Tarzán en las minas del rey Salomón

Título original: Tarzán en las minas del rey Salomón

Año: 1973 (España)

Director: J. L. Merino Boves [José Luis Merino]

Productora: Cooperativa Cinematográfica Carthago Films

Guionista: José Luis Merino

Fotografía: Fernando Arribas

Música: José Luis Navarro

Intérpretes: David Carpenter (Tarzán), Nadiuska (Doris), Paul Naschy (Stanley), Sergio Alberti (Paul), Alibe (Diosa)…

Sinopsis: Un explorador, Stanley, conduce a una mujer al encuentro con su hermano, que se halla en un lugar de la jungla a la espera para partir en busca de las minas del rey Salomón. Tarzán se une como guía para el grupo.

Desde que en octubre de 1912 la revista All Story Magazine publicara la novela Tarzán de los monos (Tarzan of the Apes), el personaje alcanzaría una fama que ni su creador, Edgar Rice Burroughs, podría haber sospechado por aquel entonces. El propio Burroughs escribiría otras novelas y relatos con el Rey de la Selva (así como otros escritores, entre los que cabe citar a Philip José Farmer), y el cine pronto se interesó por él, realizándose alrededor de media docena de adaptaciones mudas. Sin embargo, con la llegada del sonoro, la MGM realizaría una versión que alcanzaría una tremenda popularidad, Tarzán de los monos (Tarzan, the Ape Man, 1932), de W. S. Van Dyke, protagonizada por Johnny Weissmüller, pese a ser notablemente distinta al espíritu de las novelas de Burroughs, y desde entonces las adaptaciones fílmicas y televisivas se han sucedido.

Hacia principios de los setenta del siglo pasado, TVE programaba con asiduidad películas sobre el personaje, con notable éxito además, después de la célebre serie televisiva protagonizada por Ron Ely. Es quizás por ello que la raquítica industria española decidió abordar el personaje. Las cintas españolas sobre el Rey de los Monos son Tarzán en la gruta del oro (1969), Tarzán y el arco iris (1972), ambas de Manuel Caño y con Steve Hawkes, Tarzán en las minas del rey Salomón (1973), de José Luis Merino y con David Carpenter, Tarzán y el misterio de la selva (1973), de Miguel Iglesias, y Tarzán y el tesoro Kawana (1974), de José Truchado, éstas dos últimas con José Luis Ayestarán.

Tarzán en las minas del rey Salomón (1973) la acomete José Luis Merino, activo cineasta desde su debut en 1958 con Aquellos tiempos del cuplé, y que tocaría no pocos géneros, entre ellos el fantaterror con Ivanna (1970) y La orgía de los muertos (1973), película en la cual coincide con Paul Naschy otorgándole un rol menor. Inmediatamente después de ésta, Merino acomete la presente, donde de nuevo decide contar con Molina, quien aparece en los créditos como “colaboración especial”, aunque puede decirse que, en la práctica, es el protagonista, superándole en importancia sólo Nadiuska, pues Tarzán aquí es un mero comparsa, diríase.

El guión, obra del propio Merino, es asazmente mediocre, y en su exiguo desarrollo acumula constantes vistas en otras películas del personaje: la expedición que se interna en la selva, la incidencia con el cocodrilo, la tribu de hombres leopardo, el explorador sin escrúpulos…, tomando del film original de la MGM referido el secuestro por parte de Tarzán de la protagonista femenina. Todo ello, adornado con diálogos de la elegancia de “África es como una mujer que no se entrega totalmente”. Como realizador no se muestra mucho más inspirado, rodando largos planos sin otorgarles la más mínima intensidad, y estirando la escasa anécdota de forma interminable, como los largos paseos por el interior de la hermosa cueva donde se aloja la Diosa, que repite hasta tres veces, primero con los indígenas, después con el personaje de Paul y al fin con Tarzán. Cabe destacar el instante donde muere el hechicero, rodado enfocando al suelo, y después corrigiendo el encuadre para que el actor entre en el plano, muestra palpable de un rodaje sin el más mínimo intento de rigor. También hay que mencionar el momento en el que Tarzán besa a la chica (y tras lo cual se presupone que hay lo que hay), donde el director enlaza con planos de flores, insectos y pajaritos alimentando a sus polluelos. Increíble pero cierto.

El reparto lo encabeza David Carpenter como Tarzán, un musculines pavisoso de origen canario, y nacido como Domingo Codesino Hernández. En la época se le quiso lanzar como toda una estrella, y cabe citar la anécdota de su aparición en el programa televisivo de José María Íñigo, donde el presentador insistió en conocer su nombre auténtico, y al fin el actor (permítaseme el eufemismo) lo refirió enfurruñado y avergonzado. La célebre Nadiuska, ésta de nombre real Roswicha Bertasha Smid Honczar, demuestra que tenía una exótica belleza, pero que en cuanto a interpretación estaba a la misma altura que su oponente, logrando una de las parejas más inexpresivas del panorama cinematográfico internacional. Al lado de ambos, Paul Naschy se desenvuelve con seguridad en un papel convencional al que aporta su ya larga experiencia y su aplomo personal.

Poco más puede comentarse de esta excelsa mediocridad, salvo el empleo en la banda sonora del popular grito proferido en las películas de la Metro. Para gritar, en efecto, es este horror fílmico, una película de aventuras que comete el imperdonable pecado de resultar insoportablemente aburrida.

Carlos Díaz Maroto

Published in: on octubre 22, 2010 at 5:31 am  Comments (3)  
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3 comentariosDeja un comentario

  1. “También hay que mencionar el momento en el que Tarzán besa a la chica (y tras lo cual se presupone que hay lo que hay), donde el director enlaza con planos de flores, insectos y pajaritos alimentando a sus polluelos. Increíble pero cierto.”

    Ahi, dios… :) :) :) :)

  2. Pues sí, una película bastante flojucha y muy dependiente de la visión hollywoodiense del personaje. Dos rasgos que, por otra parte, fueron los habituales en las aportaciones españolas al mito – salvo que “Tarzán y el tesoro Kawana” se salga de la norma, que no creo-. Una lástima, pues Merino ya había demostrado con anterioridad que partiendo de elementos rutinarios era capaz de levantar films estimables. Sin embargo, esta vez lo más positivo de la cinta está en su ambientación y en la utilización de imágenes de archivo, que no canta tanto como en otras ocasiones. Por lo demás la peli es aburrida como ella sola.

    En cuanto a Naschy, como dice Carlos, salva su papel con solvencia. Claro que, en comparación con el resto de actores, tampoco era muy difícil que destacara…

  3. Tarzán y el tesoro Kawana la recuerdo muy muy mala y hasta risible…


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