“The Hollow Point” inaugurará la cuarta edición de NOCTURNA

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Tras inaugurar con gran éxito la reciente edición del Fant de Bilbao, Gonzalo López-Gallego acudirá al Festival de Cine Fantástico de Madrid NOCTURNA para dar el pistoletazo de salida a la inminente cuarta edición que comienza este lunes con 23 con su nueva película, The Hollow Point.

El film, guionizado por el debutante, Nils Lyew y protagonizado por Patrick Wilson, Lynn Collins y Ian McShane, entre otros, nos traslada a las desoladas carreteras de la frontera entre los Estados Unidos y México, donde una serie de acontecimientos provocarán la alianza entre el nuevo sheriff y su antecesor para detener a un misterioso asesino a sueldo.

Cabe recordar que The Hollow Point supone la tercera película con producción estadounidense del director madrileño tras Apollo 18 y Open Grave. De ella nos habló en la entrevista que mantuvimos con él hace escasos días con motivo de su pase en Fant y que podéis leer en le siguiente enlace: https://cerebrin.wordpress.com/2016/05/13/entrevista-a-gonzalo-lopez-gallego-sobre-su-nueva-pelicula-de-the-hollow-point/

Más información sobre NOCTURNA 2016 en la página web del festival, http://www.nocturnafilmfestival.com, o a través de sus redes sociales:

Published in: on mayo 17, 2016 at 5:57 am  Comments (1)  
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Entrevista a Gonzalo López-Gallego sobre su nueva película “The Hollow Point”

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La vigésimo segunda edición del Fant echaba a andar el pasado viernes 6 de mayo con una gala de inauguración que tuvo como plato fuerte la proyección de
The Hollow Point, la tercera película con producción estadounidense dirigida por Gonzalo López-Gallego en lo que supuso su première a nivel europeo y prácticamente mundial, a decir de las declaraciones de su responsable durante la presentación previa a su pase en el festival bilbaíno. Tras Apollo 18 y Open Grave, el cineasta madrileño abandona los componentes fantásticos para brindar un nihilista thriller fronterizo de poderosas interpretaciones y diálogos afilados, poblado por personajes situados en el límite, tanto moral como geográfico. Un proyecto, en suma, que por potencial y resultados reúne todos los requisitos necesarios para consagrar definitivamente a López-Gallego en la Meca del Cine, a poco que le acompañe la suerte que por calidad merece.

Ian McShane y Patrick Wilson en un instante de "The Hollow Point".

Ian McShane y Patrick Wilson en un instante de “The Hollow Point”.

Durante la presentación de Open Grave en el Festival de Sitges del 2013 ya anunciaste que tu siguiente proyecto iba a ser lo que ha terminado por convertirse en The Hollow Point. ¿Cómo ha sido el proceso de gestación a lo largo de estos casi dos años y medio?

Ha sido un periodo de gestación largo. No sé si también cuando estuve en Sitges comenté que en ese momento teníamos como protagonista a Timothy Olyphant, a quien después perdimos al preferir hacer otras cosas. Desde su salida hasta que apareció Patrick Wilson para hacer el personaje principal pasó un tiempo. Lo bueno es que todo ese periodo me permitió trabajar mucho la puesta en escena y la planificación de la película, de tal forma que cuando comenzó el rodaje llevaba los deberes hechos y tenía una idea muy clara de lo que quería hacer, lo que dados los pocos días de los que disponíamos me facilitó mucho las cosas.

No obstante, a comienzos de 2014 se anunció que tu próxima película llevaría por título Sanctuary y narraría la historia de un pueblo sudamericano que desaparece de forma misteriosa. ¿Qué pasó con este proyecto?

Muchas veces se anuncian películas un poco rápido, que pasado el tiempo no llegan a materializarse. En este caso concreto lo que ocurrió es que se pidieron cambios de escritura al guionista y, como suele pasar en el cine independiente, los productores no querían pagarle por este trabajo extra. Así que el guionista dijo que no hacía esos cambios y la cosa se quedó ahí. Pero era un proyecto muy interesante, por más que fuera cierto que necesitaban hacerse cambios de escritura.

The Hollow Point transcurre en la frontera entre los Estados Unidos y México, lo que de algún modo conecta con tu tendencia por desarrollar tus historias en lugares aislados y hostiles, en un rasgo que se viene repitiendo en tu filmografía desde El rey de la montaña

Puede ser, aunque a decir verdad ninguna de las películas en las que se da esta circunstancia las he escrito yo, como sí ocurre en Nómadas o Sobre el arco iris, que eran más trabajos de autor o más personales, por decirlo de algún modo. Y aunque en El rey de la montaña trabajé en el libreto, este partía de un guion original de Javier Gullón. Pero sí que sé que me gustan las tramas sencillas en las que pueda centrarme en pocos personajes y enfrentarles a los rigores de la naturaleza, del frío, del calor, del dolor… Me gusta ver reflejados estos elementos de una forma realista y en eso también juega un papel importante la situación de aislamiento.

La frontera entre los Estados Unidos y México ha sido profusamente utilizada como marco de acción dentro del cine contemporáneo. ¿Has tenido algún film como referente a la hora de plasmar tu visión de este espacio geográfico?

Quería apartarme de referencias e intentar dejarme llevar por lo bien escrito que estaba el guion y los personajes, y hacer una planificación exhaustiva, como te he dicho antes. Mi objetivo era ser muy quirúrgico y contar exactamente lo que tenía en la cabeza, de tal forma que cada plano te llevara al siguiente de una forma orgánica y bien hilada, enfrentándome a cada secuencia con la intención de ofrecer lo que a mi entender era la información básica o más importante y, en función de eso, hacer el tratamiento del trabajo de cámara.

López Gallego durante la rueda de prensa de "The Hollow Paint" en el Fant, acompañado de Iñaki López de Aguileta, director de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao.

López Gallego durante la rueda de prensa de “The Hollow Paint” en el Fant, acompañado de Iñaki López de Aguileta, director de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao.

En esta ocasión has contado con un atractivo reparto encabezado por Patrick Wilson, Ian McShine, John Leguizamo, James Belushi o Lynn Collins. ¿El contar con actores de este calibre te ha supuesto una mayor presión?

Claro que tienes esa sensación de ser un fan, por ejemplo, de McShane, y de pronto verte trabajando con él, pero como es encantador y una persona maravillosa que lo pone todo muy fácil… Así que, bueno, al principio un poco de mini estrés sí que pude tener, porque cada actor es distinto, tiene experiencias disímiles, y formas de enfrentarse a los personajes diferentes, lo que te obliga a reaccionar lo más rápido posible para saber cómo vas a resolver el trabajo concreto con cada uno de ellos. Pero una vez que empezó el rodaje se pasó. Además, todo el mundo que participó en la película entró con muchas ganas. El guion era muy potente, se leía muy bien, y los diálogos en inglés son muy finos, con muchos dobles sentidos, mucha ironía y un sentido del humor muy socarrón, lo que hacía que los actores estuvieran muy motivados.

En vista del reparto reunido, ¿es The Hollow Point tu película más ambiciosa hasta la fecha, aunque solo sea en términos productivos?

No lo sé. Sí que puede ser la película que ahora mismo siento más afín con el tipo de cine que me gusta ver y en el que pienso que puedo darle ese peso que me gusta a los actores. Tiene acción, tiene violencia, pero aparte de todo eso hay unos personajes a los que puedo dedicar tiempo.

Eso te iba a decir. Al igual que en tus anteriores películas, las relaciones que se establecen entre los diferentes personajes vuelven a tener un peso importante en el desarrollo de la trama. ¿Puede decirse que te sientes más interesado por el desarrollo de los personajes y sus relaciones que por las historias en las que habitan?

Por supuesto que si tienes una historia estupenda la película se va a contar sola. Pero si por alguna razón esa historia no es tan estupenda, sí que creo que rascando y rascando en los personajes puedes descubrir cosas que luego afecten a la historia y la complementen; elementos muchas veces subjetivos y/o emocionales que al final afloran en la película de determinada forma.

Como tenía ganas e ilusión, en mi primera película, Nómadas, dediqué un tiempo larguísimo a desarrollar biografías completas de los personajes para conocerlos. Y eso se me ha quedado posteriormente como método de trabajo y en cada guion que llega me enfrento a los personajes de esa forma. Lo que pasa en The Hollow Point es que la primera vez que leí el guion de Nils Lyew me encontré con que ese trabajo estaba casi ya hecho. El guion parece como si hubiera sido la adaptación de un libro, y entonces al leerlo tienes la sensación de que esos personajes tienen una vida detrás. Así que a la hora de desarrollar las biografías de trabajo no tuve que inventarme nada; lo único que tuve que hacer fue charlar con Nils y hacerle una entrevista como la que me estás haciendo tú sobre cada personaje.

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Una vez más, además de dirigir te has encargado también del montaje. ¿Te resulta difícil juzgar tu propio trabajo desde un punto de vista externo?

Siempre es complicado. Considero que soy capaz de disociarme a la hora de montar la película y no pensar en lo que he hecho como director, pero supongo que en el fondo es imposible. En cualquier caso, lo que sí que es vital para mí es saber que voy a ser el montador a la hora de rodar la película, porque así voy montándola en la cabeza y sé lo que estoy contando, y si voy bien, sobre todo en películas independientes como las que estoy haciendo, en las que no sobra el dinero y hay que dedicarles mucho tiempo a mimar las cosas y a planificarlas muy bien. No vale eso de “ya veremos luego cómo lo montamos”. No. Y yo así sé exactamente si lo tenemos o no lo tenemos.

Eso no quiere decir que lo que yo tenga en la cabeza sea lo mejor. Luego te sientas, discutes y a lo mejor alguien te sugiere mejores opciones. Pero así por lo menos sé que tengo una opción para montar que funciona. En relación a esto, me he dado cuenta que en el trabajo con los productores he aprendido bastante a ser más montador que director, y a probar lo que me están proponiendo y ver qué pasa. A no ser que lleguemos a un punto en el que lo que me estén proponiendo sea demasiado descabellado, claro, y entonces tenga que salir a proteger la película. Y en el caso de The Hollow Point en general ha habido un buen trabajo colaborativo. Ha habido peleas, cierto, pero peleas sanas que han hecho que la película casi siempre haya ido a mejor.

En una industria tan supuestamente estricta y controladora como la hollywoodiense, ¿te resulta difícil que transijan con exigencias como que te encargues personalmente del montaje o te rodees de gente de tu entorno, como puede ser el caso de José David Montero, tu inseparable director de fotografía?

Depende de la película. En Apollo 18 pude llevarme a José David. Pero finalmente fue al único que pude, aunque tampoco supuso un problema. Por ejemplo, me pusieron como diseñador de sonido a Wylie Stateman que, además de ser una persona maravillosa, ha hecho el sonido de todas las películas de Tarantino y Oliver Stone. Es toda una eminencia en Hollywood, aprendí mucho con él y aún seguimos siendo amigos.

En cambio, si son películas independientes como las dos últimas, sí que encuentro una forma para poder trabajar con la gente que quiero. Además de por la comodidad, al permitirme poder montar y hacer el sonido aquí en España, la mejor tarjeta que tengo de convencer a los productores para ello es el trabajo que ha hecho la gente de la que me rodeo. Y el sonido que hace Daniel Urdiales o la música de Juan Navazo hablan por sí solas.

De tus películas americanas, Apollo 18 fue estrenada sin pena ni gloria en España, mientras que Open Grave aún permanece inédita comercialmente hablando. ¿Te afecta de algún modo no ser profeta en tu tierra?

Me sorprendía al principio. Sobre todo en el caso de Apollo 18, que fue una película que en los Estados Unidos se estrenó en cines con tres mil trescientas copias, y en Inglaterra y Francia también se distribuyó de forma masiva. Sin embargo, en España lo hizo de forma muy restringida, aunque también influyó que era el momento en el que la crisis estaba en su punto más álgido. Pero es una pregunta complicada. Lógicamente me encantaría que mis películas fueran más visibles en España, para que, entre otras cosas, pudieran verlas mi familia y amigos y no se las tuviera que poner yo en casa, pero llega un momento en que me da igual.

Y después de tres películas consecutivas producidas en los Estados Unidos, ¿te sientes ya totalmente integrado en aquella industria?

Para nada. No me siento integrado en ninguna industria.

Entonces, ¿entra en tus planes volver a rodar alguna película en un futuro en España?

Sí. Yo vivo en España y quiero rodar aquí películas que me gusten. El problema es que en España no te llegan guiones y, aunque a mí me gusta tener ideas para guiones, ni soy escritor ni tengo tiempo ello. Es más, considero que aporto más como director a un guion ya hecho que si hago mis propias historias, porque sé que en este caso me puede la ansiedad de rodar y no tengo la paciencia que requiere un guionista para dedicar el tiempo necesario para hacer un trabajo firme.

Si en España hubiera un mercado de guionistas que estuvieran bien pagados, una industria de guiones y guionistas en suma, podría rodar aquí. Pero no la hay, por lo que debo centrarme en los guiones que me envía mi agente desde los Estados Unidos. No obstante, ahora mismo estoy intentando hacer una película en España con un guion de Nacho Faerna muy personal y muy bonito que se llama American Star. Estamos viendo cómo sacarlo adelante y sería estupendo el poder hacerlo aquí.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on mayo 13, 2016 at 6:32 am  Dejar un comentario  
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Hiena: el infierno del crimen

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Título original: Hyena

Año: 2014 (Gran Bretaña)

Director: Gerard Johnson

Productores: Stephen Woolley, Joanna Laurie, Elizabeth Karlsen

Guionista: Gerard Johnson

Fotografía: Benjamin Kracun

Música: Matt Johnson

Intérpretes: Peter Ferdinando (Michael Logan), Stephen Graham (David Knight), Neil Maskell (Martin), Elisa Lasowski (Ariana), MyAnna Buring (Lisa), Richard Dormer (Nick Taylor), Gordon Brown (Chris), Tony Pitts (Keith), Orli Shuka (Nikolla Kabashi), Gjevat Kelmendi (Rezar Kabashi), Tomas Craig (Harrison)…

Sinopsis: Michael Logan es un antihéroe de nuestro tiempo: un depredador natural y una singular combinación entre policía eficiente y corrupto, vinculado a los grupos narcotraficantes turcos que operan en Londres. Pero su oscuro universo se tambalea. La reciente llegada de una banda de violentos mafiosos albaneses amenaza con cambiar el paisaje delictivo de la ciudad. El agudo instinto de Michael siempre le ha mantenido a salvo, pero ahora su comportamiento, cada vez más autodestructivo, y la brutalidad de ese nuevo grupo de criminales, lo conducen hacia una descendente espiral de miedo y desconfianza.

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Tras recibir el beneplácito de la crítica con Tony, su ópera prima – una cinta de exiguo presupuesto que giraba en torno a un turbio asesino en serie bastante peculiar -, Gerard Johnson se aúna con Setphen Woolley, productor habitual de Neil Jordan, y con Katherine Butler, productora de filmes tan estimulantes como Berberian Sound System, Turistas o Convicto, para dar forma a Hiena: el infierno del crimen, ganadora del premio a la Mejor Película en la Sección Oficial – Òrbita del Festival del Festival de Sitges del pasado 2014, en la que, al igual que hiciera en su debut, vuelve a valerse de la ciudad de Londres como marco en el que localizar su historia.

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En esta ocasión la acción gira alrededor de un grupo de policías antinarcóticos de dudosa moral, y la espiral de violencia y traición en la que se ve atrapado Michael Logan (Peter Ferdinando), uno de sus integrantes. El tema, como podrán sospechar, no es ni de lejos algo novedoso. De hecho, pese a que dice que su principal fuente de inspiración ha sido Teniente Corrupto de Abel Ferrara, Johnson se desvía de la turbia y descarnada mirada del director neoyorquino (con los constantes desvaríos religiosos marca de la casa) para acercarse a terrenos más estilizados y modernos, adaptando su relato, tanto en el tono como en el discurso, a la trilogía Pusher de Nicolas Winding Refn.

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Con el propósito de dotar de la máxima de veracidad posible a su relato, Johnson realiza un amplio recorrido por Londres regalándonos diversas postales de la capital inglesa. Tampoco duda en mostrarnos a los habitantes de esos bajos fondos londinenses, esas hienas a las que hace referencia el título, hasta en sus oscuros y violentas fechorías. Sin embargo, y pese al realismo que se le ha querido otorgar, Johnson no puede evitar traicionarse, echando mano de un montaje con atractivas cámaras lentas e hipnóticas melodías compuestas por Matt Johnson, para terminar haciendo lo que quizá es lo más recriminable: formular el mismo discurso amoral y planteando con su final abierto las idénticas preguntas que se hacían en la referida trilogía del director de Drive.

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Sin embargo, y a pesar de que de algún modo ya te conoces este tipo de películas, Johnson sale del paso gracias a un plantel de actores en plena forma y al que es prácticamente imposible no creer. Desde un impresionante Peter Ferdinando (primo y actor fetiche del director, al que también hemos podido ver en 300, El origen de un imperio o A Field in England), a una camarilla de secundarios del todo brillante, entre los que se pude destacar a Stephen Graham (al que muchos recordarán por su papel de Tommy en Snatch, cerdos y diamantes), o un actor que a mí personalmente cada vez me gusta más como es Neil Maskell (visto en Kill List, Open Windows, o el remake inglés de Pusher).

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En definitiva, no estamos para nada ante una obra fallida ni carente de interés. Hiena: el infierno del crimen juega hábilmente con su puesta en escena, y añade a su carácter semi documental algo del arrojo visual propio de cierto tipo de cine actual. Lo único que se echa de menos es un poco de personalidad, algo que con toda seguridad podrá solventar Gerard Johnson en sus futuros trabajos.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

Published in: on diciembre 18, 2015 at 8:07 am  Dejar un comentario  
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Coche policial

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Título original: Cop Car

Año: 2015 (Estados Unidos)

Director: Jon Watts

Productores: Alicia Van Couvering, Cody Ryder, Jon Watts, Andrew Kortschak, Sam Bisbee, Theodora Dunlap

Guionistas: Jon Watts, Chritopher D. Ford

Fotografía: Matthew J. Lloyd, Larkin Seiple

Música: Phil Mossman

Intérpretes: Kevin Bacon (Sheriff Kretzer), James Freedon-Jackson (Travis), Hays Wellford (Harrison), Camryn Manheim (Bev), Shea Whigham (Hombre), Sean Hartley (Policía en moto)…

Sinopsis: Dos niños encuentran un coche de policía en medio del campo y con las llaves puestas. No tardan ni un instante en darse una vuelta en él. El problema es que el vehículo pertenece a un sheriff de moral dudosa que se lanza a la carretera para dar caza a los dos muchachos y que los acosa con una pregunta: ¿habéis abierto el maletero?

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Parece que cada vez más pronto el mainstream hollywoodiense recluta talentos provenientes del cine independiente para sus proyectos más ambiciosos y de momento no le está yendo nada mal. Tenemos de ejemplo a James Gunn, cineasta que inició sus andaduras en Troma y que después de dirigir las muy estimables Slither. La plaga (Slither, 2006) y Super [dvd: Super, 2011], pasó a formar parte del universo Marvel con la exitosa Los guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014); o a Colin Trevorrow, que tras la discreta pero muy recomendable Seguridad no garantizada (Safety Not Guaranteed, 2012), consiguió captar la atención del mismísimo Steven Spielberg para que reiniciara la saga jurásica en Jurassic World (Jurassic World, 2015), logrando batir, para sorpresa de muchos, todos los records de taquilla.

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Pues bien, si nada falla Jon Watts, que en su haber cuenta con la cinta de terror producida por Eli Roth Clown (2014), podría convertirse en la próxima esperanza de Sony y los Estudios Marvel para llevar a cabo el enésimo remake, reboot o como narices quieran llamarlo, de Spider-man[1]. El motivo es que Watts, que proviene del mundo de la televisión y que siempre ha tenido un pie en el terreno de la comedia (véase su participación en el experimento coral Our Robocop Remake, disponible en YouTube), parece haber despertado el interés de las majors con este, su último trabajo, Coche policial, una pequeña marcianada que se presenta como un cruce entre Cuenta conmigo (Stand by Me, Rob Reiner, 1986) y Sangre fácil (Blood Simple, 1984) de los hermanos Coen.

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Al igual que tantos otros de su generación, Jon Watts creció viendo películas como Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985), es decir, cintas de aventuras protagonizadas por niños y que solían carecer de cualquier figura paternal. En Coche policiaco ocurre lo mismo pero de una forma más acusada si cabe, pues debido a la falta de conciencia de los críos a la hora de meterse en líos, no pasa demasiado tiempo hasta que nos preguntamos qué narices hacen solos deambulando por el bosque o cómo es posible que los padres no se percaten de su ausencia y den la alarma en algún momento del metraje.

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Así que, si en aquellas producciones ochenteras de la Amblin podíamos empatizar con sus jóvenes protagonistas e incluso disfrutar con las alucinantes peripecias que vivían, en el film de Watts la cosa se tiñe de un tono mucho más oscuro y siniestro. Aquí los niños se pasan toda la película imitando a los mayores, diciendo palabrotas, conduciendo un coche de policía a todo trapo o jugando con armas de fuego. Por lo tanto, si en la ya citada Cuenta conmigo asistíamos a la pérdida de inocencia de un grupo de mozalbetes, en Coche policial vemos el camino inverso, es decir, debido a los truculentos sucesos que ocurren, el viaje hacia la madurez que intentan realizar los zagales (montados en un coche policial, por supuesto) se ve frustrado y se ven obligados a aceptar finalmente la inocencia propia de su edad.

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La culpa de ello la tiene un Kevin Bacon en el cenit de su carrera y sorprendente en cada nuevo papel que encarna. Aquí acepta el reto de meterse en la piel del despiadado y amoral sheriff Kretzer[2], y está francamente plausible jugando al gato y al ratón con los dos jóvenes protagonistas de la cinta, Hays Wellford y James Freedson-Jackson, a quiénes, todo sea dicho de paso, habría que seguirles muy de cerca en sus respectivas carreras.

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Habría que destacar también el efectivo empaque visual de la cinta, obra de Matthew J. Lloyd y Larkin Seiple, que consigue sacar partido del áspero paisaje de Colorado, lugar en el que, no por casualidad, se crió el realizador; y como no, la banda sonora compuesta por Phil Mossman, uno de los más interesantes compositores del cine indie actual [suyas son las bandas sonoras de Orígenes (I Origins, Mike Kahill, 2014) o Somos lo que somos (We Are That We Are, Jim Mickle, 2014)] y que en el score de Coche policiaco utiliza algunas partituras de piano compuestas por su hijo de 13 años para darle ese toque entre cándido y oscuro que necesita.

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Puede que debido a su siniestro sentido del humor y el estar ante una historia decididamente intimista en la que apenas hay cuatro personajes importantes, el resultado final pueda parecerle un tanto irregular o extraño al gran público. Por eso no deja de ser algo sorprendente que se le confíe a Jon Watts una producción tan cara (y tan en el punto de mira)[3] como las aventuras del hombre araña. Sin embargo, al igual que ocurría con los dos ejemplos que hemos puesto al inicio de esta reseña, es decir, Gunn y Trevorrow, puede que estemos ante un nuevo artífice que encuentre la pieza que le falta a los grandes estudios para volver a entusiasmar a unos espectadores saturados ya de tanto remake y efectos especiales. Veremos.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

[1] El anterior encargado de llevar las riendas de la saga arácnida fue Marc Webb, director de (500) días juntos [(500) Days of Summer, 2009], y antes que él fue Sam Raimi.

[2] Apellido que hace referencia al policía corrupto de El gran carnaval (Ace in the Hole, 1951) de Billy Wilder.

[3] Debido a que las dos entregas anteriores de Spider-man dirigidas por Webb no cumplieron las expectativas esperadas, han vuelto a reiniciar a reiniciar la saga (del mismo modo que hicieron después de la tibia acogida (crítica que no de público) del Spider-man 3 de Sam Raimi).

Published in: on noviembre 27, 2015 at 6:22 am  Dejar un comentario  
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Estreno en España de “Coche policial”

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Tras su paso por el pasado Festival de Sitges, este viernes llegará a las pantallas españolas de la mano de La Aventura Audiovisual  Coche policial (Cop Cap, 2015), de Jon Watts. Estrenado durante la última edición de Sundance, el film, protagonizado por Kevin Bacon, se fue gestando en la mente de su director a modo de reiterada pesadilla. “He tenido este sueño desde que era un niño. Voy con mi amigo en el coche de mi madre conduciendo por la ciudad. Yo en el asiento del acompañante y él conduce, y va cada vez más rápido, y adelantamos a mucha gente pero no nos detenemos, y me voy poniendo más y más nervioso. Y entonces me despierto. Siempre he pensado que de ahí podía surgir algo apasionante que sirviese de base para una película, y pensé, ¿y si ese coche fuese un coche de policía?” Esta es la base de un efectivo thriller minimalista que admite comparaciones con clásicos ásperos e inquietantes como Sangre fácil (Blood Simple, 1984) de los hermanos Coen.

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Sinopsis: Dos niños encuentran un coche de policía en medio del campo y con las llaves puestas. No tardan ni un instante en darse una vuelta en él. El problema es que el vehículo pertenece a un sheriff de moral dudosa que se lanza a la carretera para dar caza a los dos muchachos y que los acosa con una pregunta: ¿habéis abierto el maletero?

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LA CRÍTICA HA DICHO DE ELLA:

“Una muy buena máquina de entretenimiento, , llena de imágenes atractivas y grandes interpretaciones” (The New York Times)

Coche policial avanza muy bien, aunque su final es algo grosero. Es una película que merece mucho la pena”. (Vulture)

“No resulta tonta, incluso en sus partes más excesivas, en gran parte gracias a un elenco comprometido de actores nada desechables.” (Variety)

“Un trabajo sorprendente que recuerda a los viejos thrillers de John Dahl de los 90”. (The A.V. Club)

Published in: on noviembre 23, 2015 at 4:29 pm  Dejar un comentario  

Entrevista a Phil Hawkins, director de “The Last Showing”

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Puede considerarse a Phil Hawkins todo un niño prodigio del cine inglés. Formado de modo autodidacta, con tan solo trece años ya había realizado su primer corto y con veinticuatro su ópera prima. Ahora, recién entrado en la treintena, acumula diferentes reconocimientos y galardones, tanto en festivales cinematográficos como de spots publicitarios, habiendo dirigido también videos musicales y espacios televisivos. Por si aún quedaran dudas acerca de su valía, cabe añadir que el propio Steven Spielberg en persona le apadrinaría hace unos años en un reality show catódico sobre cineastas emitido en los Estados Unidos.

Con todo este bagaje a sus espaldas, Hawkins visitaría “Nocturna” para presentar The Last Showing, uno de los dos films recientes que pudieron verse a lo largo del certamen protagonizados por el más mediático de los Maestros del Fantástico de este año: Robert Englund. En ella, el intérprete de Freddy Krueger da vida a un viejo proyeccionista de cine que, tras ser apartado de sus funciones debido a la implantación de los sistemas digitales, llevará a cabo una retorcida venganza: secuestrar a una pareja de espectadores para obligarles a participar en el rodaje de una película terrorífica en la que las muertes de los personajes sean verídicas. Esta sencilla trama da pie para que el joven cineasta inglés realice un ejercicio metacinematográfico en el que, entre otras cosas, reflexiona acerca de las nuevas formas de consumir el cine por parte del público, tal y como él mismo nos expuso en la entrevista que mantuvimos a propósito de la proyección de su película.

¿Cómo surge el proyecto de The Last Showing?

Como supongo que les ocurrirá a otros directores, siempre había pensado en escribir y rodar una película de terror, pero me frustraba el hecho de que en el cine de terror moderno prevalezca por encima de todo el intentar impresionar al espectador por medio del gore, mientras que mi intención primera era filmar una película más cercana al terror psicológico. No obstante, cuando me metí de lleno en la escritura del guion me di cuenta de que me inclinaba casi más hacia el psychothriller que hacia el terror. También fue durante este primer proceso cuando la figura de Robert me vino a la mente y así fue como la historia, además de ir tomando forma, fue adquiriendo un estilo propio, casi de film de meta-terror, en el que además a través del personaje de Robert podía aprovechar para expresar mi opinión acerca del cine de terror actual.

Como dices, tus anteriores películas se encuentran bastante alejadas del género terrorífico. ¿Qué te llevó a hacer un film de este género?

Aún intento encontrar mi propio estilo, así que siempre estoy probando cosas diferentes. Por ejemplo, mi última película está más encuadrada dentro del género de acción o aventuras, por lo que es bastante distinta a The Last Showing. Siempre y cuando me sienta interesado en abordar y desarrollar unos personajes o una historia en concreto que me atraigan, no me importa realmente el género al que pertenezcan.

Por ejemplo, lo que hemos intentado reflejar en The Last Showing es el cambio que se ha producido estos últimos años en el modo en que consumimos cine, así como también la manera en que está evolucionando el terror. Me encanta el cine de terror, pero tampoco todo: me gustan sobre todo Carrie, La semilla del diablo, Pesadilla en Elm Street y otras por el estilo. Esas son mis películas preferidas, y The Last Showing es una especie de reacción a la metamorfosis que el género ha sufrido estos últimos tiempos.

Dado tu bagaje previo, ¿existe mucha diferencia entre rodar una película de terror y otra de otro género?

Sí, supongo que es diferente, pero porque cada película es diferente. La manera de rodar que elijas en cada caso, más que por el género, viene determinada por la historia que quieras contar. Siempre intento adaptar mi manera de filmar a la historia que cuento, si creo que de esa manera voy a poder mejorarla sustancialmente. En una película de terror, o en un thriller, el trabajo con la cámara es absolutamente crucial, y más aún en un film como The Last Showing, donde el cine además es el escenario principal, y en el que una correcta utilización de la fotografía o de la iluminación es primordial. Así que sí, cada película es diferente porque siempre depende de la historia y de lo inspirado que estés a la hora de ser capaz de exprimirle todo su potencial.

Robert Englund y Phil Hawkins posando para los medios.

Robert Englund y Phil Hawkins posando para los medios.

El principal reclamo de cara al público con el que cuenta la película es, sin lugar a dudas, la presencia de Robert Englund, cuyo rol guarda ciertas semejanzas con otros papeles suyos como Freddy Krueger o El fantasma de la ópera, dado su perfil de demiurgo de la historia. ¿Escribiste el personaje pensando expresamente en él?

Sí. Obviamente conozco el trabajo de Robert en la saga de Pesadilla en Elm Street y en El fantasma de la ópera, así como en muchos otros trabajos más, pero Robert es un actor al que siempre he querido ver haciendo algo diferente: verle protagonizar una película en la que no tuviera que estar todo el rato detrás de la máscara, o interpretando personajes demasiado excéntricos cuyo único propósito sea el de asustar. Sabía que un actor de su talento sería capaz de hacer algo distinto, así que, cuando escribí esta historia, y al ser de alguna forma una película de meta-horror, se me ocurrió que lo idóneo sería que una leyenda del género interpretara a este personaje en concreto, y Englund fue muy receptivo cuando se lo propuse, lo cual me alegró muchísimo, por supuesto.

Como admirador del género ¿te sentiste intimidado a la hora de trabajar con toda una leyenda como él?

¡Por supuesto! (risas) Recuerdo que tuvimos una larguísima conversación por teléfono acerca del personaje y realmente no daba crédito a estar hablando personalmente con él. He visto un montón de películas suyas y, obviamente, lo admiraba. Pero lo bueno de mi relación con Robert es que simplemente conectamos: tiene un conocimiento cinematográfico casi enciclopédico, así que sabía exactamente lo que hacer en cada momento, cómo abordar su personaje de forma profesional, directamente, sin tonterías ni pérdidas de tiempo.

Robert estaba comprometido por completo con la película y trabajamos en equipo perfectamente. Eso sí, en muchos momentos no pude evitar tener presente que este tipo fue el que me asustó cuando era niño interpretando a Freddy Krueger; de hecho, recuerdo haberle corregido levemente su actuación en un momento dado, y unos segundos después pensado: “¡Oh, Dios mío! ¡Le he dicho a Robert Englund que algo que ha hecho no me ha gustado!” Sin duda existieron esos momentos en los que era plenamente consciente del nivel de la leyenda con la que estaba trabajando, pero con lo que me quedo al final de la experiencia es con su compromiso y sus ganas de trabajar. Fue un auténtico placer trabajar con Robert. Aparte, él es totalmente opuesto al personaje que interpreta, lo cual creo que otorga a su trabajo mucho más mérito del que ya de por sí posee.

Y, en general, ¿cómo fue el trabajo con el equipo de actores, teniendo en cuenta lo reducido del reparto y el hecho de que en muchas escenas tuvieran que trabajar sin tener que interactuar con nadie?

Bueno, durante el rodaje combinamos diferentes estilos de interpretación, porque teníamos actores de diferentes escuelas: unos eran más proclives a la improvisación, pero a Robert, por ejemplo, le gusta tenerlo todo controlado, por lo que era muy interesante verles colaborar juntos e intentar sincronizar sus casi opuestas formas de trabajar.

Una película de este estilo era muy desafiante para los intérpretes, porque cuando actuaban en las escenas situadas en el cine tenían que reaccionar ante la pantalla sin tener nada delante; tenían que ser capaces de mostrar toda una serie de emociones ante algo que no podían ver. Pero por fortuna podían verse a sí mismos en el combo después de rodar cada escena, para así poder ir puliendo los errores que hubiera en cada momento. Además, Robert, al ser el último en incorporarse el rodaje, pudo reaccionar a todas estas escenas grabadas previamente en la sala de cine, por lo que su parte fue relativamente más sencilla que la de los otros, ya que pudo reaccionar ante algo más tangible.  Técnicamente fue muy laborioso, pero creo que, tras toda la posproducción y el trabajo de montaje, realmente funciona muy bien.

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A lo largo del metraje haces multitud de referencias y guiños a los aficionados al género, empezando por el hecho de que los protagonistas vayan a ver Las colinas tienen ojos 2 de Wes Craven. ¿Era una manera de homenajear al cine de terror que te ha influenciado?

Por supuesto. Mi intención era incluir tantas referencias como me fuera posible en lo que al cine de terror respecta, y Wes era una cita obligada debido a la presencia de Robert Englund en la película. Por otra parte, al tratarse de una película ambientada en un cine, nos pudimos permitir el capricho de llenarlo todo con posters y fotos de otras películas, al tiempo que intentamos emular planos de films míticos, como El resplandor y muchos otros. Sabía que esta clase de referencias les iba a encantar a los fans del terror en general y a los de Robert en particular. Y aunque no soy demasiado aficionado a la moda del torture porn, también incluí referencias a estos títulos más modernos en consideración con el segmento más joven de la audiencia. Quizás algunos espectadores puedan opinar que hay demasiados homenajes, o incluso que son innecesarios, pero para mí resultó muy divertido la posibilidad de ir deslizando todas estas referencias a lo largo del metraje.

En cualquier caso, homenajes aparte, mi principal propósito era rodar una película que no estuviera libre de controversia: que no estuviera del todo seguro de si el público realmente iba a querer ir a verla.

La preponderancia de temas y ambientes puramente cinematográficos da pie para que, como ya has adelantado, realices un ejercicio metalingüístico en el que reflexionas acerca del modo en el que ha cambiado el cine en diferentes campos con el transcurrir de los años. ¿Dicho componente estaba ya desde el principio o surgió sobre la marcha?

Originalmente la idea era hacer una película situada en una sala de cine, pero luego se fue transformando de forma progresiva en una especie de reacción al terror moderno, en confrontación con el más clásico. Así que, en realidad, todo surgió de manera bastante orgánica, como ya dije antes, como una respuesta a los cambios que el género ha ido experimentando estos últimos años.

Este componente metalingüístico acerca a The Last Showing a otros ejemplos de lo que podríamos denominar cine de terror posmoderno, como puede ser el caso de Scream, por seguir con Wes Craven. ¿Era esa tu intención?

Me encanta Scream, creo que es una película muy original. De ese estilo también me gusta mucho La cabaña en el bosque; me pareció fantástica. Me gustan las películas que no sólo se atreven a cuestionar otras películas, sino también aquellas que cuestionan la manera en que percibimos la realidad y que nos fuerzan a replantearnos nuestra propia manera de vivir. Y no tienen por qué pertenecer forzosamente al género de terror: ahí tenemos por ejemplo El show de Truman. Es por ello que The Last Showing no es sólo un film de terror. También aborda el conflicto héroe-villano, y creo que es interesante ver la transformación de villano a héroe que sufre el personaje de Robert en la película.

Englund y Hawkins en un instante de la rueda de prensa de "The Last Showing" en "Nocturna".

Englund y Hawkins en un instante de la rueda de prensa de “The Last Showing” en “Nocturna”.

El debate que planteas se divide entre el modelo clásico de consumir cine representado por Stuart, el personaje interpretado por Englund, y el concepto más moderno que encarna la joven pareja protagonista. ¿Cuál es tu posición personal en este enfrentamiento?

En mi caso lo que pretendo con cada nuevo proyecto es hacer una película lo más exitosa posible, y que la vean todo tipo de audiencias, a ser posible en una sala oscura y rodeado de otros espectadores. Pero la distribución ahora está cambiando, quizás de una manera excesiva con el video-on-demand, aunque tampoco es que esté en contra de ese tipo de exhibición en concreto. Soy consciente de que el cine también lo consumen  padres con sus hijos pequeños, así como parejas jóvenes, por lo que no puedes enfocar tu película exclusivamente a un determinado tipo de público o a un único modelo de exhibición. También pienso que, en cierto sentido, es triste que se haya perdido la figura del proyeccionista. Actualmente, cuando voy a una sala de cine, no hay nadie a quien reclamar cuando la imagen se ve mal o hay problemas con el sonido. Donde antes había una persona, por desgracia, hoy en día sólo hay un ordenador.

Debido a sus motivaciones subyacentes, es fácil que ciertos espectadores, entre los cuales me incluyo, puedan desarrollar cierta empatía hacia Stuart, lo que no deja de ser paradójico tratándose de un psicópata…

Era importante que Stuart fuera ante todo un personaje frustrado por el sistema, y que esto se viera representado sobre todo en la figura de su jefe en el cine, el personaje al que tan bien interpreta Malachi Kirby. Para mí el personaje de Stuart es el verdadero héroe de la película, quizás porque es el que más se parece a mí, además de porque me parecía divertido que la audiencia sintiera simpatía por el supuesto villano de la película y que además comprendiera sus motivaciones a la hora de hacer lo que hace.

El final abierto de la película da pie para una posible segunda parte. ¿Se encuentra tal posibilidad entre tus planes?

En efecto, estoy abierto a una continuación. Actualmente estamos escribiendo una secuela, así que si los fans quieren, si esta primera parte funciona, el proyecto de una secuela es posible, de ahí ese final abierto. Así Robert puede regresar: el personaje del proyeccionista nunca va a morir.

Ya por último, sé que acabas de rodar una nueva película titulada Four Warriors. ¿Qué nos puedes adelantar sobre ella?

Four Warriors es una película de acción y aventuras situada en épocas medievales, al estilo de Juego de tronos pero en un tono mucho más familiar, sin desnudos ni sexo. Poco más puedo desvelar de ella. Creo que es posible que se estrene este verano o de aquí a final de año, como muy tarde.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Ángeles robados

Título: Ángeles robados

Autor: Shaun Hutson

Editorial: Tyrannosaurus Books

Datos técnicos: 376 páginas (Barcelona, enero, 2015)

“… no es que no la crea, pero venir aquí y decir algo como eso (…) es como una escena de una mala película de terror.”

Fuera de los ámbitos literarios, Shaun Hutson es principalmente conocido por ser el autor de la historia que dio origen a Slugs, muerte viscosa, el entrañable mini-clásico del terror patrio dirigido por Juan Piquer Simón en 1987, novela que – al igual que estos Ángeles robados – se encuentra desde hace algún tiempo disponible en librerías de la mano de la editorial independiente Tyrannosaurus Books: empeño digno de aplauso el de la modesta empresa barcelonesa por publicar en nuestro país la obra de un escritor tan prolífico como desconocido por estos lares como es Hutson, aunque es una lástima que todo ese esfuerzo esté destinado finalmente a dar a conocer una obra tan decepcionante como es la presente.

Precisamente, si existe una característica que defina el estilo desarrollado por el autor inglés, tanto en esta novela como en la mayoría de sus obras adscritas al género, es su tan excesiva como perniciosa dependencia de los más ramplones recursos narrativos del lenguaje cinematográfico: y es que, y aún contando con un interesante epicentro argumental que combina de manera ecléctica satanismo, pedofilia y maldiciones mortales, conforme vamos pasando las páginas no podemos evitar tener la sensación de que Hutson se limita en todo momento a reimaginar el guión de un mal thriller a la hora de dar forma a su novela, sin que apenas se gane en lo que a calidad literaria respecta con el cambio de formato.

Así pues en Ángeles robados hincha hasta lo indecible lo escueto de su atractiva historia principal mediante la suma de una serie de mucho menos interesantes subtramas y situaciones de relleno, a la vez que hace progresar la trama mediante el uso y abuso de unos estereotipados y previsibles diálogos, como ya señalamos más propios de una mala película de Serie B que de un escritor que se tome a sí mismo, o a sus lectores, mínimamente en serio. Redundando en estos vicios contraídos del séptimo arte, nos podemos encontrar asimismo con una desmesurada inclinación por una tan minuciosa como estéril descripción de personajes y ambientes, sirviéndose la mayor parte de las veces de esta técnica para situar al lector desde un punto de vista visual en los escenarios donde se desarrolla la acción, pero jamás en pos de potenciar la caracterización de sus más bien impersonales protagonistas.

De esta manera, Hutson parece más interesado en sobredimensionar hasta el más mínimo detalle del vestuario o el mobiliario antes que en profundizar en las motivaciones y/o sentimientos de sus desdibujados personajes: justamente por su condición de vacuos estereotipos andantes, fruto de la absoluta incapacidad de su creador a la hora de hacernos partícipes de su mundo interior, resulta extremadamente difícil llegar a sentir un mínimo de empatía por cualquiera de los roles principales. En este sentido es obligado señalar el del inspector Talbot, simplista y muy poco original amalgama de todas aquellas peculiaridades que definen por principio a los duros protagonistas del género noir, ya sea en su variante literaria o cinematográfica, y que en esta ocasión por desgracia no consigue evolucionar más allá del monolítico y consabido cliché.

Y aunque al menos se percibe una cierta voluntad de enriquecer el relato a través del uso de una narración a tres bandas, en la que el protagonismo se va alternando entre los principales personajes, tal estrategia deviene como resultado en una historia mucho más deslavazada e impresionista de lo que cabría desear. Así las cosas, la principal dificultad que Piquer Simón achacaba a la novela original de Slugs a la hora de ser trasladada a la gran pantalla (“No tiene una historia coherente, sino que son fragmentos de pequeñas estampas con los bichos” [1]) puede extrapolarse perfectamente a ésta: a lo largo de los noventa y seis capítulos en los que se divide un libro que, recordemos, no supera las cuatrocientas páginas, Hutson nos ofrece una serie de escenas breves que, si bien pueden llegar a funcionar de manera independiente, están muy lejos de formar una historia consistente como conjunto.

En este caso en concreto este enfoque excesivamente episódico no beneficia por lo tanto ni a la construcción de una historia sólida ni a atrapar la atención del lector de una manera más o menos continuada: defectos estos a los que habría que añadir lo limitado que se muestra el autor en lo que a exhibir sus (escasas) habilidades literarias se refiere. De este modo podemos encontrarnos con metáforas tan “evocadoras” como “Las hojas yacían esparcidas por el césped como si fueran confeti verde”, por citar sólo una de las más desafortunadas y cursis imágenes con las que nos podemos topar en este sentido a lo largo del texto.

Aún teniendo en cuenta todas sus flaquezas, quizás lo más molesto de aproximarse a la lectura de Ángeles robados sea la manera en la que incluso el propio Hutson parece acabar aburriéndose de su propia historia: así, y consciente de su ineficacia a la hora de sacar partido de sus ya agotados contenidos, decide en sus últimas páginas forzar un cambio de rumbo en el que el grueso de lo explicado anteriormente carece súbitamente de importancia. De hecho se deja en suspense gran parte de la trama principal en favor de un tramo final tan efectista como tramposo y que, por muy sorprendente o inesperado que llegue a resultar, no es tan brillante como para hacernos olvidar los infinitos cabos sueltos que el autor se ha ido dejando chapuceramente en el camino.

En última instancia, y retomando el símil cinematográfico, Ángeles robados podría ser considerada, tanto en la forma como en el fondo, el equivalente a aquellas películas que a finales de los 90 intentaron saquear con más pena que gloria el éxito de Seven (Seven, 1995) de David Fincher, sin que responda a la casualidad el hecho de que la novela esté escrita un año más tarde del estreno del célebre film protagonizado por Brad Pitt. Como Postmortem (Postmortem, 1998) de Albert Pyun o Resurrección (Resurrection, 1999) de Russell Mulcahy, nos encontramos ante un refrito de temas mucho mejor tratados en otras obras, que en muy pocas ocasiones logra zafarse de su asumida condición de sucedáneo y con ello, de su mediocridad literaria.

José Manuel Romero Moreno

[1] Extraído de “Entrevista a Juan Piquer Simón” de Manuel Valencia en el libro coral coordinado por Carlos Aguilar,  Cine fantástico y de terror español 1900-1983 (Donostia Kultura, 1999), pág. 440.

Hantik Films pone a la venta el thriller de horror alemán “Dead Past”

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Hantik Films vuelve a la carga. Tras unos meses de inactividad, el sello francés responsable de la celebrada “The Scare-ific Collection” anuncia la salida para el próximo 5 de junio de una nueva referencia. Se trata de la producción alemana del pasado 2010 Dead Past, thriller de horror dirigido por Daniel Flügger.

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Protagonizada por la estrella televisiva Simon Gosejohann, y con la voz como narrador del doblador germano de Samuel L. Jackson, Helmuth Krauss, Dead Past narra el descenso a los infiernos de David, cuando decide regresar a la casa de campo en la que fuera asesinada su esposa en busca de respuestas que aclaren lo sucedido. Allí descubre que en algún momento el asesino retornará al lugar del crimen, por lo que decide pasar el invierno esperándole. Lo que no sospecha es que a lo que se enfrenta es, en realidad, a una maldición…

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Hantik Films lanza la película en una edición en Dvd en versión original con subtítulos en castellano y francés. La edición no tiene distribución en España, aunque puede adquirirse a través de Paypal por 10 € en el siguiente mail: contact@sinart.asso.fr

Published in: on mayo 25, 2015 at 7:32 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Nando Torres, protagonista de la última película de Martín Garrido “El hijo bastardo de Dios”

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Recientemente asistimos al estreno en España de El hijo bastardo de Dios, la nueva película escrita y dirigida por Martín Garrido Ramis, conocido por ser el responsable de cintas como Mordiendo la vida (1986), con Paul Naschy, o Héroes de cartón (2001), protagonizada por Antonio Mayans.  A excepción de algún cortometraje (Manolito, de 2005, por ejemplo), Garrido no había dirigido ningún proyecto desde hacía casi quince años, y ahora, en 2015, regresa con un filme sobre un hombre completamente amargado en busca de la felicidad, en un cóctel con elementos de denuncia social y thriller ultra-violento.

Para hablar de la película entrevistamos a su protagonista, el actor mallorquín Nando Torres, quien tuvo el reto de interpretar hasta cinco registros diferentes durante el rodaje.

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  • Antes de centrarnos en El hijo bastardo de Dios hablemos un poco de ti, de tus inicios como actor. ¿Cómo fueron?

A los 13 años inicié mis clases de Teatro en la escuela de Manel Barceló, a partir de ahí, fui pasando por varias escuelas hasta que por motivos personales lo dejé. Años más tarde decidí que era el momento de luchar por mi pasión y retomé el tema. El último curso que realicé fue uno de “preparación a un casting” impartido por el cineasta  Santiago Zannou, hace menos de un mes en Madrid.

  • Has trabajado en teatro, publicidad, cine… ¿en qué medio te sientes más cómodo?

Lo cierto es que es difícil esa elección, ya que me siento muy cómodo en todos. El teatro es mágico, pero el cine y la televisión tienen algo especial que te permiten vivir la interpretación de una forma muy diferente, quizás con menos adrenalina, pero también de un modo intenso. Personalmente trato de trabajar de la misma forma, sobre todo en cuanto a la preparación de los personajes.

  • Pasemos a tu nueva película ¿En que momento te llegó el guión de El hijo bastardo de Dios?

Puede que en el momento justo. Hacía tiempo que esperaba la oportunidad de volver a rodar y tenía todas las ganas del mundo. Así que no dudé en aceptar, más aún después de leer el guión.

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  • ¿Qué te pereció la historia tras su primera lectura, sobre todo al descubrir que tenías que interpretar cinco personajes diferentes?

Creo que es un todo un reto para cualquier actor/actriz. Evidentemente no lo dudé, supe que iba a ser una gran oportunidad para mí. Arriesgada, pero muy valiosa. Por mi parte he tratado de darle a cada personaje su propia personalidad, intentando destacar la enorme diferencia que hay entre ellos, respetando siempre los límites marcados por el director.

  • La película es una combinación de diferentes géneros que van del thriller, al drama social, con momentos eróticos y otros directamente cómicos. ¿Tú cómo la definirías?

Aciertas de pleno en los adjetivos; es un intento de reflejar algunos de los problemas de la realidad actual, por lo tanto, como en la vida, hay un poco de todo. Las diferentes situaciones están muy marcadas por un método de montaje y de interpretación muy directo y visceral. Creo que debe ser el público quien la defina, ya que a algunas personas les marcará más una historia que otra. Todo dependerá de eso.

  • Como hemos dicho, interpretas cinco personajes en la película. Estos individuos son muy diferentes entre ellos: un pobre lisiado maltratado por la sociedad, un asesino en serie, un productor de televisión agresivo… ¿Cómo fue el proceso de preparación de cada personaje?

Está claro que no fue fácil para mí, sobre todo si tenemos en cuenta los perfiles tan dispares de los personajes. En mi caso no intento parecerme al personaje, intento ser el personaje. Con alguno sufrí más que con otros…pero gracias al trabajo de todos (el equipo de rodaje), creo que conseguimos darle su propia personalidad a cada uno de ellos.

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  • ¿Cómo fue el método de dirección de Martín Garrido Ramis? ¿Te dejaba crear los personajes libremente o marcaba mucho la dirección, con ensayos previos, etc.?

Es un director que tiene muy claro lo que quiere. Eso te deja poco margen para la improvisación pero, al mismo tiempo, si está dentro del perfil marcado por él, te permite adaptar el personaje a tu idea del mismo. Fue toda una experiencia para mí. Una oportunidad única para seguir creciendo e intentar aprender.

  • ¿Cómo elaboró el equipo de dirección el plan de rodaje? ¿En base a cada uno de los personajes que interpretas (filmándose primero, por ejemplo, todas tus secuencias como asesino) o más bien pensando en otros elementos como las localizaciones, iluminación, etc.?

Debido a mis cambios físicos no hubo otra opción que adaptar el plan de rodaje a mis personajes. Así que los rodamos uno tras otro hasta llegar al personaje principal, ya que cambié mi corte de pelo, mi peso, etc.

  • ¿A qué público crees que va dirigida la película?

A cualquier espectador al que le guste el cine de autor, independiente y/o cine denuncia. Es evidente que no es una película “comercial”, y tampoco está hecha con ese propósito. De lo que se trata es que el espectador acabe sintiéndose reflejado con alguna de las historias que aparecen en la película.

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  • No es la primera vez que trabajas con Garrido. En 2012 ejerciste de secundario en Mediterranean Blue un thriller inédito en España escrito por Garrido Ramis y dirigido por su hijo Martín Garrido Barón (responsable de H6: diario de un asesino de 2005). En aquella compartías cartel con actores como Tony Isbert, Tony Tarantino o Juan Fernández. ¿Qué tal fue la experiencia?

La experiencia fue única. Siempre agradeceré a Martín Garrido (hijo) la oportunidad que me dio. Poder trabajar junto a ese gran reparto es un lujo y algo muy poco probable para un actor/actriz en Baleares. Está claro que Mediterranean Blue fue un punto de inflexión en este inicio de mi carrera. Afortunadamente, he tenido la suerte de poder trabajar con Garrido Ramis y Garrido Barón, y lo cierto es que cada uno de ellos tiene una forma distinta de dirigir, y eso es algo que también te ayuda a crecer como actor.

  • ¿Conocías y/o habías visto las películas previas dirigidas por Martín Garrido Ramis?

Forma parte de mi preparación de personajes y, evidentemente, vi todas las que pude.

  • Desde tu posición de actor, ¿cómo ves el panorama actual del cine español?

Afortunadamente parece que el gran público empieza a valorar las producciones nacionales, tanto en cine, televisión y teatro. L@s guionistas español@s tienen una capacidad de creación enorme. Desde hace tiempo se está valorando el trabajo de los directores y cada vez más el de los actores/actrices. Ahora espero que se empiece a valorar de igual forma el de l@s guionistas y que las mujeres crezcan en protagonismo como directoras, productoras, etc. Aunque todo eso no servirá de mucho si las instituciones no ayudan. Espero que l@s políticos se den cuenta de que el valor cultural de una sociedad no se mide en euros ni en dólares y que es una inversión a largo plazo, pero necesaria para cualquier país y sociedad que quiera crecer como tal.

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  • Actualmente ¿estás trabajado en algún nuevo proyecto?

Estoy en varios procesos de casting, pero de eso no se habla hasta que se está grabando (risas).

  • Muchas gracias por tu tiempo Nando. ¿Quieres añadir algo más?

Gracias a ti y a todas las personas que me apoyan en todo esto. Tan sólo intento hacer mi sueño realidad.

Javier Pueyo

Fotografías: Pau Torrens

Published in: on mayo 20, 2015 at 5:13 am  Dejar un comentario  
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Cautivos

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Título original: The Captive

Año: 2014 (Canadá)

Director: Atom Egoyan

Productores: Atom Egoyan, Patrice Theroux, Jennifer Weiss, Simone Urdl

Guionistas: Atom Egoyan, David Fraser

Fotografía: Paul Sarossy

Música: Mychael Danna

Intérpretes: Ryan Reynolds (Matthew), Mireille Enos (Linda), Rosario Dawson (Nicole), Scott Speedman (Jeffrey), Alexia Fast (Cass), Kevin Durand (Mika)…

Sinopsis: Ocho años después de la desaparición de Cassandra, algunos indicios perturbadores parecen indicar que aún está viva. Sus padres y los policías encargados del caso intentan descubrir el misterio de su desaparición antes de que sea demasiado tarde.

Ryan Reynolds i The Captive

No deja de resultar curiosa la manera en la que la mayoría de cronistas cinematográficos aún se aferra en su holgazanería al cliché de conectar forzadamente, y de forma injustificada en la mayor parte de los casos, los universos creativos de David Cronenberg y Atom Egoyan, basándose casi en exclusiva para tal afirmación en el débil vínculo que supone la coincidencia en la procedencia de sus films. Aun así, y a pesar de esta proximidad geográfica, sus estilos son mucho más distantes de lo que en principio pudiera pensarse, tanto por la distintiva forma de aproximarse al medio que los dos realizadores residentes en Canadá poseen, como – sobre todo – por los caminos casi divergentes que las trayectorias de ambos han ido tomando durante los últimos años, tanto en el aspecto artístico como en el económico.  En este sentido, prácticamente se podría considerar al uno como la antítesis del otro, por mucho que aún exista cierta relación a través de la etiqueta de auteur que ambos comparten, así como también se puedan hallar si se desea similitudes en lo referente al análisis y plasmación en imágenes del comportamiento humano, comúnmente abordada en gran parte de ambos corpus cinematográficos desde una perspectiva aséptica, cerebral y casi entomológica.

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Así las cosas, con Una historia de violencia (A History of Violence, 2005) la trayectoria del director de La mosca experimentó no sólo un drástico cambio de tercio temático si no también un enorme salto cuantitativo en lo que a número de espectadores se refiere: hecho al que tampoco es ajeno tanto su interés por tratar temas y/o géneros más afines al público masivo como su inteligente asociación con actores tan mainstream como Viggo Mortensen o Robert Pattinson. Egoyan, en cambio, y tras alcanzar un punto de inflexión con el masivo reconocimiento de público y crítica (nominación al Oscar al mejor director incluida) que supuso el éxito de la magistral El dulce porvenir (The Sweet Hereafter, 1997), no ha querido, no ha sabido (o, sencillamente, no le ha dado la gana) alejarse en demasía de sus temas recurrentes, ni variar tampoco de manera sustancial sus intransferibles y características concepciones del ritmo y de la puesta en escena cinematográficos.

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De esta manera, el autor de El liquidador se ha mantenido durante este tiempo fiel a sus ideales estéticos aun siendo consciente de que los films de esta etapa tendrán mucho mayor alcance en líneas generales que los anteriores, aunque sólo sea por el simple hecho de estar protagonizados por estrellas más o menos reconocibles por las grandes audiencias, como pudieran ser estos últimos años los casos de sus colaboraciones con figuras de la talla de Liam Neeson,  Julianne Moore o Reese Witherspoon, intérpretes obviamente atraídos por el merecido prestigio del realizador de origen egipcio. Aun así, hace un par de años se produjo con la confección de Condenados (Devil’s Knot, 2013) un intento por abordar al fin (no sabemos si premeditadamente o no) un tipo de cine si no más comercial sí al menos de connotaciones mucho más estándar de las que acostumbraba a ofrecernos el director hasta ese momento. Film judicial sobre crímenes adolescentes concebido a partir de un guion ajeno, y protagonizado por el plomizo Colin Firth, a pesar de exhibir un estilo infinitamente más domesticado en el aspecto formal que el de sus más célebres obras precedentes, desgraciadamente para Egoyan este relativo cambio de dirección se saldó, además de con un estrepitoso fracaso en taquilla, con algunas de las más devastadoras críticas recibidas por su trabajo en tres décadas de trayectoria filmíca.

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Seguramente como respuesta a esta debacle podamos disfrutar en la actualidad de la existencia de Cautivos, retorno plenamente consciente a los asuntos, paisajes e inquietudes consustanciales a sus mejores films de primeros-mediados de los 90, temas y tonos estos con los que Egoyan ha demostrado sobradamente desenvolverse mejor. Enlazando con su anterior y fallido film exclusivamente en lo tocante a la irracional violencia ejercida contra la infancia, en esta vuelta a sus orígenes, protagonizada por el también canadiense Ryan Reynolds, nos podemos encontrar de esta manera tanto con el tema del secuestro que ya se apuntaba en El viaje de Felicia, el sentimiento de culpa por la pérdida de la inocencia que sobrevolaba El dulce porvenir, el vouyerismo de Exótica, así como la posibilidad de controlar las vidas de nuestros seres queridos a través de la tecnología y sus dispositivos, argumento principal de La vida en vídeo.

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Y es que aunque se nos brinda un thriller en toda regla, que además cumple a la perfección con las constantes esenciales del género, se hace evidente en esta ocasión la voluntad de Egoyan por llevar un paso más allá su historia, en lo que a términos autorales se refiere, gracias a una serie de elementos muy concretos. En primer lugar, otorgando a la narración del film una estructura basada en flashbacks y flashforwards que, si bien en un primer momento pudiera considerarse superflua y hasta confusa, se acaba revelando imprescindible para este caso en particular: y ya no tanto a la hora de ocultar y/o revelar secretos de la trama como sí para conseguir reflejar la transformación que el paso del tiempo ha ido provocando en sus torturados protagonistas, así como para dotar de un extra de atractivo y complejidad a su algo simplona historia gracias a esta disposición del relato no estrictamente lineal.

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Asimismo se retuerce de forma bastante sutil el estereotipo a la hora de caracterizar a los personajes, no llegando tan lejos como para empatizar con los villanos de la función pero sí dotándolos en cambio con unas personalidades tan ambiguas como levemente seductoras, así como mostrándolos absolutamente satisfechos, y hasta orgullosos, de su totalmente reprobable estilo de vida. Por otro lado, se introduce la subversiva idea de dibujar tanto a los personajes de los padres como a los integrantes de las fuerzas del orden (con Rosario Dawson a la cabeza) como unos seres carcomidos por la culpa y la obsesión, cuya única vía para liberar el dolor es la insensibilización. Algo que queda meridianamente claro en el caso del personaje del policía encarnado por Scott Speedman, capaz de los métodos más reprobables, e incluso de acercarse demasiado al modus operandi de este tipo de criminales, con tal de tener la más remota posibilidad de meterlos entre rejas.

Mireille Enos i The Captive

Por otra parte, si hay algo que se le puede achacar a Cautivos es el evidente afán de Egoyan por no excederse ni en el sensacionalismo que un tema tan delicado como el de la pederastia pudiera deparar, ni tampoco a la hora de cargar las tintas en los aspectos más melodramáticos que una historia de tamaña carga emocional podría haber procurado. En el mismo sentido, los contados momentos felices son demasiado breves y anticlimáticos como para poder ser considerados como tales, persistiendo de este modo una permanente frialdad a la hora de abordar las relaciones humanas que el director parece haber adquirido de los nevados y desolados paisajes canadienses de los que tanto provecho visual saca en esta oportunidad.

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Quizás Cautivos finalmente peque de escasa originalidad, no sólo con respecto al resto de la filmografía de su director si no también dentro del marco del cine contemporáneo, y posea igualmente demasiadas buenas ideas que nunca llegan a desarrollarse en todo su potencial. Sin embargo, esta última película es la prueba palpable de que Egoyan, aún a costa de imitarse en algunos momentos a sí mismo, todavía es capaz de ofrecer una versión fascinante, depurada y, lo más importante, exquisitamente evolucionada de lo mejor de su propio estilo.

José Manuel Romero Moreno

Published in: on mayo 15, 2015 at 7:16 am  Dejar un comentario  
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