del asesinato de Sharon Tate. Ahora bien, en el cine post 11-S tiene diversas lecturas. Una de ellas es desde el punto de vista de las personas que viven dentro de la casa y son agredidas por agentes exteriores. Tienen dos opciones: o prepararse para el sacrificio o convertirse en agentes tan violentos como los propios agresores. Y esto se puede leer de dos formas. Como una justificación, en plan “hemos ido al extranjero a agredir y a matar porque antes han venido a nuestra casa a matarnos”. O la reflexión de decir “yo me convierto en un personaje peor que el invasor, ¿pero a costa de qué?”

Y luego están las películas de invasores contadas desde el punto de vista del invasor, que se va a una casa donde teóricamente podrá robar, lo que es muy llamativo, ya que siempre suele ser este el móvil. Sobre todo teniendo en cuenta que siempre se dijo que la Guerra de Iraq había estado promovida con la intención de apropiarse del petróleo. Y, claro, el invasor al entrar en la casa se encuentra una sorpresa que es la resistencia feroz, o incluso un grado de monstruosidad que no espera del ocupante de esa casa. Uno de los últimos casos que hemos tenido es No respires

… en la que, quizás no por casualidad, el invadido es un militar…

Exactamente, con el añadido de que es un veterano de la primera Guerra del Golfo. Y luego están esos planos del principio donde se muestra, y esto es un hecho real, esos barrios de Detroit que antes estaban poblados por personas de clase trabajadora que tenían su empleo en la industria del automóvil, pero que al desmoronarse esta se han convertido en barrios fantasmas. Esto hace que todo lo que les pasa a los protagonistas en la casa del “malo” nadie lo va a oír. Algo que es muy perturbador, ya que es como si la sociedad no existiera y fuera insensible o incapaz de adivinar qué está pasando en su seno.

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“30 días de oscuridad”

¿Cuál es la película que refleja mejor la paranoia post 11-S y por qué?

Hay varias, pero yo tengo especial debilidad por 30 días de oscuridad de David Slade, por más que sea una adaptación de un cómic que todos conocemos de Steve Niles. Pero para mí la película tiene una especial significación porque está hablando de esa paranoia con una claridad pasmosa. Tenemos un pueblo, un small town típicamente norteamericano llamado Barrow, que está en Alaska, y que, precisamente, debido a su ubicación geográfica estará sumido en la más completa oscuridad. Es la oscuridad de la que hablábamos. La oscuridad que trajo el 11-S y el terrorismo yihaidista; la oscuridad absoluta y completa. Y en esas llega un barco, que es una referencia clarísima a Bram Stoker, cargado con unos vampiros que no tienen nada que ver con la aristocracia del conde Drácula, sino que son unas bestias feroces que hablan un idioma extraño. Esto es un detalle que no está en el cómic de Niles. Son como una especie de monstruos venidos de no se sabe dónde que literalmente te van a comer, se van a alimentar de ti y van a destruir tu civilización. Los vampiros de 30 días de oscuridad son perturbadores no solo por la forma en la que matan y sorben sangre. Lo son porque están empeñados en destruir Barrow hasta los cimientos.

Y luego pone de manifiesto a través del protagonista, que es el sheriff, que ni los poderes políticos, militares o policiales, esto es, el establishment, van a poder salvarnos. Estamos a merced de lo que decidamos hacer o a merced de los colmillos. Y aunque esto sí que está en el cómic, el que para salvar a su gente el sheriff deba tomar una decisión terrible que es convertirse en un monstruo, adquiere aquí una especial relevancia dada la época en la que se rodó la película. Es algo que se dice de forma textual en una película mainstream como Drácula, la leyenda jamás contada, en la que Drácula cuando va a la cueva del vampiro a transformarse en otro vampiro justifica su acción diciendo que a veces un pueblo no necesita un héroe, sino que necesita un monstruo. Y los norteamericanos para salvar, entre comillas, Estados Unidos, se convirtieron en monstruos. Por eso 30 días de oscuridad es para mí una de las películas más representativas de este ciclo. Aparte de que sea una excelente película de terror, habla del clima de la sociedad norteamericana en aquella época de una forma muy clara. Aunque hay otras, evidentemente.

En paralelo a los Estados Unidos, también en Europa hubo atentados islamistas. ¿Cuál crees que es la razón para que no haya surgido un reflejo tan claro en su cine de terror de estas circunstancias como sí lo ha habido en su homólogo norteamericano? ¿Tiene que ver que no tenga una industria tan asentada?

Ya sé que es un cliché, pero me encanta que me hagas esta pregunta. Tengo una visión muy particular después de haber estudiado el tema de cómo funciona el cine europeo. El cine europeo se produce en el seno de unas sociedades que se proclaman muy libres y que en ocasiones miran con una cierta arrogancia por encima del hombro a la sociedad norteamericana, a su democracia y a sus instituciones. Sin embargo, el cine europeo vive bajo una represión artística, ideológica, muy importante. Me llama poderosamente la atención ver cómo en el cine español, que es mi cine, no existen películas dentro del cine de género que hablen de cuál ha sido el papel de las tropas españolas en la invasión de Iraq; que no hablen de los atentados del 11-M; o que no hablen del trabajo que hacen nuestros servicios de inteligencia, de la policía, para evitar atentados. No se habla de esto. Y no estoy diciendo de hacer una película “seria”, de autor, en la que nos aburramos todos y que cree polémica. Me estoy refiriendo a thrillers fibrosos, películas dinámicas como las que hacen los norteamericanos.

Sería importante reflexionar por qué en Europa reprimimos todo esto. Estamos viviendo situaciones realmente inquietantes, no solo en España, con la amenaza siempre latente del terrorismo islámico que ha sustituido a otros tipos de terrorismo. Y sin embargo no hablamos de esto, no filmamos sobre esto. Solamente los franceses, coincidiendo con esta época del terror post 11-S, tuvieron su mini boom de películas hiperviolentas como Martyrs, À l’intérieur, o Frontiere(s), que se fraguaron en un momento de gran malestar en su país por las políticas de Nicolas Sarkozy como primer ministro y las revueltas vividas en barrios marginales de las grandes ciudades. Creo que fue el único cine que se atrevió a hablar de todo ello desde la óptica del cine de género. Y no solo dentro del terror, sino que hay también thrillers policiacos muy interesantes. Pero quizás son la excepción. Y en el tema de terror, después de haber entrevistado y conversado de manera informal con muchos de estos cineastas franceses, tengo muy claro que los productores no querían temas polémicos, porque pensaban que era malo para la taquilla, lo cual es mentira, ya que se ha demostrado que esas películas bien promocionadas y vendidas el público va a verlas, les interesa, sobre todo al público joven, que es a quien van dirigidas.

Junto con los franceses, también es cierto que los británicos han sido valientes y han abordado estos temas, aunque en su caso sea por influencia de los norteamericanos. En cualquier caso, han hecho películas bélicas y thrillers sobre el papel oscuro que jugó su país en la invasión de Iraq y también ha habido películas en las que se trataba asuntos candentes como el enfrentamiento constante, cultural y político, entre Escocia e Inglaterra. Sin ir más lejos, en las películas de Neil Marshall siempre hay algún personaje escocés o la acción transcurre en Escocia o en su frontera. En Dog Soldiers los protagonistas son un grupo de soldados ingleses que van a hacer maniobras a Escocia y les atacan hombres lobo escoceses. O, por ejemplo, en Centurión, se habla de cómo los indígenas escocesas van a matar a los romanos, los que entonces eran los representantes de lo que era el imperio.

¿Y no consideras que el cine policiaco que se está haciendo ahora en España a pie de calle, con títulos como Que dios nos perdone, Tarde para la ira o Cien años de perdón, recoge de algún modo todo este clima?

Es el único. De hecho, es algo que ya existía en aquel gran boom que hubo en los años cincuenta, en el que se hablaba de la España franquista sin mencionarla. La censura exigía que el Bien, el Orden, triunfara al final, y los malos morían o eran encarcelados, pero en sus exponentes se podía ver cómo de empobrecidas estaban las calles de Madrid y Barcelona en la época, la mirada triste de la gente o sentir el peso del régimen en los pequeños detalles. Y eso se siguió dando a lo largo de los años setenta y ochenta. Y seguimos teniendo, por fortuna, grandes cineastas como Enrique Urbizu que hacen maravillosas películas policíacas que no tienen nada que envidiar a las mejores muestras del cine norteamericano o británico. Es un cine valiente y arriesgado, porque personalmente creo que los códigos del cine de género tienen un espacio de libertad que una película descaradamente política o descaradamente comprometida no tienen, pues a veces se deben de ajustar a una serie de miradas y actitudes un tanto falsas que el cine de género no tiene por qué respetar. Personalmente creo que esta es la única forma el cine español puede hablarnos de lo que está pasando.

José Luis Salvador Estébenez

[1] En abril de 2004 la CBS y la revista The New Yorker destaparon los casos de tortura y abuso que el personal de la Compañía 372 de la Policía Militar de los Estados Unidos, agentes de la CIA y contratistas militares llevaron a cabo contra presos enemigos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, también conocida con el sobrenombre de “Camp Redention”. Las imágenes publicadas, en las que se veían los tratos vejatorios infligidos a los presos, dieron la vuelta al mundo, causando un fuerte impacto en la opinión pública.