Santo contra el doctor Muerte

Título original: Santo contra el doctor Muerte

Año: 1973 (España)

Director: Rafael Romero Marchent


Productor: Manuel Torres

Guionistas: Rafael Romero Marchent, José Luis Navarro

Fotografía: Godofredo Pacheco

Música: Gregorio García Segura

Intérpretes: Santo, el enmascarado de plata, Carlos Romero Marchent (Paul), Helga Liné (Sara), George Rigaud (dr. Robert Mann), Antonio Pica (Peter), Mirta Miller (Susan), Maribel Hidalgo (Ester), Frank Braña, Lorenzo Robledo, José Luis Chinchilla (esbirros), Eduardo Calvo (director del museo), Eulalia del Pino (Sabine), Betsabé Ruiz (Margaret Smith), Mario Álex, Beni Deus, Emilio S. Espinosa, Maria De la Casa (Vicky), Pablo Blanco, José María Portillo, Gregorio McGregor, Simón Arriaga  (Félix), Carlos Suarez (manager de Santo), Puma Norteño, Braulio Veliz (luchadores)…

Sinopsis: Unos ladrones causan daños en el cuadro “Los borrachos” de Velázquez. La restauración del lienzo es encargada al doctor Mann, quien sustituirá el cuadro por una copia. Aprovechando que el luchador y agente secreto Santo se encuentra en España, las autoridades le piden que investigue el caso junto al detective Paul.

La popularidad alcanzada por Santo, el enmascarado de plata, unida al auge que por aquellos momentos vivía en nuestra cinematografía la política de géneros y la fiebre por las coproducciones, propició que durante los primeros años de los setenta el famoso luchador mexicano protagonizara tres películas con participación española. Dicha relación se iniciaría con el díptico realizado en Colombia y filmado, con casi toda seguridad, de forma conjunta[1], Santo contra los asesinos de la mafia/Santo frente a la muerte (1970) y Misión secreta en el Caribe/Santo en el misterio de la perla negra (1971), completándose en 1973 con Santo contra el doctor Muerte. No obstante, esta vez la película en cuestión se trataría de una producción íntegramente española (al menos a nivel oficial), si bien orquestada por Cinematográfica Pelimex, productora, distribuidora y exhibidora radicada desde mediados de los cincuenta en España que, como su nombre indica, promovía la realización de coproducciones entre nuestro país y México[2]. Casualidad o no, lo cierto es que, además del hecho de que su elenco técnico-artístico se nutriera de profesionales autóctonos, con la excepción hecha de su principal protagonista, tal circunstancia también se dejaría sentir en un aumento en los medios productivos empleados para dar forma a la cinta en comparación con lo que era acostumbrado en las películas de Santo, siendo tomada como poco menos que una superproducción en el país azteca, si bien, a decir verdad, su acabado se sitúe entre los estándares acostumbrados por el cine de género español de la época.

La mayor riqueza de medios no repercute, pese a todo, en un cambio sustancial en los elementos habituales dentro de la serie. Más al contrario, ingredientes tan característicos como la influencia del cine de espías a lo James Bond, la presencia de mad doctors, los maquiavélicos complots con fines criminales y las inevitables peleas de lucha libre se dan de la mano en el guion firmado para la ocasión por el director de la película, Rafael Romero Marchent, en colaboración con José Luis Navarro, siguiendo el canon establecido[3]. Esta vez, Santo es encomendado por la INTERPOL para que, coincidiendo con su estancia en Madrid para participar en una serie de combates, averigüe el origen de los daños sufridos durante su traslado de México a España por el lienzo de Velázquez “Los borrachos”. En realidad, los desperfectos han sido causados por orden directa del doctor Mann ―el “doctor Muerte” al que alude el título―, un reputado restaurador de arte que aprovecha su profesión para estafar a las principales pinacotecas del mundo que confían en sus servicios dándoles el cambiazo: mientras que él se queda con el original, entrega a los museos una réplica exacta del cuadro en cuestión, fabricada a partir de los tumores que extirpa y previamente provoca en las modelos que mantiene cautivas en los sótanos de su castillo.

Como se ve, todo muy pulp y con el grado de delirio al que tan proclives eran las aventuras fílmicas de Santo y que tantas veces les llevaran por los cauces del ridículo. Una deriva que si aquí no se produce es debido al buen oficio mostrado por la labor de su director, quien sabe imbuir a la narración del espíritu de los seriales cinematográficos, principal referente para esta clase de propuestas; un logro aparentemente sencillo pero que rara vez se dio en los muchos títulos que conformaron la saga sobre tan icónico personaje. Así, el esquematismo de su trama, pese a sus diálogos literarios, es compensado por una realización vigorosa y dinámica en la que las bien resueltas escenas de acción se desarrollan sin apenas descanso, pero con el suficiente equilibrio como para que no terminen empalagando. Otro punto a favor de la cinta reside en la decisión de mantener a Santo en un segundo plano narrativo, haciendo que durante distintas fases del metraje sean otros los personajes que lleven el peso de la trama, lo que aporta al conjunto de una indudable dosis de frescura. A todo ello cabe añadirle, además, su correcto acabado formal, en el que sobresale la bella fotografía de Godofredo Pacheco, gracias a su “sentido del color típicamente cómic”, tomando prestadas las palabras de Carlos Aguilar[4].

Con toda lógica, todas estas cualidades acaban por desembocar en lo que podríamos definir como un entretenimiento puro y duro; un producto de evasión que se sigue con agrado y se paladea con simpatía, gracias a la convicción y solidez con la que está llevado a cabo, pero también a la falta de aspiraciones con las que fue concebido. No es pues de extrañar ante semejantes virtudes que el propio Santo la considerara la mejor de las películas en cuantas intervino, llegándola a equiparar con las entregas oficiales de la franquicia protagonizada por el agente secreto más famoso del mundo. Una apreciación que, exageraciones al margen, da una idea muy aproximada de la auténtica valía de esta Santo contra el doctor Muerte, aunque solo sea por la distinción otorgada por su propio protagonista con respecto a una filmografía superior al medio centenar de títulos, por muy mediocres que pudieran ser el resto de sus congéneres, que, huelga decirlo, no siempre lo fueron. 

José Luis Salvador Estébenez

[1] Existe cierta confusión en cuanto a la identidad de las películas que componen este díptico, dependiendo de si el origen de la información consultada es española o mexicana. Una controversia que, a su manera, viene a ilustrar el proceloso mundo de las producciones de serie B de la época, y la picaresca que las rodeaba. Con la inestimable ayuda proporcionada por nuestro buen amigo y especialista en el cine de luchadores David Domingo trataremos de arrojar algo de luz al asunto, a la espera de poder acceder a las diferentes versiones existentes y resolver así el embrollo de forma definitiva. De este modo, si acudimos a fuentes aztecas comprobaremos que las dos películas reciben el título de Santo en el misterio de la perla negra y Santo frente a la muerte ―también conocida con el título alternativo de Santo desafía a la muerte―, atribuyendo su guion y dirección a Fernando Orozco, y completándose el resto de apartados técnicos con profesionales de aquel país, a excepción hecha de Santo frente a la muerte, donde el autor del score, el francés Daniel White, si bien se mantiene, sufre un curioso proceso de castellanización en su nombre, pasando a ser bautizado como Daniel Blanco. En España, en cambio, los dos films fueron estrenados con los nombres de Misión secreta en el Caribe y Santo contra los asesinos de la mafia, respectivamente, acreditándose su dirección a Enrique López Eguiluz y Manuel Bengoa, este último autor también de los argumentos de las dos películas. Para complicar aún más las cosas, la web del Ministerio de Cultura indica como título alternativo de ambas Santo en el misterio de la perla negra. Eso por no hablar de las distintas publicaciones que mantienen que tanto una como otra son coproducciones a tres bandas con Colombia. En fin, un lío.

[2] No parece pues casual que en algunos lugares, como Barcelona, la película fuera estrenada en sesión doble con el film mexicano Yesenia (Yesenia, 1971) de Alfredo B. Crevenna.

[3] Algo en verdad sorprendente, habida cuenta de que, preguntado al respecto, Rafael Romero Marchent confesaba que “no conocía al Enmascarado ni había visto ninguna de sus películas”. (Extraído de Salvador Estébenez, José L. y Diego, José A.: “Entrevista Rafael Romero Marchent”, en Exhumed Movies número 2 [septiembre 2012], pág. 102.)

[4] Flashback nº 3 (otoño 1994).

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