Entrevista a Shinji Higuchi, co-director de “Shin Godzilla”

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Shin Godzilla ha supuesto el relanzamiento por parte de la japonesa Toho de su más emblemática criatura. Doce años más tarde de Godzilla Wars, el icónico rey del kaiju eiga ha vuelto a rugir en un film sorprendentemente político en el que afloran, y de qué forma, las heridas abiertas en la sociedad nipona a raíz del accidente nuclear de Fukushima que tuvo al mundo en vilo durante marzo de 2011. Como no podía ser de otro modo en un año en el que la cinematografía fantástica japonesa ha gozado de un especial protagonismo, Shin Godzilla fue la elegida para inaugurar la vigésimo séptima edición de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián. Una ocasión para la que estuvo acompañada de uno de sus principales responsables: Shinji Higuchi, codirector y encargado de los efectos especiales, que hacía así la que, al menos de momento, ha sido su única visita a Europa para promocionar la película.

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Para alguien que se declara un ferviente admirador de Godzilla, supongo que el dirigir esta nueva versión de las andanzas del personaje será un sueño hecho realidad…

En efecto. Estoy muy contento de poderla haber dirigido, ya que, como dices, soy fan de Godzilla desde pequeño; es mi monstruo favorito. Hace más de veinte años tuve la ocasión de participar en varias películas de la saga de Gamera, y ya pensaba que no tendría la posibilidad de hacer Gozdilla, por lo que considero que esta oportunidad me ha llegado en el mejor momento.

Shin Godzilla es la primera película de la franquicia original en doce años, lo que ha hecho que su producción haya estado rodeada de una fuerte expectación. ¿Sentiste una especial presión por ello?

No voy a decir que no sintiera esa presión, pero por encima de esta circunstancia ha predominado mi alegría e ilusión por poder hacer la película.

Shinji Higuchi entre Josemi Beltran, director de la Semana (izda.), y Daniel Aguilar (dcha.), durante la rueda de prensa de "Shin Godzilla" en Donosti.

Shinji Higuchi entre Josemi Beltran, director de la Semana (izda.), y Daniel Aguilar (dcha.), durante la rueda de prensa de “Shin Godzilla” en Donosti.

Shin Godzilla está planteada como un reinicio de la saga. ¿Por qué se optó por este enfoque?

Ha sido una coincidencia de intereses. Toho quería hacer un nuevo relanzamiento de la saga y nosotros también. Tienes que tener en cuenta que a lo largo de toda la serie de Godzilla el volver a empezar desde cero es algo que ha sucedido varias veces. Nosotros hemos tenido mucha suerte de que se nos concediera esta oportunidad, porque, si por ejemplo, nos hubieran ofrecido hacer una continuación de la anterior película de la franquicia probablemente no habríamos aceptado.

¿Qué queda en ella de las anteriores versiones y en qué aspectos habéis tratado de innovar o apartaros de lo ya visto?

Pienso que la principal novedad es la de presentar un mundo que todavía no conoce a Godzilla y, por lo tanto, no sabe cuál es la amenaza a la que tiene que hacer frente. Normalmente, hasta ahora todas las películas sobre Godzilla partían de la base de que los personajes ya conocían al monstruo.

Un rasgo que sí habéis recuperado es el carácter alegórico con el que nació la criatura en la seminal Japón bajo el terror del monstruo

Efectivamente. Nuestra idea era recuperar el espíritu de la primera entrega de Godzilla. Ese carácter simbólico que en aquella ocasión aludía a las bombas atómicas que habían estallado diez años antes en Hiroshima y Nagasaki, y que en nuestro caso tiene presente el reciente desastre de Fukushima. Tanto es así que, de alguna manera, podría decirse que si los acontecimientos de Fukushima no se hubieran producido no existiría este nuevo Godzilla.

En este sentido, la película es muy crítica con el exceso de burocracia y falta de reacción de los estamentos gubernamentales a la hora de plantar cara a la amenaza que representa Godzilla. ¿De algún modo es un reflejo del sentir del pueblo japonés ante la forma en la que su gobierno gestionó el desastre de Fukushima?

La película tiene muchas capas de lectura. Esta que me comentas de una crítica a la actitud que tuvo el gobierno japonés durante el desastre de Fukushima es una de ellas, pero me gustaría que la gente no se quedara únicamente con este aspecto, porque el film no es sólo eso.

En cualquier caso, ¿cómo ha sido tomado este enfoque tan político por parte de un público que quizás esperaba una película de corte más escapista?

Inicialmente no estábamos muy seguros de cómo iba a reaccionar el público, pero la verdad es que ha tenido muy buena acogida, cosa que nos ha sorprendido a nosotros mismos.

Shinji Higuchi fue atacado por Godzilla sobre las tablas del Teatro Principal donostiarra durante la presentación de la película.

Shinji Higuchi fue atacado por Godzilla sobre las tablas del Teatro Principal donostiarra durante la presentación de la película.

En su discurso, Shin Godzilla apela a la identidad nacional japonesa. Un aspecto en el que intuyo que incide la elección de los temas que suenan en según qué momentos del metraje…

Los temas que más se aproximan a marchas militares son aquellos que habían sido compuestos para la serie tradicional de Godzilla por Alira Ifukube. Desde el guion ya estaba previsto cuáles de estos temas se iban a usar y en qué momentos específicos. En cuanto al resto, responden a las preferencias de mi compañero, Hideaki Anno.

¿Consideras que esta visión localista puede afectar a su completa comprensión por parte del público no japonés?

Lo cierto es que incluso parte del público japonés tampoco ha terminado de entenderla completamente…

Ya que hablamos del tema, no cabe duda de que Godzilla es uno de los iconos más populares a nivel mundial de la cultura popular japonesa. ¿Cómo se toma en tu país que en los Estados Unidos se hagan películas sobre el personaje?

No sé si la mayoría de mis compatriotas estarán de acuerdo conmigo, pero a mí me parece bien que otros países hagan sus propias versiones de Godzilla. Lo que me resulta muy llamativo es que los japoneses, a pesar de que dieron un poco de lado al monstruo, como demuestra el fracaso comercial con el que se saldaron las últimas películas sobre el personaje, se pongan luego a criticar a los estadounidenses porque hacen películas sobre Godzilla. No me parece bien. Lo que hay que hacer es preocuparnos por intentar que las películas japonesas de Godzilla sean mejores, más entretenidas y llamen más al público, en lugar de quejarnos.

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Como ya has mencionado de pasada, compartes los créditos de director junto a Hideaki Anno. ¿Por qué se optó por esta fórmula de realización compartida?

La idea original era que Hideaki Anno se encargara solo del guion. Sin embargo, a medida que se fue involucrando en el proyecto y encantándose con él, decidió que también quería participar como director. Según iban pasando los días su papel fue siendo mayor y finalmente decidimos codirigir la película entre los dos.

Hideaki es muy popular en Japón por la serie de animación Evangelion, y sus fans estaban muy enfadados por que estuviera perdiendo el tiempo, como quien dice, haciendo una película de Godzilla. Decían que se tenía que dejar de Godzilla y centrarse en hacer más películas de Evangelion. Y él cuando oía esto tenía cada vez más ganas de hacer Godzilla.

¿Os habéis repartido las funciones de alguna forma especial?

En realidad, inmediatamente después de terminar el guion hicimos el story-board, y en él ya quedó definida más o menos la manera en que íbamos a dirigir la película. Así que una vez hecho eso era indiferente quién iba a ser luego el que estuviera en el set dando las instrucciones. Lo único que podía cambiarse en el día a día era si subir o bajar la cámara un milímetro, o moverla un poco hacia la derecha o la izquierda; cosas de este tipo. Pero, como digo, la manera en que debían ser los planos ya estaba decidida desde el story-board.

Aparte de codirigir la película, también te has encargado de los efectos especiales. ¿Cómo ha sido el conjugar ambas funciones?

Esta era una película muy complicada de hacer, pese a lo cual solo hemos tenido ocho meses para llevarla a cabo. Entonces, aunque yo también sea el director de efectos especiales, era imposible que me pudiera ocupar de este apartado sin contar con la colaboración y ayuda de alguien más. Y así ha sido. Al no haber tiempo tuvimos otras unidades haciendo parte del trabajo, por lo que, en realidad, Shin Godzilla ha tenido como cinco directores de efectos.

Shin Godzilla ha sido la primera entrega de la saga original donde no se ha utilizado la tradicional técnica tokusatsu de utilizar a un actor disfrazado para dar vida al monstruo. ¿Qué te llevó a tomar esta decisión?

Hay muchos motivos, pero el principal ha sido que los efectos tradicionales del tipo tokusatsu requieren de muchísimo tiempo, por lo que, de haber elegido esta técnica, posiblemente no podríamos haber hecho la película.

Dado el buen recibimiento que ha cosechado la película, ¿existen ya planes de cara a realizar una nueva entrega que continúe sus pasos?

En estos momentos todo depende de lo que decida la Toho, que para algo es la productora.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

King Kong contra Godzilla

Título original: Kingu Kongu tai Gojira

Año: 1962 (Japón)

Director: Ishirô Honda

Productor: Tomoyuki Tanaka

Guionista: Shinichi Sekizawa, según el guión de George Worthing Yates, basado en el argumento de Willis O’Brien para “King Kong Versus Prometheus”, según el personaje de Merian C. Cooper y el de Shigeru Kayama

Fotografía: Hajime Koizumi

Música: Akira Ifukube

Intérpretes: Tadao Takashima (Osamu Sakurai), Kenji Sahara (Kazuo Fujita), Yu Fujiki (Kinsaburo Furue), Ichirô Arishima (sr. Tako), Jun Tazaki (general Masami Shinzo), Akihiko Hirata (primer ministro Shigezawa), Mie Hama (Fumiko Sakurai), Akiko Wakabayashi (Tamiye), Akemi Negishi (madre de Chikiro), Haruo Nakajima (Gojira), Katsumi Tezuka (Gojira), Shoichi Hirose (Kingukongu), Somesho Matsumoto, Senkichi Omura, Sachio Sakai, Haruya Kato, Nadao Kirino, Kenzo Tabu, Shin Otomo, Yoshio Kosugi, Tatsuo Matsumura……

Sinopsis: En una isla es hallado King Kong, que es transportado a Tokio. Mientras, en un iceberg a la deriva es localizado Godzilla congelado. Pronto, el enfrentamiento entre ambos gigantes no se hará esperar.

En 1959 Willis O’Brien desarrolló un argumento en el cual el monstruo de Frankenstein se enfrentaba a King Kong, acompañado de una serie de atractivos bocetos. Este “King Kong Versus Frankenstein”, después cambiado a “King Kong Versus the Ginko”, ofrecía de nuevo a Carl Denham trasladando a King Kong a San Francisco, donde lo hace enfrentarse a un monstruo creado por el nieto del doctor Frankenstein, que ha construido mezclando partes de distintos animales, así, rinocerontes, elefantes y otros animales africanos. El clímax tenía lugar en el Golden Gate, a donde llegarán los dos monstruos tras dejar a su paso una estela de destrucción y muerte.

El productor John Beck, que trabajaba en la R.K.O., desvincula del proyecto a Obie y lo pasa al escritor George Worthing Yates, quien transforma la historia y, de paso, a Frankenstein, que acaba convertido en Prometeo; en este boceto, Yates elimina a Carl Denham de la historia y proporciona al monstruo de Frankenstein una mayor inteligencia. Así, el guión definitivo acaba titulándose “King Kong Versus Prometheus”, y el 2 de noviembre de 1960 se anuncia públicamente como el próximo proyecto de la R.K.O. sobre el simio gigante. Sin embargo, ciertos problemas, presupuestarios lo más seguro, hacen que los planes se congelen, hasta que surge la posibilidad de co-producción con Japón (tras un tímido y fallido contacto con productores italianos), en concreto los estudios Toho, cuya figura señera era el monstruo radiactivo Gojira, más conocido en Occidente como Godzilla. Allí, el guionista japonés Shinichi Sekizawa toma el trabajo de Yates y lo re-escribe en su totalidad, aunque aprovecha bastantes elementos de su trabajo.

Godzilla había debutado en pantalla en 1954 con Japón bajo el terror del monstruo (Gojira), de Ishirô Honda. Su enorme éxito mundial conduce a una inmediata secuela con El rey de los monstruos (Gojira no Gyokushu) en 1955, dirigida en esta ocasión por Motoyoshi Oda. Esta sería, pues, la tercera ocasión en que Godzilla aparecerá en pantalla, la primera en color, en pantalla panorámica y sonido estereofónico, y donde se le emparejará con otro monstruo mítico.

El mayor cambio con respecto al Kong original fue el de la altura. En la película de Schoedsack tenía quince metros, y aquí llega a los sesenta; así pues, la explicación es que éste no es aquél Kong, sino otro, casualmente llamado igual aunque sito en otra isla donde también los indígenas lo adoran; uno de los expedicionarios le llamará de pronto King Kong, sin saberse el motivo. Eiji Tusburaya era el maestro de los disfraces (suitmation sería denominada esta técnica), y en esta película no sería distinto. Chocó a muchos, con todo, el aspecto grotesco e infantil que se otorgó a nuestro simio, con un rostro cuasi-deforme y cuerpo depauperado y andrajoso. Por su parte, el disfraz de Godzilla evoluciona favorablemente con respecto a las primeras películas, confiriéndole una cola de lo más flexible y que usará con habilidad en la lucha. Eso induce a pensar a muchos que Tsuburaya buscaba mofarse del producto americano en beneficio del propio, máxime cuando en el mismo guión Kong aparece como un cobardica que huye o se esconde.

El gran Eiji Tsuburaya dando instrucciones durante el rodaje de la película.

El gran Eiji Tsuburaya dando instrucciones durante el rodaje de la película.

Así, King Kong contra Godzilla se estrena en Japón el 11 de agosto de 1962 (en España ese estreno no tendría lugar hasta el 25 de diciembre de 1978, y por parte de una distribuidora especializada en películas infantiles), consiguiendo un éxito espectacular, con once millones de entradas vendidas en Japón.

El resultado es una película simpática, pero lejos de lo que podría haber deparado. Es una lástima cómo, después del tono sobrio y lóbrego de las dos entregas previas de Godzilla ya citadas, aquí se optó por un tono más superficial, infantil y humorístico. En este sentido, los personajes graciosos de la trama resultan por completo insoportables –aún cuando en la versión occidental algunos de estos apuntes fueran eliminados-. De igual modo, y como una costumbre casi mayoritaria en estas producciones niponas, el argumento se ve salpicado con comentarios científicos de parvulario, y las fuerzas militares no tendrán un comportamiento mucho más maduro –“Yo soy el jefe y se hace lo que digo”, clama el general ante un consejo de no atacar-. Con todo, pese a que resulte un tanto difícil calibrar en su totalidad el film a partir de la desastrosa versión americana (1), se trata de un espectáculo simpático, dentro de sus limitaciones, y donde destacan momentos mágicos como el surrealista ataque del pulpo, y en general toda la secuencia que transcurre en la isla de Farou, donde se aúnan toques aventureros, fantásticos y cuasi-mágicos por medio de una fastuosa fotografía en color que se recrea en las policromías más arrebatadoras.

Existía el mito de que se rodaron dos finales, uno para el público japonés, con Godzilla como vencedor, y otro con King Kong como triunfador, con destino a los espectadores occidentales. Sin embargo, no es así, y tanto en la versión nipona como la que se montó especialmente en Estados Unidos el final es el mismo… que, sin embargo, no desvelaremos, por si algún espectador futuro desea esperar a averiguarlo.

Y ahora llegamos a la ardua cuestión de los remontajes. Como hemos dicho, John Beck era el productor americano, que distribuyó la película por medio de la Universal. Se escribieron nuevas escenas, dirigidas por un tal Thomas Montgomery, del que nada más se sabe, para explicar al público occidental las tomas que se eliminaron de la versión original, como numerosas secuencias de órdenes militares, que se ofrecen sin sonido, y con el presentador inicial narrando las decisiones. También hubo cambios en los diálogos, como unas fiebres selváticas que atacan a uno de los expedicionarios en el principio, transformadas en una alusión a un “dolor de callos” que se repite machaconamente sin parar. Por lo demás, también se levantará de la película la mayor parte de la excelente partitura compuesta por Akira Ifukube, habitual de la productora nipona, reemplazándola por música de archivo, en especial composiciones de Henry Mancini para La mujer y el monstruo (Creature from the Black Lagoon, 1953), de Jack Arnold.

Carlos Díaz Maroto

(1) Las sucesivas ediciones en vídeo y dvd que han aparecido de la película proceden del montaje americano; al parecer, ver la versión nipona, inclusive en el propio Japón, es dificilísimo.

Trailer de la versión japonesa:

Trailer del montaje norteamericano:

Godzilla, 50 aniversario

Título: Godzilla, 50 aniversario

Autor: Ángel Sala

Editorial: Calamar Ediciones

Datos técnicos: páginas (2004)

El enorme éxito de El monstruo de tiempos remotos (The Beast from 20.000 Fathoms, 1953), de Eugène Lourie, y con efectos especiales del gran Ray Harryhausen, fue la invitación para que una pléyade de monstruos asaltase las pantallas de todo el mundo. En Japón, la respuesta obvia fue Japón bajo el terror del monstruo (Gojira), dirigida en 1954 por Ishirô Honda, y donde los efectos por stop-motion del padre de Simbad fueron reemplazados por un actor dentro de una indumentaria monstruosa, asolando maquetas, bajo la supervisión del especialista Eiji Tsuburaya.

Godzilla, como se le conocería en Occidente, de inmediato adquirió personalidad propia, siendo la más obvia la representación del fantasma nuclear en la conciencia colectiva nipona. Pero también se convirtió en una entrañable figura popular, que dio origen a una amplia serie de películas que aún pervive en la actualidad.

En 1998, dentro de la no menos entrañable y tristemente desaparecida colección “Dr. Vértigo” de Ediciones Glénat, en concreto en su número 18, el crítico Ángel Sala publicó el libro Godzilla y compañía, un rápido (de ritmo) e interesante recorrido sobre la figura del más famoso y radiactivo monstruo de la pantalla. El tiempo pasó, y cuando se acercó el aniversario del nacimiento de Gojira, Sala ha decidido retomar su trabajo previo y actualizarlo, aportando un lustre nuevo a su previa obra. Así, ha eliminado algunas cuestiones que consideraba obsoletas y, particularmente, ha añadido lo que, desde aquella fecha, ha aparecido, no sin corregir opiniones o ampliar detalles que quedaron un tanto al margen.

El resultado es un libro que no sólo interesará a aquellos que desconocían la previa entrega, y tengan atracción por la figura de nuestro regordete monstruo, sino que también, a los que teníamos la primera edición, nos supone un aporte nuevo, pues en realidad se trata de otro libro que digamos vampiriza parte del anterior.

El estilo periodístico de Sala se mantiene vivo, ágil, sin retórica superflua, sin profusión diarreica de sobreadjetivación que oculte la inanidad de un análisis obsoleto, yendo directo al grano e informando de aquello que el lector espera, consiguiendo una obra simpática, fresca, de lectura amena y plagada de información.

Carlos Díaz Maroto